domingo, 01 de abril de 2007
Artículo sacado de la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA, número 91, escrito por el Padre Antonio María Hernández.

MISERICORDIA Y PERDÓN


En una de las bienaventuranzas dice el Señor: Dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. «Miser», significa miseria, miserable y «cordia» que tiene un gran corazón. Es decir, ser misericordioso es tener un gran corazón para ser comprensivos con las miserias de los demás para que Dios tenga un gran corazón ante las miserias nuestras.

¿Quién no tiene miserias? ¿Quién no tiene fallos? ¿Quién no se equivoca nunca? ¿Quién es perfecto? ¿Quién lo tiene todo que no le falte nada? Lo importante es que nos demos cuenta que tenemos miserias, que somos miserables. Reconocer que metemos la pata. Reconocer que hemos hecho mal, que nos hemos equivocado. Reconocer que no lo sabemos todo, que los demás también saben, que los demás tienen algo que enseñarnos. Reconocer que tenemos nuestras limitaciones, que no lo podemos todo. El primer paso para uno curarse de una enfermedad es reconocer que estamos enfermos. El segundo paso seria ir el médico y el tercero, tomarnos los medicamentos. Por eso para ser comprensivos con las miserias y los fallos de los demás tenemos primero que darnos cuenta de nuestras miserias. Mirarnos a nosotros mismos y reconocer nuestras carencias. iNos faltan tantas cosas!.

Tener un corazón acogedor para con los demás. Ser sencillos, ser delicados, tener mucho cuidado en no andar descubriendo los fallos que tienen los demás. Ser como las abejas y no como las moscas. Las moscas siempre van a lo podrido, las abejas siempre van a extraer lo mejor de cada flor, para elaborar ese exquisito panal de miel, que encima se lo comen otros.
Qué hermoso es irnos acostumbrando a mirar en cada uno de los que nos encontremos en la vida lo mejor que tienen y decirles !o de bueno que tiene cada uno. Mira: yo sé algo bueno de ti. Me dijeron algo bueno de ti. iCuánto te aprecian! iQué bien te salió todo! iQué sonrisa tan maravillosa tiene usted! Dicho, por supuesto, sin hipocresía, sino sintiéndolo. Y descubrir la simpatía que tienen los demás, y reconocer que los demás tienen buenas cualidades.
Solamente el envidioso, el celoso, no ve nada bueno o todo lo ve feo. La vida es bella, y en este valle de lágrimas tenemos que saber convivir y saber adaptarnos a los demás. Para eso tenemos que tener mucho aguante, llevarnos bien, pasar por alto las pequeñas cosas o fallos de los demás. Uno no puede cambiar a los demás; pero sí se puede cambiar a si mismo. Arréglate tú, no faltes a nadie, contesta bien, pide las cosas con educación y buenos modales, ten respeto a los demás, aunque sean más jóvenes que tú. Dios es infinitamente misericordioso porque te ama de una manera infinita. Por eso te perdona tanto, una y otra vez y cuantas veces reconozcamos que nos hemos equivocado. Dios perdona siempre, y te aguanta siempre y «medio se hace el tonto». No nos espanta. Nos quiere dar nuevas oportunidades. Así debemos también hacer nosotros con los demás. Aprendamos de Dios a ser más flexibles, más tolerantes, más comprensivos.

¡Ay los demás, los demás! Cada persona es un mundo y es un mundo complicado y misterioso. En cada persona hay un montón de problemas, depresiones, tristezas, problemas de familia, problemas de amistad, desengaños, inseguridad, desprecios, recibidos a veces hasta de personas que dicen quererte. Esto es lo que hay. Esta es la realidad. La realidad, para que no sea así, tenemos que empezar a cambiarla tú y yo con nuestra manera de ser, colaborando, ayudando a otro, escuchando, soportando las contrariedades, perdonando una y otra vez y mirar hacia delante. No recordando más lo de atrás cuando lo de atrás tiene malos recuerdos o abre heridas ya cerradas. No hagas nada que sirva para amargarle la vida a los demás. No le hagas la vida imposible a nadie. No sigas machacando, una y otra vez, con lo mismo. Cállate o di algo mejor que el silencio. Echa una mano, ayuda, sonríe. No le eches más leña al fuego, cuando algo va mal. No sigas insistiendo en lo que no te pueden dar. Busca lo bueno que hay en los demás. Alégrate de que los demás triunfen. No andes con chismes que puedan herir. No andes sacando el pellejo a los demás por detrás. Da la cara, y muchas de las veces es mejor callar. No imites nunca lo que está mal. No seas cómplice del mal. No te escabulles. No te quites la responsabilidad que es tuya. No andes siempre buscando culpables, como si tú nunca hubieras roto un plato, y no escondas los platos rotos.

Tratemos cada día de cambiar, de rectificar. Hoy ha comenzado un nuevo día, algo maravilloso. Ilusiónate con el día. Amanecimos vivos, iBendito sea Dios! Pues, a poner de nuestra
parte todo lo que contribuya a mejorar la situación. Tenemos el momento presente para hacer algo bueno, No perdamos el tiempo. Seamos organizados y que cada uno en el lugar que esté ponga amor en lo que hace y trate de hacerlo de la mejor manera que Dios le de a entender, sin meterse con nadie, sin juzgar a nadie. Adelante. Siempre es nueva la vida, siempre es nuevo el amor. Así dice la canción.

De pequeño yo creía que lo más fácil que había en la vida era amar y perdonar. Mi madre nos enseñó a perdonar, a no guardar nunca rencor a nadie. ¡Cuánto me ha ayudado esta educación, recibida de mis padres! He de decir que no sé odiar, por mucho daño que me hagan. Luego pienso que es lógico que yo perdone a cuantos de alguna manera también me han hecho daño. ¡Cuánta gente me ha perdonado en mi vida! De un modo muy especial, cuántas veces me ha amado el Señor. Cuánto me ha enseñado al Señor. Aún estás titubeando, si perdonas o no, golpeando diente contra diente, nervioso iQué es la vida del hombre en la Tierra sino una cadena de caídas y levantadas! Dios nos quiere de pie, con la cabeza levantada, y por eso nos perdona tanto. A cuánta gente hemos perjudicado a lo largo de la vida y quizá muchas ya han muerto y no les has pedido perdón. O muchos quizá hundimos y jamás lograron levantarse. Tengamos todo esto en cuenta para ser más comprensivos.

Es increíble la cantidad de veces que nos hemos equivocado y nuestro Padre Dios, sigue dándonos chorros de vida y extendiendo su perdón a cada una de nuestras equivocaciones, dándonos una y otra vez, nuevas oportunidades. iDios mío, Dios mío! ¡Cuánto nos quieres! iQué maravilloso es vivir! Y, vivir es sentirse amado. También el Señor nos está diciendo, que perdonemos, que hagamos igual que El. Que rompamos ficha. Mejor, jamás fichemos a nadie. Dios se distingue precisamente por ser «un rompe fichas», cada vez que le decimos «lo siento Señor, perdóname, no me lo tomes en cuenta»; pero Dios al perdonarte y olvidar definitivamente tus fallos te está diciendo, que ese perdón es condicionado a que tú hagas igual con los demás. Amemos, aunque nos equivoquemos. Amemos sin recordar jamás cuanto nos hayan ofendido, igual que el Señor. En nuestro paso por este valle de lágrimas a cuántas personas hemos hecho daño, quizá bastantes veces sin hacerlo «adrede», de una manera indirecta o según la manera de decir las cosas. ¡Cuántas omisiones! ¡Cuántas ocasiones perdidas de hacer una buena obra! ¡Cuántos que ya no están en este mundo y se fueron sin reconciliarse, quizá hasta con odio o rabia por dentro, quizá hasta alguno pudo perder su alma por culpa de un mal ejemplo mío, por culpa de un escándalo! ¡Cuántos han perdido la fe, o han cambiado de religión por culpa de un mal ejemplo, de alguien que le indujo a un pecado, de la lectura de un libro que le hizo mucho daño, o una película, o un reportaje en la televisión! ¡Cuántas personas se han hundido para siempre por culpa de una calumnia, de una acusación injusta, de un despido improcedente! ¡Cuántos marginados de la sociedad, aislados, amordazados! ¡Cuántos derechos atropellados! ¡Cuánto odio todavía en la Tierra! ¡Cuánta crueldad! Y tú, Señor, gritando una y otra vez, golpean-do en nuestro corazón fuertemente para que seamos misericordiosos. Que nos importe el dolor, el problema ajeno. iVuelve Señor a la Tierra! iVuelve de nuevo, porque el mal está cubriendo esta tierra que un día llenaste tú de amor con la Creación.

Dios pone de manifiesto su poder precisamente por su perdón y su misericordia. Hay que tener muchas toneladas de amor para saber perdonar y jamás recordar la ofensa. Dios cuando perdona borra de su memoria la ofensa. Así debe ser como cuando borras un mensaje de tu móvil o le das a la tecla de «todos los mensajes borrados» y mirar hacia delante. No te importe que tengas fama de blando, y que te convenzan fácilmente para que perdones y pases página cuando te ofenden. Esto es preferible a que tengas fama de intransigente, duro, y no digamos cruel o injusto. Siempre es mejor que la balanza se incline hacia la bondad, la dulzura, la comprensión. En definitiva, que hasta instintivamente, nos salga siempre el perdón, aún antes que nos lo pidan o sin pedirlo.

Esa es la actitud del Señor, que sabe mejor que nadie «de qué barro estamos hecho». No te empeñes, pues, en gastarte y desgastarte en demostrar que aunque me perdones y no guardas rencor, sin embargo jamás olvidarás la ofensa que te hicieron. Desde luego si Dios actuara así contigo, arreglado estarías. Hay que ser coherentes con las palabras del Padre Nuestro «no te olvides que las condiciones para que el Señor te perdone las estas poniendo tú mismo» Perdóname del mismo modo que yo perdono.

Antonio María Hernández y Hernández
Publicado por Desconocido @ 0:10  | Espiritualidad
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