S?bado, 29 de abril de 2006
viernes, 28 abril ZENIT publica el mensaje que Benedicto XVI ha dirigido a los participantes en la sesi?n plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, cuya presidenta es la profesora Mary Ann Glendon.



A la profesora Mary Ann Glendon,
presidenta de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales

Al celebrarse la duod?cima sesi?n plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, le hago llegar mi saludo a usted y a todos los miembros, y les garantizo mis oraciones para que la investigaci?n y la discusi?n de este encuentro anual no s?lo contribuya al avance del conocimiento en vuestros respectivos campos, sino que tambi?n ayude a la Iglesia en su misi?n de testimoniar un aut?ntico humanismo, arraigado en la verdad y guiado por la luz del Evangelio.

Vuestra sesi?n est? dedicada al actual tema: ??Juventud que desaparece? Solidaridad con los ni?os y los j?venes en una ?poca turbulenta?. Algunos indicadores demogr?ficos han mostrado claramente la urgente necesidad de una reflexi?n cr?tica en este ?rea. Mientras las estad?sticas del crecimiento demogr?fico quedan abiertas a diferentes interpretaciones, generalmente se concuerda en que estamos asistiendo a nivel planetario, y particularmente en los pa?ses desarrollados, a dos tendencias significativas e interrelacionadas: por un lado, un aumento de la esperanza de vida y, por otro, una disminuci?n de los ?ndices de natalidad. Ante el envejecimiento de la sociedad, muchas naciones o grupos de naciones carecen de un n?mero suficiente de j?venes para renovar sus poblaciones.

Esta situaci?n es el resultado de m?ltiples y complejas causas --a menudo de car?cter econ?mico, social y cultural--, que os hab?is propuesto estudiar. Pero puede verse que sus razones ?ltimas son morales y espirituales; est?n relacionadas con una preocupante p?rdida de fe, de esperanza y de amor. Traer ni?os al mundo exige que el ?eros? centrado en uno mismo se llene con un ??gape? creativo, arraigado en la generosidad y caracterizado por la confianza y la esperanza en el futuro. Por su naturaleza, el amor tiende a la eternidad (Cf. ?Deus Caritas Est?, 6). Quiz? la falta de un amor creativo y abierto a la esperanza es el motivo por el que muchas parejas no se casan, o explica porqu? fracasan tantos matrimonios y porqu? los ?ndices de natalidad han disminuido notablemente.

Con frecuencia los ni?os y j?venes son los primeros en experimentar las consecuencias de este eclipse del amor y de la esperanza. Con frecuencia, en vez de sentir cari?o y amor, son simplemente tolerados. En una ??poca de turbulencia?, con frecuencia no encuentran gu?as morales adecuados en el mundo de los adultos, en detrimento serio de su desarrollo intelectual y espiritual. Muchos ni?os crecen ahora en una sociedad que se olvida de Dios y de la dignidad innata de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. En un mundo caracterizado por acelerados procesos de globalizaci?n, est?n expuestos ?nicamente a una visi?n materialista del universo, de la vida y de la realizaci?n humana.

Y, sin embargo, los ni?os y los j?venes son por naturaleza receptivos, generosos, idealistas y abiertos a lo trascendente. Ante todo necesitan estar rodeados de amor y crecer en una sana ecolog?a humana, en la que pueden comprender que no han llegado a este mundo por casualidad, sino como un don que forma parte del plan divino de amor. Los padres, los educadores y los responsables de la sociedad, si son fieles a su propia vocaci?n, no pueden renunciar a su responsabilidad de inculcar en los ni?os y en los j?venes el deber de elegir un proyecto de vida dirigido a la felicidad aut?ntica, capaz de distinguir entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, la justicia y la injusticia, el mundo real y el mundo de la ?realidad virtual?.

Al afrontar cient?ficamente los diferentes temas de esta sesi?n, os aliento a considerar estas cuestiones, en particular, la de la libertad humana, con sus amplias implicaciones para una profunda visi?n de la persona y para lograr una madurez afectiva en la comunidad. La libertad interior es, de hecho, la condici?n para un aut?ntico crecimiento humano. Donde falta esta libertad o es puesta en peligro, los j?venes experimentan frustraci?n y son incapaces de luchar con generosidad por los ideales que plasman sus vidas como individuos y miembros de la sociedad. Como resultado, se sienten desalentados o se hacen rebeldes, y su inmenso potencial humano deja de afrontar los apasionantes desaf?os de la vida.

Los cristianos, que creen que el Evangelio ilumina cada uno de los aspectos de la vida individual y social, no dejar?n de ver las dimensiones filos?ficas y teol?gicas de estas cuestiones, y la necesidad de considerar la oposici?n fundamental entre el pecado y la gracia que est? presente en todos los conflictos que inquietan al coraz?n humano: el conflicto entre el error y la verdad, entre el vicio y la virtud, la rebeli?n y la cooperaci?n, guerra y paz. Deben convencerse de que la fe, vivida en la plenitud de la caridad y transmitida a las nuevas generaciones, es un elemento esencial para construir un futuro mejor y salvaguardar la solidaridad intergeneracional, en la medida en que fundamenta todo esfuerzo humano por construir una civilizaci?n del amor sobre la revelaci?n de Dios creador, la creaci?n de hombres y mujeres a su imagen, y la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte.

Queridos amigos, al expresaros mi gratitud y apoyo por vuestra importante investigaci?n, perseguida en acuerdo con los m?todos propios de vuestras ciencias respectivas, os aliento a no perder nunca de vista la inspiraci?n y la ayuda que vuestros estudios pueden ofrecer a los j?venes de nuestro tiempo en sus esfuerzos por vivir vidas fecundas y realizadas. Sobre vosotros y vuestras familias, y sobre todas las personas asociadas al trabajo de la Academia Pontificia de las Ciencias, invoco las bendiciones divinas de sabidur?a, fuerza y paz.

Vaticano, 27 de abril de 2006

BENEDICTUS PP. XVI
Publicado por verdenaranja @ 0:12  | Habla el Papa
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