Acontecer pastoral de una parroquia

Acerca de ...
Ver perfil público del propietario del blog
Historia, horarios, fiestas y el acontecer pastoral de la parroquia de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha y de San José en San Juan de la Rambla, ambas en Tenerife, Islas Canarias, España; recopilación de noticias y artículos de interés.
Participantes
Buscador

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless

domingo, 17 de septiembre de 2006
Colocamos este artículo por tratarse de Antonio Negrín, gran colaborador de nuestra parroquia de La Guancha desde la época de las primeras restauraciones.

La Hacienda de Anaga, que preside la playa de Tachero y de las bodegas -porque era donde se embarcaba el vino hasta hace dos siglos-, perteneció a un conde. Los viejos aposentos albergan hoy el lagar de Antonio (derecha), donde hace el "vino d


(EL DÍA, 17 - IX. H. GONAR, Santa Cruz() Antonio Negrín, nacido en Taganana el 12 de octubre de 1953, es quizás más conocido en la capital tinerfeña por su condición de policía local de Santa Cruz, profesión en la que lleva en ejercicio 23 años, que por ser uno de los tres o cuatro agricultores que se mantienen fieles a la elaboración tradicional del vino de mora.

Este caldo en sí, explica Antonio -miembro de la quinta generación de la familia Negrín que se afincara en Taganana allá por 1880-, está rodeado de "una supuesta propiedad curativa. Los mayores de la zona y la gente en general dicen que el vino de mora es bueno para las heridas interiores, especialmente en el estómago. En los últimos años, coincidiendo con el auge de la homeopatía y la medicina natural, la demanda de este caldo se ha disparado", reconoce Antonio.

Hablar del vino de mora es casi un sinónimo de Taganana, pueblo que antes del siglo XVIII fue municipio independiente de Santa Cruz, como se recogiera incluso en alguna de las crónicas del ataque del almirante Horacio Nelson, cuando se atribuye a la defensa de los naturales de Taganana que el inglés desistiera de atacar la Isla por este flanco.

Antonio admite que los vecinos de Taganana guardan con mucho celo el proceso de elaboración del vino de mora, un producto que, conforme se ha disparado su demanda, en algunos casos se ha desvirtuado su esencia para lograr más cantidad de litros en detrimento de la calidad.

Para este policía de Santa Cruz, diplomado en Magisterio en la rama de Geografía e Historia por la Universidad de La Laguna, "la vendimia se inaugura en esta zona con el vino de mora, allá por el mes de julio. Aquí, en Taganana, realmente no hay sino dos o tres morales, y los que nos dedicamos a hacer este caldo casi se cuentan con los dedos de una mano y sobra", añade. "Hasta hace unos veinte años, el vino de mora se hacía para autoconsumo, por aquello que te curaba las heridas interiores. Para mi opinión, además del auge de la medicina natural, este producto encontró su auge cuando el todavía hoy presidente de la Asociación de Vecinos Las Nieves, Victoriano González Izquierdo, apareció en un reportaje que se hizo por la tele promocionando este caldo. Aquella noticia salió publicada coincidiendo con el rápido y eficaz restablecimiento del que fuera entonces concejal de Urbanismo y en la actualidad presidente del Gobierno, Adán Martín. A comienzo de los años ochenta, el edil sufrió un accidente del que se restableció, a su entender, gracias al vino de mora". "¡Fíjate tú, Victoriano apareció confirmando las propiedades del caldo delante de unas barricas, cuando no se almacena ahí sino en garrafas".

Con un gran sentido de pertenencia al pueblo que le vio nacer, Antonio nos invita a adentrarnos en su paraíso terrenal, al que se llega tras sortear el barrio tagananero de Portugal y confluir en el llamado camino de Los Huchones. Oteando el horizonte desde los altos de la playa de Tachero, nuestro protagonista nos desvela que fue su bisabuela Peregrina, hija de un cubano que se trasladó a Tenerife, la que adquirió allá por 1880 la Hacienda de Anaga que perteneciera a un conde, de cuya identidad nada conoce Antonio.

Con el relevo generacional, la propiedad se ha ido segregando. Gracias a Antonio no se han perdido los aposentos del conde, que se han transformado en un lagar aprovechando la virgen del original que se encontraba cerca de la playa de las bodegas. "Allí se guardaba el vino y se embarcaba, pero eso se ha perdido desde hace más de dos siglos".

Junto a los aposentos, hoy lagar, se encuentra la vieja cocina de los condes y hasta el mirador, que conserva los huecos desde donde se afincaban los moradores.

"Esta es mi reliquia", afirma Antonio en referencia a su lagar, mientras nos acerca a su bodega, donde conserva dos barricas del vino que hiciera su abuelo. "Él murió en 1975 con 95 años... imagínate el tiempo que puede tener este reserva con sabor a coñac. Y luego dicen que el vino se pone malo cuando pasan 20 años".

Antonio, que este año logró vendimiar 5.000 litros de vino "normal", inauguró la temporada con el vino de mora, del que logró unos 65 litros. "Lo difícil es subir al moral; eso se lo dejo a mi hijo, que le encanta esto y tiene 17 años; junto a mi esposa Isabel, a la que conocí cuando estudiaba Magisterio -ella imparte clases en el colegio de María Jiménez- tenemos también a una chica de 22 años que acabó Magisterio de Inglés", de nombre Nieves, como no podía ser de otra forma siendo hija de un tagananero.

"Uno se dedica a esto por amor a tus antepasados y mantener la tradición. El vino de mora no tiene mayor ciencia que recoger la fruta y se procede a prensarla a mano con una redecilla para sacarle el jugo. Hoy se suelo utilizar la licuadora o una prensa pequeña. Luego se coloca en un garrafón y se deja fermentar. El vino de mora es un jarabe, un zumo natural. Se añade azúcar para evitar que la fermentación produzca mucho alcohol. Tras 10 ó 12 días de fermentar se cuela y se embotella". Para Antonio, el vino de mora encubre una cultura en la que naturaleza y tradición van de la mano.

Comentarios