Acontecer pastoral de una parroquia

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Historia, horarios, fiestas y el acontecer pastoral de la parroquia de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha y de San José en San Juan de la Rambla, ambas en Tenerife, Islas Canarias, España; recopilación de noticias y artículos de interés.
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martes, 27 de febrero de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente.

El amor es imprescindible



Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 25 de febrero de 2007


¿Será algún día prescindible e innecesario el amor o la caridad? Esta pregunta que puede sorprender es la que a lo largo de la historia, y más concretamente en el siglo XX, plantearon aquellos intelectuales que sostenían que un Estado verdaderamente justo sería aquel en que fuesen innecesarios los héroes y los santos.
Detrás de las propuestas, aparentemente idealistas, que plantean que las estructuras justas convertirían en superfluas las obras de caridad, se esconde una concepción materialista del ser humano por la que se cree que hombre vive “sólo de pan”, una concepción que resta dignidad al propio hombre y que ignora lo que es precisamente más humano.

Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Así lo afirma Benedicto XVI en su Carta Encíclica «Deus Caritas est». Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda; siempre habrá soledad; siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que resulta indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.

El Santo Padre nos advierte que no es bueno que el Estado quiera absorberlo todo en sí mismo negando la actuación del individuo y de los grupos sociales que estructuran la sociedad. La política no tiene la exclusiva de la estructura social. Lo que más necesita un ser humano afligido es una entrañable atención personal y eso no se lo puede asegurar una instancia burocrática. El Estado jamás podrá dar amor.

Es imprescindible para el bien humano que el Estado aplique el principio de subsidiaridad y que así reconozca y apoye las iniciativas que surgen de las distintas fuerzas sociales. Estas iniciativas tienen la impagable virtud de unir la espontaneidad con la cercanía a todos los que se ven necesitados de auxilio.

Benedicto XVI invita a reconocer a la Iglesia entre estas fuerzas vivas de la acción social y caritativa. En la Iglesia late el amor suscitado por el Espíritu de Cristo, que brinda a todos los hombres no sólo la ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material.

La colaboración de la Iglesia con el Estado para el establecimiento de un orden justo presenta también esta otra faceta. Además de contribuir a la purificación de la razón, la Iglesia también contribuye a reavivar las fuerzas morales que instauran las estructuras justas y que las hacen operativas a medio y largo plazo. Sin esta savia de compromiso personal, las estructuras no acaban de dar el fruto esperado.

La Iglesia anima a los fieles laicos que forman parte de ella a que reconozcan la permanente necesidad del amor en nuestra sociedad y a que actúen a favor de un orden justo en la sociedad. Como ciudadanos del Estado, los laicos están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Deben contribuir a promover el bien común de modo orgánico e institucional a través de las acciones económicas, sociales, legislativas, administrativas y culturales.

La misión de los laicos es configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos, desde sus respectivas competencias y responsabilidades. Su actividad política puede ser llamada propiamente “caridad social”, ya que la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos.

Benedicto XVI advierte claramente que la Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes, y nunca habrá situaciones sociales en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente. E insiste en que el ser humano, más allá de la justicia, siempre tiene y tendrá necesidad de amor.

La acción social del Estado que procede de los impuestos no puede ser excusa para desentenderse del compromiso cristiano del amor y de la caridad. La acción caritativa de la Iglesia no es superflua aun cuando el Estado se autoproclame del bienestar. En todas las épocas de bonanza económica asistimos a graves injusticias y dificultades en el acceso a la vivienda o la estabilidad laboral. Al comenzar la Cuaresma, pongamos toda nuestra intención en ajustar nuestra vida a los principios que la dotan de pleno sentido y la rescatan de las trampas materialistas y espiritualistas: busquemos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Con mi bendición y afecto,

Agustín García-Gasco Vicente
Arzobispo

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