El Vicario General y Delegado Diocesano de Tenerife da gracias a los catequistas por su labor en favor de la transmisión de la fe cristiana.
GRACIAS MIL
Este domingo, unos mil catequistas procedentes de las cuatro islas que forman la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, acudiremos a Vilaflor para celebrar nuestro anual encuentro. El mismo se desarrollará bajo el lema “adultos en la fe”.
La figura del Hermano Pedro nos acompañará como guía. Él fue una persona de nuestra tierra que supo responder, con fe adulta, a los desafíos y dificultades de su tiempo, convirtiéndose en “el hombre que fue Caridad”.
Hoy la Iglesia que vive en estas islas y mares necesita también un puñado de mujeres y hombres apasionados, adultos equipados con una fe adulta, que se inscriban en la larga lista de “trabajadores” en la viña del Señor.
Nuestra Diócesis vive cotidianamente el milagro de las dos mil quinientas personas que se entregan, gratuita y semanalmente, a la educación en la fe de adultos, jóvenes y niños. Esta realidad nunca será suficientemente reconocida ni valorada. Por ello, quizá, esta auténtica vocación se enmarca en aquellas palabras de “el Padre que ve en lo escondido te recompensará”. Y es que la catequesis es una tarea callada, fundante, básica, sistemática…. De ahí su importancia.
En la misión capital de la Iglesia de engendrar, de parir cristianos, esta acción educativa y evangelizadora es absolutamente fundamental y, dentro de ella, la pieza clave son los catequistas. Es, en muchos casos, el catequista, casi siempre "la" catequista, quien, con frecuencia en solitario, tiene que iniciar en la fe y facilitar el primer encuentro vital con Jesucristo.
Es evidente, por tanto, que el factor decisivo para que haya una buena catequesis son los catequistas. La fe y la vida cristiana se transmiten sobre todo por imitación. El mejor modo de empezar a ser cristiano es viendo cómo viven otros cristianos, admirando e imitando la vida de algunas personas queridas y admiradas. De ahí que el emblema de nuestro encuentro nos invite y urja a ser “adultos en la fe”.
Dicho lema, que nos acompañará durante todo el curso, quiere igualmente hacer necesario el recuerdo e imposible olvido de que, "la catequesis de adultos es la forma principal de la catequesis, porque está dirigida a las personas que tienen mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada". Aún así, no podemos dejar de reconocer que, en las mentalidades colectivas, el término ‘catequesis’ se sigue asociando frecuentemente con la infancia. Pero, para que sea eficaz, la catequesis ha de ser permanente y sería ciertamente vana, si se detuviera precisamente en el umbral de la edad madura. No podemos cejar en el empeño de ofrecer a las personas adultas procesos adecuados de iniciación y maduración en la fe, aunque los resultados aparentes sean escasos. Es una tarea prioritaria y una siembra de futuro.
No quiero terminar sin antes agradecer a nuestros catequistas su dedicación, los esfuerzos que hacen para formarse, el testimonio de su vida y de cariño hacia los catequizandos de nuestras parroquias. Ellos forman parte del capital más importante con el que cuenta la Iglesia Nivariense para cumplir hoy su misión en nuestras islas. A todas y todos: Gracias mil. Que el Señor y María les bendigan, les conforten en todo momento y les den el gozo de colaborar intensamente en el crecimiento de nuestra Iglesia, el advenimiento del Reino de Dios y la mejora profunda de nuestras vidas y de la sociedad entera. Haciendo nuestras las palabras del hermano Pedro, podríamos orar por ellos: Concédeles, buen Señor, fe, esperanza y caridad, y como eres tan poderoso, dales una profunda humildad; pero, antes de todo eso, concédeles que cumplan en todo tu Santa Voluntad.
Antonio M. Pérez Morales
Vicario General