Reflexiones del Padre Antonio María del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz. Artículo en revista "Como las Hormigas" de Julio-Agosto.
NO HAY EDAD PARA LA ALEGRÍA.- Ciertamente a medida que vamos avanzando en años, tenemos que aceptar que vamos envejeciendo, que nuestras fuerzas y nuestras facultades no son las mismas de cuando teníamos 18 años. Tenemos que aceptar nuestras limitaciones y no angustiarnos porque ya no podemos hacer lo mismo que cuando éramos más jóvenes. Pero pienso que si vamos perdiendo fuerzas, vamos ganando experiencia, vamos ganando en virtudes, pienso que a medida que nos cargamos de años nos cargamos de méritos. Debemos ser más buenos, más delicados, más bondadosos, más generosos, más comprensivos, menos cascarrabias, menos latosos, menos genuinos, menos maniáticos, más tolerantes, más transigentes. Eso al menos esperan los jóvenes de nosotros, los mayores, que demos buenos ejemplos.
HAY PERSONAS QUE PARECEN QUE NACIERON CANSADOS Y ABURRIDOS.-Todo lo ven mal, todo les molesta, no aguantan nada, ¿qué pena verdad? Que se hayan hecho viejísimos tan pronto.
Conozco ancianos que tienen un corazón joven, y jóvenes que son unos verdaderos ancianos, parece como si hubieran nacido viejos. La grandeza de un hombre o de una mujer no está en su fuerza física, ni en su belleza exterior, si es guapa o fea, ni en la hermosura de su cuerpo ni en su inteligencia, ni en los títulos universitarios que tenga. No está su grandeza en el apellido que lleva, ni a la familia a la que pertenece. Cada uno es como es y de donde es.
Dios reparte sus bienes como quiere. Acéptate tal y como eres, en tu altura, en tu anchura, en el color de tu pelo, en el origen de tu apellido, en el lugar donde naciste. Que más da, decía San Jerónimo, no hay que estar orgullosos por estar viviendo en la cueva de Belén, donde nació el Hijo de Dios, sino de vivir bien en Belén.
La medida del hombre o de la mujer está en su virtud, en la capacidad de practicar las virtudes de dominar el carácter, amansar el genio, controlar los nervios, en la capacidad de ser humildes, en la capacidad de aguante, en la capacidad de sufrimiento, en la capacidad de ser más comprensivo y menos duros con los demás, menos testarudos, más condescendientes, más oyentes.
ANTES QUE TE PIDAN UN FAVOR HAZLO, SI PUEDES.- No te hagas de rogar. Que no se tengan que poner de rodillas delante de ti para pedirte una ayuda. No eches en cara nunca el bien que tú hayas hecho a alguien. Ten el valor de pedir perdón, si te equivocaste. Es propio del hombre el equivocarse; pero de sabios el reconocerlo y de santos el de rectificar. La gran diferencia entre un santo y un hombre del montón no está en haber hecho o dejado de hacer grandes cosas, sino en la manera de vivir cada día aún los menores detalles. Dar las gracias cuando te hacen un bien, o te hacen un favor, o te ofrecen una manzanilla o te invitan con un café, o te empujan en la silla de ruedas, o te ceden el paso.
Dar tú puesto a otro. No querer ser siempre el primero en todo, el primero en tomar el ascensor, el primero en bañarse, el primero en que te sirvan. Alguien tiene que ser el último. ¿Por qué no puedes ser tú? Ten paciencia que todo se andará. Ser ordenados en la ropa, no ser unos cómodos. Si podemos hacer algo, hagámoslo sin más, sin esperar a que no los pidan. Lo que tú puedes hacer no esperes a que otro lo haga, ni se lo mandes a hacer a otro. Note hagas el tonto para que el otro haga lo peor. Cállate o di algo mejor que tu silencio. Aguanta, escucha. Que los otros tienen también muchas cosas que decir. Deja que los demás opinen o den su parecer, o expongan su punto de vista. Es otra manera de ver las cosas.
Pon siempre buena cara aún al que te lleve la contraria o te ponga mala cara. Adelante, a poner siempre buena cara. No hay cosas pequeñas para los que aman. El amor está en los mil detalles de cada día.
No critiques las comidas, no digas que es una basura, ¡Cuántos pobres se mueren de hambre! ¡Si llegarán a esa comida! Trata de ser conforme. Deja lo mejor para los demás. Intenta hacerlo por los demás, intenta sonreír a los demás. Los demás, sí, los demás. No te olvides de que existen los demás.
QUE NO TE HUNDAN LOS PROBLEMAS, ni las depresiones, ni las dificultades. Que las contrariedades y los problemas de la vida te hagan crecer. Agigántate en medio de los problemas. Tienes que saber que en el juego de la vida, entran las contradicciones, los fracasos, los problemas, el sufrimiento, las injusticias. Estamos viviendo entre seres humanos, imperfectos aún, a pesar de la buena voluntad; pero en esos momentos duros, levántate, llénate de valor. Que los obstáculos y las contrariedades te sirvan de trampolín para saltar más alto y más lejos.
Hay que ser como los sapos que cuando le dan una patada lejos de huir dan un salto hacia delante. Hay que seguir, sin detener el paso, siempre caminando, a trancas y barrancas; pero caminando. ¿Qué se atraviesa un obstáculo? Pues, a saltarlo, ¿Qué nos caemos? Pues, a levantarnos. ¿Qué nos equivocamos? Pues, a rectificar. ¿Qué fracasamos? Pues, ya habrá otra oportunidad. ¿Qué nos volvemos a equivocar? Pues, de nuevo a rectificar. Nunca desanimarnos. Pedir al buen Dios fuerzas, rezar y pedir ayuda a la virgen y otra vez a caminar. Así un día y otro día, sin desfallecer, con constancia. Pedir perdón. Tratar de cambiar y cada día nos iremos mejorando. Nunca una mirada atrás. Siempre adelante. Nunca un paso atrás.
TENEMOS QUE ACTUAR EN POSITIVO, viendo siempre la parte encantadora que tienen todas las cosas. Mirar al Cielo, aunque estés pisando el suelo y busca motivos fuertes para conseguir estar siempre en una actitud de alegría. Estar alegres no significa estar de carcajadas o bailando y saltando. Aunque estés lleno de dolores y no te deje caminar el dolor que te produce el nervio asiático, o los dolorosos latidos de un herpe, o el terrible malestar que te produce un dolor de muelas.
ENTONCES BUSCA MOTIVOS MAS VALIOSOS.- Amaneciste vivo. Tienes la cabeza bien. Conociste a tus padres. Naciste, y allí estaba una madre para acogerte y mimarte y curarte y educarte y ha salido nuevamente el Sol. Y conservas la mente bien y tienes una familia y amigos, y más o menos salud, y ves y oyes y caminas y tienes un techo donde dormir y estás viviendo en un lugar donde, de momento, estamos en paz y tienes personas que te escuchan, y alguien a quien amar. Y si quieres aún más motivos para estar contento y alegre, mira a toda la naturaleza. Observa el sonreír de las flores que encima nos brindan su aroma. Observa a los arbolitos en pie, dirigidos hacia el cielo. Oye «sonreír» a los pajarillos que inocentemente cantan para ti y vuelan alegres por los aires. Escucha el canto de los pajarillos Canarios. Ellos quieren que te detengas y oigas su afinado canto. Toda la naturaleza está alegre y activa como las olas del mar. Es el canto alegre de Dios, «porque Dios es alegre y sonríe».
BUSCA LA SONRISA DE UN NIÑO.- Mira al rabito del perrito, como se mueve por la alegría de encontrar a su amo. Observa como brinca una y otra vez, haciendo mil carantoñas para mostrar su amistad. Fíjate en las arrugas de ese viejecito que sonríe agradecido por que tu le has hecho una visita y le has dirigido una mirada cariñosa. Date cuenta en las piruetas que realizan los delfines, y los leones marinos, y las mismas orcas para congratularse con el hombre que les ha domado. Observa la primavera, como todas las flores, salen dirigidas hacia el Sol y exhalan ese exquisito aroma. Mira con que alegría las abejas elaboran ese sabroso panal de miel y los gusanos la seda, como tejen ese increíble hilo de seda. Mira el Sol cada mañana con qué tenacidad, con que hermosura, con que jovialidad despierta repartiendo vida y calor por todas partes. Es la alegría despilfarrada de un Dios siempre alegre y joven.
Antonio María Hernández y Hernández
NO HAY EDAD PARA LA ALEGRÍA.- Ciertamente a medida que vamos avanzando en años, tenemos que aceptar que vamos envejeciendo, que nuestras fuerzas y nuestras facultades no son las mismas de cuando teníamos 18 años. Tenemos que aceptar nuestras limitaciones y no angustiarnos porque ya no podemos hacer lo mismo que cuando éramos más jóvenes. Pero pienso que si vamos perdiendo fuerzas, vamos ganando experiencia, vamos ganando en virtudes, pienso que a medida que nos cargamos de años nos cargamos de méritos. Debemos ser más buenos, más delicados, más bondadosos, más generosos, más comprensivos, menos cascarrabias, menos latosos, menos genuinos, menos maniáticos, más tolerantes, más transigentes. Eso al menos esperan los jóvenes de nosotros, los mayores, que demos buenos ejemplos.
HAY PERSONAS QUE PARECEN QUE NACIERON CANSADOS Y ABURRIDOS.-Todo lo ven mal, todo les molesta, no aguantan nada, ¿qué pena verdad? Que se hayan hecho viejísimos tan pronto.
Conozco ancianos que tienen un corazón joven, y jóvenes que son unos verdaderos ancianos, parece como si hubieran nacido viejos. La grandeza de un hombre o de una mujer no está en su fuerza física, ni en su belleza exterior, si es guapa o fea, ni en la hermosura de su cuerpo ni en su inteligencia, ni en los títulos universitarios que tenga. No está su grandeza en el apellido que lleva, ni a la familia a la que pertenece. Cada uno es como es y de donde es.
Dios reparte sus bienes como quiere. Acéptate tal y como eres, en tu altura, en tu anchura, en el color de tu pelo, en el origen de tu apellido, en el lugar donde naciste. Que más da, decía San Jerónimo, no hay que estar orgullosos por estar viviendo en la cueva de Belén, donde nació el Hijo de Dios, sino de vivir bien en Belén.
La medida del hombre o de la mujer está en su virtud, en la capacidad de practicar las virtudes de dominar el carácter, amansar el genio, controlar los nervios, en la capacidad de ser humildes, en la capacidad de aguante, en la capacidad de sufrimiento, en la capacidad de ser más comprensivo y menos duros con los demás, menos testarudos, más condescendientes, más oyentes.
ANTES QUE TE PIDAN UN FAVOR HAZLO, SI PUEDES.- No te hagas de rogar. Que no se tengan que poner de rodillas delante de ti para pedirte una ayuda. No eches en cara nunca el bien que tú hayas hecho a alguien. Ten el valor de pedir perdón, si te equivocaste. Es propio del hombre el equivocarse; pero de sabios el reconocerlo y de santos el de rectificar. La gran diferencia entre un santo y un hombre del montón no está en haber hecho o dejado de hacer grandes cosas, sino en la manera de vivir cada día aún los menores detalles. Dar las gracias cuando te hacen un bien, o te hacen un favor, o te ofrecen una manzanilla o te invitan con un café, o te empujan en la silla de ruedas, o te ceden el paso.
Dar tú puesto a otro. No querer ser siempre el primero en todo, el primero en tomar el ascensor, el primero en bañarse, el primero en que te sirvan. Alguien tiene que ser el último. ¿Por qué no puedes ser tú? Ten paciencia que todo se andará. Ser ordenados en la ropa, no ser unos cómodos. Si podemos hacer algo, hagámoslo sin más, sin esperar a que no los pidan. Lo que tú puedes hacer no esperes a que otro lo haga, ni se lo mandes a hacer a otro. Note hagas el tonto para que el otro haga lo peor. Cállate o di algo mejor que tu silencio. Aguanta, escucha. Que los otros tienen también muchas cosas que decir. Deja que los demás opinen o den su parecer, o expongan su punto de vista. Es otra manera de ver las cosas.
Pon siempre buena cara aún al que te lleve la contraria o te ponga mala cara. Adelante, a poner siempre buena cara. No hay cosas pequeñas para los que aman. El amor está en los mil detalles de cada día.
No critiques las comidas, no digas que es una basura, ¡Cuántos pobres se mueren de hambre! ¡Si llegarán a esa comida! Trata de ser conforme. Deja lo mejor para los demás. Intenta hacerlo por los demás, intenta sonreír a los demás. Los demás, sí, los demás. No te olvides de que existen los demás.
QUE NO TE HUNDAN LOS PROBLEMAS, ni las depresiones, ni las dificultades. Que las contrariedades y los problemas de la vida te hagan crecer. Agigántate en medio de los problemas. Tienes que saber que en el juego de la vida, entran las contradicciones, los fracasos, los problemas, el sufrimiento, las injusticias. Estamos viviendo entre seres humanos, imperfectos aún, a pesar de la buena voluntad; pero en esos momentos duros, levántate, llénate de valor. Que los obstáculos y las contrariedades te sirvan de trampolín para saltar más alto y más lejos.
Hay que ser como los sapos que cuando le dan una patada lejos de huir dan un salto hacia delante. Hay que seguir, sin detener el paso, siempre caminando, a trancas y barrancas; pero caminando. ¿Qué se atraviesa un obstáculo? Pues, a saltarlo, ¿Qué nos caemos? Pues, a levantarnos. ¿Qué nos equivocamos? Pues, a rectificar. ¿Qué fracasamos? Pues, ya habrá otra oportunidad. ¿Qué nos volvemos a equivocar? Pues, de nuevo a rectificar. Nunca desanimarnos. Pedir al buen Dios fuerzas, rezar y pedir ayuda a la virgen y otra vez a caminar. Así un día y otro día, sin desfallecer, con constancia. Pedir perdón. Tratar de cambiar y cada día nos iremos mejorando. Nunca una mirada atrás. Siempre adelante. Nunca un paso atrás.
TENEMOS QUE ACTUAR EN POSITIVO, viendo siempre la parte encantadora que tienen todas las cosas. Mirar al Cielo, aunque estés pisando el suelo y busca motivos fuertes para conseguir estar siempre en una actitud de alegría. Estar alegres no significa estar de carcajadas o bailando y saltando. Aunque estés lleno de dolores y no te deje caminar el dolor que te produce el nervio asiático, o los dolorosos latidos de un herpe, o el terrible malestar que te produce un dolor de muelas.
ENTONCES BUSCA MOTIVOS MAS VALIOSOS.- Amaneciste vivo. Tienes la cabeza bien. Conociste a tus padres. Naciste, y allí estaba una madre para acogerte y mimarte y curarte y educarte y ha salido nuevamente el Sol. Y conservas la mente bien y tienes una familia y amigos, y más o menos salud, y ves y oyes y caminas y tienes un techo donde dormir y estás viviendo en un lugar donde, de momento, estamos en paz y tienes personas que te escuchan, y alguien a quien amar. Y si quieres aún más motivos para estar contento y alegre, mira a toda la naturaleza. Observa el sonreír de las flores que encima nos brindan su aroma. Observa a los arbolitos en pie, dirigidos hacia el cielo. Oye «sonreír» a los pajarillos que inocentemente cantan para ti y vuelan alegres por los aires. Escucha el canto de los pajarillos Canarios. Ellos quieren que te detengas y oigas su afinado canto. Toda la naturaleza está alegre y activa como las olas del mar. Es el canto alegre de Dios, «porque Dios es alegre y sonríe».
BUSCA LA SONRISA DE UN NIÑO.- Mira al rabito del perrito, como se mueve por la alegría de encontrar a su amo. Observa como brinca una y otra vez, haciendo mil carantoñas para mostrar su amistad. Fíjate en las arrugas de ese viejecito que sonríe agradecido por que tu le has hecho una visita y le has dirigido una mirada cariñosa. Date cuenta en las piruetas que realizan los delfines, y los leones marinos, y las mismas orcas para congratularse con el hombre que les ha domado. Observa la primavera, como todas las flores, salen dirigidas hacia el Sol y exhalan ese exquisito aroma. Mira con que alegría las abejas elaboran ese sabroso panal de miel y los gusanos la seda, como tejen ese increíble hilo de seda. Mira el Sol cada mañana con qué tenacidad, con que hermosura, con que jovialidad despierta repartiendo vida y calor por todas partes. Es la alegría despilfarrada de un Dios siempre alegre y joven.
Antonio María Hernández y Hernández

