S?bado, 28 de abril de 2007
San Marcos, evangelista
D?a 25 Fiesta.


Predicar el evangelio



En la fiesta del evangelista san Marcos, elevamos nuestro coraz?n a Dios en acci?n de gracias por tantos beneficios recibidos a partir del designio de Jesucristo, que estableci? a ciertos testigos para transmitir en su nombre la Buena Noticia que El mismo vino a traer al mundo. El Hijo encarnado deb?a ascender a los Cielos ?a la derecha de Dios?, seg?n se nos recuerda hoy, y conven?a que quedara un testimonio escrito de la vida del Se?or, para la humanidad de todos los tiempos. Marcos, compa?ero en la predicaci?n de los ap?stoles Pedro y Pablo, es el autor del Segundo Evangelio, en el que recoge, en buena medida, la predicaci?n del Pr?ncipe de los Ap?stoles.

Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. Estas palabras de Nuestro Se?or, pronunciadas inmediatamente antes de ascender a los cielos, fueron las ?ltimas que escucharon los disc?pulos de sus labios. Durante tres a?os de convivencia con El, le vieron y escucharon cada d?a anunciar el Evangelio a todos. Finalmente hab?an sido testigos de su pasi?n, muerte y resurrecci?n. Se conclu?a as? el plan redentor de Dios. Los hombres pod?amos alcanzar la filiaci?n divina por la virtud de Jesucristo muerto y resucitado: el m?rito infinito ?por ser Dios? de su sacrificio en la Cruz quedaba para siempre como un tesoro a disposici?n de cada hombre. Su vida entregada en el Calvario era, en verdad, el cumplimiento exacto de las palabras que dirigi? Jes?s a Nicodemo: Igual que Mois?s levant? la serpiente en el desierto, as? debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en ?l. Tanto am? Dios al mundo que le entreg? a su Hijo Unig?nito, para que todo el que cree en ?l no perezca, sino que tenga vida eterna.

Insistamos en nuestra gratitud a la Providencia divina, que ha dispuesto de modo tan admirable la transmisi?n de su mensaje salvador hasta el final de los tiempos. Aquella serpiente de bronce que construy? Mois?s para que los los israelitas, al mirarla, sanaran de las mordeduras de las serpientes en el desierto ?seg?n cuenta el libro del ?xodo?, era una imagen de Jesucristo crucificado, que salva para la Vida Eterna a los que creen en ?l. Era preciso que no vivi?ramos los hombres de espaldas a esta admirable verdad. Que reconoci?ramos el amor sin medida de Dios por nosotros, manifestado en que entreg? a su Hijo Unig?nito, para la salvaci?n de todo el que crea en ?l, y sea consecuente con su fe.

Esta festividad es una buena ocasi?n para tomar viva conciencia de la responsabilidad que a cada uno nos corresponde, como ap?stoles y, en cierta medida, tambi?n evangelistas en el tiempo presente. Somos, en efecto, disc?pulos del mismo Jesucristo al que siguieron los Doce Ap?stoles y tantos m?s desde entonces. De palabra y ??por qu? no?? por escrito, como san Marcos, es necesario dar a conocer cada d?a con m?s urgencia, la gran noticia de que Dios nos ha creado para una existencia que no es solamente terrena: que, en Jesucristo y por El, llegamos a ser verdaderamente hijos de Dios, capaces de vivir eternamente en la intimidad del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo.

No es lo habitual que los hombres tengan como ocupaci?n exclusiva la evangelizaci?n. Es cierto que Dios ha escogido siempre a algunos hombres, como escogi? a los Doce Ap?stoles, para que, libres de otras ocupaciones materiales nobles, se dedicaran exclusivamente a la extensi?n del Reino de Dios. Pero, esta especial dedicaci?n de unos pocos, en relaci?n con el conjunto de la sociedad, no impide a los dem?s fieles cristianos la difusi?n del Evangelio, ni les excusa de la responsabilidad de ser ap?stoles; que no es sino manifestar de modo convincente, con la propia vida, que somos hijos de Dios.

Pocas veces es necesario hacer algo especial o que llame la atenci?n. El atractivo del mensaje de Cristo, encarnado en nuestra vida, se manifiesta por la serena paz que no pasa inadvertida en este mundo lleno de tensiones y discordias; por la alegr?a sincera que se procura difundir, aunque sean evidentes diversas dificultades, incluso el dolor; por la fecundidad a diversos niveles: hijos, amigos, trabajo..., porque el bien de suyo es difusivo y, unida a Dios, como el sarmiento a la vid, la vida cristiana necesariamente fructifica... Sin embargo, el amor a Dios y a sus hijos, los dem?s hombres, no dejan al cristiano satisfecho con el bien que realiza por su buen ejemplo, y procura hablar de Dios y de la vida que espera de nosotros con sus familiares, con sus amigos, con sus compa?eros de trabajo o de diversi?n; con la misma sencillez y franqueza con que comenta los dem?s asuntos de mutuo inter?s.

Le ilusiona ver a todos cerca de Dios, que lo tengan cada d?a m?s presente en sus vidas, que lo amen. Desea el ap?stol cristiano una sociedad en la que Cristo pudiera vivir a gusto, sin entristecerse hasta llorar, como cuando, contemplando Jerusal?n, se lamentaba porque no hab?a reconocido su venida salvadora y pocos a?os despu?s ser?a destruida: no dejar?n en ti piedra sobre piedra. Le ilusiona, en fin, ver a Mar?a Sant?sima filialmente reconocida por todos sus hijos, los hombres, mientras suavemente nos conduce a la Casa de nuestros Padre.





Publicado por verdenaranja @ 15:48  | Espiritualidad
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