Mi?rcoles, 30 de mayo de 2007
Intervenci?n del pastor pentecostal Juan Sep?lveda G. en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Como un gesto de agradecimiento personal por la invitaci?n a participar como observador pentecostal ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribe?o, quiero compartir con ustedes estas notas breves y esquem?ticas sobre el pentecostalismo en Am?rica Latina, que posiblemente pueden aplicarse tambi?n a la situaci?n en el Caribe. El fraternal afecto con que he sido acogido, y la amplia participaci?n de la que he gozado en el trabajo en grupos y comisiones, me obliga a hacer este peque?o esfuerzo adicional para darles a conocer la parte del mundo evang?lico-protestante que de alguna manera he representado ante ustedes.

1. Con frecuencia se habla del pentecostalismo como un ?movimiento?, debido a que la transversalidad de sus or?genes confesionales (metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.) hace dif?cil considerarlo como una ?familia confesional?. No obstante lo anterior, las iglesias pentecostales se organizan de una manera relativamente similar a las denominaciones del protestantismo hist?rico: comparten con ellas la fe trinitaria y la herencia de la Reforma , y cuentan con alg?n tipo de organizaci?n central, ya sea de tipo episcopal o congregacionalista. Carecen, sin embargo, de instancias que las representen a todas en los niveles nacional, regional o mundial.

2. El pentecostalismo de origen protestante no es un movimiento reciente, puesto que ya ha cumplido su primer siglo de existencia. Sus ra?ces hist?rico-teol?gicas se hunden en el movimiento de santidad que durante el siglo XIX marc? profundamente al protestantismo anglosaj?n. Este, a su vez, se remonta al movimiento renovador de John Wesley en la Inglaterra del siglo XVIII. En el contexto de una Iglesia en la que conviv?an, no sin tensiones, las tradiciones teol?gicas y espirituales del catolicismo y del protestantismo, Wesley predic? acerca de la santificaci?n como una obra de la gracia subsecuente a la justificaci?n . As?, sin abandonar el acento protestante en la gratuidad de la salvaci?n, redescubri? la importancia del camino hacia la santidad (perfecci?n cristiana) y sus implicaciones para la vida personal, social y para la misi?n. De esta forma, se sum? a otras reacciones continentales (el pietismo y el puritanismo) frente a una ortodoxia protestante que, en su defensa de la iniciativa divina, la sola gracias, hab?a dejado muy poco espacio para la piedad, para la ?tica y para la acci?n misionera.

3. Aunque Wesley no interpret? la santificaci?n como una obra espec?fica de la tercera persona de la Trinidad , esto es, como un bautismo en el Esp?ritu Santo, s? lo hizo su contempor?neo (y sucesor como l?der del metodismo naciente), el suizo John Fletcher. Wesley no alent? esta l?nea de interpretaci?n, y aunque rechazaba la idea de que los dones y se?ales extraordinarias del Esp?ritu Santo hubieran sido un privilegio exclusivo de la era apost?lica, prefer?a alentar el cultivo de los frutos ?por sobre los dones- del Esp?ritu Santo. Pero esta interpretaci?n ?pentecostal? de la santificaci?n ya quedo insinuada, y fue tomando cada vez m?s fuerza: el poder para la transformaci?n que implica el camino de santidad proviene del bautismo del esp?ritu Santo, como tambi?n los carismas necesarios para el cumplimiento del mandato misionero. Esta b?squeda del poder del Esp?ritu Santo caracteriz? a los avivamientos (?revivals?) evang?licos de fines del siglo XIX.

4. El nacimiento del ?pentecostalismo cl?sico? se asocia generalmente al avivamiento ocurrido en 1906 en Los Angeles (calle Azusa), Estados Unidos, sobre la base de una ense?anza cuya difusi?n hab?a iniciado Cherles Parham en el a?o nuevo de 1900: la ?evidencia inicial? del bautismo del Esp?ritu Santo, seg?n las Escrituras (Hechos de los Ap?stoles), es el don de hablar en lenguas. Este avivamiento, dirigido por un pastor negro (William Seymour) en un precario templo, dur? m?s de tres a?os y fue efectivamente un centro al cual lleg? gente de muchas partes, y desde donde partieron misioneros a distintos lugares de los Estados Unidos y del mundo entero. La doctrina de la ?evidencia inicial? ser?a el acento teol?gico que separ? al pentecostalismo del movimiento de santidad, y que le otorg? su identidad. Sin embargo, hoy en d?a la mayor?a de los historiadores reconoce que este fue uno de los focos de mayor impacto en los or?genes del pentecostalismo, pero no el ?nico. Hubo otros avivamientos contempor?neos e independientes, por ejemplo en India y en Chile, que dieron origen a movimientos pentecostales que mantuvieron m?s fuertemente sus ra?ces wesleyanas, y no adoptaron la mencionada doctrina de la ?evidencia inicial?.

5. La presencia pentecostal en Am?rica Latina es mucho m?s temprana de los que se suele pensar (los casos m?s tempranos son Chile: 1909; Argentina y Brasil: 1910; Per?: 1911; Nicaragua: 1912; M?xico: 1914; Guatemala y Puerto Rico: 1916). Esto significa que la historia del pentecostalismo en Am?rica Latina comienza antes que se constituyeran las grandes denominaciones pentecostales norteamericanas o europeas. Mientras en Chile se trat? de un avivamiento local, en los dem?s pa?ses mencionados el trabajo lo iniciaron misioneros solitarios o inmigrantes. Por lo tanto, la primera fase de expansi?n pentecostal no cont? con respaldo institucional ni financiero de denominaciones norteamericanas o europeas. Casi sin excepci?n, en esta primera fase las iglesias pentecostales crecieron en sectores rurales empobrecidos y en los emergentes barrios perif?ricos. Por lo tanto, se trata efectivamente de sectores de poblaci?n que aunque hubieran sido bautizados, no contaban con asistencia pastoral, lo que hab?a debilitado su adhesi?n a la Iglesia Cat?lica . los sujetos de esta evangelizaci?n han sido, en la mayor?a de los casos, personas del pueblo que han querido compartir su propia experiencia de encuentro con Cristo.

6. Cuando d?cadas m?s tarde las denominaciones pentecostales norteamericanas iniciaron su actividad misionera en Am?rica Latina, el patr?n de crecimiento basado en ministerios y recursos locales ya estaba establecido. Por lo tanto, la importancia de misioneros y recursos extranjeros es mucho menos significativa de lo que generalmente se supone, con la excepci?n de algunas ?reas con alta presencia ind?genas. Los grupos m?s recientes, generalmente denominados ?neopentecostales?, no provienen del pentecostalismo cl?sico. Hist?ricamente, deben ser vistos m?s bien como derivados del movimiento de renovaci?n carism?tica que comenz? en los 1960s en las iglesias tradicionales (Cat?lica y Protestantes).

7. Las dificultades para el di?logo ecum?nico Pentecostal-Cat?lico en Am?rica Latina, m?s all? de las obvias diferencias hist?rico-teol?gicas, deben entenderse en el contexto de las tensiones propias que emergen cuando se da una relaci?n de minor?a-mayor?a religiosa. Aunque existe un proceso de di?logo Cat?lico-Pentecostal iniciado en el a?o 1972 , este es apenas conocido en Am?rica Latina. Sin embargo, hay evidencias que tambi?n en nuestro continente el cambio de lenguaje para referirse unos a otros, y la apertura al di?logo, puede producir buenos frutos. En Chile, por ejemplo, donde se constituy? la ?Fraternidad Ecum?nica? el a?o 1972, con participaci?n de algunas iglesias pentecostales, existe ya una larga tradici?n de oraci?n com?n y de co-participaci?n en otras iniciativas de inter?s p?blico. Un punto culminante fue la firma, en mayo de 1999, de un compromiso de reconocimiento mutuo del Bautismo celebrado seg?n la f?rmula trinitaria. Ya en 1998 se realiz? en Quito un primer encuentro latinoamericano entre sacerdotes cat?licos y pastores pentecostales, convocado conjuntamente por CELAM y CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias) . Una de sus principales conclusiones fue que para avanzar en el di?logo hay que crear espacios para conocerse, orar juntos, y as? derribar los prejuicios mutuos.

8. Lo m?s importante de este tipo de aproximaci?n, es que al generar oportunidades para el reconocimiento mutuo como ?hermanos y hermanas en Cristo?, permite que el ejercicio de la vocaci?n misionera y de la atenci?n pastoral se desarrolle con creciente respeto mutuo. De esa manera va emergiendo una cultura de convivencia y un ecumenismo pr?ctico que se evidencia en situaciones tan cotidianas como velatorios, visitaci?n de enfermos, acompa?amiento en situaciones de crisis, etc.

Con saludos fraternales en Cristo,

Pastor Dr. Juan Sep?lveda G
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