lunes, 04 de septiembre de 2006
Comentario al evangelio (Lc 4, 31-37) perteneciente al martes de la vigésimoprimera semana del Tiempo Ordinario, que se encuentra en el libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutiérrez.


El santo de Dios. Jesús habló en la sinagoga de Nazaret según las motivaciones del Espíritu y el público terrenal no le com¬prendió. «Se admiraban» de su enseñanza pero no la aceptaron. Esperaban «alimentos terrestres», una comprensión de las realidades humanas y les dio alimentos del espíritu. Se produjo una reacción irracional: de la admiración pasan al desencanto y pretenden eliminarle violenta-mente.

Todos somos interpelados en este episodio familiar. ¿Hasta qué punto nos movemos por principios espirituales y hasta dónde seguimos las mociones de lo terreno y somos tributarios de las opiniones de los de-más? Vivimos en una sociedad de opiniones más que de hondas convicciones personales. Todos seríamos un poco mejores, un poco más espirituales y «cristianos» si supiéramos independizamos de las voces que vienen de abajo para seguir las inspiraciones que llegan de arriba. El ministerio de Jesús chocó en primer lugar con el mundo hostil de las opiniones preconcebidas.
Pero su fama se divulgó. Desde entonces sigue Jesús actuando con el irresistible impacto de su extraordinaria autoridad. Su doctrina es de arriba y liberadora en múltiples direcciones: liberación de enfermedades, de espíritus opresores, de prejuicios alienantes, de bajos egoísmos... La popularidad de Jesús sigue en alza. Hasta los «mass media» acaparan la personalidad de Jesús como motivo de inspiración. Las revistas, radio, música y cine... difunden su imagen, si no siempre con acierto, sí al me-nos con entusiasmo. Jóvenes inquietos le aceptan como líder. Sí le miran desde abajo con perspectiva humana suelen abandonarle porque sin la visión que da el Espíritu ven en él al hijo de María, sin llegar a descubrir al Hijo de Dios.
Publicado por Desconocido @ 11:11  | Espiritualidad
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