lunes, 30 de octubre de 2006
Sacado del artículo “La autoridad de la Orden Hospitalaria”, del Padre Fernando Lorente, o.h., capellán de la Clínica San Juan de Dios en Santa Cruz de Tenerife, publicado en Revista Semanal de EL DÍA, sábado 28 de octubre de 2006.


Indicadores de la eficacia de un capítulo general


Siempre, un capítulo general o provincial significa el término de un periodo y la apertura de otro. Con referencia al Capítulo General de la Orden Hospitalaria, celebrado en Roma, durante los días del 2 al 22 de este mes, apuntamos los siguientes interrogantes, relativos a la propia misión y vida de sus miembros:

- Descubrir noblemente dónde estamos con la renovación, exigida y determinada en las Reglas, Constituciones y doctrina conciliar. –Cuáles son los signos de adelanto o de retroceso y qué medios prácticos estamos poniendo para encontrar el camino más eficaz.

- Conocer las respuestas que se están dando ahora con las actividades hospitalarias desarrolladas actualmente; la vida de las comunidades. Qué fallos y aciertos se están viviendo y cómo se están remediando, sin ambigüedades que nada resuelven.

–Actitudes reales en materia de los derechos y deberes humanos en la asistencia a los hospitalizados, de las personas que están participando profesionalmente en cada centro, conforme a la doctrina social de la Iglesia y el espíritu constitucional de la Orden hospitalaria, como misión de servicio directo y siempre comprometido cristianamente.

– Responsabilidad operativa en la promoción vocacional y la formación religiosa. Conocer los resultados obtenidos, positivos o negativos, en la promoción vocacional y qué otros sistemas pudieran tomarse. Si la formación religiosa actual responde de verdad al espíritu del Fundador, de las Constituciones, doctrina conciliar en la asistencia directa a los enfermos, como momentos irrenunciables de nuestra consagración religiosa mediante un cuarto voto: la Hospitalidad.

–Sí, el lenguaje de las comunidades de la Orden hospitalaria, responde con el Evangelio y con el espíritu constitucional de la Orden; si se vive la verdadera corrección fraterna entre los súbditos y superiores; o, más bien, en ambos campos, se vive la pasividad o la adulación, que tan fácilmente ocultan la realidad de lo que debe ser la vida religiosa para la Iglesia y para la sociedad de cada época: la santificación de sus miembros con las obras que realizan, como verdaderos imitadores de su fundador.

Por otra parte, todas las instituciones religiosas, como la Orden Hospitalaria, desde el Vaticano II y en tomo a sus respectivos capítulos generales y provinciales se han saturado de documentos con mucha doctrina iluminando cada época. Pero ante los resultados, no lo suficientemente aceptables que estamos sintiendo, recordemos aquí el interrogante que el cardenal Ratzinger, antes de ser Papa, dirigió a los teólogos (1992):
"¿Hemos trasmitido a un mundo hambriento la palabra de la fe de un modo comprensible y capaz de llegar al corazón de los hombres, o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo de quienes matan el tiempo con el lenguaje especialista, pasándose la pelota unos a otros?".•
Publicado por Desconocido @ 21:19  | Artículos de interés
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