Jueves, 01 de marzo de 2007
La Comisi?n Permanente de la Conferencia Episcopal Espa?ola (CEE) ha celebrado en Madrid, los d?as 27 y 28 de febrero, su CCIV reuni?n. Los obispos han reflexionado sobre la situaci?n de la ense?anza en Espa?a y han aprobado una declaraci?n titulada ?La Ley org?nica de Educaci?n (LOE), los Reales Decretos que la desarrollan y los derechos fundamentales de los padres y escuelas?.


La Ley Org?nica de Educaci?n (LOE),
los Reales Decretos que la desarrollan y
los derechos fundamentales de padres y escuelas


Madrid, 28 de febrero de 2007



Introducci?n

1. Cuando la Ley Org?nica de Educaci?n (LOE) fue presentada a la aprobaci?n del Congreso de los Diputados, el Comit? Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Espa?ola hizo p?blica, el 15 de diciembre de 2005, su grave preocupaci?n ante un texto legal que no garantizaba debidamente, e incluso lesionaba, derechos fundamentales en un campo tan importante para el presente y el futuro de la sociedad como es el de la educaci?n de la juventud. Una vez aprobada la Ley por el Congreso, el mismo Comit? Ejecutivo declar? de nuevo p?blicamente, el 10 de marzo de 2006, que la LOE no se aten?a a lo pactado en los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Espa?ol en lo referente a la ense?anza de la Religi?n cat?lica y a su profesorado.

2. Con todo, la Comisi?n Mixta Iglesia-Estado se ha reunido cuatro veces a lo largo del a?o 2006 para hablar sobre los Reales Decretos que habr?an de desarrollar las Disposiciones adicionales de la LOE tocantes al estatuto de la ense?anza y al del profesorado de Religi?n cat?lica. En esta fase, las autoridades gubernamentales han hecho un esfuerzo de di?logo y aproximaci?n que agradecemos. Sin embargo, no se ha llegado a unos Decretos que podamos valorar como satisfactorios. La ense?anza de la Religi?n no es regulada de modo que queden a salvo los derechos de todas las partes implicadas. Es lo que ahora, una vez publicados ya casi todos los Decretos, queremos comunicar a la opini?n p?blica. Adem?s deseamos valorar tambi?n otros aspectos de la LOE y de su desarrollo administrativo que estimamos que vulneran los derechos que asisten a los padres en la educaci?n de sus hijos, tanto en el campo de la determinaci?n de la educaci?n moral que deseen para ellos, como en el de la libre elecci?n de centro educativo.

I. La ense?anza de la Religi?n cat?lica

3. La ense?anza de la Religi?n cat?lica ser?, seg?n lo establecido por la LOE, de oferta obligatoria para los centros y de libre elecci?n para los alumnos. Es lo estipulado en los Acuerdos Iglesia-Estado, seg?n el principio de la libertad civil en materia religiosa, defendido siempre por la Conferencia Episcopal.

4. Pero los Acuerdos estipulan tambi?n que esta ense?anza ser? equiparable a una asignatura fundamental. La LOE, en cambio, ni siquiera la menciona en el cuerpo de la Ley, releg?ndola a una Disposici?n adicional. Por su parte, los Decretos de ense?anzas m?nimas reducen el n?mero de horas que se le asignan; y establecen que los alumnos que no cursen Religi?n -en su versi?n confesional o aconfesional- recibir?n una ?atenci?n educativa?, cuya definici?n queda al arbitrio de cada centro, sin que tenga nada que ver con una ense?anza de contenidos reglados y evaluables. Es una soluci?n discriminatoria para quienes eligen la Religi?n, que hacen un esfuerzo acad?mico, mientras que quienes no la eligen disfrutan de tiempo libre o de estudio. Una soluci?n, adem?s, que, seg?n muestra la experiencia, tiende a crear problemas de orden y disciplina en los centros. Si a todo ello se a?ade el car?cter no computable de las evaluaciones de la Religi?n, hemos de concluir que el estatuto acad?mico de la ense?anza de la Religi?n no resulta equiparable al de una asignatura fundamental que se imparte sin que nadie resulte discriminado. As?, la regulaci?n de esta ense?anza carece de la seriedad acad?mica que reclama el derecho de quienes la solicitan libremente, es decir, cerca del ochenta por ciento de los padres. Queda, pues, obstaculizado el ejercicio real y efectivo de un derecho reconocido por la Constituci?n Espa?ola en su art?culo 27, 3 y no se cumple lo pactado en los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Espa?ol.

II. El profesorado de Religi?n cat?lica

5. La LOE introduce una nueva regulaci?n del profesorado de Religi?n que no responde satisfactoriamente ni a los compromisos adquiridos por el Estado con la Iglesia Cat?lica, en virtud del Acuerdo correspondiente, ni a la jurisprudencia sobre la materia, en particular, a la ?ltima Sentencia del Tribunal Constitucional, del pasado d?a 15 de febrero. Porque la Ley asimila la situaci?n legal de los profesores de Religi?n en las escuelas estatales a las formas contractuales generales reguladas por el Estatuto de los Trabajadores, sin reconocer satisfactoriamente el car?cter espec?fico de su trabajo, derivado de la misi?n can?nica que les encomienda la ense?anza de la religi?n y moral cat?lica.

6. Es verdad que los profesores de religi?n son trabajadores de la ense?anza, cuyos derechos laborales deben ser plenamente reconocidos y tutelados. Los obispos somos los primeros interesados en ello, pues de ese modo se hace justicia a su labor y se dignifica su misi?n, que es misi?n de Iglesia. Pero, al mismo tiempo, los profesores de religi?n cat?lica ejercen una misi?n espec?fica -la de formar a los alumnos en la doctrina y la moral cat?lica- que exige una capacitaci?n acad?mica especial e identificaci?n con la doctrina que se ense?a. A quienes libremente solicitan tal ense?anza hay que garantizarles que sea impartida por profesores id?neos para ello. Es la autoridad de la Iglesia quien puede ofrecer tal garant?a. No son los poderes p?blicos, ni las organizaciones sindicales, ni ninguna otra instancia quienes est?n en condiciones de garantizar la idoneidad del profesorado para impartir la religi?n y la moral cat?lica, es decir, la misi?n can?nica. Eso es lo justo y lo propio de un Estado de derecho que tutela de modo positivo la libertad religiosa.

7. Pues bien, ni la LOE ni el ?ltimo borrador de Real Decreto que conocemos establecen los mecanismos jur?dicos adecuados para que la autoridad de la Iglesia pueda ejercer con seguridad su obligaci?n de garantizar la idoneidad del profesorado de religi?n. Por tanto, si las cosas permanecen como se encuentran en este momento, es posible que sea necesario recurrir a las acciones legales oportunas para que sea respetado el ordenamiento jur?dico vigente, que tutela los derechos de todos.

III. La ?Educaci?n para la ciudadan?a?

a) Una formaci?n estatal y obligatoria de la conciencia
8. La ense?anza de la Religi?n y Moral cat?lica debe ser y es optativa para los alumnos, porque han de ser los padres quienes determinen el tipo de formaci?n religiosa y moral que deseen para sus hijos. ?ste es su derecho primordial, insustituible e inalienable. Se lo reconoce la Constituci?n en el art?culo 27, 3. Queda tutelado tambi?n por el art?culo 16, 1, que consagra la libertad ideol?gica y religiosa. Por tanto, el Estado no puede imponer leg?timamente ninguna formaci?n de la conciencia moral de los alumnos al margen de la libre elecci?n de sus padres. Cuando ?stos eligen libremente la Religi?n y Moral cat?lica, el Estado debe reconocer que la necesaria formaci?n moral de la conciencia de los alumnos queda asegurada por quienes tienen el deber y el derecho de proveer a ella. Si el sistema educativo obligara a recibir otra formaci?n de la conciencia moral, violentar?a la voluntad de los padres y declarar?a impl?citamente que la opci?n hecha por ellos en el ejercicio de sus derechos no es considerada v?lida por el Estado.

9. Precisamente eso es lo que hace ahora el Estado con la nueva ?rea creada por la LOE bajo el nombre de ?Educaci?n para la ciudadan?a?. Si el texto de la Ley dejaba alg?n margen para la duda, los Decretos que la desarrollan establecen expresamente que dichas ense?anzas pretenden formar, con car?cter obligatorio, ?la conciencia moral c?vica? de todos los alumnos en todos los centros. De ah? que los criterios de evaluaci?n no se refieran s?lo a contenidos, sino tambi?n a actitudes y h?bitos personales, cuya constituci?n se basa siempre en la visi?n de la vida que informa la conciencia moral (v?ase, en particular, el Decreto de 29 de diciembre de 2006 sobre la Educaci?n Secundaria). Se formar? y evaluar?, pues, la conciencia moral de los alumnos, al margen de la voluntad de sus padres.

10. Es cierto que la educaci?n de la conciencia no debe quedar excluida de la tarea educativa. Por el contrario, una educaci?n verdaderamente integral que persiga el desarrollo armonioso de la persona en todas sus dimensiones no puede reducirse a la mera transmisi?n de conocimientos; ha de referirse tambi?n a la verdad del ser humano como norma y horizonte de la vida. Pero las ense?anzas antropol?gicas orientadas a la formaci?n de la conciencia moral -tanto en lo ?personal? como en lo ?social?- no son competencia del Estado. La autoridad p?blica no puede imponer ninguna moral a todos: ni una supuestamente mayoritaria, ni la cat?lica, ni ninguna otra. Vulnerar?a los derechos de los padres y/o de la escuela libremente elegida por ellos seg?n sus convicciones. Son los padres y es la escuela, como colaboradora de aqu?llos, quienes tienen el derecho y el deber de la educaci?n de las conciencias, sin m?s limitaciones que las derivadas de la dignidad de la persona y del justo orden p?blico.

b) Impone el relativismo moral y la ideolog?a de g?nero

11. Con lo dicho bastar?a para que nos vi?ramos en la necesidad de denunciar una asignatura, cuyo objetivo confesado es una formaci?n de las conciencias impuesta por el sistema educativo a todos los alumnos. Pero adem?s hemos de denunciar tambi?n que los criterios que guiar?n estas ense?anzas son los propios del relativismo y de la llamada ideolog?a de g?nero. La ?verdad? no juega papel alguno en los Decretos que desarrollan sus contenidos. En cambio, el nuevo concepto de ?homofobia? forma parte de los contenidos previstos como ense?anzas m?nimas por los Reales Decretos. Bajo tal concepto se esconde una visi?n de la constituci?n de la persona m?s ligada a las llamadas ?orientaciones sexuales? que al sexo. De ah? que el sexo, es decir, la identidad de la persona como var?n o como mujer, sea suplantado por el ?g?nero? precisamente cuando se se?alan los criterios seg?n los cuales se evaluar? la conciencia moral de los alumnos de Secundaria.

12. No habr?a nada que objetar a una asignatura que facilitara el conocimiento objetivo de los principios constitucionales o de las normas c?vicas de convivencia. Lo que denunciamos son unas ense?anzas concretas que, bajo el nombre de ?Educaci?n para la ciudadan?a?, constituyen una lesi?n grave del derecho de los padres a determinar la educaci?n moral que desean para sus hijos; unas ense?anzas que, adem?s, tal como aparecen programadas, significan la imposici?n del relativismo y de la ideolog?a de g?nero. No es precisamente esto lo que los organismos de Europa sugieren a los Estados miembros. No es ?ste el modo adecuado de salir al paso de la necesidad apremiante de una formaci?n integral de la juventud para la convivencia en la verdad y la justicia, con actitudes positivas que contribuyan a la creaci?n y consolidaci?n de la paz en las familias, las escuelas y la sociedad. Todos deseamos que la escuela forme ciudadanos libres, conscientes de sus deberes y de sus derechos, verdaderamente cr?ticos y tolerantes. Pero eso no se consigue con introducir en las conciencias de los j?venes el relativismo moral y una ideolog?a desestructuradora de la identidad personal. Esta ?Educaci?n para la ciudadan?a? de la LOE es inaceptable en la forma y el fondo: en la forma, porque impone legalmente a todos una antropolog?a que s?lo algunos comparten y, en el fondo, porque sus contenidos son perjudiciales para el desarrollo integral de la persona.

c) Reclama una actuaci?n responsable y comprometida

13. Los padres har?n muy bien en defender con todos los medios leg?timos a su alcance el derecho que les asiste de ser ellos quienes determinen la educaci?n moral que desean para sus hijos. Los centros cat?licos de ense?anza, si admiten en su programaci?n los contenidos previstos en los Reales Decretos, entrar?n en contradicci?n con su car?cter propio, informado por la moral cat?lica. El Estado no puede obligarles a hacerlo, si no es vulnerando el derecho a la libertad de ense?anza y a la libertad religiosa. Los centros estatales, por su parte, al tener que impartir esta asignatura perder?n su obligada neutralidad ideol?gica e impondr?n a los alumnos una formaci?n moral no libremente elegida por sus padres o incluso expresamente contradictoria con su voluntad cuando ?stos hayan elegido para sus hijos la ense?anza de la Religi?n y Moral cat?lica. Los padres y los centros educativos deben actuar de modo responsable y comprometido en favor de sus derechos educativos y de la libertad de conciencia.

IV. Las libertades de ense?anza y de elecci?n de centro educativo

14. Adem?s de la nueva ?rea de ?Educaci?n para la ciudadan?a?, la LOE presenta tambi?n otras disposiciones que condicionan seriamente las libertades de ense?anza y de elecci?n de centro. Porque la Ley no se inspira en el principio de subsidiariedad, seg?n el cual, los poderes p?blicos regulan las condiciones necesarias para que la sociedad pueda ejercitar por s? misma los deberes y derechos que son originariamente propios suyos, en particular, de las familias y de las escuelas. Por el contrario, la educaci?n es definida, con un claro tinte estatalista, como un ?servicio p?blico? (Pre?mbulo y art. 108, 5) con el que la sociedad debe colaborar (Pre?mbulo).

15. As?, no se le da la prioridad debida a la demanda de las familias a la hora de elegir el centro escolar que desean para sus hijos, cuando se establecen una zonificaci?n respecto al domicilio de los solicitantes (art. 84, 2) y unas ??reas de influencia? de los centros (art. 86) como criterios excesivamente condicionantes de la admisi?n de los alumnos.

16. Por su parte, la iniciativa social que desea crear y dirigir centros educativos queda indebidamente supeditada a las consignaciones presupuestarias y a la aplicaci?n del principio de econom?a y eficiencia, seg?n los criterios de la Administraci?n (cf. art. 109, 3), as? como a imprecisos criterios de ?necesidades de escolarizaci?n? (art. 116, 1). Adem?s, a los centros de iniciativa social no se les garantiza la libertad suficiente para establecer su propio proyecto educativo, sometido a un indeterminado ?marco general? establecido por la Administraci?n (art. 121, 3); tampoco se les garantiza que los alumnos acepten su proyecto educativo, sino tan s?lo que lo respeten (art. 115, 2), ni se les reconoce la suficiente autonom?a de direcci?n, tanto por los condicionamientos que se les imponen en la admisi?n de los alumnos, ya mencionados, como por la obligada presencia de una autoridad pol?tica en el Consejo Escolar (art. 126, 1c).

Conclusi?n

17. La LOE es la quinta Ley Org?nica de educaci?n, en s?lo veinte a?os, y es la que ha obtenido un menor respaldo parlamentario de todas (s?lo el 55 por ciento del Congreso). Son sin duda posibles diferentes soluciones t?cnicas a los graves problemas planteados en un campo tan sensible como es el de la educaci?n. Pero es necesario llegar a un gran consenso o pacto de Estado en las cuestiones b?sicas que afectan a los derechos fundamentales de las personas. No se ha conseguido. Mientras llega ese momento, anhelado por tantos, en especial por la comunidad educativa, ser? necesario hacer respetar los derechos de todos y, al mismo tiempo, colaborar del mejor modo posible, seg?n las responsabilidades de cada uno, en la vital tarea de la educaci?n.

18. Sabemos que la inmensa mayor?a de los profesores de religi?n ejercen su misi?n de modo ejemplar. Aprovechamos para reiterarles nuestra confianza y animarles a seguir trabajando con el talento y el compromiso personal que rinden el fruto que esperan los alumnos, las familias, la sociedad y toda la Iglesia. Ellos mismos conocen que, a pesar de las dificultades, su generosidad y competencia lo hace posible. Los profesores de religi?n no son catequistas. Ellos ense?an la doctrina y la moral cat?lica de modo acad?mico y con el testimonio de su vida en el contexto del di?logo sistem?tico entre la fe y la raz?n. La escuela, como lugar de la educaci?n integral de la persona, es el marco apropiado para ello.

19. A los directores de centros educativos les agradecemos su colaboraci?n y confiamos en su buen hacer ante las nuevas responsabilidades que para ellos supone la llamada ?atenci?n educativa?. Son muchos tambi?n los maestros y profesores que, explicando matem?ticas o cualquier otra asignatura, ofrecen a sus alumnos el ejemplo de una tarea educativa hecha con dedicaci?n, competencia, respeto y cari?o por los ni?os y j?venes. Su labor es exigente y sacrificada. Nuestro agradecimiento y nuestro aliento se dirige a todos ellos, en particular, a quienes de ese modo dan testimonio silencioso o expl?cito de su fe cat?lica.

20. No podemos dejar de mencionar especialmente a cuantos est?n aportando a la sociedad y a la Iglesia el impagable servicio de la educaci?n integral que representa la Escuela Cat?lica, tan apreciada por tantos padres. Les agradecemos muy de coraz?n su abnegado trabajo y su vocaci?n de educadores desde su condici?n de seglares, ministros ordenados o, muy en particular, desde tantas formas de vida consagrada de dilatada, benem?rita y fecunda tradici?n educadora. Todos los responsables de las escuelas cat?licas estar?n - no lo dudamos - a la altura del desaf?o que suponen para sus centros las diversas dificultades a las que hemos hecho referencia, en particular, la llamada ?Educaci?n para la ciudadan?a?. Es un momento decisivo para el futuro de la Escuela Cat?lica.

21. Los padres, en fin, seguir?n respondiendo cada vez con mayor empe?o a sus obligaciones de primeros educadores de sus hijos y exigir?n que sus correspondientes derechos sean respetados. Cuando a?o tras a?o inscriben a sus hijos en la clase de Religi?n cat?lica dan muestras claras de que son conscientes de su responsabilidad. Pueden legalmente hacerlo y deben seguir haci?ndolo. La Iglesia desea ofrecer tambi?n a todos los padres los centros cat?licos que ellos solicitan para sus hijos y de los que tantas veces se ven privados, por falta de una oferta suficiente. Las dificultades existentes para la creaci?n o ampliaci?n de tales centros, a causa de las restricciones que sufre la libertad de ense?anza, perjudican ante todo a los padres y a los alumnos. Las asociaciones de padres y de familias est?n llamadas a jugar un gran papel en un sistema educativo que forme de modo verdaderamente integral a ni?os y j?venes como personas y ciudadanos.

A todos encomendamos a la maternal protecci?n de Mar?a, trono de la Sabidur?a.
Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Hablan los obispos
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