Viernes, 27 de abril de 2007
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvador Vitiello - La liturgia es esencialmente adoraci?n

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La exhortaci?n Apost?lica post-sinodal "Sacramentum caritatis" recuerda que hay una relaci?n intr?nseca entre celebraci?n eucar?stica y adoraci?n, que, despu?s del Concilio, no ha sido claramente percibida. Se ha llegado a objetar que el Pan eucar?stico no ha sido dado para ser contemplado sino comido. Es una contraposici?n sin fundamento, porque - dice el documento citando a san Agust?n - "nadie come esta carne sin adorarla primero; pecar?amos si no la ador?semos?la celebraci?n eucar?stica?es en si mismo el mayor acto de adoraci?n de la Iglesia" (66).
En verdad, los liturgistas saben que "En la Misa?si tiene la cumbre sea de la acci?n con la que Dios santifica el mundo en Cristo, sea del culto que los hombres rinden al Padre, ador?ndolo a trav?s de Cristo Hijo de Dios en el Esp?ritu Santo" (Ordenamiento general del Misal Romano, n 16). Este texto retoma la Constituci?n lit?rgica del Concilio Vaticano II, cfr. SC n. 10, pero sobre todo no hace otra cosa que actuar la afirmaci?n de Jes?s: "Los verdaderos adoradores adorar?n el Padre en esp?ritu y verdad" (Jn 4,23).
La adoraci?n es el coraz?n de la dimensi?n c?smica de la liturgia: resume en Cristo Jes?s, como dice San Pablo, todas las cosas del cielo y la tierra. La adoraci?n es el "opus Dei", seg?n San Benedicto, el culto p?blico, seg?n la enc?clica "Mediator Dei" de P?o XII, que cada d?a la Iglesia con Cristo alza al Padre. Pero tal liturgia en realidad la recibimos del cielo, como narra el Apocalipsis, tiene su forma t?pica en el altar del cordero inmolado y adorado por los santos. Por tanto, la liturgia realmente cat?lica no deja espacio al subjetivismo creativo, sino s?lo a la participaci?n adorante, la "Theo-latr?a" no la"?dolo-latr?a."
A Max Thurian le gustaba decir que la liturgia es contemplaci?n del misterio que significa adoraci?n: no es otra cosa de la Santa Misa y de los sacramentos, pero es su estructura ?ntima de que debe manar la actitud personal de adoraci?n. En los ritos orientales este es el presupuesto que lleva a los ministros a dirigirse siempre hacia el altar del Se?or despu?s de haberse dirigido hacia el pueblo en los di?logos. Tambi?n la liturgia romana era as?, luego alguien invent? que la orientaci?n al altar, es decir al Se?or, era en realidad darle la espalda al pueblo. Extra?o que durante muchos siglos nadie se hubiera enterado, hasta el 1967. Y tampoco se han enterado hasta hoy los orientales que siguen mirando hacia Oriente s?mbolo del Se?or que viene. ?Y pensar que en el postconcilio se ha insistido tanto en la necesidad de restaurar la dimensi?n escatol?gica y trascendente de la liturgia!
Mirarse cara a cara el sacerdote y los fieles deja la liturgia, si, como se dice, esta obra por medio de los signos) en la dimensi?n inmanente del mundo. Bastar?a la liturgia de la Palabra para subrayar la escuela en que el didascalos habla a los disc?pulos. La del Sacrificio debe mirar al Se?or empezando por el sacerdote que dirige la oraci?n de los fieles ?dirigidos al Se?or?, s?mbolo adem?s de la conversi?n de los corazones, como recuerda de modo figurado precisamente la expresi?n latina "conversi a Dominum". Dice Isacco Siro: "Cristo, pintor perfecto, pinta los rasgos de su rostro de hombre celeste sobre los fieles que est?n orientados hacia El. Si alguien no fija la mirada continuamente parar, despreciando cualquier otra cosa que sea contraria a ?l, no tendr? en si mismo la imagen del Se?or dise?ada por su luz. Que nuestro rostro est? siempre fijo en ?l, con fe y amor, dejando todo para estar solo en ?l fijos, para que se imprima su imagen en nosotros, y as? llevando en nosotros a Cristo podamos llegar a la vida sin fin". (Agencia Fides 26/4/2007; L?neas: 44 Palabras: 647)


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