L Delegación Diocesana de Liturgia nos envía sugerencias para la Liturgia del Tiempo Pascual.
DELEGACIÓN DIOCESANA DE LITURGIA
Pascua 2006
Estimados/as en el Señor:
Siguiendo la línea de Adviento y Cuaresma, les enviamos las sugerencias para el tiempo de Pascua: Una reflexión y oración para cada domingo.
Pueden ser usadas para hacer una hoja cada semana que la gente pueda llevar para la oración en casa. En la Eucaristía de los domingos pascuales, para la oración de los grupos entre semana…
Sí deberíamos hacer lo posible para que nuestras reflexiones y homilías de este tiempo procuraran tener un tinte más positivo, animar, alentar e ilusionar. Cuesta el mismo esfuerzo decir las mismas cosas planteadas de diferente manera. Hablar no tanto de lo que no hemos conseguido sino de lo que nos falta por alcanzar. Sería bueno que diéramos a la Pascua un tono de alegría conforme al lema que vamos a utilizar.
En Pascua somos invitados a realizar el asperge. Las oraciones que hemos adjuntado, pueden ser usadas, según el domingo que corresponda, en este momento. Sería bueno que las tuvieran la asamblea para recitarlas todos en alta voz. También después de la homilía o en la acción de gracias después de la comunión.
Les deseamos a todos/as una feliz Pascua.
EL EQUIPO DE LA DELEGACIÓN.
TIEMPO DE PASCUA
“Devuélveme la alegría de tu salvación” (Sal. 50)
Toda la Pascua es permitir a Dios que nos devuelva lo que creíamos perdido por el camino, como les ocurrió a los discípulos de Emaús y a tantos otros con los que, el Resucitado fue haciéndose el encontradizo. También entre ellos estamos nosotros que, en ocasiones, parecemos desanimados y desalentados, cansados del camino, hablando de lo que puedo haber sido y no fue, resignados a perder lo esencial. Nuestro mundo necesita ver a los hombres que salvó Jesús. Necesita nuestro testimonio. El tiempo de Pascua es permitir a Jesús que nos devuelva la alegría, la experiencia profunda de sabernos y sentirnos salvados. Durante la Cuaresma hemos sido nosotros los que le hemos dicho al Señor lo que necesitamos que renueve. Es ahora cuando Él, quiere hablarnos personalmente. En Pascua, escuchemos lo que el resucitado tiene que decirnos a cada uno. Renovaremos públicamente la fe cada semana, mientras asperjamos el agua sobre nuestras cabezas como recuerdo del bautismo. Renovar la fe es adherirnos de corazón y permitirle que “lo haga todo nuevo”.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Vivamos como resucitados. Dejemos que el Señor, vaya renovando en nosotros lo que amenaza ruina, que nos vaya devolviendo la alegría de la fe. Renueva Señor nuestros cansancios.
(El gesto puede consistir en ir a la fuente de agua convenientemente adornada. De allí se puede tomar cada semana para asperjar al pueblo y renovar las promesas bautismales. En Cuaresma fuimos llenando un recipiente con agua para bendecirla en la Vigilia Pascual, pidiendo, con el Salmo 50, que el Espíritu de Dios nos renovara por dentro. Ahora, al recordar nuestro bautismo y purificarnos con el agua bautismal, le decimos al Señor que nos devuelva la alegría de su salvación)
ORAR EN PASCUA
Id a decir que hoy es fiesta,
que Cristo resucitó
y la mesa está dispuesta.
Id a decir por las calles,
las plazas y los mercados,
por caminos y veredas
que Jesús ha resucitado.
Que el amor, como sol brilla.
Decidlo de puerta en puerta.
Decid que no hay nada igual,
que la muerte está bien muerta.
Id a decir por las calles,
a los niños y a los ancianos.
al que es joven o maduro,
que Jesús está a su lado.
Que Dios ya no está en los cielos.
Que ha bajado de las nubes,
que ahora vive en nuestros ojos
y nuestros rostros asume.
Que Dios marcha por delante,
que nos invita a la danza,
que es un viento irresistible...
Id a encender la esperanza.
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA:
Devuélveme la alegría de la fe y la confianza.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de la fe y la confianza. La fe como experiencia de encuentro. La aparición a Tomás la reserva la liturgia para el último día de la semana de las apariciones, para aquellos que quizás todavía no están convencidos. Tomás, el resistente, el dudoso, el pesimista, el que estuvo tanto tiempo gruñendo que a él no le tomaban el pelo, que no se dejaría convencer tan fácilmente, que él no creería sin más. El es el prototipo de hombre moderno, que no cree más que en lo que toca, que quiere enfrentarse con el mal pero no cree en el bien. No quiere Tomás arriesgarse a esperar, quizás es el que más sufrió en la pasión por no haber sabido morir en ella. Su respuesta: la desconfianza. Estamos viviendo una época muy hermosa. Nunca jamás ha habido tan poca fe, nuca se ha creído tan poco ni los hombres se han considerado tan ateos, tan negativos. Pero tampoco ha habido nunca una época en la que se haya sufrido tanto por no tener fe, en la que se haya tomado tan en serio la trágica condición humana. Sufrir por no amar a alguien, es la prueba del verdadero amor. Sufrir por no poder creer, por no poder esperar, me parece que es la forma de la fe de nuestros tiempos. Y frente a las exigencias de Tomás, la respuesta de Jesús es desconcertante. Parece que se ha dejado vencer por él. Sabía que si se mostraba tan rebelde era porque ninguno se había mostrado tan generoso: “Vayamos, muramos…” Entonces Jesús le habló al fondo de su corazón: “Ven Tomás, haz lo que deseas…” Y allí, en sus llagas, encontró Tomás la forma viva de los clavos, la prueba viva de todo aquel amor con que él había sido amado. El peor reproche que pudo sufrir fue el obtener lo que había pedido como condición para su fe. También tuvo que entregar su fe al Señor. Y allí descubrió la profundidad del amor de Cristo que le hizo caer derrotado, de rodillas. De aquel Tomás dudoso, Jesús sacó el acto de fe más hermoso del evangelio. En el fondo, Tomás creía que no creía. Y eso es comenzar a experimentar la fe. Nosotros tenemos suerte de creer sin obligar a Jesús a que haga lo mismo con nosotros. Nos basta revivir las experiencias profundas vividas a su lado. Devuélvenos Señor, la alegría de la fe.
ORAR EN PASCUA
Sólo te pido el milagro
de seguir creyendo en Ti
cuando algunos que llamaste
te abandonan,
cuando muchos que te aman
no se atreven a arriesgarse por el Reino;
cuando yo, que te he jurado
tantas veces la total fidelidad,
me reduzco a vulgares observancias.
¡El milagro de seguir creyendo en Ti
mientras me hundo en el lago!
TERCER DOMINGO DE PASCUA:
Devuélveme la alegría de la paz.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de la paz. La paz como fruto de ese encuentro. Se presentó Jesús a sus discípulos la tarde de aquel mismo día de la resurrección. La tarde es el tiempo de la tristeza y la soledad. Sin embargo, esta tarde es distinta, es la tarde de la tumba vacía, la tarde del anuncio, la tarde de la resurrección. Sin embargo esto no ha sido suficiente porque ellos están encerrados y asustados. El miedo ha hecho presos sus corazones. Se han cerrado sobre si mismos. En esta situación es en la que Jesús viene, se pone en medio. Los consuela en su temor con el anuncio de la paz. También nosotros podemos estar temerosos y encerrados por el miedo al ambiente que nos rodea, a aparecer distintos, a la cultura dominante, a que nos traten como gente rara, a ser perseguidos, a expresar libre y valientemente el mensaje, a dejar estallar en nosotros la fuerza del Evangelio. Y Jesús se pone en medio, no en alto como superior, ni a un lado como juez, sino en medio, a nuestro nivel y exclama: “Paz a vosotros”. No es la palabra esperada. Quizás pensaban más en un reproche. Jesús hubiera podido enrojecerlos preguntándoles dónde había quedado su fe y sus deseos de seguirle. Y lo hace, pero con esta dulce palabra. Palabra de ánimo, de misericordia, de confianza. Y les muestra sus manos llagadas. Y se alegraron de verle. Sólo el encuentro con el resucitado produce paz. La paz que vence los miedos, no la paz de los cementerios sino la paz que nos pone en marcha, que nos levanta, que hace saltar los cerrojos de las puertas y de los corazones. Y es que las revoluciones pendientes están dentro, en ese espacio interior donde nos encontramos con la propia verdad y descubrimos, a veces a pesar nuestro, que no somos nosotros mismos. Sólo en el interior son posibles los encuentros liberadores con nosotros y con Dios. Encuentros que harán posible otros encuentros y mantendrán nuestra fidelidad, si nos decidimos a andar en verdad. Y a este corazón del hombre amado por Dios es al que se le da la paz de Cristo. Se hace al hombre capaz de sentimientos de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, sentimientos y propósitos que construyen la comunión y la paz. Sabemos Señor que te importa nuestra vida. Cambia nuestros miedos y temores en paz verdadera, tu paz, la que el mundo no puede dar, la paz mostrada en las llagas resucitadas de tu cuerpo vivo. Devuélvenos Señor la alegría de la paz.
ORAR EN PASCUA
Y en esto entró Jesús, se puso en medio,
soy yo, dijo a los suyos, ved mis manos;
serán siempre señal para creer,
la verdad del Señor resucitado.
Las manos de la pascua lucirán
las joyas de la sangre y de los clavos,
alianza de amistad inigualable,
quilates de un amor que se ha entregado.
Esas manos pascuales lucharán
para dar libertad a los esclavos,
para proteger a los débiles, a los caídos,
para construir la ciudad de los hermanos.
Manos libres, humildes, serviciales,
gastadas en la lucha y el trabajo;
son las más disponibles, los primeras
en prestar el esfuerzo necesario.
Manos resucitadas han de ser
las manos de la gracia y del regalo,
no aprenderán jamás lo de cerrarse,
siempre abiertas al pobre, siempre dando.
Las manos amistosas, siempre unidas,
y que nunca serán puños armados,
no amenazan altivos y violentos,
amigas de la paz y del diálogo.
Manos agradecidas, suplicantes,
que bendicen a todos como a hermanos,
que protegen a débiles, a niños,
que se alzan fervorosas suplicando.
¡Oh Señor de los manos traspasadas,
oh Señor del dolor resucitado,
pon tus manos heridas en los mías,
que te cure del dolor en otras manos!
CUARTO DOMINGO DE PASCUA:
Devuélveme la alegría de saber que me necesitas.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de saber que me necesitas. Soy buscado. Su propuesta, llamada gratuita, escuchada en un corazón pacificado. Jesús se muestra como Pastor. Es el responsable afectuoso de cada uno, el que nos cuida con atención, paciencia, amor incansable y supremo hasta la entrega total de sí. Dar la vida es algo grande, pero es obra humana. Sin embargo, en Jesús esa entrega tiene como fondo la voluntad del Padre. Jesús está unido a nosotros no como un héroe que da la vida, sino como la expresión de la ternura del Padre por cada uno. Nos conoce como el Padre le conoce a Él. Y que bueno sentir ese amor que se traduce en búsqueda. Me busca el Señor, se ha empeñado en buscarme como la oveja perdida. No se resiste el Señor a perder a ninguno de los que el Padre le ha dado. Hay gente que vive perdida en su mente o en su corazón. Hacer el esfuerzo de dejarnos encontrar. Esto supone cambiar el corazón, desmantelar tinglados, no tener miedo a que Él, con su luz, ponga al descubierto las cosas que encierra nuestro corazón. Y si nos busca es porque nos necesita. Dios se basta a si mismo, pero prefiere contar contigo. Si nos busca es porque no se resiste a perder lo que tanto le costó rescatar. Es también la jornada mundial de oración por las vocaciones. Pedimos a Dios que suscite vocaciones en su Iglesia y nos ayude a cada uno a responder en aquella a la que nos llama. Devuélveme la alegría de saber que me necesitas.
ORAR EN PASCUA
Te damos gracias, Señor
por que eres el amor y la vida,
el Buen Pastor.
Sin nombrarte o reconociendo tu nombre,
todos los hombres te buscan.
También te buscamos nosotros,
cuando escuchamos tu voz y te seguimos.
Te bendecimos, porque el Espíritu,
que todos llevamos dentro,
nos impulsa a reconocer tu palabra y tu obra
en las encrucijadas de la vida,
allí donde hermanos nuestros
trabajan por la verdad, la justicia, la libertad.
En el fondo de nosotros mismos
sentimos una llamada a la vida,
a la bondad, a la sinceridad.
Es el eco de tu voz que resuena
en lo más profundo de cada ser humano.
Con la inmensa muchedumbre de los que te siguen
te damos gracias
QUINTO DOMINGO DE PASCUA:
Devuélveme la alegría de la fidelidad.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de la fidelidad. La fidelidad como respuesta a su proyecto y modo ordinario de vivirlo. No es fácil permanecer. El mundo en el que vivimos nos invita a comprar y vender, consumir y desechar. Ya se construyen pocas cosas deseando que duren. Y eso se nos puede pegar a nosotros. Usar y tirar. Olvidarnos de Dios y sus beneficios, desconfiar de Él y ser infieles. Sin embargo, el resucitado nos invita a la fidelidad. Esa bendita capacidad de permanecer a pesar de todo. De reconocer que allí donde nos sembró, aunque el camino se haga duro y a veces nos falten las fuerzas, es el lugar donde hemos de permanecer. Fidelidad es una virtud que inclina la voluntad a adherirse a la palabra dada, a la promesa y al compromiso adquirido. Forma parte de la sinceridad, del amor a la verdad. Significa una donación mutua, una amistad profunda, una confianza plena, un compromiso permanente. La fidelidad cristiana no es una actitud estática, sino un seguimiento amoroso, que se concreta en la donación personal a Cristo para prolongarlo en la Iglesia y en el mundo. Es proclamarlo como Señor Resucitado presente, Centro de la creación y de la historia, razón de nuestro existir. Para ello hemos de recuperar el encuentro. Volver al amor primero. Desempolvar no sólo las sensaciones primeras sino sobre todo, las convicciones. Aquellas razones sobre las que se sustenta nuestra vida personal y de fe. Pero no una razones meramente racionales, sino las que se han fraguado teñidas de vivencia y experiencia profunda y ser coherentes con ellas. Buscar su voluntad con sinceridad sabiendo que de nada serviría la búsqueda si no hubiese aceptación. Aprender a ser discípulos viviendo unidos a Él, como los sarmientos a la vid. Sólo permanece quien se sabe unido a la verdadera vid. Por eso hemos de ser constantes. Esa es la prueba de la verdadera fidelidad, la duración en el tiempo. El Resucitado nos quiere unidos a Él, pone todos los medios para que no nos separemos, para que vivamos en íntima comunión. Solos no podemos. Devuélveme Señor la alegría de la fidelidad.
ORAR EN PASCUA
Tú vives, has resucitado de entre los muertos.
Tú vives, ha sido un milagro patente.
Tú vives, la muerte ha sido vencida.
Tú vives, la vida es más grande que la muerte.
Tú vives, primicia de todos los vivos.
Tú vives, y eres la vida.
Tú vives, tu carne no ha conocido la corrupción.
Tú vives, no has sido abandonado a la muerte.
Tú vives, y nos enseñas el camino de la vida.
Señor resucitado, sé nuestra fuerza, nuestra vida.
Señor resucitado, danos la alegría de vivir.
Señor resucitado, ábrenos a la inteligencia de las Escrituras.
Señor resucitado, enséñanos a caminar como hermanos a tu encuentro.
Señor resucitado, haz de nosotros una comunidad en marcha,
una comunidad viva y de vida.
Señor resucitado, pon calor en nuestros corazones.
Señor resucitado, pon claridad en nuestros ojos de creyentes.
Señor resucitado, pon humildad en nuestra vida entera
para reconocerte como vivo.
Señor resucitado, pon espíritu en nuestra alma
para confesarte delante de todos con valentía
SEXTO DOMINGO DE PASCUA:
Devuélveme la alegría de la entrega.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de la entrega. Como fruto y consecuencia de la fidelidad. Sólo se entrega en plenitud quien trata de ser fiel cada día. Entregarse hasta dar la vida. En ocasiones sólo entregamos retazos del corazón y a quien o en lo que nos interesa. El Señor nos invita a entregarnos en totalidad, a no reservarnos porque Él toma únicamente lo que voluntariamente le damos. Nuestra libre cooperación es necesaria para la realización de los eternos designios de la misericordia divina. Un amor oblativo que no mida ni calcule porque sólo así, abrimos de par en par las puertas para que la gracia nos invada. Una entrega sin condiciones ni limitaciones puesto que está por medio la amistad, la fidelidad al amigo incuestionable, Jesús. Una entrega total, como un cheque en blanco reservando cada día nuestras fuerzas para lo que nos vaya reservando el Padre auque en ocasiones se muestre entre nubarrones y dudas. Una entrega que debemos renovar cada día para que no nos llegue la rutina y el deseo de recuperar lo dejado. Dice San Juan de la Cruz que el corazón del que ama ya no es suyo, lo dio al Amado. El Reino de los Cielos no tiene precio y cuesta exactamente lo que tengamos. Siendo cada día más hermanos, cultivando amistades sinceras, descubriendo el verdadero rostro del otro, siendo gratuitos y generosos. La amistad de Dios con los hombres crea la capacidad de amistad entre los hombres. Devuélvenos Señor, la alegría de la entrega para podernos seguir entregando con alegría.
ORAR EN PASCUA
Señor Jesucristo, que enviaste a los tuyos
a anunciar por el mundo el inmenso amor
que Dios nos tiene,
danos a nosotros fuerzas y capacidad
para seguir los caminos de tantos cristianos
que te han anunciado en todo el mundo,
y han hecho de este espacio de vida
un lugar más humano y más fraterno.
Que anunciemos y practiquemos la fraternidad,
la justicia, la libertad y la solidaridad.
Y, si quieres enviarnos
a anunciar tu mensaje en el mundo
de una forma especial,
con un compromiso de por vida,
danos con tu llamada
los talentos necesarios para seguirla
con fidelidad y juventud,
con alegría y entusiasmo,
seguros de que Tú vas con nosotros.
Gracias, Jesús, por hacemos de los tuyos
y darnos un corazón capaz de ser más grande
que nuestras fronteras de raza y sociedad. Amén.
ASCENSIÓN DEL SEÑOR:
Devuélveme la alegría de sentirme enviado.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de sentirme enviado. Y quien se en entrega sabe que en ella, encuentra sentido a su vida. Dad gratis lo que gratis recibisteis. No se puede reservar lo que lleva dentro. Dios existe y yo me lo encontré. Salir al mundo y llevar a todos la experiencia de habernos encontrado con Él. Ir conscientes de que la fuerza que nos anima es el Espíritu que Jesús Resucitado nos promete y transmite como principio de vida nueva que debe ser anunciada y comunicada a todos los hombres. La fe es siempre propuesta jamás imposición. Por eso su contenido es el seguimiento de Cristo, la obediencia al Evangelio, el cumplimiento de los mandamientos de Jesús, la adhesión bautismal a la vida Trinitaria, la separación de la vida incrédula, implorando y acogiendo la remisión de los pecados con la certeza de que nuestro sustento es la certeza de que Jesús está con nosotros hasta el fin del mundo. Nos necesita el Señor para enviarnos en su nombre, y no podemos quedarnos mirando al cielo. Devuélveme la alegría de sentirme enviado.
ORAR EN PASCUA
No es la hora del miedo y la soledad.
No es el tiempo de la dispersión.
No es el momento de hacer los caminos en solitario.
No es la época de la uniformidad.
No son los días de desesperar.
Es la hora del Espíritu.
Es la hora de la comunión.
Es el tiempo de la verdad.
Es la llegada de la libertad.
Es la hora de quienes tienen oídos para oír.
Es la hora de quienes tienen corazón de carne
y no de piedra.
Es el tiempo de los que adoran en Espíritu y Verdad.
Es el tiempo de los que creen y esperan.
Es el tiempo para los que se quieran hacer nuevos.
Es el tiempo para los que quieran hacer lo nuevo.
Es ahora cuando todo es posible.
Es ahora cuando el reino está en marcha.
Es ahora cuando merece la pena no volverse atrás.
Es ahora cuando podemos darnos la mano.
Es ahora cuando su voz grita.
Es ahora cuando los profetas tienen que gritar.
Es ahora cuando los miedosos no tienen nada que hacer.
Es ahora cuando nuestra fuerza es el Señor.
Es ahora cuando el Espíritu del Señor está sobre nosotros.
Es ahora el tiempo del Espíritu.
Es ahora cuando los creyentes pueden proclamar:
«Me ha enviado a proclamar la paz, y la alegría»
DOMINGO DE PENTECOSTÉS:
Devuélveme la alegría de vivir en comunión, en Iglesia.
A MODO DE REFLEXIÓN:
Devuélveme la alegría de vivir en comunión, en Iglesia. Y todo vivido desde la experiencia profunda de comunidad.
(Esta última semana la enviaremos en su momento junto con el dossier de Pentecostés y un posible esquema de Vigilia)
ORAR EN PASCUA
Envía tu Espíritu
sobre joven y viejo,
sobre hombre y mujer,
sobre alto y bajo,
sobre este y oeste.
Derrama tu fuego
en el corazón del hombre,
en la boca del hombre,
en los ojos del hombre,
en las manos del hombre.
Envía tu Espíritu
sobre los que creen,
sobre los que dudan,
sobre los que aman,
sobre los que están solos.
Derrama tu fuego
en las palabras de los hombres,
en el silencio de los hombres,
en el hablar de los hombres,
en las canciones de los hombres.
Envía tu aliento
sobre los que construyen el futuro,
sobre los que conservan los valores,
sobre los que protegen la vida,
sobre los que crean belleza.
Envía tu Espíritu
sobre los casas de los hombres,
sobre los ciudades de los hombres,
sobre el mundo de los hombres,
sobre todos los hombres
de bueno voluntad.
Aquí y ahora,
sobre nosotros, derrama tu Espíritu
y que esté con nosotros para siempre.