Lectio divina para el viernes de la séptima semana e Pascua 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
Lectura:
“Juan 21 ,1519”
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»
Meditación:
“Sígueme”
Es un texto cargado de emoción. Un texto vital que tuvo que conmover las entrañas de Pedro y que me conmueve a mí. Querías que tu pregunta y su respuesta se quedase clavada en el corazón para poder asumir todo lo que estaba por venir, la responsabilidad de continuar tu misión como cabeza de tus discípulos, y los retos de las dificultades que lo terminarían llevando, como tú, al martirio.
Me resuena a escena cargada de humanidad, de ternura, de un sí humilde cargado de deseos que tú acoges en esa afirmación final: “Sígueme”. Y que aquel discípulo asumió hasta las últimas consecuencias.
El tono del relato se me hace diálogo en mi corazón y hace que sienta esa pregunta como dirigida a mí. Una pregunta que me lanzas también, como a Pedro, continuamente, cada día: “me amas”. Porque tu seguimiento puede empezar por una atracción causada por mil experiencias, pero sólo se puede mantener cuando se asienta en el corazón, no como mera emotividad, no como atracción exaltada e irracional, sino como respuesta nacida desde lo más hondo del ser y que me invita a poner en juego todo lo que soy.
De esta manera me resuena tu “sígueme”, y desde la realidad de mis condicionamientos y mis limitaciones quiero decirte que sí. Tú sabes, Señor, que te quiero. Es un querer siempre precario, lo sé y lo sabes. Supeditado a un sin fin de condicionamientos externos e internos que obstaculizan mi libertad y mi voluntad. Pero tú sabes que quiero y que te quiero. Y en ese deseo acojo tu fuerza, apoyado y confiado en tu amor.
Oración:
“Lo mejor de mí”
Señor, me suena tu palabra a expresión de enamorado que busca el sí de su amada. Pero no se trata sólo de un juego de intimidades, sino de una llamada a la fecundidad de ese amor. Entrar en intimidad contigo es el paso previo y necesario para hacer posible que ese amor se derrame y se expanda a todos aquellos que implica mi existencia. No es un amor cerrado, como no lo es ningún amor cuando es auténtico.
Señor, dame fuerza para acoger tu pregunta y, sobre todo, para ofrecerte mi respuesta, que quede marcada por el sello de mi donación, de mi deseo de poner en juego lo mejor de mí mismo, que, al fin y al cabo, no es otra cosa que Tú.
Contemplación:
“Me amas”
Resuena el eco
de una pregunta
y de una afirmación
que se hace tuya
antes que mía.
Tú me amas,
me amas
antes de que yo balbucee
tu nombre,
y mi tímido te quiero
te basta
para decirme
que te siga.
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo de Pentecostés - B, ofrecido por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
RECIBID EL ESPÍRITU
Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior.
Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.
Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la tristeza? Ven Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.
Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué? Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.
Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amistosos. Al sexo le llamamos "amor" y al placer "felicidad", pero ¿quién saciará nuestra sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.
En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.
Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos exhalando sobre ellos su aliento: "Recibid el Espíritu Santo". Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
27 de mayo de 2012
Pentecostés (B)
Juan, 20, 19-23
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
MONICIONES
PRIMERA LECTURA
Escuchemos ahora, con espíritu de fe y devoción, la narración de la venida del Espíritu Santo y el impacto que produce en Jerusalén… Y pidamos al Señor que “no deje de realizar hoy, en el corazón de sus fieles, aquellas mismas maravillas que obró el los comienzos de la predicación evangélica”.
SALMO
Uniéndonos a las palabras del salmo, pidamos al Señor que envíe sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo el don de su Espíritu.
SEGUNDA LECTURA
La segunda Lectura nos presenta unas enseñanzas de S. Pablo sobre la acción del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia, Cuerpo de Cristo.
SECUENCIA
Leeremos hoy, antes de escuchar el Evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo -la Secuencia-. Unámonos a ella desde el fondo de nuestro corazón, pidiéndole al Espíritu Santo que venga a nosotros, nos renueve y nos acompañe.
EVANGELIO
En el Evangelio se nos narra la primera aparición de Je-sucristo Resucitado a los discípulos, su envío al mundo y la donación del Espíritu Santo.
(Aclamemos al Señor con el canto del aleluya).
COMUNION
"Nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo", hemos escuchado en la segunda Lectura. Sin Él no podemos ser ni hacer nada.
Pidamos a Jesucristo que renueve en nuestro interior el don de su Espíritu para que sostenga y acreciente nuestra fe en su presencia en la Eucaristía, nos impulse a recibirle con frecuencia y debidamente preparados en la Comunión y a dar el fruto que exige la recepción de este Sacramento.
Lectio divina para el jueves de la séptima semana de Pascua 2012, ofrecida por la Delegación Dicoesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
Lectura:
“Juan 17, 2026”
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mi, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»
Meditación:
“Que sean uno”
Tu oración es un anhelo al que me llamas a colaborar. Muchas veces me puedo quejar de que siento que no atiendes mis peticiones, en este caso puedes experimentar tú que nosotros no escuchamos la tuya. Tu petición es el anhelo de vernos unidos entre nosotros y contigo, para que los que nos vean puedan creer en la verdad de nuestra palabra y, sin embargo, la unión contigo está supeditada a las limitaciones de nuestra voluntad y de nuestra naturaleza; la unión entre nosotros, los que decimos creer en ti, está condicionada y limitada por las percepciones y visiones que tenemos de la realidad y hasta de ti, y lejos de considerarlo como una riqueza lo sentimos como diferencia negativa que nos separa. Y así, quienes nos ven, desconfían. Y de esta manera, tu deseo, tu anhelo, tu oración lanzada al corazón del Padre está marcada por el ritmo lento de nuestro proceso humano que el Padre quiere respetar, aunque también anhele el final.
En medio de todo esto un gozo profundo se asienta en mí al sentir tu opción por nosotros, tu opción por el hombre, tu empeño en dar a conocer a los hombres tu proyecto de amor que quiere extenderse a todos para conseguir una humanidad que pueda gozar de la felicidad para la que ha sido hecha, pero fraguada en su búsqueda como anhelo y búsqueda, y no como imposición.
Gozo porque para cuando pienso que no te encuentro resulta que tú has salido ya al paso de mi existencia desde el principio de la historia, proyectando sobre mí tu deseo de bien. Y, en ese empeño, me abres a la fuerza de tu Espíritu, que quieres que resuene como a presencia íntima y cercana que me introduce en esta corriente de amor.
Oración:
“Quiero seguir”
Hoy, Señor, brota de nuevo mi acción de gracias desbordada por saberme inserto en tu corazón. Por saberme inserto en tu deseo de felicidad, en tu proyecto de amor. Gracias, Señor, por tu oración, porque aunque no te sienta tú estás, mi presencia se hace realidad en tu corazón y en tus anhelos, y cuentas conmigo.
Precisamente porque soy consciente de mi fragilidad, de lo mucho que soy capaz de distanciarme de ti, de la incoherencia de mis anhelos, mi gratitud se vuelve mayor y tu palabra me sabe más a consuelo y estímulo. Desearía no defraudarte, pero conoces mi corazón. Por eso con él y desde él, sólo puedo decirte que quiero seguir en esa corriente de vida a la que me llamas, y aunque siga supeditado a la realidad de mi verdad confusa, sólo tú y tu proyecto sobre mí mueve el sentido de mi caminar.
Contemplación:
“Tu amor por mí”
Sólo deseo dejar resonar tu palabra,
escuchar de tus labios tu oración,
cercana, íntima y enamorada,
que me inserta en tu corazón.
Y casi siento el susurro de tus labios,
que elevan al Padre tu plegaria,
anhelante y esperanzada,
que habla de tu amor por mí.
Y en ese amor que desborda
tu voz y tu deseo,
quiero dejarme penetrar por ti,
para descubrir que en el vacío
de mis distancias,
nunca dejas de pensar en mí.
ZENIT nos ofrece las palabras del papa en la Audiencia General del miércoles, 2 de Mayo de 2012, en la que se encontró con grupos de peregrinos y fieles llegados de Italia y de otros países.
Queridos hermanos y hermanas:
En la última catequesis hemos visto cómo, en la oración personal y comunitaria, la lectura y la meditación de la sagrada escritura nos abren a la escucha de Dios, que nos habla e infunde luz para entender el presente. Hoy me gustaría hablar sobre el testimonio y la oración del primer mártir dela Iglesia, san Esteban, uno de los siete elegidos para el servicio de la caridad hacia los necesitados. En el momento de su martirio, narrado en los Hechos de los Apóstoles, se manifiesta, nuevamente, la fructífera relación entre la palabra de Dios y la oración.
Esteban es llevado a juicio ante el Sanedrín, donde se le acusa de haber declarado que "Jesús... destruiría este Lugar [el templo], y cambiaría las costumbres que Moisés nos transmitió" (Hch. 6,14). Durante su vida pública, Jesús había predicho efectivamente la destrucción del Templo de Jerusalén: "Destruyan este santuario y en tres días lo levantaré" (Jn. 2,19). Sin embargo, como señala el evangelista Juan, "hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando, fue levantado, pues de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron enla Escrituray en las palabras que había dicho Jesús" (Jn. 2,21-22).
El discurso de Esteban ante el tribunal, el más largo de los Hechos de los Apóstoles, se desarrolla justamente sobre esta profecía de Jesús, el cual es el nuevo templo, inaugura el nuevo culto, y reemplaza con la ofrenda de sí mismo en la cruz, los sacrificios antiguos. Esteban quiere demostrar lo infundado de la acusación de que está subvertiendo la ley de Moisés y presenta su visión de la historia de la salvación, la alianza entre Dios y el hombre. Relee así todo el relato bíblico, itinerario contenido enla Sagrada Escritura, para mostrar que aquel conduce al "lugar" de la presencia definitiva de Dios, que es Jesucristo, especialmente en su Pasión, Muerte y Resurrección. En esta perspectiva, Esteban también lee su condición de discípulo de Jesús, siguiéndolo hasta el martirio. La meditación sobrela Sagrada Escriturale permite entender así su misión, su vida, su presente. En esto está guiado por la luz del Espíritu Santo, por su relación íntima con el Señor, tanto que los miembros del Sanedrín vieron su rostro "como el de un ángel" (Hch. 6,15). Este signo de la asistencia divina, refiere al rostro radiante de Moisés bajado del Monte Sinaí después de haberse encontrado con Dios (cf. Ex. 34,29-35, 2 Cor. 3,7-8).
En su discurso, Esteban comienza a partir de la llamada de Abraham, un peregrino en la tierra dada por Dios y que tenía sólo una promesa; después va a José, vendido por sus hermanos, pero asistido y liberado por Dios; para llegar a Moisés, que se convierte en un instrumento de Dios para liberar a su pueblo, pero que encuentra muchas veces el rechazo de su propio pueblo. En estos acontecimientos narrados enla Sagrada Escritura, los que Esteban demuestra estar en escucha religiosa, surge siempre Dios, que no se cansa de ir al encuentro del hombre, a pesar de encontrar a menudo una oposición obstinada. Y esto en el pasado, en el presente y en el futuro. Por lo tanto, en todo el Antiguo Testamento él ve una prefiguración del acontecimiento de Jesús mismo, el Hijo de Dios hecho carne, que como los antiguos padres, encuentra obstáculos, rechazo, muerte. Esteban se refiere luego a Josué, a David y a Salomón, puestos en relación con la construcción del templo de Jerusalén, y concluye con las palabras del profeta Isaías (66,1-2): "Los cielos son mi trono y la tierra la alfombra de mis pies. Pues ¿qué casa me van a edificar, o qué lugar de reposo, si el universo lo hizo mi mano y todo vino al ser? –oráculo del Señor--?" (Hch. 7,49-50). En su reflexión sobre la acción de Dios en la historia de la salvación, poniendo de relieve la perenne tentación de rechazar a Dios y su acción, él dice que Jesús es el Justo anunciado por los profetas; en Él, Dios mismo se ha hecho presente de una manera única y definitiva: Jesús es el "lugar" del verdadero culto. Esteban no niega la importancia del templo, pero hace hincapié en que "Dios no habita en casas prefabricadas por manos humanas" (Hch. 7,48). El nuevo templo verdadero en el cual habita Dios es su Hijo, que tomó forma humana, es la humanidad de Cristo, el Resucitado, que reúne a los pueblos y los une en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. La expresión acerca del templo "no prefabricado por manos humanas", se encuentra también en la teología de san Pablo y enla Cartaa los Hebreos: el cuerpo de Jesús, que Él ha asumido para ofrecerse a sí mismo como sacrificio para expiar los pecados, es el nuevo templo de Dios, el lugar de la presencia del Dios vivo; en Él, Dios y hombre, Dios y el mundo están realmente en contacto: Jesús carga sobre sí todo el pecado de la humanidad para llevarlo al amor de Dios y "quemarlo" con ese amor. Aproximarse a la cruz, entrar en comunión con Cristo, es entrar en esta transformación. Y esto es entrar en contacto con Dios, entrar en el templo real.
La vida y el discurso de Esteban se interrumpen repentinamente por la lapidación, pero justamente su martirio es el cumplimiento de su vida y de su mensaje: se hace uno con Cristo. Así, su reflexión sobre la acción de Dios en la historia, sobre la palabra de Dios que en Jesús ha encontrado su realización, se convierte en una participación en la oración dela Cruz. Antesde morir, dice: "Señor Jesús, recibe mi espíritu" (Hch. 7,59), apropiándose de las palabras del Salmo 31, 6, y haciéndose eco de las últimas palabras de Jesús en el Calvario: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23,46); y, por último, al igual que Jesús, grita a gran voz frente a los que lo apedreaban: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado" (Hch. 7,60). Notamos que, mientras que la oración de Esteban retoma la de Jesús, el destinatario es diferente, porque la invocación se dirige al mismo Señor, es decir a Jesús que contempla glorificado a la derecha del Padre: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios" (v. 55).
Queridos hermanos y hermanas, el testimonio de san Esteban nos da algunas pistas para nuestra oración y nuestra vida. Nos podemos preguntar: ¿De dónde este primer mártir cristiano sacó la fuerza para hacer frente a sus perseguidores y llegar hasta la entrega de sí mismo? La respuesta es simple: de su relación con Dios, de su comunión con Cristo, por la meditación sobre la historia de la salvación, de ver la acción de Dios, que en Jesucristo llegó al culmen. También nuestra oración debe ser alimentada por la escucha de la palabra de Dios, en la comunión con Jesús y con su iglesia.
Un segundo elemento: san Esteban ve prefigurada, en la historia de la relación de amor entre Dios y el hombre, la figura y la misión de Jesús, Él --el Hijo de Dios--, es el templo "no prefabricado por manos humanas" en donde la presencia de Dios Padre se hizo así de cercana, como para entrar en nuestra carne humana y llevarnos a Dios, para abrirnos las puertas del Cielo. Nuestra oración, entonces, debe ser la contemplación de Jesús a la diestra de Dios, de Jesús como Señor de la nuestra, de mi existencia diaria. En él, bajo la guía del Espíritu Santo, nosotros también podemos dirigirnos a Dios, entrar en contacto real con Dios con la confianza y el abandono de los hijos que acuden a un Padre que los ama infinitamente. Gracias.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.
©Librería Editorial Vaticana
ZENIT nos ofrece el texto dela Declaración final del VII Congreso Mundial dela Pastoral del Turismo, celebrado en Cancún, México, del 23 al 27 de abril, organizado conjuntamente por el Consejo Pontificio dela Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y porla Prelatura de Cancún-Chetumal, con la colaboración dela Conferencia Episcopal Mexicana, sobre el tema “El turismo que marca la diferencia”.
'El turismo que marca la diferencia'
Declaración final del VII Congreso Mundial de la Pastoral del Turismo
Desde Cancún, México, donde del 23 al 27 de abril de 2012 se ha desarrollado el VII Congreso mundial de pastoral del turismo, nosotros participantes, provenientes de 40 países de 4 continentes --eclesiásticos y laicos comprometidos en este ámbito pastoral y profesional–, ofrecemos una primera valoración de los trabajos del Congreso, dirigiéndonos a cuantos enla Iglesiatienen responsabilidad en la evangelización, y a cuantos en el mundo se ocupan del fenómeno del turismo.
Convocados por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y por la Prelaturade Cancún-Chetumal, con la colaboración de la Conferencia del Episcopado Mexicano, hemos podido contar con la participación, entre otros, de su beatitud Béchara Boutros RaÏ, patriarca maronita de Antioquía y de todo el Oriente, de monseñor Christophe Pierre, nuncio apostólico en México, de la ministra Gloria Rebeca Guevara Manzo, secretaria de Turismo del Gobierno Federal, y del licenciado Roberto Borge Angulo, gobernador constitucional del Estado de Quintana Roo. Hemos sido acompañados en nuestros trabajos por el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI, profundizado en el discurso inaugural del presidente del Pontificio Consejo, el cardenal Antonio Maria Vegliò.
Interpretando tanto las indicaciones del santo padre como las aportaciones de los expertos y agentes del sector, hemos dedicado una atención especial al turismo religioso, al turismo de los cristianos y al turismo en general, con aportaciones fundamentales sobre argumentos concretos, tales como la situación presente, perspectivas y desafíos del turismo internacional, el patrimonio cultural dela Iglesiaal servicio del turismo, la atención pastoral del turismo en el contexto de la nueva evangelización,la Jornadamundial del turismo como una oportunidad pastoral, las nuevas tecnologías y las redes sociales en el ámbito de la pastoral del turismo, y el Código Ético Mundial para el Turismo. Por último, algunas mesas redondas temáticamente conectadas con estas ponencias principales – mesas en las que han participado 28 expertos en los respectivos campos, con numerosas intervenciones por parte de los congresistas –, han enriquecido los conocimientos de todos, sugiriendo nuevas estrategias de compromiso por la afirmación de la centralidad y de la dignidad de cada ser humano, también en el ámbito variado del turismo.
Iluminados por las palabras del santo padre, hemos recordado el desarrollo en el ámbito civil internacional del derecho al tiempo libre (Declaración universal de derechos humanos, 1948) y la utilidad del turismo como vehículo de positivas relaciones humanas: contactos políticos, económicos y culturales más allá de los confines nacionales (Declaración deLa Hayasobre turismo, 1989), definiendo como una “piedra angular” el Código Ético Mundial para el Turismo, adoptado porla Organización Mundialdel Turismo en 1999, y ratificado por las Naciones Unidas.
La Iglesia contempla al hombre de modo integral. Estamos convencidos tanto de la importancia que el turismo tiene en el momento presente, como del hecho de que “al igual que toda realidad humana, debe ser iluminado y transformado porla Palabrade Dios”. De este presupuesto nace nuestra solicitud pastoral por el turismo.
Para poderlo acompañar, queremos conocerlo en profundidad, individuando tanto sus numerosos elementos positivos como aquellos ambivalentes o negativos, de modo que se puedan valorizar los primeros, denunciar e intentar corregir los últimos, así como promover sus potencialidades.
Hemos constatado con satisfacción la creciente atención dela Iglesiahacia este fenómeno, de la que son ejemplo las Orientaciones para la pastoral del turismo publicadas en 2001 por el Pontificio Consejo parala Pastoralde los Emigrantes e Itinerantes.
Queremos hacernos presentes en el sector del turismo para intentar que hacerlo una realidad humana y humanizadora. Acogemos como tarea la invitación del Santo Padre a “iluminar este fenómeno con la doctrina social dela Iglesia”.
El papa, reelaborando un concepto ya mencionado en la encíclica Caritas in Veritate, nos ha invitado a abordar el tema del turismo en el contexto del desarrollo humano integral, para así poder llegar a proponer de modo creíble “un turismo distinto”, que, al tiempo que manifiesta nuestro común “ser homines viatores”, refleje claramente “ese otro itinerario, más profundo y significativo, que estamos llamados a recorrer: el que nos conduce al encuentro con Dios”. Poniéndonos en guardia contra los abusos del fenómeno turístico, sobre todo esos que a menudo implican la trata de personas, la explotación sexual, el abuso de menores e incluso la tortura, el Santo Padre nos ha pedido articular las coordenadas de un turismo “ético y responsable, de modo que llegue a ser respetuoso con la dignidad de las personas y de los pueblos, accesible a todos, justo, sostenible y ecológico”. Al tiempo, ha confirmado el compromiso dela Iglesiaa colaborar, en el ámbito que le es propio, con el fin de que dicho turismo bueno llegue a ser una realidad para todos, especialmente para los más desfavorecidos.
En referencia a quienes visitan las diversas expresiones artísticas nacidas de la experiencia religiosa cristiana, en el “turismo religioso”, consideramos importante poner nuestro patrimonio religioso histórico-cultural al servicio de la nueva evangelización.
El santo padre nos ha señalado como área privilegiada para la contribución dela Iglesiala via pulchritudinis, es decir, la presentación del inmenso patrimonio artístico y cultural cristiano como ocasión para anunciar a Cristo e ilustrar el misterio tanto a los cristianos como a los no cristianos.
Por último, queremos acompañar a los cristianos en el disfrute de sus vacaciones y tiempo libre, de modo que sean de provecho para su crecimiento humano y espiritual, convencidos que ni siquiera en este tiempo podemos olvidarnos de Dios, quien nunca se olvida de nosotros.
La nueva evangelización, a la que todos estamos convocados, nos exige aprovechar las numerosas ocasiones que el fenómeno del turismo nos ofrece para presentar a Cristo como respuesta suprema a los interrogantes del hombre de hoy
Frente a este desafío, nos marcamos como objetivos la acogida como estilo pastoral y la colaboración con todos los sectores implicados.
Será importante contar con adecuadas estructuras pastorales a nivel nacional, diocesano y parroquial, y, de acuerdo con las indicaciones del santo padre, que “la pastoral del turismo forme parte, con pleno derecho, de la pastoral orgánica y ordinaria dela Iglesia, de modo que coordinando los proyectos y esfuerzos, respondamos con mayor fidelidad al mandato misionero del Señor”. Esta exhortación se debe traducir tanto en la creación de estructuras nacionales y diocesanas donde todavía no existan, como en la potenciación de las existentes.
Al concluir esta valiosa serie de intercambios, dirigidos a lograr los importantes objetivos señalados por el santo padre, y en espera del documento final que será redactado por una comisión específica, queremos mostrar nuestro agradecimiento a los organizadores. Junto al Pontificio Consejo, estamos agradecidos ala Prelaturade Cancún-Chetumal, en la persona de su obispo, monseñor Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, por esta ocasión de reflexionar juntos en un clima de amistad, apoyados por momentos de celebración litúrgica y de oración, sobre cuestiones de gran importancia y actualidad en el ámbito de un fenómeno que ya implica a mil millones de personas y que está destinado, en los próximos decenios, a crecer y desarrollarse.
Nos comprometemos –cada uno en el propio ámbito y todos juntos al servicio dela Iglesia– a profundizar las conclusiones del Congreso, haciéndonos intérpretes en las diversas situaciones y promotores a nivel global. Esperamos que el trabajo desarrollado en estos días pueda estimular una reflexión más profunda dentro y fuera dela Iglesia, en torno a una realidad que concierne no sólo al tiempo libre del hombre, sino a su misma libertad, junto al sentido profundo de su vida en el mundo.
Cancún, 28 de abril de 2012
Lectio divina para el miércoles de la séptima semana de Pascua 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
Lectura:
“Juan 17, 11b19”
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.
Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumplierala Escritura. Ahoravoy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»
Meditación:
“Los envío”
Desde la seguridad de sentirnos apoyados, sostenidos por ti, nos invitas, Señor, a ser testigos, a sentirnos enviados. Es decir, a descubrir que estamos inmersos en algo más que en una opción que hemos elegido, sino en una realidad a la que hemos sido invitados, cada uno de una manera concreta, según la realidad de nuestra vida, y a la que hemos dicho que sí, y queremos seguir diciendo que sí cada día.
Y en tu invitación a ser testigos de ti, experimentamos como el espacio, el ámbito, la realidad, en la que hemos sentido que se encuentra la respuesta más profunda y auténtica a toda la dimensión profunda y a todas las ansias que se desvelan en nuestro corazón. Tú como la respuesta a las ansias de humanidad, tú como respuesta a todo lo que supone dignificar todo el universo en su dimensión más profunda y sagrada, en su dimensión de obra creada llamada a encontrar el sentido de su culminación total y plena de sentido. Porque eso nada ni nadie nos lo puede brindar.
Frente a tantas ansias de vida, frente a tantas experiencias de fracaso de una humanidad que quiere apoyarse solamente en sí misma, que ha experimentado cientos de veces el fracaso cuando se empeña en encerrarse en sí, en la finitud de su caducidad, y en el poder de su fuerza, tú nos quieres inmersos en este mundo para ser desde sus entrañas una llamada a vislumbrar tu luz. Y a tomar conciencia de que no nos llamas a hacerlo aislados, sino juntos. No cabe duda de que es una fuerza añadida de sabernos inmersos en una tarea compartida, donde cada uno, desde nuestra propia peculiaridad estamos llamados a aportar nuestro don.
Oración:
“Ante ti”
No sé si decir que mi oración se hace insignificante o carente de sentido o que precisamente adquiere todo su sentido al encontrarse con la tuya. Si tú pides al Padre por nosotros, por mí, tengo la seguridad de que me has colocado ya en la presencia del amor de Dios. Desde ahí mi oración brota emocionada y agradecida, y hoy sólo me atrevo a pedirte que me ayudes a responder a tus deseos, a estar a la altura de la confianza que has depositado en mí, a asumir con gozo, con empeño y con fuerza la tarea que me encomiendas.
Sabes de sobra a dónde llega mi fragilidad pero también los deseos más nobles y profundos que se asoman a lo más profundo de mi ser, desde ahí me pongo ante ti para ofrecerte lo que soy y lo que tengo.
Contemplación:
“Tesoro escondido”
Tus palabras desbordan
mis sentidos
y me hacen descubrir
el tesoro escondido
que has querido encerrar
en mi interior.
Desvelas la riqueza
de mi humanidad
aposentada en la roca
de tu presencia
que me llama, me invita
y me conduce
a dar razón de tu verdad
inserta en mí,
apoyada en ti.
Lectio divina para el martes de la séprima semana de Pascua 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de ladiócesis de Tenerife.
Lectura:
“Juan 17, 1 11ª”
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»
Meditación:
“Dé la vida eterna”
En esto consiste la vida eterna, en conocerte a ti. Así de sencillo y así de complicado. Conocer a alguien no es sólo cuestión de saber cosas del otro, sino de adentrarse en el otro, intentar hacerse uno con el otro para llegar a penetrar en lo íntimo de su persona e identificarse con él. Por eso el conocimiento exige, de alguna manera, una tarea, un trabajo, una búsqueda, que en el caso del ser humano es inacabable ya que nunca terminamos de adentrarnos en el misterio profundo del otro, siempre se abre una dimensión nueva en la que penetrar. Si así es en el hombre mucho más en ti, Señor.
Por eso tu conocimiento no es algo puntual que comienza y se acaba en un momento dado. Asomarse al abismo inmenso de tu misterio de amor es comenzar la andadura de una aventura que no tiene fin. Iniciamos aquí el viaje pero su prolongación es ya algo llamado a extenderse en la eternidad. No como un interrogante que se desvela sino en una profundización que nunca toca fondo, porque el amor nunca puede tocar fondo.
Tal vez los hombres no estemos para tantas sutilezas y nos conformemos con menos, pero descubrir que el paso por nuestra historia está llamado a lo que podemos llamar plenificación, abre un horizonte más humano que el de verse abocado al absurdo de la nada. Y puesto que podemos elegir, entre el todo y la nada, prefiero en este campo ser ingenuo y egoísta y apostar por el todo que me ofreces en ti.
Oración:
“Tu plegaria por mí”
Te doy gracias porque abres el horizonte de mi vida. Te doy gracias porque cuando nadie apuesta por mí, tú sí, y eres capaz de elevar al Padre tu plegaria por mí. Gracias, Señor.
Gracias porque me abres al sentido de lo sagrado, de lo profundo. Porque me descubres algo más que materialidad. Porque aportas valor añadido a mi vida, ya de por sí limitada, pero ansiosa siempre de más.
Cuando tantos se empeñan en cerrar horizontes, en apagar luces de esperanza, cuando tantos gustan de quedarse encerrados entre las paredes estrechas de un presente que se nos escapa entre las manos, y que muchas veces no sabemos ni construir, tu palabra es un resquicio, mejor, es un grito de confianza. Gracias, Señor.
Contemplación:
“Tú abres”
Cuando las puertas
se cierran,
Tú abres las ventanas
de la esperanza.
Cuando los horizontes
se cortan,
Tú prolongas sus líneas
hasta el infinito.
Cuando mi vida
parece desdibujarse,
Tú llegas con tu palabra,
firme y vibrante,
a despertar mis sueños de plenitud,
mi sed de eternidad.
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 4º Domingo de Pascua (29 de Abril 2012) (AICA)
En este cuarto Domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Jornada mundial por las Vocaciones. En especial por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Por eso este domingo es llamado el domingo del Buen Pastor. El Evangelio que leemos (Jn. 10,11-18), nos dice: “Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí”. Desde ya, antes como ahora, estas palabras eran bien recibidas por unos que se convertían a Jesús, y a otros los escandalizaba y generaba polémicas…, el texto termina diciendo: “Se produjo otra vez una división entre los judíos por estas palabras…” (Jn. 10,19).
El Papa como es habitual nos envía un mensaje para esta jornada en donde nos habla sobre: “La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana”.
En varias oportunidades en este tiempo pascual hice referencia a la necesidad de tener una experiencia de encuentro con Cristo Resucitado para poder captar que nuestra vida está cargada de sentido. Quizá esta expresión nos sirva para entender que solo desde la fe podemos tener una comprensión profunda de temas como la vida, la familia y el matrimonio,la Iglesiay su misión, el sacerdocio y el celibato. Desde una visión materialista que “solo” comprende al hombre desde lo fisiológico e instintivamente, difícilmente se puedan entender estos valores como un “don de Dios”, como un regalo e instrumento de servicio a la humanidad y al bien común. Desde una antropología materialista por supuesto el matrimonio monogámico, el amor humano profundo, comprometido y para siempre, y el celibato serán considerados como algo antinatural.
Reducir el celibato a una mera imposición dela Iglesiaes de hecho una falta de respeto a la inteligencia y al mismo Cristo que era el “sumo y eterno Sacerdote”, “célibe”, que dio su vida por todos nosotros y que Él mismo recomendó, a los textos bíblicos que tienen una profunda valoración al celibato y a la castidad por el Reino de los cielos, así como los Padres dela Iglesia, doctores y pastores desde el inicio apostólico y hasta el presente.
El unir el celibato y el sacerdocio ministerial es una opción por una mayor radicalidad evangélica hecha porla Iglesiadesde su potestad y respaldada porla Palabrade Dios y el testimonio de los santos y tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia desde este don, y aún desde sus fragilidades trataron y tratan de donarlo todo en exclusividad a Dios y a su pueblo. Los malos ejemplos y aún nuestras propias limitaciones no invalidan el aporte de tantos que antes y actualmente dan su vida por los demás.
El Papa en su mensaje para esta jornada señala: Estas dos expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen su elemento determinante. En efecto, el amor a Dios, del que los presbíteros y los religiosos se convierten en imágenes visibles –aunque siempre imperfectas– es la motivación de la respuesta a la llamada de especial consagración al Señor a través de la ordenación presbiteral o la profesión de los consejos evangélicos. La fuerza de la respuesta de san Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn 21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por esto, llena de profunda alegría.
La otra expresión concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de esperanza. La relación de los consagrados, especialmente del sacerdote, con la comunidad cristiana es vital y llega a ser parte fundamental de su horizonte afectivo. A este respecto, al Santo Cura de Ars le gustaba repetir: «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo; lo es para vosotros».
Este fin de semana rezamos enla Iglesiapor las vocaciones sacerdotales y religiosas, con “la confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana”. El mismo Señor nos dijo que imploremos porque la mies o el trabajo es mucho y los operarios son pocos. Desde ya damos gracias a Dios porque Él sigue obrando el llamado y la respuesta de muchos jóvenes a consagrase a Dios y a sus hermanos. Responden al llamado porque creen en el Amor.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo Domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz, emitido por LT 9 (29 de abril de 2012) (AICA)
En este 4° domingo de Pascuala Iglesianos invita a celebrarla Jornada Mundialde Oración por las Vocaciones. Es el domingo en el que leemos el evangelio de Jesucristo, el Buen Pastor. La raíz de la vocación consagrada y sacerdotal se manifiesta como un vínculo entre Dios y los hombres, en el que la iniciativa la tiene Dios. El Santo Padre ha puesto como lema dela Jornadade este año: Las vocaciones don de la caridad de Dios, para expresar que la fuente de la vocación sacerdotal es un llamado personal del amor de Dios.
La finalidad de este llamado es hacer presente y continuar enla Iglesiala obra de Jesucristo, el Buen Pastor, al servicio de su pueblo. Nos recuerda una frase del santo Cura de Ars en la que les decía sus fieles: “el sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para ustedes”. Este es el marco en el que debemos contemplar la vocación y la misión del sacerdote. No estamos hablando de una profesión que elegimos, sino de la respuesta a un llamado y una misión que recibimos.
Dado que la fuente de este llamado está en Dios, la oración es nuestra primera y más importante tarea. Sabemos que Dios nunca va a dejar huérfano a su pueblo, por eso le pedimos e insistimos en la oración, pero sabemos, también, que al ser un llamado tiene que encontrar el suelo o el oído preparado para escucharlo. Hay una preparación, una disposición a la escucha, que nos corresponde a todos, diría que es una responsabilidad de todala Iglesia, no sólo de los sacerdotes sino de las familias y comunidades cristianas que deben crear las circunstancias que permitan descubrir el significado y el valor de la vocación.
No podemos quedarnos tranquilos porque pedimos más sacerdotes, sino preguntarnos si creamos esas condiciones, si valoramos para nuestros hijos y en nuestras comunidades el llamado al sacerdocio como un don de Dios, como camino de plenitud para ellos y de servicio a sus hermanos. El contenido de esta vocación siempre va a ser Jesucristo, el Buen Pastor. Es importante, por ello, detenernos a leer pausadamente este pasaje del cap.10 del evangelio de san Juan.
En este sentido y conscientes de esta necesidad,la Iglesiaenla Argentinanos propone el tema de la pastoral vocacional como un ámbito prioritario. Si bien se reclama de los jóvenes un corazón abierto a esta llamada que el Señor hoy les está haciendo, insiste que este tema debe estar presente en toda la vida dela Iglesia.
Así lo plantea y nos dice: “las familias, las escuelas, las comunidades juveniles, las parroquias y movimientos han de ser ámbitos propicios para que los jóvenes puedan descubrir y responder al llamado del Señor…. para que reconociendo la mirada tierna y comprometedora de Jesús estén dispuestos a consagrarles totalmente sus vidas” (Orientaciones Pastorales dela CEA, 2012). Nuestros jóvenes necesitan ver en nuestra palabra y testimonio el valor oblativo de la vida y la apertura generosa al amor de Dios.
Reciban de su Obispo en este día del Buen Pastor la seguridad de mi afecto y oraciones, junto a mi bendición.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz