martes, 04 de julio de 2006
En el quinto centenario del nacimiento de San Francisco Javier el P. Luis Pérez s.x. nos hace reflexionar sobre los palanes de Dios en su persona (Boletín "Misioneros Javerianos", Mayo 2006 número 423, año XLIII)

Entre nosotros


compartiendo una ilusión


EL PROYECTO DE DIOS


Francisco había llegado a París lleno de sueños y proyectos, se puede decir iue tenía su futuro asegurado: estudios en París, canonjía en Pamplona, haBía pedido un certificado de nobleza para acreditar su noble cuna. Francisco venía SU PROYECTO, no contaba que, en París, el encuentro con Ignacio de Loyola le llevaría al encuentro con Dios, a una conversión radical y a entre


Francisco tenía sus proyectos, pero lescubre que era distinto el proyecto que )ios tenía sobre él. Con la ayuda de Ig¬iacio entra en una nueva lógica: no se rata sólo de discernir entre lo bueno y lo nalo, sino, sobre todo, de descubrir EL SIEN concreto que Dios quiere para él. )e esta forma, después de un laborioso lamino, el 15 de agosto de 1534, en el monasterio de las benedictinas de Mont¬nartre, Ignacio, Pedro, Francisco y otros cuatro compañeros hacen su profesión eligiosa, consagran sus vidas a Dios, [ando así inicio a lo que luego sería la lompañía de Jesús.

Principio y fundamento

Para entender la transformación de Javier, su total y entusiasta entrega al Señor, hay que recordar el «Principio y funda-mento» de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que Javier hizo suyo y que dice: «El hombre es criado para ala-bar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma». Consciente de este principio, Francisco pone al servicio de Dios su vida, sus cualidades, su entusiasmo. El descubrir a Dios y su llamada se presenta para Francisco como algo irresistible que encuentra en él su res-puesta más generosa. Francisco se deja deslumbrar por Dios experimenta en su co-razón la fuerza de su amor: dedicará toda su vida a amar y servir al Señor con todo su corazón, y a anunciar este amor a todos lo que quieran escucharle.

Nuevo proyecto

Francisco, después de su conversión, se siente pro¬yectado fuera de sí mismo, de sus proyectos anteriores y comienza a seguir el sue¬ño, el proyecto que Cristo tiene para él, fascinado por el Señor, se siente catapultado a amarle, a donar toda su vida, una vida que se convierte en anuncio de amor al mundo. La iluminación se transforma en amor como servicio y donación responsable y entusiasta de sí mismo a Dios y a la humanidad. Fran-cisco acepta abandonar sus proyectos para buscar a Dios allí donde El quiere ser encontrado.

El amor de Dios

La vida de Francisco refleja la oración que tantas veces había repetido hacien¬do los Ejercicios Espirituales: « Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi inteligencia, mi voluntad, todo lo que tengo y poseo. Tú me lo has dado; a Ti, Dios mío, te lo devuelvo, todo es tuyo; dispón según te plazca. Dame tu amor y tu gracia, esto me basta».

Francisco, por otra parte, hace suyas la oración de Ignacio: >«Señor de todas las cosas, te presento mi oferta. Quiero, deseo y es mi más firme voluntad imitarte, soportando todo tipo de insulto, desprecio o pobreza, si quieres aceptarme y ponerme en este estado de vida». Francisco se consagra al Señor, ha descubierto su amor, desde ahora el vivir y el responder a ese amor será la finalidad de su vida. Ahora, el proyecto y el plan de Dios será el PROYECTO Y EL PLAN de Francisco.

Francisco experimentó lo que San Pablo nos dice en la carta a los Filipenses: «Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo tuve por pérdida comparado con el Mesías; más aun: cualquier cosa la tengo por pérdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías Jesús mi Señor. Por El perdí todo aquello y lo tengo por basura con tal de ganarme a Cristo e incorporarme a El..» (Flp 3, 7-9).
El secreto y el nuevo proyecto de Francisco tienen un mismo nombre: EL AMOR DE CRISTO.

P. Luis Pérez Hernández s.x.
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