Escrito publicado en la revista "Como las Abejas de la Fundación Canaria "Hogar Santa Rita" del Puerto de la Cruz, con el tçítulo de Carta a mi querido Teófilo del padre Antonio María Hernánez.
Hola, mi querido amigo Teófilo! Paz y Bien.
Si supieras. mi buen amigo, qué gozo siento cada vez que recibo tu carta. Ya casi es parte de mi vida y pido a Dios que nunca se rompa esta amistad tan bonita. Ojalá corresponda yo, con mis palabras, a la confianza que tú has depositado en mí.
Hace apenas unos días nos cruzamos en Alcampo La Villa, cerca precisamente del restaurante de un amigo común, don Juan, el dueño de la Posada del Rey. Me saludaste con una sonrisa y hasta te dije que conservaras esa sonrisa, porque tienes una sonrisa muy bonita. Tú no contestaste. Sencillamente seguiste tu camino, porque ibas acompañado de algunas personas, entre las que se encontraba tu buena señora y tu hijo, el más joven. Noté que tenías como ganas de hablar conmigo; pero ni era el momento adecuado, ni podías tampoco despedir a los que te estaban acompañando.
Hoy, al recibir tu carta y leerla un par de veces, despacio, la verdad que no podía ni imaginarme el momento tan difícil por el que estás pasando.
Me cuentas en tu carta, que ya para ti se acabó la vida, que no tiene ningún sentido el permanecer ni un solo día más viviendo en este planeta y que no tienes valor para contarle lo que te pasa a ti, ni a tu mujer, ni a tus hijos, ni a nadie. Que no entiendes cómo Dios te sigue teniendo vivo en esta Tierra. Que te sientes como un mueble viejo puesto al lado de los contenedores de la basura, para luego tirarlo al PIRS. Que tu estado de ánimo en lugar de ir a mejor, va cada día a peor que te está invadiendo la amargura y la tristeza.
Me cuentas que de encontrarte acostumbrado a estar en un puesto muy alto en la sociedad, ahora estás en el más bajo. Que emigraste desde muy joven a Venezuela y empezaste desde cero y que por tu habilidad en los negocios, llegaste a ser uno de los empresarios de mayor prestigio de ese país, hasta recibir diferentes condecoraciones, de manos de los Presidentes de Venezuela, como consta a través de las fotografías, que han captado el momento de la entrega: Los Presidentes: Rómulo Betancourth, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campín, Jaime Luisinchi, como empresario ejemplar y creador de un montón de puestos de trabajo. Que después de pasar casi cincuenta años de tu vida en Venezuela, te has venido a tu tierra y has dado un poder general a tu hijo, el mayor, que hasta esos momentos nada se hacía, sin contar contigo. Eras como la garantía y el prestigio de tus empresas, y ahora nada de nada.
Pero, ahora todo se te ha vuelto en contra. El dinero que tenías, a plazo, casi no vale nada, con los intereses bajísimos, que te han expropiado una finca en Venezuela y la han invadido unos «ocupas». Que un dinero que tenías allá lo perdiste porque el banco donde lo habías depositado quebró. Ahora en tu casa eres un cero a la izquierda. No consultan nada contigo. Te ignoran. No te piden opinión, ni un consejo. Se ha formado alrededor tuyo como un pacto de silencio y hasta tu mujer se ha aliado con tus hijos y son como un círculo cerrado donde tú no puedes entrar y dicen, con toda la buena fe, que lo hacen para que tú no te preocupes, para que descanses, porque ya has trabajado bastante. Te sientes como un «don nadie», o un idiota. Cuando te despiertas en la mañana, no tienes ilusión por levantarte, porque te preguntas ¿A dónde voy a ir? ¿En qué me voy a ocupar? No tienes ninguna
motivación para ponerte en pie y encima ven normal que sigas acostado y no te obligan a levantarte, pensando, que así descansarás más y estás mejor.
Me dices: hay días y días que no veo a mis hijos. Por lo visto, como les di todo el poder ya no me necesitan. Parece que hasta se olvidan que existo. Y sigo entonces en la cama, sin ganas de nada, hasta que me llaman a comer o un hijo me dice que si quiero que me traigan la comida a la cama. Yo nunca he sido hombre de bares. Siempre he estado entregado a mi familia y por eso no tengo ni amigos y no me apetece ir a la tercera edad. Al fin y al cabo, soy nuevo aquí, en mi propia tierra y un desconocido. Me siento un bicho raro, un ser extraño. Veo pasar los días como una rutina y se me hace larga y pesada la vida y lo peor es que mi misma familia no detecta la horrible depresión que oprime mi corazón. Me miran como si yo tuviera demencia senil o la enfermedad de Alzheimer y yo, por otra parte, cada vez me cierro más y siento una profunda tristeza y ganas hasta de llorar.
Sencillamente me siento utilizado y siento deseos de encerrarme en mi cuarto y pasar la llave y no salir más de allí. No quiero que nadie me hable.
Yo le pregunto, Padre Antonio. Si usted analiza bien mi vida actual, ¿Le ve lógica alguna el que yo siga ocupando un lugar en este Mundo? Me da rabia el seguir haciendo el ridículo, y que mi misma familia me tome por tonto. Quizá yo haya sido el culpable de todo esto; pero yo esperaba de mis hijos y de mi misma Señora otra actitud y otro reconocimiento. Pero la cruda realidad es otra.
Mi buen amigo Teófilo, después de una carta tan larga y tan dolorosa, me he quedado perplejo y casi sin palabras para poder contestarte adecuadamente. Es desconcertante pasar de que, nada se hacía sin contar contigo a que ahora, nunca te hacen ni la menor consulta, como si realmente no existieras o no pintaras nada. De ser un personaje tan importante y con tanto prestigio personal y ser el alma y la vida de todos tus negocios, a pasar a ser una nulidad y considerado como un trasto inútil. Te ves ahora mismo como si te hubieras caído en un terreno pantanoso, con el fango hasta el cuello y los ojos llenos de lágrimas. Quizá por tu gran personalidad y tu amor propio, casi sin darte cuenta, has creado en ti un personaje extraño, que no corresponde en nada con lo que tú eres en realidad.
Tú eras un hombre conversador, simpático, abierto, con un especial «don de gentes». Ahora te has convertido en un hombre introvertido, callado, tristón, deprimido, acabado, casi huraño. De ser un hombre adinerado, respetado, consultado, que hasta te llegaron a invitar a dar charlas en varias universidades, hasta ahora ser un personaje ignorado, marginado y sin poder disponer libremente ni de un euro. Eras realmente toda una autoridad, como persona y como empresario, y ahora, no te dicen: «ni por ahí te pudras». De ser un don alguien, has pasado a ser, un don nadie. No se enteran ni que vives, ni te llaman para nada ¡Qué cruel y qué injusta es la vida en este planeta! Un hombre que manejaba millones y ahora tiene que pedir dinero hasta para tomarse un cortado.
Es horrible ver cómo una empresa que tú empezaste desde cero y la llevaste a un punto tan alto, llegar a ser una de las empresas más importantes del país, en su especialidad, hasta ver ahora, que nadie te reconoce tanto esfuerzo y ni siquiera te piden un consejo o tu punto de vista. Te miran como un desconocido, y han conseguido trasladarte al anonimato o al rincón de objetos perdidos. Es lógico que hasta te den ganas de llorar y desaparecer del mapa.
Mi buen amigo Teófilo. ¡Qué te puedo decir! Tú eres un hombre de mucha experiencia, y muy golpeado por la vida y también muy confiado, un hombre sencillo y recto, sólido como un bloque de mármol. Pero el hombre siempre es una sorpresa y tiene reacciones imprevisibles. No te han salido las cosas como pensabas. Es normal que te sientas como una marioneta y tu amor propio te impide el poner las cartas sobre la mesa, porque encima, legalmente has perdido todo tu poder. Tu firma no hace falta para nada. No obstante creo que si tu quieres puedes anular el poder dado. No sé cómotienes tus papeles. Pero con la edad que tienes, no creo tampoco que sea aconsejable que vuelvas a ponerte al frente de los negocios, que ya no son tuyos, porque así lo decidiste tú mismo, de buena fe y el poco poder que tenías, lo delegaste en tu mujer, por ser más joven que tú. Pero creo que todavía puedes reservarte en firmar los documentos que tú estimes para ver si así al menos se dirigen a ti.
Está claro que tienes que levantarte cada día y no parar el reloj de tu actividad. Creo que conviene sentarte a pensar, aceptar la edad que tienes. También aceptar todo lo que te está ocurriendo, aún lo de los bienes, que aún te quedan en Venezuela. Tienes que salir de tu casa, buscar alguna actividad, aceptar que tu situación es distinta. No se trata de que te llenes ahora de vicios. Tienes que ser realista y saber que la mayoría de tus amigos quedaron en Venezuela, que el prestigio como empresario y tu fama como líder, la tienes allá y aquí nadie conoce esa faceta tuya. Entonces no te extrañes, hasta que alguien te recuerde que nada tenías cuando emigraste a Venezuela.
Son cincuenta años fuera de tu tierra y esto tiene un precio. Ahora tienes que buscar nuevas actividades. Te fuiste muy joven y los amigos de aquel entonces o ya no existen o han buscado su rumbo. Tienes que salir hacia fuera, buscar nuevos amigos. Relacionarte. El club de la tercera edad no te dice nada y, con todo lo que te ha pasado, no tienes ni humor para emprender nuevos caminos. Cuanto más te encierres en tu casa, más te va a costar salir. Sin pretenderlo terminarás hasta acomplejándote y sintiéndote una persona rara, triste y aislada y eso es terrible porque la depresión lejos de quitarse se te agrava más, y terminará hundiéndote, sin querer hablar ni con tus familiares. Y cuanto más tiempo pase, peor. La vida vale la pena vivirla, aunque sea con dificultades. Sin embargo, tienes que caminar por caminos nuevos y distintos.
Es muy fuerte el pasar de una actividad frenética y con un círculo enorme de amigos en Venezuela, a llegar a cero actividad y cero amigos y por si fuera poco, ni tu familia cuenta contigo y tú que eras tan hablador en otro tiempo, ahora pareces un «monje Cartujo», en silencio todo el tiempo y sin ganas de vivir, o sólo de estar todo el tiempo echado en la cama.
Vente a Santa Rita de voluntario, a hacer feliz a un montón de ancianos. Entre ellos hay más de doscientos procedentes de Venezuela, que hablan tu lenguaje y de «los corotos» y «las bainas» y las arepas, y las «recheras» y los cambures y las yucas, y de «Quinta Crespo» y de las Torres del Silencio y la Isla Margarita, La Guaira. Maracaibo, Cagua, Villa de Cura o Barquisimeto, el Río Orinoco, Ciudad Bolívar, Los Teques, Puerto Cabello, o el Tocuyo, o el Río Manzanares, o Mérida, Coloncito, o la Laguna de Valencia, o El Tigrito. Así volverás a revivir tiempos maravillosos de tu vida, un tanto desentendido de tus empresas. feliz de haber creado, un día, unas empresas de prestigio, de haber dado muchos puestos de trabajo y haber hecho a lo largo de tu vida tanto bien, aunque ahora, nadie te lo valore. ni lo reconozca. Ahora tienes que meterte en el terreno de la fe y saber, con seguridad que Dios, sí sabe quién eres y cuánto has luchado y hecho en la vida y llegará un tiempo aunque tú no lo veas, que la historia ponga a cada uno en su sitio. Dios te quiere y te quiere con ese maravilloso talante simpático y con esa sonrisa tan típica tuya, que tenías cuando eras un gran comerciante. Lo que de ningún modo debes hacer ahora es quedarte ahí, encerrado en cuatro paredes, inactivo total y mudo.
Tienes que aceptar tu nueva situación y emprender una vida distinta. Todavía tú puedes ser muy útil y hacer muchas cosas, aceptando tus limitaciones. Tú no puedes conformarte en ser un personaje del pasado y «vivir de rentas», ahora, si quieres, eres aún más importante. Te avala tu experiencia, tu talante luchador, que no debes dejar que se pierda, ni sueltes la totalidad de, las riendas. Son muchos los que aún te necesitan. Seguiremos conversando. Chao.
Antonio María Hernández Hernández
Hola, mi querido amigo Teófilo! Paz y Bien.
Si supieras. mi buen amigo, qué gozo siento cada vez que recibo tu carta. Ya casi es parte de mi vida y pido a Dios que nunca se rompa esta amistad tan bonita. Ojalá corresponda yo, con mis palabras, a la confianza que tú has depositado en mí.
Hace apenas unos días nos cruzamos en Alcampo La Villa, cerca precisamente del restaurante de un amigo común, don Juan, el dueño de la Posada del Rey. Me saludaste con una sonrisa y hasta te dije que conservaras esa sonrisa, porque tienes una sonrisa muy bonita. Tú no contestaste. Sencillamente seguiste tu camino, porque ibas acompañado de algunas personas, entre las que se encontraba tu buena señora y tu hijo, el más joven. Noté que tenías como ganas de hablar conmigo; pero ni era el momento adecuado, ni podías tampoco despedir a los que te estaban acompañando.
Hoy, al recibir tu carta y leerla un par de veces, despacio, la verdad que no podía ni imaginarme el momento tan difícil por el que estás pasando.
Me cuentas en tu carta, que ya para ti se acabó la vida, que no tiene ningún sentido el permanecer ni un solo día más viviendo en este planeta y que no tienes valor para contarle lo que te pasa a ti, ni a tu mujer, ni a tus hijos, ni a nadie. Que no entiendes cómo Dios te sigue teniendo vivo en esta Tierra. Que te sientes como un mueble viejo puesto al lado de los contenedores de la basura, para luego tirarlo al PIRS. Que tu estado de ánimo en lugar de ir a mejor, va cada día a peor que te está invadiendo la amargura y la tristeza.
Me cuentas que de encontrarte acostumbrado a estar en un puesto muy alto en la sociedad, ahora estás en el más bajo. Que emigraste desde muy joven a Venezuela y empezaste desde cero y que por tu habilidad en los negocios, llegaste a ser uno de los empresarios de mayor prestigio de ese país, hasta recibir diferentes condecoraciones, de manos de los Presidentes de Venezuela, como consta a través de las fotografías, que han captado el momento de la entrega: Los Presidentes: Rómulo Betancourth, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campín, Jaime Luisinchi, como empresario ejemplar y creador de un montón de puestos de trabajo. Que después de pasar casi cincuenta años de tu vida en Venezuela, te has venido a tu tierra y has dado un poder general a tu hijo, el mayor, que hasta esos momentos nada se hacía, sin contar contigo. Eras como la garantía y el prestigio de tus empresas, y ahora nada de nada.
Pero, ahora todo se te ha vuelto en contra. El dinero que tenías, a plazo, casi no vale nada, con los intereses bajísimos, que te han expropiado una finca en Venezuela y la han invadido unos «ocupas». Que un dinero que tenías allá lo perdiste porque el banco donde lo habías depositado quebró. Ahora en tu casa eres un cero a la izquierda. No consultan nada contigo. Te ignoran. No te piden opinión, ni un consejo. Se ha formado alrededor tuyo como un pacto de silencio y hasta tu mujer se ha aliado con tus hijos y son como un círculo cerrado donde tú no puedes entrar y dicen, con toda la buena fe, que lo hacen para que tú no te preocupes, para que descanses, porque ya has trabajado bastante. Te sientes como un «don nadie», o un idiota. Cuando te despiertas en la mañana, no tienes ilusión por levantarte, porque te preguntas ¿A dónde voy a ir? ¿En qué me voy a ocupar? No tienes ninguna
motivación para ponerte en pie y encima ven normal que sigas acostado y no te obligan a levantarte, pensando, que así descansarás más y estás mejor.
Me dices: hay días y días que no veo a mis hijos. Por lo visto, como les di todo el poder ya no me necesitan. Parece que hasta se olvidan que existo. Y sigo entonces en la cama, sin ganas de nada, hasta que me llaman a comer o un hijo me dice que si quiero que me traigan la comida a la cama. Yo nunca he sido hombre de bares. Siempre he estado entregado a mi familia y por eso no tengo ni amigos y no me apetece ir a la tercera edad. Al fin y al cabo, soy nuevo aquí, en mi propia tierra y un desconocido. Me siento un bicho raro, un ser extraño. Veo pasar los días como una rutina y se me hace larga y pesada la vida y lo peor es que mi misma familia no detecta la horrible depresión que oprime mi corazón. Me miran como si yo tuviera demencia senil o la enfermedad de Alzheimer y yo, por otra parte, cada vez me cierro más y siento una profunda tristeza y ganas hasta de llorar.
Sencillamente me siento utilizado y siento deseos de encerrarme en mi cuarto y pasar la llave y no salir más de allí. No quiero que nadie me hable.
Yo le pregunto, Padre Antonio. Si usted analiza bien mi vida actual, ¿Le ve lógica alguna el que yo siga ocupando un lugar en este Mundo? Me da rabia el seguir haciendo el ridículo, y que mi misma familia me tome por tonto. Quizá yo haya sido el culpable de todo esto; pero yo esperaba de mis hijos y de mi misma Señora otra actitud y otro reconocimiento. Pero la cruda realidad es otra.
Mi buen amigo Teófilo, después de una carta tan larga y tan dolorosa, me he quedado perplejo y casi sin palabras para poder contestarte adecuadamente. Es desconcertante pasar de que, nada se hacía sin contar contigo a que ahora, nunca te hacen ni la menor consulta, como si realmente no existieras o no pintaras nada. De ser un personaje tan importante y con tanto prestigio personal y ser el alma y la vida de todos tus negocios, a pasar a ser una nulidad y considerado como un trasto inútil. Te ves ahora mismo como si te hubieras caído en un terreno pantanoso, con el fango hasta el cuello y los ojos llenos de lágrimas. Quizá por tu gran personalidad y tu amor propio, casi sin darte cuenta, has creado en ti un personaje extraño, que no corresponde en nada con lo que tú eres en realidad.
Tú eras un hombre conversador, simpático, abierto, con un especial «don de gentes». Ahora te has convertido en un hombre introvertido, callado, tristón, deprimido, acabado, casi huraño. De ser un hombre adinerado, respetado, consultado, que hasta te llegaron a invitar a dar charlas en varias universidades, hasta ahora ser un personaje ignorado, marginado y sin poder disponer libremente ni de un euro. Eras realmente toda una autoridad, como persona y como empresario, y ahora, no te dicen: «ni por ahí te pudras». De ser un don alguien, has pasado a ser, un don nadie. No se enteran ni que vives, ni te llaman para nada ¡Qué cruel y qué injusta es la vida en este planeta! Un hombre que manejaba millones y ahora tiene que pedir dinero hasta para tomarse un cortado.
Es horrible ver cómo una empresa que tú empezaste desde cero y la llevaste a un punto tan alto, llegar a ser una de las empresas más importantes del país, en su especialidad, hasta ver ahora, que nadie te reconoce tanto esfuerzo y ni siquiera te piden un consejo o tu punto de vista. Te miran como un desconocido, y han conseguido trasladarte al anonimato o al rincón de objetos perdidos. Es lógico que hasta te den ganas de llorar y desaparecer del mapa.
Mi buen amigo Teófilo. ¡Qué te puedo decir! Tú eres un hombre de mucha experiencia, y muy golpeado por la vida y también muy confiado, un hombre sencillo y recto, sólido como un bloque de mármol. Pero el hombre siempre es una sorpresa y tiene reacciones imprevisibles. No te han salido las cosas como pensabas. Es normal que te sientas como una marioneta y tu amor propio te impide el poner las cartas sobre la mesa, porque encima, legalmente has perdido todo tu poder. Tu firma no hace falta para nada. No obstante creo que si tu quieres puedes anular el poder dado. No sé cómotienes tus papeles. Pero con la edad que tienes, no creo tampoco que sea aconsejable que vuelvas a ponerte al frente de los negocios, que ya no son tuyos, porque así lo decidiste tú mismo, de buena fe y el poco poder que tenías, lo delegaste en tu mujer, por ser más joven que tú. Pero creo que todavía puedes reservarte en firmar los documentos que tú estimes para ver si así al menos se dirigen a ti.
Está claro que tienes que levantarte cada día y no parar el reloj de tu actividad. Creo que conviene sentarte a pensar, aceptar la edad que tienes. También aceptar todo lo que te está ocurriendo, aún lo de los bienes, que aún te quedan en Venezuela. Tienes que salir de tu casa, buscar alguna actividad, aceptar que tu situación es distinta. No se trata de que te llenes ahora de vicios. Tienes que ser realista y saber que la mayoría de tus amigos quedaron en Venezuela, que el prestigio como empresario y tu fama como líder, la tienes allá y aquí nadie conoce esa faceta tuya. Entonces no te extrañes, hasta que alguien te recuerde que nada tenías cuando emigraste a Venezuela.
Son cincuenta años fuera de tu tierra y esto tiene un precio. Ahora tienes que buscar nuevas actividades. Te fuiste muy joven y los amigos de aquel entonces o ya no existen o han buscado su rumbo. Tienes que salir hacia fuera, buscar nuevos amigos. Relacionarte. El club de la tercera edad no te dice nada y, con todo lo que te ha pasado, no tienes ni humor para emprender nuevos caminos. Cuanto más te encierres en tu casa, más te va a costar salir. Sin pretenderlo terminarás hasta acomplejándote y sintiéndote una persona rara, triste y aislada y eso es terrible porque la depresión lejos de quitarse se te agrava más, y terminará hundiéndote, sin querer hablar ni con tus familiares. Y cuanto más tiempo pase, peor. La vida vale la pena vivirla, aunque sea con dificultades. Sin embargo, tienes que caminar por caminos nuevos y distintos.
Es muy fuerte el pasar de una actividad frenética y con un círculo enorme de amigos en Venezuela, a llegar a cero actividad y cero amigos y por si fuera poco, ni tu familia cuenta contigo y tú que eras tan hablador en otro tiempo, ahora pareces un «monje Cartujo», en silencio todo el tiempo y sin ganas de vivir, o sólo de estar todo el tiempo echado en la cama.
Vente a Santa Rita de voluntario, a hacer feliz a un montón de ancianos. Entre ellos hay más de doscientos procedentes de Venezuela, que hablan tu lenguaje y de «los corotos» y «las bainas» y las arepas, y las «recheras» y los cambures y las yucas, y de «Quinta Crespo» y de las Torres del Silencio y la Isla Margarita, La Guaira. Maracaibo, Cagua, Villa de Cura o Barquisimeto, el Río Orinoco, Ciudad Bolívar, Los Teques, Puerto Cabello, o el Tocuyo, o el Río Manzanares, o Mérida, Coloncito, o la Laguna de Valencia, o El Tigrito. Así volverás a revivir tiempos maravillosos de tu vida, un tanto desentendido de tus empresas. feliz de haber creado, un día, unas empresas de prestigio, de haber dado muchos puestos de trabajo y haber hecho a lo largo de tu vida tanto bien, aunque ahora, nadie te lo valore. ni lo reconozca. Ahora tienes que meterte en el terreno de la fe y saber, con seguridad que Dios, sí sabe quién eres y cuánto has luchado y hecho en la vida y llegará un tiempo aunque tú no lo veas, que la historia ponga a cada uno en su sitio. Dios te quiere y te quiere con ese maravilloso talante simpático y con esa sonrisa tan típica tuya, que tenías cuando eras un gran comerciante. Lo que de ningún modo debes hacer ahora es quedarte ahí, encerrado en cuatro paredes, inactivo total y mudo.
Tienes que aceptar tu nueva situación y emprender una vida distinta. Todavía tú puedes ser muy útil y hacer muchas cosas, aceptando tus limitaciones. Tú no puedes conformarte en ser un personaje del pasado y «vivir de rentas», ahora, si quieres, eres aún más importante. Te avala tu experiencia, tu talante luchador, que no debes dejar que se pierda, ni sueltes la totalidad de, las riendas. Son muchos los que aún te necesitan. Seguiremos conversando. Chao.
Antonio María Hernández Hernández

