miércoles, 19 de julio de 2006
Explicación del sentido de los diferentes elementos del lugar donde celebramos los sacramentos y la Eucaristía, publicado en las "Págimas verdes" de MISA DOMINICAL, 2002.


LA CASA DE DIOS,
LA CASA
DE LA COMUNIDAD




Es importante que conozcamos el lugar donde celebramos la oración, los sacramentos y, sobre todo, la Eucaristía. Que conozcamos el sentido que tienen los diferentes espacios de una iglesia: el altar, el ambón de la Palabra, la sede del presidente, el lugar que ocupa la comunidad, los espacios bautismal y penitencial, la capilla del Santísimo…

Tanto si nuestra iglesia es un parroquia normal como una catedral como un santuario famoso o una humilde capilla, tiene importancia para nuestra celebración y debemos apreciar el sentido que tiene cada uno de sus espacios.

Cristo Jesús, el más importante en esta iglesia

Lo más importante que hay en esta iglesia es lo que no se ve. Y es una Persona. El protagonista de todo lo que aquí pasa es Cristo Jesús, el Señor Resucitado, que nos prometió: "Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el final del mundo", y también: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo", y también: "Tomad y comed: este Pan es mi cuerpo, entregado por vosotros"...
Es él quien nos congrega, quien nos comunica su Palabra, quien nos perdona, quien se nos da como alimento. Nosotros nos reunimos aquí cada día o cada domingo para celebrar todo eso, para dejarle a él que nos comunique su salvación. Él es el Maetro, el Presidente, el Sacerdote, el Orante, el Guía de nuestra existencia cristiana. Aunque no le veamos.
Y todos los elementos de esta iglesia -el altar, el ambón, la sede, la capilla del Santísimo- y las personas que se mueven en ella -el presidente, el lector, el cantor-nos quieren recordar que él está presente. El primer saludo que se nos dirige es este: "El Señor (Jesús, el Señor Resucitado) esté con vosotros". Ya desde el princi¬pio celebramos con él. No estamos solos.

- El altar, la mesa de la Eucaristía

El primer "lugar" que nos recuerda la presencia de Cristo es el altar. El altar es el punto de referencia y el centro de la atención de todos. Es a la vez ara de sacrificio, porque en él celebramos el memorial del sacrificio de la Cruz, y mesa desde donde Cristo nos invita a la comida eucarística, su Cuerpo y su Sangre.
Antes el altar estaba de espaldas, pegado al ábside, pero ahora, después de la reforma del Concilio, lo tenemos más cercano y visible. Antes había muchos altares laterales, donde varios sacerdotes celebraban simultáneamente sus misas. Ahora los sacerdotes son invitados a con-celebrar la misma Eucaristía, y el altar, en el espacio central, es único. Esto hace que toda la comunidad celebre una única Eucaristía, y que todos se centren en el mismo Cristo Jesús, que es el que preside nues¬tra celebración.
Cerca del altar, en un lugar bien visible para todos, está la cruz, que nos recuerda la muerte y la resurrección de Cristo, que es el misterio que celebramos y en que participamos en cada Eucaristía. Y lo más importante que se coloca encima del altar son el pan y el vino que se traen en el ofertorio, y que luego iremos a recibir en la comunión, convertidos en el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor, que se nos ha querido dar así en alimento para nuestro camino.

- El ambón, la mesa de la Palabra

También es Cristo el protagonista en el ambón, el espacio reservado para la proclamación de la Palabra de Dios.
También aquí hubo cambios después del Concilio Vaticano II. Hasta hace pocos años –hasta el 1965– las lecturas eran en latín; ahora se proclaman en nuestras lenguas vivas. Ahora las lecturas de los domingos y de los días feriales son mucho más abundantes y variadas. Otro cambio es el ministerio de los lectores, que pueden asumir los laicos en las primeras lecturas y en el salmo.
Pero la convicción más importante es que en la primera parte de la misa, la liturgia de la Palabra, Cristo Jesús ya se nos hace realmente presente en las lecturas bíblicas. El Misal nos lo recuerda repetidamente en su introducción: "Cristo está realmente presente en su palabra" (n. 7), "Cristo, presente en su palabra, anuncia el evangelio" (n. 9), "Cristo, por su pala-bra, se hace presente en medio de los fieles" (n. 33), los fieles, ponién¬dose de pie y cantando aclamaciones, "reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla" (n. 35).
En cada misa somos invitados a una "doble Mesa", la mesa de la Pala-bra y la mesa de la Eucaristía. Cristo primero se nos ofrece en comunión como la Palabra viviente de Dios. Y luego nos invitará a participar de su vida comulgando con su Cuerpo y su Sangre. Los que proclaman las lec¬turas desde este ambón son portavoces del mismo Cristo, que es la Pala-bra que salva, y con su ministerio bien preparado nos ayudan a todos a "comulgar con Cristo Palabra".
Por eso es importante que este ambón, en principio, esté reservado a las lecturas bíblicas. Desde aquí se nos proclama lo que Dios nos quiere decir. Desde otros lugares diremos nosotros a Dios nuestras oraciones o cantos, o a la comunidad nuestras homilías o reflexiones.

- La sede del presidente, el signo visible de Cristo Jesús

Hay un tercer espacio muy importante desde el que Cristo Jesús nos guía en nuestra celebración: la sede del presidente. El sacerdote que preside la Eucaristía es el signo sacramental de Cristo Jesús, que está presente pero que no se manifiesta visiblemente. Al dirigir la celebración, al elevar la oración a Dios en nombre de todos, y ofrecer a la comunidad la expli¬cación de la Palabra de Dios, el sacerdote está actuando en nombre de Cristo. Por eso preside, o sea, se sienta delante, y al final bendice a los presentes como representante del Cristo que es el verdadero Presidente y Maestro.

Antes las sedes eran tres, porque el sacerdote en las misas solemnes iba acompañado del diácono y el subdiácono. Ahora es única, porque uno solo preside y representa a Cristo, aunque haya otros concelebrando. Estas sedes estaban de lado, porque a ellas los ministros iban nada más a escuchar el Gloria o el Credo cantados por el coro o el sermón que pronunciaba otro sacerdote. Ahora, desde la sede el sacerdote preside y dirige la oración en la primera parte de la misa, incluida la homilía, y por eso está de cara al pueblo, en una disposición en que resulte fácil la comunicación visual entre el sacerdote y la comunidad.

De momento, estos son los tres lugares desde los que Cristo se nos hace presente y nos comunica su gracia: el altar, para la Eucaristía, en la segunda parte de la celebración; el ambón para la Palabra, y la sede presidencial, ambas en la primera parte. Cristo Sacerdote y Alimento, Cristo Palabra y Maestro, Cristo Guía y Presidente de su comunidad. El lugar mismo donde nos reunimos y celebramos nos lo ayuda a recordar.


Publicado por Desconocido @ 13:11  | Liturgia
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