miércoles, 28 de febrero de 2007
ZENITPublicamos la segunda parte de las preguntas de los seminaristas del Seminario Romano Mayor y las respuestas de Benedicto XVI durante la visita que el Papa realizó al mismo el 17 de febrero de 2007.

La primera parte de las preguntas y respuestas fue publicada en el servicio de Zenit del 27 de febrero de 2007


DIMOV KOICIO: DIÓCESIS DE NICÓPOLIS AD ISTRUM (BULGARIA) IV año (2° TEOLOGÍA)

Santo Padre, usted, comentando el vía crucis del año 2005, habló de la suciedad que hay en la Iglesia; y en la homilía de la misa de ordenación de sacerdotes romanos del año pasado nos puso en guardia contra el peligro "de buscar hacer carrera, de tratar de subir más alto, de esforzarse por conseguir una buena posición mediante la Iglesia". ¿Cómo afrontar estos problemas del modo más sereno y responsable posible?

Benedicto XVI: No es fácil responder a esta pregunta, pero ya he dicho —y es un punto importante— que el Señor sabe, sabía desde el inicio, que en la Iglesia también hay pecado. Para nuestra humildad es importante reconocer esto y no sólo ver el pecado en los demás, en las estructuras, en los altos cargos jerárquicos, sino también en nosotros mismos, para ser así más humildes y aprender que ante el Señor no cuenta la posición eclesial, sino estar en su amor y hacer resplandecer su amor.

Personalmente considero que, en este punto, es muy importante la oración de san Ignacio, que dice: "Suscipe, Domine, universam meam libertatem. Accipe memoriam, intellectum atque voluntatem omnem. Quidquid habeo vel possideo mihi largitus es; id tibi totum restituo, ac tuae prorsus voluntati trado gubernandum. Amorem tui solum cum gratia tua mihi dones, et dives sum satis, nec aliud quidquam ultra posco".

[“Toma mi Señor, y recibe mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo; dispón de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta”. Según una traducción litúrgica reportada por Zenit].

Precisamente esta última parte me parece muy importante: comprender que el verdadero tesoro de nuestra vida es estar en el amor del Señor y no perder nunca este amor. Luego somos realmente ricos. Un hombre que ha encontrado un gran amor se siente realmente rico y sabe que esta es la verdadera perla, que este es el tesoro de su vida y no todas las demás cosas que posee.

Nosotros hemos encontrado, más aún, hemos sido encontrados por el amor del Señor, y cuanto más nos dejemos tocar por su amor en la vida sacramental, en la vida de oración, en la vida de trabajo, en el tiempo libre, tanto más podemos comprender que, si hemos encontrado la verdadera perla, todo lo demás no cuenta, todo lo demás sólo es importante en la medida en que el amor del Señor me atribuye esas cosas. Con este amor yo soy rico, soy realmente rico, y estoy en una posición elevada. Encontremos aquí el centro de la vida, la riqueza. Luego dejémonos guiar, dejemos que la Providencia decida qué hace con nosotros.

Al respecto, me viene a la mente una anécdota de santa Bakhita, la gran santa africana, que era esclava en Sudán y luego en Italia encontró la fe y se hizo religiosa. Cuando ya era anciana, el obispo visitaba su monasterio, su casa religiosa, y no la conocía. Al ver a esta pequeña religiosa africana, ya encorvada, le dijo: "Pero, ¿qué hace usted, hermana?". Bakhita le respondió: "Yo hago lo mismo que usted excelencia". El obispo admirado preguntó: "¿Qué cosa?". Y Bakhita le contestó: "Excelencia, los dos hacemos lo mismo, hacemos la voluntad de Dios".

Me parece una respuesta hermosísima. El obispo y la pequeña religiosa, que ya casi no podía trabajar, hacían lo mismo, en posiciones diversas: trataban de hacer la voluntad de Dios, y así estaban cada uno en el lugar debido.

También me vienen a la mente unas palabras de san Agustín, que dice: Todos somos siempre sólo discípulos de Cristo y su cátedra está en un lugar más alto, porque esta cátedra es la cruz, y esta altura es la verdadera altura, la comunión con el Señor, también en su pasión. Me parece que, si comenzamos a entender esto, en una vida de oración diaria, en una vida de entrega al servicio del Señor, podemos librarnos de esas tentaciones tan humanas.

FRANCESCO ANNESI: DIÓCESIS DE ROMA del V año (3° TEOLOGÍA)

Santidad, la carta apostólica "Salvifici doloris" del Papa Juan Pablo II pone de relieve que el sufrimiento es fuente de riqueza espiritual para todos los que lo aceptan en unión con los sufrimientos de Cristo. En un mundo que busca todos los medios, lícitos e ilícitos, para eliminar cualquier forma de dolor, ¿cómo puede el sacerdote ser testigo del sentido cristiano del sufrimiento y cómo debe comportarse ante quienes sufren, sin resultar retórico o patético?

Benedicto XVI: ¿Qué hacer? Debemos reconocer que conviene tratar de hacer todo lo posible para mitigar los sufrimientos de la humanidad y para ayudar a las personas que sufren —son numerosas en el mundo— a llevar una vida buena y a librarse de los males que a menudo causamos nosotros mismos: el hambre, las epidemias, etc.

Pero, reconociendo este deber de trabajar contra los sufrimientos causados por nosotros mismos, al mismo tiempo debemos reconocer también y comprender que el sufrimiento es un elemento esencial para nuestra maduración humana. Pienso en la parábola del Señor sobre el grano de trigo que cae en tierra y que sólo así, muriendo, puede dar fruto. Este caer en tierra y morir no sucede en un momento, es un proceso de toda la vida.

Cayendo en tierra como el grano de trigo y muriendo, transformándonos, somos instrumentos de Dios y así damos fruto. No por casualidad el Señor dice a sus discípulos: el Hijo del hombre debe ir a Jerusalén para sufrir; por eso, quien quiera ser mi discípulo, debe tomar su cruz sobre sus hombros y así seguirme. En realidad, nosotros somos siempre, un poco, como san Pedro, el cual dijo al Señor: No, Señor, este no puede ser tu caso, tú no debes sufrir. Nosotros no queremos llevar la cruz. Queremos crear un reino más humano, más hermoso en la tierra.

Eso es un gran error. El Señor lo enseña. Pero Pedro necesitó mucho tiempo, tal vez toda su vida, para entenderlo. Porque la leyenda del Quo vadis? encierra una gran verdad: aprender que precisamente llevar la cruz del Señor es el modo de dar fruto. Así pues, yo diría que antes de hablar a los demás, nosotros mismos debemos comprender el misterio de la cruz.

Ciertamente, el cristianismo nos da la alegría, porque el amor da alegría. Pero el amor es siempre un proceso en el que hay que perderse, en el que hay que salir de sí mismo. En este sentido, también es un proceso doloroso. Sólo así es hermoso y nos hace madurar y llegar a la verdadera alegría. Quien quiere afirmar o quien promete sólo una vida alegre y cómoda, miente, porque esta no es la verdad del hombre. La consecuencia es que luego se debe huir a paraísos falsos. Precisamente así no se llega a la alegría, sino a la autodestrucción.

Sí, el cristianismo nos anuncia la alegría; pero esta alegría sólo crece en el camino del amor y este camino del amor guarda relación con la cruz, con la comunión con Cristo crucificado. Y está representada por el grano de trigo que cae en tierra. Cuando comencemos a comprender y a aceptar esto, cada día, porque cada día nos trae alguna insatisfacción, alguna dificultad que también produce dolor, cuando aceptemos esta escuela del seguimiento de Cristo, como los Apóstoles tuvieron que aprender en esta escuela, entonces también seremos capaces de ayudar a los que sufren.

Es verdad, siempre resulta problemático que uno que tiene buena salud o está en buena condición trate de consolar a otro que está afectado por un gran mal, sea enfermedad, sea pérdida de amor. Ante estos males, que conocemos todos, casi inevitablemente todo parece sólo retórico y patético. Pero yo diría que, si estas personas pueden percibir que nosotros tenemos com-pasión, que somos com-pacientes, que queremos llevar juntamente con ellos la cruz en comunión con Cristo, sobre todo orando con ellos, asistiéndolos con un silencio lleno de simpatía, de amor, ayudándoles en la medida de nuestras posibilidades, podemos resultar creíbles.

Debemos aceptar que, tal vez en un primer momento, nuestras palabras parezcan sólo palabras. Pero si vivimos realmente con este espíritu del seguimiento de Jesús, también encontraremos la manera de estar cerca de ellos con nuestra simpatía. Simpatía etimológicamente quiere decir com-pasión por el hombre, ayudándolo, orando, creando así la confianza en que la bondad del Señor existe incluso en el valle más oscuro. Así podemos abrirles el corazón para el Evangelio de Cristo mismo, que es el verdadero Consolador; abrirles el corazón para el Espíritu Santo, llamado el otro Consolador, el otro Paráclito, que asiste, que está presente.

Podemos abrirles el corazón no para nuestras palabras, sino para la gran enseñanza de Cristo, para su estar con nosotros, ayudándoles para que el sufrimiento y el dolor se transformen de verdad en gracia de maduración, de comunión con Cristo crucificado y resucitado.

MARCO CECCARELLI: DIÓCESIS DE ROMA, diácono (será ordenado sacerdote el próximo 29 de abril)

Santidad, en los próximos meses mis compañeros y yo seremos ordenados sacerdotes. Pasaremos de una vida bien estructurada por las reglas del seminario a la situación mucho más compleja de nuestras parroquias. ¿Qué consejos nos da para vivir lo mejor posible el inicio de nuestro ministerio presbiteral?

Benedicto XVI: Aquí en el seminario tenéis una vida bien articulada. Yo diría, como primer punto, que también en la vida de los pastores de la Iglesia, en la vida diaria del sacerdote, es importante conservar, en la medida de lo posible, un cierto orden: que nunca falte la misa; sin la Eucaristía un día es incompleto; por eso, crecemos ya en el seminario con esta liturgia diaria. Me parece muy importante que sintamos la necesidad de estar con el Señor en la Eucaristía, que no sea un deber profesional, sino que sea realmente un deber sentido interiormente, que nunca falte la Eucaristía.

El otro punto importante es tomar tiempo para la liturgia de la Horas, y así para esta libertad interior: con todas las cargas que llevamos, esta liturgia nos libera y nos ayuda también a estar más abiertos, a estar en contacto más profundo con el Señor. Naturalmente, debemos hacer todo lo que exige la vida pastoral, la vida de un vicario parroquial, de un párroco o de los demás oficios sacerdotales. Pero no conviene olvidar nunca estos puntos fijos, que son la Eucaristía y la liturgia de las Horas, para tener durante el día cierto orden, pues, como dije al inicio, no debemos estar inventando cada día. Hemos aprendido: "Serva ordinem et ordo servabit te". Esas palabras encierran una gran verdad.

Asimismo, es importante no descuidar la comunión con los demás sacerdotes, con los compañeros de camino; y no descuidar el contacto personal con la palabra de Dios, la meditación. ¿Qué hacer? Yo tengo una receta bastante sencilla: combinar la preparación de la homilía dominical con la meditación personal, para lograr que estas palabras no sólo estén dirigidas a los demás, sino que realmente sean palabras dichas por el Señor a mí mismo, y maduradas en una conversación personal con el Señor. Para que esto sea posible, mi consejo consiste en comenzar ya el lunes, porque si se comienza el sábado es demasiado tarde: así la preparación resulta apresurada, y tal vez falte la inspiración, porque hay otras cosas en la cabeza. Por eso, ya el lunes conviene leer sencillamente las lecturas del domingo siguiente, que tal vez parecen inaccesibles, como las piedras de Massá y Meribá, ante las cuales Moisés dice: "Pero, ¿cómo puede brotar agua de estas piedras?".

Dejemos que el corazón digiera estas lecturas. En el subconsciente las palabras trabajan y cada día vuelven un poco. Obviamente, también hay que consultar libros, si es posible. Con este trabajo interior, día tras día, se ve cómo poco a poco va madurando una respuesta, poco a poco se abre esta palabra, se convierte en palabra para mí. Y dado que soy un contemporáneo, también se convierte en palabra para los demás. Luego puedo comenzar a traducir lo que veo en mi lenguaje teológico al lenguaje de los demás; sin embargo, el pensamiento fundamental es el mismo para los demás y para mí.

Así se puede tener un encuentro permanente, silencioso, con la Palabra, que no requiere mucho tiempo, tiempo que tal vez no tenemos. Pero reservadle un poco de tiempo: así no sólo madura una homilía para el domingo, para los demás, sino que también nuestro propio corazón es tocado por la palabra del Señor. Permanezcamos en contacto también en una situación donde tal vez disponemos de poco tiempo.

Ahora no me atrevo a dar demasiados consejos, porque la vida en la gran ciudad de Roma es un poco diversa de la que yo viví hace cincuenta y cinco años en Baviera. Pero creo que lo esencial es precisamente esto: Eucaristía, liturgia de las Horas, oración y conversación con el Señor cada día, aunque sea breve, sobre sus Palabras que debo anunciar.

No hay que descuidar nunca la amistad con los sacerdotes, la escucha de la voz de la Iglesia viva y, naturalmente, la disponibilidad con respecto a las personas que nos han sido encomendadas, porque precisamente de estas personas, con sus sufrimientos, con sus experiencias de fe, con sus dudas y dificultades, podemos aprender a buscar y encontrar a Dios, encontrar a nuestro Señor Jesucristo.

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede
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VATICANO - Camino de oración para la Cuaresma - La V estación del Vía Crucis: el cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Proponemos a la reflexión y a la meditación, la V estación del Vía Crucis según el esquema usado el 25 de marzo de 2005, viernes Santo, en el rito celebrado en el Coliseo.

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

Meditación

Simón de Cirene, de camino hacia casa volviendo del trabajo, se encuentra casualmente con aquella triste comitiva de condenados, un espectáculo quizás habitual para él. Los soldados usan su derecho de coacción y cargan al robusto campesino con la cruz. ¡Qué enojo debe haber sentido al verse improvisamente implicado en el destino de aquellos condenados! Hace lo que debe hacer, ciertamente con mucha repugnancia. El evangelista Marcos menciona también a sus hijos, seguramente conocidos como cristianos, como miembros de aquella comunidad (Mc 15, 21). Del encuentro involuntario ha brotado la fe. Acompañando a Jesús y compartiendo el peso de la cruz, el Cireneo comprendió que era una gracia poder caminar junto a este Crucificado y socorrerlo. El misterio de Jesús sufriente y mudo le llegado al corazón. Jesús, cuyo amor divino es lo único que podía y puede redimir a toda la humanidad, quiere que compartamos su cruz para completar lo que aún falta a sus padecimientos (Col 1, 24). Cada vez que nos acercamos con bondad a quien sufre, a quien es perseguido o está indefenso, compartiendo su sufrimiento, ayudamos a llevar la misma cruz de Jesús. Y así alcanzamos la salvación y podemos contribuir a la salvación del mundo.

Oración

Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la gracia de la fe. Ayúdanos a socorrer a nuestro prójimo que sufre, aunque esto contraste con nuestros proyectos y nuestras simpatías. Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar que así caminamos contigo. Danos la gracia de reconocer con gozo que, precisamente compartiendo tu sufrimiento y los sufrimientos de este mundo, nos hacemos servidores de la salvación, y que así podemos ayudar a construir tu cuerpo, la Iglesia.

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?
(J.M.) (Agencia Fides, 28 febrero 2007)
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ZENITLos obispos católicos de Tierra Santa han escrito el domingo una carta al Camino Neocatecumenal, también presente en la región, brindándole su acogida y ofreciéndole indicaciones para el desarrollo de su labor.

El Camino Neocatecumenal, cuyos estatutos fueron aprobados por la Santa Sede el 29 de junio de 2002, está al servicio de los obispos diocesanos y de los párrocos como una modalidad para redescubrir el sacramento del Bautismo, y de educación permanente en la fe.

Tal itinerario comenzó en 1964, cuando Kiko Argüello, entonces joven pintor, siguiendo las huellas del padre Charles de Foucauld, dejó todo para vivir entre los más pobres, en las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de la capital española. También es iniciadora del Camino Carmen Hernández; les acompaña actualmente el padre Mario Pezzi.

Se calcula que existen unas 20.000 comunidades del Camino Neocatecumenal en más de 6.000 parroquias de 900 diócesis, que agrupan a cerca de un millón de católicos de los cinco continentes. De su seno han surgido unos 3.000 sacerdotes, 1.500 seminaristas y 5.000 religiosas.

Publicamos el texto íntegro de la citada misiva de los prelados orientales, difundida desde el Patriarcado Latino de Jerusalén.


Carta al Camino Neocatecumenal en Tierra Santa



Hermanos y hermanas del Camino Neocatecumenal:

1. La paz de Nuestro Señor Jesucristo esté siempre con vosotros.

Nosotros, Ordinarios Católicos de Tierra Santa, os dirigimos esta carta al inicio de la Cuaresma, en el marco del Plan Pastoral común para este año, cuyo tema es la catequesis y la educación religiosa en la parroquia.

Hermanos y hermanas del Camino: sois bienvenidos en nuestras diócesis. Damos gracias a Dios por la gracia que el Señor os ha dado y por el carisma que el Espíritu Santo ha infundido en la Iglesia a través de vuestro ministerio de la formación post-bautismal. Estamos reconocidos por vuestra presencia en algunas de nuestras parroquias, por la predicación de la Palabra de Dios, por la ayuda ofrecida a nuestros fieles en la profundización de su fe y en el arraigo en su propia iglesia local, en «una síntesis de predicación kerigmática, cambio de vida y liturgia» (Estatutos, art. 8).

Siguiendo la Carta que el Papa Benedicto XVI os dirigió el 12 de enero de 2006 [v. Zenit, 12 enero 2006. Ndr], y la de la Congregación para el Culto Divino del 1 de diciembre de 2005 [v. Zenit, 1 enero 2006. Ndr], os pedimos que ocupéis lugar en el corazón de la parroquia en la que anunciáis la Palabra de Dios, evitando hacer un grupo aparte. Desearíamos que pudierais decir con San Pablo: «Me he hecho esclavo de todos para ganar a los que más pueda» (I Co 9, 19).

El principio al que debemos todos juntos permanecer fieles e informar nuestra acción pastoral debería ser «una parroquia y una Eucaristía». Vuestro primer deber, por eso, si deseáis ayudar a los fieles a crecer en la fe, es arraigarles en las parroquias y en las propias tradiciones litúrgicas en las que han crecido durante generaciones.

En Oriente, nos importa mucho nuestra liturgia y nuestras tradiciones. Es la liturgia la que ha contribuido mucho a conservar la fe cristiana en nuestros pueblos a lo largo de la historia. El rito es como un documento de identidad y no sólo un modo entre otros de orar. Os rogamos que tengáis la caridad de comprender y respetar el apego de nuestros fieles a sus propias liturgias.

2. La Eucaristía es el sacramento de unidad en la parroquia y no de fraccionamiento. Pedimos por lo tanto que las celebraciones eucarísticas, en todos los ritos orientales, y además en el rito latino, sean siempre presididas por el párroco, o, en el caso del rito latino, en pleno acuerdo con él. Celebrad la Eucaristía con la parroquia y según el modo de la Iglesia local. «Allí donde está el obispo, allí está la iglesia», escribió San Ignacio de Antioquía. Enseñad a los fieles el amor por sus tradiciones litúrgicas y poned vuestro carisma al servicio de la unidad.

3. Os rogamos además que os empleéis seriamente en el estudio de la lengua y la cultura de la gente, en señal de respeto hacia ellos y como instrumento de comprensión de su alma y de su historia, en el contexto de Tierra Santa: pluralismo religioso, cultural y nacional. Además, en nuestros países, Palestina, Israel, Jordania, todos están en la búsqueda de la paz y de la justicia, una búsqueda que forma parte integrante de nuestra vida de cristianos. Toda predicación debería orientar a nuestros fieles en las actitudes concretas que hay que asumir en los diversos contextos de la vida y en la propia situación de conflicto que continúa en Palestina: actitud de perdón y de amor hacia el enemigo, por un lado, y por otro, exigencia de los propios derechos, especialmente la dignidad, la libertad y la justicia.

Os rogamos que prediquéis un Evangelio encarnado en la vida, un Evangelio que ilumine todos los aspectos de la vida y arraigue a los fieles en Jesucristo Resucitado y en todo su ambiente humano, cultural y eclesial.

Pedimos a Dios que colme vuestros corazones con su fortaleza y su amor, y que os conceda la gracia para que podáis colmar los corazones de los fieles de su amor y de su fortaleza.

Jerusalén, 25 de febrero de 2007

+ Michel Sabbah, Patriarca Latino de Jerusalén
+ Elias Shakour, arzobispo greco-melquita católico de Acri, Haifa, Nazaret y de toda Galilea
+ George El-Murr, arzobispo greco-melquita católico de Filadelfia, Petra y de Jordania
+ Paul Sayyah, arzobispo maronita de Haifa y de Tierra Santa, y exarca patriarcal maronita de Jerusalén, de los Territorios Palestinos y de Jordania
+ Fouad Twal, obispo coadjutor latino, Jerusalén
+ Kamal Bathish, obispo auxiliar latino, Jerusalén
+ Selim Sayegh, vicario patriarcal latino para Jordania
+ Giacinto-Boulos Marcuzzo, vicario patriarcal latino para Israel
+ Pierre Melki, exarca patriarcal siro-católico de Jerusaén, de Tierra Santa y de Jordania
+ George Bakar, exarca patriarcal greco-melquita católico de Jerusalén
Rafael Minassian, exarca patriarcal armenio católico de Jerusalén, de Tierra Santa y de Jordania

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 28 de Febrero de 2007 en la sección CRITERIOS, bajo el epígrafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Reflexión cuaresmal: ¿qué estoy haciendo?


CON MI VIDA. La llamada y decisión a la conversión cristiana siempre evoca en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente y el desgarro propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Cristo: "Convertíos y creed en la buena noticia" nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

No faltan textos en el Evangelio que nos vienen a decir algo que nunca debemos olvidar. Aquí tenemos unos, entre tantos: "Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano, más gozoso". Y muchos de nosotros nos preguntaremos: Pero, ¿cómo vivir esa experiencia y qué pasos debemos dar? Pues, lo primero, sin dudarlo, decididamente, es pararnos. No tengamos miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida, como éstas: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Con qué y cómo quiero vivir? Pero estos interrogantes, por más sinceros que los sintamos, no bastan. Lo decisivo es no seguir engañándonos por más tiempo. Imponernos en la búsqueda de la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Aquí es cuando nos resultará fácil poder experimentar el vacío y la mediocridad que tal falsamente estamos viviendo por más que lo disimulemos. Descubriremos ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo, deseamos vivir algo mejor y más gozoso y gratificante. Todavía algo más y muy importante.

Que descubrir cómo estamos dañando de esta forma nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o en la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima personal. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está operando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, hacia el amor, hacia la bondad. Por supuesto, la conversión nos exigirá introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste sólo en esos cambios, pues ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección plenamente sana en lo humano y en lo divino.

Todo creyente y no creyente puede dar pasos hasta aquí evocados. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por nosotros, más que nosotros mismos, para resolver no nuestros problemas sino "el problema", esa vida mediocre y fallida que parece no tener solución.

Un Dios que nos entiende, nos espera, que nos perdona y quiere vernos vivir de manera más plena, gozosa y gratificante. Esto es reflexionar y vivir la cuaresma cristiana: Un tiempo decisivo para iniciar y perseverar en una nueva vida.

* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios
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MENSAJE DE MONS. RAÚL SCARRONE · CUARESMA 2007

CUARESMA TIEMPO PROPICIO PARA CONVERTIRSE AL AMOR


QUERIDOS DIOCESANOS:

Con estas palabras del Papa Benedicto XVI: “La cuaresma como tiempo de escucha de la verdad, es un momento propicio para convertirse al amor, pues la verdad profunda, la verdad de Dios, es al mismo tiempo amor”, deseo enviaros este saludo al comienzo de la Cuaresma 2007 e Inicio del Año
Pastoral en la Diócesis.

También han de resonar en nuestros corazones las palabras del Profeta Joel que proclamamos el Miércoles de Cenizas: “Vuelvan a mi de todo corazón” (Joel 2,12) o las del apóstol San Pablo que nos invita “a no recibir en vano la gracia de Dios en este tiempo favorable”, (2Cor. 5, 20).


“Vuelvan a mi de todo corazón” dice el Señor. No podemos regresar auténticamente a Dios si no es desde nuestro corazón. Dios llama a la puerta de nuestro corazón porque respeta nuestra libertad. En un mundo como el nuestro, en el cual fácilmente hemos dejado a Dios de lado o lo hemos olvidado, en un mundo egoísta y sin corazón, nos cuesta llegar al corazón.
Por eso, que la Palabra de Dios nos invita a no recibir en vano la gracia de Dios, en este tiempo favorable de Cuaresma. Dios nos está llamando allí en la parte más interior, única e irrepetible de nuestro yo, el corazón.

Al llamarnos al corazón, Dios anhela que volvamos a la dimensión interior y espiritual de nosotros mismos, para que seamos personas auténticas y para que no vivamos con un corazón alejado de Él o con un corazón distraído en las mil cosas pasajeras que nos ofrece nuestro mundo.

Dios quiere que volvamos al corazón para experimentar su presencia en nuestra vida y vivamos en sintonía con Él aprendiendo a valorar las cosas y los acontecimientos según su dimensión espiritual y trascendente y no según las conveniencias o apariencias.

Recordemos que la Cuaresma es la ocasión para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Es a través de la Cuaresma que el espíritu humano busca encontrarse con su Señor o intensificar su relación con Él.

Por eso, que quien quiera encontrarse con Dios tiene que encontrarse consigo mismo, quitando en primer lugar todos los obstáculos y quitarse las caretas con las que ocultamos fácilmente nuestra verdad.

Hemos de aprender a descubrir dentro de nuestro corazón la voz y la mirada de Dios. En cada uno de nosotros hay un corazón que está esperando llenarse con el amor de Dios, por eso que “en este tiempo favorable” que es la Cuaresma cuando Dios nos invita por medio del Profeta Joel a volver a Él con todo el corazón , volvamos a nuestro interior y descubramos allí el llamado de Dios a una entrega más generosa, a un compromiso más audaz y a descubrir la hermosura de la vocación cristiana que hemos recibido en el Bautismo en todas sus dimensiones, logrando de esta manera ser auténticos “discípulos y misioneros de Jesús para que en Él todos tengan vida”.

+ Raúl Scarrone
Obispo de Florida y Durazno
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ZENIT publica las preguntas de los seminaristas del Seminario Romano Mayor y las respuestas de Benedicto XVI durante la visita que el Papa realizó al mismo el 17 de febrero de 2007.


GREGORPAOLO STANO: DIÓCESIS DE ORIA, ITALIA del I año (1° FILOSOFÍA)

Santidad, durante el primero de los dos años que dedicamos al discernimiento nos esforzamos por escrutar a fondo nuestra persona. Es un ejercicio arduo para nosotros, porque el lenguaje de Dios es especial y sólo quien está atento puede captarlo entre las mil voces que resuenan dentro de nosotros. Por eso, le pedimos que nos ayude a comprender cómo habla Dios en concreto y cuáles son las huellas que deja al hablarnos en nuestro interior.

Benedicto XVI: Ante todo, agradezco al monseñor rector sus palabras. Ya siento deseos de conocer el texto que vais a escribir y de aprender de él. No estoy seguro de poder aclarar los puntos esenciales de la vida del seminario, pero diré lo que puedo decir.

Ahora respondo a la primera pregunta: ¿cómo podemos discernir la voz de Dios entre las mil voces que escuchamos cada día en nuestro mundo? Yo diría que Dios habla con nosotros de muchísimas maneras. Habla por medio de otras personas, por medio de los amigos, de los padres, del párroco, de los sacerdotes —aquí, os habla a través de los sacerdotes que se encargan de vuestra formación, que os orientan—. Habla por medio de los acontecimientos de nuestra vida, en los que podemos descubrir un gesto de Dios. Habla también a través de la naturaleza, de la creación; y, naturalmente, habla sobre todo en su Palabra, en la sagrada Escritura, leída en la comunión de la Iglesia y leída personalmente en conversación con Dios.

Es importante leer la sagrada Escritura, por una parte, de modo muy personal, y realmente, como dice san Pablo, no como palabra de un hombre o como un documento del pasado, como leemos a Homero o Virgilio, sino como una palabra de Dios siempre actual, que habla conmigo. Aprender a escuchar en un texto, que históricamente pertenece al pasado, la palabra viva de Dios, es decir, entrar en oración, convirtiendo así la lectura de la sagrada Escritura en una conversación con Dios.

San Agustín dice a menudo en sus homilías: llamé muchas veces a la puerta de esta Palabra, hasta que pude percibir lo que Dios mismo me decía. Por una parte, esta lectura muy personal, esta conversación personal con Dios, en la que trato de descubrir lo que el Señor me dice; y juntamente con esta lectura personal, es muy importante la lectura comunitaria, porque el sujeto vivo de la sagrada Escritura es el pueblo de Dios, es la Iglesia.

Esta Escritura no era algo meramente privado, de grandes escritores —aunque el Señor siempre necesita a la persona, necesita su respuesta personal—, sino que ha crecido con personas que estaban implicadas en el camino del pueblo de Dios y así sus palabras son expresión de este camino, de esta reciprocidad de la llamada de Dios y de la respuesta humana.

Por consiguiente, el sujeto vive hoy como vivió en aquel tiempo; la Escritura no pertenece al pasado, dado que su sujeto, el pueblo de Dios inspirado por Dios mismo, es siempre el mismo. Así pues, se trata siempre de una Palabra viva en el sujeto vivo. Por eso, es importante leer la sagrada Escritura y escuchar la sagrada Escritura en la comunión de la Iglesia, es decir, con todos los grandes testigos de esta Palabra, desde los primeros Padres hasta los santos de hoy, hasta el Magisterio de hoy.

Sobre todo en la liturgia se convierte en una Palabra vital y viva. Por consiguiente, yo diría que la liturgia es el lugar privilegiado donde cada uno entra en el "nosotros" de los hijos de Dios en conversación con Dios. Es importante: el padrenuestro comienza con las palabras "Padre nuestro". Sólo podré encontrar al Padre si estoy insertado en el "nosotros" de este "nuestro"; sólo escuchamos bien la palabra de Dios dentro de este "nosotros", que es el sujeto de la oración del padrenuestro.

Así pues, esto me parece muy importante: la liturgia es el lugar privilegiado donde la Palabra está viva, está presente; más aún, donde la Palabra, el Logos, el Señor, habla con nosotros y se pone en nuestras manos. Si nos disponemos a la escucha del Señor en esta gran comunión de la Iglesia de todos los tiempos, lo encontraremos.

Él nos abre la puerta poco a poco. Por tanto, yo diría que en este punto se concentran todos los demás: el Señor nos guía personalmente en nuestro camino y, al mismo tiempo, vivimos en el gran "nosotros" de la Iglesia, donde la palabra de Dios está viva.

Luego vienen los demás puntos: escuchar a los amigos, escuchar a los sacerdotes que nos guían, escuchar la voz viva de la Iglesia de hoy, escuchando así también las voces de los acontecimientos de este tiempo y de la creación, que resultan descifrables en este contexto profundo.

Por tanto, para resumir, diría que Dios nos habla de muchas maneras. Es importante, por una parte, estar en el "nosotros" de la Iglesia, en el "nosotros" vivido en la liturgia. Es importante personalizar este "nosotros" en mí mismo; es importante estar atentos a las demás voces del Señor, dejarnos guiar también por personas que tienen experiencia con Dios, por decirlo así, y nos ayudan en este camino, para que este "nosotros" se transforme en mi "nosotros", y yo, en uno que realmente pertenece a este "nosotros". Así crece el discernimiento y crece la amistad personal con Dios, la capacidad de percibir, en medio de las mil voces de hoy, la voz de Dios, que siempre está presente y siempre habla con nosotros.

CLAUDIO FABBRI: DIÓCESIS DE ROMA del II año (2° FILOSOFÍA)

Santo Padre, ¿cómo estaba articulada su vida durante el tiempo de formación para el sacerdocio y cuáles eran los intereses que cultivaba? Teniendo en cuenta su experiencia, ¿cuáles son los puntos fundamentales de la formación para el sacerdocio? En particular, ¿qué lugar ocupa en ella María?

Benedicto XVI: Creo que nuestra vida, en el seminario de Freising, estaba articulada de un modo muy semejante a vuestro horario, aunque no conozco exactamente vuestro reglamento diario. Me parece que se comenzaba a las 6.30, a las 7.00, con una meditación de media hora, en la que cada uno en silencio hablaba con el Señor, trataba de disponer su alma para la sagrada liturgia. Luego seguía la santa misa, el desayuno y, durante la mañana, las clases.

Por la tarde, seminarios, tiempos de estudio, y luego de nuevo oración en común. En la noche, los "puntos": el director espiritual o el rector del seminario, alternándose, nos hablaban para ayudarnos a encontrar el camino de la meditación; no nos daban una meditación ya hecha, sino elementos que podían ayudar a cada uno a interiorizar las palabras del Señor que serían objeto de nuestra meditación.

Así era el itinerario de cada día. Luego, naturalmente, estaban las grandes fiestas, con una hermosa liturgia, con música... Pero, me parece —tal vez volveré a hablar de esto al final— que es muy importante tener una disciplina que nos precede y no deber inventar cada día de nuevo lo que hay que hacer, lo que hay que vivir. Existe una regla, una disciplina que ya me espera y me ayuda a vivir ordenadamente este día.

Ahora bien, por lo que respecta a mis preferencias, naturalmente seguía con atención, como podía, las clases. En los dos primeros años, desde el inicio me fascinó la filosofía, sobre todo la figura de san Agustín; luego también la corriente agustiniana en la Edad Media: san Buenaventura, los grandes franciscanos, la figura de san Francisco de Asís.

Me impresionaba sobre todo la gran humanidad de san Agustín, que no tuvo la posibilidad de identificarse con la Iglesia como catecúmeno desde el inicio, sino que, por el contrario, tuvo que luchar espiritualmente para encontrar poco a poco el acceso a la palabra de Dios, a la vida con Dios, hasta que pronunció el gran "sí" a su Iglesia.

Fue un camino muy humano, donde también nosotros podemos ver hoy cómo se comienza a entrar en contacto con Dios, cómo hay que tomar en serio todas las resistencias de nuestra naturaleza, canalizándolas para llegar al gran "sí" al Señor. Así me conquistó su teología tan personal, desarrollada sobre todo en la predicación. Esto es importante, porque al inicio san Agustín quería vivir una vida puramente contemplativa, escribir otros libros de filosofía..., pero el Señor no quería eso; lo llamó a ser sacerdote y obispo; de este modo, todo el resto de su vida, de su obra, se desarrolló fundamentalmente en el diálogo con un pueblo muy sencillo. Por una parte, siempre tuvo que encontrar personalmente el significado de la Escritura; y, por otra, debía tener en cuenta la capacidad de esa gente, su contexto vital, para llegar a un cristianismo realista y, al mismo tiempo, muy profundo.

Naturalmente, para mí además era muy importante la exégesis: tuvimos dos exegetas un poco liberales, pero a pesar de ello grandes exegetas, también realmente creyentes, que nos fascinaban. Puedo decir que, en realidad, la sagrada Escritura era el alma de nuestro estudio teológico: vivíamos con la sagrada Escritura y aprendíamos a amarla, a hablar con ella. Ya he hablado de la patrología, del encuentro con los santos Padres. También nuestro profesor de dogmática era un persona entonces muy famosa; había alimentado su dogmática con los Padres y con la liturgia.

Para nosotros un punto muy central era la formación litúrgica. En aquel tiempo no había aún cátedras de liturgia, pero nuestro profesor de pastoral nos dirigió grandes cursos sobre liturgia y él, en ese momento, era también rector del seminario. Así, la liturgia vivida y celebrada iba muy unida a la liturgia enseñada y pensada.

Juntamente con la sagrada Escritura, estos eran los puntos más importantes de nuestra formación teológica. De esto doy siempre gracias al Señor, porque en su conjunto son realmente el centro de una vida sacerdotal.

Otro interés era la literatura: era obligatorio leer a Dostoievski; era la moda del momento. Luego estaban los grandes franceses: Claudel, Mauriac, Bernanos; pero también la literatura alemana; teníamos una edición alemana de Manzoni: en aquel tiempo yo no hablaba italiano. Así, en cierto sentido, también formábamos nuestro horizonte humano. Asimismo, sentíamos gran amor por la música, al igual que por la belleza de la naturaleza de nuestra tierra. Con estas preferencias, estas realidades, en un camino no siempre fácil, seguí adelante. El Señor me ayudó a llegar hasta el "sí" del sacerdocio, un "sí" que me ha acompañado todos los días de mi vida.

GIANPIERO SAVINO: DIÓCESIS DE TARANTO del III año (1° TEOLOGÍA)

Santidad, a los ojos de mucha gente, podemos parecer jóvenes que dicen con firmeza y valentía su "sí" y que lo dejan todo para seguir al Señor; pero sabemos que estamos muy lejos de una verdadera coherencia con ese "sí". Con confianza de hijos, le confesamos la parcialidad de nuestra respuesta a la llamada de Jesús y el esfuerzo diario por vivir una vocación que nos pide dar un "sí" definitivo y total. ¿Cómo responder a la vocación tan exigente de pastores del pueblo de Dios, si sentimos constantemente nuestra debilidad e incoherencia?

Benedicto XVI: Es muy saludable reconocer nuestra debilidad, porque sabemos que necesitamos la gracia del Señor. El Señor nos consuela. En el colegio de los Apóstoles no sólo estaba Judas, sino también los Apóstoles buenos. A pesar de eso, Pedro cayó. El Señor reprocha muchas veces la lentitud, la cerrazón del corazón de los Apóstoles, la poca fe que tenían. Por tanto, eso nos demuestra que ninguno de nosotros está plenamente a la altura de este gran "sí", a la altura de celebrar "in persona Christi", de vivir coherentemente en este contexto, de estar unido a Cristo en su misión de sacerdote.

Para nuestro consuelo, el Señor nos dio también las parábolas de la red con peces buenos y malos, del campo donde crece el trigo pero también la cizaña. Nos explica que vino precisamente para ayudarnos en nuestra debilidad; que no vino, como dice, para llamar a los justos, a los que se creen ya plenamente justos, a los que creen que no necesitan la gracia, a los que oran alabándose a sí mismos, sino que vino a llamar a los que se saben débiles, a los que son conscientes de que cada día necesitan el perdón del Señor, su gracia, para seguir adelante.

Me parece muy importante reconocer que necesitamos una conversión permanente, que no hemos llegado a la meta. San Agustín, en el momento de su conversión, pensaba que ya había llegado a la cumbre de la vida con Dios, de la belleza del sol, que es su Palabra. Luego comprendió que también el camino posterior a la conversión sigue siendo un camino de conversión, que sigue siendo un camino donde no faltan las grandes perspectivas, las alegrías, las luces del Señor, pero donde tampoco faltan valles oscuros, donde debemos seguir adelante con confianza apoyándonos en la bondad del Señor.

Por eso, es importante también el sacramento de la Reconciliación. No es correcto pensar que en nuestra vida no tenemos necesidad de perdón. Debemos aceptar nuestra fragilidad, permaneciendo en el camino, siguiendo adelante sin rendirnos, y mediante el sacramento de la Reconciliación convirtiéndonos constantemente para volver a comenzar, creciendo, madurando para el Señor, en nuestra comunión con él.

Naturalmente, también es importante no aislarse, no pensar que podemos ir adelante nosotros solos. Necesitamos la compañía de sacerdotes amigos, también de laicos amigos, que nos acompañen, que nos ayuden. Es muy importante para un sacerdote en la parroquia ver cómo la gente tiene confianza en él y experimentar, además de su confianza, su generosidad al perdonar sus debilidades. Los verdaderos amigos nos desafían y nos ayudan a ser fieles en este camino. Me parece que esta actitud de paciencia, de humildad, nos puede ayudar a ser buenos con los demás, a tener comprensión ante las debilidades de los demás, a ayudarles también a ellos a perdonar como nosotros perdonamos.

Creo que no soy indiscreto si digo que hoy he recibido una hermosa carta del cardenal Martini, agradeciendo la felicitación que le envié con ocasión de su 80° cumpleaños; somos coetáneos. Expresando su agradecimiento, dice: sobre todo doy gracias al Señor por el don de la perseverancia. Hoy —escribe— incluso el bien se hace por lo general ad tempus, ad experimentum. El bien, según su esencia, sólo se puede hacer de modo definitivo, pero para hacerlo de modo definitivo necesitamos la gracia de la perseverancia. Pido cada día al Señor —concluye— que me dé esta gracia.

Vuelvo a san Agustín: al inicio estaba contento de la gracia de la conversión. Luego descubrió que necesitaba otra gracia, la gracia de la perseverancia, que debemos pedir cada día al Señor. Pero, volviendo a las palabras del cardenal Martini, "hasta ahora el Señor me ha dado esta gracia de la perseverancia; espero que me la dé también para esta última etapa de mi camino en esta tierra". Me parece que debemos confiar en este don de la perseverancia, pero que también debemos orar al Señor con tenacidad, con humildad y con paciencia, para que nos ayude y nos sostenga con el don de la perseverancia final, para que nos acompañe cada día hasta el final, aunque el camino pase por un valle oscuro. El don de la perseverancia nos da alegría, nos da la certeza de que somos amados por el Señor y que este amor nos sostiene, nos ayuda y no nos abandona en nuestras debilidades.
Nuestro verdadero tesoro es el amor del Señor

[La segunda parte de las preguntas y respuestas será publicada en el servicio de este miércoles
Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede
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VATICANO - "El cristiano está llamado continuamente a movilizarse para hacer frente a los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida… la vida es el primero de los bienes recibidos de Dios y es fundamento de todos los demás": Benedicto XVI a la asamblea de la Pontificia Academia por la Vida

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "La conciencia cristiana tiene una necesidad interior de nutrirse y fortalecerse con las motivaciones múltiples y profundas que militan a favor del derecho a la vida. Es un derecho que exige ser sostenido por todos, porque es el derecho fundamental en orden a los otros derechos humanos". Ha afirmado el Papa Benedicto XVI a los participantes en la Asamblea General de la Pontificia Academia por la Vida y en el Congreso Internacional sobre el tema "La conciencia cristiana como sustento del derecho a la vida", recibidos en audiencia el 24 de febrero por la mañana,
Haciendo referencia a cuanto afirma con fuerza sobre este argumento la encíclica Evangelium vitae, el Santo Padre ha recordado que el cristiano está llamado continuamente a movilizarse "para hacer frente los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. En eso él sabe que puede contar con motivaciones que tienen profundas raíces en la ley natural y que pueden ser compartidas por todas las persona de recta conciencia". Si bien se ha hecho mucho para que los contenidos de tales motivaciones pudieran ser mejores conocidos en la comunidad cristiana y en la sociedad civil, sin embargo, "los ataques contra el derecho a la vida en todo el mundo se han extendido y multiplicado, asumiendo nuevas formas."
En los Países de América Latina y en aquellos en vías de desarrollo son cada vez más fuertes las presiones por la legalización del aborto y se incrementan las políticas de control demográfico, "a pesar de que ya han sido reconocidas como perniciosas incluso en el plano económico y social". En los Países más desarrollados "crece el interés por la investigación biotecnológica más refinada, para establecer sutiles y extensas metodologías de eugenismo hasta la búsqueda obsesiva del 'hijo perfecto', con la difusión de la procreación artificial y diversas formas de diagnósticos tendentes a asegurar su selección", se promueven leyes para legalizar la eutanasia, multiplican las presiones para legalizar las convivencias alternativas al matrimonio. "En estas situaciones, la conciencia, arrollada a veces por los medios de presión colectiva - ha observado el Pontífice -, no demuestra suficiente vigilancia acerca de la gravedad de los problemas en juego, y el poder de los más fuertes debilita y parece incluso paralizar a las personas de buena voluntad."
Es por lo tanto urgente y necesario recurrir a la conciencia y, en particular, a la conciencia cristiana. "La formación de una conciencia verdadera, basada en la verdad y línea recta, determinada a seguir sus dictámenes, sin contradicciones, sin traiciones y sin compromisos, es hoy una empresa difícil y delicada, pero imprescindible. Y es una empresa obstaculizada, por desgracia, por diversos factores" ha continuado Benedicto XVI, que ha citado el creciente rechazo de la tradición cristiana y la idea de algunos de que "la conciencia individual, para ser libre, debería deshacerse tanto de referencias a las tradiciones, como de las basadas en la razón. Así la conciencia, que es acto de la razón mirante a la verdad de las cosas, deja de ser luz y se convierte en un simple fondo sobre la que la sociedad de los medios de comunicación lanza las imágenes y los impulsos más contradictorios."
Hoy es necesario "volver a educar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa de la propia libertad para elegir frente a los comportamientos de masa y a las lisonjas de la propaganda, para nutrir la pasión por la belleza moral y la claridad de la conciencia". Esta labor corresponde a los padres y a los educadores, pero también a la comunidad cristiana respecto a sus fieles. “No podemos conformarnos con un fugaz contacto con las principales verdades de fe en la infancia, es necesario un camino que abra la mente y el corazón de las personas durante las distintas etapas de la vida para que acojan los deberes fundamentales en los que se apoya la existencia del individuo y de la comunidad - ha afirmado Benedicto XVI -... Cuando falta una formación continua y cualificada de la conciencia", añadió, se hace "más difícil el juicio sobre los problemas planteados por la biomedicina en materia de sexualidad, procreación, así como en el modo de tratar y curar a los pacientes y a los más débiles de la sociedad".
El Papa ha llamado a las familias y a las comunidades parroquiales a sustentar la formación de los jóvenes y adultos: "junto a la formación cristiana, destinada al conocimiento de la Persona de Cristo, de su Palabra y de los Sacramentos, en el itinerario de fe de los niños y adolescentes se debe unir coherentemente el discurso sobre los valores morales que conciernen a la corporeidad, la sexualidad, el amor humano, la procreación, el respeto por la vida en todos los momentos, denunciando al mismo tiempo con válidos y precisos motivos, los comportamientos contrarios a estos valores primarios. En este específico campo la labor de los sacerdotes deberá ser coadyuvada oportunamente por la labor de laicos educadores, especialistas, dedicados a la tarea de conducir las realidades eclesiales con su ciencia iluminada por la fe."
A continuación Benedicto XVI ha concluido su discurso agradeciendo a los profesionales, filósofos, teólogos, científicos y médicos que "en una sociedad a veces ruidosa y violenta" pueden contribuir "a despertar en muchos corazones la voz elocuente y clara de la conciencia", y recordado de nuevo la enseñanza del Concilio, que invita a los laicos "a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les corresponden como miembros de la Iglesia de los que les compiten como miembros de la sociedad humana… para que aprendan a armonizarlos entre ellos, recordando que en todo lo temporal, deben dejarse conducir por la conciencia cristiana, porque ninguna actividad humana, ni siquiera temporal, puede sustraerse de Dios" (Lumen gentium, 36). Por último, el Papa ha afirmado: "la vida es el primero de los bienes recibidos de Dios y es fundamento de todos los demás; garantizar el derecho a la vida a todos y de forma igual para todos es un deber de cuyo cumplimiento depende el futuro de la humanidad". (S.L) (Agencia Fides 26/2/2007 - Líneas: 72 Palabras: 1068)

Links:
Texto completo del discurso del Santo Padre, en italiano
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=737
martes, 27 de febrero de 2007
VATICANO - Camino de oración para la Cuaresma - La IV estación del Vía Crucis: Jesús se encuentra con su madre

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Proponemos a la reflexión y a la meditación, la III estación del Vía Crucis según el esquema usado el 25 de marzo de 2005, viernes Santo, en el rito celebrado en el Coliseo.

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Meditación

En el Vía crucis de Jesús está también María, su Madre. Durante su vida pública debía retirarse para dejar que naciera la nueva familia de Jesús, la familia de sus discípulos. También hubo de oír estas palabras: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?... El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mt 12, 48-50). Y esto muestra que ella es la Madre de Jesús no solamente en el cuerpo, sino también en el corazón. Porque incluso antes de haberlo concebido en el vientre, con su obediencia lo había concebido en el corazón. Se le había dicho: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo... Será grande..., el Señor Dios le dará el trono de David su padre» (Lc 1, 31 ss). Pero poco más tarde el viejo Simeón le diría también: «y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc 2, 35). Esto le haría recordar palabras de los profetas como éstas: «Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría boca; como un cordero llevado al matadero» (Is 53, 7). Ahora se hace realidad. En su corazón habrá guardado siempre la palabra que el ángel le había dicho cuando todo comenzó: «No temas, María» (Lc 1, 30). Los discípulos han huido, ella no. Está allí, con el valor de la madre, con la fidelidad de la madre, con la bondad de la madre, y con su fe, que resiste en la oscuridad: «Bendita tú que has creído» (Lc 1, 45). «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Sí, ahora ya lo sabe: encontrará fe. Éste es su gran consuelo en aquellos momentos.

Oración

Santa María, Madre del Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos huyeron. Al igual que creíste cuando el ángel te anunció lo que parecía increíble -que serías la madre del Altísimo- también has creído en el momento de su mayor humillación. Por eso, en la hora de la cruz, en la hora de la noche más oscura del mundo, te han convertido en la Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer y nos ayudes para que la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor que socorre y sabe compartir el sufrimiento.

Pater noster, qui es in cælis;
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
Nati pœnas incliti
(J.M.) (Agencia Fides, 27 febrero 2007)
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Homilía para el miércoles de Ceniza
21 de febrero de 2007



La primera lectura de hoy nos enseña que el tiempo de Cuaresma es un tiempo de penitencia.

El profeta Joel (1. Joel 2,12-18) llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisión en la línea del seguimiento de Dios. Esto sucedía unos cuatro siglos antes de Cristo.

El ambiente se ve que estaba bastante apático y decadente. Además, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una catástrofe natural, una larga sequía y una plaga de langostas o saltamontes que había arrasado toda la cosecha.

El profeta aprovecha la circunstancia para convocar en asamblea general a pequeños y mayores, sacerdotes y laicos, para que todos juntos pidan perdón a Dios. Para él, la causa fundamental de la situación es que se han olvidado de Dios y descuidan su alianza. Eso sí: no se tienen que contentar con un ayuno oficial, ni con unas lágrimas o con un cambio de vestidos exteriores en señal de luto. La conversión tiene que ser interior: volverse de corazón a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.

El argumento con el que les anima a dar este paso es la bondad de Dios. Les recuerda una definición de Dios que se repite muchas veces en la Biblia: El Señor es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad».

Por medio de la penitencia debemos volver a Dios, reconocer que lo necesitamos y a veces las cosas que buscamos nos impiden encontrarnos con la bondad de Dios. Las ascesis el dejar lo superfluo el espíritu penitencial nos hace más ágiles en la búsqueda de Dios



La segunda lectura nos muestra que la cuaresma es un tiempo de gracia, un tiempo de reconciliación. San Pablo (2 Corintios 5,20-6,2) se lo dijo a los corintios hace dos mil años, pero nosotros lo oímos hoy: «ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación».

El se muestra orgulloso de ser «embajador de Cristo», y la embajada que trae de parte de él es ésta: «déjense reconciliar con Dios». Esta reconciliación se la ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jesús. Hay que aprovechar esta ocasión y no «echar en saco roto la gracia de Dios». Es el tiempo propicio para reconciliarse: o sea, para recomponer la relación entre nosotros y Dios, por si se hubiera roto o debilitado. La confesión nos debería llevar constantemente a este espíritu de reconciliación que cuanto más auténtico es se refleja en la relación con los hermanos.



El Evangelio nos propone las obras propias de la cuaresma: oración, ayuno, limosna.

Jesús, en el sermón de la montaña (Mateo 6,1-6; 16-18), enseña a sus discípulos cómo tiene que ser su estilo de vida. Es una hermosa página, con paralelismos y antítesis muy expresivos.

Describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir que abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios (oración), para con el prójimo (limosna) y para consigo mismo (ayuno). En las tres, el discípulo de Jesús tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo más profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aquí abajo:

- la limosna: «no vayas tocando la trompeta» para que todos se enteren; al contrario: «que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha»; el Padre te lo recompensará;

- la oración: no rezar «para que los vea la gente»; al contrario: «entra en tu cuarto y reza»; el Padre te lo pagará;

- el ayuno: «no anden cabizbajos para que la gente sepa que ayunan»; al contrario: «perfúmate la cabeza»; el Padre te premiará.



Muchos cristianos están asustados de la situación presente: la gran sequía de fe y de vocaciones, y los grandes males del mundo que arrasan valores humanos y cristianos. ¿Tiene futuro todo esto? La Cuaresma nos viene a responder que sí. Ante todo porque Dios sigue siendo rico en bondad y misericordia, y está siempre dispuesto a perdonar y empezar de nuevo. Y también porque las personas, por más débiles que se sientan, pueden ser movidas por el Espíritu y cambiar.

Por eso somos invitados a emprender un camino pascual, un camino que incluye la cruz y la renuncia, y por tanto será incómodo. Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, además de en la sociedad o en la Iglesia, y a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos. Conversión se dice en griego «metánoia», que significa cambio de mentalidad.



El gesto penitencial de la ceniza que hacemos hoy, después de la homilía, nos recuerda, por una parte, que somos polvo y al polvo volveremos, cosa que nos hace bien recordar. Y por otra, nos invita a que aceptemos el Evangelio como norma de vida, como mentalidad propia de los seguidores de Jesús, la otra exhortación que se puede hacer al poner la ceniza: Conviértete y cree en el Evangelio.

Conversión que necesitamos todos y que tiene que tener las tres direcciones que Jesús nos proponía en el Evangelio hacia el prójimo, una caridad y una apertura que no busca ostentación, sino que se basa en un amor verdadero y desinteresado. En dirección a Dios, una oración que no se conforma con palabras y gestos exteriores, sino que brota del corazón. En dirección a nosotros mismos, un ayuno que es autocontrol, capacidad de renuncia de valores secundarios en favor de los principales.

Todo ello -dar limosna, rezar, ayunar- no lo hacemos para llamar la atención, sino con sinceridad y profundidad, para abrirnos a los demás, abrirnos a Dios y cerrarnos un poco a nosotros mismos.

Decía el Papa Benedicto XVI, el 1 de marzo del año pasado: «Animados por un fuerte compromiso de oración, decididos a un esfuerzo cada vez mayor de penitencia, de ayuno y de solicitud amorosa por los hermanos, encaminémonos hacia la Pascua, acompañados por la Virgen María, Madre de la Iglesia y modelo de todo auténtico discípulo de Cristo.» Si nos acompaña la Virgen la cuaresma de 2007 será un paso seguro, en nuestra vida, en el seguimiento de Jesús.

+Mons. Rubén H. Di Monte

Arzobispo de Mercedes-Luján
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EN RECUERDO DE MANOLO APARICI (1902-1964)

UN ADELANTADO DEL CAMINO DE SANTIAGO


«Capitán de Peregrinos»


La Revista «Peregrino» del Camino de Santiago, que edita la Federación Española de las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, en su número de Diciembre de 2006, publica en la página 11 el artículo que os adjuntamos dedicado a Manuel Aparici.

Por otro lado, «[...] Los Cursillos [de Cristiandad] –afirma Jesús Valls en el prólogo al libro de Guillermo Bibiloni– nacen para hacer un cristianismo fuerte y su fuerza les infunde un espíritu peregrino [...]» [1].

«[...] La vida es un peregrinaje –le dice Eduardo Bonnín a Eduardo Suárez– y esta imagen no ha perdido validez. La pena insisto, es que algunos creen que ya han llegado» [2]

Por otro lado, en la Revista Kerygma, Boletín del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de España, en su último número de enero-febrero de este año 2007, página 9, se lee: «[...] y recibe también un fuerte abrazo de todos tus hermanos, los que compartimos contigo la aventura increíble de un Cursillo, los que seguimos compartiendo contigo el apasionante cuarto día, esta maravillosa “espiritualidad de peregrinación” [...]».

Manuel Aparici (Madrid, 11 –diciembre– 1902 – † Madrid, 28–agosto– 1964), «Capitán de Peregrinos», Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica y, una vez ordenado sacerdote, Consiliario Nacional de los mismos, es una de las figuras más importantes de la Iglesia española en el siglo XX, humilde converso, apóstol infatigable y apóstol con vocación de crucificado, que él mismo pidió al Señor y éste le concedió; él, con su tesón, hizo revivir, y de qué modo, el Camino de Santiago; él fue el artífice y el alma de la magna peregrinación mundial juvenil a Santiago de Compostela el 28 de agosto de 1948; él fue el creador en 1940 de los Cursillos de Adelantados, Jefes y Guías de Peregrinos para dar base espiritual honda a los jóvenes «adelantados» camino de Santiago, y después antecedente próximo de los Cursillos de Cristiandad que recogen entre otros muchos elementos el espíritu peregrinante de Manuel Aparici, y siempre referencia obligada de los mismos; éstos nacieron de los Cursillos creados por Manuel Aparici; él es .... Eduardo Bonnín pensó en él como líder a nivel nacional (España). Pero no pudo ser porque ya estaba muy enfermo, y, aún así, continuó dando cursillos hasta que sus fuerzas se lo permitieron, prácticamente hasta su santa muerte.

Con su palabra y su ejemplo, como apóstol seglar y como sacerdote, nos enseñó a hacer de nuestra vida una peregrinación: «Caminar por Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos».

Veinte años después de haber sido formulada esta definición, el Concilio Vaticano II, en todos sus documentos, proclama el carácter peregrinante de la iglesia y la espiritualidad que de ella se deriva, y así lo proclama la liturgia.

Han pasado los años Y en quienes le conocieron y trataron, o recibieron el influjo de su apostolado, se afianza su fama de santidad, al que el cardenal Don Ángel Herrera Oria calificó de «Coloso de Cristo, de su Iglesia y del Papa».

En nuestra página web: http://www.peregrinosdelaglesia.org podéis escuchar su voz, leer su biografía y otras publicaciones. En ella también encontraréis una estampa para pedir su glorificación (para devoción privada). Esperamos vuestras oraciones para que el Señor quiera llevar a buen término su Causa.

¿Podemos contar con vosotros para la difusión de su figura, su vida y su obra y de nuestra página web?

Con nuestro más profundo agradecimiento, recibid un cordial saludo de estos vuestros hermanos en Cristo Jesús.

Peregrinos de la Iglesia.





I


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[1] «Historia de los Cursillos de Cristiandad. Mallorca, 1944-2001», p. 12. Colección CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Dirección: Jesús R. Valls. FUNDACIÓN CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Primera edición: abril 2002.

[2] «Eduardo Bonnín un aprendiz de cristiano», p. 100. Segunda edición revisada: marzo de 2002. Colección CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Dirección: Jesús R. Valls. FUNDACIÓN CURSILLOS DE CRISTIANDAD. y «Historia de los Cursillos de Cristiandad. Mallorca, 1944-2001», p. 145. Colección CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Dirección: Jesús R. Valls. FUNDACIÓN CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Primera edición: abril 2002.
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Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente.

El amor es imprescindible



Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 25 de febrero de 2007


¿Será algún día prescindible e innecesario el amor o la caridad? Esta pregunta que puede sorprender es la que a lo largo de la historia, y más concretamente en el siglo XX, plantearon aquellos intelectuales que sostenían que un Estado verdaderamente justo sería aquel en que fuesen innecesarios los héroes y los santos.
Detrás de las propuestas, aparentemente idealistas, que plantean que las estructuras justas convertirían en superfluas las obras de caridad, se esconde una concepción materialista del ser humano por la que se cree que hombre vive “sólo de pan”, una concepción que resta dignidad al propio hombre y que ignora lo que es precisamente más humano.

Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Así lo afirma Benedicto XVI en su Carta Encíclica «Deus Caritas est». Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda; siempre habrá soledad; siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que resulta indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.

El Santo Padre nos advierte que no es bueno que el Estado quiera absorberlo todo en sí mismo negando la actuación del individuo y de los grupos sociales que estructuran la sociedad. La política no tiene la exclusiva de la estructura social. Lo que más necesita un ser humano afligido es una entrañable atención personal y eso no se lo puede asegurar una instancia burocrática. El Estado jamás podrá dar amor.

Es imprescindible para el bien humano que el Estado aplique el principio de subsidiaridad y que así reconozca y apoye las iniciativas que surgen de las distintas fuerzas sociales. Estas iniciativas tienen la impagable virtud de unir la espontaneidad con la cercanía a todos los que se ven necesitados de auxilio.

Benedicto XVI invita a reconocer a la Iglesia entre estas fuerzas vivas de la acción social y caritativa. En la Iglesia late el amor suscitado por el Espíritu de Cristo, que brinda a todos los hombres no sólo la ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material.

La colaboración de la Iglesia con el Estado para el establecimiento de un orden justo presenta también esta otra faceta. Además de contribuir a la purificación de la razón, la Iglesia también contribuye a reavivar las fuerzas morales que instauran las estructuras justas y que las hacen operativas a medio y largo plazo. Sin esta savia de compromiso personal, las estructuras no acaban de dar el fruto esperado.

La Iglesia anima a los fieles laicos que forman parte de ella a que reconozcan la permanente necesidad del amor en nuestra sociedad y a que actúen a favor de un orden justo en la sociedad. Como ciudadanos del Estado, los laicos están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Deben contribuir a promover el bien común de modo orgánico e institucional a través de las acciones económicas, sociales, legislativas, administrativas y culturales.

La misión de los laicos es configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos, desde sus respectivas competencias y responsabilidades. Su actividad política puede ser llamada propiamente “caridad social”, ya que la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos.

Benedicto XVI advierte claramente que la Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes, y nunca habrá situaciones sociales en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente. E insiste en que el ser humano, más allá de la justicia, siempre tiene y tendrá necesidad de amor.

La acción social del Estado que procede de los impuestos no puede ser excusa para desentenderse del compromiso cristiano del amor y de la caridad. La acción caritativa de la Iglesia no es superflua aun cuando el Estado se autoproclame del bienestar. En todas las épocas de bonanza económica asistimos a graves injusticias y dificultades en el acceso a la vivienda o la estabilidad laboral. Al comenzar la Cuaresma, pongamos toda nuestra intención en ajustar nuestra vida a los principios que la dotan de pleno sentido y la rescatan de las trampas materialistas y espiritualistas: busquemos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Con mi bendición y afecto,

Agustín García-Gasco Vicente
Arzobispo
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lunes, 26 de febrero de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García -Gasco Vicente.

El fundamento de los Derechos Humanos


Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 18 de febrero de 2007


El papel de los derechos humanos en nuestra sociedad va estrechamente ligado al papel de los organismos internacionales y de su autoridad. Benedicto XVI, en su Mensaje de la Paz de este año, recuerda que los Organismos Internacionales se refieren continuamente a la tutela de los derechos humanos. De un modo particular, la Organización de las Naciones Unidas se ha propuesto como tarea fundamental la promoción de los derechos humanos, tal y como refleja la Declaración Universal de 1948.
Se trata de una forma de compromiso moral asumido por la humanidad entera, que manifiesta una profunda verdad si se entiende que los derechos descritos en la Declaración están fundados en la naturaleza misma del ser humano y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios. El Santo Padre recalca la importancia de que los Organismos Internacionales no pierdan de vista el fundamento natural de los derechos humanos.

Por el contrario, si se consideran fundados en la decisión de la asamblea que los ha aprobado, se cae en el peligro de una interpretación meramente positivista de los mismos, que los pone a merced de los que detentan el poder. Sólo si los derechos humanos se basan en el derecho natural los Organismos Internacionales mantienen la justificación principal de su propia existencia y actuación: tener la autoridad necesaria para desempeñar su papel de defensores de los derechos de la persona y de los pueblos.

Desde la convicción de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza común de los hombres se ha elaborado un derecho internacional humanitario. Los Estados se han comprometido a observar este derecho, incluso en caso de guerra. Benedicto XVI señala la necesidad de que la comunidad internacional lo corrobore y lo aplique en todas las situaciones actuales de conflicto armado, incluidas las que no están previstas por el derecho internacional vigente. Casos dolorosos como los del Sur del Líbano, o las respuestas a formas inéditas de violencia terrorista, muestran que con frecuencia no se atiende a la obligación de proteger y ayudar a las víctimas inocentes y de no implicar a la población civil.

Benedicto XVI insiste en que la guerra es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran pérdida para la humanidad. Pero también refleja que cuando se llega a ella, hay que salvaguardar al menos los principios esenciales de humanidad y los valores que fundamentan toda convivencia civil. La comunidad internacional debe seguir velando por establecer normas de comportamiento para que se limiten al máximo los daños y para que se alivie el sufrimiento de los civiles y de todas las víctimas de los conflictos.

La paz se ve también gravemente amenazada por la voluntad manifestada por algunos Estados de poseer armas nucleares. Se ha reavivado así el temor ante una posible catástrofe atómica, que parecía ya superado con la finalización de la “guerra fría”. El Santo Padre sigue manteniendo la vigencia de la doctrina del Concilio Vaticano II, acerca de que toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes es un crimen contra Dios y contra el hombre que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones.

No bastan los acuerdos internacionales para la no proliferación de armas nucleares. Es imprescindible el compromiso de intentar su disminución para llegar a alcanzar su desmantelamiento definitivo. En ello puede ir la vida de toda la familia humana.

La defensa de la paz necesita quienes trabajan lealmente por ella, con una adecuada comprensión de lo que exige la dignidad humana y de lo que supone el derecho natural como fundamento de los derechos humanos y origen del derecho internacional humanitario.

Con mi bendición y afecto,

Agustín García-Gasco Vicente
Arzobispo
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VATICANO - Camino de oración para la Cuaresma - La III estación del Vía Crucis: Jesús cae por primer vez

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Proponemos a la reflexión y a la meditación, la III estación del Vía Crucis según el esquema usado el 25 de marzo de 2005, viernes Santo, en el rito celebrado en el Coliseo.

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 4-6
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

Meditación

El hombre ha caído y cae siempre de nuevo: cuántas veces se convierte en una caricatura de sí mismo y, en vez de ser imagen de Dios, ridiculiza al Creador. ¿No es acaso la imagen por excelencia del hombre la de aquel que, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de los salteadores que lo despojaron dejándolo medio muerto, sangrando al borde del camino? Jesús que cae bajo la cruz no es sólo un hombre extenuado por la flagelación. El episodio resalta algo más profundo, como dice Pablo en la carta a los Filipenses: «Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 6-8). En su caída bajo el peso de la cruz aparece todo el itinerario de Jesús: su humillación voluntaria para liberarnos de nuestro orgullo. Subraya a la vez la naturaleza de nuestro orgullo: la soberbia que nos induce a querer emanciparnos de Dios, a ser sólo nosotros mismos, sin necesidad del amor eterno y aspirando a ser los únicos artífices de nuestra vida. En esta rebelión contra la verdad, en este intento de hacernos dioses, nuestros propios creadores y jueces, nos hundimos y terminamos por autodestruirnos. La humillación de Jesús es la superación de nuestra soberbia: con su humillación nos ensalza. Dejemos que nos ensalce. Despojémonos de nuestra autosuficiencia, de nuestro engañoso afán de autonomía y aprendamos de él, del que se ha humillado, a encontrar nuestra verdadera grandeza, humillándonos y dirigiéndonos hacia Dios y los hermanos oprimidos.

Oración

Señor Jesús, el peso de la cruz te ha hecho caer. El peso de nuestro pecado, el peso de nuestra soberbia, te derriba. Pero tu caída no es signo de un destino adverso, no es la pura y simple debilidad de quien es despreciado. Has querido venir a socorrernos porque a causa de nuestra soberbia yacemos en tierra. La soberbia de pensar que podemos forjarnos a nosotros mismos lleva a transformar al hombre en una especie de mercancía, que puede ser comprada y vendida, una reserva de material para nuestros experimentos, con los cuales esperamos superar por nosotros mismos la muerte, mientras que, en realidad, no hacemos más que mancillar cada vez más profundamente la dignidad humana. Señor, ayúdanos porque hemos caído. Ayúdanos a renunciar a nuestra soberbia destructiva y, aprendiendo de tu humildad, a levantarnos de nuevo.

Pater noster, qui es in cælis;
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
Mater Unigeniti!
(J.M.) (Agencia Fides, 26/2/2007)
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VATICANO - Camino de oración para la Cuaresma - La II estación del Vía Crucis: Jesús con la cruz a cuestas

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Proponemos a la reflexión y a la meditación, la II estación del Vía Crucis según el esquema usado el 25 de marzo de 2005, viernes Santo, en el rito celebrado en el Coliseo.

Segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 27-31

Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Meditación

Jesús, condenado por declararse rey, es escarnecido, pero precisamente en la burla emerge cruelmente la verdad. ¡Cuántas veces los signos de poder ostentados por los potentes de este mundo son un insulto a la verdad, a la justicia y a la dignidad del hombre! Cuántas veces sus ceremonias y sus palabras grandilocuentes, en realidad, no son más que mentiras pomposas, una caricatura de la tarea a la que se deben por su oficio, el de ponerse al servicio del bien. Jesús, precisamente por ser escarnecido y llevar la corona del sufrimiento, es el verdadero rey. Su cetro es la justicia (Sal 44, 7). El precio de la justicia es el sufrimiento en este mundo: él, el verdadero rey, no reina por medio de la violencia, sino a través del amor que sufre por nosotros y con nosotros. Lleva sobre sí la cruz, nuestra cruz, el peso de ser hombres, el peso del mundo. Así es como nos precede y nos muestra cómo encontrar el camino para la vida eterna.

Oración

Señor, te has dejado escarnecer y ultrajar. Ayúdanos a no unirnos a los que se burlan de quienes sufren o son débiles. Ayúdanos a reconocer tu rostro en los humillados y marginados. Ayúdanos a no desanimarnos ante las burlas del mundo cuando se ridiculiza la obediencia a tu voluntad. Tú has llevado la cruz y nos has invitado a seguirte por ese camino (Mt 10, 38). Danos fuerza para aceptar la cruz, sin rechazarla; para no lamentarnos ni dejar que nuestros corazones se abatan ante las dificultades de la vida. Anímanos a recorrer el camino del amor y, aceptando sus exigencias, alcanzar la verdadera alegría.

Pater noster, qui es in cælis;
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius
(J.M.) (Agencia Fides, 24/2/2007)
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VATICANO - En el encuentro del Papa Benedicto XVI con los Sacerdotes y el Clero de la Diócesis de Roma: la atención prioritaria a los jóvenes, el conocimiento de la Biblia, el lugar de los movimientos eclesiales, la interiorización del Concilio, el arte sagrado instrumento de comunicación de la fe

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Como es tradición al inicio de la Cuaresma, jueves 22 de febrero, el Santo Padre Benedicto XVI ha recibido en audiencia a los Párrocos y al Clero de la Diócesis de Roma. Después del saludo del Cardenal Vicario, Camillo Ruini, el Papa ha respondido a las preguntas que le han hecho algunos sacerdotes. Reproducimos a continuación las temáticas afrontadas y algunos extractos de las respuestas del Santo Padre.
1. La misión del Santuario mariano en la Diócesis, dedicado a la Virgen del Divino Amor. "El servicio esencial … es ofrecerse como lugar de oración, de vida sacramental y de vida de caridad vivida… Aprendamos de Maria a hablar personalmente con el Señor, ponderando y conservando en nuestra vida y en nuestro corazón las palabras de Dios, para que se conviertan en alimento verdadero para cada uno.... En la Liturgia el Señor nos enseña a rezar, primero dándonos su Palabra, luego introduciéndonos en la Oración eucarística a la comunión con su misterio de vida, de Cruz y de Resurrección… Por lo tanto, la Liturgia es sobre todo oración: primero escucha y luego respuesta, sea en el Salmo responsorial sea en la oración de la Iglesia, sea en la gran Oración eucarística. Nosotros la celebramos bien si la celebramos en actitud "orante", uniéndonos al misterio de Cristo y a su coloquio de Hijo con el Padre… La piedad popular es una de nuestras fuerzas, porque se trata de oraciones muy arraigados en el corazón de las personas. Incluso personas que están un poco alejadas de la vida de la Iglesia y no tienen gran comprensión de la fe, se ven tocadas en el corazón por esta oración. Tan sólo se deben "iluminar" estos gestos, "purificar" esta tradición, para que se convierta en vida actual de la Iglesia… Estoy muy contento porque cada vez se renueva más la adoración eucarística… puedo decir que dentro de poco firmaré la Exhortación post-sinodal sobre la Eucaristía, que estará luego a disposición de la Iglesia. Es un Documento que se ofrece a la meditación… Por último, el Santuario como lugar de la caritas. Este me parece muy lógico y necesario."
2. La formación en la fe de las nuevas generaciones. "La juventud debe ser realmente una prioridad de nuestro trabajo pastoral, porque vive en un mundo lejos de Dios… me parece muy importante que los jóvenes encuentren personas - tanto de su edad como más maduras - en los que puedan ver que la vida cristiana es hoy posible y también es razonable y realizable… El "catecumenado" vivido en un modo nuevo - es decir como camino común de vida como experiencia común del hecho que es posible vivir así - es de gran importancia. Sólo si hay cierta experiencia se podrá también entender… No podemos pensar vivir de forma inmediata una vida cristiana al ciento por ciento, sin dudas ni pecados. Tenemos que reconocer que estamos en camino, que debemos y podemos aprender, que debemos convertirnos paulatinamente… Cuánto a los grandes temas, diría que es importante conocer a Dios. El tema "Dios" es esencial.... Sólo si logramos entender que Jesús no es un gran profeta, ni una de las personalidades religiosas del mundo, sino que es el Rostro de Dios, es Dios, entonces habremos descubierto la grandeza de Cristo y habremos encontrado quien es Dios… Luego, naturalmente, debemos entender que la Iglesia es la gran compañera del camino que estamos realizando. En ella, la Palabra de Dios permanece viva y Cristo no es sólo una figura del pasado, sino que está presente. Así debemos redescubrir la vida sacramental… En este camino, nos acompañan naturalmente, los santos. Ellos, aún en medio de muchos problemas, vivieron y fueron las "interpretaciones" verdaderas y vivas de la Sagrada Escritura… Y luego, naturalmente, siempre está Maria, que es la Madre de la Palabra. Redescubrir a Maria nos ayuda a continuar adelante como cristianos y a conocer al Hijo."
3. La promoción del conocimiento de la Biblia. "La Biblia, en su totalidad, es una cosa grande y que se debe ir descubriendo poco a poco… Un primer punto me parece leer la Sagrada Escritura en su unidad y totalidad. Las partes individuales son partes de un camino y sólo viéndolas en su totalidad como un camino único, dónde una parte explica la otra, podemos entender esto … La lectura de la Sagrada Escritura tiene que siempre ser una lectura a la luz de Cristo.... El verdadero dueño de la Palabra es siempre el pueblo de Dios, conducido por el Espíritu Santo, y la inspiración es un proceso complejo: el Espíritu Santo guía hacia adelante, el pueblo recibe. Es, por tanto, el camino de un pueblo, del pueblo de Dios. La Sagrada Escritura debe ser leída siempre bien. Pero eso sólo puede ocurrir si caminamos dentro de este sujeto que es el pueblo de Dios que vive, que es renovado, que es fundado de nuevo por Cristo, pero siempre permanece en su identidad… Por tanto, diría que hay tres dimensiones en relación entre ellos. La dimensión histórica, la dimensión cristológica y la dimensión eclesiológica - del pueblo en camino - que se compenetran… La Palabra siempre es mucho más grande de cuanto tú hayas podido entender. Y esto se debe afirmar de modo crítico respecto a una cierta parte de la exégesis moderna, que cree haber entendido todo y que no deja, después de la interpretación que ha elaborado, añadir ya nada más. Esto no es verdad. La Palabra es cada vez más grande de la exégesis de los Padres y de la exégesis crítica."
4. Los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades. "En todos los siglos han nacido Movimientos… se insertan en la vida de la Iglesia no sin sufrimientos, no sin dificultades. San Benito mismo tuvo que corregir la inicial dirección del monaquismo. Y también así en nuestro siglo el Señor, el Espíritu Santo, nos ha dado nuevas iniciativas, con nuevos aspectos de la vida cristiana: vividos por personas humanas con sus límites, crean también dificultades. Primera regla pues: no apagad los carismas, sed agradecidos aunque den ciertos problemas. La segunda regla es ésta: la Iglesia es una; si los Movimientos son realmente dones del Espíritu Santo, se introducen y sirven a la Iglesia y en el diálogo paciente entre Pastores y Movimientos nace una forma fecunda donde estos elementos se convierten en elementos edificantes para la Iglesia de hoy y de mañana."
5. La pastoral, verdadera vida de la Iglesia, que se alimenta de la eclesiología conciliar. "La pastoral no debería ser nunca una simple estrategia, un trabajo administrativo, sino permanecer siempre como un trabajo espiritual. Ciertamente tampoco puede faltar totalmente el otro, porque estamos sobre esta tierra y estos problemas existen… Pero el acento fundamental debe ser precisamente que el ser pastor debe ser en sí mismo un acto espiritual… El Pastor precede. Esto quiere decir que Él mismo vive ante todo la Palabra de Dios: es un hombre de oración, es un hombre de perdón, es un hombre que recibe y celebra los Sacramentos como actos de oración y encuentro con el Señor. Es un hombre de caridad, experimentada y realizada… la espiritualización del trabajo cotidiano de la pastoral es fundamental. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero tenemos que intentarlo. Y para poder espiritualizar nuestro trabajo, de nuevo tenemos que seguir al Señor… se necesita realmente un poco de tiempo libre para el Señor: sea la celebración de la Misa, sea la oración de la Liturgia de las Horas y la meditación cotidiana, aunque breve, siguiendo la Liturgia, el Rosario… la eclesiología del Concilio. Me parece que todavía debemos interiorizar mucho más esta eclesiología sea la de la "Lumen gentium" sea la de "Ad gentes", que es también un Documento eclesiológico, sea también la de los Documentos menores, y luego la de la "Dei Verbum". E interiorizando esta visión también podemos atraer nuestro pueblo en esta visión, que entienda que la Iglesia no es sencillamente una gran estructura, una de estas entidades nacionales que existen. La Iglesia, aún siendo cuerpo, es cuerpo de Cristo y por lo tanto, un cuerpo espiritual, como dice San Pablo. Es una realidad espiritual. Esto me parece muy importante: que la gente pueda ver que la Iglesia no es una organización supranacional, no es un cuerpo administrativo o de poder, no es una agencia social, aunque realice un trabajo social, sino que es un cuerpo espiritual… la homilía continua siendo una ocasión maravillosa para estar cerca de la gente y comunicar la espiritualidad enseñada por el Concilio."
6. El sentido y el valor de la reparación eucarística. "Es un discurso que se ha hecho difícil… me parece que debemos ir al fondo, llegar al Señor mismo que ofreció la reparación por el pecado del mundo, y tratar de reparar: decimos, equilibrar entre el plus del mal y el plus del bien. Así, en la balanza del mundo, no debemos dejar este gran plus al negativo, sino dar peso al menos equivalente al bien. Esta idea fundamental se apoya en lo que hizo Cristo… Contra este gran peso del mal que existe en el mundo y que tira hacia abajo el mundo, el Señor pone otro peso más grande, el del amor infinito que entra en este mundo… me parece que la teología debería hacer más para entender mejor esta realidad de la reparación… me parece que no tenemos todavía el lenguaje adecuado para hacer entender este hecho a nosotros y luego a los otros. No se debe ofrecer a un Dios cruel la sangre de Dios. Dios mismo, con su amor, debe entrar en el sufrimiento de la historia para crear no sólo un equilibrio sino un plus de amor que es más fuerte que la abundancia del mal que existe."
7. La relación entre unidad de fe y pluralismo en teología. "¡Es una gran pregunta!... Querría solamente decir que la teología siempre ha sido múltiple. Pensemos en los Padres, en la Edad Media la escuela franciscana, la escuela dominicana, luego el tardo Medioevo etc.... Como hemos dicho, la Palabra de Dios es cada vez más grande de nosotros. Por tanto no podemos nunca agotar el rayo de esta Palabra y son necesarios diversos tipos de reflexión y acercamiento. Querría decir sencillamente: es importante que el teólogo, por una parte, en su responsabilidad y en su capacidad profesional, intente encontrar pistas que satisfagan las exigencias y los desafíos de nuestro tiempo; y, por otra, debe ser siempre consciente que todo esto ésta basado en la fe de la Iglesia y debe por tanto volver siempre a la fe de la Iglesia. Yo pienso que si un teólogo está personal e intensamente en la fe y entiende que su trabajo es reflexión sobre la fe, encontrará la conciliación entre unidad y pluralidad."
8. El arte sagrado como medio de comunicación de la fe. "Italia es particularmente rica en arte, y el arte es un tesoro de catequesis inagotable, increíble. Para nosotros es también un deber conocerlo y entenderlo bien. No como hacen a veces los historiadores del arte, que la interpretan sólo formalmente, según la técnica artística. Debemos más bien entrar en el contenido y hacer revivir el contenido que inspiró este gran arte. Realmente me parece un deber - también en la formación de los futuros sacerdotes - conocer estos tesoros y ser capaz de transformar en catequesis viva está presente todo lo que contiene y que nos habla hoy. De este modo también la Iglesia podrá aparecer como un organismo no de opresión o de poder - como algunos quieren demostrar - sino lleno de una fecundidad espiritual irrepetible en la historia, o al menos, osaría decir, que no se puede hallar fuera Iglesia Católica. Esto es también es un signo de la vitalidad de la Iglesia, que, con todas sus debilidades y también sus pecados, han sido siempre una gran realidad espiritual, una inspiradora que nos ha donado toda esta riqueza." (S.L) (Agencia Fides 24/2/2007 - Líneas: 131 Palabras: 2.032)

Links:
Texto completo de las respuestas del Santo Padre, en italiano
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=736
Homilía que pronunció Benedicto XVI durante la misa que presidió en la basílica de San Sabina en Roma, en la tarde del Miércoles de Ceniza, 21 de febrero de 2007.


Queridos hermanos y hermanas:
Con la procesión penitencial hemos entrado en el austero clima de la Cuaresma y, al introducirnos en la celebración eucarística, acabamos de orar para que el Señor ayude al pueblo cristiano a "iniciar un camino de auténtica conversión para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el espíritu del mal" (oración Colecta).

Dentro de poco, al recibir la ceniza en nuestra cabeza, volveremos a escuchar una clara invitación a la conversión, que puede expresarse con dos fórmulas distintas: "Convertíos y creed el Evangelio" o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Precisamente por la riqueza de los símbolos y de los textos bíblicos y litúrgicos, el miércoles de Ceniza se considera la "puerta" de la Cuaresma. En efecto, esta liturgia y los gestos que la caracterizan forman un conjunto que anticipa de modo sintético la fisonomía misma de todo el período cuaresmal. En su tradición, la Iglesia no se limita a ofrecernos la temática litúrgica y espiritual del itinerario cuaresmal; además, nos indica los instrumentos ascéticos y prácticos para recorrerlo fructuosamente.

"Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto". Con estas palabras comienza la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel (Jl 2, 12). Los sufrimientos, las calamidades que afligían en ese período a la tierra de Judá impulsan al autor sagrado a invitar al pueblo elegido a la conversión, es decir, a volver con confianza filial al Señor, rasgando el corazón, no las vestiduras. En efecto, Dios —recuerda el profeta— "es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas" (Jl 2, 13).

La invitación que el profeta Joel dirige a sus oyentes vale también para nosotros, queridos hermanos y hermanas. No dudemos en volver a la amistad de Dios perdida al pecar; al encontrarnos con el Señor, experimentamos la alegría de su perdón. Así, respondiendo de alguna manera a las palabras del profeta, hemos hecho nuestra la invocación del estribillo del Salmo responsorial: "Misericordia, Señor: hemos pecado". Proclamando el salmo 50, el gran salmo penitencial, hemos apelado a la misericordia divina; hemos pedido al Señor que la fuerza de su amor nos devuelva la alegría de su salvación.

Con este espíritu, iniciamos el tiempo favorable de la Cuaresma, como nos recordó san Pablo en la segunda lectura, para reconciliarnos con Dios en Cristo Jesús. El Apóstol se presenta como embajador de Cristo y muestra claramente cómo, en virtud de él, se ofrece al pecador, es decir, a cada uno de nosotros, la posibilidad de una auténtica reconciliación. "Al que no había pecado, Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios" (2 Co 5, 21). Sólo Cristo puede transformar cualquier situación de pecado en novedad de gracia.

Precisamente por eso asume un fuerte impacto espiritual la exhortación que san Pablo dirige a los cristianos de Corinto: "En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios" (2 Co 5, 20) y también: "Mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación" (2 Co 6, 2).

Mientras que el profeta Joel hablaba del futuro día del Señor como de un día de juicio terrible, san Pablo, refiriéndose a la palabra del profeta Isaías, habla de "momento favorable", de "día de la salvación". El futuro día del Señor se ha convertido en el "hoy". El día terrible se ha transformado en la cruz y en la resurrección de Cristo, en el día de la salvación. Y hoy es ese día, como hemos escuchado en la aclamación antes del Evangelio: "Escuchad hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón". La invitación a la conversión, a la penitencia, resuena hoy con toda su fuerza, para que su eco nos acompañe en todos los momentos de nuestra vida.

De este modo, la liturgia del miércoles de Ceniza indica que la conversión del corazón a Dios es la dimensión fundamental del tiempo cuaresmal. Esta es la sugestiva enseñanza que nos brinda el tradicional rito de la imposición de la ceniza, que dentro de poco renovaremos. Este rito reviste un doble significado: el primero alude al cambio interior, a la conversión y la penitencia; el segundo, a la precariedad de la condición humana, como se puede deducir fácilmente de las dos fórmulas que acompañan el gesto. Aquí, en Roma, la procesión penitencial del miércoles de Ceniza parte de san Anselmo y se concluye en esta basílica de Santa Sabina, donde tiene lugar la primera estación cuaresmal.

A este propósito, es interesante recordar que la antigua liturgia romana, a través de las estaciones cuaresmales, había elaborado una singular geografía de la fe, partiendo de la idea de que, con la llegada de los apóstoles san Pedro y san Pablo y con la destrucción del templo, Jerusalén se había trasladado a Roma. La Roma cristiana se entendía como una reconstrucción de la Jerusalén del tiempo de Jesús dentro de los muros de la Urbe. Esta nueva geografía interior y espiritual, ínsita en la tradición de las iglesias "estacionales" de la Cuaresma, no es un simple recuerdo del pasado, ni una anticipación vacía del futuro; al contrario, quiere ayudar a los fieles a recorrer un itinerario interior, el camino de la conversión y la reconciliación, para llegar a la gloria de la Jerusalén celestial, donde habita Dios.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos cuarenta días para profundizar en esta extraordinaria experiencia ascética y espiritual. En el pasaje evangélico que se ha proclamado Jesús indica cuáles son los instrumentos útiles para realizar la auténtica renovación interior y comunitaria: las obras de caridad (limosna), la oración y la penitencia (el ayuno). Son las tres prácticas fundamentales, también propias de la tradición judía, porque contribuyen a purificar al hombre ante Dios (cf. Mt 6, 1-6. 16-18).

Esos gestos exteriores, que se deben realizar para agradar a Dios y no para lograr la aprobación y el consenso de los hombres, son gratos a Dios si expresan la disposición del corazón para servirle sólo a él, con sencillez y generosidad. Nos lo recuerda uno de los Prefacios cuaresmales, en el que, a propósito del ayuno, leemos esta singular afirmación: "ieiunio... mentem elevas", "con el ayuno..., elevas nuestro espíritu" (Prefacio IV de Cuaresma).

Ciertamente, el ayuno al que la Iglesia nos invita en este tiempo fuerte no brota de motivaciones de orden físico o estético, sino de la necesidad de purificación interior que tiene el hombre, para desintoxicarse de la contaminación del pecado y del mal; para formarse en las saludables renuncias que libran al creyente de la esclavitud de su propio yo; y para estar más atento y disponible a la escucha de Dios y al servicio de los hermanos. Por esta razón, la tradición cristiana considera el ayuno y las demás prácticas cuaresmales como "armas" espirituales para luchar contra el mal, contra las malas pasiones y los vicios.

Al respecto, me complace volver a escuchar, juntamente con vosotros, un breve comentario de san Juan Crisóstomo: "Del mismo modo que, al final del invierno —escribe—, cuando vuelve la primavera, el navegante arrastra hasta el mar su nave, el soldado limpia sus armas y entrena su caballo para el combate, el agricultor afila la hoz, el peregrino fortalecido se dispone al largo viaje y el atleta se despoja de sus vestiduras y se prepara para la competición; así también nosotros, al inicio de este ayuno, casi al volver una primavera espiritual, limpiamos las armas como los soldados; afilamos la hoz como los agricultores; como los marineros disponemos la nave de nuestro espíritu para afrontar las olas de las pasiones absurdas; como peregrinos reanudamos el viaje hacia el cielo; y como atletas nos preparamos para la competición despojándonos de todo" (Homilías al pueblo de Antioquía, 3).

En el mensaje para la Cuaresma invité a vivir estos cuarenta días de gracia especial como un tiempo "eucarístico". Recurriendo a la fuente inagotable de amor que es la Eucaristía, en la que Cristo renueva el sacrificio redentor de la cruz, cada cristiano puede perseverar en el itinerario que hoy solemnemente iniciamos.

Las obras de caridad (limosna), la oración, el ayuno, juntamente con cualquier otro esfuerzo sincero de conversión, encuentran su más profundo significado y valor en la Eucaristía, centro y cumbre de la vida de la Iglesia y de la historia de la salvación.

"Señor, estos sacramentos que hemos recibido —así rezaremos al final de la santa misa— nos sostengan en el camino cuaresmal, hagan nuestros ayunos agradables a tus ojos y obren como remedio saludable de todos nuestros males".

Pidamos a María que nos acompañe para que, al concluir la Cuaresma, podamos contemplar al Señor resucitado, interiormente renovados y reconciliados con Dios y con los hermanos. Amén.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
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ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI al rezar a mediodía del domingo, 25 de Febrero de 2007, la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos y hermanas:

Este año, el Mensaje para la Cuaresma se inspira en el versículo del Evangelio de Juan, que a su vez se remonta a una profecía mesiánica de Zacarías: «Mirarán al que traspasaron» (Juan 19, 37). El discípulo predilecto, presente junto a María, la Madre de Jesús, y las demás mujeres en el Calvario, fue testigo ocular del golpe de lanza que traspasó el costado de Cristo, haciendo que saliera sangre y agua (Cf. Juan 19, 31-34). Este gesto de un solado anónimo romano, destinado a perderse en el olvido, se quedó impreso en los ojos y en el corazón del apóstol, quien lo volvió a narrar en su Evangelio. A través de los siglos, ¡cuántas conversiones han tenido lugar precisamente gracias al elocuente mensaje de amor que recibe aquel que dirige la mirada a Jesús crucificado!

Entramos, por tanto, en el tiempo de Cuaresma, con la «mirada» puesta en el costado de Jesús. En la carta encíclica «Deus caritas est» (Cf. n. 12) quise subrayar que, sólo dirigiendo la mirada a Jesús, muerto en la cruz por nosotros, se puede conocer y contemplar esta verdad fundamental: «Dios es amor» (1 Juan 4, 8.16). «Desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar» («Deus caritas est», 12).

Contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender profundamente qué es el pecado, su trágica gravedad, y al mismo tiempo la inconmensurable potencia del perdón y de la misericordia del Señor. Durante estos días de Cuaresma, no apartemos el corazón de este misterio de profunda humanidad y de elevada espiritualidad. Al contemplar a Cristo, sintamos que al mismo tiempo somos contemplados por Él. Aquel a quien nosotros mismos hemos traspasado con nuestras culpas no se cansa en derramar sobre el mundo un torrente inagotable de amor misericordioso. Que la humanidad comprenda que sólo de esta fuente es posible sacar la energía espiritual indispensable para construir esa paz y esa felicidad que todo ser humano está buscando sin descanso.

Pidamos a la Virgen María, cuya alma quedó traspasada junto a la cruz del Hijo, que nos alcance el don de una fe firme. Que, guiándonos en el camino de la Cuaresma, nos ayude a dejar todo los que nos aparta de la escucha de Cristo y de su palabra de salvación.

A ella confío, en particular, la semana de ejercicios espirituales que comenzará en la tarde de hoy, aquí en el Vaticano, y en la que participaré junto a mis colaboradores de la Curia Romana.

Queridos hermanos y hermanas: os pido que me acompañéis con vuestra oración, yo haré lo mismo con gusto en el recogimiento del retiro, invocando la potencia divina sobre cada uno de vosotros, sobre vuestras familias y vuestras comunidades.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en especial a los alumnos de los Institutos de As Pontes de García Rodríguez y de Ferrol; a los fieles de distintas parroquias de Córdoba, Puente Genil y Arcos de la Frontera; a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, de Marchena; así como, al grupo de militares españoles del Ejército del Aire. Que la Virgen María nos acompañe en nuestro camino de conversión cuaresmal para que, la escucha de la Palabra de Dios y la gracia divina, nos ayuden a vencer las tentaciones, y nuestra vida sea testimonio del amor de Cristo. ¡Feliz domingo!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
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domingo, 25 de febrero de 2007
Mensaje de Cuaresma que ha publicado monseñor Rafael Sandoval, obispo de la diócesis mexicana de Tarahumara, con el título «Mirar al Cordero no violento».


MIRAR AL CORDERO NO VIOLENTO


Mensaje de Cuaresma – 2007


“He aquí que tu Rey viene a ti manso y montado sobre un burrito” (Mt 21,5).

SALUDO Y TEMA

Pueblo de Dios que peregrina en la Tarahumara. Sacerdotes, religiosas y religiosos:
A los sacerdotes, el día de nuestra ordenación, se nos dijo: “Conforma tu vida con la Cruz del Señor”. Recordando esas palabras, quise escribir lo que fue fruto de mi humilde meditación, y quiero transmitirla a ustedes. Ojalá que se den un espacio para acercarse, con mirada de fe, para mirar a Jesucristo, quien es la razón de nuestra vida.

El Papa Benedicto XVI nos invita en esta Cuaresma a mirar a Cristo crucificado que nos ha revelado plenamente el amor de Dios. Este servidor quiere también invitarlos a mirar a Cristo Sufriente: su identidad, el modo como sufrió, y el motivo de su sufrimiento.

¿Quién es ese que Sufrió? ¿Cuál fue su actitud, sus disposiciones interiores, ante el sufrimiento? ¿Cuál fue el motivo y la finalidad de su pasión? Tres preguntas que nos invitan a contemplar, haciéndonos presentes al misterio. Así, contemplando a Jesús, lo conoceremos más, nos identificaremos con Él, y creceremos en su seguimiento. Que no nos quedemos en lo sentimental, sino en compartir con Cristo lo que siente, y experimentar, desde la fe, lo que Él experimenta. Esto es toda una gracia.

La pasión es lo más serio de la humanidad, y cuesta entenderla. No atinamos ante el dolor. Tal vez el silencio, como María, sea lo mejor. Pero ese silencio lo necesitamos todos para que nuestra palabra esté cargada de experiencia.

EN UN MUNDO DE VIOLENCIA

Todos los días, hermanos, escuchamos malas noticias, y vemos mucho dolor: muertes en el mundo por causa de guerras; ajustes de cuentas de narcotraficantes, estragos causados por el alcohol y la droga; niños desnutridos; sueldos de miseria; chicos drogados; suicidios cada vez más frecuentes… Como que nos estamos acostumbrando a la violencia. Es la creación que gime con dolores de parto (Rom 8,22.25).

Parece que nuestro mundo se mueve en una dinámica de Caín: engaño, mentira, envidia, competitividad, exclusión. Una nube de muerte se va haciendo más densa: todos dicen tener la razón; se destruye la fama y hasta la vida de los demás. Parece como si tuviera razón aquél que dijo que “el hombre se ha convertido en el enemigo del hombre”.

Es la lógica del “toma y daca”: relaciones agresivas, tendencia a juzgar, discusiones violentas ante quienes no piensan de igual manera, anhelos de poder, ajustes de cuentas, palabras hirientes, la muerte del otro. Tal dinámica se puede meter en nosotros mismos.

MIRANDO A JESÚS SUFRIENTE

También Jesús se encontró con un mundo de violencia, pero ¿qué hace? No mata a sus perseguidores, pues eso es contrario al Buen Dios que anuncia. Su Dios no es el Dios del conflicto que castiga o manda vengarse.

No es el dios de Caín que mata al hermano para obtener lo deseado, ni el dios que pide sangre para saciarse. Su Dios no tiene nada que ver con la violencia. Es el Dios Padre que no quiere víctimas; que no es resentido, sino perdonador.
Cristo no vino a que lo mataran, sino a darnos todo el amor del Padre.

Al encontrarse con la violencia, no fue violento. Se dejó matar. Él es el Hijo de un Padre pacífico. Es la Víctima que, para triunfar de la violencia, asume la violencia y la transforma desde dentro. Es el “Cordero inteligentísimo y amorosísimo que se entrega sin resentimiento y sin venganza”.

En la misma cruz perdona a sus verdugos. Ahí, en la Pasión y Cruz, está la verdadera imagen de lo que es Cristo y lo que es Padre: libre, gratuito, incondicional, ofrenda generosa, absoluta y total.

¿QUIÉN ES SUFRIENTE?

¿Quién es el que padece? Aquí es bueno detenernos con mirada contemplativa para preguntarnos con la Iglesia apostólica sobre la personalidad del Sufriente. Él es el Hijo que aprendió a obedecer sufriendo (Hebreos 5, 7-9). Es el Justo por los injustos que muere por nuestros pecados (1Pedro 3, 18). Es el Hijo que sufre en su humanidad. Es el Señor de la gloria (1Cor 2,8) y el Verbo eterno hecho carne (Jn 1, 14). El que sufre es verdadero Dios y verdadero hombre (1 Tim 2, 4-6). Se hizo “semejante a los hombres” (Fil 2,7) hasta llevar un “cuerpo de carne”.

Es el resucitado y glorificado que ha “pasado de este mundo al Padre” (Jn 13, 1) y permanece como aquél que ha sufrido y muerto “semejante a los hombres”. Es el Cordero que está ahora en el trono celeste de la divinidad, y que lleva los signos de su inmolación (Ap 5, 6), llevando consigo en la luz del Padre todo sufrimiento y muerte del hombre.
Con el Centurión, también nosotros, estamos invitados a decir: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39), “verdaderamente este hombre era justo” (Lc 23, 47). Es el Justo por los injustos (1 Pedro 3, 18).

Por todo esto podemos decir con al autor de la Carta a los Hebreos: “No tenemos un sumo sacerdote que no sepa compartir nuestras enfermedades, habiendo sido él mismo probado en todo, a semejanza de nosotros, excepto el pecado” (Hebreos 4, 15).

“Él llevaba el pecado de muchos” (Is 53, 12), “llevó nuestros pecados en su cuerpo bajo el leño de la cruz” (1Pedro 2, 24). Solidario con nuestra miseria de pecadores, pero no solidario con nosotros en nuestra pecaminosidad. Ha cargado el peso de nuestros pecados, sufriendo por nosotros. “Por sus llagas hemos sido curados” (1Pedro 2, 25). Nuestro pecado ha sido expiado y hemos obtenido la gracia del perdón y de la redención.

¿CÓMO SUFRIÓ?

Con voluntad plena: Nadie tiene sobre Jesús un poder tal de obligarlo a hacer lo que no quiere, y de hacerlo morir contra su voluntad. Él muere con la libertad de alguien que “ofrece su vida”. “Nadie me quita la vida, yo la ofrezco” (Jn 10, 17).
Con plena consciencia: Juan precisa que Jesús se dejó arrestar: “Conociendo todo lo que le iba a pasar” (18,4). “Sabiendo que estaba cerca su hora de parar de este mundo al Padre” (13, 1.3).
Con humildad: “He aquí que tu rey viene a ti humilde, sentado sobre un burrito” (Mt 21,5). Es la humildad de un soberano pacífico que pretende reinar con el signo más radical de la no violencia. No opone resistencia a la violencia, sino que se deja prender y condenar y matar. Renuncia a su derecho de defenderse. No abría la boca y “callaba” (Mt 26,63). Es su silencio lleno de seguridad interior, y la actitud de un “cordero”.
Con obediencia filial: Él sabe que su “Abbá” lo ama. Siempre se supo amado. Esta obediencia de hijo lo hace ser feliz en medio de tanto dolor. Nadie es tan feliz como aquél que obedece. La obediencia va más allá de lo inteligible. ¿Entendemos esto? María nos diría: “Yo no entiendo; yo creo”.
Con amor pleno: amor y obediencia coinciden en la experiencia de la Pasión de Cristo. “Yo amo al Padre y hago lo que me ha mandado” (Jn 14, 31). Es un amor de obediencia, y una obediencia de amor. Es, también, un amor hacia nosotros. “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros” (1Jn 3, 16).

¿POR QUÉ MOTIVO SUFRIÓ?

“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4, 9-10).
La gravedad del pecado y el infinito amor de Dios: se nota qué grande sea a los ojos de Dios la malicia del pecado. El precio ha sido la misma sangre preciosa del Hijo de Dios. Dios ha renunciado al castigo (Jn 1, 17); y ha querido demostrar al hombre la grandeza de su amor.
“Nosotros, por tanto, no éramos buenos. Y, con todo, él se compadeció de nosotros y nos envió a su Hijo a fin de que muriera, no por los buenos, sino por los malos; no por los justos, sino por los impíos. Dice, en efecto, la Escritura: Cristo murió por los impíos. Y ¿qué se dice a continuación? Apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir”. (San Agustín. Sermón 23 A, 1-4; CCL 41, 321-323).
No hay pecado, por grave que sea, que pueda reducir el Amor. En la Cruz de Cristo resplandece la grandeza de la misericordia. Para Dios, no hay vida, por desastrosa que sea, que lo frene en su oferta de salvación, pues ésta es don y no algo del hombre. Si el pecado es un poder que embrutece al hombre y lo pone contra Dios, Cristo es el nuevo poder que vence el pecado. La Cruz es el gran acto de misericordia, y Cristo es el Gesto extraordinario de Dios. Viendo a Cristo padecer, nadie puede decir que Dios no lo ama.

CONSIDERACIONES PARA NOSOTROS

 Con “empatía” podemos sumergirnos en el mundo interior del Señor, para ver lo que sucede ahí dentro. Penetrar, con la luz del Espíritu Santo, en su corazón, para captar sus sentimientos, emociones y pensamientos; y así podernos involucrar vitalmente. No es sentimentalismo, sino realismo, pues no hay nada más real que lo que pasa dentro de la persona humana. Es a través de su humanidad como conocemos su Divinidad. Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre.
 Al contemplar la soledad de Jesús, podemos mirar la soledad del hombre, y las soledades de los más solos.
 Ponernos ante nuestras posibles heridas actuales, y pedir la curación de ellas. Tal vez ante algún superior que no se fiaba de mí; ante la ingratitud de algún amigo que sólo me buscaba cuando me necesitaba; ante el medio ambiental que me exige demasiado; ante ciertas heridas que exigen tiempo para que se curen; ante mis miedos y tristezas para que, al contacto con el silencio de Jesús, pueda sacar fuerza y pueda vencer el miedo; ante la tentación de querer bajarme de la cruz y de no perdonar, sabiendo que lo que más nos hace sufrir es guardar rencor y no acabar de perdonar; ante alguna falsa acusación de la que no he sanado y sigo rabiando dentro; ante…
 Para aceptar la cruz sólo hay un camino: comprender su valor. Desde que Cristo la asumió, dejó de ser un mal y pasó a ser un bien. Sólo sufre quien piensa que su dolor es inútil, pero se sufre de otra manera cuando se le encuentra sentido. Es el amor lo que le da sentido a la cruz. El Señor no vino a quitarnos la cruz, sino a compartirla con nosotros. No estamos solos, sino acompañados.
 Para los judíos, la cruz es escándalo. Para los griegos, es necedad. Para el cristiano, la cruz es fuerza y sabiduría de Dios. La cruz anticipa una alegría inmensa.
 Sólo mirando a Jesús seremos capaces de mirar el dolor de los demás, y acercarnos a los que están muriendo de soledad y a tantos pobres crucificados. La mirada tiene mucho que ver con el amor, pues se mira con el corazón. Quien mira a Cristo, podrá despojarse e inclinarse ante las dolencias de los demás.

FINAL

La Cuaresma es un tiempo bello; lleno de luz, de paz, de alegría y de mucho amor. Tiempo de prepararnos para el encuentro con Jesús resucitado.
Acompañemos a Cristo con María. Ella nos ayudará a mantenernos firmes en la fe. Su fe no tuvo fluctuaciones. Ella sabe que la resurrección está cerca. Es cierto que sufre como madre, pero lleva una alegría interna. Gustemos la paz de María; su fe y su esperanza. ¡Qué distinta su soledad, a la soledad del pecador!
Miremos cómo, muerto Jesús, María acoge a Juan en su casa; acoge a Pedro que vuelve avergonzado y confundido; acoge a cada uno de los Apóstoles que van llegando uno a uno. ¡Cómo le hubiera gustado que llegara Judas! A todos nos comunica su esperanza.
Que Ella nos haga gustar la realidad de la Resurrección y que nos dé fuerza para ver que la cruz es el camino de la resurrección.
Con mi afecto les bendigo

Guachochi, Chih., 22 febrero de 2007

+ Rafael Sandoval Sandoval
Obispo de Tarahumara
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Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net


Las personalidades tímidas, vacilantes, inseguras, suspiran siempre por tener a su lado dictadores, aunque a veces se revistan de la modesta apariencia de consejeros. ¿Qué debo hacer?, preguntan siempre, con la esperanza de que una receta les libre de cualquier decisión personal. No quieren decidir, no quieren arriesgar, se les hace insoportable la responsabilidad.

Otros son excesivamente razonadores y se ahogan en la perplejidad. Acusan un sorprendente miedo a la realidad. Son individuos que retrasan siempre sus decisiones, porque les paraliza su ansia de seguridad y su terror al riesgo. Siempre les parece que aún no han reflexionado suficientemente.

Quizá son personas que fueron educadas con excesiva dureza o con excesiva blandura, y que sufrirán mucho en su vida a consecuencia de ese apocamiento de carácter. Es como si hubieran quedado heridas en el núcleo de su personalidad. Y son heridas que sangrarán por mucho tiempo, y que harán difícil asumir el riesgo de sus decisiones personales y superar el desánimo de posibles frustraciones.

Una buena educación ha de fomentar tanto las decisiones rápidas como la reflexión, la libertad como la responsabilidad, la pasión como el juicio. El verdadero consejero, el verdadero educador, jamás debe dejarse seducir por esa suerte de compasión que le llevaría a limitarse a prescribir acciones, recetar criterios e imponer conductas. Educar exige ayudar al perplejo a reconocer su verdadero problema, dejándole luego la responsabilidad de tomar él mismo sus decisiones.

Sin embargo, para algunos padres y educadores la gran norma pedagógica parece ser ésta: en caso de duda, apueste usted por estarse quieto. Una mentalidad de gran resistencia a complicarse la vida, un talante de desusada exigencia de garantías.

Tanto temen equivocarse que prefieren esquivar cualquier riesgo, y llegan a vivir como refugiados: se vuelven un poco solemnes y secos, quizá perfectísimos y superprevisores, vivirán con un método y una higiene absolutos, pero quizá eso no sea vivir.

No se trata de apostar por la irreflexión, la frivolidad o el aventurismo barato. Pero cualquier objetivo medianamente valioso está rodeado de unas tinieblas por las que hay que avanzar en terreno desconocido. Toda empresa, todo camino en la vida, tiene algo de riesgo, de apuesta, de salto en el vacío, y es preciso asumirlo. Si no, más vale quedarse en la cama por el resto de la vida.

Para no quedarse habitualmente paralizados ante la duda; para no tirar la toalla a la primera dificultad; para no cambiar inmediatamente de objetivo en cuanto éste se presenta costoso; para todo eso es preciso educar y educarse en un ambiente de cierta resolución ante los habituales problemas de la vida. Imponerse el cumplimiento de actos que a uno le cuestan, obligarse a decidir a un plazo determinado, no sustraerse a la realidad, por dura que sea. Así, poco a poco, la voluntad indecisa se irá consolidando.


AMERICA/VENEZUELA - Los laicos católicos decididos más que nunca a defender y promover los principios cristianos fundamentales y a unir esfuerzos para que surja un gran movimiento que contribuya a la Nueva Evangelización
(Agencia Fides)

Consejo Nacional de Laicos de Venezuela

Comunicado del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela


Reunidos en Caracas del 26 al 28 de enero de 2007, en Asamblea Ordinaria del Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, los laicos católicos pertenecientes a diferentes diócesis y a Movimientos y Asociaciones eclesiales del País, queremos manifestar que:
1.- Confiados en el Espíritu Santo y sostenidos por la Fe y la Esperanza en Cristo, Señor de la Historia, estamos decididos más que nunca a defender y promover los principios cristianos fundamentales, como base ineludible para la construcción de la Venezuela que todos anhelamos.
2.- Expresamos ante todo el total respaldo a nuestros Obispos en su Exhortación Pastoral “Tiempo de diálogo para construir juntos” (Exh. CEV, 13.1.2007), en la que insisten una vez más en verdades que nos comprometen y no podemos eludir: “la centralidad de la persona; los derechos humanos; el pluralismo político frente al pensamiento único y la exclusión por razones ideológicas o por cualquier otro motivo; la educación pluralista, abierta a la trascendencia y a la religión; la lucha contra la pobreza, el desempleo, la inseguridad jurídica y social y la violencia; la libertad de expresión y el derecho a la información; una positiva respuesta a la situación infrahumana de nuestros hermanos privados de libertad y la de los que se sienten perseguidos”.
3.- Rechazamos, una vez más, todo tipo de ataque a la Iglesia, a sus Pastores, y a la religión, así como la manipulación del Evangelio e incluso de la misma persona de Cristo.
4.- Declaramos y hacemos pública nuestra disposición a servir como factores de diálogo para la promoción de un clima de libertad, justicia y paz.
5.- Reafirmamos que la familia es la primera y fundamental escuela y manifestamos nuestra decisión a defender los derechos y deberes de los padres en la educación de sus hijos, el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, a la justicia social y a la igualdad, sin discriminación ni subordinación alguna, incluyendo a los niños y adolescentes como sujetos de pleno derecho en las decisiones y acciones que le conciernan, de conformidad con la Constitución y con los tratados sobre Derechos Humanos.
6.- Exigimos firmemente el respeto al derecho de las personas a la expresión libre de pensamiento, ideas y opiniones y más aún, por la dimensión trascendente de todo ser humano, proclamamos el derecho a la libertad de religión y culto, a la manifestación pública de las creencias religiosas y a la enseñanza de la religión en los centros educativos.
7.- Rechazamos toda amenaza y cualquier medida de coerción contra las personas e instituciones que representan los medios de comunicación social, cuya labor tiene el derecho y el deber de proporcionar la información a la colectividad. Así mismo, instamos a los medios de comunicación a que cumplan con su responsabilidad de ser potenciales transmisores de los valores fundamentales, acordes a la dignidad humana.
8.- A la luz de las enseñanzas de Magisterio de la Iglesia en sus distintas Encíclicas Sociales, ratificamos que el proyecto político para gobernar el país debe estar ajeno tanto al capitalismo salvaje como a la ideología marxista-leninista, a fin de garantizar el respeto a la dignidad y la libertad de la persona humana.
9.- Reclamamos el respeto a las minorías, a las instituciones democráticas, la tolerancia en el debite político y la eliminación de todo intento de exclusión de algún venezolano, cualquiera que sea su tendencia política, credo o religión.
10.- Rechazamos la concentración de poderes en el Presidente de la República y los poderes especiales que otorga la Ley Habilitante, ya que excluye la opinión y participación de los Poderes establecidos en nuestra Constitución y las del soberano pueblo de Venezuela, haciéndonos eco de las palabras de Juan Pablo II en su visita a Venezuela: “…Son responsables de promover siempre la dignidad y la participación del pueblo en los destinos de la Nación, como modelo superador de autoritarismo de diverso signo ideológico” ( Juan Pablo II, Catedral de Caracas, 28.01.85).
11.- Exigimos en materia de reforma de la Constitución Nacional de 1999, se sigan los procedimientos establecidos en ella, se promueva el debate nacional de los temas que se pretende reformar, ya que lo que está planteado es un cambio profundo en el orden político, social y económico que requiere la participación de todo el conglomerado nacional.
12.- Solicitamos del Estado su responsabilidad de garantizar las condiciones básicas que permitan una convivencia social justa, respetuosa de la diversidad y que promueva el bien común, donde sean salvaguardados los principios fundamentales:
- La persona, como valor absoluto cuya dignidad no se puede menoscabar y a la cual se le deben reconocer sus derechos: a la vida, a la libertad religiosa, al trabajo, a la iniciativa económica y la propiedad privada, a la libre asociación e información…
-La libertad de educación, reconociendo a la familia como responsable fundamental de la educación de sus hijos, superando toda imposición ideológica.
- La sociedad, como protagonista de la construcción del país, en la cual todas las personas, en los distintos ámbitos de la vida social, puedan generar diversas formas de asociación y acciones para buscar respuestas a sus necesidades.
13.- Hacemos un llamado a todos los laicos cristianos de Venezuela a promover incansablemente la reconciliación de los venezolanos y para que, unidos en la caridad de Cristo y guiados por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, asumamos juntos el reto de construir un país donde sea posible la convivencia fraterna y en el que se favorezca el protagonismo de la persona y de la sociedad.
14.- Renovamos nuestro compromiso de llevar a la acción las decisiones tomadas en el Concilio Plenario de Venezuela, particularmente en su documento “El laico católico, fermento del Reino de Dios en Venezuela” y las asumidas en el Documento final del VI Congreso Nacional de Laicos (Febrero 2006).
Por ello, reafirmamos nuestro empeño en:
15.- Proclamar la Democracia como “el sistema político más acorde con el pensamiento cristiano, porque respeta la dignidad humana, da cabida a las diversidades, evita toda exclusión y tiene como esencia la libertad y la independencia de todos los poderes del Estado”(Documento final VI Congreso, n.8)
16.- Vigilar y defender el respeto de los valores morales que se refieren a la vida personal y social, y promover la salvaguarda de la dignidad humana, el desarrollo integral de la persona y de sus derechos fundamentales y la búsqueda del bien común.
17.- Llevar adelante la labor iniciada con actividades encaminadas a educar a jóvenes y adultos en los valores y virtudes del Evangelio y en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, para que maduros en su fe y su compromiso puedan ejercer su protagonismo laical cristiano en la construcción de una verdadera sociedad fraterna, plural y democrática (cf. “El laico católico, fermento del Reino de Dios en Venezuela” N.122)
18.-Fortalecer las Comisiones Sectoriales del Consejo Nacional de Laicos y los Consejos Diocesanos de Laicos en todo el territorio Nacional, a fin de unir esfuerzos y participar en forma orgánica, en el establecimiento de una sociedad, cuyas raíces se fundamenten en la esperanza cristiana y donde surja, como resultado del esfuerzo comunitario, en lo social, económico y político, un gran movimento que contribuya a la Nueva Evangelización en Venezuela y a la consecución de un País solidario y fraterno donde reine la Verdad, la Justicia y la Paz.

Caracas, 07 de febrero de 2007
Consejo Nacional de Laicos de Venezuela (2007-02-24)
Los Obispos del Perú convocan una gran colecta el Primer domingo de cuaresma, a favor de los hermanos damnificados de la selva central. Llamamiento a defender la vida y la familia (Agencia Fides)

Comprometidos con el Evangelio y con el Perú



Los Obispos del Perú nos dirigimos a todos los fieles católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del pueblo peruano para tratar acerca de vuestras inquietudes que son también nuestras, a fin de seguir construyendo juntos un País en desarrollo, apoyado en valores trascendentes que ayuden en la formación de todos los peruanos, a la luz del Evangelio y dentro de una Iglesia que camina con ustedes hacia un mayor compromiso con los postulados del Evangelio de Jesús.

Todos nos encontramos caminando en medio de alegrías y tristezas, de esperanzas y desencantos. Queremos la paz, la seguridad, la concordia, el entendimiento, el desarrollo justo, la visión de un presente que sea base para lograr el futuro que todos deseamos. La Iglesia nos ofrece a todos, laicos, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, un camino de luz donde el Espíritu del Señor se haga presente para iluminar nuestras vidas y recibir el aliento que tanto necesitamos.

Deseamos enaltecer la vocación de los laicos en la Iglesia y decirles que son constructores del mundo y que también están llamados a la santidad, cada uno en su circunstancia particular. Agradecemos sus esfuerzos día a día en la lucha por la vida y en la cruzada constante por consolidar vuestras familias dentro de un ambiente muchas veces adverso. Por ello es necesario protegerlas de todo aquello que atente contra su naturaleza, su estabilidad y su protección jurídica.

Reiteramos una vez más el respeto a la dignidad humana y el amor a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural y con Benedicto XVI afirmamos que “el deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona”. Desde estas posiciones queremos comprometerlos a proteger vuestras familias y todos los valores que ellas encierran. No existe institución alguna, por buena que sea, capaz de sustituir a la familia. Por eso, partiendo de ella y considerándola como el gran núcleo de la sociedad, queremos comprometernos y comprometerlos en la construcción de una nueva sociedad más solidaria, justa, fraterna y democrática y nos sentimos convocados a dar vida abundante a nuestro pueblo: en educación, salud, desarrollo, justicia, amor y bondad.

No podemos descuidar el servicio de la caridad y es importante que todos nos sintamos miembros vivos de la Iglesia. Recordamos que hace un mes, graves inundaciones y huaycos en los Departamentos de San Martín, Huánuco y Junín dejaron sin hogar a miles de hermanos nuestros. No fue suficiente para ayudarles todo lo aportado y por ese motivo queremos lanzar una campaña de solidaridad de tal forma que todos podamos colaborar con el bienestar de nuestros hermanos damnificados. Con tal fin, el 25 de Febrero, primer domingo de Cuaresma, realizaremos una gran colecta nacional en todas las Parroquias de nuestro País, que permita contribuir al proceso de rehabilitación y reconstrucción de las zonas afectadas. Solidaridad en acción es nuestra consigna. El Perú es tarea de todos y sus necesidades son nuestras.

Nos sentimos llenos de alegría y esperanza de informarles que en el mes de mayo próximo se realizará la reunión de todos los Obispos de América Latina y el Caribe, con la presencia del Papa, Su Santidad Benedicto XVI, en la Ciudad de Aparecida, Brasil. En esa reunión, llamada Vª Conferencia del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, se tratarán temas relacionados con la marcha de la Iglesia, es decir de ustedes y nosotros. Pedimos que todos acompañemos con nuestra oración la realización de esta Conferencia para que la respuesta sea de toda la Iglesia y para toda la Iglesia; que llegue a todas las personas y a cada una en particular.

El presente año 2007 es un año de gracia en el Perú porque vamos a vivir otras dos celebraciones de enorme repercusión pastoral para todos los fieles. En el mes de Agosto, en la ciudad de Chimbote, tendrá lugar la realización del Congreso Eucarístico Nacional y la Consagración a la Santísima Virgen María. Hacia ella dirigimos nuestra mirada para que, junto a su Hijo, nos ayude a caminar unidos en bien de nuestro Perú y de nuestra Iglesia.

LOS OBISPOS DEL PERÚ.

Lima, 23 de Febrero de 2007
Los Obispos del Perú (2007-02-24)
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Comunicado emitido por la Comisión diocesana de Pastoral Social de la diócesis de San Pedro Sula con el título «No podemos seguir así» sobre la realidad social de Honduras.



Como miembros de la Comisión de Pastoral Social de la Diócesis de San Pedro Sula nos sentimos abrumados de ver tanto dolor, frustración y pesimismo en la población. Hemos heredado de un pasado nefasto el hábito de la corrupción pública y privada; la pobreza extrema y la violencia siguen vigentes y los tentáculos de la delincuencia y del Crimen Organizado se siguen apoderando de nuestro suelo patrio. No podemos caer en la trampa de creer que nada se puede hacer, de dejarnos desanimar y que el fatalismo nos conduzca a la derrota segura. Todo puede ir cambiando positivamente si nos unimos cada vez más para luchar contra los males que afectan a nuestra Patria. Honduras no puede continuar el camino hacia el abismo. Podemos ir solucionando muchos problemas si defendemos la vida en todos los aspectos.

¿Cómo hacer para ir saliendo de este pozo de muerte cada vez más hondo y transformar nuestra sociedad? Necesitamos, como prioridad, más inversiones en salud, educación y vivienda. Urgen programas eficaces que favorezcan la microempresa y toda la industria nacional, diversificando la producción y teniendo sueldos justos. Hay que luchar a brazo partido contra la corrupción pública y privada y el Crimen Organizado. Apoyamos los esfuerzos para depurar a la policía nacional de elementos nocivos, al igual que dotar de más implementos a la fuerza pública para combatir el narcotráfico y fortalecer todo el ministerio Público, como la decisión de mejorar todo el sistema de generación de electricidad y combustible experimentando otras fuentes de energía y de proteger el medio ambiente tan degradado en nuestro país. Rechazamos el engranaje que protege a los delincuentes de «cuello blanco», aumentando así la impunidad que se cierne sobre muchos robos, fraudes, asesinatos y otros delitos, como también condenamos todo el sistema nefasto que favorece el negocio de la droga, el robo de carros, la prostitución y la pornografía, el sicariato y el contrabando. Queremos hacer hincapié que es un delito grave y falta moral el evadir los impuestos como el usar los bienes del Estado para provecho personal.

Hay que aumentar el empleo en nuestro país para poder luchar contra la pobreza y nos parece bien que se siga implementando en el valle de Sula el sistema de Maquilas, siempre y cuando se respeten los derechos de los trabajadores, tanto en salario justo, seguro social, organización sindical, buenas condiciones higiénicas en las fábricas y el tener jardines de infancia donde las madres obreras puedan dejar a sus niños pequeños mientras trabajan. Hay que urgir al gobierno y a los empresarios de esa industria estar pendientes de que se cumplan estos derechos, ya que de lo contrario se estará atentando contra el bienestar de la población obrera e incumpliendo lo que establece nuestra Constitución Nacional y los tratados internacionales firmados por nuestro país. Debe existir en todas las fábricas de manera obligatoria una dependencia donde se dé un diálogo constructivo entre empresarios y trabajadores y se luche por cumplir todas las normas que hagan de la empresa un lugar donde se respeten los derechos humanos y se asegure velar para que la empresa produzca de manera profesional, disciplinada y eficaz los bienes de consumo. Las instancias adecuadas del gobierno deben garantizar que cuando una empresa se declare en quiebra, sea en verdad por eso y se asegure el derecho del trabajador de recibir una indemnización por el cese forzado de su empleo.

Quisiéramos insistir en la urgencia de invertir en el campo. Las personas que viven en el medio rural merecen una vida mejor, por lo que se necesitan programas de producción eficaces que aseguren un mejor futuro al campesinado. El éxodo masivo del campo a las ciudades y a los países del primer mundo es un escándalo y síntoma de una gran tragedia nacional, la del injusto y criminal reparto de los bienes. Miles de personas huyen de nuestro país cada año para vivir la incertidumbre del «sueño americano» que en su mayoría se convierte en una pesadilla dantesca. Nuestras ciudades no tienen las condiciones mínimas para recibir a tantas personas que llegan desesperadas del medio rural, y que terminan muchas viviendo en situaciones inhumanas. Urgen pues programas que hagan de la vida en el campo una existencia digna para millones de hondureños y que además sean capaces de producir lo necesario para el consumo de los alimentos que el país necesita. Esto es parte del concepto dinámico y real de ser soberanos como estado.

Confiando siempre en el poder y amor de Nuestro Señor, esta Comisión urge se intensifique nuestra opción por la Vida, ante la cultura de la muerte.


Monseñor Rómulo Emiliani cmf.
Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Social.
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ZENIT publica la ponencia que pronunció el Cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, en la inauguración del encuentro «El Ecumenismo Espiritual y de la Caridad» celebrado en Barcelona entre el 19 y el 20 de febrero.


I. Han transcurrido más de cuarenta años desde la clausura, el 8 de diciembre del 1965, del Concilio Vaticano II, que marcó un giro decisivo al compromiso ecuménico, al definir el Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio como uno de sus propósitos principales el restablecimiento de la unidad de todos los cristianos. El documento empieza con estas palabras: «Promover el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos es uno de los propósitos principales del sagrado Concilio ecuménico Vaticano II.» (UR 1). Esta opción del Concilio Vaticano II tiene su fundamento en el mandato de nuestro Señor, que el anochecer de su muerte rogó: «que todos sean uno». El Decreto aclara que no se trata de un ecumenismo cualquiera, sino de un ecumenismo de la verdad y del amor, dirigido a recomponer la unidad visible de la Iglesia (cfr. UR 2 s.).

Desde entonces, la opción ecuménica del Concilio ha sido declarada irreversible por el Papa Juan Pablo II en la Encíclica Ut unum sint (1995) (UUS 3), donde agrega que no se trata de un mero «apéndice» de la actividad tradicional de la Iglesia (UR 20), sino de «una de las prioridades pastorales» de su pontificado (UR 99). El Papa Benedicto XVI, el mismo día siguiente a su elección como sumo pontífice, en un discurso programático pronunciado ante los cardenales reunidos en el cónclave, se declaró dispuesto a hacer todo lo que esté a su alcance para promover la causa fundamental del ecumenismo; y reforzó estas palabras durante la ceremonia de inauguración de su ministerio, el 24 de abril del 2005, en la Plaza San Pedro. Desde entonces, el Papa Benedicto ha repetido esta afirmación en numerosas ocasiones.

Desde que la Iglesia católica, con el Concilio Vaticano II, se ha abierto oficialmente al movimiento ecuménico, el diálogo ecuménico ha dado grandes pasos adelante. Esto ha ocurrido tanto a nivel de cada una de las iglesias locales como a nivel de la Iglesia universal. El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (PCPUC) ha establecido diálogos oficiales o conversaciones y encuentros con casi todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, con las Federaciones o Alianzas confesionales mundiales y con el Consejo Ecuménico de las Iglesias. Han surgido un gran número de documentos. Gracias a estos diálogos ha sido posible llegar a acercamientos substanciales en varias materias y, en algún caso, llegar a un consenso. Un hito muy importante de este proceso ha sido la firma de la «Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación» con la Federación Luterana Mundial (1999), y la adhesión a esta Declaración por parte del Consejo Metodista Mundial el pasado julio.

Junto a estos diálogos, es importante recordar las visitas del Papa Juan Pablo II a casi todos los Patriarcas orientales y sobre todo la reciente visita del Papa Benedicto XVI al Patriarca ecuménico y la visita a Roma del Arzobispo de Atenas y de toda Grecia. Las dos visitas a las que acabo de aludir pueden ser consideradas históricas. Además de éstas, la reanudación del trabajo de la Comisión teológica internacional para el diálogo con las Iglesias ortodoxas en su conjunto también ha significado una fase nueva en las relaciones con las Iglesias ortodoxas. Aun así, esto no quiere decir que hayamos olvidado los contactos con las comunidades nacidas con la Reforma del siglo XVI. Nos podríamos referir a muchos encuentros alentadores de alto nivel con estas Comunidades durante el último año, la última de las cuales ha sido la visita de una delegación finlandesa a comienzos de la reciente Semana de Oración para la unidad de los cristianos.

Aún más importante que los resultados concretos de los diálogos y de los encuentros oficiales en el vértice de las iglesias es todo aquello a lo que el Papa Juan Pablo II se refiere en su Encíclica sobre el ecumenismo Ut unum sint (1995) o, en otras palabras, el redescubrimiento de la fraternidad entre los cristianos. Hoy ya no hablamos tanto –como el Santo Padre hace notar- de «cristianos separados» o de «hermanos y hermanas separados», sino de «otros cristianos» y de «otros bautizados». Este cambio del vocabulario es bastante representativo. Los cristianos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales ya no se ven hoy en día como adversarios; ya no se ponen los unos enfrente de los otros con actitudes de antagonismo, de competencia o de indiferencia, sino que se consideran mutuamente como hermanos y hermanas que han emprendido juntos el camino hacia la unidad plena.

En nuestros días, trabajan unidos a favor de la paz y de la justicia en el mundo. Desde el inicio del movimiento ecuménico moderno, la promoción de la unidad y la misión en el mundo han caminado al mismo paso. Porque en la promoción de la unidad y en la misión en el mundo actúa la auto-trascendencia de la Iglesia y empieza la reunión escatológica de todos los pueblos que los profetas ya anunciaron.

En el fundamento de este desarrollo tan positivo y alentador cuando el movimiento ecuménico es entendido en la manera justa, no hay ni un filantropismo liberal, ni un relativismo o un pluralismo post-moderno que no tiene en cuenta las diferencias confesionales o abandona la identidad católica; sino que más bien en la base de los diálogos hay la común confesión de la fe en la Santísima Trinidad y en Jesucristo, único y universal salvador y redentor, y el reconocimiento mutuo del único bautismo, a través del cual todos los bautizados entran a formar parte del único Cuerpo de Cristo y se encuentran, por lo tanto, desde ahora, en una comunión real y profunda, aunque no completa. La nueva fraternidad ecuménica no significa, por lo tanto, una realidad sentimental o una sensación familiar de cordialidad, sino que contemplamos una realidad espiritual fundamentada ontológicamente.

Pese a estos progresos tan alentadores, no se puede negar que, más allá de las dificultades singulares, normales y que forman parte de la vida, el diálogo de alguna manera se haya encallado, aunque no se hayan parado los coloquios y los encuentros, las visitas y la correspondencia. La situación ha cambiado, la atmósfera ya no es la misma, aparecen en el horizonte nuevos retos, como por ejemplo el crecimiento enorme de los movimientos evangélicos, pentecostales y carismáticos, que se han desarrollado sobre todo en el hemisferio sur. Por otro lado, en algunas comunidades protestantes se muestran tendencias liberales, sobre todo en cuestiones de ética, que crean nuevas diferencias y dificultades. Mientras que en los momentos inmediatamente posteriores al Concilio se constataba quizás una atmósfera optimista e incluso utópica, hoy se puede prever que el camino ecuménico, al menos según las medidas de los hombres, será todavía largo. Como fruto de esta reflexión, el tema de la última Sesión plenaria del PCPUC, en noviembre del 2006, tuvo como título «El ecumenismo en vía de transformación».

Como siempre, hay varios motivos para el cambio de una situación. Uno de los motivos ha sido el hecho de que, tras haber superado muchos malentendidos y haber conseguido un consenso fundamental sobre el fulcro de nuestra fe, ahora hemos llegado al núcleo duro de nuestras diferencias eclesiológicas o, mejor, de nuestras diferencias institucionales y eclesiológicas. En el diálogo con las Antiguas Iglesias Orientales y con las Iglesias ortodoxas, esta divergencia afecta la cuestión del ministerio petrino; mientras que, en las relaciones con las Iglesias reformadas, concierne la cuestión de la sucesión apostólica del ministerio episcopal. Este último punto es tan sólo la punta del iceberg de una diferencia muy profunda en la manera de entender la eclesiología. Para poder resolver estos puntos, la Iglesia católica sostiene que es imprescindible afrontar dos cuestiones fundamentales.

Primero: nos hace falta un ecumenismo fundamental; es decir, debemos reforzar los fundamentos de nuestro compromiso ecuménico, la fe en Dios y en Jesucristo. No solamente en las otras Iglesias, sino también a menudo entre nosotros estas verdades fundamentales y centrales están desapareciendo de muchos fieles. Pero ¿Cómo se puede hablar de la justificación de los pecadores por parte de Dios, si ya no hay una viva relación con Dios y si ya no existe la conciencia de ser pecador y de tener necesidad de la redención? Segundo: la cuestión de las Iglesias, entendidas como Comunión. Entretanto, hemos de estar agradecidos que la Comisión Fe y Constitución del Consejo mundial de las Iglesias haya publicado un documento todavía provisional sobre «La naturaleza y la misión de la Iglesia», en cuya elaboración ha colaborado nuestro Consejo y a la redacción final del cual queremos continuar cooperando muy activamente. Esperamos que esto pueda ser un paso y una contribución importante para lograr la plena comunión, es decir, la comunión eucarística con nuestros hermanos y hermanas, que es el objetivo del compromiso ecuménico.

II. Tras haber afirmado todo esto y tomando en consideración también los diversos pasos de aproximación, permanece aun así un cierto sentimiento de desilusión y de frustración. Para poner en movimiento la situación actual, es necesario un impulso más fuerte y vigoroso que aquél que, por su naturaleza, los diálogos académicos puedan dar. En este momento crítico, hemos de acudir a la fuerza motriz originaria del movimiento ecuménico y a la dimensión pneumatológica de la existencia cristiana y de la Iglesia. Por esto, junto a los fundamentos teológicos y eclesiológicos antes mencionados, es necesario reflexionar sobre las bases pneumatológicas y espirituales. Porque la unidad de los discípulos de Cristo no se puede «hacer» mediante diálogos teológicos, aunque son muy importantes e irrenunciables, ni mediante una cierta denominada diplomacia eclesiástica o mediante acciones pragmáticas, aunque tengan su utilidad. En última instancia, la unidad de la Iglesia es, si bien visible, una realidad pneumatológica y por lo tanto un don del Espíritu de Dios. Según el apóstol Pablo hay una diversidad de carismas dentro la Iglesia, pero uno solo es el Espíritu (1 Cor 12,4), que es como el alma de la Iglesia. Es significativo que las palabras de Jesús «que todos sean una sola cosa» no son un mandato, sino una plegaria; y el ecumenismo en último término no es otra cosa que unirse a esta plegaria de nuestro Señor y hacerla nuestra.

Estas no son para mí reflexiones puramente abstractas, sino pensamientos que vienen de mi experiencia personal, madurada a lo largo de muchos años, día tras día. En este periodo de tiempo he participado en muchos diálogos y en muchos encuentros ecuménicos. Y siempre era lo mismo. Si estos diálogos quedaban sólo a nivel académico, resultaban quizás interesantes, pero no traían fruto alguno. A menudo, si no había oración y una atmósfera espiritual, se podían olvidar. Mientras que, si había un clima de oración, los corazones se abrían, era posible superar malentendidos y prejuicios, promover la comprensión también sobre las diferencias, encontrar convergencias y tal vez consensos y sobre todo acrecentaba el amor mutuo y el empuje para continuar.

Esta experiencia personal concuerda con la experiencia histórica de la Iglesia. Las divisiones en el seno de la cristiandad no son debidas primariamente a disputas a nivel de discusiones o a controversias sobre fórmulas doctrinales divergentes, sino a una experiencia de vida que ha llevado a un alejamiento recíproco. Algunas formas de vida de fe cristiana han resultado extrañas las unas a las otras, hasta no poderse entender. Así, las divisiones del pasado son el resultado –como el Concilio ha dicho- de un enfriamiento del amor. Problemas que como tales eran solucionables se han convertido en obstáculos insalvables; de las diferencias, de por si legítimas, han salido controversias, que se han exagerado y absolutizado. Al final se han alejado y ya no se comprenden. Y esto ha conducido a fracturas inevitables. Varias condiciones y circunstancias culturales, sociales y políticas han desarrollado un papel importante en todo esto. Con esto no queremos olvidar que se ha tratado también de una búsqueda de la verdad y de diferencias de fe. Volveremos enseguida sobre este importante aspecto. La búsqueda de la verdad, sin embargo, ha estado siempre inscrita en la experiencia concreta y atada a ésta de manera inseparable.

Por otro lado, ya desde los inicios, el movimiento ecuménico se ha nutrido en gran parte por un movimiento espiritual, que ha encontrado su expresión sobre todo en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, puesta en marcha el año 1933 por el Abbé Paul Couturier, y que para nosotros es siempre el centro ecuménico del año litúrgico.
El Concilio Vaticano II, en su Decreto sobre el Ecumenismo Unitatis Redintegratio, contempla el movimiento ecuménico como impulso y obra del Espíritu Santo (UR 1; 4). Y no por casualidad el Concilio y el Papa de entonces describieron el ecumenismo espiritual como el corazón del movimiento ecuménico (UR 8). El ecumenismo espiritual según el Concilio significa: oración, sobre todo oración ecuménica común, conversión personal y reforma institucional, penitencia y esfuerzo por la santificación personal (UR 5-8). El Papa Juan Pablo II en su Encíclica Ut unum sint y en otros muchos documentos ha repetido y subrayado muchas veces esta idea y el Papa Benedicto XVI continúa en la misma estela.

Recientemente el PCPUC ha publicado un pequeño libro sobre el ecumenismo espiritual, que se basa en muchas experiencias concretas. La publicación había sido recomendada por la Plenaria del 2003. Un primer proyecto había sido presentado y discutido en la Conferencia internacional tenida en Rocca di Papa en noviembre del 2004 con ocasión de la celebración del 40 aniversario del Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II. Desde entonces hemos recibido muchas sugerencias de organismos ecuménicos internacionales y locales. Así, el libro es el resultado de muchas experiencias personales mías y de otros muchos en varias situaciones y partes del mundo. La intención de la publicación es aportar sugerencias concretas y prácticas a todos aquellos que –como se suele decir están en la base, es decir en las diócesis, en las parroquias y en las diversas comunidades- se esfuerzan en el trabajo ecuménico.

El acento particular puesto en el ecumenismo espiritual es importante también a la luz de la situación espiritual actual que, por una parte, está marcada por el relativismo y por el esteticismo post-modernos y, por otra, presenta un deseo nostálgico de esperanza espiritual, a menudo vago e impreciso. Es evidente un descontento que brota del vacío dejado por una civilización técnica, funcional y economicista. Se percibe también el descontento con una Iglesia prevalentemente institucional, que no da el suficiente alimento espiritual, que no satisface los deseos más profundos del corazón. Este es uno de los motivos por los cuales tantos fieles dejan la Iglesia y se integran en comunidades carismáticas y pentecostales o se entregan a prácticas esotéricas. Esta situación nos obliga a aclarar desde el principio el concepto de espiritualidad.

III. Actualmente, la palabra «espiritualidad» se utiliza demasiado y tiene muchos significados. Nos interesa ahora, primeramente, aclarar un poco este término y su significado. Y después podremos dar sugerencias concretas.

Espiritualidad es un «préstamo» léxico que proviene del catolicismo francés. Traducido literalmente significa «piedad». No obstante, con esto no se cubre toda la gama de significados de este concepto. El Dictionary of Christian Spirituality describe la espiritualidad como aquel comportamiento, aquella fe y aquel conjunto de prácticas que conforman la vida de los hombres, ayudándolos a lograr realidades que van más allá de la percepción de los sentidos. Para mejorar esta descripción, podemos decir que espiritualidad es un estilo de vida guiado por el espíritu. El Léxico ecuménico, por lo tanto, dice: «La espiritualidad consiste en el desarrollo de la existencia cristiana bajo la guía del Espíritu Santo».

Está claro, pues, que el concepto de espiritualidad tiene dos componentes: una dimensión que proviene «de arriba» y que no está influenciada por el hombre porque es obra del Espíritu de Dios, y una dimensión «de abajo», que incluye la condición humana y la situación contingente en que se encuentra cada existencia cristiana y dentro de la que ella intenta forjarse y definirse espiritualmente. La espiritualidad vive, pues, la tensión entre el único Espíritu Santo, que obra en todas partes y en todo, y la variedad de las realidades y de las formas de vida humanas, culturales y sociales. Y es por lo tanto en esta tensión entre unicidad y pluralidad donde reside fundamentalmente el significado de la espiritualidad.

Esta tensión comporta a la espiritualidad el peligro de una fractura o de la preponderancia de uno de los elementos. Como expresiones culturales y terrenales de la fe encarnada, las espiritualidades traen en ellas mismas el riesgo del sincretismo, cuando la fe cristiana se mezcla con elementos religiosos y culturales no adecuados, que falsean la fe misma. Las diversas espiritualidades pueden también unirse a finalidades y cuestiones políticas, confiriendo a la fe cristiana no sólo un tono nacional, sino incluso una impronta ideológica pseudo-espiritual o nacional-chovinista. En algunas formas de fundamentalismo religioso este peligro es extremadamente evidente. Junto a éstas, existen otras formas de espiritualidad, de la denominada espiritualidad ecuménica, que son sólo emotivas o sentimentales y pueden ser descritas como banalizaciones burguesas de la fe cristiana.

Toda espiritualidad, pues, debe preguntarse por qué espíritu se deja guiar, por el Espíritu Santo o por el espíritu del mundo o del tiempo. La espiritualidad implica un discernimiento de los espíritus. La espiritualidad no está exonerada de la búsqueda de la verdad. Por esto, no se puede sustraer cómodamente a la teología apelando a la espiritualidad. La espiritualidad, por permanecer sana, tiene necesidad de una reflexión teológica.

IV. Los grandes maestros de la vida espiritual nos han dejado un rico tesoro de experiencias para el discernimiento de los espíritus. Las más conocidas son las reglas para el discernimiento de los espíritus del libro de los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Vale la pena releerlo atentamente, desde el punto de vista ecuménico; es posible, en este sentido, sacar un gran provecho de él. Sin embargo, yo prefiero coger aquí otro camino e interrogarme, en tres puntos, sobre cuál es la naturaleza y la obra del Espíritu a nivel ya bíblico, ya sistemático, para llegar a una espiritualidad ecuménica objetiva en base a una teología reflexionada a partir del Espíritu Santo.

1. El significado fundamental en hebreo y en griego de «espíritu» (ruah, pnêuma) es viento, respiración, soplo y –porque la respiración es signo de la vida- vida, alma y, en fin, en una translación de sentido, el espíritu como principio vital del hombre, como sede de las sensaciones espirituales y de su voluntad. No se trata, con todo, de un principio inmanente al hombre; se refiere más bien a la vida dada y hecha posible por Dios. Dios da el espíritu y puede también volverlo a tomar. El espíritu de Dios tiene, pues, la fuerza vital creadora de todas las cosas. Él da al hombre sensibilidad artística y perspicacia, discernimiento y sabiduría.

Es el Spiritus creator, que obra en toda la realidad de la creación. «El espíritu del Señor llena el universo, abarcando cada cosa, conoce cada voz» (Sab 1,7; cfr. 7,22-8,1). Según el apóstol Pablo en la Carta a los Romanos, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, da respuesta a las esperanzas y sufrimientos del mundo, intercede con insistencia por nosotros, con gemidos inefables (Rom 8,26 s). Según Agustín, el Espíritu es «la fuerza de gravedad de la caridad, el empuje hacia arriba, aquello que se opone a la fuerza de la gravedad hacia abajo y conduce todo a la realización en Dios» (Conf. XIII, 7,8). Toda verdad –como enseña Tomás de Aquino- de donde sea que se derive, proviene del Espíritu Santo (cfr. S. Th E II/109,1).

Una doctrina sobre el Espíritu Santo, por lo tanto, no debe recluirse dentro los muros de una iglesia o replegarse sobre ella misma. Se debe situar en el interior de una prospectiva universal. La pneumatología es posible tan sólo en la escucha, en la atención puesta en las huellas, en las esperanzas, en los gozos y en las vanidades de la vida, en la observación de los signos de los tiempos que se encuentran por todas partes, allí donde la vida nace, está en fermento, se expande, pero también donde las esperanzas de vida son malogradas, estranguladas, amordazadas y suprimidas. En cualquier lugar donde sea mostrada la vida verdadera y nueva, allí obra el Espíritu de Dios.

El Concilio Vaticano II vio este obrar universal del Espíritu no solamente en las religiones de la humanidad, sino también en la cultura y en el progreso de los hombres (cfr. Gaudium et spes, 26; 28; 38; 41; 44). El Papa Juan Pablo II ha desarrollado posteriormente este pensamiento en su Encíclica sobre la misión Redemptoris missio, donde leemos: «El Espíritu, pues, está en el origen mismo de la demanda existencial y religiosa del hombre, la cual nace no sólo de situaciones contingentes, sino de la estructura misma de su ser». Más adelante el Santo Padre continúa: «La presencia y la actividad del Espíritu no afecta sólo a los individuos, sino a la sociedad y a la historia, a los pueblos, las culturas, las religiones. El Espíritu, en suma, está en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad que camina» (n.28).

Por lo tanto, una espiritualidad ecuménica inspirada en la Biblia no puede replegarse en ella misma o ser exclusivamente eclesiocéntrica. Debe estar atenta a la vida y servir a la vida. Debe ocuparse de los asuntos cotidianos, de las pequeñas experiencias de cada día, así como de las grandes cuestiones de la vida y supervivencia del hombre moderno, y también de las religiones y de las obras de la cultura humana. Según un principio de la mística tardo-medieval y de Ignacio de Loyola, es posible encontrar a Dios en todas las cosas.

Espiritualidad ecuménica significa cooperación en favor de la vida, de la justicia, de los derechos del hombre y de la paz. En este contexto no estoy pensando en primer lugar en acciones espectaculares, sino en cooperar en las obras de caridad de cada día, para los niños, los jóvenes, los enfermos, los discapacitados y la gente mayor. Estoy pensando también en la cooperación con la pastoral para los turistas, en los medios de comunicación, etc. Debemos superar en todos estos ámbitos el espíritu de competitividad, porque es necesario que impere la solidaridad. Podemos hacer tantas cosas juntos, y mediante esta cooperación nos conocemos mejor y crecemos juntos.

2. En la Biblia, el espíritu no es sólo fuerza creadora de Dios: es también la fuerza divina que se explicita en la historia. El Espíritu habla a través de los profetas y es prometido como el espíritu mesiánico (Is 11,2; 42,1). Es la fuerza de la nueva creación, que transforma el desierto en paraíso y lo convierte en lugar de ley y justicia (Is 42,15 ss). «No con el poder, no con la fuerza, sino con mi espíritu» (Zac 4,6). El espíritu acerca la criatura que gime y sufre al Reino de la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom 8,19 ss).

El Nuevo Testamento anuncia la venida del Reino de la libertad de Jesucristo. Un reino que nace del Espíritu (Lc 1,35; Mt 1,18.20); en el momento del bautismo, el Espíritu desciende sobre él (Mc 1,9-11); toda su obra sobre la tierra tiene el sello del Espíritu (Lc 4,14.18; 10,21; 11,20). El Espíritu descansa en él; así él puede anunciar el mensaje de júbilo a los pobres, la libertad a los prisioneros, la vista a los ciegos y la justicia a los afligidos (Lc 4,18). Su resurrección acontece en la fuerza del Espíritu (Rom 1,3) y en la fuerza del Espíritu él continúa estando presente en la Iglesia y en el mundo. «El Señor es espíritu» (2 Cor 3, 17).

Puesto que en Jesucristo, en su vida sobre la tierra y en su obra como Redentor, la acción del Espíritu inscrita en la historia de la salvación llega a su plenitud escatológica, el Espíritu es para Pablo el Espíritu del Cristo (Rom 8,9; Fil 1,19), el Espíritu del Señor (2 Cor 3,17) y el Espíritu del Hijo (Gal 4,6). La confesión de Jesucristo es por lo tanto el criterio fundamental para el discernimiento de los espíritus: «...nadie que hable bajo la acción del Espíritu de Dios dice: «Jesús es anatema»; y nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo» (1 Cor 12,3).

Con esto queda bien afianzado el criterio cristológico, que es el decisivo en una espiritualidad ecuménica. Este criterio quiere luchar contra el peligro de un relativismo y de un sincretismo espiritual, que amenaza las experiencias espirituales de las diversas religiones, confundiéndolas entre ellas y seleccionándolas de manera ecléctica. La espiritualidad ecuménica preserva la unicidad y la universalidad del significado salvífico de Jesucristo. Ella es también contraria a la tentación soñadora y exaltada de eliminar la intermediación cristológica y acceder directamente a Dios. Y recuerda: «Dios, nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito que está en el seno del Padre es quien lo ha revelado» (Jn 1,18).

Una espiritualidad ecuménica legítima será por lo tanto en primer lugar una espiritualidad bíblica y recibirá un influjo en la lectura común de las escrituras y en el estudio común de la Biblia. Se impregnará de la Lectio divina, tan recomendada por el Concilio (DV 25), es decir, la lectura de la Biblia ligada a la oración que se convierte en un coloquio entre Dios y el hombre. Reflexionará continuamente sobre las narraciones bíblicas de la venida de Jesús, sobre su mensaje de libertad, sobre su obra liberadora y salvífica, sobre su servicio a los otros, sobre su kenosi hasta la muerte, sobre su entera persona y sobre su obra entera, haciendo de esto el criterio fundante. Ella se empapará del seguimiento de Jesús y continuará buscando el rostro del Cristo, como ha mencionado de manera pragmática Juan Pablo II en su Carta Apostólica Novo millenio ineunte de 2001. Tal espiritualidad se revela en aquello que Pablo define como los frutos del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, dulzura, templanza (Gal 5, 22).

Espiritualidad cristocéntrica significa espiritualidad de la escucha de la palabra y significa también espiritualidad sacramental. Cristo está presente en la palabra y en los sacramentos; el Concilio renovó la imagen de la mesa de la palabra y del cuerpo del Cristo (DV 21). Ecuménicamente tenemos en común sobre todo el Bautismo, mediante el cual somos miembros del único cuerpo de Cristo y estamos ya ahora en una comunión profunda si bien todavía no plena. Por lo tanto, las celebraciones de conmemoraciones del Bautismo común son centrales para una espiritualidad ecuménica. Se puede pensar en la fiesta del Bautismo de Cristo o en ceremonias del período de Cuaresma. No obstante, no es posible una plena participación común en la eucaristía. Conozco bien los problemas pastorales que pueden surgir de ello. Durante los últimos años, se ha desarrollado la costumbre de que aquellos que no pueden participar plenamente y no pueden comulgar piden la bendición del sacerdote; con lo cual no se sienten excluidos y participan tanto como es posible.

La espiritualidad cristológica valora también los testigos de Cristo. Tenemos en común muchos santos de los primeros siglos y tenemos muchísimos testigos que podemos decir mártires, sobre todo en el siglo pasado. Ellos son modelos y ejemplos en el seguimiento de Jesús. No podemos olvidar María, la Madre de Jesús. Incluso muchos evangélicos hoy la redescubren como una figura bíblica y como hermana en la fe.

En fin, en el Espíritu, podemos y debemos decir «¡Abbá, Padre!» como Jesús dijo a Dios (Rom 8,15.26 ss; Gal 4,6). Por lo tanto, una espiritualidad ecuménica es una espiritualidad de la oración. Como María y los Apóstoles –y junto con ellos- tal espiritualidad debe recogerse siempre en la plegaria por la venida de una Pentecostés regeneradora (cfr. Hech 1,13 ss.). Una espiritualidad ecuménica vive, como el mismo Jesús, de la plegaria; concuerda con la plegaria de Jesús y se une a él, en el deseo que todos sean uno (cfr. Jn 17,21). En la plegaria soporta, como Jesús en la cruz, también la experiencia del abandono del espíritu y del abandono de Dios (cfr. Mc 15,34); sólo en la fuerza de la plegaria puede soportar dificultades y desilusiones ecuménicas, como también la experiencia ecuménica del desierto.

3. Junto al criterio cristológico, para Pablo hay también el criterio eclesiológico. Pablo enlaza el Espíritu con la construcción de la comunidad y con el servicio en la Iglesia. El espíritu ha sido dado para el bien de todo el mundo. Los diversos dones del Espíritu deben servir unos y otros (1 Cor 12,4-30). El Espíritu no es un Espíritu de confusión, sino un Dios de paz (1 Cor 14,33). Pero la obra del Espíritu no está limitada a las instituciones de la Iglesia y monopolizada por ella; el Espíritu es dado a todo el mundo como afirma la Biblia, cada cual tiene su carisma. Pero el Espíritu no obra cuando los hombres están unos contra otros, sino cuando están unos con otros, y gracias a la contribución personal por parte de cada uno. El Espíritu es adverso a toda división en facciones y partidos. El don más grande del espíritu es la caridad, sin la cual el conocimiento no tiene ningún valor. La caridad no tiene envidia, no se vanagloria, no se enorgullece; todo lo soporta y no caducará nunca (cfr. 1 Cor 13,1-4.7).

Precisamente, la tradición teológica ha desarrollado con propiedad este aspecto. Según Ireneo de Lyon, la Iglesia es «el recipiente, donde el Espíritu ha vertido la fe y la mantiene fresca»; allí donde está la Iglesia, está también el Espíritu de Dios; allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda la gracia» (Adv. haer. III, 24,1). E Hipólito dice: «Festinet autem te ad ecclesiam ubi floret spiritus» (Trad apost. 31; 35). En toda la tradición occidental, inspirada sobre todo en Agustín, el Espíritu es el amor entre el Padre y el Hijo, y aquello que hay de más interno a Dios y al mismo tiempo es más externo a Dios, dado que, en él y a través de él, el amor de Dios se derrama a nuestros corazones. En el Espíritu, Dios da su intimidad al exterior de modo que así nosotros podamos compartir su vida. El Espíritu es, pues, el principio vital de la vida cristiana y como el alma de la Iglesia (cfr. LG 7).

La espiritualidad ecuménica es, pues, una espiritualidad eclesial y, por esto mismo, una espiritualidad de comunión. La espiritualidad ecuménica se afanará por lograr el «Sentire ecclesiam», se esforzará por entrar más profundamente en la esencia, la tradición, y en particular en la liturgia de la Iglesia, haciendo la liturgia de manera actual y consciente. La espiritualidad ecuménica vive de la fiesta de la liturgia. Tal espiritualidad ecuménica generalmente es vivida en grupos y círculos ecuménicos. Estos grupos, sin embargo, no pueden separarse de la más amplia comunidad de la Iglesia y elevarse por encima de esta. No pueden hacer ecumenismo a su propio gusto y manera. Deben sentirse como miembros que contribuyen a la vida de todo el cuerpo de la Iglesia y por otra parte la reciben también de la comunidad más grande. La espiritualidad ecuménica se esfuerza en conservar la unidad del Espíritu (cfr. Ef 4,3).

Vivir en la Iglesia, con la Iglesia y vivir la Iglesia significa sufrir en la Iglesia y con la Iglesia. Ella sufre y sangra por las heridas causadas por las divisiones. Este sufrimiento es esencial en la espiritualidad ecuménica. Así, la espiritualidad ecuménica moviliza la conciencia de la Iglesia, privándola de replegarse sobre ella misma y sobre su autosuficiencia confesional; estimulándola, por contra, a recorrer y a tocar en la riqueza de las otras tradiciones para buscar una unidad ecuménica más amplia y, de este modo, llegar a la plenitud concreta de su catolicidad. Ella, por lo tanto, entreabre proféticamente una visión del futuro ante la realidad eclesial concreta, sin huir ante esta realidad, pero esforzándose en cambio con paciencia y constancia para conseguir el consenso.

El Espíritu es quien la hace entrar en una verdad cada vez más grande y cada vez más profunda; él debe guiarnos a la verdad completa (Jn 16,13). Esto sucede de varias maneras, una de las cuales, según el texto conciliar ya citado, es la experiencia espiritual. De ésta, forma parte también la experiencia espiritual ecuménica. En efecto, el diálogo ecuménico no es simplemente un intercambio de ideas, sino un intercambio de dones y de experiencias espirituales (UUS 28). Esto es posible para cada cristiano, en el lugar y en la forma que son propios de cada uno, porque cada uno a su manera es un experto, es una persona que vive una experiencia y quiere comunicarla a los otros. Para el diálogo ecuménico vale, pues, todo lo que Pablo ha dicho para toda reunión de la comunidad: cuando os reunáis, que cada uno aporte el propio don (cfr. 1 Cor 14,26).

En los últimos decenios, nosotros los católicos hemos aprendido mucho de la experiencia de nuestros hermanos y de nuestras hermanas protestantes en todo el que se refiere al significado de la Palabra de Dios y a la interpretación de la Sagrada Escritura; ellos, por su parte, aprenden de la realidad de nuestros signos sacramentales y de nuestra manera de celebrar la liturgia. En el encuentro ecuménico con las Iglesias orientales, podemos aprender de su riqueza espiritual y de su respeto por el misterio, mientras que ellos pueden compartir nuestras experiencias pastorales y nuestra experiencia en contacto con el mundo actual. Como sugiere una expresión feliz del Papa Juan Pablo II, la Iglesia puede, pues, aprender a respirar de nuevo con los dos pulmones.

Por lo tanto, el diálogo ecuménico no tiene como objetivo primario el de inducir los otros a convertirse a nuestra Iglesia, sino la conversión de todos a Cristo. Naturalmente, no podemos ni debemos excluir las conversiones singulares en el sentido tradicional; debemos tener un gran respeto por las decisiones tomadas a nivel de conciencia personal que motivan estas opciones. Incluso así, aun en el caso de una conversión individual, de hecho no se trata de una conversión a otra Iglesia, sino de una conversión a la plena verdad de Jesucristo. En este sentido, todos deben convertirse, ya que la conversión no es un acto hecho de una vez para siempre, sino un proceso continuado.

El encuentro ecuménico sostiene esta conversión, puesto que nos lleva al examen de conciencia y es inseparable de la conversión personal y del deseo de una reforma de la Iglesia (cfr. UUS 16; 34 ss; 83 ss). Cuando, intercambiando nuestras recíprocas experiencias confesionales y partiendo de nuestros presupuestos diversos, nos acercamos a Jesús y logramos la medida del completo desarrollo de Cristo (Ef 4,13), entonces nos convertimos en una sola cosa con él. Él es nuestra unidad. En él, tras haber superado nuestras divisiones, podemos realizar históricamente, en concreto, también toda la plenitud de la catolicidad.

Preguntémonos ahora: ¿cuál es la unidad de la plenitud hacia la cual andamos? La respuesta es la siguiente: no se trata de una fusión como las de las grandes empresas internacionales de nuestro mundo globalizado; no es tampoco un sistema complejo, desde el punto de vista especulativo o institucional, en el cual los opuestos se anulan, siguiendo una dialéctica de tipo hegeliano. En esto reside la diferencia de fondo entre diálogo y dialéctica. Ciertamente, el diálogo intenta disipar los malentendidos y superar las divisiones entre los partner, tendiendo a la reconciliación. Pero la reconciliación propiamente no elimina la alteridad del otro, no la absorbe ni la aspira, haciéndola desaparecer. Por el contrario, la reconciliación reconoce el otro en su alteridad. La unidad en la caridad no se logra cuando la identidad del otro es anulada y absorbida, sino al contrario, cuando ésta llega a ser confirmada y plena.

Esta experiencia de la unidad en la caridad es el modelo de la unidad cristiana y eclesial. Encuentra, en último término, el fundamento en el amor trinitario entre Padre, Hijo y Espíritu Santo y es el modelo para la unidad eclesial: la unidad de la Iglesia es como un icono de la Trinidad (cfr. LG 4; UR 3).

En último término, el ecumenismo y la unidad son un acontecimiento espiritual. Allí donde se logra un consenso ecuménico, este consenso será experimentado como un don espiritual y como una nueva Pentecostés. De esta nueva Pentecostés habló el Papa Juan XXIII, abriendo el Concilio Vaticano II con una clara perspectiva ecuménica. Estoy convencido de que, si nosotros rogamos como María y los Apóstoles en el Cenáculo (Hech 1,12-14) y si nos empeñamos en hacer todo cuanto nos sea posible, recibiremos un día este don.
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25 Febrero (ACI).- Miles de fieles se dieron cita en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus Dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que solo contemplando a Cristo crucificado es posible comprender la misericordia de Dios.

“Contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender profundamente cuan inmensurable es la potencia del perdón y de la misericordia del Señor”, dijo el Pontífice este medio día.

Hizo también un llamado a que “durante estos días de Cuaresma no alejemos el corazón de este misterio de profunda humanidad y de alta espiritualidad”.

El Santo Padre recordó que “Aquel que nosotros mismos hemos atravesado con nuestras culpas no se cansa de derramar en el mundo un torrente inacabable de amor misericordioso”.

“Que la humanidad –prosiguió- pueda comprender que solamente de esta fuente es posible obtener la energía espiritual indispensable para construir aquella paz y aquella felicidad que todo ser humano busca sin detenerse”.

Finalmente pidió a la Virgen María “que nos obtenga una fe firme, guiándonos en el camino de la cuaresma nos ayude a dejar todo aquello que nos separa de la escucha de Cristo y de su palabra de salvación”.
VATICANO - Camino de oración para la Cuaresma - La I estación del Vía Crucis: Jesús es condenado a muerte

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Proponemos a la reflexión y a la meditación, la I estación del Vía Crucis según el esquema usado el 25 de marzo de 2005, viernes Santo, en el rito celebrado en el Coliseo.

Primera estación: Jesús es condenado a muerte
V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26
Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió :«pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Meditación

El Juez del mundo, que un día volverá a juzgarnos, está allí, humillado, deshonrado e indefenso delante del juez terreno. Pilato no es un monstruo de maldad. Sabe que este condenado es inocente; busca el modo de liberarlo. Pero su corazón está dividido. Y al final prefiere su posición personal, su propio interés, al derecho. También los hombres que gritan y piden la muerte de Jesús no son monstruos de maldad. Muchos de ellos, el día de Pentecostés, sentirán «el corazón compungido» (Hch 2, 37), cuando Pedro les dirá: «Jesús Nazareno, que Dios acreditó ante vosotros [...], lo matasteis en una cruz...» (Hch 2, 22 ss). Pero en aquel momento están sometidos a la influencia de la muchedumbre. Gritan porque gritan los demás y como gritan los demás. Y así, la justicia es pisoteada por la bellaquería, por la pusilaminidad, por miedo a la prepotencia de la mentalidad dominante. La sutil voz de la conciencia es sofocada por el grito de la muchedumbre. La indecisión, el respeto humano dan fuerza al mal.

Oración

Señor, has sido condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha sofocado la voz de la conciencia. Sucede siempre así a lo largo de la historia; los inocentes son maltratados, condenados y asesinados. Cuántas veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación. Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida. El día de Pentecostés has conmovido en corazón e infundido el don de la conversión a los que el Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has dado esperanza a todos. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de la conversión.

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
(J.M.) (Agencia Fides, 23 febrero 2007)
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sábado, 24 de febrero de 2007
Mensaje que, como cada año, ha difundido el Patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah, con ocasión del inicio del período cuaresmal.

Mensaje de Cuaresma 2007


Queridos hermanos y hermanas:

La gracia y la paz de Nuestro Señor Jesucristo estén con vosotros.

Comenzamos la Cuaresma. Con Jesús vamos al desierto de Jericó, que nos dice hoy dos cosas: en primer lugar, el desierto que rodea Jericó es todavía el mismo donde Jesús ha querido ayunar y rezar antes de llevar su misión al mundo; en segundo lugar, Jericó es una pequeña ciudad-prisión, como todas las ciudades palestinas, símbolo de la situación de conflicto que se ha convertido en nuestro medio de vida, de generación en generación y día tras día. Por una parte, en esta Cuaresma, queremos rezar y encontrar a Dios en la soledad, y por otra, queremos encontrar a los hombres, para superar el conflicto y ver la faz de Dios en todos.

En el desierto, nos libramos, por un tiempo, del peso de las preocupaciones de nuestra vida privada o pública para poder gozar de un momento de libertad interior que nos permite: ver a Dios y ver, en las profundidades de nosotros mismos, el bien o el mal que llevamos, para poder purificarnos y conocer mejor la vocación a la cual Dios nos llama en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

La Iglesia nos invita durante la Cuaresma a abstenernos de la comida, no con el objetivo de abstenernos de cierta comida o de toda comida, sino como medio por el cual nos ejercitamos para abstenernos de una cosa para llegar a otra mejor; y como medio para hallar nuestra libertad. Nos libramos de las presiones del cuerpo y de la materia, y de los sentimientos que nos empujan a odiar y a demoler, para poder reanimar la fuerza del espíritu que está en nosotros y que nos ayuda a vivir la vida abundante que Jesús ha venido a darnos. Vida de pruebas, es verdad, "quien quiera seguirme que lleve su cruz y me siga" (Mc 8,34), pero también, vida de un amor que la vuelve abundante: "He venido para que tengan vida y vida en abundancia. Como yo os he amado, amaos los unos a los otros" (Jn 10,10; Jn 13,35).
Ayunamos para llegar a ser capaces de reconciliarnos con Dios, como nos lo dice san Pablo: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20). Y la reconciliación con Dios no puede realizarse sin la reconciliación con todos los hijos de Dios, nuestros hermanos y hermanas, amigos o enemigos.

Ayunamos para renovar la aceptación de nuestra fe con toda su fuerza liberadora y sus exigencias. Porque tener la vocación de la levadura, de la sal y de la luz, es una vocación a una vida difícil. Pero Jesús también nos dice: Si tenéis fe, podéis transportar las montañas (cf. Mt 21,21). La fe auténtica, plenamente aceptada y vivida, compensa el pequeño número, aparta el miedo, y hace al creyente, aunque esté solo en su sociedad, capaz de contribuir a la construcción común. La vocación de ser levadura en la masa en la tierra misma de Jesús, nos pide el quedarnos en esta tierra, aunque la vida en otras tierras pueda ser más cómoda. La vocación de la levadura es la vocación a vivir el mandamiento de la Caridad, a fin de perdonar, aunque reclamando todos los derechos perdidos, y de hacer de la vida un compartir de bienes y sacrificios que nos hace a todos, con todas nuestras diferencias de religión o nacionalidad, verdaderos constructores de la nueva sociedad que debe nacer en Tierra Santa para todos: judíos, drusos, musulmanes y cristianos.

Somos llamados a una vida difícil en el conflicto que dura siempre en Palestina y que tiene sus repercusiones en otros países de nuestra diócesis, Israel y Jordania: la ocupación y todo aquello que se sigue de ella, la limitación de la libertad, el muro, las barreras militares, las privaciones, los militares israelíes que, en todo momento, entran en las ciudades palestinas matando personas, llevándose prisioneros, arrancando árboles, y demoliendo casas…. Añadir a eso, la falta de visión dentro de la sociedad palestina y la falta de seguridad, explotada por algunos que se permiten violar las leyes y oprimir a sus hermanos, sobre todo aquellos que portan armas y que las emplean para oprimir y robar el dinero de los otros. Y las luchas intestinas que dudan en desaparecer… A esto se suma la no respuesta o la incapacidad de la comunidad internacional para responder a las múltiples voces de paz que parten de la región. Y los ruegos, múltiples, que se levantan por todas partes y que perseveran en este tiempo de prueba: en ellos y en cada persona de buena voluntad, ponemos nuestra esperanza.

De frente a todo ello, la Cuaresma recuerda al cristiano que esta situación puede ser una situación de muerte o de vida nueva y que él es llamado a convertirla en una situación de vida nueva. Así nuestro ayuno tiene por objetivos: ante todo, el de meditar y buscar la voluntad de Dios y su Providencia en las pruebas que vivimos. En segundo lugar, el renovar nuestro amor de unos por otros: añadiendo el peso de las preocupaciones de nuestros hermanos a nuestras mismas preocupaciones, Dios se hace presente entre nosotros, según la palabra de Jesús: "Cuando dos o tres están reunidos en mi Nombre, yo estoy en medio de ellos" (Mt 18,20). Nos convertimos así en tres para llevar nuestras preocupaciones, nosotros, nuestro hermano y Dios. Con eso, nos volvemos más fuertes y el peso será más ligero. En tercer lugar, con la presencia de Dios entre nosotros llegaremos a ver el sentido de los acontecimientos que vivimos, veremos cómo convertir las pruebas y las opresiones en amor de los unos para con los otros, y como consecuencia de ello en un plus de fuerza y más unidad para una verdadera resistencia que tiene por objetivo no de demoler al adversario o de llenar nuestros corazones de rencor contra él, sino de poner fin al mal de la ocupación, con todas sus opresiones, y empezar así una vida nueva para todos, ocupados y ocupantes.

Hermanos y hermanas, pido a Dios para vosotros toda gracia y bendición. Que vuestro ayuno sea aceptado y bendecido. Y que sea un manantial de renovación del espíritu en vosotros. Pido a Dios Altísimo de daros la gracia de amar la vida a pesar de las circunstancias duras en las que os ha enviado para construir una vida nueva y una sociedad nueva para todos. Amén.

+ Michel Sabbah, Patriarca

Jerusalén, 21 de febrero de 2007, Miércoles de Ceniza

[Texto en español distribuido por el Patriarcado Latino de Jerusalén]
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ZENIT publica el discurso que dirigió Benedicto XVI el sábado 17 de febrero de 2007 al recibir en audiencia a los nuncios apostólicos en América Latina, reunidos en el Vaticano para preparar la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que él mismo inaugurará el 13 de mayo en Aparecida (Brasil).


Venerados hermanos:
Me alegra acogeros, al final de vuestra reunión como preparación para la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano. Doy a cada uno mi cordial saludo, comenzando por el señor cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado, al que agradezco las palabras con que se ha hecho intérprete de los sentimientos comunes. Expreso mi agradecimiento a los señores cardenales presidentes de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano y a los responsables de los dicasterios de la Curia romana, que han dado su contribución a vuestros trabajos.

Aprovecho esta ocasión, sobre todo, para renovaros a vosotros, nuncios apostólicos presentes, y a todos los representantes pontificios, la expresión de mi aprecio por el importante servicio eclesial que realizáis, a menudo entre no pocas dificultades debidas a la lejanía de la patria de origen, a los frecuentes desplazamientos y, a veces, también a las tensiones sociopolíticas presentes en los lugares donde actuáis. En el cumplimiento de vuestro delicado oficio, que ciertamente está animado siempre por un profundo espíritu de fe, cada uno de vosotros siéntase acompañado por la estima, por el afecto y por la oración del Papa.

Todo nuncio apostólico está llamado a consolidar los vínculos de comunión entre las Iglesias particulares y el Sucesor de Pedro. A él se le ha encomendado la responsabilidad de promover, juntamente con los pastores y con todo el pueblo de Dios, el diálogo y la colaboración con la sociedad civil para realizar el bien común.

Los representantes pontificios son la presencia del Papa, que mediante ellos está cerca de las personas con quienes no puede encontrarse personalmente y, en especial, de quienes viven en condiciones de dificultad y sufrimiento. Vuestro ministerio, queridos hermanos, es un ministerio de comunión eclesial y un servicio a la paz y a la concordia en la Iglesia y entre los pueblos. Sed siempre conscientes de la importancia, de la grandeza y de la belleza de esta misión vuestra, y tended sin cansaros a realizarla con entrega generosa.

La divina Providencia os ha llamado a vosotros, aquí presentes, a prestar vuestro servicio en América Latina, definida por el amado Juan Pablo II —que la visitó en diversas ocasiones— "continente de la esperanza", como ya se ha dicho. Si Dios quiere, tendré la alegría de tomar contacto personalmente con la realidad de esos países al intervenir, Dios mediante, en la apertura de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano, en Aparecida, Brasil, el próximo mes de mayo.

En cierto sentido, esa asamblea recapitula y es continuación de las Conferencias generales anteriores, mientras que se enriquece con numerosos dones "posconciliares" del Magisterio pontificio —pienso de modo particular en la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in America—, así como con los frutos del camino sinodal de la Iglesia católica.

Se propone definir las grandes prioridades y dar nuevo impulso a la misión de la Iglesia al servicio de los pueblos latinoamericanos en las circunstancias concretas del inicio de este siglo XXI. Esa recapitulación remite a la tradición de la catolicidad, la cual, gracias a una extraordinaria epopeya misionera, se ha hecho presente y ha marcado con su huella la estructura cultural que caracteriza hasta hoy la identidad latinoamericana.

Esa es la vocación original —como dijo mi recordado predecesor Juan Pablo II en Santo Domingo— "de unos pueblos a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia" (Discurso en la inauguración de la IV Conferencia general del Episcopado latinoamericano, 12 de octubre de 1992, n. 15: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 23 de octubre de 1992, p. 10).

Precisamente partiendo del tema de esa importante reunión: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida", también vosotros, en estos días, habéis puesto de relieve algunos desafíos que la Iglesia afronta en la vasta área latinoamericana, insertada en las dinámicas mundiales y cada vez más condicionada por los efectos de la globalización. Ante este desafío, las naciones que la componen tratan de afirmar, de diversas maneras, su identidad y su peso en el camino histórico del mundo de hoy; a menudo en medio de muchas dificultades, tratan de consolidar la paz interna de su nación. Sintiéndose como "hermanas" quieren llegar a ser también una comunidad, unida en la paz y en el desarrollo cultural y económico.

Naturalmente, la Iglesia, signo e instrumento de unidad para todo el género humano (cf. Lumen gentium, 1), se encuentra en sintonía con toda legítima aspiración de los pueblos a una mayor armonía y cooperación, y aporta su contribución propia, es decir, el Evangelio. Desea que en los países latinoamericanos, donde las Constituciones se limitan a "conceder" libertad de credo y de culto, pero no "reconocen" aún la libertad religiosa, se puedan definir cuanto antes las relaciones recíprocas fundadas en los principios de autonomía y de sana y respetuosa colaboración. Eso permitirá a la comunidad eclesial desarrollar todas sus potencialidades en beneficio de la sociedad y de toda persona humana, creada a imagen de Dios. Una correcta formulación jurídica de esas relaciones no podrá por menos de tener en cuenta el papel histórico, espiritual, cultural y social que ha desempeñado la Iglesia católica en América Latina.

Este papel sigue siendo primario, también gracias a la feliz fusión entre la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas con el cristianismo y con la cultura moderna. Como sabemos, algunos ambientes afirman un contraste entre la riqueza y profundidad de las culturas precolombinas y la fe cristiana presentada como una imposición exterior o una alienación para los pueblos de América Latina. En verdad, el encuentro entre estas culturas y la fe en Cristo fue una respuesta interiormente esperada por esas culturas. Por tanto, no hay que renegar de ese encuentro, sino que se ha de profundizar: ha creado la verdadera identidad de los pueblos de América Latina.

En efecto, la Iglesia católica es la institución que goza de mayor prestigio entre las poblaciones latinoamericanas. Está activa en la vida de la gente; es estimada por la labor que realiza en los ámbitos de la educación, la salud y la solidaridad con los necesitados. La ayuda a los pobres y la lucha contra la pobreza son y siguen siendo una prioridad fundamental en la vida de las Iglesias en América Latina. La Iglesia también está activa por las intervenciones de mediación que no raramente se le solicita con ocasión de conflictos internos.

Con todo, hoy, una presencia tan consolidada debe tener en cuenta, entre otras cosas, el proselitismo de las sectas y el influjo creciente del secularismo hedonista posmoderno. Sobre las causas de la atracción de las sectas debemos reflexionar seriamente para encontrar las respuestas adecuadas. Ante los desafíos del actual momento histórico, nuestras comunidades están llamadas a fortalecer su adhesión a Cristo para testimoniar una fe madura y llena de alegría y, verdaderamente, a pesar de todos los problemas, son enormes las potencialidades.

Realmente son enormes las potencialidades espirituales que tiene América Latina, donde los misterios de la fe se celebran con ferviente devoción, y el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas alimenta la confianza en el futuro. Naturalmente, es necesario acompañar con gran atención a los jóvenes en el camino de la vocación, y ayudar a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a perseverar en su vocación.

Asimismo, los jóvenes, que constituyen más de dos tercios de la población, representan un inmenso potencial misionero y evangelizador; y la familia sigue siendo "una característica primordial de la cultura latinoamericana", como dijo mi venerado predecesor Juan Pablo II en el encuentro de Puebla, en México, en enero de 1979.

Precisamente la familia merece una atención prioritaria, pues muestra síntomas de debilitamiento bajo las presiones de lobbies capaces de influir negativamente en los procesos legislativos. Los divorcios y las uniones libres están aumentando, mientras que el adulterio se contempla con injustificable tolerancia. Es necesario reafirmar que el matrimonio y la familia tienen su fundamento en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre y sobre su destino; una comunidad digna del ser humano sólo se puede edificar sobre la roca del amor conyugal, fiel y estable, entre un hombre y una mujer.

Quisiera destacar otros temas religiosos y sociales sobre los que habéis reflexionado. Me limito a citar el fenómeno de la emigración, íntimamente relacionado con la familia; la importancia de la escuela y la atención a los valores y a la conciencia, para formar laicos maduros que sean capaces de dar una contribución cualificada en la vida social y civil; la educación de los jóvenes con proyectos vocacionales apropiados que acompañen, de modo especial, a los seminaristas y a los aspirantes a la vida consagrada en su camino de formación; el compromiso de informar adecuadamente a la opinión pública sobre las grandes cuestiones éticas según los principios del magisterio de la Iglesia y una presencia eficaz en el campo de los medios de comunicación social, también para responder a los desafíos de las sectas.

Ciertamente, los movimientos eclesiales constituyen un recurso válido para el apostolado, pero es necesario ayudarles a mantenerse siempre fieles al Evangelio y a la enseñanza de la Iglesia, también cuando actúan en el campo social y político. En particular, siento el deber de reafirmar que no compete a los eclesiásticos encabezar grupos sociales o políticos, sino a los laicos maduros y profesionalmente preparados.

Queridos hermanos, en estos días habéis pensado y dialogado juntos; y sobre todo habéis orado juntos. Pidamos al Señor, por intercesión de María, que los frutos de esta reunión vuestra y de la próxima Conferencia general del Episcopado latinoamericano redunden en beneficio de toda la Iglesia.

A vosotros os doy una vez más las gracias por el trabajo que habéis realizado. Al volver a vuestros países, haceos intérpretes de mis sentimientos cordiales ante los pastores y las comunidades cristianas, los Gobiernos y las poblaciones. Asegurad la cercanía espiritual del Papa de modo especial a vuestros colaboradores, a las religiosas y a todos los que cooperan para el buen funcionamiento de las sedes de vuestras nunciaturas.

A todos y cada uno imparto de corazón una bendición apostólica especial.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
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Palabras de saludó que dirigió el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, el sábado 17 de febrero de 2007 al presentar a Benedicto XVI a a los nuncios apostólicos en América Latina, reunidos en el Vaticano para preparar la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que él mismo inaugurará el 13 de mayo en Aparecida (Brasil).


Santo Padre:
Tengo el honor de presentarle a los nuncios apostólicos de los diversos países de América Latina, convocados para un encuentro de tres días de comunión, reflexión y profundización. Hemos analizado con realismo las situaciones que afligen a las naciones del continente: la violencia, el narcotráfico, las desigualdades, el desempleo y la economía informal, el deterioro de la educación, la falta de democracia representativa y el avance del proselitismo de las sectas.

Sin embargo, ante este panorama, que parece deprimente, brillan los fuertes ideales hacia los que caminan las comunidades católicas y la multitud de laicos maduros, guiados por sus obispos, para realizar las tareas históricas que corresponden a los ciudadanos en las actuales situaciones geo-políticas, y está aumentando el número de seminaristas y de sacerdotes.

Por tanto, no faltan motivos de esperanza; pero el recurso mayor, junto con las riquezas naturales y la belleza del ambiente, es la fuerte tradición católica de los pueblos latinoamericanos.

La tradición católica es el patrimonio fundamental de estos pueblos, lo que más los define; es un don providencial que les ha transmitido un tesoro incalculable de verdad y de amor, la "perla preciosa" que es Jesucristo, Verbo de Dios hecho carne para compartir la pasión de los hombres y abrirlos a un destino de justicia y felicidad. Él es el único Liberador y Salvador que rompe las cadenas opresoras del pecado, que revela la misericordia de Dios y, al mismo tiempo, la excelsa dignidad de toda persona humana. Es "Dios con nosotros", presencia capital y compañía sacramental a través de su Iglesia. Es la "piedra angular" para la construcción humana de la persona y de la sociedad.

También los que no comparten nuestra fe saben bien que sin esta valiosa tradición, presente en la historia y en la cultura de los pueblos latinoamericanos, resultarían incomprensibles la conciencia de la dignidad, la sabiduría de la vida, la pasión por la justicia y la esperanza contra toda esperanza, que vibran en el corazón de su gente.

Pero es preciso subrayar que este patrimonio no se ha adquirido de una vez para siempre. Está sometido a la erosión causada por las incoherencias, por el cansancio y por la falta de fe de quienes lo han acogido con el bautismo y están llamados a vivirlo y a proclamarlo. La Iglesia no puede detenerse en su continuo proceso de conversión a su Señor y, por tanto, en su proceso de purificación y renovación. El abandono de la Iglesia católica por parte de tantas personas que van a buscar otras comunidades e instancias en las que esperan poder colmar su búsqueda religiosa, plantea serios interrogantes sobre la calidad de la evangelización, la educación en la fe y la edificación de sus comunidades.

La tradición católica también está asediada por los ídolos del poder, de la riqueza y del placer efímero. Ciertas corrientes culturales —sostenidas por fuertes poderes transnacionales y mediáticos— propagan de modo global modelos de vida cada vez más lejanos y hostiles con respecto a la tradición cristiana. No obstante estos graves desafíos, la fe católica, gracias a Dios, sigue muy arraigada en los pueblos de América Latina. Más aún, se recrea, se renueva y se comunica gracias a la generación siempre nueva de discípulos de Cristo, los cuales, a causa de la desbordante gratitud y de la alegría que manifiestan, comparten con los demás el don de su encuentro con Cristo, así como el bien, la verdad y la belleza que tienen la gracia de poder vivir.

Santo Padre, esperamos ahora su palabra y su bendición.

[Traducción distribuida por la Santa Sede]
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ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, I de Cuaresma, 25 de Febrero de 2007.


Fue tentado por el diablo


I Domingo de Cuaresma
Deuteronomio 26, 4-10; Romanos 10, 8-13; Lucas 4, 1-13

El Evangelio de Lucas que leemos durante este año fue escrito, como dice él mismo en la introducción, para que el lector creyente se pudiera «dar cuenta de la solidez de las enseñanzas que había recibido». Esta intención es de extraordinaria actualidad. Frente a los ataques desde toda parte a la historicidad de los evangelios y a las manipulaciones sin límites de la figura de Cristo, es más importante que nunca que el cristiano y todo lector honesto del Evangelio se dé cuenta de la solidez de las enseñanzas y de los relatos en él referidos.

Con este fin he orientado los comentarios del evangelio desde el primer domingo de Cuaresma al domingo «in Albis» (II domingo de Pascua. Ndt). Partiendo cada vez del Evangelio del domingo, ampliaremos la mirada a todo un sector o un aspecto de la persona y de la enseñanza de Cristo a él vinculado, para descubrir quién era verdaderamente Jesús: si un simple profeta y un gran hombre, o algo más y diferente. Desearíamos, en otras palabras, brindar un poco de cultura religiosa. Fenómenos como el del «Código da Vinci» de Dan Brown, con las imitaciones y las discusiones que ha suscitado, han puesto de manifiesto la alarmante ignorancia religiosa que reina entre la gente y que se convierte en el terreno ideal para toda desaprensiva operación comercial.

El evangelio del primer domingo de Cuaresma es el de las tentaciones de Jesús en el desierto. Según el plan anunciado, desearía partir de él para ampliar el tema al problema más general de la actitud de Jesús respecto a las potencias demoníacas y los poseídos por el demonio.

Es un hecho innegable y entre los más seguros, históricamente, que Jesús liberó a muchas personas del poder destructivo de Satanás. No tenemos tiempo de recordar todos los episodios. Limitémonos a evidenciar dos cosas: en primer lugar, la explicación que Jesús daba de su poder sobre el demonio; en segundo lugar, qué dice este poder de Él y de su persona.

Frente a la liberación clamorosa que Jesús había obrado en un endemoniado, sus enemigos, al no poder negar el hecho, dicen: «Expulsa a los demonios en nombre de Belcebú, el príncipe de los demonios» (Lc 11, 15). Jesús demuestra que esta explicación es absurda (si Satanás estuviera dividido contra sí mismo, habría acabado desde hace tiempo su dominio; en cambio, prospera). La explicación es otra: Él expulsa los demonios con el dedo de Dios, esto es, con el Espíritu Santo, y esto demuestra que ha llegado a la tierra el Reino de Dios.

Satanás era «el hombre fuerte» que tenía bajo su poder a la humanidad; pero ahora ha venido uno «más fuerte que él» y le está despojando de su poder. Esto nos dice algo formidable sobre la persona de Cristo. Con su venida ha comenzado para la humanidad una nueva era, un cambio de régimen. Una cosa de este tipo no puede ser obra de un simple hombre; tampoco de un gran profeta.

Es importante observar el nombre o el poder en base al cual Jesús expulsa a los demonios. La fórmula habitual con la que el exorcista se dirige al demonio es: «Te conjuro por...», o «en nombre de... te ordeno que salgas de esta persona». Apela, por lo tanto, a una autoridad superior, que generalmente es la de Dios, y para los cristianos la de Jesús. No así Jesús: Él dirige al demonio un tajante «te ordeno». ¡Yo te ordeno! Jesús no necesita apelar a una autoridad superior; Él es la autoridad superior.

La derrota del poder del mal y del demonio era parte integrante de la salvación definitiva (escatología) anunciada por los profetas. Jesús invita a sus adversarios a sacar la consecuencia de lo que ven con sus propios ojos: así que ya no hay más que esperar, que mirar adelante; el reino y la salvación está en medio de ellos.

El tan mencionado discurso sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo se explica a partir de esto. Atribuir al espíritu del mal, a Belcebú, o a magia, aquello que era manifiestamente obra del Espíritu Santo de Dios significaba cerrar obstinadamente los ojos ante la verdad, ponerse contra Dios mismo, y por lo tanto privarse solos de la posibilidad de perdón.

El corte histórico y formativo que intento dar a estos comentarios de Cuaresma no nos debe impedir recoger cada vez igualmente una sugerencia práctica del evangelio del día. El mal también es fuerte hoy a nuestro alrededor. Asistimos a formas de maldad que van más allá de nuestra capacidad de comprender; nos quedamos abatidos y sin palabras ante ciertos episodios de crónica. El mensaje consolador que brota de las reflexiones hasta aquí hechas es que existe en medio de nosotros uno que es «más fuerte» que el mal. La fe no nos sitúa a resguardo del mal y del sufrimiento, pero nos asegura que con Cristo podemos orientar al bien también el mal, hacerlo servir para la redención nuestra y del mundo.

Algunas personas experimentan en la propia vida o en la propia casa una presencia de mal que les parece de origen directamente diabólico. A veces ciertamente lo es (conocemos la difusión que tienen las sectas y los ritos satánicos en nuestra sociedad, especialmente entre los jóvenes), pero es difícil entender en casos individuales si se trata verdaderamente de Satanás o de perturbaciones de origen patológico. Afortunadamente no es necesario llegar a las certeza sobre las causas. Lo que hay que hacer es adherirse a Cristo con la fe, la invocación de su nombre, la práctica de los sacramentos.

El evangelio del domingo nos sugiere un medio con vistas a esta lucha, importante para cultivar sobre todo en tiempo de Cuaresma. Jesús no fue al desierto para ser tentado; su intención era retirarse en el desierto a orar y a escuchar la voz del Padre.

En la historia ha habido muchedumbres de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jesús que se retira al desierto. Pero la invitación a seguir a Jesús al desierto no se dirige sólo a monjes y ermitaños. De manera distinta, también se dirige a todos. Monjes y eremitas han elegido un espacio en el desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vacío y de silencio entorno a nosotros; reencontrar el camino de nuestro corazón, sustraernos al bullicio y a los apremios externos, a fin de entrar en contacto con las fuentes más profundas de nuestro ser y de nuestro creer.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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Colocamos la oración compusta por el Papa Benedicto XVI para pedir por el éxito de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, sacada del folleto de la Jornada de Hipanoamérica 2007.

Oración para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

Señor Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida,
rostro humano de Dios
y rostro divino del hombre,
enciende en nuestros corazones
el amor al Padre que está en el cielo
y la alegría de ser cristianos.


Ven a nuestro encuentro
y guía nuestros pasos
para seguirte y amarte
en la comunión de tu Iglesia,
celebrando y viviendo
el don de la Eucaristía,
cargando con nuestra cruz.
y ungidos por tu envío.

Danos siempre el fuego
de tu Santo Espíritu,
que ilumine nuestras mentes
y despierte entre nosotros
el deseo de contemplarte,
el amor a los hermanos,
sobre todo a los afligidos,
y el ardor por anunciarte
a! inicio de este siglo.

Discípulos y misioneros tuyos,
queremos remar mar adentro,
para que nuestros pueblos
tengan en Ti vida abundante,
y con solidaridad construyan
la fraternidad y la paz.

Señor Jesús, ¡Ven y envíanos!

María. Madre de la Iglesia.
ruega por nosotros.

Amén.


Benedictus PP. XVI
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Oración para el domingo pirmero de Cuaresma. Texto de la sHermanas Clarisas de Lavern

Primer Domingo

25 Febrero 2007

"Confía"



Señor Jesús.
Camino de mi camino.

Tú eras llevado por el Espíritu Santo
Tú atravesaste el desierto.
Tú sentiste al tentador.
Acompáñame en mi vida
árida, monótona y rutinaria.
Sé Tú el triunfo
en mis luchas con la tentación.

Y la paz vivirá en mi alma
y tu Palabra será mi vergel.
Con María. nuestra Madre,
Así sea.



Texto: Hermanas Clarisas de Lavern

Publicado por verdenaranja @ 15:56  | Oraciones
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Dossier Fides

JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA, 6 de enero 2007

LA EXPLOTACIÓN
DEL TRABAJO INFANTIL EN EL MUNDO



INTRODUCCIÓN

“Es el niño de Belén quien nos reclama…”
Desde 1843 “los niños ayudan a los niños” con la Obra Pontificia de la Infancia Misionera
Trabajo infantil: un drama sin límites

EL EVANGELIO Y LOS NIÑOS

EN EL MAGISTERIO PONTIFICIO
León XIII
Juan Pablo II
Carta a los niños de Juan Pablo II - 13 de diciembre de 1994
Benedicto XVI

ENTREVISTA A S.E. MONS. GIAMPAOLO CREPALDI
Secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz

DEFINICIÓN DE TRABAJO INFANTIL
NORMATIVA DEL TRABAJO INFANTIL: UNA SÍNTESIS
DATOS HISTÓRICOS
ALGUNOS NÚMEROS
DIVERSOS ASPECTOS SOBRE LA EXPLOTACIÓN INFANTIL
NIÑOS TRABAJADORES: “¡LA VIDA BREVE!”


SITUACIÓN EN LOS DIVERSOS CONTINENTES
Asia
África
América Latina

LAS PATOLOGÍAS MÁS FRECUENTES VINCULADAS AL TRABAJO INFANTIL

ENTREVISTA A LA DOCTORA CECILIA BRIGHI
del Consejo Administrativo de la OIT (Organización Mundial del Trabajo)

ALGUNOS SITIOS EN INTERNET


INTRODUCCIÓN

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Con ocasión de la Jornada de la Infancia Misionera, promovida por la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, que se celebra en la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero, o en algún domingo de enero según las exigencias locales, la Agencia FIDES publica un Dossier sobre el drama de la explotación del trabajo infantil: se calcula que 218 millones de niños en el mundo, entre 5 y 17 años, son obligados a trabajar hasta 16 horas diarias, en lugar de realizar otras actividades acordes con su edad, como estudiar o jugar.

“Es el niño de Belén quien nos reclama… pidamos a Dios que nos ayude a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que se respete la dignidad de los niños”

“El niño de Belén nos hace poner los ojos en todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. En los niños convertidos en soldados y encaminados a un mundo de violencia; en los niños que tienen que mendigar; en los niños que sufren la miseria y el hambre; en los niños carentes de todo amor. En todos ellos, es el niño de Belén quien nos reclama; nos interpela el Dios que se ha hecho pequeño. En esta noche, oremos para que el resplandor del amor de Dios acaricie a todos estos niños, y pidamos a Dios que nos ayude a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que se respete la dignidad de los niños”. Este fue el fuerte llamado del Papa Benedicto XVI que, durante la Misa de Noche Buena celebrada en la Basílica Vaticana, llamó una vez más fuertemente la atención en relación a todos los niños, “particularmente los niños sufrientes y los que son víctimas del abuso en el mundo”, y recordó que en cada uno de ellos está el Niño de Belén “que nos reclama”, y debemos rezar intensamente para que Dios nos ayude “a hacer todo lo que esté en nuestra mano” para que sea respetada su dignidad.
El sufrimiento de los niños “que no experimentan ningún amor” no es algo particular de nuestros tiempos, aunque hoy en día pueda ser otra o pueda haberse ampliado la gama de circunstancias en las que tal sufrimiento se realiza: niños soldados, niños obreros, niños explotados sexualmente o para tráfico de órganos, niños reducidos a la esclavitud, niños a los que se les impide nacer a la vida o renacer a la fe…
Por mandato de su Señor, quien se hizo “niño” y vino a la tierra para redimir a la humanidad esclava del pecado y anunciar la igual dignidad de cada ser humano, la Iglesia, desde siempre, se ha inclinado frente al sufrimiento del hombre, ha siempre tomado en serio la vida cotidiana de los hombres y mujeres de cada continente, pueblo y raza, interviniendo allí donde fuese necesario defender y ayudar a los más débiles, a los más pequeños. Donde hay injusticia, explotación, esclavitud, marginación, la Iglesia ha hecho sentir su voz anunciando el Evangelio, realizando obras de justicia y caridad para dar consuelo a los más olvidados. La historia está llena de estos ejemplos. Los primeros hospitales, por ejemplo, surgieron gracias a las hermandades y a las órdenes mendicantes para aliviar el sufrimiento de aquellos que no podían permitirse las costosas curas de un médico.
También hoy en día la Iglesia está en primera línea, a veces humanamente sola pero con la firme certeza de la asistencia de su Señor, en lo que se refiere a confortar materialmente a los hermanos más necesitados, con mayor razón si son más indefensos a causa de su joven edad, como es el caso de los niños, tanto en las grandes metrópolis como en las zonas más alejadas del planeta. El Papa Benedicto XVI una vez más nos ha exhortado a comprometernos de manera personal, a no delegar a otros la tarea de defender y respetar la dignidad de los niños explotados , “en cada uno de ellos está el “Niño de Belén” que nos reclama”. (S.L.)

Desde 1843 “los niños ayudan a los niños” con la Obra Pontificia de la Infancia Misionera (OPIM)

“Los niños ayudan a los niños” es el slogan que caracteriza a la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, presente ya en 150 países del mundo. El punto focal de la Obra es el rol particular asignado a los “más pequeños” en el anuncio del Evangelio y en el testimonio del Amor del Padre aliviando los sufrimientos de sus coetáneos. Con los fondos recogidos por estos niños misioneros de todas las naciones, son sostenidos cientos de proyectos a favor de millones de niños en los cinco continentes: se distribuye comida, vestimenta, medicina, material escolástico… Se promueve la construcción y mantenimiento de escuelas, orfanatos, despensas, hospitales, centros de catequesis y de recuperación… Se sostienen también iniciativas en los campos de la pastoral de la infancia, de la catequesis, de la educación pre-escolar y escolar, de la defensa de la vida, y de la formación cristiana y misionera.
Este intenso e incansable movimiento de ayuda “desde los pequeños hacia los pequeños” se debe a la inspiración carismática de un obispo francés. Hacia la mitad del 1800 Mons. Charles August Marie de Forbin-Janson (1785-1844), obispo de Nancy, animado por un gran celo misionero, quedó consternado al ver los sufrimientos a los que eran sometidos los niños. Las cartas que llegaban de parte de los misioneros, especialmente de China, hablaban de niños que eran eliminados al nacer, por ser de sexo femenino, o por tener defectos físicos o psíquicos o simplemente por la imposibilidad de subsistir en medio de la pobreza general. ¡Había necesidad de ayuda urgente y generosa de parte de todos para salvar a estas criaturas lanzadas a la muerte!
La fuerte tensión misionera de este gran obispo, encontró su sentido en la devoción a Jesús Niño, devoción que él venía ya difundiendo y a la que dotó de una impostación misionera. El nombre mismo “Santa Infancia” expresa su voluntad de poner la Asociación bajo la protección de Jesús Niño. La fecha que signa oficialmente el inicio de la Obra de la Santa Infancia es el 19 de mayo de 1843. La intuición de Mons. De Forbin-Janson fue la de crear un movimiento de niños cristianos para ayudar a niños paganos a encontrar al Señor y salvarlos de la muerte. Su objetivo era salvarlos sobretodo por medio del Bautismo y educándolos cristianamente, todo lo cual debería ser fruto de una caridad apostólica y solidaria, es decir de un espíritu genuinamente misionero y no sólo de acción social. La Obra encontró el favor de personas y de instituciones involucradas sobretodo en la educación de los niños, y tuvo así un rápido crecimiento en Europa y Norteamérica. En su proceso de afianzamiento pudo gozar de un apoyo total por parte de la Iglesia y del Papa León XIII que la promovió con su Encíclica “Sancta Dei Civitas” (3 de diciembre de 1880). El 3 de mayo de 1922 Pió XI le confirió el título de “Pontificia”.
Los objetivos: 1. La Obra Pontificia de la Santa Infancia (OPSI) se dirige a los niños y a los jóvenes hasta la adolescencia para despertar en ellos la consciencia misionera y así sostener, con una acción pedagógica cualificada y vigilada, su apertura a la caridad y a la solidaridad cristiana. 2. Conociendo y experimentando en la «Escuela de Jesús» la evidencia de una vida gozosa en Jesús, su Hermano, ellos rezan y procuran que todos los niños del mundo lo conozcan y lo amen. 3. La parroquia, la escuela y la familia están también involucradas en el programa pedagógico-catequético de la formación de sus jóvenes, quienes a su vez actúan como sujetos activos de su propia educación. Son gradualmente conducidos a abrir su mente a las diversas dimensiones de la realidad y a orientar los afectos de su corazón a la renuncia de lo temporales por sus coetáneos que pasan necesidad. 4. La OPSI propone a los jóvenes como ideal de vida, por amor de Jesús y para imitarlo, la vocación a la Misión de salvar niños haciéndolos hijos de Dios para poder ser hombres íntegros.

Los medios espirituales: Una particular devoción al Niño Jesús, hermano de todos los niños del mundo. 2. La participación más frecuente en la Eucaristía para estar en comunión sincera con Jesús y con todos los niños del mundo. 3. Un Avemaría diario a la Madre de Jesús por todos los niños sufrientes y necesitados de ayuda. 4. La inscripción como miembro de la Infancia Misionera para llevar el Evangelio a los demás. 5. La preparación por medio de la oración y el canto para anunciar el Nacimiento del Niño Jesús como «Cantores de la Estrella». 6. La celebración de la Jornada Mundial de la Infancia Misionera.

Los medios materiales: 1. Un programa específico de preparación para los dirigentes y animadores de la OPSI y de sensibilización para los obispos de 110 países que forman parte de este organismo. 2. Una oferta semanal de dinero por los niños pobres del mundo. 3. La participación en las actividades a favor de los niños, para que se les permita nacer, para que no sean explotados con fines económicos o sexuales, para que se ofrezca la plena disponibilidad para acoger niños emigrados o refugiados. 4. La colecta y distribución de fondos destinados a proyectos de educación y asistencia de la Infancia Misionera en el mundo. 5. La participación en manifestaciones tradicionales, o programadas por diversos grupos, para recoger ayudas y contribuciones que se destinan a la subsistencia y educación de niños pobres (S.L.)

Para mayor información sobre las actividades de la OPSI en inglés, francés, español y portugués:
http://www.fides.org/eng/animazione/2006/posi_13_eng.doc
http://www.fides.org/eng/animazione/2006/posi_13_esp.doc
http://www.fides.org/eng/animazione/2006/posi_13_fra.doc
http://www.fides.org/eng/animazione/2006/posi_13_por.doc

Trabajo infantil: un drama sin límites

Desde la mañana temprano hasta pasada la noche, en lugares estrechos y oscuros, en medio de la humedad, en cuartos subterráneos o en el silencio de los muros de una casa. Explotados por poco dinero y sin ningún tipo de protección, son obligados a trabajar doblando las espaldas a su corta edad. Son millones los niños explotados en el mundo del trabajo, particularmente numerosos en los países en vía de desarrollo, aunque presentes también de manera clandestina en países ricos y donde hay bienestar.
Es sobre todo la edad lo que produce estupor: todos tienen entre cinco y quince años. Son empleados en casi cualquier tipo de trabajo, desde el doméstico hasta otros en condiciones de peligro, como la extracción de minerales o en fábricas químicas. Sus manos, preciadas en cuanto que pequeñas, llegan adonde las manos de los adultos no pueden llegar: por ello son tan requeridas en las fábricas textiles, como también en las de fósforos y fuegos artificiales. La mayor parte, sin embargo, son empleados en labores de campo, frecuentemente junto a la familia, ya que también el trabajo de un niño tiene un gran valor.
En los centros urbanos, donde no hay campo para cultivar, son a veces las mismas familias las que prefieren mandar a sus hijos a trabajar en alguna bodega, bar o restaurante. De este modo contribuyen en algo con el magro presupuesto familiar. Emplean todo un día para poder recibir una paga miserable y no dedican siquiera una hora a aquello a lo que más bien tendrían derecho, una instrucción digna y una infancia serena. En muchos países el trabajo de menores está prohibido por ley con ciertos límites de edad, pero esto muchas veces no impide que gran número de niños, en vez de ir a la escuela, trabajen hasta dieciséis horas diarias. La experiencia de muchas asociaciones y grupos que luchan por garantizar una vida mejor a estos niños se suelen topar con una realidad muy dura. Una vez que han sido individuados y acogidos en centros escolásticos o de simple acogida, son los mismos niños los primeros en pedir regresar a su lugar de trabajo, pues allí tienen al menos una pequeña paga jornalera que la instrucción, en cambio, no garantiza.
El trabajo de menores, pues, suele ser parte de todo un contexto de degradación cultural y ambiental en el que, ya sea por hambre o por ignorancia, hasta unos pocos centavos son más valorados que una hora de instrucción.
En Asia, por ejemplo, hay quienes con tan sólo 16 años —poco más que la edad de un niño— trabajan como obreros en una empresa. Dieciséis horas al día de trabajo y al final del mes la paga es de cerca de 6 dólares y medio. Una miseria, ciertamente, pero para él y para su familia constituyen la única fuente de sustento. Al final del mes el niño vuelve a su casa y entrega el dinero íntegramente a su madre, a su padre o a sus hermanos, y con el poco dinero reunido la familia tiene que seguir adelante por un mes.
Además de las consecuencias inmediatas que se generan en la salud del niño, tal vez sea el problema de la falta de instrucción el que mayor impacto negativo produce para las futuras generaciones. Con mucha frecuencia no existen escuelas o las que existen son demasiado lejanas del lugar donde habitan los niños. Otras veces, en cambio, cuando las escuelas están al alcance, los mismos niños no quieren frecuentarlas, obligados a la fuerza por los adultos o inducidos a situaciones de degradación.
En la India, en el distrito de Bellary, desde hace algunos años compañías internacionales han comprado grandes terrenos para explotarlos como mineras. Llaman para trabajar a los rostros más humildes de la población, incluso muchos niños. Se calcula, de hecho, que el 50% de los trabajadores de las mineras son niños, que llegan a un total de 200 mil. (F.B.G.)


EL EVANGELIO Y LOS NIÑOS


Jn 4,49-54: Le dice el funcionario: "Señor, baja antes que se muera mi hijo." Jesús le dice: "Vete, que tu hijo vive." Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: "Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre." El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: "Tu hijo vive", y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Jn 16,21-23: La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.

Lc 1,42-45: Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!"
Lc 1,59-66: Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: "No; se ha de llamar Juan." Le decían: "No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre." Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: "Pues ¿qué será este niño?" Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

Lc 1,76: Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos.

Lc 2,12-17: y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre." Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace." Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado." Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño.

Lc 2,38: Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Lc 2,40: El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
Lc 18,15-17: Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían. Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él."

Mc 5,39-42: Entra y les dice: "¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida." Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: "Talitá kum", que quiere decir: "Muchacha, a ti te digo, levántate." La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
Mc 9,34-37: Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos." Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: "El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado."

Mc 10,13-16: Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él." Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

Mt 2,13-21: Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle." El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo.” Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: “Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen”. Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño." El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.

Mt 18,1-11: En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" El llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: "Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. "Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene! "Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego. "Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. Pues el hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido.

Mt 19,13-15: Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.
Mt 21,16: … y le dijeron: ¿Oyes lo que dicen éstos? Sí les dice Jesús . ¿No habéis leído nunca que De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza?



EN EL MAGISTERIO PONTIFICIO


Papa León XIII

Si desde siempre la Iglesia ha tenido en el centro de su preocupación la vida cotidiana del ser humano, en todos los ambientes en los que se desarrolla, interviniendo donde hubiese necesidad de defender o de ayudar a los más débiles y pequeños, es el mundo del trabajo el ámbito al que la Iglesia en el último siglo ha prestado la mayor de sus atenciones, hasta el punto de poder hablar de una propia y verdadera Doctrina Social dedicada a ese tema. Con la revolución industrial, en efecto, se creó toda una clase social proletaria, muchas veces explotada y marginada. Se trata de un gran segmento de la población que además vivía amenazada por el peligro de las nuevas teorías marxistas que proponían ideales ateos y anticristianos con el fin de sublevar al pueblo contra los llamados “patrones”. Tampoco en este ámbito la Iglesia renunció a hacer sentir su voz, y desde entonces no ha dejado nunca de preocuparse por el mundo del trabajo.
El Papa León XIII, cuando se podía ya percibir los resultados a veces nefastos de la revolución industrial, dedicó, primero, una Carta Encíclica, la Rerum Novarum, de 1892, a los problemas relativos al mundo del trabajo y en particular a la cuestión de los obreros “con el fin de poner en relieve los principios con los cuales, según la justicia y la equidad, se debe resolver la cuestión” (n. 1). En aquel contexto histórico, como se ha visto, el problema del trabajo infantil era particularmente frecuente y numeroso, tanto que el Papa León XIII dedicó a ello, entre los problemas de la cuestión del obrero que más ocupaban sus pensamientos, una particular atención. En el número 33, exhorta: “en cuanto a los niños, se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo, a su inteligencia y a su alma. Puesto que la actividad precoz agosta, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia, con lo que la constitución de la niñez vendría a destruirse por completo”.


Papa Juan Pablo II

En 1990 Juan Pablo II intervino con su mensaje en el Congreso Mundial sobre los niños, que se desarrolló en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York; en él subrayaba la dignidad y el respeto peculiar que se debe a cada niño, y acentuaba sobretodo el rol fundamental de la familia.
En abril de 1997, durante la oración del Regina Caeli, el Papa Juan Pablo II afirmaba, a propósito del respeto a los niños y la protección del menor: “La Comisión de las Naciones Unidas para los derechos del hombre, reunida actualmente en Ginebra, tratará durante los próximos días el tema de los derechos del niño y, en particular, de la protección jurídica de los menores en los conflictos armados. He recordado esta preocupante cuestión en varias oportunidades y también en el mensaje para la Jornada mundial de la paz del año pasado. Hoy deseo reafirmar la gran preocupación de la Iglesia por el respeto al niño y el desarrollo integral y armonioso de su personalidad. Por tanto, renuevo mi llamamiento a los responsables de la vida política y social para que, inspirándose en los principios de la moral y del derecho, impidan a toda costa que los niños se conviertan en protagonistas de las guerras, obligados a empuñar las armas y a matar a sus semejantes. Inexpertos y frágiles, son las primeras víctimas de la violencia y de la guerra. Si queremos la paz, eduquemos en la paz a quienes se preparan para construir la sociedad del mañana”.
Durante el Jubileo de los niños, el 2 de enero del 2000, en una Plaza San Pedro constelada de niños de todas las edades y de toda nacionalidad, el Papa Juan Pablo II recordó a los pequeños la alegría de haber conocido a Cristo y los invitó a no olvidar a sus coetáneos que sufren en el mundo: “Queridos niños; queridos muchachos, esta mañana muchos de vosotros, con vuestros padres y acompañantes, habéis participado en la misa jubilar en la basílica de San Pedro. Al entregarse a vosotros en la Eucaristía, Jesús os ha revelado que la vida cobra todo su valor cuando se convierte en don para los demás. El testimonio de los santos y de los mártires, que se veneran en la ciudad eterna, os ha ayudado a comprender que sólo con Cristo es posible realizar grandes cosas y que sólo con él es posible ser felices y hacer felices a los demás. Queréis gritar a todos vuestra alegría por el don que el Padre nos ha hecho enviándonos a su Hijo Jesús para que fuera nuestro hermano. Testimoniad al mundo que, acogiendo a Jesús en medio de nosotros, es posible hacer que la humanidad se convierta en una gran familia. Al inicio de un nuevo año, queridos niños y muchachos, no podemos olvidar a todos vuestros coetáneos que sufren a causa del hambre y la violencia, y a los que son víctimas de formas horribles de explotación. No podemos olvidar a los numerosos niños a los que se niega incluso el derecho a nacer. Cuando las personas quieren construir un mundo ignorando a Dios y su ley, de hecho crean una situación de injusticia y sufrimiento cada vez mayores”. Seguidamente, el Papa insistió de manera particular en un punto: “Testimoniad al mundo que, acogiendo a Jesús en medio de nosotros, es posible hacer que la humanidad se convierta en una gran familia”. Y más adelante subrayó cómo las instituciones tienen el deber de poner a la familia en grado de poder ejercitar sus funciones principales, que son transmitir la vida y la educación, y citó al respecto la Convención Internacional acerca de los derechos del niño, como una carta fundamental que debe ser estímulo para cada acción que se tome a favor de la infancia: “Cada individuo, aunque sea pequeño o aparentemente insignificante en términos de utilidad —ha recordado el Papa Juan Pablo II—, lleva en sí la imagen y semejanza de su Creador. Las políticas y las acciones que no reconozcan esta condición única de la dignidad humana se hacen incapaces de llevar a un mundo más justo y humano”.
En el Mensaje a los budistas con ocasión de la fiesta de Vesakh 2004, titulado “Cristianos y Budistas, juntos velamos por los niños, futuro de la humanidad”, el Papa Juan Pablo II recordaba la importancia de la familia, así como sus responsabilidades, y pedía a las autoridades civiles un compromiso generoso por el bien de los niños: “Los niños, en cuanto pequeños y vulnerables, necesitan ser protegidos, amados y educados. Este es el motivo por el cual los niños y la familia deben caminar juntos. La familia es el primer lugar en el que los niños son nutridos con aquel amor y aquella atención que ellos, a su vez, manifiestan a los demás. De este modo la raza humana entera se hace en este planeta una única familia… Hoy, lamentablemente, muchos niños del mundo son privados, en diversa medida, de una familia estable, algo tan fundamental para la sociedad. Existen niños que no han conocido jamás una familia o que han sido abandonados por sus familias. Existen niños que han sido obligados a soportar el trauma causado por peleas entre los padres o por la disgregación de su familia. Peor aún, existen pequeños que han sido duramente golpeados por la violencia de los adultos por medio de abusos sexuales o la prostitución, o siendo obligados a mendigar, o siendo en el mundo de la venta o uso de drogas, u obligados a participar en la guerra, etc… ¿Y qué decir de la tragedia del SIDA? Hoy en día cientos de miles de niños están siendo infectados con el HIV y un gran un gran número muere a causa del SIDA, muchos de los cuales lo contraen desde el nacimiento. Aunque inocentes, estos niños sólo conocen el sufrimiento y luego la muerte. Nosotros, cristianos y budistas, no podemos cerrar los ojos frente a estas situaciones trágicas. Como creyentes debemos tener la mirada puesta en las necesidades que pasan los niños, tanto en nuestras familias como en la sociedad entera. Debemos poner en juego todas nuestras fuerzas y recursos para aliviar los sufrimientos de los niños y de manera especial para llegar a los que viven en los países más pobres. Los gobiernos, así como las autoridades civiles y todas las personas de buena voluntad, pueden también, por nuestro propio testimonio, ser movidos a involucrarse más y trabajar por el bienestar de todos los niños”.
Hasta en dos ocasiones el Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz del Papa Juan Pablo II se ocupó, entre diversos temas, de la explotación infantil. El Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz de 1996 estuvo dedicado al tema “Demos a los niños un futuro de paz”. En él se presenta un elenco de muchos de los males que hoy en día afligen a la infancia en el mundo. Entre estos, se denunciaba también la grave situación en la que muchos niños, a causa de la miseria, son obligados a trabajar: “La miseria está en el origen de condiciones de existencia y de trabajo inhumanas. En algunos países hay niños obligados a trabajar desde su infancia, maltratados, castigados violentamente, remunerados con una paga irrisoria: al no tener manera de hacerse respetar, son los más fáciles de chantajear y explotar” (n.5). Seguidamente el Mensaje explica las razones por las cuales la explotación infantil era y sigue siendo un problema, sobre todo un problema moral: “Los niños no son una carga para la sociedad, ni son instrumentos de ganancia, ni simplemente personas sin derechos; son miembros valiosos de la familia humana, cuyas esperanzas, expectativas y potencialidades encarnan” (n. 9).
Dos años después, Juan Pablo II se concentró nuevamente en este delicado asunto. Esta vez el tema del mensaje por la Jornada Mundial de la Paz, del 1º de enero de 1998, era: “De la justicia de cada uno nace la paz para todos”. Entre las formas de injusticia hacia el ser humano consideradas particularmente graves mencionó “el aumento de la violencia contra las mujeres, las niñas y los niños” y particularmente “la explotación laboral de los menores en condiciones de verdadera esclavitud” (n.6). El trabajo infantil es también denunciado como una grave forma de injusticia a nivel social y comunitario, una injusticia entre otras, de la cual de ningún modo puede brotar la paz. Se invoca por ello, sobretodo, la justicia como un compromiso personal, ya que “la paz para todos nace de la justicia de cada uno. Nadie puede desentenderse de una tarea de importancia tan decisiva para la humanidad. Es algo que implica a cada hombre y mujer, según sus propias competencias y responsabilidades” (n. 7).
También a los niños dedicó completo el Mensaje para la Cuaresma del 2004, titulado “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe”. Escribe el Papa: “Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos “por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro” (Ángelus, 18.12.1994). Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5). Junto a los niños, el Señor sitúa a los “hermanos más pequeños”, esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Acogerlos y amarlos, o bien tratarlos con indiferencia y rechazarlos, es como si se hiciera lo mismo con Él, ya que Él se hace presente de manera singular en ellos”. El tema del Mensaje ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la condición de los niños: “las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia” escribe el Papa, “son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres.”... “Hacerse” pequeños y “acoger” a los pequeños: son dos aspectos de una única enseñanza que el Señor renueva a sus discípulos en este nuestro tiempo. Sólo quien se hace “pequeño” es capaz de acoger con amor a los hermanos más “pequeños”.
Juan Pablo II recuerda de este modo a cuantos buscan seguir fielmente estas enseñanzas del Señor, y particularmente “a los padres que no dudan en tener una familia numerosa, a las madres y padres que en vez de considerar prioritaria la búsqueda del éxito profesional y la carrera, se preocupan por transmitir a los hijos aquellos valores humanos y religiosos que dan el verdadero sentido a la existencia”; y también a cuantos “se hacen cargo de la formación de la infancia en dificultad, y alivian los sufrimientos de los niños y de sus familiares causados por los conflictos y la violencia, por la falta de alimentos y de agua, por la emigración forzada y por tantas injusticias existentes en el mundo”. No calla el Santo Padre ante el egoísmo de tantos, que hiere profundamente a los más pequeños por medio de abusos sexuales, la prostitución, o la inducción en el mundo de la distribución y consumo de drogas. Tampoco puede olvidarse la realidad de niños obligados a trabajar o involucrados en la guerra; inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar; pequeños golpeados por el tráfico de órganos o de personas, la tragedia del SIDA, que en África cobra miles de vidas, de las cuales muchas fueron contagiadas desde el nacimiento. “¡La humanidad no puede cerrar los ojos frente a un drama tan preocupante!”.
Recibiendo en audiencia el 14 de junio de 2003 a cerca de 7000 jóvenes de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, convocados con sus asistentes y catequesis de todas las diócesis italianas, para celebrar en torno al Sucesor de Pedro los 160 años de la fundación de este organismo y para renovar su compromiso misionero, el Santo Padre dijo: “Es hermoso considerar la Obra pontificia de la Infancia Misionera como un inmenso coro, formado por niños de todo el mundo, que cantan juntos su "Heme aquí" a Dios con su oración, con su entusiasmo y con su compromiso concreto”. “En vuestro corazón y en vuestros labios Dios pone tan sólo dos palabras, que en la Biblia son muy importantes: "Heme aquí". Las pronunció el Hijo de Dios cuando vino al mundo, y toda su vida consistió en responder prontamente "Heme aquí" al Padre celestial. "Heme aquí" fue la respuesta de la Virgen María al ángel que le llevó el anuncio de Dios. Con esas palabras, la Virgen aceptó dócilmente la misión de convertirse en Madre de Jesús y, por tanto, en Madre de la Iglesia. También vosotros, queridos pequeños misioneros, debéis aprender a responder "Heme aquí", invocando la ayuda de Jesús y de María”. Desde hace 160 años el lema de la Infancia Misionera ha sido: “Los niños ayudan a los niños”, una ayuda que se da sobretodo en la oración y también por medio de contribuciones económicas. “Ciertamente, se han producido grandes y profundas transformaciones en la humanidad desde la mitad del siglo XIX hasta hoy —subrayó el Santo Padre—. En el así llamado "norte" del mundo las condiciones de vida de la infancia han mejorado, pero el desarrollo económico y social no siempre ha ido acompañado por el desarrollo humano en sentido pleno. Se ha producido una pérdida de valores, y quienes pagan el precio más alto son precisamente los más pequeños, por no decir que incluso en las naciones desarrolladas siguen existiendo áreas de gran pobreza. En el "sur" del planeta, el grito de millones de niños, condenados a morir de hambre y de enfermedades relacionadas con la pobreza, es cada vez más desgarrador e interpela a todos.” El Papa recordó que los niños de la Infancia Misionera deben ser los primeros en responder a la llamada de sus coetáneos, formando así “una cadena de solidaridad a través de los cinco Continentes”, y los exhortó a ser “testigos y profetas de Cristo” pidiendo la ayuda necesaria a la Madre de Dios, sobre todo por medio del rezo del rosario.


Carta del Papa Juan Pablo II a los niños (13 de diciembre de 1994)

¡Queridos niños!
Nace Jesús
Dentro de pocos días celebraremos la Navidad, fiesta vivida intensamente por todos los niños en cada familia. Este año lo será aún más porque es el Año de la Familia. Antes de que éste termine, deseo dirigirme a vosotros, niños del mundo entero, para compartir juntos la alegría de esta entrañable conmemoración.
La Navidad es la fiesta de un Niño, de un recién nacido. ¡Por esto es vuestra fiesta! Vosotros la esperáis con impaciencia y la preparáis con alegría, contando los días y casi las horas que faltan para la Nochebuena de Belén.
Parece que os estoy viendo: preparando en casa, en la parroquia, en cada rincón del mundo el nacimiento, reconstruyendo el clima y el ambiente en que nació el Salvador. ¡Es cierto! En el período navideño el establo con el pesebre ocupa un lugar central en la Iglesia. Y todos se apresuran a acercarse en peregrinación espiritual, como los pastores la noche del nacimiento de Jesús. Más tarde los Magos vendrán desde el lejano Oriente, siguiendo la estrella, hasta el lugar donde estaba el Redentor del universo.
También vosotros, en los días de Navidad, visitáis los nacimientos y os paráis a mirar al Niño puesto entre pajas. Os fijáis en su Madre y en san José, el custodio del Redentor. Contemplando la Sagrada Familia, pensáis en vuestra familia, en la que habéis venido al mundo. Pensáis en vuestra madre, que os dio a luz, y en vuestro padre. Ellos se preocupan de mantener la familia y de vuestra educación. En efecto, la misión de los padres no consiste sólo en tener hijos, sino también en educarlos desde su nacimiento.
Queridos niños, os escribo acordándome de cuando, hace muchos años, yo era un niño como vosotros. Entonces yo vivía también la atmósfera serena de la Navidad, y al ver brillar la estrella de Belén corría al nacimiento con mis amigos para recordar lo que sucedió en Palestina hace 2000 años. Los niños manifestábamos nuestra alegría ante todo con cantos. ¡Qué bellos y emotivos son los villancicos, que en la tradición de cada pueblo se cantan en torno al nacimiento! ¡Qué profundos sentimientos contienen y, sobre todo, cuánta alegría y ternura expresan hacia el divino Niño venido al mundo en la Nochebuena! También los días que siguen al nacimiento de Jesús son días de fiesta: así, ocho días más tarde, se recuerda que, según la tradición del Antiguo Testamento, se dio un nombre al Niño: llamándole Jesús.
Después de cuarenta días, se conmemora su presentación en el Templo, como sucedía con todos los hijos primogénitos de Israel. En aquella ocasión tuvo lugar un encuentro extraordinario: el viejo Simeón se acercó a María, que había ido al Templo con el Niño, lo tomó en brazos y pronunció estas palabras proféticas: « Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel » (Lc 2, 29-32). Después, dirigiéndose a María, su Madre, añadió: « Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones » (Lc 2, 34-35). Así pues, ya en los primeros días de la vida de Jesús resuena el anuncio de la Pasión, a la que un día se asociará también la Madre, María: el Viernes Santo ella estará en silencio junto a la Cruz del Hijo. Por otra parte, no pasarán muchos días después del nacimiento para que el pequeño Jesús se vea expuesto a un grave peligro: el cruel rey Herodes ordenará matar a los niños menores de dos años, y por esto se verá obligado a huir con sus padres a Egipto.
Seguro que vosotros conocéis muy bien estos acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jesús. Os los cuentan vuestros padres, sacerdotes, profesores y catequistas, y cada año los revivís espiritualmente durante las fiestas de Navidad, junto con toda la Iglesia: por eso conocéis los aspectos trágicos de la infancia de Jesús.
¡Queridos amigos! En lo sucedido al Niño de Belén podéis reconocer la suerte de los niños de todo el mundo. Si es cierto que un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad, es cierto igualmente que en nuestros días muchos niños, por desgracia, sufren o son amenazados en varias partes del mundo: padecen hambre y miseria, mueren a causa de las enfermedades y de la desnutrición, perecen víctimas de la guerra, son abandonados por sus padres y condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y de abuso por parte de los adultos. ¿Cómo es posible permanecer indiferente ante al sufrimiento de tantos niños, sobre todo cuando es causado de algún modo por los adultos?

Jesús da la Verdad

El Niño, que en Navidad contemplamos en el pesebre, con el paso del tiempo fue creciendo. A los doce años, como sabéis, subió por primera vez, junto con María y José, de Nazaret a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua. Allí, mezclado entre la multitud de peregrinos, se separó de sus padres y, con otros chicos, se puso a escuchar a los doctores del Templo, como en una « clase de catecismo ». En efecto, las fiestas eran ocasiones adecuadas para transmitir la fe a los muchachos de la edad, más o menos, de Jesús. Pero sucedió que, en esta reunión, el extraordinario Adolescente venido de Nazaret no sólo hizo preguntas muy inteligentes, sino que él mismo comenzó a dar respuestas profundas a quienes le estaban enseñando. Sus preguntas y sobre todo sus respuestas asombraron a los doctores del Templo. Era la misma admiración que, en lo sucesivo, suscitaría la predicación pública de Jesús: el episodio del Templo de Jerusalén no es otra cosa que el comienzo y casi el preanuncio de lo que sucedería algunos años más tarde.
Queridos chicos y chicas, coetáneos del Jesús de doce años, ¿no vienen a vuestra mente, en este momento, las clases de religión que se dan en la parroquia y en la escuela, clases a las que estáis invitados a participar? Quisiera, pues, haceros algunas preguntas: ¿cuál es vuestra actitud ante las clases de religión? ¿Os sentís comprometidos como Jesús en el Templo cuando tenía doce años? ¿Asistís a ellas con frecuencia en la escuela o en la parroquia? ¿Os ayudan en esto vuestros padres?
Jesús a los doce años quedó tan cautivado por aquella catequesis en el Templo de Jerusalén que, en cierto modo, se olvidó hasta de sus padres. María y José, regresando con otros peregrinos a Nazaret, se dieron cuenta muy pronto de su ausencia. La búsqueda fue larga. Volvieron sobre sus pasos y sólo al tercer día lograron encontrarlo en Jerusalén, en el Templo. « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando » (Lc 2, 48). ¡Qué misteriosa es la respuesta de Jesús y cómo hace pensar! « ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? » (Lc 2, 49). Era una respuesta difícil de aceptar. El evangelista Lucas añade simplemente que María « conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón » (2, 51). En efecto, era una respuesta que se comprendería sólo más tarde, cuando Jesús, ya adulto, comenzó a predicar, afirmando que por su Padre celestial estaba dispuesto a afrontar todo sufrimiento e incluso la muerte en cruz.
Jesús volvió de Jerusalén a Nazaret con María y José, donde vivió sujeto a ellos (cf. Lc 2, 51). Sobre este período, antes de iniciar la predicación pública, el Evangelio señala sólo que « progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres » (Lc 2, 52).
Queridos chicos, en el Niño que contempláis en el nacimiento podéis ver ya al muchacho de doce años que dialoga con los doctores en el Templo de Jerusalén. Él es el mismo hombre adulto que más tarde, con treinta años, comenzará a anunciar la palabra de Dios, llamará a los doce Apóstoles, será seguido por multitudes sedientas de verdad. A cada paso confirmará su maravillosa enseñanza con signos de su potencia divina: devolverá la vista a los ciegos, curará a los enfermos e incluso resucitará a los muertos. Entre ellos estarán la joven hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naim, devuelto vivo a su apenada madre.
Es justamente así: este Niño, ahora recién nacido, cuando sea grande, como Maestro de la Verdad divina, mostrará un afecto extraordinario por los niños. Dirá a los Apóstoles: « Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis », y añadirá: « Porque de los que son como éstos es el Reino de Dios » (Mc 10, 14). Otra vez, estando los Apóstoles discutiendo sobre quién era el más grande, pondrá en medio de ellos a un niño y dirá: « Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos » (Mt 18, 3). En aquella ocasión pronunciará también palabras severísimas de advertencia: « Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar » (Mt 18, 6).
¡Qué importante es el niño para Jesús! Se podría afirmar desde luego que el Evangelio está profundamente impregnado de la verdad sobre el niño. Incluso podría ser leído en su conjunto como el « Evangelio del niño ».
En efecto, ¿qué quiere decir: « Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos »? ¿Acaso no pone Jesús al niño como modelo incluso para los adultos? En el niño hay algo que nunca puede faltar a quien quiere entrar en el Reino de los cielos. Al cielo van los que son sencillos como los niños, los que como ellos están llenos de entrega confiada y son ricos de bondad y puros. Sólo éstos pueden encontrar en Dios un Padre y llegar a ser, a su vez, gracias a Jesús, hijos de Dios.
¿No es éste el mensaje principal de la Navidad? Leemos en san Juan: « Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros » (1, 14); y además: « A todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios » (1, 12). ¡Hijos de Dios! Vosotros, queridos niños, sois hijos e hijas de vuestros padres. Ahora bien, Dios quiere que todos seamos hijos adoptivos suyos mediante la gracia. Aquí está la fuente verdadera de la alegría de la Navidad, de la que os escribo ya al término del Año de la Familia. Alegraos por este « Evangelio de la filiación divina ». Que, en este gozo, las próximas fiestas navideñas produzcan abundantes frutos, en el Año de la Familia.

Jesús se da a sí mismo

Queridos amigos, la Primera Comunión es sin duda alguna un encuentro inolvidable con Jesús, un día que se recuerda siempre como uno de los más hermosos de la vida. La Eucaristía, instituida por Cristo la víspera de su pasión durante la Ultima Cena, es un sacramento de la Nueva Alianza, más aún, el más importante de los sacramentos. En ella el Señor se hace alimento de las almas bajo las especies del pan y del vino. Los niños la reciben solemnemente la primera vez -en la Primera Comunión- y se les invita a recibirla después cuantas más veces mejor para seguir en amistad íntima con Jesús.
Para acercarse a la Sagrada Comunión, como sabéis, se debe haber recibido el Bautismo: este es el primer sacramento y el más necesario para la salvación. ¡Es un gran acontecimiento el Bautismo! En los primeros siglos de la Iglesia, cuando los que recibían el Bautismo eran sobre todo los adultos, el rito se concluía con la participación en la Eucaristía, y tenía la misma solemnidad que hoy acompaña a la Primera Comunión. Más adelante, al empezar a administrar el Bautismo principalmente a los recién nacidos -es también el caso de muchos de vosotros, queridos niños, que por tanto no podéis recordar el día de vuestro Bautismo- la fiesta más solemne se trasladó al momento de la Primera Comunión. Cada muchacho y cada muchacha de familia católica conoce bien esta costumbre: la Primera Comunión se vive como una gran fiesta familiar. En este día se acercan generalmente a la Eucaristía, junto con el festejado, los padres, los hermanos y hermanas, los demás familiares, los padrinos y, a veces también, los profesores y educadores.
El día de la Primera Comunión es además una gran fiesta en la parroquia. Recuerdo como si fuese hoy mismo cuando, junto con otros muchachos de mi edad, recibí por primera vez la Eucaristía en la Iglesia parroquial de mi pueblo. Es costumbre hacer fotos familiares de este acontecimiento para así no olvidarlo. Por lo general, las personas conservan estas fotografías durante toda su vida. Con el paso de los años, al hojearlas, se revive la atmósfera de aquellos momentos; se vuelve a la pureza y a la alegría experimentadas en el encuentro con Jesús, que se hizo por amor Redentor del hombre.
¡Cuántos niños en la historia de la Iglesia han encontrado en la Eucaristía una fuente de fuerza espiritual, a veces incluso heroica! ¿Cómo no recordar, por ejemplo, los niños y niñas santos, que vivieron en los primeros siglos y que aún hoy son conocidos y venerados en toda la Iglesia? Santa Inés, que vivió en Roma; santa Águeda, martirizada en Sicilia; san Tarsicio, un muchacho llamado con razón el mártir de la Eucaristía, porque prefirió morir antes que entregar a Jesús sacramentado, a quien llevaba consigo.
Y así, a lo largo de los siglos hasta nuestros días, no han faltado niños y muchachos entre los santos y beatos de la Iglesia. Al igual que Jesús muestra en el Evangelio una confianza particular en los niños, así María, la Madre de Jesús, ha dirigido siempre, en el curso de la historia, su atención maternal a los pequeños. Pensad en santa Bernardita de Lourdes, en los niños de La Salette y, ya en este siglo, en Lucía, Francisco y Jacinta de Fátima.
Os hablaba antes del « Evangelio del niño », ¿acaso no ha encontrado éste en nuestra época una expresión particular en la espiritualidad de santa Teresa del Niño Jesús? Es propiamente así: Jesús y su Madre eligen con frecuencia a los niños para confiarles tareas de gran importancia para la vida de la Iglesia y de la humanidad. He citado sólo a algunos universalmente conocidos, pero ¡cuántos otros hay menos célebres! Parece que el Redentor de la humanidad comparte con ellos la solicitud por los demás: por los padres, por los compañeros y compañeras. El siempre atiende su oración. ¡Qué enorme fuerza tiene la oración de un niño! Llega a ser un modelo para los mismos adultos: rezar con confianza sencilla y total quiere decir rezar como los niños saben hacerlo.
Llego ahora a un punto importante de esta Carta: al terminar el Año de la Familia, queridos amigos pequeños, deseo encomendar a vuestra oración los problemas de vuestra familia y de todas las familias del mundo. Y no sólo esto, tengo también otras intenciones que confiaros. El Papa espera mucho de vuestras oraciones. Debemos rezar juntos y mucho para que la humanidad, formada por varios miles de millones de seres humanos, sea cada vez más la familia de Dios, y pueda vivir en paz. He recordado al principio los terribles sufrimientos que tantos niños han padecido en este siglo, y los que continúan sufriendo muchos de ellos también en este momento. Cuántos mueren en estos días víctimas del odio que se extiende por varias partes de la tierra: por ejemplo en los Balcanes y en diversos países de África. Meditando precisamente sobre estos hechos, que llenan de dolor nuestros corazones, he decidido pediros a vosotros, queridos niños y muchachos, que os encarguéis de la oración por la paz. Lo sabéis bien: el amor y la concordia construyen la paz, el odio y la violencia la destruyen. Vosotros detestáis instintivamente el odio y tendéis hacia el amor: por esto el Papa está seguro de que no rechazaréis su petición, sino que os uniréis a su oración por la paz en el mundo con la misma fuerza con que rezáis por la paz y la concordia en vuestras familias.

¡Alabad el nombre del Señor!

Permitidme, queridos chicos y chicas, que al final de esta Carta recuerde unas palabras de un salmo que siempre me han emocionado: ¡Laudate pueri Dominum! ¡Alabad niños al Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre del Señor! (cf. Sal 113(112), 1-3). Mientras medito las palabras de este salmo, pasan delante de mi vista los rostros de los niños de todo el mundo: de oriente a occidente, de norte a sur. A vosotros, mis pequeños amigos, sin distinción de lengua, raza o nacionalidad, os digo: ¡Alabad el nombre del Señor!
Puesto que el hombre debe alabar a Dios ante todo con su vida, no olvidéis lo que Jesús muchacho dijo a su Madre y a José en el Templo de Jerusalén: « ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? » (Lc 2, 49). El hombre alaba al Señor siguiendo la llamada de su propia vocación. Dios llama a cada hombre, y su voz se deja sentir ya en el alma del niño: llama a vivir en el matrimonio o a ser sacerdote; llama a la vida consagrada o tal vez al trabajo en las misiones... ¿Quién sabe? Rezad, queridos muchachos y muchachas, para descubrir cuál es vuestra vocación, para después seguirla generosamente.
¡Alabad el nombre del Señor! Los niños de todos los continentes, en la noche de Belén, miran con fe al Niño recién nacido y viven la gran alegría de la Navidad. Cantando en sus lenguas, alaban el nombre del Señor. De este modo se difunde por toda la tierra la sugestiva melodía de la Navidad. Son palabras tiernas y conmovedoras que resuenan en todas las lenguas humanas; es como un canto festivo que se eleva por toda la tierra y se une al de los Angeles, mensajeros de la gloria de Dios, sobre el portal de Belén: « Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace » (Lc 2, 14). El Hijo predilecto de Dios se presenta entre nosotros como un recién nacido; en torno a Él los niños de todas las Naciones de la tierra sienten sobre sí mismos la mirada amorosa del Padre celestial y se alegran porque Dios los ama. El hombre no puede vivir sin amor. Está llamado a amar a Dios y al prójimo, pero para amar verdaderamente debe tener la certeza de que Dios lo quiere.
¡Dios os ama, queridos muchachos! Quiero deciros esto al terminar el Año de la Familia y con ocasión de estas fiestas navideñas que son particularmente vuestras.
Os deseo unas fiestas gozosas y serenas; espero que en ellas viváis una experiencia más intensa del amor de vuestros padres, de los hermanos y hermanas, y de los demás miembros de vuestra familia. Que este amor se extienda después a toda vuestra comunidad, mejor aún, a todo el mundo, gracias a vosotros, queridos muchachos y niños. Así el amor llegará a quienes más lo necesitan, en especial a los que sufren y a los abandonados. ¿Qué alegría es mayor que el amor? ¿Qué alegría es más grande que la que tú, Jesús, pones en el corazón de los hombres, y particularmente de los niños, en Navidad?

¡Levanta tu mano, divino Niño,
y bendice a estos pequeños amigos tuyos,
bendice a los niños de toda la tierra!
Juan Pablo II
Vaticano, 13 de diciembre de 1994.



Papa Benedicto XVI

Durante la primera visita Ad Limina Apostolorum de su Pontificado, el 7 de mayo del 2005, el Santo Padre Benedicto XVI recibió en audiencia a los obispos de Sri Lanka. En el discurso que les dirigió el Papa manifestó cuanto le había chocado los efectos devastadores del tsunami que había golpeado tan duramente en diciembre del 2004 algunos países del Asía Meridional, entre ellos la misma Sri Lanka. El Papa alentó a los obispos a tener cuidado con los niños: “En el rostro de las personas afligidas por la muerte de un ser querido o que han perdido sus bienes no podemos menos de reconocer el rostro sufriente de Cristo, y, de hecho, es a él a quien servimos cuando mostramos nuestro amor y compasión a los necesitados”. En particular el Santo Padre dirigió su atención a los más jóvenes y más duramente probados: “La comunidad cristiana tiene la obligación particular de cuidar de los niños que han perdido a sus padres a causa del desastre natural. El reino de los cielos pertenece a estos miembros más vulnerables de la sociedad (cf. Mt 19, 14), pero, muy a menudo, se los olvida simplemente o se los explota sin escrúpulos como soldados, trabajadores o víctimas inocentes del tráfico de seres humanos. No hay que escatimar ningún esfuerzo para instar a las autoridades civiles y a la comunidad internacional a combatir estos abusos y brindar a los niños la protección legal que merecen justamente”.
El 30 de septiembre de 2005 el Papa visitó a los niños internados en el Hospital pediátrico “Niño Jesús” en Roma. El Papa Benedicto XVI explicó que eran dos los motivos que lo habían llevado a escoger el “Niño Jesús” como el lugar para su primera visita a un hospital: porqué el instituto pertenecía a la Santa Sede y para poder dar testimonio del amor de Jesús a los niños. “En toda persona que sufre, más aún si es pequeña e indefensa, Jesús nos acoge y espera nuestro amor”. “El hospital ‘Niño Jesús’, además de ser una obra inmediata y concreta de ayuda de la Santa Sede a los niños enfermos, representa una vanguardia de la acción evangelizadora de la comunidad cristiana en nuestra ciudad. Aquí se puede dar un testimonio concreto y eficaz del Evangelio en contacto con la humanidad que sufre; aquí se proclama con los hechos el poder de Cristo, que con su espíritu cura y transforma la existencia humana. Oremos para que, junto con la asistencia, se comunique a los pequeños huéspedes el amor de Jesús”.
“Aquí vuestra preocupación es asegurar un tratamiento excelente no sólo bajo el perfil sanitario, sino también bajo el aspecto humano. Tratáis de dar una familia a los pacientes y a sus acompañantes, y esto requiere la contribución de todos: de los dirigentes, de los médicos, de los enfermeros y de los agentes sanitarios en las diferentes unidades, del personal y de las numerosas y beneméritas organizaciones de voluntarios, que diariamente prestan su valioso servicio. Este estilo, que vale para toda clínica, debe caracterizar de modo especial a las que se inspiran en los principios evangélicos. Además, para los niños no hay que escatimar ningún recurso. Por tanto, en el centro de todo proyecto y programa debe estar siempre el bien del enfermo, el bien del niño enfermo”. Para realizar esta difícil misión el Santo Padre señaló la necesidad de saber reconocer en cada pequeño paciente el rostro de Jesús y de sacar las fuerzas espirituales de Jesús realmente presente en la Eucaristía, “para poder confortar y curar a cuantos están internados acá”.
Fueron más de cien mil los niños de la Primera Comunión con sus padres, catequistas y sacerdotes que el sábado 15 de octubre de 2005 acogieron la invitación del Santo Padre Benedicto XVI a participar en un “encuentro especial de catequesis sobre la Eucaristía”. A la vigilia de la conclusión del Año de la Eucaristía, mientras se desarrollaba la Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos sobre el misterio eucarístico, el Santo Padre, anunciando la iniciativa en el Ángelus del 12 de junio de 2005 afirmó que este encuentro “será una circunstancia oportuna y hermosa para reafirmar el papel esencial que desempeña el sacramento de la Eucaristía en la formación y en el crecimiento espiritual de los niños” afirmó
Se trató de un gran “encuentro festivo” en torno a la Eucaristía, como lo resaltaba el título que se le dio a la reunión: “La Eucaristía es nuestra fiesta”. El encuentro tuvo dos partes: la primera de media hora y la segunda de una hora y cuarto. Durante la primera parte algunos actores y cantantes, particularmente apreciados por los más jóvenes, además de interpretar algunos cantos y piezas musicales dieron su testimonio sobre el tema de la fiesta, de la paz y de la fraternidad. Estuvieron también presentes los “clown” de Bucarest, que se dedican a recuperar a los chicos de la calle rumanos enseñándoles el arte del circo. El momento central de esta primera parte fue la ejecución del canto “Centinelas de la mañana”, que se inspira en la exhortación que les dirigió el Papa Juan Pablo a los jóvenes reunidos en Tor Vergata con ocasión del Gran Jubileo en agosto del 2000, la cual estuvo acompañada por un filmado que mostraba escenas de los distintos encuentros del Papa Wojtyla con los niños.
El Santo Padre Benedicto XVI llegó a la Plaza San Pedro en su automóvil descubierto y saludó a los niños presentes que llegaban casi hasta el inicio de la vía de la Conciliazione. El Papa fue acogido por una coreografía de jóvenes y por el saludo de millares de pañuelos blancos que ondeaban con el logo del encuentro. Con la llegada del Santo Padre se inició la segunda parte del encuentro dedicada completamente a la oración y a la catequesis y que terminó con la adoración eucarística. Emmanuel, de diez años, saludo al Papa a nombre de todos los niños presentes contándole su experiencia al recibir por primera vez a Jesús Eucaristía. Terminó su intervención con un “te queremos mucho” y corrió a abrazar a Benedicto XVI. En seguida se leyó la Carta de San Pablo a los Corintios (11,23-26) en la que el Apóstol recuerda la institución de la Eucaristía, el salmo 147 con la antífona “Laudate omnes gentes, laudate dominum” y la lectura del evangelio de Lucas sobre la multiplicación de los panes y los peces (Lc 9, 11b-17).
Inmediatamente después el Santo Padre dio la catequesis en forma de diálogo, respondiendo a las preguntas que le hacían algunos de los niños. Recordando su Primera Comunión Benedicto XVI afirmó: “Ese día me sentí realmente feliz, porque Jesús había venido a mí. Y comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa Comunión”. So
EUROPA/ESPAÑA - “Está lejos de decrecer el interés misionero de la Iglesia española por la obra evangelizadora de América Latina”: En el Día de Hispanoamérica se recuerdan en particular los 898 sacerdotes diocesanos españoles en misiones de los cuales 800 en el continente americano

Madrid (Agencia Fides) - Las diócesis españolas celebrarán el 4 de marzo (primer domingo de marzo) el Día de Hispanoamérica, organizada por la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las iglesias de la Conferencia Episcopal Española, en el que se recuerda la relación y la cooperación misionera entre la iglesia en España y las Iglesias del continente americano. El lema de este año es “Llamados a ser discípulos y misioneros en América”, inspirado en el tema de la V Conferencia General del CELAM.
Con motivo de esta Jornada el Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones ha publicado un amplio folleto para ayudar a las comunidades cristianas a celebrar esta Jornada. En su presentación, el presidente de la Comisión Episcopal y Obispo de Jaén, Mons. Ramón del Hoyo afirma que “lejos de decrecer el interés misionero de la Iglesia española por la obra evangelizadora de América Latina”, las diócesis españolas “han venido respondiendo en todo tiempo a la cooperación” y no sólo en Hispanoamérica sino en todos los Continentes, aunque es verdad que “por razones históricas de cultura y de lengua, su espíritu misionero ha fijado especialmente sus ojos en las Iglesias hermanas de aquellos pueblos y naciones de forma prevalente”. El folleto contiene además el Mensaje del Cardenal Giovanni Battista Re, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina; Reflexión pastoral sobre el alcance del lema propuesto para esta Jornada, por Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia y miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias; Guión con materiales para la celebración litúrgica de la Santa Misa, y una catequesis para adultos con ocasión de la Jornada; Testimonios y documentación sobre la vida de los sacerdotes de la OCSHA, que en sus experiencias muestran una vida entregada al servicio de la misión.
En su Mensaje el Cardenal Giovanni Battista Re a la vez que “agradece a los católicos de España el despliegue pastoral que han tenido par con América Latina durante más de 500 años de evangelización, les anima a continuar con gran empeño misionero trabajando a favor del continente que ha sido llamado ‘de la esperanza’, una esperanza fundada en su invencible fe” comprometiéndose cada uno desde el lugar que le corresponde por medio de la oración, la ayuda material, y sobre todo con la participación concreta en la acción misionera.
Según los datos de la Comisión Episcopal de Misiones en total hay 898 sacerdotes diocesanos en misiones de los cuales 368 pertenecen a la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana) y 530 son diocesanos. Las diócesis españolas con mayor numero de sacerdotes misioneros son Madrid (77), Burgos (58), Pamplona-Tudela (50) y Toledo (46). La distribución por continentes de estos 898 sacerotes es: África (76) Asia (22) y América (800) siendo Perú el país con mayor numero (127) seguido de Estados Unidos (88), Brasil (74), Ecuador (52) y Argentina (51).
También el 4 de marzo, coincidiendo con esta Jornada se celebran las Bodas de Oro de ordenación de los primeros sacerdotes de la OCSHA que salieron para colaborar con las Iglesias de América Latina. Todavía hoy permanecen en esas tierras algunos misioneros de esta primera promoción. Desde los inicios de esta obra hace 60 años son más de 2.300 los sacerdotes españoles que han ido a América. Con este motivo la Televisión Española retransmitirá el día 4 la Misa desde la parroquia de Madrid de Nuestra Señora de las Américas presidida por Mons. Ramón del Hoyo. (RG) (Agencia Fides 23/2/2007 Líneas: 45 Palabras: 617)

Links:
Folleto completo para la Jornada de Hispanoamérica
http://www.fides.org/spa/animazione/2007/dia_hispanoamerica.pdf

Links:
Publicación especial Carta de Casa por los 50 años de los primeros sacerdotes OCSHA
http://www.fides.org/spa/animazione/2007/carta_casa_enero.pdf
Con motivo del 50 Aniversario de la Encíclica Fidei Donum la OCSHA ha hecho una edición especial de "Carta de Casa", nº 228-29 ENERO-FEBRERO 2007, de la que sacamos el mensaje de Juan Pablo II.

Al Sr. Cardenal Antonio María ROUCO VARELA
Arzobispo de Madrid
y Presidente de la Conferencia Episcopal Española


1. Con ocasión de las celebraciones que tendrán lugar en Madrid, Burgos y Santiago de Compostela para conmemorar el 50 Aniversario de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), me es grato hacer llegar un cordial saludo a los Pastores y presbíteros de España, que con esta Institución han mantenido vivo el empuje misionero y el espíritu de solidaridad con otras Iglesias, hermanas del Conti¬nente americano en el común compromiso de evangelizar, dando así muestras de la constante vitalidad de las antiguas raíces cristianas de esa Nación.

En efecto, esta Obra iniciada hace ahora 50 años por la Conferencia de Metropolitanos de España, puede ser interpretada como la consecuencia natural de una honda conciencia eclesial y, al mismo tiempo, como una respuesta vigorosa a uno de los más urgentes desafíos de nuestra época, cual es la necesidad de tejer vínculos de colaboración y fraternidad entre las personas, los pueblos y las comunidades eclesiales, que se hace aún más apremiante en todo aquello que se refiere a la difusión de la Buena Nueva de Jesucristo.

2. En esta significativa conmemoración, deseo unirme a la acción de gracias al Señor por los más de dos mil sacerdotes de las diócesis españolas que han dedicado buena parte de su vida a colaborar con otras iglesias hermanas, movidos ante todo por la fuerza de su fe en Cristo, cuya novedad y riqueza no pueden esconder ni conservar para sí (cf. Recfemptoris missio, l 1), así como por el aliento y la solicitud pastoral de sus Obispos, conscientes de su responsabilidad común respecto a la Iglesia universal (cf. Lumen gentium, 23; Optatarn todos, 10). Su experiencia misionera les ha enriquecido, haciéndoles ver la inconmesurable fuerza salvadora del Evangelio en situaciones a veces inéditas e insospechadas para ellos, convirtiéndoles después, con frecuencia, en agentes de renovación en sus propias comunidades de origen, a las que pueden apor¬tar perspectivas de formas de expresión de fe y de vida cristiana nacidas en el corazón creyente del Continente americano.

Además, los estrechos vínculos culturales e históricos que unen a las Iglesias parti¬culares de España con aquellas de Hispanoamérica, hacen de la colaboración sacerdo¬tal y apostólica entre ellas un signo del particular compromiso adquirido desde el momento de la primera evan¬gelización de América, al que han respondido generosamente los innumerables sacerdotes, personas consagradas y laicos que han acompañado el crecimiento de la fe de sus hermanos americanos a través de los siglos. Las Diócesis españolas, al establecer este servicio común de cooperación sacerdotal, lo han hecho aún más suyo, más significativo y organizado. Con él han
querido reflejar, en cierto modo, la actitud del Apóstol, siempre dispuesto a "gastar" y "desgastar" su vida (cf. 2 Co 12,15) en favor de aquellos en los que ha plantado el Evangelio de Cristo (cf. 1 Co 3,6).

3. Me complace en comprobar cómo, en esta cooperación entre las Iglesias. se ha puesto un especial esmero en cultivar los lazos de fraternidad y comunión que son característicos del auténtico espíritu de servicio al Evangelio, respetando el principio de subsidiariedad y fomentando todo aquello que permite fortalecer la vida propia de las Iglesias locales, corno son particularmente los seminarios y, en general, todo lo referente a la promoción de las vocaciones y a la formación del clero local. La experiencia acumulada en estos años, en que tanto España como los Países de Hispanoa¬mérica han conocido vicisitudes diversas y situaciones cambiantes, permitirá también en el futuro encontrar aquellas formas de colaboración que mejor respondan a los nue¬vos desafíos de estos momentos de la historia en que la Iglesia v la humanidad se dis¬ponen a pasar el umbral del Tercer milenio.

Alguno de estos desafíos, como es la presencia creciente de una población hispana en países de América del Norte o Europa ha comenzado ya a hacerse sentir, reclamando una respuesta pastoral generosa y decidida también por parte de las Iglesias de lengua española. En otros casos, el desarrollo de las perspectivas que ahora se perciben está aún envuelto en muchas incertidumbres y ambivalencias, como ocurre con el llamado fenómeno de la globalización, que afecta de un modo particular a América (cf. Ecclesia in Annerica, 5.5). La causa del Evangelio no es ajena a estas nuevas realidades, que están transformando rápidamente la fisonomía humana y social tanto del viejo corno del nuevo mundo. Por el contrario, tiene en ellas un papel decisivo, puesto que, al ser universal por naturaleza, el mensaje de Cristo es en sí mismo fermento de integración, animada por el respeto a la más alta dignidad de las personas y los pueblos y en busca de una nueva civilización de la solidaridad y del amor.

En este contexto, la colaboración sacerdotal y apostólica entre las comunidades cristianas puede ser considerada como una de las respuestas más válidas al desafío de "asegurar una globalización en la solidaridad" (Mensaje para la Jornada mundial de la Paz, 1998, 3), así como una de las "formas" que caracterizan la nueva Evangelización, al poner de relieve "el deber de la recíproca solidaridad y de compartir sus dones espirituales y los bienes materiales con que Dios las ha bendecido, favoreciendo la disponibilidad de las personas para trabajar donde sea necesario" (Ecclesia in America, 52).

4. Mientras expreso mi sincero reconocimiento por los trabajos realizados en estos años por la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, ruego a la Virgen María, Estrella de la Evangelización, que guíe los pasos de esta benemérita Institución, para que continúe dando abundantes frutos, sea siempre signo elocuente de la comunión y la fraternidad que han de reinar entre las Iglesias y sea ejemplo de la estrecha y cada vez más necesaria colaboración entre ellas. Con estos deseos imparto de corazón la Bendición Apostólica a cuantos forman o han formado parte de esa Obra, así como a los que se unen a ella en la acción de gracias al Señor por su cincuentenario.

Vaticano, 3 de junio, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, del año 1999

Joannes Paulus II
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viernes, 23 de febrero de 2007
Evolución histórica del "Día de Hispanoamérica", publicada en en Boletín Casa de Carta, nº 228-29 ENERO-FEBRERO 2007.


DIA DE HISPANOAMÉRICA


A los 10 años de la fundación de la OCSHA los responsables de este servicio misionero consideran que había llegado la hora de concienciar al Pueblo de Dios y a la misma opinión pública de la necesidad de cooperar con las Iglesia de América Latina. Esta necesidad y la responsabilidad misionera de las comunidades cristianas de España se funden en un compromiso de colaboración recíproca. Así nace el "Día nacional" que más tarde asumirá el nombre de "Día de Hispanoamérica".

Esta Jornada ha pasado por diversas situaciones que, en ocasiones. parecían predecir su suspensión. Sin embargo, la memoria de la Iglesia en el continente americano ha fortalecido el compromiso de quienes se reconocen deudores con otras Iglesias más necesitadas. El mejor de los argumentos es comprobar que cerca del 75% de los misioneros españoles gastan sus vida en América Latina. Entre ellos destacan los sacerdotes diocesanos que acogidos al servicio de la OCSHA están colaborando para que los fieles de América a la vez que son evangelizados se transformen en evangelizadores.

El Calendario Litúrgico de la Conferencia Episcopal Española propone a las diócesis la celebración del Día de Hispanoamérica el primer domingo de marzo. En este marco la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias evoca este año la V Asamblea del Episcopado latinoamericano con el lema Llamados a ser discípulos y misioneros en América. El mensaje es claro:

- Participar en la actividad misionera de la Iglesia es fruto de una llamada vocacional de Dios. Es El el que llama a salir a los caminos para anunciar la Buena Nueva.

- El misionero se reconoce como discípulo del Maestro. Los primeros así lo experimentaron al reconocer la invitación para "permanecer" con El.

La Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias se propone con la Jornada del Día de Hispanoamérica que todos los fieles y las comunidades cristianas:

• Se impliquen en la cooperación con la labor misionera que realizan los misioneros espa¬ñoles en América Latina.

• Colaboren con sus aportaciones para atender las necesidades pastorales y sociales de estos misione-ros y misioneras.

• Se reconozcan responsables también de la acción misionera que están realizando nuestros hermanos en el continente ame¬ricano.
Información sobre OCSHA en su 50 aniversario publicada en "Carta de Casa", publicación de la Obra deCooperación Sacerdotal Hispanoamericana.


QUÉ ES


La OCSHA es un servicio de la Conferencia Episcopal Española para ayudar a los sacerdotes que van a la misión a otras Iglesias más necesitadas, sin perder la incardinación de origen.

FINALIDADES


Promover y regular la presencia de sacerdotes diocesanos españoles en las diócesis de América Latina que lo necesiten.
Ser un cause cualificado para el desarrollo de la responsabilidad misionera universal de los pres¬biterios diocesanos.
Ayudar a las diócesis de España para que pue¬dan cooperar con las Iglesias jóvenes de Améri¬ca Latina a través de miembros de su presbiterio diocesano.
Atender a los sacerdotes diocesanos durante el tiempo en que están en la misión.


HISTORIA


1949: Acto constitutivo de la OCSHA por parte de la Conferencia de Metropolitanos de España, en Zaragoza.

1953: Nace en Madrid el Seminario Teológico Hispanoamericano para acoger y formar a seminaristas comprometidos con la OCSHA
Se celebra por primera vez el Día de las Vocaciones Hispanoamericanas.

1962: Se pone en marcha el "Plan Juan XXIII" por el que marcharon 417 sacerdotes en el período de 1963-65.

1985: Celebración en Madrid de la Asamblea Extraordinaria de la OCSHA. Publicación de las Guía Práctica de la OCSHA.

1993: Asamblea General de la OCSHA en Santo Domingo con motivo del Quinto Centenario de la Evangelización de América.

1996: Asamblea de delegados nacionales de América y diocesanos de la OCSHA en España.

En la actualidad, se siguen celebrando Encuentros Anuales de sacerdotes de la OCSHA en América Latina.

CONTRATO


La Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias ofrece a cada uno de los sacerdotes diocesanos que van a la misión, acogiendose al servicio de la OCSHA, un acuerdo-contrato en el que se regulan las obligaciones y derechos de la diócesis de origen, la diócesis de destino, el sacerdote misionero y la Secretaría de la OCSHA (Cfr. CIC 271,1).

TRÁMITES PARA
INSCRIBIRSE EN OCSHA


El sacerdote diocesano que desee trabajar como misionero en América Latina a través de la OCSHA deberá:

• Informarse en la Delegación diocesana de la diócesis de origen.
• Concretrar la diócesis de destino.
• Formalizar el acuerdo-contrato.
• Participar en los medios de preparación y for¬mación que son necesarios antes de partir.

SACERDOTES SECULARES DE LA OCSHA
QUE MARCHAN A AMÉRICA LATINA


• Desde 1949 han ido a América Latina 2206 sacerdotes por la OCSHA.
• Actualmente hay 898 sacerdotes diocesanos de los cuales 368 pertenecen a la OCSHA.
• Cada año salen de España entre diez y veinte sacerdotes por medio de la OCSHA, para cooperar con las Iglesias jóvenes más necesitadas.
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Colocamos guión litúrgico para el Día de hispanoamérica 2007, publicado en el cuaderno para la celebación de la jornada, editado por Conferencia Episcopal Española..

"LLAMADOS A SER DISCÍPULOS Y
MISIONEROS EN AMÉRICA"


Guión para la
celebración litúrgica


MONICIÓN DE ENTRADA

Celebramos hoy la Jornada de Hispanoamérica que cada año dedica la Iglesia en España a hacer memoria e impulsar los vínculos de fraternidad y comunión con las Iglesias del continente hermano.

Este año concurren además dos importantes eventos para recordar. Por un lado la celebración de los cincuenta años de la ordenación de los primeros sacerdotes de la OCSHA en el Seminario Hispanoamericano y, por otro, la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, convocada por el Papa Benedicto XVI en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, Brasil, y que inaugurará en su primera visita a América Latina. Del lema de esta Conferencia se ha tomado el lema para la Jornada de hoy: "Llamados a ser discípulos y misioneros en América".

Por lo demás la liturgia de este II Domingo de Cuaresma refuerza la invitación a vivir con espíritu de acción de gracias a Dios por la gran obra evangelizadora de la Iglesia y a pedir que todos seamos fie¬les a la vocación recibida para ser discípulos y misioneros de Jesús para la vida del mundo.

ACTO PENITENCIAL

Con la mirada de la fe puesta en Jesucristo, invocamos la misericordia del Padre sobre nosotros:

Tú, el Mediador de la nueva Alianza. Señor, ten piedad.

Tú, el Hijo elegido del Padre, a quien nos manda escuchar. Cristo, ten piedad.

Tú, que nos transformarás según el modelo de tu cuerpo glorioso. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Según una antiquísima tradición en la liturgia del II Domingo de Cuaresma se lee el relato de la Transfiguración del Señor. El sentido de ello es claro: los discípulos deben ser fortalecidos con la esperanza de la resurrección y de la gloria para poder soportar el escándalo de la pasión y de la cruz de su Señor.

También nosotros en la vida cotidiana experimentamos la dificultad de una fe en Jesús sin límites, de una esperanza sin sombras y de un amor sin fronteras. La escucha de la Palabra de Dios es la fuente de nuestra adhesión sincera, cordial, incondicional y gozosa a Jesús para ser sus discípulos y misioneros.

Escuchemos, pues, la Palabra de Dios por medio de la cual Dios renueva su alianza con cada uno de nosotros y con su Iglesia.


SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

Dios ha creado al ser humano por amor y ha hecho con él una alianza llamándole a un diálogo de amor. Dios ha sido siempre fiel a su alianza, aunque los hombres no siempre han escucha
do su palabra y muchas veces han rehusado la mistad que Dios les ofrece. Modelo de la respuesta a la alianza con Dios es Abrahán, el padre de los creyentes.

La respuesta de amistad con Dios es también una gracia divi¬na. El Padre envía al Hijo, "compadecido del extravío de los hombres" (PE IV), para que éstos vuelvan de nuevo a su alian¬za. Jesús es consciente de que para realizar esta obra de reconciliación debe entregar su vida. Ante el primer anuncio a los discípulos de este misterio, ellos se escandalizan, no lo comprenden.

Jesús se mantiene firme en su propósito, pero, conmovido por la débil fe en El de sus discípulos, lleva a orar consigo a Pedro, Santiago y Juan al monte Tabor. Allí se transfigura delante de ellos, les demuestra que las Escrituras (representadas en Moi¬sés, "la ley" y Elías, "los profetas") hablan de la pasión del Mesí¬as (cf. Lc 24, 27) y les revela la gloria que a través de la cruz vendrá con la resurrección. La voz del Padre confirma el "éxo¬do" de Jesús, como a través de su pasión salvadora y su resu¬rrección llega a la gloria de la vida eterna, y que de este modo El es el único camino, verdad y vida para los hombres (cf. Jn 14, 6).

La Iglesia, comunidad de creyentes en Jesucristo, invita a todos los hombres a la escucha de la Palabra de Dios y a la participación en su vida litúrgica y caritativa para que los hombres pue¬dan tomar parte de la vida de Dios en Cristo por el Espíritu. Del encuentro con Jesús surge la luz que ilumina al creyente y le hace luz para el mundo (cf. Mensaje de la CAL, 1).

El cristiano es invitado constantemente a vivir el seguimiento de Cristo, a ser su discípulo, es decir, ser testigo de su pasión, de su cruz y de su resurrección, con su vida de fe. De esta manera es también misionero, anunciando a los demás el Evangelio de Jesús e, impulsado por la caridad de Cristo, extiende su acción misionera a todos los ámbitos humanos (cf. Mensaje de la CAL, 3). Precisamente la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano tiene como fin suscitar una auténtica "ola misionera" en todo el continente (Ibidem, 4).

La Iglesia en España, por una gracia especial de Dios, ha sido siempre generosa en vocaciones misioneras y particularmente hacia América Latina (Mensaje de la CAL, 4). En este día nos uni¬mos de corazón a los misioneros que ejercen su labor pastoral en el continente americano, pedimos por la fidelidad de todos a la misión encomendada, así como nuevas vocaciones misioneras.


ORACIÓN DE LOS FIELES


Después de escuchar la Palabra de Dios y profesar nuestra fe, dirijámonos con confianza al Padre, que en Jesucristo nos manifiesta su fidelidad eterna a su Alianza de amor con los hombres.

R. Padre nuestro, escúchanos.

1. Por toda la Iglesia, para que escuchando siempre a Jesús siga fielmente el camino de su pasión que conduce a los hombres a la vida eterna. Oremos.

2. Por la Iglesia en España, para que los cristianos avivemos la vocación recibida en el Bautismo para ser discípulos y misio¬neros de Jesús y contribuyamos a la acción misionera en América Latina. Oremos.

3. Por todos los que tienen responsabilidades de gobierno en el mundo, para que sean solícitos con la vida del hombre en sen¬tido integral y trabajen por el desarrollo humano y social en todas sus facetas. Oremos.

4. Por todos los misioneros, para que sean testigos creíbles de la pasión, muerte y resurrección salvadoras de Jesús. Oremos.

5. Por las Iglesias locales en América Latina, para que aviven la fe y el espíritu misionero en todos los cristianos de este conti¬nente. Oremos.

6. Por los misioneros españoles en América, especialmente lo que cumplen el cincuentenario de su ordenación, para que sigan ejerciendo su labor con generosidad y alegría. Oremos.

7. Por todos los que sienten la vocación misionera, para que no se desalienten ante las dificultades y respondan con generosi¬dad y prontitud. Oremos.

Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia, a la que man¬daste escuchar a tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


MONICIÓN DE LAS OFRENDAS

En las ofrendas del pan y del vino de hoy, representamos también la ofrenda de nuestras vidas para que el Señor nos conceda ser gene¬rosos y fieles como los misioneros que recordamos hoy y que llevan cincuenta años en la misión.


MONICIÓN DE DESPEDIDA

Hemos escuchado en el Evangelio que los discípulos bajaron con Jesús del monte Tabor y le acompañaron en su viaje a Jerusalén; luego, después de su ascensión, serían testigos de su pasión, muerte y resurrección ante todos los pueblos.
Al concluir esta celebración recibimos la gracia del envío: la celebración sacramental del misterio pascual nos capacita y compromete a ser testigos de la salvación en nuestros ambientes y ante todos los hombres.

Que el SEñor, que nos confía la vida de todas las personas y pueblos nos ayude a ser sus discípulos y misioneros siempre y en todo lugar.

BENDICIÓN SOBBRE EL PUEBLO Y ENVÍO

Dios, que en la Transfiguración de su Hijo
os ha llenado de la esperanza
os fortalezca para compartir la cruz salvadora de Jesús,
y ser testigos de su resurreccción-

Amén

Y la bendición de Dios Todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre vosotros.

Amén

Juan F. Martínez Sáeez, FMVD
Colaborador del SEcretariado de la
Comisión Episcopal de Misiones

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Colocamos la reflexión pastoral de Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia con motivo del "Día de Hispanoamérica 2007", publicado cuaderno par la celebración de la jornada.


"LLAMADOS A SER DISCÍPULOS Y
MISIONEROS EN AMÉRICA"


Reflexión pastoral


Mons. Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia


Las diócesis españolas actualizan cada año un compromiso histórico que comenzó espontáneo en el mismo momento en que se inició la evangelización de América; esa aventura gigantesca en audacia y creatividad por la que España, con luces y sombras, llevó la fe en Jesucristo a los pueblos y civilizaciones que habitaban las tierras recién descubiertas. Aquella empresa evangelizadora logró implantar la Iglesia Católica sólidamente en Hispanoamérica, con una perfecta inculturación de la fe en los modos de ser, sentir y vivir de aquellas latitudes. Desde entonces, primero por ser parte de una misma nación, del Reino de España, y después por una comunión religiosa, cultural y ligüística, la relación entre la Iglesia en España y las Iglesias del continente americano, jamás se ha interrumpido. América ha sido destino misionero y hoy es destino de cooperación entre nuestras Iglesias. Esa relación histórica, que hoy es una realidad fecunda que nos enriquece mutuamente, es lo que recordamos en este Día de Hispanoamérica de 2007. Lo hacemos inspirándonos en un acontecimiento especial que están preparando con ilusión y esmero.

1. Unidos a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

Las Iglesias de América Latina y el Caribe preparan la celebra¬ción de su V Conferencia General del Episcopado Latinoamerica-no, que tendrá lugar en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida en Brasil. De todos es conocido que estas celebraciones marcan hitos importantes en el devenir de la Iglesia en América, teniendo en cuenta, además, que el Santo Padre se hace presente para avalar los trabajos y para impulsar su acogida. El contenido de lo que en estas Conferencias se reflexiona y se concluye se convierte en punto de referencia para el conjunto de las Iglesias de América Latina a lo largo de los años que siguen, en los que van asimilando progresivamente su documento conclusivo. En esta ocasión se reúnen con un precioso tema: "Discípulos y ,misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan Vida". "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6). En este tema se ha inspirado el lema de la Jornada: "Llamados a ser discípulos y misioneros en América".


2. Llamados a ser discípulos

El lema empieza recordando que la vocación es el origen del compromiso misionero; por eso antepone "llamados" al discipulado y a la misión. Se recuerda, una vez más, que la llamada procede del mismo Cristo, y que es por su voz, al resonar en el corazón de los cristianos, corno se descubre la vocación misionera. Los "llamados" son todos los que se toman en serio su fe y por eso se preguntan qué han de hacer para responder a la voz del Señor. La aventura misionera nace siempre en un "ven y sígueme" dirigido a cada misionero, que, por otra parte, siempre es alguien que antes se ha acercado al Maestro preguntándole: "¿Dónde vives?" Es en esa curiosidad, en ese olfato religioso que lleva hasta Jesús; es en ese encuentro con el Señor en su propia vida, en su propia casa, en su propia intimidad, donde se escucha la llamada y donde se decide el seguimiento. Porque a la llamada del Señor se ha de responder con la decisión de seguirle, en su Iglesia, hasta llegar a ser su discípulo. El llamado ha de aprender junto al Maestro si quiere ser su enviado; ha de conocer en profundidad su vida, en cada uno de sus matices humanos y divinos; ha de percibir, en cada uno de sus detalles, la verdad de su misterio; ha de escuchar su voz y recoger cada una de sus palabras, hasta que se conviertan para él en palabras de vida. Ese conocimiento de Jesús favorece el amor por El, imprescindible en el discípulo. Sólo puede llamarse así el que ama a su Maestro, porque, sólo por amor, Jesús se convierte en centro de la vida, sólo el amor descentra al discípulo de sí mismo y lo pone en el Tú de la persona de Jesús ("Es Cristo que vive en mí", decía Pablo el gran evangelizador). El que sigue a Jesús adquiere una identidad específica y nueva: todo en él adquiere el fon¬do y la forma de aquel al que ama y sigue.


3. Al discípulo le espera la misión

Jesús no llama sólo para estar con Él, también para la misión. Si algo caracteriza al discípulo, es el deseo de proponer a todos a quien él conoce y ama, a aquel con quien tiene una relación personal y directa, una relación de íntima amistad. El que sigue a Jesús es necesariamente apóstol, es alguien que se siente llamado a la urgencia de la evangelización "Ay de mí si no anuncio el Evangelio" (1 Cor 9,16). El discípulo es testigo de alguien que, tras haberle conocido, le ha cambiado la vida. El discípulo es alguien que ama con ardor y por eso comparte con ferviente ardor lo que lleva en su corazón. Y el discípulo es, sobre todo, alguien que ama lo que ama su Maestro; que tiene con él una misma comunión de intereses. Por eso el misionero vive con intensidad el amor a las personas, la entrega total de su vida a la persona, aunque lo haga con preferencias evangélicas, con las preferencias de Jesús: "los pobres son evangelizados". A todos se da para que en Jesús tengan Vida, consciente de que es para el mundo "Camino, Verdad y Vida". Ningún discípulo del Señor está dispensa-do del ardor misionero, pues para todos es el encargo de Jesucristo resucitado de anunciarlo a todas las gentes (cf. Mt 28,19).

4. Misioneros para el mundo entero

El horizonte de la misión es el "mundo entero", recorrido por un camino singular: de corazón en corazón, de vida en vida, para que a todos llegue el amor y la salvación de Cristo. A través de ese recorrido misionero la fe se hace cultura y echa raíces en la variedad de terrenos sociales, culturales, humanos, es decir, en los diversos ámbitos de la vida y de la sociedad, ya sean los más humildes o los más influyentes (cf. EN, 62). A todos lleva la misión el influjo del Evangelio hasta que cale hondamente en "los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensa¬miento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida" (EN, 19).

Despertar a la evangelización es una exigencia fundamental de la vida cristiana, y el modo de desarrollar esa vocación misionera dependerá de la diversidad de formas de la vocación cristiana. Lo importante es que cada uno recoja, en el seguimiento fiel de Jesu¬cristo, la fuerza sobrenatural de la caridad que pone en él el Espíritu Santo y la despliegue en la forma en que se sienta llamado: en la consagración de su vida a la misión, tras dejarlo todo, trasladándose a unas tierras y con unas gentes en las que o no se conoce aún a Jesu¬cristo o se necesita una mayor presencia de la Iglesia; y también se es misionero con la oración y con el apoyo a la misión. Cualquiera de las dos formas, el ser misionero brota de la fe y de la vida cristiana y con ambas se expresa la conciencia clara de que se ha escuchado y acogido el mandato de Jesús de ir por todo el mundo.


5. Anuncio y servicio misionero en Hispanoamérica

La inquietud misionera se ha concretar, no obstante, en un lugar o en algunos lugares del planeta. Aunque se mire a todas partes, es bueno hacer opciones en la cooperación misionera. Un ámbito de especial destino y preferencia para los católicos españoles, en el que localizar la vocación misionera, es Hispanoamérica, que sigue necesitando la ayuda de cuantos compartimos con ella historia, cultura y una misma raíz en la fe. En el Día de Hispanoamérica se nos llama a tener una mirada de predilección misionera hacia unos cristianos y cristianas que son para nosotros especialmente hermanos.

De todos es sabido, además, que en toda Latinoamérica la labor de la Iglesia ha de ir acompañada siempre por el testimonio de la caridad social y que allí hay que poner especialmente de relieve la conexión entre evangelización y promoción humana. Es por eso que aquellas Iglesias locales y, en concreto, los misioneros españoles promueven múltiples obras sociales. Esa misión integral hace necesaria una gran red de cooperación, para que la labor de la Iglesia en América sea a la vez anuncio y servicio.
Desde la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Epis¬copal Española, a la que pertenezco, junto a los otros Obispos, os hago una invitación a mirar hacia Hispanoamérica con los ojos y el corazón de Cristo, y nos sentiremos a ser allí, de un modo preferente, discípulos y misioneros.

1 Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia
Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Misiones
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Colocamos el mensaje de la presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina con motivo del Día de Hispanoamérica en las diócesis de España, publicado en los materiales para la celebración de dicha jornada.

PONTIFICIA COMISIÓN PARA AMÉRICA LATINA

MENSAJE
DE LA PRESIDENCIA DE LA
PONTIFICIA COMISIÓN PARA AMÉRICA LATINA
con motivo del Día de Hispanoamérica
en las diócesis de España

— Domingo 4 de marzo de 2007 —


1. Al celebrarse en las diócesis de España el Día de Hispanoamérica, la Pontificia Comisión para América Latina presenta a los Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles que peregrinan en esas tierras un cordial saludo en Cristo. «Llamados a ser discípulos y misioneros en América» es el lema que las diócesis españolas han escogido para este año 2007.

Dicho lema ha sido inspirado en el tema de la próxima V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, un evento de gran importancia que nos invita a reflexionar en torno a la identidad del cristiano, llamado a poner en el centro de su propia vida a Jesucristo, luz de las gentes, y a transmitir un amor que lleve a ser fieles discípulos suyos y misioneros convencidos. Sólo en el encuentro personal con Jesucristo madura la convicción que llevó a San Pablo a exclamar: «¡Ay de mí si no evangelizare!» (lCo 9,16). Sólo de la íntima amistad de los discípulos con el Maestro brota la luz que ilumina el horizonte de la vida humana y disipa toda posible oscuridad.

2. En efecto, ¿quién es discípulo, sino aquel que habiéndose encontrado con su Maestro, corresponde al don de la fe en Él y orienta su vida entera a su seguimiento? Así comienza la "aventura de los Apóstoles", con la experiencia de un "conocimiento directo" que suscita el deseo vivo de anunciar a quien se ha conocido y amado personalmente. No se explica la extraordinaria generosidad de los primeros discípulos si no es por la fuerza del amor personal a Cristo, que los ha llevado incluso a dar la propia vida.

Ser, por tanto, seguidor de Cristo, implica estar en sintonía vital con Él, para de ese modo encenderse en celo y sentir la urgencia de anunciarlo. No se trata de «ser anunciadores de una idea, sino testigos de una persona». Los discípulos, «antes de ser enviados a evangelizar, deberán "estar" con Jesús (cf. Mc 3, 14), entablando con él una relación personal. Sobre esta base, la evangelización no será más que un anuncio de lo que se ha experimentado y una invitación a entrar en el misterio de la comunión con Cristo (cf. 1 Jn 1, 3)» (Benedicto XVI, Audiencia General del miércoles 22 de marzo de 2006).

3. Jesucristo, al término de su peregrinar terreno, dejó a sus discípulos el encargo de anunciarlo a todas las gentes (cf. Mt 28,19), un llamado que no se reduce a un horizonte pequeño, sino que se extiende al "mundo entero", entendiendo en ello no sólo su vastedad geográfica, sino todos los ámbitos en los que el ser humano desarrolla su cultura, llevando el anuncio hasta las fronteras de la vida, la familia, el mundo del trabajo, la cultura, la economía y la política.

Pero una empresa de tal magnitud no puede llevarse a cabo si no es por la fuerza sobrenatural de la caridad que se muestra patente en el testimonio de la actividad misionera. A ello se refería el Santo Padre cuando en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones del año 2006 afirmaba: «Dios es la primera "casa" del hombre y sólo quien habita en él arde con un fuego de caridad divina capaz de "incendiar" al mundo». En ello «reside el secreto de la fecundidad apostólica de la acción misionera, que supera las fronteras y las culturas, llega a los pueblos y se difunde hasta los extremos confines del mundo». (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones, 22 de octubre del 2006)

4. Bien conocéis, queridos católicos de España, las circunstancias históricas y providenciales que desde hace siglos han llevado a la Iglesia que peregrina en España a estar fuertemente ligada a América Latina, llevando a aquellas tierras la fe cristiana. Y también en nuestros días, los españoles, conscientes de los deberes que exige la fe recibida de Dios, continúan ayudando a favorecer extensas regiones de Hispanoamérica, donde las necesidades espirituales y terrenas son grandes.

Es por ello que esta Pontificia Comisión, al agradecer a los católicos de España el despliegue pastoral que han tenido para con América Latina durante más de 500 años de evangelización, quiere animaros a continuar con gran empeño misionero trabajando a favor del continente que ha sido llamado "de la esperanza", una esperanza fundada en su invencible fe.

Ciertamente, son innumerables las carencias que afligen a aquellas tierras. Y frente a ellas se yergue luminosa una religiosidad siempre viva, pero que hoy más que nunca necesita ser despertada y alimentada con decisión y audacia. Frente a esta realidad, se ha hecho patente recientemente el deseo de los Pastores latinoamericanos de que la próxima Conferencia General del Episcopado tenga como principal fruto una verdadera "ola misionera" en todo el Continente. Y para ello es necesario rogar «al Dueño de ta mies que envíe obreros a su mies» (Le 10,2).

5. Es con miras a todo este maravilloso desafío que la Pontificia Comisión para América Latina anima una vez más a los católicos de España a comprometerse en esta gran empresa, cada uno desde el lugar que le corresponde, ya sea por medio de la oración o de la ayuda al sostenimiento de los misioneros u obras de apostolado que promueven, pero sobretodo con la participación concreta en la acción misionera. Y en la celebración del Día de Hispanoamérica, os invita a vivir una verdadera audacia evangelizadora, siempre con la conciencia de que el amor «es y sigue siendo la fuerza de la misión», «el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender» (Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 60).

Que Santa María, Estrella de la Evangelización y Madre de la Esperanza, nos enseñe a fundar todos nuestros esfuerzos en el amor a su Hijo Jesucristo, quien es Camino, Verdad y Vida. Nos mueva con su intercesión a confiar ante toda dificultad y a ser misioneros pasando por el mundo, como Él, haciendo el bien, sin permanecer indiferentes ante un horizonte misionero que es responsabilidad de todo cristiano.

Vaticano, 4 de enero de 2007

Cardenal GIOVANNI BATTISTA RE
Presidente

Luis Robles Díaz
Vicepresidente
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Las parejas de hecho y personas homosexuales (II)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ante la realidad de que no poco católicos han adoptado una idea "liberal" de conciencia, individualista, rechazando por el contrario la de comunión, que ve al cristiano y la Iglesia como un único un cuerpo, dada la gravedad de la materia y la urgencia del momento, es necesario también hacer luz sobre las manipulaciones de los porcentajes del fenómeno, sobre el hecho de que la tendencia homosexual sea innata o sea un "tercer género" (4), casi una condición natural y normal de la persona, y sobre todos los demás aspectos desconocidos, poniendo sobre todo la atención en demostrar el hecho fundamental de que la dignidad humana reside en la capacidad soberana del hombre de decidir sobre sus acciones y de realizar actos libres, no ciertamente sólo en la orientación homosexual o heterosexual; que eso, en si, sea una anomalía psicológica (5) (neurosis, etc).
El fenómeno tiene una psicogénesis y sociogenesis compleja, la cual podría en último término, dar lugar a alteraciones hormonales o funcionales (pero esto hasta ahora no se ha demostrado y parece improbable). En términos generales se debe afrontar en una perspectiva de terapia y cambio. Si se dan el compromiso y las motivaciones justas, hay buenas prospectivas terapéuticas.
La acción por parte de los católicos, debería partir de llamar la atención sobre los artículos en mérito del Catecismo de la Iglesia Católica (6); luego debería subrayar la importancia de la gracia de Dios para influir positivamente sobre la libertad de la persona y sobre sus actos, para reforzarla en la virtud; la gracia no es inútil para ayudar a resistir las tentaciones homosexuales. Se debería también eliminar las ideas sobre la homosexualidad de otras convicciones justas presentes en la conciencia (respeto, igualdad, discriminación injusta…). Por último, se debería señalar los estudios serios y abiertos a la perspectiva de cambio y a la conversión que conciernen a las personas homosexuales como a todos los cristianos, criticando y poniendo en guardia de aquellos disconformes. La verdad sobre la homosexualidad debe decirse con caridad, rompiendo la indiferencia.
Por último, toda la cuestión debe llevar a demostrar la inseparabilidad de los derechos de los valores. Asistimos a esta paradoja. Las autoridades invocan los "valores", pero luego quienes los practica son tratados con cierta desconfianza. Quien los hace propios es tratado a veces incluso como un desequilibrado o un obscurantista. La sana mentalidad humana todavía existe, aunque ha habido una progresiva erosión conceptual del derecho. Se debe ir al origen ilustrado del derecho europeo. Había valores referidos a la razón humana y a la religión, no sólo como deuda histórica sino por razones filosóficas. Siempre ha estado claro que el derecho a la libertad individual es decisivo. Pero es inevitable, si no se quiere la descomposición del Estado, que el subjetivismo tenga límites. La sociedad tiene que establecer continuamente reglas si quiere sobrevivir. La naturaleza humana, como consecuencia del pecado original, está herida, no ve siempre con claridad lo que es necesario para sobrevivir. Se necesita, además de la razón humana, la luz de la Revelación, aunque no sea políticamente correcto (7). (fin) (Agencia Fides 22/2/2007; Líneas: 40 Palabras: 538)

4. Cfr Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, Ciudad del Vaticano 2004, n 2.
5. Ha sido modificado el Manual Diagnóstico de la asociación americana de Psiquiatría (cfr P.Cameron y otros, Errors etc, 79(1996, 383-404; se han promovido diversas investigaciones psicológicas y sociológicas escondiendo y falseando los datos, mientras que se han censurado los resultados buenos: cfr G.J.M van den Aardweg, Homosexualidad y esperanza, Ares, Milán 1995.
6. Art. 2357-2359 y 2396 con una aclaración del Editio typica latina del 1997.
7. Cfr Europa, O. c, p 121.
Artículo publicado en el programa, año 2002, de Semana Santa de la parroquia de San Marcos de Icod de los Vinos, escrito por el historiador e investigador Don juan Gómez luis-Ravelo.


DE LA HISTORIA DE LA SEMANA SANTA DE YCOD

LA SEGUNDA MITAD DEL SEISIENTOS, UNA ETAPA DE ESPLENDOR

PATRONAZGO ARTÍSTICO Y PASIÓN POR LO BARROCO


por JUAN GÓMEZ LUIS-RAVELO


El tránsito entre la primera y la segunda mitad del siglo XVII, va a suponer para las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Ycod un importante punto de inflexión, en cuanto a modos y comportamientos devocionales se refiere, según conocemos por documentación conservada relativa a la solemnidad que se le va a procurar a algunos ceremeniales y funciones en sus templos y a determinadas manifestaciones procesionales al aire libre que, con pasos de novedosas iconografías, recorrerán el limitado trayecto por el compás o plaza de los conventos o un más extenso itinerario por calles de la población que la autoridad eclesiástica señala.

Complemento a todo ello será el inusual aumento de dotaciones de imaginería, retablos, pinturas, orfebrería y ornamentos sagrados que, a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XVII, se destinarán a iglesias y capillas. Cuando el siglo finalizaba, al ser visitada la población por Fray Andrés de Abreu, el conocido escritor insular de barroco estilo literario, con la finalidad de recabar datos para su obra sobre la vida del Venerable Siervo de Dios Fray Juan de Jesús, el humilde místico nacido en Ycod en el año 1613, quedó tan gratamente sorprendido por el apasionamiento con que los vecinos "vivían" su religiosidad y por la generosa y particular entrega devocional que mostraban en el cumplimiento de sus obligaciones cristianas, que no duda en recoger tal circunstancia como apertura a su barroca y deleitosa descripción del lugar y patria de su biografiado. Legándonos con ello un testimonio valiosísimo, diríamos que imprescindible, para llegar al conocimiento del proceder socioreligioso de los devotos ycodenses durante el largo periodo que vamos a tratar. Comportamiento devocional de los vecinos que Fray Andrés transmite de forma rotunda, sin paliativos de tipo alguno, cuando reconoce que es Ycod

Lugar en que resplandece
una piedad tan grande, y un culto
tan costoso, que no son tan poderosos, y
ricos sus caudales, tanteado el valor de sus
haziendas, y alhajas de
sus casas, como vistosos los asseos, y
cultos de sus Templos. Allí si se
adelanta con la devocion el poder, y
haze milagro el caudal (I).


Permanencia del fraile en Ycod durante la que no debió pasarle desapercibido el cambio de mentalidad religiosa sufrido por sus gentes desde el tiempo en que en él habitara el místico Fray Juan. Periodo durante el que la mortificación pública fomentada por la Iglesia como corriente mística de imitación a Cristo, destinada a erradicar antiguas y enraizadas supersticiones, tuvo en el lugar honda repercusión en la noche del Jueves Santo en la procesión de la Sangre que salía desde la iglesia del hospital de Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista, en la que penitentes y cofrades precedían al paso del Crucificado cargando la Cruz unos, con disciplinas de sangre otros, y portando hachas los hermanos de luz (2). También, en la práctica pública del Vía Crucis penitencial de la madrugada del Viernes Santo, en el que gustaba al Siervo de Dios participar recorriendo las calles de su pueblo como un disciplinante más que, a imitación de Cristo, repite la Vía Dolorosa sufriendo personalmente el cansancio y el dolor, derramando sangre sus pies descalzos por las incómodas callejas del trayecto y el tortuoso camino del malpais que llevaba al Calvario Nuevo del lugar donde, como hoy, terminaba el rezo de las estaciones. Al respecto de esta tiernísima devoción al Vía Crucis nos dice Fray Andrés de Abren que

A estas Procesiones asistía Juan (...)
saca descalso (...) desnudo desde la
3cinta al cuello, que ceñía con una
gruesa soga, rodeadodle pesadas
cadenas (...) unas veces con una caña
en la mano, para representar y sufrir
una de las grandes injurias que
hizieron á su Amado, y otras con una
calavera, y una Cruz para hazer mas
viva memoria de su pasion, y muerte (3).


Sin embargo, por los años de su visita a la población halló actuaciones bien distintas que, paulatinamente, como en todo el mundo hispano sucedió, se fueron imponiendo también en el lugar desde las primeras décadas de la centuria, en detrimento de las tan enraizadas prácticas publicas de disciplina, las que, dada la profanidad y excesos que en algunos lugares adquirían, pasaron a ser consideradas en el seno de la propia Iglesia como una mera desvirtuación patética y populachera . Para alcanzar esa su erradicación "se favorecieron desde entonces otras manifestaciones mas didácticas, como la escenificación de los momentos de la Pasión. Es decir, la incorporación en los desfiles procesionales de distintos personajes históricos y la generalización y ampliación de los pasos escultóricos, que enriquecerán notablemente el panorama artístico" (4).

Texto que reproducimos por considerar que es reflejo de lo sucedido en Ycod, a la largo de todo el siglo XVII, en sus celebraciones de la Pasión, en cuya mitad final culminará el periodo de magnificencia que sorprendió al franciscano Andrés de Abreu.

Los factores que contribuyeron a tal logro no emanaron sólo del comportamiento religioso vecinal y de las hermandades y cofradías que fundaron. Junto a ello, como verdadero impulsor, sin el cual esa etapa de esplendor no se hubiese alcanzado, debe alinearse al grupo más acomodado en el entramado sociolaboral que desde el siglo anterior se venía consolidando y fortaleciendo social y economicamente. Constituido por medianos y grandes propietarios de tierras, dueños de la mayor parte del agua de riego, su actuar, siempre interesado, persigue alcanzar un estatus que les permita robustecer la consideración de su linaje en la sociedad insular. Intencionalidad que los convertirá en verdaderos promotores en la población del ideario eclesial antes señalado, contribuyendo a introducir nuevas iconografías, rememoraciones de pasajes de la Pasión, pasos procesionales de mayor envergadura así como piezas artísticas de primerísimo orden que enriquecen el patrimonio artístico-religioso del lugar. Todo lo cual sospechamos, conllevaba, además del manifiesto acto devocional, una actuación encaminada a dar solidez a la promoción social que deseaban.

ACUSADA PASIÓN POR LO BARROCO

En adelante va a cuidarse al detalle la espectacularidad de las procesiones, dotándolas sus promotores de todos aquellos elementos que pudiesen realzar su desfilar por las calles, de ahí que no se escatimen adornos ni luminarias y, dado el prestigio que con ello adquiere la familia patrocinadora, se destinen partidas económicas suficientes para garantizar la asistencia anual a ellas de las comunidades religiosas locales, hermandades y cofradías, además de comprometer para su presidencia a lo más granado de la élite civil y religiosa. De todo ello emana el diferente carácter que a partir de esa época adquiren, sobre todo en la advertihle pasión por lo barroco que traslucen, que les va dando particular idiosincrasia, máxime si atendemos a la tendencia, durante todo el período que estudiamos, de aumentar el número de figuras que componen los pasos titulares, formando escenas en las que el "dialogo" entre ellas y el variado colorido de su vestuario acentúa, tal carácter barroco.

Como ejemplo ilustrativo, podemos citar la inclusión en las celebraciones de dos apostolados, con sus doce figuras de tamaño cercano al natural en uno y algo menor en el otro, siendo en ambos casos imágenes vestideras. El primero será utilizado de manera individual, con su propia parihuela cada efigie, vistiendo prendas de diferente colorido y portando su atributo distintivo, para hacerlas participar como si fueran actores en la rememoración del pasaje de la Conversión de la Magdalena. En el otro, revestidas asimismo sus figuras de variadas y coloristas prendas, se agrupan en un solo trono en torno a la mesa, presidida por la efigie de Cristo que procede a instituir la Eucaristía, sobre la que destacan elementos propios de la Cena Pascual.

Pasión por lo barroco que se aprecia también en el gusto por lo escenográfico en la composición cíe los tronos, constatado en los pasos de la Santa Cena, en el de la Conversión de la Magdalena yen el de lágrimas de San Pedro, todos los que se dotan de un espectacular sitial de tela al modo del que aún se conserva en el primero indicado, que sirvió de modelo para las otros, según quedó registrado en documentación que en su momento indicaremos. A ello deberá añadirse la mayor espectacularidad que se procura a pasos de imágenes de gran devoción que venían integrando las celebraciones desde tiempo muy anterior. Ejemplar es el caso de la reforma a que es sometido el de Nuestra Señora de la Soledad del templo agustino, dotándolo con un palio de terciopelo negro dispuesto sobre varas de madera dorada: o el del Cristo Difunto, cuya humilde urna se verá notablemente embellecida. Incluso sospechamos que no debió ser ajeno a ello ese afán de enriquecer los tronos con elementos alusivos al pasaje pasional que representan, lo que debió llevar a colocar la cruz redentora y dos ángeles junto a la imagen del Cristo sedente de la Humildad y Paciencia o el simbólico gallo en el de las Lagrimas o Negaciones de San Pedro.

LA CAPILLA DE LOS ÉVORA

La proposición devocional y constructiva en la que adquiere solidez tal atracción por el recargamiento y esplendor que el Barroco impone, vino a imponerla en amplia medida la fundación piadosa que, apenas iniciado el periodo que estudiamos, llevó a efecto la familia Evora en el costado sur del claustro del convento franciscano del Espíritu Santo. Su costosa edificación va a suponer para el lugar la instauración de un modelo de capilla, con dotación de coro, sacristía, sala de entierro y dependencia privada sobre esta última, que va a tener repercusión formal en otros recintos que se fabricarán durante el siguiente siglo adosados al propio edificio conventual o a su iglesia. Tales son: la capilla de San Diego de Alcalá, fundada por la familia Pérez Rijo, y la de Nuestra Señora de los Dolores, fabricada por la de Hurtado de Mendoza con tal ostentación y amplitud que el modelo inicial quedará ampliamente superado.

Los buenos deseos de los Evora, respaldados en todo instante por la favorable disposición de la comunidad franciscana, de la que habían sido permanentes benefactores, hicieron realidad una obra que reflejaba la alta capacidad económica de la familia, potenciada, cuando se hizo necesario, por importantes partidas de dinero remitidas por sus parientes desde la isla de Cuba o de Nueva España, donde sus negocios comerciales o su sólida posición social les permitió contribuir holgadamente con la fabrica y con su rica dotación.

Al espléndido resultado final alcanzado, intuimos, no debió ser ajeno un cierto afán de rivalidad y competencia con la obra, también suntuosa, de la capilla de la Soledad que en el cenobio agustino por esa fecha edificaba, con similares criterios de ostentación, el presbítero Don Fernando de Montiel, La esplendidez alcanzada en una y otra fabrica, acentuada en las novedosas policromías y dorados de sus retablos y, sobre todo, en las delicadas y complejas labores mudéjares de sus artesonados, parece dar razón de ello. Lo cierto es que ambas obras introdujeron en Ycod un modelo arquitectónico y decorativo, de origen andalucista, cuya configuración formal y el brillante colorido de sus policromías dieron a conocer a la comunidad ycodense ciertas formas barroquizantes que, desde ese momento de los años sesenta del siglo XVII, van a imponerse en la localidad.

INICIO DEL CULTO A SANTA MARTA MAGDALENA

Apenas fundado el convento franciscano del Espirito Santo, en el mes de mayo del año 1641, y acondicionada una provisional casa-oratorio mientras se levantaba su fábrica, entre la actividad religiosa de la reducida comunidad fue adquiriendo especial atención el culto a Santa María Magdalena, según conocemos por mandas piadosas de misas que a perpetuidad se le dedican, la primera de ellas instituida el año siguiente al de la llegada de los frailes al lugar (5). Atracción devocional que deja traslucir una pronta aceptación, por algunos fieles, de mandatos de la iglesia contrarreformista que
aconsejaban la práctica de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía como eficaz medio para la salvación del alma.

Devoción a la Santa Pecadora arrepentida que, en esa década de los años cuarenta del siglo XVII, va a alcanzar ya en el lugar hondo significado, sacándose su efigie en procesión por las calles. La adquisición de la imagen, y ese desarrollo de su culto en la iglesia franciscana, constituye una evidencia más de los legados promovidos por la devoción de miembros de la comunidad a una determinada advocación que, finalmente, quedará integrada en la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo. En este caso por el gran fervor que hacia ella muestra el licenciado Gonzalo Báez Borges, presbítero sindico del cenobio quién, en el año 1647, por ante el escribano Francisco de Rojas Montiel, decidió instaurar en el templo una festividad perpetua que había de celebrarse cada año por el día de la santa, el 22 de julio (6).

A la decisión tornada por el presbítero no debieron ser ajenas las preferencias devocionales familiares, según se infiere de la propia elección de la advocación que se corresponde con la del nombre de su madre: María Magdalena de Evora. Culto a la Magdalena que no va a quedar desligado de las conmemoraciones de la Semana Santa en Ycod en las que, como norma eclesial generalizada, la incitación a la práctica del arrepentimiento era tema de frecuente utilización en las prédicas desde el púlpito.

En fecha que desconocemos, anterior en todo caso al año 1652, debió ya ampliarse su anual celebración con otra solemne función con sermón y procesión por las calles que cada Lunes Santo se le empezó a hacer también desde el templo conventual. Preferencia piadosa de miembros de la familia Evora que advertimos, asimismo, en la declaración expresa que el propio licenciado Báez Borges hace en el documento de institución de la festividad cuando expresa que si este otorgante o los suyos hicieren o tubieren capilla o altar suficiente se han de hacer o decir las dichas festividades en ellos (7). Previsión que años después hará realidad en unión de su madre.

Antes de tratar de ello, para mejor situamos en el impreciso inicio de su celebración en el Lunes Santo, conviene conocer cierto incidente acaecido en la procesión del año 1652, por venir a ser exponente tanto de la atracción popular que la procesión ya desde esa tiempo suscitaba, como de costumbres sociales que desvelan ciertos comportamientos de la clase acomodada en el Ycod de la época. E 1 hecho fue dado a la imprenta, en el año diecinueve del pasado siglo, por el escritor Gutiérrez López, Cronista Oficial de la Villa por esa época, limitándose a extractar, según manifiesta, lo más sobresaliente de documentos que tuvo a la vista: los autos de apertura de información criminal por los que el alcalde del lugar, Don Francisco Guadrón de Villapadierna, dictó sentencia contra las personas que dicho Lunes Santo procedieron a alterar el orden habitual (9). Breve exposición cuyo desarrollo informa de cómo

El Capitan Don Fernando ale Castro Heredia y Salvatierra para presenciar con más comodidad el desfile de la procesión hubo ale colocar unos asientos en la calle, frente a la plaza mayor (llamada hoy popularmente de la Pila) antes (le empezar el Sermón y salir a la calle la procesión, lo que no fue del agrado del Capitan Don Marcos Lorenzo Granadilla, que en unión de Don Bartolomé Pérez v Don Baltazar Araña exteriorizaron su protesta, que origino seria pendencia en la que intervinieron el Capitán Don Alonso Fernández de Lugo, Regidor perpetuo de la isla v Don Pedro Lugo su hijo.
Salieron a relucir espadas, repartiéndose sendos cintarasos y corno lar sangre de los contendientes. Don Francisco Guadrón de Villapadierna, que ejercía la Alcaldía, se interpuso entre los alborotadores, aquietando los animos con su prestigio y autoridad, pero de nuevo volvieron a lucir las espadas , y de nuevo el Alcalde Mayor, que así se denominaba, ya con menos benevolencia, impuso su autoridad, prendiendo en la corcel a Bartolome Pérez y a Baltazar Araña. Al Capitan Don Alonso de Lugo , y a su hijo Don Pedro y a Don Fernando ale Castro los arresto en sus casas (10).


Dejando entrever el relato que la procesión y función del Lunes Santo se celebraba desde antes de ese año de 1652 y de como también en Ycod tiene repercución social el intento de alterar una costumbre tradicional: la presencia de los fieles en cualesquier tipo de manifestación religiosa. El intento de colocación de asientos en la calle, frente a la Plaza Real, para presenciar el paso del lucido cortejo, significaba una actuación novedosa, inaceptable para la cerrada mentalidad de la época. Viene a constituirse el texto también en valioso testimonio del atractivo que la procesión debía ya ofrecer en su recorrido callejero. Apenas unas décadas después será considerada como la más celebrada procesión del lugar y de las islas, según la apreciación que de ella hizo cl culto religioso Don Francisco Pérez de Amaral(11).

EL CULTO A LA MAGDALENA EN SU CAPILLA

El definitivo impulso al culto de la Magdalena vino a propiciarlo la ya nombrada iniciativa de los Evora, hecha realidad cuando en unión de su hijo el licenciado Don Gonzalo, María Magdalena de Evora, en el costado sur del convento, construye su esplendorosa capilla, en virtud de data que obtuvieron de los padres provinciales el 29 de noviembre de 1658, y colocan en el nicho principal de su retablo las imágenes de Xpto Redentor nuestro sentado en silla y la de la gloriossa Santa María Magdalena, según hacen constar en la escritura de vínculo, con fuerza de mayorazgo, que hicieron en febrero del año 1665, aludiéndo también ala anterior fundación en ella de la prosecion de la Conbersion de la Madalena el Lunes Santo de cada un año para lo gura ay las imaxenes de los doze apostoles todas de talla al natural con sus tunicas y capas de damasco de diferentes colores cada uno con la ynsinia de lag passion que lleva. (12). Como puede apreciarse no se cita al paso titular, de adquisición anterior, trasladado en su momento desde la iglesia del convento a su capilla según la decisión tomada desde la institución de su festividad en el mes de julio. Sólo nombran las doce imágenes del apostolado añadidas a la anual celebración una vez concluida la capilla. A cada una de ellas , sobre su propia parihuela o basa, se la hacia participar en una emotiva y sencilla representación de la que hemos hallado breve referencia en una declaración jurada prestada por el Señor Don Joseph Antonio Soperanis, Venerable Vicario que fue de Ycod y su jurisdicción, en la que hace constar, entre otros varios particulares, que en el día Lunes Santo por la tarde pasó a el Convento del Señor San Francisco de este dicho lugar donde se haze memoria a el vivo, de la Conversion de la Madalena para de allí seguir la procesion en forma de tribunal a la iglesia del convento de reliziosas del Señor San Bernardo (13).

Breve pero sustanciosa referencia que viene a descubrirnos, al expresar que la memoria o rememoración se hacía a el vivo, que la misma se realizaba de la manera "más sensible y dolorosa", que las sencillas acciones de la representación se hacían "con la mayor viveza, con suma expresión y eficacia", si tomamos en consideración las antiguas acepciones del adverbio "al vivo" que recoge el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (14). Ceremonial, que sospechamos debía realizarse fuera de la capilla, en la iglesia conventual o en el claustro ante la puerta de acceso a ella. El espacio que demandaba la movilidad de las doce parihuelas de los apóstoles, el ocupado por el trono del grupo titular, a más del requerido para situar a los fieles, cofradías y los representantes de las comunidades religiosas y de la parroquial, de seguro imposibilitaba el llevarla a efecto en su interior.

Los fundadores y descendientes no escatimaron gastos para alcanzar el máximo lucimiento y solemnidad en la función con sermón y posteriormente en la remembranza y en la procesión por las calles. Si para el desarrollo de la primera sabemos que la dotación de la capilla fue completa y exquisita, con el recubrimimiento adamascado de sus paredes y las numerosasy ricas piezas de orfebrería de plata en su color o sobredora,da con las que se oficiaba y se adornaba e iluminaba el recinto, de las que se da detallada relación en la citada escritura de vínculo; para el ceremonial que evocaba la Conversión de la Magdalena, no debía tampoco, escatimarse detalle alguno que pudiese aportarle realismo y vistosidad a la figura de la Santa titular, mostrándosela engalanada, como era habitual en las imágenes de candelero de mayor devoción, con ricas vestiduras que habían pertenecido a la fundadora o a otras damas de la familia. Curiosa costumbre, documentada ya en Ycod en el año 1579 (15) que, en relación con la Magdalena la hallamos todavía vigente en el de 1799, en el inventario de los bienes quedados de Doña María Keogh y Línch, viuda de Don Luis Fernández, entre cuyas pertenencias hallamos registrada

una tunica de raso azul con flores
encarnadas y verdes, que
expresaron Doña Maria y Doña
Leonor que pertenece a la
Magdalena a quien la sedio la
difunta su madre siendo ropa ele
su uso incluyéndose además en la
relación una mantilla de raso
bordado = una capa de damasco
azul; y una tunica de damasco
morada, con un pelo postizo que
asimismo expresaron pertenece
todo ala citada Magdalena (16).


La vistosidad del trono, en torno al cual transcurría todo el ceremonial, se vió realzado hacia el año 1694, cuando por voluntad de Doña María Magdalena de )vora y Pineda, se le colocó un sitial de tela, similar al que todavía hoy cobija al Santo Cristo del paso de la Cena (17).


Para perpetuar la fastuosidad que en su vida le procuraron a la procesión callejera dejaron dispuesto los fundadores, como obligación forzosa a cumplir por el sucesor o sucesores, el sustentar perpetuamente beinte y cuatro achas blancas de cinco libras cada una y quarenta candeleros blancos de a tres cuartas cada uno y helas de a tres en libra blancas para los eclesiásticos para la prosesion (...) y los quarenta candeleros se an de ensender en el pasxo del santo xpto y la marlalena y altar de dicha nuestra capilla. Precisión en la cantidad de cera y número de luminarias que denota hasta que punto el licenciado Báez Borges atendía a la repercusión social que su procesión tenía, comportamiento traslucido sobre todo cuando específica que las más de sesenta libras que habían de utilizarse en velas, cirios y hachas, fuese del tipo de cera blanca, la cual, a diferencia de la amarilla, calificaba en alto grado, tanto el prestigio de la procesión como el de la familia patronal..

A todo ello, debe agregarse su proceder en la selección del componente religioso, cuya asistencia a la función y procesión debía quedar igualmente garantizada, para realzar el fasto ceremonial tanto en el recinto de la capilla como en la calle, de ahí que el documento contenga también el mandato de que sus herederos continúen con su costumbre de dar al derecho beneficia) tres ducados por la procesion y a la comunidad doze tostones por el acompañamiento =y a la Hermandad del Santísimo Sacramento reste lugar treynta rreales de limosna para gastos de dicha ermandad porque benga a asistir a nuestra prosesion de la marlalena el lunes Santo = y asimismo otros treinta rreales e la ermandad de la sinta del Señor San Agustin por la misma asistencia. Congregaciones que de seguro desfilaban perfectamente gerarquizadas y uniformadas, portando sus correspondientes insignias, cruces, pendones y candeleros blancos. Cuidada organización que, como a continueción veremos, llegó a complementarse con la presencia de representantes de estamentos sociales de la localidad y la isla.

INCIDENTE EN LA IGLESIA DE LAS BERNARDAS

Aspecto del que hallamos constancia detallada en declaraciones de testigos presenciales de un incidente producido en la iglesia del convento de monjas de San Bernardo, donde cada año hacía estación la procesión y donde el paso titular era homenajeado con un canto, a modo de villancico, hecho al intento por las monjas (18). Curiosas declaraciones que nos permiten conocer cómo transcurría la comitiva y de que manera quedaban constituidos los "tribunales" eclesiástico y secular de su organizada presidencia. Por ellas sabemos que una vez terminado el ceremanial que rememoraba el arrepentimiento de la Magdalena, se organizaba la procesión pública, en la que, tras los tronos de las imágenes precedidos por las citadas comunidades, cofradías y hermandades, la presidía, como sacerdote celebranante de los oficios del día, el benefiado Don Joseph de León y Vergara cubierto con la capa que lo distinguía en su función de Preste; detrás de él Su Merced el Venerable Vicario de Ycod y su distrito, Don Melchor Antonio Soperanis, en modo de tribunal como se acostumbra acompañado por los notarios públicos Don Joseph Antonio Afonso y Don Marcos Mederos, quién, como fiscal que era del obispado de las islas, representaba la judicatura eclesiástia. Seguidamente, la representación civil, organizada también a manera de tribunal, ostentando la judicatura secular el Señor Licenciado Don Francisco de Olavarrieta, abogado de los Reales Consejos y alcalde de Ycod, con su escribano y ministros reales.

Después de recorrer la procesión la calle de Borges y un tramo de la de San Antonio, y atravesar la plaza Real o de la Pila, entraron en esta forma en la iglesia del convento de bernardas donde se produjo el incidente cuyo relato recogemos, como lo hasta aquí extractado, de la certificación que a petición del Vicario suscribió el notario público Don Marcos de Mederos, en la noche de dicho día Lunes Santo, diciendo que hecho alto con el Señor y la Santa Magdalena; a que las monxas cantasen un Billancico; vei que el Sacritan de dicho convento trazo una silla y la puso a el lado siniestro del Venerable Vicario que distava como una vara quedándose en pie los señores y el preste sentado en ella; y así no se a practicado en mi tiempo despues que estoy signado a la iglesia; y terminado el dicho Villancico se levanto y se prosiguio la procesion (19).

En la mañana siguiente el Vicario Don Melchor Antonio, al constatar el hecho ante el mismo escribano afirmó que vio traer a el sacristán una silla y luego sentarse el Beneficiado Don Joseph de Vergara quien ybva con la capa: culo acccion es digna de estimarse bien prevenida; y cediendo esto en menosprecio y de que debe resentirse gravemente la jurisdiccion Eclesiástica y por su parte el Juez Real; respecto de que no a sido practica, ynmemorial añadiendo que por ello devia mandar y mandó comparecer a su presencia sujetos que declarasen ayer visto tal accion menospreciativa como si supieren a Ynstancias de quien o quien mando se previniese dicha silla (20).

Entre los llamados a testificar Su Merced hizo comparecer ante si a Juan Oliva, sacristán de la iglesia de San Bernardo, quien después de cumplir los requisitos de rigor declaró que el Beneficiado Don Joseph de Vergara le previno al declarante que así que entrase la prosecion le pusiere una silla en que sentarse como con efecto se la puso y se sento, quedándose los dos Jueces de pie para los que no previno sillas porque no a sido costumbre ni se a practicado ínterin que a estado de sacristan (21).

Oídos los testigos y tomada su declaración jurada el vicario procedió a dictar el correspondiente auto, dictaminando que por quanto el Beneficiado Don Joseph Vergara que iba de Preste en la procesion del Lunes Santo practico la accion de tomar silla (.. ) siendo cosa impracticable en este dicho ligar, motivo por el que hubo una común displicencia a todo el concurso, devia mandar y mandó se le notificase pena de sinquenta ducados de multa y la de excomunion maior y profacto namende no ejecute tal acción hasta que esta cosa se mande por Su Señoría Ilustrísima el Obispo mi Señor (22).

Insólito suceso que, aún dentro de las limitaciones propias de una sociedad restricta como lo era la ycodense del momento, no podía pasar desapercibido, como así vemos que sucedió, a la rígida disciplina socio-religiosa de la época, que controlaba con todo rigor, a más de la organización gerarquizada, los mínimos detalles protocolarios cuyo estricto cumplimiento evitaba pleitos como el presente y repercutía favorablemente en el prestigio de la familia patronal (23). De ahí la drástica y pronta decisión tomada por el Vicario en contra de la actitud del Beneficiado Vengara quién, desoyendo la pena que le fue impuesta, vuelve a repetir su desatinado proceder, como en su lugar veremos, durante la estación que la solemne procesión de Clérigos, también acompañada por ambos tribunales, hacía en la iglesia de las monjas en la tarde del siguiente día Martes Santo.

Actitud del Beneficiado Vergara que además violaba un antiguo mandato, destinado a los patronos eclesiástico y seglar del monasterio, del obispo Don Bernardo de Vicuña y Zuazo, dictado en el año 1701, precisamente para evitar pleitos. En el mismo prohibía poner silla en la iglesia, pudiendo solamente hacer uso de ella, en la elección de abadesa y en las profesiones de monjas, nuestro Vicario o la persona a quien se diese nuestra comision porque entonces hace el oficio de Juez y como a tal le toca dicha silla (24).

La función solemne en la capilla, la rememoración de la Conversión de la Magdalena y la procesión de las imágenes desde el convento, mantuvieron su esplendor a través del tiempo. Su larga andadura devocional, paralela a la de la comunidad franciscana, se vio alterada como la de aquella, por la intensa perturbación que las costumbres y las tradiciones del pueblo experimentaron a consecuencia de la exclaustración de los frailes. La imagen de la Magdalena, titular de la capilla, depositada por un tiempo en la parroquial, halló finalmente acomodo en el oratorio de la casa patronal en la calle de San Antonio, donde aún se sigue custodiando. La del Cristo sedente, por circunstancias que desconocemos, fue trasladada, al templo de Nuestra Señora de la Luz, en Gula de Isora, antes del año 1853, según consta en una relación de las mejoras efectuadas en el templo cuando era párroco Don Juan Espinosa y Salas. En la remisión que de la misma hace al Obispado incluye un gran Señor Predicador que vale más de cinco onzas (25). En el templo isorano sigue recibiendo culto ocupando un sobrio retablo situado en la nave del Evangelio, siendo allí venerado con la advocación de El Señor Predicador.

EL SANTO CRISTO DE LA INSPIRACIÓN


La adquisición de la escultura del Santo Cristo Crucificado que, en altar y retablo propios, presidió la sala de entierros y sacristía de la capilla de la Magdalena, desde la fecha de su apertura al culto, la llevó a efecto el capitán Marcos Estévez Borges, quien la debió depositar en la iglesia del convento, o a ella llevarla por los días de su festividad, antes del año 1651, en cl que la hallamos citada por vez primera en una manda testamentaria en la que la viuda de Andrés de Carminatis, Ana Morena, ofrece sinco misas a la ynspiracion de jesuxpto (26). Denominación primigenia de la efigie como Santo Cristo de la Inspiración mantenida en cuantos documentos a ella se refieren durante las primeras décadas de su traída a Ycod (27), pasándose tiempo después a nombrarla, impropiamente, Cristo de la Espiración, o, i1^,p:.i.a.nine^ke, Cr,'stu J~it.. Una sirrepie v-isidn u'c la escultura advierte que su autor el imaginero de origen flamenco, afincado en Sevilla, José de Arce, recreó en ella el momento de la última inspiración, el justo instante en el que Cristo, con apasionado giro de la cabeza hacia la altura, llena sus pulmones de aire antes de exilar su postrer suspiro, antes de expirar. Aspecto magistralmente conseguido por su creador, advertible en lo inflado de su tórax, lo que le procura esa admirable sensación ascendente a toda la composición (28).

Denominación originaria de la que dan razón también los propios patronos en su documento de fundación de vínculo, con fuerza de mayorazgo, que instituyeron en el año 1665 por ante el escribano Don Carlos de Montiano, en el cual no dudan en poner la capilla como pieza principal y joya mas pressiosa, especificando en su relación de pertenencias: y en el altar del entierro una ymaxen de talla de la ynspiracion de xpto. Redentor nuestro (29),

La integración procesional de la imagen en las celebraciones de la Pasión tuvo inicio en fecha anterior al año 1656, según se infiere de una declaración posterior en la que dice su comitente, el nombrado Capitán Marcos Estévez Borges que io he tenido devocion de hacer como con efecto lo e hecho machos años ha la prosesion de la espiracion dexpto nuestro Redentor y Señor el Viernes Santo al amanecer de cada un año por el claustró y el compas del convento, declarando más adelante que el patrón o patronos que nombrase en su última disposición por escritura de donación irrevocable, tendrían obligacion de tener las insignias del Santo xpto y la Virgen Nuestra Señera de la Soledad (30). Dando a entender que desde sus primeras procesiones claustrales salía ya el Cristo acompañado de la imagen de la Virgen de los Dolores, por él nombrada Nuestra Señora de la Soledad, a la que los frailes daban culto en su iglesia. A ella debió estar destinada la manda pía de siete misas al Destierro de Nuestra Señora que junto a las cinco antes mencionadas destinadas a la Inspiracion de jesuxpto dejó instituidas perpetuamente la viuda de Andrés de Carminatis. Misas al Destierro de la Santísima Virgen en su Dolor para cuya celebración se exigía un determinado número de velas. Antigua devoción, cupo origen se remonta al siglo XV, que para Manuel Trens tenía un cierto sabor supersticioso, no obstante lo cual se les dio entrada en nuestros misales (31).

Para ampliar el recorrido procesional de ambas imágenes por las calles elevó solicitud el licenciado Báez Borges al Obispo de Canaria Rodrigo Gutiérrez de Rozas el día 9 de agosto de 1659, aprovechando su visita a Tenerife, lo que confirma que las procesiones por el claustro y compás del convento se realizaban desde fecha anterior. En dicha solicitud le notificaba también al obispo la voluntad que un devoto tenía de ampliar su recorrido por las calles que les beneficiados señalaren, dándole además a conocer, para que no pusiese obstáculo alguno al deseo de su pariente el devoto capitán instituidos de la misma, que para dicha procesion no se a de pedir limosna a el pueblo ni causarle costo alguno a el comun por que el devoto que hace esta procesion ofrece los costos necesarios a el convento y pagar los derechos a la parroquia (32).

La iglesia del convento fue pues desde un principio el recinto que acogió las esculturas de la Virgen de los Dolores y del Santo Cristo Inspirante, ésta, al menos, por los días de sus celebraciones anuales. En dicho templo se las celebraron hasta el año 1665, en el que se concluyó la capilla de la Magdalena y su sala de entierros, a la que fue trasladado ocupando en ella sitio preferente con altar y retablo. Ello motivó que pasara a protagonizar cada Viernes Santo una de las más solemnes funciones de las anualmente celebradas en el espléndido recinto, el cual quedaba enteramente cubierto de damasco carmesí por esos días de la Semana de Pasión.

LA IMAGENDELA VIRGEN DE LOS DOLORES

La imagen de la Virgen debía ser en ocasiones trasladada también a la capilla, según lo da a entender la gran devoción que le profesaba Estévez Borges. Sin embargo, aunque pudiera ser anterior, su definitiva entronización en su sala de entierros, en la que llegó a tener altar propio, no la hallamos registrada hasta el mes ele enero del año 175D en una manda de misas que determina se oficiasen en su altar de la capilla de la Magdalena (33). Dos décadas antes, aunque sin hacerse mención expresa de la capilla de los Evora, ya el capitán Silvestre Pérez Agüin había dL1ado instituidas seis misas cantadas que habrían de decirse los Viernes de Cuaresma en el altar y capilla de Nuestra Señora de los Dolores, a lo cual le movía su profunda devocion ala imagen.

Otra serie de mandas de misas que se le destinan ponen en evidencia la gran atracción devocional que por esta imagen de la Virgen Dolorosa tuvieron también los ycodenses. Arraigado fervor por la Señora en su Dolor iniciado apenas superada la etapa poblacional con el culto que dieron a la Virgen titular de la fundación hospitalaria del lugar, advocada de los Dolores, potenciado luego en la iglesia del convento de bernardas donde la imagen quedó depositada. Servicio consolidado durante la mitad primera del Seiscientos, como en su momento comentamos, con el ofrecido a la Virgen de la Soledad en el templo agustino y, algo después, con el dado a Nuestra Señora de la Pasión, imagen tallada por Martín de Andújar para la procesión penitencial del Via Crucis de la parroquial de San Marcos, cuyo culto , con la dotación del nombrado palio a la primera, y la integración de la segunda en los populares ceremoniales y encuentro del Viernes Santo, quedó plenamente inmerso en la actividad barroca que en la población se imponía. Prolongada devoción al dolor de María que vincula también como hemos visto a la Virgen del convento franciscano, en ocasiones nombrada de los Dolores y en otra de la Soledad, veneración que, intuimos, superó incluso a la dedicada al propio Cristo Inspirante. De la misma hallamos expresiones tan significativas como la contenida en el testamento del clérigo presbítero Don Joseph García de León, en el año 1746, al imponer una limosna perpetua, para que después de su fallecimiento el Síndico Apostólico del convento francisco de Ycod, donde mandó ser enterrado, tuviese obligación de sacar por la calle por la mañana como a sido y es costunbre en el dicho lugar para el mayor culto de la Santísima Virgen y devosion de todos los fieles por la grande y firme devosion que e tenido y tengo de la saneta ymagen en el tiernísimo passo del christo vivo (34). Sembrando en la última frase la duda de si ambas imágenes se habían integrado en un solo paso, siguiendo los hábitos barrocos, o la expresión alude al pasaje de la Pasión que la procesión rememoraba.

Por la repercusión devocional que en el siglo XVIII tendrá, no nos resistimos a dar noticia aquí de la voluntad de Don Gabriel Hurtado de Mendoza, cuando impone a sus herederos, en su testamento, ser obligados perpetuamente mandar a desir los días en que se celebran los dolores ale María Santísima que se venera en el convento del Señor San Francisco (...) una misa cantada con responso que se ha de desir descubierta dicha Santísima Imagen aplicada por mi alma y la de mi mujer y nuestros difuntos (..) en atencion a que dicha Santísima Imagen como propia del convento me la sedio e yso data (35).

La cesión a Don Gabriel debió venir motivada por su demostrada voluntad de fabricar capilla en el convento y colocar la imagen de la Virgen como titular de ella. Sin embargo, desavenencias surgidas entre el convento y la casa de Evora por el derecho de posesión de la escultura prolongaron en demasía la intención del promotor cuyo fallecimiento enfrió temporalmente la tensa situación. De las posteriores actuaciones de los herederos de Don Gabriel, intentando cumplir con lo dispuesto en su última voluntad, trataremos en su momento, bástenos saber ahora que, pese a su insistencia, la imagen permaneció recibiendo anual culto en la capilla de los Evora.

La exclaustración de los frailes acabó definitivamente con su culto en la capilla y con su procesión por el claustro y el compás del convento. Años después, en noviembre de 1839, el beneficiado rector de la iglesia de San Marcos, Don José María Ferrer Gómez, le extendió al por entonces heredero del vinculo Don José Fernández Linch, un recibo de recepción en el que reconoce que como dueño de las imagenes de! Señor Crucificado, conocido con el nombre rae Cristo Vivo, y la Magdalena que tenía en su capilla del estinguido convento de San Francisco (le este Pueblo, las ha puesto en la Iglesia de mi cargo con objeto de que se les de culto (36).

A diferencia de las del Cristo y la Magdalena la imagen de la Virgen de los Dolores no fue entregada en depósito a la parroquial, Don José Fernández Linh decidió traspasarla al templo a perpetuidad, decisión influida quizás por la dudosa pertenencia de la efigie, segun consta en informe remitido en el año 1870 por el beneficiado de San Marcos, Don José Ana Jimenes, al Muy Ilustre Señor Gobernador Eclesiástico, dándole cuenta de la justa reclamación que hacía Don Eugenio Linch Delahanty, hijo legítimo de Don José, de la mayordomía de las dos imágenes del Cristo y la Magdalena., exponiéndole que tuviese a bien acceder a la peticion que considera justa precisándole que esta es tanto mas aceptable, cuanto que Don Eugenio no trata de separar las mencionadas imágenes ale la parroquia de mi cargo, sino colocarlas en el mismo altar en que se halla la virgen de los Dolores, que dono a la misma parroquia su difunto padre (37). El altar que menciona debe ser con toda certeza el construido por ese tiempo en la antigua capilla de San Francisco, la primera de la nave del Evangelio, la cual , por haberse colocado en ella la Virgen pasó a ser conocida como Capilla de los Dolores.
La noticia del beneficiado Ana Jimenes al Gobernador Eclesiástico, es también el último registro, hasta el presente conocido, en el que se menciona la Virgen Dolorosa del convento francisco.

EL PASO DE LA CENA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

La hermandad del Santísimo Sacramento debió ser fundada en el templo de San ;Marcos en fecha cercana al año 1515 en el que la todavía pequeña capilla dedicada al Evangelista fue elevada a la categoria de parroquia y la inquietud socio-religiosa de sus fieles se ve respaldada por un aceptable desarrollo económico. El primer registro que la nombra, suscrito en el año 1540, corresponde a una limosna de dos reales que el tonelero Juan Domínguez le destina en su testamento (38), adquiriendo cierto impulso en la segunda mitad de ese siglo XVI en el que los dictados consiliares de Trento comenzaban a introducirse en las comunidades parroquiales de nuestras islas, aspecto significado en el amplio número de mandas que recibe y en la notable serie de tributos que se le destinan, puntualmente anotados en el libro derelaciones de la iglesia(39) .

Consecuencia lógica es la pronta e intensa integración de la Hermandad Sacramental en el rosario devocional del lugar, procediendo cada Jueves Santo en la solemne función del día, participando en el simbólico lavatorio de los pies a uno de los Hermanos y en la procesión bajo palio de la Forma consagrada hasta dejarla depositada en la urna del Monumento que anualmente en la parroquial hacían (40). Sin embargo, no llegan a materializar su deseo de extender al exterior del templo dicho culto. Va a ser también en este caso la devoción de un particular la que finalmente hará realidad la aspiración de la Hermendad de disponer de imaginería de culto propia con la que prolongar a las calles su fervor por la Eucaristía. La personal atracción que por la Sagrada Forma sentía Doña Magdalena de Evora y Pineda (41) la llevó a encargar un grupo de la Santa Cena de Cristo, para cuya procesión por las calles había obtenido licencia del prelado de las islas Su Señoría Ilustrísima Fray Juan de Toledo. En fecha anterior al año 1662 se inició el traslado del paso desde su casa al templo de San Marcos donde la Hermandad participaba en la solemne función del Jueves Santo y por la noche en su recorrido callejero (42). La inquietud religiosa de Doña Magdalena la había llevado también a solicitar del Obispo licencia para hacer y fabricar una ermita dentro del lugar (...) a devocion de la gloriosa martir Santa Lucia (43), la cual empezó a construir frente a su morada, situada en la esquina de las calles de San Antonio y del Hect), en un solar cedido gratuitamente por sus primas Doña Ana y Doña María Aguiar Borges, junto a ella, también graciosamente, le cedieron algo más tarde otro pedacillo destinado a huerto y a una dependencia que haría las funciones de sacristía y camarín. Fábrica que se hallaba ya acabada en el año 1665, según la propia fundadora hace constar en la escritura de su dotación (44).

Desde la Semana Santa del siguiente año dio comienzo el anual traslado procesional del paso desde la ermita a la parroquial por la calle de San Antonio y la Plaza Real. Doña Magdalena, en el mandato de cesión del trono a la Hermandad, suscrito en el año 1674, así lo hace constar: ahora quiero y es mi voluntad que después de mi fallecimiento hago grassia y limosna del dicho passo a la ermandad riel Santísimo Sacramento deste lugar y al prioste y maiordomos que sonyfueren della para que lo rijan gobiernen v administren como cossa suya (...)Yen el interin que dicha ernumdad no aze su sala se a de guardar el passo en las cassas de mi morada y a de salir de mi ermita de Santa Lucia como asta aquí (45).

Con la Santa Cena, grupo esculpido por alguno o algunos de los seguidores insulares de Martín de Andújar, se introdujo en la jornada pasional del Jueves Santo de Ycod el modelo de paso compuesto por varias figuras. En él, la linea vertical que domina en los de los Crucificados y en los de una o dos figuras, queda sustituida por la horizontal que impone el grupo de trece esculturas distribuidas en torno a la mesa rectangular, utilizándose como fondo una sencilla escenografía compuesta por cortinajes que cuelgan desde un baldaquino y se recogen a los lados, dejando visible, tras la figura de Cristo, un Agnus Dei de madera tallada y policromada, centrando un círculo formado por rayos plateados dispuestos a modo de sol. Elegante solución, imitada en otros pasos, que le procurará mayor altura y lo hará más visible y atractivo.

LA PROCESIÓN DE LOS SEÑORES CLÉRIGOS

El otro tema carismático del culto al arrepentimiento, que también quedará integrado en la parcela devocional de los ycodenses en la segunda mitad del Seiscientos, fue el propalado por la Iglesia con la denominación de Lágrimas de San Pedro, pasaje de su predilección que se sabe introducido ya en Tenerife antes de la mitad del siglo XVII, según se supone, por la Confraternidad de las Lágrimas de San Pedro constituida hacia el año 1644 en la iglesia de la Concepción de La Laguna, con indudables reminiscencias de la cofradías gremiales, desde cuyo templo se extendería a otras comunidades parroquiales de la isla que, como la de Ycod, asimilaban con prontitud dictados de la Contrarreforma (47).

El grupo esta integrado por las figuras de Cristo Preso y San Pedro, la primera de pie, sujetos sus pies por grilletes y amarradas sus manos con soga que desciende desde el cuello. La segunda arrodillada a su izquierda. Equilibrando el conjunto, posado sobre un tronco de árbol situado en el lado opuesto, la simbólica figura de un gallo como alusión a las negaciones del apóstol. Conjunto que no queda tampoco excento de la común teatralidad barroca que venirnos señalando como expresión clara de influencias andalucistas que a la isla llegan.

La fecha de fundación de la Confraternidad de sacerdotes en la iglesia de San Marcos o, por lo menos, su actuar como colectivo, se sabe anterior al año 1655. En él, Don Gaspar Pérez de Macla, Vicario y Comisario del Santo Oficio, instituye a perpetuidad una misa cantada al Señor San Pedro en la iglesia de San Marcos leste lugar en su capilla y se pague de limosna (48). Algunos de sus miembros, vinculados directamente al templo, una vez concluidas sus obras de ampliación, procedieron a acondicionar como capilla una amplia dependencia rectangular situada bajo el coro para en ella acoger la insignia del Nazareno y las otras tres de la procesión del Via Crucis y procurarles adecuado culto por los dias de la Cuaresma y de la Semana Santa. Grupo de licenciados en Sagrada Teología cuya estancia peninsular, principalmente en la ciudad bélica, como en su momento y lugar expusimos, en absoluto debió ser ajena a la introducción del ideario barroco costumbrista en el lugar (49). Indicábamos asimismo que la demostrada predilección de sus miembros por esa su capilla del Nazareno era advertihle también en el hecho de haber colocado en ella la efigie de su amantísimo padre San Pedro, dato constatado en el codicilo de Gonzalo Baez Borges, el nombrado licenciado cuya continuada inquietud por el devenir piadoso de la localidad queda también aquí confirmada cuando dispone que se de a laymagen de nuestro padre San Pedro una sotana de tafetan suya y una sobrepelliz y bonete para lar imazen ques la que esta en JesusNazareno (50).

En fecha cercana debió producirse la adquisición de las imágenes del grupo destinado al culto de las Lágrimas de San Pedro en el Martes Santo de cada un año. Las analogías técnicas y morfológicas de la escultura de su Cristo con las del Señor sedante que acompaña a la Magdalena en el paso de su conversión, parecen fijar su ejecución hacia los años sesenta de ese siglo XVII en los que éste fue tallado. El inventario del templo realizado en el año 1680, el más cercano conservado, nos sirve para confirmar la existencia desde época anterior de las insignias de Nuestro Señor preso, de San Pedro y de otra imagen de las lagrimas de San Pedro (51).

Por las últimas voluntades que en su testamento del año 1735 expresa el licenciado Don Manuel Pérez Dominguez Rijo, también llegamos al conocimiento ele que fue la Confraternidad de Sacerdotes la encargada de cuidar el paso desde su fundación dado que declara que desde ese entonces era hermano de la misma. Su entrega a la dotación y cuidado de las insignias, queda asimismo reflejada en el documento, siendo todavía por esa fecha custodio de la túnica que mandó a buscar a España para el Señor de la soga al cuelo que sale en el paso del Martes Santo en las lágrimas de mi amantisimo Padre San Pedro, a quien también le compre tunica y capa de raso como las caídas y sitial de damasco morado con los demos aparatos de la parihuela en que sale dicho Señor ele la soga al cuello (52).

Las pertenencias del paso adquiridas por el licenciado Pérez Rijo, guardadas durante el año en un baúl que adquirió para ello, fueron entregadas a la confraternidad por voluntad suya. Cuando finalizaban los solemnes cultos del Martes Santo el mayordomo, elegido anualmente por los hermanos eclesiásticos, estaba obligado a guardar las vestiduras en el baúl y entregar la llave a uno de los beneficiados del templo, con objeto de que no se prestaran (53). La costumbre se mantuvo hasta la extinción de la confraternidad, haciéndose cargo la parroquia de seguir celebrando su función y procesión cada Martes Santo. Solemnidades que se han ejecutando sin interrupción hasta el presente, a tenor de lo reflejado en los libros de gastos de la iglesia, en los que los de la procesión de las lágrimas y lo abonado al predicador encargado de su sermón anual, quedan recogidos desde el año 1845 (54).

El escudo de armas del apóstol ha venido siendo utilizado en distinto tiempo para decorar diferentes elementos funcionales o meramente decorativos en la parroquial de San Marcos. Todavía hoy podemos hallarlo centrando la barroca decoración de un juego de atriles de mesa de plata repujada, labrados en el Setecientos: en el coronamiento central de la sillería del coro donde se sitúa el sillón episcopal: y dando remate a los también neoclásicos canceles de las dos portadas del templo. En todos ellos las dos llaves cruzadas a manera de aspas bajo la tiara papal que lo componen, testimonian la continuada entrega que los clérigos de la confraternidad tuvieron a su santo patrono.

Desde un principio la procesión de los señores clérigos entraba en el convento de las monjas de San Bernardo donde era homenajeado el paso con el canto de un villancico, momento de recogimiento, solemnizado por los cantos monjiles, escandalosamente alterado en su estación procesional del año 1752, al repetirse en la iglesia del convento el incidente acaecido el día anterior, Lunes Santo, cuando en ella se entró la procesión de Lágrimas de la Magdalena, el que ya en su lugar comentamos. Las declaraciones de testigos recogidas en los autos de este otro suceso van a permitirnos conocer aspectos del incidente y de la propia procesión, siendo también ahora el notario del obispado quien nos de cuenta de ello, absteniéndonos de recoger los prolegómenos por su similitud con los del día anterior. Dá a conocer como el día dieciocho de marzo por la tarde aviendo salido de la parroquial (..) la procesion de lagrimas del Señor San Pedro y entrado en la iglesia y convento de Relixiosas del Señor San Bernardo que dista de la parroquia a este como de veinte a trenta pasos mas a menos y haciendo alto en ella mientras por las monjas se procedía al canto de un villancico, corno en el día precedente volvió a sentarse el beneficiado Don Joseph Antonio de León sin que se sentase persona alguna mas -aclesiastica, secular ni regular - mandándole por tres veces recado el vicario al ver esta ación tan menos preciativa para que abandonase dicho puesto de Preste que no le correspondía por serlo en dicho día el Vble, Beneficiado Rector, quien, por la intromisión del dicho, había quedado en la parroquia. Desoyendo tales recados, a la tercera vez Su Merced en alta voz se lo intimo y no moviendose y quedándose en su contumasia le protezto se portase como tal v dando de mano a todo se levanto el dicho Beneficiado y le dijo a Su Merced: no savia lo que mandaba, por lo cual visto lo contenido me mando hiciese tocar las campanas Ysaliendo yo el dicho a ejecutar lo que se me mando me volví sin ejecutarlo por no hallar pronto al sacristan ale dicha Parroquia y viendo Su Merced que el dicho Beneficiado seguía en la procesion y que las dos Relixiones francisca y agustina la querían desamparar y todo el mas del concurso, por evitar mayor tropelía dijo en alta voz al Reverendo Padre Guardian que le dava su facultad para que le absolviese, a que respondio dicho Beneficiado que no tenia ale que y luego prosiguiendo dicha procesion se separo Y volvio a la dichaparroquial (55).

En su declaración el prebítero Don Francisco de Cáceres, después de testificar el hecho de similar manera , añadió que el beneficiado prosiguio en toda la procesion con grandisimo escándalo de todo el pueblo. En la versión de lo acontecido coinciden todos los testigos, pese a ello queremos dejar constancia de un aspecto de la hecha por el también presbítero Don Nicolás Duamel Borges en el punto que precisa que la procesion de lagrimas ale mi Padre San Pedro con la insinia ríe Christo...transita por dentro del monasterio de mi Padre San Bernardo , insistiendo, como vemos, en lo manifestado por el vicario cuando dice que entraba la procesión en la iglesia y convento de Relixiosas, lo cual hace pensar que la misma debía recomer parte del claustro o del jardín, además de su templo.

El trayecto que la procesión realizaba por ese entonces, como era frecuente, incluía la parte alta de la población, discurriendo por delante del convento franciscano. A partir del año 1775 comienza a hacer estación en la capilla de los Dolores, engalanada al efecto con idéntico aparato y cera que c1 día de la Virgen, lo cual incluía infinidad de candeleros, bujías, velas y hachas cn los altares, el arco y la araña, según disposición expresa de los patronos fundadores de dicho templo (56). Privilegio que la familia Hurtado de Mendoza concedió a la Confraternidad de Lágrimas de San Pedro por la excelente recepción que anualmente le hacían a su procesión de los Azotes en su estación en la parroquial, donde era recibida y homenajeada con el adecuado ornato y luminarias, superándose los clérigos en su dedicación al emotivo acto que allí le celebraban.

Ycod, febrero ele 2002

NOTAS:

(1) Fray Andrés de Abreu: Vida del Venerable Fray Juan de Jesús, religioso lego de la Orden de N. P, San Francisco de la provincia de San Diego ale Canarias, Madrid, 1701.

(2) De ello hemos tratado en. Celebraciones del Jueves Santo en Ycod en los siglos XVI v XVII. Las primeras congregaciones y su imaginería de culto. En el numero de esta colección correspondiente al año 1999,p.8.

(3) Fray Andrés de Abreu. Obra citada, p. 59.

(4) Pedro losé I'radillo y Esteban: Arte y Religiosidad Popular en la Contrarreforma. Guadalajara, 1996, p. 47.

(5) Archivo Histórico Provincial ale Santa Cruz de Tenerife (A.H.P.S.C.T.). PN. 2515, f273. Escribania de Francisco de Rojas Monticl, 5 de mayo de 1642. Vid. Domingo Martinez de la Peña. El convento del Espíritu Santo del cod. Ycod de los Vinos, 1997, p.76.

(6) Archivo Histórico Municipal de Ycod (A.H.M.Y.) Protocolo tic Francisco de Rojas Monticl, f. 724v. Ycod, 21 de septiembre de 1647.

(7) Ibiden, f. 725.

(8) Emeterio Gutiérrez López, La procesión de la Magdalena. La Comarca. Semanario de Intereses Generales, N' 1. Villa de Iood, domingo 20 de abril de 1919.

(9) Aunque no hemos hallado l os correspondientes autos en el protocolo del escribano de Ycod que certificó los incidentes, no nos ofrece duda alguna la veracidad de los mismos. En otro documento, fechado en el mes de mayo de ese año, apenas un mes despucs de ocurridos, se incluye un listado de personas que prestan ayuda para cierta obra del convento de bernardas, entre los cuales aparecen incluidos la mayor parte de los personajes que Gutiérrez López cita, ocupando los cargos, titulos o profesiones que el autor transcribe. A.H.P.S.C.T. I'N.2521, 9 de mayo de 1652.

(10) Emeteri o Gutiérrez López. Articulo citado.

(11) Opinión contenida en testificación que prestó el Doctor Amoral en pleito promovido contra el inmediato sucesor del vinculo. A.H.P.S.C.T. PN. 2690, s/f. Cuaderno del año 1680. Cit. Domingo Martinez. de la Peña. Obra citada, p.80, nota 1.

(12) A.H.P.S.C.T. Escribania de Don Carlos de Monliano. PN.2528. Escritura de fundación de vinculo, con fuerza ríe mayorazgo, suscrita por Maria Magdalena de Evora, viuda ríe Melchor Díaz Delgado, y el licenciado Gonzalo Baez de Evora, su hijo legitimo, el día 26 de febrero de 1665.

(13) Archivo Diocesano de Tenerife (A.D.T.) Documentos sin clasificar.
Documento fechado el 28 de marzo de 1752, relativo a incidente
ocurrido en ha iglesia del convento de monjas de San Bernardo.

(14) D.R.A.E.L. Decimonovena edición (1970) Pág, 1350_

(15) Entre las mandas del mismo, hallarnos la más antigua referencia que conocemos de tal costumbre cn Ycod, cuando destina una tic sus prensas de vestir a una imagen de nuestru señora que esta en la iglesia de Sed ar San Marcos una suya de ruso colorado guarnecida con terciopelo verde quetengo.

(16) A.H.P.S.C.T. Escribanía de Agustín González Yanes y Sopranis: Inventario realizado el día 15 de febrero de 1799., en presencia del Señor Alcalde Real del lugar, cl Señor Don Agustin Jorge Rodríguez, y la hijas de la difunta, Doña María y Doña Leonor Fernández, Linch.

(17) A.H.P.S.C.T. Escribanía de Don Carlos de Monti ano, PN.253 1. Codicilo de Maria Magdalena de Evora, 13 de mayo de 1674.

(18) A.D.T. Documentos sin clasificar. Autos promovidos por motivo de un incidente acaecido en la iglesia de monjas bernardas durante la estación de la procesión de la Magdalena. Declaración de testigos y certificaciones de los Notarios públicos Joseph Antonio Afonso yMarcos Mederos Padrón, efectuadas en Ycode los dias 27 y 28 de marzo de 1752.

(19) Ibiden. Certificación hecha por el expresado Notario Público, en la noche del 27 de marzo de 1752, dando fe de lo acontecido según le demandó el Venerable Vicario del lugar.

(20) Ibiden. Declaración practicada por el Vicario de Ycod
el dia 28 de marzo de 1752 ante el N otario Marcos M cdcros Padrón.

(21) Ibiden. Testificación juramentada prestada por Juan Oliva, sacristán del covento del Señor San Bernardo.

(22) Ibiden. Auto dictado por el Vicario el día 28 de Marzo de 1752. A continuación del mismo queda constancia de habersele comunicado, ese mismo dia, la resolución al Beneficiado Vergara.

(23) Frecuentes fueron a lo largo del Antiguo Régimen los conflictos ocasionados por caprichosas alteraciones de las normas protocolarias como la comentada. Sonados fueron también, en diferentes épocas y lugares, los surgidos entre instituciones civiles y religiosas por entender que se alteraba el orden de su colocación en ceremonias. Hechos que hallamos documentados en nuestras islas a partir del año 1581. Al respecto vease Fernando Gabriel Martín: La fiesta de la muerte. El túmulo de Ana de Austria en la catedral de Lus Palmas 1581. XL coloquios de Historia Canario Americana. 1994 .T.1, p.391. Las Palmas, 1996.

(24) A . H.P.S. C. T. Legajo 585. Fundaciones y Mandatos. Bernardas de Ycod. Mandatos del obispo Don Bernardo de Vicuña y Zuazo, dictados en Ycod el 16 de noviembre del 601.

(25) A.D.T. Caja delnventarios, Ill. Cit. Domingo Martínez de la Peña: El convento ... p. 90.

(26) A.H.PS.C.T. PN. 2520. f. 675v. F.scribínia de F. de Rojas Montiel, Ycod, 22 de mayo de 1651.

(27) Ejemplo también significativo lo hallamos en el documento de la institución, en el año 1661, de la festividad del Triunfo de la Cruz por Baca Borges en su capilla. En él se recoge que dicho dia 16 de julio los religiosos quedaban también obligados de hazer prasesion por el claustro y en ella un de llehur el santo Christo de la Inspiracion. A. H. P S. C.T. Conventos C-25-2.

(28) Aspectos historicos y crtisticos de esta escultura los tratamos ampliamente, en el número del año 1991 de esta revista, en el estudio que titulamos. El Cristo de la Expiracirin...posible obra del flamenco José de Arce. En el, cl interesado podrá hallar las correspondientes citas documentales y bibliogrficas.

(29) A.H.P.S.C.T. PN 2528. Eso. de IJ.C:rlos de Montiano, Ycod, 26 de febrero de 1665.

(30) A.H.P.S.C.T. Conventos 25-2. Ese. de Juan Machado, declaración hecha en Ycod cl dia 4 deenero de 1684,
(31) Manuel Ticas: Iconografía de la Virgen en cl Arte Español. Madrid, 1996, p.20S.

(32) Archivo Morales Montesdeoca. Ycod. Fondos de la Casa de Aguiar. Documentos, sin ordenar, suscritos por el licenciado Gonzalo Báez Borges.

(33) A.H.P.S.C.T. PN.2591. Ese. de Juan José Sopranis, 1763. Test. de Francisco Glez. Luis.

(34) A.H.P.S.C.T. PN.2351. Ese. de Luis de San Juan ¡'inelo, Ycod, 31 de enero de 1746.

(35) A.H.P.S.C.T. PN.2592, f. 675. Escribanía de. Juan José Sopranis Montesdeoca Testamento de Don Gabriel Hurtado de Mendoza, Ycod, 20 de noviembre de 1764.

(36) A.D.T. Caja 541, doc.2. Texto contenido en petición elevada por Don Eugenio Línch al Gobernador Eclesiástico, fechado en la Villa de Ycod e121 de febrero de 1870.

(37) A.D.T. Caja 5,11, doc 2. Petición remitida desde Ycod el 22 de febrero de 1870.

(38) A.H.P.S.C.T. PN. 2463, f. 495. Testamento efectuado el 18 de abril ante Gaspar Martín.

(39) Archivo Parroquial de San Marcos de Ycod (AP.S.M.Y). Libro de Relaciones de Memorias y Tributos. Relación de tributos de la Cofradia del
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jueves, 22 de febrero de 2007
23 de Febrero

El día 11 de Marzo se celebrará en nuestra Diócesis de Tenerife la Jornada de Hispanoamérica, que cada año dedica en la Iglesia de España a hacer memoria e impulsar los vínculos de fraternidad y comunión con las iglesias del continente hermano. Con ese motivo ya llegado a nuestras parroquias el material informativo.
Este año concurren dos importantes eventos para recordar. Por un lado la celebración de los cincuenta años de la ordenación de los primeros sacerdotes de la OCSHA en el seminario Hispanoamericano y, por otro, la preparación de l V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, convocada por el Papa Benedicto XVI en el Santuario de la Aparecida, Brasil, y que inaugurará su primera visita a América Latina. Del lema de la Conferencia se ha tomado el lema para la Jornada: “Llamados a ser discípulos y misioneros en América”.
AMERICA/ESTADOS UNIDOS - “El amor es la única luz” lema de la Colecta que se realiza al inicio de la Cuaresma a favor de las Iglesias de Europa Central y Oriental, para sostener seminarios, iglesias, proyectos de evangelización

Washington (Agencia Fides) - “El amor es la única luz” es el tema de la Colecta del 2007 que realiza la Iglesia en Estados Unidos para ayudar a las Iglesias de Europa Central y Oriental. El tema de esta año está sacado de la Encíclica del Santo Padre “Deus Caritas est”: El amor es una luz - en el fondo la única - que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar” (n.39).
“Cuando los católicos de Estados Unidos contribuyan en la Colecta del 2007 a favor de las Iglesias de Europa Central y Oriental - se lee en la nota de presentación - estarán contribuyendo a construir parroquias en lugares muy distantes, desconocidos, como Magadan o Rusia, lugares donde los prisioneros de los campos de trabajo, realizaban rosarios con la miga de pan”. Gracias a esta colecta se apoyan seminarios, servicios sociales, centros pastorales, se construyen o se renuevan iglesias y se ayuda a la propagación del Evangelio a través de los medios de comunicación social.
La Campaña se realizará en todas las parroquias hoy Miércoles de Ceniza o bien el próximo domingo 25 de febrero, primer Domingo de Cuaresma.
Esta colecta comenzó en Estados unidos en 1991, poco después de la caída del comunismo en Europa Oriental, con el fin de ayudar a las reconstrucción de estas Iglesias que durante mucho tiempo sufrieron persecución. Desde entonces se han apoyado más de 3.500 proyectos de la Iglesia en 25 países. Pero muchos de estos países continúan experimentando problemas económicos. Por ello, si bien se ha hecho ya mucho, queda todavía mucho por hacer, afirman los organizadores de la Colecta. (RG) (Agencia Fides 21/2/2007 Líneas: 23 Palabras: 312)

Links:
Para mayor información sobre la colecta
http://www.usccb.org/aee/index.shtml
Con el lema “Cuando nos tocará a nosotros” fue lanzada ayer la Campaña de Fraternidad 2007 en Chile, durante una conferencia de prensa ofrecida por Mons. Cristian Contreras Villaroel, Obispo Auxiliar de Santiago junto con Roberto Urbina, coordinador general de la Campaña


200 mil niños esperan su ayuda en esta Cuaresma 2007

Con el lema “Cuándo nos tocará a nosotros” partió campaña Cuaresma de Fraternidad 2007. Así lo dio a conocer Monseñor Cristian Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago y Secretario General de la Conferencia Episcopal. Este año se apoyará a niños menores de 6 años y en situación de extrema pobreza.

En la terraza Caupolicán del cerro Santa Lucia, en Santiago, se dio el vamos en la mañana del martes 20 de febrero, en vísperas de Miércoles de Ceniza, a la Campaña de Cuaresma de Fraternidad 2007, durante una conferencia de prensa ofrecida por Monseñor Cristian Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago, acompañado de Roberto Urbina, coordinador general de esta cruzada solidaria, y de unos veinte niños de un Jardín Infantil de Malloco, quienes pusieron la nota de alegría y colorido al encuentro con la prensa.

Cuaresma de Fraternidad es una campaña que se viene realizando desde hace 24 años, recordó Monseñor Contreras, y tiene por finalidad motivar a los católicos y personas de buena voluntad a solidarizar, en este tiempo de Cuaresma, con los más necesitados. “Cuaresma es un tiempo de preparación para vivir Semana Santa en un espíritu de fe y de oración. La Iglesia nos invita a llevar una vida de mucha austeridad compartiendo lo que tenemos con los más pobres, incluso más, nos pide dar con sacrificio”, señaló el Obispo Auxiliar de Santiago.

Niños en riesgo social

Monseñor Contreras destacó que este año, al igual que el 2006, los recursos que se reúnan en esta campaña estarán destinados a favorecer programas de ayuda a niños menores de seis años y en riesgo social. “Por eso llamo a las familias católicas, y a toda persona de buena voluntad, a ser muy generosos en esta ocasión. Son más de 200 mil niños y niñas en el país que esperan nuestra ayuda. La invitación va también a los jóvenes y a los niños para que en sus colegios participen de esta campaña, con la ayuda de todos seremos capaces de superar lo reunido en el 2006 que llrgó a los 720 millones de pesos”, dijo.

Alcancías en parroquias y colegios

Con la finalidad de que las familias participen de esta campaña, Roberto Urbina informó que se han distribuido un millón de pequeñas alcancías, las que se pueden retirar en parroquias y capillas; y a contar de marzo en los colegios católicos. También los aportes se pueden entregar en la cuenta corriente Nº 187.593 del Banco del Estado. Esta campaña se extiende desde Miércoles de Ceniza y hasta Domingo de Resurrección, día en que las alcancías con lo recaudado deben llevarse a las parroquias.

“Cuando nos tocará a nosotros”

Desde el año 2006 y hasta el 2008 la Cuaresma de Fraternidad está dirigida a apoyar programas para niños y niñas, menores de 6 años, en situación de vulnerabilidad y/o riesgo social, en todo el país.

Hasta esa edad, los niños y niñas están en un proceso de desarrollo muy determinante para su futuro; cambian y progresan a gran velocidad acogiendo estímulos principalmente en sus familias o entornos más cercanos. La calidad de esos estímulos es fundamental para la calidad del desarrollo de esos niños. Niños amenazados, reprochados, violentados, coartados, tendrán menos posibilidades de desarrollar habilidades que quienes no sufran esas situaciones.

Actualmente, hay más de 200.000 niños y niñas que viven en condiciones de muchas privaciones que afectan, a veces severamente, su desarrollo. Unos viven encerrados mientras sus madres trabajan; otros son dejados al cuidado de hermanos mayores o ancianos. Muchos de ellos sufren las pobres condiciones culturales, sociales y de desarrollo personal que tienen las personas de su entorno inmediato.

A través de los recursos recaudados en Cuaresma de Fraternidad, la Iglesia en todo el país fomentará actividades que ofrezcan mejores y positivas oportunidades a niños y niñas que vivan en esas condiciones, con estímulos que les abran nuevas posibilidades para su futuro. Estas actividades son organizadas y planificadas, a fin de asegurar la mayor permanencia posible. Muchas de ellas son realizadas por adultos que se asocian y organizan, participando como protagonistas, para ofrecer estas oportunidades y estimulaciones a los niños.

Antecedentes

Población menor de 6 años, total, según el Censo 2002:

Edad en años cumplidos
0 año: 214.705
1 año: 221.900
2 años: 227.041
3 años: 239.463
4 años: 247.967
5 años: 250.591
Total población 0 a 6 años: 1.401.667

El análisis que Mideplan hace de la encuesta CASEN indica que hay un 9,3% de menores de 2 años y un 8,8% de niños entre 2 y 5 años en situación de indigencia. Esto es 37.814 menores de dos años y 84.926 niños y niñas entre 2 y 5 años, lo que da un total de 122.740 menores de 6 años que viven en condiciones inapropiadas para su desarrollo, en familias que tienen menos de lo que necesitan para vivir.

En situación de pobreza viven casi 400 mil niños y niñas menores de 6 años (22,6% de los menores de 2 años y 31,9% de los que tienen entre 2 y 5 años). Podemos considerar que un 20% de esos niños tampoco tienen condiciones apropiadas para su desarrollo debido a la estrechez económica, baja escolaridad, inestabilidad laboral y otros rasgos de la situación de vida de sus padres.

Por tanto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que hay unos 200.000 niños y niñas menores de 6 años que viven en condiciones de vulnerabilidad y riesgo social. A ellos no sólo les afecta la situación en que vive su familia inmediata, sino también el entorno muchas veces marcado por el alcoholismo, la droga, el abandono, la violencia y otras experiencias que pronto les incitarán y afectarán.

¿Qué se hace con el dinero recaudado?

Con la recaudación obtenida en la Cuaresma 2006 se están desarrollando programas orientados al desarrollo integral de unos 32.000 niños y niñas, menores de 6 años que viven en condiciones de pobreza y riesgo social, en todo el país:

o Ampliación, reparación y equipamiento de salas cunas y jardines infantiles
o Talleres para madres y padres sobre estimulación temprana para sus hijos
o Talleres formativos para niños despertando sus habilidades
o Programas recreativo/formativos orientados a desarrollarles a través de la interacción grupal
o Atención a madres adolescentes con programas formativos de estimulación temprana orientados al desarrollo integral de sus hijos
o Apoyo a grupos de madres que trabajan en sus iniciativas para el cuidado y la atención de sus hijos mientras ellas están ausentes
o Prevención del maltrato a los niños a través de difusión de materiales y realización de talleres formativos para adultos.

Desafíos

• Educar un corazón compasivo.
• No es una colecta más, sino el fruto de vivir la espiritualidad cuaresmal expresada en la práctica del amor generoso.
• Es más que una Campaña para recaudar fondos para una buena causa.
• Es más que privarse de gustos por puro martirio.
• Incentivar la Campaña en los Colegios de la Arquidiócesis.
• Aumentar la Recaudación.
• Ofrecer mejores y positivas oportunidades de educación preescolar a estos niños/as, con el objetivo de estimular y fortalecer el cimiento en sus vidas que abran nuevas posibilidades para su futuro.

Ver Especial de Cuaresma de Fraternidad 2007

Fuente: DOP y Cuaresma de Fraternidad www.iglesiadesantiago.cl
Desde la oficina de prensa del obispado de Tenerife se nos remite la siguiente nota:

El Tribunal Constitucional confirma la constitucionalidad de los acuerdos con la Santa Sede sobre la elección de los profesores de religión

El Alto Tribunal señala que para la elección de los docentes de esa materia puede tenerse en cuenta también la conducta personal

EFE - Madrid - 22/02/2007

El Tribunal Constitucional (TC) ha resuelto no admitir la cuestión de inconstitucionalidad de un conjunto de artículos sobre la designación de los profesores de Religión y el contenido de esta asignatura del Acuerdo de Enseñanza que el Gobierno y la Santa Sede suscribieron en 1979. Asimismo, el alto tribunal ha decidido desestimar la inconstitucionalidad del resto del contenido de dicho Acuerdo. El fallo del TC se produce a raíz de la remisión, por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, del caso de una profesora de Religión a quien las autoridades eclesiásticas de las islas no renovaron el contrato por mantener una relación sentimental con un hombre que no era su marido, del que se había separado previamente.

La docente, una vez desestimó su demanda el juzgado pertinente, recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que a su vez, antes de pronunciarse, elevó el caso al TC para que determinara si se ajustan a la Carta Magna los contenidos del Acuerdo sobre Enseñanza y Asuntos Culturales que el Gobierno y la Santa Sede firmaron en 1979.
Los preceptos y artículos de ese acuerdo cuya inconstitucionalidad no ha admitido el TC son los párrafos tercero y cuarto del artículo III y los artículos IV y VII. También analizó la constitucionalidad del primer párrafo de la Disposición Adicional Segunda de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, de diciembre de 1998.

Los apartados citados del artículo III del Acuerdo con la Santa Sede se refieren a la designación por las autoridades eclesiásticas del personal que impartirá la enseñanza religiosa, y el artículo IV prescribe que a la jerarquía de la Iglesia corresponde señalar los contenidos de la enseñanza religiosa católica, así como proponer los libros de texto y el material didáctico. El artículo VII indica que la situación económica de los profesores de Religión se concertará entre la Administración central y la Conferencia Episcopal Española, mientras que la Disposición Adicional Segunda antes citada alude al régimen de contratación laboral, que durará lo que el curso escolar, "a tiempo completo o parcial".

El TC resuelve, respecto a estos aspectos, que "ha de corresponder a las confesiones la competencia para el juicio sobre la idoneidad de las personas que hayan de impartir la enseñanza de su respectivo credo". El alto tribunal considera, además, que esta elección no tiene por qué ceñirse a "los conocimientos dogmáticos o las aptitudes pedagógicas", sino que puede extenderse a la conducta de los profesores "en la medida en que el testimonio personal" supone para la comunidad religiosa "un componente definitorio de su credo", hasta el extremo de que este supuesto es "determinante" en la cualificación para la docencia.
AMERICA/PERU - El Arzobispo de Piura ofrece un conjunto de reflexiones, sugerencias y recomendaciones para que los fieles puedan vivir la Cuaresma como un tiempo de gracia y de renovación de la fe

Piura (Agencia Fides) - Al inicio de la Cuaresma, el Arzobispo de Piura, Mons. José Antonio Eguren Anselmi, SCV, ha presentado un trabajo que contiene un conjunto de reflexiones, sugerencias y recomendaciones para que los fieles puedan preparase a vivir este tiempo de gracia y puedan renovar su fe en Cristo. En la carta de presentación enviada a todos los párrocos, rectores, capellanes y superiores de comunidades consagradas, el Obispo recuerda que la Cuaresma “ es un tiempo de gracia para renovar la propia adhesión al Señor Jesús y anunciar, con renovado ardor, su misterio de salvación”. Siendo además un tiempo penitencial por excelencia, “nos exige acoger con mayor generosidad en nuestras vidas la Palabra de Dios para así conocer la verdad de quiénes somos, de dónde venimos, a dónde debemos ir, y qué es lo que tenemos que hacer para ser felices y alcanzar la salvación”.
El trabajo contiene en primer lugar una explicación del tiempo de Cuaresma: características del mismo, sentido que tiene este tiempo litúrgico, estructuras del tiempo de Cuaresma, Solemnidades, fiestas y memorias durante la Cuaresma. Ofrece a continuación una reflexión sobre las lecturas bíblicas de la Cuaresma y las normas litúrgicas especiales para este tiempo fuerte además de otras normas complementarias. Por último da algunas recomendaciones y sugerencias en primer lugar en cuanto a las celebraciones litúrgicas en este tiempo y en segundo lugar en cuanto a los actos propios que realizan los fieles como son la Oración, mortificación y caridad, La abstinencia y el ayuno, la Piedad Popular
“Que la Cuaresma sea un tiempo propicio para que, a través de su itinerario ascético y litúrgico, le abramos el corazón al amor misericordioso del Señor Jesús que todo lo perdona, reconcilia, embellece y dignifica”, concluye Mons. José Antonio Eguren. (RG) (Agencia Fides 20/2/2007 Líneas: 25 Palabras: 326)

Links:
Para acceder al trabajo del Tiempo de Cuaresma
http://www.arzobispadodepiura.org/content/view/167/
ASIA/NEPAL - La primavera de la Iglesia en el Reino de Nepal, esperanza de un futuro prometedor: entrevista a Mons. Anthony Sharma, nuevo Vicario Apostólico

Katmandú (Agencia Fides) - La Iglesia en Nepal continua desarrollando su misión de servicio al pueblo de Nepal, empeñándose en la instrucción y en obras sociales. Pero también animando la llegada de nuevas congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, y dando importancia a la formación de los laicos y jóvenes. Después de la reciente elevación de la Prefectura Apostólica de Nepal a Vicariato Apostólico, ha sido nombrado Mons. Anthony Sharma como Vicario Apostólico y recibirá la ordenación episcopal a principios de mayo. Mons. Sharma, Jesuita, nació en Katmandú hace 70 años, y siguió desde los primordios el desarrollo de la Iglesia en Nepal. En una entrevista a la Agencia Fides, Mons. Sharma habla del pasado, del presente y del futuro de la comunidad católica en el reino del subcontinente indiano.

Mons. Sharma, ¿podría recordar brevemente el nacimiento de la Iglesia en Nepal?

En el 1951 los Jesuitas de Patna, en India nororiental, aceptaron la invitación del rey Tribuhuvan, entonces soberano de Nepal, de extender sus servicios educativos en territorio nepalés. Su entrada en el reino nepalés fue la primera presencia cristiana en el siglo XX. Esta es la fecha del nacimiento de la Iglesia en Nepal: a partir de aquel pequeño núcleo se fue desarrollando la misión, paso a paso, hasta hoy.

¿Qué congregaciones religiosas han contribuido al crecimiento de la comunidad católica?

En los principios fueron sobre todo los Jesuitas (entre las ordenes religiosos masculinas) y las Hermanas del instituto de la Beata Virgen Maria, que tenían el permiso de entrar en el país a mediados de los años 50. Los misioneros trabajaron con paciencia y dedicación, aunque en los principios las condiciones no eran favorables: aunque la gente parecía agradecer la presencia de los misioneros cristianos, se prohibió a los sacerdotes y religiosos predicar abiertamente (ya que el Reino tenía como religión de estado el hinduismo, ndr) y sólo se les permitió realizar actividades educativas en un territorio delimitado, el valle de Katmandú. Era lícita la asistencia espiritual a las misiones diplomáticas o de los organismos internacionales, pero quien predicara corría peligro de ir a la prisión o la expulsión del país.

¿Por tanto, en los principios la misión tuvo muchas dificultades?

La situación de "destierro de las actividades educativas" duro un treinteno, del 1951 a 1982. Los fieles laicos no eran libres de profesar su fe, y no podían ni siquiera ser llamados con su nombre de bautismo, en cuánto eso habría significado sufrir pesadas discriminaciones sociales. El cristianismo era todavía considerado como una religión extranjera y malmirada. Pero precisamente estas persecuciones han sido los "momentos de gracia" que nos han llevado a testimoniar el Evangelio y sus valores con las obras, con la vida, sobre todo por medio de la instrucción y los servicios sociales estando cerca de los marginados, los pobres, los que sufren.

¿Cuántos fieles son en la actualidad? ¿Cómo procede la evangelización?

Según nuestros datos del 2006, tenemos actualmente 6.226 católicos. La población de cristianos ha crecido mucho en Nepal desde principios de los años 90, en que también las condiciones socio-políticas vieron el desarrollo del movimiento democrático. Hoy se cuentan más de 1.500 comunidades de diversas confesiones cristianas. Pensamos que en total el número de cristianos llegue al millón. Desde la promulgación de la nueva Constitución de Nepal, en 1991, son reconocidas las libertades individuales, y también libertad a cada ciudadano de elegir su propia religión.
Por lo que concierne a la Iglesia católica, tenemos entre 250 y 300 bautismos cada año. Hemos instituido escuelas católicas y seminarios menores para chicos, pero también seminarios mayores dónde los jóvenes que quieren profundizar su fe cristiana pueden completar la instrucción secundaria. También hay muchas congregaciones religiosas femeninas, con una cierta floración de vocaciones. Realizamos la evangelización especialmente por medio de las obras sociales: así la gente nos conoce y nos interroga sobre nuestra fe. Para los que piden convertirse al catolicismo, tenemos en marcha un programa bienal de catecumenato.

¿Cómo vive la Iglesia la actual fase de transformación social y política de la nación?

Nuestra comunidad sigue sirviendo el pueblo nepalés, como ha hecho desde el principio, con celo y dedicación. Continuaremos en el futuro en este camino tanto si Nepal se convierte en un estado secular, como si permanece siendo un reino hindú. Recientemente, organizaciones y ciudadanos privados no cristianos nos han ofrecido terrenos para crear nuevos institutos de instrucción, hospitales y obras sociales. Valoraremos: estamos tratando de hacer desarrollar la presencia católica en las partes más remotas del país, en el este y oeste.

¿Qué piensan las autoridades y la gente común de la Iglesia?

La Iglesia goza de una óptima imagen en el país, tanto por parte de los líderes políticos, como entre la gente. Nuestros servicios sociales son muy estimados y a veces expresamente requeridos. Los esfuerzos que realizamos para mejorar la vida de las mujeres y su alfabetización, por medio de programas educativos y sociales, han tenido un fuerte impacto. La asistencia que ofrecemos de forma gratuita a los minusválidos físicos y mentales, que son más de 1,5 millones en el país, es muy estimada. Los servicios sanitarios, fijos y móviles, atienden a muchas personas. Por ello, la Iglesia es querida por todos.

¿Qué esperan los católicos para el futuro del país?

Esperamos que el país pueda continuar adelante unido y en paz. Esperamos que se eliminen completamente las discriminaciones de casta, fe, raza o condición social. Deseamos que los habitantes de los llanos y los de las zonas montañosas (los dos grupos principales de la población nepalesa) puedan vivir juntos como una única familia. Sobre todo esperamos en el crecimiento de una clase política que sepa conducir el país hacia el desarrollo y la prosperidad, no atendiendo sólo a intereses particulares o a ambiciones personales.

¿Cuáles son los programas pastorales para el futuro?

La elevación a Vicariato Apostólico es para nosotros un importante signo de reconocimiento de la gradual maduración de nuestra pequeña comunidad. Estamos felices de ello. Ahora querría invitar al país a otras congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, para ayudar al crecimiento cultural espiritual de esta comunidad. Además debemos trabajar para hacer surgir vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Es importante también poner en marcha nuevos movimientos y agrupaciones laicales para dar nuevo fermento a la pastoral de la Iglesia, y también para animar a hombres concienzudos, con un patrimonio de valores cristianos, a asumir responsabilidad en papeles sociales y civiles. Además creo mucho en la pastoral dirigida a los jóvenes, que constituyen la esperanza del país y de nuestra comunidad.
(PA) (Agencia Fides 20/2/2007 Líneas: 91 Palabras: 1111)
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EUROPA/PORTUGAL - "Con las renuncias de la Cuaresma ayudemos a construir un seminario en Guinea Bissau" propone el Obispo de Portalegre-Castelo Branco

Portalegre (Agencia Fides) - Ayudar, con las renuncias cuaresmales, en dos importantes obras eclesiales, una de ellas en África, Guinea Bissau. Es lo que propone S.E Mons. José Francisco Sanchez Alves, Obispo de Portalegre-Castelo Branco en Portugal.
En su mensaje para la Cuaresma, Mons Alvez exhorta a los fieles a vivir con "particular intensidad este momento litúrgico" y recuerda que la Iglesia cuenta con "muchos recursos espirituales": participación en las celebraciones, en las devociones populares, en las oraciones individuales y colectivas, en la lectura de la Biblia, en la penitencia y en la renuncia de algunos bienes materiales.
"Quien contempla a Cristo en la cruz no puede no sentirse interpelado por este acto de amor infinito respecto a la humanidad" afirma en su mensaje cuaresmal el Obispo de Portalegre-Castelo Branco. Esta contemplación "provoca un proceso dinámico de amor y servicio a los hermanos."
Un amor que se concreta en la propuesta de ayudar a un seminario en Guinea Bissau y un centro pastoral en la diócesis de Portalegre-Castelo Branco. En Guinea Bissau, dónde irá a desarrollar su servicio un misionero de la Preciosa Sangre, originario de la diócesis portuguesa, "ayudaremos - recuerda el Obispo - a construir un seminario destinado a la formación de los futuros sacerdotes en un País donde los portugueses llevaron la fe y dónde la inestabilidad política sigue dejando detrás de si una estela de pobreza."
En el Barrio dos Assentos, en la ciudad de Portalegre, con las renuncias de la Cuaresma los fieles católicos ayudarán a construir una iglesia, un centro parroquial y un centro social". Se trata de obras "esperadas desde hace 20 años por la población del principal barrio de la ciudad" en continuo crecimiento. (L.M) (Agencia Fides 20/2/2007 Líneas: 24 Palabras: 304)
ZENIT publica la carta, difundida este miércoles por la Sala de Prensa de la Santa Sede, que Benedicto XVI escribió a monseñor Stanislaw Wielgus tras su dimisión como arzobispo de Varsovia.

Nombrado al frente de la archidiócesis primada de Polonia, monseñor Wielgus, acusado de haber colaborado con los servicios secretos del pasado régimen comunista del país, aceptó tal implicación y renunció a la sede arzobispal.

El día previsto para su solemne ingreso en la catedral de Varsovia como arzobispo metropolita –el pasado 7 de enero-, se confirmó que el Papa aceptaba la renuncia de monseñor Stanislaw Wielgus a la citada sede.

La Eucaristía de ese día la presidió entonces el cardenal Jozef Glemp –administrador apostólico de Varsovia-, cuya homilía trazó una fuerte acusación a los servicios comunistas de su país. Al lado del purpurado, durante la Misa, lloraba monseñor Wielgus.


Carta de Benedicto XVI a monseñor Wielgus, arzobispo emérito de Varsovia

Al amadísimo hermano
Arzobispo Stanislaw Wielgus

He leído con atención la preciosa carta de Vuestra Excelencia, del pasado 8 de enero, y calurosamente le doy las gracias por la confianza con la que usted ha abierto su alma ante mí, mostrando el doloroso sufrimiento de su corazón durante toda su vida de sacerdote y obispo, hasta la renuncia del encargo como Arzobispo de Varsovia.

En este último período he participado en sus sufrimientos y deseo asegurarle mi espiritual cercanía y fraterna comprensión.

En lo relativo al pasado, soy plenamente consciente de las excepcionales circunstancias en las que usted desarrollaba su servicio, cuando el régimen comunista en Polonia usaba todos los medios para sofocar las libertades de los ciudadanos y de manera especial del clero.

Como Rector de la Universidad en Lublin, y como Obispo de Plock, usted ha dado prueba de la gran piedad y del profundo amor por Jesucristo y por la Iglesia.

Cuando hace un mes usted presentó su dimisión, consciente de que la situación creada no le permite iniciar el servicio episcopal con la indispensable autoridad, vi claramente en este acto una profunda sensibilidad por el bien de la Iglesia de Varsovia y de la de Polonia, y también su humildad y desapego de los cargos.

Desearía sobre todo alentarle a proseguir con confianza y serenidad en el corazón. Expreso el deseo de que usted reanude de nuevo su actividad al servicio de Cristo, en la forma en que sea posible, a fin de que utilice el vasto y profundo conocimiento y piedad sacerdotal por el bien de la amada Iglesia en Polonia.

La misión episcopal, hoy, como en el pasado, está marcada por el sufrimiento. Que Nuestro Señor no deje de sostenerle con su gracia. De ayuda será también la amistad de los hermanos obispos y de las personas que le han conocido y estimado.

Con vivo sentimiento, recordándole en la constante oración ante el Altar del Señor y ante la Santísima Virgen María, de corazón le imparto la especial Bendición Apostólica en la esperanza de la abundante gracia del cielo.

Desde el Vaticano, 12 de febrero de 2007

[Traducción del texto en italiano distribuido por la sala de Prensa de la Santa Sede.]
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ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general del miércoles, 21 de Febrero de 2007, dedicada al Miércoles de Ceniza.

Queridos hermanos y hermanas:

El Miércoles de Ceniza que hoy celebramos, es para nosotros, cristianos, un día particular, caracterizado por el intenso espíritu de recogimiento y reflexión. Emprendemos, de hecho, el camino de la Cuaresma, tiempo de escucha de la Palabra de Dios, de oración y de penitencia. Son cuarenta días en los que la liturgia nos ayudará a revivir las fases destacadas del misterio de la salvación.

Como sabemos, el hombre ha sido creado para ser amigo de Dios, pero el pecado de los primeros padres quebró esta relación de confianza y de amor y, como consecuencia, la humanidad es incapaz de realizar su vocación originaria.

Gracias, sin embargo, al sacrificio redentor de Cristo, hemos sido rescatados por el poder del mal: Cristo, de hecho, escribe el apóstol Juan, ha sido víctima de expiación por nuestros pecados (Cf. 1 Juan 2, 2); y san Pedro añade: Él ha muerto una vez para siempre por los pecados (Cf. 1 Pedro 3,18).

Al morir con Cristo al pecado, el bautizado también renace a una vida nueva y es restablecido gratuitamente en su dignidad de hijo de Dios. Por este motivo, en la primitiva comunidad cristiana, el Bautismo era considerado como la «primera resurrección» (Cf. Apocalipsis 20,5; Romanos 6,1–11; Juan 5,25–28).

Desde los orígenes, por tanto, la Cuaresma se vive como ese tiempo de la inmediata preparación al Bautismo, que se administra solemnemente durante la Vigilia Pascual. Toda la Cuaresma era un camino hacia este gran encuentro con Cristo, hacia la inmersión en Cristo y la renovación de la vida.

Estamos ya bautizados, pero con frecuencia el Bautismo es muy eficaz en nuestra vida cotidiana. Por este motivo, también para nosotros la Cuaresma es un «catecumenado» renovado en el que salimos de nuevo al encuentro de nuestro Bautismo para redescubrirlo y revivirlo en profundidad, para ser de nuevo realmente cristianos.

Por tanto, la Cuaresma es una oportunidad para «volver a ser» cristianos, a través de un proceso constante de cambio interior y de avance en el conocimiento y en el amor de Cristo. La conversión no tiene lugar nunca una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. Ciertamente este itinerario de conversión evangélica no puede limitarse a un período particular del año: es un camino de todos los días, que tiene que abarcar toda la existencia, cada día de nuestra vida.

Desde este punto de vista, para cada cristiano y para todas las comunidades eclesiales, la Cuaresma es la estación espiritual propicia para entrenarse con mayor tenacidad en la búsqueda de Dios, abriendo el corazón a Cristo.

San Agustín dijo en una ocasión que nuestra vida es un ejercicio único del deseo de acercarnos a Dios, de ser capaces de dejar entrar a Dios en nuestro ser. «Toda la vida del cristiano fervoroso --dice-- es un santo deseo». Si esto es así, en Cuaresma se nos invita aún más a arrancar «de nuestros deseos las raíces de la vanidad» para educar el corazón en el deseo, es decir, en el amor de Dios. «Dios --dice san Agustín-- es todo lo que deseamos» (Cf. «Tract. in Iohn.», 4). Y esperamos que realmente comencemos a desear a Dios, y de este modo desear la verdadera vida, el amor mismo y la verdad.

Es particularmente oportuna la exhortación de Jesús, referida por el evangelista Marcos: «Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Cf. Marcos 1, 15). El deseo sincero de Dios nos lleva a rechazar el mal y a realizar el bien. Esta conversión del corazón es ante todo un don gratuito de Dios, que nos ha creado para sí y en Jesucristo nos ha redimido: nuestra felicidad consiste en permanecer en Él (Cf. Juan 15, 3). Por este motivo, Él mismo previene con su gracia nuestro deseo y acompaña nuestros esfuerzos de conversión.

Pero, ¿qué es en realidad convertirse? Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas de su Hijo, Jesucristo; convertirse no es un esfuerzo para realizarse uno mismo, porque el ser humano no es el arquitecto del propio destino. Nosotros no nos hemos hecho a nosotros mismos. Por ello, la autorrealización es una contradicción y es demasiado poco para nosotros. Tenemos un destino más alto. Podríamos decir que la conversión consiste precisamente en no considerarse en «creadores» de sí mismos, descubriendo de este modo la verdad, porque no somos autores de nosotros mismos.

Conversión consiste en aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador, que dependemos del amor. Esto no es dependencia, sino libertad. Convertirse significa, por tanto, no perseguir el éxito personal, que es algo que pasa, sino, abandonando toda seguridad humana, seguir con sencillez y confianza al Señor para que Jesús se convierta para cada uno, como le gustaba decir a la beata Teresa de Calcuta, en «mi todo en todo». Quien se deja conquistar por él no tiene miedo de perder la propia vida, porque en la Cruz Él nos amó y se entregó por nosotros. Y precisamente, al perder por amor nuestra vida, la volvemos a encontrar.

He querido subrayar el inmenso amor que Dios tiene por nosotros en el mensaje con motivo de la Cuaresma publicado hace unos días para que los cristianos de toda comunidad puedan detenerse espiritualmente durante el tiempo de la Cuaresma, junto a María y Juan, el discípulo predilecto, ante Aquel que en la Cruz consumó por la humanidad el sacrificio de su vida (Cf. Juan 19, 25).

Sí, queridos hermanos y hermanas, la Cruz también es para nosotros, hombres y mujeres de nuestra época que con demasiada frecuencia estamos distraídos por las preocupaciones y los intereses terrenos y momentáneos, la revelación definitiva del amor y de la misericordia divina. Dios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad. Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8, 34). Por este motivo, la liturgia cuaresmal, al invitarnos a reflexionar y rezar, nos estimula a valorar más la penitencia y el sacrificio para rechazar el pecado y el mal y vencer el egoísmo y la indiferencia. La oración, el ayuno y la penitencia, las obras de caridad hacia los hermanos se convierten de este modo en sendas espirituales que hay que recorrer para regresar a Dios en respuesta a los repetidos llamamientos a la conversión que hoy hace la liturgia (Cf. Gálatas 2,12-13; Mateo 6,16-18).

Queridos hermanos y hermanas, que el período cuaresmal, que hoy emprendemos con el austero y significativo rito de la imposición de las Cenizas, sea para todos una renovada experiencia del amor misericordioso de Cristo, quien en la Cruz derramó su sangre por nosotros.

Pongámonos dócilmente a su escucha para aprender a «volver a dar» su amor al prójimo, especialmente a los que sufren y atraviesan dificultades. Esta es la misión de todo discípulo de Cristo, pero para realizarla es necesario permanecer a la escucha de su Palabra y alimentarse asiduamente de su Cuerpo y de su Sangre. Que el itinerario cuaresmal, que en la Iglesia antigua es itinerario hacia la iniciación cristiana, hacia el Bautismo y la Eucaristía, sea para nosotros, los bautizados, un tiempo «eucarístico» en el que participemos con mayor fervor en el sacrificio de la Eucaristía.

Que la Virgen María, tras haber compartido la pasión dolorosa de su hijo divino, experimentó la alegría de la resurrección, nos acompañe en esta Cuaresma hacia el misterio de la Pascua, revelación suprema del amor de Dios.

¡Buena Cuaresma a todos!

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, Miércoles de Ceniza, es un día particular para nosotros cristianos. Emprendemos el camino Cuaresmal. Cuarenta días caracterizados por un intenso espíritu de oración y penitencia durante los cuales la liturgia nos ayudará a revivir el misterio de la salvación. Una ocasión providencial para convertirnos, para buscar con más tesón a Dios y volver a Él, abriendo el corazón a Cristo.

Cuán oportuna resuena la exhortación de Jesús, que leemos en el evangelista san Marcos: "Convertíos y creed en el Evangelio". Convertirse significa buscar a Cristo, seguir dócilmente sus enseñanzas, amarlo, con sencillez y confianza.

Para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de la Cruz. La Cruz es la revelación definitiva del amor y de la misericordia divina. La oración, el ayuno, la penitencia y las obras de caridad para con los hermanos son los caminos espirituales para retornar a Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que celebran el Capítulo General; a los fieles de Albacete, Tenerife y Toledo; a los estudiantes de Cáceres y San Sebastián, así como a los peregrinos de Argentina, Chile y México. El período cuaresmal, que hoy comenzamos con el austero y significativo rito de la imposición de la Ceniza, sea para todos una experiencia renovada del amor misericordioso de Cristo. Aprendamos de Él a amar al prójimo, especialmente a cuántos sufren. Que la Virgen María nos acompañe en esta Cuaresma para prepararnos a revivir el misterio de la Pascua, revelación suprema del amor de Dios. ¡Buena Cuaresma a todos!

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A los Sacerdotes, Consagrados, Consagradas y Fieles Laicos de la Arquidiócesis

Buenos Aires 21 de febrero de 2007, Miércoles de Ceniza

Queridos hermanos:

Comenzamos el camino hacia la Pascua. Nuestro peregrinar se hace más intenso contemplando, desde ahora, el Misterio que nos restauró la Vida, el Misterio de nuestra reconciliación con Dios por medio de Cristo Jesús, que padeció, murió y resucitó por nuestros pecados.

Nos preparamos andando, y todo andar implica una partida, una salida. Como la de Abraham, como la de los profetas, como la de cualquiera de aquellos que un día, allá en Galilea, se pusieron en marcha para seguir a Jesús. La historia del pueblo de Dios y de la Iglesia está marcada desde su origen por la ruptura, la partida y los desplazamientos: Abrahán, Moisés, Elías, Jonás, Ruth, San Pablo, Antonio, el gran padre de los monjes, Domingo y Francisco, Ignacio, Teresa de Jesús y tantos otros. La intuición, respuesta a la gracia de estos grandes, hizo fecundas sus vidas y alimentó con su espíritu el andar de la Iglesia durante muchos siglos.

Esta característica, no simplemente geográfica, tiene mucho de simbólico: es una invitación descubrir en el trance de la itinerancia el movimiento del corazón que, paradójicamente, necesita salir para poder permanecer, cambiar para poder ser fiel. En esta tensión, sin embargo, nuestro corazón no deja de sentir las consecuencias del miedo.

Sin lugar a dudas que los tiempos cambian y las situaciones no se vuelven a repetir, pero los modos de afrontar la vida tienen rasgos muy comunes, y eso puede convertirse, para nosotros, en fuente constante de inspiración y sabiduría para afrontar nuestro momento.

Quisiera pedirles que vivamos intensamente como Iglesia orante, reflexiva, penitente y adoradora este tiempo de Cuaresma para que la gracia de la Pascua se derrame abundantemente sobre todos nosotros y todo el pueblo santo de Dios. Necesitamos responder con mayor fidelidad evangelizadora al desafío que esta ciudad de Buenos Aires y su gente nos presenta. Fidelidad que vamos tratando de descubrir desde lo que se llamó desde hace unos años “Estado de Asamblea”.

En este andar hacia la Pascua pienso ahora en Jonás; es un ícono profético pascual que el mismo Jesús utilizó para anunciar su muerte y su resurrección. Creo que la figura de este profeta escapista, desconforme, quejumbroso pero finalmente fiel puede ayudarnos en nuestro peregrinar cuaresmal-pascual.

Con el profeta descubrimos dos elementos que están presentes en el dinamismo de cada desplazamiento: la ruptura y la vinculación. El libro se abre con un mandato de “salida” dirigido por Dios a su profeta: “Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella que su maldad ha llegado hasta mí”.

Jonás vivía tranquilo y ordenado, con ideas muy claras sobre el bien y el mal, sobre cómo actúa Dios y qué es lo que quiere en cada momento; sobre quiénes son fieles a la alianza y quiénes no. Tanto orden lo llevó a encuadrar con demasiada rigidez los lugares donde había que profetizar. Jonás tenía la receta y las condiciones para ser un buen profeta y continuar la tradición profética en la línea de “lo que siempre se había hecho”.

De pronto, Dios desbarató su orden irrumpiendo en su vida como un torrente, quitándole todo tipo de seguridades y comodidades para enviarlo a la gran ciudad a proclamar lo que El mismo le dirá. Era una invitación a asomarse más allá del borde de sus límites, ir a la periferia: Nínive, «la gran ciudad», era símbolo de todos los separados, alejados y perdidos. Jonás experimentó que se le confiaba la misión de recordar a toda aquella gente, tan perdida, que los brazos de Dios estaban abiertos y esperando que volvieran para curarlos con su perdón y alimentarlos con su ternura. Pero esto casi no entraba en todo lo que Jonás podía comprender, y se escapó. Dios lo mandaba a Nínive, y él se marchó en dirección contraria, a Tarsis, para el lado de España.

Las huidas nunca son buenas. El apuro nos hace no estar demasiado atentos y todo puede volverse un obstáculo. Embarcado hacia Tarsis se produce una tempestad y los marineros lo tiran al agua porque confiesa que él tiene la culpa. Estando en el agua un pez se lo traga. Jonás, que siempre había sido tan claro, tan cumplidor y ordenado, no había tenido en cuenta que el Dios de la alianza no se retracta de lo que juró, y es machaconamente insistidor cuando se trata del bien de sus hijos. Por eso, cuando a nosotros se nos acaba la paciencia, Él comienza a esperar haciendo resonar muy suavemente su palabra entrañable de Padre.

Y por segunda vez, con la misma frescura de la primera, le fue dirigida la palabra del Señor a Jonás en estos términos: “Vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama lo que yo te diga”. Jonás, ahora sí, va a Nínive y allí predica. Cuando Nínive se convierte, Jonás extrañamente, en lugar de alegrarse, presenta su queja a Dios: “¡Ay, Yahvé!... bien sabía yo que tú eres un Dios entrañable y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal...” Jonás se resistía dejar atrás todas sus ideas sobre Dios, para poder así revincularse con Él, que lo conduciría más allá de lo que conocía y creía que podía. Jonás no le temía a Nínive, a quien temía era a Dios y a su amor desconcertante y desmesurado.

Jonás era un testarudo. Había cercado su alma con el alambrado de esas certezas y convicciones que, en vez de dar libertad con Dios y abrir horizontes de mayor servicio a los demás, terminan por aprisionar el espíritu y ensordecer el corazón. Su pertinacia lo hacía prisionero de sí mismo, de sus puntos de vista, de sus valoraciones y sus métodos. Le costaba descubrir la voz de Dios. En ese microclima existencial había aislado su conciencia de la marcha del pueblo de Dios. No sabía de la intervención de Dios en medio de su gente, de la capacidad de conducir a su pueblo con su corazón de Padre. Para él ya estaba todo dicho y las cosas eran así y nada más. ¡Cómo endurece el corazón la conciencia aislada! Desconoce la alegría, el gozo del Espíritu Santo que sostiene la esperanza. La presión interior de su aislamiento habitualmente encuentra un camino de salida: la queja. Quien aísla su conciencia es quejumbroso de alma. Parece que, como los chicos de la parábola (Lc. 7,32), nada le viene bien. Santa Teresa advertía de esto a sus monjas: “Ay de la que dice: hiciéronme sinrazón”. Los coleccionistas de injusticias, los insatisfechos constantes, los que no saben de la felicidad de abrir su corazón al Señor que siempre está viniendo (el Erjómenos) suelen ser personas de conciencia aislada.

Ojalá podamos identificarnos con Jonás en mucho de lo que hoy vivimos en la Iglesia, y muy especialmente en nuestra Iglesia arquidiocesana en este desconcertante “Estado de Asamblea”. El encuentro con la realidad particular de nuestra ciudad y sus exigencias, con sano interés, nos interpeló a buscar “cómo ser hoy Iglesia en Buenos Aires”. Pero también, acudiendo a una memoria repetidora, esperábamos y buscábamos en el estado de asamblea un tiempo para decidir y planificar. Sin embargo el Señor nos pateó el tablero y nos fue llevando con su Espíritu a posar nuestra mirada sobre la gente: para no ver lo que queremos ver, sino aquello que es. Así reconocimos experiencialmente las heridas y las fragilidades de nuestro pueblo que también son las nuestras. Porque, en la medida que nos involucramos con la vida de nuestro pueblo fiel y la sentimos en sus heridas más hondas podemos ponernos, a la luz del Evangelio, a pensar y discernir lo que necesita. Un pensar y discernir distinto: no el del que, a modo funcionalista, busca soluciones rápidas y prearmadas, sino el de aquel que desde la rumia en un corazón que busca dejarse iluminar y trasformar por la oración, y desde la confrontación con los otros, permite que sea Dios el que hable y no los viejos conocimientos, las recetas mágicas o las mañas bautizadas.

Por las heridas y fragilidades Dios nos habló pidiéndonos el bálsamo de la gracia que cura, la fuerza del Evangelio que se hace Buena Noticia que anima y presencia fraterna que sostiene. El pueblo fiel de Dios nos pidió la ternura del Padre que sólo podemos acercarle en la medida en que renovamos nuestro fervor apostólico siendo osados testigos del amor de Aquel “que nos amó primero”.

Igual que a Jonás, la realidad hacia la que somos enviados se nos presenta difícil y avasallante. Aparecen nuevas exigencias que nos piden repuestas inéditas. Mientras antes nos podíamos arreglar muy bien solos haciendo las cosas a nuestra manera, la fragmentación que vive nuestra sociedad nos pone frente a la exigencia evangelizadora de una identidad eclesial que brote de una mayor comunión. Este espíritu de comunión fortalecerá nuestra unidad con la armonía del Espíritu Santo y también nos defenderá del vértigo con que somos tentados al ver que se nos tambaleen las seguridades y que incluso el sistema de trabajo pastoral que hemos probado mucho tiempo y sentimos como inamovible puede tener que adquirir una nueva forma.

En nuestro andar eclesial hemos hecho y seguimos haciendo enormes esfuerzos por distintos caminos, hemos sostenido y sostenemos diversas formas de pastoreo, hemos afrontado y seguimos afrontando crisis y sacudones, vimos y vemos cómo muchos de los proyectos a los que dedicamos tiempo y esfuerzo se nos revelan incapaces de sostener nuestros anhelos y buenas expectativas evangelizadoras, a medida que mucha gente se nos queda por el camino.

Sin embargo, una y otra vez volvemos a empezar después de cada tormenta. Pero cuando creemos estar tranquilos en el vientre de la ballena nos sorprende la evidencia de que todo lo realizado no ha sido más que una etapa, y que ahora la ballena nos ha vomitado en la Nínive de un mundo en el que Dios parece estar más ausente que un rato antes y al que nosotros, con las palabras que decimos, no le interesamos y los valores que tratamos de anunciar le resultan sin importancia y pasados de moda. Esta realidad nos llamó, como Iglesia arquidiocesana, a procurar el modo de acoger a todos nuevamente haciendo de nuestras parroquias y geografías pastorales santuarios donde se experimente la presencia de Dios que nos ama, nos une y nos salva.

Nuestra identidad y valoración se sienten amenazadas; no ejercemos como antes el liderazgo moral ni tenemos un lugar social de relevancia; se nos presentan problemas para los que aparentemente no tenemos la respuesta. Somos minoría y nos resistimos a ser uno dentro de tantos. Sigue siempre latente la tentación de huir a una "Tarsis" que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya fijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas...

Desde la queja por los problemas que tenemos: (faltan laicos comprometidos, la gente no entiende –el obispo tampoco-, la gente viene a usarnos –el obispo también-, no se puede todo, nadie se da cuenta de lo que pasa, nadie se preocupa) tal vez nos estamos resistiendo a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las mismas dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de forzarnos a regresar de nuestros evasivos “Tarsis”, para acercarnos a Nínive y, sobre todo, perderle el miedo a ese Dios que es ternura y viene a nosotros para cercarnos con su gracia y llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.

Lo mismo que Jonás, podemos escuchar una llamada persistente que vuelve a invitarnos a correr la aventura de Nínive, a aceptar el riesgo de protagonizar una nueva evangelización, fruto del encuentro con Dios que siempre es novedad y que nos empuja a romper, partir y desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras, allí donde está la humanidad más herida y donde los hombres, por debajo de la apariencia de la superficialidad y conformismo, siguen buscando la repuesta a la pregunta por el sentido de la vida. En la ayuda para que nuestros hermanos encuentren una respuesta también nosotros encontraremos renovadamente el sentido de toda nuestra acción, el lugar de toda nuestra oración y el valor de toda nuestra entrega.

Tratemos de caminar este año levantando la mirada para ver bien lejos y después encontrar, bien adentro de nosotros, lo que tenemos que ir dejando para que Jesús como maestro evangelice; para llegar a dónde llegó nuestra mirada desde el Espíritu. Desplacémonos sin miedo a toda periferia, a todo borde, unidos en la Iglesia, Asamblea unida y sostenida por el Dios de la Vida. Que este andar sea discernidor de lo que se necesita; y cada paso nuevo, provocador del que tendremos que dar, sin previsibilidades ni recetas mágicas sino con apertura generosa al Espíritu que va conduciendo la historia por los camino de Dios.

Les pido, por favor, que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Afectuosamente.

Jorge Mario Bergoglio s.j.


El tiempo de estado de asamblea

Para un examen de conciencia personal y comunitario



1- ¿Vivimos este tiempo como un momento eclesial de encuentro con el Señor? ¿Hemos puesto cada día en la Eucaristía nuestra realidad Arquidiocesana? ¿Sentimos el llamado a renovar los vínculos de caridad fraterna? ¿hemos hecho el ejercicio de ponerlo en práctica? ¿Tratamos de superar el individualismo para crecer en la conciencia de pertenencia al único pueblo de Dios?

2- ¿Amasamos el estado de asamblea en oración? ¿Le hemos dado lugar en nuestra oración personal o lo asumimos formalmente? ¿Hemos puesto a nuestras comunidades en estado de oración? ¿Se cruzaron en este tiempo las coordenadas del dialogo con Dios en la oración y con los hermanos en la búsqueda del bien eclesial?

3- ¿Supimos recoger las inspiraciones que el Espíritu Santo dio a las personas, a los diversos grupos parroquiales, movimientos apostólicos y bautizados que no pertenecen a ninguna institución? ¿Nos entregamos a la acción del Espíritu para que armonice nuestra tarea pastoral? ¿Hemos puesto en práctica los medios y la metodología sugerida u otra para escuchar al Pueblo de Dios inspirado por el Espíritu?

4- ¿Qué “espíritu” nos animó durante este tiempo? ¿Cuál fue el movimiento espiritual al que me impulsa el estado de asamblea? ¿Nos movimos con la libertad del Espíritu? ¿Pedimos a Dios la gracia de ser libres en el Espíritu? ¿Esta libertad estuvo enmarcada en una actitud obediencial a Jesucristo y a su esposa la Madre Iglesia y orientada a la santidad? ¿Nos sentimos libres para afrontar purificaciones y correcciones?

5- ¿Vivimos nuestras fragilidades como un camino de gracia para crecer en santidad? ¿Supimos discernir para encontrar la Voluntad de Dios? ¿Ha crecido mi sentimiento de protagonismo frente a este momento histórico de nuestra Iglesia? ¿Me dejé llevar y arrastrado a otros al pesimismo frente a este nuevo tiempo? ¿“La queja” me ha defendido de comprometerme en un proyecto común? ¿Experimento que he aportado positivamente, o me he mantenido al margen o incluso he actuado negativamente?

6- ¿En este proceso supimos decir la verdad en la caridad? ¿Tuvimos el corazón preparado para descubrir la verdad en la caridad en medio de otras “verdades”? ¿Nos esforzamos en superar desencuentros? ¿Tratamos de perdonarnos mutuamente? ¿Nos abrimos misericordiosamente a las miserias de nuestros hermanos? ¿Nos hemos hecho eco de criticas y nos dejamos llevar por el espíritu de crítica y murmuración? ¿Hemos desacreditado las opiniones, opciones y trabajos de otros? ¿Fomentamos y trabajamos por la unidad poniendo gestos concretos? ¿Nos esforzamos en el buen pensar acerca de las intenciones de los otros? ¿Procuramos mirar sin prejuicios las acciones ideas o propuestas de los demás? ¿Hicimos pasar por el propio tamiz todo lo que no provenía de nuestra cosecha? ¿Buscamos escuchar a los demás y expresarnos haciéndonos cargo en Dios de lo que dijimos o de lo que recibimos?

7- ¿Tratamos juntos de encontrar caminos y expresiones de nueva evangelización para nuestra ciudad? ¿Sentimos la tentación de aferrarnos a lo conocido ante la realidad que nos desborda? ¿Disimulamos la importancia, la exigencia de este nuevo tiempo con el desinterés o escepticismo en lugar de descubrir los signos que Dios quiere ir mostrando?

8- ¿Procuramos que nuestras comunidades sean un recinto de verdad, de libertad y de amor? ¿Nuestra acción evangelizadora da motivos y anima a otros a seguir esperando? ¿Supimos renunciar al propio parecer, a la propia postura ante la indicación del Señor? ¿Buscamos edificar la Iglesia en el discernimiento personal y comunitario? ¿Creció nuestro ardor apostólico? ¿Nos sentimos motivados a acercarnos a los más alejados? ¿Nos conformamos derrotistamente a seguir manteniendo aquello en lo que nos sentimos seguros y cómodos?
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A continuación reproducimos la declaración de Mons. Juan Alberto Puíggari, Obispo de Mar del Plata, con motivo de la autorización de un aborto.

La buena noticia de la vida humana


“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas.”[1]

Toda persona humana mediante el uso de su inteligencia y no solo por la fe puede llegar a descubrir que la vida humana se inicia en el momento de la concepción. Este hecho puede ser, además, constatado científicamente. El valor sagrado de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su término y el derecho a la vida que ha de ser respetado para todo ser humano desde el momento del inicio de su existencia son dos aspectos fundamentales de la verdad sobre la persona humana.

Las circunstancias dramáticas que pueden darse en la vida de las personas y que, en el marco de la concepción, pueden afectar particularmente a la mujer, requieren hoy como nunca el compromiso serio de toda la sociedad. Proteger la vida de la mujer y su salud de la violencia requieren una acción seria y comprometida de la justicia y de toda la sociedad proveyendo los medios necesarios para cuidar, acompañar y sostener a las personas en situaciones que muchas veces son, incluso, difíciles de soportar, de asumir y de superar.

No obstante, debemos mirar esta compleja realidad en su totalidad: una vez que una concepción se ha producido, por más dramático que sea el contexto en el que ha tenido lugar, aparece en escena un ser humano débil, indefenso y silencioso que nada puede por sí mismo. La dramaticidad de la situación ¿puede hacernos olvidar de este ser humano inocente? La gravedad de la situación ¿puede justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente en el inicio de su existencia?

A un mal como es el trauma de la violencia y del abuso sufrido por una mujer ¿se puede agregar otro drama, más tremendo, como es la eliminación deliberada de un ser humano en la fase inicial de su existencia? Por trágicas que sean las circunstancias debemos recordar que ningún mal será jamás solucionado adecuadamente echando mano a un mal mayor.

No debemos juzgar a nadie, y mucho menos desde la fe. Todos estamos llamados a amar y acompañar seriamente a quien atraviesa una prueba como la que consideramos. Pero es bueno recordar que la administración de la justicia sólo es Justa cuando se ejerce al margen de toda compulsión política, mediática, social y cuando se ejerce en conformidad con la verdad y el bien moral.

¿Habrá realmente alguna circunstancia que justifique que matemos a un ser humano indefenso que ha sido confiado al cuidado de todos? La buena noticia de la vida humana debe llevarnos a tomar conciencia: terminar con una vida humana no puede ser realmente una solución.

Al comenzar esta Cuaresma elevo mi oración a Dios implorando que ilumine las conciencias de quienes tienen la responsabilidad de proteger la vida.

Mar del Plata, 19 de febrero de 2007.-

Juan Alberto PUIGGARI

Obispo de Mar del Plata
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INSTITUTO SUPERIOR DE TEOLOGÍA DE LAS ISLAS CANARIAS
SEDE DE TENERIFE en colaboración con la Universidad de La Laguna


CÁTEDRA DE ÉTICA Y POLÍTICA

Del 26 de febrero al 2 de marzo de 2007

PERSONA, RECURSOS, AUTORIDAD…
¿EQUILIBRIO IMPOSIBLE?div>

Dirigen las Jornadas:

DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ
Doctor en Teología Moral. Profesor del Instituto Superior de
Teología de las Islas Canarias “Virgen de Candelaria”, Sede
de Gran Canaria.

Núcleos temáticos:

• El hombre, como persona, sujeto capital de la vida en sociedad.
• La autoridad como sujeto capital de la vida asociada.
• El reto de gestionar recursos limitados y para todos.
• Definición completo del bien común: definición y definiciones.
• El principio del bien común y la gestión del agua.
• El principio del bien común y la gestión de los recursos sanitarios.
• El principio del bien común y la gestión del territorio.

2 créditos (20 horas lectivas) 35’00 € para los alumnos matriculados que cubran las exigencias académicas establecidas por la ULL

ENTRADA LIBRE

Sede de las Jornadas y Matrícula:

ISTIC, Sede de Tenerife. Edificio Seminario Diocesano.
38207 - La Laguna. Tenerife. Tfno. 922 252540.
E-Mail: secretariacet@cettenerife.org
www.cettenerife.org

Programa de la Jornada de Ética y Política


Del 26 de febrero al 2 de marzo de 2007

PERSONA, RECURSOS, AUTORIDAD… ¿EQUILIBRIO IMPOSIBLE?


LUNES 26

18’30 h. Entrega del material.
19’00 h. Palabras de presentación; D. JUAN PEDRO RIVERO
GONZÁLEZ, Director del ISTIC-Tenerife.
19’15 h. Presentación de la Jornada de Ética y Política; y la
metodología de las mismas. D. VÍCTOR MANUEL OLIVA
GARCÍA. Director de la Cátedra de Ética y Política del ISTICTenerife.
19’30 h. Ponencia: “El hombre, como persona, sujeto capital
de la vida en sociedad”. DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ. Profesor de Teología Moral del ISTIC-Gran Canaria.
20’15 h. Descanso.
21’30 h. 2ª Ponencia:.“La evolución del concepto de autoridad
como sujeto capital de la vida asociada”. DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ.
22’15 h. Diálogo.

MARTES 27

19’00 h. Proyección: “Política de reciclaje y bien común”.
EL COMPLEJO AMBIENTAL DE ARICO
19’30 h. Ponencia: “Definición completa del bien común: definición y definiciones”. DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ . Profesor de Teología Moral del ISTIC Gran Canaria.
20’30 h. Descanso.
21’00 h. Ponencia: “El reto de gestionar recursos limitados y para todos” DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ
22’00 h. Diálogo con el ponente.
21’30 h. Fin de la jornada.

MIÉRCOLES 28

19’00 h. Ponencia: “El principio del bien común y la gestión del agua” DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ
19’30 h. Descanso.
20’00 h. Mesa Redonda: Intervendrán, además del ponente, diversos expertos en la materia, entre ellos:
D. WLADIMIRO RODRÍGUEZ BRITO, Geógrafo. Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife.
D. PEDRO MOLINA RAMOS, Presidente de la Asociación de Ganaderos de Tenerife.
DÑA. CARMEN LUISA GONZÁLEZ EXPÓSITO. Presidenta de la Comisión Justicia y Paz de La Diócesis de Tenerife
D. VÍCTOR MANUEL OLIVA GARCÍA, Profesor de Moral
del ISTIC-Tenerife
21’30 h. Fin de la jornada.

JUEVES 1

19’00 h. Ponencia: “El principio del bien común y la gestión
de los recursos sanitarios” DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ
19’15 h. Ponencia: “Valores, poder y políticas de salud. De las comunidades epistémicos a los lobby” D. OSCAR GARCÍA ABOIN. Coordinador de Planificación y Políticas de Salud de SESPAS (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria) y Técnico de Planificación Sanitaria del Servicio canario de Salud.
19’35 h. Descanso.
20’00 h. Mesa Redonda: Intervendrán, además del ponente,
diversos expertos en la materia, entre ellos:
D. JOSÉ DÍAZ FLOREZ ESTÉVEZ. Director General de Salud
Pública del Gobierno de Canarias.
DÑA. PILAR MERCEDES MARTÍNES PADRÓN. Directora de Gestión de
Personal del Hospital Universitario Ntra. Sra. de Candelaria
DÑA. MARÍA GARBALLO SANDINO. Profesora de La Escuela Universitaria de Enfermería. 21’30 h. Fin de la jornada.

VIERNES 2

19’00 h. Ponencia: “El principio del bien común y la gestión del territorio” DR. D. CRISTÓBAL DÉNIZ HERNÁNDEZ
19’30 h. Descanso.
20’00 h. Mesa Redonda: Intervendrán, además del ponente, diversos expertos en la materia, entre ellos:
DÑA. MILAGROS LUIS BRITO, Viceconsejera de Medio
Ambiente del Gobierno de Canarias.
D. ADALBERTO DEL PINO, Jefe de Sección del Servicio de
Impacto Ambiental de la Viceconsejería de Medio
Ambiente del Gobierno de Canarias.
D. FELIPE HERNÁNDEZ LUIS, Gestor Ambiental de la Fundación Canaria Ataretaco.
D. ÓSCAR IZQUIERDO, Gerente de FEPECO (Federación de Empresas de la Construcción de Tenerife)
21’30 h. Fin de la jornada.

SABADO 3

10’00 h. CONCLUSIONES, revisión de la Cátedra y presentación del Curso de Ética y Política”.
D. VÍCTOR OLIVA GARCÍA.
Profesor de Teología Moral del ISTIC-Tenerife y Director de la Cátedra.

12’00 h. Final de la Semana.
****
Información y Matrícula:
Secretaría General del ISTICTenerife
Seminario Diocesano
La Verdellada s/n
38207 – La Laguna.
922 252540 / 922 259721
Fax: 922 252067
E-Mail:
secretariacet@cettenerife.org
***
miércoles, 21 de febrero de 2007
DOMINGO I DE CUARESMA./ B
25 de febrero de 2007


La Cuaresma, a diferencia del Adviento, es un tiempo prácticamente sin resonancia social. Por eso tiene especial importancia asegurar en las celebraciones los signos que ayudan a tomar conciencia de que nos encontramos en un tiempo importante: un canto de entrada muy propio y repetido todos los domingos, una ornamentación austera, un cartel bien visible y con una frase que recuerde lo que celebramos...

El Dios de la paz, el Dios que nos ama, nos invita, en este tiempo de Cuaresma, a convertirnos y a reconciliarnos con él. Que su amor y su gracia estén siempre con todos vosotros.

A. penitencial:
En silencio, pongámonos ahora ante Dios. Somos pecadores. En nuestra vida, a menudo nos alejamos del camino de amor que Jesús nos ha mostrado. Vivimos sin pensar, rezamos poco, tenemos el corazón poco abierto a los demás, no damos buen testimonio de nuestra fe. Por eso ahora, al empezar estos cuarenta días que nos llevarán hasta la Pascua, queremos pedir perdón, y queremos suplicarle a nuestro Padre del cielo que nos renueve y nos dé su gracia. Oremos ahora en silencio, en un silencio un poco más largo que el que acostumbramos a hacer cada domingo. (Silencio más largo).

Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

Dios todopoderoso tenga siempre misericordia...

1. lectura (Deuteronomio 26,4-10): Durante los domingos de Cuaresma en la primera lectura recordamos los grandes acontecimientos de la historia del pueblo de Israel. Es una preparación a la venida de Jesucristo, y es también como un anuncio de nuestro camino. Escuchémoslas uniéndonos a la historia del pueblo que Dios liberó de la esclavitud.

Salmo (90): El camino de la Cuaresma, y el de toda nuestra vida, se halla bajo la protección de Dios. Cantemos nuestra confianza en él.

2. lectura (Romanos 10,8-13): A nosotros, ¿de dónde nos viene la salvación? ¿dónde debe sustentarse nuestra fe? San Pablo nos lo enseña.

Antes de la aclamación (Ev.: Lucas 4,1-13): La lectura del evangelio nos une con Jesús al iniciar el camino cuaresmal. Aclamémosle ahora con gozo, y reconozcámosle como Señor.

Durante el tiempo de Cuaresma, se podría decir el Credo breve o Símbolo de los Apóstoles.

Oración universal: Con fe, pidámosle a Dios que escuche la oración de su pueblo. Respondamos cantando: KYRIE, ELEISON. R/ KYRIE, ELEISON.

1.- Para que cada vez más, en toda partes, en los corazones, triunfe el bien por encima del mal. KYRIE, ELEISON.

2.- Para que la luz de Jesucristo ilumine a los que viven alejados de la fe. KYRIE, ELEISON.

3.- Para que los enfermos alcancen salud y fortaleza y los que viven angustiados encuentren la paz. KYRIE, ELEISON.

4.- Para que este tiempo de Cuaresma sea, para toda la Iglesia, un tiempo de renovación en la fidelidad Evangelio. KYRIE, ELEISON.

5.- Para que cada uno de nosotros seamos siempre levadura y testimonio de amor y de esperanza. KYRIE ELEISON.

Escúchanos, Padre, y danos la vida nueva c Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de...

CPL
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Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos" de FEBRERO 2007, año XLIV - Nº 430.

EVANGELIO Y TRANSFORMACIONES
SOCIOCULTURALES


P. Carlos Collantes

C/ Landazábal, 3 - Entreplanta
31600 - BURLADA (Navarra) Tel.: 948 12 74 34


Escribíamos en números anteriores que la cultura es la forma de entender, valorar y explicar la vida que comparte una comunidad humana, una manera de estar en el mundo, de interpretarlo, de sentirse en él, de vivir, y que cada pueblo tiene su cultura propia. El Evangelio es también una manera de entender y de vivir la vida, y al ser portador de valores que van a terminar influyendo en la cultura del pueblo y de las personas que lo acogen, se con-vierte en un factor de transformación cultural.

La inculturación, encuentro entre el evangelio y la cultura, proceso nunca acabado, es reflejo de ese otro encuentro universal entre Dios y los distintos pueblos con sus culturas, Dios, en buen pedagogo, se adapta a su interlocutor y porque quiere hacerse entender nos habla un lenguaje comprensible, aunque con frecuencia nos sorprende porque rompe nuestros estrechos esquemas. Se nos acerca de modo admirable en Jesús, -Verbo Encarnado, por eso decimos que la. Encarnación —el máximo acercamiento de Dios a la humanidad— es el modelo que debe seguir la inculturación. «La Palabra se hizo carne...» se hizo lenguaje amoroso de Dios Padre, se hizo pueblo, cultura, historia, «y acampó entre nosotros», en nuestros corazones, en nuestras esperanzas, en nuestras búsquedas, en nuestra humanidad creadora.

Redención y transformación

La inculturación sigue el modelo de la Encarnación pero tiene en cuenta también otros criterios o lógicas, en concreto la ló gica de la redención o del misterio pascual. La inculturación, necesaria para que el mensaje evangélico sea bien comprendido, asimilado, vivido y dé frutos abundantes, necesaria para que el evangelio se enraíce en toda comunidad humana, en sus gentes, en sus culturas, es el camino para que la fe penetre en la vida concreta y cotidiana de los grupos humanos que se abren al evangelio. El espíritu que debe inspirar este proceso largo, viene dado por la «lógica» propia del misterio de lo r edención», misterio que indica la necesidad de transformación interna que toda cultura humana tiene, es esta lógica la que debe animar el discernimiento necesario en este proceso para distinguir y separar lo positivo y lo negativo en cada cultura.

La penetración de los valores evangélicos en las culturas forma parte del proceso de inculturación que no deja «intacta» la cultura, se producen inevitable-mente cambios y transformaciones. Y de hecho los documentos del magisterio utilizan la expresión «transformación» para hablar de este proceso. «El proceso de inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo: no se trata de una mera adaptación externa, ya que la inculturación «significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas» (RM 52).

Nueva creación
Los primeros javerianos, animados por el Fundador, se empeñaron desde los inicios en recoger y hacer conocer las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos entre los que trabajaban. También hoy debemos desarrollar un rol activo en este sector, colaborando gustosos con las Iglesias locales y las comunidades humanas en las que operamos. De esta manera facilitamos la relación y el intercambio entre culturas e Iglesias diversas. Además, apoyando las culturas loca-les podemos salvaguardar y desarrollar su identidad, contrarrestando así los efectos nocivos de la globalización en acto.

La inculturación es además un proa eso que podríamos calificar de total porque afecta a todas las dimensiones y sectores de la vida cristiana, a las expresiones de la fe, a la manera de celebrar esta misma fe dentro de la vida en la liturgia y en los sacramentos, también afecta a la vida interna de la comunidad, a su manera de organizar los diferentes servicios, a sus compromisos sociales, caritativos o de justicia en su ambiente, afecta por su-puesto a las relaciones humanas y a toda la manera de vivir. Abarca, por tanto, a todo el mensaje cristiano no sólo a la re-flexión, a la teología, a las ideas, sino también a la praxis, al comportamiento. Y no debe ser obra de unos especialistas —un grupo de teólogos— sino que debe madurar en el seno de toda la comunidad, todo el pueblo cristiano debe sentirse concernido o implicado, porque el Espíritu es dado a todos y reparte sus dones y carismas con liberad y generosidad.

Ya hemos citado la célebre definición del P. Arrupe: la inculturación «es la en-carnación de la vida y del mensaje cristiano en un determinado contexto cultural, de tal forma que esta experiencia no sólo encuentra expresión a través de los elementos propios de la cultura en cuestión, esto sería una adaptación superficial, sino que también se convierte en un principio que anima, dirige y unifica la cultura transformándola y rehaciéndola como si naciese una nueva creación». El mensaje evangélico una vez encarnado dentro de una cultura actúa con fuerza y desde dentro transforma y recrea todo dando lugar a una nueva realidad. Es como una semilla poderosa que crece vigorosa, sólida y por su propia virtualidad y energía transforma todo lo que toca (Marcos 4, 26-29), lleva la luz en las entrañas porque es Buena Nueva de un Dios cercano y bueno aun-que siempre envuelta en ropaje humano.

Desde dentro

El Hijo de Dios se encarna en nuestra humanidad y sólo al final del proceso, tras su muerte y resurrección comienza a existir un hombre nuevo, una humanidad nueva. Al hacerse de verdad uno de nosotros, el Verbo encarnado actúa y transforma desde dentro nuestra condición humana, para dar a luz a una nueva humanidad.

«El encuentro entre el Evangelio y una cultura no está orientado tanto hacia la encarnación del Evangelio en una cultura determinada como hacia la transformación de dicha cultura. Y se puede transformar auténtica-mente algo en lo que no se está presente», escribe el teólogo indio M. Amaladoss. El anuncio evangélico encuentra personas, las cuales, una vez convertidas de verdad, se con-vierten en agentes de transformación cultural, personas que previamente se han dejado transformar, que han cambia-do su visión del mundo aceptando valores nuevos, que han enriquecido su sistema de valores y que están dispuestas a transformar estructuras económicas, socioculturales, o políticas injustas. He visto cristianos «tocados» de verdad en su corazón, transformados por el espíritu evangélico y que, con su comportamien¬to nuevo, se han convertido en fermento que cuestiona y critica, en levadura que transforma ciertos rasgos culturales poco respetuosos con la dignidad de las personas. Y transformar una cultura significa en el fondo transformar una sociedad para que el Reino de Dios se exprese en ella, se haga más presente. Los cristianos a través de su testimonio personal y co¬munitario —levadura en la masa, sal que da sabor a su sociedad— pueden y deben invitar a su propia cultura al cambio, a la conversión, a la transformación sin querer imponer al conjunto social la pro¬pia visión. Porque la invitación a la con-versión no se dirige únicamente a los in¬dividuos sino también a las colectividades: a los pueblos, y a sus creaciones: las culturas.

Dado que la finalidad última de la evangelización es la construcción del Reino de Dios, la creación de comunidades que vivan la fraternidad y la justicia, el servicio y el perdón, la reconciliación y la paz, el evangelio está llamado a levantar su voz profética, crítica y renovadora, «capaz de hacer nuevas todas las cosas», desde la plenitud de vida que ofrece.
Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", FEBRERO 2007, año XLIV - nº 430.


ENTRE NOSOTROS

compartiendo una ilusión

EL PRIMER ENCUENTRO


En el número anterior habíamos dejado a Guido María Conforti en el seminario de Parma, donde ingresó en noviembre de 1876. En el seminario permaneció estudiando Filosofía y Teología, fue ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1888 y nombrado vicerrector y profesor el mismo año, servicios que prestó hasta 1892.
En el período transcurrido desde su llegada a Parma y la conclusión de sus estudios en el seminario, la vida de Conforti se vio afectada por dos acontecimientos, dos encuentros, que determinarían su vocación sacerdotal y misionera, el primero sería
EL ENCUENTRO CON EL CRUCIFIJO.

Cuando Conforti, todos los días, recorría el camino de la casa donde vivía a la escuela, pasaba por la puerta de la Iglesia de Santa María de la Paz. Entraba en la Iglesia y se recogía unos minutos en oración, lo hacía delante de un crucifijo grande, de tamaño natural, que presidía el altar mayor, eran pocos minutos, los suficientes para entablar un breve diálogo con aquel impresionante crucifijo.

«Yo le miraba...»

Un día entró como de costumbre, se acercó al altar y se sintió envuelto por una mirada particular: «Yo le miraba y El me miraba, y pareció decirme tantas cosas» referiría Conforti más tarde. «Tantas cosas» que fueron labrando en su corazón su respuesta sacerdotal y mi¬sionera, una respuesta a la llamada de Aquel que había dado la vida por todos que «había sufrido por todos» como le decía su madre cuando era niño.
Todas las biografías de Conforti y el testimonio de amigos y confidentes, subrayan como determinante, para la vocación y trayectoria humana y cristiana de Conforti, el encuentro con el Crucifijo de la iglesia de Nuestra Señora de la Paz.

Jesús en la cruz

El encuentro del adolescente Conforti con Jesús en la cruz, con el crucifijo de la Paz, fue su primera y más fuerte experiencia religiosa en ese período de su vida, una experiencia que puso las bases para su futura vocación misionera y para su obra de fundación de un Instituto misionero. La contemplación de Jesús en la cruz, misionero del Padre, constituirá, a su tiempo, una de las características específicas del carisma misionero de Conforti.

La contemplación del crucifijo, «yo le miraba y El me miraba», llevará a Conforti a desarrollar una espiritualidad misionera. En Jesús, clavado en la Cruz, Conforti ve al Señor que ha dado la vida por todos, al Salvador del mundo, un Señor y un Salvador al que hay que dar a conocer a todo el mundo mediante la actividad misionera. Se reproduce en Conforti la experiencia fundamental del verdadero creyente: Conocer a Dios e, impelidos por esta experiencia, darle a conocer para el bien de los demás. Este encuentro de Conforti con Jesús crucificado se irá desarrollando, a lo largo de su vida, en frutos personales y realizaciones concretas que dieron forma a su proyecto de vida y de acción en la Iglesia y en el inundo.

Imagen entrañable

La influencia de Cristo en la vida de Conforti, como en la de todo cristiano-a, sacerdote, religioso-a, misionero-a, es una experiencia espiritual, de encuentro y de comunión con El. En Conforti esta experiencia del encuentro con Cristo en su adolescencia queda acreditada, si así podemos decirlo, por el cariño entrañable que él tuvo siempre a aquel Crucificado que encontró a temprana edad.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Paz fue cerrada y el Crucifijo fue a parar a la iglesia de San Francisco donde Conforti, ya obispo de Parma, lo encontró y lo compró, estaba muy deteriorado.

Un día llama a un ex-compañero suyo del colegio de la Salle y enseñándole el crucifijo le dice. «Para mí este crucifijo es milagroso. Tiene su historia. Estaba en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz. A El atribuyo mi vocación. Deseo colocarlo en el altar mayor de nuestra catedral para que siga inspirándome. Te encargo que me lo restaures».

Ya restaurado, al obispo Conforti le gustaba llevar a sus amistades a verlo, un día, a Don Ormisda Pellegri (rector del Instituto Javeriano mientras Conforti fue arzobispo de Rávena), se lo muestra y le pregunta: «¿Qué te parece? ¿te gusta'? Tú no sabes su historia. Cuando yo vivía en Parma, en casa de las Maini, iba cada mañana a rezar delante de él, a él le debo mi vocación».

En la actualidad, esta (para Conforti y para todos los javerianos) entrañable imagen del Crucificado se encuentra en la capilla de nuestra Casa Madre, en Parma-Italia. 

P. Luis Pérez Hernández s.x.
Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Espiritualidad
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21 de Febrero

Desde la Delegación de Migraciones se nos participa de la celebración de las III Jornadas de Formación ante la realidad de inmigración bajo el lema “La parroquia y los inmigrantes” y que tendrán lugar los días 7, 8 y 9 de Marzo en el Seminario Diocesano en horario de 19,00 a 21,30 horas. Será el sacerdote Don Braulio Carles Barriopedro quien las dirigirá. Tiene como responsabilidades ser el Delegado Diocesano de Sigüenza-Guadalajara y miembro del Consejo Asesor de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.
La realidad de la inmigración es uno de los “signos de los tiempos”, en palabras de Benedicto XVI, al que se hace necesario dar una respuesta acertada desde la fe, desde el Evangelio y desde la misma vida de la Iglesia en el aquí y ahora de nuestras parroquias y de la diócesis.
21 Febrero (ACI).- Miles de peregrinos se dieron cita en el Aula Pablo VI para participar en la Audiencia General con el Papa Benedicto XVI, quien en el día en que la Iglesia inicia la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza recordó que este tiempo es "un camino hacia el gran encuentro con Cristo".

“La Cuaresma es una renovado catecumenado en el cual vamos nuevamente al encuentro de nuestro Bautismo para redescubrirlo y revivirlo en su profundidad, para ser realmente cristianos”, dijo el Pontífice durante su catequesis.

El Santo Padre recordó a los presentes que “la Cuaresma es un camino hacia el gran encuentro con Cristo” así como “ocasión para volver a ser cristianos mediante un constante proceso de conversión interior y de avanzar en el conocimiento y en el amor de Cristo”.

Sobre la conversión agregó que “no puede limitarse a un periodo particular del año: es un camino de todos los días, que debe abrazar todo el arco de la existencia, cada día de nuestra vida”.

“La Cuaresma –continuó– es la estación espiritual propicia para entrenarse con mayor tenacidad para buscar a Dios, abriendo el corazón a Cristo”.

Más adelante afirmó que “el sincero deseo de Dios nos lleva a rechazar el mal y a realizar el bien. Esta conversión del corazón es sobre todo don gratuito de Dios que nos ha creado para sí y en Jesucristo nos ha redimido: nuestra verdadera felicidad consiste en permanecer en Él”.

“Convertirse es buscar a Dios, ir con Dios, seguir dulcemente las enseñanzas de su Hijo, de Jesucristo; no es un esfuerzo para auto realizar uno mismo pues el ser humano no es el arquitecto del propio destino eterno”, dijo Benedicto XVI.

Finalmente el Papa definió la conversión como un “aceptar libremente y con amor depender en todo de Dios, seguir con simplicidad y confianza al Señor”.

Tras su catequesis, el Papa saludó a los peregrinos de lengua española, especialmente a las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús; a los fieles de Albacete, Tenerife y Toledo; a los estudiantes de Cáceres y San Sebastián, así como a los peregrinos de Argentina, Chile y México.

"El período cuaresmal, que hoy comenzamos con el austero y significativo rito de la imposición de la Ceniza, sea para todos una experiencia renovada del amor misericordioso de Cristo. Aprendamos de Él a amar al prójimo, especialmente a cuantos sufren. Que la Virgen María nos acompañe en esta Cuaresma para prepararnos a revivir el misterio de la Pascua, revelación suprema del amor de Dios. ¡Buena Cuaresma a todos!", concluyó.
martes, 20 de febrero de 2007
Artículo publicado en Revista Semanal de EL DÍA, el sábado 17 de Febrero de 2007, escrito por María Jesús Riquelme Pérez.

“Desde el Quisisana”

En el 450 aniversario del nacimiento de un Santo, José de Calasanz y Gascón (1557-1648)

UN FILÁMTROPO DEL SIGLO DE ORO. FUNDADOR
DE LAS ESCUELAS PÍAS


MARÍA JESÚS RIQUELME PÉREZ


Al P. Tomás Santamaría (rector y director general); a la Comunidad Educativa y a los Ex alumnos de las Escuelas Pías del Quisisana.

"Si desde la infancia, el niño es imbuido diligentemente en la Piedad y en las Letras, ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de su vida entera" (San José de Calasanz).

Introducción

"La educación no es una realidad universal y etérea que prescinde de la historia y del ámbito donde se realiza" (P. Miguel Angel Asiain).

ESTA afirmación actual tendría que matizarse si nos retrotraemos a la escuela de la Edad Moderna, nuestro punto de partida en esta historia. En esta etapa, correspondiente a la España imperial –el Siglo de Oro–, sólo se educaban los hijos de los nobles y de la alta burguesía. Las escuelas eran escasas y privadas. La mentalidad de las familias en cuanto a la educación de sus hijos no se corresponde con las inquietudes actuales, de ahí que largos planes de estudios como conocemos en la actualidad no existiesen. Era incluso frecuente que los niños de las clases altas tuviesen preceptores en sus palacios o villas y no acudiesen a la escuela. No había titulaciones oficiales reconocidas, y sólo aprendían a leer y escribir y se preparaban intelectualmente los hijos de las familias pudientes, pues las escuelas, dirigidas funda-mentalmente por jesuitas, dominicos y franciscanos, eran privadas como ya indicamos. Con el paso del tiempo, según nos vamos adentrando en la Edad Moderna, bajo el patronazgo real y el mecenazgo de las órdenes religiosas y los nobles, el interés por la cultura va en aumento con la creación de las primeras universidades...

Desarrollo:

Biografía. Primeras acciones

El 11 de septiembre de 1557, en los inicios de la "Edad de Hierro", término acuñado para determinar el período de crisis y estancamiento que sufre Europa, nace en Peralta de la Sal (Huesca) un futuro gran hombre, José de Calasanz, no sólo por su físico sino por su gran misión y la magnífica obra que nos legó: la cristalización de un proyecto espiritual y pedagógico revolucionario en la decadente Roma del siglo XVII.

Su carácter reflexivo y sosegado y su sólida formación cultural y cristiana, en 1583 había sido ordenado sacerdote, le trazan una misión y un camino ya imparables desde que en el año 1592 llegara a la Ciudad Eterna en pro de una canonjía. El panorama que ofrecía Roma entonces, con numerosos niños huérfanos vagando y otros mendigando por las calles, sin oficio ni educación, producto de la crisis económica, la peste y las continuas guerras que aso¬laron a Europa, caló profundamente en el ánimo del P. José en su deambular como visitador de la Cofradía de los Santos Apóstoles, por los catorce barrios de la antigua capital del Imperio. La pobreza y la prostitución aumentaban de forma descontrolada, representando la cuarta parte de la población de cada país europeo, a pesar de los programas gubernamentales y acciones privadas de asociaciones benéficas por paliar esta crítica situación.

Encontramos a Calasanz como preceptor de los sobrinos del cardenal Marco Antonio Colonna (1592-1602) y ayudando los domingos en la catequesis al párroco de la iglesia de Santa Dorotea, en el barrio del Trastévere, de los más pobres de Roma. La sacristía de esta iglesia sería la génesis y punto de partida de la primera escuela cristiana, popular y gratuita de Europa desde el año 1597. Desde este momento, el cambio de residencia de Calasanz, con el beneplácito de las autoridades eclesiásticas, fue continuo. Entre 1602-1605 vive en el Palacio Vestri; de 1 605 a 1612 lo encontramos en el Palacio Manzini y, por último, de 1612 a 1648, año de su fallecimiento, en el Pala¬cio Torres anexo a la iglesia de San Pantaleón, siempre en su afán de buscar los espacios más amplios y adecuados para acoger a sus niños.

Pronto empieza a tener seguidores que admiran su filantropía y animan su labor. Así, en 1617 se legaliza la Congregación Paulina de las Escuelas Pías, con el nombre oficial de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Cuatro años más tarde, es declarada orden religiosa y en 1 622 se aprueban sus constituciones. Otra novedad respecto a la enseñanza de entonces es la fundación de otros centros de las Escuelas Pías por la propia Italia y en otros países de Europa, hecho insólito en la educación de entonces.

En pleno auge de expansión, el papa Urbano VIII suspende al fundador de su cargo de general y, tres años después, reduce la Orden a Congregación sin votos. Fue un duro golpe para el P. José, que muere cinco años después. En 1650 empieza rápidamente su beatificación. Seis años después, el papa Alejandro VII restablece la congregación de las EE. Pías y, en 1669, el papa Clemente IX restablece a la Orden sus votos solemnes. En 1748, justo cien años después de su fallecimiento, el papa Benedicto XIV, por fin, beatifica a José de Calasanz, y en el año 1767, el papa Clemente XIII canoniza al beato José de Calasanz en San Pedro del Vaticano, por fin es reconocida internacionalmente la labor espiritual y pedagógica de este santo.

El carisma calasancio

La filantropía de Calasanz tuvo una intención fundamental: fomentar la espiritualidad y conocimiento de Cristo para buscar el bien de la sociedad. En sus constituciones y en un Memorial del año 1626 dice textualmente: "Es propio del instituto de las EE. Pías enseñar a los alumnos y particularmente a los pobres, muchos de los cuales por dejadez o pobreza de sus padres no vienen a la escuela ni aprenden oficio alguno (..) ". Sobre esta misión primordial vuelve a insistir al final de su vida en el Memorial de 1645.

Ejes de la espiritualidad y pedagogía calasancia

Uno de los ejes de la espiritualidad calasancia es el concepto de piedad y del santo temor de Dios. Una misma realidad que transmite a su alumnado. Calasanz llama al educador "Cooperador de la Verdad", es decir, cooperador de Dios en la propagación y difusión de la ver-dad. Partiendo de su misma espiritualidad quiere que sus religiosos tengan unas cualidades que les hagan dignos cooperadores de la verdad y servidores de los niños, especialmente de los más pobres. Añade a lo anterior que el perfil idóneo del maestro calasancio debe ser: el amor de Dios y del prójimo; la paciencia y la caridad en su trabajo diario; la humildad, adaptándose al nivel cultural y moral y a las capacidades del educando: un aprendizaje, en definitiva, constructivista. Además, añade que el educador calasancio debe transmitir a su alumnado: el fomento y el desarrollo de la libertad humana con la suficiente fuerza para que se consiga la reforma de la sociedad mediante la educación. Para esta profunda labor en su doble vertiente de fe y cultura, era y es nece¬sario, si pretendemos seguir humildemente las directrices calasancias y vivir su carisma: un educador creyente cristiano, con rica vida interior para que pueda ofrecer su trabajo de forma desinteresada y generosa para sus educandos, especialmente para los más pobres. Entiéndase hoy día pobreza como carencias físicas y psíquicas, no sólo materiales.

Recordemos que la idea original de Calasanz era la de una escuela gratuita para los más pobres, con un plan de estudios articulado en nueve clases con cursos de cuatro a seis meses. En las cuatro clases de Primaria aprendían a leer y escribir, el ábaco (operaciones matemáticas básicas) y se iniciaban en la Gramática. En las clases de Secundaria, se ampliaban los conocimientos gramaticales y aritméticos y se añadían otras asignaturas, como Geografía, Historia, Griego, etc. En ambas etapas, la formación religiosa también estaba presente.

Actualmente, las Escuelas Calasancias siguen las normativas que en materia de educación imponen los Estados de los diferentes países del mundo, pero siempre bajo el prisma de una sólida formación humana y cristiana: evangelizamos educando; globalizamos para construir un mundo de paz y tolerancia en armonía y solidaridad con el medio ambiente; implicando a toda la comunidad educativa en el proceso de maduración del hombre y adquirimos instrumentos críticos y eficaces para que los jóvenes sean protagonistas en la transformación del mundo.

En definitiva, pretendemos el "sentir de la persona desde el clima escolar"; el respeto a personas y culturas diferentes a la propia; un talante liberal, paciente y respetuoso de los ritmos de crecimiento; una preparación cultural y pedagógica y, dentro del sentido democrático de nuestra escuela, una respuesta a los problemas sociales, en síntesis, pastoral y acción social, vertebrando y dando las directrices a los demás ejes de nuestra escuela, prioridades que diferencian el proyecto calasancio de otros proyectos educativos religiosos.

El mejor modo de hacer eficaz nuestra labor educativa y espiritual desde el carisma calasancio está en el acogimiento y la escucha, el "acompañamiento" de niños y jóvenes con afectividad (fraternidad universal). Es, sin duda, una dimensión inherente del carisma escolapio: ayudándoles a madurar para que ejerzan con reflexión su capacidad de decidir, no podemos olvidar que la transformación del hombre conlleva la transformación de la sociedad.

La Virgen María en las Escuelas Pías María fue siempre el referente ideal, vínculo directo con Dios, la Madre y educadora por excelencia. Por tanto, fue la figura a la que José de Calasanz encomendó su obra y bajo sus auspicios puso primero a su congregación y después a su orden religiosa. En todos los centros o escuelas escolapias, la Virgen María siempre está ocupando un lugar privilegiado.

La misión calasancia hoy

Para los religiosos, castidad, pobreza, obediencia y consagración especial en la educación de los niños. Formación integral para el alumnado. Buena preparación profesional y humana para los profesores laicos. A la comunidad educativa, en general, colaboración y cooperación, misión compartida.

Son ya millones los niños que desde el siglo XVII hasta el presente se han formado en las Escuela Pías del mundo y que han seguido llevando a sus hijos y nietos a educarse donde a ellos un día llevaron sus padres y abuelos. Esa gran "familia" de ex alumnos escolapios son los verdaderos discípulos de ese gran humanista español de nacimiento e italiano de adopción, allá donde se dirijan, alimentando la proyec¬ción calasancia a nivel internacional.

Las Escuelas Pías del Quisisana, Tenerife

Desde las Escuelas Pías de Santa Cruz de Tenerife, únicas en toda la comunidad canaria, que-remos sumamos a las celebraciones y actos que en todo el mundo tienen previsto realizarse en honor de este gran hombre, de fe y templaza de carácter, entregado a la educación, José de Calasanz.

Desde los años cuarenta del siglo XX, y con el paréntesis de 1978-1996, las Escuelas Pías han colaborado a la formación de numerosas generaciones de niños canarios; desde el año 1996 hasta el presente con carácter mixto, como demanda la Consejería de Educación a las actuales escuelas.

Después de dieciocho largos años ausentes de las Islas, el retomar de nuevo las actividades escolares en Tenerife, a partir del curso 1996-1997, obedeció primordialmente a las gestiones de numerosos ex alumnos que demandaban la enseñanza que ellos recibieron. El Quisisana, único centro donde se imparten hoy las enseñanzas calasancias, ha sufrido una serie de modernas remodelaciones y ampliaciones para adaptarse y dar respuesta a las instalaciones docentes y deportivas de los colegios concertados de las Islas. El colegio está a pleno rendimiento y las demandas de plazas para el alumnado son constantes. De nuevo, ha tenido la sociedad de Santa Cruz de Tenerife el privilegio de disfrutar de un centro educativo de calidad y prestigio, en el centro de la capital, para la formación de las futuras generaciones, dadas las características materialistas, consumistas y hedonistas de la actual sociedad laicista, cada vez más carente de valores e inquietudes.

Conclusiones

El proyecto de Calasanz ha sido difundido y mantenido a lo largo de casi cuatro siglos por todos los continentes, a través de las parroquias y escuelas creadas bajo su ideología y carisma (no cualquier educación transforma al hombre y a la sociedad, sino aquella que abarca la dimensión de Piedad y Letras, Fe y Cultura). Pero este proyecto no hubiera podido seguir adelante sin personas capaces y preparadas para continuar con su "testigo". El alto concepto que tiene el fundador del educador calasancio se expresa en la definición que le da: "Cooperador de Dios en la difusión de la Verdad". De ahí que sea tan importante la selección del profesorado. Quería Calasanz que sus maestros gozaran de "buena salud" fisica, psíquica, espiritual e intelectual. El maestro escolapio debe ser paternal y maternal, atrayéndose a los escolares y enseñándoles con afecto y paciencia, con verdadera vocación, especialmente a la diversidad (los más necesitados intelectual y emocionalmente). La respuesta que quiere dar la Orden en el siglo XX1 es la importancia de incorporar a los laicos al proceso de evangelización a través de las Escuelas Calasancias (Pedagogía del Umbral). Y la incorporación de todas las tecnologías más vanguardistas a sus métodos de enseñanza.

Calasanz sigue vivo en todas las Comunidades Escolapias, el carisma de un hombre de fe, adelantado a su tiempo en su concepción de la vida y la enseñanza, amigo de los intelectuales más avanzados y controvertidos de su tiempo, nos perfila su estilo, su personalidad y la vigencia de sus intemporales enseñanzas.
¡Feliz 450 aniversario del nacimiento de un Santo!.

Doctora en Historia del Arte.
Del Instituto de Estudios
Canarios. Profesora Escolapia

Homilía que pronunció Benedicto XVI durante la misa de exequias del cardenal Antonio María Javierre Ortas, en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el 2 de febrero de 2007.

Salesiano, nacido en España, el cardenal Javierre había sido prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


Queridos hermanos y hermanas:
Ayer, al día siguiente de la memoria litúrgica de san Juan Bosco, partió hacia el cielo uno de sus hijos espirituales, el querido y venerado cardenal Antonio María Javierre Ortas. En el momento de su partida, se encontró rodeado de la oración de sufragio que todos los salesianos suelen elevar por sus hermanos y hermanas difuntos precisamente al día siguiente de la fiesta de su fundador.

A su familia religiosa se une hoy la Curia romana; se unen los familiares y los amigos, con esta celebración, en el día que la liturgia recuerda la Presentación del Señor en el templo. Las palabras del anciano Simeón, que estrecha entre sus brazos al Niño Jesús, resuenan en esta circunstancia con especial emoción: «Nunc dimittis servum tuum Domine, secundum verbum tuum in pace», «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz» (Lc 2, 29). Es la oración que la Iglesia eleva a Dios al atardecer, y es muy significativo recordarla hoy cuando este hermano nuestro ha llegado al ocaso de su vida terrena.

«Misericordias Domini in aeternum cantabo», «Cantaré eternamente las misericordias del Señor». Hagamos nuestras estas palabras, tomadas de su diario espiritual, mientras acompañamos al cardenal Javierre Ortas en su viaje hacia la casa del Padre.

Nacido en Siétamo, en la diócesis de Huesca, el 21 de febrero de 1921, recibió como don una larga existencia, animada desde su juventud por un marcado espíritu misionero. Siguiendo el ejemplo de don Bosco hubiera querido vivir su vocación de salesiano en contacto directo con la juventud, en tierras de misión, pero la Providencia lo llamó a otras tareas. Así, fue apóstol en ambientes universitarios y en la Curia romana, pero sin perder ocasión de realizar una intensa actividad espiritual en el ámbito más propiamente teológico y en el campo más amplio de la cultura, sobre todo animando a grupos de profesores y de religiosos, y como capellán entre universitarios. Su servicio eclesial fue un servicio fiel y generoso, siempre disponible y cordial. Aunque llegó a una edad avanzada, nos dejó de modo improviso. Impulsados por la fe, pero también por el afecto hacia su venerada persona, nos encontramos ahora reunidos en torno al altar del Señor, y nos disponemos a ofrecer por él el sacrificio eucarístico.

En nuestra alma resuenan las palabras de Cristo que acabamos de escuchar en el evangelio: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré, es mi carne para vida del mundo» (Jn 6, 51). Esta es una de las frases de Jesús que encierran en síntesis todo su misterio. Y es consolador escucharla y meditarla mientras oramos por un alma sacerdotal que puso la Eucaristía como centro de su vida. La comunión sacramental, íntima y perseverante, con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, obra una profunda transformación de la persona, y el fruto de este proceso interior, que la envuelve totalmente, es lo que afirma de sí mismo el apóstol san Pablo en su carta a los Filipenses: «Mihi vivere Christus est», «Mi vida es Cristo» (Flp 1, 21). Así la muerte es una «ganancia», porque sólo muriendo se puede realizar plenamente el «estar con Cristo» del que la comunión eucarística es prenda en esta tierra.

Ayer pude tener entre mis manos algunas cartas que el cardenal Javierre dirigió al amado Juan Pablo II y en las que se pone de manifiesto precisamente esta referencia privilegiada a la Eucaristía. En 1992, cuando recibió el nombramiento de prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, escribió: «Huelga repetir en esta ocasión mi voluntad incondicionada de servicio. Cuente, Santidad, con mi esfuerzo sincero de conducir a término el cometido que se me ha encomendado. Lo imagino gravitando por completo en torno a la EUCARISTÍA —escrito así todo en mayúsculas—. Todo gira en torno a ese baricentro».

Luego, con ocasión del 50° aniversario de su ordenación sacerdotal, en la carta de acción de gracias al Santo Padre por la felicitación que le había enviado, escribió: «En el tiempo de mi ordenación, en Salamanca, el sacerdocio gravitaba íntegramente en torno a la Eucaristía... Es una alegría revivir los sentimientos de nuestra ordenación, conscientes de que en la Eucaristía, sacramento del Sacrificio, Cristo actualiza en plenitud su único sacerdocio».

El querido cardenal Javierre ya participa con alegría en la mesa celestial, en el banquete mesiánico del que habla Isaías en la primera lectura, donde la muerte ha sido eliminada para siempre y donde se han enjugado las lágrimas en todos los rostros (cf. Is 25, 8). En espera de compartir también nosotros, cuando el Señor lo disponga, ese eterno banquete de amor, ahora nos une a nosotros peregrinos y a él, que ya ha llegado a la meta, el canto que resuena en el salmo responsorial: «Dominus pascit me, et nihil mihi deerit: in loco pascuae, ibi me collocavit», «El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar» (Sal 22, 1-2). Sí, al hombre que vive en Cristo la muerte no le asusta; experimenta en todo momento lo que el salmista afirma con confianza: «Nam et si ambulavero in valle umbrae mortis, non timebo mala, quoniam tu mecum es», «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo» (Sal 22, 4).

«Tu mecum es», «Tú estás conmigo»: esta expresión remite a otra que Jesús resucitado dirigió a los Apóstoles y que este hermano nuestro eligió como su lema episcopal: «Ego vobiscum sum», «Yo estoy con vosotros» (Mt 28, 20). En efecto, el cardenal Javierre Ortas quiso que su existencia personal y su misión eclesial fueran un mensaje de esperanza; en su apostolado, siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco, se esforzó por comunicar a todos que Cristo está siempre con nosotros.

Él, hijo de la patria de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, ¡cuántas veces rezó en su corazón: «Nada te turbe, nada te espante. Quien a Dios tiene, nada le falta... Sólo Dios basta»! Y precisamente por estar acostumbrado a vivir sostenido por estas convicciones, el cardenal Javierre Ortas, en el momento de despedirse del ministerio activo en la Curia, escribió de nuevo al Papa estas palabras impregnadas de esperanza: «No me resta sino impetrar que el Señor utilice —en registro divino— la bondad de su Vicario cuando en la tarde de la vida —no lejana— suene para mí la hora del examen sobre el amor».

En el escudo de este querido hermano nuestro está representada una barca unida a dos columnas: la barca es la Iglesia, el timonel es el Papa, y las dos columnas son la Eucaristía y la Virgen María. Como digno hijo de don Bosco, tenía una profunda devoción a María, amada y venerada con el título de Auxiliadora. De la Virgen, "Ancilla Domini", trató de imitar el estilo de un servicio discreto y generoso.

Dejó el cargo de prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos "de puntillas" para dedicarse al servicio que, en cambio, nunca se debe dejar: la oración. Y ahora que el Padre celestial lo ha llamado a sí, estoy seguro de que en el cielo, donde confiamos en que el Señor lo haya acogido en su abrazo paternal, sigue rezando por nosotros.

Me complace concluir con una reflexión suya que nos lleva al abrazo del Redentor: Es maravilloso —escribía— pensar que no importa la serie de pecados de nuestra vida, que basta elevar los ojos y ver el gesto del Salvador que nos acoge a cada uno con bondad infinita, con suma amabilidad. Desde esta perspectiva, concluía, «la despedida se nimba de esperanza y de gozo».

[Traducción del italiano distribuida por la Santa Sede
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VATICANO - El Papa a los Nuncios Apostólicos en América Latina: "Ante los desafíos del actual momento histórico nuestras comunidades están llamadas a consolidar su adhesión a Cristo para testimoniar una fe madura y llena de alegría… es realmente enorme la fuerza espiritual que se puede sacar de América Latina"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Al término de la reunión que se ha tenido en preparación a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (ver Agencia Fides 15/2/2007), el Santo Padre Benedicto XVI recibió en audiencia, el sábado 17 de febrero, a los Representantes Pontificios en América latina. "Todo Nuncio Apostólico está llamado a consolidar los lazos de comunión entre las Iglesias particulares y el sucesor de Pedro- ha dicho el Papa en su discurso -. A él se le confía la responsabilidad de promover, junto con los Pastores y todo el Pueblo de Dios, el diálogo y la colaboración con la sociedad civil para la realización del bien común. Los Representantes Pontificios son la presencia del Papa, que se hace cercano a ellos, a todos aquellos a los que puede encontrar personalmente y, de modo especial, a quienes viven en condiciones de dificultad y sufrimiento".
Recordando la definición acuñada para América Latina del Papa Juan Pablo II - "Continente de la esperanza” -, Benedicto XVI ha expresado su alegría de poder tomar "personalmente contacto con la realidad de aquellos Países interviniendo, si Dios quiere, en la apertura del V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano". Dicha Asamblea en cierto sentido "resume y da continuación a las Conferencias Generales precedentes, a la vez que se enriquece con numerosos dones 'post-conciliares' del Magisterio Pontificio - ha continuado el Papa -. Se propone definir las grandes prioridades y suscitar un impulso renovado en la misión de la Iglesia al servicio de los pueblos latinoamericanos en las circunstancias concretas de los albores del siglo XXI. Tal resumen liga a la tradición de la catolicidad, que, gracias a una extraordinaria epopeya misionera, se ha hecho presente y ha caracterizado con su huella la estructura cultural que distingue hasta hoy la identidad latinoamericana".
Citando los desafíos que se presentan en el área latino-americana, "integrada en las dinámicas mundiales y condicionadas cada vez más por los efectos de la globalización", el Papa Benedicto XVI ha recordado que la Iglesia "ofrece la contribución que le es propia, es decir la del Evangelio", y ha deseado que "en los Países latino-americanos dónde las Cartas constitucionales se limitan a "conceder" libertad de credo y de culto pero no reconocen todavía la libertad religiosa se definan cuanto antes las relaciones recíprocas fundadas sobre los principios de autonomía y de colaboración sana y respetuosa". El Santo Padre ha recordado después el papel "histórico, espiritual, cultural y social" desarrollado siempre por la Iglesia Católica en América Latina, gracias también a la fusión entre la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas con el cristianismo y la cultura moderna. "Algunos ambientes, lo saben - ha continuado el Papa -, afirman un contraste entre la riqueza y profundidad de las culturas precolombinas y la fe cristiana presentada como una imposición exterior o una enajenación de los pueblos de América Latina. En verdad, el encuentro entre estas culturas y la fe en Cristo fue una respuesta interiormente esperada por tales culturas. No se debe por tanto, renegar de este encuentro, antes bien de profundizar como ha creado la verdadera identidad de los pueblos de América Latina."
La Iglesia Católica es hoy muy activa en la vida de la gente, estimada por el trabajo en el campo de la educación, la salud y la solidaridad, la ayuda a los pobres y la lucha contra la pobreza, por las intervenciones de mediación que se le piden en el ámbito de los conflictos interiores. Sin embargo, la Iglesia se enfrenta hoy con el proselitismo de las sectas y la creciente influencia del secularismo hedonista posmoderno. Por ello, las comunidades están llamadas a consolidar su adhesión a Cristo para testimoniar una fe madura y llena de alegría… Y es realmente enorme la fuerza espiritual que se puede sacar de América Latina, dónde los misterios de la fe son celebrados con ferviente devoción y la confianza en el futuro viene alimentada por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas". El Papa ha exhortado después a seguir con atención a los jóvenes en el camino de la vocación y a ayudar sacerdotes, religiosos y religiosas a perseverar en su vocación. Los numerosos jóvenes del continente, más de dos tercios de la población, constituyen “un inmenso potencial misionero y evangelizador" mientras la familia solicita una atención prioritaria ya que "parece ceder ante las presiones de las lobbies capaces de incidir negativamente en los procesos legislativos. Divorcios y uniones libres están en aumento, y el adulterio es mirado con injustificable tolerancia". A este respecto, el Santo Padre ha recordado que "el matrimonio y la familia tienen su fundamento en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el ser humano y su destino; sólo sobre la roca del amor conyugal, fiel y estable, entre un hombre y una mujer se puede edificar una comunidad digna del ser humano."
Entre las otras temáticas, religiosas y sociales, que afectan a las poblaciones latino-americanas, el Papa ha citado el fenómeno de la migración, la escuela y la atención a los valores y a la conciencia, "para formar laicos maduros capaces de ofrecer una contribución cualificada en la vida social y civil"; la educación de los jóvenes con adecuados planes vocacionales; una presencia eficaz en el campo de los medios de comunicación social. "Los movimientos eclesiales constituyen un válido recurso para el apostolado, pero a los que hay que ayudar a mantenerse siempre fieles al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia, también cuando se mueven en el campo social y político. En particular - ha concluido el Papa - siento el deber de reafirmar que no son los eclesiásticos los que deben encabezar agregaciones sociales o políticas, sino los laicos maduros y preparados profesionalmente". (S.L) (Agencia Fides 17/2/2007 - Líneas: 69 Palabras: 1000)

Links:
Texto completo del discurso del Santo Padre, en italiano
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=730
Mensaje de Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de Tehuacán
en la Cuaresma de 2007

Tehuacán, Pue., 15 de febrero de 2007

CUARESMA 2007


Hermanas y hermanos en Cristo Jesús:

El Papa Benedicto XVI nos ha entregado su Mensaje para la Cuaresma de este año 2007. Así nos dice: “La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19,25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios.”

“Mirarán al que traspasaron”, dice san Juan en su Evangelio (19,37), frase que recoge del profeta Zacarías (12,10) y cuya actitud aplica a María, Madre de Jesús, a él mismo y a todos los que contemplen a Jesús en la cruz. Actitud que ahora nos pide el Papa Benedicto XVI para vivir la Cuaresma.

Dicha frase y actitud nos recuerda otra, del autor de la Carta a los Hebreos, el cual, tras haber mencionado muchos modelos de fe que aparecen en la Historia de la Salvación (cf. Heb 11,1-40), nos invita a involucrarnos: “También nosotros, teniendo tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios” (Heb 12,1-2).

“Sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia”


Los testigos de fe presentados en la Carta a los Hebreos –y muchos otros que han dado testimonio valiente y perseverante de Cristo Jesús, algunos de ellos muy cercanos a nosotros- nos motivan a sacudir todo lastre y el pecado que nos asedia: Por ejemplo el lastre y el pecado de centrarnos en nosotros mismos y pretender que los demás giren en torno nuestro; el afán de lo material, de las posesiones, de la salud, del placer, de la fama, de la buena imagen, del prestigio. La Cuaresma es tiempo propicio para sacudir todo lastre que nos distrae y nos frena para seguir a Jesús.

“Corramos con fortaleza la prueba que se nos propone”

La Cuaresma nos presenta un proyecto que no es fácil ni cómodo, más bien se nos antoja evitarlo o suavizarlo, pero hay que asumirlo con fortaleza; las obras de penitencia –oración, limosna, ayuno- son una verdadera prueba en medio de este mundo que nos invade con sus criterios de placer, de consumo, de relativismo.

“ Correr con fortaleza” significa que el espíritu cuaresmal no se ha de vivir como a fuerzas y a regañadientes, sino con actitud positiva, con ligereza, como el atleta que no se centra en las privaciones a que se somete, sino que son disciplina y estrategia para correr y llegar triunfante a la meta.

“Fijos los ojos en Jesús”

Lo que da sentido a “correr” en el cumplimiento de las obras de penitencia, es tener “fijos los ojos en Jesús”. Las obras de penitencia no tienen una finalidad en sí mismas, sino que son un medio que nos ayuda a contemplar y seguir a Jesús, Quien es Camino, Verdad y Vida, Quien “inicia y perfecciona la fe”. Vivir la Cuaresma es dejarnos fascinar por Jesús, por su amor. “En la Cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros”, nos dice el Papa Benedicto XVI.

La Cuaresma es la contemplación asombrada y gozosa de cómo nuestro pecado provoca en Jesús su entrega total. Si mantenemos “fijos los ojos en Jesús”, Él nos sostendrá “para que no desfallezcamos faltos de ánimo” (cf. Heb 12,3), a fin de no ser mediocres o inestables en nuestra respuesta: Queremos correr, siguiendo a Jesús como discípulos apasionados y perseverantes.

También deseamos ser misioneros entusiastas de Jesús, para contagiar a los demás -familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos-, a tener fijos los ojos en Él. Pongámosle nombre, rostro y situación concreta a nuestros propósitos cuaresmales.

El rito del Miércoles de ceniza no es un acto aislado, sino la introducción al espíritu de la Cuaresma: Cuarenta días que culminarán en el Triduo Pascual, cuando celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. De modo que la Cuaresma nos lleva al gozo de la Pascua. Si la Cuaresma es importante, más lo es el Tiempo de la Pascua. Si tenemos fijos los ojos en Jesús crucificado, es para tener también fijos los ojos en Jesús resucitado.

Nuestro amor oblativo, a imitación de Jesús, nos lleva a morir a nosotros mismos, trayendo consigo los frutos de la resurrección, pues nos ayuda a entrar en una vida nueva, en un gozo inefable, que compartiremos jubilosos a los demás.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán
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Carta semanal del Arzobispo de Valladolid en la que comenta algunos de los contenidos del discurso del Papa Benedicto XVI ante el Tribunal de la Rota Romana.

La verdad del matrimonio
18-2-07


Arzobispo



La Delegación diocesana de Familia y Vida ha reunido a un considerable número de personas para reflexionar sobre el tema “Amar el amor humano. Juan Pablo II, la persona y la familia”. Hemos celebrado así la XXIII Semana de la Familia. La solidez y la valentía de Juan Pablo II en torno al tema del amor humano son asombrosas. Ciertamente es éste un ámbito que afecta muy mucho a la felicidad del ser humano, hombre y mujer, que invita una vez más a escribir sobre él, sin miedo a ser reiterativo.

Hace poco más de quince días, el papa Benedicto leyó un discurso ante el Tribunal de la Rota Romana. Creo sinceramente que merece la pena glosar algunos de sus contenidos, porque el Papa actual tiene la virtud de convertir en fácil lo que es difícil de exponer. La expresión «verdad del matrimonio» agrada poco al pensamiento relativista imperante en nuestra sociedad: pierde la expresión relevancia existencial en un contexto cultural marcado, en efecto, por el relativismo y el positivismo jurídico, que consideran el matrimonio simplemente como mera formalización social de vínculos afectivos en dos personas. Y no van más allá.

De resultas de ello, el matrimonio no sólo se convierte en una realidad blandita a la manera de muchos sentimientos humanos, sino que se presenta como si se tratara de una superestructura legal que la voluntad humana puede manipular a su antojo, privándola, llegado el caso, como ha sucedido en España, de su carácter heterosexual. Por desgracia, son muchos los católicos que participan de esta forma de pensar. Las consecuencias prácticas se perciben de manera particularmente intensa en el ámbito del matrimonio y la familia.

Estiman algunos, en efecto, que la doctrina conciliar acerca del matrimonio, que describe a éste como «íntima comunidad de vida y amor» (Gaudium et spes, 48), es un ideal al que no pueden verse “obligados” los cristianos normales, de modo que se llega a negar la existencia de un vínculo conyugal indisoluble. También se ha ido extendiendo en determinados ambientes eclesiales la convicción según la cual el bien pastoral de las personas en situación matrimonial irregular exigiría una especie de regulación canónica de las mismas, con independencia de la “verdad” acerca de las condiciones de las personas. Pero el matrimonio tiene una verdad propia, a cuyo descubrimiento contribuyen armónicamente razón y fe, es decir, el conocimiento humano, iluminado por la Palabra de Dios, acerca de la realidad sexualmente diferenciada de hombre y mujer, con sus profundas exigencias de complementariedad, de entrega definitiva y de exclusividad.

Lo que dice el Papa es que todo matrimonio es, desde luego, fruto del libre consentimiento del hombre y de la mujer; pero la libertad de éstos lleva a cabo la capacidad natural que contiene su ser hombre y ser mujer. La unión entre ambos se realiza en virtud del designio del propio Dios, que los ha hecho varón y hembra y les da el poder de unir para siempre las dimensiones naturales y complementarias de sus personas. La indisolubilidad del matrimonio no se deriva del compromiso definitivo de los contrayentes, sino que es propio de la naturaleza del «poderoso vínculo establecido por el Creador», que decía Juan Pablo II. ¿Qué ley emanada de cualquier parlamento puede quitar fuerza a esta realidad y verdad del matrimonio?
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Carta Pastoral en la Cuaresma de 2007 del Arzobispo de Santiago de Compostela Don Julián Barrio Barrio,

Carta Pastoral en la Cuaresma de 2007
“Convertíos a Mí de todo corazón…” (Joel 2,12)


Queridos diocesanos:

La liturgia cuaresmal se hace revelación y pedagogía para orientarnos a la Pascua y conmemorar los misterios más grandes de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En los primeros pasos de la Iglesia la Cuaresma era un tiempo de preparación para recibir el Bautismo y de arrepentimiento para quienes habían fallado a su compromiso cristiano. Ahora “la Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al misterio de Jesús en el desierto” . Tiempo de gracia y de misericordia que Dios nos ofrece para levantar nuestra alma hacia El, recorrer el camino de la propia conversión y dar testimonio de la fe y de la vivencia cristiana mediante nuestro empeño personal y la ayuda de la gracia para morir al pecado (cf. Rom 8,12-14) y alejarnos de todo aquello que nos aparta del plan de Dios y por consiguiente de nuestra felicidad y realización personal.

Llamada a la conversión

La conversión pasa por un cambio de mentalidad y por posicionarnos ante la vida desde los valores y las exigencias del Evangelio, significadas de manera especial en las Bienaventuranzas que subrayan la primacía interior de nuestras actitudes cristianas frente a los convencionalismos de la exterioridad. “Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira en primer lugar a las obras exteriores: “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior” . La propuesta de la Iglesia es la conversión, invitándonos a la oración con relación a Dios, al ayuno con relación a nosotros mismos, a la limosna con relación a los demás para vivir la dinámica cuaresmal. En este sentido, “la conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia” . Se nos llama a vencer el egoísmo con el ejercicio solidario del amor. “No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios” (Heb 13,16). Comenta san León Magno que “estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados”.

En la Cuaresma, de manera especial, se nos llama a vivir confiadamente el misterio de Dios, asegurándonos que en el desierto de nuestra vida, podemos encontrarle en el oasis de la misericordia. Es tiempo propicio para reafirmar el seguimiento de Cristo, nuestra vocación cristiana y nuestra identidad enraizada en Jesucristo, el hombre nuevo (Ef 2,15). La esperanza es la propuesta de Dios al hombre en estos tiempos de desánimo e increencia. “Para muchos cristianos, la desesperanza es una verdadera tentación, una auténtica amenaza”. En medio de las dificultades, en la Iglesia y en el mundo, “es cierto que Dios nos ama irrevocablemente; que Jesús nos ha prometido su presencia y su asistencia hasta el fin del mundo; que Dios, en su providencia, de los males saca bienes para sus hijos” .

Es la hora de abrirnos a la gracia, responder a la llamada a la penitencia y vivir la experiencia del amor de Dios. El prefacio cuarto de Cuaresma nos pregona que la verdadera mortificación “refrena nuestras pasiones, eleva nuestro espíritu, nos da fuerza y recompensa”. El amor gratuito de Dios para con nosotros, dóciles a la acción del Espíritu, ha de encontrar respuesta en nuestro amor paciente y misericordioso frente al odio y a la injusticia, y en un corazón abierto a la caridad como superación de todo egoísmo. Los índices de la conversión cristiana son la apertura a la bondad fraterna universal, comprometiéndonos a hacer a los demás lo que desearíamos que los demás hicieran con nosotros (Lc 6, 31), y la imitación filial de la perfección del Padre celestial, recordando que estamos llamados a ser perfectos como Él es perfecto (Mt 5, 48). Y todo ello en espíritu de oración que nos ayuda a descubrir y cumplir su voluntad con la actitud obediencial de Cristo en el amor al plan divino. “A la luz del amor tratamos los cristianos de comprender la verdad profunda de las personas, de la familia, de la vida social en toda su complejidad y en toda su amplitud” y “al ver a los demás con los ojos de Cristo podremos darles mucho más que la ayuda de cosas materiales, tan necesarias: podremos ofrecerles la mirada de amor que todo hombre necesita” .

La Cuaresma, “evangelio de la reconciliación”

Vivimos un momento desasosegado en nuestra convivencia y sería lamentable perder lo que con tanto esfuerzo y tenacidad se ha ido consiguiendo en estos años pasados. “Perdón, reconciliación, paz y convivencia, fueron los grandes valores morales que la Iglesia proclamó y que la mayoría de los católicos y de los españoles en general vivieron intensamente en aquellos momentos”. Reconciliarse con Dios conlleva sus exigencias profundas: El pecador reconciliado con Dios no puede tributarle un culto agradable si no va primero a reconciliarse con su hermano (cf. Mt 5,23 ss). En este sentido mas allá de toda reticencia, “todos debemos procurar que no se deterioren ni se dilapiden los bienes alcanzados. Una sociedad que parecía haber encontrado el camino de su reconciliación y distensión, vuelve a hallarse dividida y enfrentada. Una utilización de la memoria histórica, guiada por una mentalidad selectiva, abre de nuevo viejas heridas de la guerra civil y aviva sentimientos encontrados que parecían estar superados. Estas medidas no pueden considerarse un verdadero progreso social, sino más bien un retroceso histórico y cívico, con un riesgo evidente de tensiones, discriminaciones y alteraciones de una tranquila convivencia” .

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela
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Carta pastoral "Cuaresma en tiempos de prueba", del Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Mons. Fernando Sebastián,

21 de febrero de 2007 - Miércoles de Ceniza

Cuaresma en tiempos de prueba


Vivimos en una sociedad de muchos contrastes, y hay una cierta predisposición en favor del rechazo, de la transgresión, como si necesitáramos disfrutar del gusto de lo prohibido, de lo nuevo, de lo diferente. En nuestra sociedad se ha instalado la creencia de que para ser progresista hay que criticar a los Obispos y fastidiar a los católicos. Esta situación, poco a poco, debilita las convicciones religiosas de muchas personas, y dificulta la adhesión de los jóvenes a la fe y a las tradiciones cristianas.

En este contexto puede resultar muy provechoso para los cristianos el esfuerzo de vivir con especial seriedad las semanas de la próxima Cuaresma. El mensaje de la Cuaresma está en el centro de la fe cristiana. Se trata de prepararnos para celebrar adecuadamente las fiestas de la Pascua, para vivir la Resurrección de Cristo como centro de nuestra fe en Dios, apoyo de nuestra esperanza y justificación de nuestra vida.

La primera invitación de la Cuaresma es dedicar algo más de atención y de tiempo al cuidado de nuestra fe y nuestra vida cristiana. Con un poco de interés todos podemos hacerlo. Podemos, por ejemplo, dedicar unos minutos a leer un pasaje del evangelio, unas páginas de un libro espiritual, como el Kempis, o de los escritos de los santos. Podemos también dedicar unos minutos a rezar, en casa, por la mañana o por la noche. Podemos, incluso pasar unos minutos en el silencio de una Iglesia, ante el Sagrario. Por cierto, los responsables tendrían que estudiar el modo de tener las iglesias abiertas durante más tiempo.

Una segunda dimensión de la Cuaresma es la invitación al arrepentimiento y la penitencia de nuestros pecados. Cuando nos acercamos a Dios, cuando dejamos que la mirada de Jesús ilumine nuestra vida, nos damos de nuestros pecados, nuestras faltas de piedad, de diligencia, de amor y misericordia. Sólo reconociendo nuestras deficiencias podremos librarnos de ellas y mejorar espiritualmente. La oración nos ayuda a sentir con fuerza la presencia de Jesús en nuestro corazón y ver en su presencia la verdad de nuestra vida personal y espiritual. Somos pecadores, y sólo podemos alcanzar la verdad y la paz interior reconociendo nuestras faltas y pidiendo perdón a Dios por ellas.

Los cristianos contamos con la seguridad del perdón de Dios anunciado por Jesús, ofrecido por la Iglesia, en virtud de su pasión y muerte, mediante el sacramento de la penitencia y del perdón de los pecados. La Iglesia ha recibido del Señor el encargo de anunciar y conceder el perdón de los pecados en nombre de Dios y de Jesucristo nuestro salvador. En virtud de la misión y de la autoridad recibida, ha ordenado el modo de celebrar y alcanzar este perdón de Dios mediante la celebración del sacramento. Nadie, ningún sacerdote, ningún grupo, tiene capacidad para modificar las normas de la Iglesia acerca de cómo celebrar este sacramento. El desconcierto y los abusos existentes en torno a este sacramento están haciendo mucho daño en la vida de las parroquias y de los cristianos.

Los cristianos tienen que saber que el ordenamiento eclesial para recibir el perdón de los pecados en el nombre de Dios requiere la confesión personal de los pecados a un confesor autorizado por la Iglesia y la manifestación de un verdadero arrepentimiento con sincero deseo de la enmienda que nos prepara para recibir personalmente del confesor la absolución de los pecados por el ministerio de la Iglesia y en nombre del mismo Dios. Esta manera de celebrar el sacramento no se puede modificar ni sustituir por otras formas llamadas comunitarias en las que se suprimen la confesión de los pecados y la recepción directa y personal de la absolución en nombre de Dios con la fórmula prevista por la Iglesia.

Cuando celebramos este sacramento, los sacerdotes somos meros ministros de la Iglesia, humildes instrumentos y servidores del Señor. Los sacramentos son verdaderas acciones de Cristo Salvador por medio de su Cuerpo que es la Iglesia. No tenemos ningún dominio sobre ellos. Nadie puede modificar a su gusto la manera de celebrarlos sin riesgo de profanarlos y perder su fuerza santificadora. Quien actúa de esta manera comete una grave desobediencia, engaña a los fieles y hiere la comunión eclesial.

Con toda mi autoridad y el mayor empeño de que soy capaz pido a los sacerdotes que siguen impartiendo estas falsas absoluciones generales que desistan definitivamente de esta práctica abusiva, gravemente ilícita y perjudicial. Los fieles no deben dar crédito a quienes les inviten a celebrar el sacramento de la penitencia en contra de las prescripciones de la Iglesia. Hagamos todos un esfuerzo en esta Cuaresma por reconocer al sacramento de la penitencia la dignidad que le corresponde en la vida de la comunidad cristiana y en nuestra propia vida personal. Busquemos en él el perdón de nuestras culpas, facilitemos a los fieles la celebración del sacramento de penitencia de manera personal, con una buena preparación, según el rito previsto por la Iglesia, anunciemos y celebremos el gozo del perdón y de la paz. Sin esta práctica no puede haber crecimiento espiritual en los cristianos ni conseguiremos nunca promover comunidades parroquiales espiritualmente vigorosas.

El tercer ejercicio de la Cuaresma es la caridad, el amor. La caridad fraterna tiene un reverso que es la sobriedad, la austeridad. Para ser efectivos en la ayuda a los hermanos necesitados, antes tendremos que ser más austeros y practicar la sobriedad, resistiendo las llamadas constantes que recibimos a favor del consumismo sin límites, del fatigoso tener de todo sin contentarnos nunca con nada. Hagamos un ejercicio consciente de sobriedad para poder ayudar a nuestros hermanos, para dar limosnas importantes en favor de las misiones, de las actividades de Caritas o de Manos Unidas, de las inacabables necesidades de la Iglesia diocesana.

Recorramos con fervor este camino de la nueva Cuaresma. Vivamos estos ejercicios cuaresmales con intensidad en nuestras parroquias y comunidades. Es un tiempo de progreso y de crecimiento, un itinerario de liberación y de fraternidad. Por delante de nosotros se ven ya las luces de la Resurrección, el resplandor del rostro de Jesús que nos espera con los brazos abiertos en la Casa eterna del Padre común. Esta es la peregrinación de la Iglesia, el itinerario de nuestro crecimiento espiritual, el camino indispensable de la verdadera humanidad.

+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
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lunes, 19 de febrero de 2007
Carta de monseñor Virginio D. Bressanelli, obispo de Comodoro Rivadavia con motivo del comienzo de las celebraciones de los 50 años de la creación de la Diócesis de Comodoro Rivadavia

Hagan todo lo que ÉL les diga, Carta del obispo de Comodoro Rivadavia


Queridos hermanos y hermana del Chubut:

Hace 50 años, el 11 de febrero de 1957, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, nacía, junto a otras once Diócesis del país, la de Comodoro Rivadavia. La celebración de este evento, encuentra hoy a toda la Iglesia de Chubut espiritualmente unida en torno a nuestra Madre, en el Santuario María Auxiliadora de Rawson. Desde aquí, como Padre y Pastor de esta Iglesia Local me parece oportuno dirigirles un sencillo mensaje.

La Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios, una familia universal, formada por creyentes de todos los pueblos, razas y lenguas. Pero es también familia cercana, integrada por todas aquellas personas que vivimos la fe dentro de un territorio encomendado por el Papa a la atención pastoral de un obispo. Eso es la Diócesis: Iglesia Local, familia cercana.

En la Iglesia Diocesana, con su historia y sus tradiciones, con las familias que la integran, con sus parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos de apostolado, animados por el Espíritu Santo, vivimos la alegría de nuestra fe en Cristo Jesús. En ella acogemos el don de la Palabra de Dios, recibimos la catequesis, celebramos la Eucaristía y los demás sacramentos y crecemos como hijos de Dios. Bajo la guía de nuestros sacerdotes y con el testimonio y trabajo de los religiosos/as, consagrados y agentes pastorales laicos, nos vamos constituyendo en una comunidad eclesial viva, eucarística, fraterna y misionera.

Sus signos visibles son sus templos, sus capillas, sus colegios, sus obras sociales, y los 64 lugares distribuidos en todo Chubut donde Caritas presta sus servicios e implementa sus proyectos de promoción humana, colaborando en la construcción de un mundo más justo y feliz, socorriendo a los más pobres y marginados.

¿No son motivos más que suficientes para sentirnos a gusto en esta gran familia, apoyar la Iglesia, participar en su vida y en su misión? En este día en que la Diócesis peregrina hasta los pies de María Auxiliadora en su santuario de Rawson quiero que afiancen su sentido de pertenencia a esta Iglesia y oren por ella. Sus Bodas de Oro son ocasión de ocuparnos de una manera armónica por su crecimiento, por descubrir cada uno su vocación y sus carismas, por hacerla visible de una forma más completa aquí y ahora en su servicio evangelizador, en su apertura a todos los que viven junto a nosotros.

El año jubilar es un tiempo de gracia

Este es el tiempo oportuno para experimentar y agradecer la fidelidad del Señor para con su Iglesia. La Iglesia que El soñó y que fundó sobre el cimiento de Pedro y de los Apóstoles, y que llega ininterrumpidamente hasta nosotros, a través de muchas vicisitudes históricas, sostenida, purificada y santificada por la gracia de Jesucristo.

Por eso es para nosotros también un tiempo de renovación interior y de compromiso pastoral, deseosos de ser y de responder a lo que Jesús quiere de su Iglesia en Chubut.

Todos estamos llamados a profundizar y renovar nuestra fe católica, y a reavivar la alegría de ser la Iglesia de Jesucristo.

Nuestro gozo nos estimula a hacer memoria de todos los hermanos, varones y mujeres que, colaborando con Cristo, dóciles a la acción del Espíritu, se han involucrado a lo largo de estos años para anunciar el Evangelio a todos, y para hacer más digna, justa , feliz y humana la vida de todos.

La Iglesia Católica ha escrito muchas páginas importantes de la historia de Chubut y quiere seguir siendo en esta realidad signo del amor de Dios, vínculo de comunión e instrumento de salvación, de promoción humana y de dignidad para todos los habitantes de este suelo.

Algunos signos convocantes para este año

Quisiera proponer a los fieles de la Diócesis y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad algunas metas que sean hitos o signos de este año jubilar. A saber:

- Priorizar la atención pastoral y social de los jóvenes y de la familia. Su futuro está amenazado. Como Iglesia, desde nuestra pobreza de recursos y medios, queremos comprometernos para darles fe, esperanza, sostén y ayuda para que construyan un futuro digno y feliz.

- Este ha de ser un AÑO VOCACIONAL, para que todos encuentren su lugar y su misión en la Iglesia, en la sociedad y en la historia. Necesitamos muchos y santos sacerdotes, consagrados/as y laicos entregados generosamente a Dios, al anuncio del Evangelio y al servicio de los hermanos. Hay que orar mucho; pero no basta. Hay que ser capaces de entregar generosamente la vida como la entregaron Jesucristo, María y los Santos de todos los tiempos. Cada miembro de la Iglesia debe asumir la responsabilidad de la misión y tarea que le tocan; y todos juntos hemos de desarrollar la Pastoral Vocacional en todos sus niveles y formas.

- Les propongo también embellecer, reparar y terminar la Catedral, Templo Madre de la Diócesis, signo visible de la unidad de nuestra Iglesia de Chubut. Es uno de los lugares más visitados de Comodoro Rivadavia y me gustaría que estuviera más linda, mejor conservada. Es un gran desafío ya que es la casa de toda la Diócesis en la que se celebran los grandes acontecimientos de esta familia cercana, la Iglesia Local.

- Asimismo tengo la ilusión de que comience la Escuela de Ministerios y Diaconado Permanente. Es otro gran desafío para afrontar la misión de la Iglesia de un modo más pleno. El primer paso será implementar el Seminario Catequístico Diocesano para dar oportunidad de formarse, de una manera sistemática y amplia, a todos los bautizados que lo deseen y puedan hacerlo.

- Tenemos otro desafío urgente como Iglesia Diocesana: la acogida cordial de tantos hermanos nuestros que desde otras provincias u otros países vienen a nuestra provincia por distintos motivos, sobretodo, de trabajo. ¿Sería posible crear algún hogar de tránsito, especialmente en las ciudades más grandes?. Es una necesidad que hace a la dignidad de las personas. No puede ser que haya hermanos que deban vivir por mucho tiempo en la calle o refugiándose en la Terminal de ómnibus.

Sabemos que hay otros grandes desafíos tanto a nivel Diocesano como de Decanato o Parroquias. A lo largo del año los podemos compartir, evaluar e ir dando respuestas según nuestras posibilidades.

Ahondemos en el sentido de nuestro lema: “Iglesia de Chubut: Vocación y Futuro”.

Los bendigo de todo corazón como Padre y Pastor de esta familia que celebra sus 50 años. Escuchemos las palabras de María: “Hagan todo lo que El les diga”. Unidos en Cristo movidos por el Espíritu cantemos himnos de alabanza a Dios nuestro Padre.

Mons. Virginio D. Bressanelli scj, obispo de Comodoro Rivadavia
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EUROPA/ESPAÑA - “Ecumenismo Espiritual y de la Caridad”, titulo de las XLII Jornadas de Cuestiones Pastorales en camino hacia la III Asamblea Ecuménica Europea

Barcelona (Agencia Fides) - En el camino de preparación hacia III Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu (Rumanía) del 4 al 9 de septiembre, se celebrarán hoy 19 y mañana día 20 de febrero las XLII Jornadas de Cuestiones Pastorales en Barcelona (España). Las Jornadas, que contará con la intervención de representantes de las diferentes confesiones y estará abierto a la participación de todos, están organizadas por la Delegación Diocesana de Ecumenismo del Arzobispado de Barcelona y el Centro Sacerdotal Montalegre. promovido por la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, del Opus Dei. El titulo de las Jornadas es “Ecumenismo Espiritual y de la Caridad”,
Durante las Jornadas está previsto un encuentro con Su Em. el Cardenal Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos, y S. E. Jeremie Caligiorgis Metropolitano Ortodoxo Presidente de la Conferencia Europea de las Iglesias, máximos representantes del diálogo interconfesional. El Encuentro comenzará con el saludo y presentación de Mons. Luis Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, S. E. Jeremie Caliorgis, y Mons. Pedro Rodríguez, Delegado de la Prelatura del Opus Dei en la III Asamblea Ecuménica Europea.
Entre las ponencias previstas figuran “Ecumenismo Espiritual” del Cardenal Walter Kasper; “50 años del movimiento ecuménico en España”, de S.E. Mons. Jaime González-Agápito, Delegado de Ecumenismo de la Archidiócesis de Barcelona y Delegado en la Asamblea; “Fundamentos Teológicos del Ecumenismo” del Dr. José Ramón Villar, Decano, Facultad de Teología, Universidad de Navarra; “Ecumenismo Pastoral” de Carlos de Francisco Vega, Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española. Además están previstas dos mesas redondas con los temas “Respuesta de los cristianos ante una sociedad laicista” y “Ecumenismo de la Caridad”. (RG) (Agencia Fides 19/2/2007 Líneas: 24 Palabras: 306)

Links:
Programa de las Jornadas
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/chieselocali/chieselocali.php?id=393
Discurso que dirigió el lunes, 19 de Febrero de 2007, Benedicto XVI al recibir en audiencia al cardenal James F. Stafford, penitenciario mayor de la Penitenciaría Apostólica, con los prelados y oficiales de este tribunal, así como a los padres penitenciarios de las basílicas papales de Roma.



Queridos hermanos:

Con alegría os doy la bienvenida y os saludo con afecto, comenzando por el cardenal James Francis Stafford, penitenciario mayor, a quien doy las gracias por las corteses palabras que me acaba de dirigir. Saludo además al regente, monseñor Gianfranco Girotti, y a los miembros de la Penitenciaría Apostólica.

Este encuentro me ofrece la oportunidad de expresar mi profundo aprecio sobre todo a vosotros, queridos padres penitenciarios de las basílicas papales de la Urbe, por el precioso ministerio pastoral que desempeñáis con entrega. Al mismo tiempo, quiero extender mi cordial saludo a todos los sacerdotes del mundo que se dedican con empeño al ministerio del confesionario.

El sacramento de la penitencia, que tanta importancia tiene para la vida del cristiano, hace actual la eficacia redentora del misterio pascual de Cristo. En el gesto de la absolución, pronunciada en nombre y por cuenta de la Iglesia, el confesor se convierte en el medio consciente de un maravilloso acontecimiento de gracia. Al adherir con docilidad al Magisterio de la Iglesia, se convierte en ministro de la consoladora misericordia de Dios, pone de manifiesto la realidad del pecado y al mismo tiempo la desmesurada potencia renovadora del amor divino, amor que vuelve a dar la vida. La confesión se convierte, por tanto, en un renacimiento espiritual, que transforma al penitente en una nueva criatura. Este milagro de gracia sólo puede realizarlo Dios, y lo cumple a través de las palabras y de los gestos del sacerdote. Al experimentar la ternura y el perdón del Señor, el penitente reconoce más fácilmente la gravedad del pecado, y refuerza su decisión para evitarlo y para permanecer y crecer en la reanudada amistad con Él.

En este misterioso proceso de renovación interior, el confesor ya no es espectador pasivo, sino «persona dramatis», es decir, instrumento activo de la misericordia divina. Por tanto, es necesario que junto a una buena sensibilidad espiritual y pastoral tenga una seria preparación teológica, moral y pedagógica que le permita comprender lo que vive la persona. Le es sumamente útil, además, conocer los ambientes sociales, culturales y profesionales de quienes se acercan al confesionario para poder ofrecer consejos adecuados y orientaciones tanto espirituales como prácticas. No hay que olvidar que el sacerdote, en este sacramento, está llamado a desempeñar el papel de padre, juez espiritual, maestro y educador. Esto exige una actualización constante, a la que pretenden contribuir también los cursos sobre el «foro interno» promovidos por la Penitenciaría Apostólica.

Queridos sacerdotes, vuestro ministerio tiene sobre todo un carácter espiritual. Por tanto, es necesario unir a la sabiduría humana y a la preparación teológica, una profunda espiritualidad, alimentada por el contacto orante con Cristo, Maestro y Redentor. En virtud de la ordenación presbiteral, de hecho, el confesor desempeña un peculiar servicio «in persona Christi», con una plenitud de dotes humanas que son reforzadas por la Gracia. Su modelo es Jesús, el enviado del Padre, el manantial abundante al que acude es el soplo vivificante del Espíritu Santo. Ante una responsabilidad tan elevada las fuerzas humanas son sin duda inadecuadas, pero la humilde y fiel adhesión a los designios salvíficos de Cristo nos hace, queridos hermanos, testigos de la redención universal que Él actúa, aplicando la admonición de san Pablo, quien dice: «En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo…, poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación» (2 Corintios 5, 19).

Para cumplir con esta tarea tenemos que hacer que penetre en nosotros mismos este mensaje de salvación y dejar que nos transforme profundamente. No podemos predicar el perdón y la reconciliación a los demás, sino no estamos personalmente penetrados por él. Si bien es verdad que en nuestro ministerio hay varias maneras y medios de comunicar a los hermanos el amor misericordioso de Dios, en la celebración de este Sacramento podemos hacerlo de la forma más completa y eminente. Cristo nos ha escogido, queridos sacerdotes, para ser los únicos que pueden perdonar los pecados en su nombre: se trata, por tanto, de un servicio eclesial específico al que tenemos que dar prioridad.

¡Cuántas personas en dificultad buscan el apoyo y el consuelo de Cristo! ¡Cuántos penitentes encuentran en la confesión la paz y la alegría que perseguían desde hace tiempo! ¿Cómo no reconocer que también en nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, hay que redescubrir y reproponer este sacramento?

Queridos hermanos, sigamos el ejemplo de los santos, en particular de quienes, como vosotros, se dedicaban casi exclusivamente al ministerio del confesionario. Entre otros, san Juan María Vianney, san Leopoldo Mandic, y más recientemente, san Pío de Pietrelcina. Que ellos nos ayuden desde el cielo para que sepáis dispensar con abundancia la misericordia y el perdón de Cristo Que María, refugio de los pecadores, os alcance la fuerza, el aliento y la esperanza para continuar generosamente con vuestra indispensable misión. Os aseguro de corazón mi oración, mientras os bendigo con afecto a todos.

[Traducción del italiano distribuida por la Santa Sede
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VATICANO - "La no violencia cristiana no consiste en rendirse al mal sino en responder al mal con el bien, rompiendo de tal forma la cadena de la injusticia" recuerda el Papa Benedicto XVI en el ángelus; llamamiento para que la vía del diálogo lleve a superar la crisis en Guinea

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Comentando "una de las palabras más típicas y fuertes de la predicación de Jesús: «Amad a vuestros enemigos» (Lc 6,27)", contenida en el Evangelio del domingo, el Papa Benedicto XVI ha ilustrado, antes del rezo del ángelus del 18 de febrero, el sentido profundo de esta petición de Jesús. "¿Cuál es el sentido de esta palabra suya? ¿Por qué Jesús pide que se ame a los propios enemigos, o sea, un amor que excede las capacidades humanas? se ha preguntado el Santo Padre. "La propuesta de Cristo es realista - ha continuado el Papa -, porque tiene en cuenta que en el mundo existe demasiada violencia, demasiada injusticia, y por lo tanto no se puede superar esta situación más que contraponiendo más amor, más bondad. Este «más» viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y que sola puede «desequilibrar» el mundo desde el mal hacia el bien, a partir de ese pequeño y decisivo «mundo» que es el corazón del hombre”.
El Santo Padre ha aclarado después el sentido de la "no violencia cristiana", que “no consiste en rendirse al mal -según una falsa interpretación del «poner la otra mejilla» (cfr. Lc 6,29)-, sino en responder al mal con el bien (Rm 12,17-21), rompiendo de tal forma la cadena de la injusticia. Se comprende entonces que la no violencia, para los cristianos, no es un mero comportamiento táctico, sino un modo de ser de la persona, la actitud de quien está así convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal con las únicas armas del amor y de la verdad". La llamada "revolución cristiana" no está basada en estrategias de poder económico, político o mediático, sino en el amor al enemigo. "La revolución del amor - ha continuado el Papa -, un amor que… que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. He aquí la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido. He aquí el heroísmo de los «pequeños», que creen en el amor de Dios y lo difunden aún a costa de la vida”. Antes de rezar la oración del ángelus, el Papa ha recordado que la Cuaresma, ya próxima, es "tiempo favorable en el que todos los cristianos son invitados a convertirse cada vez más profundamente al amor de Cristo”.
Después del ángelus el Papa Benedicto XVI ha dirigido un augurio de "serenidad y prosperidad" a todos los pueblos que celebran el año nuevo lunar en muchos Países del Oriente, después ha dirigido su pensamiento a África: "Deseo expresar mi cercanía espiritual con un país africano que está viviendo momentos de particular dificultad: Guinea. Los obispos de esa nación me han expresado su preocupación por la situación de parálisis social, con huelgas generales y reacciones violentas, que han causado numerosas víctimas. Al pedir el respeto de los derechos humanos y civiles -añadió-, aseguro mi oración para que el compromiso común a recorrer la vía del diálogo lleve a superar la crisis". (S.L) (Agencia Fides 19/2/2007; Líneas: 37 Palabras: 564)
ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo, 18 de Febrero de 2007, antes de dirigir la oración mariana del Ángelus, ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano.


¡Queridos hermanos y hermanas!

El Evangelio de este domingo contiene una de las palabras más típicas y fuertes de la predicación de Jesús: «Amad a vuestros enemigos» (Lc 6,27). Está sacada del Evangelio de Lucas, pero se encuentra también en el de Mateo (5,44), en el contexto del discurso programático que se abre con las famosas «Bienaventuranzas». Jesús lo pronunció en Galilea, al comienzo de su vida pública: casi un «manifiesto» presentado a todos, sobre el que Él pide la adhesión de sus discípulos, proponiéndoles en términos radicales su modelo de vida. ¿Pero cuál es el sentido de esta palabra suya? ¿Por qué Jesús pide que se ame a los propios enemigos, o sea, un amor que excede las capacidades humanas? Lo cierto es que la propuesta de Cristo es realista, porque tiene en cuenta que en el mundo existe demasiada violencia, demasiada injusticia, y por lo tanto no se puede superar esta situación más que contraponiendo más amor, más bondad. Este «más» viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y que sola puede «desequilibrar» el mundo desde el mal hacia el bien, a partir de ese pequeño y decisivo «mundo» que es el corazón del hombre.

Justamente esta página evangélica está considerada como la magna charta de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse al mal -según una falsa interpretación del «poner la otra mejilla» (cfr. Lc 6,29)-, sino en responder al mal con el bien (Rm 12,17-21), rompiendo de tal forma la cadena de la injusticia. Se comprende entonces que la no violencia, para los cristianos, no es un mero comportamiento táctico, sino un modo de ser de la persona, la actitud de quien está así convencido del amor de Dios y de su poder, que no tiene miedo de afrontar el mal con las únicas armas del amor y de la verdad. El amor al enemigo constituye el núcleo de la «revolución cristiana», una revolución no basada en estrategias de poder económico, político o mediático. La revolución del amor, un amor que no se apoya en definitiva en recursos humanos, sino que es don de Dios que se obtiene confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa. He aquí la novedad del Evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido. He aquí el heroísmo de los «pequeños», que creen en el amor de Dios y lo difunden aún a costa de la vida.

Queridos hermanos y hermanas: la Cuaresma, que empezará el próximo miércoles con el rito de las Cenizas, es el tiempo favorable en el que todos los cristianos son invitados a convertirse cada vez más profundamente al amor de Cristo. Pidamos a la Virgen María, dócil discípula del Redentor, que nos ayude a dejarnos conquistar sin reservas por ese amor, a aprender a amar como Él nos ha amado, para ser misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso (Lc 6,36).

[Tras rezar el Ángelus, el Papa hizo la siguiente felicitación:]

En diversos países de Oriente se celebra hoy el año nuevo lunar, con alegría y en la intimidad de las familias. A todos aquellos grandes pueblos les deseo de corazón serenidad y prosperidad.

[Igualmente, dirigió saludos en varios idiomas a los peregrinos. Estas fueron sus palabras en español:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a los fieles de las parroquias de Santa Eulalia, de Murcia, San Juan y La Purísima, de Yecla, a los seminaristas de Mérida y a los marinos de la Armada Española. En la Misa de hoy hemos escuchado: «amad a vuestros enemigos, haced el bien y vuestra recompensa será grande». Os deseo que la Cuaresma, que comenzaremos el próximo miércoles, sea un período propicio para testimoniar el Evangelio del amor. ¡Feliz domingo!

[Traducción de los originales en italiano realizada por Zenit -
Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Habla el Papa
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Comentario al evangelio (Mc 9, 14-29) del lunes de la Séptima Semana Tiempo Ordinario, sacado del libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutiérrez.


Poder de la oración. La enfermedad en cuestión se des-cribe en términos de epilepsia. ¿Posesión diabólica? La interpretación se inclina por la primera hipótesis sin excluir la segunda, porque Jesús se dirige al enfermo increpando «al mal» con lenguaje directo y en forma personal. Varios elementos quedan fuera de duda. Se trata de una curación prodigiosa que arranca de un sentimiento de compasión de Jesús respecto al padre dolorido por el dolor de su hijo. El prodigio llega previo un test sobre la fe del padre. El poder de Jesús contrasta violentamente con la impotencia de los discípulos.

El mal abunda en el mundo, pero el poder del mal es limitado. Hay Alguien más fuerte que el mal. La fe alerta y hace disponible ese poder superior.

En la actualidad sabernos muchas cosas sobre el mundo y sus energías cuyo conocimiento no avanza siempre en paralelo con el conocimiento del creador. El hecho incuestionable de la presencia del mal se pueden sacar conclusiones erróneas. Se puede pensar así: «Si existe el mal no puede existir Dios, y si Dios existe no se preocupa del mundo».

Más coherente es pensar de otra manera: «Dios existe y entonces ¿qué sentido y explicación tiene la presencia del mal?».

El mal no es criatura de Dios. El mal es producto humano y la causa del mal es algo que pertenece diariamente al hombre. Una fe viva previene muchos males y encuentra explicación para otros. La fe enseña a orar y la oración aumenta la fe. Ambas juntas son una de las gran-des fuerzas a disposición del hombre.

En una ocasión contaban los discípulos a Jesús cómo los espíritus se les sometían (Le 10,17). Aquí se encuentran con un caso en que los espíritus no se les someten. Jesús explica: «para ciertos males no hay otra cura que la de la oración». ¿Somos conscientes en nuestra vida práctica del poder de la oración depositado en nuestras manos? La oración de la fe es una fuerza que remueve de su base las montañas. La fe en ese poder sigue siendo alfa y omega de la vida espiritual. Es también un antídoto psicológico contra las enfermedades de nervios, contra la angustia y estrés, y contra todo activismo febril que esteriliza muchas iniciativas y tiende a asfixiar la vida del espíritu. Una persona de fe debe ser consciente del poder de la oración.
Publicado por verdenaranja @ 11:42  | Espiritualidad
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domingo, 18 de febrero de 2007
Alfonso Aguiló





"El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse", decía el conocido estadista e historiador británico Winston Churchill.

Nadie puede decir que no fracasa nunca, o que fracasa pocas veces. El fracaso es algo que va ligado a la limitación de la condición humana, y lo normal es que todos los hombres lo constaten con frecuencia cada día. Por eso, los que puede decirse que triunfan en la vida no es porque no fracasen nunca, o lo hagan muy pocas veces: si triunfan es porque han aprendido a superar esos pequeños y constantes fracasos que van surgiendo, se quiera o no, en la vida de todo hombre normal. Los que, por el contrario, fracasan en la vida son aquellos que con cada pequeño fracaso, en vez de sacar experiencia, se van hundiendo un poco más.

Triunfar es aprender a fracasar. El éxito en la vida viene de saber afrontar las inevitables faltas de éxito del vivir de cada día. De esta curiosa paradoja depende en mucho el acierto en el vivir. Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas, sobre las que los espíritus pacientes y decididos han sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.

Las dificultades de la vida juegan, en cierta manera, a nuestro favor. El fracaso hace lucir ante uno mismo la propia limitación y, al tiempo, nos brinda la oportunidad de superarnos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es así, en medio de un entorno en el que no todo nos viene dado, como se como se va curtiendo el carácter, como va adquiriendo fuerza y autenticidad.

Sería una completa ingenuidad dejar que la vida se diluyera en una desesperada búsqueda de algo tan utópico como es el deseo de permanecer en un estado de euforia permanente, o de continuos sentimientos agradables. Quien pensara así, estaría casi siempre triste, se sentiría desgraciado, y los que le rodeen probablemente acabarían estándolo también.

La lección difícil que hay que aprender Como decía G. von Le Fort, hay una dicha clara y otra oscura, pero el hombre incapaz de saborear la oscura, tampoco es capaz de saborear la clara. O como decía Quevedo, el que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos.

Por eso, en la tarea de educar el propio carácter, o el de los hijos, es muy importante no caer en ninguna especie de neurosis perfeccionista.

No se trata, por ejemplo, de educar a un hijo para que jamás suspenda o jamás rompa un plato, sino más bien para que se esmere en ser un buen estudiante y procure que no se le caiga el plato; y –sobre todo– para que sepa sacar fuerza de cada error y sea capaz de volver a estudiar con ilusión a pesar de un suspenso, o de recoger los pedazos del plato que se le ha caído.

Porque errores los cometemos todos. La diferencia es que unos sacan de ellos enseñanza para el futuro y humildad, mientras que otros sólo obtienen amargura y pesimismo. El éxito, volvemos a repetir, está en la capacidad de superar los tropiezos con deportividad.

Da pena ver a personas inteligentes venirse abajo y abandonar una carrera o una oposición al primer suspenso; a chicos o chicas jóvenes que fracasan en su primer noviazgo y maldicen contra toda la humanidad; a aquellos otros que no pueden soportar un pequeño batacazo en su brillante carrera triunfadora en la amistad, o en lo afectivo, o en lo profesional, y se hunden miserablemente: el mayor de los fracasos suele ser dejar de hacer las cosas por miedo a fracasar.

NOVEDADES FLUVIUM

Carta semanal del Arzobispo de Valladolid D. Braulio Rodríguez Plaza

La verdad del matrimonio
18-2-07


La Delegación diocesana de Familia y Vida ha reunido a un considerable número de personas para reflexionar sobre el tema “Amar el amor humano. Juan Pablo II, la persona y la familia”. Hemos celebrado así la XXIII Semana de la Familia. La solidez y la valentía de Juan Pablo II en torno al tema del amor humano son asombrosas. Ciertamente es éste un ámbito que afecta muy mucho a la felicidad del ser humano, hombre y mujer, que invita una vez más a escribir sobre él, sin miedo a ser reiterativo.

Hace poco más de quince días, el papa Benedicto leyó un discurso ante el Tribunal de la Rota Romana. Creo sinceramente que merece la pena glosar algunos de sus contenidos, porque el Papa actual tiene la virtud de convertir en fácil lo que es difícil de exponer. La expresión «verdad del matrimonio» agrada poco al pensamiento relativista imperante en nuestra sociedad: pierde la expresión relevancia existencial en un contexto cultural marcado, en efecto, por el relativismo y el positivismo jurídico, que consideran el matrimonio simplemente como mera formalización social de vínculos afectivos en dos personas. Y no van más allá.

De resultas de ello, el matrimonio no sólo se convierte en una realidad blandita a la manera de muchos sentimientos humanos, sino que se presenta como si se tratara de una superestructura legal que la voluntad humana puede manipular a su antojo, privándola, llegado el caso, como ha sucedido en España, de su carácter heterosexual. Por desgracia, son muchos los católicos que participan de esta forma de pensar. Las consecuencias prácticas se perciben de manera particularmente intensa en el ámbito del matrimonio y la familia.

Estiman algunos, en efecto, que la doctrina conciliar acerca del matrimonio, que describe a éste como «íntima comunidad de vida y amor» (Gaudium et spes, 48), es un ideal al que no pueden verse “obligados” los cristianos normales, de modo que se llega a negar la existencia de un vínculo conyugal indisoluble. También se ha ido extendiendo en determinados ambientes eclesiales la convicción según la cual el bien pastoral de las personas en situación matrimonial irregular exigiría una especie de regulación canónica de las mismas, con independencia de la “verdad” acerca de las condiciones de las personas. Pero el matrimonio tiene una verdad propia, a cuyo descubrimiento contribuyen armónicamente razón y fe, es decir, el conocimiento humano, iluminado por la Palabra de Dios, acerca de la realidad sexualmente diferenciada de hombre y mujer, con sus profundas exigencias de complementariedad, de entrega definitiva y de exclusividad.

Lo que dice el Papa es que todo matrimonio es, desde luego, fruto del libre consentimiento del hombre y de la mujer; pero la libertad de éstos lleva a cabo la capacidad natural que contiene su ser hombre y ser mujer. La unión entre ambos se realiza en virtud del designio del propio Dios, que los ha hecho varón y hembra y les da el poder de unir para siempre las dimensiones naturales y complementarias de sus personas. La indisolubilidad del matrimonio no se deriva del compromiso definitivo de los contrayentes, sino que es propio de la naturaleza del «poderoso vínculo establecido por el Creador», que decía Juan Pablo II. ¿Qué ley emanada de cualquier parlamento puede quitar fuerza a esta realidad y verdad del matrimonio?
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Melchior y el obispo presidieron ayer la presentación de la reforma ejecutada en el templo


(Diario de Avisos, 18 - II, El Tanque) El municipio de El Tanque acogió ayer la presentación oficial de la reforma que se ha llevado a cabo en la iglesia de San Antonio de Padua, en un acto multitudinario al que asistieron, entre otras autoridades, el presidente del Cabildo, Ricardo Melchior; el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez y el alcalde de la localidad, Faustino Alegría.


Plan de Patrimonio

El remozamiento integral de este emblemático inmueble religioso ha supuesto un desembolso económico de 405.417 euros. Esta actuación se enmarca en el Plan de Patrimonio Histórico Artístico que lleva a cabo el Cabildo de Tenerife para recuperar aquellos bienes muebles e inmuebles que se encuentran en un estado de deterioro. La ejecución de los trabajos, encomendada al Ayuntamiento de El Tanque a través de un convenio de colaboración suscrito entre el Cabildo de Tenerife y el Obispado, comenzó en el mes de junio del año 2005.


Fases

Las obras en el templo se han desarrollado en tres fases. La primera y la segunda de ellas contaron con un presupuesto de 391.352,62 euros. En estas etapas, las labores se centraron en la restauración de las cubiertas del edificio. La tercera de las fases, que ha dispuesto de una ficha financiera de 140.264,98 euros, abordó fundamentalmente el acondicionamiento del interior del inmueble. Esta actuación, acometida por la empresa especializada ’Víctor Rodríguez e Hijos, S.L.’, supuso la restauración de los elementos dañados en el templo y la modernización al completo de las instalaciones.

La iglesia de San Antonio de Padua tiene sus orígenes en una ermita fundada en el siglo XVI. Este antiguo templo fue destruido durante la erupción volcánica que asoló Garachico en 1706. La reconstrucción del edificio se inició en el año 1728. En 1960, y bajo la amenaza de ruina, se reformó y amplió la torre. De concepción y construcción sencilla, el inmueble consta de una única nave, que alberga el presbiterio, la zona de asamblea y el espacio del coro. La iglesia ha permanecido cerrada al culto seis años, según se indica en una nota de prensa del Ayuntamiento tanquero.

La Comisión Insular de Patrimonio Histórico propuso que se incoara un expediente para declarar monumento a la iglesia el 17 de abril de 2006. De igual modo, el inmueble está incluido dentro de los bienes protegidos del conjunto histórico de El Tanque.
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Es la hora de volver a Dios
Por monseñor Joan Enric Vives Sicilia, obispo de Urgell

17 febrero 2007 Carta que ha escrito monseñor Joan Enric Vives Sicilia, obispo de Urgell y copríncipe de Andorra con el título «Es la hora de volver a Dios»



El próximo miércoles empieza la Cuaresma, con un rito a simple vista arcaico pero cargado de sentido. Ponerse ceniza en la cabeza o en la frente equivale a reconocer la finitud y la futilidad de la vida cuando no está centrada Dios, su origen y su término, y como las cosas materiales que parecen cautivarnos tanto con su brillo, quedarán reducidas a polvo y ceniza.

Durante el tiempo de Cuaresma estamos invitados a reflexionar a fondo, entrando en nuestro interior, a fin de acoger mejor el sentido de nuestro destino, y aquello que valoramos más de todo lo que somos y poseemos. A nadie se le escapa que nuestra mirada, y con ella nuestro pensamiento, se nos escapan hacia las cosas visibles que nos rodean. Y corremos el riesgo de preocuparnos sólo por las necesidades más inmediatas, sin pensar demasiado en el fin último del nuestro vivir. Se trata de pensar en las cosas verdaderamente esenciales de nuestra existencia, para verlas bajo la luz nueva de la Pascua de Cristo, que es cruz y resurrección, amor entregado que se transforma en máximamente fecundo.

Ya el Antiguo Testamento recomendaba la búsqueda de la Sabiduría: "La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan." (Sav 6,12). Y Jesucristo nos ha hecho entender que es Él mismo esta Sabiduría venida para instruir a la humanidad. Esta "sabiduría" que hay que rebuscar con humildad y conversión de corazón, tiene que animar el pensamiento de todos los cristianos, y tiene que orientar sus actuaciones. Y es que el cristianismo no ofrece consuelo a bajo precio, sino que es exigente y reclama una fe auténtica y una vida moral rigurosa a cada fiel cristiano. A pesar de todo, siempre nos da motivos de esperanza, porque nos une a Dios Pare, que se revela rico en misericordia cuándo en la Cruz nos da a su Hijo, el Amado, y nos muestra así su inmenso amor, que todo lo restaura.

Caminemos hacia la Pascua con espíritu de renovación total de nuestra vida. Animémonos a "volver hacia Dios". Es hora de volver a Dios, con obras y de verdad. Él no llama ni se impone, sino que pide de cada uno de nosotros el humilde silencio de la escucha. Su infinito respeto por nuestra libertad no es una debilidad, sino que nos trata como hijos. Dejemos en esta Cuaresma que su Palabra, que es Cristo, toque nuestro corazón, y le diga al Señor, con el salmista, "Devuélveme la alegría de tu salvación" (Salmo 50,14).

Asimismo, la Cuaresma, por su íntima conexión con la Cruz del Señor, es un tiempo privilegiado para el ejercicio del amor al prójimo. Tiempo de caridad activa. Ni un solo vaso de agua será olvidado, si se da con amor y en nombre de Cristo (Cf. Mc 9,41). Tenemos que hacer un esfuerzo para transformar el ayuno y la abstinencia en una oportunidad para la comunión solidaria, sobre todo con los que pasan hambre y también con todos los crucificados de la tierra, que tanto nos tienen que interpelar. "Cada hermano que muere de hambre pesa sobre la conciencia de todos" decía al querido Papa Juan Pablo II (Ángelus del 17.3.1985). Ayudémonos a vivir una auténtica y solidaria "limosna penitencial" en la Cuaresma y "no amemos con frases y palabras, sino con obras y de verdad" (1Jn 3,18).

+ Mons. Joan Enric Vives Sicilia,
Obispo de Urgell
ZS07021703
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ZENIT publica la homilía que pronunció el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en la concelebración eucarística en memoria del cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio con ocasión de la Jornada de estudio sobre su figura y su obra, celebrada el 6 de febrero de 2007 en el Pontificio Ateneo «Regina Apostolorum» de Roma.

El cardenal Pironio, artífice junto a Juan Pablo II de las Jornadas Mundiales de la Juventud, falleció en Roma el 5 de febrero de 1998 y en el 23 de junio de 2006 se inició en esta ciudad el proceso de beatificación.

Fue obispo de Mar del Plata, secretario y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y presidente del Consejo Pontificio para los Laicos.



La palabra de Dios que hemos escuchado en las tres lecturas recién proclamadas nos invita a centrar nuestra atención en algunos aspectos fundamentales del sagrado ministerio según el Antiguo y el Nuevo Testamento, para poderlos descubrir en la figura del siervo de Dios cardenal Eduardo Francisco Pironio, de cuya santa muerte recordamos el noveno aniversario.

La primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio (Dt 10, 8-9), alude al oficio particular de los hijos de Leví en el pueblo de Israel. Este pasaje fue comentado espléndidamente por el Santo Padre Benedicto XVI en el discurso que pronunció con ocasión de las felicitaciones navideñas a la Curia romana. Vale la pena citar algunas frases:

"Después de tomar posesión de la Tierra, cada tribu obtiene por sorteo su lote de la Tierra santa y así participa en el gran don prometido al patriarca Abraham. Sólo la tribu de Leví no recibe ningún lote: su lote es Dios mismo. Esta afirmación tenía, ciertamente, un sentido muy práctico. Los sacerdotes no vivían, como las demás tribus, del trabajo de la tierra, sino de las ofertas. Sin embargo, la afirmación es aún más profunda: Dios mismo es el verdadero fundamento de la vida del sacerdote, la base de su existencia, la tierra de su vida. El sacerdote puede y debe decir también hoy con el levita: "Dominus pars hereditatis meae et calicis mei". Dios mismo es mi lote de tierra, el fundamento externo e interno de mi existencia. Esta visión teocéntrica de la vida sacerdotal es necesaria precisamente en nuestro mundo totalmente funcionalista, en el que todo se basa en realizaciones calculables y comprobables. El sacerdote debe conocer realmente a Dios desde su interior y así llevarlo a los hombres: este es el servicio principal que la humanidad necesita hoy" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de diciembre de 2006, pp. 6-7).

El apóstol san Pablo, en la segunda lectura, retomando las imágenes presentes en los vaticinios de los profetas Jeremías y Ezequiel, ve su realización en el ministerio neotestamentario. "He aquí que vendrán días —oráculo de Yahveh— en que yo pactaré con la casa de Israel una nueva alianza; (...) pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré" (Jr 31, 31-33). "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo. (...) Infundiré mi espíritu en vosotros" (Ez 36, 26-27). "Sois una carta de Cristo —dice san Pablo— redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones" (2 Co 3, 3). Y declara que él es "ministro de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu" (2 Co 3, 6).

Pero el alma, el impulso interior del nuevo ministerio, lo encontramos en el pasaje del evangelio de san Juan: el amor que Dios Padre tiene por Jesús, su Hijo, éste lo comunica a sus discípulos: "Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros" (Jn 15, 9). Jesús quiere que sus discípulos "permanezcan" en el amor que él les tiene; pero esto sólo es posible si demuestran responder a su amor, cumpliendo todo lo que él les ha enseñado y mandado.

Esta relación mutua de amor es fuente de alegría para Jesús y él la transmite con abundancia a sus discípulos. La reciprocidad de amor y de alegría entre Jesús y los suyos debe extenderse también a los discípulos entre sí: amarse unos a otros con el mismo amor con que él los ha amado. Entonces se llega a ser "amigos de Jesús", porque a través de la circulación de amor se realiza una profunda experiencia de Dios: es el conocimiento —en sentido bíblico— fuerte. El amor y el conocimiento experimental de Dios están en la base de la misión: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto" (Jn 15, 16).

La luz de este nuevo ministerio, guiado por el Espíritu Santo y como continuación y expansión del amor del Padre y del Señor Jesús en el amor a los hermanos, resplandece magníficamente en la vida y en la misión del cardenal Eduardo Francisco Pironio, que hizo de su vida y de su ministerio un continuo acto de alabanza y de amor a Dios y a los hermanos, sostenido por una fe inquebrantable y una gozosa esperanza.

"Magníficat": es la palabra con que resume toda su vida de hombre, de cristiano, de sacerdote, de obispo y de cardenal. Es casi un estribillo de su vida; en su Testamento repite esta palabra trece veces. Le brota de lo más profundo de su ser, llena de gratitud, de alegría y de misericordia; es una palabra de dolor, de ternura y de esperanza.

"Magníficat" por el don de la vida; por el don inestimable del bautismo.

"Magníficat" por el sacerdocio, por el episcopado: "Me he sentido extraordinariamente feliz de ser sacerdote y quisiera transmitir esta alegría profunda a los jóvenes de hoy (...). He querido ser "padre, hermano y amigo" de los sacerdotes, religiosos y religiosas, de todo el pueblo de Dios. He querido ser una simple presencia de "Cristo, esperanza de la gloria". (...) Doy gracias al Señor por haberme hecho comprender que el cardenalato es una vocación al martirio, un llamado al servicio pastoral y una forma más honda de paternidad espiritual. Me siento así feliz de ser mártir, de ser pastor, de ser padre" (Testamento espiritual del cardenal Eduardo Pironio: L'Osservatore Romano, edición en lengua española: 13 de febrero de 1998, p. 7).

El Santo Padre Juan Pablo II, en la homilía de la misa en sufragio del cardenal, afirmó: "Fue testigo de la fe valiente que sabe fiarse de Dios, incluso cuando, en los designios misteriosos de su Providencia, permite la prueba. (...) Su existencia fue un cántico de fe al Dios de la vida. (...) Dio testimonio de su fe en la alegría (...), alegría de servir al Evangelio en los diversos y arduos encargos que se le confiaron" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 13 de febrero de 1998, p. 6).

El cardenal Pironio fue para muchos creyentes presencia del Señor, transparencia del Evangelio, acción luminosa del Espíritu. Hizo el bien, y la bondad dio fecundidad a su vida. Su presencia estuvo siempre acompañada por una gran cordialidad y sencillez. Suscitaba simpatía y comunión espontánea; transmitía paz y alegría; con la palabra infundía fuerza y esperanza, sobre todo a los jóvenes, de los que era un auténtico amigo. Dirigir a él la mirada y el recuerdo significa aceptar el desafío de ser presencia del Señor en la sociedad y en la Iglesia. Se trata de hacerlo con mirada serena y con una escucha atenta, comunicativa y humilde. Como lo hizo él, que supo estar en el centro sin ser el centro.

"Mi vida sacerdotal estuvo siempre marcada por tres amores y presencias: el Padre, María santísima, la cruz" (Testamento). Y creo que no nos equivocamos si a estos tres amores añadimos un cuarto: la Iglesia.

El cardenal Pironio amó apasionadamente a la Iglesia, pueblo de Dios, misterio de comunión misionera, como habitualmente la definía. Dio su vida y trabajó intensamente por una Iglesia "peregrina, pobre y pascual", una Iglesia de la alegría y de la esperanza, solidaria con las tristezas y los sufrimientos de los hombres, como la descubrió desde el Concilio; una Iglesia madre que, como tal, enseña. Estuvo presente en el corazón de la Iglesia con su santidad personal, su ministerio, su prestigio. En un mundo cada vez más cerrado por el egoísmo y la violencia que nace del odio, la Iglesia —decía— está llamada a dar testimonio del amor y a educar nuevamente a los hombres en el amor.

El cardenal Pironio, hombre de Dios, irradiaba la santidad de Dios en la Iglesia. Que la luz de esta santidad, reflejada en el rostro y en la vida de testigos como el cardenal Pironio, siga resplandeciendo e iluminando nuestro camino.

Acogemos con gratitud al Señor el don que nos hizo a nosotros, a toda la Iglesia, en la persona, en la vida y en el ministerio del siervo de Dios cardenal Pironio, y albergamos la esperanza de que pronto la santa Madre Iglesia reconozca su santidad y lo proponga como ejemplo de vida e intercesor ante Dios por todos nosotros y por la Iglesia entera.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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Mensaje que ha enviado Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, al Congreso «Comunicación y relación en la medicina» que se celebra del 16 al 17 de febrero en el Auditorium Policlínico A. Gemelli de la Universidad Católica de Roma.



Me es grato dirigir un saludo y un auspicio a cuantos están reunidos en este Congreso para profundizar en el tema de la «Comunicación y relación en la medicina».

Permítanme ofrecerles un pensamiento espiritual referente a este tema.

Lo que puedo decirles no nace, ciertamente, de conocimiento médicos, sino de la experiencia de más de 60 años, durante la cual, bajo la acción de un don especial de Dios reconocido como «carisma de la unidad», he visto componerse una comunidad de personas de las más diversas proveniencias, que, de alguna manera, han constituido un pequeño «pueblo» que vive entre todos los pueblos de la tierra.

Su característica es haber hecho del amor recíproco la ley fundamental de la propia vida, testimoniando así que es posible establecer interrelaciones que encuentran su máxima expresión en la reciprocidad.

Cada ser humano siente la necesidad de ser amado y de derramar sobre los demás el amor recibido. De hecho, hemos sido creados como un don los unos hacia los otros, y realizamos nuestro ser comprometiéndonos a amar a cada hombre sin esperar su respuesta.

Y cuando este amor es vivido por dos o más personas, se convierte en amor recíproco, es decir, un amor capaz de hacer superar cualquier dificultad, cualquier obstáculo; un amor que hace ver al otro como si fuera yo mismo, para comprenderlo profundamente y ayudarlo en lo concreto; un amor capaz de hacernos descubrir hermanos los unos de los otros, y que por lo tanto tiende al bien de la familia humana.

En una palabra: un amor que genera fraternidad y pone en marcha una proceso de renovación en todos los ámbitos de la sociedad.

Nuestra experiencia nos dice que estas relaciones fraternas vividas en lo cotidiano de la vida personal, familiar y profesional, pueden liberar recursos inesperados. Nacen vínculos nuevos, llenos de significado, que suscitan las iniciativas más diversas en beneficio del individuo y de la comunidad.

Y esto vale también para el delicado mundo de la medicina.

El trabajo en este ámbito da la posibilidad de amar al prójimo con una medida de caridad creciente que se dirige a todos; una caridad que no es solo sentimentalismo sino acción concreta, siempre atenta a las necesidades del momento; una caridad capaz de instaurar un diálogo profundo con todos, y que si es vivida por un grupo genera comunión, unidad.


Pero ¿cómo generar la comunión en un mundo dominado muchas veces por la dificultad de las relaciones, por la lógica del conflicto?

¿Cómo realizar la unidad, haciéndola efectiva en lo cotidiano?

Podremos hacerlo viviendo ese mandamiento de Jesús que él mismo definió «suyo» y «nuevo»: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn.13,14;15,12)

Es precisamente este amor recíproco, vivido con la medida del amor de Jesús por nosotros, que llegó hasta el abandono y la muerte en la cruz, que nos garantiza la unidad.

Su abandono fue el vértice de su pasión, la culminación de sus dolores, el drama de un Dios que se siente abandonado por Dios. Allí experimenta la separación más abismal que se pueda pensar: experimenta, de alguna manera, la división del Padre con el cual es y sigue siendo una cosa sola.

Pero es justamente gritando en la cruz «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt. 27,46; Mc. 15,34 ) y entregándose en las manos del Padre con un acto supremo de amor, que él se hace «medicina» de todos los dolores del alma y alivio de cada dolor del cuerpo. Allí él dona a los hombres la unidad con Dios y entre ellos, convirtiéndose en el modelo de quien supera toda desunidad.

Y por eso, siguiéndolo, logramos superar las dificultades y construir relaciones de reciprocidad, de unidad.

Deseo a cada uno de los presentes que sean hombres y mujeres capaces de hacer nacer y crecer una medicina según el corazón de Dios, y que este Congreso los estimule y los comprometa nuevamente a trabajar y construir relaciones verdaderas de fraternidad, de manera que el empeño cultural se vea sostenido por una auténtica experiencia de vida comunitaria.

[Traducción distribuida por la Oficina de Prensa del Congreso «Comunicación y relación en la medicina»]
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, VII del Tiempo Ordinario, 18 de Febrero de 2007.

No juzguéis



VII Domingo del Tiempo Ordinario [C]
I Samuel 26, 2.7-9.12-13.22-23; I Corintios 15, 45-49; Lucas 6, 27-38

El Evangelio de este domingo contiene una especie de código moral que debe caracterizar la vida del discípulo de Cristo. Todo se resume en la llamada «regla de oro» de la actuación moral: «Lo que queréis que los hombres os hagan a vosotros, también vosotros hacédselo a ellos». Esta regla, si se pone en práctica, bastaría por sí sola para cambiar el rostro de la familia de la sociedad en la que vivimos. El Antiguo Testamento la conocía en la forma negativa: «No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan» (Tb 4, 15); Jesús la propone en forma positiva: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten», que es mucho más exigente.

Pero del pasaje del Evangelio brotan también interrogantes. «Al que te pegue en la mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames...». ¿Jesús manda por lo tanto a sus discípulos que no se opongan al mal, que dejen la mano libre a los violentos? ¿Cómo se concilia esto con la exigencia de combatir la prepotencia y el crimen, de denunciarlo con energía, incluso corriendo riesgos? ¿Cómo lo situamos con la «tolerancia cero», hoy invocada desde muchas partes ante la difusión de la micro criminalidad?

El Evangelio no sólo no condena esta exigencia de legalidad, sino que la refuerza. Hay situaciones en que la caridad no exige poner la otra mejilla, sino ir directamente a la policía y denunciar el hecho. La regla de oro que vale para todos los casos, hemos oído, es hacer a los demás aquello que se querría que se le hiciera a uno. Si tú, por ejemplo, eres víctima de un robo, de un tirón, de un chantaje, si alguien te ha chocado y te ha destrozado el coche, estarías ciertamente contento si quien ha visto los hechos estuviera dispuesto a testimoniar en tu favor. El Evangelio te dice que esto es lo que también tú debes hacer a los demás, sin atrincherarte tras el habitual: «No he visto nada, no sé nada». El crimen prospera sobre el miedo y el silencio.

Pero tomemos las palabras en cierto sentido más peligrosas del Evangelio del domingo: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados». ¿Entonces luz verde a la impunidad? ¿Y qué decir de los magistrados que juzgan a tiempo completo, por profesión? ¿Están condenados de partida por el Evangelio? El Evangelio no es tan ingenuo e irrealista como podría parecer a primera vista. ¡No nos ordena tanto que suprimamos el juicio de nuestra vida, sino suprimir el veneno de nuestro juicio! Esto es, esa parte de hastío, de rechazo, de venganza que se mezcla frecuentemente con la objetiva valoración del hecho. El mandamiento de Jesús: «No juzguéis y no seréis juzgados» es seguido inmediatamente, hemos visto, del mandamiento: «No condenéis y no seréis condenados» (Lc 6, 37). La segunda frase sirve para explicar el sentido de la primera.

Son los juicios «despiadados», sin misericordia, los que están prohibidos por la palabra de Dios; aquellos que, junto con el pecado, condenan sin apelación también al pecador. Justamente la conciencia del mundo civil rechaza hoy, casi unánimemente, la pena de muerte. En ella, de hecho, el aspecto de la venganza por parte de la sociedad y de aniquilamiento del reo prevalece sobre el de la autodefensa y la disuasión del crimen, que podrían obtenerse de forma no menos eficaz con otros tipos de pena. Entre otras cosas, en estos casos se mata a veces a una persona completamente diferente de la que cometió el crimen, porque entretanto se ha arrepentido y ha cambiado radicalmente.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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18 Febrero (ACI).- Miles de fieles se reunieron este mediodía en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que la revolución cristiana del amor se consigue confiando sin reservas en la bondad misericordiosa de Dios.

“La revolución del amor, un amor que no se basa en definitiva en los recursos humanos, sino don de Dios que se consigue confiando únicamente y sin reservas en su bondad misericordiosa”, dijo el Santo Padre al referirse al Evangelio de hoy .

Continuó diciendo que “el amor por el enemigo constituye el núcleo de la ‘revolución cristiana’, una revolución que no se basa en estrategias de poder económico, político o mediático”.

El Pontífice hizo notar cómo “la propuesta de Cristo es realista, porque considera que en el mundo hay demasiada violencia, demasiada injusticia, y no se puede superar esta situación si no es contraponiendo demasiado amor, demasiada bondad”.

“Este ‘demasiado’ –prosiguió- viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y que por sí misma puede vencer el mundo del mal con el bien, partiendo desde aquel pequeño y decisivo ‘mundo’ que es el corazón del hombre”.

Finalmente hizo un llamado a la conversión en vistas al tiempo de Cuaresma, pidiendo “a la Virgen María, dócil discípula del Redentor, que nos ayude a dejarnos conquistar sin reservas por aquel amor, a aprender y amar como Él nos ha amado, para ser misericordiosos como es misericordioso nuestro Padre que está en los cielos”.
sábado, 17 de febrero de 2007
Discurso que pronunció Benedicto XVI el 12 de febrero de 2007 a los participantes en un congreso sobre la ley natural organizado por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.


Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
estimados profesores;
amables señoras y señores:

Me alegra daros la bienvenida al inicio de los trabajos de vuestro congreso, en los que estudiaréis durante los próximos días un tema de notable importancia para el actual momento histórico: la ley moral natural. Agradezco a monseñor Rino Fisichella, rector magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense, los sentimientos expresados en las palabras con las que ha introducido este encuentro.

No cabe duda de que vivimos un momento de extraordinario desarrollo en la capacidad humana de descifrar las reglas y las estructuras de la materia y en el consiguiente dominio del hombre sobre la naturaleza. Todos vemos las grandes ventajas de este progreso, pero también vemos las amenazas de una destrucción de la naturaleza por la fuerza de nuestra actividad. Hay un peligro menos visible, pero no menos inquietante: el método que nos permite conocer cada vez más a fondo las estructuras racionales de la materia nos hace cada vez menos capaces de ver la fuente de esta racionalidad, la Razón creadora. La capacidad de ver las leyes del ser material nos incapacita para ver el mensaje ético contenido en el ser, un mensaje que la tradición ha llamado lex naturalis, ley moral natural. Hoy esta palabra para muchos es casi incomprensible a causa de un concepto de naturaleza que ya no es metafísico, sino sólo empírico. El hecho de que la naturaleza, el ser mismo ya no sea transparente para un mensaje moral crea un sentido de desorientación que hace precarias e inciertas las opciones de la vida de cada día. El extravío, naturalmente, afecta de modo particular a las generaciones más jóvenes, que en este contexto deben encontrar las opciones fundamentales para su vida.

Precisamente a la luz de estas constataciones aparece en toda su urgencia la necesidad de reflexionar sobre el tema de la ley natural y de redescubrir su verdad común a todos los hombres. Esa ley, a la que alude también el apóstol san Pablo (cf. Rm 2, 14-15), está escrita en el corazón del hombre y, en consecuencia, también hoy no resulta simplemente inaccesible. Esta ley tiene como principio primero y generalísimo: "hacer el bien y evitar el mal". Esta es una verdad cuya evidencia se impone inmediatamente a cada uno. De ella brotan los demás principios más particulares, que regulan el juicio ético sobre los derechos y los deberes de cada uno.

Uno de esos principios es el del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su término natural, pues este bien no es propiedad del hombre sino don gratuito de Dios. También lo es el deber de buscar la verdad, presupuesto necesario de toda auténtica maduración de la persona. Otra instancia fundamental del sujeto es la libertad. Sin embargo, teniendo en cuenta que la libertad humana siempre es una libertad compartida con los demás, es evidente que sólo se puede lograr la armonía de las libertades en lo que es común a todos: la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del ser mismo, o sea, precisamente la lex naturalis.

¿Y cómo no mencionar, por una parte, la exigencia de justicia, que se manifiesta en dar unicuique suum, y, por otra, la expectativa de solidaridad, que en cada uno, especialmente en el necesitado, alimenta la esperanza de ayuda por parte de quienes han tenido mejor suerte que él?

En estos valores se expresan normas inderogables y obligatorias, que no dependen de la voluntad del legislador y tampoco del consenso que los Estados pueden darles, pues son normas anteriores a cualquier ley humana y, como tales, no admiten intervenciones de nadie para derogarlas.

La ley natural es la fuente de donde brotan, juntamente con los derechos fundamentales, también imperativos éticos que es preciso cumplir. En una actual ética y filosofía del derecho están muy difundidos los postulados del positivismo jurídico. Como consecuencia, la legislación a veces se convierte sólo en un compromiso entre intereses diversos: se trata de transformar en derechos intereses privados o deseos que chocan con los deberes derivados de la responsabilidad social. En esta situación, conviene recordar que todo ordenamiento jurídico, tanto a nivel interno como a nivel internacional, encuentra su legitimidad, en último término, en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ético inscrito en el mismo ser humano.

La ley natural es, en definitiva, el único baluarte válido contra la arbitrariedad del poder o los engaños de la manipulación ideológica. El conocimiento de esta ley inscrita en el corazón del hombre aumenta con el crecimiento de la conciencia moral. Por tanto, la primera preocupación para todos, y en especial para los que tienen responsabilidades públicas, debería consistir en promover la maduración de la conciencia moral. Este es el progreso fundamental sin el cual todos los demás progresos no serían auténticos. La ley inscrita en nuestra naturaleza es la verdadera garantía ofrecida a cada uno para poder vivir libre y respetado en su dignidad.

Todo lo que he dicho hasta aquí tiene aplicaciones muy concretas si se hace referencia a la familia, es decir, a la "íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias" (Gaudium et spes, 48). Al respecto, el concilio Vaticano II reafirmó oportunamente que el matrimonio es "una institución estable por ordenación divina" y, por eso, "este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano" (ib.).

Por tanto, ninguna ley hecha por los hombres puede subvertir la norma escrita por el Creador, sin que la sociedad quede dramáticamente herida en lo que constituye su mismo fundamento basilar. Olvidarlo significaría debilitar la familia, perjudicar a los hijos y hacer precario el futuro de la sociedad.

Por último, siento el deber de afirmar una vez más que no todo lo que es científicamente factible es también éticamente lícito. La técnica, cuando reduce al ser humano a objeto de experimentación, acaba por abandonar al sujeto débil al arbitrio del más fuerte. Fiarse ciegamente de la técnica como única garante de progreso, sin ofrecer al mismo tiempo un código ético que hunda sus raíces en la misma realidad que se estudia y desarrolla, equivaldría a hacer violencia a la naturaleza humana, con consecuencias devastadoras para todos.

La aportación de los hombres de ciencia es de suma importancia. Juntamente con el progreso de nuestras capacidades de dominio sobre la naturaleza, los científicos también deben ayudarnos a comprender a fondo nuestra responsabilidad con respecto al hombre y a la naturaleza que le ha sido encomendada. Sobre esta base es posible desarrollar un diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes; entre teólogos, filósofos, juristas y hombres de ciencia, que pueden ofrecer también al legislador un material valioso para la vida personal y social.

Por tanto, deseo que estas jornadas de estudio no sólo susciten una mayor sensibilidad de los estudiosos con respecto a la ley moral natural, sino que también impulsen a crear las condiciones para que sobre este tema se llegue a una conciencia cada vez más plena del valor inalienable que la ley natural posee para un progreso real y coherente de la vida personal y del orden social.

Con este deseo, aseguro mi recuerdo en la oración por vosotros y por vuestro compromiso académico de investigación y reflexión, e imparto a todos con afecto la bendición apostólica.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
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EUROPA/PORTUGAL - “La iglesia continuará fiel a su misión de anuncio del Evangelio de la vida en plenitud y de denuncia de los atentados contra la vida”, afirman los Obispos Portugueses tras la Asamblea extraordinaria para analizar os resultados del referéndum sobre el aborto

Fátima (Agencia Fides) - Los Obispos de Portugal se reunieron ayer, 16 de febrero en Fátima en Asamblea extraordinaria para analizar los resultados del referéndum del pasado domingo 11 de febrero, que dio el sí a un borrador de ley sobre la legalización del aborto hasta la décima semana de embarazo. A pesar de la elevada abstención que tuvo el referéndum, de un resultado no vinculante y de un escaso margen de diferencia entre el si y el no, el Primer Ministro Portugués, José Sócrates, ha declarado que eliminará todos los límites del aborto durante las diez primeras semanas de gestación y este dejará de ser un crimen en Portugal. Ante esta reacción los Obispos han declarado que “el hecho de que el aborto vaya a ser ahora legal no lo hace moralmente legítimo y es un grave pecado”
En la nota pastoral leída por Mons. Carlos Azebedo, Secretario General de la Conferencia Episcopal Portuguesa al final de la Asamblea los Obispos se congratulan en la nota de la “gran movilización que se ha producido en las últimas semanas, para defender el carácter inviolable de la vida humana y la dignidad de la maternidad”, lo cual constituye un signo positivo de esperanza. Pero advierten los Obispos que es importante que esta movilización continúe activa y encuentre una estructura organizativa necesaria para continuar la participación en el debate. “A partir de ahora- afirman los Obispos - nuestro combate por la vida humana se debe realizar con mayor intensidad, nuevos medios y con los objetivos de siempre: ayudar a las personas, esclarecer las conciencias, crear las condiciones para evitar el recurso al aborto”.
Los Obispos analizan también el cambio de mentalidad que sufre la sociedad actual debido entre otras cosas a la globalización de maneras de pensar y de corrientes de opinión, a las lagunas en la formación de la inteligencia y de las conciencias, a la relativización de valores y principios que afectan a la vida de las personas y de la sociedad. Consideran a continuación que este cambio de mentalidad interpela la misión evangelizadora de la iglesia especialmente con los jóvenes y familias. “Se necesita creatividad y osadía, en fidelidad a la misión de la Iglesia y a las verdades evangélicas”, se lee en la nota.
Recuerdan a continuación que “todo aborto continua siendo un pecado grave, porque va contra el mandamiento del Señor: no mataras”. Realizan por ello un llamamiento a los médicos y profesionales sanitarios a recurrir a la ‘objeción de conciencia’ y las mujeres embarazadas que se sienten tentadas a recurrir al aborto a que reflexionen y no se precipiten en esa decisión “que en la mayoría de los casos se toma en medio de una gran soledad y sufrimiento”. En este sentido recuerdan que “la mayoría de las mujeres que se encuentran en esas circunstancias si fuesen ayudadas correctamente no recurrirían al aborto. Es un deber de todos nosotros y de toda la sociedad el crear estas estructuras de apoyo”.
“La lucha por la vida, por la dignidad de toda vida humana, es una de las mas nobles tareas de civilización - concluye la nota - La iglesia continuará fiel a su misión de anuncio del Evangelio de la vida en plenitud y de denuncia de los atentados contra la vida”. (RG) (Agencia Fides 17/2/2007 Líneas: 41 Palabras: 585)

Links:
Texto completo de la nota en portugués
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/chieselocali/chieselocali.php?id=391
“Verbum Dei, un carisma al servicio de la Palabra”.



Los congresistas que hemos participado en el Tercer Congreso General, realizado en Loeches, desde el 17 de enero hasta el 14 de febrero, queremos comunicaros las maravillas que hemos experimentado. El “tiempo favorable”, que todos deseábamos ha superado en mucho nuestras expectativas, y podemos afirmar unánimemente: ¡Sí, grandes cosas hizo Dios con nosotros, el gozo nos colmaba!... Los que siembran entre lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando trayendo sus gavillas (Sal 126,3-6).

Reconocemos con gozo la intervención de Dios en la historia de la Fraternidad en los últimos seis años de nuestra historia, Dios intervino poderosamente. Ha sido un Congreso para saborear con nuevo gusto el carisma y el sentido de nuestra identidad y pertenencia en torno a lo esencial, y con ánimo para proyectar en común un futuro de expansión misionera. Tenemos la certeza de que el Verbum Dei no es obra de hombres, sino obra de Dios; y de un Dios fiel. El ama nuestra historia, tal como es y ha sido, con sus más y con sus menos, con sus fracasos y logros; asume nuestro pasado, ilumina nuestros pasos, y nos señala un futuro prometedor, confirmándonos que nos quiere para el mundo de hoy.

Desde el inicio hasta el final, la presencia del Espíritu se hizo patente. Veníamos con esperanza, pero también con temores. ¿Reinaría entre nosotros un espíritu fraterno, eclesial y un clima de diálogo, transparencia, suma y comunión? ¿Seríamos escuchados? ¿Tendríamos luz para esclarecer temas tan neurálgicos como los que estaban previstos tratar en comisiones? ¿Estaríamos a la altura de participar, representar y ostentar el servicio de la autoridad, como corresponde a los congresistas?

Estos y otros temores se disiparon bien pronto. Comprendimos que Dios estaba con nosotros, recreando el Verbum Dei por su Palabra. La oración diaria, en torno al lema “Verbum Dei, un carisma al servicio de la Palabra”, nos ha reconfortado, unido y unificado. Dios nos ha ido hablando, abriendo nuestros oídos a su escucha, y prendiendo en nosotros el fuego de la misión. Estamos a punto para volver a echar las redes y creer en nuestro carisma y en la eficacia de la oración y predicación.

Ha rebrotado el valor y fuerza de la eclesialidad con una vitalidad sorprendente. Cuerda de tres cabos no es fácil de romper (Qo 4,12). Estas palabras traducen el sentido de las tres Ramas, unidas fuertemente en la consistente cuerda de la “eclesialidad”. El compartir, tan cercana y fraternalmente, entre misioneros, misioneras y matrimonios misioneros nos ha llenado de inmenso gozo. Hemos vivido la misma igualdad, pues hemos reconocido, en todos, la misma llamada, identidad y misión que unifica a los miembros de la Fraternidad en el mismo carisma.

Hemos asistido a un nuevo Pentecostés. La presencia del Espíritu nos ha renovado la conciencia de ser Iglesia, la necesidad de ser ayudados por ella y la urgencia de vivir y aportar nuestro carisma responsablemente. Agradecemos la Bendición del Santo Padre, el mensaje de S. Enrica Rosanna, el retiro predicado por el Sr. Arzobispo, Excmo. D. Francisco Pérez y la participación del Sr. Obispo de Alcalá, Excmo. D. Jesús Catalá. ¡Y cómo no agradecer la presencia de nuestro Fundador, P. Jaime Bonet! El nos ha remitido continuamente a lo esencial de nuestra vida consagrada misionera: la presencia de la Trinidad y María, que convierte nuestros corazones en el más valioso sagrario.

Nos alegramos por la espiritualidad de comunión y el espíritu de colegialidad que ha reinado entre nosotros. ¡Qué bueno vivir los hermanos juntos! ¡Qué sano romper barreras y regalarnos confianza! Damos gracias a Dios por la transparencia, la paz y armonía que hemos vivido. Suplicamos al Señor, permanecer unidos, teniendo un solo corazón y una sola alma, y que este amor fraterno se viva intensamente en las comunidades, identificando en el rostro del hermano el rostro de Cristo. Creemos que es posible la comunión en la diversidad, pues aún en el caso de que “no pensáramos igual, amamos igual”. Valoramos inmensamente el trabajo comunitario, y apuntamos a un futuro de colaboración fraterna y eclesial, sea en ámbito local como universal.

Desde aquí, saldremos muy pronto para nuestros destinos, con muchas ganas de estar con los hermanos a quienes representamos. Compartiremos con gusto las decisiones tomadas y, más que nada, el fruto de la experiencia vivida, ya que no todo quedó concluido, por lo que será preciso seguir organizándonos por comisiones. Deseamos fomentar una “cultura de corresponsabilidad”, con mayor participación, compromiso y conciencia de que pertenecemos a la generación fundacional. Bien vale la pena reflexionar, redactar y transmitir nuestras vivencias del carisma en toda su amplitud. Hemos respirado aires de confianza, que nos hacen mirar al futuro con novedad. Los signos de los tiempos demandan de nosotros fidelidad creativa, para custodiar y transmitir a nuevas generaciones, el carisma de la Palabra de Dios, que tiene poder de hacer nuevas todas las cosas, y recrear hoy una nueva humanidad.

Antes de despedirnos de vosotros, queremos transmitiros el unánime agradecimiento que los congresistas de las tres Ramas sentimos hacia el P. Miguel Angel Orcasitas, por su asistencia a la Fraternidad en estos años pasados, y por su colaboración en el desarrollo y buena marcha de este Congreso. También os queremos expresar que nos hemos sentido sustentados, en todo momento, por vuestra oración personal y la de vuestras respectivas comunidades apostólicas. Os alegrará saber que hemos trabajado, fundamentalmente, sobre vuestros aportes y propuestas. Os expresamos nuestra gratitud por vuestro trabajo, y a la vez, os invitamos a seguir trabajando juntos. Sinceramente, gracias y ánimo.

Con María, Madre del Verbum Dei, estamos seguros de poder vivir el post-congreso como un “tiempo favorable para reavivar la dinámica interior del carisma, verificar nuestra vitalidad contemplativa, fraterna y apostólica y proyectar la Fraternidad, poniendo al día nuestro carisma al servicio de la Palabra”.

Loeches, 14 de febrero de 2007
Fraternità Missionaria Verbum Dei (2007-02-16)
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VATICANO - Los desafíos a la fe que experimentan los africanos en su doble pertenencia, a la africanidad y a la cristiandad: Mensaje de la Congregación para la evangelización de los Pueblos al Coloquio internacional sobre "Evangelización, teología y salvación en África"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En el espíritu de la Exhortación apostólica postsinodal "Ecclesia in África", que subraya el importante papel de las Universidades e institutos católicos en la evangelización, la UCAO/UUA (Université Catholique de Afrique del Ouest/Unité Universitaire de Abidjan) ha promovido un Coloquio internacional, con el patrocinio de la Conferencia Episcopal Regional del África Occidental (CERAO), para celebrar los 50 años del histórico encuentro desarrollado en París en 1956, titulado "Des prêtres noirs él interrogent", que marcó los orígenes de la teología africana contemporánea.
El Coloquio, sobre el tema "Evangelización, teología y salvación en África", se tienen del 15 al 17 de febrero en Abidján, Costa de Marfil, y cuenta con la participación de representantes de la Iglesia africana y de las Iglesias de América, Asia y Europa. El objetivo es trazar un balance de estos 50 años pasados y localizar las perspectivas futuras para consolidar las aperturas a la inculturación y a la evangelización en África y en el mundo.
El Secretario de la Congregación para la evangelización de los Pueblos, Su Exc. Mons Robert Sarah, en nombre del Cardenal Prefecto Iván Dias, actualmente en visita pastoral en Nigeria, ha enviado al Presidente de la UCAO/UUA, P. Raphaël Tossou, un mensaje en el que expresa los parabienes de la Congregación por la iniciativa, "que testimonia el dinamismo de vuestra Universidad en su voluntad de aportar una contribución de calidad a la vida de la Iglesia en África y Madagascar". El Mensaje subraya como justamente el Coloquio recuerda de nuevo el Sínodo Especial de los Obispos para África de 1994: sus preocupaciones, desafíos y orientaciones han sido definidas y expresados claramente en la Exhortación "Ecclesia in Africa."
"Los interrogantes de los sacerdotes africanos, ya hace medio siglo, evidencian una toma de conciencia de los desafíos a la fe que experimentan los africanos en su doble pertenencia, a la africanidad y a la cristiandad - continúa Mons. Sarah -. El emerger de la Iglesia, en África y en el mundo negro en particular, interpela y compromete a todos los bautizados en el anuncio de la Buena Nueva, e invita a un discurso específico e inculturado para darse cuenta de las razones de la fe y la Salvación para los africanos. Nuestra vocación de bautizados hace de nosotros, misioneros para el mundo en el que vivimos. La llamada a la universalidad nos obliga también a asumir nuestra responsabilidad en la perspectiva de llevar, por medio de nuestra cultura y nuestros valores africanos, nuestra contribución al tesoro del Evangelio en el patrimonio de la Iglesia y del mundo."
Felicitándose por este compromiso renovado que quiere asumir el Coloquio, concluye el Mensaje sugiriendo algunos interrogantes a los que podrán dar respuesta los participantes "en la oración ruego y el testimonio": "Iglesia de África, ¿qué has hecho de tu bautismo? Iglesia de África, ¿qué haces de la fe en Jesucristo? Iglesia de África, ¿cuál es el nuevo impulso misionero que piensas asumir en el contexto difícil de nuestro continente, agotado por numerosas heridas y abandonado al borde del camino de las estructuras de nuestro mundo moderno?". (S.L) (Agencia Fides 16/2/2007; Líneas: 39 Palabras: 556)
17 Febrero (ACI).- El Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México destacó que el hombre, además de los auxilios de la ciencia, necesita de la cercanía de la religión en la enfermedad.

En su visita a los pacientes del hospital regional del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) "Ignacio Zaragoza", el Purpurado precisó que "el hombre, en el momento de la enfermedad, por su naturaleza, necesita la atención que puede dar la ciencia y la técnica que son absolutamente indispensables, pero también requiere de la cercanía de la religión que la da sentido a su vida".

En la visita, el Purpurado exhortó a vivir la fe con intensidad a los pacientes y familiares de los diabéticos, hipertensos, personas con problemas cardiovasculares o insuficiencias funcionales de algunos órganos.

El director general del ISSSTE, Miguel Angel Yunes Linares, acompañó al Cardenal Rivera, a quien el Purpurado también alentó a mantener la apertura a los diversos representantes de las distintas religiones y creencias.
La visita a la Siervita no fue como otros años, ya que a las 22:00 horas del miércoles, siete devotos durmieron en un banco para ser los primeros en verla. El templo abrió ayer a las cuatro de la mañana, entraron unas 40.000 personas y cada una estuvo una hora en la cola.

(EL DÍA, 16 - II, D.BARBUZANO, La Laguna) La visita para ver ayer el cuerpo de Sor María de Jesús, que lleva 276 años incorrupta en el convento de Santa Catalina, registró este año un hecho especial, caracterizado por un sacrificio y una fe demostrados por personas durante 24 horas como explicaremos.

Este año decimos que transcurrió un día entero de espera para ver a la Siervita, porque, como contó el miembro de la cofradía de las Insignias de la Pasión del referido monasterio Domingo Ramos, sucedió un hecho sorprendente, pues a las 22:00 horas del día 14, vio a 7 personas durmiendo en un banco frente al convento, arropadas con mantas para ver a Sor María de Jesús al día siguiente.

A las 4 de la madrugada de ayer, Domingo Ramos, uno de los colaboradores de las monjas dominicas, abrió las puertas de la iglesia del convento de Santa Catalina, encontrándose un grupo de unas 20 personas que, a lo largo del día, se fue incrementando en grosor y extensión. A las 12:00 horas llegaba la gente hasta la casa de los Capitanes y por la tarde daba vuelta al monasterio, terminando la visita a las 22:00 horas. Ante el cuerpo incorrupto de la Siervita pasaron unas 40.000 personas y cada una de ellas permaneció una media de una hora en cola. Los ayuntamientos de La Laguna y El Sauzal hicieron una ofrenda de una corona de flores por la tarde.

Es de destacar que la concejal de Patrimonio del Ayuntamiento de La Laguna, Julia Dorta, tuvo el detalle de repartir vasos de chocolate entre el público que, a las 7 de la mañana, hacía cola, para evitar el frío al que estaban sometidos. Hay que destacar que pudimos comprobar los sentimientos que ennoblecen a la concejal, pues al pedirle su opinión sobre la manifestación de fe que estaba sucediendo en el convento de Santa Catalina, con las lágrimas cayendo por sus mejillas, dijo: "En este monasterio se respira mucho sentimiento. Para mí hay dos cosas muy importantes como lagunera, que me hacen aflorar un gran amor desde lo más profundo de mi alma, como cuando, junto con mis hijas, beso los pies del Cristo de La Laguna o admiro el cuerpo incorrupto de la Siervita, en quien creo profundamente y le tengo mucha fe como tantos enfermos que han recuperado su salud. Me gustaría verla en los altares".

Algo increíble

Al realizar una entrevista entre los que hicieron cola para ver a la Siervita, hablamos con María de los Reyes, que se desplazó desde Garachico para ver a Sor María de Jesús, quien, como dijo, "es algo increíble". Tiene 46 años y señaló que ayer cumplía 20 años de visitar a la Siervita, desde que se enteró de su existencia por un reportaje del periódico EL DÍA. En una ocasión se encomendó a la monja incorrupta porque le salió un bultito en un pecho y luego resultó ser benigno y el pasado año la sacó de una depresión. "Aunque digan -añadió- que son favores yo creo que lo mío ha sido un milagro". Por ello, María de los Reyes, cada vez que visita a la Siervita, hace cola durante la hora que se tarda, caminando descalza. Ayer le ofrendó un ramo de rosas amarillas y al decirle qué sentía por la ejemplar monja resaltó: "Transmite amor y una paz inexplicable. Hay que vivirlo y tener fe en ella".

María de los Reyes estaba acompañada por su hermana, Agustina, de 54 años de edad, con un ramo de flores azules, y su hija, María de los Reyes, de 23 años. La acompañaron por el favor que concedió la Siervita a la primera de las entrevistadas y porque también ellas han sido objeto de gracias.
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Meditación sobre el evangelio del VII Domingo del Tiempo Ordinario, día 18 de Febrero de 2007.

El amor a todos que Dios espera



Posiblemente pueda sonarnos muy a sabido lo que hoy nos recuerda la Iglesia con estas palabras de Nuestro Señor, que recoge el Evangelio según san Lucas de este domingo. El amor–incluso a los enemigos– es, en efecto, una de las enseñanzas más significativas del cristianismo. La rotundidad de esta doctrina se muestra en los términos bien precisos de Jesús cuando la expone. A los que nos odian, hemos de tratarlos bien; y si hablan mal de nosotros, no les responderemos con la misma moneda. El colmo –bien gráficamente lo explica Jesús– está en presentar la otra mejilla al que nos pega.

Por más conocida que sea esta enseñanza del Señor, reconocemos que se trata de un deber con frecuencia pendiente. Nos cuesta no quedarnos en la queja interior, en la protesta y en la rebeldía..., cuando recibimos ofensas. Nos cuesta cambiar ese impulso a la venganza, que puede parecernos natural –tan espontáneo nos sale–, por ver en quien nos ofende a otro destinatario de nuestro interés, de nuestro trabajo, de nuestro cariño..., aunque haya tal vez que corregirle. No pensamos quizá que ese que nos molesta es otra criatura muy querida por Dios, por quien Jesucristo dio su vida.

Debemos y queremos aprender de la vida de Nuestro Señor. Deseamos ir por el mundo, con esa actitud que Él nos enseña, mientras nuestra vida discurre entre los hombres ocupados en actividades diversas: familiares, profesionales, sociales de todo tipo. ¡Que nos encomendemos, por eso, al Espíritu Santo!, para descubrir, con su Luz, en cada persona que de algún modo nos molesta, si es tan sólo distinta, o más bien se equivoca o es simplemente ignorante: pero siempre alguien que, en cualquier caso, debe ser objeto de nuestro amor. Con frecuencia se tratará de un hijo de Dios que, si mejora en su conducta, agradará más a ese Padre que todos tenemos en común.

Considerando así las cosas, de las ofensas que recibimos y nos molestan, queda muy en segundo término el componente de agravio que pusiera haber. Valoramos primero y ante todo lo que puede haber en esas acciones de pecado, de ofensa a Dios; y luego el defecto de aquel, que desdice de un hijo de Dios, y le impide ser feliz de verdad. Se trata de amar; ante todo a Dios que es nuestro Padre, y no queremos que sea ofendido sino más y más amado. Amado por muchos buenos cristianos que pueden y deben ser mejores, y también por otros que no lo son, a juzgar por sus obras. A unos y a otros los amamos de verdad, procurando que vivan más según Dios. Pues vivir según Dios, Creador nuestro, es el sentido único de la vida humana: ¡que se cumpla en cada uno la voluntad de Dios Creador!

Ciertamente es una difícil tarea. Dios nos creó libres y, por el pecado, tendemos a constituirnos –prescindiendo de Dios– en centro y criterio de nuestra vida. Es por soberbia, por egoismo, por un afán desordenado –sin Él– de grandeza personal, que es el origen de los demás defectos. Pero no es excesiva la dificultad de vivir para Dios, ni un motivo para no proponer a otros la santidad, esa vida que Nuestro Señor espera de los hombres.

¿Que vemos bastantes deficiencias en muchos? También ellos contemplan las nuestras, porque tenemos defectos aunque tratemos de superarlos. Esas imperfecciones, que reconocemos bien, no nos quitan, o no nos deben quitar, la ilusión por mejorar y por agradar a Dios. Animemos también a nuestros amigos y conocidos –que no son peores que nosotros– a encararse ilusionados contra eso que les criticamos. Hemos de dar ese paso más en favor de ellos, a costa de olvidar el rechazo interior por el enfado que nos producen, pero que sólo nos inpulsa a la crítica. Como consecuencia, los defectos de los demás se convierten así en ocasión de ayudarles a ser mejores y felices verdad.

Queramos ser en esto como Nuestro Padre Dios, que es bueno con los ingratos y con los malos. Como anima el Señor, amemos a los enemigos y hagamos el bien sin esperar nada a cambio. Con más razón ayudaremos a los demás, si no son propiamente enemigos aunque nos hayan herido, si tal vez sólo son diferentes y tienen otros puntos de vista.

Mirando a María, recordamos que para Dios todos somos hermanos, hijos de esa Madre que nos quiere mucho a todos.


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viernes, 16 de febrero de 2007
MADRID, 16 Febrero (ACI).- El Arzobispo de Valencia, Mons. Agustín García-Gasco, advierte en su última carta semanal que los derechos humanos no pueden "estar a merced de los que detentan el poder" pues tienen su fundamento en la naturaleza misma del ser humano.

En su misiva titulada "El fundamento de los derechos humanos", el Prelado recuerda que los derechos de la Declaración Universal de 1948 "están fundados en la naturaleza misma del ser humano y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios".

Sin embargo, explica, "si se consideran fundados en la decisión de la asamblea que los ha aprobado, se cae en el peligro de una interpretación meramente positivista de los mismos, que los pone a merced de los que detentan el poder".

Por ello, el Arzobispo señala que "sólo si los derechos humanos se basan en el derecho natural los Organismos Internacionales mantienen la justificación principal de su propia existencia y actuación: tener la autoridad necesaria para desempeñar su papel de defensores de los derechos de la persona y de los pueblos".

Derecho internacional humanitario

Mons. García-Gasco considera asimismo que "desde la convicción de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza común de los hombres se ha elaborado un derecho internacional humanitario".

De hecho, señala, los Estados "se han comprometido a observar este derecho, incluso en caso de guerra", aunque "casos dolorosos como los del Sur del Líbano, o las respuestas a formas inéditas de violencia terrorista, muestran que con frecuencia no se atiende a la obligación de proteger y ayudar a las víctimas inocentes y de no implicar a la población civil".

Tras reconocer que la guerra "es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran pérdida para la humanidad", el Prelado valenciano sostiene que, no obstante, cuando se llega a la guerra, "hay que salvaguardar al menos los principios esenciales de humanidad y los valores que fundamentan toda convivencia civil".

El Arzobispo concluye su carta haciendo un llamado a defender la paz "con una adecuada comprensión de lo que exige la dignidad humana y de lo que supone el derecho natural como fundamento de los derechos humanos y origen del derecho internacional humanitario".
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Último artículo dedicado a los pronunciamientos del magisterio universal a la comunicación social bajo el título "Iglesia y Comunicación" de Silvio Sassi, sacado de la revista COOPERADOR PAULINO, número 137 ENERO - FEBRERO 2007

Silvio Sassi


En este número concluye la reseña histórica de los pronunciamientos del magisterio universal sobre la comunicación social, desde los comienzos del fenómeno comunicativo, pasando por la utilización de los medios para la evangelización y la catequesis, hasta llegar a la actual urgencia de «integrar el mensaje salvífico en la 'nueva cultura' que precisamente los mismos medios crean y amplifican», como afirmaba Juan Pablo II en su carta apostólica «El rápido desarrollo» n. 2.

Integrar el mensaje
en la nueva cultura/2


Con ocasión de los veinte años de la clausura del Vaticano II, el Papa convoca un Sínodo extraordinario del 24 de noviembre al 8 de diciembre de 1985. La relación final de este Sí-nodo, en el apartado La misión de la Iglesia en el mundo, trata de la inculturación: «En esta perspectiva está también el principio teológico para el problema de la inculturación. Dado que la Iglesia es comunión, que une diversidad y unidad, estando presente en todo el mundo, toma de cada cultura todo aquello que encuentra positivo. La inculturación, sin embargo, es algo distinto de una simple adaptación exterior, ya que significa la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante la integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas humanas».

Viendo la importancia que el tema de la inculturación asume en la Iglesia, la Comisión teológica internacional elabora en 1989 un documento titulado Fe e inculturación que contiene una reflexión sobre naturaleza, cultura y gracia; la inculturación en la historia de la salvación; la Iglesia apostólica y el Espíritu Santo; problemas actuales de inculturación. El pro-ceso de inculturación frente a la modernidad exigirá un esfuerzo metódico de búsqueda y de acción concertadas ya que «supondrá en los responsables de la evangelización: 1) actitud de acogida y discernimiento crítico; 2) capacidad de percibir las expectativas espirituales y las aspiraciones humanas de las nuevas culturas; 3) capacidad de análisis cultural con vistas a un encuentro efectivo con el mundo moderno».

En la exhortación posinodal Christifideles iaici (30-12-1988) Juan Pablo II subraya que «la Iglesia es plenamente consciente de la urgencia pastoral de dedicar a la cultura una especialísima atención» (n. 44). Más adelante relaciona la cultura y la comunicación: «El camino privilegiado para la creación y transmisión de la cultura son los instrumentos de comunicación social»; «el mundo de los mass media ...representa
una nueva frontera de la misión de la Iglesia» (n. 44).

Con la encíclica Redemptoris missio (7-12-1990) Juan Pablo II percibe la urgencia de un relanzamiento misionero para toda la Iglesia: «Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos» (n. 3). «Al desarrollar su actividad misionera entre las gen-tes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturación. Es esta una exigencia que ha marcado todo el camino histórico, pero hoy es especiamente aguda y urgente. El proceso de inserción de la Iglesia en las culturas de los pueblos requiere largo tiempo, no se trata de una mera adaptación externa... Es, pues, un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano como la reflexión y la praxis de la Iglesia. Pero es también un proceso difícil, porque no debe comprometer en ningún modo las características y la integridad de la fe cristiana (...). Gracias a esta acción en las Iglesias locales, la misma Iglesia universal se enriquece con expre¬siones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, como la evangelización, el culto, la teo¬logía, la caridad; conoce y expresa mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovación» (n. 52).

También la formación de los sacerdotes, escribe Juan Pablo II en la exhortación Pastores dabo vobis (25-3-1992) debe tener presente la inculturación. «Un problema ulterior nace de la exigencia, hoy intensamente sentida, de la evangelización de las culturas y de la inculturación del mensaje de la fe. Es este un problema eminentemente pastoral, que debe ser incluido con mayor amplitud y particular sensibilidad en la formación a los candidatos al sacerdocio» (n. 55).

La aplicación de la inculturación en la búsqueda bíblica se desarrolla en el documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia (15-4-1993), preparado por la Pontificia Comisión Bíblica. La primera etapa de la inculturación «consiste en traducir a otra lengua la Escritura inspirada (...) A pesar de ser una etapa funda-mental, la traducción de los textos bíblicos no basta para garantizar una verdadera inculturación. Esta, por tanto, tiene que continuar con una interpretación que ponga el mensaje bíblico en relación más explícita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse típicos de una cultura local. De la interpretación se pasa después a otras etapas de inculturación que alcanzan a la formación de una cultura local cristiana que se extiende a todas las dimensiones de la existencia (oración, trabajo, vida social, costumbres, legislación, ciencias y artes, reflexión filosófica y teológica) (...). No se trata de un proceso único, sino de una "fecundación recíproca"» (IV, B).

La instrucción La liturgia romana y la inculturación (25-1-1994) publicada por la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos trata de es-clarecer que en el ámbito litúrgico «la búsqueda de inculturación no tiene como objeto la creación de nuevas familias rituales; respon¬diendo a las necesidades de una determinada cultura esta llega a adaptaciones que siempre forman parte del Rito romano» (n. 36). Entre las críticas que han acogido este texto está la divergencia en¬tre la definición teórica de inculturación y sus aplicaciones efectivas y prácticas.

El Directorio general de la catequesis (15-8-1997) publicado por la Congregación para el clero afronta varias veces la relación entre inculturación y catequesis (nn. 109-118, 202-214). Entre los demás objetivos es necesario que la inculturación de la catequesis «estimule nuevas expresiones del Evangelio en la cultura en la que ha sido implantado» (n. 208).

El Pontificio Consejo de la cultura con el documento Para una pastoral de la cultura (23-5-1999) ofrece una serie de soluciones concretas para la relación «cultura-fe» en perspectiva de inculturación en la vigilia del tercer milenio: «En la actual pluralidad cultural, es necesario conjugar el anuncio y las condiciones de su recepción» (n. 25).

Un punto especial de observación para entender la inculturación es la celebración de los Sínodos continentales. En la exhortación apostólica Ecclesia in Africa (14-9-1995) Juan Pablo II dedica todo el capítulo III al tema «Evangelización e inculturación» (nn. 55-71). «El Sínodo considera la inculturación como una prioridad y una urgencia en la vida de las Iglesias particulares para que el Evangelio arraigue realmente en África» (n. 59).

En la exhortación Ecclesia in America (22-1-1999) se afronta el tema de la inculturación en el cap. VI La misión de la Iglesia en América: la nueva evangelización. «Es necesario inculturar la predicación, de modo que el Evangelio sea anunciado en el lenguaje y en la cultura de todos los que lo escuchan» (n. 70); «El mundo de la educación es un campo privilegiado para promover la inculturación del Evangelio» (n. 71); «Usán¬dolos (los medios de comunicación social) de un modo correcto y competente, se puede llevar a cabo una auténtica inculturación del Evangelio» (n. 72).

En Ecclesia in Asia (6-11-1999) el Papa desarrolla el tema de la inculturación subrayando su importancia: «Se ve claro cómo la evangelización y la inculturación se hallan entre sí en natural e íntima relación» (n. 21); y se enumeran después las áreas clave de la inculturación: teología, liturgia, tradición, interpretación y explicación de la Sagrada Escritura y formación de los evangelizadores» (n. 22).

La exhortación Ecclesia in Europa afirma que «el anuncio de Jesucristo tiene que llegar también ala cultura europea contemporánea. La evangelización de la cultura debe mostrar también que hoy, en esta Europa, es posible vivir en plenitud el Evangelio como itinerario que da sentido a la existencia» (n. 58). Y recordando la fecundidad cultural del cristianismo a lo largo de la historia, asegura que «es preciso mostrar el planteamiento evangélico, teórico y práctico, de la realidad y del hombre (...), indicando la insuficiencia y el carácter inadecuado de una concepción inspirada en el cientificismo, que pretende reconocer validez objetiva sola-mente al saber experimental, y señalando asimismo los criterios éticos que el hombre lleva inscritos en su propia naturaleza» (n. 58). Además, recuerda la importancia que tienen en la tarea de evangelización de la cultura el impagable servicio desarrollado por las escuelas católicas, las universidades y una adecuada pastoral universitaria que favorezcan una respuesta a las actuales necesidades culturales (cf n. 59). Anima también a valorar positivamente los bienes culturales de la Iglesia, y las nuevas expresiones artísticas de la fe (cf n. 60).

Después de explicar el sentido de la inculturación, que tiene su fundamento en el misterio de la Encarnación, la exhortación Ecclesia in Oceanía recuerda que «una auténtica inculturación del evangelio posee un doble aspecto: de una parte, cada cultura ofrece valores y formas positivas que pueden enriquecer el modo en el cual el evangelio es anunciado, comprendido y vivido; de otra parte, el evangelio desafía a las culturas y exige que algunos valores y formas cambien. Así como el Hijo del hombre se ha hecho hombre en todo menos en el pecado, así la fe cristiana acoge y promueve todo aquello que es genuinamente humano y rechaza todo lo que pueda resultar pecaminoso. El proceso de inculturación coenvuelve el evangelio y la cultura en un diálogo que incluye la identificación de todo lo que es y lo que no es de Cristo» (nn. 16ss).

Entre las prioridades para el tercer milenio enumeradas por la Carta Novo miiiennio ineunte (6-1-2001), Juan Pablo II enumera el anuncio de la Palabra: «Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido, como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos. Sin embargo, esto debe hacerse respetando debidamente el camino siempre distinto de cada persona y atendiendo a las diversas culturas a las que ha de llegar el mensaje cristiano, de tal manera que no se nieguen los valores peculiares de cada pueblo, sino que sean purificados y llevados a su plenitud. El cristianismo del tercer milenio debe responder cada vez mejor a esta exigencia de inculturación» (n. 40).

Finalmente, en la última carta apostólica de Juan Pablo II, dirigida a los responsables de las comunicaciones sociales, El rápido desarrollo, el Papa sostiene que «la Iglesia no ha de contemplar tan sólo el uso de estos medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, hoy más que nunca, para integrar el mensaje salvífico en la "nueva cultura" que precisamente los mismos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y de las tecnologías de la comunicación contemporánea es parte integrante de su propia misión en el tercer milenio» (n. 2) Y afirmando la enorme importancia de los medios, por ser para muchos el principal instrumento de guía e inspiración de comportamiento, reconoce que «se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de "los conte¬nidos", nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos» (n. 3).

A partir de este panorama del magisterio universal podemos identificar la primera característica de la inculturación: la nueva evangelización y la evangelización ad gentes necesitan de ella no como un método, sino como una mentalidad nueva, inspira-dora de una misión entendida no sólo como extensión geográfica, sino como fenómenos y ámbitos de la vida humana, como es la comunicación.

La inculturación, además, se extiende á todos los componentes de la fe: exégesis, teología, catequesis, liturgia, pastoral, moral, pedagogía, etc. con relación a la persona, a la sociedad y al fenómeno que reciben y reelaboran el mensaje del Evangelio.

A veces se olvida, aunque tiene una fundamental importancia, la tercera característica de la inculturación: un proceso de dar y recibir tanto para la fe como para la cultura. La fe asume los valores positivos y purifica los negativos; la cultura estimula a la fe a re-pensar con categorías diversas y a vivir con formas nuevas la totalidad de la fe.
VATICANO - "La historia del Cristianismo habría tenido un desarrollo bien diferente si no hubiera habido la generosa aportación de muchas mujeres": la catequesis de Papa Benedetto XVI a la audiencia general

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Después de haber encontrado, el miércoles 14 de febrero, a la Conferencia Episcopal y a los fieles de las Marcas en la Basílica Vaticana, el Papa Benedicto XVI ha ido al Aula Pablo VI, dónde le esperaban grupos de peregrinos y fieles procedentes de todas las partes del mundo. En la catequesis el Papa se ha detenido en el tema "Las mujeres al servicio del Evangelio". Al término del recorrido realizado en las anteriores audiencias generales sobre los testigos del cristianismo naciente, Benedicto XVI ha querido dedicar la última etapa "a las numerosas figuras femeninas que han desempeñado un efectivo y precioso papel en la difusión del Evangelio. Su testimonio no puede ser olvidado… El Señor quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que han dado su contribución para que creciera la fe en Él, sean conocidas y su memoria permanezca viva en la Iglesia".
Distinguiendo el papel de las mujeres en el Cristianismo primitivo en dos fases, durante la vida terrena de Jesús y durante los hechos de la primera generación cristiana, el Papa ha subrayado que "además de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, fueron también escogidas muchas mujeres en el número de los discípulos". A continuación ha nombrado brevemente a las mujeres que se encontraban en el camino de Jesús: la profetisa Ana, la Samaritana, la mujer siro-fenicia, el hemorroisa, la pecadora perdonada, las protagonista de algunas parábolas… “Más significativas para nuestro argumento son aquellas mujeres que desempeñaron un papel activo en el marco de la misión de Jesús. - ha continuado el Papa -. En primer lugar, el pensamiento se dirige naturalmente a la Virgen María, que con su fe y su obra maternal colaboró de manera única en nuestra Redención… Hay, además, varias mujeres, que de diferentes maneras gravitaron en torno a la figura de Jesús con funciones de responsabilidad. Son ejemplo elocuente las mujeres que seguían a Jesús para servirle con sus bienes. Lucas nos ofrece algunos nombres: María de Mágdala, Juana, Susana, y ‘otras muchas’. Después, los Evangelios nos dicen que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús en la hora de la Pasión. Entre ellas destaca en particular la Magdalena, que no sólo estuvo presente en la Pasión, sino que se convirtió también en la primera testigo y anunciadora del Resucitado”.
El Apóstol Pablo admite como algo normal que en la comunidad cristiana la mujer pueda "pronunciarse abiertamente bajo el influjo del Espíritu, condición de que sea para la edificación de la comunidad y de una manera digna. Por tanto, hay que relativizar la famosa exhortación «las mujeres cállense en las asambleas»". El Papa ha recordado a continuación la figura de Prisca o Priscilla, esposa de Áquila, los esposos colaboradores de San Pablo en la evangelización. Después la Carta a Filemón, que está dirigida también "en realidad por Paolo a una mujer llamada 'Affia'… en la comunidad de Colosas ella debía ocupabar un puesto de relieve". En otro lugar el apóstol menciona a una cierta 'Febe', que revistió un papel de responsabilidad en la comunidad cristiana de Cencreas, y también recuerda otros nombres de mujeres: cierta Maria, luego Trifena, Trifosa, y Pérside, además de Julia, subrayando su fuerte compromiso eclesial. En la Iglesia de Filipos se distinguieron también dos mujeres llamadas Evodia y Síntique.'
"La historia del cristianismo habría tenido un desarrollo bien diferente si no se hubiera dado la aportación generosa de muchas mujeres" ha subrayado el Santo Padre, que recordando de nuevo la alabanza y el agradecimiento a la mujer expresados por Juan Pablo II en la Carta apostólica Mulieris dignitatem, ha concluido su catequesis: "Nosotros también nos unimos a este aprecio, dando gracias al Señor porque Él conduce a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios". (S.L) (Agencia Fides 15/2/2007 - Líneas: 48 Palabras: 693)

Links:
Texto completo de la catequesis del Santo Padre
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=727
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Las parejas de hecho y de personas homosexuales (I)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Algunos católicos tienden a considerar el compromiso político y legislativo como desvinculado de la doctrina moral y social de la Iglesia católica y aún más de su pertenencia a la Iglesia: un dualismo en la conciencia. Es necesario por ello, proponer de nuevo los contenidos esencial de dos documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicados respectivamente en el 2002 y 2003: la Nota doctrinal acerca de algunas cuestiones referentes al compromiso y comportamiento de los católicos en la vida política y las Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales.
Qué es la persona humana en cuanto hombre y mujer y como el estar juntos de hombre y mujer pueda recibir una forma jurídica no es ya, en la cultura dominante, un dato unívoco. El relativismo gnoseológico y moral también ha mellado la antropología filosófica y teológica y se han perfilado nuevas opiniones, que llevan a una disolución de la imagen del hombre, cuyas consecuencias pueden ser extremadamente graves, más bien ya se entreven en el deslizamiento del debate sobre las parejas de hecho, a aquel sobre la fecundación artificial, al llamado "matrimonio" entre homosexuales con posibilidad de adopción de niños.
En la valoración de tales opiniones erróneas, la doctrina católica reafirma ante todo de forma incondicional, la dignidad humana y los derechos humanos, como valores que preceden a cualquier jurisdicción estatal y que llevan, en cuánto al origen, al Creador (1): viene así reafirmado el valor permanente del Decálogo. En tal sentido resulta importante, como hizo Juan Pablo II, el análisis de la relación entre libertad y naturaleza del hombre: se debe comprender el verdadero significado de la ley natural, la cual se refiere a la naturaleza propia y originaria del hombre, a la «naturaleza de la persona humana», que es la persona misma en la unidad de alma y cuerpo; en la unidad de sus inclinaciones de orden espiritual y biológico, así como de todas las demás características específicas, necesarias para alcanzar su fin”. (2).
En segundo lugar, ya que en cierto sentido ha cambiado la fe en la Revelación, en cuánto que el relativismo lleva a no percibir el orden natural como fuente de racionalidad, la Iglesia está llamada hoy paradójicamente a defender la razón antes que la fe; por tanto, el nexo entre la razón y la fe para sanear la separación mortal entre el pensamiento y la ética; como también a poner de relieve el aspecto racional de la naturaleza humana como hizo Juan Pablo II en su comentario a la Encíclica Humanae vitae.
Sobre esto, bastaría con llevar a cuántos sustentan la 'naturalidad' de la homosexualidad a plantearse la pregunta: ¿por qué existen en el mundo hombres y mujeres, y no solamente los unos o los otros? Ante esta evidencia, la homosexualidad aparece como una tentativa imposible de homologar con la naturaleza humana sobre uno u otro sexo hasta anular esa diferencia evidente, dispuestos a restablecerla luego en el momento en que se deba reivindicar el "derecho a la diferencia” para conseguir el reconocimiento jurídico (3).
Conviene en este punto decir lo que significa el término "derecho": si ello es personal, si se trata de un derecho cívico, o de un derecho de una minoría activa y tiende a constituirse en grupo de presión no implica necesariamente el reconocimiento del derecho. La reflexión se sitúa aquí sobre el terreno del derecho, de la filosofía del derecho. Por cuánto atañe a la reivindicación gay de una matrimonio homosexual, es útil saber y decir que se trata de una minoría que no representa para nada el conjunto de las personas homosexuales, pero que pretende representarlos y encuentra apoyos políticos para imponer sus puntos de vistas. Por tanto, los lideres gay y muchos otros, por absurdo, terminan sin percatarse, por reafirmar la diferencia, en el momento en que solicitan el "matrimonio", la unión o el pacto entre ellos. Por tanto, en contradicción con cuánto ellos presuponen, o sea, que el Estado y la sociedad sean incompetentes respecto a su unión porque es considerada como perteneciente a la esfera privada de las relaciones interpersonales afectivas, terminan por solicitar precisamente al Estado ese reconocimiento jurídico publico, también por conocidos motivos de conveniencia económica. Si se trata de "esfera privada", el Estado debería quedar siempre fuera. Análogo discurso vale por las llamadas parejas de hecho. (continua) (Agencia Fides 15/2/2007; Líneas: 53 Palabras: 755)
1. Cfr J.Ratzinger, Europa. Sus fundamentos espirituales ayer, hoy y mañana, en M.Pera-J.Ratzinger, Sin raíces. Europa, relativismo, cristianismo, islam, Milán 2004, p 67.
2. Encíclica Veritatis splendor, 50.
3. Cfr : Ne deviens pas gay, tu finiras triste, Ed.du Seuil, Paris 2001. El libro es el testimonio violento de un anciano miembro de la comunidad gay, que se rebela ante la idea de un pacto de solidaridad, idea que él juzga hipócrita, y dañina para eventuales niños adoptados por las parejas homosexuales
VATICANO - "Todo cristiano está llamado a un renovado y valiente compromiso de anuncio y testimonio del Evangelio. Queremos llevar a todos esta luz… ": el Papa Benedicto XVI se reúne con la Conferencia Episcopal de las Marcas; cita en Loreto para el encuentro de jóvenes

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - También la audiencia general de esta semana, miércoles 14 de febrero, se ha desarrollado en dos momentos: primero el Santo Padre Benedicto XVI se ha encontrado en la Basílica Vaticana con la Conferencia Episcopal de las Marcas, con ocasión de la Visita "ad Limina Apostolorum", con los fieles de las diócesis correspondientes; a continuación, en el aula Pablo VI, el Papa ha saludado a los numerosos grupos de peregrinos y fieles.
Después de haber saludado a las Autoridades civiles de las Marcas, a los sacerdotes, seminaristas, personas consagradas, agentes pastorales y a todos los miembros del Pueblo de Dios, el Santo Padre Benedicto XVI ha continuado: "En el actual clima de pluralismo cultural y religioso, nos damos cuenta que el mensaje de Jesús no es conocido por todos. Por ello, todo cristiano está llamado a un renovado y valiente compromiso de anuncio y testimonio del Evangelio. Queremos llevar a todos esta luz, que es luz para la vida personal y señal indicadora de orientación para la vida social."
Dirigiendo después a los Obispos, el Papa los ha animado a seguir “dedicando todos sus esfuerzos para cuidar la formación cristiana de base tanto en las ciudades como en los centros menores; para que todas las categorías de fieles estén preparadas para recibir con fruto los Sacramentos, indispensable nutrimento del crecimiento en la fe; para que con la práctica de los Sacramentos no se omita una instrucción religiosa sólida que resista sin flaquearse ante los desafíos presentes y las solicitaciones de una sociedad grandemente secularizada."
Al término de su discurso el Papa ha invitado a todos los presentes a dirigirse a la Virgen Madre de Dios y de la Iglesia, con la oración que el ha preparado con vistas al encuentro de jóvenes, que se tendrá en Loreto a principios del próximo mes de septiembre, y ha concluido con una cita: Nos veremos pues en las Marcas, en Loreto". Este el texto de la oración de Benedicto XVI:
"Maria, Madre del sí, Tú has escuchado a Jesús
y conoces el timbre de su voz y el latido de su corazón.
Estrella de la mañana, háblanos de Él
y cuéntanos tu camino para seguirlo en la vía de la fe.
María, que en Nazaret habitaste con Jesús
imprime en nuestra vida tus sentimientos
tu docilidad, tu silencio que escucha
y haz florecer la Palabra en opciones de verdadera libertad
María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe
brille en nuestros ojos y caliente el corazón de quien nos encuentra:
como hiciste Tu visitando a Isabel
que en su vejez gozó contigo por el don de la vida-
María, Virgen del Magníficat
ayúdanos a llevar la alegría al mundo, come en Caná,
impulsa a cada joven, comprometido en el servicio a los hermanos,
a hacer sólo aquellos que Jesús dice.
María, pon tu mirada en el Agora de los jóvenes,
Para que sea el terreno fecundo de la iglesia italiana.
María ruega para que Jesús, muerto y resucitado renazca en nosotros
y nos transforme en una noche plena de luz, llena de Él:
María, Virgen de Loreto, puerta del cielo,
ayúdanos a levantar la mirada a lo alto.
Queremos ver a Jesús. Hablar con Él.
Anunciar a todos su Amor".
(S.L) (Agencia Fides 15/2/2007 - Líneas: 52 Palabras: 591)

Links:
Texto completo de la catequesis del Santo Padre
http://www.evangelizatio.org/portale/adgentes/pontefici/pontefice.php?id=727
ZENIT publica la carta que entregó Benedicto XVI el jueves, 15 de Febrero de 2007, al presidente de la República de Corea, Roh Moo-hyun, al recibirle en audiencia en el Vaticano.


A Su Excelencia el señor Roh Moo-hyun
Presidente de la República de Corea

Con gusto le doy la bienvenida en el Vaticano y le doy las gracias por su visita, que ayuda a fortalecer las buenas relaciones que ya existen entre su país y la Santa Sede. Su presencia es también un signo claro de su estima por la Iglesia católica. Le pido que transmita mi afectuoso saludo al pueblo de Corea, y que le garantice mis oraciones por la paz y la estabilidad de la península corana y de la región.

Durante más de cincuenta años, el pueblo coreano ha sufrido las consecuencias de la división. Las familias han quedado separadas, los parientes cercanos alejados los unos de los otros. Por favor, dígales que me siento espiritualmente cerca de ellos en su sufrimiento. Con compasión, rezo por una rápida solución del problema que impide a tantas personas comunicarse entre sí.

Desgraciadamente el mundo moderno está marcado por amenazas crecientes contra la dignidad de la vida humana. Por eso, quiero expresar mi reconocimiento a todos aquellos que, en su país, trabajan para mantener y defender el carácter sagrado de la vida, el matrimonio y la familia, ámbitos en los que la Iglesia católica en Corea es particularmente activa.

El riesgo de la carrera de armamentos nucleares es un ulterior motivo de preocupación, compartida plenamente por la Santa Sede. Aliento a todas las partes interesadas a esforzarse para resolver las tensiones actuales con medios pacíficos y a abstenerse de cualquier gesto o iniciativa que pueda poner en peligro las negociaciones, asegurando que se garantice a la parte más vulnerable de la población norcoreana el acceso a la ayuda humanitaria.

Señor presidente, su país ha experimentado un extraordinario crecimiento económico en los últimos años, por ello doy gracias a Dios. Al mismo tiempo, soy consciente de que no todos los ciudadanos tienen todavía la posibilidad de beneficiarse plenamente de esta prosperidad. Por este motivo, invito a su gobierno a aunar sus esfuerzos con todos aquellos que trabajan por la promoción del bien común y de la justicia social.

Mientras tanto, pido a san Andrew Kim Taegon y a los mártires coreanos que protejan a los ciudadanos de vuestra querida nación, y le aseguro mis oraciones y mejores deseos para todo el pueblo de Corea.

Vaticano, 15 de febrero de 2007

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original ingles realizada por Zenit
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jueves, 15 de febrero de 2007
"Elegir la clase de religión católica es un reto difícil de vencer", constata la CEE


15 Febrero (ACI).- El 77 por ciento del total de alumnos de la escuela española, tanto pública como privada concertada o no concertada, están recibiendo formación religiosa y moral católica en el curso 2006-2007, informó la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal española (CEE).

Según el informe de la Comisión, "este porcentaje supone que 5.047.279 alumnos reciben enseñanza religiosa en España" y explica que "con relación al curso pasado la opción libre por la religión católica ha bajado 0.4 décimas".

Sobre esta baja, la Comisión señala que "por primera vez los descensos porcentuales se reducen a décimas lo cual supone una cierta estabilización de la opción con referencia a otros cursos". "En los colegios católicos sube 0.4 décimas, mientras que en los colegios públicos el descenso es de 0.5 décimas", precisa.

"Hemos de valorar positivamente la ralentización de la caída progresiva de la opción por la enseñanza religiosa en la escuela pública que venía siendo en los tres últimos cursos de 2 puntos cada año. Este curso ha sido de 0.8, 0.7 y 0.9 décimas en Primaria, Secundaria y Bachillerato, respectivamente", puntualiza la CEE.

Tras agradecer a los padres de familia el "ejercicio libre y responsable" del derecho que tienen a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que responda a sus convicciones, la Comisión Episcopal insiste en denunciar "las condiciones negativas que la enseñanza religiosa católica ha de soportar cada curso".

"En muchos casos, para los alumnos, elegir la clase de religión católica es un reto difícil de vencer. La propuesta de actividades, a veces lúdicas, para los alumnos que no eligen religión, o bien, el repaso sobre materias que los alumnos de religión no reciben, constituyen una serie de discriminaciones que imposibilitan el ejercicio libre del derecho a la educación", concluye.
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ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general del miércoles, 14 de Febrero de 2007, dedicada a «Las mujeres al servicio del Evangelio», con la que ha concluido su ciclo de catequesis sobre los testigos del cristianismo naciente, que había realizado en las semanas anteriores.


Queridos hermanos y hermanas:

Llegamos hoy al final de nuestro recorrido entre los testigos del cristianismo naciente, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Y aprovechamos la última etapa de este primer recorrido para centrar nuestra atención en las muchas figuras femeninas que han desempeñado un efectivo y precioso papel en la difusión del Evangelio.

Su testimonio no puede ser olvidado, según lo que el mismo Jesús dijo sobre la mujer que le ungió la cabeza poco antes de la Pasión: «Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya» (Mateo 26, 13; Marcos 14, 9).

El Señor quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que han dado su contribución para que creciera la fe en Él, sean conocidas y su memoria permanezca viva en la Iglesia. Históricamente podemos distinguir el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo, durante la vida terrena de Jesús y durante las vicisitudes de la primera generación cristiana.

Ciertamente, como sabemos, Jesús escogió entre sus discípulos a doce hombres como padres del nuevo Israel, «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar» (Marcos 3,14-l5). Este hecho es evidente, pero, además de los doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, fueron también escogidas muchas mujeres en el número de los discípulos.

Sólo puedo mencionar brevemente a aquellas que se encontraron en el camino del mismo Jesús, comenzando por la profetisa Ana (Cf. Lucas 2, 36-38) hasta llegar a la Samaritana (Cf. Juan 4,1-39), la mujer siro-fenicia (Cf. Marcos 7,24-30), la hemorroisa (Cf. Mateo 9,20-22) y la pecadora perdonada (Cf. Lucas 7, 36-50).

Tampoco mencionaré a las protagonistas de algunas de sus eficaces parábolas, por ejemplo, a la mujer que hace el pan (Mateo 13, 33), a la mujer que pierde la dracma (Lucas 15, 8-10), a la viuda inoportuna ante el juez (Lucas 18, 1-8).

Para nuestro argumento son más significativas las mujeres que desempeñaron un papel activo en el marco de la misión de Jesús. En primer lugar, el pensamiento se dirige naturalmente a la Virgen María, que con su fe y su obra maternal colaboró de manera única en nuestra Redención, hasta el punto de que Isabel pudo llamarla «bendita entre las mujeres» (Lucas 1, 42), añadiendo: «feliz la que ha creído» (Lucas 1, 45). Convertida en discípula del Hijo, María manifestó en Caná la confianza total en él (Cf. Juan 2, 5) y le siguió hasta los pies de la Cruz, donde recibió de él una misión maternal para todos sus discípulos de todos los tiempos, representados por Juan (Cf. Juan 19, 25-27).

Hay, además, varias mujeres, que de diferentes maneras gravitaron en torno a la figura de Jesús con funciones de responsabilidad. Son ejemplo elocuente las mujeres que seguían a Jesús para servirle con sus bienes. Lucas nos ofrece algunos nombres: María de Mágdala, Juana, Susana, y «otras muchas» (Cf. Lucas 8, 2-3). Después, los Evangelios nos dicen que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús en la hora de la Pasión (Cf. Mateo 27, 56.61; Marcos 15, 40).

Entre ellas destaca en particular la Magdalena, que no sólo estuvo presente en la Pasión, sino que se convirtió también en la primera testigo y anunciadora del Resucitado (Cf. Juan 20,1.11-18). Precisamente a María de Mágdala santo Tomás de Aquino dedica el singular calificativo de «apóstola de los apóstoles» («apostolorum apostola»), dedicándole un bello comentario: «Así como una mujer había anunciado al primer hombre palabras de muerte, así también una mujer fue la primera en anunciar a los apóstoles palabras de vida» («Super Ioannem», editorial Cai, § 2519).

También en el ámbito de la Iglesia primitiva la presencia femenina no es ni mucho menos secundaria. Es el caso de las cuatro hijas del «diácono» Felipe, cuyo nombre no es mencionado, residentes en Cesarea, dotadas todas ellas, como dice san Lucas, del «don de profecía», es decir, de la facultad de hablar públicamente bajo la acción del Espíritu Santo (Cf. Hechos, 21, 9). La brevedad de la noticia no permite sacar deducciones más precisas.

Debemos a san Pablo una documentación más amplia sobre la dignidad y el papel eclesial de la mujer. Comienza por el principio fundamental, según el cual, para los bautizados «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer», «ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3, 28), es decir, unidos todos en la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones específicas (Cf. 1 Corintios 12,27-30).

El apóstol admite como algo normal el que en la comunidad cristiana la mujer pueda «profetizar» (1 Corintios 11, 5), es decir, pronunciarse abiertamente bajo la influencia del Espíritu Santo, a condición de que sea para la edificación de la comunidad y de una manera digna. Por tanto, hay que relativizar la famosa exhortación «las mujeres cállense en las asambleas» (1 Corintios 14, 34).

El problema, sumamente discutido, sobre la relación entre la primera frase --las mujeres pueden profetizar en la asamblea--, y la otra --no pueden hablar--, es decir, la relación entre estas dos indicaciones que aparentemente son contradictorias, se lo dejamos a los exegetas. No es algo que hay que discutir aquí. El miércoles pasado ya nos habíamos encontrado con Prisca o Priscila, esposa de Áquila, quien en dos casos es mencionada sorprendentemente antes del marido (Cf. Hechos 18,18; Romanos 16,3): ambos son calificados explícitamente por Pablo como sus «sun-ergoús», «colaboradores» (Romanos 16, 3).

Hay otras observaciones que no hay que descuidar. Es necesario constatar, por ejemplo, que la breve Carta a Filemón es dirigida por Pablo también a una mujer de nombre «Apfia» (Cf. Filemón 2). Traducciones latinas y sirias del texto griego añaden al nombre «Apfia» el calificativo de «soror carissima» (ibídem), y hay que decir que en la comunidad de Colosas debía ocupar un papel de importancia; en todo caso, es la única mujer mencionada por Pablo entre los destinatarios de una carta suya.

En otros pasajes, el apóstol menciona a una cierta «Febe», a la que llama «diákonos» de la Iglesia en Cencreas, la pequeña ciudad puerto al este de Corinto (Cf. Romanos 16,1-2). Si bien el título, en aquel tiempo, todavía no tenía un valor ministerial específico de carácter jerárquico, expresa un auténtico ejercicio de responsabilidad por parte de esta mujer a favor de esa comunidad cristiana.

Pablo pide que sea recibida cordialmente y asistida «en cualquier cosa que necesite de vosotros», y después añade: «pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo». En el mismo contexto epistolar, el apóstol, con rasgos delicados recuerda otros nombres de mujeres: una cierta María, y después Trifena, Trifosa, y Pérside, «amada», así como a Julia, de las que escribe abiertamente que «se han fatigado por vosotros» o «se han fatigado en el Señor» (Romanos 16, 6.12a. 12b.15), subrayando de este modo su intenso compromiso eclesial.

En la Iglesia de Filipos se distinguían, además, dos mujeres de nombre Evodia y Síntique (Filipenses 4, 2): el llamamiento que Pablo hace a la concordia mutua da a entender que las dos mujeres desempeñaban una función importante dentro de esa comunidad.

En síntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera dado la aportación generosa de muchas mujeres. Por este motivo, como escribió mi venerado y querido predecesor, Juan Pablo II, en la carta apostólica «Mulieris dignitatem», «La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una… La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del “genio” femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina» (n. 31).

Como se ve, el elogio se refiere a las mujeres en al transcurso de la historia de la Iglesia y es expresado en nombre de toda la comunidad eclesial. Nosotros también nos unimos a este aprecio, dando gracias al Señor porque Él conduce a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español dijo:]


Queridos hermanos y hermanas:
Después de reflexionar sobre los testigos del cristianismo naciente, hoy nos referimos a las mujeres que tuvieron un papel importante en la difusión del Evangelio.
En la vida de Jesús sobresale la Virgen María que, como madre y discípula de su divino Hijo, lo siguió fielmente hasta la Cruz, colaborando de manera singular en la obra de la Redención. Hubo también otras mujeres muy cercanas al Maestro en su misión terrena, como la Magdalena, que lo siguió en la pasión y fue la primera en anunciar su resurrección a los demás Apóstoles y discípulos.

En las primeras comunidades cristianas, destacan algunas otras por la colaboración que prestaron a los Apóstoles o por los dones que recibieron del Espíritu Santo. Como dice San Pablo, en la Iglesia todos tienen la misma dignidad, sean esclavos o libres, hombre o mujer, y contribuyen al bien de la comunidad. Mucho tenemos que agradecer a las mujeres por su valiosa aportación a la vida y la edificación de la Iglesia viva.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en especial a los niños de Irak atendidos en España por la Asociación Mensajeros de la Paz y a la Delegación de Profesionales Paraguayos, así como a los demás visitantes latinoamericanos. Invito a todos a dar elocuente testimonio de la fe y colaborar activamente en la construcción de la Iglesia, a ejemplo de las santas mujeres.

Gracias por vuestra visita.

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
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El Compromiso de la Iglesia ante los desafíos de la Realidad Nacional



Los Obispos de la Iglesia Católica en Colombia, reunidos en la Octogésima Segunda Asamblea Plenaria, para tratar el tema de la “Acción Misionera de la Iglesia”, nos dirigimos a todos los colombianos para expresarles que habiendo recibido la Palabra de Dios que nos presenta a Jesucristo como el Misionero del Padre, Él nos envía al mundo para proclamar con nuestra vida su mensaje de salvación.

Nuestra vocación de discípulos de Jesús se convierte en misión de pastorear el rebaño a nosotros encomendado con el compromiso de responder a los desafíos de la realidad nacional.

Pensando en una Colombia que ha dado positivos pasos en el camino del progreso, que tiene razones objetivas para la esperanza pero que anhela la paz, los Obispos unimos nuestras voces en un solo llamado: ¡Reconciliación!, con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la creación.

Desde la reconciliación como propósito y principio, leemos y acompañamos el caminar del pueblo colombiano, para que las víctimas, los victimarios y la sociedad en general conozcan la experiencia profunda del perdón, de manera que se instaure un escenario de paz que denote más que la simple ausencia de guerra, la “plenitud de vida”, vida digna y en abundancia para todos (Juan 10,10).

La mentira es una de las causas de todo conflicto y principal obstáculo a cualquier esfuerzo de negociación política. Es necesario adentrarnos en el camino de la verdad para re-dignificar a las víctimas, actores centrales de la reconciliación y poseedoras privilegiadas de la gracia del perdón, que sólo puede y debe nacer en ellas si queremos romper el ciclo del rencor, del resentimiento y de la venganza que en ocasiones se convierten en una carga imposible de llevar.

Verdad para cerrar las heridas provocadas por la violencia, de manera que exista en quienes han causado daño, un reconocimiento sincero del pecado cometido al atentar contra la vida y la libertad de otros hermanos, como paso necesario para el encuentro con la paz.
En estos tiempos en los que unos y otros se acusan por la denominada “para-política” y por su pasado violento, nosotros los Obispos pedimos a todos la calma, y sin dejar de buscar y decir la verdad, los llamamos a atender también otros problemas que afectan a Colombia. Los intereses proselitistas por encima de los del país confunden a la opinión y conducen al caos.

El país reclama incesantes actos de verdad en las esferas políticas nacionales, departamentales y locales, por encima de los intereses partidistas, con el propósito de frenar la corrupción y purificar las instituciones democráticas, de manera que éstas sean una respuesta efectiva a las demandas ciudadanas de inclusión, participación y justicia social.

Escuchamos un lamento en nuestras comunidades: Las instituciones, el Legislativo, el Ejecutivo, la Administración de Justicia, la Corte Constitucional, las Fuerzas Armadas y los Organismos de control, evidencian una grave crisis. Porque estamos con la institucionalidad, todo ello nos duele y preocupa. Animamos los esfuerzos que se adelantan por develar los hechos que han restado legitimidad a las instituciones del Estado y por diseñar e implementar los correctivos pertinentes.

Exigimos verdad también para clarificar los signos de una sistemática persecución desde diversos sectores, grupos y personas hacia los valores que la Iglesia defiende, que nacen del Evangelio y tienen sustento en el respeto por la vida, la dignidad humana y la familia.

Llamamos a los medios de comunicación para que aporten a la construcción de una sociedad que se precie de la verdad. Ello requiere obrar con honestidad y equidad. Seguiremos nuestro compromiso de valorar a los comunicadores como portadores de noticias que construyan una nueva patria y los acompañaremos para que utilicen los medios con sentido humano como valor central. Los invitamos a aportarle al país debates serenos, sin encender hogueras.

Reconocemos los esfuerzos gubernamentales por ampliar la cobertura en la educación. Sin embargo, las dinámicas globalizadoras imponen superiores niveles de calidad. Animamos la educación para la conciencia y la paz en la familia, en la escuela y en los diversos espacios de la Iglesia y la sociedad.

El llamado a la reconciliación comprende a su vez un esfuerzo nacional por establecer condiciones de justicia, sabiendo que el horizonte está en la caridad.

Las cifras revelan un crecimiento de la economía, sin embargo constatamos con dolor que se agudiza la pobreza. Llamamos a la banca, a la industria y a los gremios, a que no olviden que la economía debe estar al servicio del hombre, y orientada a la solución de los problemas del desempleo, a la erradicación del hambre y a la satisfacción de las necesidades del pueblo.
Llamamos a todos en el país a no olvidar a los campesinos, que no encuentran suficientes alicientes para permanecer en el campo, y a los desplazados, que no encuentran ni razones ni condiciones para volver a sus tierras.

Las minorías étnicas esperan que su dignidad de personas y sus espacios de autonomía sean mayormente respetados, y que se les brinde el apoyo requerido para la participación debida en la vida pública y para la construcción de su propio proyecto de vida.

El conflicto armado, cuyas causas no son enfrentadas en su integralidad, sigue golpeando a amplios sectores de la población; sus actores amenazan a la institucionalidad y extorsionan a la sociedad.

Los Obispos en Colombia sentimos que pesa sobre nuestra conciencia la destrucción de los hermanos que injustamente permanecen privados de su libertad, sometidos al secuestro. No acallaremos nuestra voz, ni cejaremos en nuestros esfuerzos hasta tanto el Gobierno Nacional y las FARC – EP posibiliten a través de un acuerdo humanitario la libertad de todos ellos.

Abogaremos por otros acuerdos humanitarios que conduzcan a la erradicación en Colombia del secuestro extorsivo, de las minas antipersonal, de la agresión de la sociedad civil, del desplazamiento.

Estamos dispuestos a acompañar todos los procesos que conduzcan a la construcción de una Colombia reconciliada y en paz. Exhortamos a las FARC a facilitar espacios para la negociación y para el diálogo. Expresamos nuestra voz de ánimo al proceso que se adelanta entre el Gobierno Nacional y el ELN e invitamos a los desmovilizados de los grupos de autodefensa a proseguir con valentía y transparencia el proceso iniciado, siendo coherentes con el compromiso de aportar a la verdad, a la justicia y a la reparación. Denunciamos con preocupación y rechazamos la configuración de grupos armados emergentes.

Mantendremos un compromiso de apoyo irrestricto a las víctimas y las acompañaremos en la defensa de sus derechos a la reparación y a la memoria, pero animando a la grandeza del perdón.

Los que vivían de los cultivos ilícitos son objeto de la persecución del Estado, no obstante, el narcotráfico sigue siendo el combustible de la corrupción y de la confrontación armada y causa de muchos males del país.

La Iglesia, laicos, religiosos, sacerdotes y obispos, reconociendo nuestras limitaciones y falencias, nos comprometemos a hacer sentir nuestra voz profética que denuncia la mentira y la corrupción y que anuncia la verdad, que no es otra cosa que la defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, la dignidad de las personas, la igualdad de oportunidades y la honestidad para construir entre todos un país en el que todos quepamos y en el que no haya marginados.

La Iglesia seguirá anunciando un mensaje de esperanza y convoca a un acuerdo nacional por la paz y la reconciliación y a que cada uno dé su aporte para implementar un proyecto de nación en el que todos tengamos un espacio digno y unas posibilidades de realización como ciudadanos y como hijos de Dios.

Elevamos nuestra plegaria a Dios para que envíe su espíritu y habite en el corazón de cada colombiano dándonos la fortaleza y la sabiduría para discernir los signos de vida y de muerte y tomar las decisiones para la construcción de una sociedad justa.

Que María Santísima, Reina y madre de Colombia interceda por nosotros ante su Hijo, rico en misericordia y Señor de la Paz.


Bogotá, D.C., 9 de febrero de 2007

+ Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Presidente de la Conferencia Episcopal
Conferencia Episcopal Colombiana (2007-02-14)
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15 de Febrero


La segunda semana de marzo se celebrará una nueva edición de las Jornadas de Formación que organiza la Delegación Diocesana de Migraciones, en esta ocasión bajo el título “La Parroquia y los inmigrantes”. Estas Jornadas estarán dirigidas por Braulio Carles Barriopedro, Delegado Diocesano de Migraciones de Sigüenza-Guadalajara y miembro del Consejo Asesor de la Comisión Episcopal de Migraciones de la C.E.E. y van destinadas a sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, miembros de Movimientos Apostólicos, voluntariado de Cáritas, profesores de Religión y cuantos pueda interesar. Dichas jornadas se desarrollarán los días 7, 8 y 9 de marzo en el Seminario Diocesano, en La Laguna, de 7.00 a 9.30 de la noche.
15 de Febrero

El cantautor cristiano Martín Valverde ha confirmado que estará en Tenerife a finales de abril. El 27 en la clausura del Congreso Internacional. “Diálogo Fe-Cultura”, el 28 en el Seminario Diocesano en un encuentro con sacerdotes y Agentes de Pastoral, el 29 en las Catalinas de La Laguna, en una hora de exposición continua del Santísimo pidiendo por las vocaciones y el 30 de abril, único concierto en Tenerife, en el Pabellón Santiago Martín (La Hamburguesa).
15 d Febrero

Con el lema “Sacerdotes, testigos del amor de Dios”, se celebrará la Campaña del Seminario con motivo de la fiesta de san José. Los seminaristas visitarán los arciprestazgos con el siguiente orden: 24 y 25 de febrero: Tegueste, Tacoronte, Orotava y Güímar. 3 y 4 de marzo: Orotava, Icod, Granadilla, Taco y Ofra 10 y 11 de marzo: S/C de La Palma, Los Llanos, El Hierro y La Gomera. 17 y 18 de marzo: La Laguna, Santa Cruz, La Cuesta y La Salud.
15 de Febrero

El sábado pasado, se reunieron la mayoría de los educadores del Movimiento Junior de Acción Católica con nuestro obispo para reflexionar sobre la realidad e implantación del movimiento en nuestra Diócesis, buscando cauces para seguir caminando. Asimismo, el obispo se ha comprometido para estar un día con los niños de dicho movimiento, el próximo día 31 de marzo, en la Cueva del Hermano Pedro. Finalmente, en el segundo fin de semana de marzo, los educadores del movimiento de nuestras diócesis canarias, se reunirán en el encuentro formativo que organiza el propio movimiento en la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife.
15 de Febrero

El pasado domingo, en Tacoronte, entró en funcionamiento una nueva casa de acogida para mayores considerada una de las mejores de España en cuanto a estructura y equipamiento, según la ha definido el vicario para los asuntos económicos, Julián De Armas. El centro, que tiene capacidad para 80 ancianos, será gestionado por la Fundación Casa de Acogida Madre del Redentor y tiene como objetivo atender a ancianos necesitados naturales o residentes en el municipio tacorontero. En dicha jornada, el Obispo bendijo la capilla del centro.
15 de Febrero

También en relación a La Gomera, el Gobierno de Canarias, a través de Plan de Medianías, saca a licitación pública las obras de “Terminación de la Iglesia del Salvador” en el municipio de Alajeró, con un presupuesto de 348.587,01 euros y un plazo de ejecución de diez meses. Se restaurarán los artesonados, las carpinterías, la cantería y el retablo, entre otras actuaciones. Con ello, se dotará al templo de infraestructuras fundamentales para el desarrollo de su actividad, como la megafonía, el alumbrado de emergencia y otros elementos necesarios. En una fase anterior y con cargo al Plan de Medianías se sustituyeron las cubiertas de madera de la nave principal, del presbítero y de la capilla, con un presupuesto de 160.180,12 euros.
15 de Febrero

El 15 de febrero se conmemoró el 276º aniversario del fallecimiento de Sor María de Jesús de León Delgado, popularmente conocida como La Siervita. Por tal motivo, en el Convento de Santa Catalina de Siena, se desarrolló una Eucaristía para pedir por su pronta canonización. Asimismo, los días siguientes 16 y 17 de febrero, el Convento de Las Catalinas celebra dos jornadas especiales, con motivo del VIII centenario de la fundación del primer convento de la orden de monjas dominicas.
15 de Febrero

A pesar de los acontecimientos relacionados con la enseñanza de la religión en los últimos años y a pesar del debate suscitado, la realidad es que en el presente curso escolar la opción por la asignatura en nuestra Diócesis se ha visto incrementada en un 2,53%, situándose el porcentaje total de los que eligen enseñanza de la religión en el 83,63%, datos publicados en el borrador de proyecto para la Comunidad Autónoma de Canarias.
15 de Febrero

El domingo terminaban de llegar a las islas los miembros de las Cáritas de Canarias que habían viajado a Mauritania. Según la responsable internacional de proyectos de Cáritas, Verónica Morales, los proyectos en Mauritania siguen cuatro líneas de actuación: la creación y mantenimiento de unidades sanitarias de atención primaria, seguridad alimentaria y desarrollo de microcréditos, acceso al agua y la alfabetización. Morales recordó que “desde Cáritas Canarias apoyamos con un diez o veinte por ciento del presupuesto en todas las áreas, salvo en el de la salud que tienen sus fuentes de financiación privada”. Hablando de este viaje, Popular TV-Tenerife emite este domingo un programa especial sobre esta visita.
miércoles, 14 de febrero de 2007
Director
P. Federico Lombardi, S.I.
Vice Director
P. Ciro Benedittini, C.P.





El 20 de febrero de 1939 se creó la Oficina de Información de L’Osservatore Romano y se le confió la tarea de transmitir información a los periodistas acreditados (Cfr. O.R. 23 de febrero de 1939).

En 1966 la Oficina de Prensa, que había sido creada como organismo informativo del Concilio Vaticano II, absorbió la primera oficina y empezó a funcionar como Oficina de Prensa de la Santa Sede a cargo de la Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales.

Según las nuevas directrices aprobadas por Juan Pablo II y comunicadas por carta por la Secretaría de Estado el 28 de mayo de 1986, la Oficina de Prensa de la Santa Sede "es la oficina de la Santa Sede encargada de difundir las noticias referentes a los documentos del Sumo Pontífice y a la actividad de la Santa Sede" y, por tanto, "en la realización de su trabajo goza, al igual que L’Osservatore Romano, la Radio Vaticano y el Centro Televisivo Vaticano, de su propia autonomía operativa".

La Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana del 28 de junio de 1988, en el n. 43, confirma que la Oficina de Prensa es "la oficina especial" dependiente de la Primera Sección de la Secretaría de Estado que publica y divulga "las informaciones oficiales referentes a los documentos del Sumo Pontífice y a la actividad de la Santa Sede".

El Vatican Information Service (V.I.S.) fue creado el 28 de marzo de 1990 en el ámbito de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El V.I.S. es un nuevo sistema informativo de la Santa Sede que proporciona todos los días, principalmente a las Representaciones pontificias, a los Obispos de todo el mundo y a otras Instituciones, las oportunas informaciones sobre la actividad magisterial y pastoral del Santo Padre y de la Santa Sede en lengua inglesa, española, francesa e italiana, por e-mail y por fax, además de estar presente en Internet.


14 Febrero (ACI).- Esta mañana miles de peregrinos se reunieron en el Aula Pablo VI para participar en la Audiencia General con el Papa Benedicto XVI, quien en su catequesis agradeció por el rol efectivo y precioso de la mujer en la historia de la Salvación.

“La historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo diverso si no hubiera sido por el generoso aporte de muchas mujeres”, dijo el Santo Padre durante su catequesis refiriéndose a las “tantas figuras femeninas que han desarrollado un rol efectivo y preciosos en la difusión del Evangelio”.

El Pontífice destacó las figuras de muchas mujeres mencionadas en las escrituras, y en primer lugar recordó “a la Virgen María, que con su fe y obra maternal colaboró en modo único para nuestra Redención. Convertida en discípula del Hijo, María manifestó en Caná su total confianza en Él y lo siguió hasta los pies de la Cruz, donde recibió de Él la misión maternal para todos sus discípulos de todos los tiempo”.

Asimismo recordó que “los Evangelios nos dicen que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús en el momento de la Pasión. Entre ellas destaca la Magdalena, que no solo presenció la Pasión, sino que fue también la primer testimonio y anunciadora del Resucitado”.

Más adelante hizo notar cómo San Pablo partiendo “del principio fundamental según el cual los bautizados”, estando “unidos en Cristo Jesús”, “tienen la misma dignidad, así como cada uno tiene funciones específicas”.

Finalmente el Pontífice recordó la Carta apostólica Mulieris dignitatem en que Juan Pablo II afirma: “La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una… La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina”.
Al acercarse la Cuaresma de 2007, el miércoles de ceniza nos "ayuda a dar el primer paso de la conversión".Así se expresa en artículo de "Bloc MD - 6, Febrero 2007".

Miércoles de Ceniza


El Miércoles de Ceniza nació para que los días de ayuno cuaresmal llegasen al número de cuarenta, la cifra simbólica que recuerda los días de Jesús en el desierto y los años del éxodo del pueblo de Israel. Como los domingos no se ayunaba y faltaban días para alcanzar esa cifra simbólica, se decidió añadir algunos días antes del primer domingo. Y al primero de esos días, el miércoles, se le dio un especial relieve.

De modo que, si bien la Cuaresma empieza solemnemente el domingo, que este año será el día 25 de febrero, unos días antes, el miércoles 21, somos invitados a participar en esa celebración sin duda importante, pedagógicamente muy útil, que nos ayuda a dar el primer paso de la conversión, destacando un aspecto que a menudo olvidamos: nuestra debilidad, nuestra pequeñez, nuestra necesidad de perdón, nuestra necesidad de Dios.

La imposición de la ceniza, en efecto, es un magnífico recuerdo de esa debilidad. No para hundirnos en ningún sentimiento de depresión o de inutilidad, sino para recordar dónde debemos encontrar la fuerza para vivir una vida valiosa: en el Dios salvador, en Jesús resucitado, en la Buena Noticia de su Evangelio. Bueno será dar todo el relieve que merece ese rito, y celebrarlo incluso, donde no se pueda celebrar el miérco¬les, en algún otro día de la misma semana y, también, en los lugares en que no es posible hacerlo entre semana y se ve pastoralmente útil, en alguna misa dominical. Destacando siempre, eso sí, que si recordamos nuestra debilidad no es para quedarnos en ella sino para seguir adelante movidos por la gracia salvadora.
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Algunas sugerencias para la celebración de la Cuaresma 2007, entresacadas de Cuaresma 2007, de Josep Lligadas, de las páginas amarillas de Misa Dominical, año XXXIX, núm 3

1. La ambientación de la iglesia. Por una parte, crear un clima de austeridad, sin flores ni adornos (tampoco ante el Santísimo ni ante la Virgen o los santos). Por otra, algún póster con alguna frase o un paño morado. Por otra, finalmente, destacar la cruz, poniendo una grande en el presbiterio o bus¬cando otra forma de destacarla que resulte adecuada.

2. Los cantos. Este es un aspecto básico para la creación de clima. Los cantos deben ser muy propios del tiempo. De un modo especial debe serlo el canto de entrada, que se podría repetir todos los domingos, para ayudar a vivir este tiempo como una unidad.

3. El acto penitencial. Se le podría dar especial relieve haciendo un silencio más largo, e invitando a que cada uno se ponga realmente en espíritu de oración ante Dios.

4. El aleluya. En tiempo de Cuaresma no se canta el aleluya, en espera de cantarlo gozosamente en la noche de Pascua. Antes del evangelio, en su lugar, se canta una aclamación a Jesucristo, que se hace presente entre nosotros.

5. Otros encuentros litúrgicos y de oración. Se puede instaurar, por ejemplo, el rezo de laudes o vísperas cada día, unidas a la misa o como rezo independiente. O el canto solemne de vísperas cada domingo. O, por ejemplo, cada miércoles vísperas y cada viernes viacrucis o un encuentro semanal de oración con lecturas, cantos y silencios. O un retiro parroquial o arciprestal...

6. El programa cuaresmal personal. Habrá que invitar a que cada cristiano se haga su propio "programa cuaresmal", de conversión hacia Dios y hacia los demás. Para evitar que el tiempo de Cuaresma "pase de largo" y lleguemos a la Pascua sin que se note en nuestra vida...

7. La conversión comunitaria. También podría pensarse en un programa parroquial de conversión, preguntándonos qué podríamos cambiar, qué podríamos instaurar... a nivel de oración, de solidaridad, de corresponsabilidad.

8. La segunda parte de la Cuaresma. El tercer domingo de Cuaresma, después de los dos primeros centrados cada año en las tentaciones y la transfiguración, comienza la segunda parte de la Cuaresma, que en este ciclo C se centra en los temas de la conversión y de la misericordia de Dios. Puede ser una buena ocasión para dar un nuevo impulso al programa cuaresmal personal, para que no se nos olvide...
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El templo, cuya restauración la ha sufragado la Fundación Mapfre Guanarteme, será puesto al culto y albergará exposiciones.


(EL DÍA, 14 - II, D. BARBUZANO, La Laguna) La histórica ermita de San Cristóbal, que está siendo restaurada por la empresa Víctor Rodríguez, será inaugurada el día 24 de marzo, a las 12:00 horas, devolviendo a la ciudad un templo de interés histórico cerrado durante 80 años.

La historia de esta obra se remonta al día en que el presidente de la junta de seguimiento de la Fundación Mapfre Guanarteme en Tenerife, Juan Antonio Ossuna Torres, se reunió con el deán de la Catedral Julián de Armas, y éste le dijo que era conveniente restaurar la ermita de San Cristóbal, lo cual no dudó Mapfre en hacer.

Según informó Juan Antonio Ossuna, la ermita se pondrá al culto con misas puntuales para los fieles y podrá albergar exposiciones de arte sacro. Se piensa en trasladar a la ermita la imagen de San Cristóbal, patrón de La Laguna, que se conserva en la iglesia de Santo Domingo de la ciudad de Aguere.

Como se hace constar en la guía de arquitectura publicada por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop), la ermita de San Cristóbal se fundó durante los primeros años del siglo XVI en el mismo solar donde se libró la batalla de Aguere en 1495, cuya victoria dio lugar a la fundación de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

El regidor Antón Joven fabricó la ermita, siendo notorio que Bartolomé Joven en su testamento en 1552 señala que se instituyese en dicho inmueble una capellanía de misas y dejó para su altar un retablo de San Gregorio que tenía en su casa. En 1530 sabemos que amenaza ruina y que las obras las costeó el Cabildo.

La ermita estuvo abandonada en 1552, por lo que fue edificada de nuevo por el hijo del fundador, Cristóbal Joven.

En el siglo XIX, al alinear la calle se derribó una parte importante de la ermita de su mitad anterior, junto con la fachada, en cuyo arco de cantería figuraba el escudo de armas del fundador. La fachada actual data de 1922-1923.

En la ermita yacen los restos mortales de Fernando Guanarteme, último rey aborigen de Gáldar. La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife le dedicó una placa en 1923.

Las obras de restauración que se han llevado a cabo han consistido, entre otras, en un piso nuevo de piedra natural, material empleado también para los escalones del altar; el arco de cantería roja, que estaba muy deteriorado, ha sido sometido a una labor tan correcta de restauración, que es difícil localizar las zonas rotas; asimismo, el artesonado ha sido restaurado en parte y también reconstruido en otro sector.

Las fiestas del patrono

Es de destacar que desde un principio era obligatoria la asistencia al culto del patrono de La Laguna, San Cristóbal, y a su fiesta, con cruz alzada, de todos los curas del beneficio, que eran los de Santa Cruz, Güímar, El Sauzal y Taganana, y, además, los sacerdotes que tenían filiación en las matrices de dichos pueblos.

La ermita fue en un tiempo depósito provisional de los cadáveres de la feligresía del Sagrario Catedral. Estuvieron los restos del obispo de Canarias señor Jiménez, en su traslado de Santa Cruz al convento de Candelaria en 1691, y los del señor Bencomo, en el que hizo el Cabildo eclesiástico desde Sevilla a la Catedral de La Laguna en 1837.

Es de destacar que al lado de la ermita de San Cristóbal había varias casas de los padres de Amaro Rodríguez Felipe, en una de las cuales nació dicho lagunero que sobresalió en la historia como comerciante y capitán de navío y en la leyenda como el corsario Amaro Pargo.

Muchos son los que desean que las fiestas de San Cristóbal recuperen la importancia que las caracterizó en el pasado.
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El convento de Santa Catalina expondrá mañana el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús, que lleva 276 años como sumida en un profundo sueño y despertando la devoción en miles de fieles. A las 7:00 horas habrá una misa y por la tarde una ofrenda floral.


(EL DÍA, 14 - II, D. BARBUZANO, La Laguna) La Laguna recibirá mañana un peregrinaje de miles de personas que se dirigirán hacia el convento de Santa Catalina, formando grandes colas y pasando más de una hora en pie para admirar el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús, más cariñosamente conocida como la Siervita, a la que se admira por los gracias concedidas.

El convento abrirá las puertas de su iglesia a las 4 de la madrugada y permanecerá abierto hasta las 22:00 horas. En otras ocasiones se ha contabilizado hasta 40.000 personas que han pasado ante el cuerpo de Sor María de Jesús, tirando, a través de la reja de clausura del coro bajo, papeles en los que se piden deseos a la Siervita o se le agradecen los favores concedidos.

A las 7:00 horas se celebrará una misa y por la tarde, a las 17:00 horas, tendrá lugar la tradicional ofrenda floral a cargo de las corporaciones municipales de La Laguna y El Sauzal, donde profesó y nació la ejemplar religiosa, respectivamente.

Como de todos es sabido, hace años se inició el proceso de beatificación de Sor María de Jesús y muchos quieren verla ya en los altares.

Para todos ellos, hemos podido saber que el proceso ha sido calificado de muy interesante y que se lleva con todo rigor teológico e histórico, previo a determinaciones de la Santa Sede.

En estos momentos se está estudiando muy intensamente toda la documentación de la época de la Sierva de Dios, los manuscritos posteriores a Sor María de Jesús y las virtudes cristianas ejercidas por dicha monja de modo heróico, es decir, virtudes cardinales y anejas.

También es objeto de estudio la fama de santidad de la Siervita en el momento de su fallecimiento y en la actualidad, con la visita masiva al sarcófago de multitud de devotos, los numerosos devotos que creen haber recibido un favor de ella y los deseos manifiestos de que sea elevada a los altares.

Lo que hay que hacer es demostrar que la fama de santidad de Sor María de Jesús es espontánea, persistente, muy extendida y basada en la práctica heróica de las virtudes. Hay que aclarar que por fama se entiende el sentir común con fuentes y fundamentos conocidos. La santidad de la fama de la Sierva para quienes llevan el proceso no es un rumor, sino una fama.

Una vida ejemplar

Los documentos antiguos, que los expertos del proceso investigan sobre su veracidad, hablan de que antes de morir la Siervita cayó en un éxtasis durante más de 24 horas, conservando el pulso y las pupilas claras. Se dice que junto al corazón tenía la herida del costado de Cristo y que a los tres años de muerta, su cuerpo estaba entero y flexible, el paladar y la lengua frescos y sonrosados y soltaba sangre perfumada a jazmín.

El cuerpo de Sor María de Jesús se ha conservado y se expone en el sarcófago que le regaló el capitán Amaro Rodríguez Felipe, un lagunero que, dadas las riquezas que obtuvo de sus actividades comerciales, contribuyó al enriquecimiento del patrimonio religioso de La Laguna y a que los pobres, incluso los de la Cárcel Real, vivieran mejor con sus ayudas económicas. Una labor que ennoblece hoy, de sus últimos descendientes, al abogado Ramón González de Mesa.

Es de destacar que dicho sarcófago lo abren las monjas con tres llaves que giran en diferentes sentidos que sólo ellas conocen, según lo han aprendido a través de generaciones.

Sor María de Jesús nació el 23 de marzo de 1643 con indicios de estar protegida por Dios, según destacan sus biógrafos, quienes cuentan que fue una mujer de bellísimas facciones, regular estatura, manos delicadas y semblante dulce y atractivo. Durante su vida sometió su cuerpo a grandes sacrificios y un antiguo sermón hace referencia a que "el corazón de la Siervita le ardía por el amor que sintió por Jesús".
Artículo semanal de los miércoles del Padre Fernando Lorente o.h. publicado en EL DÍA en la sección CRITERIOS

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h.*


No bastan las cosas y los acontecimientos


PARA PASARLO BIEN. Desde hace algún tiempo, psicólogos y psiquiatras, en sus análisis, describen los rasgos que parecen definir cada vez más claramente el perfil del ser humano de nuestro tiempo. Por supuesto, no todo es negativo. Pero lo que, de verdad, resulta más preocupante es el vaciamiento moral y la degradación de la vida que constatan en muchas personas. En los estudios de estos psicólogos y psiquiatras, el ser humano de hoy es cada vez más indiferente a "lo importante" de la vida. Pasa de largo, indiferente ante las grandes verdades de la vida. No tiene certezas firmes ni convicciones profundas. Por otra parte, se preocupa y busca mucha información para saber lo que está pasando. Pero esto no le ayuda a formarse ni a ser más sabio y profundo. Recoge noticias y más noticias, le falta capacidad para hacer una síntesis de lo que le llega. A esta situación, hay que añadir la esclavitud que vive por el hedonismo. Y cada vez en aumento. A estas personas sólo les interesa, de verdad, organizarse de la manera más placentera posible, Aprovecharse, disfrutar de la vida y sacarle jugo. La vida es placer y si no no es vida. Sólo les interesa aquello que les proporcione mayores intereses para su propio bienestar. Otro rasgo que nos destacan en estos estudios es la permisividad. Cada vez es mayor la resistencia a la hora de tener que aceptar códigos o normas de comportamiento. Su criterio avanza por esta distinción: Es bueno lo que nos apetece y malo lo que nos disgusta. Y nada más. Eso es todo, a estas personas, no les pidamos más. No hay prohibiciones ni terrenos vedados. Tampoco hay objetivos ni ideales mayores; lo importante es el pragmatismo, por eso, sólo es de valor lo que va bien directamente para ellas.

Estas personas no perciben, más bien se alejan de esta realidad: la vida que se va vaciando de verdadero contenido humano, que, vivir esta situación, es quedarse sin metas ni puntos de referencia. Estas personas tienen cada vez más fachada y menos vida interior. Los valores humanos son sustituidos por los intereses propios. Al sexo lo llaman amor de puro placer material, y al placer de esta índole felicidad; a la información -sentida así- escrita, televisiva y por otros medios, al carnaval actual -cuanto más atronador-, cultura.

Pero las personas son demasiado grandes -como imágenes de Dios- para contentarse con cualquier cosa o muchas como éstas. No pocos analistas vienen tomando nota del número creciente de personas que, actualmente, cansadas y angustiadas de vivir una vida tan "rebajada", buscan algo mejor. El correr de los tiempos históricos también nos ofrece testimonios extraordinariamente decisivos y convincentes. Y todo porque es difícil vivir una vida que no apunta a ninguna meta. No basta tampoco pasarlo bien. Toda persona necesita arriesgarse, crecer y comprometerse en causas nobles y dignas. La vida se hace insoportable cuando todo se reduce a la fachada y la frivolidad. Todas las personas estamos hechas también para cultivar el espíritu y la alegría interior. "El ser humano, nos dice S. Agustín, es la moneda de Cristo; allí está la imagen de Cristo; allí, el nombre de Cristo; allí, el cargo y el oficio de Cristo". Y otro autor y pensador de nuestros tiempos nos afirma también: "La naturaleza real del ser humano es divina. El propósito de la vida del ser humano es descubrir, vivir y manifestar esa divinidad".

Nuestra sociedad, como la de todas las épocas, necesita dar un giro radical de conversión, introduciendo valores, actitudes y comportamientos que nos hagan mejores en lo humano y en lo divino, y no esa cultura que, con tanto empeño, tratan de implantar -comenzando por la enseñanza escolar- el poder político del Gobierno actual y partidos políticos afines.

* Capellán de la Clínica

S. Juan de Dios
martes, 13 de febrero de 2007
13 Febrero (ACI).- Al recibir el lunes por la tarde a los participantes del Congreso Internacional sobre el Derecho Natural promovido por la Pontificia Universidad Lateranense, el Papa Benedicto XVI criticó el llamado “positivismo jurídico” y señaló que las legislaciones que desconocen el derecho natural se vuelven contra el hombre.

El Papa comenzó destacando "las grandes ventajas" del progreso tecnológico; pero advirtió del peligro, “menos visible, pero no menos inquietante: el método que nos permite conocer cada vez con más profundidad las estructuras racionales de la materia, nos hace siempre menos capaces de ver la fuente de esta racionalidad, la Razón creadora".

Por eso, siguió el Santo Padre, “es urgente reflexionar sobre el tema de la ley natural y encontrar su verdad común a todos los seres humanos”. “Esta ley tiene como principio primero y general el de ‘hacer el bien y evitar el mal’".

De esa verdad, señaló el Pontífice, “se derivan los otros principios más particulares, que regulan el juicio ético sobre los derechos y los deberes de cada uno”.

“Este es el principio del respeto por la vida humana, desde su concepción hasta su ocaso natural, sin ser este bien de la vida propiedad del hombre, sino don gratuito de Dios”; dijo el Pontífice; quien explicó que otro principio fundamental es “el deber de buscar la verdad, presupuesto necesario de toda madurez auténtica de la persona”.

Benedicto XVI señaló luego que en la exigencia de justicia y de solidaridad se expresan “normas inderogables que no dependen de la voluntad del legislador y ni siquiera del consenso que los estados pueden prestarles. Son normas que preceden a toda ley humana: como tales, nadie las puede derogar”.

Crítica al positivismo jurídico
Al respecto, Benedicto XVI explicó que “la ley natural es el manantial del que brotan, junto a los derechos fundamentales, los imperativos éticos que se deben cumplir. En la actual ética y filosofía del Derecho están ampliamente difundidos los postulados del positivismo jurídico”.

“La consecuencia –advirtió– es que la legislación se transforma a menudo solo en un compromiso entre intereses diversos: se intenta transformar en derechos intereses privados o deseos que contrastan con los deberes que se derivan de la responsabilidad social”.

“En esta situación es oportuno recordar que todo ordenamiento jurídico, tanto en el ámbito interno como en el internacional, se funda en último término en la legitimidad de su radicación en la ley natural, en el mensaje ético grabado en el ser humano”, agregó.

Por eso, “la primera preocupación de todos y, especialmente de aquellos que tienen responsabilidades públicas es promover la maduración de la conciencia moral”.

Aplicaciones para la vida y la familia
“Todo lo dicho –explicó el Papa– tiene aplicaciones muy concretas si se hace referencia a la familia, es decir a esa íntima comunidad de vida y de amor conyugal, fundada por el Creador y estructurada con leyes propias”. Ninguna ley hecha por los seres humanos puede por lo tanto subvertir la norma escrita por el Creador sin que la sociedad sufra una herida dramática en aquello que constituye su fundamento básico".

Luego, el Papa urgió: “siento el deber de afirmar una vez más que no todo lo que es científicamente factible es éticamente lícito –agrega el Santo Padre–. La técnica, cuando reduce al ser humano a objeto de experimentación, termina por abandonar al sujeto débil al arbitrio del más fuerte. Confiar ciegamente en la técnica como la única garante del progreso, sin ofrecer al mismo tiempo un código ético equivaldría a hacer violencia a la naturaleza humana con consecuencias devastadoras para todos”.

Benedicto XVI señaló que los científicos “también deben contribuir a ayudarnos a comprender profundamente nuestra responsabilidad hacia el ser humano y hacia la naturaleza que se le ha confiado. Sobre esta base es posible desarrollar un diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes, teólogos, filósofos, juristas y científicos, que pueden ofrecer al legislador un material precioso para la vida personal y social”.

El Papa concluyó su discurso auspiciando que las jornadas de estudio desemboquen "no solo en una mayor sensibilidad de los expertos con respecto a la ley moral natural, sino que contribuyan a crear las condiciones para que sobre esta temática se llegue a una conciencia cada vez más plena del valor inalienable de la ‘lex naturalis’ para el progreso real y coherente de la vida personal y del orden social”.
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente.

Cómo no se defienden los Derechos Humanos


Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 11 de febrero de 2007

Los derechos humanos fueron declarados de un modo solemne en 1948 con la finalidad de que toda la humanidad se viera beneficiada por un código universal de paz. Se buscaba reforzar el sentido moral básico para erradicar la barbarie contra el ser humano, tras las horrendas experiencias de las dos guerras mundiales, especialmente la segunda, con los totalitarismos que la generaron, con los genocidios que la hicieron especialmente perversa y con la destrucción de ciudades enteras por la acción del armamento nuclear con la que se puso fin a la misma en el Pacífico.
Benedicto XVI, en su Mensaje de la Paz de este año recoge la filosofía que dio nacimiento a dicha Declaración. Una paz estable y duradera presupone el respeto de los derechos humanos. Al mismo tiempo advierte con claridad que si los derechos humanos se basan en una concepción débil de la persona es imposible evitar que se debiliten como tales derechos. Y diagnostica con claridad la profunda insuficiencia de una concepción relativista de la persona cuando se trata de justificar y defender sus derechos.

El Sucesor de Pedro está levantando acta del fracaso de la estrategia que pretende difundir los derechos humanos a base de aligerar su fundamento, según un falso eslogan muy citado en su momento: lo importante es que los derechos humanos se acepten aunque no se sepa muy bien por qué, y así se evitarán discusiones inútiles. Por el contrario, son muchos los que piensan con el Papa que si los derechos humanos no se fundamentan sólidamente no tienen capacidad para cumplir su misión.

Es una contradicción proclamar unos derechos como absolutos y fundamentarlos de modo relativo, dejando a cada cual para que aporte su propia justificación. No hay que sorprenderse de una práctica que ha sido habitual para evadir las obligaciones por parte de los Estados: ante las exigencias que perjudican sus intereses, resulta fácil negar o relegar uno de los derechos.

Benedicto XVI propone otro camino: si los derechos humanos importan, se valorarán muy positivamente aquellas fundamentaciones que sean más sólidas. Tras el fracaso de proponer la fundamentación de los derechos humanos desde la lógica laicista excluyente del actuar como si Dios no existiera, el Santo Padre propone la lógica de una laicidad integradora de la sabiduría religiosa.

Ello ayuda a una correcta relación entre los derechos y los deberes. La más sólida garantía de los derechos humanos es el cumplimiento de los deberes de justicia de los unos con respecto a los otros. El Papa al respecto recuerda una hermosa expresión del Mahatma Gandhi: El Ganges de los derechos desciende del Himalaya de los deberes.

Una cultura meramente reivindicativa de los derechos pone entre paréntesis la importancia de que todas las personas cumplamos nuestros deberes con el prójimo. Y ningún derecho queda efectivamente garantizado si no se cumplen los correlativos deberes que le dotan de sentido. El derecho a la vida, a la libertad, a la educación y tantos otros solo se garantizan de verdad si todos nos comprometemos en respetar y promover la vida, la libertad, la educación y los demás derechos de nuestros semejantes.

El segundo beneficio de su sólida fundamentación es la defensa de los derechos humanos frente a sus continuos ataques. Las ambigüedades en la interpretación de los derechos tienen su origen en concebir a la persona con unos derechos siempre negociables, tanto en los contenidos como en el espacio y el tiempo de su aplicación. La lógica de la negociación deja en manos del más fuerte, o del mejor situado, decidir qué derechos va a respetar, hasta qué punto, con qué contenidos, para quiénes, dónde y cuándo. Y este modo de pensar se aleja radicalmente de la máxima ideal de “todos los derechos para todos”.

Los derechos sólo se aplican con eficacia allí donde la persona humana es caracterizada con una dignidad permanente y por derechos siempre válidos, para todos y en cualquier lugar. Quien relativiza los fundamentos de los derechos humanos acaba relativizando los mismos derechos, y conceptos como “proceso de paz”, “tolerancia” o “soluciones políticas para los terroristas” se convierten en palabras huecas y tan relativas que sólo pueden ser consideradas como un billete de viaje falso para intentar llegar a destinos inciertos. La paz, la vida humana y el respeto por las víctimas es un compromiso de cada cristiano que no admite relativismos.

Con mi bendición y afecto,
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Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2007, distribuido el martes, 13 de Febrero de 2007, por la Santa Sede, con el título «Mirarán al que traspasaron» (Juan 19,37).



¡Queridos hermanos y hermanas!
«Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,37). Éste es el tema bíblico que guía este año nuestra reflexión cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19,25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En la Encíclica Deus caritas est he tratado con detenimiento el tema del amor, destacando sus dos formas fundamentales: el agapé y el eros.

El amor de Dios: agapé y eros
El término agapé , que aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, indica el amor oblativo de quien busca exclusivamente el bien del otro; la palabra eros denota, en cambio, el amor de quien desea poseer lo que le falta y anhela la unión con el amado. El amor con el que Dios nos envuelve es sin duda agapé . En efecto, ¿acaso puede el hombre dar a Dios algo bueno que Él no posea ya? Todo lo que la criatura humana es y tiene es don divino: por tanto, es la criatura la que tiene necesidad de Dios en todo. Pero el amor de Dios es también eros. En el Antiguo Testamento el Creador del universo muestra hacia el pueblo que ha elegido una predilección que trasciende toda motivación humana. El profeta Oseas expresa esta pasión divina con imágenes audaces como la del amor de un hombre por una mujer adúltera (cf. 3,1-3); Ezequiel, por su parte, hablando de la relación de Dios con el pueblo de Israel, no tiene miedo de usar un lenguaje ardiente y apasionado (cf. 16,1-22). Estos textos bíblicos indican que el eros forma parte del corazón de Dios: el Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible (cf. Gn 3,1-7). Replegándose en sí mismo, Adán se alejó de la fuente de la vida que es Dios mismo, y se convirtió en el primero de «los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud» (Hb 2,15). Dios, sin embargo, no se dio por vencido, es más, el «no» del hombre fue como el empujón decisivo que le indujo a manifestar su amor en toda su fuerza redentora.

La Cruz revela la plenitud del amor de Dios
En el misterio de la Cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. Para reconquistar el amor de su criatura, Él aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo Unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en el acto supremo de amor y de libertad del nuevo Adán. Bien podemos entonces afirmar, con san Máximo el Confesor, que Cristo «murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente» (Ambigua, 91, 1956). En la Cruz se manifiesta el eros de Dios por nosotros. Efectivamente, eros es —como expresa Pseudo-Dionisio Areopagita— esa fuerza «que hace que los amantes no lo sean de sí mismos, sino de aquellos a los que aman» (De divinis nominibus, IV, 13: PG 3, 712). ¿Qué mayor «eros loco» (N. Cabasilas, Vida en Cristo, 648) que el que trajo el Hijo de Dios al unirse a nosotros hasta tal punto que sufrió las consecuencias de nuestros delitos como si fueran propias?

«Al que traspasaron»
Queridos hermanos y hermanas, ¡miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios, un amor en el que eros y agapé, lejos de contraponerse, se iluminan mutuamente. En la Cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando puso la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor. Se podría incluso decir que la revelación del eros de Dios hacia el hombre es, en realidad, la expresión suprema de su agapé. En verdad, sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. Jesús dijo: «Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder a ese amor y luego comprometerse a comunicarlo a los demás: Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, para que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor.

Sangre y agua
«Mirarán al que traspasaron». ¡Miremos con confianza el costado traspasado de Jesús, del que salió «sangre y agua» (Jn 19,34)! Los Padres de la Iglesia consideraron estos elementos como símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Con el agua del Bautismo, gracias a la acción del Espíritu Santo, se nos revela la intimidad del amor trinitario. En el camino cuaresmal, haciendo memoria de nuestro Bautismo, se nos exhorta a salir de nosotros mismos para abrirnos, con un confiado abandono, al abrazo misericordioso del Padre (cf. S. Juan Crisóstomo, Catequesis, 3,14 ss.). La sangre, símbolo del amor del Buen Pastor, llega a nosotros especialmente en el misterio eucarístico: «La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega» (Enc. Deus caritas est, 13). Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo ‘eucarístico’, en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra. De ese modo contemplar «al que traspasaron» nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas. Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que por nuestra parte cada día debemos «volver a dar» al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente de la alegría de la Pascua. Que María, la Madre del Amor Hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de auténtica conversión al amor de Cristo. A vosotros, queridos hermanos y hermanas, os deseo un provechoso camino cuaresmal y, con afecto, os envío a todos una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 21 de noviembre de 2006

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
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REFLEXIÓN DE MONS. HÉCTOR AGUER,
Arzobispo de La Plata
en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (Canal 9)


LA FAMILIA ES LA
PRIMERA FUENTE DE LA EDUCACIÓN



“Desde el 17 al 20 de enero pasado estuve en Roma participando de la reunión plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina que es un organismo de la Curia Romana creada por el Papa Pío XII para ocuparse de toda la temática relacionada con la evangelización de América Latina”.

“La reunión plenaria de este año tenía como temática y lema "La Familia y la Educación Cristiana en Nuestro Continente" que es una cuestión de máxima actualidad. No solo eso, sino que permite descubrir problemas fundamentales de la evangelización y de la cultura de los pueblos americanos. Fueron varios días de trabajo que culminaron con un formidable encuentro con el Santo Padre Benedicto XVI”.

“Todos sabemos muy bien que la familia es la primera escuela en la formación integral de la persona humana. Mucho antes de que el niño acceda a la primera instrucción elemental o incluso a la catequesis en una parroquia o en un colegio católico es en la familia donde debe recibir los fundamentos de la cultura humana y de la fe”.

“Podemos pensar en aquellos valores elementales que hacen a la ubicación del hombre en el mundo: el respeto, el trato con los demás, el sentido de la generosidad, la posibilidad de integrarse adecuadamente en una comunidad determinada, los distintos ambientes donde el niño empieza a sociabilizarse como se dice habitualmente y luego, también, es en la familia donde el niño recibe los rudimentos de la fe”.

“A veces observamos que cuando inicia un chico de 8, 9 o 10 años el proceso catequístico para completar la iniciación cristiana ni siquiera sabe hacerse la señal de la cruz o ignora las oraciones fundamentales”.

“¡Es en la familia donde se orienta el camino de una persona humana!
Y los expertos aseguran que es en los primeros años de vida, incluso antes de los 6 años, cuando se configura de un modo casi definitivo esa personalidad. ¿Cómo se hace en un contexto social y cultural como el que vivimos para que la familia asuma en plenitud esta misión que es un derecho y un deber?

“Nuestra cultura de hoy no ayuda precisamente a eso. Todo lo que hace fortalece al debilitamiento interior de la familia, a la quiebra de la unidad familiar, la preocupación a veces imprescindible por sobrevivir en un contexto económico y social muy negativo, la formación escasa de padres y madres para educar a sus hijos.”

“Todo esto hace necesario una revisión de aquellas posibilidades concretas que la familia tenga para llevar adelante, con éxito, la formación de sus hijos y también hace que el papel subsidiario del Estado no se entrometa indebidamente sino que custodie con equidad aquella situación para ayudar a la familia a que pueda desarrollarse de un modo adecuado y hacerse cargo ella de esta educación”.

“En los temas mas delicados se da, hoy, una intromisión de los medios de comunicación, de otras instituciones y aun del mismo del Estado. Intromisiones indebidas como, por ejemplo, en la intimidad de la formación de la persona, es necesario que la familia redescubra su papel y su misión. Tenemos que hacer todo lo posible desde la acción pastoral de la Iglesia para ayudar a los padres a que puedan hacerse cargo de esta misma misión de un modo adecuado”.

“Hoy habría que volver a pensar en Escuelas para Padres, no tratando como si fueran menores de edad a los padres de familia pero si para ayudarles buenamente a que adviertan la seriedad, la gravedad de su papel y puedan cumplirlo como corresponde”.

“Todo esto, detenidamente, lo hemos analizado en esa Pontificia Comisión para América Latina y creo que viene bien pensarlo ahora entre nosotros. Dios mediante, hasta la semana que viene”
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EUROPA/ESPAÑA - “Acoger, comprender, acompañar al enfermo”: ecos de la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Terminaron ayer, 11 de febrero, en Seúl, las celebraciones por la XV Jornada Mundial del Enfermo, focalizada este año en las enfermedades incurables.
En todo el mundo, ya durante la semana, han sido diversas las iniciativas para celebrar la Jornada, y algunas continuarán todavía durante los próximos días.
En España, las Delegaciones de la pastoral de la salud de Tarrega han promovido la iniciativa “La pastoral de la salud en el nuevo contexto socio-sanitario. Acoger, comprender, acompañar” para comenzar una reflexión sobre los grandes cambios que se han verificado en el ámbito de la pastoral sanitaria desde que, hace veinte años, fue aprobada la Ley Sanitaria (1986) y desde que se celebró el Congreso “Iglesia y Salud” (1996).
“‘Acoger, comprender y acompañar’ exige que los cristianos nos acerquemos a los enfermos con respeto y amor, superando toda tentación de paternalismo, y dejando que el enfermo sea el protagonista”, dijo Mons. Joan-Enric Vives, Obispo de Urgell. “La comunidad cristiana siempre ha mostrado una atención particular a los enfermos y al mundo del sufrimiento en sus múltiples manifestaciones. En el contexto de tan larga tradición, la Iglesia universal celebra esta Jornada con espíritu de servicio renovado, convirtiéndola en una ocasión peculiar para profundizar en la actitud de acogida y de escucha comprensiva, de reflexión y de compromiso real de acompañamiento y ayuda, ante el gran misterio del dolor y de la enfermedad”, destacó el Obispo.
Mons. José Manuel Lorca Planes, Obispo de Teruel y Albarracín, invitó a los fieles a reflexionar sobre lo que decía Juan Pablo II, es decir que “los enfermos podrían salvar al mundo”. Mons. Lorca Planes recordó que el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que: “Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él” (n. 1501).
La Delegación Diocesana para la Pastoral de la Salud de Zamora, celebró en Lourdes una Eucaristía presidida por el Obispo de la misma Diócesis. Mañana, 13 de febrero, el Delegado Episcopal de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Madrid tendrá una conferencia sobre “El Hospital de ayer a hoy en la Pastoral de la Salud”.
La diócesis española de Ávila ha profundizado sobre problemas de bioética de la reproducción humana asistida. La directora del secretariado diocesano para la pastoral de la salud, Marisol Carpintero, destacó que “se debe defender la vida de la persona desde la concepción hasta su muerte natural”, y añadió que la actitud de la Iglesia Católica “es un freno a tantas atrocidades que se pueden cometer. Cuando la persona cree tener en las propias manos los instrumentos para manipular al hombre, lo asesina”. “El enfermo debe saber que tiene el derecho de participar a las decisiones que tocan su propia vida”. (AP) (12/2/2007 Agencia Fides)
VATICANO - Presentado al Santo Padre el Anuario Pontificio 2007: aumentan los católicos en África, Asia y América; más sacerdotes en África y Asia

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Anuario Pontificio 2007 ha sido presentado esta mañana al Santo Padre por el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, y por Su Exc. Mons. Leonardo Sandri, Sustituto de la Secretaría de Estado para los Asuntos Generales. La redacción del nuevo Anuario ha estado a cargo de Mons. Vittorio Formenti, encargado de la Oficina Central de Estadística de la Iglesia y del equipo de colaboradores.
Según el comunicado difundido por la Sala de Prensa de la Santa Sede, durante el 2006 han sido erigidas por el Santo Padre 12 nuevas sedes obispales; han sido constituidas 9 sedes Metropolitanas y 1 Administración Apostólica. En total han sido nombrados 180 nuevos Obispos. Los datos estadísticos referidos al 2005, permiten sintetizar los aspectos principales de la presencia y de la acción pastoral en la Iglesia Católica en las 2915 circunscripciones eclesiásticas de todo el mundo.
Desde el 2004 al 2005 los católicos en el mundo han pasado a ser de 1.098 millones a 1.115 millones, con un aumento del 1,5%. Dado que tal crecimiento relativo resulta cercano al de la población mundial (1,2%), la presencia de los católicos en mundo resulta sustancialmente invariable (17,20%). El análisis geográfico de las variaciones en el bienio muestra un aumento del 3,1% de católicos en África, cuya población ha aumentado en poco menos del 2,5%. También en los continentes asiático y americano se ha registrado un aumento de católicos superior al de la población mundial (2,71 % contra el 1,18 % para Asia y 1,2 % contra el 0,9 % para América). En Europa se asiste a un leve aumento de los católicos y a una inmovilidad de la población presente.
El número de sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, ha pasado en el bienio 2004-2005 de 405.891 a 406.411, con un aumento relativo del 0,13 %. Mientras que se ha dado un importante incremento para Asia y para África, donde se registra un + 3,80 % y un + 3,55 % respectivamente; Europa y América presentan una flexión de aproximadamente medio punto porcentual, y Oceanía presenta un calo del 1,8 %. La distribución porcentual de sacerdotes por continente evidencia leves cambiamientos en el bienio considerado. África y Asia contribuían en el 2004 al 19,58% del total mundial; en el 2005 su cuota ha aumentado al 20,28 %. América mantiene un porcentaje del 29,8% mientras Oceanía permanece relativamente estable en su cuota de poco más del 1%. El único continente que ha visto disminuir la propia cuota es Europa: en el 2004 los 199.978 sacerdotes europeos representaban casi el 49,3% del total del grupo eclesiástico, mientras que un año más tarde han descendido al 48,8 %.
El número de los estudiantes de filosofía o teología en los seminarios diocesanos o religiosos ha pasado de 113.044 en el 2004 a 114.439 en el 2005. Globalmente, en el bienio, se ha tenido una tasa de crecimiento del 1,23 %. Tal variación relativa ha sido positiva en África (3,46 %), en Asia (2,90 %) y en América (0,6 %), mientras que Europa ha registrado un decrecimiento del 1,9 %. El número de seminaristas en Oceanía se ha estabilizado en torno a 950. En el 2005, de 100 candidatos al sacerdocio en todo el mundo, 32 eran americanos, 26 asiáticos, 221 africanos, 20 europeos y 1 de Oceanía. (S.L.) (Agencia Fides 12/2/2007)
VATICANO - El Santo Padre a los enfermos reunidos en la Basílica Vaticana: “Que nunca nadie, especialmente quien se encuentra en condiciones de sufrimiento, se sienta solo y abandonado”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En la tarde del domingo 11 de febrero, Memoria de la Virgen de Lourdes, el Card. Camillo Ruini, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, celebró en la Basílica Vaticana la Santa Misa para los enfermos de la Unitalsi y los peregrinos de la Opera Romana Pellegrinaggi, con ocasión de la XV Jornada Mundial del Enfermo, que este año tiene por tema: “El cuidado pastoral y espiritual de los enfermos con enfermedades incurables”. Terminada la Celebración Eucarística, el Santo Padre Benedicto XVI se dirigió a la Basílica para bendecir a los enfermos y dirigirles un breve discurso antes de participar en la procesión mariana.
Tras haber saludado a los presentes, el Santo Padre se dirigió a los enfermos, a sus familiares y a los voluntarios, invitándolos a unirse junto con él “con aquellos que este mismo día participan en la Jornada Mundial del Enfermo que se realiza en la ciudad de Seúl, en Corea”. Recordando la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y las apariciones de la Virgen a una simple joven como Santa Bernardetta Soubirous, el Papa resaltó que “los pequeños, los pobres, son los predilectos de Dios y a ellos les es revelado el misterio del Reino de los cielos”. Prosiguió diciendo: “María, que con su fe ha acompañado al Hijo hasta la cruz, que fue asociada por un designio misterioso a los sufrimientos de Cristo, su Hijo, jamás se cansa de exhortarnos a vivir y a compartir con serena confianza la experiencia del dolor y de la enfermedad, ofreciéndola con fe al Padre, completando así aquello que falta a los sufrimientos de Cristo en nuestra carne”.
Anticipando la procesión que cada año hace revivir en la Basílica Vaticana el clima que se crea entre peregrinos y devotos en Lourdes, el Papa dijo a los enfermos: “El cirio, que tenéis encendido entre las manos, sea también para vosotros, queridos hermanos y hermanas, el signo de un sincero deseo de caminar con Jesús, fulgor de la paz que esclarece las tinieblas y nos impulsa, a su vez, a ser luz y apoyo para quien vive a nuestro costado. Que nunca nadie, especialmente quien se encuentra en condiciones de sufrimiento, se sienta solo y abandonado. Os encomiendo a todos a la Virgen María. Ella, tras haber conocido indecibles sufrimientos, ha sido elevada al Cielo, donde nos espera y donde también nosotros esperamos poder compartir un día la gloria de su divino Hijo, la alegría sin fin”. (S.L.) (Agencia Fides 12/2/2007)
lunes, 12 de febrero de 2007
Homilía de Mons. Luis T. Stöckler,
Obispo de Quilmes (CEA)

Catedral de Quilmes, 4 de febrero del 2007


LOS MEDIOS POBRES



En este año leemos en las misas dominicales el Evangelio según San Lucas. Domingo por domingo vamos a seguirle la pista a este autor que provenía del mundo pagano y que recalca la obra salvadora de Cristo a favor de todos los pueblos. Lo presenta a Cristo como el centro de la historia de la humanidad. La intención del evangelista a lo largo de los 24 capítulos de su libro se comprende, cuando se tiene presente el desenlace final, es decir, la resurrección y la ascensión del Cristo, que revelan que él es el Señor. Sabiendo esto, nos asombra tanto más el modo cómo Jesús evangeliza. Pareciera que prefería ocultar su poder en vez de manifestarlo. Tenía una preferencia por lo pequeño y humilde. Así, con San Lucas, vamos descubriendo las consecuencias de la verdad fundamental de nuestra fe cristiana, que Dios se ha hecho hombre.

Los textos bíblicos de hoy nos hacen tomar conciencia de que la Palabra con mayúscula, por la cual todo fue creado y cuyo efecto repercute hasta el último límite del universo, se ha sometido totalmente a las condiciones del ser humano. Para comunicarse, lo hace de manera tan pobre que su voz alcanza apenas a los que están cerca de él. “La multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios”. Impresiona esta imagen de la gente que asediaba al Señor ávidamente para no perderse ni una palabra que salía de su boca. Se daban cuenta de que su enseñanza era importante, y solamente escuchándolo a él podían recibirla. Cristo respondía a esta necesidad con las posibilidades de su tiempo, hablándoles desde una barca y aprovechando el aumento de su voz por el reflejo del agua, para que la multitud lo pudiera oír. Evidentemente, lo que importa no es el volumen de su voz que se apagaba cuando “terminó de hablar”, sino la fe con que el oyente guarda la palabra en su corazón, y por sobre todo la pone en práctica. El Señor no impone su voluntad, sino apela a la colaboración. El prefiere la debilidad de la sugerencia, la invitación suave que respeta la libertad del otro. Y es cuando es aceptada su propuesta que la palabra manifiesta su poder.

Lo que puede pasar entonces, lo vemos en el episodio que sigue en el relato de hoy.“Navega mar adentro, y echen las redes”, le dijo Jesús a Pedro. Un entendido de la pesca como Pedro sabe que a la luz del sol no se echan las redes. Pero Pedro lo hizo igual, porque confiaba en la palabra del Maestro. El resultado impresionante provocó en él y sus compañeros el santo temor; ellos percibían que estaban en presencia del Señor. Pedro se echó a los pies de Jesús y le rogaba que se alejara de él que era un pecador. Nos asombra la reacción de Cristo quien no solo no se alejó de ellos, como lo pedían, sino los invitó a no temer y ser pescadores de hombres. Y ellos, confiando nuevamente en su palabra, “abandonándolo todo, lo siguieron”. La encarnación de la Palabra llega hasta la consecuencia de abandonarse y esconderse en la palabra de estos hombres pecadores, haciéndolos participar en su misión. Cristo opta aquí de vuelta por lo pequeño, por lo que aparentemente no tiene valor. Lo que se lee en nuestras asambleas es precisamente la enseñanza de los apóstoles, redactada bajo la guía del Espíritu Santo. Y ha sido la voluntad del Señor que a partir los apóstoles su palabra fuera trasmitida a través de los tiempos hasta el día de hoy por sus sucesores, que son hombres tan débiles como ellos.

Por eso, cuando nos reunimos en la misa dominical, tenemos la certeza de que la palabra anunciada es “Palabra de Dios” y “Palabra del Señor”. Y tenemos la seguridad que esta palabra manifiesta su poder si es aceptada con fe, como en aquel entonces, cuando Pedro echó las redes. El Señor produce portentos llamativos también hoy, donde hay gente realmente creyente. Las múltiples canonizaciones de los tiempos recientes son una prueba fehaciente de ello.

Pidamos a Dios que nos haga dóciles a su palabra y nos anime a abandonarlo todo lo que impide en nuestra vida el verdadero seguimiento de Jesús.

Luis T. Stöckler

Obispo de Quilmes
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Colocamos en el blog artículo publicado en el Boletín número 165, Octubre-Diciembre, de Manos Unidas en la sección "INFORME".

Cuidadores de toda la creación


Cuidar la vida. Este es el eje de los mensajes de la campaña XLVII de Manos Unidas, durante el año 2006. En este sentido hay un aspecto que merece ser tratado porque está en el trasfondo de todo lo demás. No podemos cuidar la vida de los otros, de todas las personas que nos rodean, si no cuidamos de la vida toda.

Los analistas sistémicos dicen que la mejor manera de tratar de entender el comportamiento de la naturaleza y sus necesidades es abordándolo como un sistema vivo, donde todo está en un orden concreto y las relaciones de dependencia y equilibrio son precisas e imprescindibles para su mantenimiento.

No hace falta, sin embargo, ser sistémico para darse cuenta de lo verdadero de esa afirmación. Todo a nuestro alrededor se muestra como un conjunto ordenado, al que los malos tratos, la desidia irresponsable en su cuidado o los abusos pueden hacer un daño irreparable.

Para nosotros, la creación nos remite a Dios y desde las primeras palabras del libro del Génesis se nos invita a su cuida-do. Pero la naturaleza, nuestro ambiente natural, está grave-mente dañada.

UN PROBLEMA PLANETARIO
QUE EXIGE SOLUCIONES GLOBALES


Definir el concepto de vida es difícil, pero sabemos que es lo más importante para nosotros y para lo que nos rodea. Todo lo que nos permite estar aquí, haber nacido, crecer, reproducirnos, pensar, amar,... es estar en medio de la vida. Las necesidades de los otros seres vivos son como las nuestras. Necesidad de respirar, de alimentarse, de encontrar cuidado para permanecer y mostrarse cada vez más hermoso.

La ecología ha pasado a un primer plano cuando hemos sido conscientes de que algo le estaba pasando al mundo en el que nos movemos. El deterioro de la vida, la extinción de las especies, el aumento de las catástrofes, nos deja a todos con gran incertidumbre sobre nuestro propio futuro en la tierra y sobre el futuro de la tierra misma.

Siempre que ha habido vida, ha habido muerte en el planeta. La alerta salta cuando
nos damos cuenta de que el ritmo de muerte, desa¬parición o deterioro es mucho más rápido e incontrolado que nunca. Y, sobre todo, cuando caemos en la cuenta de que tenemos algo de responsabilidad en lo que está ocurriendo y que algo podemos hacer. La cuestión eco/ógica es un problema planetario. Aunque los impactos identificados son locales y nacionales, afectan a todo el planeta y deben ser afrontados con soluciones globales.

Los analistas sistémicos mantienen que todo sistema admite un nivel de sobrecarga fruto de la acción humana que, si se supera, es prácticamente imposible la vuelta atrás y se va directamente al fin. Con el término sobrecarga se hace referencia a la superación de los límites al crecimiento, que se definen en función de la disponibilidad de los recursos, la capacidad de esos recursos para ser regenerados y la competencia entre las especies. Parece que estamos a punto de sobrepasar esos límites, porque hemos concedido prioridad al crecimiento económico, sin tener en cuenta el equilibrio ni el res-peto que se necesita. No queremos decir que el crecimiento sea malo, sino que debe tener límites y ser equitativo y sostenible. Todos los seres dependen unos de otros. Por eso, el problema ecológico debe ser entendido desde la interdependencia y la interrelación. Las especies que han muerto no van a revivir y lo que se ha destruido no se puede volver a crear; la transformación ambiental que se produce es totalmente irreversible. A pesar de todo, creemos que aún hay posibilidad de parar el ritmo de deterioro. Creemos que todavía nuestro mundo es una casa acogedora en la que todas las criaturas vivas pueden desenvolverse. El regalo de la vida todavía puede abrirse
en medio de este preocupante entorno.

ALGUNOS DATOS PARA PENSAR

Desde hace unos años, la comunidad internacional se muestra sensible a la situación que presenta el planeta. Recogemos algunos datos que ejemplifiquen esta situación: Entre 1980 y 2000 se ha perdido el 25% de la superficie de los manglares. Los manglares son bosques costeros que se con¬sideran dentro de los ecosistemas más valiosos y diversos del planeta porque son fundamentales en la protección de las cos¬tas frente a fenómenos climáticos, como los tsunamis. Cuando menguan, también lo hace su capacidad de protec¬ción. Su destrucción o degradación se ha debido sobre todo al cultivo de langostinos, que ha crecido al ritmo de su consumo en los países desarrollados. España es el primer importador europeo de este marisco.

La década de los noventa se ha definido como la más cálida del segundo milenio. Esto tiene que ver con el calentamiento global de la tierra y el cambio climático que trae aparejado. El efecto invernadero es un fenómeno atmosférico natural que permite mantener la temperatura del planeta, al retener parte de la energía proveniente del sol; sin esta capa la temperatura mundial sería 30° C más baja. En el último siglo, la concentración de anhídrido carbónico y otros gases invernadero en la atmósfera ha ido creciendo constantemente debido a la actividad humana.

En primer lugar, a comienzos de siglo, por la quema de grandes masas de vegetación para ampliar las tierras de cultivo. Según el Fondo Mundia/ para e/ Medio Ambiente, en los años noventa se han destruido 90'4 millones de hectáreas de bosque, casi 25.000 hectáreas por día, en el mundo. Sólo en el año 2005 se han deforestado más de 26 mil kilómetros cua¬drados de la amazonía brasileña (la superficie de la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares juntas), por ejemplo.

En segundo lugar, en los últimos decenios, por el uso masivo de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural para obtener energía, y por los procesos industriales.

Actualmente, tanto las emisiones de gases como la deforestación se han incrementado hasta tal nivel que parece difícil que se reduzcan a corto y medio plazo, por las implicaciones técnicas y económicas de las actividades involucradas.

Esto ha provocado la intensificación del fenómeno y el con¬secuente aumento de la temperatura global, el derretimiento de los hielos polares y el aumento del nivel de los océanos. De acuerdo al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, una duplicación de los gases de efecto invernadero incrementaría la temperatura terrestre entre 1 y 3,5 grados centígrados. Aunque no parezca mucho, es equivalente a volver a la última glaciación pero en la dirección inversa. Por otro lado, el aumento de temperatura sería el más rápido en los últimos 100.000 años, haciendo muy difícil que los ecosistemas del mundo se adaptasen. Esto podría, en los próximos 45 años, aumentar el nivel del mar lo suficiente como para inundar ciudades costeras en zonas bajas y deltas de ríos, o hacer desaparecer islas enteras. También alteraría drástica-mente la producción agrícola internacional y los sistemas de intercambio comercial.

El cambio climático, además, podría añadir entre 15 y 37 por ciento de las especies existentes a la ya larga lista de especies en peligro de extinción, en los próximos 50 años. Los científicos se muestran confiados en que todavía hay tiempo para revertir la actual situación si se emprenden acciones colectivas. El cambio climático, la alteración de los flujos de los ríos, los desarrollos costeros, la contaminación y otros facto-res están contribuyendo a la modificación del hábitat y a los cambios en las comunidades de agua dulce y costeras.

LO MÁS PREOCUPANTE:
LA AGRICULTURA Y EL AGUA


Según el informe final de la Evaluación Mundial de Aguas Internacionales de 2006 (elaborado por un grupo de mil expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA) la agricultura en general ocupa el primer puesto dentro de las preocupaciones clave relacionadas con el agua en el mundo. Durante los últimos decenios, el volumen de agua disponible para las personas ha disminuido drástica-mente; actualmente la contaminación del agua causa la muerte a 2,2 millones de personas por año, en los países en vías de desarrollo. Dice el informe antes citado que, a nivel mundial, ha habido un incremento en la demanda de productos agrícolas y una tendencia hacia alimentos que consumen mucha agua, como la carne en lugar de vegetales, y frutas en lugar de cereales. Esta constatación resulta de la evaluación de las tendencias actuales y futuras del agua dulce y de las aguas costeras de aproximadamente 66 áreas hídricas transfronterizas, asociadas en su mayoría a países en vía de desarrollo.

Otro tema que se destaca es el de los acuíferos, que representan el vacío de información más grande, lo cual es un obstáculo significativo para una administración efectiva del agua, dada la creciente dependencia mundial del agua subterránea. También se subraya el daño a las aguas internacionales como consecuencia de la pesca exce¬siva y métodos de pesca destructivos.

Casi una tercera parte de los equipos regionales mencionaron que la modificación en los flujos de agua es una grave consecuencia de la escasez de la misma. Las modificaciones incluyen la construcción de presas, desvíos en los ríos, trasvases de agua y otras estructuras diseñadas para el suministro de agua y energía. Estas modificaciones tienen consecuencias muy adversas en los ecosistemas hídricos y pueden causar más escasez.

Según Klaus Toepfer, Director Ejecutivo del PNUMA, "superar la pobreza y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados internacionalmente requiere que busquemos más arduamente la manera de manejar el mundo natural. Exige que le demos más valor al capital natural de bosques y pastizales, hasta a los hábitats de agua dulce y costeros".

PODEMOS CAMBIARLO

La situación, tal como acabamos de describirla, puede cau¬sar ciertamente aprensión y un sentimiento de que no hay mucho que nosotros podamos hacer. Manos Unidas siempre ha creído que el cuidado de la vida es nuestra tarea principal. Lo que nos rodea es vida y es necesario para la vida. Muchos autores, políticos, científicos, responsables de ONG, están de acuerdo en que el mayor desastre ecológico es la pobreza. La amplitud de la crisis ecológica mundial es tan enorme que pone en peligro la propia existencia del ser humano. Sobre todo porque agrava la pobreza de los más pobres.

Desde su fundación, en 1960, Manos Unidas ha tenido como objetivo acabar con la pobreza y las causas que la producen. Los próximos ocho años, con los Objetivos de Desarrollo del Milenio como telón de fondo, también vamos a seguir trabajando para erradicar la miseria de nuestro mundo. Por eso, el cuidado del entorno está en nuestro punto de mira. No podemos acabar con la pobreza si no preservamos el lugar donde es posible el desarrollo digno de la vida. La vida debe ser cuidada por todos si queremos caminar hacia un mundo equitativo y donde las personas, todas las personas, puedan vivir con dignidad.

HITOS EN LA FORMACIÓN
DE LA CONCIENCIA ECOLÓGICA


Existen referentes mundiales que aportan propuestas éticas, jurídicas, políticas y ecológicas. Recogemos brevemente algunos de los más relevantes.

• En 1970, el Club de Roma, una asociación privada compuesta por empresarios, científicos y políticos, encargó a un grupo de investigadores, bajo la dirección del profesor Dennis L. Meadows, la realización de un estudio sobre las tendencias y los problemas económicos que amenazan a la sociedad global. Los resultados fueron publicados en marzo de 1972 bajo el título Los Límites de/ Crecimiento. En él se dejaba claro que no puede haber crecimiento infinito, como postulaba el capitalismo, con recursos que son finitos.

• Ese mismo año (1972), se celebra en Estocolmo la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Medio Humano. A partir de esta conferencia se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que tutela el estado de nuestro entorno.

• En el año 1983, la Organización de las Naciones Unidas estableció la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que elaboró el informe Nuestro futuro común, que se aprobó finalmente en 1987, también llamado informe Brundt/and, en virtud de la ministra noruega que presidió la comisión. En ese informe se precisa la globalidad de los problemas vitales a los que se enfrenta hoy la humanidad y se acuña el término desarrollo sostenible, que, como sabemos, hace referencia a la necesidad de asegurar un medio ambiente adecuado para nosotros y también para las generaciones futuras.

• A los veinte años de la conferencia de Estocolmo, se celebra La Cumbre de /a Tierra en Brasil (Río de Janeiro, 1992). El propósito era instar a los gobiernos a adoptar medidas para un desarrollo sostenible. De aquí resultó la Carta de /os Derechos de /a Tierra, el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y la denominada Agenda 27, o programa de acciones concretas para llegar a ese desarrollo sostenible. Marcó un hito al centrar la atención mundial en la idea de que los problemas medio ambientales del planeta estaban íntimamente relacionados con las condiciones económicas y los problemas de la justicia social. Demostró que las necesidades sociales, medioambientales y económicas deben equilibrarse unas con otras para obtener resultados sostenibles a largo plazo. También de-mostró que si la gente es pobre y las economías nacionales son débiles, el medio ambiente se resiente; si se abusa del medio ambiente y se consumen en exceso los recursos, la gente se vuelve más pobre y las economías se debilitan aún más. La conferencia también señaló que las acciones o decisiones a nivel local, aunque sean insignificantes, pueden tener repercusiones a escala mundial, por el proceso globalizador en el que estamos inmersos.

• Entre 1971 y 1991, las políticas ambientales empezaron a tener un impacto creciente en el comercio: en la Ronda de Tokio de negociaciones comerciales 11973-1979); en la Ron-da Uruguay (1956-1994), se introdujeron elementos relacionados con el medio ambiente en los Acuerdos sobre Agricultura, Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF), Subven¬ciones y Medidas Compensatorias y Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC).

• En diciembre de 1997, en la ciudad japonesa de Kyoto, treinta y nueve países, además de la Comunidad Europea, firma-ron el Protocolo de Kyoto de /a Convención Marco de /as /Va-clones Unidas sobre el Cambio Climático. Esta Convención entró, finalmente, en vigor el 16 de febrero de 2005

• Diez años después de la Cumbre de Río, en el año 2002, se celebró en Johannesburgo la Cumbre Mundia/sobre el Desarro/lo Sostenible, en la que se trató de hacer un balance de la degradación del medio ambiente y del estado de la pobre¬za en el mundo. Los acuerdos de la Cumbre de Johannes¬burgo se redujeron a una Declaración Política y a un Plan de Acción, llenos de buenas intenciones sobre la reducción del número de personas en el mundo que no tienen acceso al agua potable, la biodiversidad y los recursos pesqueros, y sin objetivos para promover las energías renovables. El hecho más positivo fue el anuncio de la ratificación del Protocolo de Kyoto por varios países.

• La Comisión Europea aprobó en junio de 2005 una Declaración sobre Principios de Desarrollo Sostenible, con la que trata de promover una economía dinámica con un nivel alto de empleo y educación, de protección de la salud y de protección del medio ambiente en un mundo seguro y en paz. Cada uno de estos eventos contó con aportaciones de la Iglesia. Pablo VI abordó la cuestión ecológica en la exhortación Octogesimaadveniens(1971) y, al año siguiente, hizo llegar un mensaje a la Conferencia de Estocolmo. En el momento en que se publicó el i n f o r m e B r u n d t / a n d , Juan Pablo II abordó de nuevo este tema en la encíclica So//icitudo rei socia/is (1987) sobre la preocupación social de la Iglesia.

En el año 1989, la Asamblea Ecuménica Europea "Paz y Justicia" elaboró un importante documento con el título Paz y Justicia para toda /a Creación, y al año siguiente, en enero de 1990, el Papa Juan Pablo II, en su mensaje para el Día Mundial de la Paz, volvió al tema del cuidado ecológico: Paz con Dios Creador Paz con toda /a creación. Durante la Conferencia de Río 92, se hizo de nuevo presente la voz de la Santa Sede con el documento La crisis ecológica es una crisis moral, en el que abordó el respeto a la integridad de la creación y el respeto a la vida y a la dignidad de la persona.

LA TIERRA Y CUANTO ELLA CONTIENE ES
PARA USO DE TODOS LOS HOMBRES Y PUEBLOS


La relación del ser humano con la tierra, hoy de modo particular la de los pueblos indígenas, ha sido parte esencial de su identidad y del desarrollo de sus condiciones de vida. "La Sagrada Tierra, a la que por nuestras concepciones culturales siempre hemos dejado descansar para que se reponga y recobre fuerzas y vigor, de manera que nos pueda seguir susten¬tando, no es para nosotros objeto de venta o negocio, ni de trabajo continuo que la agote" (Dirigentes Q'eqchis, Guate-mala). Muchos han perdido o corren el riesgo de perder las tierras en las que siempre han encontrado el sustento para sus vidas, a causa de poderosos intereses agrícolas, industriales, energéticos y urbanísticos. A pesar de numerosos intentos, el mundo sigue sin implicarse decididamente en la salvaguardia del patrimonio natural que hemos heredado y del que debe¬mos dar cuenta a las generaciones posteriores.

La Tierra es un gran regalo que hemos recibido como don de Dios que "confió a la guía responsable y al trabajo del hombre". El Concilio Vaticano II lo dijo de esta manera: "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad" (Gaudium et Spes, 69).

Este principio está en el corazón de la más antigua tradición europea. Para el hombre, como ser de necesidades, este principio rompe el aparente conflicto que se da entre la pro-piedad privada y las necesidades ajenas y, como destino primario de todos los bienes de la tierra, poniéndolos a disposición de todos los hombres para que puedan usarlos y estén a su alcance disfrutando unas condiciones de vida dignas. Así que el derecho de propiedad, aunque sea legítimamente ejercido, es secundario y jamás debe perder de vista este principio primario. La propiedad da cumplimiento al derecho a/ uso de bienes en la medida en que les facilita realizar su finalidad. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho in-condicional y absoluto; el bien común puede exigir la expropiación o la reforma de la propiedad, que garantice a todo hombre el derecho a proveerse y a utilizar en la tierra los bienes que necesite para subsistir.

El mundo es nuestra casa. Cuidar el entorno no es algo que podemos hacer o no. Es imperativo para todos los que creemos que otro mundo es posible y queremos hacer lo que esté de nuestra parte para conseguirlo.

Departamento de Estudios y Documentación
de Manos Unidas

La oficina de prensa de la CEA nos participa la publicación de libro "Educación para el Amor".


Se publicó el libro Educación para el amor


La Conferencia Episcopal ha publicado el libro Educación para el amor. Se trata de un plan de enseñanza y cartillas de estudio y trabajo que tienen como destinatarios a los directivos, docentes y padres comprometidos en la educación de los niños, niñas y adolescentes en lo relacionado con la sexualidad.

Este trabajo ha sido realizado consultando diversos profesionales y especialistas del país y pretende dar orientaciones básicas a los temas vinculados con la afectividad y la sexualidad.

Los obispos invitan “a los padres, las madres y las familias, a los directivos y docentes y a todos los varones y las mujeres de buena voluntad comprometidos con la educación de nuestra juventud y de la transmisión de principios, valores y virtudes, que reciban con aprecio esta contribución, que la lean y estudien tanto de forma personal como grupal”.

Publicado por la Oficina del Libro, Educación para el amor se encuentra disponible en la sede de la Conferencia Episcopal (Suipacha 1034).



Jorge Oesterheld
Oficina de prensa
prensa@cea.org.ar
Para más información, visite nuestro sitio:
Oficina de Prensa de la CEA
Publicado por verdenaranja @ 22:29
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JORNADAS: " RETOS PARA ALCANZAR LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES"
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS 22 Y 23 DE FEBRERO DE 2007



Estimado amigo/amiga:

El 17 de mayo de 2006 el Parlamento Europeo y el Consejo decidieron que el año 2007 fuera designado «Año Europeo de Igualdad de Oportunidades para Todas las personas».

El Órgano Nacional de Ejecución de las Actividades del Año en España es la Dirección General de Integración de los Inmigrantes de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración.

La primera actividad que hemos previsto realizar en España, es la Inauguración del Año de Igualdad de Oportunidades para todas las personas en el Congreso de los Diputados el 22 y 23 de febrero. Tras la inauguración del año, iniciaremos unas jornadas de trabajo con el eje temático de la discriminación múltiple.

Esperando que te sumes al acto de Inauguración te remito el formulario de inscripción y el programa de la inauguración. Te invito igualmente a participar en la definición de los puntos de partida del debate de las mesas de trabajo. Para facilitarte esta aportación te proponemos una serie de temas de partida, que encontrarás en la ficha de propuestas que te remito, a los que tu organización podrá añadir los que entienda prioritarios.

Recibe un cordial saludo

Estrella Rodríguez Pardo
Directora General de integración de los inmigrantes
Publicado por verdenaranja @ 22:24
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Discurso que dirigió Benedicto XVI al recibir en audiencia a miembros de los institutos seculares con motivo del sexagésimo aniversario de la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia de Pío XII.


Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra estar hoy entre vosotros, miembros de los institutos seculares, con quienes me encuentro por primera vez después de mi elección a la Cátedra del apóstol san Pedro. Os saludo a todos con afecto. Saludo al cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, y le agradezco las palabras de filial devoción y cercanía espiritual que me ha dirigido, también en nombre vuestro.

Saludo al cardenal Cottier y al secretario de vuestra Congregación. Saludo a la presidenta de la Conferencia mundial de institutos seculares, que se ha hecho intérprete de los sentimientos y de las expectativas de todos vosotros, que habéis venido de diferentes países, de todos los continentes, para celebrar un Simposio internacional sobre la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia.

Como ya se ha dicho, han pasado sesenta años desde aquel 2 de febrero de 1947, cuando mi predecesor Pío XII promulgó esa constitución apostólica, dando así una configuración teológico-jurídica a una experiencia preparada en los decenios anteriores, y reconociendo que los institutos seculares son uno de los innumerables dones con que el Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la renueva en todos los siglos.

Ese acto jurídico no representó el punto de llegada, sino más bien el punto de partida de un camino orientado a delinear una nueva forma de consagración: la de fieles laicos y presbíteros diocesanos, llamados a vivir con radicalismo evangélico precisamente la secularidad en la que están inmersos en virtud de la condición existencial o del ministerio pastoral.

Os encontráis hoy aquí para seguir trazando el recorrido iniciado hace sesenta años, en el que sois portadores cada vez más apasionados del sentido del mundo y de la historia en Cristo Jesús. Vuestro celo nace de haber descubierto la belleza de Cristo, de su modo único de amar, encontrar, sanar la vida, alegrarla, confortarla. Y esta belleza es la que vuestra vida quiere cantar, para que vuestro estar en el mundo sea signo de vuestro estar en Cristo.

En efecto, lo que hace que vuestra inserción en las vicisitudes humanas constituya un lugar teológico es el misterio de la Encarnación: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único" (Jn 3, 16). La obra de la salvación no se llevó a cabo en contraposición con la historia de los hombres, sino dentro y a través de ella. Al respecto dice la carta a los Hebreos: "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo" (Hb 1, 1-2). El mismo acto redentor se realizó en el contexto del tiempo y de la historia, y se caracterizó como obediencia al plan de Dios inscrito en la obra salida de sus manos.

El mismo texto de la carta a los Hebreos, texto inspirado, explica: "Dice primero: "Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron" —cosas todas ofrecidas conforme a la Ley—; luego añade: "He aquí que vengo a hacer tu voluntad"" (Hb 10, 8-9). Estas palabras del Salmo, que la carta a los Hebreos ve expresadas en el diálogo intratrinitario, son palabras del Hijo que dice al Padre: "He aquí que vengo a hacer tu voluntad". Así se realiza la Encarnación: "He aquí que vengo a hacer tu voluntad". El Señor nos implica en sus palabras, que se convierten en nuestras: "He aquí que vengo, con el Señor, con el Hijo, a hacer tu voluntad".

De este modo se delinea con claridad el camino de vuestra santificación: la adhesión oblativa al plan salvífico manifestado en la Palabra revelada, la solidaridad con la historia, la búsqueda de la voluntad del Señor inscrita en las vicisitudes humanas gobernadas por su providencia. Y, al mismo tiempo, se descubren los caracteres de la misión secular: el testimonio de las virtudes humanas, como "la justicia, la paz y el gozo" (Rm 14, 17), la "conducta ejemplar" de la que habla san Pedro en su primera carta (cf. 1 P 2, 12), haciéndose eco de las palabras del Maestro: "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16).

Además, forma parte de la misión secular el esfuerzo por construir una sociedad que reconozca en los diversos ámbitos la dignidad de la persona y los valores irrenunciables para su plena realización: la política, la economía, la educación, el compromiso por la salud pública, la gestión de los servicios, la investigación científica, etc. Toda realidad propia y específica que vive el cristiano, su trabajo y sus intereses concretos, aun conservando su consistencia relativa, tienen como fin último ser abrazados por la misma finalidad por la cual el Hijo de Dios entró en el mundo.

Por consiguiente, sentíos implicados en todo dolor, en toda injusticia, así como en toda búsqueda de la verdad, de la belleza y de la bondad, no porque tengáis la solución de todos los problemas, sino porque toda circunstancia en la que el hombre vive y muere constituye para vosotros una ocasión de testimoniar la obra salvífica de Dios. Esta es vuestra misión. Vuestra consagración pone de manifiesto, por un lado, la gracia particular que os viene del Espíritu para la realización de la vocación; y, por otro, os compromete a una docilidad total de mente, de corazón y de voluntad, al proyecto de Dios Padre revelado en Cristo Jesús, a cuyo seguimiento radical estáis llamados.

Todo encuentro con Cristo exige un profundo cambio de mentalidad, pero para algunos, como es vuestro caso, la petición del Señor es particularmente exigente: dejarlo todo, porque Dios es todo y será todo en vuestra vida. No se trata simplemente de un modo diverso de relacionaros con Cristo y de expresar vuestra adhesión a él, sino de una elección de Dios que, de modo estable, exige de vosotros una confianza absolutamente total en él.

Configurar la propia vida a la de Cristo de acuerdo con estas palabras, configurar la propia vida a la de Cristo a través de la práctica de los consejos evangélicos, es una nota fundamental y vinculante que, en su especificidad, exige compromisos y gestos concretos, propios de "alpinistas del espíritu", como os llamó el venerado Papa Pablo VI (Discurso a los participantes en el I Congreso internacional de Institutos seculares, 26 de septiembre de 1970: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de octubre de 1970, p. 11).

El carácter secular de vuestra consagración, por un lado, pone de relieve los medios con los que os esforzáis por realizarla, es decir, los medios propios de todo hombre y mujer que viven en condiciones ordinarias en el mundo; y, por otro, la forma de su desarrollo, es decir, la de una relación profunda con los signos de los tiempos que estáis llamados a discernir, personal y comunitariamente, a la luz del Evangelio.

Personas autorizadas han considerado muchas veces que precisamente este discernimiento es vuestro carisma, para que podáis ser laboratorio de diálogo con el mundo, "el "laboratorio experimental" en el que la Iglesia verifique las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo" (Pablo VI, Discurso a los responsables generales de los institutos seculares, 25 de agosto de 1976: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de septiembre de 1976, p. 1)

De aquí deriva precisamente la continua actualidad de vuestro carisma, porque este discernimiento no debe realizarse desde fuera de la realidad, sino desde dentro, mediante una plena implicación. Eso se lleva a cabo por medio de las relaciones ordinarias que podéis entablar en el ámbito familiar y social, así como en la actividad profesional, en el entramado de las comunidades civil y eclesial. El encuentro con Cristo, el dedicarse a su seguimiento, abre de par en par e impulsa al encuentro con cualquiera, porque si Dios se realiza sólo en la comunión trinitaria, también el hombre encontrará su plenitud sólo en la comunión.

A vosotros no se os pide instituir formas particulares de vida, de compromiso apostólico, de intervenciones sociales, salvo las que pueden surgir en las relaciones personales, fuentes de riqueza profética. Ojalá que, como la levadura que hace fermentar toda la harina (cf. Mt 13, 33), así sea vuestra vida, a veces silenciosa y oculta, pero siempre positiva y estimulante, capaz de generar esperanza.

Por tanto, el lugar de vuestro apostolado es todo lo humano, no sólo dentro de la comunidad cristiana —donde la relación se entabla con la escucha de la Palabra y con la vida sacramental, de las que os alimentáis para sostener la identidad bautismal—, sino también dentro de la comunidad civil, donde la relación se realiza en la búsqueda del bien común, en diálogo con todos, llamados a testimoniar la antropología cristiana que constituye una propuesta de sentido en una sociedad desorientada y confundida por el clima multicultural y multirreligioso que la caracteriza.

Provenís de países diversos; también son diversas las situaciones culturales, políticas e incluso religiosas en las que vivís, trabajáis y envejecéis. En todas buscad la Verdad, la revelación humana de Dios en la vida. Como sabemos, es un camino largo, cuyo presente es inquieto, pero cuya meta es segura.

Anunciad la belleza de Dios y de su creación. A ejemplo de Cristo, sed obedientes por amor, hombres y mujeres de mansedumbre y misericordia, capaces de recorrer los caminos del mundo haciendo sólo el bien. En el centro de vuestra vida poned las Bienaventuranzas, contradiciendo la lógica humana, para manifestar una confianza incondicional en Dios, que quiere que el hombre sea feliz.

La Iglesia os necesita también a vosotros para cumplir plenamente su misión. Sed semilla de santidad arrojada a manos llenas en los surcos de la historia. Enraizados en la acción gratuita y eficaz con que el Espíritu del Señor está guiando las vicisitudes humanas, dad frutos de fe auténtica, escribiendo con vuestra vida y con vuestro testimonio parábolas de esperanza, escribiéndolas con las obras sugeridas por la "creatividad de la caridad" (Novo millennio ineunte, 50).

Con estos deseos, a la vez que os aseguro mi constante oración, para sostener vuestras iniciativas de apostolado y de caridad os imparto una especial bendición apostólica.

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede
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Discurso que dirigió Benedicto XVI el sábado, 10 de Febrero de 2007, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Costa Rica ante la Santa Sede, el señor Luis París Chaverri.



Señor Embajador:
1. Me es grato recibirlo en esta audiencia en la que me presenta las Cartas Credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Costa Rica ante la Santa Sede, y le agradezco sinceramente las amables palabras que me ha dirigido en este solemne acto con el que inicia la misión que su Gobierno le ha confiado. Le ruego que haga llegar mi deferente saludo al Señor Presidente de la República, Dr. Óscar Arias, correspondiendo al que usted me ha transmitido, y con el cual expresa la cercanía y el afecto del pueblo costarricense al Sucesor de Pedro.

2. Costa Rica tiene una fuerte impronta religiosa, que refleja la fe de su pueblo después de más de cinco siglos del inicio de la evangelización. En este sentido, la Iglesia católica, fiel a su misión de llevar el mensaje de salvación a todas las gentes, y de acuerdo con su doctrina social, trata de favorecer el desarrollo integral del ser humano y la defensa de su dignidad, ayudando a la consolidación de los valores fundamentales para que la sociedad pueda gozar de estabilidad y armonía, de acuerdo con su gran aspiración a vivir en paz, libertad y democracia.

Las diversas comunidades eclesiales, movidas por su deseo de mantener vivo el mensaje evangélico, cooperan en campos tan importantes como la enseñanza, la asistencia a los más desfavorecidos, los servicios sanitarios, así como la promoción de la persona en su condición de ciudadano e hijo de Dios. Por ello, los Obispos de Costa Rica miran con atención y preocupación las circunstancias sociales que vive el País, como son el creciente nivel de pobreza, la inseguridad pública y la violencia familiar, junto con una fuerte inmigración de países vecinos. Ante situaciones a veces conflictivas y para defender el bien común, ofrecen su colaboración con iniciativas que favorecen el entendimiento y la conciliación, y llevan a la promoción de la justicia y la solidaridad, fomentando si es preciso el diálogo nacional entre los responsables de la vida pública.

Por otra parte, y como Su Excelencia ha puesto de relieve, dicho diálogo debe excluir toda forma de violencia en sus diversas expresiones y ayudar a construir un futuro más humano con la colaboración de todos. A este respecto, es oportuno recordar que las mejoras sociales no se alcanzan aplicando sólo las medidas técnicas necesarias, sino promoviendo también reformas que tengan presente una consideración ética de la persona, de la familia y de la sociedad. Por ello, se han de cultivar los valores morales como la honestidad, la austeridad y la responsabilidad por el bien común. De este modo se podrá evitar el egoísmo personal y colectivo, así como la corrupción en cualquier ámbito, que impiden toda forma de progreso.

3. Es bien sabido que el futuro de una Nación se ha de basar en la paz, fruto de la justicia (cf. St 3,18), construyendo un tipo de sociedad que, empezando por los responsables de la vida política, parlamentaria, administrativa y judicial, favorezca la concordia, la armonía y el respeto de la persona, así como la defensa de sus derechos fundamentales. En este sentido, son de alabar las iniciativas que el Gobierno de Costa Rica ha llevado a cabo en el ámbito internacional para promover en el mundo la paz y los derechos humanos, así como la tradicional cercanía con las posiciones mantenidas por la Santa Sede en diversos foros internacionales sobre cuestiones tan importantes como la defensa de la vida humana y la promoción del matrimonio y la familia.

Todos los costarricenses, con las cualidades que les distinguen, han de ser protagonistas y artífices del progreso del País, cooperando a una estabilidad política que permita que todos puedan participar en la vida pública. Cada uno, según su capacidad y posibilidades personales, está llamado a dar su propia contribución al bien de la Patria, basado en un orden social más justo y participativo. Para ello, las enseñanzas morales de la Iglesia ofrecen unos valores y orientaciones que, tomados en consideración especialmente por quienes trabajan al servicio de la Nación, son de gran ayuda para afrontar de manera adecuada las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos.

El doloroso y vasto problema de la pobreza, con graves consecuencias en el campo de la educación, de la salud y de la vivienda, es un apremiante desafío para los gobernantes y responsables de la administración pública de cara al futuro de la Nación. Se requiere una toma de conciencia más profunda que permita afrontar firmemente la presente situación en todas sus dimensiones, cooperando así a un verdadero empeño por el bien de todos. Al igual que en otras partes, los pobres carecen de bienes primarios y no encuentran los medios indispensables que permiten su promoción y desarrollo integral. Esto afecta, sobre todo, a los inmigrados en busca de un mejor nivel de vida. Ante ello, la Iglesia, a la luz de su doctrina social, trata de impulsar y favorecer iniciativas encaminadas a superar situaciones de marginación que afectan a tantos hermanos necesitados, pues la preocupación por lo social forma también parte de su acción evangelizadora (cf. Sollicitudo rei socialis, 41).

4. Señor Embajador, antes de concluir este encuentro deseo expresarle mis mejores deseos para que la misión que hoy inicia sea fecunda en frutos y éxitos. Le ruego, de nuevo, que se haga intérprete de mis sentimientos y esperanzas ante el Señor Presidente de la República y demás Autoridades de su País, a la vez que invoco la bendición de Dios y la protección de su Patrona, Nuestra Señora de los Ángeles, sobre usted, sobre su distinguida familia y colaboradores, y sobre todos los amadísimos hijos e hijas de Costa Rica.

[Texto original en español]
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domingo, 11 de febrero de 2007
ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 11 de Febrero de 2007, al rezar la oración mariana del Ángelus.


Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia hace memoria hoy de la primera aparición de la Virgen María a santa Bernadette, acaecida el 11 de febrero de 1858, en la gruta de Massabielle, en Lourdes. Un acontecimiento prodigioso que ha hecho de esa localidad, situada en los Pirineos franceses, un centro mundial de peregrinaciones y de intensa espiritualidad mariana.

En aquel lugar, desde hace ya casi 150 años, resuena con fuerza el llamamiento de la Virgen a la oración y a la penitencia, eco casi permanente de la invitación con la que Jesús comenzó su peregrinación en Galilea: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Marcos 1,15). Ese santuario se ha convertido, además, en meta de numerosos peregrinos enfermos, que al ponerse a la escucha de María Santísima, reciben aliento para aceptar sus sufrimientos y para ofrecerles por la salvación del mundo, uniéndoles a los de Cristo crucificado.

A causa de este lazo entre Lourdes y el sufrimiento humano, hace quince años, el querido Juan Pablo II quiso que, con motivo de la fiesta de la Virgen de Lourdes, se celebrara también la Jornada Mundial del Enfermo. Este año, el corazón de esta celebración se encuentra en la ciudad de Seúl, la capital de Corea del Sur, adonde he enviado como representante al cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. A él y a cuantos están allí congregados les envío un cordial saludo.

Quisiera extender mi saludo a los agentes sanitarios de todo el mundo, consciente de la importancia que tiene en nuestra sociedad su servicio a los enfermos. Sobre todo deseo manifestar mi cercanía espiritual y mi afecto a nuestros hermanos y hermanas enfermos, con un particular recuerdo para aquellos que están afectados por enfermedades particularmente graves o dolorosas: a ellos se dedica en particular en esta Jornada nuestra atención. Es necesario apoyar el desarrollo de los tratamientos paliativos que ofrezcan una asistencia integral y que dispensen a los enfermos incurables ese apoyo humano y acompañamiento espiritual que tanto necesitan.

En la tarde de hoy, en la Basílica de san Pedro, se congregarán numerosos enfermos y peregrinos en torno al cardenal Camillo Ruini, quien presidirá la celebración eucarística. Al final de la santa misa, tendré la alegría, al igual que el año pasado, de mantener un encuentro con ellos, reviviendo el clima espiritual que se experimenta en la Gruta de Massabielle. Quisiera encomendar ahora a la protección de la Virgen Inmaculada, con la oración del Ángelus, los enfermos y los que sufren en el cuerpo y en el espíritu en el mundo entero.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Tras rezar el Ángelus, el Papa dirigió un saludo a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. De modo especial, saludo a los grupos parroquiales de Alcorcón, El Puerto de Santa María, Olveral, Setenil y Chiclana de la Frontera, venidos de España. En este domingo en que se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, encomendemos a la protección materna de la Virgen María a cuantos sufren alguna enfermedad y a sus familiares, para que sientan también en todo momento el consuelo de la ternura y misericordia del Señor. ¡Feliz domingo!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
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ZENITPublicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 11 de Febrero de 2007, al rezar la oración mariana del Ángelus.


Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia hace memoria hoy de la primera aparición de la Virgen María a santa Bernadette, acaecida el 11 de febrero de 1858, en la gruta de Massabielle, en Lourdes. Un acontecimiento prodigioso que ha hecho de esa localidad, situada en los Pirineos franceses, un centro mundial de peregrinaciones y de intensa espiritualidad mariana.

En aquel lugar, desde hace ya casi 150 años, resuena con fuerza el llamamiento de la Virgen a la oración y a la penitencia, eco casi permanente de la invitación con la que Jesús comenzó su peregrinación en Galilea: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Marcos 1,15). Ese santuario se ha convertido, además, en meta de numerosos peregrinos enfermos, que al ponerse a la escucha de María Santísima, reciben aliento para aceptar sus sufrimientos y para ofrecerles por la salvación del mundo, uniéndoles a los de Cristo crucificado.

A causa de este lazo entre Lourdes y el sufrimiento humano, hace quince años, el querido Juan Pablo II quiso que, con motivo de la fiesta de la Virgen de Lourdes, se celebrara también la Jornada Mundial del Enfermo. Este año, el corazón de esta celebración se encuentra en la ciudad de Seúl, la capital de Corea del Sur, adonde he enviado como representante al cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. A él y a cuantos están allí congregados les envío un cordial saludo.

Quisiera extender mi saludo a los agentes sanitarios de todo el mundo, consciente de la importancia que tiene en nuestra sociedad su servicio a los enfermos. Sobre todo deseo manifestar mi cercanía espiritual y mi afecto a nuestros hermanos y hermanas enfermos, con un particular recuerdo para aquellos que están afectados por enfermedades particularmente graves o dolorosas: a ellos se dedica en particular en esta Jornada nuestra atención. Es necesario apoyar el desarrollo de los tratamientos paliativos que ofrezcan una asistencia integral y que dispensen a los enfermos incurables ese apoyo humano y acompañamiento espiritual que tanto necesitan.

En la tarde de hoy, en la Basílica de san Pedro, se congregarán numerosos enfermos y peregrinos en torno al cardenal Camillo Ruini, quien presidirá la celebración eucarística. Al final de la santa misa, tendré la alegría, al igual que el año pasado, de mantener un encuentro con ellos, reviviendo el clima espiritual que se experimenta en la Gruta de Massabielle. Quisiera encomendar ahora a la protección de la Virgen Inmaculada, con la oración del Ángelus, los enfermos y los que sufren en el cuerpo y en el espíritu en el mundo entero.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Tras rezar el Ángelus, el Papa dirigió un saludo a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. De modo especial, saludo a los grupos parroquiales de Alcorcón, El Puerto de Santa María, Olveral, Setenil y Chiclana de la Frontera, venidos de España. En este domingo en que se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, encomendemos a la protección materna de la Virgen María a cuantos sufren alguna enfermedad y a sus familiares, para que sientan también en todo momento el consuelo de la ternura y misericordia del Señor. ¡Feliz domingo!

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11 de Febrero

A los fieles que ordinariamente se reunen los domingos para la Eucaristía se añadieron este día los familiares y amigos de los padres que pidieron el bautismo. A todos se les invitó a orar por los enfermos en el Día Mundial del Enfermo y a participar en la Campaña contra el Hambre.
Los niños bautizados fueron tres: David, Alejandro y Luis.
Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título «En Chiapas no hay guerra religiosa».


EN CHIAPAS NO HAY GUERRA RELIGIOSA


VER

Es frecuente la noticia de problemas entre “evangélicos” y “católicos tradicionalistas” en nuestro Estado, como expulsiones, amenazas, castigos, cárceles, discriminaciones, quema de templos; en resumen, de intolerancia religiosa.

De ordinario, esto sucede no entre católicos diocesanos y protestantes o evangélicos, sino entre éstos y los llamados tradicionalistas, que no dependen de nuestra diócesis, que no toman en cuenta la Biblia ni las leyes del país, sino que se rigen por sus propios acuerdos y tradiciones. Con ellos, nosotros también tenemos diferencias. Por tanto, no es válido calificar el conflicto como una guerra entre católicos y protestantes, y mucho menos seguir presentando a los católicos como intolerantes.

Por otra parte, aunque esto no es noticia, también los católicos sufrimos agresiones e insultos, como si todos fuéramos borrachos y pecadores irredentos. A diario nos ataca el proselitismo exacerbado, en los domicilios, en las plazas públicas, en el culto, en los medios de comunicación. Cuando nos califican de idólatras, queman y destruyen imágenes religiosas, porque dicen que son ídolos, se demuestra ignorancia del catolicismo y una interpretación parcial de la Biblia.
Informes oficiales indican que, actualmente, aumentan los conflictos internos entre los mismos protestantes, por las constantes subdivisiones internas, que llevan a “fundar” nuevas iglesias. Estamos cayendo en un supermercado religioso, con múltiples ofertas de “religiones”, que fácilmente logran su registro constitutivo ante la Secretaría de Gobernación.

JUZGAR

El Concilio Vaticano II nos ha enseñado que “la verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad” (Declaración Dignitatis humanae, 1), y que “nadie debe ser forzado a abrazar la fe contra su voluntad” (Ib, 10).

En la mayoría de las comunidades de Chiapas hay convivencia pacífica, tolerancia serena, respeto a la libertad religiosa de unos y otros. Sólo persisten problemas en unos cuatro o cinco municipios de Los Altos, y alguno de la Región Frontriza. En el resto, todo es paz.

Ratifico lo que he dicho en varias ocasiones: En la ley civil y en nuestra legislación católica, todos los seres humanos tienen plena libertad para pertenecer a la religión que prefieran, o no tener ninguna. A nadie se puede obligar a cambiar de religión, o a practicar un culto contrario a su conciencia. Es ilegítimo obligar a pagar cuotas, a ejercer cargos, a participar en actos de culto que sean de una religión diferente a la propia. No se han de exigir aportaciones económicas para fiestas religiosas que sean de otra creencia. Mucho menos se ha de permitir que se expulse a quienes deciden practicar una religión diferente, ni que se les cause algún daño en sus bienes o en su persona. Quien haga o promueva esto, está en contra de lo que Dios quiere para su pueblo, y se expone a sanciones de tipo penal, contempladas en las leyes civiles. Aunque se hayan firmado acuerdos previos en las comunidades, o la asamblea ejidal haya tomado esa decisión por mayoría, si ésta viola derechos humanos, es injusta y ha de rechazarse. Las costumbres no deben ir en contra de la dignidad humana.

Nuestra diócesis no alienta ni aprueba las expulsiones de quienes deciden profesar otra religión diferente a la de la mayoría, aunque sea un acuerdo tomado en asamblea. Toda expulsión o discriminación por motivos religiosos no es acorde con el Evangelio, y por tanto la Iglesia Católica la rechaza y la condena. Los obispos, los sacerdotes, las religiosas y demás agentes de pastoral no promovemos esas intolerancias.

Procuramos educar a nuestros feligreses en el respeto a otras religiones, en el aprecio a las diferencias y en la colaboración en asuntos comunes. Sin embargo, esos casos nos rebasan, pues son decisiones que no dependen de la diócesis, ni de católicos cercanos a las parroquias, sino de “tradicionalistas” que, aunque se dicen católicos, no respetan la Constitución, ni la Biblia o al obispo, sino sólo sus normas y costumbres internas.

ACTUAR

Educarnos para que no sólo haya tolerancia a la diversidad religiosa, sino que nos amemos como hermanos, siguiendo el precepto evangélico de amar a los demás, a pesar de que sean de diferente religión, e incluso enemigos.

Que los líderes religiosos de nuestro Estado sigamos reuniéndonos en el “Consejo Interreligioso de Chiapas”, para conocernos, respetarnos, amarnos, orar y meditar juntos la Palabra de Dios, trabajar por la paz y la reconciliación entre nuestros feligreses.

Que los legisladores y las autoridades civiles hagan que se respete el artículo 24 de la Constitución, para tutelar el derecho a la libertad religiosa. Si algunas autoridades impiden esa libertad, deben ser advertidas de que se hacen acreedoras a las sanciones previstas en la ley. Los llamados “usos y costumbres” deben adecuarse a los derechos fundamentales de toda persona humana; si los lesionan o violan, por eso mismo pierden fuerza y legitimidad.

Que los comunicadores no califiquen como guerra religiosa lo que es desavenencia por problemas políticos, agrarios, sociales o culturales, aunque muchas veces mezclados con asuntos religiosos. En Chiapas no hay guerra religiosa, sino divisiones por la tierra, por los partidos, por las organizaciones y por otras cuestiones ideológicas.

Que todos nos esforcemos por cumplir el deseo de Jesucristo de mantenernos unidos, dentro de la legítima pluralidad en lo que no es esencial. Pidamos al Espíritu Santo que nos conceda su gracia para superar toda división entre nosotros, pues nuestras divisiones son un impedimento para evangelizar a tanta gente que no tiene fe.

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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DOMINGO SÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO - C
18 de febrero de 2007


MONICIÓN DE ENTRADA

Escuchar la Palabra de Dios todos los domingos, cuando nos reunimos para la celebración de la Eucaristía, debería ayudarnos para que nuestra forma de ver las cosas, nuestra forma de tratar a los demás, nuestra forma de plantearnos la vida, se parezca cada vez más a la de Jesús. Hoy, precisamente, el evangelio nos presentará una serie de actitudes que Jesús nos pide que tengamos, y que a menudo no son las que más fácilmente salen de nuestro corazón. Jesús nos pide que nuestro criterio sea siempre buscar el bien de los demás, incluso de aquellas personas que hayan podido hacernos daño.
Que la Palabra que hoy escucharemos, y el Pan de vida que recibiremos, nos acerquen cada día más a la manera de ser de Jesús.

A. penitencial: En silencio, pongámonos ante Dios. (Silencio).

Tú, que perdonas nuestras culpas. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que eres compasivo y misericordioso. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que nos colmas de gracia y de ternura. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1ª lectura (1 Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23): En la primera lectura escucharemos una historia de generosidad hacia el enemigo. Una historia que nos prepara para escuchar la palabra de Jesús en el evangelio.

2ª lectura (1 Corintios 15,45-49): Durante estos últimos domingos hemos ido escuchando fragmentos de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto. Hoy escuchamos el último fragmento, que nos habla de nuestra vida futura.

Antes del aleluya (Ev.: Lucas 6,27-38): Ahora, antes de escuchar el evangelio, vamos a cantar el aleluya. No lo volveremos a cantar hasta la noche de Pascua, porque el próximo miércoles es Miércoles de Ceniza y empezamos la Cuaresma. Que este aleluya que hoy cantamos sea como un deseo de vivir muy intensa-mente el tiempo de conversión que vamos a iniciar, para llegar a la Pascua con toda la alegría.

Oración universal: Presentemos ahora nuestras plegarias a Dios nuestro Padre, confiando en su amor que no tiene fin. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Para que la Iglesia de nuestro país sea siempre portadora de concordia, de confianza, de espíritu de servicio. OREMOS:

Para que los hombres y mujeres de todas las religiones trabajemos unidos por un mundo más justo y en paz. OREMOS:

Para que los enfermos tengan el apoyo y la compañía que necesitan. OREMOS:

Para que los que nos hemos reunido en esta iglesia para celebrar la Eucaristía vivamos llenos de la alegría y la esperanza que Jesús nos da. OREMOS:

Escucha, Padre, las oraciones que te hemos pre¬sentado, y danos tu Espíritu Santo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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Artículo publicado en el Boletín número 165, Octubre-Diciembre 2006 de Manos Unidas.

Salvaguardar el ambiente es cuidar la vida

Manos Unidas, al final de este año, concluye el ciclo de tres campañas dedicadas a los desafíos que la globalización presenta para la vida de las poblaciones del Sur. A lo largo de los tres últimos años, hemos reflejado en estas páginas lo que consideramos más urgente y determinante. Si la globalización no nos conduce a situaciones de bienestar e igualdad, algo está fallando y debemos preguntarnos quiénes son los responsables de que todavía más de 1.200 millones de personas carezcan de las condiciones básicas de vida digna.

Y en el año 2006, declarado Ario interna-dona/ de /os Desiertos y /a Desertificaciún, es in-dispensable referirnos al cuidado del ambiente no sólo como "recurso" sino, y sobre todo, como "casa" de la vida. Nuestra casa común, año tras año, viene perdiendo su verdadero rostro, y se está llenando de desiertos y de tierras áridas y semiáridas, debido principalmente a la mano di-recta del hombre, al desarrollo desbocado que ha emprendido. El individualismo y el egoísmo campan por sus fueros al amparo de la euforia del progreso, de la prepotencia de los países industrializados, y de la ética de la autosuficiencia capitalista y materialista.

La reducción del ambiente al conjunto de recursos físicos naturales que el hombre puede explotar y dominar a su antojo, sin referencia a ninguna norma ética y jurídica, sólo en función del consumo, la rentabilidad y el crecimiento económico, hace que muchas relaciones económicas, políticas, culturales y sociales carezcan de la necesaria orientación al bien común. Esta concepción se manifiesta en tomar la naturaleza como un instrumento en las manos del hombre, capaz de proporcionarle recursos y energía ilimitados para gastar de manera ilimitada. Este consumismo destruye la relación correcta del hombre consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, y pone en peligro el futuro de las condiciones de vida digna para todos.

Cada día somos más conscientes de que el ambiente no se reduce a los recursos naturales, sino que se extiende a múltiples vínculos entre lo humano y lo social. Todo lo que hacemos, especialmente en el ámbito de la economía, en los lugares de trabajo y en la familia, y en el uso de las materias primas, tiene repercusión, para bien y para mal, en el ambiente. La cuestión eco/ógica es un problema global que afecta a todo el planeta y debe ser afrontada con soluciones globales. El hombre y la naturaleza están unidos en el mismo origen y destino. Pero el ser humano no es como los demás seres; es el interlocutor de Dios en la naturaleza. Hemos abusado del ambiente como recurso y hemos descuidado su dimensión como "casa" de todos. Trabajar por un desarrollo sostenible y por el uso equilibrado y equitativo de los recursos del planeta es condición indispensable para cumplir los Objetivos del Milenio, erradicar la pobreza extrema y el hambre, garantizar la educación universal, mejorar la salud materna y reducir la mortalidad infantil.

En Manos Unidas, nuestra preocupación y compromiso con el medio ambiente se traduce, entre otras cosas, en trabajar activamente por el desarrollo integral y solidario de las poblaciones más pobres. Los bienes de este mundo han sido creados por Dios para ser utilizados sabiamente por todos. El principio del destino universal de los bienes ofrece una orientación fundamental para la adopción de estilos de vida sobria, sencilla y solidaria, tanto a nivel personal como social; para superar la mentalidad consumista y promover méto¬dos de producción que respeten el orden creado y la satisfacción de las necesidades de todos. Una mayor conciencia de la interdependencia entre todos los habitantes del Norte y del Sur ayudaría a este cambio de estilo de vida y de desarrollo.

Artículo publicado en Revista Semanal de EL DÍA, el sábado 10 de Febrero de 2007


LA SIERVITA DE DIOS
JOSÉ GREGORIO GONZÁLEZ



Aunque en Canarias su popularidad es indiscutible, lo cierto es que a nivel nacional son escasas las referencias a Sor María de Jesús en los tratados que explícitamente o aún de forma superficial abordan el abanico de anomalías y portentos que rodean a los santos y religiosos. La siervita, como es llamada de forma cariñosa tanto por los creyentes en sus virtudes e intercesión que la contemplan como por los como centro de un fenómeno cuando menos curioso, nació en el municipio tinerfeño de El Sauzal el 23 de marzo de 1643, falleciendo un 15 de febrero de 1731 cuando contaba con 87 años de edad. Desde entonces su cuerpo permanece incorrupto y conservado de una forma que aparentemente raya lo prodigioso, por muy incrédulos que seamos, en especial si tenemos en cuenta las peculiares condiciones ambientales que rodearon al cuerpo durante los primeros años después de la defunción, en nada favorables a su preservación. Su espectacular estado, junto a otros fenómenos extraños igualmente interesantes ligados a ella, hacen de esta monja tinerfeña un caso de indiscutible interés dentro del campo de la fenomenología mística y la religiosidad popular.

Misticismo y devoción

Al contrario que otros cuerpos incorruptos venerados en un contexto religioso, el de María de León Bello y Delgado, nombre de nacimiento de nuestra protagonista, no puede ser visitado por los fieles y público en general en cualquier momento del año. Con ella ocurre todo lo contrario, de tal manera que si alguien desea ver de cerca este insólito fenómeno constituido por su incorruptibilidad debe madrugar y hacer cola un 15 de febrero, fe-cha en la que se conmemora su muerte, y las monjas de clausura del convento de Santa Catalina de La Laguna, enclave en el que se conserva desde hace siglos, exponen su cuerpo. Miles de personas pasan durante toda esa jornada ante el lujoso sarcófago con cubierta de cristal regalado por Amaro Pargo, amigo de la monja y benefactor del convento que se sintió bajo la protección de la religiosa, guardando escrupulosamente su turno en las largas colas que circundan el edificio. Esta peregrinación permite que cada año se sumen a la causa de su beatificación centenares de nuevas gracias concedidas aparentemente por mediación de la religiosa, incrementando así la fama milagrera que se inició cuando aún vivía y que ha llevado a situar su devoción entre las tres primeras de la isla, tras la que recibe la Virgen de Candelaria y el Hermano Pedro de Betancourt.

Aunque el cuerpo se encuentra situado a una decena de metros del lugar por el que discurren los peregrinos y la iluminación no es demasiado buena, es posible con-templar con cierto detalle el aparente buen estado de conservación de la religiosa a través de las facciones de la monja, que vestida con los hábitos dominicos parece tan sólo dormir.

La vida de Sor María de Jesús está llena, como es de esperar, de todo tipo de relatos que ponen de relieve las gracias celestiales con las que al parecer fue bendecida, relatos tradicionales que lógicamente resultan muy difíciles de verificar y que estimulan la devoción popular. Se cuenta por ejemplo que de pequeña sentía una gran devoción por una imagen de un Niño Jesús que se encontraba en la Iglesia de San Pedro, en El Sauzal, imagen que supuestamente le habría las puertas del templo para recibir su visita, o cómo un laurel detuvo su crecimiento para poder seguir recibiendo directamente los cuidados de nuestra protagonista. Portentos que más bien parecen pertenecer al terreno de las habituales historias piadosas que surgen con el fin de tejer una biografía que ponga de manifiesto la presencia de la divinidad desde su infancia.

Fue en febrero de 1668 cuando entró en el convento, para un año después tomar el hábito y vivir desde entonces fiel a sus votos y en una constante penitencia, en la que no faltaron las flagelaciones, el ayuno o el cargar con una pesada cruz de madera por los jardines. Actitudes de dolorosa entrega difícilmente comprensi¬bles hoy en día, pero moneda común en otros tiempos en los que la religiosidad se vivía de formas muy diferentes. El periodista de esta casa EL DÍA y amigo, Domingo García Barbuzano, escribió hace varios años una completa y devota biografia de la monja, en la que da cuenta de singulares fenómenos y acontecimientos de naturaleza "extraña". Destaca por ejemplo un episodio de lo que en parapsicología se conoce como telequinesis, en el que una medalla de acero con la imagen de la Soledad, propiedad de la monja, se recompuso espontáneamente tras haberse roto en varias piezas días antes, o incluso un episodio de posible levitación descrito por otras monjas. Al igual que ocurre con otros místicos, Sor María de Jesús entraba en ocasiones en éxtasis, describiéndose la emanación de cierta luminosidad de su rostro, así como una elevación destacable de la temperatura corporal "Cuando comulgaba, describe Barbuzano, su cuerpo era abrazado por un calor divino que le afloraba en el rostro. Era tan grande que, en una ocasión, manifestó: aparta de mi Señor que no puedo sufrir tanta llama. Disimulaba dicho calor diciendo que era por la capa y el velo del hábito". Hablaríamos en ambos casos de fenómenos parabiológicos de singular interés.

Incorruptibilidad

La vida de la religiosa cuenta también con diversos episodios premonitorios, junto a un curioso sueño tras el cual desarrolló un estigma en el costado y una más que posible bilocación atestiguada por el famoso corsario Amaro Pargo, además de algunos escritos místicos estudiados por sus biógrafos y custodiados por las monjas. A pesar de haberse dado episodios de apariencia sobrenatural por sí solos significativos, estos posiblemente no habrían trascendido de no ser por confluir con el de la incorruptibilidad de su cuerpo, descubierto a los tres años de haber sido sepultada. Cuentan los textos que poco antes de morir cayó en éxtasis, conservando el pulso y las pupilas claras más de 24 horas, manando sangre fluida al hacer algún corte, y un líquido transparente que mantuvo su fragancia a jazmín hasta varios años de¬pués. En enero del año 1734, cuando se procedía al traslado de los restos, se descubrió que permanecía intacto, con las ropas empapadas, flexible, con su color natural, dándose la circunstancia incluso de que un trozo de carne que le quitó una religiosa conservado en un relicario parecía haber crecido de forma inexplicable. Y así desde entonces, a pesar de haber transcurrido la friolera de más 273 años.

Aunque existe una larga tradición milagrera, la Iglesia se muestra tan exigente que al menos en estos casos llega a hacer de "abogado del diablo", con tal de certificar fuera de toda duda la naturaleza sobrenatural de los hechos presentados como milagrosos. Y aunque la incorruptibilidad no es un signo de santidad, es evidente que también en este caso genera una importante devoción popular. No obstante, en el expediente de la causa de beatificación de La Siervita existen varios episodios de curaciones que se barajan como candidatos a prodigios, aunque, a fecha de hoy y en un mundo tan expuesto a lo impensable, ninguno de ellos resulta concluyente. Tal vez este año nos den a los curiosos y a los que se declaran devotos el milagro esperado.

El sorprendente caso de Sor María de Jesús



Este 15 de febrero se repetirá nuevamente el ritual. Miles de personas, en su inmensa mayoría fieles creyentes, desfilan a escasos metros de distancia del vistoso sarcófago en el que se conserva el cuerpo incorrupto de la monja Sor María de Jesús. Una cubierta de cristal permite contemplar el cuerpo de la religiosa revestida de sus hábitos, dejando al descubierto las manos y un rostro por el que no parece haber pasado el tiempo. 276 años la contemplan.


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11 Febrero 2007 (ACI).- Miles de fieles y peregrinos se dieron cita este medio día en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana recordó que el sufrimiento adquiere sentido cuando es unido al sufrimiento de Cristo crucificado.

“Es necesario mantener el desarrollo de los cuidados paliativos que ofrezcan una asistencia integral y concedan a los enfermos incurables el sostenimiento humano y el acompañamiento espiritual que tanto necesitan”, dijo el Papa a los presentes el día en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo.

También hizo notar que hoy, 11 de febrero, se celebra también “la primera aparición de la Virgen María a santa Bernardette en la gruta de Massabielle en Lourdes”, Santuario Mariano que se ha convertido “en meta de numerosos peregrinos enfermos, que poniéndose a la escucha de María Santísima, son alentados a aceptar sus sufrimientos y a ofrecerlos para la salvación del mundo, uniéndolos a los de Cristo crucificado”.

Más adelante recordó que “esta tarde, en la Basílica de San Pedro, se reunirán numerosos enfermos y peregrinos” para la celebración Eucarística con el Cardenal Camilo Ruini.

Seguidamente el Santo Padre rezó el Ángelus dominical e impartió su Bendición Apostólica.
sábado, 10 de febrero de 2007
10 Feb. (ACI).- Esta mañana el Papa Benedicto XVI recibió en el Aula Pablo VI a la Confederación Nacional de las Misericordias de Italia y de los Donadores de sangre “Fratres”, y exhortó a los participantes a amar con los hechos, en lo concreto, y no en lo abstracto.

“Con vuestra presencia y vuestra acción contribuís a difundir el Evangelio del amor de Dios para todos los hombres” dijo el Pontífice al iniciar su discurso.

“Las Misericordias –continuó- son la más antigua forma de voluntariado organizado”, cuyos miembros “desean honrar a Dios con obras de misericordia hacia el prójimo, en el más absoluto anonimato y en total gratuidad”.

El Papa recordó como en el encuentro definitivo con el Señor, “se nos preguntará si a lo largo de nuestra existencia hemos alimentado al hambriento, dado de beber al sediento; si hemos acogido al forastero y abierto las puertas de nuestro corazón al necesitado. En una palabra, en el juicio final Dios nos preguntará si hemos amado no en modo abstracto, sino con los hechos”.

Citando a San Juan de la Cruz recordó que “al final de nuestras vidas seremos juzgados por el amor” y continuó afirmando que “el amor es un lenguaje que llega directamente al corazón y lo abre a la confianza”.

“Os exhorto –prosiguió- a estar siempre listos a responder a cuantos os pregunten por la razón de la esperanza que está en vosotros”.

Seguidamente reflexionó sobre la importancia “que tiene el conservar las propias raíces cristianas en Italia y en Europa” afirmando que “las Misericordias no son una agregación eclesial, sino que sus raíces históricas son cristianas”.

Para mantener tales raíces el Papa destacó la realización de “periódicos momentos de calificación y formación, para profundizar cada vez más las motivaciones humanas y cristianas de vuestras actividades”.

Asimismo hizo notar el “riesgo que el voluntariado pueda reducirse a un simple activismo. Si permanece vital la carga espiritual, se puede comunicar a los otros muchas más cosas que las materialmente necesarias: puede ofrecer al prójimo en dificultad la mirada del amor que necesita”.

Más adelante se refirió a la “función educativa” con la que las Misericordias “contribuye a tener viva la sensibilidad por los valores más nobles, como la fraternidad y la ayuda desinteresada a quien se encuentra en dificultades”.

Finalmente el Papa invitó a los jóvenes para que “saquen beneficio de la experiencia del voluntariado, porque correctamente aplicado, se convierte en escuela de vida, que los ayuda a dar a la propia existencia un sentido y un valor más alto y fecundo”.
Meditación sobre el Evangelio, Lc 6, 17.20-26, del Domingo VI del Tiempo Ordinario, sacado de NOVEDADES FLUVIUM

Felices en la tierra



Alguno podría pensar que estas palabras del Señor reflejan el estilo de vida de los cristianos, de suyo tristes y sumidos habitualmente en la contrariedad. Frente a esas vidas tan lamentables, discurrirían el resto de los hombres –la mayoría de la gente– gozando, libres de las exigencias de Jesucristo o, al menos, sin complicarse innecesariamente la vida. Es indudable que las palabras del Señor son de alabanza para los que sufren, para los que sienten necesidades materiales y del espíritu; mientras que, por así decir, amenaza a los que piensan no carecer de nada, a los que se sienten satisfechos por cómo les van las cosas.

Es éste un pasaje, entre otros –el de las Bienaventuranzas–, cargado de todo el misterio de Dios y, consecuentemente, de toda su grandeza. Nos interesa, por lo tanto, calar en su profundo sentido, para acabar haciendo vida de nuestra vida esos modos de ser que el Señor aconseja. Porque no son las Bienaventuranzas unos consejos "piadosos" en el sentido flojo de esta expresión, sin fuerza para comprometer al cristiano. Se trata, por el contrario, de verdaderos retos que Jesucristo plantea a todos los hombres, reclamando de cada uno, a través de ellos, el asentimiento a su divinidad.

Es preciso ser realistas ante ese modo de vida, que hemos de incorporar si queremos ser consecuentes con nuestra fe. Para ello no hay más remedio que reconocer que no se entiende que sean bienaventurados los pobres, y los que padecen hambre, y los que lloran... Como tampoco se entiende que deban lamentarse, en cambio, los ricos y los que son honrados con la gente. No se entiende, al menos desde el punto de vista más común, exclusivamente humano. No es eso lo que nos entra habitualmente por los ojos: a lo que nos tiene acostumbrados la vida.

No olvidemos que fue voluntad de Dios, Creador del hombre y de cuanto existe, que fuéramos capaces de Él y que nuestra plenitud personal consistiera en poseerle. No ha de extrañarnos, entonces, que constituya una verdadera desgracia para el hombre –capaz de Dios– sentirse ya satisfecho con realidades sólo temporales. De esos hombres se lamenta el Señor: ¡ay de vosotros los ricos –dice, por ejemplo–, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! Consuelo, por lo demás, en que consistía su ilusión y que buscaban como decisivo objetivo de sus proyectos, por falso que fuera en realidad y desilusionante a la postre. Por eso, cuando no son un medio para amar a Dios, todas las realidades de este mundo no deben ser sino instrumentos con que procuremos agradar a nuestro Creador y Padre.

¿Dónde están mis ideales, mis ilusiones? ¿En qué tengo puesta mi esperanza y cuáles son mis proyectos? Y recordamos aquellas otras palabras de Cristo, de que ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. No podéis –concluye– servir a Dios y al dinero. Y otro tanto sucede con los honores, con la salud, con la comodidad y con todo lo que nos atrae en la vida, pero no puede traspasar los límites de lo temporal y caduco. No nos dejemos atraer por esos ideales, considerados sólo "de tejas abajo", como si buscáramos en ellos lo que no pueden dar. Hagamos un acto explícito de fe en que sólo Dios nos puede colmar, en que son apariencias, ilusiones para nosotros pequeñas, esas otras apetencias que nos ofrece este mundo, cada día, por cierto, con más estudiado atractivo.

Movidos por esa fe, comprendemos que es lógico que queden insatisfechos según este mundo los realmente felices, los bienaventurados: los que buscando derechamente y sólo a Dios en la vida –muy posiblemente, mientras llevan a cabo sus quehaceres ordinarios como los demás–, no dejan tiempo ni ilusión para poner en lo que no es Dios. Por así decir, Dios les agota, consume todas sus energías y su capacidad de amar, de paso que Nuestro Padre no encuentra obstáculo para mostrarles su amor, puesto que no quieren que nada los distraiga de Él. Desean positivamente sentirse libres –y serlo de verdad– de ataduras terrenas por pequeñas que sean, que serían freno, lastre inútil en su camino hasta el Cielo.

Ciertamente, los bienaventurados de los que habla Jesús sufren. Es real que notan la ausencia de esos consuelos que ven en otros y, como son gente normal, notan el atractivo de la vida confortable y sin dificultades que podrían llevar, con sólo no tomarse la fe tan en serio. El cristiano siente por eso a menudo la tentación de desistir, de ser uno de tantos...; y la tentación de hacer compatible el amor a Dios sobre todas las cosas, con un cierto amor –pero verdadero amor, al fin y al cabo– a las cosas en sí mismas. Sería contemporizar: por ejemplo, dejando a Dios para el fin de semana; o buscando agradarle hasta cierto punto, como la sugerencia que refiere san Josemaría en aquel punto de Camino:

Me dices que tienes en tu pecho fuego y agua, frío y calor, pasioncillas y Dios...: una vela encendida a San Miguel, y otra al diablo.
Tranquilízate: mientras quieras luchar no hay dos velas encendidas en tu pecho, sino una, la del Arcángel.


Pidamos a Nuestra Madre –maestra de fe– que nos convenza de que, como Ella, sólo somos felices cuando nada más buscamos al Señor.


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Espiritualidad
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ZENIT publica el documento que ha emitido el presidente de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Bernardo Hombach, obispo de Juigalpa, sobre «La Iglesia y el VIH/Sida»


“La pandemia del VIH/Sida es una de las crisis más graves de salud, social, económica, de seguridad y de desarrollo humano con las que el planeta se enfrenta. Mata a millones de adultos en su mayor plenitud. Quiebra y empobrece a las familias, debilita la fuerza laboral, convierte a millones de niños en huérfanos y pone en riesgo el tejido social y económico de las comunidades y la estabilidad política de las naciones”. (Carta CELAM Sida)

En el año 2005 más de 5.5 millones de personas fueron infectadas por VIH/Sida y tres millones murieron.

También en Nicaragua esta amenaza tiene un crecimiento silencioso.

Actitud de la iglesia
Nos encontramos con el problema de la estigmatización, que condena a estas personas a una muerte social, antes que la enfermad haya provocado la muerte física. Muchos infectados viven con el miedo de ser expulsados de sus familias y marginados en la sociedad.

Nos dirigimos a ustedes, familiares y amigos: no los rechacen de sus hogares, haciéndoles su cruz más pesada. Acompáñenlos con comprensión y amor. En estos momentos los necesitan más que nunca.

Les invitamos a ustedes hermanos y hermanas infectados, a poner toda la confianza en el Dios de la Vida y que recen con el salmista: “Dios mío, refugio mío y fortaleza mía, en Ti confío” (PS. 91,1) Ofrezcan sus dolores y angustias al Señor y dueño de todo viviente.

Además es exigencia absoluta del amor por parte de ustedes, de llevar una vida disciplinada para no infectar a otros.

Promover Civilización del amor
La Iglesia muestra su preocupación y compasión con hechos concretos, cuya exigencia nos urge a un mayor compromiso cada día. A nivel mundial, el 27 por ciento de las casas de atención están en manos de la Iglesia y a nivel centroamericano es el 75 por ciento. Agradecemos a las religiosas y todos aquéllos, que se atiendan con abnegación a estos enfermos.

Para responder mejor a esta problemática, Caritas de Nicaragua formó en marzo 2006 una comisión integrada por miembros de diferentes partes del país.

Medicamentos para los enfermos
La necesidad imperiosa de tratamiento para estos enfermos puede satisfacerse con los avances de la ciencia médica. Desafortunadamente, el costo del tratamiento médico es elevado y a menudo está más allá del alcance no sólo de los pobres sino también de la clase media. Este problema económico se agrava por cuestiones legales, tales como interpretaciones contenciosas del derecho a la propiedad intelectual.

Como Iglesia nos unimos al clamor de las demás organizaciones y pedimos el acceso universal a los medicamentos necesarios para esta enfermedad. Esta exigencia se debe transformar en una política pública para todos los países. La absolutización del derecho a la propiedad intelectual, que impide el acceso a los medicamentos necesarios a millones de infectados, es inmoral, así como el lucro exagerado de los laboratorios farmacéuticos internacionales.

Fidelidad matrimonial
Para la prevención eficaz de esta epidemia es importante enfatizar en el valor de la fidelidad en el matrimonio y del compromiso conyugal como factores fundamentales en la contención de la pandemia del sida. “…la abstinencia y la fidelidad no son sólo el mejor camino para evitar infectarse por el VIH/Sida o infectar a otros, sino que también son el mejor camino para lograr una vida larga y feliz”. (Carta CELAM frente al sida).

“Remedio para el sida, uno con una para toda la vida” (Eslogan de la Conferencia Episcopal Argentina).

Para proteger a nuestra juventud es indispensable la educación de valores. Como Iglesia tenemos que anunciar, en contra de una fuerte presión pública, que la verdadera felicidad no consiste en el libertinaje y hedonismo, sino en una vida, llevada según la voluntad de Dios, donde la abstinencia y el sacrificio son signos de libertad interior que conducen a la verdadera felicidad. Ser libres exige liberarnos de toda esclavitud que nos atrapa.

Educación en Valores
La información sobre el condón es una respuesta simplista a lo que requiere la juventud. No convierte la inmadurez en madurez. La formación, no solamente la información, es lo que se necesita. Más que hablar sobre el condón, será mucho más efectivo preparar y equipar a los padres y educadores con los apropiados conocimientos para educar a sus hijos y alumnos sobre el valor de la sexualidad, relación profunda humana, diálogo de personas y no sólo de cuerpos aunque también se exprese en la corporeidad. Se ha banalizado la exigencia del amor y de la ternura, reduciéndolo a la pura genitalidad, a lo puramente biológico.

Cambios necesarios
Así como defiende la Iglesia los derechos de los enfermos de esta endemia, también mira con preocupación el derecho que tienen los demás de ser protegidos. Para evitar la estigmatización del afectado se mantiene en el anonimato completo su situación, fomentando la posibilidad que infecte a muchos otros incontroladamente. Es necesa