S?bado, 28 de abril de 2007
En el contexto de su LXXXIX Asamblea Plenaria, concluida el viernes 27 de Abril de 2007, los obispos espa?oles han aprobado un Mensaje con motivo de la beatificaci?n de 498 m?rtires de la persecuci?n religiosa en Espa?a. La ceremonia se celebrar? en Roma el pr?ximo oto?o.


LXXXIX ASAMBLEA PLENARIA
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA?OLA
Madrid, 23-27 de abril de 2007



Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5, 14)

Mensaje con motivo de la beatificaci?n
de 498 m?rtires del siglo XX en Espa?a
Madrid, 27 de abril de 2007


Atra?dos por el ejemplo de Jes?s y sostenidos por su amor, muchos cristianos, ya en los or?genes de la Iglesia, testimoniaron su fe con el derramamiento de su sangre. Tras los primeros m?rtires han seguido otros a lo largo de los siglos hasta nuestros d?as (Benedicto XVI) [1].

Queridos hermanos:

Os anunciamos con profunda alegr?a que, en el pr?ximo oto?o, Dios mediante, tendr? lugar en Roma la beatificaci?n de 498 hermanos nuestros en la fe, de los muchos miles que dieron su vida por amor a Jesucristo en Espa?a durante la persecuci?n religiosa de los a?os treinta del pasado siglo XX. La Iglesia reconoce ahora solemnemente que murieron como m?rtires, como testigos heroicos del Evangelio.

1. Los m?rtires, signo de esperanza

En 1999, esta Asamblea Plenaria de los obispos daba gracias a Dios por los logros del siglo XX y ped?a perd?n por los pecados de aquella centuria que llegaba a su fin. Entre los pecados record?bamos las "violencias inauditas" a las que el mundo, Europa y Espa?a se vieron arrastradas por "ideolog?as totalitarias, que pretend?an hacer realidad por la fuerza las utop?as terrenas". Y d?bamos gracias a Dios, recordando, con Juan Pablo II, que "al t?rmino del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de m?rtires" y que "el testimonio de miles de m?rtires y santos ha sido m?s fuerte que las insidias y violencias de los falsos profetas de la irreligiosidad y del ate?smo" [2]

Los m?rtires est?n por encima de las tr?gicas circunstancias que los han llevado a la muerte. Con su beatificaci?n se trata, ante todo, de glorificar a Dios por la fe que vence al mundo (cf. 1Jn 5,4) y que trasciende las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres. Los m?rtires "vencieron en virtud de la sangre del Cordero, y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte" (Ap 12, 11). Ellos han dado gloria a Dios con su vida y con su muerte y se convierten para todos nosotros en signos de amor, de perd?n y de paz. Los m?rtires, al unir su sangre a la de Cristo, son profec?a de redenci?n y de un futuro divino, verdaderamente mejor, para cada persona y para la humanidad.

Por eso escrib?a Juan Pablo II: "quiero proponer a todos, para que nunca se olvide, el gran signo de esperanza constituido por los numerosos testigos de la fe cristiana que ha habido en el ?ltimo siglo, tanto en el Este como en el Oeste. Ellos han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecuci?n, frecuentemente hasta el testimonio supremo de la sangre. Estos testigos, especialmente los que han afrontado el martirio, son un signo elocuente y grandioso que se nos pide contemplar e imitar. Ellos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo [?]. M?s radicalmente a?n, demuestran que el martirio es la encarnaci?n suprema del Evangelio de la esperanza" [3]

2. Los nuevos m?rtires de Espa?a

La beatificaci?n que vamos a celebrar contribuir? a que no se olvide el "gran signo de esperanza" que constituye el testimonio de los m?rtires. De los del siglo XX en Espa?a, 479 han sido beatificados en once ceremonias a partir de 1987, y 11 de ellos son ya santos.

Casi quinientos han sido reunidos, esta vez, en una ?nica celebraci?n. Y, como en las anteriores ocasiones, cada caso ha sido estudiado por s? mismo con todo cuidado a lo largo de a?os. Estos m?rtires dieron su vida, en diversos lugares de Espa?a, en 1934, 1936 y 1937. Son los obispos de Cuenca y de Ciudad Real, varios sacerdotes seculares, numerosos religiosos -agustinos, dominicos y dominicas, salesianos, hermanos de las escuelas cristianas, maristas, distintos grupos de carmelitas, franciscanos y franciscanas, adoratrices, trinitarios y trinitarias, marianistas, misioneros de los Sagrados Corazones, misioneras hijas del Coraz?n de Mar?a-, seminaristas y laicos, j?venes, casados, hombres y mujeres. Las biograf?as y fotograf?as de todos, y su relaci?n con las di?cesis actuales, se encuentran en el libro titulado Qui?nes son y de d?nde vienen. 498 m?rtires del siglo XX en Espa?a [4]

Podemos destacar como rasgos comunes de estos nuevos m?rtires los siguientes: fueron hombres y mujeres de fe y oraci?n, particularmente centrados en la Eucarist?a y en la devoci?n a la Sant?sima Virgen; por ello, mientras les fue posible, incluso en el cautiverio, participaban en la Santa Misa, comulgaban e invocaban a Mar?a con el rezo del rosario; eran ap?stoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condici?n de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compa?eros de prisi?n; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el ?nico Se?or.

3. Testigos de Dios y de la humanidad nueva

El martirio es el signo m?s aut?ntico de la Iglesia de Jesucristo: una Iglesia formada por hombres, fr?giles y pecadores, pero que saben dar testimonio de su fe vigorosa y de su amor incondicional a Jesucristo, anteponi?ndolo incluso a la propia vida. Dado que los m?rtires son personas de todos los ?mbitos sociales, que han pasado su existencia haciendo el bien y que han sufrido y han muerto renunciando a salvar su vida y perdonando a quienes los maltratan, nos sit?an ante una realidad que supera lo humano y que nos invita a reconocer la fuerza y la gracia de Dios actuando en la debilidad de la historia humana.

El misterio del martirio es inseparable de la misi?n que Dios da a cada persona y en ?l se realiza el designio de la Providencia (cf. Is 53,10). En Jes?s culmina toda la serie de perseguidos por aquellos a los que hab?an sido enviados (cf. Mt 23,31ss), y de Jes?s arranca todo un creciente discipulado que no puede correr una suerte distinta a la de su Maestro (cf. Jn 15,20; 16,1ss). En los disc?pulos revive Jes?s su martirio (cf. Hch 9,4ss; Col 1,24) y para ellos la muerte es ganancia (cf. Flp 1,29). En la Iglesia, las persecuciones son signo y condici?n de la victoria definitiva de Cristo y de los suyos: poseen un significado escatol?gico, aparecen como un adelanto del juicio y de la instauraci?n completa del Reino (cf. 1 Pe 4,17-19), y preludian el triunfo de la vida sobre la muerte y el nacimiento de unos cielos nuevos y una tierra nueva (cf. Ap 6,9ss; 7,13-17; 11,11s; 20,4ss).

4. Una hora de gracia

La beatificaci?n que vamos a celebrar es una hora de gracia para la Iglesia que peregrina en Espa?a y para toda la sociedad. Os invitamos a prepararos bien para esta fiesta y a participar en ella de modo que se convierta para todos en un nuevo est?mulo para la renovaci?n de la vida cristiana. Lo necesitamos de modo especial en estos momentos en los que, al tiempo que se difunde la mentalidad laicista, la reconciliaci?n parece amenazada en nuestra sociedad [5] Los m?rtires, que murieron perdonando, son el mejor aliento para que todos fomentemos el esp?ritu de reconciliaci?n.

Que por el testimonio y la intercesi?n de los m?rtires se avive y fortalezca nuestra condici?n de creyentes, de disc?pulos y amigos del Se?or, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18,37; cf. Ap 1,5; 3,14); que perdon? a sus perseguidores (cf. Lc 22,51.81; 23,34); que ofreci? su sangre como precio de la redenci?n salv?fica (cf. Heb 9,22), y que, elevado en la cruz, atrae a todos hacia ?l (Jn 12,32).

Que por el testimono y la intercesi?n de los m?rtires se vigorice nuestra esperanza y se encienda nuestra caridad. Ellos, movidos por la esperanza de la Vida eterna, supieron anteponer a su propia vida el amor y la obediencia a la ley evang?lica, la ley nueva del amor m?s grande y promotora de la dignidad y la libertad de cada persona. Los m?rtires son testigos supremos de la Verdad que nos hace libres.

5. Peregrinaci?n a Roma y preparaci?n

Invitamos y animamos a todos los que puedan a acudir a Roma para la fiesta de la beatificaci?n. All?, junto a los sepulcros de los m?rtires Pedro y Pablo, y los de tantos otros de la primera hora del cristianismo, daremos gloria a Dios por los nuevos m?rtires de Espa?a.
Informaos en vuestras parroquias, centros religiosos o en vuestras di?cesis sobre el modo en que pod?is incorporaros a la peregrinaci?n a Roma. No dej?is de participar en las actividades que se organicen para prepararse espiritualmente a la beatificaci?n y en los actos de acci?n de gracias, tanto si vais a ir a Roma como si no pod?is hacerlo.

Oremos ya desde ahora por los frutos de esta beatificaci?n que, con la gracia de Dios y la intercesi?n de la Virgen Mar?a, auguramos abundantes para todos:

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo,
para que muriendo y resucitando
nos diese su Esp?ritu de amor.
Nuestros hermanos,
m?rtires del siglo XX en Espa?a,
mantuvieron su adhesi?n a Jesucristo
de manera tan radical y plena
que les permitiste derramar su sangre por ?l.
Danos la gracia y la alegr?a de la conversi?n
para asumir las exigencias de la fe;
ay?danos, por su intercesi?n,
y por la de Mar?a, Reina de los m?rtires,
a ser siempre art?fices de reconciliaci?n en la sociedad y
a promover una viva comuni?n
entre los miembros de tu Iglesia en Espa?a;
ens??anos a comprometernos, con nuestros pastores,
en la nueva evangelizaci?n
haciendo de nuestras vidas
testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo,
el Testigo fiel y veraz,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Am?n.



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[1] Alocuci?n del ?ngelus en la fiesta de San Esteban, 26 de diciembre de 2005.
[2] LXXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX, 26 de noviembre de 1999, n?meros 14 y 4.
[3] Juan Pablo II, Exhortaci?n Apost?lica Postsinodal Ecclesia in Europa, 13.
[4] Edice, Madrid 2007.
[5] Cf. LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Instrucci?n Pastoral Orientaciones morales ante la situaci?n actual de Espa?a, 23 de noviembre de 2006, n?meros 5-13.



Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Hablan los obispos
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