sábado, 31 de marzo de 2007
Escrito publicado en la HOJA DE DIFUSIÓN DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA - PUERTO DE LA CRUZ "Como las hormigas" número 91

EJEMPLOS QUE NOS AYUDAN, TRAÍDOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ


Leonardo de Puerto Mauricio, cuenta el siguiente hecho: Un libertino conmovido por la gracia de Dios mientras estuvo escuchando un sermón, resolvió hacer confesión general. Escribió sus pecados en un papel y con esta lista se dirigía a la iglesia para reconciliarse con el Señor. Por el camino encontró a su cómplice, que le incito a entrar en su casa. El hombre cayó en la tentación, diciéndose: «Después de todo, no será sino un pecado más que confesar». Mas no pudo confesar ni aquel pecado ni los anteriores que llevaba apuntados. Le llevaron muerto de aquella casa.

Fue una noche de Carnaval, en Madrid. Un joven pregunta por el Padre Rubio. Es urgente, para confesar a un moribundo. ¿En donde vive? El desconocido tarda en dar la dirección. Al fin, la dice. Don Carlos Villarramiel, que está presente, frunce el ceño, se vuelve al Padre Rubio y le dice: «Padre, esa casa.... iEs una casa mala! La contestación: «A cualquier parte iré yo con tal de salvar un alma - ¡Acompáñeme!».
En el cuartucho de la casa pública está preparada ya la celada. iQué campanada sonará mañana en Madrid cuando se divulgue la fotografía del «santo Padre Rubio» sor-prendido en plena juerga en una casa de prostitución! Tres muchachos tramaron la broma. En un rincón, disimulada está la cámara fotográfica y la lámpara de magnesio para el fogonazo en el momento oportuno. Los muchachos echan suerte: Uno de ellos ha de acostarse y fingirse enfermo. Cuatro meretrices están escondidas en un rincón para surgir en el momento oportuno.
Se corre la cortina de la alcoba. El enfermo fingido ya se ha tumbado. Entra el Padre Rubio «¿Dónde esta el enfermo?» «Aquí, Padre; está muy malo, ¿Sabe usted? Y el pobre se quiere confesar...» El Padre Rubio se acerca a la cortina. En un rincón una mano enciende ya un fósforo para inflamar el magnesio. Pero el P Rubio, sin tocar la cortina, se encara con los que le han llamado, y exclama: «¿Por qué me han llamado tan tarde? El muchacho ha muerto ya» No, Padre... «Uno de los muchachos descorre la cortina y toca al falso enfermo: «Oye tú, ¿Verdad que te quieres confesar...? Un escalofrío le ha corrido de pies a cabeza. Sí, ha muerto. Con los ojos dilatados por el terror, clavados en el cielo.

Hace varios años quería un inglés salir para América. En el momento de embarcar se rompió una pierna y hubo que renunciar al viaje.
Sus amigos se lamentaban de ello, más él replicó: Lo que Dios hace esta bien hecho. Al día siguiente corrió la noticia de que había naufragado el buque con todos los pasajeros.
¡Ya veis! Dijo el inglés a sus amigos. Lo que Dios hace, bien hecho está. A veces lo que nos parece un mal, resulta un bien para nosotros. Confiemos siempre en Dios.
Publicado por Desconocido @ 1:36  | Espiritualidad
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