Artículo semanal del padre Fernando Lorente , o.h., perteneciente al miércoles 18 de Abril de 2007, pblicado en EL DÍA, en la sección "criterios" bajo el epígrafe "Luz en el Camino.
APRENDER a vivir es la primera exigencia responsable de aquellas personas que se deciden por el estado matrimonial. ¿Qué es y cómo se entiende el matrimonio cristiano?: Así nos lo explica Juan Pablo II en su Mensaje TOTUS TUUS (l983): "Si el matrimonio cristiano es comparable a una montaña muy alta que sitúa a los esposos en las inmediatas cercanías de Dios, hay que reconocer que la ascensión a dicha montaña exige mucho tiempo y mucha fatiga. Pero ¿podría ser esta la razón para suprimirla o rebajar su altura? ¿Acaso no es un hecho que la persona humana se realiza con plenitud y domina el universo gracias a ascensiones morales y espirituales, mucho más que por logros técnicos e incluso especiales, por admirables que sean? Haremos juntos una peregrinación a las fuentes del matrimonio y trataremos luego de evaluar su dinamismo al servicio de los esposos, de los hijos, de la sociedad y de la Iglesia. Finalmente, uniremos las fuerzas para promover una pastoral familiar cada vez más eficiente. Estos son los títulos de nobleza del matrimonio cristiano. Son manantial de luz y fuerza para la realización cotidiana de la vocación conyugal y familiar en beneficio de los mismos esposos, de sus hijos, de la sociedad en que viven y de la Iglesia de Cristo".
Para mantenerse en este compromiso, los esposos deben oponerse con firmeza a esta realidad manifestada por un crítico español de los acontecimientos sociales y religiosos de nuestros tiempos: "No es para dudar de que una mayor parte de los esposos cristianos viven su matrimonio sin sospechar siquiera la grandeza que encierra su vida matrimonial. Muchos de ellos, para el día de la boda, aceptan fácilmente una cuidadosa predicación, incluso la exigen, pero pocas veces se sienten invitados a vivir con gozo la mística que debería animar y dar sentido a su matrimonio que aquí indicamos. Este es el origen y el cultivo de tantas familias rotas, separadas. No hay que olvidar que las exigencias morales del matrimonio sólo se entienden cuando se intuye de alguna manera el misterio que los esposos están llamados a vivir y disfrutar. Y esto requiere que lo más urgente y apasionante para la pareja cristiana es que entiendan bien lo que significa "casarse por la Iglesia", celebrando el sacramento matrimonial cristiano.
Cuando los creyentes se casan por la Iglesia, y lo que buscan es convertir su amor en "sacramento", es decir, en "signo" o "señal" del amor que Dios vive hacia sus criaturas. Esto es lo que los novios quieren decir con su gesto en el momento de la boda: "Nosotros nos queremos con tal hondura y fidelidad, con tanta ternura y entrega, de manera tan total, que nos atrevemos a presentarnos con nuestro amor como sacramento, es decir, como signo del amor que Dios nos tiene. En adelante, cuando veáis cómo nos queremos, podréis intuir, aunque sea de manera deficiente e imperfecta, y decirnos: "cómo os quiere Dios". Y este amor prometido y así sentido se convierte en sacramento precisamente porque los dos, comienzan a ser "sacramento" de Dios entre sí. Al casarse, los esposos cristianos se dicen y se prometen uno al otro: "yo te amaré de tal manera que cuando te sientas querido(a) por mí, podrás percibir el amor con que Dios te quiere".
Esta es la razón, la única, del porqué el matrimonio no es sólo un sacramento, sino un estado sacramental. Y la boda es el inicio de una vida en la que los esposos pueden y deben descubrir a Dios en su propio amor matrimonial. Los esposos deben mutuamente ser conscientes de que nunca es tarde para progresar en el aprendizaje de vivir con más hondura en su estado matrimonial. Recuerden siempre a Cristo que iluminó con su presencia la boda Caná, que les enseñó a beber todavía un "vino", el mejor de la boda, de su existencia matrimonial. Pero para esto, no olviden lo más importante, lo más decisivo, que es suplicar y confiar en la intercesión de la Virgen para salir del mayor apuro que les pueda presentar en cualquier momento. Ella les indicará. "Haced lo que El os diga". Amaos siempre, sin adornos falsos, sin compensaciones egoístas, con la verdad del amor entrañable, mutuo y constante. Esto es convertir el "agua" de la monotonía de tantos momentos de la vida matrimonial en el "vino" sabroso, fuerte y vital para despertar alegría y vital para la salud en la vida matrimonial. Esto es casarse por la Iglesia y vivir en Ella y en la sociedad.
* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios
Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *
Como recuerdo y mensaje de alegría a mis sobrinos David y Ana en su Boda cristiana (21-IV-2007)
y todas las parejas que hayan recibido
o reciban este Sacramento
y todas las parejas que hayan recibido
o reciban este Sacramento
APRENDER a vivir es la primera exigencia responsable de aquellas personas que se deciden por el estado matrimonial. ¿Qué es y cómo se entiende el matrimonio cristiano?: Así nos lo explica Juan Pablo II en su Mensaje TOTUS TUUS (l983): "Si el matrimonio cristiano es comparable a una montaña muy alta que sitúa a los esposos en las inmediatas cercanías de Dios, hay que reconocer que la ascensión a dicha montaña exige mucho tiempo y mucha fatiga. Pero ¿podría ser esta la razón para suprimirla o rebajar su altura? ¿Acaso no es un hecho que la persona humana se realiza con plenitud y domina el universo gracias a ascensiones morales y espirituales, mucho más que por logros técnicos e incluso especiales, por admirables que sean? Haremos juntos una peregrinación a las fuentes del matrimonio y trataremos luego de evaluar su dinamismo al servicio de los esposos, de los hijos, de la sociedad y de la Iglesia. Finalmente, uniremos las fuerzas para promover una pastoral familiar cada vez más eficiente. Estos son los títulos de nobleza del matrimonio cristiano. Son manantial de luz y fuerza para la realización cotidiana de la vocación conyugal y familiar en beneficio de los mismos esposos, de sus hijos, de la sociedad en que viven y de la Iglesia de Cristo".
Para mantenerse en este compromiso, los esposos deben oponerse con firmeza a esta realidad manifestada por un crítico español de los acontecimientos sociales y religiosos de nuestros tiempos: "No es para dudar de que una mayor parte de los esposos cristianos viven su matrimonio sin sospechar siquiera la grandeza que encierra su vida matrimonial. Muchos de ellos, para el día de la boda, aceptan fácilmente una cuidadosa predicación, incluso la exigen, pero pocas veces se sienten invitados a vivir con gozo la mística que debería animar y dar sentido a su matrimonio que aquí indicamos. Este es el origen y el cultivo de tantas familias rotas, separadas. No hay que olvidar que las exigencias morales del matrimonio sólo se entienden cuando se intuye de alguna manera el misterio que los esposos están llamados a vivir y disfrutar. Y esto requiere que lo más urgente y apasionante para la pareja cristiana es que entiendan bien lo que significa "casarse por la Iglesia", celebrando el sacramento matrimonial cristiano.
Cuando los creyentes se casan por la Iglesia, y lo que buscan es convertir su amor en "sacramento", es decir, en "signo" o "señal" del amor que Dios vive hacia sus criaturas. Esto es lo que los novios quieren decir con su gesto en el momento de la boda: "Nosotros nos queremos con tal hondura y fidelidad, con tanta ternura y entrega, de manera tan total, que nos atrevemos a presentarnos con nuestro amor como sacramento, es decir, como signo del amor que Dios nos tiene. En adelante, cuando veáis cómo nos queremos, podréis intuir, aunque sea de manera deficiente e imperfecta, y decirnos: "cómo os quiere Dios". Y este amor prometido y así sentido se convierte en sacramento precisamente porque los dos, comienzan a ser "sacramento" de Dios entre sí. Al casarse, los esposos cristianos se dicen y se prometen uno al otro: "yo te amaré de tal manera que cuando te sientas querido(a) por mí, podrás percibir el amor con que Dios te quiere".
Esta es la razón, la única, del porqué el matrimonio no es sólo un sacramento, sino un estado sacramental. Y la boda es el inicio de una vida en la que los esposos pueden y deben descubrir a Dios en su propio amor matrimonial. Los esposos deben mutuamente ser conscientes de que nunca es tarde para progresar en el aprendizaje de vivir con más hondura en su estado matrimonial. Recuerden siempre a Cristo que iluminó con su presencia la boda Caná, que les enseñó a beber todavía un "vino", el mejor de la boda, de su existencia matrimonial. Pero para esto, no olviden lo más importante, lo más decisivo, que es suplicar y confiar en la intercesión de la Virgen para salir del mayor apuro que les pueda presentar en cualquier momento. Ella les indicará. "Haced lo que El os diga". Amaos siempre, sin adornos falsos, sin compensaciones egoístas, con la verdad del amor entrañable, mutuo y constante. Esto es convertir el "agua" de la monotonía de tantos momentos de la vida matrimonial en el "vino" sabroso, fuerte y vital para despertar alegría y vital para la salud en la vida matrimonial. Esto es casarse por la Iglesia y vivir en Ella y en la sociedad.
* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios

