Comentario a las lecturas del lunes de la tercera semana de cuaresma, sacado del libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutiérrez.
Lunes de la Tercera Semana de cuaresma
Primera. 2 Re 5,1-15a: Naamán de Siria y Eliseo
Evangelio. Lc 4,24-30: Nadie es profeta en su tierra
I. Los de fuera y los de dentro. El caso de Naamán curado en Israel podría actualizarse por la hipotética historia de un budista o un musul¬mán desahuciado, que peregrina a Fátima o Lourdes, arranca el milagro de una curación y regresa a su patria curado y creyente, mientras miles de cristianos vuelven a casa con el consuelo de la resignación. Jesús cita el pasaje del sirio Naamán en la sinagoga de su pueblo y quiere demostrar que también fuera del ámbito nominalmente creyente pueden darse casos de fe y de una fe mayor. Los de fuera pueden tener una fe más activa que los de dentro. Porque la fe no es una denominación exterior de pertenencia, ni consiste en la maquinación labial de unos rezos rutinarios, todavía frecuente en amplios sectores de religiosidad popular femenina. La fe es un movimiento del corazón a Dios. Naamán no acepta teóricamente el credo de Israel pero es curado por el Dios de Israel, previo un test de fe siete veces repetido en las aguas del Jordán. La fe hace milagros y no hay milagros donde falta fe.
II. En Nazaret no hubo milagros. Vuelve Jesús en olor de multitudes al pueblo que le vio crecer. Piensa que no puede privar a sus paisanos de lo que gratis y en abundancia concede a los demás. Entra en la sinago¬ga, hace un comentario al texto profético y concluye: «hoy se cumple entre vosotros». Quiere decir: «Yo inauguro la época mesiánica de la que habla el texto de Isaías que acabáis de escuchar».
Hubo un primer momento de admiración, la cosa pasó a decepción y terminó en violencia, en conato de linchamiento frustrado. Le reciben un poco resentidos porque no ha hecho en su pueblo los signos hechos en otras partes. Están deseosos de prodigios y les habla de la evangelización de los pobres. De la admiración inicial saltan a la descalificación decepcionada: ¡Si le conoceremos bien nosotros!
A los enviados del Bautista respondió Jesús casi con las mismas palabras del texto de Isaías leído en Nazaret. Y añadió: «Dichoso el que no se escandalice de mí» (Mt 11,6). Sus paisanos se escandalizaron y le des-preciaron por su origen humilde: ¿No es éste el hijo de José?
No accede al deseo de sus compatriotas de convertirse en un Mesías-utilitario o un Mesías-espectáculo, no acepta el chantaje. La incredulidad y orgullo priva a sus paisanos de lo que no negó a nadie con buena voluntad. Elías y Eliseo no obraron de distinta manera en tiempo de calamidades públicas (vv. 25-27).
III. Se abrió paso y se alejaba. El hombre ha sido creado a imagen de Dios. Es un principio de fe verdadera. Pero muchos seres humanos fabrican un dios a su propia imagen, dócil a su voluntad y caprichos, a quien manejan con gusto. No es Dios el que crea y es obedecido sino a la inversa. La fe debe estar sometida a continuo proceso de revisión. El estancamiento en concepciones estáticas, apriorísticas, reacciona con descalificación a quien viene a someter a revisión las creencias. Puede haber desprecio o conatos de linchamiento, como en el caso de Nazaret.
Jesús se fue. No se dice que volviera otra vez a evangelizar en su pueblo. Se fue a anunciar la Buena Noticia a otras gentes mejor dispuestas. Nadie está excluido a priori del mensaje de Dios. A nadie es lícito monopolizar el Evangelio. Los de fuera pueden entrar. Los de dentro pueden ser arrojados fuera.Criterio es la disposición del corazón.