Jueves, 31 de mayo de 2007
ZENIT publica el art?culo que ha enviado desde Aparecida monse?or Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Crist?bal de Las Casas, quien participa en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

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Estamos concluyendo, con gozo y esperanza, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, en Aparecida, Brasil. Ya aprobamos el documento final, que se publicar? oficialmente hasta que sea sometido, como signo de comuni?n eclesial, al juicio del Santo Padre. ?Qu? hemos hecho y qu? se vislumbra hacia delante?

Antes de su inicio, algunos comentaristas dec?an que nada esperaban de esta reuni?n, pues, en su opini?n, la mayor?a de los obispos participantes, elegidos por Juan Pablo II, somos conservadores; por tanto, que su resultado ser?a muy limitado. Ellos querr?an que la Iglesia se adaptara a los postulados del mundo, y no les importa nuestra fidelidad al Evangelio.

Por lo contrario, otros esperan demasiado. Se imaginan que del documento que elaboramos depender? toda la renovaci?n de la Iglesia, como si un escrito hiciera la revoluci?n espiritual y pastoral que requiere el momento hist?rico que vivimos.

JUZGAR

Ante todo, quiero resaltar el ambiente fraterno y sereno que vivimos. Hubo discusiones serias y, sobre algunos puntos, opiniones contrarias; pero se expresaron con respeto, sin enfrentamientos agresivos, como sucede en otros foros. Se escucharon todas las voces, no s?lo de los obispos, sino tambi?n de muchos expertos, incluso de protestantes y jud?os invitados. En los grupos de trabajo, laicas y laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes y di?conos, expresaron con toda libertad su punto de vista. Todos ten?an derecho a voz, aunque s?lo los obispos derecho a voto, pues se trata de una Conferencia episcopal. No hemos sufrido las presiones internas y externas que vivimos durante la IV Conferencia en Santo Domingo, en octubre de 1992. Hemos trabajado, pues, con profundidad y en paz.

Como son muchos los temas que deb?amos tratar, nos distribuimos en varias comisiones y subcomisiones. Fui elegido para ser relator-secretario, junto con un obispo brasile?o, de la primera comisi?n, encargada de la parte que trata sobre la situaci?n actual de nuestro subcontinente, en sus aspectos social, pol?tico, econ?mico, cultural y religioso. Para empezar, como en un examen de conciencia, resaltamos las luces y las sombras de nuestra Iglesia; es decir, los puntos en que hemos avanzado, y los que nos reclaman una conversi?n personal y pastoral. Obviamente, analizamos el fen?meno de la globalizaci?n, con todas sus implicaciones, tanto positivas como negativas. En esta parte, abordamos lo referente a los ind?genas y afroamericanos. Cuando el documento final se publique, dar? m?s detalles.

Por cierto, fue muy oportuna la palabra del Papa, en respuesta a las cr?ticas que se le hab?an hecho sobre la no imposici?n de la fe cat?lica a los abor?genes. Dijo: ?Ciertamente el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompa?aron la obra de evangelizaci?n del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la poblaci?n ind?gena, pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar esos cr?menes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolom? de las Casas y te?logos como Francisco de Vitoria de la Universidad de Salamanca, no debe impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la gracia divina entre esas poblaciones a lo largo de estos siglos. El Evangelio en el continente se ha transformado de este modo en el elemento clave de una s?ntesis din?mica que, con matices diversos seg?n las naciones, expresa de todas formas la identidad de los pueblos latinoamericanos?.

Otras comisiones se encargaron de desarrollar el tema central: qu? significa Jesucristo para nosotros y para el mundo, y lo que implica ser sus disc?pulos y misioneros. Esta es nuestra preocupaci?n fundamental, pues mientras alguien no descubra la persona y el mensaje de Jes?s, no experimenta el amor de Dios, ni la redenci?n de sus pecados. Sin Cristo, la oscuridad nos invade y nos dejamos llevar por cualquier viento de doctrina, por los gustos del cuerpo, por las pasiones esclavizantes del esp?ritu; no se tiene un punto de referencia seguro en su vida. En cambio, cuando lo conocemos, no como un ser lejano, sino como Alguien que vive y est? presente en su Iglesia, en su Palabra, en los sacramentos, sobre todo en la Eucarist?a, en los pobres y en los acontecimientos, entonces todo adquiere una nueva dimensi?n; incluso el dolor, la enfermedad y la muerte tienen sentido, a partir de la cruz de Cristo. El es, en verdad, el camino cierto para que nuestra vida sea Vida.

Somos tan felices de ser disc?pulos de Jes?s, que quisi?ramos contagiar a todos de nuestra fe, que nos ilumina, alegra y fortalece. Estamos tan convencidos de que Jes?s es el ?nico Salvador, que anhelamos ser m?s misioneros, junto con nuestras di?cesis y parroquias, empezando por los propios cat?licos, pues nos preocupa que muchos de ellos lo son porque fueron bautizados en nuestra Iglesia, pero en su vida no manifiestan ser seguidores de Jes?s. No s?lo no practican su religi?n, sino que viven en forma contraria al Evangelio.

Hemos de preguntarnos si nosotros mismos, y tambi?n algunos de nuestros colaboradores, hemos descubierto en verdad al Se?or en nuestras vidas, pues a veces no hablamos en forma clara y expl?cita de El. En este sentido, me impresion? lo que nos dijo a los obispos una mujer colombiana: ?H?blennos m?s de Jesucristo?. Parecemos expertos en analizar la realidad, siendo que nuestra especialidad es ser disc?pulos y misioneros de Jes?s.

ACTUAR

Esta centralidad de Cristo en nuestras vidas no es un espiritualismo evasivo y alienante, que nos lleve a olvidarnos de los problemas del mundo; todo lo contrario. Quien ha descubierto a Jes?s, necesariamente aprende a amar a todos, en especial a los que sufren. Como nos dec?a el Papa en su discurso de apertura, ?la fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comuni?n: el encuentro con Dios es, en s? mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocaci?n, de unificaci?n, de responsabilidad hacia el otro y hacia los dem?s. En este sentido, la opci?n preferencial por los pobres est? impl?cita en la fe cristol?gica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza?. Es decir, ser disc?pulos de Jes?s exige luchar por que nuestros pueblos, sobre todo los pobres, tengan una vida digna. Por ello, en el documento final, desarrollamos muchas propuestas pastorales que esperamos llevar a la pr?ctica. ?Nada de evasi?n! Ojala nuestras di?cesis se eval?en en su fidelidad a Cristo y en su amor a los pobres. Sin estas dos dimensiones de la fe, vertical y horizontal, no somos en verdad cat?licos, ni cristianos.
Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Hablan los obispos
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