Martes, 28 de febrero de 2006
?Para mis pies antorcha es tu palabra,
luz para mi sendero? (Sal 118[119],105)


?Queridos j?venes!
Al dirigirme con alegr?a a vosotros que os est?is preparando para la XXI Jornada Mundial de la Juventud, revivo en mi alma el recuerdo de las experiencias enriquecedoras hechas en Alemania el pasado mes de agosto. La Jornada de este a?o se celebrar? en las diferentes Iglesias locales y ser? una ocasi?n oportuna para reavivar la llama del entusiasmo encendida en Colonia y que muchos de vosotros hab?is llevado a las propias familias, parroquias, asociaciones y movimientos. Ser? al mismo tiempo un momento privilegiado para hacer participar a tantos amigos vuestros en la peregrinaci?n espiritual de las nuevas generaciones hacia Cristo.

El tema que propongo a vuestra consideraci?n es un vers?culo del Salmo 118[119]: "Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero" (v. 105). El amado Juan Pablo II coment? as? estas palabras del Salmo: "El orante se derrama en alabanza de la Ley de Dios, que toma como l?mpara para sus pasos en el camino a menudo oscuro de la vida" (Audiencia general del mi?rcoles 14 de noviembre de 2001, L?Osservatore Romano, edici?n espa?ola, p. 12 [640]). Dios se revela en la historia, habla a los hombres y su palabra es creadora. En efecto, el concepto hebreo "dabar", habitualmente traducido con el t?rmino "palabra", quiere significar tanto palabra como acto. Dios dice lo que hace y hace lo que dice. En el Antiguo Testamento anuncia a los hijos de Israel la venida del Mes?as y la instauraci?n de una "nueva" alianza; en el Verbo hecho carne ?l cumple sus promesas. Esto lo pone tambi?n en evidencia bien el Catecismo de la Iglesia Cat?lica: "Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra ?nica, perfecta e insuperable del Padre. En ?l lo dice todo, no habr? otra palabra m?s que ?sta" (n. 65). El Esp?ritu Santo, que gui? al pueblo elegido inspirando a los autores de las Sagradas Escrituras, abre el coraz?n de los creyentes a la inteligencia que ?stas contienen. El mismo Esp?ritu est? activamente presente en la Celebraci?n eucar?stica cuando el sacerdote, pronunciando "in persona Christi" las palabras de la consagraci?n, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que sean alimento espiritual de los fieles. Para avanzar en la peregrinaci?n terrena hacia la Patria celeste, ?todos tenemos que nutrirnos de la palabra y del pan de Vida eterna, inseparables entre ellos!

Los Ap?stoles acogieron la palabra de salvaci?n y la transmitieron a sus sucesores como una joya preciosa custodiada en el cofre seguro de la Iglesia: sin la Iglesia esta perla corre el riesgo de perderse o hacerse a?icos. Queridos j?venes, amad la palabra de Dios y amad a la Iglesia, que os permite acceder a un tesoro de un valor tan grande introduci?ndoos a apreciar su riqueza. Amad y seguid a la Iglesia que ha recibido de su Fundador la misi?n de indicar a los hombres el camino de la verdadera felicidad. No es f?cil reconocer y encontrar la aut?ntica felicidad en el mundo en que vivimos, en el que el hombre a menudo es reh?n de corrientes ideol?gicas, que lo inducen, a pesar de creerse "libre", a perderse en los errores e ilusiones de ideolog?as aberrantes. Urge "liberar la libertad" (cfr. Enc?clica Veritatis splendor, 86), iluminar la oscuridad en la que la humanidad va a ciegas. Jes?s ha mostrado c?mo puede suceder esto: "Si os manten?is en mi Palabra, ser?is verdaderamente mis disc?pulos, y conocer?is la verdad y la verdad os har? libres" (Jn 8, 31-32). El Verbo encarnado, Palabra de Verdad, nos hace libres y dirige nuestra libertad hacia el bien. Queridos j?venes, meditad a menudo la palabra de Dios, y dejad que el Esp?ritu Santo sea vuestro maestro. Descubrir?is entonces que el pensar de Dios no es el de los hombres; ser?is llevados a contemplar al Dios verdadero y a leer los acontecimientos de la Historia con sus ojos; gustar?is en plenitud la alegr?a que nace de la verdad. En el camino de la vida, que no es f?cil ni est? exento de insidias, podr?is encontrar dificultades y sufrimientos y a veces tendr?is la tentaci?n de exclamar con el Salmista: "Humillado en exceso estoy" (Sal118 [119], v. 107). No os olvid?is de a?adir junto a ?l: Se?or "dame la vida conforme a tu palabra... Mi alma est? en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley" (ibid., vv. 107.109). La presencia amorosa de Dios, a trav?s de su palabra, es antorcha que disipa las tinieblas del miedo e ilumina el camino, tambi?n en los momentos m?s dif?ciles.

Escribe el Autor de la Carta a los Hebreos: "Es viva la palabra de Dios y eficaz, y m?s cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el esp?ritu, hasta las junturas y m?dulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del coraz?n" (4,12). Es necesario tomar en serio la exhortaci?n de considerar la palabra de Dios como un "arma" indispensable en la lucha espiritual; ?sta act?a eficazmente y da fruto si aprendemos a escucharla para obedecerle despu?s. Explica el Catecismo de la Iglesia Cat?lica: "Obedecer (ob-audire) en la fe, es someterse libremente a la Palabra escuchada, porque su verdad est? garantizada por Dios, la Verdad misma" (n. 144). Si Abrah?n es el modelo de esta escucha que es obediencia, Salom?n se revela a su vez como buscador apasionado de la sabidur?a contenida en la Palabra. Cuando Dios le propone: "P?deme lo que quieras que te d?", el sabio rey contesta: "Concede, pues, a tu siervo, un coraz?n que entienda" (1 Re 3,5.9). El secreto para tener un "coraz?n que entienda" es formarse un coraz?n capaz de escuchar. Esto se consigue meditando sin cesar la palabra de Dios y permaneciendo enraizados en ella, mediante el esfuerzo de conocerla siempre mejor.

Queridos j?venes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una br?jula que indica el camino a seguir. Ley?ndola, aprender?is a conocer a Cristo. San Jer?nimo observa al respecto : "El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo" (PL 24,17; cfr. Dei Verbum, 25). Una v?a muy probada para profundizar y gustar la palabra de Dios es la lectio divina, que constituye un verdadero y apropiado itinerario espiritual en etapas. De la lectio, que consiste en leer y volver a leer un pasaje de la Sagrada Escritura tomando los elementos principales, se pasa a la meditatio, que es como una parada interior, en la que el alma se dirige hacia Dios intentando comprender lo que su palabra dice hoy para la vida concreta. A continuaci?n sigue la oratio, que hace que nos entretengamos con Dios en el coloquio directo, y finalmente se llega a la contemplatio, que nos ayuda a mantener el coraz?n atento a la presencia de Cristo, cuya palabra es "l?mpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el d?a y se levante en vuestros corazones el lucero de la ma?ana" (2 Pe 1,19). La lectura, el estudio y la meditaci?n de la Palabra tienen que desembocar despu?s en una vida de coherente adhesi?n a Cristo y a su doctrina.

Advierte el ap?stol Santiago: "Pero ten?is que poner la Palabra en pr?ctica y no s?lo escucharla enga??ndoos a vosotros mismos. Porque quien se contenta con o?r la palabra, sin ponerla en pr?ctica, es como un hombre que contempla la figura de su rostro en un espejo: se mira, se va e inmediatamente se olvida de c?mo era. En cambio, quien considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella -no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra- ?se ser? bienaventurado al llevarla a la pr?ctica." (St 1,22-25). Quien escucha la palabra de Dios y se remite siempre a ella pone su propia existencia sobre un s?lido fundamento. "Todo el que oiga estas palabras m?as y las ponga en pr?ctica, - dice Jes?s - ser? como el hombre prudente que edific? su casa sobre roca" (Mt 7,24): no ceder? a las inclemencias del tiempo.

Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegr?a la palabra y poniendo en pr?ctica la doctrina: ?he aqu?, j?venes del tercer milenio, cu?l debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generaci?n de ap?stoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desaf?os de nuestro tiempo y dispuestos a para difundir el Evangelio por todas partes. ?Esto es lo que os pide el Se?or, a esto os invita la Iglesia, esto es lo que el mundo - aun sin saberlo - espera de vosotros! Y si Jes?s os llama, no teng?is miedo de responderle con generosidad, especialmente cuando os propone de seguirlo en la vida consagrada o en la vida sacerdotal. No teng?is miedo; fiaos de ?l y no quedar?is decepcionados.

Queridos amigos, con la XXI Jornada Mundial de la Juventud, que celebraremos el pr?ximo 9 de abril, Domingo de Ramos, emprenderemos una peregrinaci?n ideal hacia el encuentro mundial de los j?venes, que tendr? lugar en Sydney en el mes de julio de 2008. Nos prepararemos a esta gran cita reflexionando juntos sobre el tema El Esp?ritu Santo y la misi?n, a trav?s de etapas sucesivas. En este a?o concentraremos la atenci?n en el Esp?ritu Santo, Esp?ritu de verdad, que nos revela Cristo, el Verbo hecho carne, abriendo el coraz?n de cada uno a la Palabra de salvaci?n, que conduce a la Verdad toda entera. El a?o siguiente, 2007, meditaremos sobre un vers?culo del Evangelio de San Juan: "Como yo os he amado, as? amaos tambi?n vosotros los unos a los otros" (13,34) y descubriremos a?n m?s profundamente c?mo el Esp?ritu Santo es Esp?ritu de amor, que infunde en nosotros la caridad divina y nos hace sensibles a las necesidades materiales y espirituales de los hermanos. Por ?ltimo llegaremos al encuentro mundial del a?o 2008, que tendr? como tema: "Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo, que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos" (Hch 1,8).

Desde ahora, en un clima de incesante escucha de la palabra de Dios, invocad, queridos j?venes, el Esp?ritu Santo, Esp?ritu de fortaleza y de testimonio, para que os haga capaces de proclamar sin temor el Evangelio hasta los confines de la tierra. Mar?a, presente en el Cen?culo con los Ap?stoles a la espera del Pentecost?s, os sea madre y gu?a. Que Ella os ense?e a acoger la palabra de Dios, a conservarla y a meditarla en vuestro coraz?n (cfr. Lc 2,19) como lo hizo Ella durante toda la vida. Que os aliente a decir vuestro "s?" al Se?or, viviendo la "obediencia de la fe". Que os ayude a estar firmes en la fe, constantes en la esperanza, perseverantes en la caridad, siempre d?ciles a la palabra de Dios. Os acompa?o con mi oraci?n, mientras a todos os bendigo de coraz?n.
Desde el Vaticano, 22 de febrero de 2006, Fiesta de la C?tedra de San Pedro Ap?stol.

BENEDICTO XVI
Publicado por verdenaranja @ 14:11
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