Viernes, 28 de abril de 2006

Hora Santa


Objetivo: Que las comunidades cristianas puedan reunirse en torno a Jesús sacramentado, para orar por las vocaciones de especial consagración.

Quiénes son convocados: Todas las Comunidades Cristianas.


Celebración de la Palabra, en el marco de una Exposición y Bendición del Santísimo Sacramento.

Ambientación

Preparar la capilla adecuadamente, se pueden colocar frases vocacionales y a la entrada una imagen de Jesús; tener en una hoja los cantos y las partes en que intervienen todos en la celebración.

Celebración

I - CANTOS

1. “Nos envías por el mundo”: expresa la respuesta del creyente al llamado de Dios; y esa respuesta nace de la experiencia que se ha tenido con Él, y de la confianza que es él quien obra en el enviado, en el que oyó esas palabras: ¡No temas, contigo estoy!

2. “Dios precisa de ti”. La persona llamada por Dios a una misión es sólo un instrumento en las manos divinas.

II - TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA

* Ex 3, 1-12: La vocación de Moisés.
Se pretende acentuar algunos elementos de esta lectura que hacen ver toda vocación, como un diálogo entre el Dios que llama y el creyente que responde:
a) cuando Dios se manifiesta, se suele manifestar en todo el esplendor de su grandeza, vv 2, 5 y 6: llama de fuego en una zarza; ¡no te acerques!; quita tus sandalias;
b) Dios llama al hombre (generalmente por su nombre), v 4: ¡Moisés, Moisés!
c) el hombre, lleno de temor ante la manifestación de Dios, se acobarda, le entra miedo vv 6 y 11: Moisés se cubrió el rostro ante Dios; ¿quién soy yo para ir al Faraón?
d) Interviene Dios entonces diciéndole: ¡No tengas miedo!, v 12: Yo estaré contigo y ésta será la señal...
e) El creyente acepta la llamada, convencido de que es un instrumento salvador en las manos de Dios y no el sujeto protagonista de la salvación.

Dios, en esta pedagogía de diálogo, lleva al hombre:
a) a ser objeto de una llamada;
b) a comprender que quien realiza la misión salvadora es Dios, no la persona llamada con sus cualidades o potencialidades; y
c) a vivir alegre y confiadamente esa llamada, en la certeza de que no es él quien realiza acciones que los trascienden.

* Podrían igualmente tomarse otros textos de vocaciones bíblicas que contienen, con pequeñas diferencias, los mismos elementos ya indicados:

Vocación de Samuel: 1Sam 3, 1-19:
Vocación de Isaías, Is 6, 1-8;
Vocación de Jeremías, Jer 1, 4-11;
Vocación de María, Lc 1, 26-38;
Vocación de Pablo, Hch 9, 1-19.


Responsorio para facilitar la meditación de la lectura bíblica

V. El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Y Moisés le replicó al Señor: ¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas de Egipto? Y respondió Dios: Yo estaré contigo; y ésta será la señal que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto ustedes darán culto a Dios en este lugar.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Elí comprendió que era Dios el que llamaba al muchacho y dijo a Samuel: Anda, acuéstate y si te llama alguien, responde: ¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Isaías escuchó la voz del Señor que decía ¿a quién mandaré?; ¿quién irá por mí? Y él contestó al Señor: ¡Aquí estoy, mándame!.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Jeremías le dijo al Señor: ¡Ay, Señor mío! mira que no sé hablar, que soy un muchacho. Y el Señor le contestó: No digas soy un muchacho, que adonde yo te envíe irás y lo que yo te mande dirás. ¡No tengas miedo, que yo estoy contigo!, oráculo del Señor.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Por eso nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo les exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo les pedimos: ¡Reconcíliense con Dios!
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

V. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R. Y marchó como se lo había dicho el Señor.

Momento de silencio y meditación personal

III ORACIONES LETÁNICAS

Presidente: Jesús vino a este mundo a traernos la salvación. Él quería que todos los hombres la tuviesen en abundancia. Oremos con confianza al Padre Dios, Dueño de la mies, para que multiplique en su Iglesia el número de los llamados a colaborar en esa salvación y oremos igualmente por los que han respondido a esa llamada, para que se consolide su fe y aumente su amor pastoral por los hermanos que sirven.
Recemos al Padre Dios y digámosle: ¡Escucha Padre, nuestra oración!

Lector: Por la Iglesia y por todos los que la componemos, para que respondamos al ansia de espiritualidad que vemos en nuestro mundo de hoy, y con el mensaje salvador del Evangelio respondamos a las inquietudes de tantos hombres y mujeres que buscan. Oremos.

* Por los que han sido llamados a participar de la misión de Cristo en el sacerdocio ministerial: para que con entusiasmo y alegría acojan en sí mismos la salvación que anuncian y celebran. Oremos.

* Por los consagrados a Dios en la vida religiosa: para que vivan comprometidamente el Evangelio de Cristo y hagan de su propia vida un anuncio alegre y creíble de ese mismo Evangelio salvador. Oremos.

* Por los jóvenes de nuestras comunidades cristianas que sienten la llamada de Dios: para que respondan con generosidad y se comprometan con constancia en la salvación de los demás. Oremos.

* Por todos los creyentes de nuestra Iglesia: para que el Espíritu Santo suscite en nuestro corazón el deseo misionero que nos lleve a compartir con los demás los dones de la salvación que hemos recibido. Oremos.

* Por todo el pueblo cristiano: para que viva y profundice su experiencia del Señor y, a partir de esta experiencia, no puedan callar la salvación que han experimentado y anuncien la salvación a todos sus hombres con su palabra y con su vida. Oremos.

* Por los que estamos reunidos ahora en oración: para que el Señor nos fortalezca con su gracia y nos haga los apóstoles que necesita la Iglesia y el mundo. Oremos.

Presidente: Con la confianza que tenemos por sabernos hijos del Padre Dios, pidámosle que establezcan su Reino en nuestro mundo y recémosle con fe: Padre nuestro...

Padre Dios, que has querido asociar a los hombres a la salvación de tu Hijo Jesucristo envíanos ministros que, con solicitud y constancia, nos anuncien su Palabra y, con los Sacramentos que celebran, construyan la Iglesia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.


Comentarios