Las empedradas calles del casco urbano macense acogen desde ayer los arcos, alfombras, pasillos y descansos para la procesión hoy del Santísimo, una muestra que refleja el esfuerzo de todos los vecinos y el gusto por diseños tradicionales.
(EL DÍA, 15 - VI, V.M., Mazo) Semanas de esfuerzo, vistas cansadas, mucho tiempo familiar invertido en medio de flores, legumbres y telas que se aglutinan sobre mesas de madera... es la fiesta del Corpus Cristhi. La expresión más genuina de un pueblo, de la Villa de Mazo, para honrar, con el sentimiento más profundo, al Santísimo.
Ayer, igual que antaño y semejante al futuro, las calles empedradas y empinadas del casco urbano cambiaron de color. Ese gris pálido que las caracteriza, aquel adoquinado salpicado de tierra, se convirtió en un arco iris, en una fe multicolor, plagada de arcos, alfombras, pasillos y descansos por donde hoy, esta tarde, deberá transcurrir la procesión del Santísimo.
Todos los barrios, sin exclusión, cada uno en el marco de sus propias posibilidades, con su gente y sus "cosas", exponen una muestra de manualidades más propias de verdaderos especialistas, de artistas consagrados. Pero no, en absoluto, son gente que cada tarde, incluso de noche, dedica su tiempo, aquel que le deja libre su profesión, para una elaboración que seguramente está guiada por una pasión que ellos, sólo ellos, sabrían explicar.
Pese a la unidad y la labor realizada minuciosamente, cada barrio vive unos últimos días de tensión. Parece, siempre parece, que el tiempo será poco para poder acabar los detalles que, aunque no se quiera, se observan en el último momento. Es un suspiro. Pero hoy, nunca antes, miles de personas recorrerán el "paisaje" expuesto. Es una visita extremadamente sencilla, a veces demasiado rápida, en la que quizás es muy complicado poder valorar en su justa medida el trabajo realizado. En el fondo, de verdad, tampoco se busca el reconocimiento público. Se hace por fe. Simplemente por eso. Y, es verdad, también por orgullo. Por el orgullo de ser macense.
(EL DÍA, 15 - VI, V.M., Mazo) Semanas de esfuerzo, vistas cansadas, mucho tiempo familiar invertido en medio de flores, legumbres y telas que se aglutinan sobre mesas de madera... es la fiesta del Corpus Cristhi. La expresión más genuina de un pueblo, de la Villa de Mazo, para honrar, con el sentimiento más profundo, al Santísimo.
Ayer, igual que antaño y semejante al futuro, las calles empedradas y empinadas del casco urbano cambiaron de color. Ese gris pálido que las caracteriza, aquel adoquinado salpicado de tierra, se convirtió en un arco iris, en una fe multicolor, plagada de arcos, alfombras, pasillos y descansos por donde hoy, esta tarde, deberá transcurrir la procesión del Santísimo.
Todos los barrios, sin exclusión, cada uno en el marco de sus propias posibilidades, con su gente y sus "cosas", exponen una muestra de manualidades más propias de verdaderos especialistas, de artistas consagrados. Pero no, en absoluto, son gente que cada tarde, incluso de noche, dedica su tiempo, aquel que le deja libre su profesión, para una elaboración que seguramente está guiada por una pasión que ellos, sólo ellos, sabrían explicar.
Pese a la unidad y la labor realizada minuciosamente, cada barrio vive unos últimos días de tensión. Parece, siempre parece, que el tiempo será poco para poder acabar los detalles que, aunque no se quiera, se observan en el último momento. Es un suspiro. Pero hoy, nunca antes, miles de personas recorrerán el "paisaje" expuesto. Es una visita extremadamente sencilla, a veces demasiado rápida, en la que quizás es muy complicado poder valorar en su justa medida el trabajo realizado. En el fondo, de verdad, tampoco se busca el reconocimiento público. Se hace por fe. Simplemente por eso. Y, es verdad, también por orgullo. Por el orgullo de ser macense.

