SEMINARIO DIOCESANO
La Laguna – Tenerife
25 de febrero de 2007
Queridos hermanos enfermos:
Reciban un caluroso saludo en nombre propio y del equipo de formadores que prestamos el servicio de educar a los futuros sacerdotes.
En marzo celebra la Iglesia la fiesta de San José, patrón de los seminarios, que tuvo la misión de educar al “primer seminarista”, Jesucristo Nuestro Señor; por ello, también celebramos el Día del Seminario. Con tal motivo, los seminaristas visitan las parroquias de nuestra diócesis para recordar, a la comunidad cristiana, el deber que tiene para con el Seminario. La oración, la ayuda económica y el preocuparse de que surjan más y mejores vocaciones, es tarea de todos los cristianos. El Seminario es llamado “corazón de la diócesis” y de su salud somos responsables todos y cada uno; el que haya aspirantes al sacerdocio y una buena formación es responsabilidad de quienes amamos a la Iglesia. Este año se ha elegido como lema: Sacerdotes, testigos del amor de Dios; los sacerdotes son responsables de regalar el amor de Dios a través de los sacramentos, la proclamación de la Palabra y el acompañamiento pastoral de la comunidad cristiana; cada sacerdote debe transparentar el amor de Dios con su vida y en el servicio generoso a todos los hombres, especialmente a los pobres y enfermos. Es urgente trabajar por las vocaciones, pues sin sacerdotes no hay Iglesia, “el ministerio de los sacerdotes no es un ´oficio´cualquiera del que se podría prescindir o cambiar por otra cosa, sino un servicio sacramental insustituible”.
Queridos hermanos enfermos, ustedes son una pieza clave en esta tarea que la Iglesia tiene que realizar pues Cristo engendró a la Iglesia desde la cruz, de su costado abierto brotó sangre y agua. La cruz, el dolor y el sufrimiento son un misterio de vida y regeneración que en el fondo sólo Dios conoce. Nos dice San pablo “completo en mi cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo a favor de su Iglesia”; por lo tanto, nuestros sufrimientos, achaques y enfermedades los podemos convertir en un regalo en favor de la Iglesia; esta es la experiencia de los santos como Santa Teresita del Niño Jesús que en sus escritos nos dejó esta máxima:”solamente el sufrimiento puede hacer que las almas nazcan para Dios”. También la fundadora de la Obra de San Pedro Apóstol en favor del clero nativo, Juana Bigard, decía: “Dios me hace pagar caro el honor de ser la madre de sus sacerdotes. Estos queridos seminaristas no sabrán nunca cuanto me cuestan”.
Quisiera invitar a quienes lo deseen a colaborar, desde la enfermedad y el dolor, a trabajar apostólicamente en la tarea de promover y suscitar vocaciones al sacerdocio ministerial. Los recursos económicos y materiales son importantes pero la Iglesia ha contado con unos medios aún más eficaces: la oración y el ofrecimiento de la enfermedad. Son como los cimientos de un edificio que no se ven y sin embargo, sin ellos, toda la estructura se vendría abajo. “La maternidad espiritual se realiza a través de los medios pobres, puesto que se logra por medio de la participación en la muerte de Cristo y mediante la aceptación del sufrimiento por amor” (P. Tadeusz Dajezcer).
Gran parte de la vida terrena de Jesús la dedicó a curar enfermos y a estar con ellos por eso, quizás, nos dejó un sacramento, presencia suya con toda la potencia de su amor: la Unción de los Enfermos. Este Signo Sagrado, que da la gracia o vida divina, sólo lo pueden administrar los sacerdotes que presencializan a Cristo Sacerdote y Pastor de la Iglesia.
Colaborar con el Seminario hoy es asegurar los sacerdotes del mañana.
Queremos contar con ustedes. Un abrazo fraterno.
Juan Manuel Yanes Marrero
Rector del Seminario
La Laguna – Tenerife
25 de febrero de 2007
Queridos hermanos enfermos:
Reciban un caluroso saludo en nombre propio y del equipo de formadores que prestamos el servicio de educar a los futuros sacerdotes.
En marzo celebra la Iglesia la fiesta de San José, patrón de los seminarios, que tuvo la misión de educar al “primer seminarista”, Jesucristo Nuestro Señor; por ello, también celebramos el Día del Seminario. Con tal motivo, los seminaristas visitan las parroquias de nuestra diócesis para recordar, a la comunidad cristiana, el deber que tiene para con el Seminario. La oración, la ayuda económica y el preocuparse de que surjan más y mejores vocaciones, es tarea de todos los cristianos. El Seminario es llamado “corazón de la diócesis” y de su salud somos responsables todos y cada uno; el que haya aspirantes al sacerdocio y una buena formación es responsabilidad de quienes amamos a la Iglesia. Este año se ha elegido como lema: Sacerdotes, testigos del amor de Dios; los sacerdotes son responsables de regalar el amor de Dios a través de los sacramentos, la proclamación de la Palabra y el acompañamiento pastoral de la comunidad cristiana; cada sacerdote debe transparentar el amor de Dios con su vida y en el servicio generoso a todos los hombres, especialmente a los pobres y enfermos. Es urgente trabajar por las vocaciones, pues sin sacerdotes no hay Iglesia, “el ministerio de los sacerdotes no es un ´oficio´cualquiera del que se podría prescindir o cambiar por otra cosa, sino un servicio sacramental insustituible”.
Queridos hermanos enfermos, ustedes son una pieza clave en esta tarea que la Iglesia tiene que realizar pues Cristo engendró a la Iglesia desde la cruz, de su costado abierto brotó sangre y agua. La cruz, el dolor y el sufrimiento son un misterio de vida y regeneración que en el fondo sólo Dios conoce. Nos dice San pablo “completo en mi cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo a favor de su Iglesia”; por lo tanto, nuestros sufrimientos, achaques y enfermedades los podemos convertir en un regalo en favor de la Iglesia; esta es la experiencia de los santos como Santa Teresita del Niño Jesús que en sus escritos nos dejó esta máxima:”solamente el sufrimiento puede hacer que las almas nazcan para Dios”. También la fundadora de la Obra de San Pedro Apóstol en favor del clero nativo, Juana Bigard, decía: “Dios me hace pagar caro el honor de ser la madre de sus sacerdotes. Estos queridos seminaristas no sabrán nunca cuanto me cuestan”.
Quisiera invitar a quienes lo deseen a colaborar, desde la enfermedad y el dolor, a trabajar apostólicamente en la tarea de promover y suscitar vocaciones al sacerdocio ministerial. Los recursos económicos y materiales son importantes pero la Iglesia ha contado con unos medios aún más eficaces: la oración y el ofrecimiento de la enfermedad. Son como los cimientos de un edificio que no se ven y sin embargo, sin ellos, toda la estructura se vendría abajo. “La maternidad espiritual se realiza a través de los medios pobres, puesto que se logra por medio de la participación en la muerte de Cristo y mediante la aceptación del sufrimiento por amor” (P. Tadeusz Dajezcer).
Gran parte de la vida terrena de Jesús la dedicó a curar enfermos y a estar con ellos por eso, quizás, nos dejó un sacramento, presencia suya con toda la potencia de su amor: la Unción de los Enfermos. Este Signo Sagrado, que da la gracia o vida divina, sólo lo pueden administrar los sacerdotes que presencializan a Cristo Sacerdote y Pastor de la Iglesia.
Colaborar con el Seminario hoy es asegurar los sacerdotes del mañana.
Queremos contar con ustedes. Un abrazo fraterno.
Juan Manuel Yanes Marrero
Rector del Seminario

