Domingo, 29 de abril de 2007
Carta que ha publicado monse?or Fernando Sebasti?n Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, con el t?tulo ?Votar en conciencia? ante las elecciones municipales y auton?micas que se celebrar?n en Espa?a el 27 de mayo.

Votar en conciencia


Dentro de pocas semanas los ciudadanos navarros ejerceremos el derecho y la responsabilidad de decidir con nuestro voto a qu? partido encomendamos la gesti?n de los asuntos p?blicos de nuestra Comunidad Aut?noma y de nuestro Municipio. Como Pastor de los cat?licos de Pamplona y Tudela, consciente de que no es tarea f?cil, me siento obligado a ofreceros algunas orientaciones morales concretas siguiendo las l?neas del reciente documento de la Conferencia Episcopal Espa?ola, ?Orientaciones Morales sobre la situaci?n actual de Espa?a?, promulgado en noviembre del a?o pasado.

Al pronunciarme sobre estos asuntos, desde el punto de vista moral, no pretendo sino cumplir con mis obligaciones como Obispo, con las exigencias y la autoridad que esta condici?n lleva consigo. Como es sabido, las afirmaciones doctrinales y las orientaciones pastorales de un Obispo no son ni pretenden ser infalibles, pero, para los cat?licos, s? tienen el valor que les da la comuni?n expresamente buscada con el resto de los Pastores de la Iglesia, especialmente con el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, y, sobre todo, la prometida asistencia del Se?or a sus Pastores, para favorecer el bien de los fieles y de la misma Iglesia, todo ello al servicio de la sociedad entera, pues el Se?or Jes?s es Se?or y Salvador de todos.

En su sencillez exterior, el hecho de ir a votar es un acto importante. Quienes ocupan los puestos de gobierno tienen mucho poder y est?n en condiciones de influir mucho en nuestra vida. Esto, que es siempre verdad, lo es m?s todav?a en las pr?ximas elecciones. El resultado de estas elecciones va a influir en muchas cosas que tienen implicaciones morales muy importantes, como son por ejemplo la seguridad y defensa de la vida, el tratamiento del matrimonio y de la familia, la educaci?n moral de la juventud, la tranquilidad y estabilidad de la convivencia. Con estas reflexiones quiero ayudaros a descubrir las implicaciones y consecuencias morales de nuestro voto para poder actuar responsablemente.

Es verdad que en estas cuestiones cada uno tiene que decidir libremente el contenido de su voto, pero esta libertad no quiere decir arbitrariedad ni indiferencia. Al decidir nuestro voto, es justo que tengamos en cuenta muchos aspectos de orden pr?ctico acerca de los cuales cada uno puede inclinarse a favor de la soluci?n o de los proyectos que le parezcan m?s convenientes para el bien com?n y aun para el bien personal. Pero adem?s de estos elementos opinables, hay otras consideraciones de orden moral en virtud de las cuales podemos sentirnos m?s obligados en conciencia a apoyar o excluir algunas de las alternativas posibles.

Nadie puede decir con raz?n que los cat?licos nos salimos de las leyes democr?ticas cuando decimos que hay que votar en conciencia seg?n unos criterios morales objetivos. El votante configura y decide su voto valorando los aspectos que le parecen m?s favorables para su bien y el bien com?n de los ciudadanos. Cada uno debe valorar los diversos elementos y circunstancias actuando libremente seg?n su propio juicio y su recta conciencia. En democracia es indispensable que cada ciudadano pueda intervenir en la vida pol?tica seg?n su propio criterio y su propia conciencia con absoluta libertad y plena responsabilidad. Este es nuestro caso, pues los cat?licos, y otras muchas personas de recta conciencia y de buena voluntad, consideramos que los aspectos morales de las cuestiones debatidas son muy importantes para el bien de las personas y el de la sociedad entera, a medio y largo plazo.

El criterio fundamental para configurar la propia conciencia es la obligaci?n de evitar el mal y de favorecer el bien. En temas que afectan a la vida y los derechos de la persona, el criterio b?sico es el de aceptar y favorecer lo que est? conforme con la ley natural, seg?n una valoraci?n moral apoyada en la misma naturaleza humana que favorece el desarrollo de las potencialidades humanas de acuerdo con el bien de la persona, en verdad y justicia. Seg?n este criterio dif?cilmente discutible, los cat?licos tenemos claro que no podemos apoyar programas o proyectos pol?ticos que amenazan el derecho a la vida de los seres humanos desde su concepci?n hasta la muerte natural, alteran esencialmente la concepci?n del matrimonio desprotegiendo la realidad de la familia, debilitan las bases de la convivencia. En el caso, nada infrecuente, de que ninguna opci?n pol?tica satisfaga las exigencias morales de nuestra conciencia, la recta conciencia nos induce a votar aquella alternativa que nos parezca menos contraria a la ley natural, m?s apta para proteger los derechos de la persona y de la familia, m?s adecuada para favorecer la estabilidad social y la convivencia, y mejor dispuesta para respetar la ley moral en sus actividades legislativas, judiciales y administrativas.

En las presentes circunstancias, desde el punto de vista moral, lo que se puede decir con claridad y seguridad es que, en este caso concreto, para votar responsablemente, es preciso anteponer los criterios morales a las cuestiones y preferencias opinables y contingentes de orden estrictamente pol?tico. Habr? cuestiones secundarias que tengamos que dejar en un segundo plano para atender en primer lugar a los aspectos y consecuencias de orden moral de nuestro voto. Esto ocurre siempre que las propuestas de los partidos desbordan sus leg?timas competencias y afectan a cuestiones de orden moral que tienen que estar por encima de los avatares pol?ticos. El buen criterio de los votantes es el verdadero guardi?n de la salud moral y cultural de las sociedades y de los pueblos. Esta es ahora nuestra situaci?n. Dios nos ilumine y nos gu?e por el camino del buen sentido y de la justicia, pilares de la paz y del verdadero progreso.

Pamplona, 27 de Abril del 2007.

+ Fernando Sebasti?n Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela



Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Hablan los obispos
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