Alabanza y súplica
- Alabemos al Señor, que ha enriquecido a su Iglesia con el don del sacerdocio, con las múltiples formas de vida consagrada y con otras innumerables gracias para la edificación de su pueblo y para el servicio de la humanidad.
- Demos gracias al Señor, que continúa haciendo su llamada, a la que muchos jóvenes y otras personas, actualmente y en distintas partes de la Iglesia, respondan con generosidad creciente.
- Roguemos al Señor por nuestras debilidades e infidelidades, que posiblemente desanimen a otras personas a corresponder a su llamada.
Pidamos con fervor al Señor que conceda a los pastores de almas, a los religiosos y religiosas, a los misioneros y demás personas consagradas los dones de sabiduría, de consejo y de prudencia para llamar a otros al servicio total de Dios y de la Iglesia; y conceda también a un número mayor de jóvenes, o no tan jóvenes, la generosidad y el coraje para responder y para perseverar.
Elevamos esta nuestra humilde y confiada plegaria, por la intercesión de María Santísima, Madre de la Iglesia, Reina de los sacerdotes, modelo espléndido para toda alma consagrada al servicio del Pueblo de Dios.
Juan Pablo II

