ZENIT nos ofrece el texto del discurso que el santo padre ha pronunciado el 16 de Mayo de 2013 ante los embajadores que acudieron al Vaticano a presentar sus cartas credenciales en el que ha pedido a los responsables políticos que tengan valor para afrontar una reforma financiera ética. Los nuevos embajadores ante la Santa Sede proceden de Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana.
Señores Embajadores
Me alegra acogerlos con ocasión de la presentación de las Cartas que los acreditan como Embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de sus respectivos países ante la Santa Sede: Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana. Las amables palabras que me han dirigido y que agradezco profundamente, testimonian que los Jefes de Estado de sus países tienen el anhelo de desarrollar las relaciones de estima y de cooperación con la Santa Sede. Les agradezco que ustedes quieran transmitirles mis sentimientos de gratitud y respeto, asegurando mis oraciones por ellos y por sus conciudadanos.
Señores Embajadores, nuestra humanidad está viviendo en la actualidad como un momento álgido de su propia historia, teniendo en cuenta los avances registrados en diversos campos. Debemos alabar los logros positivos que contribuyen al auténtico bienestar de la humanidad, como por ejemplo en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, también hay que reconocer que la mayoría de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en precariedad cotidiana, con consecuencias funestas. Algunas patologías aumentan, con sus consecuencias psicológicas, el miedo y la desesperación se apoderan de los corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante. Se tiene que luchar para vivir, y, a menudo, para vivir sin dignidad. Una de las causas de esta situación, en mi opinión, se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades. De este modo, la crisis financiera que estamos viviendo, nos hace olvidar que su primer origen se encuentra en una profunda crisis antropológica ¡en la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano.
La crisis mundial que afecta las finanzas y la economía parece poner de relieve sus deformidades, y, sobre todo, la grave falta de su orientación antropológica, que reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo. Y peor aún, el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar. Esta deriva se verifica a nivel individual y social. Y además ¡es promovida! En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, se considera a menudo contraproducente, contraria a la racionalidad financiera y económica. Al tiempo que los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial, los de la mayoría van disminuyendo. Este desequilibrio proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando de este modo el derecho de control de los Estados, aun estando encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone de forma unilateral y sin remedio posible, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y el crédito alejan a los Países de su economía real y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de poseer se ha vuelto sin límites.
Detrás de esta actitud se encuentra el rechazo de la ética, el rechazo de Dios. ¡Igual como la solidaridad, la ética molesta! Se considera contraproducente; demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder; se ve como una amenaza, porque rechaza la manipulación y el sometimiento de la persona. Porque la ética lleva hacia Dios, que está fuera de las categorías del mercado. Dios es considerado por estos financieros, economistas y políticos, como no manejable, incluso peligroso, ya que llama al hombre a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética -una ética no ideológica, naturalmente - permite, en mi opinión, crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los líderes gubernamentales de sus países a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo: "No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros los bienes que poseemos, sino suyos" (Homélie sur Lazare, 1, 6: PG 48, 992D).
Queridos Embajadores, sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez que comportara una reforma económica saludable para todos. Sin embargo, esto requeriría un cambio audaz de actitud de los dirigentes políticos. Les exhorto a que afronten este reto, con determinación y visión de futuro, por supuesto, teniendo en cuenta la naturaleza específica de sus contextos. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promoverlos. El Papa insta a la solidaridad desinteresada y a un retorno de la ética en favor del hombre en la realidad económica y financiera.
La Iglesia, por su parte, siempre trabaja para el desarrollo integral de cada persona. En este sentido, ella recuerda que el bien común no debe ser una simple suma, un simple esquema conceptual, de calidad inferior, añadido a la agenda política. La Iglesia anima a los gobernantes a estar verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos. Exhorta a los dirigentes de las realidades financieras a tomar en consideración la ética y la solidaridad. ¿Y por qué no acudir a Dios para inspirar los propios diseños? Se formará una nueva mentalidad política y económica que ayudará a transformar la dicotomía absoluta entre lo económico y lo social en una sana convivencia.
Por último, saludo con afecto, a través de ustedes, a los Pastores y los fieles de las comunidades católicas en sus países. Les insto a continuar su testimonio valiente y gozoso de la fe y del amor fraternal enseñados por Cristo. ¡No tengan miedo de ofrecer su contribución al desarrollo de sus países a través de iniciativas y actitudes inspiradas en las Sagradas Escrituras!
Y en el momento en que comienzan su misión, les ofrezco, señores Embajadores, mis mejores deseos, asegurando la cooperación de la Curia Romana para el cumplimiento de su función. Con este fin, de buen grado, invoco sobre ustedes y sus familias y sus colaboradores, la abundancia de las bendiciones divinas.
Texto traducido del original por Radio Vaticana: http://es.radiovaticana.va.
Reflexión a las lecturas del domingo de Pentecostés - C, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"
Domingo de Pentecostés
¡Por fin, hemos llegado a Pentecostés! ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor que nos concedido la oportunidad de celebrar un año más, los cincuenta días de Pascua, que culminan con esta gran solemnidad.
Hay una pregunta en el Catecismo que dice: ¿Qué celebramos el día de Pentecostés?
“Que Jesucristo ha enviado sobre los apóstoles el Espíritu Santo y que continúa enviándolo sobre nosotros”.
¡Cuántas reflexiones podríamos hacer!
Comenzamos preguntándonos: ¿quién es el Espíritu Santo? Nos responde el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. ¡Impresionante!
La primera lectura nos presenta la venida del Espíritu del Señor sobre los apóstoles. ¡Qué hermoso y espectacular resulta todo! ¡Cómo los transforma y los capacita para la misión…! Pero los apóstoles no sólo recibieron el Espíritu Santo, sino también la misión de darlo a todos los cristianos. Hay un sacramento que garantiza la presencia y la acción de Espíritu en cada cristiano: el Sacramento de la Confirmación.
La segunda lectura nos recuerda que sin el Espíritu Santo no podemos hacer ni decir nada, ni siquiera lo más elemental: creer que Jesús es el Hijo de Dios. Y en realidad, ¿qué es un ser humano sin espíritu? Un muerto, un cadáver. Y decimos expiró, es decir, exhaló el espíritu.
La fiesta de Pentecostés nos recuerda y subraya que el don del Espíritu Santo, que Jesús envía desde el Cielo, es el don más excelente de la Pascua. Dice S. Juan en una ocasión que el Espíritu no había bajado sobre ninguno, porque Jesús no había sido glorificado. (Jn 7, 37). Y el Evangelio de hoy nos presenta cómo Jesús, el mismo día de la Resurrección, al atardecer, infunde a los apóstoles el Espíritu Santo. Lástima que tantos cristianos estén como aquellos de Éfeso que no habían oído hablar de un Espíritu Santo… Pero tuvieron la dicha de que S. Pablo se lo explicara y lo hiciera bajar sobre ellos (Hch 19, 1-7).
Uno de los síntomas del desconcierto actual es la cantidad de cristianos que dejan de confirmarse… Y les parece que no tiene importancia, que no pasa nada… Pero el asunto es grave. A este respecto, recuerdo las palabras de S. Pablo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”. (Rom 8, 9).
Qué importante es que invoquemos con frecuencia al Espíritu Santo. ¡Es tan necesario en nuestra vida!
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
MONICIONES
PRIMERA LECTURA
Escuchemos ahora, con espíritu de fe y devoción, la narración de la Venida del Espíritu Santo y el impacto que produce en Jerusalén… Y pidamos al Señor que “no deje de realizar hoy, en el corazón de sus fieles, aquellas mismas maravillas que obró en los comienzos de la predicación evangélica”.
SALMO
Uniéndonos a las palabras del salmo, pidamos al Señor que envíe sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo, el don de su Espíritu.
SEGUNDA LECTURA
La segunda Lectura nos presenta unas enseñanzas de S. Pablo sobre la acción del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia, Cuerpo de Cristo.
SECUENCIA
Leemos hoy, antes de escuchar el Evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo -la Secuencia-. Unámonos a ella desde el fondo de nuestro corazón, pidiéndole al Espíritu Santo que venga a nosotros, nos renueve y nos acompañe.
EVANGELIO
En el Evangelio se nos narra la primera aparición de Jesucristo Resucitado a los discípulos, su envío al mundo y la donación del Espíritu Santo.
Aclamemos al Señor con el canto del aleluya.
COMUNION
"Nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo", hemos escuchado en la segunda Lectura. Realmente, sin Él no podemos ser ni hacer nada.
Pidamos a Jesucristo que renueve en nuestro interior el don de su Espíritu para que sostenga y acreciente nuestra fe en su presencia en la Eucaristía, nos impulse a recibirle con frecuencia y debidamente preparados en la Comunión y a dar el fruto que exige la recepción de este Sacramento.
Texto íntegro de la homilía del cardenal Rouco en la fiesta 2013de San Isidro Labrador, patrono de Madrid.
Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:
1. Celebramos de nuevo en este año 2013 la Solemnidad de San Isidro Labrador Patrono de Madrid festivamente. En la vida cristiana, en sus fuentes espirituales de inspiración, en su forma de realizarla en el presente y de proyectarla hacia el futuro siempre está presente indestructiblemente la esperanza. Las dificultades que pueden presentarse en el camino de la existencia para un cristiano e incluso para la comunidad de los que conciben y conducen su vida en este mundo a la luz de la fe, es decir, para la Iglesia, pueden ser muchas y formidables; nunca, sin embargo, serán capaces de arruinar la esperanza. Su fundamento es inamovible: la certeza de que Jesucristo ha resucitado y ha ascendido al Cielo no para abandonar la tierra sino para llenarla con una nueva presencia suya, visible sacramentalmente y actuante por el don de su Espíritu -el Espíritu Santo- en el interior de cada persona y, análogamente, en el corazón de la humanidad. El tiempo litúrgico de la Pascua, que estamos a punto de concluir el próximo Domingo de Pentecostés, nos confirma definitivamente la verdad de la esperanza cristiana; y la Solemnidad de nuestro Santo Patrono San Isidro nos enseña cómo puede y debe ser vivida en el día a día de nuestra vida sin que nada ni nadie pueda interponerse en el camino del bien y de la felicidad que nos vienen de Jesucristo resucitado y ascendido al Cielo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, "Nuestro Hermano, Nuestro Señor"; ni siquiera en una situación como la actual de una crisis tan dura y sumamente dolorosa para tantas familias y ciudadanos madrileños. Una esperanza que los cristianos podemos y debemos comunicar creíblemente y compartir con todos. La figura del Patrono de Madrid ilumina nítidamente la forma con la que se puede mantener viva y, en su caso, recuperar la esperanza. Lo ha hecho siempre a lo largo y a lo ancho de la historia milenaria de la devoción de los madrileños a San Isidro, sobre todo en sus más difíciles y cruciales momentos, y lo continúa haciendo hoy. ¿Cómo no vamos a celebrar la Fiesta del día de su "Memoria" anual? ¿Cómo no vamos a celebrarla festiva y gozosamente?
2. Se trata de una "memoria" viva. Él, un Santo reconocido por la Iglesia como uno de sus mejores hijos, heroico en sus virtudes naturales y sobrenaturales, vive en la Gloria de los que han seguido a Cristo crucificado y resucitado en los itinerarios de este mundo, fiel y ejemplarmente, participando ya del Banquete de su Reino. Isidro Labrador goza de la plenitud del Amor que es Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- al lado del que está sentado a la derecha del Padre presentándole el infinito sacrificio de su amor ofrecido en la Cruz: ¡"el Viviente" por excelencia, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hijo del hombre en el seno purísimo de la Virgen María, triunfador del pecado y de la muerte! Isidro Labrador, uno de los madrileños más populares del Madrid de todos los tiempos, ha llegado a la meta de la plenitud feliz y bienaventurada de la vida a lo que todos estamos llamados y que no tiene fin. Ha llegado como uno de los integrantes de esa multitud de los que "han lavado sus vestiduras blancas en la sangre del Cordero" -a la que se refería el vidente del Apocalipsis-, para formar parte de la Comunión de los Santos que interceden en el cielo por nosotros, los que todavía andamos en la tierra. Cada uno de nosotros, viviendo en el espacio y en el tiempo, estamos en camino. Un camino en el que nuestro Santo nos ayuda con la luz de su biografía de cristiano ejemplar y, muy especialmente, con la actualidad espiritual de su intercesión por este nuestro Madrid del año 2013 y por todo ese mundo rural español que le recibió como Patrono del Beato Juan XXIII el 16 de diciembre de 1960.
3. El siglo de San Isidro Labrador, el siglo XII de nuestra era, no fue un tiempo fácil para el Madrid y la España que él vivió. Las fronteras de los Reinos Cristianos, al sur de la Capital del que había sido siglos atrás el Reino Visigodo, Toledo, la ciudad de los Concilios y de los Padres de la Iglesia Hispana, no estaban consolidadas frente al peligro almorávide. Las luchas internas de los Reinos Cristianos no facilitaban el desarrollo armónico y pacífico de sus comarcas y pueblos. El mismo Isidro había tenido que vivir como cristiano mozárabe en el incipiente Madrid, villorrio y fortaleza, con las zozobras y peligros del cambio reiterado de sus conquistadores, musulmanes y cristianos, que se sucedieron en su dominio varias veces y en pocas décadas.
4. Isidro, primero pocero por no mucho tiempo y, luego, labrador en el periodo más largo y último de su vida, era un hombre de fe. De fe en Dios, a quien confiaba y dedicaba su persona, la de su esposa y de su hijo, su tiempo y su trabajo: ¡toda su existencia! En él se cumplía verdaderamente lo que cantábamos con el Salmista: "Su gozo es la ley del Señor". Comenzaba el día, antes de encaminarse a sus labores del campo, visitando la Iglesia de Santa María, situada en la Almudena de aquel Madrid musulmán, y finalmente cristiano, en el que habitaba. Sus vecinos lo estimaban y apreciaban como un hombre piadoso. En el templo de la Madre de Dios, venerada mucho antes de la ocupación musulmana por los habitantes del lugar, se encontraba con Jesucristo, "el Dios con nosotros", en su presencia eucarística y con la proximidad tierna de su Madre, la Virgen Santísima. Todos los acontecimientos, que van trenzando la historia de su vida, se explican sólo desde su fe cristiana en Dios. Precisamente, desde esa sentida fe en Dios, profesada y confesada cristianamente, se alimentaba la esperanza con la que se enfrentaba sereno, tranquilo y paciente con los mayores desafíos que podían depararle las circunstancias personales, familiares y profesionales en las que se desenvolvía su quehacer diario. Cuando compañeros de labranza, envidiosos, le acusan al amo, Iván de Vargas, de descuido en el trabajo, no se inquieta ni se defiende con la réplica fácil e indignada tan habitual en ocasiones semejantes. Confía en Dios. La conocida y enternecedora tradición de las dos yuntas de bueyes guiadas por los ángeles, que aran al lado de las suyas ante la mirada atónita del vigilante amo, refleja muy bellamente al hombre de Dios que era Isidro Labrador. Hombre de fe y de oración cristiana y, por ello, testigo y servidor de la verdadera esperanza, que sostiene indefectiblemente al hombre cuando se propone y decide vivir en el amor de Cristo. La biografía del Santo Patrono de Madrid está marcada en sus más sencillos y humildes detalles por un amor a Dios y al prójimo heroicamente ejercido, como un estilo habitual de vida: de la vida de un cristiano entregado a la alabanza a Dios y al bien de todos: de su familia, de sus vecinos, de sus compañeros, del amo... y de los pobres que hallaban en su casa una olla siempre llena -a veces milagrosamente llena- y una fraterna acogida.
5. El pueblo de Madrid reconoció pronto como un Santo a aquel hombre de Dios que tanto bien había hecho en vida y que continuaba haciéndolo después de muerto. La fama de "sus milagros" -¡"milagros" de la caridad cristiana!- se extiende por todos los lugares y gentes de aquella comarca madrileña definitivamente incorporada al Reino de Castilla. Y, con la fama, crece y se agigante una veneración popular que alcanza a toda la Iglesia -¡a la Iglesia Universal!- el día de su Canonización en Roma por el Papa Gregorio XV, el 12 de marzo de 1622, junto a Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri. La clave para explicar certeramente la vida del humilde y sencillo labrador de aquel primer Madrid, Isidro, el criado de los Vargas, que se hace famoso para la historia, es la evangélica. Acaba de anunciarse y de enunciarse en la parábola del Evangelio de San Juan que se ha proclamado. Isidro sabe ser y portarse como "un sarmiento" que permanece unido siempre a "la verdadera vid" que es Cristo y que, por ello, da fruto abundante: el mismo fruto que se había dado en la primera comunidad de los discípulos del Señor, de los primeros creyentes, en la que "todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía", como lo relata el Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 4,32). Así configuró San Isidro Labrador su vida de esposo, padre, trabajador y ciudadano: como "un sarmiento" injertado en "la Vid", que es Cristo. Sí, el fruto abundante y generoso de la caridad fue "el fruto" de la vida de ese primer Santo madrileño que es y veneramos como nuestro Patrono: fruto de un amor vivido heroicamente en la perfección de la caridad del Corazón de Cristo. Isidro amaba como Cristo nos amó.
6. La fórmula de San Isidro ¿sigue siendo válida para afrontar los retos del momento actual de nuestras vidas y de nuestra sociedad? ¿Hay otra más duradera, auténtica y eficaz para responder a las necesidades del hombre contemporáneo que son en definitiva, en su fondo y origen último, necesidades morales y espirituales: necesidades de verdadera humanidad? Fe, esperanza y caridad es la tríada de las virtudes, que vivió ejemplarmente San Isidro Labrador en, por y con su unión a Jesucristo. Fe, esperanza y caridad -¡amor verdadero!-, bebidas en su fuente primera y originaria que es Jesucristo, son las virtudes que sanan y salvan al hombre en todos los tiempos y las que pueden sanarle y salvarle hoy. Las meras y simples virtudes naturales, aún en la hipótesis de que se lograsen solas, por el solo esfuerzo de la voluntad humana, sin Dios, sin Jesucristo, serían incapaces de curar los males del hombre en su raíz y menos de salvarlo del pecado y de la muerte. La responsabilidad de los cristianos personalmente y, en especial, la de sus Pastores se mide en esta situación de encrucijada histórica por su disponibilidad para ser testigos: ¡testigos de la fe, de la esperanza y del Amor de Cristo en medio de sus hermanos! Sólo así, como Testigos de Jesucristo crucificado y resucitado, podrán evangelizar de nuevo vigorosa y creativamente. Sólo así podrán ser instrumentos eficaces de la superación de las crisis que amenaza en esta grave histórica a sus hermanos.
Apoyados en el amor maternal de Nuestra Señora, la Virgen de La Almudena, de quien tan devoto fue San Isidro Labrador, nos es y será siempre posible el Sí generoso y sacrificado a la llamada de la nueva evangelización: el sí del testimonio de una vida cristiana auténtica, probada en el amor a Dios y en el amor al prójimo; el Sí apostólico de "la Misión-Madrid".
Amén.
Comentario al evangelio del Domingo de Pentecostés/C por Jesús Álvarez SSP (Zenit.org)
¡Ven Espíritu Santo!
Por Jesús Álvarez SSP
"Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. Jesús les volvió a decir: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo también a ustedes. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo: a quienes absuelvan de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos" (Jn. 20,19-23).
Hoy es el cumpleaños de nuestra Madre la Iglesia, que nació el día de Pentecostés por obra del Espíritu Santo, que se sirvió de María para engendrarla a semejanza de cómo engendró a Jesús.
El Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, es quien hizo surgir todo lo creado y lo conserva sin cesar. También acompaña, da vida y fortaleza a la Iglesia, a fin de que sea transmisora de salvación para la humanidad.
¿Veo así a la Iglesia? ¿O sólo veo jerarquía, clero, obras, miserias y ritos? Equivocado.
El Espíritu Santo se hizo presente en el bautismo de Jesús en forma de paloma; y el día de Pentecostés se manifestó en forma de llamas de fuego y viento impetuoso.
Pero la Biblia y la Liturgia mencionan muchos otros signos bajo los cuales Espíritu Santo se manifiesta presente y actuante: vida, fuego, luz, calor, agua, don, consuelo, dulce huésped, descanso, brisa, gozo, aliento, fortaleza, consuelo, amor, libertad, paz, resurrección, salvación.
Es necesario invocar con insistencia y con fe al Espíritu Santo, pues “quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo” (Rom 8, 9).
¿Tengo yo el Espíritu de Cristo? ¿En qué se me nota? Si no, ¡a desearlo y pedirlo!
Jesús dice a sus discípulos –-y hoy a nosotros: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes” (Jn. 20, 21). No es una consigna exclusiva para la jerarquía o el clero, sino que compete a todo cristiano, nombre que significa “portador de Cristo”, “testigo de Cristo”, “persona unida a Cristo” por obra del Espíritu Santo.
Como el miedo “encerró” a los discípulos de Jesús en el Cenáculo antes de Pentecostés, así sucede a los pastores y fieles que no creen que Cristo resucitado está presente en medio de ellos con su Espíritu, para dar paz, alegría, fortaleza y eficacia salvadora a sus vidas y obras. Esa falta de fe los reduce a la inutilidad e incluso al escándalo.
Ser testigos de Jesús no es solo repetir sus palabras y su doctrina, sino imitarlo en sus actitudes y obras, acogerlo en la vida, darlo a conocer; lo cual solo es posible por la acción del Espíritu Santo en nosotros, como lo afirma san Pablo: “Ni siquiera podemos decir: ‘Jesús es el Señor’ si no es bajo la acción del Espíritu Santo” (1 Cor. 12, 3). Sin su ayuda “nada bueno hay en el hombre, nada saludable”.
¿Me ilusiono creyendo que puedo dar testimonio de Jesús sin el Espíritu Santo?
Sin embargo, a pesar de ser débiles, pecadores y deficientes en todo, Jesús nos llama, como a los apóstoles, a compartir su propia misión. Y nos da, como a ellos, los dones y carismas necesarios para realizarla.
Jesús nos envía el Espíritu Santo para que produzcamos mucho fruto, según su promesa infalible: “Quien está unido a mí, produce mucho fruto” (Jn. 15, 5). A nosotros nos toca acogerlo para darlo, pues “sin mí no pueden hacer nada” (Jn. 15, 5), en orden a la salvación propia y ajena.
San Pablo nos asegura el premio: “El mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos, vivificará también sus cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en ustedes” (Romanos 8,11). Ese es nuestro glorioso destino, por el que vale la pena jugarlo todo, sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo.
¿Siento que estoy compartiendo la misión de Cristo, unido a Él? ¿O eso me trae sin cuidado? ¿No me sacude la palabra de Jesús: “Quien no está conmigo, está contra mí”; y quien no recoge conmigo, desparrama? (Mt. 12, 30). Es necesario asegurarnos la unión real con Él para compartir su misión con gozo y con frutos salvíficos.
Oración por la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife, en el 50 aniversario de su fundación,publicada en folleto de Programa de Actos para su celebraicón durante 2012-2013.
Oración por la Parroquia
Hoy, Señor, quiero darte gracias por mi parroquia. En ella te estoy descubriendo, en ella estoy aprendiendo a amarte y a seguirte. Desde ella escucho tu Buena Noticia, desde ella recibo el pan necesario para el camino.
Te pido por su párroco, por todos sus grupos y actividades, por cuantos la formamos, por los cercanos y los lejanos.
Que nuestra parroquia sea una casa de familia, fraterna y acogedora, donde los bautizados y confirmados tomemos conciencia de ser Pueblo de Dios.
Que sea un rincón cálido, un lugar donde nos queramos y respetemos, un espacio donde vivamos como hermanos, donde, unidos, nos esforcemos por construir más y mejor tu Reino.
Que todos podamos encontrar en ella tu presencia, Señor, que hable, santifique, perdone, consuele y confirme en el Espíritu. Que alimentados en la mesa de la Palabra y del pan Eucarístico, nos sintamos enviados a cumplir la tarea de hacerte presente en todos los campos de la vida de este mundo donde nos has colocado. Amén.
Breve semblanza histórica de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla publicadas en Programa de Actos con motivo del 50 aniversario de su erección canónica.
Breve semblanza histórica
La demarcación de la actual parroquia de San José, con todos sus barrios, perteneció durante algo más de tres siglos a la parroquia de San Juan Bautista, de San Juan de la Rambla; allí fue donde celebraron los distintos actos de la Fe los vecinos de estos lugares hasta que, en 1963, el templo de San José fue declarado Parroquia. Dicha ermita había sido construida unos dos siglos antes, si bien no hay documentación precisa al respecto. No obstante, es probable que, debido a la lejanía del templo parroquial de San Juan, los vecinos tuviesen la necesidad de construir una ermita en la zona de medianías, donde se asentaba buena parte de la población del municipio.
Hay documentos fechados en las primeras décadas del 1700 que ya expresan el deseo de construir una ermita en el lugar donde hoy se asienta la Parroquia de San José, pero no es hasta pasados tres cuartos de dicha centuria cuando podemos afirmar que la construcción del templo probablemente esté finalizada. La documentación más antigua referida a dichas obras es ya de 1791, pero se refiere a trabajos en la construcción de la sacristía y obras de remozamiento del templo, lo cual indicaría que ya por entonces estaba finalizado. Por otro lado, de diferentes documentos se desprende que, por un lado, en 1764 ya se estaba construyendo el templo, mientras que por otro, en 1781 ya se habla del "pago de San José': lo cual indicaría que el templo llevaría tiempo finalizado, hasta el punto de haber comenzado a dar nombre a ese lugar; por todo ello, es de suponer que su finalización pudo haberse llevado a cabo en la década de 1770.
Consta, asimismo, que en 1839 el Visitador General del Obispado autorizó a que se siguiera celebrando el culto en la ermita al encontrarla con toda decencia, y ya señala el inventario los elementos principales que encontramos actualmente en el retablo principal: una imagen de San José coronas del niño y del santo, y vara de plata; un crucifijo en la parte alta del retablo, a la derecha, una imagen del Rosario con su niño, con coronas de plata; y a la izquierda, una imagen de San Antonio con su niño, con corona de plata y diadema. Además, hace una relación de ornamentos y demás objetos de culto, que dan fe de cómo en apenas medio siglo, la ermita se encontraba totalmente dotada para llevar a cabo el culto con total dignidad.
Un elemento curioso, característico de la iglesia parroquial es la tribuna alta adosada a la pared sur de la misma, que fue construida en la segunda mitad del siglo XIX como un privilegio concedido a la familia que tenía lugar reservado en las festividades litúrgicas. De hecho, durante ese siglo y parte del siguiente, algunas familias de San Juan subían durante el verano a pasar una temporada coincidiendo con la recogida de las cosechas, y es probable que sea la razón por la cual la festividad de San José se celebre a comienzos de septiembre, cuando el verano está finalizando. La mencionada tribuna se conserva, pero ya no es un lugar de privilegios y diferencias sociales, sino un elemento característico que llama la atención del visitante. El prelado nivariense Mons. Luis Franco Coscón, por decreto dado en La Laguna el 14 de mayo de 1963, elevó la ermita a la categoría de parroquia, segregándola de la de San Juan Bautista, y con jurisdicción en toda la zona alta de San Juan de la Rambla. Con ello se culminó el anhelo de poder satisfacer plenamente las necesidades espirituales de la población, de este hecho celebramos, pues, en este año el 500 aniversario.
(Esta semblanza es un extracto de la obra de D. Manuel Ángel Alloza Moreno y D. Manuel Rodríguez Mesa, además de la de D. José Antonio Oramas Luis, acerca del municipio de San Juan de la Rambla)
Palabras del párroco de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife, publicadas en el programa de actos a celebrar durante el año 3013-2014 con motivodel cincuenta aniversario de la la erección de la parroquia.
Ayer, hoy y siempre, UNIDOS EN LA FE
En mitad de este Año de la Fe convocado para toda la Iglesia Universal, celebramos el 500 Aniversario de la declaración como Parroquia en nuestra comunidad de San José, en el municipio de San Juan de la Rambla. La vivencia de la Fe en nuestra tierra, sin embargo, se remonta a los primeros tiempos de la llegada del Evangelio a las islas. De hecho, durante varios siglos nuestra población celebró su fe en la iglesia matriz de San Juan Bautista, y la vinculación con ella ha continuado viva a lo largo de la historia, incluso cuando ya San José había sido constituida como iglesia parroquial. Debemos comprender la parroquia como un elemento de comunión, dentro de la iglesia universal.
Fijémonos en cómo se define en los principales documentos eclesiales:"La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular (Diócesis) cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio" (Código de derecho canónico)."Es el lugar donde todos los fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, le congrega en esta celebración; le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la caridad del Señor en obras buenas y fraternas" (Catecismo de la Iglesia Católica).
La celebración del cincuentenario es, ante todo, celebración de la unidad, propia de la asamblea cristiana (de hecho, la palabra Iglesia significa asamblea) según el deseo de Jesucristo: "que todos sean uno"(Jn 17, 21). Al mismo tiempo, hacemos un reconocimiento a los antepasados que nos legaron la Fe, celebrándola en un principio en la iglesia matriz de San Juan, y al esfuerzo llevado a cabo para dejarnos nuestra propia iglesia parroquia de San José; todo ello nos lleva al compromiso por transmitir esta Fe a las siguientes generaciones. Así, el lema quiere hacer mención de esta continuidad "ayer, hoy y siempre..: al tiempo que el compromiso para que la Parroquia sea vínculo de unidad en la Fe.
Durante un año de celebraciones vamos a desarrollar diversos actos de culto, al tiempo que se llevarán a cabo algunas actividades de tipo socioreligioso. No se trata de realizar un mero programa de actos, sino que la comisión constituida para impulsar este cincuentenario, tiene como objetivo que la figura de San José, titular de nuestra parroquia, siendo un Santo universal, nos ayude a vivir esta unidad dentro de la diversidad. Es por ello que, por un lado, se realizarán actividades en el propio templo parroquial, y por otro lado, la imagen del santo peregrinará a diversos lugares de la jurisdicción parroquial.
Al mismo tiempo, extendemos la invitación a las comunidades parroquiales de nuestro entorno, para que, si lo desean, se unan a nuestra celebración durante este año, que transcurrirá entre mayo de 2013 y mayo de 2014; y ya que la devoción a San José, es universal, podamos todos los cristianos expresar la unidad que nace de la Fe en un único Señor Jesucristo.
Javier Cruz, cura-párroco
El 12 de mayo de 2013 se distribuyó oficialmente el Programa de Actos a realizar durante el año con motivo del cincuenta aniversario de la erección de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife.
PROGRAMA DE ACTOS CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN
DEL 50 ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA DE SAN JOSÉ 2013-2014
Mayo 2013
12 de mayo de 2013 a las 12:00 h: Celebración Eucarística y acto de inauguración, por la Conmemoración del 50 Aniversario de la Parroquia de San José, presidida por el Vicario General de la Diócesis.
Junio 2013
28 de junio de 2013 a las 19:30 h: Peregrinación a la Parroquia Matriz de San Juan Bautista, San Juan de la Rambla. Celebración Eucarística en Acción de Gracias por la Fe.
Julio 2013
26 de julio de 2013 a las 17:00 h: Día de los Abuelos, en la festividad de San Joaquín y Sta. Ana, padres de la Virgen María. Eucaristía y festival.
Agosto 2013
23 de agosto de 2013 a las 19:00 horas: Visita de la comunidad parroquial del Dulce Nombre de Jesús del municipio de La Guancha, por la Celebración del 50 Aniversario de San José. Eucaristía y Ofrenda al Santo.
Viernes Día 30 de agosto de 2013: peregrinación de la imagen de San José al barrio de Las Rosas, con motivo de las fiestas en honor a Santa Rosalía, y regreso el 2 de septiembre.
Septiembre 2013
Del 2 al 6 septiembre de 2013: Quinario en honor a San José, con la participación y predicación de los últimos párrocos de nuestra comunidad.
9 de septiembre 2013
Día principal de las Fiestas Patronales en Honor a San José, solemne Eucaristía a las 12:00 horas. Concelebrada y presidida por el Vicario General de la Diócesis.
Octubre 2013
12 de octubre de 2013 a las 19:30 horas: Festividad de Ntra. Señora del Rosario.
Noviembre 2013
1 de noviembre de 2013 a las 16:00 horas: Peregrinación de la imagen de San José al Cementerio Municipal y celebración de la Eucaristía por todos los difuntos del municipio, y regreso el mismo día.
22 de noviembre de 2013 a las 19:30 horas: Festividad de Santa Cecilia.
Diciembre 2013
14 de diciembre de 2013: Festival de Villancicos en la Parroquia de San José con motivo del 50 aniversario.
Enero 2014
31 de enero de 2014: Peregrinación de la imagen de San José al barrio de La Vera con motivo de la festividad de Ntra Sra de La Candelaria, y regreso el 2 de febrero de 2014.
Febrero 2014
Conferencia sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe en México, y sus prodigios.
Marzo 2014
19 de marzo de 2014. Festividad litúrgica de San José.
Del 20 al 22 de marzo de 2014. Charlas cuaresmales sobre "La Parroquia
Abril 2014
27 de abril de 2014. Festividad de la Divina Misericordia. Visita y retiro del Movimiento Apostólico de Tenerife de la Divina Misericordia.
Mayo 2014
1 de mayo de 2014. Peregrinación a Candelaria.
11 de mayo de 2014. Peregrinación de la imagen de San José a los barrios de Los Quevedos, La Portalina, Los Canarios (con motivo de la celebración de San Pancracio), Lomo El Guanche y Molino de Viento (descanso y acto en el Centro Ocupacional San Juan de la Rambla). 18 de mayo de 2014: Celebración de la Eucaristía y clausura de los actos del 50 Aniversario de la Parroquia de San José.
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Otros actos a desarrollar durante el año en el Templo parroquial:
Primeros Sábados: exposición del Santísimo de 16'00 a 17'30 los primeros sábados de mes, a partir de julio de 2013.
Retiros: invitación a los Movimientos de la Renovación Carismática Católica y a los Talleres de Oración para impartir retiros o cursillos dando a conocer su experiencia eclesial.
Devoción a San José: paulatinamente iremos incrementando actos devocionales al santo patrón en el marco de la Eucaristía dominical.
Exposición fotográfica: En las fiestas patronales de septiembre se llevará a cabo una exposición fotográfica de gran valor documental acerca de la parroquia de San José.
ZENIT nos ofrece el texto de la catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 15 de Mayo de 2013 en la plaza de San Pedro, donde el santo padrese encontró con grupos de peregrinos y fieles de Italia y de otros países.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy me quiero centrar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo "les guiará en toda la verdad" (Jn. 16,13), siendo él mismo "el Espíritu de la Verdad" (cf. Jn 14,17; 15,26; 16,13).
Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?" (Jn. 18,37.38). Pilato no llega a entender que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, "se hizo carne" (Jn. 1,1.14), que vino entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona.
Pero, ¿quién nos hace reconocer que Jesús es "la" Palabra de la verdad, el Hijo unigénito de Dios Padre? San Pablo enseña que «nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, si no está impulsado por el Espíritu Santo» (1 Cor. 12,3). Es solo el Espíritu Santo, el don de Cristo Resucitado, quien nos hace reconocer la verdad. Jesús lo define el "Paráclito", que significa "el que viene en nuestra ayuda", el que está a nuestro lado para sostenernos en este camino de conocimiento; y, en la Última Cena, Jesús asegura a sus discípulos que el Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, recordándoles sus palabras (cf. Jn. 14,26).
¿Cuál es entonces la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia para guiarnos a la verdad? En primer lugar, recuerda e imprime en los corazones de los creyentes las palabras que Jesús dijo, y precisamente a través de estas palabras, la ley de Dios --como lo habían anunciado los profetas del Antiguo Testamento--, se inscribe en nuestros corazones y en nosotros se convierte en un principio de valoración de las decisiones y de orientación de las acciones cotidianas; se convierte en un principio de vida. Se realiza la gran profecía de Ezequiel: "Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo… infundiré mi espíritu en ustedes y les haré vivir según mis preceptos, y les haré observar y poner en práctica mis leyes” (36, 25-27). Es un hecho que de lo profundo de nosotros mismos nacen nuestras acciones: es el corazón el que debe convertirse a Dios, y el Espíritu Santo lo transforma si nosotros nos abrimos a Él.
El Espíritu Santo, entonces, como promete Jesús, nos guía "en toda la verdad" (Jn. 16,13); nos lleva no solo al encuentro con Jesús, plenitud de la Verdad, sino que nos guía "en" la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comunión siempre más profunda con Jesús, dándonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esta no la podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial. La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la verdad actúa en nuestros corazones, suscitando aquel "sentido de la fe" (sensus fidei), a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, indefectiblemente se adhiere a la fe transmitida, la profundiza con un juicio recto y la aplica más plenamente en la vida (cf. Constitución dogmática Lumen Gentium, 12). Probemos a preguntarnos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido para que me ilumine, y me haga más sensible a las cosas de Dios?
Esta es una oración que tenemos que rezar todos los días: Espíritu Santo, haz que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, que mi corazón esté abierto a la belleza de Dios, todos los días. Me gustaría hacerles una pregunta a todos ustedes: ¿Cuántos de ustedes rezan cada día al Espíritu Santo, eh? ¡Serán pocos, eh! pocos, unos pocos, pero nosotros tenemos que cumplir este deseo de Jesús y orar cada día al Espíritu Santo para que abra nuestros corazones a Jesús.
Pensemos en María que «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón " (Lc. 2,19.51). La recepción de las palabras y las verdades de fe, para que se conviertan en vida, se realiza y crece bajo la acción del Espíritu Santo. En este sentido, debemos aprender de María, reviviendo su "sí", su total disponibilidad para recibir al Hijo de Dios en su vida, que desde ese momento la transformó. A través del Espíritu Santo, el Padre y el Hijo establecen su morada en nosotros: nosotros vivimos en Dios y para Dios. ¿Pero nuestra vida está verdaderamente animada por Dios? ¿Cuántas cosas interpongo antes que Dios?
Queridos hermanos y hermanas, tenemos que dejarnos impregnar con la luz del Espíritu Santo, para que Él nos introduzca en la Verdad de Dios, que es el único Señor de nuestra vida. En este Año de la Fe, preguntémonos si en realidad hemos dado algunos pasos para conocer mejor a Cristo y las verdades de la fe, con la lectura y la meditación de las Escrituras, en el estudio del Catecismo, acercándonos con asiduidad a los Sacramentos. Pero preguntémonos al mismo tiempo cuántos pasos estamos dando para que la fe dirija toda nuestra existencia. No se es cristiano "por momentos", solo algunas veces, en algunas circunstancias, en algunas ocasiones. ¡No, no se puede ser cristiano así! ¡Se es cristiano en todo momento! Totalmente.
La verdad de Cristo, que el Espíritu Santo nos enseña y nos regala, forma parte para siempre y totalmente de nuestra vida cotidiana. Invoquémosle con más frecuencia, para que nos guíe en el camino de los discípulos de Cristo. Invoquémosle todos los días. Les hago esta propuesta: invoquemos cada día al Espíritu Santo. ¿Lo harán? No oigo, eh, ¡todos los días, eh! Y así el Espíritu nos acercará a Jesucristo. Gracias.
Traducción con los servicios de Radio Vaticana