martes, 20 de febrero de 2007
Artículo publicado en Revista Semanal de EL DÍA, el sábado 17 de Febrero de 2007, escrito por María Jesús Riquelme Pérez.

“Desde el Quisisana”

En el 450 aniversario del nacimiento de un Santo, José de Calasanz y Gascón (1557-1648)

UN FILÁMTROPO DEL SIGLO DE ORO. FUNDADOR
DE LAS ESCUELAS PÍAS


MARÍA JESÚS RIQUELME PÉREZ


Al P. Tomás Santamaría (rector y director general); a la Comunidad Educativa y a los Ex alumnos de las Escuelas Pías del Quisisana.

"Si desde la infancia, el niño es imbuido diligentemente en la Piedad y en las Letras, ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de su vida entera" (San José de Calasanz).

Introducción

"La educación no es una realidad universal y etérea que prescinde de la historia y del ámbito donde se realiza" (P. Miguel Angel Asiain).

ESTA afirmación actual tendría que matizarse si nos retrotraemos a la escuela de la Edad Moderna, nuestro punto de partida en esta historia. En esta etapa, correspondiente a la España imperial –el Siglo de Oro–, sólo se educaban los hijos de los nobles y de la alta burguesía. Las escuelas eran escasas y privadas. La mentalidad de las familias en cuanto a la educación de sus hijos no se corresponde con las inquietudes actuales, de ahí que largos planes de estudios como conocemos en la actualidad no existiesen. Era incluso frecuente que los niños de las clases altas tuviesen preceptores en sus palacios o villas y no acudiesen a la escuela. No había titulaciones oficiales reconocidas, y sólo aprendían a leer y escribir y se preparaban intelectualmente los hijos de las familias pudientes, pues las escuelas, dirigidas funda-mentalmente por jesuitas, dominicos y franciscanos, eran privadas como ya indicamos. Con el paso del tiempo, según nos vamos adentrando en la Edad Moderna, bajo el patronazgo real y el mecenazgo de las órdenes religiosas y los nobles, el interés por la cultura va en aumento con la creación de las primeras universidades...

Desarrollo:

Biografía. Primeras acciones

El 11 de septiembre de 1557, en los inicios de la "Edad de Hierro", término acuñado para determinar el período de crisis y estancamiento que sufre Europa, nace en Peralta de la Sal (Huesca) un futuro gran hombre, José de Calasanz, no sólo por su físico sino por su gran misión y la magnífica obra que nos legó: la cristalización de un proyecto espiritual y pedagógico revolucionario en la decadente Roma del siglo XVII.

Su carácter reflexivo y sosegado y su sólida formación cultural y cristiana, en 1583 había sido ordenado sacerdote, le trazan una misión y un camino ya imparables desde que en el año 1592 llegara a la Ciudad Eterna en pro de una canonjía. El panorama que ofrecía Roma entonces, con numerosos niños huérfanos vagando y otros mendigando por las calles, sin oficio ni educación, producto de la crisis económica, la peste y las continuas guerras que aso¬laron a Europa, caló profundamente en el ánimo del P. José en su deambular como visitador de la Cofradía de los Santos Apóstoles, por los catorce barrios de la antigua capital del Imperio. La pobreza y la prostitución aumentaban de forma descontrolada, representando la cuarta parte de la población de cada país europeo, a pesar de los programas gubernamentales y acciones privadas de asociaciones benéficas por paliar esta crítica situación.

Encontramos a Calasanz como preceptor de los sobrinos del cardenal Marco Antonio Colonna (1592-1602) y ayudando los domingos en la catequesis al párroco de la iglesia de Santa Dorotea, en el barrio del Trastévere, de los más pobres de Roma. La sacristía de esta iglesia sería la génesis y punto de partida de la primera escuela cristiana, popular y gratuita de Europa desde el año 1597. Desde este momento, el cambio de residencia de Calasanz, con el beneplácito de las autoridades eclesiásticas, fue continuo. Entre 1602-1605 vive en el Palacio Vestri; de 1 605 a 1612 lo encontramos en el Palacio Manzini y, por último, de 1612 a 1648, año de su fallecimiento, en el Pala¬cio Torres anexo a la iglesia de San Pantaleón, siempre en su afán de buscar los espacios más amplios y adecuados para acoger a sus niños.

Pronto empieza a tener seguidores que admiran su filantropía y animan su labor. Así, en 1617 se legaliza la Congregación Paulina de las Escuelas Pías, con el nombre oficial de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Cuatro años más tarde, es declarada orden religiosa y en 1 622 se aprueban sus constituciones. Otra novedad respecto a la enseñanza de entonces es la fundación de otros centros de las Escuelas Pías por la propia Italia y en otros países de Europa, hecho insólito en la educación de entonces.

En pleno auge de expansión, el papa Urbano VIII suspende al fundador de su cargo de general y, tres años después, reduce la Orden a Congregación sin votos. Fue un duro golpe para el P. José, que muere cinco años después. En 1650 empieza rápidamente su beatificación. Seis años después, el papa Alejandro VII restablece la congregación de las EE. Pías y, en 1669, el papa Clemente IX restablece a la Orden sus votos solemnes. En 1748, justo cien años después de su fallecimiento, el papa Benedicto XIV, por fin, beatifica a José de Calasanz, y en el año 1767, el papa Clemente XIII canoniza al beato José de Calasanz en San Pedro del Vaticano, por fin es reconocida internacionalmente la labor espiritual y pedagógica de este santo.

El carisma calasancio

La filantropía de Calasanz tuvo una intención fundamental: fomentar la espiritualidad y conocimiento de Cristo para buscar el bien de la sociedad. En sus constituciones y en un Memorial del año 1626 dice textualmente: "Es propio del instituto de las EE. Pías enseñar a los alumnos y particularmente a los pobres, muchos de los cuales por dejadez o pobreza de sus padres no vienen a la escuela ni aprenden oficio alguno (..) ". Sobre esta misión primordial vuelve a insistir al final de su vida en el Memorial de 1645.

Ejes de la espiritualidad y pedagogía calasancia

Uno de los ejes de la espiritualidad calasancia es el concepto de piedad y del santo temor de Dios. Una misma realidad que transmite a su alumnado. Calasanz llama al educador "Cooperador de la Verdad", es decir, cooperador de Dios en la propagación y difusión de la ver-dad. Partiendo de su misma espiritualidad quiere que sus religiosos tengan unas cualidades que les hagan dignos cooperadores de la verdad y servidores de los niños, especialmente de los más pobres. Añade a lo anterior que el perfil idóneo del maestro calasancio debe ser: el amor de Dios y del prójimo; la paciencia y la caridad en su trabajo diario; la humildad, adaptándose al nivel cultural y moral y a las capacidades del educando: un aprendizaje, en definitiva, constructivista. Además, añade que el educador calasancio debe transmitir a su alumnado: el fomento y el desarrollo de la libertad humana con la suficiente fuerza para que se consiga la reforma de la sociedad mediante la educación. Para esta profunda labor en su doble vertiente de fe y cultura, era y es nece¬sario, si pretendemos seguir humildemente las directrices calasancias y vivir su carisma: un educador creyente cristiano, con rica vida interior para que pueda ofrecer su trabajo de forma desinteresada y generosa para sus educandos, especialmente para los más pobres. Entiéndase hoy día pobreza como carencias físicas y psíquicas, no sólo materiales.

Recordemos que la idea original de Calasanz era la de una escuela gratuita para los más pobres, con un plan de estudios articulado en nueve clases con cursos de cuatro a seis meses. En las cuatro clases de Primaria aprendían a leer y escribir, el ábaco (operaciones matemáticas básicas) y se iniciaban en la Gramática. En las clases de Secundaria, se ampliaban los conocimientos gramaticales y aritméticos y se añadían otras asignaturas, como Geografía, Historia, Griego, etc. En ambas etapas, la formación religiosa también estaba presente.

Actualmente, las Escuelas Calasancias siguen las normativas que en materia de educación imponen los Estados de los diferentes países del mundo, pero siempre bajo el prisma de una sólida formación humana y cristiana: evangelizamos educando; globalizamos para construir un mundo de paz y tolerancia en armonía y solidaridad con el medio ambiente; implicando a toda la comunidad educativa en el proceso de maduración del hombre y adquirimos instrumentos críticos y eficaces para que los jóvenes sean protagonistas en la transformación del mundo.

En definitiva, pretendemos el "sentir de la persona desde el clima escolar"; el respeto a personas y culturas diferentes a la propia; un talante liberal, paciente y respetuoso de los ritmos de crecimiento; una preparación cultural y pedagógica y, dentro del sentido democrático de nuestra escuela, una respuesta a los problemas sociales, en síntesis, pastoral y acción social, vertebrando y dando las directrices a los demás ejes de nuestra escuela, prioridades que diferencian el proyecto calasancio de otros proyectos educativos religiosos.

El mejor modo de hacer eficaz nuestra labor educativa y espiritual desde el carisma calasancio está en el acogimiento y la escucha, el "acompañamiento" de niños y jóvenes con afectividad (fraternidad universal). Es, sin duda, una dimensión inherente del carisma escolapio: ayudándoles a madurar para que ejerzan con reflexión su capacidad de decidir, no podemos olvidar que la transformación del hombre conlleva la transformación de la sociedad.

La Virgen María en las Escuelas Pías María fue siempre el referente ideal, vínculo directo con Dios, la Madre y educadora por excelencia. Por tanto, fue la figura a la que José de Calasanz encomendó su obra y bajo sus auspicios puso primero a su congregación y después a su orden religiosa. En todos los centros o escuelas escolapias, la Virgen María siempre está ocupando un lugar privilegiado.

La misión calasancia hoy

Para los religiosos, castidad, pobreza, obediencia y consagración especial en la educación de los niños. Formación integral para el alumnado. Buena preparación profesional y humana para los profesores laicos. A la comunidad educativa, en general, colaboración y cooperación, misión compartida.

Son ya millones los niños que desde el siglo XVII hasta el presente se han formado en las Escuela Pías del mundo y que han seguido llevando a sus hijos y nietos a educarse donde a ellos un día llevaron sus padres y abuelos. Esa gran "familia" de ex alumnos escolapios son los verdaderos discípulos de ese gran humanista español de nacimiento e italiano de adopción, allá donde se dirijan, alimentando la proyec¬ción calasancia a nivel internacional.

Las Escuelas Pías del Quisisana, Tenerife

Desde las Escuelas Pías de Santa Cruz de Tenerife, únicas en toda la comunidad canaria, que-remos sumamos a las celebraciones y actos que en todo el mundo tienen previsto realizarse en honor de este gran hombre, de fe y templaza de carácter, entregado a la educación, José de Calasanz.

Desde los años cuarenta del siglo XX, y con el paréntesis de 1978-1996, las Escuelas Pías han colaborado a la formación de numerosas generaciones de niños canarios; desde el año 1996 hasta el presente con carácter mixto, como demanda la Consejería de Educación a las actuales escuelas.

Después de dieciocho largos años ausentes de las Islas, el retomar de nuevo las actividades escolares en Tenerife, a partir del curso 1996-1997, obedeció primordialmente a las gestiones de numerosos ex alumnos que demandaban la enseñanza que ellos recibieron. El Quisisana, único centro donde se imparten hoy las enseñanzas calasancias, ha sufrido una serie de modernas remodelaciones y ampliaciones para adaptarse y dar respuesta a las instalaciones docentes y deportivas de los colegios concertados de las Islas. El colegio está a pleno rendimiento y las demandas de plazas para el alumnado son constantes. De nuevo, ha tenido la sociedad de Santa Cruz de Tenerife el privilegio de disfrutar de un centro educativo de calidad y prestigio, en el centro de la capital, para la formación de las futuras generaciones, dadas las características materialistas, consumistas y hedonistas de la actual sociedad laicista, cada vez más carente de valores e inquietudes.

Conclusiones

El proyecto de Calasanz ha sido difundido y mantenido a lo largo de casi cuatro siglos por todos los continentes, a través de las parroquias y escuelas creadas bajo su ideología y carisma (no cualquier educación transforma al hombre y a la sociedad, sino aquella que abarca la dimensión de Piedad y Letras, Fe y Cultura). Pero este proyecto no hubiera podido seguir adelante sin personas capaces y preparadas para continuar con su "testigo". El alto concepto que tiene el fundador del educador calasancio se expresa en la definición que le da: "Cooperador de Dios en la difusión de la Verdad". De ahí que sea tan importante la selección del profesorado. Quería Calasanz que sus maestros gozaran de "buena salud" fisica, psíquica, espiritual e intelectual. El maestro escolapio debe ser paternal y maternal, atrayéndose a los escolares y enseñándoles con afecto y paciencia, con verdadera vocación, especialmente a la diversidad (los más necesitados intelectual y emocionalmente). La respuesta que quiere dar la Orden en el siglo XX1 es la importancia de incorporar a los laicos al proceso de evangelización a través de las Escuelas Calasancias (Pedagogía del Umbral). Y la incorporación de todas las tecnologías más vanguardistas a sus métodos de enseñanza.

Calasanz sigue vivo en todas las Comunidades Escolapias, el carisma de un hombre de fe, adelantado a su tiempo en su concepción de la vida y la enseñanza, amigo de los intelectuales más avanzados y controvertidos de su tiempo, nos perfila su estilo, su personalidad y la vigencia de sus intemporales enseñanzas.
¡Feliz 450 aniversario del nacimiento de un Santo!.

Doctora en Historia del Arte.
Del Instituto de Estudios
Canarios. Profesora Escolapia

Publicado por Desconocido @ 22:26  | Artículos de interés
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