martes, 17 de octubre de 2006
Con motivo de cumplirse el IV Centenario de la devoción a San Roque en Garachico se ha organizado una exposición de los santos protectores de la peste en Canarias en la Villa y Puerto de garachico.

ROQUE DE MONTPELLIER.
Iconografia de los santos protectores de la peste en Canarias


Desde su llegada en torno al año de 1604, la imagen de San Roque, esculpida en un taller de la ciudad de Sevilla, se convirtió en guardián y protector de Garachico, devastado por una mortífera peste que se prolongó desde 1601 hasta 1606. Las celebraciones del IV centenario de su advocación en la Villa y Puerto concluyen con esta exposición iconográfica que ha reunido en torno a la venerada efigie la diversa imaginería del santo que se conserva en las diferentes islas del archipiélago —a través de obras originales, escultóricas y pictóricas, y de fotografías recogidas en el correspondiente catálogo homónimo—, así como la de aquellas otras hagiografías «médicas» y «preventivas» que, de una u otra manera, se invocaban como protectoras de la salud.

Como patrono de la peste, san Roque, en su iconografía tradicional, descubre con la mano una úlcera pestilente situada en el centro del muslo, lugar del cuerpo donde solían presentarse los primeros síntomas. Las dimensiones sobrehumanas que alcanzaron las enfermedades contagiosas dieron lugar a una singular cultura médica y de tratamiento. Con verdadero pavor se hablaba de ellas y el afán por prevenirlas condujo a una especial veneración hacia aquellos santos como san Roque cuya intervención se consideraba más eficaz. Otras advocaciones fueron elegidas además, siguiendo una costumbre general en el reino, como abogados y protectores locales durante determinadas epidemias públicas: santos Justo y Pastor en Las Palmas de Gran Canaria en 1536; o san Juan Bautista durante la peste de las landres en La Laguna en 1581-1583. En el Realejo Bajo, Icod de los Vinos y Los Silos, coincidiendo con la referida peste que asoló la comarca de Daute entre 1601-1606, fueron elegidos respectivamente como tales san Vicente Diácono, san Antonio de Padua y san Juan Evangelista.

En la figura de san Roque es posible destacar tres dimensiones que se corresponden con otras tantas formas y símbolos íconográficos:

a) Su patrocinio sobre la peste, expresado en el bubón pestilente del muslo.

b) El camino: San Roque peregrino y caminante, la forma más simple y antigua de figurar al santo, con o sin perro protector. El camino representa la vida errante del hombre, cuyo final es la casa del padre.

c) El auxilio divino que Dios dispensa al hombre, llevado a cabo a través de sus servidores y enviados: el ángel enfermero y el perro nutricio.

Contempla la exposición cinco sucesivas unidades temáticas con la intención de resaltar, a través de la iconografía de los santos materializada en esculturas y pinturas, los principales aspectos que su figura sugiere. Siguiendo este hilo conductor, las obras que se exponen han sido agrupadas en los siguientes capítulos iconográficos:

I. Sebastián, Roque y Lázaro.
Depulsores pestilacis


El poder que se atribuía a san Roque como eficaz protector contra la peste nacía del hecho de que él mismo había vencido a la enfermedad. Se asoció así a los intercesores tradicionales, con los que solía ser representado conjuntamente en retablos y pinturas,
en especial con san Sebastián, primero y más conocido de todos los santos “expulsadores de la peste”. Con el pobre Lázaro, patrón de leprosos y mendigos, comparte el perro y a veces las tablillas del leproso.

II. Roque en el camino.
De Montpellier a Roma


Después de renunciar a su fortuna, san Roque cambió sus ropas por otras muy modestas y, con un som¬brero en la cabeza, unas alforjas al hombro y un cayado en la mano, salió en viaje de peregrinación a Roma. Este san Roque peregrino constituye su forma iconográfica más tradicional. Como tal, se asocia con Santiago Apóstol, cuyo distintivo como peregrino son las conchas de vieira; san Rafael, compañero de viaje del joven Tobías: y san Francisco Javier, viajero de los retares de Oriente.

III. La Caridad heroica.
Factis, non verbis


La legendaria biografía de san Roque refleja una espiritualidad evangélica y penitencial marcada por el servicio a los enfermos. Fue un imitador de Cristo sufriente, que auxilió a los contagiados y puso en pe¬ligro su propia vida contrayendo la peste. Otros santos dieron pruebas de la práctica de la caridad heroica atendiendo a los enfermos en tiempos de epidemias, como san Diego de Alcalá, san Juan de Dios o san Carlos Borrotneo.

IV. Medicina Dei.
De la salud de los hombres


I.a rudimentaria medicina tradicional no podía en-tenderse sin la ayuda y la intervención de los santos que protegían a los hombres de las enfermedades comu¬nes o particulares, poderosos talismanes para vencer los sufrimientos corporales. Contra la peste se invocó específicamente a san Antonio Abad; san Cristóbal, eficaz contra la muerte súbita; san Miguel arcángel; san Luis, que murió después de contraer la peste en Túnez; san Nicolás de Tolentino; santa Rosalía de Palermo...

V. El ángel y el hombre

Para asistir a san Roque en su enfermedad, Dios envió al santo un ángel consolador y curador. Este ángel enfermero plasma iconográficamente la protección que los espíritus celestes ejercen sobre los hombres. Similar papel auxiliador tiene el perro de san Roque, que cada día le llevaba un pan robado a la mesa de su amo para alimentar al santo enfermo y escondido en el bosque. Esta relación entre el ángel y el hombre cobra forma iconográfica en otras figuras como el Ángel de la Guarda o san Isidro Labrador.
Publicado por Desconocido @ 22:38  | Patrimonio Religioso
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