S?bado, 28 de abril de 2007
IV Domingo de Pascua
D?a 29 de Abril



Libertad pero no indiferencia



Celebra hoy la Iglesia la Jornada Mundial de oraci?n por las vocaciones. Vocaci?n significa llamada y, cuando en el seno de la Iglesia nos referimos a la vocaci?n, queremos expresar concretamente la llamada que Dios hace a cada hombre. Nuestro Creador nos llama y, en este sentido, todos los hombres tenemos vocaci?n, puesto que debemos ser santos por especial designio de Dios. Dios llama al hombre de un modo singular, puesto que escuchamos su voz en el acontecer diario, al descubrir ciertos modos de actuaci?n m?s conformes con su querer.

Partimos en nuestra conducta moral de la realidad innegable de nosotros mismos. Tenemos una determinada configuraci?n personal y colectiva, que no hemos decidido, y se nos presenta como una tarea a llevar a cabo, en un mundo que tampoco es obra nuestra, que tampoco hemos decidido. Sobre estas evidencias, la fe nos muestra a un Dios, Padre de los hombres, que nos ama y espera nuestro amor. El hombre es el ?nico ser de este mundo creado para participar de la intimidad divina. Como afirma el Concilio Vaticano II en la Constituci?n "Gaudium et Spes", el hombre es la ?nica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s? mismo: he aqu? la verdadera raz?n de la dignidad humana. Corresponder al amor de Dios con el nuestro es la santidad, la vocaci?n a la que Dios nos llama.

Podr?a tambi?n pensarse en el deber de ser santos como si fuera una tarea onerosa, arbitrariamente impuesta. Esta peculiar visi?n de la existencia la tienen los mismos que s?lo ven aspectos negativos en lo que no les complace de su vida. Enseguida hablan de sufrimiento y de una vida indigna si no pueden eludir lo que les disgusta; cuando, m?s bien, esas circunstancias ?que cuestan, desde luego? son ocasiones ?nicas de reconocer a Dios, de adorar su inmenso misterio incomprensible por esencia, y de confiar en su amor infinito. Son las oportunidades que nos ofrece para que podamos mostrarle un amor sin condiciones, y manifestaci?n asimismo de su absoluta grandeza.

Los pocos vers?culos del Evangelio de san Juan que hoy nos ofrece la Iglesia en la Liturgia de la Palabra, expresan muy claramente el sentido vocacional de la vida del cristiano. Una vida con un destino, determinado por Quien nos ha creado para llamarnos a la santidad. No es entonces nuestra existencia algo indiferentemente abierto a la iniciativa de cada uno, como si poco importara la orientaci?n que se le d? con tal de que sea manifestaci?n de la propia libertad. Jesucristo indica, con las palabras que hoy consideramos, lo que espera de los hombres, en concreto de los hombres que quieren vivir de acuerdo con el plan creador de Dios: mis ovejas (...) me siguen, nos dice.

A los "suyos" les aguarda la vida eterna. Se trata de una vida que no le corresponde propiamenta a la criatura. Pero el Se?or, a los que ?l ha llamado y le siguen, les da la vida eterna; es decir, les hace participar de su misma vida. Seguirle ?claro est? requiere primero oir su voz: mis ovejas escuchan mi voz. Es un buen momento hoy para preguntarnos sinceramente: ?Escucho a Dios? ?Me interesa lo que me dice y lo que ha dicho ya para todos? ?Busco con inter?s sus huellas para seguirlas: sus modos de ser para imitarlos? ?Considero mi vida, ante todo, como una ocasi?n de seguir a Cristo hasta llegar con ?l ?por ?l? a la vida eterna?

No se nos escapa que ser? duro seguir a Cristo. ?l mismo lo advirti?: Si alguno quiere venir en pos de m?, ni?guese a s? mismo, tome su cruz y s?game; pues el que quiera salvar su vida la perder?; pero el que pierda su vida por m?, la encontrar?. No nos saca el Se?or del misterio. Nos promete su vida que es eterna, y perfecci?n de toda perfecci?n; una delicia mayor de lo que podemos so?ar, pero por el camino de la renuncia ?como ?l? a todo lo personal. Nos pide renunciar a nosotros mismos por ?l. Nos pide fe, confianza, y nos anuncia dolor.

El Se?or llama, indica, sugiere, pide. No es la llamada de Dios algo excepcional ni que s?lo escuchan algunos. En cada momento, todos tenemos una oportunidad de escucharle, de contemplarle esperando nuestra respuesta. Nos llama con ocasi?n de las mil incidencias de la jornada, aguardando de cada uno el comportamiento que, en esas circunstancias, es m?s agradable a sus ojos. Pasando revista a nuestro d?a descubriremos algunos detalles en que mejorar, porque as? le amamos m?s: momentos en los que nos habla como al o?do, pero claramente, momentos vocacionales de santidad. Deseamos, Se?or, escucharte, atenderte, a pesar de la algarab?a interior en la que vivimos tan a menudo.

Tal vez con frecuencia relacionamos "vocaci?n" con esa peculiar inquietud que sienten algunos, y que a veces les lleva a dejar todas las cosas, como los disc?pulos de Jes?s, para dedicarse con mayor libertad a la extensi?n del Reino de Dios. Es un buen momento hoy para elevar nuestra oraci?n suplicante a Dios, pidiendo que suscite entre sus hijas e hijos las vocaciones necesarias para que su Reino crezca m?s y m?s cada d?a, en el n?mero de sus fieles y en el amor que le tenemos. Nos lo dice el mismo Jes?s: La mies es mucha pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al Se?or de la mies que env?e obreros a su mies.
Nadie como Santa Mar?a ha respondido a la llamada de Dios en cada instante. Su deseo: H?gase en m? seg?n tu palabra, manifiesta un querer, siempre eficaz, de responder con santidad a su vocaci?n. Hagamos nuestras sus palabras de modo que lleguen a ser como una canci?n de fondo en la vida, en cada jornada. Pid?mosle, ya que es la Reina de los Ap?stoles, que nos haga ap?stoles: ap?stoles de ap?stoles.




Publicado por verdenaranja @ 15:43  | Espiritualidad
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