Viernes, 23 de julio de 2021

SANTIAGO APÓSTOL 

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

        En la primera lectura se nos narra el testimonio valiente que dan los apóstoles acerca de la Resurrección del Señor, y la muerte de Santiago, el primero entre los apóstoles que "bebió el cáliz del Señor".

 

SALMO RESPONSORIAL

        En el salmo proclamamos el deseo ardiente de que todos los pueblos conozcan y alaben al Señor. 

 

SEGUNDA LECTURA

        En la segunda lectura, contemplamos cómo los apóstoles cumplen la misión que Cristo les había confiado, en medio de muchas dificultades y persecuciones. "Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús". 

 

TERCERA LECTURA

       Ante la petición de la Madre de los Zebedeos, Jesús les anuncia su futuro martirio: "Mi cáliz lo beberéis".

       Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos de pie el aleluya. 

 

COMUNIÓN

        En la Comunión nos encontramos con Jesucristo que no ha venido a ser servido sino a servir y a entregar su vida por la salvación de todos. Que Él nos ayude a seguir su ejemplo. Así seremos realmente grandes e importantes en su Reino. 


Publicado por verdenaranja @ 13:46  | Liturgia
 | Enviar

Reflexión a las lecturas de la fiesta del Apóstol Santiago ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"                                      

El Apóstol Santiago

 

La Liturgia de esta Solemnidad del Apóstol Santiago subraya el martirio del primero de los apóstoles como Jesucristo les había profetizado a él y su hermano Juan: “Mi cáliz lo beberéis”.

Y la muerte de Santiago se nos presenta este día en el contexto de la vida martirial que llevaban los apóstoles como nos señalan la primera y la segunda lectura de la fiesta del patrono de España, el que nos señala, con su palabra y su ejemplo, el camino a seguir.

Es una verdadera pena –y se trata de una opinión personal-, que el Patrono de España no se celebre como fiesta en todo el territorio nacional.

El libro de los Hechos nos enseña, en la primera lectura, que “los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Por eso, los detuvieron y los llevaron al Sanedrín a presencia del Sumo Sacerdote que les dice: “¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre”. Y ante esta acusación, ellos presentan la primera objeción de conciencia de la historia, que repetirán los mártires de todos los siglos: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Ellos se consumían de rabia y trataban de matarlos”. Y si no llega a ser por la intervención providencial de Gamaliel, fariseo y doctor de la ley, terminan con todos ellos. (Cfr. Hch 5, 34-40).

En la segunda lectura, San Pablo presenta un resumen impresionante de la vida de los apóstoles, y concluye diciendo: “Así la muerte está actuando en nosotros y la vida en vosotros”.

El Evangelio nos presenta una gran revelación: Ya sabemos que los apóstoles discutían con frecuencia sobre quién sería el más importante en el Reino; pero, en esta ocasión, es la misma madre de los Zebedeos la que pide a Jesús que sus dos hijos se sienten en su Reino, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Después del diálogo que todos conocemos, nos dice el texto que los otros diez, al oírlo, como es lógico, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los reúne a todos y les dice que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen, “pero que no sería así entre ellos”.

Y aquí viene lo importante: “El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”.

¡Magnífica revelación! El Señor no rechaza, por tanto, del todo, la pretensión de aquella mujer y de sus hijos: el deseo de ser grandes e importantes, sino que les enseña el verdadero camino: una ruta desconcertante para los discípulos y para nosotros.

¡Como contrasta este camino con la mentalidad del hombre y de la sociedad de hoy: ¡Ser grandes a costa de los demás!, o por el camino de una buena carrera, un buen cargo, un buen puesto en la política; y mucho dinero, mucho bienestar, buena fama…, pero de servir y dar la vida nada.

¡Y esta mentalidad se puede contagiar y, de hecho, se contagia en la vida de la Iglesia como el virus de una epidemia! El Papa Francisco lo ha recordado más de una vez.

Pero nos queda claro, con el ejemplo de Santiago y de los demás apóstoles, después de Pentecostés, lo que tenemos que ser y hacer para ser grandes en el Reino de Dios, en la Iglesia y en el mundo: servir y dar la vida como Jesucristo nos enseñó con su palabra y ejemplo.

Y servir, lo que es servir, no es tan complicado; lo entendemos todos. Y tenemos que comenzar a practicarlo con los de casa, con los que tenemos más cerca.

Y esto lo practican muchos hombres y mujeres, también jóvenes, que dedican todo su tiempo y todo su corazón a servir y a dar la vida por los más pobres. Y el Sucesor de Pedro nos da el primer ejemplo cuando se presenta ante la Iglesia y ante el mundo como “el Siervo de los Siervos de Dios”.

 

                                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!   


Publicado por verdenaranja @ 13:45  | Espiritualidad
 | Enviar
S?bado, 17 de julio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo dieciséis del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 16º del T. Ordinario B 

Vuelven los apóstoles de la misión contando a Jesús “todo lo que habían hecho y enseñado”. El domingo pasado contemplábamos cómo los enviaba, de dos en dos, a todos los pueblos, con una serie de recomendaciones.

¡Estar con Jesucristo, ser enviado por Él y volver a Él! ¡He ahí las características que constituyen la vida del apóstol, del discípulo misionero, que somos nosotros, cada uno de nosotros!

Entonces, Jesús se lleva a los doce en barca a un sitio tranquilo y apartado, a descansar un poco. ¡Se los lleva de vacaciones!

¡Qué importante es ir de vacaciones con el Señor!

Yo digo, a veces, que en la vida espiritual no puede haber vacaciones porque ésta no consiste sólo en el cumplimiento de unas normas o de unos deberes religiosos, sino que comporta, fundamentalmente, el cuidado de una vida, la vida de Dios en nosotros, con todas sus necesidades y exigencias.

Cuando S. Juan Bosco hablaba a los jóvenes, que atendía en el colegio, de las vacaciones, les decía que son la “vendimia del diablo”. ¡Que no sean así para nosotros! Que en las vacaciones, los que puedan tenerlas, haya espacio para la vida espiritual. Hablo a veces en broma de “las vacaciones espirituales” de los que dejan de acudir a la Santa Misa de entre semana, a alguna reunión programada o a otras cosas. Suelo decir sonriendo: “N. está hoy de vacaciones espirituales”.

Hay cristianos, muchos cristianos, que no lo hacen así, que son conscientes de la vida de Dios que late siempre en su interior y se nota en el exterior en su comportamiento cristiano. Y ¿quién no recuerda las actividades de verano que otros años, sin epidemia, organizaban colegios, parroquias y otras instituciones de la Iglesia?

Cuando Jesús y sus discípulos llegan al lugar elegido, se encuentran con una multitud que los habían visto embarcar y se les adelantaron. Y dice el Evangelio que a Cristo “le dio lástima de ellos porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas”.

¡Les estropearon las vacaciones al Señor y a los discípulos”.

Pero su reacción no fue de enfado o nerviosismo; no les dijo: “¿No saben que tenemos que descansar?” Nosotros, en una ocasión similar, diríamos: “¿No saben que estamos de vacaciones? Vengan otro día”.

No podemos olvidar que las vacaciones, que son un derecho laboral, no constituyen, en la práctica, un valor absoluto. Hay muchas personas que, en el tiempo de vacaciones, tienen que trabajar mucho; en algunas ocasiones, las madres, porque, tal vez, hay muchos en la casa y le ayudan poco. Hay quienes tienen que resolver necesidades urgentes o tienen que cuidar a un familiar o algún amigo enfermo o que necesita su ayuda. Y no podemos olvidar a los que no pueden tener vacaciones por motivos económicos o de salud.

Pienso, por ejemplo, que el estilo de vacaciones iniciado por el Papa Francisco, impresiona a mucha gente y dejará huella en la historia: Reduce durante un mes el trabajo y descansa lo que puede en sus mismas instalaciones de Santa Marta sin ir ni siquiera a Castel Gandolfo, la residencia de verano de los papas, cuando en Roma hace mucho calor.

Pero para todas esas cosas hace falta tener un corazón bueno y sensible como el de Jesucristo, según contemplamos este domingo.

Frente a aquellos malos pastores del Antiguo Testamento, que dispersan a las ovejas y no las guardan ni las atienden debidamente, como contemplamos en la primera lectura, Jesús es el Pastor Bueno que anuncia el profeta.

Toda esta narración, que recogen los cuatro evangelistas, subraya esta realidad: ¡Jesús es el Buen Pastor, en esta ocasión, de los apóstoles que vuelven cansados y también de aquella gente que le busca porque le necesita!

Y Él cuenta con nosotros, miembros de su cuerpo, para que le ayudemos, con palabras y obras, a continuar siendo el Pastor Bueno de su pueblo                           

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:07  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 16º DEL TIEMPO ORDINARIO B              

MONICIONES   

 

PRIMERA LECTURA    

      Ante la situación de desconcierto y abandono en que se encuentra el pueblo de Israel, el profeta mira hacia el futuro y anuncia un pastor fiel y capaz de guiarlo. Para nosotros, los cristianos, como veremos luego, en el evangelio, ese pastor es Jesucristo, el Señor.

 

SALMO

      Cantemos ahora, en el salmo, a Dios, nuestro Pastor, que nos acompaña, nos guía, y nos conduce hacia fuentes y pastos de vida. 

 

SEGUNDA LECTURA

      En la carta a los cristianos de Éfeso, que comenzábamos a leer el domingo pasado, S. Pablo continúa hoy exponiéndonos el proyecto divino de salvación: todos los hombres, judíos y gentiles, se unen en Cristo, que ha sellado, con su sangre, nuestra paz.

 

TERCERA LECTURA

      El Evangelio nos narra la vuelta de los apóstoles de la misión, a la que habían sido enviado por el Señor, y su compasión por la multitud, a la que comienza a enseñar muchas cosas.

      Aclamemos ahora a Cristo, buen Pastor, con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

      En la Comunión nos unimos a Cristo, el Pastor bueno, que nos invita a descansar en su compañía. Pidámosle por todos los que pueden disfrutar de un tiempo de vacaciones y por los que no pueden hacerlo, sobre todo, por causa de la crisis y el desempleo, o porque  tienen que ayudar familiares o personas que sufren.


Publicado por verdenaranja @ 12:03  | Liturgia
 | Enviar
Viernes, 09 de julio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo quince del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 15 del T. Ordinario B   

 

Entre todos los discípulos, el Señor “eligió a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar”. Así lo leemos en el Evangelio (Mc 3, 14). Jesús forma con ellos una comunidad que será el origen, el fundamento y el punto constante de referencia del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

En el Evangelio de este domingo, S. Marcos nos presenta a Jesucristo que envía a los apóstoles, de dos en dos, con una serie de recomendaciones. Deben anunciar, fundamentalmente, que el Reino de Dios está cerca.

Y Cristo les da unos poderes sobrenaturales que son “las señales” del Reino”. San Marcos los resume todos con la expresión “dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos”, que están en el origen de todo mal.

Cuando contemplamos esta escena del Evangelio, recordamos y revivimos la llamada que Jesús nos ha hecho a cada uno de nosotros para que estemos con Él y para que anunciemos la Buena Noticia del Reino por todas partes, con palabras y obras.

El fundamento de esta misión es el Bautismo y, sobre todo, la Confirmación. En efecto, por los sacramentos de Iniciación Cristiana nos incorporamos plenamente a la Iglesia, que sale todos los días, como los apóstoles, a predicar la conversión y a hacer el bien a todos, pues la Misión es el deber fundamental, la razón de ser de la Iglesia; y ella encuentra su gozo en anunciar el Evangelio a los pueblos, como escribía San Pablo VI. (Ev. N., 14).

Y, como miembros de esa Iglesia, cada uno tiene que ver si está cumpliendo esa misión o no; y,  en concreto, cómo, cuándo y dónde la cumple. Porque no se trata de un consejo sino de un mandato, un encargo que nos dio el Señor, como última recomendación de despedida, el día de la Ascensión: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la Creación” (Mc 16, 15).

Y cada uno tiene que cumplirla según su propia vocación. No es lo mismo la forma de cumplirla de un sacerdote o de un diácono, que la de una madre de familia. Ya nos advierte el Vaticano II que en la Iglesia hay “diversidad de ministerios, pero unidad de misión” (Ap. A. 2).

Nos dice el Evangelio de hoy que “ellos fueron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos, y los curaban”.

“¡Ellos fueron…!”

Y después de los apóstoles, han sido muchos los que también han ido y continúan yendo por todas partes, hasta los confines de la tierra. Cuando hay un conflicto en cualquier país del tercer mundo y los medios de comunicación dan las noticias, enseguida aparecen los misioneros que estaban allí desde hacía mucho tiempo, sin que ni nosotros ni el mundo de las comunicaciones lo supiera. Dios si lo sabía porque Él lo sabe todo. Y eso les bastaba a ellos.

En medio de la Iglesia Diocesana hay también muchos hombres y mujeres que se comprometen seriamente en las diversas tareas eclesiales.

Pero también han existido y existen muchísimos de los que se podría escribir: “Ellos no fueron”.

Y esa realidad ha traído unas consecuencias muy graves en el mundo, en el que hay tantos millones de hombres y mujeres que ni siquiera han oído hablar nunca de Jesucristo.

Y en los países de antigua tradición cristiana se ha descendido tanto en la vida cristiana, y particularmente, en el apostolado, que, por todas partes, se habla de la necesidad de una nueva evangelización.

¡La misión de la Iglesia constituye, por tanto, una llamada muy fuerte y urgente a todos y a cada uno; y es necesario tomar conciencia, cada vez más, de esta realidad, y  llevarla a la práctica, con el mejor espíritu!

“Ellos no fueron”. Que no se pueda decir ni escribir en el futuro, de ninguno de nosotros, como si se tratara de un nuevo evangelio: “Ellos no fueron”.

                                                                                                                      ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:31  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO B  

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

         En el pueblo de Israel había grupos de profetas profesionales, que estaban al servicio de los dirigentes políticos y religiosos, pero cuando Dios quería que alguno hablara en su nombre, no escogía a esos profetas oficiales, sino que buscaba personas buenas y fieles. Personas dispuestas, si era necesario, a enfrentarse con los poderosos. Escuchemos ahora lo que sucede a uno de estos profetas elegidos por Dios.

SEGUNDA LECTURA

         Comienza hoy la lectura de la carta de S. Pablo a la comunidad cristiana de Éfeso que se prolongará durante seis domingos. Escuchemos ahora cómo el apóstol alaba al Señor por su proyecto de salvación y de vida sobre nosotros. 

 

TERCERA LECTURA

         En el Evangelio contemplaremos al Señor enviando a los apóstoles, de dos en dos, por los diversos pueblos y aldeas, con unas consignas bien concretas.  

Aclamémosle con el canto del aleluya.        

 

COMUNIÓN

         En la Comunión recibimos a Jesucristo, el enviado del Padre, que ha cumplido perfectamente su misión. Él envió a los apóstoles y nos envía también a nosotros a anunciar el Evangelio, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo. Pidámosle que cada uno de nosotros seamos fieles a la misión que Él  nos ha confiado.

 

 


Publicado por verdenaranja @ 12:27  | Liturgia
 | Enviar
S?bado, 03 de julio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo catorce del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

Domingo 14 del T. Ordinario B

 

Para hablarnos, para darnos sus dones, su salvación…, Dios ha querido tener necesidad de la fragilidad de lo humano hasta llegar a hacerse hombre como nosotros. Y así, en su pueblo de Nazaret no le acogen como al Mesías, al que tenía que venir; se quedan en lo humano. Por eso, “no pudo hacer allí ningún milagro porque les faltaba fe”. Y Jesús “se extrañó de su falta de fe”, nos dice el Evangelio de hoy. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando y haciendo milagros; pero sus paisanos de Nazaret se quedaron sin nada.

Y es que la condición humana de Jesús revela su condición divina; es verdad; pero también la oculta. A este hecho lo llamo yo el “Drama de la Encarnación”: ¡Se pueden rechazar los dones de Dios, y, de hecho se rechazan muchas veces, por la envoltura de lo humano con que llegan hasta nosotros!

Aquella gente que escucha a Jesucristo en la sinagoga, por un lado, “se asombra” y, por otro, “desconfía de Él”. Y comienzan a pensar y a decir: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?”.

Estas cosas, que para los otros pueblos constituían pruebas de su grandeza, para los de Nazaret se convierten en obstáculos. Y se muestran incapaces de recapacitar y de abrirse a la fe. ¡Y no se trata sólo de las envidias y los celos de los pueblos pequeños! ¡El problema es más profundo!

Nosotros, como aquella gente, también podemos tropezar en lo mismo. Porque si este es el camino de la Revelación y el camino de la Iglesia, como veremos luego, siempre tendremos excusas para no creer, para no aceptar lo que se nos propone o se nos manda. Es todo tan frágil, tan sencillo, tan simple…, tan humano, que hace falta, a cada paso, revivir nuestra fe, abrirnos “al misterio”.

Si la Palabra de Dios viniera envuelta en un resplandor celestial, si en los sacramentos cambiaran de color los signos, si los profetas y enviados parecieran extraterrestres, si hubiera algún tipo de conversación telefónica para poder preguntar alguna cosa…; pero ¡nada de eso sucede! Y es todo tan simple, tan “normal”, que, a veces, no nos parece que se trate de algo tan divino y sobrenatural.

De ahí que resulte imprescindible, como decía antes, avivar nuestra fe a cada paso.

Y si encima somos “testarudos y obstinados” como dice la primera lectura, la cosa se agrava. Y si los propios enviados tenemos alguna “espina en la carne”, algún emisario de Satanás que “nos apalea”, como dice S. Pablo, en la segunda lectura, todavía peor.

Y todo esto que comentamos de Jesús sucede también en la vida de la Iglesia. “El Drama de la Encarnación” está también presente en ella.

¡No hacen falta grandes análisis para comprobar su debilidad y su fragilidad! Y eso en todo: en sus instituciones, sus signos, sus recursos, su historia y, sobre todo, en las personas que pertenecemos a ella… Pero, a pesar de eso, nos advierte el Vaticano II: “Así como la naturaleza humana asumida sirve al Verbo divino de instrumento vivo de salvación, unido indisolublemente a Él, de modo semejante la articulación social de la Iglesia sirve al Espíritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo” (L. G., 8).

Nos enseña S. Pablo: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2 Co 4, 7).

Y en la segunda lectura de hoy, el mismo Pablo nos presenta “la regla de oro” que regula la existencia de esta realidad tan misteriosa: “La fuerza se realiza en la debilidad”.

                                                                                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:37  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 14º DEL TIEMPO ORDINARIO B    

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

  El pueblo de Israel se había convertido en un “pueblo rebelde”. Y el Señor le envía un profeta. Le hagan caso o no, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos. 

SEGUNDA LECTURA

         S. Pablo, en medio de tantas persecuciones y dificultades, comprende que en la obra de la evangelización, Dios es el que tiene el poder y la eficacia.                Por eso, llega a esta conclusión: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 

TERCERA LECTURA

         El Evangelio nos presenta a Jesús, de visita a su pueblo de Nazaret. Pero allí no pudo hacer ningún milagro porque les faltaba fe.

         Aclamémosle ahora con el canto del aleluya. 

COMUNIÓN

         En la Comunión recibimos a Jesús de Nazaret, el hijo de María, el hijo del carpintero, pero también nuestro Dios y Salvador. Pidámosle que nos ayude a reconocerle siempre presente en su Palabra, en la Eucaristía, en los hermanos, en todo.

         Que seamos capaces de acoger sus dones, a pesar de que vengan envueltos en la  fragilidad de lo humano.


Publicado por verdenaranja @ 11:31  | Liturgia
 | Enviar
Viernes, 25 de junio de 2021

Reflexión a las lecturas del domingo trece del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 13º del T. Ordinario B

 

Nos enseña el Vaticano II: “Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico”. Sin embargo, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte son una realidad en la vida de cada día (Cfr. G. et Sp. 4).

Ante todo eso, se reacciona de diversas maneras, pero siempre con mucho dolor mitigado por la fe y por la fuerza y el consuelo de Dios, cuando se trata de personas creyentes. Y no faltan quienes, en medio de estas circunstancias, “le echan la culpa a Dios”. Y como consecuencia, se rebelan contra Dios y “se pelean con Él”.

A mí, como a cualquier cristiano, me causa perplejidad y confusión esta actitud tan frecuente, porque, desde pequeños, aprendimos lo que hoy nos recuerda el libro de la Sabiduría en la primera lectura: El drama del pecado original, por el que entra en el mundo el sufrimiento, la muerte y el pecado con toda su secuela de males: “Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera…” “Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo…” Y San Pablo nos dirá: “por el pecado, la muerte” (Rom 5, 12).

Es la consecuencia de la falta de formación cristiana que hizo que el Papa Benedicto XVI hablara de “analfabetismo religioso”.

¡Qué peligroso es todo esto! En efecto, una lectura equivocada de la realidad y, particularmente, de los libros sagrados, puede llevar al hombre y a la sociedad a las peores conclusiones, como nos recuerda la Historia.

Por todo ello, cuando Dios se hace hombre nos da la impresión de que, donde Él está, no puede haber enfermedad, ni muerte, ni mal alguno. Así, las hermanas de Lázaro le llegan a decir: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Jn 11, 21 y 32).

¡De esta manera, Jesucristo nos revela el verdadero rostro de Dios, que es el amigo de la vida, la fuente de la vida y el Dios de la vida, de la alegría y de la esperanza!

El Evangelio de este domingo nos ofrece dos ejemplos de lo que estamos comentando: La resurrección de la hija de Jairo, el jefe de la sinagoga, y la curación de una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años, y eso, con solo tocar su manto.

Ya Pedro, en casa de Cornelio, resumirá la vida de Jesús diciendo: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él” (Hch 10, 38).

La segunda lectura, nos presenta a San Pablo organizando una colecta para la comunidad pobre de Jerusalén. Es el ejemplo de la lucha contra el mal, que tiene que realizar todo verdadero discípulo de Cristo. Es más, ¡Esta es la señal de su autenticidad! (Jn 13,35). Dios no quiere un mundo donde unos vivan muy bien y otros, muy mal hasta morir de hambre; un mundo del trabajo dividido entre unos que tienen grandes sueldos, otros que cobran poco y otros que van al “laberinto del paro”.

San Pablo nos señala hoy la formulación exacta: “se trata de igualar”.

Pero esto, no se puede imponer por la fuerza; sólo tiene la fuerza del bien y de la verdad.

Y para conseguir todo esto que comentamos, no podemos pretender que todo se resuelva a golpe de milagros. Ahora, en la ausencia visible de Jesucristo, somos los cristianos, como miembros de su cuerpo místico, los que tenemos que realizar muchas de las maravillas que realizaba Jesús directamente. Ya decía el Señor que el que creyera en Él, haría las mismas obras que Él hacía y aún mayores (Jn 14,12). Por eso, donde está Jesucristo siempre hay esperanza. Incluso, después de la muerte, nos espera la vida en plenitud con Cristo Resucitado para siempre.

                                                                                                     ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:53  | Espiritualidad
 | Enviar

 DOMINGO 13º DEL TIEMPO ORDINARIO B                      

 MONICIONES

 

 

 

PRIMERA LECTURA

            La lectura del Antiguo Testamento, que ahora escucharemos, nos prepara para el Evangelio donde Jesús aparecerá como Señor de la enfermedad y de la muerte, y como amigo de la vida. 

 

SEGUNDA LECTURA

            S. Pablo escribe a los cristianos de la ciudad griega de Corinto, para preparar una colecta a favor de la comunidad pobre de Jerusalén. El mensaje de compartir con los que pasan necesidad sigue siendo plenamente actual.

 

TERCERA LECTURA

            Aclamemos con el canto del aleluya a Cristo, el Señor, que pasa haciendo el bien a los que sufren. 

 

COMUNIÓN

            Jesús, el Señor, nos enseñó, con su palabra y su ejemplo, a luchar contra el sufrimiento, el mal y la muerte.

            Ahora, en la Comunión, nos ofrece su fuerza y su gracia sobreabundantes, para que nosotros hagamos lo mismo en la vida de cada día. 


Publicado por verdenaranja @ 13:49  | Liturgia
 | Enviar