Viernes, 20 de noviembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo treinticuatro del Tiempo Ordinario A - solemnidad de Jesucristo Rey del universo ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 34º del T. Ordinario A 

       La Solemnidad de Cristo, Rey del Universo, es una fiesta muy hermosa ¡Cuántas resonancias, cuantos “ecos” despierta en el corazón de todos nosotros y de todos los cristianos!  No es una fiesta muy antigua. Fue instituida el año 1.925 por el Papa Pío XI, en un contexto social, político y eclesial, completamente distinto al nuestro. No podemos detenernos ahora en ello. La Reforma Conciliar la ha colocado en el domingo 34º, el último, del Año Litúrgico. Ha sido situada por tanto, en el contexto en el que nos encontramos estas últimas semanas:  La Venida Gloriosa del Señor.

       Por eso, me parece interesante  que, al llegar a este domingo, hagamos un resumen de lo que se nos enseña estas tres últimas semanas:  el domingo 32º, la parábola de las diez vírgenes, respondía a la pregunta: ¿cuándo será la Venida del Señor? Y el mismo Cristo nos respondía: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”. El domingo pasado, a la luz de la parábola de los talentos, se nos respondía a otra cuestión:  “¿Y qué tenemos que hacer mientras esperamos?” La respuesta era: “negociar con los talentos, que se nos han confiado”. Y este domingo, responde a otras dos preguntas: “¿Y cómo vendrá el Señor?”  “¿Y a qué vendrá?” El Evangelio nos da la respuesta: “Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con Él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante Él todas las naciones”. Y entonces, se nos examinará acerca de nuestra conducta, especialmente, con los más necesitados: los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los enfermos, los encarcelados…

       ¡Nunca reflexionaremos bastante sobre la enseñanza y la advertencia que nos hace hoy el Señor: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. Y a la inversa!

       Según eso, a unos dirá: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo…” Y a los otros: “Apartaos de mi, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles…”

       ¡Comprendemos aquí que Dios no puede ser indiferente ante el bien y el mal que hayamos hecho a los hermanos, que ahora son ya miembros de su Cuerpo Místico o llamados a serlo.

       Por tanto, juzgar para Jesucristo no es sólo ni sobre todo, castigar. El Señor viene, especialmente, a traer la recompensa y el premio que corresponde a cada uno por sus obras. Pero es lógico que si alguien no ha querido seguir el camino señalado por el Evangelio, a pesar de sus continuas llamadas a la conversión, termine allí donde conduce el camino que él ha ido eligiendo libremente.

       Más todavía, son muchos los cristianos, que tienen toda su esperanza en la recompensa divina de aquel Día. Escribía San Pablo a los cristianos de Colosas: “Os anima a esto (su vida de fe y caridad) la  esperanza que os está reservada en el Cielo” (Col 1, 3-6). ¿Y qué diremos de otros cristianos, por ejemplo, de los mártires: ¿Por qué han entregado su vida definitiva y generosamente?

       Como decía San Juan de la Cruz: “En el atardecer de la vida nos examinarán del amor”.

       El Credo nos responde, por tanto, de una manera clarísima , a las preguntas que nos hacíamos al principio: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”. 

       Resumiendo mucho, podríamos decir, que el Año Litúrgico  termina como mismo terminará la Historia: Con la manifestación plena y gloriosa de Cristo, Rey del Universo, que destruirá definitivamente la muerte y todo mal  y hará que Dios lo sea todo para todos, como nos dice la segunda lectura. En efecto, sea cual sea el fin material del Universo, esta solemnidad viene a recordarnos con vigor que la Historia humana no terminará, simplemente, con una gran destrucción cósmica o con una catástrofe de otro tipo, o con un fracaso cualquiera, sino con la Venida Gloriosa de Cristo Rey, que nos traerá la recompensa  y nos abrirá a la existencia de la humanidad nueva con el gozo de un encuentro magnífico  y  eterno  con Dios, con los hermanos y con la Creación entera, que será transformada “para participar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom 8, 19-21).

                                                                                                    

                                                                                                     ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


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  DOMINGO 34 DEL TIEMPO ORDINARIO A

 Cristo, Rey del Universo  

MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

El profeta nos presenta al Señor como un pastor, que cuida de sus ovejas. Según la mentalidad de aquella sociedad primitiva, el pastor era el jefe o rey de la comunidad, que tiene también la misión de juzgar entre uno y otro. 

 

SALMO RESPONSORIAL

Como respuesta ala Palabrade Dios, que hemos escuchado, aclamemos al Señor como nuestro Pastor y nuestro Rey.

 

 

SEGUNDA LECTURA

S. Pablo nos presenta a Jesucristo como el nuevo Adán, vencedor por su Muerte y Resurrección del pecado, del mal y de la muerte, y que tiene que reinar hasta que “Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte”. 

 

TERCERA LECTURA

Jesucristo nos recuerda, en el Evangelio, su segunda Venida en la que, como Pastor-Rey de toda la humanidad, nos juzgará según haya sido nuestra conducta con los más débiles de este mundo.

Aclamemos ahora con el aleluya al Señor y a su Reino. 

 

COMUNIÓN

Enla Comuniónrecibimos a Jesucristo, Rey del Universo y Pastor bueno de su pueblo y de toda la humanidad, que nos ofrece su Cuerpo y su Sangre como alimento y fuerza para permanecer, como fieles seguidores suyos, entregados a la hermosa tarea de hacer el bien y de extender su Reino, mientras esperamos su Vuelta Gloriosa.


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Martes, 17 de noviembre de 2020

Comentario del Evangelio de la solemnidad de Cristo Rey del domingo 22 de noviembre de 2020, Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario, escrito por el padre Antonio Rivero L.C.  Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. (ZENIT)

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Ciclo A

Textos: Ez 34, 11- 12.15-17; 1 Co 15, 20-26.28; Mt 25, 31-46

Idea principal: Cristo es Rey…pero muy distinto a nuestros reyes y jefes de estado.

Síntesis del mensaje: La Iglesia católica celebra hoy con gran júbilo la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, con la cual se cierra el año litúrgico. De este modo la liturgia conmemora, cada año, el misterio completo de la Redención del género humano, desde la espera de la venida del Salvador, o sea el Adviento, hasta la celebración del reinado universal y eterno de Jesucristo.

Fiesta instituida por el papa Pío XI en 1925. “Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat”. Ahí están los vítores escritos con bronce triunfal en el obelisco de Heliópolis, hincado en la Plaza de san Pedro.

Puntos de la idea principal

En primer lugar, Jesús habló muchas veces -90 sólo en el evangelio de san Mateo- de “el Reino de los cielos”. Y eso porque no podía decir lo que quería – “El Reino de Dios”-, y eso porque el judío tenía tal piedad, respeto y miedo a Dios que ni a mencionarlo se atrevía.

Pero del título de rey, Jesús huía. Tras la multiplicación de los panes, los estómagos agradecidos quisieron nombrarle rey, pero Él puso tierra de por medio y se perdió en la montaña. De reyes, jefes de Estado, presidentes de naciones, políticos…Jesús tenía mala opinión; los llamó “tiranos” y “opresores” (cf. Mt 2025).

tro día, incitó a la gente contra su propio rey, Herodes: “Id y decid a ese zorro… (Lc 13, 32). Cristo sólo una vez aceptó la corona, el cetro y el manto, y eso porque el manto era un trapo viejo, el cetro una caña rota y la corona era de espinas. Pilatos le sacó así en público: “Aquí tenéis a vuestro rey”.

En segundo lugar, el verdadero reinado Cristo lo quiere instaurar en la conciencia, en el corazón y en la vida de los hombres, de todo hombre. Ese es el único Cristo Rey, esa es la única victoria, reino e imperio que le importa al mundo, a la Iglesia y a Dios.

Cristo quiere reinar en cada familia y poner su reinado de amor y paz, desterrando toda pelea, divisiones y egoísmo. Cristo quiere reinar en cada joven y poner su reinado de pureza y alegría, desterrando toda miseria y desenfreno moral.

Cristo quiere reinar en cada comunidad eclesial y poner su reinado de unión, desterrando envidias, pujas, murmuraciones y ansias de protagonismo. Cristo quiere reinar en cada obispo, sacerdote, diácono y poner su reinado de servicio humilde, desterrando todo autoritarismo y ansias de carrerismo y ambiciones.

Cristo quiere reinar en cada laico, aunque sea incrédulo, ateo, agnóstico. Cristo quiere reinar en cada asilo de ancianos y poner ternura y cuidado amoroso, desterrando la ideología del descarte. Cristo quiere reinar en cada hospital y poner paciencia, alivio e interés por el enfermo.

Cristo quiere reinar en cada Parlamento y poner su reinado de justicia y de verdad, desterrando toda explotación, venganza y ansias de dominio. Cristo quiere reinar en cada nación, instaurando su libertad en este mundo que quiere enarbolar la bandera del liberalismo; venciendo, con la fe y el amor, el marxismo comunista que ha dejado millones de muertes y naciones enteras devastadas.

Y ante este Nuevo Orden Mundial que nos quiere imponer (aborto, eutanasia, homosexualidad aprobada e incentivada, ingeniería genética sin límites…), Cristo quiere reafirmar su Reinado verdadero, ganado con su sangre bendita.

Finalmente, Cristo sobre todo quiere reinar en nuestra vida. Sobre nuestra mente, para que tengamos los criterios de Cristo. Sobre nuestra afectividad, para que nuestros amores sean los de Cristo. Sobre nuestra voluntad, para que nuestras decisiones sean como las de Cristo. Sobre nuestra familia, a ti consagrada.

Para reflexionar: ¿Dejaremos reinar a Cristo en nuestra vida o preferimos ser nosotros rey de nuestras decisiones? ¿Qué ganamos si Cristo es nuestro Rey? ¿Qué perdemos si Él no es nuestro Rey?

Para rezar: Señor, quiero gritar como nuestros hermanos mártires de España y de México cuando eran torturados: “¡Viva Cristo Rey!”. Gracias, por haberme escogido como súbdito de tu Reino. Perdóname por las veces que seguí a otros reyes: el rey de copas del placer; el rey de espadas de la violencia; el rey de oro del dinero. Prometo en este día serte fiel hasta la muerte, con la ayuda de tu gracia.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]


Publicado por verdenaranja @ 21:34  | Espiritualidad
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Viernes, 13 de noviembre de 2020

Comentario del Evangelio del domingo 15 de noviembre de 2020, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, escrito por el padre Antonio Rivero L.C.  Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. (ZENIT)

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo A

Textos: Prov 31, 10-13.19-20.30-31; 1 Tes 5, 1-6; Mateo 25, 14-30

Idea principal: Dios nos da a cada quien unos talentos según nuestra capacidad: a uno, cinco; a un segundo, dos; y al tercero, uno. Talentos materiales y naturales, talentos humanos y espirituales.

Síntesis del mensaje: Ante esos talentos caben estas posturas: o hacerlos rendir con responsabilidad y tesón, o malgastarlos por frivolidad e infantilismo, o esconderlos por pereza y negligencia. Pero Cristo al final de los tiempos nos pedirá cuentas de la administración de esos talentos, destinados a producir, en unos el cien por ciento; en otros, el cincuenta o el veinte por ciento. En esto nos jugamos la santidad aquí y la salvación eterna allá.

Puntos de la idea principal

En primer lugar, comentemos lo que son los talentos. Si vamos a la isla de Creta, por el mar Egeo, y visitamos el palacio rojo de Minos podremos encontrar en el museo los talentos: unos bloques planos, más o menos cuadrados y lobulados, de unos 45 centímetros de lado y peso de 26 a 36 kilos.

No son moneda de bolsillo, sino peso de pago y que, según tiempos y culturas, fueron de oro, plata o bronce. Un talento era un peso. Equivalía a 21.000 gramos de plata. Para entender esto, si un denario equivalía a 4 gramos de plata, entonces un talento equivalía a 6.000 denarios.

Un jornalero judío ganaba un denario en todo un día de trabajo (Mateo 20, 2). Si un jornalero quisiera ganar tan solo un talento, tendría que trabajar 6.000 días, o mejor dicho, ¡casi 20 años! Si hacemos los cálculos correctos, podremos entender que el siervo que recibió cinco talentos en realidad recibió un sueldo de 100 años, el que recibió dos recibió lo equivalente a un sueldo de 40 años y el que recibió uno solo estaba recibiendo el sueldo de 20 años de trabajo.

En segundo lugar, ¿qué tenemos que hacer con esos talentos espirituales, intelectuales, profesionales, deportivos, culturales…que Dios generosamente nos dio gratuitamente? En el evangelio se nos da la clave: negociar.

Es decir, colocar el dinero en el banco, darlo a préstamo con interés, invertirlo en valores. A los dos criados que lo hicieron, el dueño les alabó, y echó fuera al que no lo hizo. ¿Qué hubiera hecho al que hubiese desperdiciado a tontas y a locas, o le hubiesen robado el talento por negligencia? No quiero ni pensarlo, pues se me pone la piel de gallina.

Este evangelio aboga por el sistema “capitalismo -¡ojo!- espiritual”. El amo de la parábola es el Hijo de Dios que, antes de partir para su destino extranjero, que es el cielo, nos dejó una fortuna –la vida y una patria, la familia, la inteligencia, la voluntad,  la afectividad, la sexualidad, los amigos, la salud, la fe, las virtudes teologales y cardinales, los sacramentos, el perdón, el amor, la justicia, el matrimonio, el sacerdocio o la vida religiosa, etc. ¡Y a negociar!

Y, si no, de la parábola aprendamos que otros harán lo que nosotros dejamos de hacer y se cumplirá el evangelio: pasará la fortuna a otros para que negocien y, el que no, que se atenga a las consecuencias de su pereza, de su despilfarro y de su inconsciencia y superficialidad.

Finalmente, una cosa es el talento, la letra del evangelio y otra la música, que es el talante. Jesús estaba hablando a sus discípulos, pero estaban escuchando los fariseos. El fariseo era bien cumplidor: tenía 613 mandamientos y los cumplía, ¡vaya que sí! A rajatabla.

ara talante inmovilista, el suyo. Pero Cristo pedía talante inversionista, creativo, esforzado. Y aquí viene la parte que nos pide Cristo ante esos talentos: nuestro ingenio para invertir honestamente en el banco de la voluntad, esos talentos que Él nos dio gratuitamente y con tanto amor y esperanza. Negociar, emprender, comprometerse.

Con riesgo y todo. Sin miedo al miedo de jugarse la salvación, que sólo se arriesga cuando, como condena Jesús en el evangelio, uno se apunta a conservador, prudente y segurón, vago y cobarde. Y así, de un evangelio, que a primer golpe de vista, parece capitalista, resulta que es un evangelio, no de talentos sólo, sino de talantes.

Para reflexionar: ¿Estoy haciendo rendir los talentos naturales y espirituales que Cristo me ha dado? ¿Tendré que escuchar de Él: “Servidor malo y perezoso”? ¿O escucharé, por el contrario: “Te felicito, servidor bueno y fiel”?

Para rezar: Señor, gracias por los talentos que me has dado, sin yo merecerlos. Perdóname si al presente he desperdiciado, malgastado o enterrado alguno de ellos. Dame voluntad, ingenio, talante y responsabilidad para de ahora en adelante invertirlos para Gloria tuya, bien de la humanidad y mi propia santificación. Amén.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]


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Reflexión a las lecturas del domingo treintitrés del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 33º  del T. Ordinario A

 

La parábola de los talentos despierta siempre nuestra atención e interés, y nos llama al sentido de la responsabilidad ante los dones que hemos recibido de Dios. La parábola está situada en el contexto de la Venida Gloriosa del Señor, que cada año, por estas fechas, recordamos y celebramos.

El Evangelio del domingo pasado era la parábola de las diez vírgenes, y respondía a la pregunta: “¿Cuándo vendrá el Señor? La respuesta la daba el mismo Jesucristo: “Velad porque no sabéis el día ni la hora.” Es lo mismo que nos advierte S. Pablo en la segunda lectura de hoy.

La parábola de los talentos de este domingo, responde a otra pregunta: “Y mientras llega el Día del Señor, ¿qué tenemos que hacer?” En un texto paralelo de S. Lucas, la parábola de las minas, se nos advierte: “Negociad mientras vuelvo”. (Lc 19,13).

El Evangelio nos explica que los empleados que habían recibido cinco y dos talentos, negociaron con ellos y consiguieron otro tanto. Por eso, cuando, después de mucho tiempo, vuelve su señor, recibieron la alabanza y la recompensa que merecían; pero el que había recibido uno y no negoció con él, recibe la reprobación y el castigo.

Es interesante recordar que un talento equivalía a 6000 denarios, y un denario era lo que cobraba un obrero por un día de trabajo. Los cinco talentos equivalían, por tanto, a unos 80 años de trabajo. Incluso, al que le dieron un talento, recibió lo que correspondía a 6000 días. Una cantidad muy importante.

Por todo ello, no podemos interpretar la parábola en clave exclusivamente individual como se hace muchas veces: Dios me dejó unos talentos, una serie de dones personales y cuando llegue la muerte me examinará de lo que he hecho.

No. La parábola, en sí misma, está encuadrada en torno a la Segunda Venida del Señor, como corresponde al capítulo 25 de San Mateo y al domingo 33º del Tiempo Ordinario.

En efecto, el día de su Ascensión Jesús se marchó visiblemente al Cielo, y dejó sus talentos: los tesoros de la salvación, a los apóstoles y, por ellos, a toda la Iglesia; y por la Iglesia, a cada uno de nosotros. Dice San Pablo: “El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros” (Ef 1, 8). Y a cada uno de nosotros nos los deja a la medida de nuestra capacidad, según la vocación de cada uno.

Jesucristo volverá como nos ha dicho; y ese Día, grande y glorioso, tendremos que darle cuenta  de la “administración” de los dones de la salvación que nos ha encomendado con las consecuencias personales y eclesiales que expresa la parábola.

Ahora, por tanto, se nos urge realizar la tarea que nos ha sido confiada: anunciar el Evangelio al mundo entero, llevar los tesoros de la salvación a todos los hombres, cuidar y mejorar todo lo recibido del mismo Jesucristo, para compartirlo con los demás.

Y todo ello siguiendo el dinamismo y el sentido de la responsabilidad de la mujer hacendosa de la primera lectura.

La Jornada de los pobres que celebramos, por cuarta vez, este domingo, constituye y subraya también la urgencia de la tarea porque son ellos los destinatarios preferentes  de los frutos de nuestro trabajo.

Acostumbro a decir que no podemos materializar la ayuda a los pobres: nuestra atención tiene que ser material y espiritual a un tiempo. Me impresionó cuando leí en  Evangelii Gaudium que ¡los pobres hoy no son evangelizados! Y si eso es así, ¿que tipo de Iglesia formamos? ¿La de Jesucristo que vino a evangelizar a los pobres? Y, en el número 200 del mismo documento, dice el Papa que la ayuda preferente que deben recibir los pobres es la asistencia espiritual. Ya nos advierte el Señor: “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se os dará por añadidura”. (Mt 6, 33).

                                                               

                                                                                                   ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


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DOMINGO 33º DEL TIEMPO ORDINARIO A  

MONICIONES  

 

PRIMERA LECTURA

                Escucharemos, en la primera lectura, el elogio de una esposa ideal. Las circunstancias son distintas a las de la vida actual, pero no es difícil traducir su mensaje. 

 

SALMO RESPONSORIAL

                El salmo es un canto al hombre que teme al Señor, es decir que le profesa un respeto filial, sigue sus enseñanzas y cumple sus mandatos. 

 

SEGUNDA LECTURA

                Ni San Pablo ni nosotros sabemos cuándo vendrá el Señor. Por eso hemos de vivir sobriamente y vigilantes como auténticos hijos de la luz. 

 

TERCERA LECTURA

                En el contexto de la Vuelta Gloriosa del Señor, vamos a escuchar este domingo, en el Evangelio, la parábola de los talentos. Un texto muy apropiado para  esta Jornada del Pobre.

                Aclamemos ahora a Jesucristo, el Señor, con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

                Como miembros de una misma Iglesia, nos acercamos al Señor en la Comunión. Él nos ofrece su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, como alimento y fuerza para que seamos capaces de llevar a cabo la tarea que Él nos ha señalado en su Iglesia, especialmente con relación a los hermanos más pobres y vulnerables.


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S?bado, 07 de noviembre de 2020

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo treintidos del tiempo ordinario A 

ANTES DE QUE SEA TARDE

 

Mateo escribió su evangelio en unos momentos críticos para los seguidores de Jesús. La venida de Cristo se iba retrasando. La fe de no pocos se relajaba. Era necesario reavivar de nuevo la conversión primera recordando una parábola de Jesús.

El relato nos habla de una fiesta de bodas. Llenas de alegría, un grupo de jóvenes «salen a esperar al esposo». No todas van bien preparadas. Unas llevan consigo aceite para encender sus antorchas; a las otras ni se les ha ocurrido pensar en ello. Creen que basta con llevar antorchas en sus manos.

Como el esposo tarda en llegar, «a todas les entra el sueño y se duermen». Los problemas comienzan cuando se anuncia la llegada del esposo. Las jóvenes previsoras encienden sus antorchas y entran con él en el banquete. Las inconscientes se ven obligadas a salir a comprarlo. Para cuando vuelven, «la puerta está cerrada». Es demasiado tarde.

Es un error andar buscando un significado secreto al «aceite»: ¿será una alegoría para hablar del fervor espiritual, de la vida interior, de las buenas obras, del amor…? La parábola es sencillamente una llamada a vivir la adhesión a Cristo de manera responsable y lúcida ahora mismo, antes de que sea tarde. Cada uno sabrá qué es lo que ha de cuidar.

Es una irresponsabilidad llamarnos cristianos y vivir la propia religión sin hacer más esfuerzos por parecernos a él. Es un error vivir con autocomplacencia en la propia Iglesia sin plantearnos una verdadera conversión a los valores evangélicos. Es propio de inconscientes sentirnos seguidores de Jesús sin «entrar» en el proyecto de Dios que él quiso poner en marcha.

En estos momentos en que es tan fácil «relajarse», caer en el escepticismo e «ir tirando» por los caminos seguros de siempre, solo encuentro una manera de estar en la Iglesia: convirtiéndonos a Jesucristo.

José Antonio Pagola


32 Tiempo ordinario – A (Mateo 25,1-13)

Evangelio del 8 / Nov / 2020

Publicado el 02/ Nov/ 2020

por Coordinador - Mario González Jurado

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Viernes, 06 de noviembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo treintidos del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez PIÑERO bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"     

Domingo 32º del T. Ordinario A

 

Está terminando el Año Litúrgico. Pronto comenzaremos el Tiempo de Adviento, que nos prepara para la Navidad. Estos domingos, por tanto, son como el declinar de un día, un hermoso atardecer.

Y cada año, por estas fechas, la Iglesia nos invita a recordar y celebrar “la espera dichosa” de la Venida gloriosa del Señor. Y a eso nos invitan las lecturas de estos domingos, en los que se nos recuerda que la Historia humana no terminará, simplemente, en una destrucción cósmica, en un enfriamiento del sol, en un fracaso existencial, y ya está, sino, sea cual sea en final del Universo, la Historia culminará con la Venida Gloriosa del Señor. En la segunda lectura Pablo sitúa aquí la resurrección de los muertos, el día de la glorificación y del premio, el comienzo de una vida sin fin.

También nos centramos en esta realidad las primeras semanas de Adviento. Un tiempo, pues, un tanto amplio para recordar y celebrar esta gran verdad, que profesamos en el Credo: “Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”. También cada vez que celebramos la Eucaristía, profesamos esa fe y esa esperanza.

Pero, a pesar de todo eso, hay un gran desconocimiento en el pueblo cristiano de este grandioso acontecimiento, el más importante que esperamos.

Hemos de esforzarnos siempre por tener una conciencia muy viva de que los cristianos trabajamos, descansamos…, celebramos la Eucaristía, “mientras esperamos la Gloriosa Venida de nuestro Salvador Jesucristo”. Es normal, por tanto,  que lo primero que le pidamos  al Señor, cuando llega al altar, en la Consagración, sea “Ven, Señor Jesús”.

El Evangelio de este domingo nos invita a reflexionar sobre este misterio, a la luz  de la parábola de “las diez vírgenes”. Jesús se vale de la forma en que se celebraban unas bodas en su tierra, para hablarnos de esta realidad.

Un tiempo después de los desposorios, llegaba el día de la boda. Entonces iba el novio acompañado de unos amigos a la casa de la novia, que esperaba rodeada de sus amigas, y era conducida solemnemente a la casa del novio, donde se celebraba el matrimonio y se tenía el banquete, y comenzaba la vida común. Ni que decir tiene que todo estaba perfectamente programado.  Pero Jesús se imagina una boda en la que todo falla: el novio tarda en llegar; las amigas de la novia se duermen; algunas de ellas no han llevado suficiente aceite para sus lámparas; el esposo llega a medianoche, y se oye una voz: “que llega el esposo. Salid a recibirlo”. Y sólo las que estaban preparadas, con aceite para sus lámparas, entraron al banquete de bodas; y se cerró la puerta. Las otras, las necias, que fueron a comprar el aceite y  llegaron tarde y entonces, no pudieron entrar por mucho que insistieron.

La finalidad de la parábola nos la dice Jesucristo expresamente: "Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora". Por tanto, siempre tenemos que estar a la espera del Señor, con el aceite de las lámparas preparado, para que podemos recibirle con las lámparas llenas de luz.

Eso nos hace recordar el rito de la luz de la celebración del  Bautismo, en el que el sacerdote dice: “A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz y, perseverando en la fe, puedan salir con todos los santos encuentro del Señor."

Y en este marco celebramos hoy el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia es, pues, el pueblo de Dios vigilante, que trabaja y espera. A mi gusta contemplarla como un edificio en construcción en el que todos tenemos que trabajar según nuestras cualidades y posibilidades.

¡Y esto es vivir con la sabiduría de la que nos habla la primera lectura!

                    

                                                                                            ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:55  | Espiritualidad
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DOMINGO 32º DEL T. ORDINARIO  A               

MONICIONES

PRIMERA LECTURA

      Al escuchar la primera lectura, nos sentimos animados  a amar y a buscar la sabiduría, es decir, a pensar y vivir según lo verdadero, lo recto, lo bueno.

      Encuentran la sabiduría los que la buscan; se anticipa a darse a conocer a los que la desean. 

 

SALMO

      En Dios está la verdadera sabiduría. Con el salmo expresamos nuestro deseo de Dios, fuente de toda sabiduría y de todo bien: "Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío". 

 

SEGUNDA LECTURA

      Los cristianos de Tesalónica pensaban que sólo los que vivieran en el tiempo de la Segunda Venida del Señor, que ellos consideraban inminente, participarían de su gloria y que quizá los que ya habían muerto, quedarían al margen de aquella glorificación. Pablo sale al paso de aquella falsa creencia con las palabras que vamos a escuchar. 

 

TERCERA LECTURA

      En el Evangelio Jesús nos exhorta a permanecer siempre vigilantes, esperando su Venida Gloriosa, con la parábola de las diez vírgenes.

      Aclamémosle, llenos de alegría, cantando el aleluya. 

 

COMUNIÓN

      Celebramos la Eucaristía, mientras esperamos la Gloriosa Venida de nuestro Salvador, Jesucristo.

      Que Él nos ayude a vivir siempre esperándole, para que, según la imagen del Evangelio de este domingo, podamos salir a su encuentro, cuando llegue,  con las lámparas encendidas.


Publicado por verdenaranja @ 13:46  | Liturgia
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Martes, 03 de noviembre de 2020


El Departamento de Comunicación - Obispado de Tenerife nos participa del SubsidioLitúgico para la elebración del Día de la Iglesia Diocesana 2020 el Domingo, 8 de noviembre de 2020

«Somos lo que tú nos ayudas a ser.

Somos una gran familia contigo».

 

MONICIÓN DE ENTRADA 

Hermanos: bienvenidos todos a nuestra celebración eucarística. En este trigésimo segundo domingo del tiempo ordinario celebramos el Día de la Iglesia Diocesana bajo el lema: «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo». En el seno de nuestra comunidad es donde recibimos los sacramentos, compartimos y vivimos nuestra fe. Cuidemos y fortalezcamos nuestro compromiso con la Iglesia y ahora, en la eucaristía, salgamos al encuentro del Señor, que llega, para que se fortalezca en nosotros la comunión con Él y con los hermanos.

 

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA 

La Liturgia de la Palabra nos invita a buscar, encontrar y a poseer la auténtica sabiduría. Hoy, con la parábola de las doncellas, se nos invita a prepararnos para entrar en el banquete eterno. Jesús nos dice: «velad, porque no sabéis el día ni la hora». Que nosotros sepamos estar preparados siempre y ser aceite para los demás.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES 

 S. En comunión con toda la Iglesia nos dirigimos al Padre:

 

— Por el Papa y los pastores de nuestra Iglesia: para que sean reflejo del amor misericordioso de Dios en cada acto. Roguemos al Señor. 

—Por la Iglesia: para que sea imagen de Dios en todos los rincones, ambientes y realidades. Roguemos al Señor. 

— Por nuestra diócesis, nuestra gran familia de la fe: para que transmita la alegría del evangelio a toda la sociedad. Roguemos al Señor. 

—Por todas las comunidades parroquiales que pasan por dificultades o problemas en su caminar diario: para que sepan ser fieles al amor de Dios. Roguemos al Señor. 

— Por los enfermos y los que sufren, especialmente en este tiempo difícil de la pandemia: para que sean centro y prioridad de nuestras parroquias y sepamos acogerlos y acompañarlos con sabiduría. Roguemos al Señor.

 

S. Escucha, Padre Santo, la oración que tu Iglesia te dirige con fe, y renuévanos a todos a imagen de tu Hijo para ser, en medio del mundo, testigos fieles de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MONICIÓN A LAS OFRENDAS 

En este Día de la Iglesia Diocesana, en el que se nos invita a ser una gran familia, junto con el pan y el vino, presentamos ante el altar los proyectos e ilusiones de nuestra comunidad. Como Cristo se ofrece en el altar, también nosotros entregamos nuestra vida para que él nos transforme con la fuerza del Espíritu.

 

DESPEDIDA DE LA CELEBRACIÓN (sacerdote). 

Hemos compartido la mesa en comunidad, sintiéndonos parte de la Iglesia diocesana y universal. Lo que hemos celebrado en esta eucaristía es signo de lo que un día será el banquete definitivo. Que nuestras lámparas ardan alimentadas con el aceite de las buenas obras. Podéis ir en paz.

 


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