La segunda planta del edificio del Obispado está ocupada por la vivienda, despacho, salones y biblioteca privada del Obispo Diocesano. Su acceso se realiza a través de un arco de piedra hacia la escalera de piedra de subida al cuerpo noble de la casa en la que se hallaba un artesonado de inspiración mudéjar con las pechinas y almizate decorado con mocárabes: uno, el central más voluminoso y cuatro más pequeños en las esquinas. Todo el techo falso de la planta superior estaba tallado en madera.
A lo largo de la historia, la Diócesis ha recibido diversas donaciones de particulares que han deseado legar sus bienes muebles para el servicio directo del prelado. De entre estas familias hay que destacar las importantes donaciones realizadas por los condes de Sietefuentes.
• Entre los objetos decorativos se encontraba cinco bargueños (especie de buró con compartimentos) algunos de ellos con mecanismos secretos, la mayoría del siglo XVII. Estos, dado su valor artístico, fueron catalogados por profesores universitarios.
• Consolas del XVIII y XIX en un estilo tardo barroco y neoclásico.
• Mesas del siglo XVII.
• Juegos de sala, formados por sillones de varios cuerpos y sillas a juego tapizado con tela adamascada, de estilo neoclásico, uno de los cuales era donde recibía el Sr. Obispo las visitas.
• Espejos de estilo Segundo Imperio y otros de inspiración romántica.
• Destacamos, especialmente, las imágenes de San Agustín y Santa Mónica, atribuidas al genovés Antón María Maragliano del siglo XVIII, y que muchos recordarán por formar conjunto con la Virgen de la Cinta de la también incendiada iglesia de San Agustín. La paradoja es que fue de lo poco que se salvó de aquel otro incendio. También, recordar diversas imágenes religiosas de pequeño formato, propias de la devoción popular, como un Niño Jesús de plomo, similar al que se halla en el Museo Sacro de Icod; unas tallas de Santa Teresa de Jesús, de San Miguel Arcángel, de San Antonio de Padua, etc.
• Cuadros: la colección de retratos de todos los obispos de la Diócesis, entre los que destaca la obra de José Aguiar representando a D. Domingo Pérez Cáceres. De este mismo autor, sus bocetos de algunos lienzos de la Basílica de Candelaria. También los bocetos de Martín González pintando los tabaibales de Chimisay. Dos cuadros de Pedro González. Una vera efigie de Nuestra Señora de Candelaria, o la represtación de su coronación canónica. Una Inmaculada Concepción de gran formato, etc.
• Vajillas de porcelana con el anagrama de los condes de Sietefuentes, cubertería, jarras, candelabros, bandejas, juegos de té, todo esto en plata grabada. Cristalería tallada y un frutero de alabastro tallado de tres pisos.
• Lámparas de diversos estilos y materiales, que van desde las mas sencillas de bronce a las mas suntuosas formadas por las arañas de cristal tallado. Junto a ellos quinqués de metal y candelabros de lágrimas de cristal, con cofres y joyeros de nácar y carey.
• Juego de comedor antiguo.
• Figuras de porcelanas del siglo XVIII.
A lo largo de la historia, la Diócesis ha recibido diversas donaciones de particulares que han deseado legar sus bienes muebles para el servicio directo del prelado. De entre estas familias hay que destacar las importantes donaciones realizadas por los condes de Sietefuentes.
• Entre los objetos decorativos se encontraba cinco bargueños (especie de buró con compartimentos) algunos de ellos con mecanismos secretos, la mayoría del siglo XVII. Estos, dado su valor artístico, fueron catalogados por profesores universitarios.
• Consolas del XVIII y XIX en un estilo tardo barroco y neoclásico.
• Mesas del siglo XVII.
• Juegos de sala, formados por sillones de varios cuerpos y sillas a juego tapizado con tela adamascada, de estilo neoclásico, uno de los cuales era donde recibía el Sr. Obispo las visitas.
• Espejos de estilo Segundo Imperio y otros de inspiración romántica.
• Destacamos, especialmente, las imágenes de San Agustín y Santa Mónica, atribuidas al genovés Antón María Maragliano del siglo XVIII, y que muchos recordarán por formar conjunto con la Virgen de la Cinta de la también incendiada iglesia de San Agustín. La paradoja es que fue de lo poco que se salvó de aquel otro incendio. También, recordar diversas imágenes religiosas de pequeño formato, propias de la devoción popular, como un Niño Jesús de plomo, similar al que se halla en el Museo Sacro de Icod; unas tallas de Santa Teresa de Jesús, de San Miguel Arcángel, de San Antonio de Padua, etc.
• Cuadros: la colección de retratos de todos los obispos de la Diócesis, entre los que destaca la obra de José Aguiar representando a D. Domingo Pérez Cáceres. De este mismo autor, sus bocetos de algunos lienzos de la Basílica de Candelaria. También los bocetos de Martín González pintando los tabaibales de Chimisay. Dos cuadros de Pedro González. Una vera efigie de Nuestra Señora de Candelaria, o la represtación de su coronación canónica. Una Inmaculada Concepción de gran formato, etc.
• Vajillas de porcelana con el anagrama de los condes de Sietefuentes, cubertería, jarras, candelabros, bandejas, juegos de té, todo esto en plata grabada. Cristalería tallada y un frutero de alabastro tallado de tres pisos.
• Lámparas de diversos estilos y materiales, que van desde las mas sencillas de bronce a las mas suntuosas formadas por las arañas de cristal tallado. Junto a ellos quinqués de metal y candelabros de lágrimas de cristal, con cofres y joyeros de nácar y carey.
• Juego de comedor antiguo.
• Figuras de porcelanas del siglo XVIII.

