SEMINARIO DIOCESANO
La Laguna – Tenerife
24 de febrero de 2007
Queridos catequistas:
Reciban un cordial saludo en nombre propio y del equipo de sacerdotes que prestamos el servicio de formadores en el Seminario.
Al acercarse la fiesta de San José y, por lo tanto, celebrar el Día del Seminario con el lema: Los sacerdotes, testigos del amor de Dios; me dirijo a ustedes para expresarles nuestro agradecimiento por tantos detalles con los que, a lo largo del curso, muestran su cercanía para con esta institución básica y primordial en la vida diocesana (oración, ayuda económica, sugerencias, animación vocacional…), especialmente con la acogida de los seminaristas en sus catequesis y permitirles dar su testimonio vocacional.
Por otro lado, recordarles la importancia de preocuparnos con urgencia de suscitar candidatos al Sacerdocio Ministerial. Sé que es difícil y los argumentos son evidentes: bajo índice de natalidad, familias desestructuradas o poco preocupas, hedonismo, materialismo, cultura laicista, etc., pero no es menos cierto que el Espíritu Santo acompaña a su Iglesia y a cada cristiano, de manera especial a aquellos que desempeñan un servicio en nombre de la Iglesia. Los catequistas siempre han sido una pieza clave en la vida eclesial desde las primeras comunidades cristianas
Sin sacerdotes no hay Iglesia, pues todos los bautizados nos beneficiamos de su servicio (Palabra, sacramentos y acompañamiento); de ahí la necesidad de ser “altavoces de la llamada del Señor” donde desarrollamos nuestra labor, por ello es importante que nos motivemos y lo pongamos como primordial en nuestro trabajo pastoral. Ustedes son testigos de que algunos de sus antiguos alumnos hoy son sacerdotes o están en camino de serlo, ¿no es ilusionante ser instrumento del Señor en el proceso vocacional de un candidato al sacerdocio? Se trata de estar atentos a los signos vocacionales que el Señor ha sembrado en el corazón de algunos de sus chicos y ponerse en contacto con el párroco respectivo, y con el Seminario, para ayudarles a madurar en su respuesta; además, ustedes les conocen y están cercanos a sus familias con lo cual, pueden quitar escollos, aclarar dudas, quitar miedos, motivar… No es cuestión de hacer proselitismo o de cierta “comedera de coco”, es simplemente creer en la acción del Espíritu Santo y en su actuación sencilla en lo cotidiano pues, muchas veces, “los hombres vemos las apariencias pero sólo Dios ve el corazón”. Nuestra diócesis es testimonio de que Dios puede llamar al sacerdocio en edades tempranas y muchos catequistas son testigos de esta verdad: alrededor del 50% de nuestros curas pasaron por el Seminario Menor y de, los actuales, seminaristas las 2/3 partes proceden también del Menor. Las vocaciones son siempre un don de Dios, pero debemos colaborar con Él, con todos los medios que estén a nuestro alcance. Para esta tarea fundamental pido su colaboración con el objetivo de poderla alcanzar la cifra, al menos, de 50 seminaristas menores. A veces, nos puede ayudar algún eslogan, recordemos a nuestro Obispo Don Felipe que propuso, hace un tiempo, el siguiente: ¿Por qué no, al menos, un seminarista por parroquia?
Sin otro particular reitero nuestro agradecimiento por todo lo que hacen por el Seminario. Cuenten con nuestra oración, para que el Señor premie sus desvelos y les siga dando el ardor misionero de su Espíritu. Quedamos a vuestra disposición y reciban un abrazo fraterno.
Juan Manuel Yanes Marrero
Rector del Seminario