sábado, 01 de julio de 2006
1 de Julio

Escrito sacado de las páginas amarillas de IGLESIA DOMICICAL, año XXXV, número 14.

CANTOS PARA LA LITURGIA
DE DIFUNTOS



No podemos quejarnos de falta de repertorio. Las exequias de los cristianos han sido dotadas de abundantes cantos, todos ellos de gran calidad por lo que se refiere a la fidelidad a los textos que la liturgia propone. Basta consultar el índice del Ritual de Exequias, segunda edición de 1989, el cual, además de los salmos procesionales y otros cantos para los distintos momentos insertados en el cuerpo de la obra, lleva además, en el séptimo apéndice, una excelente relación de cantos para la celebración de la eucaristía, tanto del repertorio gregoriano, como los compuestos especialmente para ese ritual (publicados de forma anónima, para darles más énfasis de "canto oficial"), como, finalmente, otros cantos de autor debidamente seleccionados y, en este caso, recomendados.

Los cantorales genéricos recogen, con los mismos criterios, algunos de los cantos del citado ritual y proponen otra selección de cantos de autor, en parte coincidentes. Es muy completo, en este sentido, el Cantoral Litúrgico Nacional en su segunda edición de 1993, en los números que van del 451 al 472. El nuestro, el Cantoral de "Misa Dominical", los publica, de modo más reducido, en los números 681 al 690 (o bien 81-90, según ediciones). Fuera de su lugar específico se encuentran otros cantos que también pueden ser aptos como "Al atardecer de la vida" de Gabaráin (CLN 739, MD 697) o bien "Acuérdate de Jesucristo" de Deiss (CLN 202, MD 952), y otros.

El problema no radica en la escasez de repertorio sino en la posibilidad de utilizarlo. No es suficiente que un canto exista y esté publicado. Es preciso que el pueblo fiel lo conozca y lo cante. Sucede además que, en las exequias, acuden muchas personas que no están habituadas a participar regularmente en el culto. Y los mismos familiares, aun en el caso de que sean practicantes, tienen más ganas de llorar que de cantar.

En esta materia, se hace difícil dar orientaciones válidas para todo el mundo. La celebración de las exequias en los tanatorios de las grandes ciudades, ha introducido la práctica de cantantes y músicos profesionales o el uso de gra¬baciones discográficas que substituyen completamente el canto del pueblo. Hay una gran diversidad entre el centro de las grandes ciudades, las iglesias de barrio y las parroquias rurales. La variedad de prácticas ha desbordado las previsiones de los rituales, incluso los más prolijos como el citado al principio. La misa exequial, en algunos lugares, se celebra un único día de la semana en el que se congregan varias familias y se aplica a la vez por varios difuntos.

En estos casos, a veces la liturgia de día prevalece sobre las exequias y, en lo que se refiere a los cantos, se prefiere asegurar la participación de la comunidad con cantos más genéricos que con los estrictamente de difuntos.

De todo ello se deduce una dispersión enorme de prácticas en el momento actual, que hacen difícil hablar del tema. Queda siempre la tensión hacia el “ideal”, aún sabiendo que, a veces, no lo podemos alcanzar.

Alberto Taulé


Publicado por Desconocido @ 15:43  | Liturgia
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