Artículo publicado en Revista Semanal de EL DÍA, el sábado 10 de Febrero de 2007
Aunque en Canarias su popularidad es indiscutible, lo cierto es que a nivel nacional son escasas las referencias a Sor María de Jesús en los tratados que explícitamente o aún de forma superficial abordan el abanico de anomalías y portentos que rodean a los santos y religiosos. La siervita, como es llamada de forma cariñosa tanto por los creyentes en sus virtudes e intercesión que la contemplan como por los como centro de un fenómeno cuando menos curioso, nació en el municipio tinerfeño de El Sauzal el 23 de marzo de 1643, falleciendo un 15 de febrero de 1731 cuando contaba con 87 años de edad. Desde entonces su cuerpo permanece incorrupto y conservado de una forma que aparentemente raya lo prodigioso, por muy incrédulos que seamos, en especial si tenemos en cuenta las peculiares condiciones ambientales que rodearon al cuerpo durante los primeros años después de la defunción, en nada favorables a su preservación. Su espectacular estado, junto a otros fenómenos extraños igualmente interesantes ligados a ella, hacen de esta monja tinerfeña un caso de indiscutible interés dentro del campo de la fenomenología mística y la religiosidad popular.
Misticismo y devoción
Al contrario que otros cuerpos incorruptos venerados en un contexto religioso, el de María de León Bello y Delgado, nombre de nacimiento de nuestra protagonista, no puede ser visitado por los fieles y público en general en cualquier momento del año. Con ella ocurre todo lo contrario, de tal manera que si alguien desea ver de cerca este insólito fenómeno constituido por su incorruptibilidad debe madrugar y hacer cola un 15 de febrero, fe-cha en la que se conmemora su muerte, y las monjas de clausura del convento de Santa Catalina de La Laguna, enclave en el que se conserva desde hace siglos, exponen su cuerpo. Miles de personas pasan durante toda esa jornada ante el lujoso sarcófago con cubierta de cristal regalado por Amaro Pargo, amigo de la monja y benefactor del convento que se sintió bajo la protección de la religiosa, guardando escrupulosamente su turno en las largas colas que circundan el edificio. Esta peregrinación permite que cada año se sumen a la causa de su beatificación centenares de nuevas gracias concedidas aparentemente por mediación de la religiosa, incrementando así la fama milagrera que se inició cuando aún vivía y que ha llevado a situar su devoción entre las tres primeras de la isla, tras la que recibe la Virgen de Candelaria y el Hermano Pedro de Betancourt.
Aunque el cuerpo se encuentra situado a una decena de metros del lugar por el que discurren los peregrinos y la iluminación no es demasiado buena, es posible con-templar con cierto detalle el aparente buen estado de conservación de la religiosa a través de las facciones de la monja, que vestida con los hábitos dominicos parece tan sólo dormir.
La vida de Sor María de Jesús está llena, como es de esperar, de todo tipo de relatos que ponen de relieve las gracias celestiales con las que al parecer fue bendecida, relatos tradicionales que lógicamente resultan muy difíciles de verificar y que estimulan la devoción popular. Se cuenta por ejemplo que de pequeña sentía una gran devoción por una imagen de un Niño Jesús que se encontraba en la Iglesia de San Pedro, en El Sauzal, imagen que supuestamente le habría las puertas del templo para recibir su visita, o cómo un laurel detuvo su crecimiento para poder seguir recibiendo directamente los cuidados de nuestra protagonista. Portentos que más bien parecen pertenecer al terreno de las habituales historias piadosas que surgen con el fin de tejer una biografía que ponga de manifiesto la presencia de la divinidad desde su infancia.
Fue en febrero de 1668 cuando entró en el convento, para un año después tomar el hábito y vivir desde entonces fiel a sus votos y en una constante penitencia, en la que no faltaron las flagelaciones, el ayuno o el cargar con una pesada cruz de madera por los jardines. Actitudes de dolorosa entrega difícilmente comprensi¬bles hoy en día, pero moneda común en otros tiempos en los que la religiosidad se vivía de formas muy diferentes. El periodista de esta casa EL DÍA y amigo, Domingo García Barbuzano, escribió hace varios años una completa y devota biografia de la monja, en la que da cuenta de singulares fenómenos y acontecimientos de naturaleza "extraña". Destaca por ejemplo un episodio de lo que en parapsicología se conoce como telequinesis, en el que una medalla de acero con la imagen de la Soledad, propiedad de la monja, se recompuso espontáneamente tras haberse roto en varias piezas días antes, o incluso un episodio de posible levitación descrito por otras monjas. Al igual que ocurre con otros místicos, Sor María de Jesús entraba en ocasiones en éxtasis, describiéndose la emanación de cierta luminosidad de su rostro, así como una elevación destacable de la temperatura corporal "Cuando comulgaba, describe Barbuzano, su cuerpo era abrazado por un calor divino que le afloraba en el rostro. Era tan grande que, en una ocasión, manifestó: aparta de mi Señor que no puedo sufrir tanta llama. Disimulaba dicho calor diciendo que era por la capa y el velo del hábito". Hablaríamos en ambos casos de fenómenos parabiológicos de singular interés.
Incorruptibilidad
La vida de la religiosa cuenta también con diversos episodios premonitorios, junto a un curioso sueño tras el cual desarrolló un estigma en el costado y una más que posible bilocación atestiguada por el famoso corsario Amaro Pargo, además de algunos escritos místicos estudiados por sus biógrafos y custodiados por las monjas. A pesar de haberse dado episodios de apariencia sobrenatural por sí solos significativos, estos posiblemente no habrían trascendido de no ser por confluir con el de la incorruptibilidad de su cuerpo, descubierto a los tres años de haber sido sepultada. Cuentan los textos que poco antes de morir cayó en éxtasis, conservando el pulso y las pupilas claras más de 24 horas, manando sangre fluida al hacer algún corte, y un líquido transparente que mantuvo su fragancia a jazmín hasta varios años de¬pués. En enero del año 1734, cuando se procedía al traslado de los restos, se descubrió que permanecía intacto, con las ropas empapadas, flexible, con su color natural, dándose la circunstancia incluso de que un trozo de carne que le quitó una religiosa conservado en un relicario parecía haber crecido de forma inexplicable. Y así desde entonces, a pesar de haber transcurrido la friolera de más 273 años.
Aunque existe una larga tradición milagrera, la Iglesia se muestra tan exigente que al menos en estos casos llega a hacer de "abogado del diablo", con tal de certificar fuera de toda duda la naturaleza sobrenatural de los hechos presentados como milagrosos. Y aunque la incorruptibilidad no es un signo de santidad, es evidente que también en este caso genera una importante devoción popular. No obstante, en el expediente de la causa de beatificación de La Siervita existen varios episodios de curaciones que se barajan como candidatos a prodigios, aunque, a fecha de hoy y en un mundo tan expuesto a lo impensable, ninguno de ellos resulta concluyente. Tal vez este año nos den a los curiosos y a los que se declaran devotos el milagro esperado.
El sorprendente caso de Sor María de Jesús
Este 15 de febrero se repetirá nuevamente el ritual. Miles de personas, en su inmensa mayoría fieles creyentes, desfilan a escasos metros de distancia del vistoso sarcófago en el que se conserva el cuerpo incorrupto de la monja Sor María de Jesús. Una cubierta de cristal permite contemplar el cuerpo de la religiosa revestida de sus hábitos, dejando al descubierto las manos y un rostro por el que no parece haber pasado el tiempo. 276 años la contemplan.
Guión litúrgico ofrecido por Manos Unidas para el domingo 11 de Febrero, sexto del Tiempo Ordinario, en la campaña XLVIII - 2007.
MONICION DE ENTRADA
Un año más celebramos hoy, en España, la Jornada Nacional de Manos Unidas. El lema propuesto es "TU SABES LEER, ELLOS NO". Responde a uno de los "ocho objetivos del milenio" que las Naciones Unidas proponen para eliminar la pobreza del mundo.
Todos los seres humanos deseamos ser felices. Es algo instintivo. Dios nos ha creado para ser felices. Pero ¿dónde está la felicidad y como conseguirla? Ante las diversas formas que se nos proponen, la Iglesia nos expone este Domingo las bienaventuranzas de Jesús como fórmula de felicidad.
ACTO PENITENCIAL
Hermanos: Antes de celebrar el misterio de la muerte y resurrección de jesús, pidamos perdón de nuestros pecados:
+ Tú, que proclamaste dichosos a los pobres, perdona nuestro apego a las riquezas: Señor ten piedad.
+ Tú, que declaraste felices a los hambrientos de justicia, perdona todas nuestras injusticias: Cristo ten piedad.
+ Tú, que llamas bienaventurados a los que lloran, perdona nuestra insensibilidad ante las miserias del hombre: Señor ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
MONICION A LAS LECTURAS
Jeremías 17, 5-8 1 Salmo 1 /
1 Corintios 15, 12.16-20 /LUCAS 6, 17.20-26.
Ante la realidad que manifiesta dos formas de comportarse en la vida, la Palabra de Dios nos habla de estos dos caminos; considera malditos a los hombres que prescinden de Dios y declara benditos a los que ponen su confianza en el Señor. ¿Dónde ponemos nuestra seguridad? ¿En quién confiamos? Dispongámonos a escuchar su Palabra como aquellas gentes sencillas que oyeron a Jesús en las orillas del algo Tiberiades.
IDEAS PARA LA HOMILIA
Ser felices es nuestra constante aspiración. Pero el problema se nos complica más cuando nos preguntamos qué hacer para ser felices. La verdadera dicha, la felicidad perfecta, no está directamente relacionada con el mucho tener. Se encuentra más en el ser. La sociedad de la abundancia produce bienestar, pero no felicidad. En los países ricos no se muere de paludismo o malaria, pero se muere de vacío, de estrés o de desencanto.
El hombre que cumple la Palabra de Dios, verdadera sabiduría, consigue la auténtica felicidad. Así lo expresan Jeremías y el salmo responsorial: "Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos..., sino que su gozo es la Palabra del Señor y medita su ley día y noche. Contrasta la felicidad y la infelicidad. Dichoso el que se fía de la providencia de Dios, que cuida de los pájaros y de las flores, que tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza. Dichoso el que cree que Dios es Padre, aunque no entienda la presencia del mal: "será como un árbol plantado al borde de la acequia".
Por el contrario, "maldito quien aparta su corazón del Señor", el que se endiosa actuando y prescindiendo de Dios. Hoy nos define Jesús el programa del Reino con cuatro bienaventuranzas, que vienen complementadas por otras cuatro malaventuranzas. Este mensaje de salvación es el mismo que Jesús proclamó en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres..."
"Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos". La pobreza, la carencia de los bienes necesarios para la vida no es buena, ni causa la felicidad. La pobreza sólo es buena cuando se acepta o busca voluntariamente. O cuando viene como resultado de ayudar a los demás con los propios bienes o para compartir la misma vida de los pobres. La pobreza evangélica es hija del amor y produce libertad. La pobreza sociológica normalmente es hija de la injusticia y produce subdesarrollo, enfermedad y muerte. Y Dios nos quiere la muerte, es Dios de vivos y quiere la vida. Jesús bendice a los pobres porque son humildes y confían en El; porque están más vacíos de sí mismos y no se apoyan en sus mucha sabiduría o grandes capacidades son dichosos porque Dios esta con ellos y llena sus vacíos, porque es su consuelo y su fuerza. El Reino de Dios les pertenece.
También afirma Jesús, "Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo". Infelices los que son ricos a costa de los pobres, los que no reparten con justicia, los que no distribuyen con amor, los que no respetan la dimensión social de la riqueza, los que se apoyan en el tener cada día más como sea, los codiciosos, los avaros, los que tienen como máxima que "el dinero no da la felicidad, pero ayuda a comprarla".
"Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados". Parece un sarcasmo el llamar felices a los hambrientos de pan y sedientos de agua, pues se trata de necesidades vitales que es necesario tener cubiertas. A lo más podemos comprender que son felices los que ayunan voluntariamente par ayudar a los hambrientos obligatorios o para compartir solidariamente su situación. Mateo puntualiza: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia", porque si fuésemos más justos habría menos hambre física en el mundo.
Ante la realidad del hambre, contrasta Jesús: "Ay de vosotros los que estáis saciados". Jesús no habla contra los que tienen lo suficiente para satisfacer sus necesidades. Sólo llama infelices a los que nadan en la abundancia, mientras otros mueren de inanición; los que desperdician la comida que podría alimentar a otros; los que se rodean de cosas y cosas que podrían cubrir las necesidades de otros; los que no hacen nada para que disminuyan las injusticias...
"Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis". Jesús bendice el llanto de la compasión por los que lloran ante el peso de la limitación; el llanto de aquellos que lamentan los males físicos que azotan los demás; el de quienes lloran los propios pecados y los males morales de la humanidad. Jesús promete la felicidad del cielo a cuantos han sido solidarios con los agobiados de la tierra.
Por el contrario, Jesús dice:"Ay de los que ahora reís, porque haréis luto y lloraréis". Jesús no ataca a los que se ríen disfrutando, Dios quiere nuestra dicha. Jesús llama infelices a los que ríen sobre las lágrimas de los demás; a los que trafican con armas o con drogas para matar; a los que se ríen de las des-gracias ajenas; a los que se inhiben ante las miserias del mundo.
"Dichosos vosotros, cuando os odien y os excluyan... por causa del Hijo del Hombre".Tampoco es bueno ser odiado e insultado por haber dado motivo para ello. Pero sí por ser fiel a Jesucristo y a su evangelio.
Por el contrario, afirma Jesús: "Ay si todo el mundo habla bien de vosotros". Jesús no va contra los que merecen la aprobación de los demás por sus virtudes: entrega, generosidad, bondad, altruismo, servicio, justicia... Jesús va contra los adulados por dinero o servilismo, los que venden su imagen como positiva, siendo sus obras o intenciones negativas; los que se preocupan de tener una buena fachada para recibir ala¬banza, sin tener contenido interior.
El mensaje de Jesús rompe con los esquemas de felicidad del mundo. Su código de felicidad es tremendamente paradójico y El mismo en persona será el exponente de esa paradójica felicidad: en su vida humilde y en su muerte de cruz encontrará su vida plena de resucitado.
Es posible que en pleno siglo XXI este mensaje nos pueda seguir resultando un tanto extraño. Estamos acostumbrados, también los cristianos, a vivir en una sociedad que en gran medida ha estado y está de parte de los poderosos y de los que asientan su felicidad en la economía materialista. Con esta forma de pensar es imposible entender el mensaje de Jesús y el programa de vida que nos propone. Todos corremos el riesgo de dejarnos enfangar en el Iodo que nos empuja a poseer y al deseo de tenerlo todo. Nos es muy fácil caer en la trampa del consumismo.
Pero el Espíritu de Dios no deja de soplar en la historia de los hombres, nos invita constantemente a despertar para tomar-nos más en serio la conciencia social del Evangelio.
¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podremos seguir el camino de Jesús? Unidos a El podremos caminar por las sendas de la felicidad, por el camino de las bienaventuranzas y así ser testimo¬nio de esperanza. Que la Eucaristía que celebramos nos rea-firme en este programa de Jesús.
ORACION DE LOS FIELES
Gozosos y confiados en la salvación de Dios, con espíritu de pobres, oremos por el mundo, por la Iglesia y por nosotros:
1.- Por el Papa Benedicto XVI, por nuestros Obispos y por todos los Sacerdotes, para que, viviendo el ejemplo de Jesús, guíen al pueblo de Dios por el camino de las Bienaventuranzas. Roguemos al Señor.
2.- Por la Iglesia, para que sea siempre un ejemplo de sencillez, de desprendimiento de todo afán de riquezas y de poder. Roguemos al Señor.
3.- Por los gobernantes de las naciones, para que impulsen el desarrollo de los pueblos más necesitados, respetando los valores humanos y cristianos. Roguemos al Señor.
4.- Por todos los que se encuentran en situación de sufrimiento, por los enfermos, por los más desheredados de la tierra, por todos los que viven con hambre y sed, para que el consuelo de Dios y la ayuda de todos les haga salir de su pobreza. Roguemos al Señor.
5.- Por todos los que trabajan en y con Manos Unidas, para que su ejemplo sea llamada y convocatoria que atraiga a otros voluntarios. Roguemos al Señor.
6.- Por todos los difuntos, y de una manera especial por los que han dedicado tiempo o recursos económicos a Manos Unidas para cumplir con su misión en la promoción y desarrollo de los más débiles. Roguemos al Señor.
7.- Por todos nosotros que participamos en esta Eucaristía, por los que la siguen a través de Televisión Española y por los que viven en la abundancia de bienes, para que a través de nuestro compromiso y estilo de vida contribuyamos a que se consiga hacer realidad los objetivos del milenio. Roguemos al Señor.
Escucha, Padre de bondad, las plegarias que te hemos dirigido con confianza filial. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
PRESENTACION DE OFRENDAS
Presentamos, Señor, el pan y el vino, para que transformados en alimento y bebida de salvación, nos den las fuerzas necesarias para seguir caminando en testimonio cristiano
Los proyectos subvencionados por Manos Unidas en el año 2006 y el cartel que motiva la campaña de este año. Con estos signos ponemos en tu presencia tantos esfuerzos y gestos de amor que hacen avanzar del Reino de Dios en los más escondidos rincones del Planeta. Gestos que apenas son noticia, pero son fermento de bienaventuranza.
INTRODUCCIÓN
La antigua y venerable institución arciprestal nació casi al mismo tiempo que la parroquia, al servicio de la comunión interna de las Iglesias particulares. La multiplicación de comunidades parroquiales en unas diócesis, cada vez más extensas, exigió la creación de esta instancia intermedia, para hacer más eficaz la función pastoral del Obispo y asegurar la necesaria unidad entre todas ellas. Por esa razón siempre que la Iglesia se ha propuesto revitalizar la acción pastoral, ha vuelto a poner los ojos en las posibilidades que ofrecía el Arciprestazgo, como medio transmisor de las corrientes renovadoras y eslabón casi necesario entre las parroquias y la pastoral de la diócesis.
Así, el Concilio de Trento, en su intento de aumentar la calidad de la cura pastoral, recurrió a esta institución para convertirla en cauce de la formación permanente del clero e instrumento de control del cumplimiento de los deberes de los presbíteros, de la dignidad del culto y de la recta administración de los bienes eclesiásticos. La codificación canónica de 1917 recogería todos estos objetivos, que configuraban al Arciprestazgo como una institución importante, aunque reducida casi exclusivamente al ámbito clerical.
La renovación eclesiológica promovida por el Concilio Vaticano II, volvió a utilizar la división arciprestal y la figura del Arcipreste, manteniendo muchas de las prescripciones del derecho anterior, pero situándolas en una nueva visión de la Iglesia y de las exigencias de la acción pastoral. El Código de Derecho Canónico, promulgado por Juan Pablo 11 en 1983, recoge las indicaciones del decreto conciliar Christus Dominus [CD] y del motu propio Ecclesiae Sanctac [ES] y define el Arciprestazgo como un grupo peculiar que une a varias parroquias cercanas para facilitar la cura pastoral mediante una actividad común (cfr. can. 374 § 2).
En coherencia con esta nueva imagen, que pone el acento en la unión de las comunidades parroquiales, la figura del Arcipreste, más que como una instancia intermedia entre los párrocos y el Obispo, se contempla como un impulsor y coordinador de la actividad pastoral común y como una ayuda para los párrocos y demás sacerdotes del distrito arciprestal (cfr. can. 555). Actualmente,
"el oficio de Arcipreste tiene una particular importancia pastoral en cuanto estrecho colaborador del Obispo en el cuidado pastoral de los fieles y diligente hermano mayor de los sacerdotes de la vicaría, sobre todo si se encuentran enfermos o en .situaciones difíciles. A él le corresponde coordinar las actividades pastorales que las parroquias realizan en común, vigilar que los .sacerdotes vivan de acuerdo con su propio estado y que .se respete lea disciplina parroquial, sobre todo litúrgica" (Apostolorum Successores [AS], Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, 218).
En la Iglesia Diocesana Nivariense, la institución arciprestal ha resultado una pieza clave durante todo el proceso de aplicación de la enseñanza del Concilio Vaticano II, hasta el punto de convertirse en unidad básica de la coordinación pastoral y cauce imprescindible para la revitalización del presbiterio diocesano. Ya en abril de 1991 el obispo Damián Iguacén Borau aprobó un Directorio Pastoral del Arciprestazgo, siguiendo las indicaciones de la Asamblea Diocesana de 1989. Posteriormente, el primer Sínodo Diocesano Nivariense, convocado y presidido por el obispo Felipe Fernández, dedicó treinta y una de sus Constituciones -promulgadas el dos de febrero de 1999- a abordar directamente la cuestión del Arciprestazgo corno instrumento para lograr una acción pastoral más corresponsable.
Las Constituciones Sinodales [CS] definen con precisión la función pastoral del Arciprestazgo, establecen su estructura interna y sugieren la revisión de la división arciprestal vigente (cfr. CS 838; 842). Para llevar a la práctica estas normas, las mismas Constituciones Sinodales pedían la actualización del «Directorio Pastoral del Arciprestazgo» (CS 843), tratando de potenciar el Arciprestazgo como «plataforma privilegiada para la pastoral de conjunto como escuela, hogar y taller» (CS 838), haciendo del mismo, «el lugar de la fraternidad sacerdotal, del encuentro de las comunidades parroquiales, del mantenimiento de servicios pastorales comunes y de la coordinación de las actividades pastorales de los consagrados y de los movimientos apostólicos» (CS 131).
En estos momentos, la Iglesia Nivariense está empeñada en un nuevo esfuerzo evangelizador, en vistas a suscitar la fe en tantas mujeres y hombres de nuestro tiempo, que apenas conocen a Dios y Padre de .Jesucristo. Este empeño misionero, plasmado en el Plan Diocesano de Pastoral 2004-2007: ««lacia una Iglesia Diocesana que acoge e anuncia a Jesucristo», exige reforzar la comunión profunda de todos los fieles y comunidades cristianas para hacer más creíble el Evangelio y lograr una mayor eficacia de las acciones evangelizadoras. Por eso, es importante y necesario que el Arciprestazgo asuma plenamente sus funciones, en orden a la renovación y vertebración del presbiterio diocesano y de toda la comunidad cristiana que vive y peregrina en Tenerife, La Gomera, NI Hierro y La Palma. Presbíteros, religiosos y laicos deben encontrar en el Arciprestazgo, un cauce de encuentro y de comunión, un instrumento efectivo para ejercer la corresponsabilidad y una plataforma adecuada para programar y realizar las acciones pastorales y misioneras.
Teniendo presentes la doctrina y la disciplina de la Iglesia, hay que afirmar que el Arciprestazgo no es ni una mini-diócesis, ni una confederación de parroquias que prive a éstas de su necesaria autonomía y capacidad de iniciativa; pero tampoco es una estructura artificial u opcional de la que se pueda prescindir sin grave daño en la misión de la Iglesia, porque el Arciprestazgo es un instrumento excelente para la conjunción de fuerzas apostólicas, en las que resulte potenciada la eficacia de las parroquias por la participación más activa de quienes integran el arciprestazgo y, sobre todo, por una coordinación más funcional de todas las personas y comunidades con los servicios diocesanos, encargados de promover y encauzar las acciones pastorales preferentes de la Iglesia Diocesana.
En este sentido, el Arciprestazgo deberá responder a una doble exigencia:
• Ayudar a una superación de concepciones autárquicas en la vida eclesial, fomentando el sentido de la pertenencia y la participación en la vida de la Diócesis, favoreciendo así la necesaria comunión para la misión.
• Facilitar el estudio, la participación y la coordinación de aquellas actividades pastorales que podrían resultar demasiado indeterminadas en el ámbito de la diócesis y superan, sin embargo, las posibilidades de las parroquias. Al mismo tiempo, es un valioso instrumento para fomentar la fraternidad, la formación y la ayuda mutua entre los sacerdotes que forman parte del mismo, así como para el resto de los agentes de pastoral.
En virtud de todo ello, de acuerdo con las instrucciones dadas por la Santa Sede a los obispos (cfr. AS 217), establecemos un estatuto común para todos los arciprestazgos de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna que queda plasmado en el presente Directorio Pastoral del Arciprestazgo. Deseamos y esperamos que su aplicación, en forma flexible y adaptada, sirva de ayuda para que los arciprestazgos de nuestra diócesis sean, cada vez más, auténticas unidades de acción pastoral al servicio del Evangelio (CS 844).
1. Naturaleza
Artículo 1.- La Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Nivariensc, conforme a derecho (cfr. can. 374, §§ 1-2; AS 217), se divide en parroquias que, por zonas geográficas, se unen en grupos peculiares que son los ARCIPRESTAZGOS, cada uno de los cuales
1. Estarán constituidos por las parroquias que determine el decreto de constitución de los mismos y en él se integran el Arcipreste, los párrocos, los vicarios parroquiales, otros sacerdotes con oficio pastoral en el arciprestazgo, sacerdotes jubilados y residentes, que sean colaboradores de las respectivas parroquias (aunque no tengan formalmente oficio pastoral), diáconos permanentes y diáconos destinados al presbiterado, miembros de institutos de vida consagrada, asociaciones, movimientos apostólicos y demás fieles que residen y/o ejercen su apostolado dentro del ámbito de las parroquias que lo integran. (cfr. can. 374; CS 844)
2.-Se conciben como una unidad pastoral que agrupa a parroquias vecinas, con el fin de facilitar la cura pastoral, mediante actividades comunes, la potenciación de la pastoral de conjunto y la mutua ayuda a los sacerdotes y al resto de los agentes de pastoral en su vida y misión. (cfr. AS 217; CS 133).
2. Fines
Art. 2. Son fines del ARCIPRESTAZGO:
1. Llegar a ser el lugar primordial y privilegiado para la promoción de la pastoral de conjunto, realizando programas pastorales de acuerdo con las orientaciones dadas por el Obispo para toda la Diócesis. (cfr. CS 132; 838)
2. Servir de instrumento de comunión en la Diócesis. (cfr. CS 130-131. 140) 8
3. Hacer llegar hasta las delegaciones y otros organismos diocesanos las necesidades y los problemas pastorales del Arciprestazgo, y facilitar la utilización conjunta de los servicios pastorales diocesanos en su demarcación.
4. Afrontar conjuntamente los nuevos retos y problemas que se planteen en cada circunstancia y que no pueden ser resueltos adecuadamente en una estructura parroquial.
5. Posibilitar y realizar una pastoral especializada, a fin de responder a las exigencias que plantean los distintos sectores (familias, jóvenes, enseñanza, catequesis, liturgia y fiestas, acción socio-caritativa, pastoral de enfermos, etc.). (cfr. CS 140).
6. Ayudar y estimular a la renovación de la parroquia y a su participación en la pastoral de conjunto.
7. Ayudar a los agentes de pastoral en una formación eficaz y conjunta, mediante servicios en el propio Arciprestazgo o Vicaría.
8. Promover, especialmente, la coordinación de la pastoral arciprestal con las comunidades de vida consagrada ubicadas en el Arciprestazgo, y cuya misión apostólica se centre en tareas complementarias a las que realicen las parroquias: enseñanza, catequesis, liturgia, acción caritativa y social, atención a los enfermos, ancianos, etc. (cfr. CS 140).
9. Constituir, cuando sea conveniente, servicios pastorales comunes para las parroquias del Arciprestazgo, animados por sacerdotes, religiosos y laicos. (cfr. AS 217).
3. Naturaleza y oficio del Arcipreste
Art. 3.- El Arcipreste es un sacerdote, nombrado por el Obispo, para colaborar más estrechamente con él, al frente de un Arciprestazgo concreto (cfr. CD 29; can. 553 § 1), durante un tiempo determinado (cfr. can. 554 § 2; ES 19. 2), con el fin de promover, coordinar y moderar la actividad pastoral común, preocuparse por los sacerdotes y procurar que la vida parroquial vaya de acuerdo con la pastoral diocesana (cfr. ES 19; AS 218), de modo que la atención pastoral de la diócesis crezca en unidad y eficacia (cfr. CD 30).
Art. 4.- El oficio de Arcipreste no está ligado con el de párroco de una parroquia determinada (cfr. can. 554 § 1; ES 19. 1) y su función es eminentemente pastoral (cfr. ES 19. 1), debiendo coordinar las actividades pastorales que las parroquias realizan en común, vigilar que los sacerdotes vivan de acuerdo a su propio estado y que se respete la disciplina parroquial, sobre todo litúrgica (cfr. can. 555; AS 218).
Art. 5.- Cuando el Obispo lo considere oportuno, podrá designar un Vice¬arcipreste para suplir al Arcipreste en sus ausencias y enfermedades. Para su nombramiento, tendrá en cuenta las sugerencias hechas por los sacerdotes al proponer Arcipreste y oirá el parecer del Arcipreste ya nombrado. Al Vicearcipreste le corresponde la función de secretario del equipo presbiteral arciprestal.
4. Propuesta y nombramiento del Arcipreste
Art. 6.- Podrán ser candidatos a Arcipreste los sacerdotes con oficio pastoral en el arciprestazgo, de acuerdo con los siguientes criterios (Cfr. ES 19. 1; AS 218):
a) Ser sacerdote, preferentemente, con nombramiento de párroco en el arciprestazgo;
b) tener suficiente experiencia pastoral;
c) tener autoridad moral y fama por su doctrina, piedad, prudencia y celo apostólico;
d) tener capacidad para promover la pastoral de conjunto dentro del territorio que se le confía, y fomentar la comunión, el diálogo y la participación;
e) merecer la confianza del obispo;
f) tener suficientes capacidades de dirección y de trabajo en equipo.
Art. 7.- El Arcipreste es nombrado por el Obispo, previa consulta a los sacerdotes que ejercen el ministerio en el Arciprestazgo del que se trata (cfr. can. 553 § 2). Para realizar la consulta el Obispo pedirá a los sacerdotes que le propongan, individualmente y en secreto, un nombre entre los sacerdotes que desempeñan su oficio pastoral en el arciprestazgo; en ningún caso se hará votación pública.
Art. 8.- Tomando en consideración las preferencias de los sacerdotes, el Obispo ha de elegir para el oficio de Arcipreste aquel que considere idóneo según las circunstancias de lugar y de tiempo. (cfr. can 554 § 1; AS 218).
Art.9.- El Obispo nombrará al Arcipreste para un período de cinco años, pudiendo ser renovado sólo por otros cinco años consecutivos (can. 554 § 2).
5. Deberes y derechos del Arcipreste
Art. 10.- Respecto a la pastoral arciprestal:
1. Promover y moderar, bajo la dirección del Vicario Territorial, la pastoral de conjunto en el arciprestazgo, de acuerdo con las Constituciones Sinodales (cfr. CS 838-839) y otras normas diocesanas, procurando que la estructura del Arciprestazgo sea lo más eficaz posible en orden a conseguir los fines que se pretende con ella: fomentar la fraternidad entre los sacerdotes de su territorio y coordinar, animar y promover la actividad pastoral común, mediante la correspondiente programación pastoral arciprestal. (cfr. can. 555; AS 218; CS. 132; 148; 150-153; Art. 2° del presente Estatuto).
2. Convocar, presidir y moderar el Equipo Sacerdotal y el Consejo Arciprestal de Pastoral, de acuerdo con sus propias normas (cfr. Capítulo V de este Directorio), incluidas aquellas reuniones cuyo objetivo sea la preparación del Consejo Presbiteral aunque él no sea el representante del arciprestazgo en el mismo (cfr. Capítulo VI de este Directorio).
3. Representar al Arciprestazgo ante los órganos e instituciones diocesanas y ante cualquier otro organismo o persona.
4. Presidir, en ausencia del Obispo, de los Vicarios Generales o del Vicario Territorial propio, las celebraciones que, con carácter diocesano o arciprestal, se celebren en su territorio y ejercer las funciones que los mismos le puedan encargar.
Art. 11.- Respecto al equipo sacerdotal:
1. De manera especial, junto con el Vicario Territorial, tiene el deber de cuidar que los clérigos de su distrito vivan de modo conforme a su estado, y cumplan diligentemente sus deberes. (cfr. can. 555 § 1, 20; cfr. cc. 273-289 y 528-552).
2. Fomentar la fraternidad sacerdotal y la vida común, velando para que reine siempre una relación de verdadera amistad entre los sacerdotes, entre éstos y los demás agentes de pastoral. (cfr. CS 150-153).
3. Procurar la asistencia y participación activa de todos los sacerdotes en las reuniones areiprestales programadas.
4. Promover la acogida y el apoyo a los sacerdotes que llegan nuevos al arciprestazgo, especialmente a los más jóvenes.
5. Cuidar que no falten a los presbíteros de su demarcación los medios espirituales y materiales, y ser especialmente solícito con aquellos que se hallan en circunstancias difíciles o se vean agobiados por problemas (cfr. can. 555 § 2, 2°: CS 155).
6. Cuidar que los sacerdotes de su distrito, que se encuentran gravemente enfermos, no carezcan de los auxilios espirituales y materiales; que se celebre dignamente el funeral de los que fallezcan (cfr. can. 555 § 3) y no perezcan sus cosas ni las de su iglesia. Le corresponde, además, cuidar de comunicar lo antes posible al Obispo, al Vicario Territorial y al Delegado para el Clero la enfermedad o el fallecimiento de los sacerdotes de su Arciprestazgo. En este último caso, de acuerdo con su familia y el Delegado para el Clero, gestionará y asistirá al funeral y sepultura del mismo, acompañando a los familiares al cementerio.
7. Procurar que quede garantizada la necesaria formación permanente de los sacerdotes en la dimensión humana, intelectual, espiritual y pastoral, a tenor de la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis (nn. 70ss.) y que asistan a las conferencias, reuniones y coloquios teológicos y pastorales, de acuerdo con la norma del canon 279.
8. Fomentar y preparar, adecuadamente, en coordinación con la Delegación para el Clero, la formación permanente del clero, los retiros mensuales, la asistencia a ejercicios espirituales, etc.
9. Distribuir los óleos sagrados a los párrocos, procurando su renovación anual y su digna conservación.
Art. 12.- Respecto a las parroquias:
1. Procurar que las funciones cultuales se celebren según las prescripciones de la sagrada liturgia (Cfr. cc. 834-838); que se cuide diligentemente el decoro de las iglesias y de los objetos y ornamentos sagrados, sobre todo en la celebración eucarística y en la custodia del Santísimo Sacramento. (cfr. cc. 555 § 1, 3°; 1205-1239; 1220 § 1).
2. Asimismo, ha de cuidar que la educación en la fe, el servicio de la caridad y la participación de los laicos se realice de acuerdo con las normas de la Iglesia y disposiciones sinodales.
3. Cuidar, conjuntamente con el Vicario Territorial, que en cada parroquia existan y funcionen debidamente los servicios colegiales prescritos por el derecho universal y la legislación diocesana, tales como el Consejo Parroquial de Asuntos Económicos y el Consejo de Pastoral Parroquial (cfr. cc. 536-537; CS 820). Asimismo deberá visitar las parroquias del arciprestazgo conforme a derecho (can. 555 § 4), manteniendo informado al Vicario Territorial del resultado de las mismas.
4. Presidirá, en ausencia del Obispo o de alguno de sus Vicarios Generales, o del Vicario Territorial propio, la entrada de un nuevo párroco, presenciando la profesión de fe y el juramento de fidelidad del mismo. (cfr. can. 527 § 2; 833 § 6).
5. Al Arcipreste se le concede delegación para asistir a los matrimonios que, debidamente tramitados, se celebren dentro de los límites de su Arciprestazgo, con facultad de delegar en caso particular y a tenor de las normas generales del Derecho (cfr. can. 137 §§ 3-4). Para no interferir la potestad ordinaria del párroco, usará esta facultad siempre que el párroco o quien haga sus veces, por cualquier causa, no pueda asistir a los mismos ni haya concedido delegación a un sacerdote o diácono, según el canon 1111.
Art. 13.- Respecto a cuestiones administrativas:
1. Hacer que se administren -en coordinación con el Vicario Territorial y el Ecónomo Diocesano- con diligencia los bienes eclesiásticos, y de modo particular la casa parroquial. Para ello: velará por la puesta al día de los libros de cuentas, visitará los inmuebles parroquiales para comprobar su estado, procurará que se entreguen al obispado las colectas diocesanas, los presupuestos y balances anuales, el fondo común, etc. (cfr. cc. 555 § 1, 3°; 1205-1239), ayudando a tomar conciencia de la necesaria cooperación, en la medida de las posibilidades de cada parroquia, con la economía general de la diócesis.
2. Hacer que se cumplimenten y guarden convenientemente los libros parroquiales (can. 555 § 1, 3°), para lo cual actuará coordinadamente con los Revisores nombrados al efecto.
3. En caso de enfermedad o muerte de un párroco, cuidar de que no perezcan o se quiten de su sitio los libros, documentos, objetos y ornamentos sagrados u otras cosas pertenecientes a la Iglesia. (cfr. can. 555 § 3).
4. En caso de desatención o de vacante por enfermedad, muerte, cese o ausencia prolongada del un párroco o de quien haga sus veces, si la parroquia no tuviere Vicario Parroquial, el Arcipreste asumirá provisionalmente el régimen de la misma corno Administrador Parroquial (cfr. can. 541 § 1) con todos los derechos y deberes que le correspondan (cfr. can. 540) desde el mismo día en que el párroco abandone la parroquia, y lo comunicará al Vicario Territorial o General para que se provea cuanto antes. Igualmente, durante las ausencias del párroco por vacaciones u otras causas, si no se ha provisto de otra manera, atenderá la parroquia juntamente con los sacerdotes del arciprestazgo.
Art. 14.- Respecto a la vicaría territorial:
1. El Arcipreste informará al Vicario Territorial, por propia iniciativa o cuando éste se lo requiera, de todos aquellos asuntos que, por su naturaleza, debe conocer, orientar o ayudar a realizar.
a) Al mismo tiempo mantendrá con él las reuniones que sean necesarias; y con los Arciprestes de la Vicaría aquellos encuentros oportunos para intercambiar experiencias, unificar criterios y potenciar la acción pastoral común.
b) El Arcipreste, en cualquier cosa, debe asumir todas las responsabilidades que le son propias, sin que el Vicario Territorial deba intervenir por vía de suplencia, salvo casos excepcionales.
2. El Arcipreste es elegible, por y entre los Arciprestes de la Vicaría, como miembro del Consejo de Pastoral Diocesano (art. 5 del Estatuto del Consejo de Pastoral Diocesano).
Art. 15.- Respecto a la diócesis:
1. Como representante del arciprestazgo, hablar con el Obispo y/ o sus Vicarios, siempre que sea requerido o lo considere necesario, para tenerles al tanto de cualquier asunto relativo al arciprestazgo.
2. Presentar al vicario territorial y general, durante el mes de septiembre, la programación pastoral del arciprestazgo, velando para que esté en comunión con los Planes y Proyectos Pastorales Diocesanos.
3. Ser oído, a tenor de los cánones 524 y 547, cuando se trate del nombramiento de párrocos o vicarios parroquiales dentro de su arciprestazgo.
4. Ser convocado y participar en el Sínodo Diocesano.
5. Procurar las relaciones necesarias y oportunas de los órganos arciprestales con los servicios pastorales diocesanos.
6. Acudir y participar en las reuniones de arciprestes, que convoque el Ordinario u otra persona con su consentimiento.
6.- Cese del oficio
Art. 16. El Arcipreste y Vice-arcipreste cesarán en su oficio:
1. Al expirar el tiempo para el que fue elegido, pudiendo ser designado otra vez, consecutivamente, por un nuevo y único período de tiempo. (cfr. can. 554 § 2).
2. Cuando es destinado a ejercer el oficio pastoral a otro arciprestazgo.
3. Por renuncia escrita al Obispo, quien procederá a su aceptación, en caso de que exista causa justa y proporcionada. (cfr. can. 189).
4. Por remoción, de acuerdo con el derecho. (cfr. cc. 194; 554 § 3).
7. Concepto, composición, fines y funcionamiento
Art. 17. Es como una célula vital del Presbiterio Diocesano, que posibilita la realización conjunta y orgánica de la misión sacerdotal en el Arciprestazgo, y de la fraternidad sacerdotal. El equipo presbiteral del arciprestazgo, en cuanto concreción del presbiterio y corresponsable de la pastoral diocesana, está formado:
1. Por todos los sacerdotes que desempeñen una función pastoral en el territorio del Arciprestazgo por nombramiento del Obispo. (cfr. CD 3).
2. Así mismo, forman parte del equipo presbiteral los sacerdotes jubilados que residan en el Arciprestazgo. Pueden participar otros sacerdotes que tengan domicilio en el arciprestazgo, aunque no desempeñen en él un cargo pastoral. Tanto unos como otros lo harán con voz pero sin derecho a voto.
3. Los diáconos permanentes y los destinados al presbiterado adscritos cualquier parroquia del arciprestazgo, pueden participar en sus reuniones con derecho a voz, pero no a voto.
Art. 18. Fines.
1. Ser cauce de encuentro y fraternidad, para orar juntos, compartir la vida favorecer el mutuo conocimiento y la amistad sacerdotal, realizar 1 formación permanente, ofrecer y prestar las ayudas mutuas necesaria! estudiar conjuntamente los planes pastorales arciprestales, sugerir proponer cuantas iniciativas se crean convenientes para la evangelización
2. Favorecer la participación activa de sus miembros en las tareas comune del arciprestazgo.
3. Promover, con especial cuidado, la acogida de los sacerdotes jóvenes los que se incorporan al arciprestazgo, ayudándoles en sus primera labores y aprovechando su dones para enriquecimiento del arciprestazgc Asimismo, procurar que los jóvenes y los recién llegados aprovechen 1 experiencia de los mayores y de los que llevan más tiempo en E arciprestazgo.
4. Cuidar la atención a los sacerdotes enfermos o ancianos, y a los que s encuentren en cualquier otra dificultad.
5. Prever con antelación suficiente y coordinar las sustituciones de le sacerdotes del arciprestazgo en sus ausencias o vacaciones.
6. Fomentar y planificar debidamente, con el Consejo de Pastor Arciprestal u otros servicios parroquiales y/o diocesanos, encuentro arciprestales para potenciar una fraternidad real y la corresponsabilida entre los agentes de pastoral, así como reuniones periódicas de sacerdote y miembros de institutos de vida consagrada, de las delegacione diocesanas u otros servicios diocesanos con los miembros de arciprestazgo, encuentros arciprestales por sectores pastorales, e impulse la participación en los encuentros y demás citas diocesanas. (cfr. CS 105 111; 115; 120; 122-123; 126-132).
Art. 19. Estructura y funcionamiento del Equipo
1. El equipo presbiteral se reunirá ordinariamente una vez a la semana, y siempre que lo crea necesario o conveniente el Arcipreste, o así lo solicite la mayoría de sus miembros.
2. El Arcipreste convoca, preside y modera la reunión de equipo, fijando el orden del día, de acuerdo con sus miembros. El Vice-arcipreste, como Secretario nato, ejercerá las funciones propias de su cargo.
3. La asistencia de sus miembros es obligatoria, a no ser que lo impida alguna causa imprevista, grave y justa, de la que deberán informar previamente al Arcipreste, quien le informará lo más pronto posible de lo acordado.
4. Por su naturaleza estas reuniones y demás iniciativas en vistas a fomentar la fraternidad presbiteral y apostólica son especialmente vinculantes y tienen prioridad sobre cualquier otra actividad, sin que se pueda justificar, en conciencia, la ausencia habitual o frecuente de los sacerdotes a las mismas.
5. En la estructura de estas reuniones, que entran dentro de la identidad y espiritualidad del sacerdote diocesano, se procurará siempre un tiempo adecuado para la oración en común y en ellas han de tener cabida los retiros mensuales, la formación permanente, la promoción, seguimiento y evaluación de la actividad pastoral conjunta, así como los trabajos requeridos por los servicios diocesanos.
6. Asimismo, cada cierto tiempo, conviene hacer reuniones para descansar en un ambiente festivo y fraternal, que permita una sana recreación del ánimo y un gozoso esparcimiento del espíritu (cfr. PO 8).
7. En cada Arciprestazgo habrá un Libro de Actas en el que se recoja la memoria de lo tratado en las reuniones del equipo sacerdotal, especialmente de los acuerdos adoptados. Al Secretario le corresponde la redacción de la actas y la custodia de dicho libro.
8. Constitución y fines.
Art. 20. Entre las estructuras arciprestales están también la Comisiones. Es deseable que en los arciprestazgos se constituyan Comisiones para coordinar los temas pastorales comunes: catequesis, liturgia, vocaciones, misiones, cáritas. pastoral de la salud, familia, juventud, etc. Al menos, debe procurarse que haya un representante de cada una de de las ocho áreas de acción pastoral en que se estructura el Departamento de Coordinación Pastoral de la Vicaría General: Evangelización o pastoral de la Palabra, Pastoral Social, Culto y Espiritualidad. Vida Consagrada, Apostolado Seglar, Diálogo Interconfesional e Interreligioso; Diálogo Fe-Cultura y Formación Teológica (cfr. Estatuto de la Curia: Dimensión Pastoral de la Curia Diocesana, Boletín Oficial del Obispado, noviembre-diciembre de 2000, pp. 683-686)
Art. 21. Se pueden crear igualmente otras comisiones, bien por iniciativa propia de las parroquias, bien por acuerdo del Consejo de Pastoral Arciprestal, para coordinar tareas determinadas, ya de forma ocasional, ya de forma permanente. Estas comisiones estarán bajo la inmediata responsabilidad del Arcipreste y en contacto con el Vicario Territorial
Art. 22. Debe existir una estrecha y eficaz relación entre las comisiones arciprestales y las diocesanas correspondientes, según los mecanismos que prevea cada delegación u organismo diocesano y los propios arciprestazgos.
9. Concepto, miembros, fines y funciones.
Art. 23. Concepto
1. Este Consejo se concibe como un órgano permanente, colegiado, de carácter consultivo, en el que están representadas todas las parroquias, las comunidades de vida consagrada, asociaciones y movimientos apostólicos del Arciprestazgo, los profesores de ERE de la zona, en orden a promover, potenciar, dinamizar y coordinar las tareas pastorales comunes y la vida eclesial del mismo.
2. El consejo deberá articular su estructura, sus fines y funcionamiento con el Consejo de Pastoral Diocesano y con los Consejos Pastorales Parroquiales.
Art. 24. Miembros
Este consejo, presidido por el Arcipreste, estará integrado por:
1. Los párrocos, los vicarios parroquiales, otros sacerdotes con oficio pastoral en el arciprestazgo, así como los diáconos permanentes y los diáconos destinados al presbiterado.
2. Los responsables laicos de cada una de las comisiones arciprestales.
3. Un representante por cada uno de los Institutos de Vida Consagrada o Sociedades de Vida Apostólica que ejerzan su actividad apostólica en el territorio del Arciprestazgo, propuesto por el superior/a de la respectiva comunidad. Cuando en un Arciprestazgo haya más de una comunidad del mismo Instituto o Sociedad de Vida Apostólica, se pondrán de acuerdo los superiores respectivos para decidir quien les representa.
4. Dos representantes de los Movimientos y Comunidades Eclesial legítimamente establecidos en el arciprestazgo, elegidos de mute acuerdo por los responsables.
5. Dos representantes de las Hermandades, Cofradías y Esclavitudes c Arciprestazgo, elegidos de mutuo acuerdo por los responsables de 1 mismas.
6. Un representante de los profesores Enseñanza Religiosa Escolar de 1 centros educativos públicos y otro de los centros educativos privados c arciprestazgo, elegidos en cada caso por ellos y entre ellos.
7. Tres seglares, como máximo, por cada parroquia designados por Consejo Parroquial de Pastoral entre los miembros del mismo o, en defecto, un representante de los colaboradores más asiduos de parroquia, designado por el párroco, hasta que se constituya el Consejo Pastoral Parroquial.
8. Dos representantes más, si se estima conveniente, designados por Arcipreste, teniendo en cuenta la entidad e importancia de los sectores representados y la necesaria representación de todo el Pueblo de Dios q constituye el arciprestazgo.
Art. 25. Fines
1. Mantener la adecuada relación con el Consejo Diocesano de Pastoral según las indicaciones del Ordinario.
2. Estudiar, analizar la realidad, programar y evaluar la marcha de pastoral arciprestal en comunión con los planes diocesanos y procurar una adecuada pastoral de conjunto con las parroquias.
3. Implementar y hacer el seguimiento de los planes pastorales asumidos y el arciprestazgo.
4. Presentar cuantas sugerencias y propuestas crean necesarias convenientes para una mayor eficacia evangelizadora en los niveles parroquial, arciprestal o diocesano.
5. Fomentar la adecuada coordinación y participación en las citas diocesanas de acuerdo con el Equipo Presbiteral del Arciprestazgo.
Art. 26. Votaciones y acuerdos
Todos los miembros del Consejo tienen derecho a voz y voto. Las decisiones se tornarán por mayoría conforme a derecho, y las mismas han de referirse siempre al marco de competencia de un Consejo de Pastoral, según el derecho y la praxis de la Iglesia.
Art. 27. Otras disposiciones
1. El Consejo puede actuar en Pleno o en Comisión Permanente
2. La Comisión Permanente estará constituida por el Arcipreste, que la presidirá, el Vice-arcipreste y un número de miembros entre tres y siete, elegidos de entre los que componen el pleno, de tal modo que queden representados proporcionalmente todos los sectores que lo integran. Dicha comisión tiene como función propia preparar las reuniones del pleno y velar por el cumplimiento de las resoluciones que se tomen en el mismo, así como abordar algún asunto urgente que estime el Arcipreste.
3. El Pleno se reunirá, al menos, tres veces al año y la permanente cuantas veces el Arcipreste lo crea conveniente.
4. El Consejo se renovará, en la mitad de sus miembros, cada cuatro años. La pérdida, por cualquier circunstancia, de las condiciones por las que fue elegido miembro del Consejo Pastoral Arciprestal, lleva también consigo la pérdida de la pertenencia al mismo.
5. El Consejo elegirá un secretario que levantará acta de los acuerdos que se tomen y cuidará de la conservación de la misma. Será a su vez, secretario del pleno y de la comisión permanente, siendo -además- el responsable de comunicar las citaciones a las reuniones de dichos órganos con suficiente antelación.
6. Corresponde al Arcipreste invitar a algunas reuniones a determinadas personas que considere oportuno según la índole de los asuntos a tratar.
7. El Vicario General o Territorial podrá asistir a sus reuniones cuando lo considere oportuno, para lo cual procurará avisar al Arcipreste con antelación.
8. El Consejo de Pastoral Arciprestal elaborará un reglamento, teniendo en cuenta el presente Directorio, para su funcionamiento que debe ser aprobado por el Ordinario.
10. Naturaleza y misión
Art. 28. Los sacerdotes de cada arciprestazgo elegirán su representante para el Consejo Presbiteral según las normas establecidas en la Diócesis (Boletín del Oficial del Obispado, enero-febrero 2001, pp. 54-61). Este sacerdote se considera y cuenta entre los cooperadores en el régimen de la Diócesis (cfr. CD 27). Su misión es ayudar al Obispo en el gobierno de la Diócesis conforme a las normas de Derecho, para proveer lo más posible al bien de la porción del pueblo de Dios que se la ha encomendado. (cfr. can. 495).
Art. 29. Los sacerdotes del Arciprestazgo han de proceder con sentido de responsabilidad en la elección de su representante, teniendo en cuenta la importante misión que debe desempeñar en el Consejo Presbiteral, "un grupo de sacerdotes que sea como el senado del Obispo, en representación del presbiterio" (can. 495 § 1).
Art. 30. El representante del arciprestazgo en el Consejo Presbiteral tiene una doble responsabilidad: la de representar a los sacerdotes que lo eligieron y la de ser consejero del Obispo para ayudarle eficazmente con sus consejos en el gobierno de la Diócesis. El elegido ha de tener en cuenta su doble misión, y los electores han de elegir al sacerdote que, según su buen criterio, mejor pueda desempeñarla.
Art. 31. EN CUANTO REPRESENTANTE DE UN GRUPO SACERDOTAL, ha de consultar a sus representados los temas que figuren en el orden del día de las sesiones del Consejo Presbiteral y estudiarlos y trabajarlos corno se pida. Ha de transmitir fielmente la opinión de su sector en el momento de las deliberaciones y en las relaciones escritas que envíe. Ha de ser fiel transmisor y portavoz a su grupo de las cuestiones tratadas en el Consejo, que no caigan bajo secreto que, en determinados casos, puede urgir el superior. (cfr. can. 127§3;500§ 3).
Art. 32. En relación con el grupo sacerdotal que le eligió, la actuación del representante en el Consejo Presbiteral es en doble dirección: Llevará al Consejo la opinión y el sentir de su grupo. Por otra parte, ha de ser portavoz fiel y leal de lo tratado en el Consejo, procurando no ocultar ni omitir ni interpretar subjetivamente los asuntos tratados. El equipo sacerdotal tiene derecho a estar bien informado por su representante, y éste ha de ser siempre prudente y discreto, según la naturaleza de los asuntos tratados.
Art. 33. EN CUANTO CONSEJERO DEL OBISPO, el representante del arciprestazgo en el Consejo Presbiteral debe manifestar sinceramente su opinión cuando se requiera su consentimiento o su consejo. Emite su voto en el Consejo bajo la propia responsabilidad y no como mero portavoz de sus electores (cfr. Decreto de CEE, Art 3, 3). "Todos aquellos cuyo consentimiento o consejo se requiere están obligados a manifestar sinceramente su opinión y, también, si lo pide la gravedad de la materia, a guardar cuidadosamente secreto, obligación que el superior puede urgir". (can. 127 § 3). En cualquier caso, el consejero debe sentirse responsable de lo que aconseja y de lo que dice y comenta fuera del Consejo.
Art. 34. Cuando el consejero elegido para el Consejo Presbiteral es distinto del Arcipreste, el consejero informará puntualmente a los sacerdotes del arciprestazgo en reuniones convocadas y presididas por el Arcipreste, con el que se ha de poner previamente de acuerdo. El Arcipreste procurará dar espacios suficientes para tratar los asuntos del Consejo Presbiteral.
Art. 35. Queda abrogado el Directorio Pastoral del Arciprestazgo de 1991, así como cualquier norma o costumbre diocesanas que sean contrarias a este Directorio.
Art. 36. Este Directorio queda sometido a cualquier disposición ulterior, Diocesana o supra-diocesana al respecto.
En San Cristóbal de La Laguna, a diecinueve de noviembre de dos mil seis, día de la Iglesia Diocesana.
La lectura permite ganarse el pan de una forma segura y digna:
La formación abre puertas a la posibilidad de encontrar trabajos bien remunerados que permiten ganarse la vida de forma holgada digna. El analfabetismo y es el mejor caldo de cultivo de la pobreza y el hambre.
La lectura permite acceder al desarrollo y a la cultura:
La escritura sigue siendo el vehículo principal de transmisión de todos los conocimientos humanos. No saber leer y escribir cierra las puertas a ese conocimiento y sumerge en el subdesarrollo. Quienes no saben leer y escribir, e incluso quienes no tienen apenas cultura, aunque sepan leer y escribir, se convierten en ciudadanos de segunda clase, porque no tienen acceso a la mayor parte de los avances de la humanidad, ni al conocimiento de todo lo que la ciencia y la historia han ido aportando a la vida humana durante siglos. A veces despreciamos a los que estudian, pero a la larga serán los que salgan adelante con mayor seguridad, porque en nuestra sociedad de la información:"saber es poder".
Lo increíble es que las personas no deben seguir el largo camino de la humanidad. Un indígena nacido en una cultura similar a la edad de piedra puede llegar a ser una persona perfectamente formada e incluso un gran científico, realizando en su corta vida todo el camino que la ciencia ha tarda-do milenios en recorrer. Esta ductilidad del ser humano debe animarnos a luchar por la educación para todos.
La lectura permite alcanzar una dignidad, sentir aprecio y autoestima:
Todas las personas son iguales y valen lo mismo independientemente de sus circunstancias. Pero la persona con conocimientos y cultura es una persona más valiosa, porque es más capaz; sabe que puede aportar algo a la humanidad; se siente integrado dentro de la sociedad; siente que tiene un puesto dentro de ella; se siente mejor y más seguro de sí mismo; tiene más posibilidades de ser apreciado y respetado por los demás y puede, por todo ello, sentir una legítima autoestima por lo que es y por lo que vale.
Los conocimientos que aporta la lectura potencian el crecimiento personal, el enriquecimiento cultural, y la integración social. El analfabetismo y la falta de cultura producen todo lo contrario: dependencia, inseguridad, sentimiento de impo¬tencia y de inferioridad.
La lectura permite conocer la Palabra de Dios y su salvación:
Aunque la Palabra de Dios no va a darnos de comer, sin embargo es más importante que otras palabras, porque es la puerta de la salvación eterna. Para los creyentes esta Palabra, que es Cristo encarnado, es la palabra definitiva que Dios ha dicho a la humanidad, por eso poder conocerla supone entrar en el camino de la salvación.
Saber leer permite a la persona conocer directamente la palabra de Dios expresada en la Biblia y especialmente en los Evangelios. De alguna manera, los que no saben leer, tienen cerrada la puerta directa al conocimiento de Dios, porque dependen siempre de lo que otros les cuentan.
Y esta cuarta razón es especialmente importante porque el acercamiento a Dios y a los auténticos valores que Dios nos aporta es el que permite humanizar los conocimientos. Llegar a saber mucho no es lo más importante para la persona y para la humanidad, porque los conocimientos pueden ser armas de doble filo. Enseñar muchas cosas a un desalma-do puede significar darle los medios para hacer el mal de una forma mucho más refinada y sofisticada. Por eso la palabra de Dios es importante, porque convierte los conocimientos en educación, aportando sentido y valores morales a la persona. Tan importante como enseñar cosas es enseñar a ser hijo de Dios, es decir, una persona positiva y constructiva para uno mismo y para la humanidad.
Desde los inicios de la Iglesia ha habido cristianos que se han consagrado totalmente a Dios. Esta manera de vivir la vida cristiana existirá siempre en la Iglesia, porque la promueve el Espíritu en el corazón de los hombres y las mujeres. Es una vida de seguimiento radical de Jesús con la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.
Aquellos a los que conocemos con el nombre genérico de religiosos son personas que, dóciles al llamamiento de Dios, han escogido este camino de especial seguimiento de Jesucristo para dedicarse a Él con un corazón indiviso. Como los apóstoles, también ellos lo han dejado todo para estar con Cristo y para ponerse, con Él, al servicio de Dios y de los hermanos.
Quien más quien menos, todos conocemos a algunos religiosos y religiosas porque se dedican a la enseñanza, a la asistencia a los pobres y marginados, a la atención a los ancianos, al cuidado de los enfermos... No obstante, es válida la pregunta: ¿cómo valoramos la vida religiosa entregada plenamente a Dios y al servicio de los hermanos? El sentido y el contenido de la vida consagrada a Dios sólo se pueden entender con una profunda visión de fe que se alimenta y se mantiene con la oración.
La Iglesia dedica cada año una jornada a la vida consagrada. El lema de la jornada de este año es: "Presencia de la Trinidad en la historia. Vida consagrada y familia". Los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia que siguen los religiosos y las religiosas son, ante todo, un don de la Santísima Trinidad. La vida consagrada es anuncio de aquello que el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu, realiza con su amor, su bondad y su belleza.
La primera tarea de la vida consagrada que viven los religiosos es hacer visibles las maravillas que Dios ha hecho y está haciendo en la frágil humanidad de las personas que han recibido esta vocación. Estos hombres y estas mujeres, más que con las palabras, dan testimonio de estas maravillas con el lenguaje elocuente de una existencia transfigurada. De esta manera, sus vidas se convierten en una de las improntas concretas que la Trinidad deja en la historia, a fin de que los hombres puedan descubrir el atractivo y la nostalgia de la belleza divina.
El Concilio Vaticano II hizo una observación importante: "Nadie debe pensar que los religiosos por su consagración se convierten en extraños a los hombres o inútiles en la ciudad terrena", porque "los religiosos ayudan a sus contemporáneos, ya que los tienen presentes en las entrañas de Cristo y colaboran espiritualmente con ellos para que la construcción de la ciudad terrena tenga siempre a Dios como fundamento y como meta, no sea que trabajen en vano los que la construyen".
La vida consagrada es una prueba elocuente de que, cuanto más se vive de Cristo, más se le puede servir en el prójimo, llegando hasta las avanzadillas de la misión y aceptando los mayores riesgos. Por esto, los religiosos y las religiosas se ponen al servicio de la imagen divina deformada en los rostros de tantos hermanos y hermanas: rostros desfigurados por el hambre, por la violencia, por los maltratos, por la injusticia, por la soledad, por la enfermedad, por la droga, por el sida, etc. Juan Pablo II afirma que "la vida consagrada muestra, de esta manera, con la elocuencia de las obras, que la caridad divina es el fundamento y el estímulo del amor gratuito y cooperante".
Para alcanzar todo esto, Benedicto XVI da estos consejos muy oportunos: "La norma suprema de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo. No se puede conseguir un auténtico relanzamiento de la vida religiosa si no es con el propósito de llevar una existencia plenamente evangélica, sin anteponer nada al único Amor, encontrando en Jesús y en su palabra la esencia más profunda del carisma del fundador y de la fundadora.”
La vida consagrada plenamente a Dios de los religiosos y las religiosas no es en modo alguno una alienación o una pérdida de aquella perfección que es propia de toda vida humana. Todo lo contrario: es abrir el corazón, totalmente libre, a las inmensas potencialidades de un gran amor. Siguiendo este camino, un chico o una chica dan plena fecundidad a su vida y alcanzan su plenitud y felicidad.
+ Lluís Martínez Sistach
Arzobispo metropolitano de Barcelona