lunes, 12 de marzo de 2007
La Delegación e Catequesis e la Diócesis de Tenerife propone una catequesis previa de preparación de los catequistas para el Encuentro Dicesano del día 11 de Marzo a celebrar en Vilaflor, puelblo natal del SAnta hermano Pedro.
PRIMER MOMENTO: (25 minutos)

# No hace mucho tiempo, en la liturgia de la Navidad, nos atrevíamos a proclamar: “Nos ha nacido el Salvador… LA LUZ DEL MUNDO”. Vamos a comenzar este encuentro escuchando la siguiente canción del grupo Maná que nos servirá para ponernos en la presencia de DIOS, y que nos invitará a repetir con ellos: BENDITA TU LUZ


* Para compartir en el grupo…

*¿Recuerdas “el lugar”, “el motivo”, “la coincidencia”, “el reloj” que nos puso en su presencia? ¿Te acuerdas de aquel momento del “encuentro en el camino”? ¿Reconoces la presencia de Dios en el día a día de tu vida?
* ¿Cómo respondes a la “mirada de Dios”? ¿Bendices su Luz no sólo con palabras sino con compromisos concretos?
* ¿Reconoces en tu vocación de catequistas esa dimensión de servidor de Dios y de la Humanidad desde una fe adulta?


# Vamos a compartir el texto de la Homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la canonización del hermano Pedro. El santo canario que fue capaz de traducir con obras las palabras: Bendita tu Luz. Que fue capaz de responder con una fe adulta a la mirada de Dios. Leemos juntos…

El hermano Pedro, "hombre que fue caridad", practicó la misericordia con espíritu humilde y vida austera

1. "Venid vosotros, benditos de mi Padre (...). Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 34. 40). ¿Cómo no pensar que estas palabras de Jesús, con las que se concluirá la historia de la humanidad, puedan aplicarse también al hermano Pedro, que con tanta generosidad se dedicó al servicio de los más pobres y abandonados?

Al inscribir hoy en el catálogo de los santos al hermano Pedro de San José de Betancur, lo hago convencido de la actualidad de su mensaje. El nuevo santo, con el único equipaje de su fe y su confianza en Dios, surcó el Atlántico para atender a los pobres e indígenas de América: primero en Cuba, después en Honduras y, finalmente, en esta bendita tierra de Guatemala, su "tierra prometida".

2. Agradezco cordialmente las amables palabras que me ha dirigido mons. Rodolfo Quezada, arzobispo de Guatemala, presentándome a estas queridas comunidades eclesiales. Saludo a los señores cardenales, a los obispos guatemaltecos, al obispo de Tenerife y a los venidos de otras partes del continente americano.

También saludo con gran estima a los sacerdotes y a los consagrados y consagradas, así como a las religiosas de clausura. Un saludo especial y afectuoso también a los Hermanos de la Orden de Belén y a las Hermanas Bethlemitas, fruto de la inspiración de la madre Encarnación Rosal, primera beata guatemalteca y reformadora del Beaterio donde fraguó la fundación para recuperar los valores fundamentales de los seguidores del hermano Pedro.

Agradezco particularmente la presencia en esta celebración de los presidentes de las Repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, del primer ministro de Belice y demás autoridades civiles. Aprecio también la participación en este acto de la Misión venida de España para esta feliz ocasión.

Deseo asimismo expresar mi aprecio y cercanía a los numerosos indígenas. El Papa no os olvida y, admirando los valores de vuestras culturas, os alienta a superar con esperanza las situaciones, a veces difíciles, que atravesáis. ¡Construid con responsabilidad el futuro, trabajad por el armónico progreso de vuestros pueblos! Merecéis todo respeto y tenéis derecho a realizaros plenamente en la justicia, el desarrollo integral y la paz.

3. "Que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender (...) la profundidad del amor de Cristo" (Ef 3, 16-19). Estas palabras de san Pablo que hemos escuchado hoy, manifiestan cómo el encuentro interior con Cristo transforma al ser humano, llenándole de misericordia para con el prójimo.

El hermano Pedro fue hombre de profunda oración, ya en su tierra natal, Tenerife, y después en todas las etapas de su vida, hasta llegar aquí, donde, especialmente en la ermita del Calvario, buscaba asiduamente la voluntad de Dios en cada momento.

Por eso es un ejemplo eximio para los cristianos de hoy, a quienes recuerda que, para ser santo, "es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración" (Novo millennio ineunte, 32). Por tanto, renuevo mi exhortación a todas las comunidades cristianas, de Guatemala y de otros países, a ser auténticas escuelas de oración, donde orar sea parte central de toda actividad. Una intensa vida de piedad produce siempre frutos abundantes.

El hermano Pedro forjó así su espiritualidad, particularmente en la contemplación de los misterios de Belén y de la cruz. Si en el nacimiento e infancia de Jesús ahondó en el acontecimiento fundamental de la Encarnación del Verbo, que le lleva a descubrir casi con naturalidad el rostro de Dios en el hombre, en la meditación sobre la cruz encontró la fuerza para practicar heroicamente la misericordia con los más pequeños y necesitados.

4. Hoy somos testigos de la profunda verdad de las palabras del Salmo que antes hemos recitado: el justo "no temerá. Distribuyó, dio a los pobres; su justicia permanece por los siglos de los siglos" (Sal 111, 8-9). La justicia que perdura es la que se practica con humildad, compartiendo cordialmente la suerte de los hermanos, sembrando por doquier el espíritu de perdón y misericordia.

Pedro de Betancur se distinguió precisamente por practicar la misericordia con espíritu humilde y vida austera. Sentía en su corazón de servidor la amonestación del apóstol Pablo: "Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" (Col 3, 23). Por eso fue verdaderamente hermano de todo el que vive en el infortunio y se entregó con ternura e inmenso amor a su salvación. Así se pone de manifiesto en los acontecimientos de su vida, como su dedicación a los enfermos en el pequeño hospital de Nuestra Señora de Belén, cuna de la Orden Bethlemita.

El nuevo santo es también hoy un apremiante llamado a practicar la misericordia en la sociedad actual, sobre todo cuando son tantos los que esperan una mano tendida que los socorra. Pensemos en los niños y jóvenes sin hogar o sin educación; en las mujeres abandonadas con muchas necesidades que remediar; en la multitud de marginados en las ciudades; en las víctimas de organizaciones del crimen organizado, de la prostitución o la droga; en los enfermos desatendidos o en los ancianos que viven en soledad.

5. El hermano Pedro "es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir por un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación" (Novo millennio ineunte, 7). Esta herencia ha de suscitar en los cristianos y en todos los ciudadanos el deseo de transformar la comunidad humana en una gran familia, donde las relaciones sociales, políticas y económicas sean dignas del hombre, y se promueva la dignidad de la persona con el reconocimiento efectivo de sus derechos inalienables.

Quisiera concluir recordando cómo la devoción a la Santísima Virgen acompañó siempre la vida de piedad y misericordia del hermano Pedro. Que ella nos guíe también a nosotros para que, iluminados por los ejemplos del "hombre que fue caridad", como se conoce a Pedro de Betancur, podamos llegar hasta su hijo Jesús. Amén.

¡Alabado sea Jesucristo!


SEGUNDO MOMENTO: (45 minutos)

# Proclamamos Mt 25, 34-40

"Venid vosotros, benditos de mi Padre (...) Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 34-40)


# ¿Cómo se traducen estas actitudes que indica Jesús en la tarea específica del catequista? Leemos todos juntos las actitudes que indican MADUREZ en el CATEQUISTA

1. Que se conozca a sí mismo/a y sepa encauzar positivamente sus ruidos internos hasta poder acallarlos con serenidad (no reprimirlos). Por este medio podrá mostrar una actitud generadora de confianza y sinceridad en aquellos con los que convive y acompaña.

2. Que se valore suficiente y objetivamente desde Dios y desde su realidad. Por este medio podrá mostrar una actitud de misericordia, una gran dosis de humanidad en sintonía con el Espíritu.

3. Que cuente de antemano con el conflicto como compañero de camino. Esto le permitirá mostrar una actitud agradecida ante lo positivo que la vida trae; también afrontar las frustraciones y dificultades sin exagerarlas ni negarlas. Acoge las diferencias, escucha los conflictos propios y ajenos sin alarmarse.

4. Que viva su compromiso de forma abierta y testimonial. Así mostrará con la vida la disposición a entregarla, dialogar con los acontecimientos, trabajar en equipo, amar lo que hace, saber despedirse en el momento oportuno.

5. Que sabe de sus defectos y reconoce su pecado. Evidenciarlo tiene un efecto impactante. Cuando reconoce sus limitaciones (no las oculta, no las anuncia), simplemente las asume cuando se manifiestan. Cuando pide perdón por su pecado, cuando muestra actitudes de búsqueda y superación, el acompañado lo recibe como un testimonio esperanzador en el camino.

6. Que asume su edad, y sabe situarse en ella sin renunciar nunca a interesarse por la vida. Muestra capacidad de cambio, sabe colocarse en el lugar oportuno, establecer diálogo con otras generaciones. Sabe del amor y del dolor; muestra memoria histórica, memoria agradecida, memoria esperanzada.

7. Que cuenta con amigos y amigas auténticos y verdaderos. Valora la comunidad. Muestra libertad para amar y libertad para entregarse. La pasión por el encuentro y la sabiduría para quedarse sólo. Sabe modular su capacidad de amor, según el momento y circunstancia.

8. Que vive centrado y contento -con otros- su proyecto de vida, con los sinsabores del camino y la alegría de estar donde se tiene que estar. Muestra esta certeza con sencillez y humildad. Bien sabe que podría estar en otro lado, vivir la vida de otra manera. Lo del seguimiento es Gracia.


* Cuestiones para la reflexión personal y puesta en común en el grupo

• ¿Te sientes reflejado en estas actitudes? Pon, junto a ellas un hecho o momento del curso que hayas vivido.
• ¿Cuáles tienes suficientemente afianzadas como catequista?
• ¿Sobre cuáles deberías trabajar a nivel personal?
• ¿Cuál deberíamos trabajar en el grupo de catequista?



TERCER MOMENTO: (20 minutos)

# Ambientamos el lugar para concluir con una celebración en el que se expresen compromisos concretos de SÍES ADULTOS A DIOS… La Biblia y una campanilla estarán colocadas en el centro de nuestro lugar de oración.

1) Comenzamos cantando: Hombres nuevos
2) Proclamamos el texto: Mt 25, 34-40
3) Signo: El Santo Hermano Pedro solía cantar mientras tocaba su campanilla por las calles de Guatemala: “Acordaos hermanos que un alma tenemos y si la perdemos no la recobramos” …presentamos en voz alta aquello que necesito “recordar cambiar en mi tarea de ser catequista” mientras toco una vez la campanilla
4) Acabamos con la oración del Padre nuestro del Hermano Pedro
5) Terminamos volviendo a escuchar el canto: “Bendita tu Luz” de Maná
Publicado por Desconocido @ 9:40  | Comunicados Diocesanos
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