Se coloca a continuación reseña histórica (2ª parte) del origen de la Banda de Música de La Guancha, escrito por Don Cristóbal Barrios González (La primera parte se puede ver aquí)
FUNDACIÓN DE LA BANDA
Allá por finales del año veintitrés y ambientado por esta influencia cultural, el joven sacerdote, don Domingo Hernández González, que sabía un poco de música, se decide a fundar una banda; todas las tardes niños de siete a doce años reciben lecciones se solfeo en El Camarín de la iglesia, habitación trasera del templo parroquial,donde el sacerdote pasaba la mayor parte del día. Entrenados ya en el solfeo, se piensa en comprar los instrumentos para dar comienzo a los ensayos; dinero no había ninguno y al ayuntamiento y organismos oficiales poco les interesaba la formación de una banda de música, por lo cual fue nula su contribución. En el pueblo se hicieron algunas recolectas, pero lo que verdaderamente engrosó el caudal fue el reparto de colchas dentro de las jóvenes solteras del pueblo ya que el sacado de hebras y calado iba a engrosar la exigua recaudación ya hecha; ninguna joven del pueblo se negó a dicha propuesta y de esta manera el dinero recaudado pudo aumentar. Seguidamente se - procedió a la compra de los instrumentos; algunos se adquirieron en otras bandas de la isla que los habían dejado de usar, otros los re¬galaron y muy pocos fueron comprados nuevos.
Los fundadores de esta banda de música fueron los señores siguientes:
Como director y presidente de la agrupación, Don Domingo Hernández González
Músicos
" Juan Luis Reyes ---- bajo
" Antonio Mesa García ---- flixcorno
" Laureano Mesa Mesa ---- bombardino
" José Pérez León ---- clarinete
" Felipe Pérez Mesa ---- clarinete
" Florentino González Mesa -- requinto
" Desiderio Ortíz Lorenzo --- flauta
" José López Pérez ---- trompa
" Lorenzo Medina Rodríguez -- trompa
" Rafael González Mesa ---- trompeta
" Melchor Espinosa Mesa ---- trompeta
" Felipe León Mesa ---- trompeta
" José Lorenzo Pérez ---- trombón
" Don Cristóbal Barrios Rodriguez - trombón
" Justo León Mesa platillos
" José González González caja
" Domingo Reyes González bombo
" Juan Pérez Pérez marcador del
compás
Al principio se ensayaba en el cuarto de la iglesia que está de bajo del Camarín, junto al mortuorio; alrededor había muchas cajas de mosaico, por entonces se cambiaba el piso de la iglesia, donde el público se sentaba y los que no podían entrar se quedaban en la calle. Luego pasó el ensayo a la habitación que está debajo de lo que era el ayuntamiento, en la casa del cura; don Domingo nunca utilizó esta casa por inservible.
Por esta época, regaló don Pepe Ruiz unos atriles de madera muy bien hechos por un carpintero, los cuales se colocaron fijos y fue ron muy útiles en los ensayos; este señor era de Icod y todos los años venía a pasar el verano en el castillo de Las Guarditas donde tenía una finca, por entonces era muy conocido en el pueblo. Para llevar a las fiestas o a algún lugar del pueblo se disponía de otros - atriles metálicos desmontables que cada músico portaba en un bolso.
De la casa del cura, por ser un local pequeño, pasó el ensayo a otra habitación del ayuntamiento situada a continuación. Estaba destartalada, con techo de teja, vigas de madera blanca y piso de pino del monte del pueblo: un alcalde "muy patriota" había hecho el cambio de la tea que tenía por esta madera; esta casa hubo que abandonarla porque el techo amenazaba caerse y el ensayo pasó a la sala que estaba a continuación, propiedad de don Celio Pérez, que nunca, por su voluntad, cobró alquiler.
La primera pieza que se ensayó fue una marcha de procesión que se estrenó el dieciocho de enero de 1924 y se tocó cuatro veces en el recorrido. A la banda se le puso el nombre de LA ESPERANZA, a propuesta de don Hipólito Sinforiano González Mesa, en honor de la patrona del pueblo.
El uniforme que se adoptó fue de estilo militar, pantalón, chaqueta, camisa, corbata y gorra, todo de color caqui y se estrenó el mismo día que la banda hizo su aparición en la procesión indicada.
SALIDA DE LA BANDA A LOS PUEBLOS
En mayo del mismo año y por insistencia del presidente de los festejos, la banda fue contratada por treinta duros para una fiesta de Cruz del Realejo Bajo, en la calle de El Medio que se celebraba en competencia con otra del mismo lugar a la cual asistía la banda de Los Realejos, por entonces en muy bueno estado de musicalidad. La banda de La Guancha, a pesar de sólo llevar tres piezas, un pasodoble, un vals, y una mazurca, obtuvo un verdadero éxito, no por la música sino por el uniforme y el tamaño de los componnentes; la actuación duró una tarde y por la noche hasta las doce; dos coches los llevaron y trajeron al casco de San Juan de la Rambla y a continuación se subió caminando hasta el pueblo.
Para acudir a esta fiesta vino tres veces don Juan Reyes Barlet, por entonces director de la banda de Icod de los Vinos; venía hasta Buen Paso en coche alquilado y de allí hasta el casco eh caballería, ensayaba las tres piezas y al final afinaba los instrumentos.
En el verano de 1926, estando de párroco del pueblo de Arico un hijo de La Guancha, don Norberto Álvarez González, se propuso que la banda fuera a la fiesta de la patrona del municipio, la Virgen de Abona. Para transportarlos vino desde aquel pueblo una guagua de las usadas en aquellos tiempos, con los asientos corridos transversales y con más aspecto de años que de meses. La carretera general no llegaba al Lomo de Arico, lugar donde estaba la parroquia, sino a la orilla del barranco que está al pie del lomo de El Civil, donde días antes había muerto un médico al no darse cuenta, con el coche, que el desmonte de la vía llegaba a la misma orilla de dicho barranco.
En el pueblo fueron muy bien recibidos por parte del público y del cura, allí estuvieron dos días y en todas partes eran bien acogidos los músicos incluso en las propiedades para comer fruta que por entonces la había en abundancia; de regreso los trajo la misma guagua y en Güimar se sacaron una fotografía que aún muchas personas la conservan; al llegar al Realejo ya era de noche y la luz de la guagua no funcionaba, entonces el chofer compró un farol y una vela y encendida ésta dentro de aquél fue atada por delante en la guagua y así se pudo llegar hasta el casco de San Juan de la Rambla. Desde allí se subió caminando hasta la plazoleta de la Cruz de los Claveles donde materialmente esperaba todo el pueblo a su banda que hacía tres días que había salido, entre besos y abrazos de los familiares y vivas a la banda y al señor cura fueron recibidos y despedidos cada cual a su cama.
Seguidamente fueron contratados para las fiestas patronales de la Virgen del Buen Viaje en El Tanque de Abajo. Dos coches alquilados los llevaron hasta el túnel próximo al drago, en Icod de los Vinos, porque aún la carretera que conduce a aquel pueblo y aún más allá no estaba hecha; en el túnel esperabas una bestia para cada músico, la mayoría mulares, y así fueron conducidos hasta El Tanque de Arriba, al ir al de Abajo, la gente no los recibió bien, incluso, si pedían agua en una casa, se la negaban. Más tarde se enteraron que la fiesta de aquel año la hacían los de Arriba y aquella banda de niños con aquel uniforme les resultaba de mucho lujo para amenizar unos festejos que se solían hacer en competencia todos los - años, los de Arriba con los de Abajo. Al día siguiente bajaron a Garachico donde les esperaban dos coches de alquiler que los condujeron hasta Buen Paso y desde allí caminando al casco.
La asistencia a las fiestas patronales de barrios y cascos de pueblos, festejos de cruces, sobre todo al Valle de la Orotava durante los meses de mayo y junio, eran frecuentes; de ellos podrían contarse muchas anécdotas que prescindimos de hacerlo por no hacer esta reseña demasiado extensa.
OTRAS ACTIVIDADES Y OTROS HECHOS NOTABLES
La banda solía asistir a las fiestas que la maestra, doña Ángeles Machado, organizaba todos los fines de curso y algunas piezas se tocaban al ritmo de la gimnasia que las niñas desarrollaban en la vía pública, donde era presenciada por una gran cantidad de gente.
También en los carnavales la banda recorría las calles del pueblo a los acordes de un pasodoble y los músicos con don Domingo al frente, solían acudir a alguna casa de las más pudientes, previa invitación, donde les obsequiaban con galletas, rosquetes, algunos dulces, vino, gaseosa, etc.
Cuando se asistía a una fiesta, era frecuente limpiar los instrumentos el día anterior, sobre todo los metálicos que con la humedad del ambiente se solía empañar; para ello se usaban los tomates, no muy maduros, y al final se le daba un poquito de un liquido llamado "mangrina", del cual no se podía abusar en el gasto porque' era caro, y con trapos viejos se le sacaba brillo.
Los ensayos se hacían de noche, durante el día había que trabajar, primero se alumbraban con quinqué, que se solían emplear tres, luego con aparatos de carburo y más parda con petromax. Había noches que funcionaban bien,.pero en otras les daba por "reinar" y no había manera de compaginar las molestias que ocasionaban; sobre todo eran peligrosos los petromax toda vez que funcionaban con gasolina, en algunas noches amenazaron con incendios en la casa del local.
Don Domingo Hernández, el fundador de la banda, como hemos dicho, era natural de La Orotava. Nunca vivió en la casa del cura que está situada junto a las que son propiedad del ayuntamiento porque la consideraba inhabitable por sus reducidas dimensiones, carencia de espacios libres y bastante sombría; primero vivió en la calle de El Calvario, en la casa de don Saturnino Medina y, por último, en la de los Curros, en la calle Nueva. No sabía gran cosa de música, pero tenia muy buena intención en el trabajo; le unía una estrecha amistad con don Domingo Febles, hombre experto en música y director de la banda de La Orotava, por entonces en buen estado de instrucción y organización; con frecuencia solía venir el señor Febles a La Guancha, sobre todo cuando se salía a un lugar de determinada importancia, hasta el casco de San Juan de la Rambla solía hacer el viaje en coche alquilado y desde allí subía en caballería, hacía algunos ensayos y afinaba los instrumentos.
En cierta ocasión don Domingo hizo un viaje a Roma y dejó como encargado de la banda a Manolo, un trompeta de la agrupación de Güimar que el señor cura conocía a través de don Domingo Pérez Cáceres; este muchacho joven y soltero se portó muy bien con el pueblo y con los músicos y se hizo respetar y querer de toda la gente; al llegar don Domingo de Roma, a los pocos días se marchó a su pueblo dejando tras de sí un embrujo de buena persona.
DON DOMINGO SE MARCHA, POR VOLUNTAD PROPIA, DE LA GUANCHA
El 1928, por voluntad propia, don Domingo se marcha de La Guancha y se traslada a la parroquia de Santa Ursula, con el fin de estar más cerca de su pueblo nata,al que más tarde pasó ocupando la de San Juan de la Villa de Arriba donde falleció. Al marcharse de La Guancha, dejó un vacío en el pueblo y, sobre todo, en la banda que él formó y tan buen destino le dio durante cuatro años, paseando el nombre del pueblo por muchos lugares de la isla, labor ingente que unida a la de doña Ángeles Machado y a la de don Hipólito Sinforiano González Mesa habían de ser el punto de arranque del ambiente cultural que hoy disfruta el municipio.
Pero los pueblos no suelen ser desagradecidos con aquellas personas que los impulsan y propician en el campo del saber, la buena marcha y su desenvolvimiento social; a don Domingo le dedicaron una de las mejores calles del pueblo; a don Hipólito Sinforiano se le adjudicó el nombre de la avenida de entrada y salida del casco del término y a doña Ángeles se le obsequió con la erección de un busto en una de las plazoletas más céntricas del municipio. Tres ejemplos a imitar dentro del ámbito de este reducido pueblo; la - música, con sus dificultades en la enseñanza, la economía y la propaganda de un municipio en aquellos tiempos; la cultura, con todas las adversidades dentro de un pueblo con una gran mayoría analfabeta, y la educación escolar y la de un sector del término, abandonado y olvidado por parte de todos,
LOS NUEVOS DIRIGENTES DE LA BANDA
A pesar de haberse marchado don Domingo, la banda sigue su curso, ya que hay en ella personas enteradas de su funcionamiento; unos ingresan de nuevo y otros se van por alguna causa justificada; por ella desfilan casi toda la juventud masculina del casco del municipio. A falta de una persona mayor, los músicos acuerdan poner al frente de su organización una persona ajena a toda intervención musical con el fin de velar por el orden y la disciplina y hacerse cargo del poco dinero que se contabiliza. En este sentido fueron nombrados don Teodoro González Mesa, don Celio González Pérez, don Augusto Pérez Yanes, etc. siendo este último enumerado uno de los de más larga duración y se preocupó mucho por el buen estado de la banda, su economía y arreglo de los instrumentos.
De ella no se dan por enterados ningún organismo oficial, son los propios músicos los interesados por su banda, De acuerdo con el encargado del orden, son llamados para su dirección y ensayo músicos de otras bandas, entre ellos don Antonio el Lagunero y más tarde don Ángel, de Icod de los Vinos, músicos aventajados en las ban¬das de sus respectivos pueblos.
En el año 1934, por imperativos del destino, don Juan Luis Reyes se marcha a vivir al Realejo Alto, por su conocimientos en música empezaba a ser uno de los dirigentes de la organización. Su marcha causó un vacío en el seno de la agrupación, Se hizo cargo de ella el músico destacado don Antonio Mesa García y a trancas y barrancas siguió existiendo. Al año siguiente, 1935, por iniciativa del guanchero don Pedro Hernández Lorenzo, dedicado a los asuntos comerciales en Playa de Santiago, La Gomera, la banda fue contratada para amenizar las fiestas patronales de aquel barrio. Embarcaron un día por la mañana en el puerto de San Juan de Guia de Isora y como el personal no estaba acostumbrado a las cabriolas marineras, algunos de los músicos llegaron a Santiago en fatal estado de mareo. Allí estuvieron dos días, siendo muy bien tratados por parte del público y de don Pedro Hernández; regresaron de madrugada al mismo lugar de donde, días antes, habían salido; como el regreso fue con la noche, la mayoría se durmió y el viaje no fue tan malo como el de la ida.
SEGUNDA EPOCA DE LA BANDA, SU DESAPARICIÓN
Durante la guerra civil española, la banda existió, pero su actuación fue casi nula por falta de personal toda vez que la mayoría estaba en la guerra. Terminada ésta, volvió a resurgir y en el año 1942 fue llamado para organizarla y trabajar en el ayuntamiento don Juan Luis Reyes, el cual se hallaba tocando en la banda de Los Realejos; en cuerpo y alma se entregó a ella y en los años siguientes llegó a ser una buena agrupación de música, de las mejores que había en la isla.
Entrados los años sesenta, la banda empezó a decaer, los músicos no acudían a los ensayos, muchos se fueron para Venezuela, otros a trabajar en los centros turísticos del Puerto de la Cruz, algunos se integraron en orquestas donde ganaban :más dinero, Don Juan Luis Reyes hizo todo lo indecible por atajar aquel mal que sobre la banda se cernía y, desengañado de que aquello no tenía remedio, renunció a su - dirección. Aún se hicieron otros intentos para que sobreviviera, hubo dos nombramientos más de directores, pero al no haber una persona o un grupo de ellas, el 1966 la banda cerró definitivamente su local de' ensayo.
El pueblo siempre recordó con nostalgia a su banda, hasta que surgió un grupo de personas y estimulado por un hombre que se ha ocupado de todos los problemas viejos y nuevos que ha habido en el municipio: el actual alcalde, don José Bernardo Grillo González. A partir de aquí, ha resurgido la banda de música La ESPERANZA, la que un día fundara un cura, don Domingo González Hernández. La banda hizo su aparición por - primera vez el día de Corpus de 1980, al frente de la cual se halla un hijo del pueblo, antiguo músico, don Anatael Mesa Quintero, profesor de E. G. B.
EL ESTADO ECONÓMICO DE LA ANTIGUA BANDA
Pero no estaría esta crónica completa si no se hablara del estado económico en que siempre vivió la agrupación; aquellos tiempos no fueron buenos cuando de dinero se trataba; los instrumentos casi todos fue ron adquiridos en otras bandas que por su antigüedad iban siendo arrimados en el cuarto de los trastos, otros los prestaban y muchos los regalaban sobre todo cuando en la operación intervenía una persona conocida. Cuando se iba a una fiesta, de lo cobrado se le daba algo a los músicos para sus gastos particulares, pues ninguno tenía el placer de ser rico; el alumbrado del ensayo suponía un gasto casi diario y el arreglo de los instrumentos por su estado de vejez y quizás del mal trato que algunos les daban, era "el pan nuestro de cada día"; varios músicos aprendieron a soldar y, aunque por el trabajo no cobraran nada, los ingredientes para hacerlo había que comprarlos.
En la segunda época de la banda, después de la guerra civil, fue don Juan Luis el encargado de todas estas diligencias, sin olvidar a don Francisco Mesa García que era músico y además tenía un taller de herrería y por todo lo hecho y realizado a instancias de don Juan Luis, nunca cobró nada.
La Guancha, octubre de 1986
Cristóbal BARRIOS RODRIGUEZ

