Mi?rcoles, 26 de febrero de 2020

Comentario litúrgico al Primer Domingo de Cuaresma por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. FEBRERO 25, 2020 (zenit)

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Ciclo A

Textos: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7: Romanos 5, 12-19; Mateo 4, 1-11

PRIMERO, UNA INTRODUCCIÓN A LA CUARESMA

Las lecturas dominicales del tiempo de Cuaresma muestran una organización muy bien pensada para conducirnos por el camino cuaresmal hacia la plenitud de la Pascua de Cristo. Nos muestran, en seis semanas, el camino catecumenal del cristiano hacia la Pascua. La séptima semana es ya Domingo de Ramos.

Las primeras lecturas del Antiguo Testamento nos presentan seis grandes momentos de la historia de la salvación, desde el principio hasta la llegada de Jesús. Aquí están los temas:

  1. La creación cósmica y el primer pecado de Adán y Eva.
  2. La vocación de Abrahán, que da origen al pueblo elegido.
  3. La marcha de Israel por el desierto, camino de la libertad plena, guiados por Moisés.
  4. La unción de David como rey de ese pueblo.
  5. La visión del profeta Ezequiel: de los huesos saldrá vida.
  6. El Siervo de Yahvé que se entregará para salvar a todos.

Las segundas lecturas, de Pablo, a veces complementan a modo de aplicación espiritual el mensaje de la primera lectura:

  1. Opone a la caída del primer Adán la victoria y la gracia del nuevo y definitivo
  2. Adán, Jesús.
  3. Junto a la vocación de Abrahán, nos habla de nuestra vocación cristiana.
  4. Será derramado el Espíritu sobre los creyentes.
  5. Nos invita a vivir como hijos de la luz.
  6. Nos invita también a vivir como resucitados.

Los evangelios tienen una línea clásica y nos presentan a Jesús como el modelo viviente del camino pascual.

  1. Jesús tentado y vencedor es nuestra victoria.
  2. Jesús se transfigura en el Tabor para darnos ánimo y subir al Calvario.
  3. Jesús es el agua viva para la samaritana.
  4. Jesús es la luz para el ciego de nacimiento.
  5. Jesús es la vida que recobra Lázaro.

Debemos vivir la Cuaresma unidos a Cristo en su dolor mediante la oración, la penitencia, el ayuno y las obras de misericordia. Sólo así nos hará partícipes de su Pascua.

Idea principal: la tentación es compañera de viaje aquí en la tierra.

Resumen del mensaje: Dios por amor crea al hombre y a la mujer para hacerles partícipes de su amor. El enemigo, envidioso del amor que Dios tenía a estas primeras creaturas humanas, les asedió con la más terrible de las tentaciones, la soberbia, “seréis como dioses”, invitándoles a que se desligaran de Dios como él había hecho. Ellos cayeron. Y las consecuencias fueron desastrosas, no sólo para ellos, sino para toda la humanidad, pues de ellos heredamos el pecado original, y los frutos del mismo: pecado y más pecado (primera lectura). Si creció el pecado, más abundante fue la gracia en Cristo Jesús que nos justificó (segunda lectura), venciendo al enemigo y haciéndonos partícipes de su victoria (evangelio).

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, la tentación de nuestros primeros padres, Adán y Eva, fue diabólica. Nada menos que desterrar a Dios de sus vidas para ser como Dios, sin depender de nadie ni obedecer a nadie. Es el pecado de la soberbia que el enemigo inoculó en las facultades nobles que Dios había puesto en sus primeras creaturas para hacerles partícipes de su amor y ternura: mente para conocer a Dios, voluntad para elegir a Dios y servirle, y corazón para amarlo. La tristeza y la decepción de Dios Padre fue inmensa. No se esperaba eso. No se merecía eso.

En segundo lugar, menos mal que vino Jesús para enseñarnos a luchar contra las tentaciones y para darnos la fuerza para vencerlas. Las tres tentaciones de Jesús abarcan los tres campos atractivos para todos: el ansia de disfrutar, el deseo de vanidad y la ambición del poder. Tentaciones que atentaban su misión como Mesías y Salvador: llevarle a un mesianismo triunfal, fácil, favorable a sí mismo, con prestigio y poder. De todas estas tentaciones Jesús sale vencedor y se mantiene fiel y totalmente disponible al plan salvador de Dios, dándonos el ejemplo a seguir y la gracia para vencer, que pasará por la oración, el sacrificio y los sacramentos.

Finalmente, la Cuaresma es tiempo propicio para ir con Jesús al desierto y fortalecer los músculos de nuestra alma y así estar preparados para los embates de las tentaciones de nuestro enemigo. Nuestras tentaciones tienen el mismo sabor que las de Jesús, pues el enemigo conoce muy bien nuestro talón de Aquiles. ¿Queremos vencer las tentaciones? Aliémonos, como Jesús, a la Palabra de Dios que es espada bien afilada, hagamos ayuno de todo aquello que nos corrompe la voluntad y mancha la afectividad; alimentémonos con los sacramentos, y no hagamos caso a las mentiras y propuestas del enemigo.

Para reflexionar: Dice san Agustín: “¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete a ti mismo victorioso en él”. ¿Cuáles son tus tentaciones más frecuentes? ¿Qué medios pones para vencerlas?

Para rezar: recemos con el salmo 140, 1-9

1 Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo.

2 Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

3 Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios;

4 no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.

5 Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias.

6 Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables;

7 como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

8 Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso;

9 guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.


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Viernes, 21 de febrero de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo séptimo del Tiempo Ordinario A  ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero  bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 7º del T. Ordinario A

 

Escuchábamos el domingo pasado: “No he venido a abolir la Ley y los Profetas. ¡No he venido a abolir, sino a dar plenitud!”. Y, a continuación, el Señor comenzaba a presentar una serie de antítesis: “Habéis oído que se dijo a los antiguos…, pero yo os digo…” Este domingo continuamos escuchándolas y se refieren al trato con los que nos hacen mal, con los que llamamos nuestros enemigos. Y comienza así : “Sabéis que está mandado: Ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia…”

¿Y qué quiere decir esto? ¿Que tenemos soportarlo todo y ceder ante todo el mal que  nos hagan? ¿Qué uno no se puede defender? Entonces, ¿el que denuncia a su enemigo lo hace mal?

 No se trata de eso. El Señor nos enseña que pueden haber circunstancias, en las que sea necesario o conveniente renunciar a nuestro derecho a defendernos, o a ceder ante el mal que nos hagan por un bien superior. Y que, además, es bueno este estilo de vida, que nos presenta hoy en el Sermón de la Montaña. ¡Es tan hermoso todo!

¡Pensemos, por ejemplo, en una madre que no quiere denunciar a un hijo que le ha robado o maltratado!

Y Jesús continúa diciendo: “Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial…”

Lo que el Señor nos enseña es algo muy grande y valioso, pero también muy difícil. Por eso, hay personas que se sienten incapaces de perdonar y necesitan personas competentes que les ayuden a conseguirlo o, por lo menos, a intentarlo.

¡Y el perdón es una expresión de amor a Dios y a los hermanos! Un obispo alemán, no recuerdo su nombre ni su diócesis, pedía en su testamento: “Si he ofendido a alguno, perdonadme por amor a Jesucristo”.

¡El perdón es, pues,  como una ofrenda de amor que hacemos al Señor! ¡De ahí viene su valor y su mérito! ¡El perdón, como el amor cristiano, es teologal!, es decir, por Dios, “por amor a Jesucristo”.

El Señor nos presenta muchos motivos para hacerlo a lo largo del Evangelio. El texto de hoy nos dice que tenemos que actuar así, porque ser cristiano es ser hijo de Dios; y el hijo tiene que parecerse al Padre del cielo, que no sólo nos perdona, sino que, además, “hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos”.

Y Jesús continúa diciendo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué  premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?”

¡Ser cristiano, por tanto, es ser diferente!

Toda esta doctrina está enmarcada en una ley de perfección, porque el Señor termina diciendo: “Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Que es lo mismo que ya escuchábamos en la primera lectura: “Seréis santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo”.

¡Constatamos aquí, una vez más, la novedad, la grandeza y la elevación moral del Sermón de la Montaña!, del mensaje cristiano, del seguimiento del Señor y no nos es lícito  descafeinarlo “echar agua al vino excelente del mensaje del Evangelio por el que algunos cristianos han llegado incluso al heroísmo. ¡Los mártires han muerto siempre personando!

Recuerdo también ahora,  las enseñanzas del Papa San Juan Pablo II en la Encíclica “Dives in Misericordia”,  en la que afirma que la justicia no es suficiente para salvaguardar la vida en la  sociedad y en la Iglesia.  Hace falta introducir el perdón y la misericordia. No podemos olvidar que somos  seres frágiles y pecadores, necesitados siempre de comprensión, de misericordia y de perdón.

Vivamos todos la alegría de que “el Señor es compasivo y misericordioso”, como proclamamos hoy en el salmo responsorial y, de acuerdo al Sermón de la Montaña, tratemos nosotros de vivir con el mismo espíritu.

¡El Tiempo de Cuaresma, que vamos a iniciar nos ayudará! 

                                                                                                               ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


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DOMINGO 7º DEL TIEMPO ORDINARIO A

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

Escuchemos, en esta primera lectura, unas palabras muy sencillas de la Ley de Moisés, que nos hablan de amor y de perdón. De esta forma, nos preparamos para acoger después la llamada que Jesús nos hará en el Evangelio. 

 

SALMO

Con las palabras del salmo, cantemos al Dios, que nos ama y nos perdona siempre. Él es el modelo que debemos seguir, como escucharemos después en el Evangelio.

  

SEGUNDA LECTURA

Las palabras de S. Pablo, que nos hablan de la verdadera sabiduría, la que viene de Dios, a diferencia de la sabiduría del mundo. Escuchemos.

  

TERCERA LECTURA

Seguimos escuchando en el Sermón de la Montaña “la novedad” del Reino de los Cielos, que ha llegado. Hoy el Señor nos invita al amor verdadero y al perdón. Acojámosle ahora con el canto del aleluya.

  

COMUNION

La Comunión no es una recompensa por ser buenos, sino el Pan del Cielo, que nos alimenta y fortalece. Así seremos capaces de amar y de perdonar como Jesucristo nos enseña, de convivir como hermanos de una misma familia, la familia de los hijos de Dios.


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo séptimo del Tiempo Ordinario A. 

INCLUSO A LOS ENEMIGOS 

Es innegable que vivimos en una situación paradójica. «Mientras más aumenta la sensibilidad ante los derechos pisoteados o injusticias violentas, más crece el sentimiento de tener que recurrir a una violencia brutal o despiadada para llevar a cabo los profundos cambios que se anhelan». Así decía hace unos años, en su documento final, la Asamblea General de los Provinciales de la Compañía de Jesús.

No parece haber otro camino para resolver los problemas que el recurso a la violencia. No es extraño que las palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo además de discordante: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen».

Y, sin embargo, quizá es la palabra que más necesitamos escuchar en estos momentos en que, sumidos en la perplejidad, no sabemos qué hacer en concreto para ir arrancando del mundo la violencia.

Alguien ha dicho que «los problemas que solo pueden resolverse con violencia deben ser planteados de nuevo» (F. Hacker). Y es precisamente aquí donde tiene mucho que aportar también hoy el evangelio de Jesús, no para ofrecer soluciones técnicas a los conflictos, pero sí para descubrirnos en qué actitud hemos de abordarlos.

Hay una convicción profunda en Jesús. Al mal no se le puede vencer a base de odio y violencia. Al mal se le vence solo con el bien. Como decía Martin Luther King, «el último defecto de la violencia es que genera una espiral descendente que destruye todo lo que engendra. En vez de disminuir el mal, lo aumenta».

Jesús no se detiene a precisar si, en alguna circunstancia concreta, la violencia puede ser legítima. Más bien nos invita a trabajar y luchar para que no lo sea nunca. Por eso es importante buscar siempre caminos que nos lleven hacia la fraternidad y no hacia el fratricidio.

Amar a los enemigos no significa tolerar las injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal. Lo que Jesús ha visto con claridad es que no se lucha contra el mal cuando se destruye a las personas. Hay que combatir el mal, pero sin buscar la destrucción del adversario.

Pero no olvidemos algo importante. Esta llamada a renunciar a la violencia debe dirigirse no tanto a los débiles, que apenas tienen poder ni acceso alguno a la violencia destructora, sino sobre todo a quienes manejan el poder, el dinero o las armas, y pueden por ello oprimir violentamente a los más débiles e indefensos.

José Antonio Pagola


7 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,38-48)

Evangelio del 23 / Feb / 2020

Publicado el 17/ Feb/ 2020

por Coordinador - Mario González Jurado

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S?bado, 15 de febrero de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo sexto del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 6º del T. Ordinario A

 

          Siguiendo el Sermón de la Montaña, se nos presenta este domingo una cuestión muy importante, fundamental: ¿Viene Jesús a romper con la tradición judía, con el Antiguo Testamento y hacer algo completamente nuevo? ¿Se limita sólo a ello? ¿O se trata de una simple continuación de lo antiguo?

                      En primer lugar, nos dice el Señor: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: No he venido a abolir, sino a dar plenitud”.

                      Y comienza Jesús una serie de antítesis, en las que se manifiesta como Señor de la Ley: “Habéis oído que se dijo a los antiguos…  Pero yo os digo”.  ¡Y se presenta también como aquél que viene a llevarlo todo a plenitud! 

                       Cuando estudiábamos la Sagrada Escritura en el Seminario, el profesor nos explicaba que los cristianos no hemos  tomado el Antiguo Testamento de la sinagoga judía sino de los mismos labios del Señor! ¡Es lo que contemplamos este domingo!

                      ¡Cuántas cosas aprendemos aquí  sobre  el homicidio, el adulterio, el divorcio y los juramentos! O, dicho de otro modo, ¡sobre la violencia, la sexualidad y la verdad o, mejor, la veracidad!

                      Jesús viene a enseñar un culto y una práctica religiosa, fundamentalmente interior, “en espíritu y en verdad”, frente la religiosidad puramente exterior, que practican y enseñan los fariseos y los escribas.

                      Por eso,  no basta con no matar, nos dice. Hay más: el discípulo de Cristo no puede estar peleado con su hermano, ni puede insultarle. Y, además, en esa situación, no puede presentar al Padre del Cielo un culto agradable.

                      No basta ya con  no cometer adulterio, sino que “el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”.

                      No basta con dar el acta de repudio a la mujer y divorciarse, porque “la induce a cometer adulterio”.

                      Ni vale ya contentarse con no jurar en falso y cumplir los votos al Señor; sino “que vuestro hablar sea si,  si,  no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

                      Y, como se trata de dar plenitud a la Ley y de avanzar hacia la perfección, habla Jesucristo del cumplimiento de los “preceptos menos importantes”.

                      En la Montaña contemplamos, por tanto, este domingo, no sólo la superación de la Ley y los Profetas, sino también, la grandeza y la elevación moral de los Mandatos del Reino. Es lógico tengamos que estar dispuestos a perder el ojo, la mano, o lo que sea, antes que pecar contra Dios y condenarnos

                      Pero los mandatos de la “Nueva Ley” no los conocemos sólo por las enseñanzas de  Jesucristo  sino también por  su ejemplo, por su estilo de vida. Jesucristo se convierte así para nosotros, en una especie de  “Icono sagrado”, en el que contemplamos “la Imagen viviente” del Sermón de la Montaña.

                      Él, además, nos  ofrece toda la ayuda abundante que necesitamos nosotros, frágiles y pecadores, para conseguirlo. Y si no, ¿para que nos reunimos en torno al altar, cada domingo o cada día? ¿Para qué oramos? ¿Pará qué escuchamos o leemos su Palabra? ¿Para qué buscamos otros medios de santificación?

                      El salmo responsorial es la consecuencia y el resumen de todo: “Dichoso el que camina en la voluntad del Señor”.

                                                                                            ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:18  | Espiritualidad
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DOMINGO 6º DEL TIEMPO ORDINARIO A

 MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

            Continuamos hoy escuchando el Sermón de la Montaña. El Señor nos presenta el Mensaje central, fundamental, del Reino.

            La primera lectura nos enseña que Dios no nos fuerza a cumplir su Palabra, sino que pone delante de cada uno, fuego y agua, muerte y vida. Nos darán lo que escojamos. 

 

SALMO

            El salmo responsorial proclama dichoso al que camina cumpliendo libre-mente, la voluntad del Señor. 

 

SEGUNDA LECTURA

            Cumplir la Palabra de Dios es dicha y sabiduría. Pablo nos habla hoy de “una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios para nuestra gloria”, que el Señor nos ha revelado por su Espíritu Santo. Es la sabiduría que el Señor Jesús nos mostrará en el Evangelio. 

 

TERCERA LECTURA

            Continuamos escuchando hoy el Sermón de la Montaña, que nos enseña que los cristianos no centramos nuestra vida en un culto y una práctica religiosa puramente exterior, sino que lo más importante es el interior, el corazón. 

 

COMUNIÓN

            El camino que nos presenta el Señor en la Montaña, es algo muy hermoso: cumplir sus mandatos, desde el interior, desde el corazón. Pero Él, que nos enseña estas cosas tan admirables, no nos deja solos, sino que nos ofrece también la ayuda que necesitamos, para llevarlo a la práctica, especialmente ahora, en el momento de la Comunión.


Publicado por verdenaranja @ 11:15  | Liturgia
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Jueves, 13 de febrero de 2020

Comentario Litúrgico al 6º Domingo del Tiempo Ordinario por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. FEBRERO 11, 2020 (zenot)

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo A

Textos: Eclesiástico 15, 15-20; 1 Corintios 2, 6-10; Mateo 5, 17-37

Idea principal: el cristianismo consiste en encontrarnos con Cristo y seguirlo, y no en cumplir unos preceptos, normas y leyes. Y quien sigue a Cristo también cumplirá sus mandamientos en clave de amor.

Resumen del mensaje: El cristianismo es el encuentro y el seguimiento de una persona, Jesús, como nos dice el Papa emérito Benedicto XVI y no el conjunto de unos preceptos a cumplir. Pero cuando uno ama a una persona, y esa persona es Dios, el guardar los mandamientos que nos pide, no es una esclavitud o un fardo pesado, sino una oportunidad para demostrarle nuestra fidelidad (evangelio) y ese amor con obras, pues “obras son amores”. El cumplir esos preceptos depende de nosotros y es de sabios (primera y segunda lecturas). Y Dios se alegrará y nos sorprenderá al final de la vida (segunda lectura).

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, ser cristiano no significa cumplir a rajatabla farisaicamente una serie de leyes para tranquilizar la conciencia o para ganarnos el cielo, como querían algunos fariseos en tiempo de Jesús. Ser cristiano es seguir a Cristo, el más bello de los hijos de los hombres, encontrarse con Él, dejarse amar por Él, y así dejarnos transformar por Él, aprendiendo su estilo de vida y su mentalidad, purificando nuestros afectos junto a su corazón y rectificando las decisiones de nuestra voluntad, si no están de acuerdo con su santa Voluntad. Sólo cumplir por cumplir los preceptos es anclarnos en el Antiguo Testamento y vivir con mentalidad farisaica. Pero encontrarnos y amar a Cristo, cumpliendo con cariño su santa ley que se sintetiza en amar a Dios y al prójimo, nos eleva y nos da la póliza del Nuevo Testamento, que Cristo selló con su sangre, llevando a plenitud la antigua ley, que Él no demolió, sino que cumplió y llevó a plenitud (evangelio).

En segundo lugar, habiendo hecho la experiencia del amor de Cristo, porque nos encontramos con Él, entonces los preceptos que hoy nos da a quienes le seguimos nos parecen obvios, justos y canalizarán nuestra libertad para que no caiga en libertinaje. ¿Cuáles son esos preceptos que hoy nos recuerda, que son antiguos y que Él perfecciona y completa?  No sólo no matar, sino también no enfadarnos ni guardar rencor. No sólo no cometer adulterio físico, sino también el reclamo a vivir la pureza de ojos y de corazón. No sólo no jurar en falso, sino simplemente no jurar en absoluto, basándonos siempre en la veracidad: el sí y el no de un seguidor de Cristo deben ser creíbles (evangelio). La interpretación que Jesús hace de una serie de mandatos del Antiguo Testamento, ciertamente en una línea más profunda que la de los escribas y fariseos, va hacia la interiorización y la autenticidad más plena.

Finalmente, por tanto, el problema está en saber conjugar sabiamente (segunda lectura) en nuestra vida dos realidades: la ley y la libertad. La primera lectura del Eclesiástico nos dice que cada uno es libre y debe tomar sus decisiones en la vida. Dios no nos obliga nunca, para eso nos hizo libres. Escoger el mal o despreciar los preceptos de la ley no es de sabios. La verdadera sabiduría es seguir la voluntad de Dios, que implica también la observancia amorosa de los preceptos de Dios (primera lectura).

Para reflexionar: ¿Por qué nos cuesta tanto cumplir los mandamientos? ¿Por qué no nos gustan los preceptos? ¿Hemos sabido conjugar ley y libertad en clave de amor a Cristo o en clave de esclavitud y fardo pesado que hay que soslayar y tirar a la cuneta?

Para rezar: Señor, dame la gracia de encontrarme contigo, que eres mi Dios y Salvador. Que este encuentro me transforme interiormente y me lleve a vivir con amor y libremente tus preceptos, porque siempre quieres lo mejor para mí. Y quiero cumplir tu ley para darte gusto a Ti, mi Señor. Y cuando me cueste mucho llevar tu cruz, te pediré que seas mi Cireneo. Que sepa dar ejemplo a mis hermanos en el cumplimiento fiel de tus mandamientos. Amén.


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Viernes, 07 de febrero de 2020

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

11 de febrero de 2020

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

 

Queridos hermanos y hermanas: 

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre.

¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos,  pecadores, marginados... del peso de la ley del sistema social opresivo... 

Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014). 

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de  fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura. 

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. 

Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía. 

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad,  estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal. 

En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida. 

En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio2014).

4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible. 

En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie. 

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. 

Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano. 

Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

Francisco


Publicado por verdenaranja @ 18:26  | Habla el Papa
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Artículo del obispo Don Bernardo Álvarez Afonso, obispo nivariense, sobre la campaña de Manos Unidas 2020

Queridos diocesanos:

De nuevo, MANOS UNIDAS, nos llama a participar en la lucha contra el hambre en el mundo. Desde hace 61 años, esta Asociación de la Iglesia Católica en España, trabaja  para concienciarnos a todos sobre el grave problema de la pobreza y miseria en que viven millones de personas en todo el mundo y, a su vez, recauda fondos para llevar adelante -en los países más empobrecidos- proyectos de promoción humana en orden al desarrollo integral de las personas más necesitadas.

Este año, con el lema quien más sufre el maltrato del planeta no eres tú, se nos quiere hacer caer en la cuenta de la íntima relación que hay entre “hambre y pobreza” y “el deterioro del planeta”. Denuncia así que las poblaciones más vulnerables son las más afectadas por la actual crisis medioambiental.

En la presente campaña, MANOS UNIDAS sale al paso de esta realidad y quiere ayudar, con proyectos concretos de desarrollo integral y sostenible, a poblaciones empobrecidas por las consecuencias del cambio climático. Sobre el tema en cuestión puede encontrarse amplia información en la Web: https://www.manosunidas.org/

Cuestiones tan serias como la contaminación, el cambio climático, el agotamiento de los recursos, la destrucción de los ecosistemas, las inundaciones y las sequías extremas, la desforestación y el aumento de zonas desérticas… son fenómenos que en gran medida proceden del modo de vida -consumista y derrochador- de los países ricos, pero que tienen su mayor incidencia en los países y poblaciones más pobres.

El papa Francisco, en la encíclica Laudato si’, ya puso en evidencia esta realidad:

“Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas, y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección […]. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo. La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil” (Laudado si’ 25).

La solución a estos problemas es evidente que pasa por el compromiso de los países y organismos internacionales, donde afortunadamente vemos que se van dando algunos pasos. Pero, también importa lo que podemos hacer cada uno ya que, en último término, es nuestra forma de vivir lo que condiciona todo, en un sentido u otro.

Para dar respuesta de modo personal y concreto, MANOS UNIDAS nos propone el viernes 7 de febrero como “Día del Ayuno Voluntario”. Se nos invita a realizar voluntariamente la experiencia de “vivir en necesidad”, que es la situación obligada de millones de personas. Lo podemos hacer ese o cualquier otro día, o varios días al año. Tal vez, “privándonos de lo que constituye nuestra vida ordinaria”, podemos comprender mejor a quienes carecen de lo más esencial para llevar una vida humana digna: falta de alimentos y vestido, de vivienda, de atención sanitaria, de educación, de trabajo digno, de transportes, de medios de comunicación, de paz social…

El “hambre y la pobreza en el mundo” es una realidad que no podemos mirar con indiferencia, como si no fuera con nosotros. El problema del hambre no tiene su origen en la falta de recursos, sino que es una consecuencia del mal uso y desigual distribución de los bienes que son de todos. La desigualdad en la distribución de los bienes de la tierra es una lacra que se puede superar con tal de que nos pongamos en marcha con entrega y audacia. La solidaridad es un valor universal que tiene que realizarse entre las personas y, también, entre los países. Todo lo que somos y tenemos es gracias a los demás. Nadie puede pretender reservar los bienes propios para su uso exclusivo, sino que, ante la indigencia de las personas y los pueblos, los que tienen más deben compartir con los que tienen poco o nada. MANOS UNIDAS es un medio para ello, para eso ha nacido y para eso trabaja.

El “Día de ayuno voluntario” es una expresión simbólica mediante la cual se nos está invitando a llevar una vida más austera, a no gastar en cosas superfluas, y a destinar lo que ahorramos para ayudar a quienes carecen de lo necesario para vivir. En nuestra sociedad, marcada por el consumismo y la cultura del derroche -en la que se tira sin aprovecharlo el 30% de lo que producimos- corremos el peligro de replegarnos en nuestro egoísmo al confundir el deseo de “ser más” con el “deseo de poseer más”. Cuando las personas sólo buscan sus intereses materiales se hacen insaciables, acrecientan su voracidad y son indiferentes a las necesidades de los demás.

El Papa Francisco lo resume así:

«Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir. En este contexto, no parece posible que alguien acepte que la realidad le marque límites. Tampoco existe en ese horizonte un verdadero bien común. Si tal tipo de sujeto es el que tiende a predominar en una sociedad, las normas sólo serán respetadas en la medida en que no contradigan las propias necesidades. Por eso, no pensemos sólo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales, porque la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, inevitablemente provoca violencia y destrucción recíproca» (Laudato si’ 204).

“Ayunar, ahorrar gastos, para dar a los necesitados”. La otra acción concreta, en la que estamos llamados a participar, es la aportación económica para realizar los distintos proyectos de desarrollo que MANOS UNIDAS lleva a cabo en las regiones más empobrecidas del planeta. Invito a todos los fieles de nuestra Diócesis Nivariense y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a ser generosos y participar de manera efectiva con sus donaciones en la lucha contra el hambre en el mundo. Podemos hacerlo en la colecta de todas las misas que tienen lugar el 8 y 9 de febrero, o ingresando directamente los donativos en las cuentas de MANOS UNIDAS en las diferentes instituciones bancarias.

Seamos generosos, ya que al hacerlo, no solo ayudamos a muchas personas sino a nosotros mismos, pues ninguna obra buena quedará sin recompensa y se cumplirán aquellas palabras del Señor, que nos recordaba San Pablo: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hech. 20,35). 

 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

 


Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario A ofreecida por el scerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"

Domingo 5º del T. Ordinario 

 

    Este año o ciclo litúrgico en torno a San Mateo, nos centramos en la primera parte del Tiempo Ordinario, en la escucha y reflexión del Sermón de la Montaña (caps. 5-7), que es el mensaje fundamental del Reino.

     Con la Fiesta de la Presentación del Señor, del domingo pasado, se omitió la lectura y reflexión de las Bienaventuranzas, ese mensaje trascendental del Evangelio, en el que constatamos que el Señor nos quiere felices, y recordamos el camino que hemos de seguir si queremos conseguirlo.

     Continuando con el Sermón de la Montaña o del Reino, se nos señala este domingo, la tarea principal del discípulo de Jesucristo: ¡Ser sal y ser luz! ¡Con nuestra palabra y con nuestro testimonio de vida, tenemos que ser la sal de la tierra y luz del mundo!

     ¿Qué sería de nosotros si  nos encontráramos, en nuestra vida diaria, sin sal y sin luz? ¿Cómo nos alimentaríamos sin sal, o cómo nos arreglaríamos por la noche sin luz?

     Pues esta es la necesidad y la urgencia que tenemos todos del mensaje del Evangelio en nuestra existencia cristiana de cada día y en nuestra relación con de los demás. Por eso, el Señor nos urge este domingo a que seamos sal y luz en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestros ambientes, en todas partes.

     Como la sal tenemos que mostrar a todos, que ser cristiano es dar sabor, gusto, sentido a la vida.

     ¡Hoy se habla mucho de corrupción!

     ¡Pues para evitar la corrupción sirve la sal! ¡Los cristianos tenemos que preservarnos y preservar a los demás de cualquier tipo de corrupción!

     Y si queremos ser sal,  no podemos buscar ningún tipo de protagonismo ni lucimiento personal… ¡Para que la sal dé  gusto a la comida, por ejemplo,  tiene que diluirse, desaparecer!

     Y hoy casi todo se recicla. ¡Sin embargo, si la sal se estropea, no se puede reciclar! “No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente”. Igual sucede al cristiano: ¡si pierde su condición de sal de la tierra, no sirve para nada!

     ¿Y qué sería de nuestra vida sin la luz? No sólo por la noche. ¡Son ya tantas las cosas que dependen de la electricidad, que, cuando se va la luz, se paraliza casi todo! Y, además, ¡queremos una luz de calidad! ¡No nos conformamos ni nos vale ya cualquier tipo de luz! Una vela, un candil, una linterna…, ¡no nos sirve! ¡Queremos una luz de calidad!  

     Lo mismo sucede en la sociedad y en la misma Iglesia: ¡se necesita la luz del Evangelio! ¡En toda su pureza, en toda su nitidez! ¡sin rebajas, sin camuflajes! ¡Otra luz no le va, no le sirve!

     Y, además, ¿a quién se le ocurre encender una luz para ocultarla, para esconderla  e impedir que alumbre?

      ¡Y hay tantos cristianos que son luces escondidas, apagadas, o a medio encender! Hay tanto miedo, tanta timidez, tanta vergüenza, tanta… A veces, parecen, incluso, un poco practicantes, ¡pero ni son sal ni son luz!

     ¡Y sin son así, no sirven para nada! ¡Aunque hablen mucho, aunque se den mucha importancia! ¡Que no, que no sirven! ¡Que no los dice hoy el Señor en el Sermón de la Montaña, que es el Discurso fundamental del Reino!

     Y eso a todos nos pide conversión, porque ¿quién puede decir que todo esto en él o en ella es perfecto?

     La Campaña de Manos Unidas contra el Hambre en el Mundo es como un eco de la primera lectura que nos dice que cuando partimos nuestro pan con el hambriento y saciamos el estómago del indigente, brilla nuestra luz en las tinieblas y nuestra oscuridad se vuelve mediodía.

Y no podemos olvidar que el Señor Jesús, el que habla en la Montaña, es la fuente de toda verdadera luz, la fuente de toda verdadera sal.                                                 

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 18:08  | Espiritualidad
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