Jueves, 26 de abril de 2007
VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - "Echad las redes de la parte de la misericordia"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - " Sim?n Pedro les dice: ?Voy a pescar? Le contestan ellos: ?Tambi?n nosotros vamos contigo?. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneci?, estaba Jes?s en la orilla; pero los disc?pulos no sab?an que era Jes?s. D?celes Jes?s: ?Muchachos, ?no ten?is pescado?? Le contestaron: No. El les dijo: ?Echad la red a la derecha de la barca y encontrar?is.? La echaron, pues, y ya no pod?an arrastrarla por la abundancia de peces. El disc?pulo a quien Jes?s amaba dice entonces a Pedro: ?Es el Se?or?, se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanz? al mar. Los dem?s disc?pulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada m?s saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. D?celes Jes?s: ?Traed algunos de los peces que acab?is de pescar. (Jn 21, 3-10).
Este es un pasaje encantador que nos habla de la pesa milagrosa de los disc?pulos mandada por el Se?or Resucitado que, al alba de aquel d?a, se revel? a sus amigos por tercera vez. Si el Evangelio no lo hubiera dicho expresamente, no hubi?ramos podido imaginar que el Se?or hubiese preparado ?l mismo el primer desayuno para aquellos pescadores cansados de una noche de trabajo. Hay un toque materno, en este gesto de Jes?s, lleno de solicitud hacia estos pobres hombres afectados por un misterio que les superaba con mucho. Hab?a pasado hacia poco la Pascua, una Pascua que revolucion? su existencia y transform? la historia humana de todo tiempo y lugar; los ap?stoles sent?an que hab?an fracasado, que no hab?an estado a la altura de las expectativas del Mes?as. En esta pesca de Pedro y los disc?pulos se advierte un sentido de agotamiento, casi de rendici?n, no tanto a Dios cu?nto a la propia miseria; con ese "me voy a pescar? de Pedro seguido a continuaci?n por los otros, parece como quisiera decir "total ahora no me queda ninguna otra cosa por hacer".
Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI, en el viaje a Vigevano y Pav?a, del gran San Agust?n, ha comentado con acentos intensamente humanos este momento de la vida de los ap?stoles: "Despu?s del 'esc?ndalo' de la Cruz ellos volvieron a su tierra y a su trabajo de pescadores, es decir a aquellas actividades que desarrollaron antes de encontrar a Jes?s. Volvieron a la vida de antes y a este hacer entender el clima de dispersi?n y extrav?o que reinaba en su comunidad (cfr Mc 14,27; Mt 26,31). Era dif?cil para los disc?pulos comprender lo que hab?a ocurrido. Pero, cuando todo parec?a que hab?a terminado, de nuevo, como en el camino de Emmaus, es Jes?s quien sale al encuentro de sus amigos. Esta vez los encuentra en el mar, lugar que trae a sus mentes las dificultades y los apuros de la vida; los encuentra por la ma?ana, despu?s de una in?til fatiga durada toda la noche. Su red est? vac?a. En cierto modo, eso refleja como el balance de su experiencia con Jes?s: lo hab?an conocido, estuvieron a su lado, y ?l les prometi? muchas cosas. Sin embargo ahora se encontraron con la redes vac?a de peces" (Benedicto XVI, Vigevano 21 de abril de 2007).
Tambi?n nosotros nos encontramos, de vez en cuando, con la red vac?a. Caminando, cansados, por nuestros caminos hacia Emmaus, puntualmente se acerca a nosotros el Se?or para ayudarnos a dar el salto de la humildad y la confianza en la infinita misericordia de Dios. Los ap?stoles reconocieron su miseria, pero no se quedaron en ella, alcanzados por el amor de Cristo la echaron fuera, se la dieron al Se?or; y no solo su miseria sino que ellos mismos se lanzaron en las manos de la misericordia divina.
?Maria ha elegido la parte mejor! Esta parte es d?nde se encuentra Jes?s y su Madre, es all? donde est? la misericordia de Dios; ?es aqu? donde se desarrolla la conversi?n esencial de nuestra vida a una vida de pura misericordia! Bien lo entendi? san Agust?n, gran cantor de la misericordia, que, como Benedicto XVI nos ha recordado en Pav?a, necesit? una "tercera conversi?n" para pasar a esta otra parte. As? lo cita el Santo Padre: "En el ?nterin he comprendido que s?lo uno es realmente perfecto y que las palabras del Discurso de la monta?a se realizan totalmente en un solo: en el propio Jesucristo. Toda la Iglesia por el contrario - todo nosotros, incluidos los Ap?stoles - debemos pedir cada d?a: perd?nanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (cfr Retract. I 19,1-3)", Y a continuaci?n el Papa comenta: "Agust?n aprendi? un ?ltimo grado de humildad - no solamente la humildad de insertar su gran pensamiento en la fe humilde de la Iglesia, no s?lo la humildad de traducir sus grandes conocimientos en la sencillez del anuncio, sino tambi?n la humildad de reconocer es necesaria para ?l y para toda la Iglesia peregrinante la bondad misericordiosa de un Dios que perdona cada d?a; y nosotros - a?adi? - nos hacemos semejantes a Cristo, el ?nico Perfecto, en la mayor medida posible, cuando nos convertimos como ?l en personas de misericordia" (Benedicto XVI, Pav?a 22 de abril de 2007) (Agencia Fides 25/4/2007; L?neas: 58 Palabras: 897)


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