domingo, 11 de febrero de 2007

Artículo publicado en Revista Semanal de EL DÍA, el sábado 10 de Febrero de 2007


LA SIERVITA DE DIOS
JOSÉ GREGORIO GONZÁLEZ



Aunque en Canarias su popularidad es indiscutible, lo cierto es que a nivel nacional son escasas las referencias a Sor María de Jesús en los tratados que explícitamente o aún de forma superficial abordan el abanico de anomalías y portentos que rodean a los santos y religiosos. La siervita, como es llamada de forma cariñosa tanto por los creyentes en sus virtudes e intercesión que la contemplan como por los como centro de un fenómeno cuando menos curioso, nació en el municipio tinerfeño de El Sauzal el 23 de marzo de 1643, falleciendo un 15 de febrero de 1731 cuando contaba con 87 años de edad. Desde entonces su cuerpo permanece incorrupto y conservado de una forma que aparentemente raya lo prodigioso, por muy incrédulos que seamos, en especial si tenemos en cuenta las peculiares condiciones ambientales que rodearon al cuerpo durante los primeros años después de la defunción, en nada favorables a su preservación. Su espectacular estado, junto a otros fenómenos extraños igualmente interesantes ligados a ella, hacen de esta monja tinerfeña un caso de indiscutible interés dentro del campo de la fenomenología mística y la religiosidad popular.

Misticismo y devoción

Al contrario que otros cuerpos incorruptos venerados en un contexto religioso, el de María de León Bello y Delgado, nombre de nacimiento de nuestra protagonista, no puede ser visitado por los fieles y público en general en cualquier momento del año. Con ella ocurre todo lo contrario, de tal manera que si alguien desea ver de cerca este insólito fenómeno constituido por su incorruptibilidad debe madrugar y hacer cola un 15 de febrero, fe-cha en la que se conmemora su muerte, y las monjas de clausura del convento de Santa Catalina de La Laguna, enclave en el que se conserva desde hace siglos, exponen su cuerpo. Miles de personas pasan durante toda esa jornada ante el lujoso sarcófago con cubierta de cristal regalado por Amaro Pargo, amigo de la monja y benefactor del convento que se sintió bajo la protección de la religiosa, guardando escrupulosamente su turno en las largas colas que circundan el edificio. Esta peregrinación permite que cada año se sumen a la causa de su beatificación centenares de nuevas gracias concedidas aparentemente por mediación de la religiosa, incrementando así la fama milagrera que se inició cuando aún vivía y que ha llevado a situar su devoción entre las tres primeras de la isla, tras la que recibe la Virgen de Candelaria y el Hermano Pedro de Betancourt.

Aunque el cuerpo se encuentra situado a una decena de metros del lugar por el que discurren los peregrinos y la iluminación no es demasiado buena, es posible con-templar con cierto detalle el aparente buen estado de conservación de la religiosa a través de las facciones de la monja, que vestida con los hábitos dominicos parece tan sólo dormir.

La vida de Sor María de Jesús está llena, como es de esperar, de todo tipo de relatos que ponen de relieve las gracias celestiales con las que al parecer fue bendecida, relatos tradicionales que lógicamente resultan muy difíciles de verificar y que estimulan la devoción popular. Se cuenta por ejemplo que de pequeña sentía una gran devoción por una imagen de un Niño Jesús que se encontraba en la Iglesia de San Pedro, en El Sauzal, imagen que supuestamente le habría las puertas del templo para recibir su visita, o cómo un laurel detuvo su crecimiento para poder seguir recibiendo directamente los cuidados de nuestra protagonista. Portentos que más bien parecen pertenecer al terreno de las habituales historias piadosas que surgen con el fin de tejer una biografía que ponga de manifiesto la presencia de la divinidad desde su infancia.

Fue en febrero de 1668 cuando entró en el convento, para un año después tomar el hábito y vivir desde entonces fiel a sus votos y en una constante penitencia, en la que no faltaron las flagelaciones, el ayuno o el cargar con una pesada cruz de madera por los jardines. Actitudes de dolorosa entrega difícilmente comprensi¬bles hoy en día, pero moneda común en otros tiempos en los que la religiosidad se vivía de formas muy diferentes. El periodista de esta casa EL DÍA y amigo, Domingo García Barbuzano, escribió hace varios años una completa y devota biografia de la monja, en la que da cuenta de singulares fenómenos y acontecimientos de naturaleza "extraña". Destaca por ejemplo un episodio de lo que en parapsicología se conoce como telequinesis, en el que una medalla de acero con la imagen de la Soledad, propiedad de la monja, se recompuso espontáneamente tras haberse roto en varias piezas días antes, o incluso un episodio de posible levitación descrito por otras monjas. Al igual que ocurre con otros místicos, Sor María de Jesús entraba en ocasiones en éxtasis, describiéndose la emanación de cierta luminosidad de su rostro, así como una elevación destacable de la temperatura corporal "Cuando comulgaba, describe Barbuzano, su cuerpo era abrazado por un calor divino que le afloraba en el rostro. Era tan grande que, en una ocasión, manifestó: aparta de mi Señor que no puedo sufrir tanta llama. Disimulaba dicho calor diciendo que era por la capa y el velo del hábito". Hablaríamos en ambos casos de fenómenos parabiológicos de singular interés.

Incorruptibilidad

La vida de la religiosa cuenta también con diversos episodios premonitorios, junto a un curioso sueño tras el cual desarrolló un estigma en el costado y una más que posible bilocación atestiguada por el famoso corsario Amaro Pargo, además de algunos escritos místicos estudiados por sus biógrafos y custodiados por las monjas. A pesar de haberse dado episodios de apariencia sobrenatural por sí solos significativos, estos posiblemente no habrían trascendido de no ser por confluir con el de la incorruptibilidad de su cuerpo, descubierto a los tres años de haber sido sepultada. Cuentan los textos que poco antes de morir cayó en éxtasis, conservando el pulso y las pupilas claras más de 24 horas, manando sangre fluida al hacer algún corte, y un líquido transparente que mantuvo su fragancia a jazmín hasta varios años de¬pués. En enero del año 1734, cuando se procedía al traslado de los restos, se descubrió que permanecía intacto, con las ropas empapadas, flexible, con su color natural, dándose la circunstancia incluso de que un trozo de carne que le quitó una religiosa conservado en un relicario parecía haber crecido de forma inexplicable. Y así desde entonces, a pesar de haber transcurrido la friolera de más 273 años.

Aunque existe una larga tradición milagrera, la Iglesia se muestra tan exigente que al menos en estos casos llega a hacer de "abogado del diablo", con tal de certificar fuera de toda duda la naturaleza sobrenatural de los hechos presentados como milagrosos. Y aunque la incorruptibilidad no es un signo de santidad, es evidente que también en este caso genera una importante devoción popular. No obstante, en el expediente de la causa de beatificación de La Siervita existen varios episodios de curaciones que se barajan como candidatos a prodigios, aunque, a fecha de hoy y en un mundo tan expuesto a lo impensable, ninguno de ellos resulta concluyente. Tal vez este año nos den a los curiosos y a los que se declaran devotos el milagro esperado.

El sorprendente caso de Sor María de Jesús



Este 15 de febrero se repetirá nuevamente el ritual. Miles de personas, en su inmensa mayoría fieles creyentes, desfilan a escasos metros de distancia del vistoso sarcófago en el que se conserva el cuerpo incorrupto de la monja Sor María de Jesús. Una cubierta de cristal permite contemplar el cuerpo de la religiosa revestida de sus hábitos, dejando al descubierto las manos y un rostro por el que no parece haber pasado el tiempo. 276 años la contemplan.


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