LA REALIDAD ACTUAL DE LA INMIGRACIÓN DEL CONTINENTE AFRICANO NOS INTERPELA
Ante la llegada constante a nuestras costas, durante en estos últimos meses, de personas procedentes del Continente Africano en condiciones inhumanas y el fallecimiento de tantas otras miles en su intento de alcanzarlas, los responsables del Área de Pastoral social de la Diócesis de Tenerife, de la que forman parte las Delegaciones de Cáritas, Pastoral de la Salud, Pastoral Penitenciaria, Apostolado del Mar y Migraciones; la Comisión Diocesana de Justicia y Paz, Manos Unidas y el Área de emigraciones y Asuntos Sociales de la CONFER (Confederación de Religiosos y religiosas), nos hemos reunido para analizar, reflexionar a la luz de la Palabra de Dios y de la Doctrina Social de la Iglesia y tomar una postura que quiere ser coherente con la fe en Jesucristo que profesamos.
Con esta comunicación, queremos hacer participe de esta reflexión a toda la Comunidad Diocesana y animarles a todos y a todas a que oremos y revisemos nuestra forma de pensar y de actuar y nos impliquemos en una búsqueda común, cada uno desde nuestras posibilidades, de medios concretos para avanzar hacia una sociedad más fraterna y solidaria.
Antes de nada, queremos manifestar nuestra valoración positiva de los pronunciamientos de nuestro Obispo y de los distintos Organismos Diocesanos que se han manifestado reiteradamente sobre este tema. También, valoramos las actuaciones de nuestras Parroquias y de otros organismos y comunidades eclesiales, en esta línea.
CONSIDERACIONES PREVIAS:
Ante la situación de tantos hombres, mujeres y niños que lo arriesgan todo, incluso la vida, para conseguir un sueño, un sueño parecido al sueño de Dios: sentarse a la mesa, compartir los bienes, mejorar la vida, vivir, etc. tenemos que acercarnos "descalzos", despojados de estereotipos y prejuicios preconcebidos, con respeto sumo a las personas, porque toda realidad humana es sagrada.
No podemos pensar, hablar, afirmar nada desde la simplicidad y el desconocimiento de la realidad y de las causas que han motivado la salida de su tierra en estas condiciones, de tantos y tantas hermanas, hijos e hijas de un mismo Padre.
En el momento presente, en plena era de la globalización neoliberal, asistimos a numerosas contradicciones que acontecen en nuestro mundo: Por un lado se expansionan, internacionalizan y deslocalizan las grandes empresas y, los grandes capitales fluyen sin apenas control ni fronteras. Mientras millones de personas en los países empobrecidos ven con impotencia cómo su derecho a una vida digna con unas mínimas garantías políticas, sociales y económicas es cada vez más limitado.
El fenómeno de las migraciones no es nuevo, tampoco en Canarias, ni desaparecerá a fuerza de la utilización de unos medios que supongan la ignorancia y falta de respeto de los derechos humanos y sociales de las personas y de los pueblos.
La situación de pobreza extrema en aumento, en que viven los habitantes de África subsahariana es la causa última de los movimientos migratorios desde este Continente hacia Europa. El último Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas nos revela que en el África subsahariana, actualmente, viven en condiciones de extrema pobreza cien millones de personas más que en 1990.
En la Sagrada Escritura aparece reiteradamente cómo el Pueblo de Dios experimentó, en su propia historia, tener que migrar a otras tierras para mejorar sus condiciones de vida y, también, las actitudes y criterios que debemos tener con los "forasteros". "No molestarás ni oprimirás al emigrante porque ustedes fueron emigrantes en Egipto" (Éx 22,20)
El libro del Éxodo expresa el sentimiento de Dios ante las situaciones injustas en que vive el pueblo y elige a personas, a las que envía a comprometerse en su liberación: "He visto la opresión de mi Pueblo en Egipto, he oído sus quejas, me he fijado en sus sufrimiento..." (Ex 3, 7ss).
La Doctrina Social de la Iglesia es clara y contundente en este sentido. Juan Pablo II, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Migraciones de 2004, nos da algunos criterios que debemos tener en cuenta, tanto para definirnos cuando hablamos como para revisar nuestro estilo de vida y nuestra forma de actuar. Afirma que toda persona gtiene derecho a emigrar y a no emigrar g. Es necesario "Crear condiciones concretas para vivir en paz y dignidad en la propia patria": Mucha gente "al carecer de comida, de salud, trabajo, vivienda, educación y paz se ve obligada migrar por la fuerza". Existe, también el derecho a emigrar cuyo fundamento está en el destino universal de los bienes de este Mundo". (Mater et Magistra" n. 30, 31).
La Iglesia siempre ha estado presente junto a las personas y a los pueblos empobrecidos, caminando con ellos, acogiendo, acompañando, ayudando a su desarrollo integral, impulsando proyectos de desarrollo y de codesarrollo, denunciando la injusticia y exigiendo el respeto y la promoción de todos sus derechos.
LA REALIDAD ACTUAL NOS INVITA A LOS CATÓLICOS A TOMAR CONCIENCIA Y A UNA NUEVA FORMA DE VIVIR Y DE RESPONDER
No relacionamos ni describimos aquí: la situación en que están las personas que, después de llegar a nuestras Islas, se encuentran retenidas; las situaciones que se dan en alta mar; cómo se están haciendo las repatriaciones, etc. Existen abundantes, variadas y, muchas veces, alarmistas y contradictorias informaciones al respecto, por intereses económicos y partidistas.
Sólo queremos, en este corto espacio, aportar algunas sugerencias y propuestas para la implicación de la comunidad cristiana y de cada uno de nosotros en este tema:
En primer lugar, es necesario "ponernos en el lugar de los que se arriesgan a emprender la marcha hacia el Norte" y responder a la pregunta: ¿qué haría yo de estar en su lugar?, intentando comprender sus derechos y sus razones. Y no defender nuestra posición privilegiada que nos parece que se ve amenazada. Es preciso reforzar la empatía hacia esas personas concretas.
Hacer una lectura creyente de esta realidad, viéndola como una llamada del Señor a la interculturalidad, al enriquecimiento mutuo, a preparar en la generosidad y en la acogida un camino solidario con el empobrecido y el diferente hacia un futuro mejor.
Orar intensamente al Señor para que su Luz ilumine las conciencias y la inteligencia de los responsables inmediatos de gestionar estos hechos y para que mueva sus corazones con el fin de que actúen en coherencia con la justicia.
Ser creativos a la hora de buscar-ofrecer posibilidades y de abrir oportunidades para compartir los huecos existentes, tanto en Canarias, como en el resto del Estado Español y en Europa, y para la creación de otros nuevos huecos donde se pueda acoger, integrar y posibilitar una vida más digna a los que llegan.
Respetar la ley fundamental de la creación: "el destino universal de los bienes creados", siendo conscientes de que los recursos naturales mundiales son escasos para que todos los habitantes del Planeta consuman al ritmo de los que vivimos en el Norte.
Cambiar nuestro estilo de vida, consumiendo menos y de modo más responsable y compartir solidariamente nuestros bienes tanto materiales como personales.
Tomar conciencia y crearla a nuestro alrededor de que la solución real a medio y largo plazo de esta situación es un cambio en las reglas del comercio internacional "global", de forma que se gestione un consumo responsable, se cancele la deuda externa, se garantice la utilización y distribución justa de los recursos de cada país, se potencie el comercio justo, se realicen programas de codesarrollo con los países empobrecidos, etc.
Promover que, desde en nuestros ámbitos locales, se tomen las medidas necesarias para contribuir a que desaparezcan las causas que generan estos hechos: la riqueza en la que vive una pequeña parte de la población mundial, a costa de la otra, mayoritaria, empobrecida y explotada.
Comprometernos en la defensa y en la promoción de los "Derechos Humanos" y sociales de todas las personas, con la misma fuerza, sean del país que sean.
Buscar y utilizar medios adecuados que nos ayuden a ser coherentes, tanto en nuestro estilo de vida, como en nuestros razonamientos y nuestros compromisos solidarios con las exigencias del Evangelio en este tema. .

