Viernes, 02 de marzo de 2007
Para apoyar y fomentar la unidad y el valor de la familia en la sociedad, en la Iglesia y entre sus miembros, el domingo 4 de marzo se celebra en M?xico el ?D?a de la Familia?


Mensaje para el D?a de la Familia 2007, Mexico



Dimensi?n Episcopal de Familia

Excmos. Sres. Cardenales
Excmos. Sres. Arzobispos y Obispos
En sus respectivas Sedes
Eminencia / Excelencia:

El 4 de marzo, primer domingo del mes, celebraremos el D?a de la Familia, como se ha venido haciendo desde hace algunos a?os. Es una ocasi?n propicia para fortalecer nuestra convicci?n del valor de la familia en la vida eclesial y social.

En una atm?sfera creciente de disgregaci?n e individualismo, uno de los retos actuales, nos dec?a el Papa Juan Pablo II, es ?hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comuni?n? (Novo Millennio Ineunte 43); reto que ha de asumir plenamente la familia, ya que ?sta es n?cleo primario donde la persona nace, crece y cultiva su fe y su participaci?n ciudadana.

Para atender el reto mencionado, el Papa nos lanzaba a una espiritualidad de la comuni?n, antes de programas operativos concretos: ?Espiritualidad de la comuni?n que significa ante todo una mirada del coraz?n sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida tambi?n en el rostro de los hermanos que est?n a nuestro lado.? (Id 43).

Efectivamente, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. La comuni?n trinitaria es nuestra Fuente y nuestra Meta. De Dios Trino y Uno venimos y estamos llamados a volver. La oraci?n ?en la contemplaci?n del Padre, por su Hijo y en su Esp?ritu, en compa??a de nuestra Madre Mar?a- sea alimento diario de la vida familiar. Una oraci?n que marca el inicio y el culmen del d?a, que ilumine y ennoblece los diversos momentos de la jornada.

Ahora bien, la espiritualidad de la comuni?n no debe quedar en un intimismo sentimental e indefinido. Para que la ?luz del misterio de la Trinidad? irradie y sea reconocida en los miembros de la familia, ?sta debe cultivar una comunicaci?n sincera y abierta, en que todos se conozcan y acepten entre si, mediante una disposici?n constante a escucharse unos a otros, a comprender y valorar los anhelos y las tribulaciones de los dem?s miembros de la familia.

La relaci?n familiar ha de estar enfocada primeramente no en lo negativo para soportar, sino en lo positivo para acoger y valorar. Si la vida es don de Dios, cada persona es ?un don de Dios para m? (Novo Millennio Ineunte 43). En la familia se ha de vivir de manera notable al otro ?como uno que me pertenece? (Id 43). Si Dios ama a cada persona humana, esa persona es digna de ser amada por m?. Esta es la ?amabilidad objetiva?: Saber encontrarme con el otro en la riqueza de su ser, pues tambi?n es imagen de Dios; saber cultivar con ?l una relaci?n y estima aut?ntica, verdadera; ser capaz de amar al otro primeramente por lo que es, luego en todo caso por lo que hace. Nuestra actitud s?lidamente amable hace que el otro se vea digno de ser amado, le genera confianza interior y responde en forma positiva. Si llegamos con actitud amable y sonriente, eso destraba recelos y facilita una relaci?n constructiva.

Pero esto no significa desconocer o reprimir los l?mites personales y ajenos. Tambi?n es importante atender lo negativo: o sea ?soportarnos unos a otros y perdonarnos mutuamente? (Col 3,13; cf. Gal 6,2). No hay relaci?n familiar sin conflictos. La comuni?n no consiste en negarlos sino en aceptarlos realistamente y afrontarlos con entereza y esperanza: sin coaliciones defensivas, sin agresiones, sin resignaci?n o dobles mensajes. Saber discutir si es necesario, pero procurando percibir y comprender las motivaciones del otro, buscando la verdad y el bien m?s all? de la postura de cada uno, m?s all? de lo ?m?o? y lo ?tuyo?, en el ?nosotros?.

El soportarnos, comprendernos y perdonarnos en la relaci?n familiar, no se realiza sin el poder de la gracia de Dios, que s?lo act?a en la pobreza del ser humano, en el reconocimiento de su debilidad, como lo confiesa San Pablo, quien despu?s de suplicar muchas veces a Dios que le quitara el aguij?n de la carne, se da cuenta que es la condici?n para reconocer la propia verdad frente a Dios y dejarse envolver por el poder divino. Si Pablo pretend?a que la gracia de Dios deb?a procurar inmunidad en la criatura para superar toda sombra de imperfecci?n, luego, en cambio, descubre la gran distancia entre la idea humana egoc?ntrica y perfeccionista, y la santidad cristiana acogida con sorpresa y gratitud en la misma miseria humana: ?cuando soy d?bil, entonces soy fuerte? (2Cor 12,10). Es la propia debilidad, no rechazada pero s? integrada, habitada por la Gracia.

De esta manera, lo mismo negativo se asume gracias a la luz del misterio trinitario que habita en la persona y en la atm?sfera familiar; luz que irradia otros momentos de la misma familia, como son, por ejemplo, el tiempo de los alimentos, de la reflexi?n y del descanso.

La familia que come y descansa unida, no puede dejar de orar unida? para permanecer unida.

La familia que permanece unida, es casa y escuela de comuni?n para otras familias.

Mons. Rodrigo Aguilar Mart?nez
Obispo de Tehuac?n
Responsable de la Dimensi?n Episcopal de Familia
Obispo de Tehuac?n, Mexico (2007-03-02)
Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Hablan los obispos
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