Viernes, 09 de abril de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Pascua B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR·                

Domingo 2º de Pascua  

                                                                                                       

En la Iglesia todos somos conscientes de que el acontecimiento de la Resurrección del Señor con todas sus consecuencias prácticas no cabe en un solo día, y que, por eso, se prolonga durante cincuenta días de alegría y de fiesta en honor de Cristo Resucitado. Además, se nos advierte que el problema está en poder mantener durante tanto tiempo el clima de alegría y de fiesta propio del Tiempo Pascual. ¡Dicen que somos más sensibles y solidarios con el mal que con el bien!

Los cincuenta días  comienzan con la Octava de Pascua: En cada uno de los días de esta primera semana, se celebra la solemnidad de la Resurrección aunque sean días laborables. Hoy llegamos al octavo día, la Octava de Pascua.

Durante estos días la Liturgia de la Palabra nos ha venido presentando en el Evangelio, distintas apariciones de Cristo Resucitado que trata de ayudar a los discípulos a pasar del temor a la alegría desbordante; de la torpeza en creer a la certeza, más allá de toda duda, de que el Crucificado había resucitado, de que estaba realmente vivo.

En la primera lectura de cada día se nos han venido presentando algunos testimonios de los apóstoles casi siempre de Pedro, después de Pentecostés, acerca de la Resurrección del Señor.

Al llegar el día octavo, es lógico que el Evangelio nos presente la aparición propia de la Octava, en el que se produce el encuentro del Señor con Tomás, el que no quería creer sin ver, que se rinde a la fe con unas palabras impresionantes: “¡Señor mío y Dios mío!”

La primera lectura nos presenta no ya el testimonio de los apóstoles, aunque también haga referencia a ellos, sino, más bien, el testimonio de toda la comunidad: ¡Cómo vivían los primeros creyentes en la Resurrección del Señor!

En medio de todo eso celebramos hoy el Domingo de la Divina Misericordia instituido por el Papa San Juan Pablo II, que murió –qué coincidencia- la víspera de esta conmemoración. Pero ya, desde antes de la institución de esta Jornada, los textos de la Misa de este día contenían elementos que tratan de la misericordia de Dios: por ejemplo, la oración colecta comienza diciendo: “Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado….”

¿Y qué son estas fiestas sino el punto culminante de la manifestación y realización del amor, lleno de ternura y misericordia de Dios Padre?  “La prueba de que Dios nos ama –escribe S. Pablo- es que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5, 6-9). Y también: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir por Cristo –estáis salvados por pura gracia-;  nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con Él”(Ef 2, 4-7).

Esta Jornada, por tanto, constituye una llamada apremiante a contemplar los acontecimientos que estamos celebrando desde la perspectiva de la misericordia de Dios de manera que podamos proclamar con el salmo responsorial de los tres ciclos: “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Y la misericordia de Dios nos impulsa con vigor a practicar la misericordia con los hermanos con el amor, el perdón y la ayuda fraterna. En efecto, estas realidades  deben constituir “la atmósfera”, el espíritu, que envuelve nuestra vida y la vida de nuestras comunidades si quieren ser verdaderamente cristianas. En definitiva, “la señal” que nos dejó el Señor de la autenticidad de nuestra condición de cristianos no es otra cosa que el amor a los hermanos (Jn 13, 35).

¡Me parece que la misericordia divina es la clave de la alegría de la Pascua! Por eso, solemos cantar en estas fechas: “Gustad y ved qué bueno es el Señor! 


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DOMINGO II DE PASCUA B 

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

                Cada domingo del Tiempo Pascual, recordaremos a las primeras comunidades cristianas. Escuchemos ahora cómo vivían y actuaban los primeros creyentes en la Resurrección del Señor. 

 

SALMO

                Proclamamos ahora un salmo eminentemente pascual, que canta la obra maravillosa de la Resurrección de Jesucristo, y que nos invita a la acción de gracias por la bondad y la misericordia de Dios.

 

 

SEGUNDA LECTURA

                Durante el Tiempo Pascual escucharemos este año, fragmentos de la primera carta del Apóstol S. Juan. Hoy nos habla del sentido y del alcance del amor fraterno y de la fe en Jesucristo Resucitado. 

 

TERCERA LECTURA

                Escuchemos ahora el Evangelio característico de este  día: la doble aparición de Jesucristo resucitado a los discípulos: La del día de la Resurrección, y la de los ocho días, con especial referencia a la fe de Santo Tomás.

                Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos el aleluya.    

 

COMUNIÓN

                Nuestra fe nos hace descubrir detrás de las especies de pan y vino, el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo vivo y glorioso.

Que Él nos ayude a trabajar y a esforzarnos sin cesar por conseguir una fe cada vez más firme y más convencida; más activa y compro


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S?bado, 27 de marzo de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo de Ramos B ofrecida p0or el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Ramos  

 

El Domingo de Ramos, de tanto arraigo entre nosotros, es el pórtico de la Semana Santa. ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor que nos concede el don inmenso de celebrar, un año más, los días de la Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo Jesucristo, que culminan en la Pascua y el Tiempo Pascual.

No sé si habrá en el mundo una fiesta que se celebre tanto: 40 días de preparación,  la Cuaresma,  y 50 de celebración, La Pascua y el Tiempo Pascual. ¡Así es la fiesta principal de los cristianos!

Este año tenemos que celebrar todavía estos días santos en medio de la epidemia: sin procesiones ni otras celebraciones en la calle. Sin embargo, cada uno de nosotros tenemos que aprovecharla al máximo en la medida que podamos. Ya sabemos que las celebraciones de los cristianos tienen su momento principal en nuestras iglesias y en el corazón de los fieles. Se ha publicado en la Diócesis, por parte de la Vicaría General, un documento con una serie de normas para que podamos celebrar cada día de la Semana Santa dentro de las limitaciones y circunstancias de de la situación en que nos encontramos.

La Liturgia del Domingo de Ramos consta de dos partes: en la primera recordamos y celebramos la Entrada de Jesús en Jerusalén, y, en la segunda, tiene lugar la Misa de Pasión que nos introduce ya en lo que celebramos en la Semana Santa: la Pasión del Señor que culmina en la gloria de la Resurrección

En la primera parte es muy importante la Procesión de Ramos en la que tratamos de actualizar, revivir, y de dar testimonio de que Jesús de Nazaret es el Mesías-Rey, descendiente de David e Hijo del Altísimo, y al que aclamamos diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. En las otras celebraciones de la Santa Misa en cada comunidad, se hace lo que se llama la “Entrada simple”, que consiste en un breve recuerdo del acontecimiento que celebramos para proseguir después con la Misa de Pasión. Este año, al estar suprimidas las procesiones, tenemos que celebrar en nuestras iglesias “la Entrada simple” sin distribución de palmitos y olivos, y hemos de suplir, de algún modo, lo que, en circunstancias normales, podríamos hacer.

Es propio de los cristianos el espíritu de superación para saber abordar las dificultades y acoger, de la mejor manera, el contenido de las celebraciones de estos días santos. Además, contamos con la ayuda inestimable de los medios de comunicación, especialmente, los de la Diócesis. 

De este modo, el Domingo de Ramos nos centra en la Semana Santa: la Entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, aunque se celebre este año de un modo sencillo, prefigura su Resurrección gloriosa, que celebraremos, llenos de alegría, el Domingo de Pascua; y la Misa de Pasión nos centra en la Cruz, o mejor, en la Pasión del Señor, que es el centro de la semana.

La lectura más importante de este día es la Pasión del Señor según el evangelista de cada año o ciclo litúrgico. Este año B o II, se proclama la de San Marcos, que recoge en su evangelio las catequesis de San Pedro en Roma.

El Santo Hermano Pedro recordaba que su madre lloraba cuando se leía estos días, en casa, el relato de la Pasión de Jesucristo. Y así sucedía a mucha gente en los siglos pasados. También en nuestro tiempo hay muchas personas que la leen con intensidad y fervor.

Este día, los judíos llevaban a casa el cordero para celebrar la Pascua. Y, precisamente, este domingo entra en su casa, en Jerusalén, “el Cordero de la Pascua Nueva”, el que quita el pecado del mundo, que va entregar su vida por nuestra salvación en la tarde del Viernes Santo, a la hora de nona, en la que  los judíos sacrificaban el cordero para celebrar la Pascua judía.

Termino con el deseo ferviente de que, ante el gran don de Dios que constituye la Semana Santa para todos y cada uno de nosotros, sepamos corresponder acogiendo al Señor en nuestro corazón, especialmente, por la recepción de los sacramentos, y transmitiendo, de un modo o de otro, su mensaje con un testimonio ferviente y convincente de palabra y de vida.                 

                                                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!        


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 DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

                En la Pasión Jesús se nos presenta como el Siervo doliente del Padre como se había profetizado. Es lo que vamos a escuchar en la primera lectura. 

 

SALMO RESPONSORIAL

                El sufrimiento se considera, muchas veces, como un abandono de Dios, como si el Señor se hubiera olvidado de nosotros. Sin embargo, el cristiano le invoca desde lo más profundo de su corazón, sabiendo que Él le escucha y le ama, y, después de la dificultad, llegará de nuevo la dicha y la alegría. 

 

SEGUNDA LECTURA

                Escuchemos ahora con atención y con fe, una síntesis preciosa de la vida de Cristo que solemos recordar con frecuencia: Él no hizo alarde de su categoría de Dios sino que se anonadó tomando la forma de siervo hasta la muerte. Por lo cual fue exaltado y glorificado por su Resurrección. 

 

TERCERA LECTURA

                En el centro de nuestra celebración de hoy, escuchamos ahora el relato estremecedor de la Pasión de Jesús según San Marcos. ¡Él muere en un acto supremo de amor y de fidelidad! ¡De su Cruz nos viene la salvación y la vida!  

                Por eso le aclamamos ahora disponiéndonos a escuchar y contemplar su entrega 

 

COMUNIÓN

          En la Comunión recibimos a Jesucristo al que hemos contemplado hoy, aclamado en la Ciudad Santa de Jerusalén. Abramos las puertas de nuestro corazón al Redentor que contemplamos estos días, pobre, despreciado y crucificado, y después resucitado y glorioso.

Pidámosle que nos ayude a aprovechar al máximo estos días santos.


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Viernes, 19 de marzo de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo quinto de Cuaresma B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º de Cuaresma B

 

No conocemos la identidad de aquellos griegos que quieren ver a Jesús. En aquellos tiempos  existían gentiles que practicaban la religión de Israel; el Evangelio de hoy nos presenta a dos de ellos  que vienen a la fiesta de Pascua. ¡Y quieren ver a Jesús! Y se acercan a un discípulo de nombre griego, Felipe, y Felipe y Andrés, que también tiene nombre griego,  van a decírselo a Jesús. La expresión de Juan “queremos ver a Jesús”, apunta a algo más que una simple mirada física”, buscan un encuentro con Él.

Parece como si San Juan quisiera señalar aquí la universalidad de la salvación que Cristo nos trae. Pero el texto no nos dice nada de lo que pasó con aquellos griegos, sino que nos presenta este hecho como la señal de que ha llegado la “Hora de Jesús”.

Hasta entonces, todos los intentos de detener a Jesucristo habían fracasado “porque no había llegado su hora”. De este modo, manifiesta su poder sobre los acontecimientos y, sobre todo, que a Él nadie le quita la vida sino que la entrega libremente (Jn 10, 18). 

Y cuando llega su hora, ya no hay vuelta atrás. Cristo habla del significado profundo de su hora con siete imágenes o pequeñas enseñanzas que nos presenta el Evangelio de hoy.

Ya sabemos que la hora de Jesús es la llegada de su Pasión, Muerte y Resurrección. Su glorificación comienza en la Cruz porque la Muerte de Cristo no es el final de todo, un fracaso total, del que se ha presentado como el Mesías esperado, sino que es sólo camino, paso, pascua, “para entrar en su gloria” como dirá a los discípulos de Emaús.

Su condición humana se agita ante un sufrimiento tan terrible pero su voluntad se inclina ante la voluntad del Padre porque para eso ha venido. Y se pone en manos del que lo va a glorificar. Por eso, dice: “Y cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”; y también: “Ahora va a ser juzgado el mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera”.

De esta forma, se establece la nueva alianza de Dios con su pueblo, de la que habla la primera lectura. Y cada vez que celebramos la Eucaristía, se actualiza nuestra alianza con el Padre, en la Sangre de Cristo. Por eso, nuestra participación en la Eucaristía tiene que hacernos mejores, pues, no en vano, renovamos nuestro sí a los mandatos del Señor.

Por todo ello, Jesús compara su entrega al grano de trigo que, si quiere  convertirse en una preciosa espiga, tiene que morir, ser transformado en el surco. Al mismo tiempo, nos enseña que recibimos el don de la vida para entregarla, de un modo o de otro, por un camino o por otro; no para “quemarla” en la hoguera de nuestro egoísmo.

Y esto nos lo traduce el Vaticano II diciendo que “el hombre jamás logrará su plenitud mientras no haga de su vida un don para los demás” (G. et Spes, 24).

¡Qué fuerza tiene la expresión “donde esté yo allí estará también mi servidor”; Y también, “a quien me sirva el Padre le premiará!”

A la victoria, a la glorificación de Cristo por su Misterio Pascual, alude también la segunda lectura cuando dice que Cristo, “a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte;  y, llevado a la consumación, se ha convertido para los que le obedecen en autor de salvación eterna”.

En esta semana,  llamada durante mucho tiempo “de Pasión”, y en la Semana Santa, se nos invita, se nos urge a “mirar” la Cruz del Señor. Ojalá que esta contemplación nos lleve al encuentro con el Cristo vivo de los sacramentos.

¡Y no podemos olvidar que también, en nuestros días, siguen existiendo muchos “griegos” que quieren ver a Jesús.                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


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DOMINGO V DE CUARESMA B

MONICIONES

 

 

PRIMERA LECTURA

                Durante los domingos de Cuaresma, la primera lectura nos ha venido presentando distintas alianzas de Dios con los hombres a través de Noé, Abrahán y Moisés. Vamos a escuchar ahora el anuncio de una alianza nueva, que nos hace el Profeta, y que tendrá su cumplimiento en la Cruz del Señor. 

 

SEGUNDA LECTURA

                Jesucristo es obediente a la voluntad del Padre hasta la muerte. De esta manera, se ha convertido para todos en “Autor de salvación eterna”. 

 

TERCERA LECTURA

                Jesús sabe que la entrega, y sólo la entrega hasta la muerte, da siempre fruto. Con esta certeza subirá a la Cruz, una Cruz que será para Él fuente de glorificación, y, para nosotros, fuente de salvación y de vida. 

 

COMUNIÓN

                Decir amén al Cuerpo de Cristo en la Comunión, es el punto culminante de la renovación de la Nueva Alianza con Dios, en la Sangre de Cristo, que se actualiza entre nosotros cada vez que celebramos la Eucaristía.

                Pidámosle que nos ayude a ser fieles en la vida de cada día, a la alianza, al pacto sagrado, que estamos renovando en el altar. 


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Viernes, 12 de marzo de 2021

Reflexión a las lecturas del cuarto domingo de la Cuaresma B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 4º de Cuaresma

                                                                          

¡Nos alegramos este domingo porque se acerca la fiesta de Pascua! ¡La fiesta más importante del año!

San Juan XXIII llamó a la Iglesia “Madre y Maestra” en un documento memorable. Y eso lo constatamos siempre, también en este tiempo de Cuaresma: ¡Con cuánta preocupación, con cuánto cuidado y con cuánto acierto, nos prepara la Iglesia, día a día, para la celebrar la Pascua.

Este domingo nos invita a la alegría, porque esta gran solemnidad se acerca ya. Es el domingo que, desde antiguo, se llama “Laetare”,  “Alégrate”. Y la alegría se ve subrayada hoy a la luz de la Palabra de Dios que trata de poner delante de nuestros ojos, el amor inmenso, infinito, que Dios nos tiene.

Cuando uno lee despacio la Sagrada Escritura, siente verdadero asombro al contemplar el afán, el interés, tan grande de Dios por salvar al hombre, porque nos vaya bien, porque seamos felices…, hasta llegar a darnos a su Hijo Unigénito, no “para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”, como escuchamos en el Evangelio de hoy.

Éste es el último eslabón y el más importante, de esa magnífica cadena de amor con la que el Señor nos “ata a su lado”. S. Alfonso pone en labios de Dios esta expresión: “Desde que existo, te amo”.

En la primera lectura contemplamos cómo, en medio de las infidelidades del pueblo, Dios le envía avisos por medio de sus mensajeros, los profetas, “porque tenía compasión de su pueblo y de su morada”, hasta que no hubo más remedio, y llega la dura experiencia del destierro de Babilonia; incluso, nos impresiona cómo Dios se vale de un rey pagano, Ciro, para su liberación y para animarle a reconstruir el templo de Jerusalén.

S. Pablo, en la segunda lectura, resume la historia del amor del Padre por nosotros diciendo que “Dios rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con Él”. Y a continuación, lo especifica mejor diciendo: “y  esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir”.   

En otro lugar, el mismo Apóstol nos dice: “La prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5, 8). Y este es el tema de aquella conversación memorable de Jesús con Nicodemo que nos presenta el Evangelio de este domingo.

En ella, Jesús le dice: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él, tenga vida eterna”.

¡Y a nosotros toca acoger “la vida eterna” que, iniciada en el tiempo, no termina jamás!

Y ésta llega a cada uno de nosotros por el Bautismo, que revivimos en la Cuaresma y  que vamos a renovar, con todo entusiasmo, la noche santa de la Pascua.

¡A esa grandeza y a esa dicha inmensa, nos ha llamado el Señor! Pero eso ¡no lo impone a la fuerza! Ya decía S. Agustín: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

En concreto, se trata de hacer opción por la luz y no por las tinieblas como nos advierte el Señor en este texto. Y la historia de cada hombre es una lucha, a veces, muy viva y hasta dramática, entre la luz y las tinieblas que tiene repercusiones eternas.

El Señor nos advierte que no se trata sólo de pensar rectamente sino que la propia conducta influye en nuestro modo de pensar y actuar: “Todo el que obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz para no verse acusado por sus obras. En cambio el que obra la verdad se acerca a la luz para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

En este sentido, recuerdo que, cuando, en otros tiempos, iba a visitar las escuelas de la parroquia, entre los “parvulitos”, había algunos niños, que se acercaban, contentos, a enseñarme algún dibujo... ¡Es que pensaban que les había salido bien y buscaban el reconocimiento!

Por eso hoy, al leer y comentar este texto, me acuerdo de “aquellos parvulitos”.

                                                            

                                                                                                            ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:48  | Espiritualidad
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DOMINGO IV DE CUARESMA B

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

                En estos domingos de Cuaresma, seguimos recordando las etapas principales del Antiguo Testamento. Hoy se nos recuerdan las circunstancias que rodearon el destierro de los judíos a Babilonia y el retorno a la tierra de Israel en tiempos de Ciro, rey de Persia. 

 

SALMO RESPONSORIAL

                El salmo es un bello cántico de lamentación en el destierro, lleno de añoranza por la patria que se ha dejado. 

 

SEGUNDA LECTURA

                San Pablo nos expone una de sus páginas-síntesis del cristianismo: Dios nos ama y nos salva por Jesucristo, no por nuestros méritos sino por su gran misericordia. Es necesario que practiquemos las buenas obras que Él nos ha enseñado. 

 

TERCERA LECTURA

                En la conversación con Nicodemo, Jesús le habla del amor inmenso del Padre que nos ha dado a su Hijo para que el mundo se salve por medio de Él. 

 

COMUNIÓN

                Nos acercamos a comulgar con la conciencia viva de que Dios nos ama: Él ha llegado hasta el extremo de enviarnos a su Hijo, que murió en la Cruz para salvarnos. Él nos invita ahora a recibir el Cuerpo de Cristo como alimento y fuerza para nuestra vida.

                               


Publicado por verdenaranja @ 13:44  | Liturgia
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Jueves, 11 de marzo de 2021

Desde la secretaría del obispado de Tenerife nos remiten  BENDICIÓN DE LOS PADRES  como sugerencia para el Día de San josé

 

RITOS INICIALES

 

El celebrante dice:

- En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

R/. Amén.

El ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

-         El Señor Jesús, nacido de María Virgen, esposa del justo José, esté siempre con todos vosotros.

Todos responden:

R/. Y con tu espíritu.

El celebrante invita a los presentes a recibir la bendición con esta monición:

Con alegría y gratitud dirigimos nuestra mirada al Dios Providente que eligió a san José como padre bueno y prudente para ser custodio solícito de Jesús y María. Pidamos en esta celebración por todos los padres de familia, para que teniendo como modelo a san José hagan de sus hogares un lugar propicio para el servicio y honra de Dios.

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee este texto

Samuel [7, 4-5a. 12-14a. 16]

El Señor Dios le dará el trono de David, su padre

 

Escuchad, hermanos, las palabras del segundo libro de Samuel:

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:

-«Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»

 

Palabra de Dios

Salmo responsorial: Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R.: 37)

 

R. Su linaje será perpetuo.

 

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,

más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

 

R. Su linaje será perpetuo.

 

Sellé una alianza con mi elegido,

jurando a David, mi siervo:

«Te fundaré un linaje perpetuo,

edificaré tu trono para todas las edades.»

 

R. Su linaje será perpetuo.

 

Él me invocará: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le mantendré eternamente mi favor,

y mi alianza con él será estable.

 

R. Su linaje será perpetuo.

 

El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

 

PRECES

 

El celebrante invita a los presentes a elevar sus intenciones al Padre:

 

Poniendo nuestra confianza en el Dios Providente, que eligió a san José con una

vocación singular de padre en el hogar de Nazaret, supliquémosle diciendo:

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres

 

Padre de bondad, que otorgaste el don de la prudencia a san José,

- concede a todos los padres este mismo don para que defiendan su familia

de todo peligro.

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres

Padre de ternura, que concediste a san José un profundo espíritu de oración,

- haz que los padres procuren el silencio en su vida para que sean hombres

de recia vida interior.

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres

 

Padre solícito, que en san José nos muestras este singular don,

- capacita a los padres para que siempre estén atentos a las necesidades

de cuerpo y alma de su esposa e hijos.

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres

 

Padre providente, que en san José nos muestras un ejemplo de fidelidad

exquisita a tu voluntad,

- haz que los padres cumplan con este mismo celo su misión de educar

en cristianamente a sus hijos.

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres

 

Padre de la sencillez, que otorgaste a san José la discreción y humildad,

- haz de nuestros padres vivan estas virtudes esenciales para la familia

y la sociedad.

 

R/. Da un corazón bueno y solícito a nuestros padres 

 

ORACIÓN DE BENDICIÓN

 

El celebrante con las manos extendidas dice la siguiente oración de bendición:

 

Padre de la vida, Señor de la historia,

que prometiste a tu siervo David

una descendencia salida de sus entrañas

y que, en José, hombre justo,

cumpliste tu palabra.

Te damos gracias por la vida de aquel

que pusiste al frente de tu familia

para que haciendo las veces de padre

cuidara a tu Hijo unigénito,

concebido por obra del Espíritu Santo

en las entrañas de María Virgen.

Te suplicamos te dignes bendecira estos padres,

para que sean hombres justos y prudentes,

solícitos y llenos de temor de Dios;

que brillen por una humilde discreta y un servicio constante;

que eduquen a sus hijos en tu suave Ley

y les enseñen a amar y cumplir tus mandatos;

que sean esposos fieles en los que sus hijos

encuentren un modelo de vida y entrega.

Acompaña siempre sus pasos y haz que

vivan unidos a tu corazón de Padre,

para que un día gocen de tu presencia en el hogar del Cielo.

 

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

Todos responden:

 

R/. Amén.

 

CONCLUSIÓN DEL RITO

 

El celebrante bendice a los fieles con las manos extendidas

 

Dios misericordioso,

que en san José nos muestra su Corazón

paterno, colmado de bondad y solicitud,

os conceda por su Hijo la mejor de sus bendiciones

 

Todos responden:

R/. Amén.

 

El celebrante imparte la bendición:

Y la bendición de Dios Todopoderoso

Padre, Hijoy Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Podéis ir en paz

 

Todos responden:

R. Demos gracias a Dios.

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Desde la secretaría del obispado de Tenerife nos remiten  Carta  del Obispo de San Cristóbal de La Laguna  (Tenerife – La Palma – La Gomera – El Hierro) con motivo dela festividad de San José.- San Cristóbal de La Laguna, 9 de marzo 2021

 

QUERIDOS HIJOS, HERMANOS Y AMIGOS SACERDOTES: 

Próxima a celebrarse ya la Festividad de San José, patrono de la Iglesia, de los Seminarios y de los padres, aparte de la carta habitual para el Día del Seminario, les escribo esta nota para poner de relieve algunos aspectos que como sacerdotes estamos llamados a tener en cuenta. 

En esta ocasión, la celebración viene remarcada por el hecho de que el Papa Francisco, con motivo de cumplirse -el pasado 8 de diciembre- los 150 años de la proclamación de San José como patrono de la Iglesia Católica, ha declarado 2021 como AÑO DE SAN JOSÉ. Por ello, este año, tanto el “Día del Seminario” como el “Día del Padre”, estamos llamados a darle un carácter abiertamente relacionado con la figura de San José, al que San Juan Pablo II llamó “Custodio del Redentor”.

Como hacemos en la fiesta de cualquier santo, el mejor modo de celebrar a San José es dando gracias a Dios por los dones con que lo enriqueció, aprendiendo del ejemplo de su vida, y apoyándonos en su intercesión. 

Particularmente, todos estamos llamados a imitar a San José en su misión de “custodio”. Él lo hizo, históricamente, con la familia de Nazaret y ahora, desde el cielo, de esta familia que es la Iglesia. Custodios han de ser los padres respecto de sus hijos, y custodios hemos de ser los sacerdotes en relación con los fieles a nuestro cargo, que no en vano nos dicen “padre”. Eso sí, siempre como ministros de la paternidad de Dios, que nos encomienda custodiar a sus hijos. 

«Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que “hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos”» (Papa Francisco). 

No debemos olvidarnos nunca que somos ministros (instrumentos) de Dios para la salvación del mundo. Por un libre designio de su voluntad ha querido incluirnos en su proyecto salvífico; sin nuestra libre y efectiva disponibilidad (“incondicionalidad”, nos enseñó D. Damián), sus planes pueden quedar frustrados. Además, como nos enseñó San Pablo VI: «Los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si por negligencia… omitimos anunciarlo? Porque eso significaría ser infieles a la llamada de Dios que, a través de los ministros del Evangelio, quiere hacer germinar la semilla; y de nosotros depende el que esa semilla se convierta en árbol y produzca fruto» (EN 80). 

En el Año Sacerdotal, Benedicto XVI no recordó que «cuando Dios decidió hacerse hombre en su Hijo, necesitaba el "sí" libre de una criatura suya. Dios no actúa contra nuestra libertad. Y sucede algo realmente extraordinario: Dios se hace dependiente de la libertad, del "sí" de una criatura suya; espera este "sí"» [12-8-2009].

Sin duda, en algo grandioso que Dios cuente con nosotros como contó con María y José, pero es también una gran responsabilidad. Tengamos siempre presente que nuestra vocación es un “precioso talento” que Dios nos ha dado y por medio del cual quiere hacer cosas grandes. Que, como San Pablo, cada uno podamos decir con verdad: «Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí» (1Cor. 15, 10). 

Para ayudarnos a vivir nuestra “vocación de custodios” a ejemplo de San José, contamos con magníficos documentos del Magisterio Pontificio, como “Redemptoris custos” de Juan Pablo II:

Redemptoris Custos (15 de agosto de 1989) | Juan Pablo II (vatican.va).

Más reciente es la carta del Papa Francisco, “Patris corde”, publicada con motivo de este 150 aniversario. Sin olvidarnos, además, que el propio Papa inició su pontificado el día de San José de 2013 y nos dejó una magnífica homilía sobre lo que significa custodiar. Ambos documentos son –por así decir- una guía para nuestro ministerio sacerdotal que todos estamos llamados a leer y asimilar personalmente. Se los adjunto para que lo tengan a mano y los puedan imprimir. 

También les adjunto un breve mensaje que hemos preparado los Obispos de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, dirigido a los sacerdotes y seminaristas. Asimismo, les pongo el enlace de la reflexión teológica preparada por la misma Comisión para el Día del Seminario, y que nos puede ayudar mucho.

Dia-Seminario-Reflexion-Teologica.pdf (conferenciaepiscopal.es). 

Finalmente, les añado el texto de una breve celebración que nos ofrece la Delegación Diocesana de Familia y Vida para bendecir a los padres. Una celebración que podemos hacer tanto estos días en torno al “Día del Padre”, como en cualquier otro momento, con motivo de un encuentro o reunión con padres. 

Queridos sacerdotes: Como nos dice el Papa Francisco en la Carta “Patris corde”, el objetivo de todo esto no es sino «que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución». 

Aprovechemos este tiempo de gracia y salvación, que el Señor nos concede mediante el AÑO DE SAN JOSÉ, para ponernos cada vez más a la altura de la vocación a la que hemos sido llamados. Es lo que deseo de todo corazón, para ustedes y para mí.

Con mi gratitud y afecto, de todo corazón les bendice, 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense