Domingo, 13 de agosto de 2017

Reflexión a las lecturas de la solemnidad de la Asunción ofrecida por el scerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

La Asunción de la Virgen María

 

 Es esta una fiesta hermosa, alegre, esperanzadora… Viene a confirmar nuestra fe, nuestra certeza, en nuestra victoria definitiva sobre la muerte. ¡Es la Pascua de María! Su glorificación. “Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección”, escuchamos en la segunda lectura.

Y continúa diciéndonos. “Pero cada uno en su puesto: Primero Cristo, como primicia, después cuando Él vuelva, todos los que son de Cristo”. “El último enemigo aniquilado será la muerte”. Por eso, todos continuamos sufriendo la muerte. Y el Apóstol añade: “Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies”. “Entonces se cumplirá la Palabra escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria”. (1 Co 15, 54)

En la Asunción de María no tratamos, por tanto, de una ilusión, de una imaginación, o de un deseo… ¡Se trata de un dato fundamental de nuestra fe!

Entonces ¿qué nos dice, nos grita, esta solemnidad?

Que la Virgen no ha tenido que esperar, como nosotros, hasta la Segunda Venida  del Señor, para ser glorificada, sino que, terminada su vida en la tierra, ha sido llevada en cuerpo y alma al Cielo.   

Por tanto, la Palabra de Dios acerca de la resurrección de los muertos y de la vida del mundo futuro, ha comenzado a cumplirse ya, en la Virgen, Madre de Dios. Fue el Vaticano II el que nos enseñó que la Iglesia contempla ahora en María, lo que ella misma espera y ansía ser. (S.C. 103). Ella es, por tanto, el espejo en el que podemos contemplar nuestro futuro eterno.

Hoy es un día en el que experimentamos la dicha de creer. “Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”, escuchamos en el Evangelio de este día. Una antífona de esta fiesta dice: “Que se ha cumplido ya en ti”.

En esta solemnidad comprendemos mejor la necesidad de conservar y acrecentar nuestra fe, y también de transmitirla a todos, especialmente, a los que lloran la muerte de seres queridos.

La Santa Misa, que celebramos, es acción de gracias. ¡Cómo daremos gracias al Señor, que nos concede un destino tan glorioso! Y Jesús nos dice: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día”. (Jn 6, 54). Por tanto, el que quiera tener vida, ya sabe dónde se encuentran las fuentes de la vida.

La Iglesia, que peregrina rumbo a la Eternidad gloriosa, levanta siempre los ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos.     (L.G.65). Ella, “asunta al Cielo, no ha olvidado su función salvadora, sino que continúa procurándonos, con su múltiple intercesión, los dones de la salvación eterna. Con su amor de Madre cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan  y viven entre angustias y peligros, hasta que lleguen a la patria feliz” (L. G. 62).

Esta condición gloriosa de María la contemplamos en la mayoría de sus imágenes como, por ejemplo, en la de la Virgen de la Candelaria, Patrona de nuestras islas, que recordamos y festejamos este día. En esta imagen bendita, en efecto, está representada su condición gloriosa, que contemplamos en la primera lectura. No en vano la vemos con  una corona en su cabeza, con un manto enriquecido con prendas, con la luna bajo sus pies, llena de luces y flores. Y en el salmo cantamos: “De pie a tu derecha está la Reina, enjoyada con oro de Ofir”.

Toda esta grandeza, ha de tener su repercusión en la vida de cada día: “Os anima a esto, nos dice San Pablo, lo que Dios os tiene reservado en los cielos…” (Col 1, 5). 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 21:25  | Espiritualidad
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SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN  

Moniciones 

 

PRIMERA LECTURA

               Dentro de un lenguaje simbólico, propio del libro del Apocalipsis, se nos presenta ahora una visión de la Iglesia, que lucha y que triunfa sobre el enemigo y sobre el mal.  María es figura y primicia de esa Iglesia, que un día será glorificada.

 

SALMO                             

El salmo responsorial, que hoy recitamos, contempla y proclama la gloria de la Virgen María en el Cielo, donde vive para siempre junto a Dios, como la reina madre de una antigua corte real. 

 

SEGUNDA LECTURA

               Entre la glorificación de Cristo y de todos los cristianos cuando Él vuelva, se sitúa la glorificación de María, llevada en cuerpo y alma al Cielo. Es la solemnidad que hoy celebramos. Escuchemos. 

 

TERCERA LECTURA

               En la Asunción de María llegan a su punto culminante las palabras de su célebre cántico: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”. 

 

COMUNIÓN

               El Banquete de la Eucaristía, en el que participamos ahora, es un anticipo del Banquete festivo del Cielo, hacia donde nos dirigimos como peregrinos; y al mismo tiempo, es garantía de nuestra futura resurrección.

               Ojalá participemos siempre de la Eucaristía como lo hacía María, la Madre del Señor.

 


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Reflexión del Evangelio en el XIX Domingo del Tiempo Ordinario por Mons. Enrique Díaz Díaz (ZENIT)

“No teman. Soy yo” 

 

I Reyes 19, 9, 11-13: “Quédate en el monte porque el Señor va a pasar”

 Salmo 84: “Muéstranos, Señor, tu misericordia”

 Romanos 9, 1-5: “Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos”

 San Mateo 14, 22-33: “Mándame ir a ti caminando sobre el agua”

Toda su vida había sido muy seguro, pero con las canas llegaron también las dudas y los temores. Siempre se arriesgaba en aventuras comprometedoras y difíciles, y ahora la más pequeña responsabilidad lo hace temblar. “¿Por qué he perdido mi seguridad? Los fantasmas me ahogan y me amenazan. Tengo una inseguridad terrible que no me deja actuar. Me da miedo todo, el futuro, mi seguridad, la enfermedad, la vejez… ¿Cómo luchar contra mis fantasmas?”. Son las expresiones de una persona madura, sin que pueda decirse que es propiamente un anciano, pero son también las inquietudes y los fantasmas de muchos que ante las tormentas y los embates de la moderna sociedad, han perdido seguridad. Es un ambiente que nos contagia y nos envuelve: inseguridad, fantasmas, miedos.

Simbolismo y realidad. El episodio de Jesús caminando sobre las aguas es sorprendente y provocador. Jesús surge entre la neblina de la madrugada y hace saltar entre los asustados pescadores sus fantasmas más ancestrales. Los discípulos eran marineros experimentados y curtidos. En muchas ocasiones les había tocado luchar y trabajar en el fragor de la tormenta, en medio de los vientos. Pero toda esta escena, sin quitar el realismo evidente, tiene mucho de simbólico. Desde que los discípulos acompañan al maestro van apareciendo constantes dificultades que obstaculizan la construcción del Reino: la oposición de las autoridades tanto civiles como religiosas, la presión de la gente, la lucha por el poder que no entiende Jesús, la exigencia de despojo, el cargar la cruz, el servicio como primordial, el perdón y tantas otras novedades que les va clavando Jesús en el corazón. Es una tormenta que se abate sobre la pequeña comunidad de discípulos. Y por eso esta narración se mueve en los dos niveles: la narración de un acontecimiento para manifestar a Jesús y, por otra parte, la justificación del proyecto nuevo de Jesús que a ellos pueden parecerles muy atrevido, diferente y contrastante. En los dos casos, Jesús se muestra no como un fantasma, sino como alguien muy cercano, que tiende la mano, que los lanza a caminar sobre las aguas de la inseguridad y del miedo, que es Hijo de Dios.

En la tormenta del mundo actual, para muchos Jesús aparece como un fantasma y provoca miedo. Un fantasma que con su doctrina de igualdad y liberación puede poner en riesgo el sistema neoliberal; un fantasma que con su pasión por la vida y por el respeto a la dignidad de cada persona, cuestiona las ambiciones y la vida placentera a la que el mundo convoca; un fantasma que con sus exigencias de rectitud y justicia pone en evidencia la economía del más fuerte. Un fantasma que cuestiona toda nuestra filosofía actual, porque nos dice que hay más importancia en el servir que en el servirse; que hay mayor valor en el dar que en el apoderarse; que es más grande el más pequeño. Y a este “fantasma” se le ataca, se le denigra o se le desprecia. Preferimos ignorarlo, o decir que es invención y lo dejamos a un lado, sin hacerle mucho caso, con un poco de temor, sin comprometernos con él. Jesús exclama también hoy: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”, con todo lo que estas palabras indican. La manifestación de un Dios, “Yo soy”, que viene a dar paz y a tomarnos de la mano. Un Dios que navega con nosotros en medio de las peores tempestades. No viene para quitar las tempestades, sino para asegurarnos su presencia en medio de ellas y junto con Él vencerlas a pesar de nuestros miedos.

El miedo tiene sentido en nuestra existencia. No es malo el miedo que se despierta en nosotros al enfrentarnos a una situación de peligro o de inseguridad. Es el instinto de conservación, la señal de alarma, que nos pone en guardia ante el peligro. El grito de Pedro, “¡Sálvame, Señor!”, es el grito de todo cristiano que confía firmemente en su Señor a pesar de sus miedos y angustias. Todo parecería seguir igual después de este grito, su oración y clamor no lo dispensan de buscar soluciones concretas y comprometidas, a sus problemas. Pero todo cambia si en el fondo de su corazón se despierta esa confianza en Dios. Dios no es un fantasma, como algunos han querido hacernos ver. El concepto de Dios no es una creación humana para dar solución a nuestra ignorancia. La experiencia de Dios, el sentirnos en su mano, es el paso más decisivo de nuestra existencia para encontrar nuestra verdadera esencia y nuestra plena realización. Dios es una mano tendida que nadie nos puede quitar, no es un fantasma. Jesús es el amor de Dios hecho mano que salva, que acompaña, que consuela, que atiende.

Quizás hemos querido reducir a Jesús a una especie de fantasma, a una imagen o amuleto… y solamente acudimos a Él, en contadas ocasiones, pero no para los momentos importantes y decisivos de nuestra vida, no para el acontecer diario donde se fraguan las grandes obras… ha quedado como fuera de nuestra vida. El texto evangélico nos propone a este Jesús tan cercano, que se da tiempo para despedir a la gente, que le roba tiempo al descanso para hacerlo plegaria, que acompaña al discípulo en la tormenta, que nos lanza a caminar sobre las aguas de los miedos y temores, que tiende la mano a quien se hunde ¿Cómo vives y experimentas a Jesús en tu vida? ¿Cómo lo haces presencia en tu diario caminar? ¿Cómo te dejas acompañar de Él en tus miedos e inseguridades? ¿A qué le temes de la propuesta de Jesús?

Padre bueno y amoroso, hoy nos confiamos a tus cuidados, nos ponemos en tus manos para vencer nuestros miedos y enfrentar nuestras dificultades. Concédenos sabiduría y valor para vencer las tempestades con Cristo, tu Hijo. Amén

© Misioneros Del Sagrado Corazón En Perú


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Viernes, 11 de agosto de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo diecinueve del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 19º del T. Ordinario A

 

La imagen de Cristo caminando sobre el Lago embravecido, ha sido siempre algo muy querido para los cristianos. Con frecuencia,  se compara a la Iglesia y a la misma vida del cristiano con una barca, surcando el mar de la existencia. ¡Y es fácil que surja la tormenta! En el Lago de Galilea es un fenómeno frecuente.

Después de aquella jornada de la Multiplicación de los panes y los peces, Jesús urge a los discípulos a pasar a la otra orilla, mientras Él se queda para despedir a la gente; luego, sube a la montaña para orar. Allí encuentra paz y sosiego después de aquel día tan intenso. Y desde allí,  contempla a los discípulos, agobiados, luchando en medio del Lago, porque “el viento era contrario”. Entonces va en su ayuda caminando sobre el mar, en medio de la tempestad.

¡Jesús caminando sobre el oleaje! ¡Qué imagen más hermosa y más admirable! No deberíamos olvidarla nunca. ¡Cuánta paz, confianza y consuelo despierta en nosotros!

¡Sobre el mar, tantas veces embravecido de nuestra vida, camina también el Señor! ¡Él es más fuerte que cualquier  tempestad! Y cuando Él quiera, volverá la calma.

En un primer momento, la misma ayuda Dios se convierte para los discípulos en una  gran dificultad: ¡Creen ver un fantasma! Se asustan y gritan: ¡Lo que faltaba! ¡Ahora, en medio de la noche y de la tormenta, un fantasma! Gracias que Jesús les grita enseguida: “¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!”

En nuestros problemas y dificultades es muy importante mantener la confianza en el poder de Dios, en su  amor y en su misericordia. Alguna vez puede darnos la impresión de que Dios no está, de que se ha olvidado de nosotros, de que es impotente como nosotros. Sin embargo, ¡Él está siempre con nosotros! Siempre dispuesto a ayudarnos. ¡Aunque pensemos, en un primer momento, que es “un fantasma!”.

Pedro quiere ir hacia Jesús caminando sobre el mar, pero, luego, duda, desconfía, le entra miedo, y comienza a hundirse. Y es hermosa y simpática, la actitud de Jesús, cogiéndole de la mano y reprochándole su falta de fe.

Cuando S. Mateo escribía el Evangelio, los cristianos, probablemente, estarían siendo perseguidos. La barca de la Iglesia estaría, por tanto, zarandeada por olas gigantescas, ¡el enorme oleaje de la persecución!  En ese contexto, los cristianos recordarían estos hechos de la vida del Señor, porque les infundía valor, fortaleza y confianza.

¡Y nunca faltan persecuciones en la vida de la Iglesia! Nunca faltan dificultades en la vida de los cristianos, en nuestra vida. También ahora, los cristianos están siendo perseguidos en muchos lugares de la tierra. El Vaticano II nos presenta a la Iglesia como peregrina “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”. “Está fortalecida, dice, con la fuerza del Señor Resucitado, para poder superar, con paciencia y amor, todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste, en todo su esplendor, al final de los tiempos”. (L.G. 8) Cuando llegue la hora de Dios, Él mismo subirá a la barca, y, entonces, amainará el viento y pasará la tempestad. Entonces, postrados  ante la grandeza y el poder de Dios, diremos a Jesús lo mismo que los discípulos en la barca: “Realmente eres Hijo de Dios”.                                                                                                                                  

FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 18:24  | Espiritualidad
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DOMINGO 19º DEL TIEMPO ORDINARIO A

Moniciones 

 

PRIMERA LECTURA

Escuchemos una bella página del Antiguo Testamento. El profeta Elías, perseguido por la reina Jezabel, que le busca para matarle, huye hasta la Montaña donde Dios, en otro tiempo, había hablado a Moisés. Allí Dios se le manifiesta de una manera inusual e inesperada para él.   

Escuchemos con atención y con fe.

 

SEGUNDA LECTURA

                Como en los domingos anteriores, escucharemos ahora la lectura de la Carta de S. Pablo a los cristianos de Roma. Hoy nos manifiesta su enorme preocupación por la suerte de su pueblo, Israel, que no ha reconocido a Jesús como el Mesías,  el enviado del Padre.

Escuchemos.

 

TERCERA LECTURA

                En el Evangelio contemplamos a Jesucristo retirándose a orar a la montaña, tras la intensa jornada que culminó con la Multiplicación de los panes. De madrugada, acude en ayuda de los discípulos, que luchan en medio del Lago, en medio de una gran tormenta.

Aclamémosle ahora con el canto del aleluya.

 

COMUNIÓN

                En la Comunión nos encontramos con el Señor, que camina sobre el oleaje de nuestra vida, de la vida de la Iglesia. Manifestémosle nuestra fe y nuestra confianza.


Publicado por verdenaranja @ 18:18  | Liturgia
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Mi?rcoles, 09 de agosto de 2017

Comentario a la liturgia dominical, Domingo XIX del Tiempo Ordinario, por Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México). 8 agosto 2017 (zenit)

Ciclo A – Textos: 1 Re 19, 9.11-13; Rm 9, 1-5; Mt 14, 22-33

Idea principal: Habrá días que la Barca de mi vida será sacudida por las olas porque el viento será contrario.

Resumen del mensaje: este es uno de los episodios evangélicos que mejor ilustra, por una parte, la situación de la comunidad cristiana (la de Mateo y la de todos los tiempos) en su histórico camino en medio de la dificultad y de la tribulación; y por otra, la presencia permanente del Señor resucitado en la barca de Pedro.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, ¿de qué barca se trata? Una barca zarandeada por las olas y el viento son un buen símbolo de tantas situaciones personales y comunitarias que se van repitiendo en la historia y en nuestra vida. Y vientos fuertes. No sólo alisios –vientos suaves, regulares, no violentos- sino también “monzónicos” –calientes con lluvias. Elías en la primera lectura experimentó que su barca estaba para zozobrar. Elías, después de un gran éxito, al dejar en evidencia él solo y mandar castigar delante de todo el pueblo a los más de cuatrocientos profetas y sacerdotes del dios falso Baal, sabiéndose perseguido a muerte por la reina Jezabel, tiene que huir al desierto. Estaba harto. No quería ser ya más profeta. Todo eran sinsabores. ¿Para qué seguir? ¿Y Pedro en el evangelio? Su barca, símbolo de lo que sería la barca de la Iglesia, cuyo primer timonel sería él, representando a Jesús, está en situación comprometida. Parece hundirse. No hace pie. Veintiún siglos de tempestades y olas encrespadas para la barca de Pedro, comenzando con las primeras persecuciones de los emperadores romanos, pasando por las herejías y cismas, y hoy por tanta confusión doctrinal que quieren estrellar esta barca en materia moral, matrimonial, litúrgica y exegética.

En segundo lugar¿qué hacen Pedro y sus compañeros? El miedo se apodera de ellos. Pedro no teme porque se hunde, sino que se hunde porque teme. La duda le hace perder la seguridad y comienza a hundirse. Mateo quiere mostrar el itinerario espiritual del primer apóstol: cuando Jesús se identifica, lo reconoce; solicita su llamada y la sigue con audacia confiada; titubea, falla en el peligro y es salvado por Jesús. Figura ejemplar para la Iglesia. La comunidad en medio de la tormenta se olvida del Jesús de la solidaridad y lo ven únicamente como un fantasma que se aproxima en la oscuridad. Quieren ir hacia Él, pero se dejan amedrentar por las fuerzas adversas. El evangelio nos invita a hacer una experiencia total de Jesús, rompiendo nuestros prejuicios y nuestras seguridades. Debemos dejar que sea Él quien nos hable a través del libro de la Biblia, de la Tradición y del Magisterio, y del libro de la vida. Cristo nos invita a no dudar nunca, pues Él está en la barca. Y nos dice: “¡Ánimo, soy Yo, no tengáis miedo!”. 

Finalmente, ¿qué debemos hacer nosotros cuando parece que nos ahogamos en un vaso de agua? Entre el temor y la esperanza, debemos añorar la cercanía del Señor. Resignarse a la lejanía no es una buena señal para la fe. La fe genera confianza y ésta se manifiesta en la osadía que vence al miedo. Nos hundiremos cuando nos apoyemos sólo en nuestras fuerzas o razones humanas. No es nuestro propio poder y saber el que nos mantiene a flote, sino la fuerza del Señor. Es buena la autoestima con tal de que no degenere en autosuficiencia. Y no nos cansemos de invitar a Cristo todos los días a nuestra barca y confesar con fe: “Realmente eres Hijo de Dios”. Este es el anuncio que se espera de nuestros labios y de nuestra vida entera. Y ayudemos desde la caridad a otras barcas que tal vez se estén ahogando.

Para reflexionar: ¿Qué olas sacuden mi barca? ¿Le grito con la fuerza de la fe a Cristo en la oración que me salve? ¿Cuántas veces he escuchado de Cristo: “Hombre de poca fe”? ¿Creía que mi vida cristiana sería un crucero de placer?

Para rezar: Qué mejor que rezar el salmo 143 en los momentos duros de mi vida:

Señor, escucha mi oración
atiende a mi súplica.
Tú eres justo y fiel; ¡respóndeme!
Pero no me juzgues con dureza,
pues ante ti nadie puede justificarse.

Mi enemigo me ha perseguido con saña;
ha puesto mi vida por los suelos.
Me hace vivir en tinieblas, como los muertos.
Mi espíritu está totalmente deprimido;
tengo el corazón totalmente deshecho…

Señor, ¡respóndeme, que mi espíritu se apaga!
¡No te escondas de mí,
o seré contado entre los muertos!
Muéstrame tu misericordia por la mañana,
porque en ti he puesto mi confianza.
Muéstrame el camino que debo seguir,
porque en tus manos he puesto mi vida.

Señor, líbrame de mis enemigos,
pues tú eres mi refugio.
10 Tú eres mi Dios; enséñame a hacer tu voluntad,
y que tu buen espíritu me guíe por caminos rectos.

11 Señor, por tu nombre, vivifícame;
por tu justicia, líbrame de la angustia;
12 por tu misericordia, acaba con mis enemigos;
¡destruye a los que atentan contra mi vida,
porque yo soy tu siervo!

Para cualquier pregunta o sugerencia, contacte a este email: [email protected]


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Palabras del Papa Francisco antes y después del ángelus el 6 de agosto de 2017 (ZENIT)

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Este domingo, la liturgia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. La página evangélica de hoy cuenta que los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan han sido testigos de este acontecimiento extraordinario.

Jesús los toma con él “y los conduce aparte, sobre una alta montaña” (Mt 17,1) y, mientras que él ora, su cara cambia de aspecto, brilla como el sol, y sus vestidos se vuelven blancos como la luz.

Moisés y Elías aparecen, entrando en diálogo con Él. En ese momento, Pedro le dice a Jesús: “¡Señor, es bueno para nosotros estar aquí! Si tú quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” (v.4). No había terminado aún de hablar cuando una nube luminosa los envuelvió.

El acontecimiento de la Transfiguración del Señor nos ofrece un mensaje de esperanza -estaremos también nosotros con Él-: nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de nuestros hermanos.

La ascensión de los discípulos hacía el Monte Tabor nos conduce a reflexionar sobre la importancia de este desapego de las cosas del mundo, para cumplir un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Se trata de disponernos a la escucha atenta y orante de Cristo, Hijo bien amado del Padre, buscando momentos íntimos de oración que permitan la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios.

Estamos llamados a descubrir el silencio pacificador y regenerador de la meditación del Evangelio, que conduce a un fin rico en belleza, en esplendor y en alegría.

En esta perspectiva, el tiempo de verano es un momento providencial para crecer en nuestro empeño de búsqueda y de encuentro con el Señor.

En este periodo, los estudiantes están libres de sus compromisos escolares y tantas familias están de vacaciones; es importante que en el periodo de reposo y de despreocupación de las ocupaciones cotidianas, podamos rehacer las fuerzas del cuerpo y del espíritu, profundizando en el camino espiritual.

Al término de la experiencia admirable de la Transfiguración, los discípulos descienden de la montaña (cf. v.9) Los ojos y el corazón transfigurados por el encuentro con el Señor. Es el camino que nosotros podemos hacer también. El descubrimiento cada vez más vivo de Jesús no es un fin en sí, sino que nos induce a “descender de la montaña” revigorizados por la fuerza del Espíritu divino para decidir a dar nuevos pasos  de conversión auténtica y para testimoniar constantemente de la caridad, como ley de nuestra vida cotidiana.

Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos el signo concreto del amor vivificante de Dios por todos nuestros hermanos, especialmente por los que sufren, por aquellos que se encuentran en la soledad y en el abandono, por los enfermos y por la multitud de hombres y de mujeres que, en las diferentes partes del mundo, son humillados por la injusticia, el abuso de poder y la violencia.

En la Transfiguración, oímos la voz del Padre celestial que dice: “Este es mi Hijo amado. Escuchadle!” (v.5). Miremos a María, la Virgen de la escucha, siempre dispuesta a acoger y a guardar en su corazón cada palabra de su divino Hijo (cf. Lc 1, 51). Quiere la celeste Madre de Dios ayudarnos a entrar en armonía con la Palabra de Dios, de manera que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida. Confiemosle las vacaciones de todos, para que sean serenas y fecundas, pero sobre todo el verano de los que no pueden hacer vacaciones porque están impedidos por la edad, por razones de salud, por problemas económicos, o por otros problemas, para que sea de todas maneras un tiempo de relajación, entretenido por la presencia de amigos y por  momentos alegres.

Palabras del Papa Francisco después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo a todos, Romanos y peregrinos de diferentes países: familias, asociaciones, fieles individuales.

Diferentes grupos de adolescentes y de jóvenes están hoy: yo os saludo a todos con una gran afecto!, en particular al grupo de la pastoral de jóvenes de Verona, los jóvenes de Adria, Campodarsego, Offanengo.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. Buen provecho y adiós.

© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo


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Viernes, 28 de julio de 2017

Reflexión a las lecturas del domingo diecisiete del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 17º del T. Ordinario A

 

El Reino de Dios es una expresión muy rica en contenido. Es como el compendio de todos los bienes que nos trae Jesucristo, el Mesías, y que se anuncia como evangelio, es decir, como buena noticia.

Y el Reino de Dios se personifica en Cristo. Con Él llega a la tierra el Reino de los Cielos. Los que aceptan su palabra se incorporan al Reino, que se inicia en la vida de la Iglesia peregrina, y que tiene su punto culminante en la Venida Gloriosa del Señor.

De diversos modos habla el Señor del Reino de los Cielos. Estos domingos a través de unas parábolas, comparaciones sencillas, al alcance de todos. Hoy el Señor compara su Reino a un gran tesoro, y a una perla preciosa, de gran valor.

Nunca compara el Señor su Reino con algo malo, desagradable, pobre, triste…, sino todo lo contrario, con algo valioso:  Con unas bodas, con una pesca abundante como en el Evangelio de hoy, con un gran banquete…

Se trata, por  tanto, de un tesoro, pero escondido. No se conoce;  parece que no hay nada en aquel campo. Todo normal… Hasta que llega uno, y encuentra el tesoro que  alguien ha guardado allí.  Esto era frecuente en el país de Jesús. Y entonces,  “lo vuelve a esconder,  y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene, y compra el campo”.

Al escuchar esta enseñanza, los cristianos tendríamos que preguntarnos:  ¿El Reino de los Cielos es para mí algo valioso? ¿Un tesoro tan grande, por el que merece la pena “venderlo  todo” para conseguirlo? O, por el contrario, ¿vendemos  nosotros “el tesoro del Reino”, por cualquier cosa? Como una señora que tiene una gran cantidad de plata guardada en la bodega de la casa, pero está ennegrecida por el tiempo, y no le da importancia; y termina por dejarla al de la chatarra, por una pequeña cantidad de dinero.

Los santos, especialmente, los mártires, se nos presentan como aquellos que han tenido “la suerte” de encontrar “el tesoro”;  y entonces, lo han “vendido todo”, hasta la misma vida, para conseguirlo. ¡Muy seguros tendrían  que estar ellos de su valor, para actuar así!

San Pablo escribía: “Todo lo que para mí era ganancia, lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él”. (Fil. 3,7-9).

Y el Papa San Juan Pablo II, escribía a los jóvenes, que se iban a reunir con él en Santiago: “El descubrimiento de Cristo es la aventura más grande de vuestra vida”.

Compara después el Señor su Reino “a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra”.

También aquí aparece “la suerte” o “la Providencia”: “La encontró”. Pero advierte el texto, que el que la  encuentra es “un comerciante en perlas finas”, alguien que entiende de perlas, un experto, diríamos hoy.

Por eso, para valorar y comprar el tesoro o la perla del Reino de Dios, hace falta “entender”,  ser un “tipo listo”, capaz de descubrir  “la perla del Reino de Dios”, como algo muy importante, trascendental, por lo que merece la pena sacrificarlo todo. Y ya sabemos que  todos “no entienden” de esas cosas, o “no son tan inteligentes” o están cerrados a la luz del Espíritu, y,  por eso,  se deja o, incluso, se desprecia, muchas veces, el tesoro o la perla del Reino de Dios.

¡Es el misterio del Reino, que las parábolas nos tratan de presentar!

 

 ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:31  | Espiritualidad
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DOMINGO 17º DEL T. ORDINARIO A   

MONICIONES       

 

 

PRIMERA LECTURA

            El texto del Antiguo Testamento, que leemos como primera lectura, siempre nos prepara para el Evangelio, que escuchamos después. Aquí Salomón no pide salud, ni riquezas, ni victorias sobre los enemigos, sino un corazón dócil para gobernar a su pueblo, para discernir entre el bien y el mal. 

 

SEGUNDA LECTURA

Escucharemos ahora un fragmento muy breve de la Carta a los Romanos, en el que se nos habla del designio de Dios sobre nosotros.

Escuchemos con atención. 

 

TERCERA LECTURA

            Como en los domingos anteriores, el Señor Jesús sigue hablándonos en parábolas. Con ejemplos sencillos, nos muestra la grandeza de su Reino. 

 

COMUNIÓN

            En la Comunión el Señor Jesús se nos muestra acogedor y disponible y, de alguna forma, nos dice como al rey Salomón: Pídeme lo que quieras. ¿Cuál será nuestra respuesta?                    

 

 


Publicado por verdenaranja @ 14:27  | Liturgia
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo diecisiete del Tiempo Ordinario A. 

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE

El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.

Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.

¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún «tesoro»? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?

Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: «Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo». Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: «La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento». El papa Francisco nos viene repitiendo: «El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios».

Si esta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba «reino de Dios»? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?

La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el «tesoro» del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.

El papa Francisco nos está diciendo que «el reino de Dios nos reclama». Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.

José Antonio Pagola

17 Tiempo ordinario – A (Mateo 13,44-52)

Evangelio del 30 / Jul / 2017

por Coordinador - Mario González Jurado


Publicado por verdenaranja @ 14:18  | Espiritualidad
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