jueves, 31 de mayo de 2007
ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles, 30 de Mayo de 2007, dedicada a presentar la figura de Tertuliano, literato, filósofo, teólogo y apologista, nacido en Cartago, la actual Túnez, a mediados del siglo II.

Queridos hermanos y hermanas:

Con la catequesis de hoy retomamos el hijo abandonado con motivo del viaje en Brasil y seguimos hablando de las grandes personalidades de la Iglesia antigua: son maestros de fe también para nosotros hoy y testigos de la perenne actualidad de la fe cristiana.

Hoy hablamos de un africano, Tertuliano, que entre el final del siglo II e inicios del siglo III inaugura la literatura cristiana en latín. Con él comienza una teología en este idioma. Su obra ha dado frutos decisivos, que sería imperdonable infravalorar. Su influencia se desarrolla a diversos niveles: desde el lenguaje y la recuperación de la cultura clásica, hasta la individuación de un «alma cristiana» común en el mundo y la formulación de nuevas propuestas de convivencia humana.

No conocemos exactamente las fechas de su nacimiento y de su muerte. Sin embargo, sabemos que en Cartago, a finales del siglo II, recibió de padres y maestros paganos una sólida formación retórica, filosófica, jurídica e histórica. Se convirtió al cristianismo atraído, según parece, por el ejemplo de los mártires cristianos.

Comenzó a publicar sus escritos más famosos en el año 197. Pero una búsqueda demasiado individual de la verdad junto con la intransigencia de su carácter, le llevaron poco a poco a abandonar la comunión con la Iglesia y a unirse a la secta del montanismo. Sin embargo, la originalidad de su pensamiento y la incisiva eficacia de su lenguaje le dan un lugar de particular importancia en la literatura cristiana antigua.

Son famosos sobre todo sus escritos de carácter apologético. Manifiestan dos objetivos principales: en primer lugar, el de confutar las gravísimas acusaciones que los paganos dirigían contra la nueva religión; y en segundo lugar, de manera más positiva y misionera, el de comunicar el mensaje del Evangelio en diálogo con la cultura de su época.

Su obra más conocida, «Apologético», denuncia el comportamiento injusto de las autoridades políticas con la Iglesia; explica y defiende las enseñanzas y las costumbres de los cristianos; presenta las diferencias entre la nueva religión y las principales corrientes filosóficas de la época; manifiesta el triunfo del Espíritu, que opone a la violencia de los perseguidores la sangre, el sufrimiento y la paciencia de los mártires: «Por más que sea refinada --escribe el autor africano--, vuestra crueldad no sirve de nada: es más, para nuestra comunidad constituye una invitación. Después de cada uno de vuestros golpes de hacha, nos hacemos más numerosos: ¡la sangre de los cristianos es semilla eficaz! (semen est sanguis christianorum!)" (Apologético 50,13). Al final vencen el martirio y el sufrimiento y son más eficaces que la crueldad y la violencia de los regímenes totalitarios.

Pero Tertuliano, como todo buen apologista, experimenta al mismo tiempo la necesidad de comunicar positivamente la esencia del cristianismo. Por este motivo, adopta el método especulativo para ilustrar los fundamentos racionales del dogma cristiano. Los profundiza de manera sistemática, comenzando con la descripción del «Dios de los cristianos». «Aquél a quien adoramos es un Dios único», atestigua el apologista. Y sigue, utilizando las paradojas características de su lenguaje: «Él es invisible, aunque se le vea; inalcanzable, aunque esté presente a través de la gracia; inconcebible, aunque los sentidos le puedan concebir; por este motivo es verdadero y grande» (ibídem 17,1-2).

Tertuliano, además, da un paso enorme en el desarrollo del dogma trinitario; nos dejó el lenguaje adecuado en latín para expresar este gran misterio, introduciendo los términos de «una sustancia» y «tres Personas». También desarrolló mucho el lenguaje correcto para expresar el misterio de Cristo, Hijo de Dios y verdadero Hombre.

El autor africano habla también del Espíritu Santo, demostrando su carácter personal y divino: «Creemos que, según su promesa, Jesucristo envió por medio del Padre al Espíritu Santo, el Paráclito, el santificador de la fe de quienes creen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu» (ibídem, 2,1).

En sus obras se leen además numerosos textos sobre la Iglesia, a la que Tertuliano reconoce como «madre». Incluso tras su adhesión al montanismo, no olvidó que la Iglesia es la Madre de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. Analiza también la conducta moral de los cristianos y la vida futura.

Sus escritos son importantes, además, para comprender tendencias vivas en las comunidades cristianas sobre María santísima, sobre los sacramentos de la Eucaristía, del Matrimonio y de la Reconciliación, sobre el primado de Pedro, sobre la oración…

En especial, en aquellos años de persecución en los que los cristianos parecían una minoría perdida, el apologista les exhorta a la esperanza, que --según sus escritos-- no es simplemente una virtud, sino un modo de vida que abarca cada uno de los aspectos de la existencia cristiana.

Tenemos la esperanza de que el futuro sea nuestro porque el futuro es de Dios. De este modo, la resurrección del Señor se presenta como el fundamento de nuestra resurrección futura, y representa el objeto principal de la confianza de los cristianos: «La carne resucitará --afirma categóricamente el africano--: toda la carne, precisamente la carne. Allí donde se encuentre, se encuentra en consigna ante Dios, en virtud del fidelísimo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, que restituirá Dios al hombre y el hombre a Dios» («La resurrección del cuerpo», 63,1).

Desde el punto de vista humano, se puede hablar sin duda del drama de Tertuliano. Con el paso del tiempo, se hizo cada vez más exigente con los cristianos. Pretendía de ellos en toda circunstancia, y sobre todo en las persecuciones, un comportamiento heroico. Rígido en sus posiciones, no ahorraba duras críticas y acabó inevitablemente aislándose. De hecho, hoy día quedan aún abiertas muchas cuestiones, no sólo sobre el pensamiento teológico y filosófico de Tertuliano, sino también sobre su actitud ante las instituciones políticas de la sociedad pagana.

Esta gran personalidad moral e intelectual, este hombre que ha dado una contribución tan grande al pensamiento cristiano, me hace reflexionar mucho. Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad para integrarse en la Iglesia, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo.

Cuando sólo se ve el propio pensamiento en su grandeza, al final se pierde esta grandeza. La característica esencial de un gran teólogo es la humildad para estar con la Iglesia, para aceptar sus propias debilidades, pues sólo Dios es totalmente santo. Nosotros, sin embargo, siempre tenemos necesidad de perdón.

En definitiva, el autor africano permanece como un testigo interesante de los primeros tiempos de la Iglesia, cuando los cristianos se convirtieron en sujetos de «nueva cultura» en el encuentro entre herencia clásica y mensaje evangélico. Es suya la famosa afirmación, según la cual, nuestra alma es «naturaliter cristiana» («Apologético», 17, 6), con la que Tertuliano evoca la perenne continuidad entre los auténticos valores humanos y los cristianos; y también es suya la reflexión, inspirada directamente en el Evangelio, según la cual, «el cristiano no puede odiar ni siquiera a sus propios enemigos» (Cf. «Apologético», 37). Implica una consecuencia moral ineludible de la opción de fe que propone la «no violencia» como regla de vida: y no es posible dejar de ver la dramática actualidad de esta enseñanza, a la luz del encendido debate sobre las religiones.

En los escritos del africano, en definitiva, se afrontan numerosos temas que todavía hoy tenemos que afrontar. Nos involucran en una fecunda búsqueda interior, a la que invito a todos los fieles, para que sepan expresar de manera cada vez más convincente la «Regla de la fe», según la cual, como dice Tertuliano, «nosotros creemos que hay un solo Dios, y no hay otro fuera del Creador del mundo: él lo ha hecho todo de la nada por medio de su Verbo, engendrado antes de todo» («La prescripción de los herejes» 13, 1).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
Tertuliano inaugura la literatura cristiana en latín. De padres y profesores paganos recibe, en Cartago, una sólida formación retórica, filosófica, jurídica e histórica. Atraído por el ejemplo de los mártires, cuya sangre es «una semilla eficaz», se convirtió al cristianismo, pero una búsqueda demasiado individual de la verdad lo llevó a abandonar la Iglesia, uniéndose a la herejía de los montanistas, aunque más tarde fundó su propia secta, los tertulianistas. Con sus escritos intenta rebatir las acusaciones de los paganos contra la nueva religión y comunicar el Evangelio en diálogo con la cultura del tiempo. Contribuye, además, al desarrollo del dogma trinitario, afrontando el problema de la definición de las tres Personas divinas. Importante es su cristología, así como los textos sobre la Iglesia, la conducta moral de los cristianos, la vida futura y las referencias a María, la Eucaristía, el Matrimonio, la Reconciliación, el primado de Pedro, la oración y la resurrección, objeto principal de la fe de los cristianos.

Tertuliano es un interesante testigo de los primeros tiempos de la Iglesia, cuando los cristianos debían ser sujetos de «nueva cultura» entre la herencia clásica y el mensaje evangélico.

Saludo a los peregrinos llegados de España, México y Chile. De modo especial a la Asociación de Caballeros y Damas de Nuestra Señora de Guadalupe, acompañados por el Señor Cardenal Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo y sus Obispos Auxiliares, así como a los obispos y fieles de las diócesis extremeñas, con ocasión del primer centenario de la Declaración de la Nuestra Señora de Guadalupe como Patrona de Extremadura. Que la imagen de la Santísima Virgen que hoy traéis a Roma, tan venerada en vuestro Monasterio guadalupano, y réplica de la que el Papa San Gregorio Magno regaló a San Leandro de Sevilla, siga acompañando las celebraciones jubilares y bendiga a todo esa región española que tuvo una participación tan activa en la obra de la evangelización de América.
Publicado por Desconocido @ 23:55  | Habla el Papa
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Responde monseñor José Luis Guerrero Rosado



Es enternecedor y respetable que la devoción de la gente vea signos divinos en su acontecer diario, puesto que, en efecto, toda la naturaleza que nos rodea nos habla de Dios y de su interés por nosotros, pero, en su Providencia es algo inusual y no deseado por Él que abunden las evidencias sobrenaturales. Recordemos que Jesús califica de «dichosos aquellos que no vieron y creyeron» (Juan 20, 29).

Aunque Dios es libérrimo de hacerlo, no es lo normal que se ponga a repetir con un milagro lo que ya dejó clarísimo en su Ley y en nuestra conciencia: la prohibición de asesinar inocentes.


El milagro fue la aparición de Guadalupe

Por supuesto que la aparición de María Santísima en el Tepeyac fue un maravilloso milagro, y, en el orden moral, comprobamos que sigue el Señor haciéndolos incontables aquí, por intercesión de su Madre. Sin embargo, la Iglesia es sumamente cauta para aceptar milagros físicos, como el que se supone que fue esa luz.

Sin negar que los fieles puedan tomar este fenómeno como signo del amor materno divino, aquí, en realidad, estamos ante un hecho sólo supuestamente inexplicable, pero en realidad no suficientemente examinado, y al que se le atribuye una categoría sobrenatural aún no demostrada, pues es insuficiente que un Ingeniero haya hecho un solo control de un negativo.

Antes que todo, no es afirmación de la Iglesia

Aun suponiendo que a la luz que se ve en las fotografías no se le encontrase una explicación natural, lo único que constaría sería eso: que apareció una luz inexplicada.

Eso no brinda suficiente base para afirmar con certeza que «la imagen de la virgen comenzó como a retirarse para dar paso a una luz intensa que salía de su vientre con un brillo y halo divino con la forma de un embrión, y se hizo presente ante nuestros ojos, Cristo no nacido antes de nacer».

Eso, si nos fijamos, no es describir lo que sucedió, sino precipitarse a interpretar como milagro algo a lo que no se le ha hallado una explicación normal.

Repetimos que es legítimo y conmovedor que lo haga así quien considere que Dios le está hablando en esa forma, pero eso no es, ni puede ser, afirmación oficial de la Iglesia católica, ni de la Arquidiócesis de México y ni aún de las autoridades de la Basílica de Guadalupe.


Publicado por Desconocido @ 23:52  | Noticias de religión
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La delegación mexicana, la segunda más numerosa en participación en Aparecida, ha emitido un comunicado en el que puntualiza el sentido de esta experiencia para la Iglesia de México, el segundo país con mayor número de católicos en el mundo.

Muy queridos hermanos y hermanas:

Al término de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, desde el Santuario dedicado a María en su advocación de Aparecida, los representantes (17 obispos, 2 presbíteros, un diácono permanente, una religiosa, una consagrada secular y dos laicos) que vinimos de México, les saludamos con afecto y les agradecemos el apoyo de sus oraciones.

¡Jesucristo es el Camino Verdadero de nuestra Vida! Con el gozo de esta verdad, compartimos con ustedes la reflexión de estos días acerca de nuestra vocación que, como Discípulos y Misioneros estamos llamados a realizar. Este encuentro lo hemos vivido en convivencia alegre y fraterna, en el calor de la oración, especialmente el de la celebración eucarística.

Los invitamos a renovar el fuego del Espíritu para experimentar un encuentro personal con Jesucristo vivo y, como discípulos, seguirle con coherencia y dinamismo. Renovamos nuestro deseo de trabajar para que todos los católicos y, en particular, los agentes de pastoral, profundicemos en nuestra identidad como discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestra nación en Él tenga vida.

Invitamos especialmente a los presbíteros a que respondan con entusiasmo a su vocación y, fieles a su misión y confiados en la primacía de la gracia, dediquen más tiempo a buscar caminos que ayuden a fortalecer la fe de los bautizados y formen comunidades en las que se acreciente el compromiso cristiano, donde Jesucristo sea el centro que llena las auténticas expectativas humanas y espirituales. Que este encuentro personal y comunitario con Cristo vivo nos lleve a la solidaridad con los demás, de manera especial con los pobres y los que sufren.

De una formación sólida, fruto de la escucha de la Palabra, en la que estamos todos comprometidos, han de surgir los auténticos misioneros. Hemos asumido el compromiso de vivir en estado de Misión Permanente en nuestro Continente. Les invitamos a que se unan a este proyecto para vivirlo en nuestras Diócesis y parroquias. Como servidores del Evangelio, participemos para que en verdad logremos un Continente del amor, de la vida y de la paz.

En comunión y colaboración fraterna elaboramos un Documento conclusivo que, con el aval del Santo Padre, pronto tendremos en nuestras manos. Mientras tanto, hemos hecho algunas propuestas a la Presidencia de la CEM para impulsar su difusión y la puesta en práctica sobre todo en orden a la Misión Continental.

En sintonía con esta V Conferencia, inspirados por Santa María de Guadalupe, discípula y misionera perfecta, bajo el cuidado y el ejemplo de nuestros santos mártires y confesores, les invitamos a prepararnos a la realización de esta Misión Continental, buscando a los alejados de la Iglesia y asumiendo el reto de evangelizar con mayor profundidad a todos los bautizados.

Impulsados por el Espíritu Santo, que se ha manifestado en esta gozosa experiencia de Iglesia en nuestro continente, regresamos con esperanza y con un renovado compromiso evangelizador a reencontrarnos con ustedes.

Esperamos con ilusión y entusiasmo el Documento conclusivo para que oriente, renueve y fortalezca nuestros procesos pastorales.

A los 31 días del mes de Mayo de 2007, fiesta de la Visitación de María.

Por los participantes:

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

+ Juan Cardenal Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara

+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Presidente de la CEM

+ José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Secretario General de la CEM
Publicado por Desconocido @ 23:44  | Hablan los obispos
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AMERICA/BRASIL - V Conferencia General de Aparecida - “Esta Conferencia tendrá que reflejarse en un gran impulso renovador para la Iglesia en toda América Latina que deberá tener como centro a Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida”: entrevista con el Cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

Aparecida (Agencia Fides) - El Cardenal Jorge Liberato Urosa Savino Arzobispo de Caracas (Venezuela) comenta brevemente en un coloquio con la Agencia Fides, algunas de sus impresiones y experiencias más significativas después de 20 días de intenso trabajo durante la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

“Hay varios aspectos que son muy significativos - afirma el Cardenal - En primer lugar el hecho de haberlo celebrado en el Santuario Mariano de Aparecida nos ha hecho sentir el amor a la Santísima Virgen María que es patrimonio de la Iglesia Católica Universal pero de una manera muy específica de la Iglesia en América Latina y aquí en Brasil. Yo estoy gratamente asombrado y admirado de la cantidad de peregrinos que permanentemente están aquí en este gran santuario y que manifiestan ese cariño a la Santísima Virgen y que es como una especie de sello de la catolicidad en nuestros países latinoamericanos. Esto por supuesto me estimula, me edifica y es un gran ejemplo para mi propia vida personal y también tendrá una proyección en mi carrera pastoral allá a Caracas”
En segundo lugar el Cardenal destaca “la experiencia de la colegialidad, de la pertenencia a una comunidad de creyentes que está representada aquí en sus Obispos, la experiencia de la comunión eclesial con todos los obispos, con la Santa Sede que está aquí representada por varios Cardenales y Obispos y por supuesto el haber tenido el encuentro con el Santo Padre los días 12 en la tarde y el día 13. Son experiencias de comunión, experiencias de unidad, experiencias que a uno lo animan, ninguno de nosotros está solo, todos estamos muy acompañados y estamos acompañados por gente de grandes virtudes, de grandes talentos como son los obispos que están aquí congregados en esta V Conferencia”.

Como conclusión del evento considera el Cardenal Urosa que “esta Conferencia tendrá que reflejarse en un gran impulso renovador para la Iglesia en toda América Latina y el Caribe y uno de los elementos de esa renovación será muy probablemente una gran misión continental que se está cuajando en estos días acá en la V Conferencia. Por supuesto esta renovación y esta gran misión tendrán como centro a Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida, el único que puede darnos la auténtica felicidad y aquel en cuyo nombre solamente podemos encontrar la salvación”. (FP/RG) (Agencia Fides 31/5/2007 Líneas: 31 Palabras: 443)
Publicado por Desconocido @ 23:35  | Entrevistas
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ZENIT publica el artículo que ha enviado desde Aparecida monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, quien participa en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

VER

Estamos concluyendo, con gozo y esperanza, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, en Aparecida, Brasil. Ya aprobamos el documento final, que se publicará oficialmente hasta que sea sometido, como signo de comunión eclesial, al juicio del Santo Padre. ¿Qué hemos hecho y qué se vislumbra hacia delante?

Antes de su inicio, algunos comentaristas decían que nada esperaban de esta reunión, pues, en su opinión, la mayoría de los obispos participantes, elegidos por Juan Pablo II, somos conservadores; por tanto, que su resultado sería muy limitado. Ellos querrían que la Iglesia se adaptara a los postulados del mundo, y no les importa nuestra fidelidad al Evangelio.

Por lo contrario, otros esperan demasiado. Se imaginan que del documento que elaboramos dependerá toda la renovación de la Iglesia, como si un escrito hiciera la revolución espiritual y pastoral que requiere el momento histórico que vivimos.

JUZGAR

Ante todo, quiero resaltar el ambiente fraterno y sereno que vivimos. Hubo discusiones serias y, sobre algunos puntos, opiniones contrarias; pero se expresaron con respeto, sin enfrentamientos agresivos, como sucede en otros foros. Se escucharon todas las voces, no sólo de los obispos, sino también de muchos expertos, incluso de protestantes y judíos invitados. En los grupos de trabajo, laicas y laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes y diáconos, expresaron con toda libertad su punto de vista. Todos tenían derecho a voz, aunque sólo los obispos derecho a voto, pues se trata de una Conferencia episcopal. No hemos sufrido las presiones internas y externas que vivimos durante la IV Conferencia en Santo Domingo, en octubre de 1992. Hemos trabajado, pues, con profundidad y en paz.

Como son muchos los temas que debíamos tratar, nos distribuimos en varias comisiones y subcomisiones. Fui elegido para ser relator-secretario, junto con un obispo brasileño, de la primera comisión, encargada de la parte que trata sobre la situación actual de nuestro subcontinente, en sus aspectos social, político, económico, cultural y religioso. Para empezar, como en un examen de conciencia, resaltamos las luces y las sombras de nuestra Iglesia; es decir, los puntos en que hemos avanzado, y los que nos reclaman una conversión personal y pastoral. Obviamente, analizamos el fenómeno de la globalización, con todas sus implicaciones, tanto positivas como negativas. En esta parte, abordamos lo referente a los indígenas y afroamericanos. Cuando el documento final se publique, daré más detalles.

Por cierto, fue muy oportuna la palabra del Papa, en respuesta a las críticas que se le habían hecho sobre la no imposición de la fe católica a los aborígenes. Dijo: «Ciertamente el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar esos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria de la Universidad de Salamanca, no debe impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la gracia divina entre esas poblaciones a lo largo de estos siglos. El Evangelio en el continente se ha transformado de este modo en el elemento clave de una síntesis dinámica que, con matices diversos según las naciones, expresa de todas formas la identidad de los pueblos latinoamericanos».

Otras comisiones se encargaron de desarrollar el tema central: qué significa Jesucristo para nosotros y para el mundo, y lo que implica ser sus discípulos y misioneros. Esta es nuestra preocupación fundamental, pues mientras alguien no descubra la persona y el mensaje de Jesús, no experimenta el amor de Dios, ni la redención de sus pecados. Sin Cristo, la oscuridad nos invade y nos dejamos llevar por cualquier viento de doctrina, por los gustos del cuerpo, por las pasiones esclavizantes del espíritu; no se tiene un punto de referencia seguro en su vida. En cambio, cuando lo conocemos, no como un ser lejano, sino como Alguien que vive y está presente en su Iglesia, en su Palabra, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, en los pobres y en los acontecimientos, entonces todo adquiere una nueva dimensión; incluso el dolor, la enfermedad y la muerte tienen sentido, a partir de la cruz de Cristo. El es, en verdad, el camino cierto para que nuestra vida sea Vida.

Somos tan felices de ser discípulos de Jesús, que quisiéramos contagiar a todos de nuestra fe, que nos ilumina, alegra y fortalece. Estamos tan convencidos de que Jesús es el único Salvador, que anhelamos ser más misioneros, junto con nuestras diócesis y parroquias, empezando por los propios católicos, pues nos preocupa que muchos de ellos lo son porque fueron bautizados en nuestra Iglesia, pero en su vida no manifiestan ser seguidores de Jesús. No sólo no practican su religión, sino que viven en forma contraria al Evangelio.

Hemos de preguntarnos si nosotros mismos, y también algunos de nuestros colaboradores, hemos descubierto en verdad al Señor en nuestras vidas, pues a veces no hablamos en forma clara y explícita de El. En este sentido, me impresionó lo que nos dijo a los obispos una mujer colombiana: «Háblennos más de Jesucristo». Parecemos expertos en analizar la realidad, siendo que nuestra especialidad es ser discípulos y misioneros de Jesús.

ACTUAR

Esta centralidad de Cristo en nuestras vidas no es un espiritualismo evasivo y alienante, que nos lleve a olvidarnos de los problemas del mundo; todo lo contrario. Quien ha descubierto a Jesús, necesariamente aprende a amar a todos, en especial a los que sufren. Como nos decía el Papa en su discurso de apertura, «la fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». Es decir, ser discípulos de Jesús exige luchar por que nuestros pueblos, sobre todo los pobres, tengan una vida digna. Por ello, en el documento final, desarrollamos muchas propuestas pastorales que esperamos llevar a la práctica. ¡Nada de evasión! Ojala nuestras diócesis se evalúen en su fidelidad a Cristo y en su amor a los pobres. Sin estas dos dimensiones de la fe, vertical y horizontal, no somos en verdad católicos, ni cristianos.
Publicado por Desconocido @ 23:29  | Hablan los obispos
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30 de Mayo

Ciento cincuenta personas de la parroquia de Santa Bárbara de la capital tinerfeña, acompañadas por su párroco Don Isidoro, aprovechando la fiesta del DÍA DE CANARIAS, visitaron el pueblo y templo parroquial de La Guancha. Tuvieron la oportunidad de contemplar el vetusto templo con sus retablos barrocos dorados y policromados y recibir una pequeña explicación de la evolución del templo a lo largo de cuatro siglos. Pero lo más importante de la visita fue la celebración de la Santa Misa en la que Don Isidoro emocionado evocó los vínculos que le unían a este templo donde fuera bautizada su madre y en el que contrajera matrimonio. Recuerdo agradecido para ella y su esposo recientemente fallecidos.
Gracias a los fieles de Santa Bárbara y a su párroco por su visita.
Publicado por Desconocido @ 23:00  | Noticias Parroquiales
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1 de Junio

• El pasado miércoles en Arafo el Obispo realizó la Coronación Canónica de la imagen de María Auxiliadora. La celebración tuvo lugar en la plaza de San Juan Degollado y en ella, entre otras personas, estuvo presente el Consejero General de la Congregación Salesiana, Filiberto Rodríguez; el párroco, Vicente Jorge Rodríguez y representantes de los distintos centros salesianos de la isla y autoridades locales. Luego se celebró una procesión acompañada por la Banda de Música Sociedad Filarmónica Nivaria y la Agrupación Artístico Musical La Candelaria.
Publicado por Desconocido @ 22:40  | Comunicados Diocesanos
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La V Conferencia celebrada en Aparecida culminó con un Mensaje final dirigido a los Pueblos de América Latina y el Caribe.

MENSAJE DE LA V CONFERENCIA GENERAL
A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


Reunidos en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida en Brasil, saludamos en el amor del Señor a todo el Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.


Del 13 al 31 de mayo de 2007, estuvimos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, inaugurada con la presencia y la palabra del Santo Padre Benedicto XVI.


En nuestros trabajos, realizados en ambiente de ferviente oración, fraternidad y comunión afectiva, hemos buscado dar continuidad al camino de renovación recorrido por la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II y en las anteriores cuatro Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.


Al terminar esta V Conferencia les anunciamos que hemos asumido el desafío de trabajar para darle un nuevo impulso y vigor a nuestra misión en y desde América Latina y el Caribe.


1. Jesús Camino, Verdad y Vida

“ Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ” (Jn 14,6)
Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamando con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro continente: Somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por Él podemos ser libres del pecado, de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. ¡Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida!


2. Llamados al seguimiento de Jesús

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ” (Jn 1,39)
La primera invitación que Jesús hace a toda persona que ha vivido el encuentro con Él, es la de ser su discípulo, para poner sus pasos en sus huellas y formar parte de su comunidad. ¡Nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos! Él nos llama a cada uno por nuestro nombre, conociendo a fondo nuestra historia (cf. Jn 10,3), para convivir con Él y enviarnos a continuar su misión (cf. Mc 3,14-15).
¡Sigamos al Señor Jesús! Discípulo es el que habiendo respondido a este llamado, lo sigue paso a paso por los caminos del Evangelio. En el seguimiento oímos y vemos el acontecer del Reino de Dios, la conversión de cada persona, punto de partida para la transformación de la sociedad, y se nos abren los caminos de la vida eterna. En la escuela de Jesús aprendemos una “vida nueva” dinamizada por el Espíritu Santo y reflejada en los valores del Reino.
Identificados con el Maestro, nuestra vida se mueve al impulso del amor y en el servicio a los demás. Este amor implica una continua opción y discernimiento para seguir el camino de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-26). No temamos la cruz que supone la fidelidad al seguimiento de Jesucristo, pues ella está iluminada por la luz de la Resurrección. De esta manera, como discípulos, abrimos caminos de vida y esperanza para nuestros pueblos sufrientes por el pecado y todo tipo de injusticias.
El llamado a ser discípulos-misioneros nos exige una decisión clara por Jesús y su Evangelio, coherencia entre la fe y la vida, encarnación de los valores del Reino, inserción en la comunidad y ser signo de contradicción y novedad en un mundo que promueve el consumismo y desfigura los valores que dignifican al ser humano. En un mundo que se cierra al Dios del amor, ¡somos una comunidad de amor, no del mundo sino en el mundo y para el mundo! (cf. Jn 15,19; 17,14-16).


3. El discipulado misionero en la pastoral de la Iglesia

“ Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos ” (Mt 28,19)
Constatamos cómo el camino del discipulado misionero es fuente de renovación de nuestra pastoral en el Continente y nuevo punto de partida para la Nueva Evangelización de nuestros pueblos.

Una Iglesia que se hace discípula
De la parábola del Buen Pastor aprendemos a ser discípulos que se alimentan de la Palabra : “Las ovejas le siguen porque conocen su voz” (Jn 10,4). Que la Palabra de Vida (cf. Jn 6,63), saboreada en la Lectura Orante y la celebración y vivencia del don de la Eucaristía , nos transformen y nos revelen la presencia viva del Resucitado que camina con nosotros y actúa en la historia (cf. Lc 24,13-35).
Con firmeza y decisión, continuaremos ejerciendo nuestra tarea profética discerniendo dónde está el camino de la verdad y de la vida; levantando nuestra voz en los espacios sociales de nuestros pueblos y ciudades, especialmente, a favor de los excluidos de la sociedad. Queremos estimular la formación de políticos y legisladores cristianos para que contribuyan a la construcción de una sociedad justa y fraterna según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Una Iglesia formadora de discípulos y discípulas
Todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea.
La alegría de ser discípulos y misioneros se percibe de manera especial donde hacemos comunidad fraterna. Estamos llamados a ser Iglesia de brazos abiertos, que sabe acoger y valorar a cada uno de sus miembros. Por eso, alentamos los esfuerzos que se hacen en las parroquias para ser “casa y escuela de comunión”, animando y formando pequeñas comunidades y comunidades eclesiales de base, así como también en las asociaciones de laicos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Nos proponemos reforzar nuestra presencia y cercanía. Por eso, en nuestro servicio pastoral, invitamos a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Hagamos que todos, al ser valorados, puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa.
Al reafirmar el compromiso por la formación de discípulos y misioneros, esta Conferencia se ha propuesto atender con más cuidado las etapas del primer anuncio, la iniciación cristiana y la maduración en la fe. Desde el fortalecimiento de la identidad cristiana ayudemos a cada hermano y hermana a descubrir el servicio que el Señor le pide en la Iglesia y en la sociedad.
En un mundo sediento de espiritualidad y concientes de la centralidad que ocupa la relación con el Señor en nuestra vida de discípulos, queremos ser una Iglesia que aprende a orar y enseña a orar. Una oración que nace de la vida y el corazón y es punto de partida de celebraciones vivas y participativas que animan y alimentan la fe.


4. Discipulado misionero al servicio de la vida

“ Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia ” (Jn 10,10).
Desde el cenáculo de Aparecida nos disponemos a emprender una nueva etapa de nuestro caminar pastoral declarándonos en misión permanente . Con el fuego del Espíritu vamos a inflamar de amor nuestro Continente: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre Ustedes, y serán mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

En fidelidad al mandato misionero
Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras.

Como fermento en la masa
Seamos misioneros del Evangelio no sólo con la palabra sino sobre todo con nuestra propia vida, entregándola en el servicio, inclusive hasta el martirio.
Jesús comenzó su misión formando una comunidad de discípulos misioneros, la Iglesia , que es el inicio del Reino. Su comunidad también fue parte de su anuncio. Insertos en la sociedad, hagamos visible nuestro amor y solidaridad fraterna (cf. Jn 13,35) y promovamos el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. En una sociedad cada vez más plural, seamos integradores de fuerzas en la construcción de un mundo más justo, reconciliado y solidario.

Servidores de la mesa compartida
Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.
Nos comprometemos a defender a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, presos, migrantes. Velamos por el respeto al derecho que tienen los pueblos de defender y promover “los valores subyacentes en todos los estratos sociales, especialmente en los pueblos indígenas” (Benedicto XVI, Discurso Guarulhos No.4). Queremos contribuir para garantizar condiciones de vida digna: salud, alimentación, educación, vivienda y trabajo para todos.
La fidelidad a Jesús nos exige combatir los males que dañan o destruyen la vida, como el aborto, las guerras, el secuestro, la violencia armada, el terrorismo, la explotación sexual y el narcotráfico.
Invitamos a todos los dirigentes de nuestras naciones a defender la verdad y a velar por el inviolable y sagrado derecho a la vida y la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural.
Ponemos a disposición de nuestros países los esfuerzos pastorales de la Iglesia para aportar en la promoción de una cultura de la honestidad que subsane la raíz de las diversas formas de violencia, enriquecimiento ilícito y corrupción.
En coherencia con el proyecto del Padre creador, convocamos a todas las fuerzas vivas de la sociedad para cuidar nuestra casa común, la tierra, amenazada de destrucción. Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos.


5. Hacia un continente de la vida, del amor y de la paz

“En esto todos conocerán que son discípulos míos” (Jn 13,35)
Nosotros, participantes en la V Conferencia General en Aparecida, y junto con toda la Iglesia “comunidad de amor”, queremos abrazar a todo el continente para transmitirles el amor de Dios y el nuestro. Deseamos que este abrazo alcance también al mundo entero.


Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda.
Con el fuego del Espíritu Santo, avancemos construyendo con esperanza nuestra historia de salvación en el camino de la evangelización, teniendo en torno nuestro a tantos testigos (cf. Hb 12,1), que son los mártires, santos y beatos de nuestro continente. Con su testimonio nos han mostrado que la fidelidad vale la pena y es posible hasta el final.
Unidos a todo el pueblo orante, confiamos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, primera discípula y misionera al servicio de la vida, del amor y de la paz, invocada bajo los títulos de Nuestra Señora Aparecida y de Nuestra Señora de Guadalupe, el nuevo impulso que brota a partir de hoy en toda América Latina y el Caribe, bajo el soplo del nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia a partir de esta V Conferencia que aquí hemos celebrado.


En Medellín y en Puebla terminamos diciendo “CREEMOS”. En Aparecida, como lo hicimos en Santo Domingo, proclamamos con todas nuestras fuerzas: CREEMOS Y ESPERAMOS.


Esperamos…


Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía..
Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo.
Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera.
Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu de comunión.
Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.
Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.
Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.
Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.
Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino.
Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.
Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes.
Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno”, como también en el diálogo interreligioso.
Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz.
Cuidar la creación, casa de todos en fidelidad al proyecto de Dios.
Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe.

¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!

Aparecida – Brasil, 29 de Mayo de 2007
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Se ha recibido la siguiente comunicación:


Estimado párroco:

La Fundación San Juan tiene la alegría de anunciarles la aparición de su último libro Miremos al Traspasado de Joseph Ratzinger, su Santidad Benedicto XVI. Esta obra se compone de ensayos sobre el misterio de Cristo surgidos al inicio de los años ochenta.

El autor nos invita con las palabras del evangelista Juan a mirar al que traspasamos, al Hijo de Dios que por nosotros se dejó traspasar en la cruz por el pecado del mundo.

La primera parte se compone de ensayos en el que los diversos aspectos del misterio de Jesucristo se concentran y develan en su actitud orante, en su diálogo orante con el Padre. Por tanto, contemplarlo realmente significa rezar a Él y con Él al Padre en la unidad del Espíritu. Esa contemplación no es la actividad ni el fruto de un individuo aislado, sino de la Communio que nace de su costado traspasado, de su Iglesia, su Esposa.

La segunda parte del libro recoge prédicas dadas el Viernes, Sábado y Domingo de Pascua de 1981 en la catedral de Munich. Son una alabanza litúrgica de la donación del Hijo al Padre y a los hombres en su muerte y resurrección. Mirando al Traspasado somos conducidos a la glorificación mutua de Padre, Hijo y Espíritu, que de ahora en más se transforma en la verdadera patria del hombre.

Igualmente queremos comunicarles que continuamos nuestra tarea de traducción y publicación de la obra de Adrienne von Speyr. Hasta ahora fueron publicados cuatro volúmenes con los siguientes libros:

- La Palabra se hace carne. Meditaciones sobre el Evangelio según San Juan, 1-5.

- La Confesión. La santa Misa. Palabras de la Cruz y Sacramentos.

- La Creación. Elías. La misión de los Profetas. El Cantar de los Cantares.

- Ancilla Domini. María en la redención.


De la misma autora están en preparación: El Sermón de la Montaña. Las Parábolas. El mundo de la oración y La luz y las imágenes.

Por último, le comunicamos la aparición de la última obra de Hans Urs von Balthasar Si no os hacéis como este Niño. Una pequeña obra que condensa su pensamiento y nos lega su intención más profunda.

Del mismo autor está por aparecer en los próximos meses El Rosario. La salvación del mundo en la oración de María.


Muchas gracias por su atención,

A su servicio,


Por Fundación San Juan,

Natalia Bruno



Para la Argentina y países aledaños se pueden dirigir a:

Fundación San Juan

25 de mayo 183

2300 – Rafaela – Santa Fe

Tel: 03492 - 505311

Contacto: info@fundacionsanjuan.com.ar
Página Web: www.fundacionsanjuan.com.ar


Para México y países aledaños se pueden dirigir a:

Parroquia del Perpetuo Socorro y de San José

Manuel Villalongín 36

06500 Col. Cuahtémoc, México, D.F.

Tel. y fax (55) 5535 7472 con las Srta. Ma. Antonieta Mosqueda



Para España y países europeos se pueden dirigir a:

Fundación MAIOR

C. Desengaño 10 - 3º A

Madrid

Tel: 91. 522 76 95

Contacto: info@maior.es

Página Web: www.maior.es
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Resumen del Documento Final de la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Aparecida – Brasil
13 – 31 de Mayo de 2007


RESUMEN DEL DOCUMENTO FINAL


Aparecida, 30/5/2007


1. Los obispos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y El Caribe quieren impulsar, con el acontecimiento celebrado junto a Nuestra Señora Aparecida en el espíritu de “un nuevo Pentecostés”, y con el documento final que resume las conclusiones de su diálogo, una renovación de la acción de la Iglesia. Todos sus miembros están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, para que nuestros pueblos tengan vida en Él. En la senda abierta por el Concilio Vaticano II y en continuidad creativa con las anteriores Conferencias de Río de Janeiro, 1955; Medellín, 1968; Puebla, 1979; y Santo Domingo, 1992, han reflexionado sobre el tema Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ' (Jn 14,6) , y han procurado trazar en comunión líneas comunes para proseguir la nueva evangelización a nivel regional.

2. Ellos expresan, junto con el Papa Benedicto XVI, que el patrimonio más valioso de la cultura de nuestros pueblos es “ la fe en Dios Amor ”. Reconocen con humildad las luces y las sombras que hay en la vida cristiana y en la tarea eclesial. Quieren iniciar una nueva etapa pastoral , en las actuales circunstancias históricas, marcada por un fuerte ardor apostólico y un mayor compromiso misionero para proponer el Evangelio de Cristo como camino a la verdadera vida que Dios brinda a los hombres. En diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres, asumen “la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este Continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo” (Benedicto XVI, Discurso Inaugural, 3). Se han propuesto renovar las comunidades eclesiales y estructuras pastorales para encontrar los cauces de la trasmisión de la fe en Cristo como fuente de una vida plena y digna para todos, para que la fe, la esperanza y el amor renueven la existencia de las personas y transformen las culturas de los pueblos.

3. En ese contexto y con ese espíritu ofrecen sus conclusiones abiertas en el Documento final . El texto tiene tres grandes partes que sigue el método de reflexión teológico-pastoral “ver, juzgar y actuar”. Así se mira la realidad con ojos iluminados por la fe y un corazón lleno de amor, proclama con alegría el Evangelio de Jesucristo para iluminar la meta y el camino de la vida humana, y busca, mediante un discernimiento comunitario abierto al soplo del Espíritu Santo, líneas comunes de una acción realmente misionera, que ponga a todo el Pueblo de Dios en un estado permanente de misión. Ese esquema tripartito está hilvanado por un hilo conductor en torno a la vida, en especial la Vida en Cristo, y está recorrido transversalmente por las palabras de Jesús, el Buen Pastor: “ Yo he venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia ” (Jn 10,10).

4. La primera parte se titula La vida de nuestros pueblos . Allí se considera, brevemente, al sujeto que mira la realidad y que bendice a Dios por todos los dones recibidos, en especial, por la gracia de la fe que lo hace seguidor de Jesús y por el gozo de participar en la misión eclesial. Ese capítulo primero, que tiene el tono de un himno de alabanza y acción de gracia s, se denomina Los discípulos misioneros . Inmediatamente sigue el capítulo segundo, el más largo de esta parte, titulado Mirada de los discípulos misioneros hacia la realidad . Con una mirada teologal y pastoral considera, con cierto detenimiento, los grandes cambios que están sucediendo en nuestro continente y en el mundo , y que interpelan a la evangelización. Se analizan varios procesos históricos complejos y en curso en los niveles sociocultural, económico, sociopolítico, étnico y ecológico, y se disciernen grandes desafíos como la globalización, la injusticia estructural, la crisis en la trasmisión de la fe y otros. Allí se plantean muchas realidades que afectan la vida cotidiana de nuestros pueblos. En ese contexto, considera la difícil situación de nuestra Iglesia en esta hora de desafíos, haciendo un balance de signos positivos y negativos.

5. La segunda parte , a partir de la mirada al hoy de América Latina y El Caribe, ingresa en el núcleo del tema. Su título es La Vida de Jesucristo en los discípulos misioneros . Indica la belleza de la fe en Jesucristo como fuente de Vida para los hombres y mujeres que se unen a Él y recorren el camino del discipulado misionero. Aquí, tomando como eje la Vida que Cristo nos ha traído, se tratan, en cuatro capítulos sucesivos, grandes dimensiones interrelacionadas que conciernen a los cristianos en cuanto discípulos misioneros de Cristo: la alegría de ser llamados a anunciar el Evangelio, con todas sus repercusiones como “buena noticia” en la persona y en la sociedad (capítulo tercero); la vocación a la santidad que hemos recibido los que seguimos a Jesús, al ser configurados con Él y estar animados por el Espíritu Santo (capítulo cuarto); la comunión de todo el Pueblo de Dios y de todos en el Pueblo de Dios, contemplando desde la perspectiva discipular y misionera los distintos miembros de la Iglesia con sus vocaciones específicas, y el diálogo ecuménico, el vínculo con el judaísmo y el diálogo interreligioso (capítulo cinco); por fin, se plantea un itinerario para los discípulos misioneros que considera la riqueza espiritual de la piedad popular católica, una espiritualidad trinitaria, cristocéntrica y mariana de estilo comunitario y misionero, y variados procesos formativos, con sus criterios y sus lugares según los diversos fieles cristianos, prestando especial atención a la iniciación cristiana, la catequesis permanente y la formación pastoral (capítulo sexto). Aquí está una de las novedades del Documento que busca revitalizar la vida de los bautizados para que permanezcan y avancen en el seguimiento de Jesús.

6. La tercera parte ingresa plenamente en la misión actual de la Iglesia latinoamericana y caribeña. Conforme al tema se la formula con el título La vida de Jesucristo para nuestros pueblos . Sin perder el discernimiento de la realidad ni los fundamentos teológicos, aquí se consideran las principales acciones pastorales con un dinamismo misionero. En un núcleo decisivo del Documento se presenta La misión de los discípulos misioneros al servicio de la vida plena , considerando la Vida nueva que Cristo nos comunica en el discipulado y nos llama a comunicar en la misión, porque el discipulado y la misión son como las dos caras de una misma medalla. Aquí se desarrolla una gran opción de la Conferencia : convertir a la Iglesia en una comunidad más misionera . Con este fin se fomenta la conversión pastoral y la renovación misionera de las iglesias particulares, las comunidades eclesiales y los organismos pastorales. Aquí se impulsa una misión continental que tendría por agentes a las diócesis y a los episcopados (capítulo siete).

Luego se analizan algunos ámbitos y algunas prioridades que se quieren impulsar en la misión de los discípulos entre nuestros pueblos al alba del tercer milenio. En El Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana se confirma la opción preferencial por los pobres y excluidos que se remonta a Medellín, a partir del hecho de que en Cristo Dios se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, se reconocen nuevos rostros de los pobres (vg., los desempleados, migrantes, abandonados, enfermos, y otros) y se promueve la justicia y la solidaridad internacional (capítulo ocho). Bajo el título Familia, personas y vida , a partir del anuncio de la Buena Noticia de la dignidad infinita de todo ser humano, creado a imagen de Dios y recreado como hijo de Dios, se promueve una cultura del amor en el matrimonio y en la familia, y una cultura del respeto a la vida en la sociedad; al mismo tiempo se desea acompañar pastoralmente a las personas en sus diversas condiciones de niños, jóvenes y adultos mayores, de mujeres y varones, y se fomenta el cuidado del medio ambiente como casa común (capítulo nueve).

En el último capítulo, titulado Nuestros pueblos y la cultura , continuando y actualizando las opciones de Puebla y de Santo Domingo por la evangelización de la cultura y la evangelización inculturada, se tratan los desafíos pastorales de la educación y la comunicación, los nuevos areópagos y los centros de decisión, la pastoral de las grandes ciudades, la presencia de cristianos en la vida pública, especialmente el compromiso político de los laicos por una ciudadanía plena en la sociedad democrática, la solidaridad con los pueblos indígenas y afrodescendientes, y una acción evangelizadora que señale caminos de reconciliación, fraternidad e integración entre nuestros pueblos, para formar una comunidad regional de naciones en América Latina y El Caribe (capítulo diez).

7. Con un tono evangélico y pastoral, un lenguaje directo y propositivo, un espíritu interpelante y alentador, un entusiasmo misionero y esperanzado, una búsqueda creativa y realista, el Documento quiere renovar en todos los miembros de la Iglesia , convocados a ser discípulos misioneros de Cristo, “ la dulce y confortadora alegría de evangelizar ” (EN 80). Llevando las naves y echando las redes mar adentro, desea comunicar el amor del Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos a todos los bautizados y bautizadas, para que proclamen con audacia a Jesucristo al servicio de una vida en plenitud para nuestros pueblos. Con las palabras de los discípulos de Emaús y con la plegaria del Papa en su Discurso inaugural, el Documento concluye con una oración dirigida a Jesucristo: “ Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado ” (Lc 24,29).

8. Con todos los miembros del Pueblo de Dios que peregrina por América Latina y El Caribe, los discípulos misioneros encuentran la ternura del amor de Dios reflejada en el rostro de la Virgen María. Nuestra Madre querida, desde el santuario de Guadalupe , hace sentir a sus hijos más pequeños que están cobijados por su manto, y desde aquí, en Aparecida , nos invita a echar las redes para acercar a todos a su Hijo, Jesús, porque Él es “el Camino, la Verdad y la Vida ” ( Jn 14,6), sólo Él tiene “palabras de Vida eterna” (Jn 6,68) y Él vino para que todos “tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
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miércoles, 30 de mayo de 2007
Carta semanal del arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente.

Mejorar la democracia


Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 27 de mayo de 2007


El sistema democrático otorga legitimidad a los representantes electos. Pero la democracia no es sólo un sistema de elección basado en la participación de los representados. Supone también un límite a los poderes políticos que no pueden invadir los derechos y libertades legítimas de los individuos.
Quien actúa como autoridad política ha de tener presente el fundamento de su acción, tanto si se encuentra en el gobierno como si ejerce la oposición. Hay cinco aspectos fundamentales que hacen moralmente legítima la actuación pública: desarrollar la defensa y promoción del bien conjunto de los ciudadanos; respetar los derechos humanos de todos sin exclusiones ni discriminaciones; favorecer el ejercicio responsable de la libertad y de la solidaridad de los ciudadanos; proteger las instituciones fundamentales de la vida humana, como son la familia y las asociaciones cívicas; colaborar con las realidades sociales que favorecen el bienestar material y espiritual de los ciudadanos, entre las que destacan las comunidades religiosas.

La excelencia de la vida política se encuentra en el servicio al bien común que de modo principal realizan los políticos. Por el contrario, el deterioro de la democracia se produce cuando las instituciones políticas centran el objetivo real de sus actuaciones en el bien particular de un grupo, de un partido o de una determinada clase de personas, al servicio del cual tratan de conseguir el poder y de perpetuarse en él. En estos casos se desarrollan ideologías oficiales para justificar sus intereses, y echan cortinas de humo sobre el concepto del bien común, para desarrollar un relativismo moral que ofrece falsas excusas a cualquier actuación.

Frente a esta trampa dialéctica, la Iglesia recuerda con realismo que cualquier persona de buena voluntad es capaz de distinguir entre el bien y el mal, así como entre el bien común y el individual. El bien común es mucho más que la suma de los bienes particulares de cada uno, porque es de todos y de cada persona: permanece común porque es indivisible y porque sólo juntos es posible alcanzarlo y acrecentarlo con miras al futuro.

La responsabilidad de los padres y madres de familia por mejorar la vida de sus hijos es un modelo para comprender el trabajo por el bien común, que sigue siendo elocuente para la buena política. El bien común es una invitación a actuar desde la inteligencia, la objetividad y la responsabilidad. Hoy, en España, esta invitación es urgente si queremos considerar y valorar el momento presente con sereno realismo y con sincero espíritu de reconciliación y tolerancia, libres de los fantasmas de otras épocas. Así lo acabamos de recordar los Obispos en el documento sobre las Orientaciones morales ante la situación actual de España.

La defensa del bien común conlleva la denuncia de quienes lo atacan, especialmente cuando no se respeta el recto funcionamiento de las diferentes instituciones. Para la garantía de la libertad y de la justicia es especialmente importante el pleno respeto de la autonomía del poder judicial, de la libertad de los jueces y de sus sistemas de elección y designación. Al poder judicial le corresponde la alta responsabilidad de juzgar las actuaciones de los ciudadanos desde criterios objetivos e independientes, que preserven los valores fundamentales de la convivencia. Si se quiere subordinar su función a las premisas políticas oportunistas, se pone en grave peligro la paz social.

Perjudican la convivencia democrática aquellos que desde la esfera política pretenden invadir todos los órdenes de la vida y desarrollar un intervencionismo asfixiante en contra de ámbitos de decisión que corresponden a las personas y a sus familias. Cuando el Estado se auto proclama el primer educador de las conciencias, existen graves riesgos de que se deslice hacia la amenaza totalitaria capaz de penetrar hasta en los ámbitos más íntimos y personales.

La calidad de la democracia exige compromiso con el bien común. La Iglesia no puede dejar de animar a los católicos para que participen en todas las jornadas electorales desde la libertad y la responsabilidad para hacer de la política un auténtico servicio a favor de las personas.

Con mi bendición y afecto,

Agustín García-Gasco Vicente
Arzobispo
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Declaración de los diáconos invitados por el Papa a participar en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.


En nombre de nuestros hermanos diáconos, agradezco la invitación del Santo Padre para participar en esta V Conferencia, ha sido una hermosa gracia, en lo personal y para el diaconado, que fue aceptada por todos con alegría, responsabilidad y humildad.

Queremos entregar lo mejor de cada uno de nosotros a nuestra amada Iglesia en el servicio en comunión con nuestros Pastores.

En nuestra ordenación, el Obispo, al entregarnos el Evangeliario nos dijo: “Recibe el Evangelio de Cristo del cual has sido constituido mensajero”, en ese momento recibimos el mandato específico de ejercer el ministerio profético, que tal vez no ha sido valorado en toda su dimensión, ni siquiera por nosotros mismos. Se trata de un verdadero tesoro que el Señor nos regala en nuestra triple ministerialidad: “ la Palabra , la Liturgia y la Caridad ” (CVII).

Anunciar la Palabra de Dios a todos los hombres es un mandato que Cristo por su Iglesia nos grabó en el corazón en el día de nuestra ordenación. Queremos poner este don al servicio de nuestros hermanos y exclamar como san Pablo “ay de mí si no predicara el Evangelio (1 Cor 9,16).

Los diáconos queremos ser testigos de la esperanza y saber dar razones de ella en un mundo desorientado.

También queremos celebrar nuestra fe junto al altar haciendo de nuestras vidas un signo vivo de lo que celebramos.

Queremos identificarnos “por Jesús, con Jesús y en Jesús” como servidores humildes, mostrando la bondad de Dios, nuestro Padre. La actitud de Jesús, que nos relatan los Evangelios, es la de un servicio a los más pobres, excluidos y desvalidos. En esta V Conferencia hemos escuchado reiteradamente confirmar la continuidad de la opción preferencial por los pobres. La enseñanza de Jesús marca indeleblemente nuestra vida y la relación con nuestros hermanos ya que “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir (Mt 20, 28), esperando llegar a decir como san Pablo “Ya no soy yo el que vive, sino Cristo que vive en mi” (Gal 2, 20).

Esto nos lleva a ser servidores de la comunidad y superar cualquier actitud que genere privilegios o que nos aleje del Pueblo de Dios del cual somos parte y al cual servimos. Queremos ser puente de comunión eclesial, junto a nuestros Obispos y en estrecha colaboración con nuestros hermanos Presbíteros, como alegres servidores del reino.

Otro aspecto importante es que, la mayoría de nosotros, primero recibimos el sacramento del matrimonio, posteriormente el sacramento del orden, ambos orientados al servicio. Dios nos ha bendecido doblemente. El ser diaconal nos lleva a servir desde el matrimonio a la familia, primero a la nuestra. Allí, libremente amamos y recibimos amor de la esposa, de los hijos, de los nietos y de las personas que nos rodean a los cuales servimos. Desde el hogar y la Parroquia preparamos toda nuestra acción pastoral y al hogar traemos el cariño y la rica enseñanza de nuestras comunidades.

En relación a la misión, recordemos Santo Domingo que en el punto 76 nos dijo y nos dice hoy: “Para una Nueva Evangelización que por el servicio de la Palabra y la Doctrina Social de la Iglesia , responda a las necesidades de promoción humana y vaya generando una cultura de solidaridad, el Diácono Permanente, por su condición de ministro ordenado e insertado en las complejas situaciones humanas, tiene un amplio campo de servicio en nuestro continente”. Por ello proponemos a nuestros Obispos promover el Diaconado en toda Latinoamérica.

A la Virgen María , Madre de Jesucristo le pedimos en este santuario de Nuestra Señora Aparecida que interceda por todos nosotros, sus hijos, ante el Padre para que conservemos sólida nuestra fe, seamos fortificados en nuestra esperanza, nuestra caridad se incremente día a día; y envíe su Espíritu a todos nuestros hermanos.

Diácono Víctor Alejandro Bonelli (Argentina)
Diácono Luiz Cezar Bahia (Brasil)
Diácono Alberto Ferrando Fuentes (Chile)
Diácono Jorge Wise de la Garza (México)
Publicado por Desconocido @ 23:25  | Noticias de religión
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Intervención del pastor pentecostal Juan Sepúlveda G. en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Como un gesto de agradecimiento personal por la invitación a participar como observador pentecostal ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, quiero compartir con ustedes estas notas breves y esquemáticas sobre el pentecostalismo en América Latina, que posiblemente pueden aplicarse también a la situación en el Caribe. El fraternal afecto con que he sido acogido, y la amplia participación de la que he gozado en el trabajo en grupos y comisiones, me obliga a hacer este pequeño esfuerzo adicional para darles a conocer la parte del mundo evangélico-protestante que de alguna manera he representado ante ustedes.

1. Con frecuencia se habla del pentecostalismo como un “movimiento”, debido a que la transversalidad de sus orígenes confesionales (metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.) hace difícil considerarlo como una “familia confesional”. No obstante lo anterior, las iglesias pentecostales se organizan de una manera relativamente similar a las denominaciones del protestantismo histórico: comparten con ellas la fe trinitaria y la herencia de la Reforma , y cuentan con algún tipo de organización central, ya sea de tipo episcopal o congregacionalista. Carecen, sin embargo, de instancias que las representen a todas en los niveles nacional, regional o mundial.

2. El pentecostalismo de origen protestante no es un movimiento reciente, puesto que ya ha cumplido su primer siglo de existencia. Sus raíces histórico-teológicas se hunden en el movimiento de santidad que durante el siglo XIX marcó profundamente al protestantismo anglosajón. Este, a su vez, se remonta al movimiento renovador de John Wesley en la Inglaterra del siglo XVIII. En el contexto de una Iglesia en la que convivían, no sin tensiones, las tradiciones teológicas y espirituales del catolicismo y del protestantismo, Wesley predicó acerca de la santificación como una obra de la gracia subsecuente a la justificación . Así, sin abandonar el acento protestante en la gratuidad de la salvación, redescubrió la importancia del camino hacia la santidad (perfección cristiana) y sus implicaciones para la vida personal, social y para la misión. De esta forma, se sumó a otras reacciones continentales (el pietismo y el puritanismo) frente a una ortodoxia protestante que, en su defensa de la iniciativa divina, la sola gracias, había dejado muy poco espacio para la piedad, para la ética y para la acción misionera.

3. Aunque Wesley no interpretó la santificación como una obra específica de la tercera persona de la Trinidad , esto es, como un bautismo en el Espíritu Santo, sí lo hizo su contemporáneo (y sucesor como líder del metodismo naciente), el suizo John Fletcher. Wesley no alentó esta línea de interpretación, y aunque rechazaba la idea de que los dones y señales extraordinarias del Espíritu Santo hubieran sido un privilegio exclusivo de la era apostólica, prefería alentar el cultivo de los frutos –por sobre los dones- del Espíritu Santo. Pero esta interpretación “pentecostal” de la santificación ya quedo insinuada, y fue tomando cada vez más fuerza: el poder para la transformación que implica el camino de santidad proviene del bautismo del espíritu Santo, como también los carismas necesarios para el cumplimiento del mandato misionero. Esta búsqueda del poder del Espíritu Santo caracterizó a los avivamientos («revivals») evangélicos de fines del siglo XIX.

4. El nacimiento del “pentecostalismo clásico” se asocia generalmente al avivamiento ocurrido en 1906 en Los Angeles (calle Azusa), Estados Unidos, sobre la base de una enseñanza cuya difusión había iniciado Cherles Parham en el año nuevo de 1900: la “evidencia inicial” del bautismo del Espíritu Santo, según las Escrituras (Hechos de los Apóstoles), es el don de hablar en lenguas. Este avivamiento, dirigido por un pastor negro (William Seymour) en un precario templo, duró más de tres años y fue efectivamente un centro al cual llegó gente de muchas partes, y desde donde partieron misioneros a distintos lugares de los Estados Unidos y del mundo entero. La doctrina de la “evidencia inicial” sería el acento teológico que separó al pentecostalismo del movimiento de santidad, y que le otorgó su identidad. Sin embargo, hoy en día la mayoría de los historiadores reconoce que este fue uno de los focos de mayor impacto en los orígenes del pentecostalismo, pero no el único. Hubo otros avivamientos contemporáneos e independientes, por ejemplo en India y en Chile, que dieron origen a movimientos pentecostales que mantuvieron más fuertemente sus raíces wesleyanas, y no adoptaron la mencionada doctrina de la “evidencia inicial”.

5. La presencia pentecostal en América Latina es mucho más temprana de los que se suele pensar (los casos más tempranos son Chile: 1909; Argentina y Brasil: 1910; Perú: 1911; Nicaragua: 1912; México: 1914; Guatemala y Puerto Rico: 1916). Esto significa que la historia del pentecostalismo en América Latina comienza antes que se constituyeran las grandes denominaciones pentecostales norteamericanas o europeas. Mientras en Chile se trató de un avivamiento local, en los demás países mencionados el trabajo lo iniciaron misioneros solitarios o inmigrantes. Por lo tanto, la primera fase de expansión pentecostal no contó con respaldo institucional ni financiero de denominaciones norteamericanas o europeas. Casi sin excepción, en esta primera fase las iglesias pentecostales crecieron en sectores rurales empobrecidos y en los emergentes barrios periféricos. Por lo tanto, se trata efectivamente de sectores de población que aunque hubieran sido bautizados, no contaban con asistencia pastoral, lo que había debilitado su adhesión a la Iglesia Católica . los sujetos de esta evangelización han sido, en la mayoría de los casos, personas del pueblo que han querido compartir su propia experiencia de encuentro con Cristo.

6. Cuando décadas más tarde las denominaciones pentecostales norteamericanas iniciaron su actividad misionera en América Latina, el patrón de crecimiento basado en ministerios y recursos locales ya estaba establecido. Por lo tanto, la importancia de misioneros y recursos extranjeros es mucho menos significativa de lo que generalmente se supone, con la excepción de algunas áreas con alta presencia indígenas. Los grupos más recientes, generalmente denominados “neopentecostales”, no provienen del pentecostalismo clásico. Históricamente, deben ser vistos más bien como derivados del movimiento de renovación carismática que comenzó en los 1960s en las iglesias tradicionales (Católica y Protestantes).

7. Las dificultades para el diálogo ecuménico Pentecostal-Católico en América Latina, más allá de las obvias diferencias histórico-teológicas, deben entenderse en el contexto de las tensiones propias que emergen cuando se da una relación de minoría-mayoría religiosa. Aunque existe un proceso de diálogo Católico-Pentecostal iniciado en el año 1972 , este es apenas conocido en América Latina. Sin embargo, hay evidencias que también en nuestro continente el cambio de lenguaje para referirse unos a otros, y la apertura al diálogo, puede producir buenos frutos. En Chile, por ejemplo, donde se constituyó la “Fraternidad Ecuménica” el año 1972, con participación de algunas iglesias pentecostales, existe ya una larga tradición de oración común y de co-participación en otras iniciativas de interés público. Un punto culminante fue la firma, en mayo de 1999, de un compromiso de reconocimiento mutuo del Bautismo celebrado según la fórmula trinitaria. Ya en 1998 se realizó en Quito un primer encuentro latinoamericano entre sacerdotes católicos y pastores pentecostales, convocado conjuntamente por CELAM y CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias) . Una de sus principales conclusiones fue que para avanzar en el diálogo hay que crear espacios para conocerse, orar juntos, y así derribar los prejuicios mutuos.

8. Lo más importante de este tipo de aproximación, es que al generar oportunidades para el reconocimiento mutuo como “hermanos y hermanas en Cristo”, permite que el ejercicio de la vocación misionera y de la atención pastoral se desarrolle con creciente respeto mutuo. De esa manera va emergiendo una cultura de convivencia y un ecumenismo práctico que se evidencia en situaciones tan cotidianas como velatorios, visitación de enfermos, acompañamiento en situaciones de crisis, etc.

Con saludos fraternales en Cristo,

Pastor Dr. Juan Sepúlveda G
Publicado por Desconocido @ 23:22  | Noticias de religión
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Mensaje dirigido a la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe por Claudio Epelman, director del Congreso Judío Latinoamericano.


Deseo agradecer a cada uno de los participantes de esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe por haber dado al Congreso Judío Latinoamericano la posibilidad de participar de esta reunión como observador.

Me gustaría compartir con ustedes un relato del Midrash, la hermenéutica judía.

Cuenta la historia que Teraj, el padre de Abraham, se dedicaba a hacer ídolos de barro en su taller. Abraham, niño aun, lo ayudaba habitualmente. Una noche tras una jornada de trabajo, Abraham entró al taller y rompió todos los ídolos, excepto uno, el más grande.

Al día siguiente el padre reprendió a Abraham por haber destruido todo, y este le dijo:
-Papá, yo no fui.

Su padre pregunto: - ¿Pues entonces quién ha sido?

Abraham señaló con el dedo a la más grande de las figuras de barro y le dijo: - Él fue.

El padre exclamó ¿cómo puede ser que una figura de barro haya roto a las otras?

Entonces Abraham inmediatamente contestó: - Padre, ¿cómo crees entonces que ese ídolo pueda dominar sobre la naturaleza y crear vida?

Este es, sin dudas, uno de los mensajes que tanto judíos como católicos compartimos: las enseñazas de nuestro padre en la fe, Abraham, que trajo al mundo el concepto del monoteísmo, la creencia en un único Dios.

En el Deuteronomio esta la plegaria central judía, el Shemá Israel: Oye Israel, el Señor, nuestro Dios, es uno.

Ese monoteísmo no radica solamente en la idea de la unicidad de Dios, sino también en su preocupación por la ética, preocupación que se corporiza en dos elementos centrales para la tradición hebrea: el primero es Tikun Haolam, la reparación del mundo.

Según nuestra tradición, Dios creó al mundo y puso al hombre en él para completar esta creación. Nuestra responsabilidad es trabajar en la tarea de redimir al mundo.

El segundo concepto es el de Tzedaká, tiene que ver con la justicia social, donde quien más tiene debe dar una parte de lo que tiene para quienes están desposeídos, para aquellos que están en situación de debilidad.

Ambos conceptos en el judaísmo tienen una absoluta significación. Cada una de las Comunidades Judías de América Latina y del Caribe trabaja sobre ellos.

Hoy, luego de haber compartido con cada uno de ustedes estos intensos días de trabajo, entiendo que en el catolicismo estas preocupaciones también son una parte central de sus agendas cotidianas.

Por ello creo que en la medida en que profundicemos el conocimiento mutuo podremos caminar en conjunto para alcanzar un mundo más justo donde reine la paz y la presencia divina.

Amigos y amigas, si esta es la premisa, sin dudas, judíos y católicos no sólo seremos hermanos, sino que seremos socios.

En momentos trascendentes los judíos acostumbramos a agradecer al Todopoderoso el habernos permitido vivirlos.

Es por eso que junto a la alegría de saber que CELAM y el CJL caminamos juntos, me permito pronunciar esta bendición frente a ustedes:

Baruj ata Adonai Eloheinu melej haolam, sheejeianu vekimanu vehiguianu lazman aze.

«Bendito eres Tu, Dios nuestro, Rey del Universo, que nos diste la vida, nos sostuviste y nos permitiste llegar a este momento».

Muchas gracias
Publicado por Desconocido @ 23:15  | Noticias de religión
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VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - "La hora del Espíritu Santo"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29). Estas palabras del Señor resuenan con fuerza en el ánimo de los que quieren ser iluminados por el Espíritu de Dios y no se cansan de buscar el rostro de Cristo. Mansedumbre y humildad son las características principales de la auténtica acción del Espíritu Santo en un alma. Hombres y mujeres de espíritu, a lo largo de los siglos de la Iglesia, se distinguieron ante todo por estas dos virtudes capaces de hacer presente a Jesús, como El ha proclamado: "¡aprended de mí!"
La solemnidad de Pentecostés, que acabamos de celebrar, nos habla de una acción impetuosa del Espíritu Santo en el cenáculo de Jerusalén. La Iglesia estaba en su albores, necesitaba una fuerza que le permitiera manifestarse al mundo de manera potente. Hoy, a dos mil años de distancia, nuestras comunidades siguen necesitando signos. Nunca como hoy necesita el Espíritu, de hombres y mujeres dóciles a su acción, que dejen a un lado sus intereses personales y, animados únicamente por el deseo de la gloria de Dios, se dejen conducir por Él como plumas.
El Espíritu Santo se infunde continuamente en la Iglesia universal y en todo corazón que busca a Jesús que "dona el Espíritu sin medida" (Jn 3, 34). Pero para poder recibirlo necesitamos vaciarnos del amor propio que, por desgracia, tantas veces domina nuestra vida. El proceso de transformación en Cristo es un proceso espiritual en el que, por medio de la gracia santificante, el espíritu del hombre viejo cede puesto al Espíritu nuevo de Cristo, que inspira "nuevas ideas", "nuevas intenciones", "nuevos sentimientos", "nuevos deseos", "nuevas actitudes". Lo "nuevo" es de Cristo, que ha ocupado el lugar de lo "viejo" que es nuestro.
Una persona acepta dejarse renovar por el Espíritu Santo, como nos dice san Pablo, debe abandonar su hábitos, sus "costumbres", para revestirse de las "actitudes" de Jesús. ¡Precisamente este cambio, de lo viejo a lo nuevo, es la más bella, la única extraordinaria aventura de nuestra vida! ¡Esto significa volar alto, de otra manera se corre el peligro de estancarse o de caminar por sendas tortuosas que, al final, no llevan a la cima, sino que hacen descender de forma improvisa al valle!
¡Cuántas ilusiones llenan el corazón del hombre que no pone a Dios en el primer puesto, sino que los sitúa más abajo, hasta incluso ignorarlo y olvidarlo! El profeta Jeremías llama "maldito al hombre que confía en el hombre" (Jer 17, 5) mientras que proclama "bendito" a quien "confía en el Señor y pone su confianza en el Señor" (Jer17, 7). Nosotros somos "bendecidos" si hacemos lo que Jesús nos manda en el Evangelio: ¡la Voluntad de Dios! Precisamente cuando nos parece que el mundo está derrumbándose en torno nuestro, cuando nuestros sueños chocan con la desnuda realidad, cuando las cosas no van como nosotros habríamos deseado… entonces, quizás, es precisamente la hora del Espíritu de Jesús que llama a la puerta de nuestro corazón para entrar y "cenar con nosotros". Se debe comenzar siempre de la Cruz, de toda cruz humana, para entender y acoger el soplo del Espíritu. ¡Quien aparta la cruz, quién trata de "salvar" aquí abajo su propia vida como nos dice Jesús, la perderá "": ¡perderá la ocasión maravillosa de convertirse en otro distinto a sí mismo, en una criatura nueva para el Cielo!
La Virgen, que estaba con los Apóstoles en Pentecostés, ya "llena de gracia" sin embargo siempre abierta a toda novedad del Espíritu, nos enseña a dejarnos inundar por el amor de Dios: Ella, la "toda santa", en Cana, como en Nazaret, Belén como sobre el Gólgota, siempre está dirigida hacia el Hijo para recoger todas sus palabra y hacerla suyas. “Haced lo que El os diga”: he aquí revelado el camino de la efusión del Espíritu Santo. Al decirnos “haced lo que El os diga” no sólo nos anima sino que, como Madre nuestra, nos ayuda a hacerlo: Ella invoca con nosotros el Espíritu, nos abre al Espíritu, nos ofrece al Espíritu. ¡Si la Virgen no hubiera estado invitada a Cana no hubiera tenido lugar la manifestación de la "gloria" de Jesús! Qué gran enseñanza para nuestras comunidades; ¡no olvidemos nunca invitarla a nuestros encuentros con Jesús!
Sin Ella en Cana, los odres habrían quedado vacíos y el vino bueno sólo habría sido un sueño en el corazón de los invitados; por el contrario, la presencia de Maria - estaba la Madre de Jesús" - cambió todo y la alegría se difundió por todas partes. Los Santos nos enseñan que allí donde los corazones se abren a la presencia de Maria se realiza el milagro del Espíritu y los corazones se vuelven más buenos, las mentes más tranquilas, la vida más bella. El vino de Cana, producido directamente por Jesús, era bueno, pero ese vino tuvo una "co-producción" la de Maria su Madre. ¡Dejemos conducirnos por la Virgen, día tras día, paso a paso, y el milagro de la transformación de nuestros corazones se realizará! (Agencia Fides 30/5/2007 - Líneas: 55 Palabras: 857)
Publicado por Desconocido @ 23:07  | Espiritualidad
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30 Mayo (ACI).- Durante la Audiencia general de este miércoles, en la que abordó la figura de Tertuliano, el Papa Benedicto XVI destacó que la humildad de estar con la Iglesia es una condición indispensable para el teólogo en la Iglesia.

El Pontífice dedicó una parte de su reflexión al drama humano del famoso apologeta africano nacido el año 150, que luego de convertirse al cristianismo terminó apartándose de la Iglesia por efectos de su inflexibilidad y su subjetivismo.

“Con el transcurso de los años –explicó el Papa- (Tertuliano) se volvió cada vez más exigente con los cristianos”, pretendiendo “en cualquier circunstancia un comportamiento heroico”.

“Pienso mucho en esta gran personalidad moral e intelectual. Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad de insertarse en la Iglesia, de aceptar sus debilidades, de ser tolerante con los demás y consigo mismo”, dijo el Pontífice.

“Cuando uno ve solamente la grandeza del pensamiento propio, resulta que es precisamente esa grandeza la que se pierde”.

“La característica esencial de un gran teólogo consiste en la humildad de estar con la Iglesia, de aceptar sus debilidades y las propias, porque solo Dios es realmente santo. En cambio, nosotros, necesitamos siempre que nos perdonen”, señaló el Pontífice.
Publicado por Desconocido @ 21:24  | Noticias internacionales
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Información sobre actividades de la OSDAD, sacadas de la revista "Punto e Encuentro" JUNIO - AGOSTO número 31.


ACTIVIDADES PROPIAS DE LA OSDAD - DESARROLLO DEPARTAMENTO DE PROGRAMAS


TALLER DE ESTIMULACIÓN COGNITIVA

El taller se ha llevado a cabo los días miércoles, de 17 a 18 horas, y han participado cinco residentes. La mayoría de los ejercicios que se realizan en el taller requieren de atención y concentración, motivo por el cual hemos escogido la biblioteca como el sitio más idóneo. La aceptación y concurrencia al taller han sido desde el principio muy buenas,

Evaluación de los objetivos
A todos los participantes se les ha administrado el Mini Mental Status Examination antes de la implementación del taller -según lo especificado en el proyecto- con el objetivo de cotejar los resultados con el retest, una vez finalizado el programa.

Como la finalización del programa y la evaluación retest está prevista para abril de 2007, actualmente no se puede realizar una valoración cuantitativa de los resultados, pero sí se puede realizar una valoración cualitativa general.

Como ya se ha reseñado, la aceptación y adhesión al taller ha sido muy buena desde el comienzo: ninguno de los participantes ha abandonado la actividad (la asistencia es voluntaria) y en la mayoría de los casos ni siquiera es necesario recordarles durante la semana la hora y día de encuentro.

La idea general que ha guiado la implementación del taller ha sido favorecer la autonomía personal y la socialización entre los participantes. No se ha creído conveniente dar tanto énfasis a la correcta ejecución de los diferentes ejercicios y su evaluación "objetiva" —que suele ser "lo correcto" en un taller de estimulación cognitiva "convencional"- sino procurar que cada uno haga el mayor esfuerzo en realizar la tarea sin ayudas y, de esa forma, favorecer la autonomía y la confianza en los propios recursos. No hay que olvidar que el fin último del taller es que lo que ejerciten les ayude en su vida diaria, en la cual la autonomía y con-fianza en si mismo son fundamentales.

TALLER DE RELAJACIÓN Y REFLEXIÓN

Desarrollo general de la actividad
El objetivo general del taller es tomar la relajación como una técnica de modificación de la conducta. El taller se ha realizado los días lunes, de 16:45 a 18:15 hs, con la colaboración de una voluntaria, contando con la asistencia de 10 usuarios. La asistencia al taller es voluntaria y ronda el 70 a 75%, a partir de un núcleo de cinco participantes que no faltan nunca.
La actividad se realiza en el Salón de Actos de la OS-DAD. Los primeros 20 minutos corresponden a la relajación propiamente dicha, dando paso luego al tra¬bajo grupa) de reflexión sobre diversos temas.

Evaluación de los objetivos

Es un hecho destacado que determinadas situaciones de tensión o estrés pueden desencadenar o agudizar síntomas psicóticos como los delirios y las alucinaciones, o favorecer en sujetos impulsivos la aparición de conductas de consumo de sustancias (en nuestro caso, principalmente el alcohol). Para hacer frente a este hecho, en el Taller de Relajación y Reflexión se han implementado, tanto a nivel teórico como práctico, las diversas técnicas de relajación como técnicas de modificación de la conducta. Mediante ellas los partici pantes han aprendido a relajarse ante situaciones estresantes para ver la situación más clara, poder analizarla en detalle y tomar decisiones más razonadas, en contraposición a las conductas impulsivas habituales.

En el espacio dedicado a la relajación hemos hecho mucho hincapié en las técnicas de respiración, por ser uno de los modos más sencillos, rápidos y eficaces de relajación. Ya pasando a un nivel técnico más elevados, se han implementa-do técnicas de relajación muscular mediante la concentración y visualización de las diferentes partes del cuerpo, así corno el trabajo sobre las emociones mediante técnicas de visualización espacial y situacional. Por último, se ha complementado la relajación con el aprendizaje de sencillos auto masajes.

En el espacio destinado al trabajo de reflexión hemos trabajado diversos temas propuestos por los residentes o los coordinadores que resultaran interesantes e importantes para la vida cotidiana. Por ejemplo hemos abordado temas tan variados como la importancia de la comunicación verbal y no verbal, los valores, los diferentes sentimientos, la organización del tiempo libre, la autoestima, los miedos, la depresión, la reinserción social, la Navidad, le familia, etc. Este espacio ha resultado muy enriquecedor y con el tiempo le fuimos dedicando más atención a estas charlas que, al principio, no iban más allá de los quince minutos.

Todavía no hemos logrado que los participantes apliquen las técnicas de relajación que aprenden en el taller a las situaciones ce estrés de la vida cotidiana. Como forma de lograr este objetivo, semana a semana les hemos dado pequeñas "tareas para el hogar", como por ejemplo comprometerse a practicar las técnicas de respiración al menos dos veces al día, aplicar una técnica de buena comunicación por lo menos tres veces a la semana, comentar una situación difícil con un compañero antes de tomar una decisión impulsiva, etc.

GRUPO TERAPÉUTICO DE ALCOHOLISMO

Desarrollo general de la actividad
La selección de los integrantes del grupo se ha realizado mediante una o dos entrevistas individuales, en las cuales se ha hecho una evaluación global del caso con el objeto de formar un grupo homogéneo. De los diez residentes propuestos por el equipo terapéutico, han sido seleccionados siete.
La labor del grupo se lleva a cabo los jueves, de 17 a 18 horas en la Biblioteca de la OSDAD. La asistencia general ha rondado el 75%, registrándose sólo una baja.

Evaluación de los objetivos

Generalmente hemos dedicado la primera media hora a un trabajo de autoayuda-reflexión sobre el acontecer de la semana a partir de situaciones propuestas por los participantes, y la segunda media hora a un análisis situacional semidirigido que rondó sobre la pregunta ¿cómo es mi situación actual en relación conmigo mismo?, que constituye el primer nivel de análisis situacional descrito en el proyecto. Al respecto cada integrante ha hecho un análisis personal de lo satisfecho o no que está consigo mismo, focalizando defectos y virtudes de su personalidad, qué rasgos de carácter deberían modificarse, cuáles otros habría que potenciar, qué situaciones los inducen a beber, etc. El nivel de profundidad en el análisis del sí mismo ha sido muy desigual y ha venido determinado por la capacidad de introspección de cada uno de los participantes.

TERAPIAS INDIVIDUALES

Dentro del ámbito del trabajo psicológico individualizado, se han implementado terapias estructuradas, terapias no estructuradas, intervenciones breves y seguimientos o monitoreos de desarrollo de proyecto individual.

Por Terapias Estructuradas se entiende la psicoterapia individual clásica, adaptada al ámbito institucional. Las entrevistas se han realizado una, dos o tres veces por semana —según ha-ya sido necesario- en horarios y días pautados con el paciente, donde se han abordado temas especificos a cada caso, estableciendo objetivos acordes con cada situación particular.

La modalidad de Terapia No Estructura se ha aplicado solo en un residente ya que sus características personales le impiden ceñirse a un espacio terapéutico clásico, con entrevistas pautadas. En este caso se ha aprovechado las frecuentes demandas del paciente de diversa índole (cigarros, bonos de transporte, permisos para salir, llamadas, etc.) para realizar entrevistas solapadas donde intentar instaurar un trabajo de reflexión que él por sí mismo no realiza. En estas "mini entrevistas" se han trabajado diversos temas cuyo eje siempre ha sido intentar reflexionar sobre su comportamiento y las consecuencias de sus acciones en la vida cotidiana (no respeto de las normas, problemas de convivencia, impulsos, etc.). El trabajo ha sido —y sigue siendo- muy difícil, con escasos resultados prácticos.

Dentro de las Intervenciones Breves englobamos todas aquellas intervenciones psicológicas que no alcanzan el estatuto de terapia, como pueden ser el consejo puntual, el asesoramiento psicológico, la entrevista puntual o la serie de entrevistas que no superan el número de tres. Cómo es lógico, en estas intervenciones breves el objetivo es trabajar problemas o situaciones conflictivas muy puntuales, donde no se ve la nece¬sidad de un tratamiento más amplio o no están dadas las condiciones adecuadas para el mismo, procurando llegar a una solución rápida y concreta. Al ser una modalidad de abordaje casi cotidiana en el trabajo psicológico institucional, se han realizado multitud de intervenciones breves.

Hemos denominado Seguimiento o Monitores de Proyecto individual a las entrevistas que se comenzaron a hacer con aquellas personas que están trabajando fuera de la institución, en ambientes laborales normales y con los cuales el equipo terapéutico sentía que se estaba perdiendo el contacto por el propio horario laboral. Teniendo en cuenta que muchos de dichos residentes tienen un proyecto personal que incluye el alta institucional y la reinserción social, se vio la necesidad de hacer un monitoreo más metódico del desarrollo de dicho proyecto para evaluar su viabilidad y su efectivo desarrollo. Se ha optado por llevar a cabo entrevistas individuales de frecuencia semanal o quincenal, según el caso y las circunstancias


TALLER DE ESTIMULACION SENSORIAL Y BASE DE DATOS SOBRE ACTIVIDADES DE TIEMPO LIBRE

Desde mediados del mes de noviembre venimos contado con la presencia de Claudia Riccardi, alumna de psicología de origen italiano que ha elegido la OSDAD para realizar el último período de prácticas (seis meses) para la obtención de su licenciatura.

Con Claudia hemos pensado en un Taller de Estimulación Sensorial y la creación de una sencilla Base de Datos sobre Actividades de Tiempo Libre. Para esto último, se ha comenzado a pasar e la mayor cantidad posible de usuarios el "Inventario de intereses de ocupaciones de ocio" basado en Stein y Cutler, en el cual se recogen las preferencias a la hora de elegir actividades de tiempo libre, divididas en categorías tales como espectáculos, deportes, música, informática, lectura, actividades creativas, etc. y el grado de interés en cada uno de ellos. Con este test procuramos obtener datos confiables que sirvan de base a la hora de diseñar futuras actividades de tiempo libre o para dar ideas a los voluntarios que se acerquen a la Obra con la intención de colaborar pero sin tener una idea clara de en qué.

Con respecto al Taller de Estimulación Sensorial lo que nos ha movido a su creación es la necesidad de estimulara aquellos residentes que por su baja capacidad cognitiva no pueden ser incluidos dentro del Taller de Estimulación Cognitiva que ya se está llevando a cabo, y que así y todo se beneficiarían de una estimulación más básica, o sea, una estimulación sensorial.

Para la puesta en marcha de ese taller hemos comenzado por administrar a la mayor cantidad posible de usuarios el Mini Mental State Examination, de Folstein, que tendrá una doble utilidad: por un lado servir de punto de referencia a la hora de seleccionar los participantes del taller, y por otro, servir como evaluación general del estado cognitivo de la población con la que trabajamos, que será incluido dentro del expediente psiquiátrico-psicológico de cada usuario. Tanto la redacción del proyecto, sus objetivos, metodología y actividades como su puesta en marcha efectiva queda a cargo de Claudia como parte de su formación práctica, contando siempre con la supervisión de su tutor
Publicado por Desconocido @ 14:58  | Noticias de religión
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Infromación sobre el centro Dr. O´Shabahan de la Obra Social de Acogida y esarrollo, sacada de la revista "Punto de Encuentro" JULIO - AGOSTO 2007 Número 31.

Un centro
Ambicioso


VERSATILIDAD Y MULTIFUNCIONALIDAD

Con más de 3.500 metros cuadrados de servicios para los más desfavorecidos, el Centro Dr. O'Shanahan es ya una referencia en Canarias, no sólo por los usos y el enorme rendimiento social y solidario que se le va a sacar, sino por su planteamiento arquitectónico y medioambiental. El edificio aprovecha al máximo el suelo urbanizable de la parcela, sita en un par-que natural, y combina varios usos sin que ninguno interfiera con los demás: era el gran reto de los arquitectos. Es una residencia, un gran centro especial de empleo para personas con discapacidad, una ambiciosa y novedosa escuela-taller de agricultura ecológica con una explotación a pleno rendimiento y en expansión, y una plataforma de formación en valores y prevención dirigida hacia la población más joven. Como decimos, el rédito social que Canarias y nuestro país en general va a lograr con este centro es difícilmente calculable. Se evitará mucho sufrimiento, se logrará la inserción de cientos de personas en la sociedad, y se dinamizará la zona en todos los aspectos, también en el agrícola, con la recuperación de uno de los cultivos más tradicionales de este área: la viña; la promoción de la agricultura ecológica (no sólo produciendo sino también formando a profesionales y difundiendo sus técnicas) tendrá efectos saludables en la población y conservará el entorno con todas sus riquezas de fauna y flora para futuras generaciones.

APOYO SOCIAL E INSTITUCIONAL

En el último mes, y durante el año y medio que han durado las obras, lo han visitado personalidades de todo tipo, políticos, empresarios, colaboradores, trabajadores, bienhechores, simpatizantes, y todos han quedado muy gratamente sorprendidos por el equilibrio conseguido y el gusto con que se ha hecho. El ahorro no está necesariamente reñido con la estética. También ha sido un comentario habitual de los profesionales que han trabajado en ella, la ausencia total de incidentes o accidentes, la entrega de todos los técnicos, funcionarios, proveedores, actitudes que han hecho posible llevar a cabo una obra de esta envergadura en tan corto espacio de tiempo. Bien podría afirmarse que no existen precedentes en este sentido.

LO QUE FALTA POR PAGAR

El único problema que se nos plantea, aparte de ponerlo en funcionamiento, es pagar las cantidades que aún se adeudan. La deuda asciende en estos momentos a 1.900.000 euros, de los 4.600.000 que cuesta el proyecto en su totalidad. La res-puesta ciudadana, de empresarios y administraciones ha sido, sin duda, generosa, y hemos podido recaudar más de dos millones y medio de euros; pero aún hay muchas personas y entidades que podrían poner su grano de arena, y como reza la campaña, entre todos, podemos; cuantos más sean los que aporten, más fácil será resolver la cuestión económica. La ampliación del centro especial de empleo repercutirá además en una mayor autofinanciación de la propia Obra Social, ofreciendo a la sociedad, además de la labor curativa y rehabilitadora que ya ejerce en sus miembros más necesitados, otros servicios de valor añadido en los que la calidad y la ética son los principios fundamentales. Desde estas páginas les damos las gracias por su apoyo a cuantos nos han ayudado y les pedimos que sigan haciéndolo.
Publicado por Desconocido @ 14:18  | Noticias de religión
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Palabras del párroco que acompañan el programa de la celebración del Corpus Christi 2007 de La Orotava.

La compasión de Dios,
la compasión del Hombre


Una imagen, una buena imagen, vale más que mil palabras. A eso quisiera que respondiera nuestra hermosa plaza del Ayuntamiento de la Villa de La Orotava en el presente año.

El tapiz confeccionado quiere expresar la compasión de Dios, manifiesta en Jesús Eucaristía, compasión que los cristianos hemos de cuidar y practicar con el que sufre.

La parábola del buen samaritano, de aquel hombre que supo acercarse y hacer de prójimo, próximo, ante la persona caída que Jesús nos cuenta, nos habla de si mismo, de lo que El hizo con la humanidad y de lo que sus verdaderos discípulos estamos llamados a hacer con los hermanos y hermanas que sufren y, también, de lo que la Eucaristía significa y expresa. El Cuerpo de Cristo ilumina la dignidad de todas las personas, de modo especial, de las personas empobrecidas. Además nos interpela para que salgamos en su defensa, implicándonos en su promoción integral, cada uno desde nuestras posibilidades reales.

Los documentos y los escritos recientes del Santo Padre Benedicto XVI y los de nuestros obispos relacionados con este misterio nos lo ponen de manifiesto. En la Encíclica "Deus Caritas est", "Dios es Amor", Benedicto XVI nos recuerda que la esencia del Cristiano y el corazón del mensaje de la iglesia, se visibiliza y se concreta en la Eucaristía y en la caridad que de ella procede. La Eucaristía ilumina la dignidad de los pobres porque el mismo Señor se identifico con ellos.

Dice también Benedicto XVI que "el momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al prójimo necesitado". No podemos pasar de largo ante la realidad en la que viven muchas personas y familias inmigrantes que viven muy cerca de nosotros. Tampoco podemos descuidar otras muchas realidades sangrantes que se dan cerca o lejos de nosotros.

La constante llegada de inmigrantes, ha de despertar en nosotros respuestas de acogida, acompañamiento, integración, denuncia y servicio de la caridad cristiana, independiente de partidos políticos e ideologías. Nuestra respuesta se ha inspirar en el programa cristiano que es el programa del buen samaritano, es el programa de Jesús.


No podemos pasar de largo, sin reconocer la postura del posadero, que acogió, acompañó, curó las heridas,... al hombre caído, respondiendo a la invitación que le hizo el Buen Samaritano.

Jesús nos hace en la Eucaristía testigos de la compasión que Dios siente por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que consiste justamente en que en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada.

Recientemente el Papa enumeró las "heridas y el dolor del mundo". “Pienso -dijo- en el flagelo del hambre, en las enfermedades incurables, en el terrorismo y en los secuestros de personas, en los mil rostros de la violencia -a veces justificada en nombre de la religión-, en el desprecio de la vida y en la violación de los Derechos Humanos, en la explotación de las personas…”
Y cada uno de nosotros, los creyentes en Jesucristo, hemos de estar atentos, con las gafas puestas, para descubrir la realidad de pobreza y sufrimiento de tantas personas que viven a nuestro lado, en nuestra Villa, en Tenerife, en Canarias y, sobre todo, en los pueblos empobrecidos de la Tierra.

Y hemos de limpiar continuamente "estas gafas" porque, muchas veces, una visión miope de la realidad nos lleva a culpabilizar del mal a los que lo padecen, a pensar que el pobre lo es porque es gandul y no quiere trabajar; hacer cargar a las víctimas con el peso de su propia pobreza, negándonos a reconocer que las causas de la mayoría de estas situaciones está en un sistema económico injusto que, a nosotros, nos viene bien conservar para seguir creciendo y consumiendo incesantemente, pasando de largo y de puntillas ante los rostros caídos en el camino, por temor a que nos salpiquen.

Antonio Hernández Hernández
Sacerdote Párroco de la Concepción Arcipreste de La Orotava


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martes, 29 de mayo de 2007
AMERICA - V Conferencia General de Aparecida - “Lo importante es que Aparecida dé un nuevo impulso a la evangelización y haga que la luz del Evangelio penetre profundamente en los corazones, en las estructuras, en la vida de los latinoamericanos”: entrevista a Su Exc. Mons. Cipriano Calderón Polo, Vicepresidente emérito de la Pontificia Comisión para América Latina

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Su Exc. Mons. Cirpriano Calderón Polo, ha estado siempre fascinado, desde que era joven sacerdote, de la vitalidad católica, la lozanía y la potencialidad pastoral de las Iglesias que están en América Latina. A la vez ha profundizado los estudios, establecido contactos y mantenido relaciones, ha visitado casi todas las naciones latinoamericanas. Ha escrito para un periódico católico de Madrid una serie de 20 artículos sobre la sobre la situación religioso-social de las naciones iberoamericanas. En 1968 puso en marcha la Edición de Lengua Española de L’Osservatore Romano, proyectándolo sobre todo hacia las Iglesias de América Latina. Desde 1988 hasta el 2003, ha cubierto el cargo de vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ha participado en tres Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y en la Asamblea especial para el Sínodo de los Obispos para América en 1997. Por su profundo conocimiento sobre la realidad latinoamericana la Agencia Fides le ha dirigido algunas preguntas.

Vd. ha participado en tres conferencias Generales Latinoamericanas: ¿cuáles son sus recuerdos, sus impresiones y como cree que hayan incidido en la vida del continente?

Yo estuve en la Conferencia de Medellín (1968) como sacerdote periodista. En la Conferencia de Puebla (1979) estuve como “perito”, nombrado por la Santa Sede y en la de Santo Domingo (1992) como miembro, en mi calidad de Obispo vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Yo he visto dichas Conferencias más bien como grandes “eventos evangelizadores”, que han marcado la trayectoria histórica de la Iglesia en el Continente. El impacto evangelizador que produjo la celebración de cada una de las Conferencias fue realmente muy relevante. La comunión eclesial suscitada entre los Pastores reunidos y el dinamismo pastoral desencadenado en el pueblo de Dios, con la movilización de los fieles y de los agentes pastorales, durante el periodo preparatorio y el periodo postcelebrativo, tuvieron a mi modo de ver, más impacto que los mismo documentos producidos por las tres citadas Asambleas. Esto sin olvidar lo más incisivo, el momento culminante en cada una de ellas, que fue la presencia del Santo Padre en la inauguración de las mismas y el mensaje que desde ellas lanzó el Pastor Universal a todo el Continente: Pablo VI desde Bogotá el día 24 de agosto de 1968; Juan Pablo II desde Puebla de los Ángeles, México, el 28 de enero de 1979, y desde Santo Domingo el 12 de octubre de 1992. Se habla mucho de los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo, pero se habla poco de los discursos inaugurales de los Papas, que constituyen auténticos textos programáticos para las Asambleas, para la vida eclesial y para las actividades evangelizadoras de aquellos tiempos y de los nuestros.

Se ha referido Vd. a los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo. ¿Podría hacer una valoración de los mismos?

He leído muchas veces con atención y discernimiento los documentos conclusiones de Medellín. Los de Puebla y Santo Domingo no sólo los he estudiado a fondo, sino que también estuve de alguna manera implicado en la redacción o revisión de los mismos. Son ciertamente documentos muy importantes y muy orientadores. Sin embargo, matizando bien las cosas, no creo que se les pueda conceder el rango de “magisterio latinoamericano”, como alguien ha propuesto. Tenemos, sin embargo, un gran documento del Magisterio Pontificio que, con sus espléndidas orientaciones doctrinales y pastorales, es el “manual” para la vida eclesial y para la tarea evangelizadora en América Latina. Me refiero a la Exhortación Apostólica Postsinodal de Juan Pablo II “Ecclesia in Amerrica” (22 de enero de 1999), fruto de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para América Latina, celebrada en el Vaticano del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. Este documento todavía tiene que ser más estudiado, y más amplia y profundamente aplicado a la Iglesia de América Latina. Esperamos pueda seguir iluminando los caminos de la Evangelización de los pueblos del Continente.

¿Cuáles son las expectativas para la Iglesia latinoamericana de la Conferencia de Aparecida?

Lo importante es que Aparecida sea un evento evangelizador, que dé un nuevo impulso a la evangelización. Esta V Conferencia deberá centrar totalmente su atención en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, único Salvador del mundo, estudiar las relaciones de Cristo con América en todos los ámbitos -humano, familiar, social, religioso-, para lograr que la luz del Evangelio penetre profundamente en los corazones, en las estructuras, en la vida de los latinoamericanos. Poner a todos, especialmente a los jóvenes, en marcha decidida hacia Cristo, hacia los nuevos cielos y la nueva tierra de que nos habla la Biblia. Marcha difícil, pero gozosa y esperanzadora. Nos acompaña y guía Benedicto XVI que, con su carisma especial de Maestro y Pastor, ilumina el camino con certeras orientaciones. Escuchar al Papa, aceptar gozosa y generosamente el programa que nos propone. (CN/RG) (Agencia Fides 29/5/2007 Líneas: 68 Palabras: 865)
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VATICANO - El Mes de Maria - Santuarios marianos en África (5): Etiopía, Guinea, Kenia, Malí, Mozambique

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Etiopía. Etiopía es una de los países más "marianos" de la tierra. San Frumenzio (IV siglo.) llamó la primera iglesia construida en Axum, capital del reino, "Edda Mariam", que significa "Morada de Maria". Maria es venerada con el nombre de "Waladita Amlâk", Aquella que ha dado luz a Dios. El nombre de Maria figura en muchos nombres etíopes. Estos nombres testimonian la confianza de los fieles hacia Maria: Ghebié Mariam (Sirva de Maria), Hailé Mariam (la Fuerza de Maria), Laoké Mariam (Mensaje de Maria), Teklé Mariam (Planta o Descendiente de Maria), Hapté Mariam (Dono de Maria). Muchas bellas iglesias excavadas en la roca están dedicadas a Maria. Están decoradas con frescos que recuerdan algunas escenas de los Evangelios de las narraciones apócrifas. Etiopía tiene una fiesta propia: Kidäma Mehret, el Pacto de Misericordia, que se celebra el 10 de febrero. Seguros que la oración de Maria ante el Hijo siemrpe es atendida, los etíopes consideran su País como el feudo de Maria, lugar bajo su protección. Guinea. Santuario de Nuestra Señora de Guinea en Boya, diócesis de Conakry.
Kenia. Santuario de Maria, Ayuda de los Cristianos, diócesis de Nairobi; Santuario de la Consolada, diócesis de Nairobi.
Malí. Nuestro Señora de Kita. En el curso de los años anteriores, todo se desarrollaba bajo los mangos. Pero desde 1994 este santuario, construido al oeste de la antigua iglesia parroquial, capaz de acoger de 2.500 a 3.000 personas, se ha convertido en un centro nacional de peregrinaciones.
Mozambique. Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Namaacha (Maputo), en la frontera entre Mozambique y Swazilandia. Desde 1945 es visitado por numerosos fieles que acuden en pregrinación. (J.M) (Agencia Fides 28/5/2007; Líneas: 24 Palabras: 295)
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VATICANO - El Mes de María- Santuarios marianos en África (4): Camerún, Congo-Brazzaville, Costa de Marfil, Egipto

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Camerún. Santuario de Nuestra Señora de los Apóstoles, en la colina de Mvolye en Yaoundé.
Congo-Brazzaville. En Linzolo, en una de las primeras misiones fundadas en 1883 por los Misioneros del Espíritu a algunos kilómetros de la capital, una gigantesca Gruta de Lourdes, al fondo de un magnífico valle propicio para grandes reuniones, se ha convertido en el lugar de encuentro mariano más importante para los fieles del País, sobre todo después del año mariano de 1987.

Costa de Marfil - “El Palacio africano de Nuestra Señora”. El Santuario mariano de Nuestra Señora Madre de Toda Gracia fue inaugurado el 1º de febrero de 1987; la Basílica de Nuestra Señora de la Paz, en Yamoussoukro. La estatua de la Virgen, en cemento armado y pintado, mide 11 metros de altura. Se debe mencionar: el santuario de Nuestra Señora de la Liberación, en Issia, en la diócesis de Daloa; el Santuario de Ferké, en la diócesis de Katiola.

Situada en la costa occidental de África, Costa de Marfil es un país cristianizado desde la última década del siglo XIX. La religión católica ha trazado, a lo largo de un siglo, su camino en medio de una mayoría de animistas (aproximadamente el 50%) y de musulmanes (aproximadamente el 30%), y hoy puede con orgullo celebrar un gran 20% de bautizados. Sobre el amor de los Cristianos de Costa de Marfil por la Santa Virgen, este se puede constatar por el número de capillas y otros santuarios dedicados a María, que florecen aquí y allá en el País, pero antes que nada, con la magnífica y majestuosa basílica de Nuestra Señora de la Paz en Yamoussoukro.

En efecto Nuestra Señora de Yamoussoukro es un verdadero y propio “Palacio” ofrecido a la Virgen María y su fama supera ampliamente Costa de Marfil y se extiende por todo el continente Africano. Se acercan en masa: los grandes países cristianos africanos pasan su jornada de peregrinación anual y los peregrinos individuales son cientos de miles cada año. Así desde su Palacio en Costa de Marfil, Nuestra Señora de la Paz vela por el gran continente Africano de la Esperanza.

Egipto - “María tiene su pueblo”. La devoción por María se remonta a los primeros siglos. En una capilla subterránea de Alejandría, que se remonta al siglo III, un fresco representa a la Virgen María en las Bodas de Caná, mientras se entretiene con los siervos. La fiesta de la Asunción es la más popular de Egipto. La llaman simplemente la “Fiesta de la Virgen”. Ha sido ininterrumpida la fidelidad con la que la Iglesia copta ha venerado a María. El Calendario copto prevé unas treinta fiestas de la Virgen María. Muy venerado es el ícono de la Virgen María que se encuentra en la iglesia de Al-Mou’allaqa. Algunas apariciones de la Virgen María, reconocidas por las autoridades de la Iglesia copta, se dieron en Zeitoun (1968-1970) y en Shoubra (1983-1986). Las apariciones de la Virgen, en la periferia de El Cairo, en Zeitoun, han cesado en 1971. Un detalle: la Virgen se ha hecho ver tanto por las poblaciones cristianas como por aquellas musulmanas, que son mayoritarias en el País. (J.M.) (Agencia Fides 28/5/2007; líneas 40, palabras 545)


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Saludo de los observadores de la tradición evangélica a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.


Muy amados Cardenales, Obispos, Sacerdotes, hermanos y hermanas. En primer lugar queremos expresar nuestra gratitud y reconocimiento por la invitación recibida del Cardenal Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a nombre del Papa Benedicto XVI, que nos ha permitido acompañarles, en calidad de observadores, en este magno evento. Se da continuidad así a la iniciativa que tuviera el Papa Juan XXIII, al invitar observadores de otras iglesias y confesiones cristianas al II Concilio Vaticano. Entre ellos, un latinoamericano, el Dr. José Míguez Bonino. Confiamos en que esta continuidad, que también se expresa en los diálogos bilaterales entre la Iglesia Católica Romana y varias de las Iglesias de las que provenimos, y en la Comisión Mixta de Trabajo entre ella y el Consejo Mundial de Iglesias, será signo y anuncio de una mayor y mejor cooperación ecuménica en nuestro continente, tan necesitado de signos de comprensión, mutua aceptación y reencuentro fraterno.

Desde el inicio de esta Conferencia nos hemos sentido estimulados y desafiados por el llamado del Papa Benedicto XVI, a fundar el nuevo despertar misionero que requiere nuestra América Latina y el Caribe, en la lectura y conocimiento profundo de la Palabra de Dios. En esa Palabra encontramos dos textos que nos ayudan a interpretar el sentido de nuestra presencia entre ustedes. Recordamos aquellas palabras de Jesús donde afirma que “quien no es conmigo, contra mí es” (Mt 12,30), que nos señalan que sólo en torno a Jesús, el Cristo, encontramos el centro de nuestra unidad. En un texto complementario, cuando, frente a uno que echaba fuera demonios en nombre de Jesús, y ante la pretensión de los discípulos de prohibirle que siguiera haciéndolo porque no era uno de ellos, Jesús le dice a Juan: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Mc 9, 39-40). A pesar de las diferencias históricas y doctrinales que nos impiden dolorosamente participar juntos en la Mesa de la Comunión , estos textos nos permiten afirmar que nos une a ustedes el llamado de Jesús a proclamar y celebrar la vida abundante que nuestros pueblos tanto necesitan.

No podemos menos que reconocer el testimonio y la prominencia de la Iglesia Católica Romana en la evangelización de nuestra América. Guiados por el Espíritu de Dios y su Palabra, más allá de las ambigüedades de las circunstancias históricas, hombres y mujeres ejemplares, fieles discípulos y misioneros del Señor, han sembrado la Palabra en este continente, y han constituido comunidades que han sido servidoras de los más necesitados en nombre de Cristo, han dado muestras de la inspiración del Espíritu Santo en sus palabras y acciones, y han celebrado con fe al Dios Trino. Esta presencia católica ha generado una fe rica en diversas expresiones religiosas, que han logrado enraizar el mensaje de Cristo en las variadas culturas presentes en nuestro continente, tanto en aquellas autóctonas, como en aquellas originadas en las migraciones posteriores, que han contribuido a dar forma a los rostros hermosamente diversos de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe.

También nuestras iglesias evangélicas han colaborado, especialmente a partir de los procesos de emancipación nacional en el continente, en la construcción del testimonio de Cristo en estas tierras, ya sea a través de comunidades inmigrantes, que han portado consigo la fe de sus padres, como a través de variados esfuerzos evangelizadores, tampoco exentos de contradicciones y ambigüedades. Pero muchos fieles creyentes de la fe evangélica han colaborado con la evangelización y la cultura en estas tierras, llegando en algunos casos hasta el derramamiento martirial de la propia sangre, en la defensa de la dignidad y la justicia para nuestros pueblos.

Para que esta presencia cristiana diversa no esté marcada por la confrontación y la competencia, sino por la vocación común de ser discípulos y misioneros de nuestro Señor Jesucristo, nos parece necesario utilizar un lenguaje que permita mantener los canales de comunicación ya existentes, y que aun permita abrir nuevos puentes. Reconocernos mutuamente como Iglesias y Comunidades Cristianas, es la forma de mantener abiertas las puertas para el diálogo, diálogo imprescindible para desterrar juntos cualquier práctica sectaria o beligerante que atente contra el verdadero espíritu misionero.

Tendremos que aprender, guiados por el Espíritu de Dios, a conocernos y reconocernos cada vez más como parte del uno y múltiple pueblo de Dios, deudores de su multiforme gracia. Somos llamados a crecer en la unidad en la diversidad a la que nos convoca el Señor, para que, en mutuo respeto, en amor, encontrándonos en los caminos de la fe, proclamemos su Santo Nombre, y en Él, discípulos y misioneros que llegamos desde distintas tradiciones y modos de expresar nuestra fe, anunciemos para nuestros pueblos la vida plena.

Ofelia Ortega
Juan Sepúlveda
Harold Segura
Néstor Míguez
Walter Altmann
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Discurso que pronunció ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano el rector mayor de los Salesianos, el padre Pascual Chávez Villanueva, presidente de la Unión de Superiores Generales.


Agradecimiento
Quiero agradecer, en primer lugar, la oportunidad que se me ha dado para participar y para tomar la palabra en esta Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño.

Hablo a nombre de la Vida Religiosa como Presidente de la Unión de Superiores Generales, y – en este caso – también de la Unión Internacional de las Superioras Generales, en cuanto representante de las dos Superioras Generales aquí presentes.

En un continente o sub-continente, como el que en ningún otro, la comunicación de la fe y el compromiso por la promoción humana han estado tan vinculados a la Vida Religiosa, la Iglesia no se entendería sin ella, como justamente lo ha reconocido el Santo Padre en su discurso de apertura de esta Conferencia.

Cuanto afirma la Lumen Gentium en el n. 44 sobre los Religiosos y Religiosas, que “sin pertenecer a la estructura jerárquica de la Iglesia constituyen parte indiscutible de su vida y de su santidad”, se ha verificado en América Latina y el Caribe en estos más de 500 años del encuentro del Evangelio con los pueblos amerindios.

La Vida Consagrada hoy
Pocas instituciones eclesiales han puesto un empeño tan grande en la invitación del Concilio Vaticano II ° a la renovación como la Vida Consagrada. Con todo, después de 40 años y después de tantos cambios realizados, nos encontramos todavía en un proceso de transición. Esto nos enseña – me parece – que hoy la vida consagrada debe aceptar que el único modo de ser actual es la de estar en transformación continua, como sucede con la vida que jamás es estática, y, al mismo tiempo, que nada debe anteponerse a Dios, de modo que sea realmente consagrada, y permanezca fiel a Cristo, a la Iglesia, a los propios fundadores, al hombre y a la mujer de hoy.

Escuchando las relaciones de los Presidentes de las Conferencias Episcopales y de los Prefectos de Dicasterios del Vaticano o de otras dimensiones al servicio de la Iglesia, debo confesar que nos sentimos en profunda sintonía – porque ante todo somos Iglesia – y compartimos con Uds. la escucha de Dios en su Palabra y el paso del Espíritu por la historia buscando descifrar lo que Dios quiere en este mundo de comunicación y globalización, de secularismo y materialismo, de hedonismo y relativismo, en que vivimos y testimoniamos nuestra fe y realizamos nuestra misión.

Al servicio de esta fidelidad creativa de la Vida Consagrada fueron creadas las dos Uniones de Superiores y Superioras Generales (USG en 1952 y aprobada su constitución en 1962) y han renovado su voluntad de servirla. Por supuesto necesitamos lograr un diálogo más efectivo con la Santa Sede (Santo Padre y CIVCSVA) y con las Conferencias de Obispos, y reforzar la colaboración entre las dos Uniones y con las Conferencias Nacionales, Regionales y Continentales de Religiosos y Religiosas.

No me entretengo en describir su organización y funcionamiento, las comisiones que la dinamizan y otras estructuras de colaboración eclesial (información ésta que se encuentra en el portal vidimusdominum.org), y sí, en cambio, en la búsqueda de la grandes líneas de orientación para responder a los desafíos del mundo de hoy (cf. Temas de las Asambleas desde 1968 hasta nuestros días), y, por tanto, lo que hoy le está más a pecho, esto es, su identidad y especificidad, esa que le hace encontrar mejor su lugar en la Iglesia.

El Congreso internacional de la Vida Consagrada , que se realizó en Roma al final de noviembre del año 2004, ha tomado como inspiración un doble icono: el de la Samaritana (Jn 4) y el del Buen Samaritano (Lc 10). Estas dos figuras son signo de la profunda de sed Dios y de la inmensa compasión que deben caracterizar a los consagrados y a las consagradas. El mensaje es claro: en el mundo la vida consagrada tiene la misión específica de cultivar una fuerte experiencia de Dios y acercar a Dios al Hombre herido y abandonado al margen del camino.

Definir la vida consagrada como una vida ‘samaritana' implica no sólo contemplar el itinerario recorrido por estas dos figuras evangélicas, sino también asumir y hacer propia la condición social de un grupo, como lo eran los samaritanos en los tiempos de Jesús, que vive “a los márgenes” de la sociedad y de la Iglesia.

Hacerse ‘samaritanos', desde esta perspectiva, quiere decir aceptar el rechazo del mundo y de la sociedad; comporta renunciar a los privilegios de los que como consagrados hemos gozado hasta hace pocos años, y no solamente en el ámbito social sino también eclesial.

Por siglos la vida consagrada ha sido la pupila de los ojos de la Iglesia y de la Sociedad ; su servicio en la evangelización y en las tierras de misión, así como su función social en la promoción humana ha sido insustituible en los diversos campos de la agricultura, de la educación y de la cultura, de la salud, de la comunicación social, de la atención a los más pobres, a los indígenas, a los afro americanos, a los chicos y chicas de la calle, a quienes son explotados en el mal llamado turismo sexual, etc., como sigue siéndolo en América Latina y Caribeña, Asia, Oceanía y África. Hasta tal punto que, sin la vida consagrada en estos espacios, la misma Iglesia estaría ausente. Su presencia en el campo social, a veces teniendo que suplir a los estados, ha sido tan grande que ha corrido el riesgo de adulterar su misión, que no es simplemente la de realizar obras con eficacia y gratuidad, sino la de ser un signo de la presencia de Dios tierna y salvadora en el mundo.

Hoy como ayer la vida consagrada está llamada a ser un signo de la cercanía de Dios, de su auténtica encarnación, de su radical solidaridad con la humanidad hasta la muerte en cruz. Pero hoy, a diferencia de ayer, la vida consagrada se encuentra con el desafío y la oportunidad de renovarse cambiando el acento del funcionalismo a la autenticidad de la caridad, interior y cristiana, esa que transforma la obra social en revelación, en el mejor sentido de la palabra, que es la de donar a Dios al mundo.

Hoy la vida consagrada resultaría irrelevante, su testimonio sería invisible e infecundo, si no tomase seriamente el mandato de hacerse prójimo de los pobres, abandonados y en peligro. Si la vida consagrada quiere sobrevivir en un mundo donde hay un “eclipse de Dios” ( Martin Buber), deberá encontrar a Dios en el único icono viviente de Él, el hombre (cf. Gn 1,26). Hoy como ayer el hombre es el camino de la Vida Consagrada.

La sed de Dios y la solidaridad con la humanidad son inseparables y son acogidos y vividos como gracia en unidad. La experiencia de Dios sin la misión es espiritualismo, como lo es el amor a Dios sin el amor al prójimo. Y la misión sin la experiencia de Dios es filantropía o trabajo social.

Es necesario recuperar la pasión por la gloria de Dios y la salvación del hombre, que encuentra su fuente en el corazón de Cristo, Apóstol del Padre, y su alimento en la Palabra y en la eucaristía. Esta pasión habla sí de capacidad de sufrir, de esa pasión que es sufrimiento de amor como el de Jesús en la Cruz, pero también del dinamismo del amor, de esa pasión que es enamoramiento y fascinación.

Estoy convencido de que la vida consagrada representa una verdadera terapia para nuestra sociedad y un don para la Iglesia, con tal que ella sea un signo visible y creíble de la presencia y del amor de Dios (“mística”), que sea una instancia crítica en relación a todo lo que atenta contra la persona humana entendida según el designio de Dios (“profecía”), y que sea solidaria con la humanidad, especialmente la más pobre, necesitada, excluida (“diaconía”).

Conclusión
Nuestra presencia hoy en esta magna Asamblea Episcopal de América Latina y del Caribe representa para nosotros la oportunidad de renovar nuestra vocación de “ser y formar discípulos y misioneros de Cristo” y de exponer también nuestras expectativas, que se reducen a dos:

1. ser más apreciados y tomados en cuenta
2. ser valorados no sólo por lo que hacemos sino por lo que somos.

No obstante nuestras limitaciones, la Vida Consagrada está llamada a continuar prestando a la Iglesia el servicio insustituible de “ser parte indiscutible de su vida y de su santidad” (LG 44), a través de una acción pastoral que sea más explícitamente evangelizadora, que toque los nervios de la cultura imperante y que madure vocaciones.
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lunes, 28 de mayo de 2007
Homilía del Obispo Carlos Aguiar Retes - 28 de mayo de 2007 en la V Conferecia en Aparecida.


¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Así contestó Isabel el saludo de María, quien presurosa subió a la montaña de Judá, al saber que su prima se encontraba encinta.

¿Quién eres Iglesia en América, para que la madre de mi Señor haya venido a visitarte? Así saludamos hoy, en esta Eucaristía, en esta V Conferencia General, desde este Santuario de Aparecida saludamos a María de Guadalupe, quien presurosa se hizo presente en la montaña del Tepeyac, al saber que estaba en cinta un nuevo pueblo.

María e Isabel intercambiaron saludo y también compartieron las maravillas realizadas por Dios en ellas. La que llamaban estéril se volvió fecunda en plena vejez, y María, sin dejar de ser virgen, se convirtió en la Madre del Amor, en la Theotokos.

¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre ! Exclamó Isabel, llena del Espíritu Santo, y agregó : Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.

María e Isabel manifiestan dos actitudes muy importantes para la vida de los discípulos y para la vida de la Iglesia como discípula.

Primero, la sensibilidad para atender a Dios y, descubrirlo presente en sus vidas, aceptarlo como interlocutor y actuante en sus voluntades, y recibirlo asumiendo en la fe los planes del Señor.

Segundo, la capacidad de buscar a quien también ha descubierto al Señor y sus acciones, y encaminarse para encontrarse con ella y compartir las maravillas que el Espíritu ha obrado.

María no solo ha visitado a su prima Isabel sino también ha hecho lo mismo con nosotros. María de Guadalupe se encuentra con San Juan Diego y le pide vaya en su nombre con el Obispo de México para que le construya una casita donde pueda mostrar todo su Amor: el hijo de sus entrañas, a una sociedad que vivía en la confusión y el desconcierto, a un cruce de razas y culturas que era el surgimiento de un nuevo pueblo.

Hoy nuestros pueblos latinoamericanos en medio de situaciones crónicas y reiterativas de inequidad creciente, autoritarismos que provocan violencia y corrupción, y bajo el influjo de la globalización, de la migración y movilidad humana, del intercambio cultural, atraviesan una etapa de transición, donde está surgiendo con dolores de parto la cultura adveniente que avizoró la III Conferencia General en Puebla, y ante lo cual, el Siervo de Dios Juan Pablo II convocó a la Iglesia a una Nueva Evangelización.

Hoy reconozcamos los dones recibidos gracias a la presencia de María en América, necesitamos acudir y recurrir a ella para que nos muestre al Hijo que trajo al mundo, y con su ayuda, multiplicada en la devoción mariana extendida en todos nuestros pueblos, podamos preparar a la Iglesia para afrontar los nuevos retos que están tocando las puertas de las familias y de la sociedad entera.

Seamos una Iglesia como María de Guadalupe que inculturada muestre el rostro de la misericordia divina para consuelo y fortalecimiento espiritual, para redescubrir la dignidad de toda persona, independientemente de raza, lengua, cultura y nación. Que promueva crecimiento y acompañe el desarrollo de los nuevos discípulos y misioneros de Jesucristo abrevándolos en la sabiduría del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza .

Con María, discípula y maestra, seamos una Iglesia que presurosa vaya al encuentro tanto, de quienes como Isabel, reconocen las maravillas que obra el Señor como de quienes, como San Juan Diego, atraviesan por la aflicción, el desconcierto, la incertidumbre, o la desesperanza. Seamos una Iglesia en estado permanente de misión.

Con María, oyente de la Palabra y su fiel servidora, seamos una Iglesia que viva lo afirmado en el libro de la Sabiduría : los que me escuchan no tendrán de que avergonzarse y los que se dejan guiar por mí no pecaran. Los que me honran tendrán una vida eterna . Con María, mujer eucarística, seamos una Iglesia que redescubra y valore la Eucaristía dominical, y experimente que: Los que me coman seguirán teniendo hambre de mí, los que me beban seguirán teniendo sed de mí .

Con María, esclava del Señor, que camina en la obediencia a la voluntad del Padre y en la comunión como espíritu de vida, seamos una Iglesia, que apasionadamente entregada a la causa del Reino de Dios sea casa para todos y escuela donde se aprenda por el testimonio de quienes la forman: la caridad, el amor.

Ayer celebramos Pentecostés. Creámosle a Jesucristo quien ha conseguido del Padre para nosotros el don del Espíritu Santo. Seámosle dóciles a sus inspiraciones para que él sea el artífice de una Iglesia en América renovada, que haga presente y refleje el amor misericordioso y la bondad infinita de Dios, nuestro Padre.

Los invito a confiar como María y hacer nuestra su experiencia para que podamos felicitar a la Iglesia en América: Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor . Y ya cerca del término de la V Conferencia General los invito a exclamar: Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. Amén.
Publicado por Desconocido @ 23:47  | Homilías
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ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo de Pentecostés, 27 de Mayo de 2007, al rezar a mediodía la oración mariana del «Regina Caeli» junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la gran fiesta de Pentecostés, en la que la liturgia nos hace revivir el nacimiento de la Iglesia, según la narración de san Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-13). Cincuenta días después de Pascua, el Espíritu Santo descendió sobre la comunidad de los discípulos que «perseveraban en la oración, con un mismo espíritu» reunidos junto a «María, la madre de Jesús» y con los doce apóstoles (Cf. Hechos 1,14; 2,1).

Podemos decir, por tanto, que la Iglesia tuvo su inicio solemne con la venida del Espíritu Santo. En este extraordinario acontecimiento, podemos ver las características esenciales de la Iglesia: la Iglesia es una, como la comunidad de Pentecostés, que estaba unida en la oración con «un solo corazón y una sola alma» (Hechos 4,32).

La Iglesia es santa, no por sus méritos, sino porque, animada por el Espíritu Santo, tiene fija la mirada en Cristo, para vivir conforme a Él y a su amor.

La Iglesia es católica, porque el Evangelio está destinado a todos los pueblos y por este motivo, ya desde el inicio, el Espíritu Santo hace que hable todos los idiomas.

La Iglesia es apostólica, pues --edificada en el cimiento de los apóstoles-- custodia fielmente su enseñanza a través de la cadena interrumpida de la sucesión apostólica.

Además, la Iglesia, por su misma naturaleza, es misionera, y desde el día de Pentecostés el Espíritu Santo no deja de incitarla a echarse a los caminos del mundo, hasta los últimos confines de la tierra y hasta el final de los tiempos.

Esta realidad que podemos constatar en toda época está, por así decir, anticipada en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se describe la entrega del Evangelio de los judíos a los paganos, de Jerusalén a Roma. Roma hace referencia al mundo de los paganos y, de este modo, a todos los pueblos que están fuera del antiguo pueblo de Dios.

En efecto, los Hechos de los Apóstoles concluyen con la llegada del Evangelio a Roma. Se puede decir entonces que Roma es el nombre concreto del carácter católico y misionero, expresa la fidelidad a los orígenes, a la Iglesia de todos los tiempos, a una Iglesia que habla todos los idiomas y que sale al encuentro de todas las culturas.

Queridos hermanos y hermanas: el primer Pentecostés tuvo lugar cuando María Santísima estaba presente en medio de los discípulos en el Cenáculo de Jerusalén en oración. También hoy nos encomendamos a su intercesión maternal para que el Espíritu Santo descienda en abundancia sobre la Iglesia de nuestro tiempo, llene los corazones de todos los fieles y encienda en ellos --en nosotros-- el fuego de su amor.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Tras rezar el «Regina Caeli» el Papa saludó en varios idiomas a los peregrinos. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de las parroquias de Santa María del Rosario y San Juan Bautista, de Venezuela. En este día de Pentecostés, pidamos a María que nos enseñe a abrir el corazón al Espíritu Santo, para que guíe nuestra fe y nos santifique con sus dones. ¡Muchas gracias!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por Desconocido @ 23:42  | Habla el Papa
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Intervención del cardenal Norberto Cardenal Rivera Carrera, arzobispo primado de México, en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.


Quisiera alentar la propuesta de la Misión continental como una conclusión concreta de esta V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Evidentemente no se trata de una misión eventual o pasajera ni confiar la misión a una comunidad o movimiento quedando nuestras estructuras diocesanas o parroquiales fuera del proyecto.

Las estructuras mismas de la diócesis, del decanato y de la parroquia, deben ser el eje de la misión para que la Iglesia local, como tal, sea misionera. La misión debe ser la vida ordinaria de la diócesis y no un evento aislado.

La Arquidiócesis de México ha venido haciendo un esfuerzo a partir del Segundo Sínodo Diocesano, teniendo como momento culminante la Misión 2000 con ocasión del Año Jubilar. Para esa ocasión nos propusimos hacer una Misión intensiva que nos impulsara en el camino que deberíamos recorrer en el futuro. Dijimos que era como un ensayo de lo que debería ser nuestra pastoral ordinaria. De ahí que a nuestro proyecto Pastoral Arquidiocesano se le ha llamado “Misión Permanente”.

Un proyecto de esa naturaleza lógicamente supone toda una infraestructura de sectorización, de preparación de agentes para acciones específicas, de un momento fuerte de primer anuncio, de paciencia para emprender el Catecumenado, de materiales adecuados y de un seguimiento constante por parte de la Asamblea Diocesana, y sobre todo de sus pastores. Por otra parte no estamos inventando el “hilo negro”, el proceso evangelizador ya está delineado en “Ad Gentes”, “Evangeli Nuntiandi”, “Catechesi Tradendae”, “Redemptoris Missio”, “Christifideles Laici” y, sobre todo, en el Directorio General para la Catequesis.

La convicción misionera la tenemos todos los aquí presentes, ciertamente, pero para no quedarnos en las nubes, “mirando al cielo”, creo que debemos descender a los “cómos” y a las estrategias concretas para alcanzar el anhelo de ser y hacer “discípulos y misioneros”.

Debo testimoniar que Santa María de Guadalupe ha sido la que convoca y abre caminos para la Misión; es más, ella misma es la Misionera.

Me gustaría que manifestáramos más la identidad Mariana de nuestro Continente.
Publicado por Desconocido @ 23:32  | Hablan los obispos
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Intervención del cardenal Juan Sandoval, arzobispo de Guadalajara (México), en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

El 21 de mayo del año 2000, en el marco del jubileo de la Encarnación, SS Juan Pablo II canonizó 25 mártires mexicanos: San Cristóbal Magallanes y Compañeros. Fueron 22 sacerdotes del área rural que no abandonaron a sus ovejas, sino que siguieron pastoreándolas con la palabra de Dios y los sacramentos: ¡Este fue su crimen! Y tres laicos jóvenes comprometidos en el apostolado.
Hoy se celebra su fiesta.

En su carta de preparación para el Gran Jubileo de la Encarnación, Juan Pablo II nos recordó que el siglo XX ha sido siglo de mártires, y nos exhortó a no olvidar su memoria (Tertio Millennio Adveniente 37).

Me parece conveniente hacer una mención a su ejemplo de fidelidad a Cristo. Ante el secularismo creciente, ante un mundo ajeno y hostil, nuestra voz será contradicha.

Sobre todo en el tema de la familia y La Vida, requerimos la “parresia” apostólica, que anuncia con Valor y que antepone el mandamiento de Dios al de los hombres.

En el tema central de la misión no puede faltar el acento del valor del Testigo. El testimonio en una manera evangélica de hablar de la misión: “Recibiréis el Espíritu Santo y seréis mis testigos”.

No es lo mismo profesor que Testigo, el profesor enseña algún contenido intelectual sin comprometerse con él. El testigo en cambio se compromete con lo que testifica y con todas sus consecuencias.

Sí, tenemos que enseñar todo lo que el Señor nos dijo, pero haciéndolo vida nuestra y comprometiendo nuestra vida. Somos “Maestros-Testigos”.

El Mártir es el mejor discípulo porque va con Cristo hasta la Cruz y es el misionero más creíble porque sella con su sangre lo que anuncia.
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AMERICA/BRASIL - V Conferencia General de Aparecida: “Tenemos el gran desafío de redescubrir el matrimonio como una vocación al amor y el sacramento del matrimonio como la culminación, que eleva esta vocación entre un hombre y una mujer”: entrevista al único matrimonio participante en la Conferencia

Aparecida (Agencia Fides) - El Dr. Luis Jensen y su esposa Pilar Escudero de Jensen, constituyen el único matrimonio que está participando en la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Ambos pertenecen al Instituto de Familias de Schoenstatt desde hace 23 años, tienen 4 hijos y 26 años de matrimonio. El Dr. Luis es médico, ginecólogo obstetra y docente de bioética en la Universidad Católica en Santiago, mientras que Pilar es profesora de historia y trabaja en el arzobispado de Santiago desde hace 10 años.

Vds constituyen el único matrimonio en esta V conferencia ¿cual es su testimonio en este acontecimiento eclesial?

Luis: Ha sido una gran novedad para todo el mundo, también para nosotros, y ha sido muy bonito porque todos lo han acogido muy bien y se dan cuenta que en realidad es muy importante que haya matrimonios auténticos en estas reuniones.

Pilar: Nosotros fuimos los más sorprendidos por esta invitación, es la primera vez que se invita a un matrimonio y somos el único matrimonio completo en la V Conferencia. Muchos Obispos se nos han acercado y han manifestado su alegría de que estemos aquí. Tal vez lo único que podemos dar es nuestro testimonio, por medio de nuestra presencia, de nuestra participación en el grupo. Esperemos que para el futuro se valore cada vez más esta dimensión y haya más matrimonios, si bien está claro que es una Conferencia de Obispos. Nosotros estamos muy agradecidos por esta invitación y deseamos poder representar bien a todos los matrimonios, a las familias de América Latina

¿Cuál ha sido la importancia del tema de la familia durante la V Conferencia?

Luis: El mismo Santo Padre puso como primera prioridad que él esperaba que esta V Conferencia respondiera al desafío que hoy tiene la familia en Latinoamérica por dos cosas: La primera porque es un patrimonio en este momento de nuestra cultura y un patrimonio de la humanidad. América Latina es un lugar donde todavía se aprecia la familia, porque hay una fuerte vivencia de familia. Y en segundo lugar por el contenido mismo de esta conferencia, de formar discípulos y misioneros, de formar personas que conozcan y amen realmente a Cristo y esto se logra mejor que en ningún otro sitio, en la familia, que es donde se forma la persona.

Pilar: Yo estoy en el grupo que está trabajando en el tema de la familia, y hay muchos aportes, precisiones, distintas vivencias, inquietudes. Se ve que es un tema vivo como lo es también el tema de la mujer y de la vida pues son temas que nos tocan a todos. El gran interés demuestra que es un tema que debe ser prioritario para la Iglesia y debe ofrecer su aporte a la sociedad y la cultura. Nuestro deseo es poder enfocarlo como una buena noticia, pues normalmente de lo que más se habla es de los problemas, del análisis de todas las dificultades, de todos los dolores de la familia. Por eso nosotros quisiéramos presentar la familia una gran noticia y juntos ayudamos para superar los problemas, acompañar los dolores, las dificultades.

El Santo Padre también señaló la familia como una vocación particular, ¿cómo se puede vivir esto en el mundo de hoy?

Luis: Ciertamente el matrimonio es una llamada extraordinariamente rica. Lo que caracteriza en el fondo al discípulo, es el saberse amado por Cristo y el tratar de amar como El allí donde esté. En nuestro caso, en la familia fundada en el matrimonio, en el amor conyugal y que como el mismo Santo Padre afirma en ‘Deus Caritas Est’, es la forma de amor frente al cual todas las otras formas de amor palidecen. Es el lugar donde se experimenta por excelencia la maravilla más plena de la donación total del uno al otro. La persona se descubre y se realiza a sí misma cuando descubre no sólo que está junto al otro sino que está para el otro. Ese es el gran misterio de la familia, y frente a tantos ataques como sufre hoy de tantas ideologías que quieren destruirlas debemos dar una respuesta total volviendo a centrar la familia en este tesoro que es el amor humano.

Pilar: Aquí en América Latina valoramos mucho la familia, pero entre los jóvenes cada vez se valora menos o se tiene mucho temor y se piensa que no es posible un amor para toda la vida, que no es posible una entrega mutua a una sola persona. Precisamente por ello, tenemos un gran desafío y es redescubrir el matrimonio como una vocación, como una vocación al amor y el sacramento del matrimonio como la culminación, como lo que eleva esta vocación humana real entre un hombre y una mujer. El sacramento del matrimonio es para muchos el gran desconocido, es sólo una ceremonia que se celebró una vez pero no se ve como un sacramento actuante, permanente en la vida de los esposos, que lo podemos renovar, que podemos apelar a la gracia del sacramento. Debemos pues redescubrir el matrimonio en esa profundidad.

Luis: Junto a esta vocación al matrimonio va también la vocación a la paternidad y a la maternidad, que es la vocación al servicio de lo más bello que hay que es formar a una persona, que es acompañar a una persona hasta su plena realización, su desarrollo. Dios nos confía estas personas y no podemos dudar que Él nos ayuda.

Otra de las prioridades que puso el Santo Padre es el laicado y entre ellas resaltó el papel de los movimientos eclesiales. Vds. pertenecen a un movimiento eclesial. ¿cual creen que debe ser el papel de estos movimientos respecto a las familias?

Luis: Los movimientos constituyen el "rostro joven de la Iglesia", son una manifestación de la fuerza del Espíritu Santo que suscita comunidades que respondan a las demandas del tiempo. Creo que cada vez hay una mayor conciencia en nuestra Iglesia latinoamericana de que los movimientos eclesiales son un regalo del Espíritu para los tiempos actuales. El laicado en nuestra experiencia como matrimonio, como padres de familia, como constructores de una familia, tiene una riqueza enorme porque nos permite, con esa riqueza, con esa perspectivas, con esos valores, estar insertos en la sociedad y tratar entonces conscientemente de que allí donde estemos realmente se viva este espíritu de familia, se vaya tomando conciencia de que nosotros tenemos que tener una perspectiva de familia en todo lo que hacemos, de manera que el quehacer laborar no compita con la familia sino que sean una proyección de la riqueza que tenemos

Pilar: La enseñanza del Magisterio de la Iglesia es riquísima pero tenemos como Iglesia una gran dificultad en encontrar los caminos para hacer llegar toda esta riqueza a nuestra gente, con un lenguaje comprensible, con itinerarios pedagógicos, con un acompañamiento y ahí es donde yo creo que los movimientos pueden ayudar tanto porque los movimientos tenemos estos itinerarios pedagógicos, tenemos un acompañamiento a nuestras personas, a todos los niveles: juventud, matrimonio, sacerdotes. Pero para esto se requiere por una parte apertura por parte de la iglesia diocesana o de la parroquia pero también se requiere una actitud de humildad y de servicio por nuestra parte. Y esto no siempre es tan fácil porque a veces nosotros estamos tan entusiasmados con nuestro ideario o con nuestro carisma que quisiéramos poder transmitirlo a todos. (FP/RG) (Agencia Fides 28/5/2007 Líneas: 88 Palabras: 1.272)
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VATICANO - El Mes de María — Santuarios marianos en África (3): Angola, Benin, Burkina-Faso

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Angola “Tierra de María”. Angola es conocida también como la tierra de María. En efecto, los primeros misioneros llegaron el 29 de abril de 1491 y construyeron una pequeña iglesia bajo la advocación de “Nossa Senhora Santa Maria” (Nuestra Señora Santa Maria). En la actualidad hay más de 100 iglesias y capillas dedicadas a la Madre de Dios. Entre las principales podemos mencionar el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, inaugurado en Luanda por los Capuchinos en diciembre de 1964; muy famoso es también el santuario de Muxima, provincia de Bengo, en el centro del país; en Nova Lisboa, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Fátima y al sur, en Sa Da Bandiera, se encuentra el Santuario de la Montaña (do Monte).
No nos pueden sorprender los nombres en portugués de los santuarios, ni la fama que tiene Nuestra Señora de Fátima en este país de África, pues fueron los portugueses los primeros evangelizadores de Angola, así como de muchas otras regiones de ese inmenso continente. Al propósito de la evangelización de dicho continente citamos las palabras del Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica “Tertio Millennio Adveniente”: “En África, donde el primer anuncio se remonta a la época apostólica, junto a los 1650 años de la consagración episcopal del primer Obispo de los etíopes, san Frumencio (a. 397) y a los 500 años del inicio de la evangelización de Angola, en el antiguo reino del Congo (1491), naciones como Camerún, Costa de Marfil, República Centroafricana, Burundi y Burkina-Faso están celebrando los respectivos centenarios de la llegada a sus territorios de los primeros misioneros”. Por lo tanto desde hace más de medio milenio Angola es verdaderamente “Tierra de María”.
Benin. La Gruta de Dassa, también llamada de Nuestra Señora de Arigbo, bendecida en 1954 se ha convertido poco a poco en un centro de peregrinación nacional y en la actualidad también internacional. El 15 de agosto de cada año enormes masas llegan a Benin de Togo, Nigeria y Burkina-Faso. Se ha comenzado ya a construir un gran Santuario que será hermanado con la primera Basílica de Occidente dedicada a María: La Basílica Romana de Santa María la Mayor.
Burgkina-Faso. El Santuario de Yagma. En 1968 de escogió dicho lugar para construir un santuario mariano. Yagma es una colina poco elevada sobre la que se ha construido una reproducción en ladrillo y tejas de la Gruta de Lourdes. El lugar se encuentra a 15 kilómetros de la capital Ouagadougou. La cantidad de gente que frecuenta el santuario con los años ha ido siempre aumentando. Actualmente todas las semanas las parroquias de toda Burkina-Faso se van turnando para realizar su peregrinación anual. La poca sombra del lugar no desalienta a los peregrinos que durante las celebraciones tienen que aguantar el sol. Desde hace años que se está construyendo una iglesia grande a los pies de la colina.
Otros lugares marianos de Burkina-Faso: Nuestra Señora de Dingasso, diócesis de Bobo-Dioulasso; Nuestra Señora de la Paz, diócesis de Diebougou; Nuestra Señora de Louda, diócesis de Kaya; Nuestra Señora de la Reconciliación, diócesis de Koudougou; Nuestra Señora del Lago di Bam, diócesis de Ouahigouya. (J.M.) (Agencia Fides 26/5/2007; líneas 39, palabras 539)


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Comentario al evangelio, Mc 10,28-31, del martes de la cuarta semana del Tiempo Ordinario, sacado del libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutiérrez.


Nuevo orden de valores. Para un judío del AT las bendiciones de Dios tenían una expresión inequívoca: la riqueza. Jesús acaba de indicar al hombre del evangelio un orden nuevo de valores. La vida con Dios no se compra con dinero y puede exigir el desprendimiento de todo poseer. En esa renuncia encuentra Pedro motivo de una interesada pregunta: ¿qué beneficios tendremos nosotros por haberlo dejado todo para seguirte?

Y se da un paso más adelante. Si en el AT también la pertenencia al clan patriarcal era signo de bendiciones, las exigencias del nuevo Reino pueden imponer el corte de los lazos familiares. Nada en este mundo es fin en sí mismo y debe, por lo tanto, ser subordinado a Dios. No se trata de una filosofía nueva. De lo que se trata es de una persona cuya preferencia justifica toda renuncia. Por eso se dice: «por mí y por la buena noticia» (v. 29). Es necesario subrayar el aspecto de amor preferencial.

Las responsabilidades frente a la familia justifican las razones de vivir y trabajar. Ahora se propone el ideal de una familia nueva donde Jesús lo signifique todo. Es la familia de todos los hijos de Dios presidida por Jesús. En la comunidad eclesial la fraternidad y los bienes no pertenecen a nadie en exclusiva. Esta comunidad de hermanos no admite límites de razas, países o culturas. Significa ya en esta vida una enorme recompensa. En un segundo estadio se ensanchará más y más hasta lograr su dimensión escatológica sin los riesgos del estadio temporal.

Los positivistas pueden mostrar su escepticismo por aquello del pájaro en mano y unas promesas no divisables. Sin embargo la promesa existe y es norte de esperanza.

Muchos sociólogos no ocultan su preocupación ante el fenómeno del número creciente de jóvenes no reconciliados con la vida. Tal vez porque lo han encontrado todo hecho desde el momento de nacer. El mucho poseer no hace la dicha. La renuncia y el esfuerzo templan el espíritu a condición de tener la esperanza en Dios.


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27 Mayo (ACI).- Miles de peregrinos de todas partes del mundo se dieron cita este mediodía en la Plaza de San Pedro para rezar el Regina Coeli con el Papa Benedicto XVI, quien hizo notar como en Pentecostés se nos manifiestas las características esenciales de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, y su misionariedad.

En el día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de Pentecostés, el Pontífice recordó a los presentes “que la Iglesia tuvo su solemne inicio con la llegada del Espíritu Santo, extraordinario evento en el que encontramos las notas esenciales y características de la Iglesia”.

“La Iglesia es una, como la comunidad de Pentecostés –dijo el Papa-. La Iglesia es santa, no por sus méritos, sino porque, animada por el Espíritu Santo, mantiene firme su mirada hacia Cristo, para ser conformarse con Él y con su amor. La Iglesia es católica, porque el Evangelio está destinado a todos los pueblos. La Iglesia es apostólica porque cuida fielmente las enseñanzas de los Apóstoles por la ininterrumpida sucesión apostólica”.

Asimismo Su Santidad destacó la “naturaleza misionera” de la Iglesia, pues “desde el día de Pentecostés, el Espíritu Santo no cesa de impulsarla por el mundo hasta los confines de la tierra y hasta el fin de los tiempos”.

Finalmente el Papa se confió a la maternal intercesión de Santa María “para que el Espíritu Santo descienda abundantemente sobre la Iglesia y llene los corazones de todos los fieles y encienda en ellos el fuego de su amor”.
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domingo, 27 de mayo de 2007
26 de Mayo

(Fuente de la Guancha) En un ambiente familiar se celebró el matrimonio canónico de los Jóvenes José Antonio Díaz López, natural y vecino de la parroquia, y Jésica González González, natural y vecina de Barranco Grande. Fueron sus padrinos José Antonio Díaz García, padre del contrayente y Juana González Fernández, madre de la contrayente.


Publicado por Desconocido @ 21:44  | Noticias Parroquiales
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26 de Mayo

(Fuente de la Guanacha) Los vecinos del barrio de la Guancha de Abajo se reunieron de nuevo en la tarde-noche del día 26 de Mayo para venerar a la Madre de Dios en la advocación de Ntra. Sra. de Coromoto participando en la Eucaristía y procesión. La Lluvia del pasado domingo hizo que esta procesión se trasladara a este día. Se está celebrando el cincuenta aniversario de la bendición de la Ermita y de la imagen por el obispo Don Domingo Pérez Cáceres.



Publicado por Desconocido @ 21:42  | Noticias Parroquiales
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Comentario al Evangelio del Domingo de Pentecostés 27.05.07, de Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, Obispo de Huesca y de Jaca

Como brisa huracanada
(Juan 20,19-23)


Hemos ido recorriendo las grandes etapas de la vida del Señor al compás de la liturgia. El domingo pasado celebrábamos la Ascensión del Señor. Impresiona sobremanera el ver que esta “última Palabra” que Dios envía, la de su Hijo, sea dicha con tanta precariedad. Porque no será este hablar postrero de Dios una Palabra apabullante y tumbativa, sino humilde y libre como todas las suyas. Acampó su Palabra en nuestras tierras condenadas a tantos exterminios, y abrió su Tienda para encontrarse con noso­tros en el Encuentro más estremecedor y decisivo, a fin de estrenar la felicidad, la verda­dera humanidad y la dicha bienaventurada de un amor sin precio ni ficción.

¿Podemos tener acceso a cuanto dijo Jesús en su arameo, en su oriente medio, hace tantos años ya? Aquí nos lo jugamos todo. Porque este «todo» se reduce a saber si aquello que ocurrió entonces, es posible que vuelva a suceder hoy, aquí y ahora. Y Pentecostés es la gracia de perpetuar día tras día, lugar tras lugar, lengua tras lengua, la Palabra y la Presencia de Jesús.

Así lo prometió Él: “os he dicho todo estando entre vosotros, pero mi Padre os en­viará al Espíritu Santo para que os enseñe y os recuerde todo lo que yo os he dicho”. Esta ha sido la promesa cumplida de Jesús. Y la historia cristiana da cuenta que en todo tiempo, en cada rincón de la tierra, y en todas las len­guas, Jesús se ha hecho presente y audible cuando ha habido un cristiano y una comuni­dad que ha dejado que el Espíritu Santo enseñe y recuerde lo que el Padre nos dijo y mos­tró en Jesús.

El Espíritu prometido por Jesús, nos hace continuadores de aquella maravilla, cuando hombres asustados y fugitivos pocos días antes, comienzan a anunciar el paso de Dios por sus vidas en cada una de las lenguas de los que les escuchaban. Quiera Dios que podamos prolongar tal Acontecimiento, siendo portadores de otra Presencia y portavoces de otra Palabra, más grandes que las nuestras, si consentimos que también en nosotros el Espíritu enseñe y recuerde a Jesús, de modo que podamos ser tes­tigos de su Reino, de la Bondad y Belleza propias de una nueva creación, en donde la vida de Dios y la nuestra pueda brindar en copa de bienaventuranzas.

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca
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Comentario al Domingo de la Ascensión (7º Pascua) 20.05.07, de Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, Obispo de Huesca y de Jaca

El adiós de quien está
(Lucas 14,46-53)


Ha habido alguien en la historia que ha realizado el sueño de Dios sobre el hombre, alguien que no ha cambiado este sueño en pesadilla, alguien que ha sido feliz en la única dependencia que hace libres: la de Dios. Toda la historia precedente estaba demasiado henchida de otras alternativas de dicha a las ofrecidas por Dios: las fru­tas prohibidas del Edén, las torres confusas de Babel, los ídolos de dioses falsos. Jesús ha inaugurado un modo nuevo de ser y de estar ante Dios, ante los hombres y ante el mundo. Con el cumplimiento de la vida terrestre del Señor no termina aquí su misión. Porque esa novedad de un pueblo, por Él inaugurada, no termina con su ascensión al Padre. Jesús entrando en el cielo abre la puerta hasta entonces cerrada por todos los pecados y pesadillas humanas.

Lucas, que comienza su Evangelio en el Templo, cuando es presentado Jesús niño, también lo concluye en el Templo con los discípu­los de ese Jesús como portadores de su Presencia y portavoces de su Palabra. Han de esperar aún la llegada del Espíritu prometido, hasta que sean revestidos de la fuerza de lo alto. Aquellos discípulos quedaron embo­bados ante el trance de esta despedida, ante el adiós menos deseado y más temido, el adiós de quien más amaron y amarán los hombres que han amado de veras. Por eso, los ángeles arrancarán a los discípulos de su inmovilismo, para de­cirles lo mismo que les dijo Jesús: no os quedéis mirando al cielo. Hay mucho que hacer.

No era una despedida la de Jesús, para provocar nostalgias románticas ni tristes sentimentalismos. Era un adiós para un nuevo encuentro con quien prometió estar de otro modo entre ellos “hasta el fin del mundo”. Por eso “se volvieron a Jerusalén con gran alegría”, con una actitud tan distinta a días atrás cuando se encerraron a cal y canto por miedo a los judíos. Como el Padre envió a Jesús, ahora Él envía a los suyos. Ahora ten­drán que contar a todos, lo que han visto y oído, lo que palparon sus manos, su convivencia con el Hijo de Dios. Y Jerusalén se llenará de alegría, de la de estos discípulos, la que Jesús puso en sus corazones y nada ni nadie podrá arrebatar.

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca
Publicado por Desconocido @ 20:47  | Hablan los obispos
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Carta pastoral del episcopado guatemalteco con el título «La Gloria de Dios es la vida del hombre».

I - Introducción

1. El valor de la vida humana ha sido reconocido y defendido ardientemente por la Iglesia desde los primeros años del cristianismo. Hace cerca de 2000 años, San Ireneo, uno de los Padres de la Iglesia, escribió: "La gloria de Dios es la vida del hombre" (Adv., haer. IV, 20, 7). Y llegaba a esta conclusión, después de reflexionar que la vida humana es como una participación de la vida de Dios que, por amor, ha querido compartir con el ser humano.

2. La cultura de la muerte en la que estamos hundidos los guatemaltecos, desde hace ya mucho tiempo, es una forma pecaminosa de negarle a Dios la gloria que Él merece. Nos sentimos por eso urgidos a invitar a nuestros fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad a una reflexión profunda sobre el valor de la vida humana y así enfrentar unidos uno de los desafíos más graves del siglo XXI.


II - La Dignidad de la Vida Humana y su Carácter Sagrado

3. La Iglesia siempre ha anunciado el evangelio de la vida, proclamando la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios para un destino de vida plena y perfecta (EV 7). Ha defendido que la vida pertenece sólo a Dios y solamente a Él corresponde darla o quitarla (Sal 32; EV 9). La vida de cada ser humano es "sagrada" porque Dios es quien la ha creado, Él es su origen y su destino, su fuente y su meta. Es sagrada también porque cada uno de nosotros somos una imagen pequeña y sencilla, pero ciertamente veraz, de Dios, quien no sólo nos creó al insuflar su "aliento vital" en nosotros (Gn 2, 7) sino que nos hizo también a su imagen (Gn 1, 27). Al darnos la vida, Dios se ha entregado a sí mismo. Esta es la razón básica del carácter inviolable de toda vida humana. La hemos recibido de parte de Dios. Tenemos, por eso mismo, que respetarla y cuidarla como el más grande bien que el Creador nos ha dado.

4. Por si esto fuera poco, el Hijo de Dios, al encarnarse, acentuó aún más claramente el carácter sagrado de la vida humana. "La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14). En Él, que es también ser humano histórico y concreto, brilla la plenitud de la vida, que trasciende nuestra realidad temporal y nos lanza hasta la vida eterna.

5. El centro del mensaje y de la misión de Jesús es el Reino de Dios. En sus palabras y en sus hechos se revela cómo el Reino de Dios es un Reino de vida para la dignificación de todos los seres humanos. Con su muerte en la cruz sella con su propia vida el rescate de la nuestra de las garras del pecado y, con su resurrección, plasma la victoria de la vida sobre la muerte: "¿dónde está, muerte, tu victoria?" (1Cor 15, 56). Por eso, con toda razón, el Señor, al defender la vida humana y ofrecer la vida sobrenatural y divina, nos dijo: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).

6. En la defensa que Jesús hace de la vida, descubrimos una opción preferencial por los más débiles. En su época -como hoy- había grupos de personas que sufrían las mayores violencias contra la vida humana: los pobres, los enfermos, los pecadores, las mujeres, los huérfanos y los extranjeros. La marginación que sufren esas personas toca su corazón y suscita en Él una profunda compasión. El amor compasivo es la respuesta de Jesús ante la vida amenazada y disminuida. Jesús dio siempre vida, optó a favor de la vida.


III - La cultura de la muerte: Violencia contra la vida humana

7. Suele definirse la violencia como el uso injusto de la fuerza que maltrata, hace daño y causa muerte. La moral cristiana entiende por violencia todo aquello que amenaza, rompe o atenta contra la dignidad de la vida humana, impidiendo que ésta se afirme y se realice en su plenitud. En nuestra patria las distintas formas de violencia y los atentados que se cometen contra la vida humana son diversos y múltiples, pero a todos los unifica una misma lógica destructiva, una misma maldad, que atenta contra la vida de muchísimos guatemaltecos y degrada a los que la promueven. Sin tratar de ser exhaustivos, quisiéramos señalar las manifestaciones más palpables de esta cultura de la muerte:

8. A nivel socio-económico, la primera amenaza a nuestra dignidad se expresa en la hiriente pobreza que atenaza a la mayoría de la población en un marco de enorme desigualdad social. Señalamos algunos datos:

9. De acuerdo con estudios de organismos internacionales, el 5% más rico de la población concentra 63 veces más riqueza que el 5% más pobre, figurando nuestro país como uno de los más asimétricos del mundo, en donde el 20% de la población percibe menos del 2% de los ingresos nacionales. Así el 56% de la población malvive por debajo de la línea de pobreza, cifra que equivale a 7.3 millones de personas, concentrándose dicha miseria principalmente en las áreas rurales aprisionadas entre el latifundio y el minifundio y ensañándose sobre todo en mujeres, indígenas, ancianos y niños. No es de extrañar, entonces, que el índice del Desarrollo Humano de Naciones Unidas ubique a Guatemala en el último lugar del istmo centroamericano y en el puesto 117 a nivel mundial.

10. De acuerdo a UNICEF, en Guatemala, el 49.3% de los niños menores de 5 años padece desnutrición crónica, es decir, 1,018,383. Guatemala ocupa el primer lugar en América Latina en el área de desnutrición crónica y el sexto lugar a nivel mundial siguiéndole a Nepal y Etiopía. Es importante recordar la relación existente entre la nutrición y el desarrollo cerebral del niño, ya que un niño desnutrido puede perder hasta un 40% de sus neuronas potenciales. Y todo niño que ha padecido de desnutrición crónica pierde hasta 11 puntos de su coeficiente intelectual y así se les dificulta el desarrollo de su capacidad de aprendizaje en la escuela.

11. En este contexto, la participación del sector público en inversión social es absolutamente insuficiente. De la carga tributaria apenas se destina el 2.9 % a educación, ciencia y cultura; el 1.8 % a salud y asistencia social y el 0.8 % a los principales fondos sociales. Todo esto empaña la real consideración de las personas que son afectadas por dichas situaciones como ciudadanos y niega el criterio ético social del "bien común".

12. Es cierto que el Gobierno de la República ha estado apostando a influir en el crecimiento económico mediante la inversión pública en los denominados megaproyectos, la apertura comercial asociada con el Tratado de Libre Comercio, el aumento del turismo y la atracción de la inversión privada nacional o extranjera, hacia media docena de los denominados "clusters" o conglomerados productivos, como parte de la agenda nacional de competitividad. Pero en este afán, el gobierno ha suscitado rechazo de sectores importantes de la población, al no haber consultado apropiadamente con los pueblos localizados en las áreas de inversión, especialmente en el campo de la minería a cielo abierto. En la construcción de represas para generar energía eléctrica la información ha sido deficiente, lo cual ha propiciado reacciones muy negativas en algunos municipios del país. El gobierno tampoco ha logrado implementar una estrategia nacional que frene eficazmente el deterioro ambiental y logre la recuperación de los ecosistemas afectados.

13. Aunque ha sido ratificado y puesto en marcha un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, es significativo el rechazo o, al menos, el escepticismo de amplios sectores sociales, dada la incertidumbre sobre sus efectos en el aparato productivo del país, especialmente en el sector agropecuario y en los micro o pequeños empresarios y comerciantes.

14. La población de nuestro país es joven, ya que la mitad de los guatemaltecos no llega a la mayoría de edad, pero, entre otros males, las condiciones económicas no generan oportunidades de empleo suficientes para absorber a quienes llegan a la edad adulta y desean obtener un empleo. Alrededor de 140 mil jóvenes buscan empleo cada año, pero muy pocos lo encuentran. Esta situación alimenta no sólo la migración cada día más numerosa, sino también la economía informal que supera actualmente los 2/3 de la economía nacional. Pero el fruto más terrible y doloroso es el crecimiento de las pandillas juveniles -llamadas en Guatemala "maras"- que se han convertido en un problema casi irresoluble.

15. En el caso de la migración debe tenerse en cuenta que, a causa de la desesperación y la incertidumbre, así como del enorme déficit que nuestro país tiene en la creación de nuevos empleos, alrededor de un millón doscientos mil connacionales se han lanzado a buscar nuevas oportunidades fuera del país. La mayoría está laborando en Norte América y, con sus remesas mensuales, contribuyen a sostener a sus familiares que quedaron atrás. Todos conocemos que estas remesas representan la fuente más importante de divisas del país por encima de los demás rubros de exportación, llegando a superar los tres mil millones de dólares anuales. Así ayudan al crecimiento económico nacional. Los guatemaltecos migrantes han demostrado un gran espíritu emprendedor y valentía superando los graves peligros que entraña la odisea del viaje y buscando cómo subsistir en otro país que no es el suyo. Pero han pagado un alto precio: el desarraigo y la lejanía de sus familias, cuya integración se resiente seriamente, llega en no pocos casos a la desintegración. Nos preocupa grandemente que, en el momento actual, el futuro de los migrantes guatemaltecos indocumentados en Estados Unidos es incierto, y sabemos también que el número de deportados está creciendo.

IV - El hermano mata a su hermano

16. A pesar de la gravedad de los datos señalados en la sección anterior, el flagelo más doloroso para la población es la violencia inmisericorde que está afectando dramáticamente al país. Según datos de la Policía Nacional Civil, entre los años 2000 y 2005, hubo en Guatemala más de 23,000 muertes violentas. Aunque la mayoría de estas víctimas son varones – y muchos muy jóvenes – hay un número significativo de mujeres, contra las cuales se manifiesta especial saña. Es muy doloroso constatar que muchos de los asesinados son niños. La zozobra prevaleciente en las calles de los centros urbanos o en áreas rurales hace que la población esté desesperada y empiece a tergiversar los valores, llegando a tomarse la justicia por sus propias manos. La incapacidad de las fuerzas de orden, la inoperancia de los Tribunales de Justicia y un marco jurídico abiertamente desbordado manifiestan la debilidad de un Estado incapaz de salvaguardar el orden y la vida de los habitantes.

17. Una consecuencia gravísima de esta situación es que nos hemos acostumbrado como sociedad a ver con indiferencia los hechos violentos que atentan contra la vida digna y el macabro espectáculo cotidiano de cadáveres tirados en las calles de la ciudad o en lugares descampados y a suponer irreflexivamente que detrás de la mayoría de crímenes hay víctimas no inocentes. Guatemala es un país de amplísima mayoría cristiana. Por ello es un escándalo para todos los creyentes en Jesucristo que tanto crimen se cometa con tanta impunidad. Eso nos cuestiona abiertamente desde los fundamentos de nuestra fe y nos llama a una profunda conversión.

18. La tendencia al consumo de estupefacientes ha venido aumentando en distintos estratos de la sociedad. Adolescentes y jóvenes de todas las clases sociales se ven esclavizados por las drogas, deteriorando ostensiblemente las relaciones familiares, escolares y sociales.

19. La profunda pobreza en que viven trabajadores rurales y sus familias no solamente plantea la necesidad de reformas profundas en lo referente al uso y tenencia de tierras sino que exige un desarrollo rural integral. Esa pobreza constituye una gran tentación para que en muchos sectores rurales se dediquen a la siembra de amapola y marihuana o se pongan al servicio de los narcotraficantes, por los beneficios económicos que estas ilícitas actividades comportan.

20. El deterioro institucional, causado por la corrupción y la impunidad que se ha dado durante los últimos años, ha logrado que muchos ciudadanos desconfíen de las autoridades y no crean en el sistema de administración de justicia. El 97% de los homicidios cometidos en Guatemala quedan impunes. Eso genera un ambiente de creciente desaliento y hace que se pretendan volver justificables opiniones ajenas a toda ética tales como la aprobación de la "limpieza social" y de los linchamientos entre numerosos sectores de la sociedad.

21. Licitaciones o cotizaciones amañadas, cuotas de obras con ejecutores predeterminados, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito de funcionarios y contratistas que se quejan de las comisiones que deben pagar. Todos estos son señalamientos que se hacen a funcionarios tanto electos como nombrados, tanto de gobiernos locales como de instancias nacionales. Las pocas acciones ilícitas que han sido comunicadas por la prensa, posteriormente se diluyen o desaparecen porque los casos no llegan a juicio o los señalados de cometer actos ilícitos salen libres por "falta de pruebas" o anomalías en los procesos.

22. A las amenazas económicas, ecológicas, sociales y políticas que atentan contra la dignidad de la vida de los guatemaltecos, se suman las provenientes del ámbito cultural. Los cambios culturales propiciados por los peores aspectos de la globalización, conducen a una variación en la conducta de amplios sectores de la población, en especial de las nuevas generaciones que se evidencia en no poca apatía y débil compromiso solidario y espontáneo. La vida, corta de aspiraciones o sin ellas, sin rumbo fijo y sin apego a tradiciones, carece de sentido. Se vive de emociones momentáneas y poco reflexivas; prevalece el materialismo y el hedonismo que provocan como consecuencia la poca autoestima y mucha desesperanza ante el futuro. Todo esto incide negativamente en la escala de los valores de los jóvenes y en la convivencia familiar y social.

V - Una idea perversa de libertad

23. Entre los efectos negativos de esta transformación cultural está, en muchos jóvenes, el concepto y la práctica deformados de la sexualidad. En efecto, la sexualidad ya no es entendida como la expresión más profunda del amor humano que exige estabilidad y fidelidad, sino que es considerada solamente bajo la dimensión de placer y se defiende como un derecho absoluto sin ningún freno o límite moral.

24. Los atentados contra la vida digna del pueblo guatemalteco -producto de una sociedad consumista y de una cultura de la muerte- ponen totalmente en entredicho los criterios éticos del bien común, de la solidaridad, de la honradez y del acceso equitativo y justo a los bienes ofrecidos por la naturaleza o producidos por el trabajo humano. Una rápida mirada a los aspectos interpersonales y a las fases de la vida misma, evidencia la complejidad y peligrosidad de estas situaciones.

25. En el Congreso de la República se aprobó, con un solo voto en contra la llamada "Ley de acceso Universal y equitativo de servicios de planificación familiar", buscando con ella regular el crecimiento poblacional. A nuestro juicio, es una ley ambigua y, en algunos de sus artículos, inicua, que no toma en cuenta la dignidad de la persona humana ni las normas morales que, precisamente, defienden esta dignidad.

26. Esa ley señala que la formación del adolescente debe ser integral (Art. 10). Sin embargo no se hace ninguna referencia a la formación moral que es esencial en la formación de todo ser humano y especialmente del adolescente. Por eso nos preocupa seriamente el que se pretenda solucionar el problema social con leyes que comprometen el sentido humano y cristiano del amor, de la sexualidad y la transmisión responsable de la vida. El riesgo de traspasar los límites morales en nombre del egoísmo, del placer desordenado y el libertinaje en las costumbres, -aunque se trate de esconder todo este mal bajo el aspecto de un bien social y sanitario- se ve aumentado por el influjo negativo de muchos medios de comunicación social. Reafirmamos la necesidad de ejercitar una paternidad responsable compaginada con un respeto absoluto a la vida humana. (GS 50, 2).

27. Aunque anticoncepción y aborto como eliminación deliberada de un ser humano inocente, querida como fin o como medio, son de diversa naturaleza y peso moral, están sin embargo íntimamente relacionados y en no pocos casos responden a una misma mentalidad. Juan Pablo II escribía: "Así, la vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente y el aborto es la única respuesta posible frente a una concepción frustrada" (EV. 13).

28. El no-nacido es expresión máxima de la indefensión, quizás solo equiparable a la de la fase terminal de la vida, sobre todo en situación de precariedad e irreversible enfermedad. A uno se le elimina de antemano y al otro se le anticipa la muerte. No debe olvidarse que ambos –aborto y eutanasia- son considerados por la Iglesia como graves desórdenes morales pues violan el mandamiento divino de "no matarás". Es ésta una doctrina fundamentada en la ley natural y escrita en la palabra de Dios, transmitida por la tradición de la Iglesia y enseñada por el magisterio ordinario y universal.

29. Con nuestras anteriores aseveraciones, algunos podrían pensar que estamos cuestionando la legitimidad de las leyes civiles y socavando el espíritu democrático. Está muy lejos de nosotros el pretender obstaculizar el avance hacia la democracia y propiciar el irrespeto a la autonomía de lo civil y lo político. No podemos olvidar sin embargo lo dicho por el beato Juan XXIII cuando afirmaba que "la autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto si las leyes estuvieran en contradicción con aquel orden,…no tendrían fuerza para obligar en conciencia" (PT 273). Por ello las leyes civiles tienen el deber de asegurar el bien común mediante el reconocimiento y la defensa de los derechos fundamentales de la persona humana, el primero de los cuales es el derecho a la vida. Las leyes que autorizan o favorecen el aborto y la eutanasia se oponen radicalmente no sólo al bien del individuo sino también al bien común y por consiguiente deberían considerarse como privadas de validez jurídica. Por esa razón las leyes civiles deben reconocer el deber y el derecho de cada uno a rechazar cualquier cooperación con el mal. Y no hay que olvidar que esta buena nueva de la vida no es exclusivamente para los creyentes; es para todos. Todo ser racional, si no está obnubilado por el egoísmo, los intereses personales o el odio irracional, comprende que trabajar a favor de la vida es contribuir a la renovación de la sociedad, a la construcción de la auténtica democracia y al alcance de la paz duradera.

VI - Defensa de la vida humana

30. Hemos dicho que la Iglesia siempre ha anunciado el Evangelio de la vida. Y es que en Jesús se anuncia y se comunica la vida divina y eterna (EV 30). Él nos dijo que vino "para que tuviéramos vida, y vida en abundancia" (Jn 10, 10). Por eso la misión de la Iglesia -que es la de Jesús- debe ser siempre una obra a favor de la vida y de una vida plena. Cada cristiano, cada miembro de la Iglesia Católica debería ser un defensor de la vida en cualquier ámbito social que se encuentre, sea el político, el académico o el laboral.

31. En los diversos pueblos siempre se ha reconocido que la vida humana es un valor en sí misma. A pesar de las múltiples paradojas, contrastes y experiencias dolorosas que acompañan nuestro diario vivir, sentimos y sabemos que vivir es algo valioso, algo que vale la pena, algo que hay que respetar en nosotros mismos y en los demás. Vivir es un bien personal y un bien común que hay que posibilitar y garantizar. En el artículo tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se recoge esta valoración de la vida al afirmar que "todo individuo tiene derecho a la vida". Este derecho se ha ido desplegando y concretando en las así llamadas tres generaciones de Derechos Humanos: derechos civiles y ciudadanos -derechos económicos, sociales y políticos- derechos culturales y ecológicos. Por eso no dudamos en proclamar que el derecho a la vida debe prevalecer frente a todas las situaciones que la nieguen o que la erosionen.

32. Por el hecho de vivir, podemos entrar en relación con Dios. La llamada a la vida llega a su plenitud con la llamada que Dios nos hace en Jesucristo a ser sus hijos adoptivos y, al donarse Él a nosotros, nos hace así partícipes de su vida divina. "La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida que, desde siempre está en Él, consiste en ser engendrados por Dios y participar de la plenitud de su amor" (EV 37). La vida es entonces un don de Dios, un regalo inmerecido e inesperado, que nos ha hecho a través de nuestros padres y, por lo tanto, debemos acoger con gratitud.

33. Recibir este regalo con entusiasmo y con ánimo de responder a esa llamada de Dios, es lo que nos pone en amistad con Él, ya que, como afirma el libro de Sabiduría "Dios es amigo de la vida" (Sab 11, 6) pero, todavía más: en Jesucristo Dios se viene a "vivir" con nosotros, pone su casa en medio de todos nuestros avatares, relaciones, situaciones y proyectos. Dios ha puesto su "tienda" en medio de la vida misma, pues el lugar donde Él decide habitar será el mismo que el nuestro, a fin de anticipar en esta fase de la vida, "la fase terrenal", lo que será plenitud en el futuro, en la "fase eterna": la plena comunión con Él.

34. El Reino de Dios -tema central del mensaje y la misión de Jesús- se manifiesta en los signos de la actuación de Dios hecho Hombre en nuestra vida y en nuestra historia: cura a los enfermos (Lc 17, 11-14) da de comer a los hambrientos (Mt 14, 13-21), consuela a los afligidos (Mt 5, 4; Lc 13, 10-13), perdona a los pecadores (Mt 9, 1-8), libera a los endemoniados (Mt 8, 28-34) integra a los rechazados (Lc. 19, 1.10), defiende a los débiles (Mt 7, 36.50) rehace a los deshechos (Lc. 9, 37-42) bendice a los considerados indignos de relacionarse con Dios (Mt 19, 13-15). Bastan estos ejemplos para enseñarnos que la misión de Jesús es repartir vida y a ello precisamente nos invita. Seguir a Jesús es dar vida como Él la dio.

35. La vida -bien lo sabemos los cristianos- no se reduce a su fase terrenal; habrá una "vida eterna". Entraremos en esa otra fase de la relación de comunión con Dios, en la medida en que nos convirtamos en defensores de la vida frente a sus actuales amenazas. El precepto "no matarás", asumido y llevado a plenitud en la Nueva Ley, es condición irrenunciable para poder "entrar en la vida" (Cf. Mt 19, 16-19), (EV 54). Sobre todo lo lograremos cuando aprendamos a compartir lo que somos y tenemos, según las enseñanzas del Señor que nos relata San Lucas en los capítulos 18 y 20 de su evangelio. En efecto, la vida eterna, objeto de nuestra esperanza, será la manifestación plena de lo que en esta fase terrenal hemos buscado y que apenas vislumbramos y saboreamos. Cristo nos dijo: "dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5, 8). "Ver" a Dios será la infinita novedad que nos aportará la fase eterna de la vida. Pero será posible sólo si tenemos limpio el corazón. Limpio el centro de nuestro yo donde se dan cita y purifican nuestros pensamientos e imágenes, nuestros sentimientos y emociones, nuestras decisiones y deseos. Un corazón limpio posee, como opción fundamental, el cuidado y la defensa de la vida, al igual que hizo Nuestro Señor Jesucristo.

36. No podemos quedar indiferentes cuando vemos el ejemplo de Cristo que se conmovía ante la marginación de los más débiles: le removieron las entrañas las multitudes que le seguían y que no tenían qué comer (Mc 8, 1-10), sintió dolor al ver a la gente afectada de enfermedades físicas y psicológicas y los curó (Mt 14, 14), sintió compasión ante la vida lastimada de múltiples maneras de gente que sufría y que era débil y volcó su corazón hacia ellos. Con razón el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que Él "pasó haciendo el bien" (Hch 10, 37).

37. En las actuales circunstancias la defensa de la vida es un apremiante desafío que sólo podrá afrontarse victoriosamente, si se realiza desde un profundo sentido de fe. Se debe luchar contra la cultura de la muerte y de la violencia que, como bien lo sabemos, es una realidad cotidiana en nuestro país y existe precisamente porque, al interior de las personas y al interior de las maneras de relacionarse, han prevalecido y predominado las fuerzas del mal que arrastran por caminos de pecado y de rechazo a Dios. El Siervo de Dios Juan Pablo II nos decía en su Encíclica el Evangelio de la Vida que "los medios es ciertamente enorme la desproporción que existe entre, numerosos y potentes, con que cuentan quienes trabajan al servicio de la "cultura de la muerte" y los de que disponen los promotores de una "cultura de la vida y del amor". (EV 100ª) Pero nosotros sabemos que podemos confiar en la ayuda de Dios para quien nada es imposible (cf. Mt 19, 26).

38. Recorrer este camino atraídos e impulsados por el espíritu, es vivir la espiritualidad cristiana. Dejarse llevar y conducir día a día por esa fuerza divina y hacerlo desde todo lo que somos, poseemos y soñamos, es lo que nos convierte en personas auténticamente espirituales. Para cuidar y defender la vida es imprescindible conocer y cumplir los principios éticos. Pero ese cuidado sólo se mantendrá sólido, constante y creativo, si tiene como alimento interno la vivencia y la práctica espiritual. Sólo quien asume la vida desde la fe, es capaz de acogerla, transmitirla, promoverla y ofrendarla.

39. El Santo Evangelio nos presenta una forma de vida asentada en la fe y orientada por la esperanza, que se consuma en el amor. El amor es el centro del estilo de vida propiamente cristiano como nos lo ha recordado su Santidad Benedicto XVI en su primera encíclica "Dios es amor". Amor, ante todo a Dios, que nos lleva a adorarle, reconocerle, dejarnos colmar de su ternura y hacerlo con todo el corazón, con toda nuestra mente y con todo nuestro ser. Quien se deja envolver por ese amor y le corresponde con sinceridad es quien irá reconstruyendo en Él los lazos vitales de comunión. Es la acción del Espíritu de amor en nosotros la que nos "aproxima" a los demás, la que nos hace prójimos, cercanos, solidarios.

40.Ser auténticos prójimos unos de otros posee varios rostros: el rostro de la amistad, de desear el bien del otro y realizárselo en la lealtad; el rostro de la paternidad y maternidad cariñosa y responsable, para la que ningún desvelo, esfuerzo o sacrificio por los hijos se escatima o se niega para generar un ambiente familiar sano y formativo; el rostro de la fraternidad, muy ligado al anterior, en el que los hermanos se apoyan, respaldan, ayudan y perdonan; el rostro del enamoramiento y del cariño conyugal, en el que la intimidad y la fidelidad hacen crecer a ambos y los realiza como personas y como pareja; y, finalmente, el rostro de la solidaridad, que va más allá de la tolerancia y de la coexistencia pacífica, volcándonos al reconocimiento mutuo, al común esfuerzo por compartir y construir un país distinto y con iguales oportunidades y compromisos para todos, sin perder de vista el auxilio a los que están en condiciones de mayor precariedad.

41. Esta acción del Espíritu provoca en nuestro corazón una profunda alegría, diametralmente opuesta a la cultura de muerte y de violencia que es compatible con la diversión comercial que con tanto ahínco se difunde y se vende. Lo nuestro es algo muy distinto: se trata del gozo interior que se experimenta al poseer un sentido de vida centrado, auténtico, que expresa lo mejor de nosotros mismos como seres humanos y como creyentes. Es compatible este gozo con las dificultades y las penas, pues "recibieron el mensaje con gozo que el Espíritu Santo les daba en medio de tantas tribulaciones" (1Tes 1, 6). Se trata de un gozo que nadie nos puede arrebatar (Jn 16, 22) porque su fuente es el encuentro entre Dios y la intimidad de nuestro corazón, un gozo que, según la promesa que hemos recibido, llegará a ser "pleno" (Jn 16, 24) y definitivo, cuando el Señor nos presente ante el Padre.


VII - Orientaciones Pastorales

42. Este gozo interior se desvanecerá como algo ilusorio, si no nos anima a actuar decididamente a favor de la vida. Pero para defender la vida se requiere un diagnóstico claro de las amenazas que la acechan y una aceptación firme de principios morales para afrontar esas amenazas desde la fe cristiana; se necesita realizar proyectos y programas específicos, asumidos por grupos sensibles a diversas problemáticas. Urge, por eso, la promoción de "estilos de vida", de formas personales de vivir y el fortalecimiento del modelo de vida familiar, que pongan en primer plano la importancia humana y cristiana de la vida.

43. La defensa de la vida debe comenzar en la familia, resaltando que precisamente la familia es el "santuario de la vida", "el lugar primario de la humanización de la persona y de la sociedad" y "cuna de la vida y del amor" (Christifideles laici, 40). Requiere también el ejercicio responsable y de acuerdo a criterios morales de la sexualidad, don de Dios para transmitir la vida. La fidelidad, la comprensión, el diálogo continuo y amoroso, el respeto a cada una de las personas, son elementos indispensables para que la vida florezca fortalecida en el seno de cada familia con proyección benéfica hacia la sociedad.

44. La defensa de la vida tiene carácter de urgencia en Guatemala. Por eso la Iglesia no debe cesar en la proclamación del Evangelio de la vida. Es necesario que los cristianos nos convirtamos en amantes y defensores de la vida. Tenemos que anunciar "el núcleo de este Evangelio de la vida que es anuncio de un Dios vivo y cercano, que nos llama a una profunda comunión con Él" (EV 81). "Al anunciar este Evangelio no debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambigüedad que nos conformaría a la mentalidad de este mundo" (cf. Rom 12, 2), (EV 82 b).

45. La convivencia social se expresa en los tiempos modernos en la existencia del Estado y en las obligaciones que éste tiene. La primera de todas es otorgarle un marco de seguridad a todos los ciudadanos. Por ello es fundamental que el Gobierno incremente sus esfuerzos para dar seguridad a toda la población. Es urgente que el Congreso de la República legisle a favor de la vida y no imponga más leyes que atenten contra ella. Es necesario que los jueces, con justicia pronta y cumplida, apliquen la ley contra quienes actúen al margen de la misma, defiendan a los inocentes injustamente encarcelados y a cualquier persona victimizada.

46. La Iglesia, con su presencia benéfica en todos los estratos de la sociedad, no puede renunciar a su clara misión de ser, a ejemplo de su fundador Jesucristo, fiel defensora de la vida. Sus escuelas, colegios y universidades tienen que ser reductos de defensa de la vida. Nuestra predicación, constantemente, debe tocar los aspectos que formen a los feligreses y los conviertan en auténticos defensores de la vida humana. Los numerosos movimientos de apostolado laical deben ser centros de difusión de la doctrina cristiana que enseña el valor trascendente y sagrado de la vida. El siervo de Dios Juan Pablo II nos urgía a los obispos a recordar siempre que "somos los primeros a quienes se pide ser anunciadores incansables del Evangelio de la vida; a nosotros se nos confía también la misión de vigilar sobre la transmisión íntegra y fiel de la enseñanza propuesta en esta Encíclica" (EV 82 b).


VIII - Conclusión

47. Al terminar esta carta pastoral escrita con preocupación por la realidad dolorosa en que vivimos, pero, al mismo tiempo con esperanza en la fuerza de Dios y en la bondad de nuestro pueblo, volvemos la mirada a María que, como discípula perfecta de su hijo Jesús, nos da un magnífico ejemplo a imitar en el tema de la vida. Ella acoge con generosidad la vida cuando acepta ser la madre de Jesús; en unión con el patriarca San José, la defendió con inusitada valentía cuando Herodes pretendía asesinar al niño; se preocuparon de la vida espiritual de su Hijo presentándolo en el templo y cumpliendo para Él las prescripciones de la ley; luego ella acompañó a su hijo en los momentos terribles de su pasión, cuando era llevado a la muerte y estuvo presente de pie junto a la cruz, enseñándonos a no claudicar en nuestra responsabilidad cuando la vida de cualquier ser humano esté en peligro.

48. Confiando en la protección poderosa de la Madre de Dios, a la que amamos bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario, tenemos la certeza de que el pueblo fiel y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, uniremos nuestras fuerzas y trabajaremos decididamente para erradicar las raíces del mal y ofrendar a Dios nuestro Señor y Padre amoroso una nación donde florezcan la vida, la paz y el amor verdadero entre hermanos.

Guatemala de la Asunción, 20 de abril de 2007.

+ Mons. Álvaro Leonel Ramazzini Imeri
Obispo de San Marcos
Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala

+ Rodolfo Ignacio Cardenal Quezada Toruño
Arzobispo de Santiago de Guatemala

+ Mons. Óscar Julio Vian Morales, SDB
Arzobispo Electo de Los Altos,
Quetzaltenango-Totonicapán y
Administrador del Vicariato de Petén

+ Mons. Víctor Hugo Martínez Contreras
Arzobispo dimisionario de Los Altos,
Quetzaltenango-Totonicapán

+ Mons. Julio Edgar Cabrera Ovalle
Obispo de Jalapa
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal

+ Mons. Jorge Mario Ávila del Águila, CM
Obispo Emérito de Jalapa
Tesorero de la Conferencia Episcopal

+ Mons. Rodolfo Francisco Bobadilla Mata, CM
Obispo de Huehuetenango
+ Mons. Pablo Vizcaíno Prado
Obispo de Suchitepéquez – Retalhuleu

+ Mons. Raúl Antonio Martínez Paredes
Obispo de Sololá - Chimaltenango

+ Mons. Rodolfo Valenzuela Núñez
Obispo de la Verapaz

+ Mons. Víctor Hugo Palma Paúl
Obispo de Escuintla


+ Mons. José Aníbal Casasola Sosa
Obispo de Zacapa
y Prelado de Esquipulas

+ Mons.Gabriel Peñate Rodríguez
Obispo Vicario Apostólico de Izabal

+ Mons. Mario Alberto Molina Palma
Obispo de Quiché

+ Mons. José Ramiro Pellecer Samayoa
Obispo Auxiliar de Guatemala

+ Mons. Mario Enrique Ríos, CM
Obispo Auxiliar de Guatemala
Administrador Apostólico de Santa Rosa de Lima

+ Mons. Gustavo Rodolfo Mendoza Hernández
Obispo Auxiliar de Guatemala

+ Mons. Gerardo Flores Reyes
Obispo Emérito de La Verapaz

+ Mons. Gonzalo de Villa y Vásquez, SJ
Obispo Auxiliar de Guatemala
Secretario General de la CEG
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ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. - predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo,27 de Mayo de 2007, solemnidad de Pentecostés.


Envías tu Espíritu y son creados


Domingo de Pentecostés
Hechos 1,1-11; Romanos 8,8-17; Juan 14,15-16.23b-26

La tarde de Pascua, Jesús en el cenáculo «sopló sobre ellos [sus discípulos] y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo"» [Jn 20,19-23 Ndr]). Este soplo de Cristo evoca el gesto de Dios que, en la creación, «sopló sobre el hombre, hecho de polvo del suelo, un aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente» (Gn 2,7). Con aquel gesto Jesús viene a decir, por lo tanto, que el Espíritu Santo es el soplo divino que da vida a la nueva creación, como dio vida a la primera creación. El Salmo responsorial subraya este tema: «Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra» [Sal 103,1-34. Ndr].

Proclamar que el Espíritu Santo es creador significa decir que su esfera de acción no se restringe sólo a la Iglesia, sino que se extiende a toda la creación. Ningún tiempo, ningún lugar están privados de su presencia activa. Él actúa en la Biblia y fuera de ella; actúa antes de Cristo, en el tiempo de Cristo y después de Cristo, si bien nunca separadamente de Él. «Toda verdad, de donde quiera que venga dicha -escribió Santo Tomás de Aquino-, viene del Espíritu Santo». Cierto: la acción del Espíritu de Cristo fuera de la Iglesia no es la misma que dentro de la Iglesia y en los sacramentos. Allí Él actúa por poder , aquí por presencia, en persona.

Lo más importante, a propósito del poder creador del Espíritu Santo, no es en cambio comprenderlo o explicar sus implicaciones, sino experimentarlo. ¿Y qué significa experimentar al Espíritu como creador? Para descubrirlo partimos del relato de la creación. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas» (Gn 1, 1-2). Se deduce que el universo existía ya en el momento en que interviene el Espíritu, pero aún era informe y tenebroso, caos. Es después de su acción cuando lo creado asume contornos precisos; la luz se separa de las tinieblas, la tierra del mar, y todo adquiere una forma definida.

El Espíritu Santo es, por lo tanto, Aquél que permite pasar -a la creación- del caos al cosmos, el que hace así algo bello, ordenado, limpio ( cosmos viene de la misma raíz que cosmético, ¡y quiere decir bello!), realiza así un «mundo», según el doble significado de esta palabra. La ciencia nos enseña hoy que este proceso ha durado miles de millones de años, pero lo que la Biblia quiere decirnos, con lenguaje sencillo e imaginativo, es que la lenta evolución hacia la vida y el orden actual del mundo no ocurrió por casualidad, obedeciendo a impulsos ciegos de la materia, sino por un proyecto aplicado en él, desde el inicio, por el creador.

La acción creadora de Dios no se limita al instante inicial; Él está siempre en acto de crear. Aplicado al Espíritu Santo, esto significa que Él es siempre el que hace pasar del caos al cosmos, esto es, del desorden al orden, de la confusión a la armonía, de la deformidad a la belleza, de la vejez a la juventud. Esto a todos los niveles: en el macrocosmos y en el microcosmos, o sea, en el universo entero así como en cada hombre.

Debemos creer que, a pesar de las apariencias, el Espíritu Santo está a la obra en el mundo y lo hace progresar. ¡Cuántos descubrimientos nuevos, no sólo en el campo físico, sino también en el moral y social! Un texto del Concilio Vaticano II dice que el Espíritu Santo está a la obra en la evolución del orden social del mundo ( «Gaudium et spes», 26 ). No es sólo el mal el que crece, sino también el bien, con la diferencia de que el mal se elimina, termina consigo mismo, mientras que el bien se acumula, permanece. Ciertamente aún existe mucho caos a nuestro alrededor: caos moral, político, social. El mundo tiene todavía mucha necesidad del Espíritu Santo; por ello no debemos cansarnos de invocarle con las palabras del Salmo: «¡Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra!».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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Intervención de monseñor Filippo Santero, obispo de Petrópolis, ante la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en nombre de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Habría deseado que esta presentación fuera hecha por un laico. Tenemos entre nosotros dos fundadores que con mucha razón podrían hablar, pero se me ha pedido leerles este texto fruto del trabajo común de los participantes de movimientos eclesiales en esta Conferencia de Aparecida, para así expresar que antes que la especificidad de estados de vida existe la experiencia del encuentro con un carisma concreto que hace familiar la persona de Jesucristo.

Los movimientos eclesiales son una manifestación de la rica y plural fecundidad del Espíritu. No son una realidad uniforme, sino un variado conjunto de diversas formas de vida y apostolado en la unidad y comunión de la Iglesia. En ellas sus integrantes aspiran a tomar en serio su vocación a la santidad. En su experiencia los movimientos están al servicio de la Iglesia toda.

Sobre el tema central nos parece importante destacar que el discípulo nace por una atracción, por el poder del Espíritu que irrumpe y transforma la vida de los seres humanos, manifestándose en el testimonio de personas tocadas por el misterio, por una adhesión amorosa al Señor Jesús, creando el sujeto de la nueva evangelización. Para crecer en el discipulado, la doctrina es importante, pero no es suficiente, se hacen necesarios caminos pedagógicos probados, un método, un itinerario educativo que conduzcan a una adhesión al Señor. El misionero es un discípulo que comunica con “ parresia ” la vida nueva en Cristo que recibió como don. La misión, antes que ser un conjunto de iniciativas, es el anuncio y la comunicación de esa vida.

La acción del Espíritu enciende el corazón y bajo su impulso la vida se vuelca en obras de evangelización y promoción humana. En Latinoamérica no existe movimiento eclesial que no tenga un intenso compromiso social desde el Evangelio. Ante la gran misión evangelizadora del Continente los integrantes de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades vibran por anunciar más a Jesús y sus enseñanzas, y por construir una sociedad más justa y reconciliada, siguiendo las huellas de la Virgen María , la primera y más perfecta discípula y misionera.
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sábado, 26 de mayo de 2007
Propuesta que ha presentado la Pastoral Indígena Latinoamericana a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. La intervención ha sido redactada por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México), responsable de la Sección de Pastoral Indígena del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

SITUACION

1. La mayoría de los pueblos indígenas viven empobrecidos y excluidos. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diversos. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres y de relaciones, e incluso de religión. Persiste un racismo inhumano y anticristiano contra ellos, incluso en ambientes eclesiales. Sin embargo, se constata una clara emergencia de diversas etnias, que se hacen cada vez más presentes en la sociedad y en la Iglesia, exigiendo sus derechos.

2. Nuestra Iglesia no ha permanecido al margen de esta realidad, sino que ha ido reconociendo el lugar y la misión que les corresponde, para que sean sujetos, protagonistas de la evangelización, agentes de la acción pastoral. En muchas partes, se está impulsando una evangelización integral, con insistencia en la promoción humana y en la inculturación del Evangelio y de la misma Iglesia. Se hacen esfuerzos, a veces aislados y esporádicos, por traducir la Biblia, la liturgia y la catequesis a los idiomas nativos, y por integrar en las celebraciones algunos ritos tradicionales, aunque no siempre con la debida prudencia y competencia. Cada día son más los indígenas que ejercen diversos ministerios en la Iglesia. Aumentan los sacerdotes, las religiosas y los diáconos indígenas, para llegar a ser Iglesias más autóctonas, como las describió el Concilio Vaticano II (Decreto Ad Gentes 6), sin negar los riesgos que este concepto implica. Faltan más obispos indígenas.

3. Sin embargo, hay graves quejas de grupos indígenas contra obispos, sacerdotes y religiosas, porque dicen que no tienen un corazón encarnado e inculturado en sus pueblos. Muchos desconocen las culturas indígenas y tienen prejuicios. Es una injusticia que sean muy pocas las etnias que gozan de traducciones católicas de la Biblia y de la Liturgia, a las cuales tienen pleno derecho. Se usan traducciones bíblicas hechas por protestantes, con graves deficiencias culturales y doctrinales. Son muy escasos los ritos litúrgicos inculturados, aprobados por la Santa Sede. En los Seminarios, poco se ha hecho por una formación de los candidatos indígenas al sacerdocio, que sea realmente inculturada.

4. Se han promovido encuentros regionales y continentales, simposios y otros eventos, para reflexionar sobre la situación de los pueblos indígenas, sobre los muchos nombres que se dan a Dios en las culturas indígenas, sobre el lugar de Jesucristo y de la Iglesia. Se han escuchado reconocimientos a la labor misionera y liberadora de la Iglesia Católica, pero también acusaciones a la no comprensión de las culturas originarias.

5. Es creciente el consenso de considerar propiamente “teología” a la llamada “Teología India”. Esta tiene su propio método, que se basa en mitos, ritos, símbolos, tradiciones, sueños, y que son formas distintas de expresar realidades trascendentes y de encontrarse con ellas, en un lenguaje más simbólico que conceptual. Esta es la forma de razonar en las culturas indígenas, más cercana a los métodos orientales que al de la teología clásica occidental. La Teología India debe seguir definiendo su propio método y elaborar alguna sistematización entre los contenidos doctrinales de fondo que hay en las culturas indígenas, y su relación con los diversos dogmas y misterios cristianos. Faltan puntos de referencia para una interpretación cristiana de los mitos y ritos. Se resalta el clima de diálogo, sereno y maduro, que se ha ido creando sobre temas delicados de la Teología India, con acompañamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se ha considerado válida la distinción entre “Teología India India”, que reflexiona y revalora la sabiduría de los mayores, sin referencia al Evangelio; es la quiere volver a las religiones precolombinas; “Teología India Cristiana”, la que se discierne, se valora y se ilumina a la luz de Jesucristo, junto con otras confesiones cristianas; y la “Teología India Católica”, la que se confronta y se enriquece también con el Magisterio de la Iglesia Católica.

PROPUESTAS

6. Es necesario presentar a los pueblos indígenas la persona y el mensaje de Jesús, en toda su profundidad. Cuando lo descubren, su vida es diferente. Son capaces de valorar las riquezas de sabiduría y trascendencia que Dios sembró en sus culturas, así como juzgar las limitaciones de algunas costumbres y tradiciones. Es lamentable que algunos agentes de pastoral insistan más en actividades de promoción social, siempre necesaria, dejando en un segundo momento el anuncio explícito de Jesús y la celebración de los misterios cristianos. Algunos idealizan lo indígena, como si el pecado no estuviera presente allí también.

7. Hay que armonizar una doble fidelidad: por una parte, a Jesucristo, a su Iglesia, con Pedro y bajo Pedro; por otra, a los pueblos indígenas, con sus ricas y variadas culturas, en las que Dios se ha hecho presente, y que necesitan también la redención. Caminar al unísono de nuestros hermanos indígenas, en el momento actual en que ellos irrumpen en la sociedad y en la Iglesia, reclamando el reconocimiento de su identidad cultural y religiosa.

8. Reforzar el caminar de la Iglesia de América Latina y el Caribe: opción por los pobres, denuncia de las estructuras injustas, teología liberadora ortodoxa, pastores cercanos al pueblo y defensores de los pobres, testimonio de los mártires, renovación de la vida religiosa inserta entre los marginados, ministerios laicales y diaconado de los indígenas.

9. Continuar la reflexión y los contactos entre los pastores y expertos en Teología India. Escuchar sin prejuicios sus contenidos, definir sus logros, dificultades y deficiencias. Todo lo noble y digno que Dios a manos llenas sembró en las culturas indígenas, es motivo de legítimo orgullo, de apertura al Espíritu, de camino de salvación, de riqueza católica para la Iglesia. En Cristo Jesús disfrutamos de la plenitud del amor del Padre, y es éste el mayor tesoro que les podemos ofrecer, para que lleguen a su madurez definitiva.

En resumen, defender la vida amenazada de los pueblos indígenas, acoger la Vida que el Espíritu está haciendo nacer y ofrecerles la Vida plena en Cristo.
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Día 27
Domingo de Pentecostés


La victoria segura



La la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles no se narra en los evangelios sino en otro libro del nuevo testamento, “Los Hechos de los Apóstoles”, escrito por uno de los evangelistas, san Lucas. Aquel día se cumplió, como Jesús había prometido, el descenso del Paráclito, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, sobre los que estaban reunidos en aquel lugar. Yo rogaré al Padre –les había dicho– y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce.

Como nos sucedería a cualquiera, si estuviéramos a punto de quedarnos sin quien más queremos en la vida, los apóstoles estaban tristes al oírle a Jesús decir que se marchaba. El ambiente de la última cena era especialmente íntimo; diríamos que Jesús se desahoga con los suyos, les manifiesta abiertamente –aunque sin poder evitar el misterio para las inteligencias de ellos, todavía demasiado humanas, poco sobrenaturales– lo que lleva en su corazón en esas últimas horas antes de la pasión. A la vez, sale al paso de la inquietud de los apóstoles, de lo que en esos momentos les preocupa. Se acerca la hora triunfo y, aunque no será como ellos se imaginan, va a cumplirse –y a la perfección– la tarea redentora que le llevó a encarnarse.

Una vez consumada la misión del Hijo en favor del hombre, la presencia de Dios junto a nosotros –siempre necesaria para que podamos ser santos– tendrá lugar con la Tercera Persona, el Santificador: Os conviene que me vaya, les dijo, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré. El mismo Dios, en su Tercera Persona, es prometido por Jesucristo antes de su Pasión y de su Ascensión. Y de tal modo sería su venida y su presencia en el mundo que, por duro y misterioso que les pareciera a los apóstoles, era muy conveniente para el hombre esa otra presencia divina en nosotros. Con admirable sencillez, les expone Jesús el plan divino para la santificación de la humanidad: Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. La presencia permanente de Dios Espíritu Santo en el cristiano se manifiesta en un testimonio continuo en él de Jesucristo; de modo que, por la acción del Paráclito, los hijos de Dios tenemos en la mente y en el corazón la vida y las enseñanzas de Jesús. Su doctrina es así una referencia constante para la propia conducta y un ideal de vida para la sociedad: el cristiano, consecuente con su condición, intenta de modo natural, a instancias del Espíritu, implantar con su vida por doquier el ideal del Evangelio.

Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho. Deseemos vivamente, por tanto, ese "singular" recuerdo –propiamente sobrenatural– de los sentimientos y afanes de Cristo en nuestro corazón. Se vive así, como Él quiere –como se sentía, por ejemplo, san Pablo–, una vida verdaderamente trascendente, porque ya no es sólo terrena, pues, sin abandonar este mundo, por la acción del Espíritu Santo, vivimos también la vida de Dios, somos otros Cristos, aseguraba el Apóstol. Y de tal manera es esto necesario, que si prescindiéramos de este nuevo modo de existencia en Jesucristo, seríamos –como personas– algo truncado, seres sin terminar, sin lograr la plenitud que propiamente nos corresponde: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.

La Santa Misa, con la Comunión Eucarística, constituye la esencia y la raíz de la vida cristiana. Y de tal modo, que es en unión con el sacrificio de Cristo en la Cruz, renovado incruentamente cada día en nuestros altares, como tienen la debida relevancia sobrenatural cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones. A esto nos lleva el Espíritu Santo. Esa vida que Jesús quiere para los suyos y que quiere presente en la sociedad para que sea vivificada desde dentro, es la que de Él brota para los hombres: de su Cruz y su Resurrección. Es la misma que anticipadamente dío a sus discípulos como comida y bebida “la noche en que iba a ser entregado”. El Paráclito, en efecto, impulsándonos suavemente a vivir como Cristo –propiamente en Cristo–, nos ha enseñado y nos invita a organizar nuestra existencia en torno a la Santa Misa. Así se vive la vida de Cristo y llega a ser una realidad la ofrenda de nosotros a Dios Padre en favor de los hombres.

María, al pie de la Cruz, sigue encarnando el hágase en mí según tu palabra, que pronunció al saberse destina para Madre de Jesús. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, le había anunciado Gabriel, y toda su existencia terrena fue un empeño por vivir según el deseo divino. ¡Ojalá que nosotros, dóciles al Paráclito, queramos imitarla.


Publicado por Desconocido @ 15:33  | Espiritualidad
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En el comunicado final emitido al término de la Asamblea General de la Oficina Internacional de la Escuela Católica (OIEC) , los participantes han acordado reforzar la colaboración entre las regiones y al interior de las mismas.

LA ESCUELA CATÓLICA COMO PEREGRINA DEL SIGLO XXI


OIEC (Oficina Internacional de la Educación Católica)


CONCLUSIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL


En Santiago de Compostela, 25 de mayo de 2007

1. La Asamblea General ha decidido reforzar la colaboración entre las regiones y al interior de las mismas y de orientar más sus trabajos sobre los temas de interés común.

2. La situación sociopolítica de numerosos países confronta a la escuela católica con muchos problemas de injusticia social, de hambre, de violencia de todas las clases, de manipulaciones diversas, de pérdida de valores, destrucción acelerada de las instituciones que han sentido la vida, de persecución más o menos abierta e los cristianos.
La Asamblea General invita a todos sus miembros a tomar posición de manera oportuna, pública y profética de estas realidades que condicionan inevitablemente el anuncio de nuestro mensaje.

3. Frente al surgir de formas de fundamentalismo religioso, la Asamblea General de la OIEC invita a las escuelas católicas a distinguir entre el verdadero y falso diálogo, entre la verdadera y la falsa religión, entre la fe y la ideología. La Asamblea invita al mismo tiempo a profundizar su propia identidad con respecto a las nuevas condiciones filosóficas y religiosas.
Frente a los desafíos variados que aparecen en las diferentes formas y diferentes connotaciones en las cinco regiones del mundo, la Asamblea General declara que no puede quedarse extraña y que lleva con determinación su parte de responsabilidad en la construcción de un mundo mejor.

4. Preocupada de la cohesión social, la Asamblea General de la OIEC invita a sus miembros a profundizar su misión de evangelización de los jóvenes y particularmente de los jóvenes con problemas.
Esta misión es así una respuesta a las esperanzas profundas de las familias, frecuentemente ellas también en situación precaria. Para realizar este objetivo, la Asamblea invita a sus miembros a desarrollar las nuevas pedagogías adaptadas que traducen en la vida cotidiana los valores evangélicos.

5. La Asamblea General de la OIEC invita a sus miembros a reforzar el esfuerzo de la formación inicial y continua de los cuadros educativos y administrativos, más particularmente, de los laicos. Este esfuerzo necesita una colaboración más grande con las universidades y la utilización más intensa de las nuevas tecnologías. La Asamblea General desea que la OIEC llegue a ser promotora de la comunicación y de la participación de experiencias formativas.

6. La Asamblea General pide a sus miembros que se sientan concernidos por as políticas de educación y las tendencias contemporáneas afín de tener una contribución oportuna y pertinente en caso de debate.
Apoya todas las asociaciones que luchan por la subvención de la escuela católica sin ningún impedimento a la libertad de crear centros educativos, de nombrar los enseñantes y los directores y el derecho de los padres a elegir la escuela libremente.

7. La Asamblea General invita a sus miembros a hacer un esfuerzo conjunto para reforzar el rol de los representantes permanentes en Paría, Estrasburgo, Nueva York y Roma. Ellos contribuyen a una más grande visibilidad de la Escuela Católica en el debate internacional sobre los grandes temas que ocupan a nuestra sociedad.

8. La Asamblea General de la OIEC quiere mandar un testimonio de solidaridad con el Líbano
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V Conferencia General de Aparecida - “En la misión lo más importante es despertar el corazón del hombre, despertar su verdadera humanidad, su ser capaz de preguntarse sobre el sentido trascendente de la vida”: entrevista a Mons. Santoro, Obispo de Pretópolis

Aparecida (Agencia Fides) - Mons. Filippo Santoro Obispo de Petrópolis (Brasil), en una entrevista concedida a la Agencia Fides describe las principales características de la misión en Brasil y el tema de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe discípulo y misionero.

- ¿Cuáles son las características de la dimensión misionera más relevantes en Brasil?

En primer lugar podemos destacar que es una misión en un mundo secularizado, y este es quizá el aspecto menos desarrollado de nuestra actividad misionera. El mundo actual tiene una gran influencia en toda la vida, influencia la manera de pensar, influencia la manera de decidir y la manera de actuar. En este sentido considero que tienen una importancia particular los movimientos eclesiales, porque ellos dan una especial atención al mundo de la cultura, al mundo del arte, al mundo de la comunicación. Es interesante proponer hoy en día una vida nueva, una experiencia nueva. De este modo, los movimientos viviendo en estos contextos, en estos nuevos areópagos ofrecen la posibilidad de encontrarse con la persona de Cristo y no simplemente con una teoría, ofrecen una verdadera experiencia de familia, una experiencia de trabajo diferente del que ofrece el mundo secularizado. Como toda realidad que se vive a partir del encuentro con Cristo, desde el encuentro fascinante con Cristo, transforma y las cosas que parecen más secularizadas, más separadas de Dios, se convierten en instrumentos para la comunicación de la presencia del Señor.

Junto con la evangelización del mundo secularizado es evidente la importancia que tiene la misión en un medio popular. En este campo es indispensable una misión que valore la religiosidad popular, que valore los símbolos, los sacramentos y todo aquello que manifiesta el rostro misericordioso y humano de Dios. Tiene también una importancia extraordinaria la presencia de la Virgen María, nuestros santuarios marianos, la devoción a los Santos, como instrumentos que ayudan para encontrarse con Cristo personalmente.

Junto con estos medios populares no podemos olvidar el ambiente de la cultura. De aquí la importancia de las universidades católicas, de las escuelas católicas. Esto constituye un gran desafío. Pero como en todos los desafíos el punto de partida es la irrupción del don de Dios, por medio de la fuerza del Espíritu, que renueva todo y que transforma toda la realidad desde dentro.

¿Cuales son los temas más comunes y más relevantes de los tratados hasta ahora en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe?

Lo que me ha parecido más importante es el tema de discípulos y misioneros, porque ese es el punto de partida que tiene una gran influencia sobre el resto de los temas. Por supuesto, que son importantes los análisis, ver la realidad, pero aquello que más nos interesa y nos mueve, es mirar el corazón misionero. Y antes de indicar cómo deben trabajar los misioneros, me parece muy importante indicar de dónde nace el misionero. El misionero no nace de un iniciativa humana, el misionero nace de la irrupción del don de Dios en la vida de algunas personas. Y así, esas personas cambian, esas personas comunican la presencia de Cristo como un hecho actual que transforma la vida, que alumbra nuestra existencia, y que nos da la posibilidad de vivir la realidad con un entusiasmo y una plenitud nueva. De este modo la experiencia del nacimiento del misionero es el punto que determina todos lo demás, que determina el enamoramiento y el apasionarse por Cristo. Este punto no está en nuestras manos, es puro don de la gracia que nosotros reconocemos y precisamente en esta asamblea se están abriendo los ojos sobre esos elementos, que son los elementos originarios de la realidad.

Otro aspecto interesante es ver como crece y se desarrolla el discípulo. Es necesaria una pedagogía, un método. Cuando se habla de método, cuando se habla de pedagogía, debemos tener presente ante todo como actuaba Jesús: Jesús despertaba los corazones de las personas y así debemos actuar nosotros. En el mundo actual muchas veces lo que está en crisis no es tanto las respuestas cristianas, que nacen de la fe, sino que es más bien la cultura dominante, que reduce todo al instinto inmediato y al logro, a tener más y que impide al hombre plantearse las preguntas transcendentales. De ahí la función del método que estoy planteando, la importancia de despertar el corazón del hombre, de despertar su verdadera humanidad, su ser como hombre capaz de preguntarse sobre el sentido transcendente de la vida. Todo esto no se resuelve con unos simples cursos de formación para los misioneros. Debe ser un método pedagógico como el que hizo Jesús y como el que ha realizado la Iglesia por medio de sus Santos. Un método que despierta la humanidad, y que ofrece a Cristo como experiencia, como respuesta a las exigencias de la humanidad. A partir de ahí nace el verdadero interés por Cristo que lleva a decir como San Pedro: “Adónde iremos nosotros. Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. Es necesario pues llevar a esta convicción, de otro modo estaremos dando respuestas que en realidad no responden a los principales interrogantes del hombre. Es necesario ofrecer esta respuesta extraordinaria, impensable y mucho mayor de cuanto pudiéramos pensar, como es la belleza de la presencia de Cristo vivo en medio a nosotros, capaz de transformación toda la sociedad. (FP/RG) (Agencia Fides 25/5/2007 Líneas: 67 Palabras: 930)
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JORNADAS NACIONALES DE DELEGADOS DIOCESANOS DE MISIONES
ASAMBLEA GENERAL DE DIRECTORES DIOCESANOS DE OMP

(Madrid, 22-24 de mayo de 2007)
P. Vito Del Prete
Secretario General de la Pontificia Unión Misional


El tema de la Jornada Misionera Mundial se centrará en el lema “Todas las Iglesias para todo el mundo”, que constituye el contenido y el título del Congreso Internacional “Fidei Donum”, que ha tenido lugar en Roma al inicio del mes de mayo.

Es un tema que el Papa ha indicado y elegido para conmemorar, relanzar y actualizar la realidad misionera “Fidei Donum”, que es la expresión más comprensible, inmediata y eficaz de la responsabilidad que todas las Iglesias tienen ante el mandato misionero de Cristo. Sé que la Iglesia en España no solamente ha inaugurado, sino que ha inventado la participación en la misión universal según el modelo de Comunión entre las Iglesias, desde 1947 con la institución de la OCSHA, institución que he propuesto a las Iglesias como modelo, publicando a este respecto un artículo del Vicedirector nacional de las OMP, P. Anastasio, en Omnis Terra.

Todas las Iglesias para todo el mundo, se puede traducir así: A la Iglesia, a todas las Iglesias particulares y a todos en la Iglesia les ha sido confiada la tarea de evangelizar las Gentes hasta los extremos confines de la tierra.

Los elementos que definen el contenido de la Jornada Misionera Mundial son dos: TODAS las Iglesias – TODO el Mundo. Se trata de la universalidad de la misión que Cristo ha confiado a su comunidad: universalidad de los sujetos misioneros y universalidad de los destinatarios de la evangelización. En el fondo, se dice que toda la Iglesia y todas las Iglesias tienen como tarea prioritaria, absoluta, justificante de su propia existencia y actividad, sólo uno: ir y anunciar el Reino de Dios, venido en Cristo, Salvador del Mundo, en un modelo de comunión misionera entre todas las comunidades diseminadas entre los pueblos del planeta.

Esta es la conciencia y el impulso que el Vaticano II y la praxis eclesial de este último siglo han impulsado.

La reflexión del Vaticano II ha tenido siempre presente, más aún, ha sido inspirada precisamente por estos dos polos: IGLESIA-MUNDO, para dar una respuesta al interrogante existencial que continúa siendo la inquietud de todos los que se preocupan por el Reino de dios y la plena realización de la humanidad que Dios ha querido e imaginado: Iglesia, ¿cuál es tu misión? Pero para responder a esta pregunta, es necesario antes comprender la naturaleza de la Iglesia y el por qué de la misión. Y esto ha sido posible gracias a una relectura de toda la historia de la salvación, de la que Cristo es la realización.


1. Algunos puntos fundamentales

• Cristo es la luz de las Gentes. La Iglesia no brilla por luz propia, no tiene en sí misma su ser y su consistencia, sino que depende absolutamente de Cristo, que debe ser su constante punto de referencia, apoyándose en la irradiación de su luz. La Iglesia es el organismo vivo a través del cual Cristo continúa su misión salvadora en nombre de su Padre con la fuerza del Espíritu Santo.
• Esta Iglesia existe para la humanidad. Como comunidad convocada por la Trinidad, la Iglesia es la voz doxológica de la humanidad y del universo; es el signo o sacramento de la humanidad salvada (pueblo santo de Dios, un reino de sacerdotes) que debe testimoniar y proclamar la salvación de Dios (pueblo de profetas). Pero lo debe hacer a la manera de Dios, que ha enviado su Hijo, que ha tomado carne humana de María, ha descendido a las raíces más oscuras y limitadoras de la humanidad, compartiéndolo todo, incluido el abandono de su Padre, el cual lo ha entregado a la muerte de cruz.
• Toda la Iglesia, en sus presencias culturales e históricas, está consagrada a la misión. Es siempre una Iglesia local, una comunidad concreta, histórica, de discípulos, quien ora, anuncia, interpela y, a la luz de su Señor, ilumina y se integra en el curso de la historia de la humanidad, para estar en medio de todos los pueblos. La Iglesia local es la Iglesia universal que pone su tienda entre la gente.
• Esta Iglesia local es el pueblo elegido de entre las gentes, convocado en la unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Los Romanos son llamados por Jesucristo de entre las gentes, son hijos queridos de Dios y santos por vocación (Rm 1, 1); los Corintios son santificados en Jesucristo, llamados a ser santos (1Cor 1, 2); los Tesalonicenses han sido elegidos por Dios de entre las gentes (1Tes 1, 4); «Yo un pueblo numeroso en esta ciudad» (Hch 18, 10). El discurso de Santiago a la asamblea de Jerusalén ofrece todavía más luz. Los cristianos son el pueblo consagrado: Dios ya al principio intervino «para procurarse entre los gentiles un pueblo para su Nombre» (Hch 15, 14); los cristianos son consagrados por el bautismo, que les hace un pueblo santo, consagrado. «Los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo por la regeneración y por la unción del Espíritu Santo, para que por medio de todas las obras del hombre cristiano ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien las maravillas de quien los llamó de las tinieblas a la luz admirable» (LG 10). Por eso el Vaticano II afirma que « se da una verdadera igualdad entre todos en lo referente a la dignidad y a la acción común de todos los fieles para la edificación del Cuerpo de Cristo» (LG 32).

Todos participan en la misión salvífica de la Iglesia, a la que Cristo mismo les ha destinado. Cada Iglesia y cada uno son, juntos, testigos e instrumentos vivos de la misma misión «a la medida del don de Cristo (Ef 4,7)» (LG 33). Es una llamada directa de Cristo a la corresponsabilidad de la misión, en la multiplicidad de los dones del Espíritu.

El Espíritu se manifiesta en la Iglesia local (1Cor 14) con una riqueza de carismas por medio de los cuales el único Espíritu da a cada fiel la llamada y la responsabilidad de la misión, en el proceso de la nueva creación, a la que tiende toda su actividad. Es el Espíritu quien da la eficacia a los ministerios necesarios para la misión, les une, les ordena y les preserva.

Cada miembro de la comunidad está dotado de carismas y de ministerios, no sólo cuando está reunido con la comunidad, sino también cuando se encuentra en el mundo. La llamada y la responsabilidad de la misión es para todos, no se encuentra vinculada al sexo, ni al estado de vida, porque esta llamada convierte la situación particular de la persona al servicio del Reino de Dios. Cada uno debe dar a la Iglesia y a la edificación del Reino de Dios todo cuanto tiene y puede hacer. Toda capacidad y potencialidad humanas se pueden poner al servicio del ministerio cuando se usan en Cristo.

Por eso es tremendamente verdad el hecho de que si la Iglesia pierde de vista la misión, se marchita, y sus miembros se convierten en miembros pasivos y apáticos. La Iglesia se tiene de pie o cae en la misión.


2. Lectura de la historia

a. Hoy, el cristianismo se encuentra en Europa en la situación de tener que justificar su existencia. «El proyecto de vida cristiano se ve continuamente desdeñado y amenazado; en muchos ambientes públicos es más fácil declararse agnóstico que creyente; se tiene la impresión de que lo obvio es no creer, mientras que creer requiere una legitimación social que no es indiscutible ni puede darse por descontada. […] En la raíz de la pérdida de la esperanza está el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo. […] La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa» (Ecclesia in Europa 7. 9).

El hombre ha realizada casi en todas las partes una cesura con su mundo cultural y religioso, y se ha encontrado en un vacío. Ha extraviado su identidad profunda y se ha convertido en un número que no quiere ser descodificado. Quiere construirse su ciudad terrena, con leyes según su conveniencia, reivindicaciones o exigencias individuales, hechas pasar casi siempre por derechos humanos. No acepta un punto de referencia universalmente válido, sea Dios o la naturaleza del ser humano. El hombre se convierte en un ser en construcción sin rostro, sin ninguna agarradera ni meta, zarandeado por diferentes corrientes, sin saber dónde se encuentra su punto de amarre.

La situación de la humanidad en esta transformación epocal se presenta confusa, equívoca, contradictoria, indescifrable. Solidariedad e injusticia internacional, aspiración a la paz y producción y ventas de armas, ayudas a los países del tercer mundo y explotación injusta e indiscriminada de sus riquezas naturales, práctica del aborto y aversión radical contra cualquier forma que tienda a negar la vida, diálogo e intolerancia y guerras culturales y religiosas, fundamentalismo religioso y abandono de las religiones, conviven en nombre de los mismos principios de libertad, de igualdad.

El hombre quiete ser creador de sí mismo, sucumbiendo a la reiterada tentación de arrogarse la prerrogativa divina. Tenemos aquí no solamente la fractura entre fe y cultura, sino el rechazo práctico de la fe en hombre de la “omnipotencia” humana.

El hombre ha quedado empobrecido de su realidad fundante: ya no tiene más perspectivas, sino aquellas de su limitada realidad. Está resignado a vivir el presente, más allá del cual no ve o no quiere atisbar el futuro.

Por eso, nuestra generación se caracteriza por la angustiosa búsqueda de sentido, y se inventa su religión. Pero, como Agustín de Hipona, su corazón está inquieto, hasta que no encuentre el agua viva que saciará su sed y le dé la esperanza en su futuro y en el del universo.

b. Pero la crisis se amplía, llega a ser trágica, ante los males globales que afligen la humanidad, que, como una lastra, desafían la voluntad de esperanza. Lo experimentamos cotidianamente en nuestra misma carne. Lo que más sorprende nuestra sensibilidad humana son los millones y millones de personas, especialmente en el tercer mundo, que se encuentran oprimidas por el hambre, la violencia, la enfermedad, la explotación, las catástrofes naturales que cosechan miles y miles de víctimas. Uno se siente impotente para derrotar las causas de esta continua tragedia humana. Parece que nada puede detener el curso de la economía de mercado, que persigue exclusivamente el provecho, y determina progresivamente la concentración de grandes capitales en manos de pocos, las grandes y las pequeñas guerras, los regímenes opresivos de tantas naciones y el desprecio de la vida humana. Todo esto, nosotros lo llamamos hoy, con una denominación siniestra, “concentración de los poderes fuertes”, contra los cuales es difícil combatir.

La presencia y la actividad de la Iglesia en el mundo, según el modelo y por la misión que ha recibido de Cristo, Cristo, están orientadas a conducir esta humanidad desde la dispersión, la desigualdad y el odio, a la paz, la unidad, hasta el día en que Cristo sea todo en todos, y la presentará al Padre. Esta es la misión histórica de la Iglesia. Esta es la profecía que contiene su peregrinar con la humanidad a través del tiempo. La Iglesia es signo, instrumento de la comunión entre Dios y los hombres, y de los hombres entre sí. La Iglesia debe caminar por los caminos del mundo para llamar adentro, en la única morada de Dios, a los lejanos y dispersos. Sería verdaderamente traicionar su identidad y su propio servicio ministerial si, teniendo la puerta abierta, no se esforzara en todos los modos posibles, para que los otros entren y encuentren refugio. La Iglesia es, y debe llegar a ser efectivamente cada vez más, el edificio, la casa común de Dios (cfr. 1Cor 3, 9), a la que todos los hombres están destinados. Es una misión de amor.

Esta misión se encuentra en crisis y, al mismo tiempo, es más urgente, cuando los pueblos, y especialmente los que temen a Dios, sufren a causa de catástrofes, pérdida de libertad, injusticia, que hacen dudar de la validez misma del mensaje religioso que propone. La situación de crisis determina la misión. Es una constante de la acción de Dios y de los acontecimientos humanos.

La crisis profunda del presente reproduce connotaciones y características análogas a la de los primeros siglos del cristianismo.

c. Encargados del ministerio profético-misionero. A Juan, el autor del Apocalipsis, le corresponde la tarea de interpretar este momento histórico («las cosas que deben suceder muy pronto»), la misión de la Iglesia (las siete Iglesias) y el fundamento de la esperanza de salvación para la comunidad cristiana y de toda la humanidad: es el Cristo, el Primero y el Último, el que Vive, el que estaba muerto, pero ahora vive para siempre y tiene poder sobre la muerte y sobre los infiernos. «Aquel que es, que era y que va a venir, el Todopoderoso» (Ap 1, 8). Él es el Resucitado que guiará la humanidad hacia cielos nuevos y tierras nuevas, donde ya no habrá ni muerte ni lágrimas, donde Dios será todo en todos, en el Reino de paz y de justicia.

De la misma manera, a la Iglesia le corresponde hoy la tarea de interpretar los signos de los tiempos y de anunciar a todos el Evangelio, fuerza de Dios que salva. Por lo que es totalmente cierto que «El mandato misionero nos introduce en el tercer milenio invitándonos a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos. Para ello podemos contar con la fuerza del mismo Espíritu, que fue enviado en Pentecostés y que nos empuja hoy a partir animados por la esperanza “que no defrauda”» (NMI 58). Nosotros creemos que solamente Cristo, que ha inaugurado y realizado el Reino de Dios, es la salvación que Dios ha preparado para la humanidad.


3. Creación de Iglesias locales

La actividad evangelizadora tiende a crear Iglesias locales, que constituyen el lugar donde Reino de Dios se hace presente y visible en medio de los hombres y les inflama con el fuego de la misión. Los discípulos, que re reúnen en la celebración de la Eucaristía, hacen presente la compasión de Dios que Jesús mostró en su misión mesiánica. La Iglesia, que “es hecha” por la Eucaristía, y que ha experimentado el Reino de Dios, es la levadura, el fermento, la sal, la luz para todas las naciones.

La suya es una misión de comunión. Ella misma está en comunión con el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo, y, de todos los lugares, se encuentra reunido alrededor del Cuerpo de Cristo.

A los gérmenes de disgregación entre los hombres, que la experiencia cotidiana maestra tan radicados en la humanidad a causa del pecado, la Iglesia local contrapone la fuerza generadora de unidad del cuerpo de Cristo.

Esta es la misión urgente que está llamada a realizar hoy, en un mundo que, aunque sometido a un proceso de globalización económica, se encuentra atravesado por conflictos, violencia, discriminación, en el que no faltan grupos que, en nombre de Dios, sientan el odio y la violencia. Esta misión debe encontrarse en continuidad con la misión de Cristo, el cual ha venido a reunir a los hijos dispersos. Y lo hecho sirviéndose no de los medios de la lógica humana, como el poder, o la riqueza, sino sacrificándose a sí mismo, dando la vida por la humanidad. Y de su camino y de su vida ha hecho la Carta Magna de su Iglesia. El Reino de los cielos, ha dicho, es de los pobres, de los sencillos, de los que sufren persecución y muerte por causa de la justicia y del Reino de Dios. La Iglesia, pues, evangeliza esta humanidad cuando sigue el camino y la vida de Cristo. La Iglesia no quiere imponer, ni busca ningún interés propio, sino que pide solamente servir a la humanidad, testimoniando y anunciando la cultura de Dios, para que esta humanidad llegue a ser una en la fraternidad, en la solidariedad, en vínculo de amor que debe llegar a ser la ley universal de la convivencia entre los pueblos.

La Iglesia está llamada a ser solidaria con la historia humana. Por ésta, la Iglesia dialoga con esta humanidad, porque hace parte de ella y comparte su misma suerte. Debe leer e interpretar, bajo la guía del Espíritu Santo, lo que Dios Padre ha realizado y continúa realizando entre los pueblos, que nunca ha abandonado. La Iglesia, en cuanto promotora de comunión, está llamada a reunir cuanto el Espíritu del Señor, desde el inicio de la creación, ha sembrado en las culturas y en las religiones. Por eso la Iglesia no rechaza nada de cuando verdadero y santo se encuentran en ellas. El ad gentes sitúa a la Iglesia en una situación que nos gusta calificar de frontera, tanto geográfica cuanto de la humanidad. La misión ad gentes nos sitúa de hecho en el centro del drama concreto de la humanidad, a la que se debe anunciar la novedad del Reino de Dios, y en la que se debe realizar la sociedad alternativa, según los imperativos radicales del Evangelio. Es una misión in fieri, no sólo porque la evangelización durará cuanto el tiempo de la Iglesia, sino también porque no soporta ni métodos ni reglas fijas. Está constantemente abierta a las indicaciones del Espíritu y al contexto histórico de los grupos humanos. La misión es creatividad continua, está sujeta, por eso, a revisión de mentalidad y de metodologías, a renovación.

Esta misión es de todas las Iglesias, de todas las comunidades, y les corresponde a todos los miembros del Pueblo de Dios. Pero les corresponde antes de todo a las Iglesias locales, en las que y por las que subsiste la Iglesia universal. Es una misión que tiene como modelo, metodología y camino la comunión entre las Iglesias, en la unidad del Cuerpo místico de Cristo. Quien se encuentra en las lejanas selvas de África o del Amazonas, sabe que está en comunión profunda con quien vive en Roma.

La misión es, pues, un asunto de todas las comunidades, que, como vasos comunicantes, comparten personas y recursos para la única Iglesia universal. Todas las Iglesias, juntas, en misión.


4. El Padre Manna

El Beato P. Paolo Manna, en su folleto “Le nostre Chiese e la Propagazione della fede” editado en los años 50, exclamaba: «Quizás a alguien le parezca una novedad oír decir que a nuestras diócesis, bajo la guía de sus Pastores, les corresponda, junto con el Santo Padre, el deber de promover con los mejores medios posibles, la difusión del Reino de Cristo en el mundo. Pero, si los Pastores se desinteresan, ¿a quién le compete este deber? Para un obispo, favorecer directamente las misiones no es un asunto de libre elección, como podría serlo para un simple misionero, sino que es parte integrante de su misión de pastor de la Iglesia». Aunque «la jurisdicción de un obispo se restringe a los límites de la respectiva diócesis, la misión primordial que Jesucristo les ha conferido está lejos de ser cumplida, y no ha perdido, pues, nada de su obligatoriedad» (pp. 4-5).

Las misiones extranjeras no podían ser asunto o tarea de pocos hombres o institutos. La Iglesia entera debe expresar su naturaleza en la obra de evangelización a los no cristianos. El problema no era sólo dar a conocer cuanto se hacía en los países de misión, sino, sobre todo, impulsar a las Iglesias locales, con sus obispos y sacerdotes al frente, a asumir esta tarea importante y prioritaria. Manna siente la abulia por todas partes. Los obispos lamentan la escasez de clero, problemas insolubles a nivel de diócesis. Hace que el problema explote. «Todas las Iglesias para todo el mundo». Esto no es un lema interesante, sino la íntima y profunda convicción que toca la naturaleza misma de la Iglesia, que en términos conciliares se expresa con la célebre frase: la Iglesia es misionera por su misma naturaleza. El Vaticano II sistematizó y dio autoridad a estas indicaciones.

Es tiempo de dar vida y concreción a esta Iglesia, que el Vaticano II y el sucesivo magisterio oficial ha descrito en su naturaleza y en su misión.

Los documentos conciliares en los que más se nota esta fuerza universal son Lumen Gentium, Gaudium et Spes, y Ad Gentes. En éstos, la evangelización emerge como la categoría fundamental de la naturaleza de la Iglesia. Está presente y orienta todos los sectores de su actividad, de las personas y de las tareas que están llamados a desarrollar. No existe una única categoría de personas a la que se le haya dejado de lado: Papa, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, contemplativos; no hay sectores de la pastoral que no hayan sido caracterizados por la dimensión misionera, como la pastoral sacramental, la catequesis, la caridad, en una palabra, toda la vida y las actividades de la comunidad cristiana. Por lo que el aforisma “la Iglesia es misión” caracteriza la Iglesia surgida del Vaticano II, y sintetiza su razón de ser.

Ahora ya es común la convicción de que una persona, una diócesis, una orden o una congregación religiosa no son verdaderamente auténticas si no se ubican en la estela de la missio ad gentes.

En nuestro tiempo ha nacido un fuerte movimento misionero: han recibido un gran impulso los sacerdotes “Fidei Donum”; las órdenes contemplativas han establecido comunidades en territorios de misión, miles de laicos y de laicas, y de núcleos familiares han partido hacia otras Iglesias, y han surgido movimientos eclesiales con un fuerte impulso misionero. «se han multiplicado las Iglesias locales provistas de Obispo, clero y personal apostólico propios; se va logrando una inserción más profunda de las comunidades cristianas en la vida de los pueblos; la comunión entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y dones espirituales; la labor evangelizadora de los laicos está cambiando la vida eclesial; las Iglesias particulares se muestran abiertas al encuentro, al diálogo y a la colaboración con los miembros de otras Iglesias cristianas y de otras religiones. Sobre todo, se está afianzando una conciencia nueva: la misión atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales» (RMi 2).

A los que dicen que la missio ad gentes ha cumplido ya su tiempo, pedimos que amplíen su mirada a toda la Iglesia, y se darán cruenta de que la missio ad gentes se ha convertido en tarea de cada fiel, de cada comunidad cristiana, de cada Iglesia local.


5. Una mirada a la situación

En verdad, después del entusiasmo y de las aperturas de la primera hora que suscitó el Vaticano II, parece que atravesamos un periodo de estancamiento, del que Redemptoris Missio es intérprete cualificado, enfocando los obstáculos externos e internos de la misma Iglesia, «han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo» (RMi 2).

Subsiste una tendencia, más bien grave, que atenaza a las Iglesias particulares a encerrarse en sí mismas, preocupadas por sus necesidades y confrontadas con los desafíos nada fáciles que la humanidad presenta al cristianismo. Las diócesis, especialmente las de antigua fe, se sientes como castillos asediados, cierran las propias filas, se cuentan, se dan una mejor organización para blocar el desangre de las propias comunidades cristianas. La misión está aquí, se siente repetir a muchos obispos preocupados.

Pedro la experiencia nos dice que, así, no van demasiado lejos, porque el único remedio para volver a dar vida a las comunidades cristianas es la missio ad gentes. La fe se fortalece dándola. Si una diócesis, una comunidad cristiana no se meten en la estela de la evangelización, se encuentran en una crisis de fe.

El Vaticano II ha respondido, no haciendo un tratado de eclesiología y de misionología, sino llamando en causa, redefiniendo y recalificando los ministerios en la Iglesia.


6. Iglesia local y obispo

El obispo está llamado a ejercer su mandato misionero en fuerza de la apostolicidad de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha realizado un importante cambio de acento en favor de la importancia de la Iglesia local, pero, la mismo tiempo, ha atribuido una dimensión universal a la responsabilidad pastoral de los obispos, en cuanto componentes del colegio episcopal que sucede al colegio apostólico en la misión que Cristo le ha confiado. El Obispo debe ver en su Iglesia particular “la imagen de la Iglesia universal”, porque la una y única Iglesia católica se constituye en y desde las Iglesias locales. De esto se deduce, pues, que el ministerio episcopal, si está vinculado a la génesis, al desarrollo y a los dinamismos de crecimiento de la comunidad concreta, por la naturaleza misma de la comunidad, que es esencialmente católica, está llamado a un servicio que no puede quedarse encerrado entre las paredes de una única comunidad cristiana. Ha sido puesto al servicio de la comunión entre las Iglesias, y esto determina esencialmente incluso su servicio pastoral. Debe haber, por decirlo así, dos almas del ministerio episcopal: pastor local y pastor itinerante, y dos perspectivas: la de la Iglesia constituida y la de la Iglesia que hay que fundar.

Se debe sentir la tradición apostólica como el lugar del que nacen los sacramentos y a cuyo alrededor la comunidad se reúne para la meditación de la Palabra de Dios, su oración y el anuncio de su comunión, o también para ser sentida más aún como el fermento del mundo y la animación de su historia, en la indicación del camino que conduce hacia el.

La missio ad gentes es parte constitutiva de la Iglesia local, porque es fundamental para toda la existencia cristiana. Por eso debe vivificar, orientar y determinar toda otra actividad. Aún siendo específica, debe ser como la levadura que hace crecer y confiere autenticidad a los diferentes ámbitos de la pastoral. De hecho «no es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados» (RMi 34). La misión es el paradigma de toda la actividad pastoral, lo que quiere decir que catequesis, caridad, sacramentos, no son plenamente auténticos si no se encuentran animados, vivificados, actualizados o celebrados con la intencionalidad y en vistas de la missio ad gentes, la categoría que unifica todas las expresiones de la misión de la Iglesia. Sólo así la comunidad diocesana será formada y animada a realizar en su propio terreno y fuera de los propios confines eclesiales y culturales las multiformes y multíplices actividades de evangelización, como el anuncio, la promoción humana, el diálogo, la ayuda a las jóvenes Iglesias, tal como se enumeran en la Evangelii Nuntiandi y en la Redemptoris Missio.

Es en esta visión global y unificadora donde el ministerio episcopal puede encontrar una definitiva dimensión y realización misionera, superando el obispo la aparente contradicción de ser pastor de una determinada comunidad y el deber de predicar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra.

«No es una gloria para mí predicar el Evangelio», decía San Pablo. Para un obispo, ser misionero no debería constituir un título de mérito, casi un valor añadido a su personalidad, sino una humilde e imprescindible deuda que ha adquirido con la imposición de las manos.

La crisis que atenaza las Iglesias occidentales y la fase de estancamiento que algunos registran en las Iglesias jóvenes, se deben precisamente al hecho de que la evangelización aparece como opción prioritaria en los planes pastorales, pero no vivifica ni determina toda la realidad.

Efectivamente, en las Iglesias de antigua tradición, permanece un estilo pastoral de conservación, aunque actualizado y sofisticado, y tiende a atajar el abandono de la comunidad cristiana por parte de tantos fieles. Es verdad, se procura dar un aspecto nuevo a la liturgia, a la catequesis, a las actividades caritativas, a crear comisiones y subcomisiones, grupos, con el intento de que hagan suya la identidad cristiana. Pero se olvida que la sustancia de la identidad de la Iglesia la constituyen dos elementos fundamentales: la fe en el misterio de Dios, que Cristo ha revelado y realizado, y la misión de testimoniarlo y anunciarlo al mundo, hasta que Él venga.


7. El deber de cada Iglesia de “estar en misión”

Minoría, en una época de transformaciones mundiales, de descristianización y de confrontación con otras culturas y religiones, la Iglesia local se encuentra, de hecho, en un ambiente y en un mundo que hay que evangelizar. Las Gentes se encuentran en el territorio de cada diócesis.

La Iglesia está puesta como centinela, que anuncia el Dios que viene, como profeta, que interpreta la historia de la humanidad a la luz de Dios, como sacramento de Cristo, Supremo Pastor, en el acto supremo de donación para la salvación de todos los hombres.

Como Pablo apóstol, tiende esencialmente hacia los lejanos, aquellos que todavía no conocen a Crsito, y todavía no han experimentado la paternidad de Dios. Serán las amplias clases de no-creencia, serán los emigrados o los fieles de otras religiones presentes en el propio territorio, la cultura de violencia y atropello, que se opone al Evangelio y a la dignidad del hombre, la explotación de las personas, las nuevas capas de pobreza, y también ciertas formas de esclavitud religiosa y cultural: la existencia y la actividad de la Iglesia, que el Obispo preside, son para esto. «La cooperación misionera se abre hoy a nuevas formas, incluyendo no sólo la ayuda económica, sino también la participación directa» (RMi 82).

Al Obispo se le pide «promover, dirigir y coordinar la actividad misionera. […] La actividad apostólica no se limite tan sólo a los convertidos, sino que ha de destinar una parte conveniente de operarios y de recursos a la evangelización de los no cristianos» (cfr. AG 30). Cada diócesis debería ser un laboratorio misionero siempre abierto.

El entrar en los caminos de la evangelización sobre el propio territorio, será un estímulo y un instrumento idóneo para dar nueva vitalidad a la misma comunidad cristiana, que se sentirá comprometida en dar un testimonio más coherente de la propia fe, y en hacer surgir la pasión de comunicarla en todas partes donde Cristo todavía no ha sido anunciado.


8. …en comunión con y para las otras Iglesias en la missio ad extra

Efectivamente, el mandato de predicar el Evangelio a todas las naciones no ha terminado. «Los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso. […] No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos también por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios» (RMi 86). Al Obispo, como jefe y centro de la actividad apostólica, se le pide que promueva las vocaciones misioneras para los institutos, congregaciones y para las otras Iglesias. Pero, con más propiedad, está llamado a favorecer una forma de participación en la misión universal, con el envío de sacerdotes y laicos diocesanos según el modelo de comunión y cooperación misionera entre las Iglesias. Son los sacerdotes, y ahora también los laicos “Fidei Donum”, lanzados por la encíclica del mismo nombre, de los que la Redemptoris Missio afirma que la intuición profética de Pío XII «ha hecho superar la dimensión territorial del servicio sacerdotal para ponerlo a disposición de toda la Iglesia. Hoy se ven confirmadas la validez y los frutos de esta experiencia» (RMi 67)..

Desgraciadamente, es necesario constatar que el entusiasmo de los comienzos ha disminuido, con la excusa de que la misión ha venido a nosotros, y así, no pocos Obispos frenan el impulso hacia el mundo no cristiano, concediendo no de buena gana el personal para las otras Iglesias (cfr. RMi 85). A las Iglesias antiguas, como a las jóvenes, se les ha dicho que no se aíslen, que acojan y envíen misioneros y medios a las otras Iglesias. Este es el medio para volver a dar frescura y vitalidad a las Iglesias locales, para resolver los numerosos problemas que les afligen.

Mediante esta específica praxis de cooperación misionera directa, el Obispo asume verdaderamente como propia la solicitud por todas las Iglesias, que se convierte en una efectiva realidad, y no en una cuestión de principio. En el 50° aniversario de aquella encíclica y ante la urgencia y la necesidad de la evangelización que requiere la humanidad contemporánea, se pide a todos los Obispos que hagan propia aquella expresión de la que se sirvió la III Conferencia General del Episcopado latinoamericano en Puebla en 1979: «Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero, debemos dar desde nuestra pobreza».

Las Iglesias locales esparcidas por el mundo, son portadoras de un mensaje nuevo de salvación, que introducen como una semilla en las raíces de aquella que el Apocalipsis de Juan llama Babilonia. Estas Iglesias son los discípulos de Cristo, viven y cantal el canto nuevo de la liberación. No se contaminan con la idolatría, son la primicia para Dios. Según la hermosa carta a Diogneto, son el alma del mundo. La vida de los discípulos es la de todos los hombres, pero con contenidos e intencionalidades diferentes.

«Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos. Les falta todo, pero les sobra todo» (Cap. IV).

Estas Iglesias locales deben ser el jardín experimental, el núcleo, el germen, la anticipación de lo que deberá ser la humanidad redimida: viven en comunión (koinonia), cuya expresión y culmen es la fracción de pan (liturgia), para el servicio (diakonia) y la proclamación del Evangelio (parresia) especialmente con el testimonio de la vida hasta el martirio (marturya). De esta manera evangelizan, y otros hombres y mujeres continuamente se suman al número de los creyentes.
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Madrid (Agencia Fides) - el Arzobispo Mons. Henryk Hoser, Secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP), realizó un recorrido de la encíclica Fidei Donum de Pío XII, de la que este año se cumple el 50 aniversario, en su intervención el día 22 durante las Jornadas Nacionales de Delegados de Misiones y la Asamblea General de los directores diocesanos de las Obras Misionales Pontificias de España


JORNADAS NACIONALES DE DELEGADOS DIOCESANOS DE MISIONES
ASAMBLEA GENERAL DE DIRECTORES DIOCESANOS DE OMP

(Madrid, 22-24 de mayo de 2007)
S. Ecc. Mons. Henryk Hoser SAC
Presidente de las Obras Misionales Pontificias


En el año 1990, a los veinticinco años de la conclusión del Concilio Vaticano II y de la publicación del decreto sobre la actividad misionera Ad gentes, quince años después de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, su sucesor, Juan Pablo II, ha afirmado: “Quiero invitar a la Iglesia a un renovado compromiso misionero, siguiendo al respecto el Magisterio de mis predecesores. El presente Documento se propone una finalidad interna: la renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión – continúa el Papa - renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal” .
El día de Pascua de 1957, Pío XII dirigió a todos los obispos del mundo, un llamamiento serio y apremiante a favor de las misiones en África, en un momento histórico en el que se preveía una inminente descolonización. Esta encíclica, que en su momento fue muy conocida, hoy, sin embargo, lo es menos y ha sido casi sustituida por los documentos y las fórmulas posteriores. Será útil presentar brevemente su contenido.
Tras el preámbulo (sobre el don de la fe que irradia), siguen cuatro partes. La primera se concentra sobre la situación de la Iglesia en África, con algunos aspectos particulares: los resultados de la misión en el pasado, las tareas a realizar, el análisis de la situación existencial del continente, los desafíos que afrontar y la escasez de trabajadores en la mies.
La segunda parte trata las apremiantes necesidades, a las que debe concurrir toda la Iglesia, con el fin de encontrar soluciones además de asegurar el desarrollo espiritual y material de los pueblos de África.
La tercera parte se detiene sobre la importancia del triple compromiso hacia las misiones que interpela a todos los católicos: la oración, la generosidad y el don de uno mismo.
La parte final, breve, es una exhortación dirigida a todos los misioneros.
No es mi intención agotar la riqueza temática de la encíclica, sino simplemente presentar algunas observaciones y consideraciones que prueban la actualidad, en ocasiones sorprendente, del texto pontificio.
Cincuenta años después de su publicación, es necesario volver una vez más a la dinámica de la encíclica Fidei Donum del Papa Pío XII. Esta dinámica se desarrolla internamente entre dos polos, dos puntos de referencia y de motivación, quedando siempre como motivo conductor el don de la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que: La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras. "Creer" entraña, pues, una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que la atestigua. No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo .
Por tanto, la fe es siempre la base del ser misionero, una evidencia que permanece sin comentarios y que, conforme avanzan los debates entre los misionólogos, cada vez se olvida más. El diálogo entre las culturas y las religiones, la inculturación, los ejercicios semánticos, entendidos como método de la actividad misionera, por una parte, y, por otra, la proclamación del Reino de Dios, considerado como fin prefijado de la acción, han hecho perder de vista que el verdadero protagonista de la evangelización es la persona creyente que, inspirada por el Espíritu Santo, da testimonio sobre todo de su propia fe.
El primer polo, por lo tanto, es la fe. En la actividad misionera de la Iglesia, incluso en el compromiso de un misionero en particular y en lo concreto de su vida cotidiana, la motivación es una fuera motriz y causal. Su carencia tiene como origen un decaimiento del sentido de ser y del actuar como misionero, expuesto siempre a una larga serie de contrariedades.
El texto de la encíclica Fidei Donum ofrece esta doble visión, es decir, la motivación que proviene de la consciencia teológica, y la que deriva del conocimiento contextual del tiempo y el ámbito del compromiso del misionero; en otras palabras, de su lectura de la situación ofrecida, encontrada y encomendada, por la Providencia Divina.
La mención de la Providencia Divina nos recuerda siempre que no existe jamás la evangelización sin fe. “El don de la fe, al cual siguen en las almas por gracia de Dios tan incomparables riquezas, exige que sin cesar mostremos nuestra gratitud al Señor, su divino Autor. (...) ¿Qué ofreceremos, pues, al Señor a cambio de este don divino, además del homenaje de la mente, si no es nuestro celo en difundir cada vez más entre los hombres el esplendor de la verdad divina?”
Queda claro, por tanto, que, como primer motivo del actuar del misionero, se presenta la actitud de gratitud, por respeto a Dios y a su prodigalidad, por la efusión del don recibido en abundancia (la gratitud es una actitud en la Escritura: ex. Tb 12,6; S.; Col 3,15 ss.). La fe, el inestimable don, condiciona “en cierto modo la primera respuesta de nuestra gratitud para con Dios, al comunicar a nuestros hermanos la fe que nosotros hemos recibido” . La estructura dialógica de la motivación misionera, vista como respuesta, como reacción a los dones recibidos, encuentra un desarrollo posterior en el Decreto Conciliar Ad Gentes: “El hombre debe responder al llamamiento de Dios, de suerte que no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio, pero no puede dar esta respuesta, si no le mueve y fortalece el Espíritu Santo” .
Es muy importante insistir hoy en la motivación de fe del misionero, sin la cual los demás elementos constitutivos de la vocación misionera pierden su fundamento. Sin la fe, resulta ilusoria la adhesión vital y comunitaria a las verdades reveladas por el Señor, como pide la Evangelii Nuntiandi, como también la adhesión “al reino, es decir, al ‘mundo nuevo’, al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio” .
Sin la fe, la docilidad al Espíritu Santo, protagonista principal de la evangelización, se convierte en problemática. De hecho, tras el Concilio Vaticano II, el Magisterio de la Iglesia recuerda periódicamente el papel decisivo de la fe como primer paso hacia la misión. Refiriéndonos a la pregunta de Juan Pablo II, sobre el “¿para qué la misión?”, podemos dar una respuesta que surge de nuestra fe y de nuestra experiencia de la Iglesia, “abrirse al amor de Dios es la verdadera liberación. (...) La misión es un problema de fe, es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros” . Con esta afirmación el Papa vuelve a lo esencial.
La misión es sobre todo una necesidad del corazón y un deber, en ocasiones pesado, de la caridad.
Otro importante motivo del compromiso misionero es la visión y la consciencia de la Iglesia, como las desarrolla el autor de la encíclica “Mystici Corporis”: “Como en nuestro organismo mortal, cuando un miembro sufre, todos los demás sufren con él, aportando los miembros sanos su ayuda a los que están enfermo, de igual forma en la Iglesia cada miembro no vive únicamente para sí, sino que ayuda a los demás y todos se ayudan recíprocamente para su consolación mutua, como también para un mejor desarrollo de todo el cuerpo”
El Papa Pío XII se dirige así a los obispos del mundo y, a través de ellos, a todos los potenciales misioneros, subrayando que la solidaridad en la Iglesia se basa en la caridad estimulante de Cristo. Se pueden encontrar afirmaciones parecidas también en las enseñanzas del actual Papa Benedicto XVI; especialmente en la “Deus Caritas est”.
Una Iglesia solidaria, descrita como “Fratenidad de Cristo” en la primera carta de Pedro (1 Pd 2,17 y 5,9), como “Iglesia-hermana” según la tradición patrística , también era vivida en los primeros siglos como “Ecclesia Mater”, una denominación amorosa de la que dan testimonio también los mosaicos del siglo IV en el África Proconsular.
La Iglesia es inseparable de Cristo. Quien ama a Cristo es sensible a su mandato dirigido a Pedro: “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21, 16-18). La misión universal personalizada por el sucesor de Pedro implica a todos aquellos a los que se han transmitido las palabras del Señor: “Como el Padre me envió, así os envío yo” (Jn 20,21) . “Existe, por tanto, un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella, ni mucho menos contra ella” .
Otra razón de motivación del misionero, que pertenece al polo teológico, es la catolicidad de la Iglesia como afirma uno de los artículos de nuestro Credo. “El espíritu misional y el espíritu católico, decíamos hace ya algún tiempo, son una misma cosa. La catolicidad es una nota esencial de la verdadera Iglesia: hasta tal punto que un cristiano no es verdaderamente afecto y devoto a la Iglesia si no se siente igualmente apegado y devoto de su universalidad, deseando que eche raíces y florezca en todos los lugares de la tierra” .
Nos llega, por tanto, una advertencia contra el individualismo que domina la cultura contemporánea. “Cuando se habla de la Iglesia, Nada, pues, es más extraño a la Iglesia de Jesucristo que la división; nada es más nocivo para su vida que el aislamiento, que el concentrarse en sí misma”
El Papa Pablo VI, 18 años después, volvía a retomar esta advertencia en la Evangelii Nuntiandi, en la que el Papa advierte que “como demuestra la historia, cada vez que tal o cual Iglesia particular, a veces con las mejores intenciones, con argumentos teológicos, sociológicos, políticos o pastorales, o también con el deseo de una cierta libertad de movimiento o de acción, se ha desgajado de la Iglesia universal y de su centro viviente y visible, muy difícilmente ha escapado —si es que lo ha logrado— a dos peligros igualmente graves: peligro, por una parte, de aislamiento esterilizador y también, a corto plazo, de desmoronamiento (…) y, por otra parte, peligro de perder su libertad… desgajada del centro (…) quedando sola frente a las fuerzas más diversas de servilismo y explotación”. Además “los cristianos más sencillos, más evangélicos, más abiertos al verdadero sentido de la Iglesia, - continúa Pablo VI- tienen una sensibilidad espontánea con respecto a esta dimensión universal (…) y sufren en lo más hondo de sí mismos cuando, en nombre de teorías que ellos no comprenden, se les quiere imponer una iglesia desprovista de esta universalidad, iglesia regionalista, sin horizontes” .
La afirmación de Pío XII: “Una comunidad cristiana que dona a sus hijos y a sus hijas a la Iglesia no puede morir”.
El espíritu misionero se basa en las virtudes teologales , que abren al cristiano al soplo del Espíritu Santo, en el que se fundamenta la Iglesia. Así, la vocación misionera y el mismo misionero, son el don de la fe – Fidei Donum.
Por analogía, podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que el “triple deber misionero”, desarrollado ampliamente por el autor de la encíclica , es el fruto del Espíritu y se presenta como una manifestación, una exteriorización personalizada de la dilatación del corazón humano. Este triple deber está constituido por la oración, la generosidad y el don de uno mismo. Es necesario precisar que la animación misionera ofrecida en la Iglesia a través de las Obras Misionales se suele articular en estos tres dones, orientaciones y líneas de crecimiento comunitario y personal. El término “ad quo” de la acción misionera, a nivel operativo, es precisamente el don de uno mismo, que expresa el deseo ardiente del Señor: “Nadie tiene un amor más grande que este: dar la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Este don es lo más grande, más grande que todo. “Sal de tu país, de tu familia y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12,1). En pocas palabras, se trata de una vocación muy antigua, que se remonta a Abraham, el Padre de los creyentes.
El don del misionero no pierde su actualidad y necesidad en el mundo de hoy, incluso ocurre lo contrario: cuando “una libre circulación de personas y de bienes” se ha convertido en la regla de la mundialización, los contactos se muestran como una nueva apertura a la catolicidad de la Iglesia. La capacidad de ser corresponsable de toda la Iglesia, se considera como un signo y una prueba de la madurez de las Iglesias particulares, cuando el Cuerpo Místico, edificado de esta forma, alcanza la plenitud de su madurez en Cristo (cf. Ef 4,13). “Si quieres amar a Cristo, decía San Agustín, difunde la caridad por toda la tierra, porque los miembros de Cristo están en el mundo entero” .
El segundo polo, antropológico este, fuente también de motivación, es el estado del mundo. Esta mirada siempre compasiva del Señor la encontramos con frecuencia en el Evangelio: “Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Siento compasión por esta multitud: me siguen desde hace tres días y no tienen nada que comer. No les quiero despedir en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino’” (Mt 15, 32).
“Y decía a las multitudes: ‘Cuando veis una nube aparecer en el horizonte pronto decís: va a llover, y así ocurre. Y cuando sopla el viento del desierto, decís: hará calor, y asi ocurre. ¡Hipócritas! ¿Sabéis juzgar el aspecto del cielo y de la tierra, y no sabéis juzgar este tiempo?”.
De igual forma, la lectura de diversos textos del Magisterio de la Iglesia ofrece un análisis de las situaciones de la humanidad entera, de las gentes de cada continente, país y región.
En ocasiones se habla de las situaciones existenciales de diversas categorías de personas: enfermos, niños, mujeres, profesionales, juventud, etc.
De igual forma la metodología de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes, Luctus et Angor, que desarrolla una doble visión: las luces y las sombras de la situación que se vive.
La primera exigencia que el Señor pone a sus discípulos es la de mirar y saber valorar el ambiente de vida, las fuerzas disponibles, la de estar despiertos y vigilantes y saber leer con inteligencia los signos de los tiempos.
Esta inteligencia caracteriza todo el documento magisterial escrito hace 50 años. En el preámbulo encontramos una mirada lúcida al mundo a evangelizar. Hablando del “fervor apostólico de los cristianos”, el Papa indica las direcciones de su aplicación, también hoy, siempre de actualidad “Oriéntese este fervor hacia las regiones descristianizadas de Europa y hacia las vastas regiones de América del Sur, donde sabemos que las necesidades son grandes; póngase al servicio de tantas importantes misiones de Asia y Oceanía, allí sobre todo donde el campo de lucha sea difícil; sostenga fraternalmente a los miles de cristianos, particularmente amados por nuestro corazón, que son honor a la Iglesia porque conocen la bienaventuranza evangélica de los que sufren persecución por la justicia (Mt 5,10)” .
La atención del documento sobrepasa la noción de misión ligada al territorio o al espacio “canónico” tan conocido de las Iglesias orientales. Pío XII se refiere así a la gente descristianizada, a los que carecen de la justicia y de su dignidad humana, etc., aspecto éste que ha desarrollado después Juan Pablo II . El criterio territorial sigue siendo válido. Afirma el Papa: “el criterio geográfico, aunque no muy preciso y siempre provisional, sigue siendo válido todavía para indicar las fronteras hacia las que debe dirigirse la actividad misionera”. Existen mundos y fenómenos sociales nuevos, existen áreas culturales y areópagos modernos . La Encíclica Fidei Donum alude a este nuevo desarrollo de la conciencia misiológica y a la tendencia al cambio del mundo.
El análisis de la “situación de la Iglesia en África” que nos ofrece la encíclica, si bien histórica, no es por ello menos perspicaz. El Pontífice observa el progreso del Evangelio en el continente, el rápido aumento del número de católicos, la multiplicación de las circunscripciones eclesiásticas y la africanización de los obispos y sacerdotes. “Legiones de apóstoles, sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas y colaboradores seglares, han conseguido tan consoladores resultados” . El Papa no esconde, sin embargo, las difíciles condiciones generales en las que se desarrolla la obra de la Iglesia en África. Sorprende que 50 años después estemos de acuerdo con sus valoraciones: “La mayor parte de esos territorios está pasando por una fase de evolución social, económica y política, que está saturada de consecuencias para su porvenir” . Atribuye al materialismo ateo presente en África “su virus de división, atizando las pasiones, enfrentando a pueblos y razas unos contra otros, aprovechando auténticas dificultades para seducir los espíritus con fáciles espejismos o para sembrar la rebelión en los corazones” . Los últimos años han confirmado plenamente su diagnóstico. Cómo no condividir su parecer cuando afirma que “varias, por otro lado, son las causas de ello: a menudo se trata de causas históricas recientes, y no siempre le ha sido ajena la actitud de naciones que, sin embargo, se glorían de su pasado cristiano” .
Hoy los cristianos del mundo entero se enfrentan a la nueva situación global creada, en su mayor parte, en los países materialmente desarrollados del “primer mundo” que impone los paradigmas y los valores de la ética global, el nuevo sistema ético, esencialmente anticristianos y neopaganos .
El Papa Pío XII escribe al final: “Invocando, pues, sobre las misiones católicas el doble patrocinio de San Francisco Javier y de Santa Teresita del Niño Jesús, la protección de todos los santos mártires y, sobre todo, la poderosa y maternal intercesión de María, Reina de los Apóstoles, dirigimos nuevamente a la Iglesia la imperiosa y victoriosa invitación de su Divino Fundador: Duc in altum! (Lc 5,4)”.
Su sucesor, el siervo de Dios Juan Pablo II, nos introduce en el Tercer Milenio con el mismo llamamiento.
Roma, 19 de mayo de 2007, Fiesta de María, Reina de los Apóstoles.
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viernes, 25 de mayo de 2007
VATICANO - El Mes de María - Santuarios marianos en África (1): Sudáfrica, María Reina Asunta al Cielo y la Patrona del País

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En Sudáfrica los santuarios dedicados a la Virgen María ciertamente no faltan. Algunos de estos lugares han sido incluso gratificados por las apariciones de la Virgen y son así metas de peregrinación conocidas en toda África austral. En 1952, durante un Congreso Mariano que se realizó en Durban (provincia del ZwaZulu-Natal) para festejar el centenario de la llegada de los misioneros Oblatos de María Inmaculada a Sudáfrica, el Arzobispo Martin H. Lucas, entonces “Delegado Apostólico para África del Sur”, proclamó “María Reina Asunta al cielo”, Santa Patrona de la Iglesia Sudafricana.
Entre los santuarios marianos más conocidos de Sudáfrica está el de Nuestra Señora de Ngomé, que se encuentra en la diócesis de Eshowe, en el corazón de la región Zulu (Zoulouland): parece que la Virgen se manifestó a una religiosa benedictina, Suor Reinolda, muerta el 1º de abril de 1981. María es venerada con el título de “María, Tabernáculo del Altísimo”.
Otro santuario mariano bastante conocido de Sudáfrica, en la diócesis de Marianhill, en Natal, es el de la parroquia de Kevelaer, meta de peregrinación anual. Recordamos asimismo en la diócesis de Dundee (al sur de KwaZulu-Natal), el santuario de María Ratschitz. Otro lugar de peregrinación dedicado a la Virgen María en Sudáfrica se encuentra en Tsheseng, en la diócesis de Belén, provincia de Natal. En este santuario María es honrada en modo particular como la Inmaculada Concepción, y la llaman Nuestra Señora de Belén. Siempre en Natal, a unos diez kilómetros de Durban, la parroquia de Ntshongweni ha sido dedicada a “Nuestra Señora Mediadora de todas las gracias”; cada año el 31 de mayo es el día de peregrinación oficial en honor de Nuestra Señora de Ntshongweni. (J.M.) (Agencia Fides 24/5/2007; líneas 20, palabras 292)
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Intervención que presentó el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


“Para que nuestros pueblos tengan vida en El”, Cristo envió a sus apóstoles y discípulos a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. En América Latina desde los inicios de la Evangelización los discípulos y misioneros del Señor han cumplido con este doble mandato ajustándose a las diversas épocas y circunstancias.

En el Mensaje de la Jornada Mundial del Enfermo del año jubilar del 2000, Juan Pablo II describió la salud como la tensión hacia la armonía física, psíquica, social y espiritual, y no tan solo la ausencia de enfermedades, que capacita a la persona a cumplir la misión que Dios le encomienda, según la etapa de la vida que le toca vivir.( Cfr. Juan Pablo II Mensaje para la VII Jornada Mundial del Enfermo, 6.8.1999) Consiste así la salud en procurar la armonía que capacita para cumplir la misión; conlleva combatir las enfermedades, pero no se queda sólo allí; las combate con una finalidad muy definida que es la armonía integral para el cumplimiento de la misión recibida.

Nuestro actual Santo Padre el Papa Benedicto XVI, en diversas ocasiones ha insistido en renovar y profundizar la Pastoral de la Salud. Nos ha invitado a formar las conciencias en este campo y orientar así sobre la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y la vida. Nos ha pedido seguir uniendo a los agentes de Pastoral de la Salud y actualizarlos dentro de la problemática hodierna en el campo científico, técnico, político y moral. En especial nos ha invitado a aplicar su primer Encíclica “Deus Caritas est” y su Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” al mundo de la salud, teniendo como centro la Eucaristía que será, cito “la linfa vital que conforta al que sufre” y da fuerza al agente de Pastoral de la Salud, quien como “Buen Samaritano” opera en este preciado campo de la acción de la Iglesia.

En este contexto, la Pastoral de la Salud rebasa la Pastoral social y va más allá de una beneficencia que se haga ayudando a los enfermos a curarse, es la respuesta a los grandes interrogativos de la vida como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La salud es un tema que hoy en día está en primera línea entre los intereses que mueven al mundo. Sin embargo, su propuesta casi cotidiana a través de los mass media, muestra una salud que no trasciende la armonía física corporal, o quizá psíquica; acentúa además el peligro de las enfermedades emergentes y su posible cura. Se finaliza en la belleza corporal y el goce sin término cerrados en sí mismos. Esta salud se suele proponer sin una finalidad que la trascienda, cerrada en sí misma, destinada por tanto a marchitarse y morir. En este mismo contexto, en la cultura actual no pareciera caber la muerte, y ante su realidad acuciante, simplemente se trata de ocultar.

Abriendo la salud a la armonía integral del hombre, resaltando su tensión hacia la armonía física, mental, social y espiritual, se torna la Pastoral de la salud en un anuncio práctico de la muerte y resurrección del Señor, única verdadera salud. Tiene su sentido último en la Palabra de Dios que se realiza en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y aúna en esta economía sacramental del amor de Cristo, el amor de tantos “buenos samaritanos”, sacerdotes, laicos y profesionales de la salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, administradores de centros de salud y demás personas que se ocupan del ramo, que profesan su fe católica cumpliendo la misión recibida de Cristo de curar a los enfermos.

América Latina y el Caribe cuentan con 32,116 instituciones católicas que se dedican a la Pastoral de la salud (toda Europa cuenta con 35,929). Estos inmensos recursos de evangelización, que recientemente muchas veces hemos descuidado, debiendo aprovecharlos al máximo. Nuestra Quinta Conferencia del Episcopado latinoamericano es para mejorar la vida de nuestros pueblos con la vida misma de Cristo. ¿Qué mejor que mejorar nuestra vida cuando se encuentra más amenazada por el quebranto de la salud, y más aún, qué mejor que mejor que dar a nuestros pueblos la vida de Cristo resucitado venciendo definitivamente la muerte, cuando en la enfermedad parece no haber ninguna solución, especialmente al encontrarnos con los enfermos más desprotegidos?

Permítaseme ahora una breve alusión a un punto urgente: la pandemia mundial del SIDA, que por desgracia en lugar de menguar sigue creciendo. Gracias a Dios nuestros países latinoamericanos y del Caribe no están tan golpeados como otras partes del mundo, pero no por ello no debemos de preocuparnos. De acuerdo al porcentaje de enfermos de SIDA en cada país latinoamericano, según las últimas estadísticas de que disponemos, su lugar por orden descendente de afectación por la pandemia es como sigue: Guyana, Belice, Surinam, Honduras, Panamá, El Salvador, Guatemala, Venezuela, Perú; en seguida, con el mismo porcentaje: Colombia, Argentina y Brasil; luego Paraguay y Costa Rica; después, con el mismo porcentaje, Ecuador, Chile y México; finalmente, Nicaragua y al último, Bolivia. En el Caribe, su lugar, también por orden descendente, es: Haití, Bahamas, Trinidad Tobago, Barbados, Jamaica, República Dominicana y Cuba. En total, afectados por el SIDA en Latinoamérica, 1.565,300 y en el Caribe: 330,000. El porcentaje de enfermos de SIDA en América Latina con relación a su población total es de 0.31%; en el Caribe es de 0.76%.

En números absolutos el país más afectado es Brasil con 620,000 enfermos; el menos afectado es Bolivia con 7000 enfermos. Para tener una visión completa del resto de América, Estados Unidos cuenta entre 1.165,000 y 2.000,000 de enfermos, Canadá con 1,830. Las estadísticas completas las consigno a la Secretaría.
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Informe que presentó monseñor Ignacio Gogorza en nombre de la Conferencia Episcopal de Paraguay ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


El Paraguay y su contexto:
Es un país mediterráneo. Tiene una superficie de 406.752 km² y una población aproximada de 6.000.000, de habitantes, de los cuales son católicos el 87%.

El Paraguay se caracteriza por ser un país rico por la calidad de su gente y por sus recursos naturales, sin embargo, hoy está sufriendo una profunda crisis en los ámbitos; político, económico, social, cultural y moral.

Una serie de factores inciden en esta situación. No obstante, podemos afirmar que los aspectos determinados tienen relación con la corrupción generalizada, tanto en el sector público como en el privado, así como con la falta de confianza en los líderes políticos y en las asociaciones político – partidarias.

Nuestra economía es mayoritariamente dependiente del sector agropecuario. Pero este rubro se encuentra agotado en sus modelos y con poca diversificación, generando una economía inestable.

La inseguridad se ha agudizado en el Paraguay. A la inseguridad ciudadana cotidiana, se suman los hechos de secuestros extorsivos. Por otra parte, la inseguridad política y jurídica impide la inversión nacional y extranjera, tan necesaria para resolver los problemas sociales y económicos de la nación.

La pobreza y la falta de oportunidades y de esperanza en amplios sectores de la población paraguaya, por la falta de políticas públicas que atiendan las necesidades de la gente, profundizan el fenómeno de la migración masiva, interna y externa, con graves consecuencias morales, sociales y económicas para el país. Una de las consecuencias más dolorosas de la migración es la disgregación de la familia.

La vida de la Iglesia en este contexto:
Como se podrá deducir inmediatamente del contexto social, político y económico que se describe, los Obispos del Paraguay, tanto individual como colectivamente, viven inmersos en una realidad que demanda un acompañamiento pastoral muy cercano intenso, con fuerte incidencia en lo social y político, desde la perspectiva del Evangelio y siguiendo las orientaciones de la Doctrina Social de la Iglesia. Esto nos ha ayudado a vivir más la comunión entre los Obispos mediante un diálogo permanente entre nosotros, con el clero y con los fieles.

En este sentido, han sido particularmente importantes para nuestra Iglesia en el Paraguay la visión pastoral y las orientaciones emanadas de las Conferencias Generales del Episcopado latinoamericano en Medellín, Puebla y Santo Domingo, especialmente las dos primeras, cada una en su momento.

Las hemos asumido y hoy venimos a esta V Conferencia trayendo la memoria del rico pasado para proyectar al futuro.

Existe una gran religiosidad popular y mucha participación en los actos litúrgicos que consideramos una riqueza. Creemos, sin embargo, que debemos reorientar y evangelizar a nuestros fieles para que sean discípulos y misioneros de Cristo.

¡Habla, Señor, que tu pueblo escucha!
Los Obispos del Paraguay, reunidos en su 179° Asamblea Plenaria Ordinaria en marzo pasado, han recibido los resultados del emprendimiento Pastoral denominado:! Habla, Señor, que tu pueblo escucha! Las comunidades eclesiales, agentes de pastoral y fieles en general han flexionado a la luz de la Palabra de Dios sobre los problemas y desafíos pastorales para la Iglesia en el Paraguay.

El objetivo del emprendimiento fue recoger la visión y el sentir de los católicos del Paraguay sobre la realidad de su Iglesia, con el fin de elaborar unas Líneas Comunes de Acción Pastoral.

Algunos puntos resaltantes de esta realidad tienen que ver con el acelerado proceso de descristianización de nuestro pueblo, a pesar del alto porcentaje de los que se declaran católicos y a pesar del gran prestigio del que goza todavía hoy la Iglesia Católica en el Paraguay.

Es posible que lo precedente tenga su explicación en el divorcio entre la fe y la vida de los que se declaran católicos, lo que, a su vez revela una débil identidad, fruto de una deficiente evangelización.

La catequesis no ha conseguido que la gente viva las consecuencias de su fe en la vida diaria. Notamos una carencia de formación y de itinerarios formativos para nuestros fieles.

Sobre todo, nos urge profundizar y fortalecer la Pastoral Familiar.

El divorcio entre la fe y la vida lleva muchos católicos a una débil o casi nula conciencia del pecado y de los valores como la honestidad, la veracidad, el respeto al prójimo, a sus bienes y a su vida. Crece el secularismo, el subjetivismo y el relativismo.

Esta situación nos exige una nueva evangelización, que tenga como soporte un clero de calidad, que ama su pueblo, agentes de pastoral bien formados y laicos comprometidos con los grandes y graves desafíos que presenta la realidad paraguaya.

En este contexto, nos anima, nos alegra y nos llena de esperanza el gran número de jóvenes que se preparan para el sacerdocio. Aproximadamente 300, entre religiosos y diocesanos, están formándose en el Instituto Superior de Teología de la Universidad Católica de Asunción. En el mismo sentido nos ilusiona ver a numerosos laicos comprometidos en los distintos movimientos, en la sociedad y en las parroquias. Todos ellos desean una mayor formación para vivir con integridad su vocación y su misión de laicos.

Por ello, el conocimiento y el seguimiento de Jesucristo, con todas sus consecuencias transformadoras en la vida del cristiano y de la sociedad, debe ser fundamento de nuestra Acción Pastoral en el Iglesia en el Paraguay.
Publicado por Desconocido @ 23:45  | Hablan los obispos
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Informe que presentó monseñor Leopoldo José Brenes Solórzano en nombre de la Conferencia Episcopal de Nicaragua ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

Impacto de las Conferencias Generales
Río de Janeiro: Cuando se tenía la preocupación por la falta de sacerdotes, la respuesta fue una renovación y fortalecimiento de la pastoral vocacional, sus frutos el aumento de las vocaciones nativas.

Medellín: Despertó una sensibilización en el magisterio local por los problemas políticos y socio-económicos, poniendo en evidencia la dimensión social del evangelio. Los errores no fue culpa de Medellín.

Puebla: Ayudó a ordenar las malas interpretaciones de Medellín e impulsó la reflexión sobre la verdad de Cristo, de la Iglesia y del Hombre. Estableció las bases de una eclesiología de participación, basada en el Vaticano II.

Santo Domingo: Despertó todo un ardor evangelizador que se manifestó en los nuevos métodos y nuevas experiencias. Se desplegaron iniciativas pastorales mas organizadas a través de las diversas comisiones, ya sea a nivel Nacional, Diocesano y Parroquial..

Expectativas: Esperamos una iglesia que dé respuestas a los retos que presenta el secularismo, el subjetivismo y el relativismo. Se hace necesario un nuevo perfil sacerdotal latinoamericano, volviendo a la lectura orante de la Biblia y potenciando la catequesis para lograr la tan anhelada misionariedad y ministerialidad de la iglesia.
Publicado por Desconocido @ 23:41  | Hablan los obispos
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Obispo de Jalapa, Guatemala, presidió la Celebración Eucarística en lengua española este viernes, debido a la ausencia por enfermedad de Monseñor Álvaro Leonel Ramazzini Imeri, Obispo de San Marcos, Guatemala.


Homilía de Mons. Álvaro Leonel Ramazzini Imeri - 25 de Mayo de 2007


(Fue leída, en ausencia de por enfermedad,
por Mons. Julio Cabrera, Obispo de Jalapa, Guatemala)


Hermanos y hermanas:

Por mi medio, Mons Álvaro Ramazini los saluda y se excusa por no poder presidir esta Eucaristía, por razones de salud. Él ha escrito esta homilía que yo comparto hoy con ustedes.

Tres veces pregunta Jesús a Pedro si lo ama. Tres veces Pedro responde que sí, reparando así su triple negación durante la Pasión del Señor. Las preguntas vienen después que el Señor les ha preparado unas brasas, un pez sobre ellas y pan.

Es Pedro mismo quien ha sacado la red a tierra llena de 153 peces grandes, símbolo de los futuros discípulos de Jesús. Este pasaje se ha interpretado normalmente en referencia personal a Pedro, y se ha singularizado su aplicación a su sucesor, el Papa. Sin embargo, nada impide ver en estas declaraciones de amor, a las que sigue el encargo de Jesús a Pedro de cuidar y apacentar sus ovejas, el fundamento del ministerio pastoral en la Iglesia, comenzando por el ministerio episcopal.

Nuestro ministerio se funda en un discipulado de amor. La historia de nuestras vidas como pastores es una historia de amor entre cada uno de nosotros y Aquél que nos conocía antes de haber sido formados en el seno de nuestras madres. Ésta es también la historia de la vocación a la vida consagrada.

Nuestras vidas encuentran su sentido más profundo en el amor total, incondicional, a Aquél que nos amó primero dando su vida en la cruz. Lo amamos porque Él nos ama y la medida de su amor es amarnos sin medida. Éste es el fundamento de la vida cristiana.

Hemos venido a Aparecida porque queremos decirle al mundo entero que estamos convencidos que solamente la sabiduría y la fuerza del amor, que es Dios mismo, reorientará el rumbo de la historia, y vencerá el odio, la violencia, la injusticia y la mentira. Pero el mundo de hoy, más que palabras, necesita de hechos. Ya lo dice el refrán: “obras son amores y no buenas razones”. Y ahí entramos nosotros.

Como cristianos, y como obispos, o presbíteros, o personas de la vida consagrada, nuestra condición de discípulos nos exige ser testigos del amor de Dios prologando su amor en la historia, especialmente hacia los más pobres y marginados. O, como escuchábamos en una de las intervenciones, nuestro amor a aquéllos que ya no solamente son excluidos, sino totalmente considerados como sobrantes, ya que no cuentan para nada.

Hoy, como a Pedro, el Señor nos pregunta: “¿me amas?”. Con toda modestia, sabiéndome el más indigno de todos, permítanme que comparta con ustedes algunos puntos de referencia para dar una respuesta honesta al Señor.

Si seguimos manteniendo en nuestras relaciones interpersonales el formalismo y el protocolo de los títulos en lugar del protocolo de la hermandad verdadera, llamándonos de corazón “hermanos”, “amigos”, ¿podemos decirle al Señor que lo amamos?

Si no ayudamos a resolver el problema de la grave e injusta distribución del clero en nuestras iglesias particulares, ¿podemos decirle a Jesús que lo amamos porque creemos que en la Eucaristía Él actualiza el misterio de su pasión, muerte y resurrección, y queremos que a nadie falte la posibilidad de participar en ella?

Si no nos comprometemos activamente en ayudar a eliminar las causas por las cuales millones de personas mueren de hambre o de frío, o viven en condiciones inhumanas, o tienen que emigrar a otros países porque en el propio no encuentran lo que necesitan para vivir dignamente, ¿podemos decirle a Jesús que lo amamos?

Si somos rígidos y duros en nuestros juicios contra aquellos que consideramos pecadores, heterodoxos, y los condenamos y discriminamos; si hacemos del monólogo nuestra herramienta preferida; si vemos la realidad del mundo desde el castillo de nuestra verdad sin animarnos a bajar a la llanura del sufrimiento y la desesperanza de conocidos y extraños, ¿podemos decirle a Jesús que lo amamos?

La radicalidad de nuestras opciones, vividas día a día en el estilo de Jesús delante de los tantos desafíos y retos que el momento actual nos presenta, es la medida de nuestro amor hacia Él.

Jesús termina anunciándole a Pedro que cuando sea viejo lo atarán y lo llevarán donde él no quiere. Le deja la consigna de “Sígueme”. El pastor sigue a Jesús porque lo ama, y lo sigue también como discípulo para aprender a ser pastor como él. Como hizo Pablo, prisionero por Cristo delante de Festo, de Agripa y Berenice.

Para Pablo, como para otros muchos testigos de la fe en nuestro querido continente, incluidos aquellos obispos que dieron su vida por Él - y quisiera recordar hoy de manera especial a dos obispos centroamericanos, Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Monseñor Juan Gerardi Conedera -, su vida fue Cristo, y por Él dieron su vida.

Jesús nos dé la fuerza para hacer lo mismo.
Publicado por Desconocido @ 23:37  | Homilías
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jueves, 24 de mayo de 2007
Jaime Nubiola
Profesor de Filosofía30 de abril de 2007 La Gaceta de los Negocios (Madrid)


No es infrecuente escuchar que la culpa de los males que en el siglo XX han afligido a la humanidad se encuentra en la filosofía moderna, sea por el individualismo de Descartes, el colectivismo de Marx o el nihilismo de Nietzsche. Quienes hacen afirmaciones así suelen añadir que el problema más grave del momento presente es que la cultura ha adoptado una mala filosofía, un sistema erróneo de pensamiento. Esta posición resulta relativamente cómoda, pues traslada la solución de los problemas al trabajo de unos especialistas, los filósofos, que son quienes deberían proporcionar las soluciones, mientras que se estima que el individuo de a pie lamentablemente no puede hacer nada.

Sin embargo, esta manera de enfocar las cosas, de considerar que hay filosofías buenas y malas como si fueran mantelerías de fiesta o de diario, colonias de lujo o a granel, no es la mejor manera de abordar esta cuestión crucial. No es que no sepamos lo que nos pasa, como decía Ortega, ni tampoco que pensemos mal o que hayamos optado por una mala filosofía. Lo que nos pasa es más bien que en nuestra sociedad se ha renunciado a pensar. Quien se para un momento a reflexionar advierte de inmediato que en la aldea global cualquier forma de pensamiento libre y creativo ha caído víctima del ensordecedor ruido general. Aquello que escribió Pascal de que “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse a solas en su habitación” es ahora más verdad que nunca.

Pensar es difícil. No proporciona una gratificación instantánea como la mayor parte de las cosas que consumen los jóvenes. Quien piensa es considerado a menudo como un ser extraño, como un extraterrestre. Precisamente somos los filósofos quienes tenemos como profesión recordar a la humanidad que no se puede vivir sin pensar, que no podemos trasladar nuestras decisiones a otros, sean las modas, las mayorías o la tradición. Sócrates, el primero de los filósofos, se veía a sí mismo como un tábano puesto sobre su ciudad, Atenas, para que no se amodorrara. Su tarea era enseñar a pensar con libertad. "Más vale padecer el mal que cometerlo", decía, y afirmaciones como ésta le llevaron a ser condenado a muerte. Posiblemente nunca ha estado de moda pensar.

La conflictividad es un rasgo inevitable de la convivencia humana en todos sus niveles: desde la familia hasta la comunidad internacional, pasando por la comunidad de vecinos, la organización profesional o, por supuesto, el Parlamento de una sociedad democrática. Muchos renuncian a pensar precisamente para evitarse conflictos: basta con hacer lo que hace la mayoría. "Lo hacen todos" es el argumento moral definitivo en favor de una posición cualquiera porque nos exime de pensar. Cuando en mi infancia usaba yo este argumento ante mi madre, ella siempre me respondía con enorme convicción "¿si todos se tiraran por la ventana, tú te tirarías?". Ante esa pregunta, yo me asomaba tímidamente a la ventana para mirar, "por si acaso" –decía–, pero sólo llegué a entender la fuerza de su argumento muchos años después.

Lo importante era la convicción de mi madre y quizá se encuentre en ella el origen de mi vocación filosófica. Sólo vale la pena dialogar –como ha escrito Rhonheimer– "donde las convicciones se toman en serio, como expresión de la convicción subjetiva de que la propia convicción corresponde a la verdad". Mi madre me daba sus razones porque estaba convencida de la verdad de su posición, pero sobre todo porque quería enseñarme a pensar por mi cuenta. Transferir las decisiones personales a "lo que hacen todos" equivale a tirarse por la ventana, esto es, a dejar de pensar.


Publicado por Desconocido @ 23:29  | Artículos de interés
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Intervención en Asamblea Plenaria de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe

Horacio Valenzuela A, Obispo de Talca, Chile


Quisiera hablar de la necesidad de un nuevo lugar de nuestros santos en nuestra acción evangelizadora. Hablar de la “nube de testigos” como lugar teológico, como lugar donde se comprende, se nutre y crece la Iglesia. Quiero destacar a nuestros santos como lugar en que se ha desplegado con extraordinaria pertinencia , riqueza y cercanía, la acción salvadora de Jesucristo. Ellos son el fruto más precioso de la Evangelización en nuestro continente Nuestra América Latina está sembrada de testimonios de hombres y mujeres que han sido heroicos discípulos y misioneros de Jesucristo y que fueron y son promotores de su Vida Nueva.

Parece necesario hoy volver a mirar nuestros santos como una irrupción de Dios en la historia concreta de nuestros pueblos. Hasta ahora, me parece, no han tenido el lugar que les corresponde en nuestra vida pastoral ordinaria . No han tenido protagonismo suficiente en nuestra acción pastoral “más oficial “ . Hemos subrayado los favores de los santos, que son importantes, pero hemos obscurecido a los santos que están detrás de los favores …dejándolos sólo en el ámbito –necesario por cierto - de la piedad y la devoción.
Me parece que habría que incorporarlos a nuestra vida espiritual y pastoral, para favorecer “una nueva amistad con los santos” . Ellos, rezamos en la liturgia, “fecundan y renuevan la vida de la Iglesia“.

Al hablar de los santos, el Concilio Vaticano II enseña que Dios manifiesta su presencia y su rostro de modo vívido en aquellos que se han dejado transformar a imagen de Cristo, y que, en este mundo cambiante, los santos son un camino seguro a la unión con Cristo (cf. Lumen Gentium VII, n° 50). Dios nos revela, entonces, algo de sí mismo en la vida de los santos y, por ello, podemos decir que, en cierto sentido, el santo es un lugar teológico y uno de los más elocuentes signos de los tiempos. Tanto la teología como nuestra propia experiencia pastoral, nos enseñan que los santos no tienen un lugar \'optativo\' en la vida cristiana, sino que manifiestan el carácter concreto de la revelación, de modo particular los más cercanos por cultura y época, actualizan para nosotros la revelación de Dios en la historia y le otorga carne y sangre al Evangelio. Guiado por esta convicción, he querido estructurar esta breve exposición en referencia a San Alberto Hurtado, un sacerdote chileno recientemente canonizado por su Santidad Benedicto XVI.

La Síntesis de los aportes recibidos para la V Conferencia, en el nº 15, nos habla de una «alternativa crucial».El Santo Padre nos ha hablado de “nueva encrucijada”. Y la solución a esta encrucijada es «el encuentro vivificante y transformador con Cristo». Para esto, es necesario renovar la visión de fe sobre nuestra vida, la Iglesia y el mundo.

Unas proféticas e incómodas palabras de San Alberto Hurtado nos iluminan: «Hasta los cristianos –nos incluimos los pastores– A fuerza de respirar esta atmósfera estamos impregnados de materialismo, de materialismo práctico. Confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida de cada día está lejos de Él. Nos absorben las mil ocupaciones... nuestra vida de cada día es pagana. En ella no hay oración, ni estudio del dogma, ni tiempo para practicar la caridad o para defender la justicia. La vida de muchos de nosotros ¿no es, acaso, un absoluto vacío? ¿No leemos los mismos libros, asistimos a los mismos espectáculos, emitimos los mismos juicios... que los ateos?» (1).

Estas palabras son un llamado a renovar nuestra visión de fe, a mirar la vida a la luz de la fe y a la luz de la eternidad. A planificar y evaluar nuestras actividades pastorales con criterio de fe (no empresarialmente). A confiar en la oración que, como lo ha dicho recientemente el Papa Benedicto, «no es algo accesorio, algo opcional; es cuestión de vida o muerte» (2) . Que nuestros planes pastorales cuenten con la acción de Dios al punto de que sin ella sean un fracaso. El Santo Padre Benedicto XVI nos advierte …

«Aquí se ve claro el núcleo de la tentación: Quitar a Dios… poner orden en el mundo, por nosotros mismos, sin Dios; contar solamente con nuestra propia capacidad; reconocer como verdaderas sólo las realidades políticas y materiales, y dejar a Dios a parte, como una ilusión, ésta es la tentación que nos amenaza en múltiples formas» (J. Ratzinger - Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, Rizzoli 2007, p. 50).

Es necesaria la visión de fe porque el fin que persigue la Iglesia es sobrenatural, y hay, por tanto, una insalvable desproporción entre la misión de la Iglesia y nuestras capacidades. De ahí que los medios humanos en sí mismos son, por definición, insuficientes. Cuando una Empresa inicia una campaña publicitaria, si dispone de recursos, cuenta con medios proporcionados para realizar lo que se propone; pero la misión de la Iglesia es la de ser sacramento de Cristo y del Espíritu, lo que supera todas las capacidades humanas.

¿Significa esto que para vivir en la fe no hay que valerse de medios humanos? De ningún modo. Se trata de poner nuestra esperanza en la acción de Dios y, a la vez, ofrecer toda nuestra colaboración humana a la acción divina. En otras palabras, ofrecer toda nuestra activa y creativa colaboración a la obra de Dios, que sabemos que supera absolutamente nuestras propias capacidades. Esta es la experiencia de los santos.

Estas afirmaciones están muy arraigadas en la revelación pero no siempre encuentran acogida en las dinámicas pastorales de nuestras diócesis. Muchas veces trabajamos como si la evangelización fuera una empresa humana. En palabras del Padre Hurtado, debemos trabajar al ritmo de Dios, en una perfecta sincronización con la voluntad del Padre, ni más lento ni más rápido, puesto que nuestra acción llega a ser dañina si rompe su unión con Dios (3).

Comentando la multiplicación de los panes, San Alberto Hurtado se complace tanto en destacar la pobreza como en insistir en la necesidad de los panes y de los pescados, sólo así Jesús alimenta la multitud. Los panes estaban duros y los pescados, machucados y descompuestos, pero eran necesarios para que el Señor saciara la muchedumbre (4). Ésta es la dinámica de la Eucaristía que es fuente y cumbre, puesto que no sólo manifiesta sino que causa la comunión y le otorga a la vida humana su «forma eucarística»(5).

El Padre Hurtado comprendió su vida sacerdotal como una entrega eucarística. En unión con Cristo, ofreció creativamente todas sus capacidades humanas al servicio de los demás: trabajó con los pobres, estudió las causas de la injusticia, llamó a los universitarios a buscar soluciones estructurales a los desórdenes de la sociedad y a los trabajadores a participar en su propia elevación...Su pasión por Cristo y su Reino, su amor al la Virgen María y a los pobres suscitó numerosas vocaciones .Todo lo vivió como prolongación de la Eucaristía, siempre apoyado en la oración y en plena fidelidad a la enseñanza de la Iglesia. Unos apuntes revelan su secreto: «Hacer de la Misa el centro de mi vida. Prepararme a ella con mi vida interior, mis sacrificios, que serán hostia de ofrecimiento; continuarla durante el día dejándome partir y dándome... en unión con Cristo. ¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!»(6).

Sólo la visión de fe impulsa a reconocer a con radicalidad a Cristo en cada hombre, en especial los más pobres, y es capaz de sostener una entrega tan generosa, profunda y constante como la de San Alberto Hurtado. Sólo la visión de fe logra la síntesis entre la radical entrega de sí mismo y la plena confianza en la acción de Dios, evitando así tanto el quietismo como el pelagianismo.

El encuentro personal con Jesucristo, única solución a la «alternativa crucial» que enfrenta hoy la Iglesia latinoamericana, no será el resultado de una calculada estrategia humana, sino el don gratuito de Dios a una Iglesia renovada en la fe, consciente de la insuficiencia de sus propias capacidades y entregada eucarísticamente a imagen de Aquel «que no vino a ser servido sino a servir». Con esta esperanza se puede mirar el futuro con un renovado optimismo cristiano.

La acción de Dios en la historia tiene su cumbre en la Encarnación. El diálogo de la Anunciación se muestra como el paradigma del actuar de Dios y, por tanto, el modelo perfecto de la acción eclesial. Como lo destacó el Documento de Puebla, y es oportuno recordarlo en esta casa de María Aparecida; la virginidad de María es total disponibilidad que sólo se vuelve fecunda por obra del Espíritu (7). La Madre de Jesús colabora activa y plenamente y, por ello, posibilita la acción divina, que no se realiza sin su cooperación, pero ella sabe que su colaboración sólo es fecunda por la acción gratuita e incondicionada de Dios. La maternidad de la Iglesia siempre será virginal, dada la absoluta desproporción entre nuestros propios medios y la fecundidad de la Iglesia.

La devoción a María Santísima, tan arraigada en nuestro continente, es promesa y prenda de que nuestra acción eclesial tendrá siempre como modelo a aquella que se ofreció sin límites y en quien Dios hizo obras grandes.

“Conscientes de esta presencia del Resucitado entre nosotros, nos planteamos hoy la pregunta dirigida a Pedro en Jerusalén, inmediatamente después de su discurso de Pentecostés: « ¿Qué hemos de hacer, hermanos? » (Hch 2,37).

Nos lo preguntamos con confiado optimismo, aunque sin minusvalorar los problemas. No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!

“No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz. “ ( NMI 29 )

“La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia. “ ( NMI 31)

El papa Juan pablo II propuso siete prioridades pastorales para este tiempo de inicios del nuevo milenio : santidad, oración, Misa Dominical, Sacramento de la Reconciliación, primacía de la Gracia , escucha de la Palabra y anuncio de la Palabra.

NOTAS

(1) La búsqueda de Dios. Conferencias, artículos y discursos pastorales del Padre Alberto Hurtado, S.J. Escritos inéditos del Padre Hurtado, vol. 4. Santiago 2005, p. 124.
(2) Benedicto XVI, palabras después del rezo del Ángelus, 4 de marzo 2007.
(3) Cf. La búsqueda de Dios, pp. 19-22.
(4) Cf. Un disparo a la eternidad. Retiros espirituales predicados por el Padre Alberto Hurtado, S.J. Escritos inéditos del Padre Hurtado, vol. 1, Santiago 2002, pp. 136-137.
(5) Cf. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, nnº 70; 76; 80-82.
(6) La búsqueda de Dios, p. 216.
(7) Puebla 294. «[María] nos enseña que la virginidad es un don exclusivo a Jesucristo, en que la fe, la pobreza y la obediencia al Señor se hacen fecundas por la acción del Espíritu».
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VATICANO - AVE MARIA por don Luciano Alimandi - María, “Mujer” del Espíritu

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En el período entre la Ascensión y Pentecostés la Iglesia invita a los fieles a detenerse en oración en el Cenáculo, en modo particular ante Jesús Eucaristía, para prepararse a acoger al Espíritu Santo “en unión espiritual con la Virgen María”, como el Santo Padre Benedicto XVI afirmó recientemente en el Ángelus del 20 de mayo de 2007.
El mes de mayo, dedicado a María, nos ayuda a entrar con mayor intimidad en comunión con la Virgen, que tiene una relación totalmente única con el Espíritu Santo, porque es Él el que se posó sobre Ella, cuando “extendió sobre Ella su sombra la potencia del Altísimo” (Lc 1, 35) para obrar el más grande milagro de la salvación: la Encarnación del Verbo.
Escribe Montfort a propósito de este sublime misterio: “el Espíritu Santo, que es estéril en Dios, es decir que no da origen a otra persona divina, se hizo fecundo por medio de María a quien esposó. Con ella, en ella y por ella Él ha realizado su obra maestra, que es un Dios hecho hombre, y todos los días, hasta el fin del mundo, dona la vida a los predestinados y a los miembros del cuerpo de esta Cabeza adorable. Por lo tanto, cuanto más el Espíritu Santo encuentra a María, su esposa querida e indisoluble, en un alma, tanto más se esfuerza por formar a Jesucristo en esta alma y a esta alma en Jesucristo” (TVD n. 20). Así también, otro gran santo, el franciscano Maximiliano María Kolbe, afirmaba: “el Espíritu Santo, el divino Esposo de la Inmaculada, actúa solamente en Ella y a través de Ella, comunica la vida sobrenatural, la vida de la gracia, la vida divina, la participación al amor divino, a la divinidad” (SK 1326).
Dichas expresiones pueden ser comprendidas únicamente a la luz del misterio de la Encarnación, cuando Dios entró en el mundo y en la historia uniéndose esponsalmente a una creatura querida por Él Inmaculada: “te haré mi esposa para siempre, te haré mi esposa en la justicia y en el derecho, en la benevolencia y en el amor” (Os 2,21).
El vínculo entre el Espíritu Santo y la Virgen María debe ser profundizado por todo cristiano, sobre todo en este especial tiempo de preparación a Pentecostés, a una nueva efusión del Amor de Dios que, junto a María, quiere reproducir en nuestras almas el milagro de una “encarnación mística”, como la llamaba la mística mexicana Concepción Cabrera de Armida.
El único objetivo de nuestra vida, efectivamente, es justamente el de la plena conformación a Jesús, a través de un progresivo camino de conversión actuado por el Espíritu Santo, que nos hace subir cada vez más alto, ¡para llegar a vivir a Cristo!
Descubrir el vínculo que une María al Espíritu Santo dona a nuestra vida un empuje inexpresable, porque entramos en sintonía con el potente misterio de la Encarnación de Dios, del que surge nuestra salvación. Entrar en unión espiritual con la Virgen María, en esta dimensión del Amor trinitario, significa encontrar la clave para acceder al más profundo conocimiento de Jesús: ¡Fruto del Espíritu Santo en María!
El Magisterio Pontificio ha presentado al creyente varias veces esta unión indisoluble entre el Amor eterno del Padre y la Virgen Madre, mostrándolo como un vínculo esponsal. Por ejemplo Paolo VI, en la Exhortación apostólica “Marialis cultus”, recuerda como algunos santos Padres y escritores eclesiásticos, “vieron en la misteriosa relación Espíritu-María un aspecto esponsalicio, descrito poéticamente por Prudencio: ‘la Virgen núbil se desposa con el Espíritu’” (MC, n. 26). En la Redemptoris Mater, el Siervo de Dios Juan Pablo II, reafirmaba claramente que, cuando el Espíritu descendió sobre María en la Anunciación, ella “se convirtió en su fiel esposa” (RM n. 26). Tantos santos y beatos, innumerables fieles la han invocado y la invocan con el título “esposa del Espíritu Santo”, viendo en María la “esposa de Dios”, es decir la que es “toda de Dios”, siempre e incondicionalmente fiel a su Amor. También nosotros no nos cansamos de invocar la venida del Paráclito a nuestros corazones y mirando a la Inmaculada repitamos: ¡“Ven Espíritu Santo, ven por María”! (Agencia Fides 23/5/2007; líneas 48, palabras 711)



Publicado por Desconocido @ 23:08  | Espiritualidad
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Información recogida en folleto divulgativo de la labor de los Misioneros Paúles en Honduras.

El anuncio de la
Buena Nueva
del Evangelio
constituye la razón de ser
de la Iglesia y
de cada uno de los misioneros



PARA ANUNCIAR LA BUENA NUEVA DEL EVANGELIO la Iglesia cuenta con los misioneros, llegados desde otros países, pero también y muy especialmente con los cristianos de cada lugar, de cada aldea, de cada comunidad.

LOS DELEGADOS DE LA PALABRA son hombres y mujeres que, formando su propia familia y trabajando como sus vecinos, han asumido la responsabilidad de acercar el Evangelio a las personas, a las familias, a las comunidades.

LLAMADOS CON DIVERSOS NOMBRES, según los lugares, los Delegados de la Palabra reúnen a la comunidad cristiana del barrio o de la aldea, cada domingo, para celebrar el Día del Señor y acoger la Buena Nueva.

LOS DELEGADOS DE LA PALABRA están atentos a las condiciones en que viven las familias y animan el compromiso de sus vecinos para formar verdaderas comunidades cristianas.
LOS DELEGADOS DE LA PALABRA apoyan la formación en la fe, la catequesis; preparan para la celebración del bautismo y de los demás sacramentos.

PARA SU PROPIA FORMACIÓN, LOS DELEGADOS DE LA PALABRA se reúnen cada mes en la parroquia (más de 100 en la parroquia de Puerto Cortés; 80 en la parroquia de Cuyamel), muchas veces después de caminar durante varias horas.

SIN LOS DELEGADOS DE LA PALABRA, teniendo en cuenta la dispersión geográfica y la realidad eclesial y pastoral de países como Honduras, la Iglesia no podría cumplir con su misión de proclamar el Evangelio a todos los pueblos.

Para anunciar la Buena Nueva del Evangelio, los misioneros
Se ponen en camino Se acercan a las personas, en sus aldeas
Respetan sus culturas y valores.

Forman comunidades Promueven el desarrollo de las personas en salud, educación, vivienda, organización solidaria

Celebran la vida en los sacramentos.

Animan el compromiso de los cristianos.


Publicado por Desconocido @ 23:00  | Misiones
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Colocamos a continuación el SUBSIDIO LITÚRGICO enviado por la Vicaría de Asutos Religiosos de la Diócesis de Tenerife.

MONICIÓN DE ENTRADA

En este Domingo la Iglesia celebra la fiesta solemne de la Santísima Trinidad, misterio central de nuestra fe en el que se fundamenta toda la vida cristiana. El Misterio de Dios se hace cercano en el testimonio de cuantos,le buscan «no ante-poniendo nada al amor de Cristo».

Precisamente en este marco litúrgico, hoy también recordamos a aquellos que en la Iglesia son llamados a la vida contemplativa: hombres y mujeres que dejando la vida según el mundo, se dedican totalmente a Dios.

Al conciliar armónicamente la vida interior con el trabajo en el compromiso evangélico por la conversión de las costumbres, y la asidua dedicación a la meditación de la Palabra, la celebración de la liturgia y la oración, los monasterios han sido y siguen siendo, un lugar acogedor para quienes buscan a Dios y las cosas del espíritu, auténticas escuelas de fe en el corazón de la Iglesia y del mundo,


PRECES

[A las preces completas de la Solemnidad, se propone añadir estas tres específicas]

• Por los monjes y monjas contemplativos, para que el vigor de su vida espiritual, consagrada a Dios en la Iglesia sea testimonio ante el mundo del poder de la gracia y la actualidad del Evangelio. Oremos.

• Por las familias, para que sean auténtica escuela de fe donde los niños reciban el alimento de la vida cristiana, y por todos los jóvenes a quienes Dios llama a la consagración religiosa, para que acojan con gozo este don y sigan a Jesucristo con generosidad y radicalidad. Oremos.

• Por quienes estamos participando en esta celebración, para que, aumentando en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, sepamos testimoniar y transmitir los valores evangélicos con el ejemplo de la propia vida. Oremos.


MONICIÓN DE ENVÍO

Con gozo hemos celebrado los misterios de nuestra fe. Como Pueblo de Dios convocado a edificar su Reino, nos unimos a todos los hermanos y hermanas que viven en contemplación, desde el silencio y soledad de sus monasterios, damos gracias a la Santísima Trinidad por el don de sus vocaciones, y junto con ellos avivamos en nosotros el deseo de vivir en santidad confesando nuestra fe para que el mundo conozca el Amor divino.
Que la Virgen María, «primera discípula», nos guíe y acompañe.


Publicado por Desconocido @ 22:49  | Liturgia
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El Vicario Episcopal de Tenerife para los religiosos envía la siguiente carta a las parroquias:

Estimados hermanos/as en Cristo:

El Domingo de la Santísima Trinidad (3 de Junio), la Iglesia celebra la Jornada "Pro Orantibus", la Jornada por aquellos las que oran constantemente por la Iglesia y por la Humanidad.

Objetivos de este día:



1. Oración a favor de los religiosos y religiosas de vida contemplativa, como expresión de reconocimiento, estima y gratitud por lo que representan ellos y ellas, y el rico patrimonio espiritual de sus institutos en la Iglesia.

2. Catequesis para dar a conocer la vocación específicamente contemplativa, tan actual y tan necesaria en la Iglesia.

3. Reflexión:

• Los monasterios han sido y siguen siendo, en el corazón de la Iglesia y del mundo, un signo elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes buscan a Dios y las cosas del espíritu, escuelas de fe y verdaderos laboratorios de estudio, de diálogo y de cultura para la edificación de la vida eclesial y de la misma ciudad terrena, en espera de aquella celestial.

• Los Institutos orientados a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura.

En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración., la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios.

4. La coleca "Pro Orantibus" se ha ce el día 27 de Mayo.

Le saluda cordialmente

Ismael Rodríguez Hernández
Vicario Episcopal para los Religiosos


Publicado por Desconocido @ 22:44  | Comunicados Diocesanos
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miércoles, 23 de mayo de 2007
ZENIT pblica el saludo a la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que dirigió en nombre del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar, su segundo vicepresidente, monseñor Francisco João Silva, obispo de Chimoio (Mozambique).


Señor Cardenal Presidente del CELAM, Eminencias, Excelencias, Reverendísimas, Apreciados invitados especiales, Reverendos sacerdotes, Hermanos y Hermanas, caros todos que participáis en esta augusta Conferencia,

¡Traigo saludos fraternos de la Iglesia de África para la Iglesia hermana de América Latina y de las Islas Caribeñas! ¡Qué la gracia y la paz del Señor sean la palanca y el sustentáculo de toda la vida de sus respectivos pueblos!

¡La invitación que el Señor Presidente de la Conferencia Latinoamericana (CELAM) dirigió a su homólogo, Presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SCEAM/ SELLAN) fue recibido con júbilo y aceptado de todo el corazón!

Primero, porque la Iglesia en África vio en esa invitación no solo una señal, sino sobretodo una vivencia concreta de aquello que propiamente caracterizaba la Iglesia, a saber, la comunión.

Segundo, la Iglesia en África vio en esa invitación una voluntad de querer dar más un paso en la implementación de aquello a lo que nos propusimos en el año 2000, cuando SCEAM/ SELLAN y CELAM se reunieron en Maputo, Mozambique, para reflexionar sobre la "Paz como Fruto de la Reconciliación". Pues, decíamos en esa cultura, que había toda una necesidad del CELAM y SCEAM/ SELLAN intensifiquen entre sí una sólida y coordenada colaboración apostólica. Por eso, hoy decimos: "gracias al CELAM por el empeño que está demostrando en la búsqueda del ideal al que nos comprometimos hace siete (7) años".

Bien, quien debería estar aquí representando al SCEAM/ SECAM es su Presidente, su Eminencia el Señor Cardenal Policarpo Pengo, Arzobispo de Dar-Es-Salaam, Tanzania. A la última hora, recibí la noticia de que él me pedía, como uno de sus Vicepresidentes, que le representar en esta augusta Asamblea. En respuesta, dije que ya tenía un viaje a Brasil, pero para una misión diferente. Sin embargo, me ofrecí para representarlo en la Misa inaugural, en la sesión de apertura y en las otras sesiones, cuando el programa de la otra misión me lo permitiese. Por eso, pido a que no vengan a extrañar mis ausencias.

Quiero terminar, felicitando al CELAM por el tema escogido para ésta V Conferencia: "Discípulos y Misioneros en Jesucristo, para que en él nuestros pueblos tengan vida" - "Soy el camino, la verdad y la vida" (Jo 14, 16)

A la primera vista, el tema no parece tener nada de nuevo, pues por definición, todo el cristiano debería ser un discípulo y misionero de Jesucristo. Pero, quizá sea precisamente en este aspecto paradójico que el tema encuentra toda su fuerza. Porque, si por un lado, todo cristiano debería ser discípulo de Jesucristo, por otro, es también un hecho que ni todos los que hicieron parte de las multitudes que andaban detrás de Jesús eran verdaderos discípulos suyos. Unos, hallando demasiado duro el lenguaje de Jesús, desistieron y no anduvieron más con Él (cf. Jn 6, 60-66). El discípulo y misionero de Jesucristo es aquél que se empeña en la escucha de su Palabra, sigue sus pisadas, carga su cruz todos los días, busca romper radicalmente con todo lo que es efímero y se coloca a la entera disponibilidad de la Voluntad de Dios. Pero el discípulo no se queda ahí. La escucha de la Palabra y la experiencia de la vida de Jesús, lo impelen a transmitirlas a los demás. Por eso para mí, ser discípulo y misionero de Jesucristo, se condensaría en el resultado de aquel diálogo que Jesús tuvo con la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob, pues constatamos en el Evangelio que, después de haber hablado con Jesús, la mujer dejó el balde, fue a la ciudad y dijo a las personas: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho ¿Será qué él no es el Mesías?... Los samaritanos entonces fueron al encuentro de Jesús y le pidieron que se quedase con ellos. Y Jesús se quedó ahí dos días. Muchas otras personas creyeron en Jesús al oír su Palabra. Y decían a la mujer: ‘ya no creemos a causa de aquello que usted dijo. Ahora, nosotros mismos oímos y sabemos que éste es, de hecho, el Salvador del Mundo'" (Jn 4, 29-42). ¡Ojalá qué vuestras ponderaciones permitan hacer con qué la evangelización en América Latina, en las Islas Caribeñas y, eventualmente, en el mundo entero pueda tener éxito semejante a aquel que tuvo el testimonio de la sencilla mujer samaritana! Éste, Eminencias, Excelencias, Reverendísimas y vosotros todos qué participáis en esta augusta Conferencia, es el grande voto de la Iglesia Hermana de África.

¡Qué Dios os asista a lo largo de todo el trabajo!

Aparecida, el 14 de Mayo de 2007
+ Francisco João Silva
Obispo de Chimoio y 2º Vice-Presidente de la SCEAM/ SECAN
Publicado por Desconocido @ 23:51  | Hablan los obispos
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ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general del miércoles, 23 de Mayo de 2007, dedicada a hacer un balance de su visita apostólica a Brasil.

Queridos hermanos y hermanas:

En esta audiencia general quisiera recordar mi viaje apostólico a Brasil del 9 al 14 de este mes. Después de dos años de pontificado, finalmente he tenido la alegría de visitar América Latina, a la que tanto quiero, y donde vive, de hecho, una gran parte de los católicos del mundo.

La meta fue Brasil, pero he querido abrazar a todo el gran subcontinente latinoamericano, pues el acontecimiento eclesial que me ha llamado para ir hasta allí ha sido la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Deseo renovar mi profunda gratitud por la acogida recibida a los hermanos obispos, en particular a los de Sao Paulo y de Aparecida. Doy las gracias al presidente de Brasil y a las demás autoridades civiles por su cordial y generosa colaboración. Con gran afecto, doy las gracias al pueblo brasileño por la calidez con la que me ha acogido --era verdaderamente conmovedora-- y por la atención que ha dedicado a mis palabras.

Mi viaje ha tenido ante todo el valor de un acto de alabanza a Dios por las «maravillas» obradas en los pueblos de América Latina, por la fe que ha animado su vida y su cultura durante más de quinientos años.

En este sentido, ha sido una peregrinación que ha tenido su momento culminante en el santuario de la Virgen Aparecida, patrona principal de Brasil. El tema de la relación entre fe y cultura ha sido siempre muy importante para mis venerados predecesores, Pablo VI y Juan Pablo II. He querido retomarlo confirmando a la Iglesia que está en América Latina y el Caribe en el camino de una fe que se ha hecho y se hace historia vivida, piedad popular, arte, en diálogo con las ricas tradiciones precolombinas además de con las múltiples influencias europeas y de otros continentes.

Ciertamente el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano: no es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales. Pero el deber de mencionar esos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria de la Universidad de Salamanca, no debe impedir reconocer con gratitud la maravillosa obra que ha llevado a cabo la gracia divina entre esas poblaciones a lo largo de estos siglos.

El Evangelio en el continente se ha transformado de este modo en el elemento clave de una síntesis dinámica que, con matices diversos según las naciones, expresa de todas formas la identidad de los pueblos latinoamericanos. Hoy, en la época de la globalización, esta identidad católica sigue presentándose como la respuesta más adecuada, a condición de que esté animada por una seria formación espiritual y por los principios de la doctrina social de la Iglesia.

Brasil es un gran país que custodia valores cristianos profundamente arraigados, pero vive también enormes problemas sociales y económicos. Para contribuir a su solución la Iglesia debe movilizar a todas las fuerzas espirituales y morales de su comunidad, buscando convergencias oportunas con las energías sanas del país.

Entre los elementos positivos hay que indicar ciertamente la creatividad y la fecundidad de esa Iglesia, en la que nacen continuamente nuevos movimientos y nuevos institutos de vida consagrada. También es de alabar la entrega generosa de tantos fieles laicos, que son sumamente activos en las diferentes actividades promovidas por la Iglesia.

Brasil es también una nación que puede proponer al mundo un nuevo modelo de desarrollo: la cultura cristiana puede inspirar una «reconciliación» entre los seres humanos y la creación, a partir de la recuperación de la dignidad personal en la relación con Dios Padre.

En este sentido, un ejemplo elocuente es la «Fazenda da Esperança», una red de comunidades de recuperación para jóvenes que quieren salir de túnel tenebroso de la droga. En la que visité, que me impresionó profundamente y que me ha dejado un vivo recuerdo en el corazón, es significativa la presencia de un monasterio de hermanas clarisas. Esto me ha parecido emblemático para el mundo de hoy, que necesita una «recuperación» ciertamente psicológica y social, pero sobre todo profundamente espiritual.

Y emblemática ha sido también la canonización, celebrada en la alegría, del primer santo nativo del país: Fay Antonio de Santa Ana Galvão. Este sacerdote franciscano del siglo XVIII, devotísimo de la Virgen María, apóstol de la Eucaristía y de la Confesión, fue llamado mientras vivía «hombre de paz y de caridad». Su testimonio es una confirmación más de que la santidad es la verdadera revolución, que puede promover la auténtica reforma de la Iglesia y de la sociedad.

En la catedral de Sao Paulo encontré a los obispos de Brasil, la conferencia episcopal más numerosa del mundo. Testimoniarles el apoyo del sucesor de Pedro era uno de los objetivos principales de mi misión, pues conozco los grandes desafíos que el anuncio del Evangelio tiene que afrontar en ese país. Alenté a mis hermanos a proseguir y reforzar el compromiso de la nueva evangelización, exhortándoles a difundir, de forma capilar y metódica, la Palabra de Dios para que la religiosidad innata difundida entre la población se haga más profunda y se transforme en fe madura y en adhesión personal y comunitaria al Dios de Jesucristo.

Les alenté a recuperar por doquier el estilo de la primitiva comunidad cristiana, descrita en el libro de los Hechos de los Apóstoles: asidua en la catequesis, en la vida sacramental y en la caridad operante.

Conozco la dedicación de estos fieles servidores del Evangelio, que lo quieren presentar sin cortapisas ni confusión, custodiando el depósito de la fe con discernimiento; y conozco también su preocupación constante por promover el desarrollo social, principalmente mediante la formación de laicos, llamados a asumir responsabilidades en el campo de la política y la economía. Doy las gracias a Dios por haberme permitido profundizar en la comunión con los obispos brasileños, que siguen estando siempre presentes en mi oración.

Otro momento característico del viaje fue, sin duda, el encuentro con los jóvenes, esperanza no sólo para el futuro, sino fuerza vital también para el presente de la Iglesia y de la sociedad. Por este motivo, la vigilia que animaron en Sao Paulo de Brasil fue una fiesta de la esperanza, iluminada por las palabras de Cristo dirigidas al «joven rico», quien le había preguntado: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» (Mateo 19, 16). Jesús le indicó, ante todo, «los mandamientos», como el camino de la vida, y después le invitó a dejar todo para seguirle.

Hoy la Iglesia sigue haciendo lo mismo: ante todo vuelve a presentar los mandamientos, auténtico camino de educación en la libertad y en el bien personal y social; y sobre todo propone el «primer mandamiento», el del amor, pues sin amor los mandamientos no darán pleno sentido a la vida ni procurarán la verdadera felicidad. Sólo quien encuentra en Jesús el amor de Dios emprende este camino para recorrerlo entre los hombres, se convierte en su discípulo y su misionero. Invité a los jóvenes a ser apóstoles de sus coetáneos; y por esto a cuidar siempre de su formación humana y espiritual; a tener gran estima del matrimonio y del camino que conduce a él, en la castidad y en la responsabilidad; a estar abiertos también a la llamada a la vida consagrada por el Reino de Dios. En definitiva, les alenté a hacer fecunda la gran «riqueza» de su juventud, para ser el rostro joven de la Iglesia.

Cumbre del viaje fue la inauguración de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en el santuario de Nuestra Señora Aparecida. El tema de esta grande e importante asamblea, que se concluirá a finales de mes, es «Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”». El binomio «discípulos y misioneros» corresponde a lo que el Evangelio de Marcos dice sobre la llamada de los apóstoles: «[Jesús] instituyó doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar» (Marcos 3, 14-15). La palabra «discípulos» hace referencia, por tanto, a la dimensión formativa y al seguimiento, a la comunión y a la amistad con Jesús; el término «misionero» expresa el fruto del discipulado, es decir el testimonio y la comunicación de la experiencia vivida, de la verdad y el amor conocidos y asimilados. Ser discípulos y misioneros implica un vínculo íntimo con la Palabra de Dios, con la Eucaristía y los demás sacramentos, vivir en la Iglesia en escucha obediente de sus enseñanzas. Renovar con alegría la voluntad de ser discípulos de Jesús, de «estar con Él», es la condición fundamental para ser misioneros «recomenzando desde Cristo», según el lema del Papa Juan Pablo II a toda la Iglesia tras el Jubileo del 2000.

Mi venerado predecesor siempre insistió en una evangelización «nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión», como afirmó hablando precisamente a la asamblea del CELAM, el 9 de marzo de 1983, en Haití (Cf. «Insegnamenti» VI/1 [1983], 698). Con mi viaje apostólico, he querido exhortar a proseguir por este camino, ofreciendo como perspectiva de unificación la de la encíclica «Deus caritas est», una perspectiva inseparablemente teológica y social, que se resume en esta expresión: «es el amor quien da la vida». «La presencia de Dios, la amistad con el Hijo de Dios encarnado, la luz de su Palabra, son siempre condiciones fundamentales para la presencia y eficiencia de la justicia y del amor en nuestras sociedades» (Discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, 4).

A la materna intercesión de la Virgen María, venerada con el título de Nuestra Señora de Guadalupe, como patrona de toda América Latina, y al nuevo santo brasileño, Fray Antonio de Santa Ana Galvão, encomiendo los frutos de este inolvidable viaje apostólico.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
En esta audiencia quisiera recordar con gratitud y alegría mi reciente viaje a Brasil para la inauguración de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en el gran centro mariano de Aparecida. Ha sido un encuentro muy enriquecedor, tanto con los pastores y fieles brasileños como con los representantes de la Iglesia que camina en esa querida tierra americana, en la que el Evangelio ha echado raíces muy hondas y donde vive, de hecho, la mayor parte de los católicos del mundo.

Por eso he animado a todos a cultivar con esmero el tesoro de la fe en Cristo y a hacerlo fecundo tanto en la vida personal como en los diversos ámbitos de la vida social. He invitado a los jóvenes a que sean el rostro joven de la Iglesia; a los pastores a dar nuevo impulso a la evangelización, al estilo de la primitiva comunidad cristiana: perseverando en la catequesis, en la vida sacramental y en la práctica de la caridad; he señalado a todos la importancia de ser verdaderos discípulos de Cristo, de estar con Él y aprender siempre de Él, para ser sus testigos y misioneros del Evangelio en la sociedad, para que la luz de la Palabra de Dios abra en ella caminos de justicia, de paz y de amor verdadero.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España, México, El Salvador, Guatemala y otros países latinoamericanos. Deseo a todos que la estancia en Roma les ayude a reforzar la fe transmitida por los Apóstoles Pedro y Pablo, que aquí dieron su vida por Cristo.

Muchas gracias por vuestra visita.

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por Desconocido @ 23:47  | Habla el Papa
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AMERICA/BRASIL - “Esta V Conferencia significa reimpulsar la obra evangelizadora de la Iglesia. Después de 500 años comienza una segunda evangelización que ha de de ser como una nueva primavera para la Iglesia”: entrevista a Mons. Roberto Octavio, Arzobispo de San Juan

Aparecida (Agencia Fides) - Mons. Roberto Octavio González Nieves, Arzobispo de San Juan (Puerto Rico), describe en una entrevista a la Agencia Fides la importancia y expectativas de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe para el continente y su diócesis

Excelencia, ¿cuál es la importancia de la V Conferencia para la Iglesia en Puerto Rico?

Para nosotros significa fundamentalmente reimpulsar la obra evangelizadora de la Iglesia. Hemos celebrado ya 500 años de nuestra fe en Jesús y ahora comienza una segunda evangelización que ha de de ser como una nueva primavera para la Iglesia.

¿Cuál es el aporte particular de la Iglesia en Puerto Rico que está dándole a la V Conferencia?

Particularmente como tal no me atrevo a decir que estemos diciendo algo distinto a los Obispos de otros países porque los retos son muy parecidos, los retos de la familia, de la justicia, de la reconciliación, la paz, de llevar a cabo una relación más profunda, e intima, creativa con el Señor, esos son los grandes retos, vivimos ciertas situaciones que son quizás muy nuestras pero somos parte de todo el entorno socio cultural de América Latina.

¿Cuáles son los temas particulares que atañen más bien a la diócesis?, ¿qué temas han calado y repercuten más en la situación particular de su diócesis?

En la Arquidiócesis de San Juan acabamos de celebrar un sínodo arquidiocesano, el sínodo de la nueva evangelización que estaremos clausurando el próximo 9 de junio. Hemos estado preparándolo a lo largo de seis años con diversas consultas, reuniones a nivel parroquial, a nivel de grupos, de sacerdotes, etc. luego ha tenido lugar un año de sínodo donde cerca de 500 delegados se reunían los sábados para profundizar sobre los 12 temas, es decir la pastoral de la juventud, de la familia, de la educación, la pastoral vocacional en todas esferas: sacerdotal, diaconal, vida consagrada, misión laical... En realidad son los mismos temas que estamos tratando aquí en la V Conferencia. Nosotros queremos culminar nuestro Sínodo con esa Gran Misión que comenzará a partir de la conclusión de la V Conferencia.

En pocas palabras, ¿cómo definiría usted los días que han transcurrido en este encuentro eclesial, cómo le ha aparecido el clima que se está viviendo?

Se está viviendo un clima de profunda comunión fraternal, como colegio episcopal, en América Latina con la participación de Obispos de Estados Unidos, de Canadá, de Europa, del Vaticano. Me parece que lo que más caracteriza nuestra convivencia es precisamente ese diálogo, ese compartir que se da con hermanos Obispos de otros países y eso siempre inspira, siempre ilumina, da nuevas ideas, nuevas pistas, de cómo uno también puede ir llevando a cabo su responsabilidad de servir a la Iglesia desde su posición de obispo. Esta convivencia, este compartir, nos ayuda mucho, nos fortifica, nos fortalece en la misión y en el compromiso de servir a la Iglesia y a nuestros pueblos,
Destacaría también de este tiempo las liturgias que están siendo muy bonitas y la participación del pueblo brasileño en las celebraciones en el Santuario de Aparecida. (FP/RG) (Agencia Fides 23/5/2007 Líneas: 45 Palabras: 555)
Publicado por Desconocido @ 23:29  | Entrevistas
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Tokio (Agencia Fides) - "Dar al Cesa lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios": la Iglesia japonesa recuerda que, para una relación armónica y correcta entre estado y religión, es útil recordar el principio evangélico. Se deben delinear funciones y papeles del estado y el espacio de las comunidades religiosas, en el pleno respeto recíproco.

Freedom of religion and separation of Government and Religion


To Our Brothers and Sisters in the Church and To All People:

Introduction

Two years ago, after 60 years from the end of World War II, we announced the message " The Road to Peace Based on Nonviolence", which brought up various viewpoints needed for peace building in modern society. In the message, we indicated that it is indispensable to strictly observe the principles of Article 20 of the Japanese Constitution " separation of Government and Religion", and to respect freedom of religion as one of the basic human rights, reflecting on our past history. Looking at the current situation in Japan, however, the move toward constitutional amendment is accelerating and Article 20 along with Article 9 has been discussed as the subjects of constitutional amendment. Under such circumstances, some governmental officials are repeatedly making comments contrary to the principles of separation of Government and Religion of the current constitution. Therefore we would like to announce once again the thoughts of the Catholic Bishops' Conference of Japan regarding our critical issues, "freedom of religion" and "separation of Government and Religion.

The Catholic Church's thoughts on religious freedom and separation of Government and Religion

The separation of Government and Religion is often misunderstood as "separation of religious life and political activities", in other words that the religious organizations and individuals should not engage in political matters. However the principle of the separation of Government and Religion, which stipulates the relationship between states and religious organizations, does not prevents religious organizations and individuals from announcing and responding to political matters based on their belief. The Catholic Church rather realizes that it has important roles such as contributing to further spreading justice and love at home and abroad based on love of Christ (1), and making ethical judgment even on political matters, if needed for basic human rights and salvation.(2)
A relationship between state and religious organizations has been built up in the particular history of each country reflecting the forms of separation of Government and Religion and the Concordat. Originally these forms came into effect in modern times in order to secure religious freedom as one of the basic human rights.
With regard to religious freedom, the Catholic Church acknowledges and regrets that it lacked tolerance to others in its history of 2000 years.(3)
The Church reaffirmed in the Second Vatican Council (1962~65) that religious freedom is one of the basic human rights.(4) Every human as an individual or a member of an organization has freedom of religion as one of the basic human rights. This freedom means that regarding religious matters nobody will be enforced to act contrary to one's conscience and nobody will be prevented from acting according to one's own conscience.(5) Public authorities such as states should not invade or oppress this religious freedom but rather have responsibility to protect the freedom of religion.(6)
The Church and states are mutually independent and autonomous and should never be commingled. The Church must not be restricted by states.(7) If the Church and states cooperate with each other in a sound manner, they will be able to serve the wellbeing of all the people.(8) The Church acknowledges the legal authority of states, but if a policy of a state does not follow the will of God, the Church will choose to follow God. (9)

Religious Freedom in Japan

Looking back on the past Japanese history of Christianity, it can be said that the persecution and suppression against the believers and religious organizations by the state were caused by lack of religious freedom, lack of the idea of separation of Government and Religion and that there was only conditional religious freedom even if it existed.
In the Azutchi-Momoyama Era and at the beginning of the Edo Era, Japan advanced toward centralization. Christianity was regarded as an obstacle to such a move and was gradually expelled by the policymakers. An enormous number of people were martyred.
At the beginning of the Meiji Era, Christians in Urakami of Nagasaki region rose up and declared their faith. Triggered by this incident, many Christians suffered oppression from the Meiji government. Criticized by the western countries about this oppression, the Meiji government, which was advancing toward modernization, included religious freedom in the Constitution of the Empire of Japan. However it was conditional " religious freedom" as stated, "Japanese subjects shall, within limits not prejudicial to peace and order, and not antagonistic to their duties as subjects, enjoy freedom of religious belief." (10)
While Japan pushed forward vigorously into wars in the Showa era, the state was fully integrated with the national religion" Shintoism", and people in not only Japan but also the Korean Peninsula were forced to pay homage at shrines. The Catholic Church was questioned whether it was right for Catholic students to pay homage at Yasukuni shrine. As the government's control on religions tightened, it was such a crucial issue upon which existence of the Catholic Church in Japan was staked. Following the guideline of Propaganda Fide in those days, the Church acknowledged that the faithful paid homage at Yasukuni shrine, saying" The rituals that the government forced the students to do at the shrine are not religious,(11) but are "social courtesy" showing loyalty and patriotism to the Japanese Emperor." In this way the Church headed toward cooperating in the war. After World War II, however, the Japanese Constitution was enacted, the The State Religion (State Shinto) was dissolved so that Yasukuni shrine became one of the religious organizations,(12) and the Second Vatican Council was held. Passing through these events the guideline of the Propaganda Fide in those days can not be applied to the current situation if it remains unchanged.
After World War II, Article 20 of Japanese constitution which specifies freedom of religion and the principle of separation of Government and Religion which guarantees religious freedom was enacted. Freedom of religion was guaranteed completely for the first time in the Japanese history by this article. This Article 20 was enacted strictly reflecting on the fact that the unity of the State and The State Religion (State Shinto) deprived lives and basic human rights of many people in Asia along with Japanese people.
Article 20. Freedom of religion is guaranteed to all. No religious organization shall receive any privileges from the State, nor exercise any political authority.
2. No person shall be compelled to take part in any religious act, celebration, rite or practice.
3. The State and its organs shall refrain from religious education or any other
religious activity.

We demand adherence to the principle of separation of Government and Religion.

Freedom of religion and separation of Government and Religion are inseparable in Japan. They are also deeply connected with freedom of thought and conscience and freedom of speech. In this sense, the article is not completely unrelated to people with no religious faith, not to mention people with religious faith.
Recently, however, there are conspicuous opinions from the ideas that religious acts can be made by the State and public organizations within the limit of "practices of social courtesy or folkway". The new draft constitution (13) derived from such an idea was announced as well. This idea reminds us of Japanese history in which many people were forced to pay homage at Yasukuni shrine in the name of "social courtesy" before and during the wars. Additionally there are also proposals to regard Yasukuni shrine as a defense of the nation's political system or a non-religious organization. These trends possess a danger to advance the same roads as those of before and during the wars. These ideas insult the principle of separation of Government and Religion, and even jeopardize religious freedom as one of the basic human rights.
We, Catholic Bishops' Conference of Japan firmly appeal for adherence to the principle of separation of Government and Religion, which guarantees freedom of religion as one of the basic human rights, because the principle is essential for Japan to create peace with other Asian nations.

February 21, 2007
Catholic Bishops' Conference of Japan

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(1) Cf: Number 76,"Gaudium et Spes" 1965
(2) Cf: The same as above
(3) Cf: Number 35, "Apostolic Letter "Tertio Millennio Adveniente" of the Supreme Pontiff John Paul II"
(4) Cf: Number 2, "Dignitatis humanae" 1965
(5) Cf: Number 2, The same as above
(6) Cf: Number 6, The same as above
(7) Cf: Number 2245, "Catechismus Catholicae Ecclesiae" 1997
(8) Cf: Number 2239, The same as above
(9) Cf: Number 11 "Dignitatis humanae" 1965
(10) Cf: Article 28, The Constitution of the Empire of Japan
(11) Cf: "Apostolicum In Iaponia, Circa Catholicorum Official Erga Patriam" 1936
(12) During and before the wars the The State Religion (State Shinto) as an entity which transcended the realm of religions, was not included in the category of religious organizations.
(13) Cf: The LDP New Draft Constitution: Clause 3 Article 20, The State and public organizations must not carry out acts which educate in religion or any other religious activities beyond the realm of social courtesy and folkway, which have religious significance and which support, promote, encourage, oppress or interfere in specific religion.
Catholic Bishops' Conference of Japan (2007-05-18)
Publicado por Desconocido @ 23:24  | Hablan los obispos
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El Señor ya sabía que este problema de la muerte nos iba a hacer daño. Que íbamos a vivir pendientes y a veces hasta con miedo a este problema.

Por eso nos dice "que no tiemble vuestro corazón. Creed en mi Padre y creed en mi. En la Casa de mi Padre hay sitio para todos. Quiero que estéis conmigo, donde yo estaré".
Los cristianos no temblamos. Es verdad que todos tenemos miedo a la muerte, pero cuando llega ese momento no perdemos la serenidad. Estamos tranquilos. De hecho nos hemos reunido hoy para "celebrar" la muerte de nuestro hermano N.

La Iglesia se reúne muchas veces para celebrar el nacimiento a la fe de un niño, para celebrar el proyecto de amor de dos personas y también, para celebrar la muerte de un hermano que ha ido a la Casa del Padre.

Creemos en ese Padre de Jesús y estamos serenos. Creemos que este hombre ha llegado a la meta y vive con Dios. El ha sido creyente sincero. El vive con Dios, no es un desaparecido. Esto es lo que celebramos: la llegada al Cielo de este hermano, su entrada en el Cielo. Esto ciertamente es un consuelo para los que tenemos fe.

Hoy también hay muchas personas que no tienen fe y estás pueden decir: pues nosotros que no tenemos fe estamos hechos polvo. Estamos muy tristes y dolidos. Ciertamente tienen derecho a estar tristes y dolidos. La muerte es separación y ruptura y eso siempre es penoso.

Entonces, los que no tienen fe ¿qué? Yo os digo, amigos, que la fe es algo maravilloso. La fe es un don que Dios da. No se trata de poner argumentos, razones, pruebas, evidencias. Porque no es este el camino. Tenemos que tener en cuenta de que lo más esencial no se puede demostrar, como se demuestra un teorema o una operación matemática.

Tenemos muchos motivos para creer que Dios recoge nuestra vida, que hay un más allá, que el espíritu no se destruye... No es lógico que un mundo tan bien hecho, tan hermoso, con tantas cosas que son tan curiosas. No sería lógico que una persona que es vida, corazón, sonrisa, ilusión, acabase en el sepulcro de esa forma reduciéndose a unos huesos a un poco de polvo.

En todas las cosas de la tierra hay una lógica. No sería justo, no sería lógico que el hombre que es una máquina perfecta termine como esos coches apilados, unos encima de otros para chatarra.

Ya desde los primeros tiempos el hombre intuyó que tras la muerte sigue viviendo, eso sí, de otra manera que aquí. Es un argumento pero no es el resultado de una comprobación matemática que no tiene vuelta de hoja.

Tenemos la Palabra de Dios, la Vida y Obra de Jesús de Nazaret en quien creemos, que nos dijo todo lo que leemos en el Evangelio, que murió y fue resucitado por el poder del Padre, como ese primer grano maduro que anuncia que tras él viene el resto de la cosecha.

Tenemos que apostar por una de las dos cosas: Creo o no creo. No se trata de convencer a nadie. Pero si damos razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Por eso estamos serenos. Creemos que nuestro hermano N. vive y eso nos llena de alegría y lo celebramos.

Lo malo es que el Evangelio de hoy tiene una segunda parte.


Dice el Señor que se va al Cielo por el Camino que ya conocemos: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no es por mí". ¿Cómo estamos viviendo? ¿De cara a Dios que es Padre? ¿De espaldas a su amor? El camino de Jesús está claro.

Jesús dijo: "Bienaventurados los pobres, bienaventurados los pacíficos. Bienaventurados los que trabajan por una justicia mayor, por un mundo mejor. Bienaventurados los que saben darse a los demás". ¿Lo estamos haciendo así?

La muerte de un familiar es una celebración para tomar conciencia de una certeza. N. vive. Ha llegado a la Casa del padre. Leed el Evangelio de Jesús, veréis cómo os ayuda, cómo os ilumina el camino.

Ojalá tengamos todos la serenidad, la suerte de escoger el Camino que conduce a la Vida.
Publicado por Desconocido @ 22:56  | Homilías
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Nos ha parecido interesante y muy de actualidad la reflexión que sobre la solemnidad de Pentecostés encontramos en el número 7, año XXXIX de MISA DOMINICAL.

Pentecostés, que se vea


Pentecostés es la culminación del tiempo más importante del año, la cul¬minación de la obra de Jesucristo. Y esto debe notarse en la celebración, aunque venga mezclada con el cansancio de final de curso, y tal vez con las primeras comuniones, y con la movilidad de la gente porque ya hace buen tiempo. Y este año, además, con las elecciones municipales y, en muchos lugares, también autonómicas.

Debe notarse. Este día, la iglesia ha de estar adornada al máximo, con muchas flores sobre todo rojas, con mucha luz, con algún paño rojo y alguna frase significativa... También, si es posible, se podría hacer un buen mural que ayudara a vivir esta jornada: por ejemplo, con textos alusivos al Espíritu; o con un resumen de las actividades que hemos realizado a lo largo del año, que son signo del Espíritu; o con una mirada a las simientes de Espíritu en el mundo cercano y lejano...

Si parece viable, Pentecostés sería la ocasión de organizar una misa parro¬quial especialmente solemne, en la que se concentrara la gente más activa de la parroquia, y que en algún momento (al inicio de la misa, o al final) se rememorara el trabajo realizado, y después de la celebración se continuara el encuentro con un piscolabis.

En cualquier caso, las celebraciones tienen que ser especialmente preparadas. Con todos los cantos posibles, utilizando el incienso al menos en la misa o misas principales, con una homilía que ayude a descubrir la presencia del Espíritu del resucitado en nuestras vidas, y en la vida de la comunidad cris¬tiana, y en la vida del mundo... En Misa Dominical recomendamos en este día utilizar cada año las mismas lecturas, las clásicas, con el evangelio de Juan 20,19-23, y no las optativas de los ciclos B y C, porque el evangelio de Juan 20,19-23 nos hace dar cuenta más claramente de que el Espíritu es el don del Resucitado, que envía a sus seguidores a continuar su obra.

Un elemento que vale la pena hacer bien hoy, porque singulariza la jornada, es la secuencia. Se hace con todo el mundo sentado, después de la segunda lectura, antes del canto del aleluya. En tanto que se pueda, debería cantarse. En castellano, hay dos versiones, en MD 377-1 (977-1) y 374 (974). Si no se puede cantar, sube un nuevo lector y la recita con buen tono poético.

Al final de la misa, se podría repartir como recuerdo una estampa a la gente, con un dibujo y una frase (por ejemplo: "¡Llevemos a todas partes el Espíritu del Señor resucitado!"; o bien: "El Espíritu del Señor llena la tierra, ¡Aleluya!"), y el nombre de la parroquia.

JOSEP LLIGADAS
Publicado por Desconocido @ 22:52  | Espiritualidad
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22 de Mayo

La celebración litúrgica de la fiesta de Santa Rita de Casia convocó a un grupo de fieles en el templo parroquial de La Guancha. La familia Álvarez Rojas se encarga todos los años de que la imagen de la “Abogada de los Imposibles” reciba al llegar el 22 de Mayo culto de veneración y que el ejemplo de su vida sea puesto como modelo de hija obediente, esposa fiel, madre, viuda y religiosa.
Al concluir la misa se repartieron rosas rojas a los asistentes.


Publicado por Desconocido @ 0:16  | Noticias Parroquiales
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martes, 22 de mayo de 2007
Informe que presentó monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, presidente de la Conferencia Episcopal de la República Dominicana ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.


En primer lugar, me referiré a la recepción de las anteriores Conferencias en la República Dominicana

• La I Conferencia de Rio de Janeiro: El Arzobispo de Santo Domingo fue uno de sus secretarios en su calidad de Primado de América. De ella queda la buena aceptación y el compromiso con sus propuestas que siempre ha encontrado el CELAM, fundado allí, en la tradición de los Obispos Dominicanos.

• Medellín: Nos marcó especialmente en lo siguiente:
-La puesta en práctica de la renovación del Concilio Vaticano II.
-El impulso de las Comunidades Eclesiales de Base.
-El reforzamiento de nuestra Pastoral Social.
-El post Medellín se convirtió, con el apoyo del CELAM, en una época de formación teológico-pastoral y de organización de las áreas pastorales.
-La asimilación del método ver-juzgar y actuar.

• Puebla: tuvo una gran difusión en nuestra Iglesia. Entre sus influencias encontramos:

-Reenfoque de toda la pastoral a la luz del concepto englobante de la evangelización.
-Inclusión explícita de la “opción preferencial por los más pobres” , sobre todo en la Pastoral Social.
-Aceptación de la planificación como método de acción pastoral que llevó a la elaboración e implementación de nuestro I Plan Nacional de Pastoral.

• Santo Domingo: Esta IV Conferencia, nos implicó de una manera particular, tanto en su preparación como en su implementación. Nuestro I Plan Nacional de Pastoral (1983-1992) se elaboró con miras a dicha Conferencia así como realización de la novena de años de preparación a la Celebración del V Centenario de la primera evangelización.

Nuestro II Plan de Pastoral giró en torno a sus grandes temas: Nueva Evangelización, Promoción Humana e inculturación del Evangelio. Es importante recalcar en ese tiempo la insistencia en la proclamación del Kerygma y una evangelización explícitamente centrada en Jesucristo.

2) En segundo lugar, hago una mirada rápida a la realidad de nuestro país y de nuestra Iglesia

A nivel del país encontramos: solidificación de la democracia, crecimiento económico sostenido, avance en las oportunidades educativas y tecnológicas, especialmente, en la comunicación.

Pero, el impacto de la globalización ha traído la imposición de una nueva cultura, que conlleva pérdidas de valores humanos y cristianos; el aumento de las desigualdades económicas, sociales y culturales con la consecuencia de una pobreza creciente; la desintegración familiar y social, corrupción política que lleva al desencanto frente a los políticos; crecimiento de la migración interna y externa así como de la delincuencia, drogadicción y narcotráfico.

A nivel de la Iglesia nos podemos definir como una Iglesia viva, dinámica, participativa, evangelizadora y apreciada por el pueblo como la institución más creíble del país. En este momento, las 11 Diócesis estamos comprometidas en nuestro Tercer Plan de Pastoral, diseñado para realizar un itinerario de evangelización de 30 años de duración, estructurado en tres etapas de 10 años, en nueve fases y una programación anual, orientado hacia la formación de una Iglesia de comunión, ministerial y misionera.

Sin embargo, se percibe todavía desarticulación y dispersión a la hora de responder a los grandes desafíos actuales así como débil presencia evangelizadora en los ambientes profesionales, universitarios, obreros, políticos y empresariales.

3) En tercer lugar, nuestras expectativas y esperanzas

Hemos asumido con gran interés el tema de esta V Conferencia participando activamente en la Consulta del CELAM y reflejándolo en los lemas de los dos años pastorales dentro de nuestro Tercer Plan de Pastoral. Nuestras últimas Cartas Pastorales han sido sobre el discipulado: “Discípulos del Señor en comunión y misión” (2006) e “Iniciación Cristiana “ (2007). Organizamos una Semana Teológico Pastoral sobre el Discipulado y durante todo este mes se convocó una Campaña Nacional de Oración.

Primera expectativa: Deseamos recibir en esta V Conferencia una motivación mayor y orientaciones para el seguimiento de nuestro III Plan de Pastoral que pretende ser una experiencia de discipulado, de nueva evangelización, de búsqueda de los alejados, de la animación, formación y articulación de las comunidades y de sus agentes de pastoral de modo que seamos fermento de una sociedad justa y fraterna.
Por eso, esperamos que el tema del discipulado y la misión sean el núcleo, el eje central de esta V Conferencia de tal modo que su contenido y su metodología se estructure alrededor del mismo.

Segunda expectativa: Esperamos que la V Conferencia lleve a la elaboración de planes diocesanos y nacionales de discipulado y de misión, de modo que englobe todo el ser y el quehacer de las Iglesias Locales, que involucre a todos e incluya todo lo que es la Iglesia. Esto nos lleva a desear que la V Conferencia plantee la gestión pastoral del Obispo para desarrollar la nueva evangelización, ya que todo plan diocesano necesita la opción decidida, eficaz y perseverante del Obispo.

Tercera expectativa: Repito la frase textual de un obispo dominicano: “Sin los sacerdotes no se llevará a la práctica cuanto se diga en la V Conferencia”. Esperamos, que esta Conferencia defina el perfil del presbítero que necesitamos hoy y señale algunas líneas muy precisas sobre la formación de los seminaristas de modo que una la solidez de la ciencia teológica y la metodología, de cómo realizar y comunicar esa ciencia ( cómo predicar el kerigma, cómo formar una comunidad, cómo realizar una verdadera gestión pastoral, cómo formar y dar participación a los laicos).

Cuarta expectativa: Esperamos que esta Conferencia oriente y trace caminos concretos para superar el vacío de la presencia de nuestros laicos en los campos de la cultura, de la política, de la economía, de la educación, de la salud y de la bioética. Deseamos que se encuentre la pedagogía y metodología de manera sistemática y metodológica para lograrlo.

Quinta expectativa: Deseamos que la opción preferencial por los pobres se fortalezca en esta V Conferencia y buscar líneas concretas para enfrentar las antiguas y nuevas pobrezas con una acción social más operativa y transformadora.

Sexta expectativa: Nos interesa que esta V Conferencia indique caminos para la evangelización de la nueva cultura, con propuestas para la pastoral urbana, la atención a la clase media y de mayores ingresos, al lenguaje y vida de los jóvenes, a las grandes preguntas y respuestas prácticas de nuestra gente “globalizada” o en proceso de globalización.
Publicado por Desconocido @ 23:28  | Hablan los obispos
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Sacado de dossier Fides

ORGANIZACIÓN


Asamblea general: compuesta por todos los miembros constituyentes y asociados, es el órgano supremo de la Oficina. Se reúne cada cuatro años.

Consejo: formado por 24 miembros deliberantes, representantes de todas las regiones, es elegido por la Asamblea. El Consejo elige a su Presidente y a los Vicepresidentes. Órgano de reflexión y deliberación cuida la ejecución de las decisiones de la Asamblea general. Se reúne una vez al año.

El Secretario general: elegido por la Asamblea general, organiza y dirige el Secretariado general, órgano ejecutivo de la Oficina. Coordina y estimula la actividad de los Secretariados regionales y de los Representantes permanentes. Representa a la Oficina en sus relaciones exteriores.

Los Secretarios regionales animan las actividades de la Oficina en el plano regional. Las regiones son: África, con sede en Southdale (Sudáfrica); América, con sede en Bogotá (Colombia); Asia y Oceanía, con sede en Bangkok (Tailandia); Europa, con sede en Bruselas (Bélgica) y Oriente medio y próximo con sede en Beirut (Líbano).

Los Representantes permanentes ante las instituciones internacionales están acreditados en; París, Ginebra, Roma, Estrasburgo, Nueva York y Viena.
Publicado por Desconocido @ 23:22  | Artículos de interés
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Datos sacados de dossier Fides

FINES de la OIEC>

La OIEC tiene como objetivos principales:

• Promover investigaciones sobre la aportación específica de la escuela católica en el campo educativo y sobre la adaptación de la escuela a las necesidades, realidades y aspiraciones del medio en que se inserta.

• Crear y desarrollar lazos de ayuda mutua y de solidaridad activa y responsable entre los miembros.

• Servir como red de intercambio entre sus miembros para su propia información y la de los demás educadores, por medio del desarrollo de la comunicación.

• Asegurar la representación de la Educación católica ante las instancias internacionales, particularmente ante las que se ocupan de educación.

• Colaborar con los organismos de la Iglesia universal, con las Conferencias episcopales y con otras organizaciones católicas internacionales de educación.

• Defender y promover el ejercicio efectivo de la libertad de educación conforme a la justicia distributiva, y favorecer las relaciones de reconocimiento mutuo y de asociación entre la Educación católica y los países en los que ésta funciona.
Publicado por Desconocido @ 23:20  | Artículos de interés
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Datos sacados de dossier Fides

La Oficina Internacional de la Educación Católica (OIEC) es una organización no gubernamental que representa a la educación católica del mundo entero como ONG,

• Fundada en 1952 en Lucerna (Suiza).

• Agrupa a la Secretarías nacionales de la educación católica de cada uno de los países afiliados.

• Organizada en cinco regiones mundiales: África, América, Europa, Asia y Oceanía, Oriente medio y próximo.

• Tiene la sede de Secretaría general en Bruselas (Bélgica).

• Con relaciones formales con las agencias e instituciones internacionales que trabajan en el ámbito de la educación:

 UNESCO: estatuto consultivo, categoría B, desde 1958. Con estatuto de relaciones formales de consulta desde 1997.

 ECOSOC: en el registro del Consejo Económico y Social de la Naciones Unidas desde 1958. Desde 1998 tiene estatuto consultivo especial.

 UNICEF: estatuto consultivo desde 1963.

 CONSEJO DE EUROPA: estatuto consultivo desde 1965.

 Relaciones de colaboración con: FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), BIT (Oficina Internacional del Trabajo), OUA (Organización de la Unidad Africana), OEA Organización de Estados Americanos).
Publicado por Desconocido @ 23:17  | Artículos de interés
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Artículo publicado en programa de la Festividad del Corpus Christi de la parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción de Los Realejos

CORPUS CHRISTI: ¡SEAMOS, NOSOTROS, CUSTODIAS!


Por Javier Leoz


En Jueves Santo, el Señor, nos dejó la Eucaristía. Lo hizo de una forma privada, desconcertante (postrándose) memorial de su pasión, muerte y resurrección para sus amigos. ¿Lo recordamos?

Hoy, y pasado este tiempo de Pascua, la festividad del Corpus Christi nos exige un paso más: hay que pasar del aspecto privado, a la fe pública y activa. Hoy, al paso del Señor, somos nosotros quienes nos arrodillamos porque, entre otras cosas, vemos que la fuente del amor y de la alegría, de la esperanza y del amor, del perdón y del futuro, fluye en uno de los días más grandes de nuestro calendario cristiano. ¡Dios esta aquí!

En el Corpus, la presencia del Señor, se dilata. No se conforma con recibirnos, cómodamente, en el interior de una iglesia. Ahora, el Señor, nos dice: si creéis de verdad en mí, dad también testimonio de mí y conmigo.

Hoy, más que nunca, nuestras calles son testigos de cientos y miles de manifestaciones de todo tipo. ¿Es la procesión del Corpus una manifestación pública de nuestra fe? ¿Somos conscientes del gran don, del gran milagro, de la gran presencia divina que sale fuera del templo en medio de una lluvia de pétalos, en custodias sencillas o artísticas, incienso y música?

El Señor, más que custodias, nos necesita a nosotros. Custodias, pero de carne y de hueso; para amar y para ayudar; para levantar y dignificar tantas situaciones que, injustamente, emergen a nuestro encuentro.

El Señor quiere que, nosotros, seamos las más valiosas y auténticas custodias de su amor allá donde nos encontremos. No podernos conformarnos acompañar a Jesús, en el día del Corpus, y a continuación, encerrarle —sin más trascendencia- en la conciencia de cada uno.

Este año, la festividad del Corpus, nos debe de interpelar: ¿Qué hago yo por el Señor? ¿Manifiesto públicamente mis convicciones religiosas? ¿Son mis acciones y mis palabras destellos de que Dios vive en mí? ¿Soy custodia, que cuando se contempla, infunde caridad, cercanía, compromiso, justicia, paz, etc.?



Publicado por Desconocido @ 23:05  | Espiritualidad
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Oración publicada en Boletín MAYO-JUNIO 2007 "Misioneros de la Tercera Edad Corazón de la Misión"

ORACION DE LA TERCERA EDAD


¡Qué lejana y qué hermosa primavera
como creada por tu inmenso amor
la que te trajo a visitar, Señor,
mi infantil corazón por vez primera!
¡Con qué íntima y dulcísima alegría
te recibí, Jesús, en mi mansión
vestida de inocencia y de ilusión
en la paz venturosa de aquel día!
Hoy que el sol de mi vida ya declina,
eres también mi dicha y mi consuelo
cuando conviertes en pequeño cielo
mi ser que hacia la tierra ya se inclina,
y al mirar hacia atrae an mi axistencia

veo que con ternura me has amado...
¡Cuántas veces, Señor, me has perdonado!
¡Cómo cuidó de mí tu Providencia!
Gracias, porque la vida me conservas,
porque me das la mano en el camino
y porque Tú orientaste mi destino
a la patria feliz que me reservas.
Haz que viva con fe y con esperanza
y que dedique a amarte mis afanes,
y recuerda, Señor, cuando me llames,
que siempre puse en Ti mi confianza.


Mercedes Zaradaín



Publicado por Desconocido @ 23:00  | Oraciones
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Presentamos a continuación el esquema temático de trabajo para el documento en la V Conferencia en Aparecida con la enumeración de temas y algunos aspectos a considerar en ellos:



1. El Hoy de América Latina y El Caribe: el cambio de época; situación sociocultural; daño ecológico; economía y globalización; situación política; culturas indígenas y afro descendientes; la Iglesia en este tiempo.

2. La alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo: Iniciativa de Dios Padre; el Don de Jesucristo; Fraternidad Humana; Destino universal de los bienes; creación y responsabilidad ecológica; el Don de la Palabra; dignidad humana; familia; vida; esperanza.

3. Nuestra Vocación de discípulos y misioneros: Vocación a la santidad; Cristo viene a nuestro encuentro; configuración con él; asumir la cruz y seguimiento; anuncio del Reino; espiritualidad; diversas vocaciones.

4. La comunidad de los discípulos misioneros de Jesucristo: Llamado a la comunión; comunión Trinitaria; Iglesia escuela y casa de comunión; dones ministerios y carismas; lugares y estructuras de comunión; religiosidad popular; diálogo ecuménico e interreligioso; comunión de los santos.

5. El itinerario de los discípulos misioneros: Espiritualidad Trinitaria; Cristo camino, verdad y vida; docilidad al Espíritu Santo; lugares y momentos de encuentro con Jesucristo; espiritualidad y vivencia de la justicia; la Virgen Maria y los Santos; formación de los discípulos; catequesis; acompañamiento espiritual; educación católica; seminarios; formación permanente; movimientos eclesiales.

6. La misión de los discípulos misioneros: La vida nueva en Cristo, misión continental; familia; la vida desvalida y amenazada; jóvenes; justicia; cuidado de la creación; medios de comunicación social; los pobres y excluidos.

7. Conversión Pastoral y diversas áreas de tarea pastoral: Estructuras eclesiales; planes pastorales; misión ad gentes; pastoral de la cultura; pastoral urbana; universidades católicas.
Publicado por Desconocido @ 21:38  | Hablan los obispos
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TU ROSTRO EN CADA ESQUINA



SEÑOR, QUE VEA…
…QUE VEA TU ROSTRO EN CADA ESQUINA.
QUE VEA REÍR AL DESHEREDADO,
CON RISA ALEGRE Y RENACIDA
QUE VEA ENCENDERSE LA ILUSIÓN
EN LOS OJOS APAGADOS
DE QUIÉN UN DÍA OLVIDÓ SOÑAR Y CREER.
QUE VEA LOS BRAZOS QUE,
OCULTOS, PERO INFATIGABLES,
CONSTRUYEN MILAGROS
DE AMOR, DE PAZ, DE FUTURO.
QUE VEA OPORTUNIDAD Y LLAMADA
DONDE A VECES SÓLO HAY BRUMA.
QUE VEA CÓMO LA DIGNIDAD RECUPERADA
CIERRA LOS INFIERNOS DEL MUNDO
QUE EN OTRO VEA A MI HERMANO,
EN EL ESPEJO, UN APÓSTOL
Y EN MI INTERIOR TE VISLUMBRE.

PORQUE NO QUIERO ANDAR CIEGO,
PERDIDO DE TU PRESENCIA,
DISTRAÍDO POR LA NADA…
EQUIVOCANDO MIS PASOS
HACIA LUGARES SIN TI.

SEÑOR, QUE VEA…
…QUE VEA TU ROSTRO EN CADA ESQUINA.

Publicado por Desconocido @ 21:34  | Oraciones
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lunes, 21 de mayo de 2007

Intervención de monseñor Roberto Octavio González Nieves, arzobispo de San Juan de Puerto Rico, presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, pronunciada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


Un saludo de Paz y Bien a nombre de los Obispos de Puerto Rico y de nuestro pueblo. Hablo a nombre de la Delegación de Puerto Rico a esta V Conferencia.

Como Arzobispo de San Juan de Puerto Rico soy sucesor de Mons. Alonso Manso, primer obispo de la Diócesis de San Juan Bautista de Puerto Rico y quien fuera el primer obispo en tomar posesión de una diócesis en el nuevo mundo, el 25 de diciembre de 1512.

Las raíces apostólicas de la Iglesia penetraron en el continente americano en tierra puertorriqueña, adquiriendo eventualmente una faz española-caribeña y una historia que compartimos con los otros países de la región. En Puerto Rico, sin embargo, el fin de la colonización española no dio paso a la independencia nacional, sino que fue seguida por la colonización por parte de los Estados Unidos, a quien fue cedida nuestra nación en el tratado de Paris de 1898, que terminó la guerra entre Estados Unidos y España. Lamentablemente, desde entonces hasta el día de hoy no se ha resuelto el problema de estatus político final de nuestro país.

El conflicto ideológico y político generado por esta incertidumbre acerca de la identidad puertorriqueña se ha agudizado en los últimos 10 años con efectos nocivos en todos los niveles de nuestra vida social y cultural y como tal presenta un gran desafío a la misión de evangelización, especialmente en lo que concierne a la doctrina social de la Iglesia, donde intereses políticos partidistas tratan de manipular sus enseñanzas. Además tenemos el gran desafío de propiciar la unidad entre todos y todas los puertorriqueños y puertorriqueñas.

Es importante reconocer que la colonización norteamericana, aún con su generosa ayuda económica y el desarrollo de una democracia puertorriqueña pacífica, conlleva un choque entre una cultura generada por la fe católica y otra de origen protestante con un fuerte espíritu anticatólico. Intereses norteamericanos que buscaban la anexión total de Puerto Rico con los Estados Unidos insistían en la necesidad de destruir la mentalidad católica del pueblo puertorriqueño, presentando así un desafío como el que confrontan actualmente las comunidades hispanas en los mismos Estados Unidos.

El contacto con una cultura no católica aceleró en Puerto Rico el proceso de secularización del cual se ha hablado en el documento de la Síntesis, donde con algunas notables excepciones los medios de comunicación social están dominados por las ideologías modernas que amenazan con destruir los frutos de nuestra cultura tradicional católica, es decir, los frutos de la primera evangelización. Por ejemplo: la tendencia a redefinir la familia fundada sobre el matrimonio.


Sin embargo, el alma de Puerto Rico no ha sido destruida totalmente. Ni las sectas ni el proselitismo agresivo anticatólico han logrado su finalidad. Hoy, después de más de 100 años de proselitismo en Puerto Rico aproximadamente el 70% de nuestra población es católica. Además, hay tantas señales actuales de renovación eclesial que nos llenan de esperanza y alegría.

1. Una pastoral vocacional que fecunda el incremento en la vida sacerdotal y diaconal.
2. La catequesis bíblica.
3. El crecimiento en grupos laicales y de familia.
4. Una pastoral juvenil que se fortalece.
5. Entusiasmo por la Doctrina Social de la Iglesia.
6. La catequesis continuada.
7. Nueva conciencia de la dignidad de la persona humana desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural, y en todas las etapas de la vida.
8. Nuevo entusiasmo por la santidad y las obras de solidaridad, entre otros.

Conclusión:
Queremos ser discípulos y misioneros de la nueva evangelización. Esta segunda evangelización de todo el continente americano, que rejuvenecerá la fe de la Iglesia para las próximas generaciones y para mayor honra y gloria de Dios.


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EUROPA/ESPAÑA - Jornadas Nacionales de delegados diocesanos de misiones y Asamblea General de Directores Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias

Madrid (Agencia Fides) - Del 22 al 24 de mayo se celebrarán en Madrid las Jornadas Nacionales de delegados diocesanos de misiones y la Asamblea General de Directores Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias (OMP). La sesión inaugural verá la participación de Mons. Ramón del Hoyo, obispo de Jaén y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias; Mons. Francisco Pérez González, Arzobispo Castrense y Director Nacional de las OMP; Mons. Camilo Lorenzo Iglesias, obispo de Astorga; y Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia, todos miembros de la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal.
En la primera jornada está prevista la participación del Arzobispo Mons. Henryk Hoser, Secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias quien desarrollará la ponencia dedicada a la Encíclica "Fidei Donum" de la que este año se cumplen 50 años. También participarán varias instituciones misioneras como la OCSHA, SCAM y la ONG "Misión América" así como misioneros que compartirán su testimonio y experiencia misionera con los participantes.
La segunda jornada comenzará con una mesa redonda sobre "La vocación misionera ad vitam", información sobre los secretariados y Consejos de las Obras Misionales Pontificias, información del ejercicio económico del pasado año y finalizará con la presentación de las acciones pastorales previstas para el curso 2007/2008. El jueves, último día de este encuentro, el padre Vito del Prete, Secretario General de la Pontificia Unión Misional, hablará sobre la jornada del Domund y desarrollará la ponencia "Todas las iglesias para todo el mundo". A continuación se presentarán los materiales del Domund y finalizará con la presentación de los acuerdos pastorales y misioneros para el 2007/2008. (RG) (Agencia Fides 21/5/2007 Líneas: 24 Palabras: 300)
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ZENIT publica las palabras que ha pronunciado Benedicto XVI el domingo, 20 de Mayo de 2007, al rezar la oración mariana del «Regina Caeli» junto a los fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.


¡Queridos hermanos y hermanas!

Deseo antes que nada renovar mi agradecimiento al Señor por el viaje apostólico a Brasil, que he realizado del 9 al 14 de mayo, y, al mismo tiempo, dar las gracias a cuantos me han acompañado con su oración. El motivo de esta visita pastoral mía, como sabéis, ha sido la inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Pero antes de este gran evento eclesial, tuve oportunidad de encontrar a la gran comunidad católica brasileña. Muchos fieles, en efecto, se reunieron para la ocasión en la ciudad de Sao Paulo, especialmente para la canonización del primer beato nativo del Brasil: Fray Antonio de Santa Ana Galvão. Cuento con expresarme más ampliamente sobre este viaje el próximo miércoles, durante la Audiencia general. Mientras tanto, os invito a seguir orando por la Conferencia que se está celebrando en Aparecida y por el camino del pueblo de Dios que vive en América Latina.

Un ulterior motivo de reflexión y de oración nos lo ofrece hoy la celebración anual de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que tiene por tema «Los niños y los medios de comunicación: un reto para la educación». Los desafíos educativos en el mundo actual están frecuentemente unidos a la influencia de los mass-media, que hacen competencia a la escuela, a la Iglesia e, incluso, a la familia. En este contexto, es esencial una adecuada formación en el uso correcto de los media: los padres, los profesores y la comunidad eclesial están llamados a colaborar para educar a los niños y a los jóvenes a ser selectivos y a madurar una actitud crítica, cultivando el gusto por lo que es estética y moralmente válido. Pero también los medios deben llevar su contribución a este empeño educativo, promoviendo la dignidad de la persona humana, el matrimonio y la familia, las conquistas y las metas de la civilización. Los programas que inculcan violencia y comportamientos antisociales, o vulgarizan la sexualidad humana, son inaceptables, tanto más si se proponen a los menores. Renuevo por lo tanto el llamamiento a los responsables de la industria de los media y a los agentes de la comunicación social, a fin de que salvaguarden el bien común, respeten la verdad y protejan la dignidad de la persona y de la familia.

Queridos hermanos y hermanas: la solemnidad de la Ascensión del Señor, que la liturgia ha recordado el pasado jueves, en algunos países se celebra hoy. Jesús resucitado vuelve al Padre; nos abre así el camino a la vida eterna y hace posible el don del Espíritu Santo. Como entonces hicieron los Apóstoles, también nosotros, después de la Ascensión, nos recogemos en oración para invocar la efusión del Espíritu, en unión espiritual con la Virgen María (v. Hch 1,12-14). Que su intercesión obtenga para toda la Iglesia un renovado Pentecostés.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Tras rezar el «Regina Caeli», el Papa saludó a los peregrinos en siete idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En particular a los fieles de la Parroquia Virgen del Carmen, de Onda. En este domingo de la Ascensión del Señor a los cielos, renovamos nuestra fe en Jesús que nos ha abierto el camino que conduce a la patria celeste. Al mismo tiempo, como los primeros discípulos reunidos con María en el Cenáculo, esperamos la llegada del Espíritu Santo que nos dará fuerza para ser testigos de Cristo resucitado en el mundo ¡Que Dios os bendiga!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por Desconocido @ 22:58  | Habla el Papa
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Informe que presentó monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, IMC, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, ante la Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe.


Los obispos delegados y demás convocados desde Colombia, hemos llegado a Aparecida con inmensa esperanza, esa que brota de la seguridad de que nos guía el Señor Resucitado, Jesucristo vivo, por medio de su Espíritu, en medio de los cambios que hoy vivimos.


CAMBIO CULTURAL

Nos damos cuenta de que no estamos experimentando unos cambios en nuestra época sino que es la misma época la que está cambiando. No estamos enfrentando cambios dentro de la casa cultural en que vivimos, sino constatamos que estamos cambiando de casa. Este nuevo paradigma nos interpela, nos pide otro tipo de respuestas pastorales y sobre todo, otro estilo de ser pastores.


Nuestro deseo es que aquí en Aparecida podamos diseñar ese nuevo estilo de vida, de actitudes pastorales y de itinerarios espirituales necesarios hoy.

CONVERSIÓN DEL DISCÍPULO

Reconocemos cuán acertado e inspirado es el tema de discípulos y de misioneros de Jesucristo para fortalecer nuestra identidad cristiana. A tiempos difíciles, discípulos nuevos. Hacemos alusión a un nuevo obispo, un nuevo sacerdote, un nuevo diácono, un nuevo religioso consagrado y un nuevo laico. Esperamos que Aparecida tome en especial consideración los procesos formativos de todos estos discípulos frente a los nuevos desafíos religiosos y socioculturales del continente.

CONVERSIÓN PASTORAL

Nuestro anhelo es que podamos diseñar, creativa y comunitariamente, esa nueva pastoral que dé la debida prioridad al anuncio de Jesucristo y a los procesos de iniciación cristiana. Vislumbramos una pastoral de procesos y no simplemente de acciones momentáneas. Tomamos en cuenta la dificultad de los procesos largos, cuando la mentalidad light de corte postmoderno sólo quiere asumir compromisos blandos, sin mucho pasado y sin mucho futuro. Queremos soñar con una pastoral realizada por todos y para todos sin exclusiones así que vaya construyendo la unidad en la diversidad.
Insistimos en que se dé forma a una visión pastoral donde el laico en la Iglesia y con la luz del Espíritu, sea de verdad protagonista en la pastoral y no solo fiel ejecutor de la misma.

CONVERSIÓN ESPIRITUAL

Con genuina humildad y con actitud de escucha debemos enfrentar las nuevas realidades latinoamericanas.

Además, no podemos reducirnos a llegar unilateralmente a la cabeza de nuestros fieles con ritos, normas, leyes y doctrinas. Es la hora del corazón. Es la hora del primado del amor. Es la hora de la imaginación que acompaña las migraciones intelectuales y el mundo virtual. Es la hora de la belleza y de la simpatía como caminos para llegar con la verdad de Jesús.

Esperamos que se haga énfasis en cuatro realidades, vida, familia, educación y bien común que, según Benedicto XVI, no son negociables. Tengamos también en cuenta que no diseñamos una respuesta sólo para los adultos sino ante todo para los niños y jóvenes constructores del futuro. Ellos, con su sed de ideales y de razones para vivir, esperan mucho de nosotros.

CAMBIO SOCIAL

El continente latinoamericano va creciendo económicamente. Pero este crecimiento no se traduce en desarrollo incluyente, integral y equitativo. Por tanto, es indispensable que reafirmemos nuestra opción por los pobres. Pero esta opción no basta. Debemos optar también por la evangelización del mundo político, del mundo empresarial, del mundo de los capitales para que en estos mundos penetre el sentido ético como solidaridad con el otro en necesidad.
La Iglesia en Colombia trabaja sin descanso, no desde la política sino desde el Evangelio, por el logro de la paz en los corazones, en las familias, en la nación toda. Esperamos de Aparecida una luz solidaria que nos guíe.

CAMBIO MISIONERO

El Reino de Dios nos apasiona y nos convoca en América Latina. Cada discípulo desde su ángulo y perspectiva está llamado a servir al Reino de Dios comprometiéndose en esos elementos propios de la misión como son el testimonio, el anuncio y el ayudar al nacimiento de otras comunidades; la liturgia, la oración y contemplación; el trabajo por la paz, la justicia y la integridad de la creación; el diálogo interreligioso, la inculturación, el ministerio de la reconciliación, la animación misionera y la acogida de los que regresan a la fe católica. Es indispensable identificar bien los destinatarios de la misión.

La misión es sustancial en el discípulo desde su bautismo, no es arandela o accidente. Por eso, nadie debe concentrarse exclusivamente en su propia perfección. El que se busca a sí mismo se pierde. En cambio la fe se fortalece dándola.

Por eso, invocamos al Espíritu Santo evangelizador para que transforme a Aparecida en otro maravilloso Pentecostés.
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Informe que presentó monseñor Vernon James Weisgerber, arzobispo de Winnipeg, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Canadá ante la Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe.



Señor Presidente, y queridos hermanas y hermanos. Estoy encantado de estar aquí para traerles el saludo de los 120 (ciento vente) miembros de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos. Desde los años 60’s la iglesia en Canadá, las diócesis y ordenes religiosas respondieron con generosidad a la llamada del Beato Juan XXIII a compartir los recursos de la Iglesia, enviando misioneros a la Iglesia en América Latina. Estos misioneros trajeron de vuelta a la Iglesia en el Canadá el conocimiento y el amor de la realidad que vivieron en América Latina.

En los 40 años desde la clausura del Concilio Vaticano II, los Episcopados del CELAM, Estados Unidos y el Canadá se han reunido regularmente, y desde el Sínodo de América, las reuniones de los Obispos de América han retomado una nueva importancia. No somos extraños sino amigos.

La Iglesia en el Canadá tiene un gran interés en el tema de la V Conferencia. Los Obispos están siguiendo esta reunión con un particular interés, porque en Canadá experimentamos el mismo drama: la incoherencia entre la fe y la vida.

La sociedad canadiense sufre rápidos y profundos cambios a todos los niveles. Un grupo minoritario de voces poderosas empujan una agresiva agenda de secularización de la sociedad. Hay una presión enorme de excluir la religión y sus valores del discurso publico. Todo se define y gira en base a los derechos individuales y por eso han redefinido el significado del matrimonio y cada vez cuidamos menos de la dignidad de la vida humana. La reimaginación de la sociedad canadiense procede implacablemente.

Lo que más nos duele es que el 47 por ciento de los ciudadanos canadienses profesan ser católicos y sin embargo nuestra capacidad de incidir en las políticas públicas va menguando considerablemente.

El reto ante nosotros es evidente y de grandes proporciones: ¿Como podemos ayudar a todos los miembros bautizados de la Iglesia Canadiense a ser discípulos convencidos y misioneros eficaces de Jesucristo para que nuestros pueblos en EL tengan vida?

Los Obispos del Canadá acompañan esta celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe con espíritu fraternal y con su ferviente oración y a la misma vez esperan con gran ilusión las conclusiones de esta Conferencia.
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SÍNTESIS
DE LOS APORTES RECIBIDOS
PARA LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO





CONCLUSIÓN GENERAL


351. La Iglesia que vive su fe en el Continente Latinoamericanocamina al encuentro del Señor resucitadopara que nuestros pueblos tengan vida en Él. A lo largode su historia, Jesús mismo suscitó muchas experienciasde encuentros con Él que fueron acontecimientospascuales.

352. Hoy nuestra Iglesia se siente llamada a renovar suencuentro con el Resucitado, reviviendo la experienciade los dos discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). Comoellos, camina entre dificultades y dolores. Al igual queellos, anhela dejarse encontrar y transformar por el Señorresucitado, para ofrecerlo como vida al mundo porel testimonio de su fe y el compromiso efectivo con sumisión.

1. UNA IGLESIA INTERPELADA POR JESÚS

353. Hemos iniciado nuestra reflexión dejándonos interpelarpor Jesús siempre presente, implícita o explícitamente,en la realidad de nuestros pueblos. Él, como aaquellos dos de Emaús, hoy nos pregunta: “¿Qué es loque vienen conversando?”, ¿qué les ha ocurrido? (Lc 24,17.19). Y caminando con nosotros, nos invita a contar loque nos está pasando. Le hablamos entonces de nuestraoriginalidad latinoamericana, de nuestros valores peculiares, de la debilidad de la fe en Dios, que se deja sentircon fuerza en nuestra sociedad y de las situaciones dedolor y desesperanzas que marcan a tantos hermanos yhermanas del Continente. Le decimos que estamos viviendoun cambio de época que ilusiona a unos y desorientaa otros, y que en dicho cambio de época nosotros, su Iglesia, queremos testimoniar con nuevo ardor ynuevos métodos “el misterio de Jesús de Nazaret Hijo deDios” (EN 22).

354. Nuestra mirada quiere ser de empatía frente a larealidad, acogiéndola y sin desanimarnos por lo queocurre. Pero quiere ser también profundamente crítica, no sólo para percibir los fenómenos, sino para aprehendersus causas y, sobre todo, quiere ser paciente yaudaz, para acompañar los ritmos del mundo en quevivimos y aportar la fuerza transformadora del mensajede Jesús y de la vida nueva en Él. Crece en nosotros laesperanza en una vida plena, porque nos mueve lacerteza de que Jesús, que ha salido y sigue saliendo alcamino de nuestra historia como Señor resucitado, yavenció la muerte y nos pide que no tengamos miedo (cf.Jn 16, 33).

355. De la fecundidad del misterio pascual tenemos innumerablessignos en nuestras Iglesias particulares. Laencontramos, por ejemplo, en el despertar de tantas comunidades,en la generosidad y la entrega de incontablescatequistas, en las celebraciones litúrgicas, en elempeño solidario, en todas las escuelas de discípulos quecrecen entre nosotros, ya sea como movimientos eclesialeso de otras maneras, y en todos los bautizados que buscany encuentran al Señor y se transforman en presenciaviva de Cristo para la vida del mundo.

2. UNA IGLESIA INVITADA AL DISCERNIMIENTOY ALIMENTADA POR JESÚS

356. Jesús nos mira con amor y también con preocupación (cf. Lc 24, 25) por las veces que no discernimos loscaminos de su Padre y diluimos la respuesta a los impulsosde su Espíritu. Para iluminar nuestro caminar, el Señorse transforma en nuestra memoria profética ysapiencial y, a la luz de las Escrituras, nos hace presenteel proyecto salvador del Padre. Manifiesta que nuestraprofunda vocación es estar llamados a ser hijos de Diosy hermanos unos de otros. Nos invita a aceptar el desafíourgente y el compromiso creativo de cuidar y apreciartoda vida humana. Luego, nos hace presente su viday el sentido de su misterio pascual. Nos pide discernir larealidad como pastores creyentes que denuncian los signosde muerte a la luz del anuncio del plan del Padre,propuesta de vida digna y feliz para todos, particularmentepara los desposeídos. Nos invita a discernir comoIglesia, comunidad de los suyos, llamada a ser en el mundosigno del Reino, lugar fraterno de celebración de la fey de envío misionero.

357. Nada podemos sin el Señor. Como los discípulosde Emaús, clamamos: “Quédate con nosotros” (Lc 24,29). Quédate con nosotros porque muchas veces el caminose hace oscuro y la tarea pesada, porque sin Ti nuestravitalidad decae y nuestro ardor desfallece. Y Jesucristo, Cabeza de su Iglesia, no sólo se queda connosotros, sino “en nosotros” (MND 19). Cada domingo,“día del Señor y de la Iglesia”, el pueblo de Dios celebrala Eucaristía como memorial del misterio pascual de quienofreció su vida para transformar nuestra vida y la sociedad.La Eucaristía, celebrada con y por el pueblo de Dios,es fuente y epifanía de comunión, sacramento que educay crea filiación y fraternidad y, por lo mismo, impulsoy proyecto de misión.

358. Cuando admirados escuchamos al Resucitado ycelebramos la fracción del pan, queremos vivir como discípulosy misioneros. Alimentados por la doble mesa delPan y de la Palabra, buscamos ser ante todo una “Iglesiadiscípula”. Iglesia que con “ojos” y “oídos de discípulo”siga atenta el dinamismo de la historia, poniendo sumano en el pulso del tiempo y su oído en el corazón deDios. Iglesia que con “corazón de discípulo” suscite laadmiración y la comunión vital con el Señor, y que con“manos y pies de discípulo” se empeñe con renovadoentusiasmo en la trasformación de las realidades de muerte,para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

3. UNA IGLESIA ENVIADA POR JESÚS

359. La cercanía y pedagogía de aquel Peregrino que sepuso a caminar con nosotros (cf. Lc 24, 15) hace ardernuestro corazón y da una nueva visión a nuestros ojos.La compañía del Resucitado es nuevamente la motivaciónpara el camino, pero ya no para el que va a Emaús, sino para el que lleva a encontrarse con los hermanos enla fe y compartir el acontecimiento de reconocer al Señorcuando “íbamos de camino” (24, 35). Ahora será deJerusalén, lugar del misterio pascual, de la irrupción delEspíritu Santo y de la comunidad apostólica, de dondese sale a testimoniar la presencia actual y transformantedel Señor de la vida. El nuevo pueblo de Dios, en virtudde la obediencia del Hijo, es hecho pueblo en estado permanentede misión, porque el Espíritu Santo que se leregala no se cansa ni desfallece. En el pueblo de Dios, todo creyente es a la vez discípulo y misionero o bien noes auténtico seguidor de Cristo.

360. Esta inserción en el mundo, desde la comunidad ycon el impulso del Espíritu, nos exige una espiritualidady un estilo de vida marcado por el anuncio kerigmático y misionero. También nos pide valorar y animar la pluralidadde la Iglesia en sus diversas comunidades, ricas encarismas y ministerios. El proyecto del Padre, el acontecimientosalvador del Hijo y la misión a la que el Espírituimpulsa, nos lleva a mirar con renovada esperanza laconstrucción del Reino en el Continente.

361. Sabemos que nos incumbe la urgente tarea de formarnoscomo discípulos misioneros. Nadie en la Iglesiase puede marginar de la formación ni de la misión. Asumiendola historia de nuestros pueblos anhelamos transmitiraquella esperanza que no defrauda (cf. Rm 5, 5):en el encuentro con el Resucitado, tal como para los deEmaús, es posible un ser humano y un mundo nuevos,porque en los albores del siglo XXI es posible un nuevoPentecostés de abundante vida.

4. UNA IGLESIA QUE TIENE POR MODELOA LA MADRE DE JESÚS

362. María, madre de los discípulos misioneros, tambiéncamina con nosotros. Ella lo hace como discípula, porqueha creído firmemente que lo anunciado por el Señorse cumplirá. Lo hace como misionera, porque –a diferenciade los apóstoles que proclaman la Palabra– da a luz aJesús, Palabra de Dios, contenido de la proclamación apostólica. Camina con nosotros como mujer solidaria, porque ofrece su ser, su intercesión y sus santuarios para atender nuestras necesidades. Camina como nueva Arcade la alianza, habitada por la Palabra viva de Dios, ycomo sierva del Señor, que por su escucha y obediencia tiene la experiencia de grandes cosas que el Poderoso hace en ella y con ella. Ella es por sobre todo modelo del discípulo misionero que abre su vida al acontecimiento salvífico trinitario.

363. María, la madre de la Iglesia, acompaña a apóstolesy discípulos en Pentecostés. Con ellos espera la luzplena que proviene del Espíritu (cf. Jn 14, 25; 16, 13).Como ellos, realiza el proceso característico de una fe que crece en la comprensión y práctica del proyecto salvador del Padre (cf. Lc 8, 15.21).

364. Que la Inmaculada Concepción que veneramos enAparecida, que concibió primero a Jesucristo en el corazóny después en sus entrañas, sea madre y modelo defecundos discípulos misioneros y de significativos itinerarios pastorales y espirituales para que todos nuestros pueblos, que tanto veneran a su Madre, tengan vida en Jesucristo.


Publicado por Desconocido @ 1:12  | Hablan los obispos
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SÍNTESIS
DE LOS APORTES RECIBIDOS
PARA LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO





III
EL ESPÍRITU NOS IMPULSAA SER DISCÍPULOS MISIONEROS


172. La Iglesia ha recibido de su Señor la misión de ir por el mundo ofreciendo a los hombres y mujeres el donde ser discípulos (cf. Mt 28, 19). Vocación de la Iglesia es anunciar al Señor resucitado, generando y acompañando el encuentro personal con Él. Para cumplir con suvocación el Señor le infunde el don del Espíritu –y con él la paz, el envío misionero y el poder de perdonar lospecados–, que la anima e impulsa a llevar a cabo la misiónde manifestar y construir un Pueblo santo, semilla de una humanidad fraterna y reconciliada.

173. Desde entonces, la Iglesia se encamina por todo el mundo para “hacer discípulos a todos” cuando el Espíritu hace fecunda la proclamación de la Buena noticia del Reino de vida y santidad (cf. Mc 16, 15). Él reviste al ser humano del “Hombre nuevo” (Jesucristo), para que lleve “una vida verdaderamente recta y santa” (Ef 4, 23-24). Ayer como hoy, Él trabaja para que la Iglesia por su santidad se convierta en “Evangelio vivo”, anunciandoque la obra del Resucitado es camino de vida, de verdad y libertad (cf. Rm 8, 21).

1. EL ESPÍRITU ANIMA LA EVANGELIZACIÓN DE LA IGLESIA

1.1 El Espíritu de Dios en el Proyecto del Padre


174. Los discípulos, después de la ascensión del Señor a los cielos y cumpliendo con su palabra, volvieron a Jerusalén.En oración junto a María, la madre de Jesús, y conun mismo espíritu, aguardaban la Promesa del Padre, el bautismo que recibirían en el Espíritu Santo (cf. Hch 1,4s). Y efectivamente ocurre lo increíble: reciben el dondel Espíritu bajo la forma de lenguas de fuego, precedidode un viento impetuoso que invadió la casa. Y todos“quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 1-4).

175. No reciben cualquier Espíritu, sino el Espíritu ya prefigurado en la antigua alianza: el “espíritu de Dios”que aleteaba sobre las aguas caóticas del tiempo de la creación (Gn 1, 2); el “santo espíritu” que Dios infundía en Moisés (Is 63, 11-14) y en los profetas (cf. Mi 3, 8); el que penetraba en hombres y mujeres moviéndolos a actuar (cf. 1 Sm 16, 13); el que cubría de vida huesos secos (cf. Ez 37, 1-10); el “espíritu nuevo” prometido a Israel para que conozca a Dios y practique su voluntad (11,19). Reciben el “espíritu” prometido al Ungido para que hiciera presente el reinado de Dios (cf. Is 11, 1-9). El Pentecostés cristiano es la donación del “Espíritu prometido”(Ga 3, 14) que –según la Escritura– caracterizaría los tiempos mesiánicos (cf. Jl 3, 1-5).

176. En la nueva alianza, el Espíritu ya no se revelacomo atributo de Dios, sino como Persona divina de la misma naturaleza que el Padre y el Hijo (cf. Mt 28,19). Es la “fuerza que viene de lo alto” (Lc 24, 49) que, al inicio del ministerio público de Jesús de Nazaret, desciende sobre el enviado por el Padre (cf. Mc 1, 9-11). Jesús ,ungido por el Espíritu del Padre, es el Hijo primogénito hecho “mesías” o “cristo” para hacer presente hoy el Reino (cf. Lc 19, 9), y anunciar a pobres y marginados el torrente de agua viva que brota del trono de Dios y del Cordero (cf. Ap 22, 1), fuente de vida del Reino, de vida alternativa a los valores y a la vida del mundo (cf. Mt 5,2-12). El Espíritu de Dios, jamás abandonará al Mesías (cf. Lc 4, 14), refrendando con portentos el encargo del Padre (cf. 6, 17-19). En el bautismo y en la vida de Jesús, a obra de la salvación se revela como obra trinitaria.

1.2 La Iglesia del Espíritu

177. La ascensión de Jesús al cielo y su exaltación junto a su Padre marcan el fin del ministerio del Mesías en la tierra (cf. Hch 3, 21) y el comienzo de su ministeriouniversal como “Señor” y “Salvador” (5, 31). Después de Pentecostés, las Iglesias locales experimentan de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas (cf. 1Co 12, 1-11) y variados oficios que edifican la Iglesia y sirven a la evangelización (cf. 12, 28-29). Por estos dones del Espíritu, la comunidad extiende el ministerio salvífico del Señor hasta que Él de nuevo se manifiesteal final de los tiempos (cf. 1, 6-7). El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro(cf. Hch 6, 5) y Pablo (cf. 13, 9), señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo(cf. 13, 2).

178. La Iglesia, en cuanto marcada y sellada “con EspírituSanto y fuego” (Mt 3, 11), continúa la obra del Mesías, abriendo para el creyente las puertas de la salvación (cf.1 Co 6, 11). Pablo lo afirma de este modo: “Ustedes sonu na carta de Cristo redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo” (2Co 3, 3). Uno y el mismo Espíritu guía y fortalece a la Iglesia en el anuncio de la Palabra, en la celebración de la fe y en el servicio de la caridad hasta que el Cuerpo deCristo alcance la estatura de su Cabeza (cf. Ef 4, 15-16).De este modo, por la eficaz presencia de su Espíritu,Dios asegura hasta la parusía su propuesta de vida para hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares.Por tanto, el Señor sigue derramando hoy su Vida por la labor de la Iglesia que, con “la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo” (1 P 1, 12), continúa la misión que Jesucristo recibió de su Padre (cf. Jn 20,21).

1.3 El Espíritu Santo, vida nueva de los discípulos

179. Los evangelizadores de la primera hora eran testigosprivilegiados de la vida que suscitaba el Espírituen todo aquel que creía en el Señor resucitado (cf. Rm 5,5). En ellos y en los demás percibían cómo el Espíritu “de Cristo” (8, 9) o “de Dios vivo” (2 Co 3, 3) realmente “davida” (3, 6). Esta experiencia es también hoy la de tantos cristianos y comunidades eclesiales.

180. Vida nueva en el Espíritu es el conocimiento delPadre y la participación de los bienes que regala por suHijo (cf. 1 Co 2, 10-12). Es también el don inmerecido de hacernos, por los méritos del Mesías, hijos adoptivos delPadre (cf. Rm 8, 14-15). Gracias a este Espíritu, podemosde verdad clamar: “Abbá”, es decir, “Padre” (8, 15). Vida nueva son “las primicias del Espíritu”, lo que explica el profundo anhelo de alcanzar algún día la vida plena de hijos, caminando “según el Espíritu”, acogiendo sus frutos(Ga 5, 22-26), liberándonos de nuestros apetitos egoístase inclinaciones desordenadas (cf. 19-21). Vida nuevaes vivir reconciliados y en paz, porque el Espíritu nos hace “morada de Dios” que por la cruz de su Hijo nos reconcilió (cf. Ef 2, 14-22). Así, consagrados a Dios porel Espíritu, tenemos una “morada eterna en los cielos” (2 Co 5, 1), donde participaremos para siempre de su vida de Padre gracias a la entrega de su Hijo (cf. Rm 6,22-23).

181. Gracias a la vida en el Espíritu, todos los discípulosdel Señor son “familia de Dios, edificados sobreel cimiento de los apóstoles y profetas, siendo el mismoCristo Jesús la piedra fundamental” (Ef 2, 19-20). Dios espera de su familia el tributo de un culto sincero que es aquel “culto nacido del Espíritu de Dios” (Flp 3, 3). Quien por el Espíritu es identificado con Jesucristo, “Primogénitode toda criatura” (Col 1, 15), se hace “nueva creación:lo viejo ha pasado y ha comenzado algo nuevo” (2Co 5, 17). Esta es la vida nueva del discípulo del Señorque, impulsado por el Espíritu, debe testimoniar al mundo entero

2. EL PUEBLO DE DIOS MISIONERO AL SERVICIO DEL REINO

2.1 Discípulos Misioneros


182. Durante su ministerio, Jesús forma a los suyos para que proclamen el Reino de vida y lo transformen en un acontecimiento siempre actual. Su manera de vivir la misión de ser el Enviado del Padre, es Camino para quienes lo siguen. Así los asocia al encargo recibido (cf. Jn20, 21). En la misma convivencia con Jesús, los discípulosse inician en la vida en comunión, y aprenden cómo ser “apóstol” o “enviado” para hacer que otros también sean, en sus circunstancias concretas, discípulos de Jesús.La formación para la misión no es una formación diversa a la de ser discípulo. “Discípulo” y “misionero”son dos términos que mutuamente se reclaman.

183. Mediante metáforas, Jesús indica a los suyos enqué consiste la misión. Los hará “pescadores de hombres”, para sacar al ser humano del dominio del pecado y hacerlo partícipe del Reino; “pastores del rebaño deDios”, para guiar a los hombres y ofrecerles la sabiduría,la vida y el alimento de Dios, y “jornaleros de la mies”, para cosechar los frutos del Reino que Dios hace crecer.Las imágenes acentúan la misión como acciones salvíficasque realizan el misterio pascual. La misión no será fácil, pues “como corderos en medio de lobos” (Lc 10, 3) encontrarán muchas dificultades, incluso la muerte. Pero ni el Resucitado ni su Espíritu los abandonarán.

184. Luego de la ascensión de Jesús y de la venidadel Espíritu Santo en Pentecostés, los apóstoles y discípulos–impulsados por el Espíritu y favorecidos por circunstancias históricas providenciales– llevaron el Evangeliopor el mundo entonces conocido. Evangelizan proclamando la Palabra, constituyendo comunidades ycelebrando en ellas la fe, particularmente en la Eucaristía.Su anuncio se nutre de la Escritura. Las comunidadesson abiertas y misioneras, a cuyo cargo está un apóstolo discípulo. En ellas, la celebración del Bautismo y la Eucaristía adquieren gran centralidad. Pronto entienden que, aun siendo uno solo el Evangelio del Padre, Jesucristo, no pueden evangelizar a judíos y gentiles empleando los mismos énfasis y métodos. Sin embargo, a unos y otros les anuncian la centralidad del Señor Jesús y del Reino. Las comunidades deben dar testimonio de Él en las sociedades donde viven y actúan, para transformarlas como levadura en la masa.

185. La evangelización de los primeros siglos, según el testimonio de los padres de la Iglesia, nos enseña quela acción pastoral y misionera debe plantearse y ser evaluada por su capacidad de conducir al encuentro con Jesús; por la disponibilidad de respuesta generosa que da a las mociones del Espíritu y a los nuevos caminos que se abren para evangelizar, y por acompañar el proceso integral de discipulado en la Iglesia para el serviciodel mundo.

2.2 Los grandes modelos del discipulado misionero

186. La Iglesia ha tenido la bendición de contar con numerosos testigos en América Latina y El Caribe: laVirgen María, los apóstoles, santos y santas y, en especial, los santos y mártires que sembraron el Evangelio en el Continente. Recuerda, además, a incontables discípulos y misioneros, hombres y mujeres de fe sencilla, laicos y consagrados, adultos, jóvenes y niños, cuyo testimonioes cuidadosamente conservado en cada Iglesia Particular.Todos ellos estimulan a vivir con alegría, como miembrosdel pueblo de Dios, la belleza de ser cristianos, animan al encuentro liberador con Jesucristo, contagian el ardor apostólico en la misión evangelizadora, enseñan a ser solidarios con la historia de los propios pueblos. Especialmenteen las fiestas patronales, la comunidad cristianainvoca su protección y los propone como modelosde seguimiento del Señor y de compromiso evangélico en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.Como ellos, los cristianos de hoy deseamos vivir el gozo de la pertenencia a Jesucristo, insertos en comunidades fraternas, vivas y santas, comprometidos con el desarrollo humano y espiritual de cada persona y de la entera sociedad latinoamericana.

2.2.1 María camina con nuestros Pueblos

187. En la vida de la Iglesia se destaca la figura de laVirgen María, venerada como Madre de Jesús y Madrede la Iglesia. Desde el comienzo de la evangelización, son incontables las comunidades que han encontradoen ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. Con gozo constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativosde su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continentetestimonian la presencia cercana de María a la gente y,al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana. La historia de la mayoría de los santuarios marianos del Continente, desde Guadalupe hasta Aparecida, testimonian el cariño especial de María por los pequeños e insignificantes de este mundo. La devoción mariana presente en el Continente, con su multitud de expresiones culturales, nos dice que el Evangeliose ha inculturado en las facciones indias, criollas, negras y mestizas con las que se presenta a la Virgen,revelando en ello el rostro compasivo y materno de Dios hacia su pueblo.

188. Juan Pablo II la llamó “Madre y Evangelizadorade América” (EiA, 11) e invitó a implorar de ella “la fuerza para anunciar con valentía la Palabra en la tarea de la nueva evangelización, para corroborar la esperanza en el mundo” (EiA, 76). Hoy también, con el ejemplo y el auxilio de la Virgen, las comunidades cristianas latinoamericanas continúan la misión de conducir al encuentrocon Cristo y, por eso, la invocan como Estrella de la evangelización.A los ojos y al corazón de los creyentes, ella aparece como:

a) Mujer de fe

189. Acoge y hace suyo el proyecto del Padre. Con su “sí” invita a abrir el corazón a la confianza en Dios y al abandono confiado en su providente conducción. En ella hemos aprendido a descubrir el rostro materno de Dios,rico en piedad y misericordia, y a confiar en su amor paternal. Madre de Jesús, nos muestra el “fruto bendito de su vientre”, “Camino, Verdad y Vida”, del cual queremos ser discípulos, y llena del Espíritu Santo nos enseña a transformar los diversos momentos del acontecerhumano en historia de salvación.

b) Mujer servicial y solidaria

190. Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantenervivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega yde gratuidad que deben distinguir a los discípulos de suHijo. Indica, además, cuál es la pedagogía para que lospobres, en cada comunidad cristiana, “se sientan comoen su casa” (NMI 50).c) Mujer de esperanza

191. Junto a la Cruz de Jesús donde nos engendró nuevamentecomo hijos, sigue acompañando el dolor denuestros pueblos sufrientes, invitando a los discípulos desu Hijo a recorrer con mayor coherencia y audacia elcamino de hacerse prójimos, a construir más justicia ysolidaridad, y a desplegar una nueva “imaginación de lacaridad”.d) Madre y formadora de comunidades de discípulosmisioneros

192. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida,en fraternidad, en atención y acogida del otro,especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades,su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá98SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalenriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y suactitud acogedora, que la convierte en “casa y escuelade la comunión” (NMI 43), y en espacio espiritual queprepara para la misión.

2.2.2 Los apóstoles y los santos193. También los apóstoles de Jesús han marcado laespiritualidad y el estilo de vida de nuestras Iglesias.Su testimonio se mantiene vigente y sus enseñanzas inspiranel ser y la acción de las comunidades cristianas delContinente. Entre ellos, el apóstol a quien Jesús confió lamisión de confirmar la fe de sus hermanos (cf. Lc 22,32), las ayuda a estrechar el vínculo de comunión con elPapa, sucesor de Pedro, y a buscar en Jesús las palabrasde vida eterna (cf. Jn 6, 68). Pablo, el evangelizador incansable,les ha indicado el camino de la audacia misioneray la voluntad de acercarse a cada realidad culturalcon la Buena Noticia de la salvación. Juan, el discípuloamado por el Señor, les ha revelado la fuerza transformadoradel mandamiento nuevo y la fecundidad de permaneceren su amor.194. Nuestras comunidades llevan el sello de los apóstolesy, además, reconocen el testimonio cristiano detantos hombres y mujeres que esparcieron en nuestrageografía las semillas del Evangelio, viviendo valientementesu fe, incluso derramando su sangre. Su ejemplode vida y santidad constituye un regalo precioso para elcamino creyente de los latinoamericanos y, a la vez, unestímulo para emular sus virtudes en las nuevas expresionesculturales de la historia. Con la pasión de su amora Jesucristo, han sido miembros activos y misioneros ensu comunidad eclesial; con valentía, han perseverado enla promoción de los derechos de las personas, fueronagudos en el discernimiento crítico de la realidad a la99El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosluz de la Enseñanza Social de la Iglesia y creíbles por eltestimonio coherente de sus vidas. Los cristianos de hoyrecogemos su herencia y nos sentimos llamados a continuarel estilo evangélico de vida que nos han trasmitido,conscientes de que “el hombre contemporáneo escuchamás a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan,o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”(EN 41).

2.2.3 Todos testigos al inicio del tercer milenio

195. En América Latina nos encontramos con el grandesafío de estar dispuestos “a dar razón de nuestraesperanza” (1 P 3, 15). En el don de ser discípulos y misioneros,nos fortalece la palabra de Jesús: “Ustedes recibiránla fuerza del Espíritu Santo; Él vendrá sobre ustedespara que sean mis testigos…, hasta los extremos dela tierra” (Hch 1, 8). La historia de nuestras Iglesias Particularesda cuenta de la extraordinaria fecundidad delEspíritu en tantas situaciones difíciles. También en el maragitado de nuestros días, Él nos otorga la gracia de descubrirla presencia salvadora del Resucitado y la audaciapara proclamar: “¡es el Señor!” (Jn 21, 7).

196. Convocados por Él, en la comunidad de los discípulosy misioneros de Jesús, sentimos la urgencia delReino y la pasión de ser testigos y apóstoles con nuestrapropia vida. Por eso, urge que cada miembro de laIglesia se renueve en la gracia del Bautismo y de la Confirmaciónque capacitan para la misión, de manera quecada uno pueda confesar que Jesucristo es la Buena Noticiade su vida. Así, con la fuerza de la Palabra y el auxiliode los sacramentos, y con la audacia de la misiónliberadora, la comunidad cristiana cumple con la misiónde ser “testigo del amor del Padre que, en su Hijo quierehacer de la humanidad, una sola familia” (DCE 19).100SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia General197. La Iglesia de América Latina deberá promover una“verdadera cultura” vocacional para que cada bautizadodiscierna el don de la propia vocación y haga de ellael proyecto cristiano de su propia existencia, en el amora Dios y el servicio de los hermanos.

2.3 Espiritualidad de la acción del discípulo

198. El Espíritu Santo que nos anima es el mismo queimpulsó a Jesús (cf. Rm 8, 9-17). Sin Él la evangelizaciónes imposible. Por eso, desde nuestros temores, cansanciosy debilidades le pedimos: “Ven, Padre de los pobres,ven a darnos tus dones”, “danos el ardor por anunciar aJesús al inicio de este siglo”.

199. Cuando hablamos de “espiritualidad” pensamosen el impulso del Espíritu, en su potencia de vida quemoviliza y transfigura todas las dimensiones de la existenciay no se queda sólo en los espacios privados de ladevoción. La acción del discípulo necesita de ese impulsoy de ese ardor que proviene del Espíritu, y que descubrimosen las notas que lo caracterizan.

2.3.1 La experiencia del amor de Dios despiertael ardor misionero200. En la tristeza de la soledad, la desilusión o el sufrimiento,los cristianos no olvidamos que “Dios es amor”(1 Jn 4, 8).Él nos ha amado primero y sigue amándonosprimero (…) Dicho encuentro implica tambiénnuestra voluntad y nuestro entendimiento (…) Lahistoria de amor entre Dios y el hombre consisteprecisamente en que esta comunión de voluntadcrece en la comunión del pensamiento y del sentimiento(Benedicto XVI, Deus Caritas est, 17).

101El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos MisionerosTenemos la certeza de ser amados y de vivir cada díasostenidos y guiados por la mano del Padre. Esta experienciay convicción interior nos sobrecoge y nos mantienefirmes en medio de un mundo desbordado por ladesconfianza, la inestabilidad y la inseguridad. Aunquenos sabemos pobres y débiles nos fortalece el amor deDios que siempre toma la iniciativa (cf. 4, 10). Nosotroshemos creído en ese amor (cf. 4, 16).

201. El Espíritu nos lleva a una experiencia de Jesucristoque nos permite reconocer el amor cercano del Padre.Toda la evangelización es una respuesta agradecida,el intento de agradecer a ese amor infinito que da vida.La experiencia del amor de Dios en Jesucristo, cuando esauténtica y profunda, es nuestro tesoro y nos convierteen apasionados testigos, convencidos de que esa experienciaes lo que todos necesitan para encontrar el verdaderosentido de sus vidas.

202. A partir de esa convicción serena y feliz, somosmisioneros. Hemos recibido un bien que no queremosni podemos guardar en la intimidad. Cuando somostestigos valientes y ardorosos, experimentamos queevangelizar nos llena de alegría y es el gozo de la Iglesia,que por su naturaleza es evangelizadora. Porquesomos depositarios de un tesoro que humaniza y aportavida nueva, sentimos la ardiente fuerza misionera de laIglesia.

2.3.2 Dóciles a la novedad del Espíritu

203. Con frecuencia no hemos acertado a comunicar elmensaje del Evangelio por aferrarnos a modos de expresión,estructuras y métodos propios del hombre viejo ode otra época. La rigidez y el apego a los propios esquemasson contrarios al dinamismo del Espíritu y a la con102SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalfianza en él. Sabemos que no se trata sólo de implementaruna mejor estrategia pastoral, sino de una actitud espiritualde docilidad a la acción del Espíritu.

204. Cuando leemos la Biblia vemos cómo Jesús (cf. Lc4, 1) y los primeros cristianos (cf. Hch 8, 39-40) se dejabanconducir por el Espíritu. Esa docilidad se manifiestaen una constante disposición para aceptar los cambiosque indique el Espíritu Santo a través de un atento discernimiento.Esto nos dará la mirada sapiencial y proféticaque reconoce lo que Dios quiere para el tiempopresente. Esto requiere oración sincera, diálogo, lecturacreyente de los signos de los tiempos, y una gran libertadinterior. Pero exige, sobre todo, estar convencidos de queel Espíritu conoce mejor que nadie el proyecto del Reinopara nuestros pueblos.

2.3.3 Confianza y audacia

205. Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte.De los primeros discípulos san Marcos nos relata quesalieron a predicar por todas partes, y que el Señor colaborabacon ellos y confirmaba la Palabra (cf. Mc 16, 20).Por eso, seguimos buscando una historia más justa, y nosalentamos unos a otros sin desanimarnos. Cristo resucitadoy glorioso es el manantial vivo de nuestra esperanza.Creemos que no nos faltará su ayuda para cumplirla misión que nos encomienda. Un auténtico espíritude esperanza implica esfuerzo generoso. No es lamento,sino fortaleza que no se deja vencer; no es pesimismo,sino confianza fiel. La fe en la Providencia de Dios no espasividad, sino compromiso abnegado con los caminosde Dios. Esa misma esperanza nos ayuda a discernir yreconocer las semillas del Reino que nunca faltan enmedio de la oscuridad, y a descubrir con gozo la presenciadel Resucitado que nunca desaparece.103El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misioneros

206. Esto implica reconocer el primado de la acción dela gracia en la vida pastoral, porque nosotros sembramos,regamos, cultivamos y cosechamos, “pero es Diosel que hace crecer” (1 Co 3, 7). Por eso, procurando unarenovada escucha de la Palabra de Dios en la oración,nos alimentamos de ella para ser sus servidores. Cuandonos detenemos a meditar la Palabra, reavivamos nuestraconciencia de que allí está lo que todo ser humano necesitaescuchar, así como en los sacramentos, la amistad yla gracia de Dios que necesitamos para vivir. No hay otromensaje ni otros medios mejores para iluminar y dar vidaa nuestros pueblos. Esta convicción nos alienta a entregarnosmás.

207. A partir de esta confianza, si de verdad tenemosun oído en el pueblo y otro en el Evangelio, brota unespíritu de audacia y de fortaleza. No renunciamos adecir la verdad sobre Dios, sobre el ser humano y sobrela Iglesia, aunque esa verdad no corresponda a loscriterios de muchos medios de comunicación o de ambientesdonde nos movemos. No queremos permitir quelos mensajes deshumanizadores terminen penetrando lacultura de nuestros pueblos. Por eso presentamos siemprea Jesucristo sin temores y sin avergonzarnos, y procuramosser la voz de los que no tienen voz, más allá delos intereses de los sectores que detentan el poder delEstado o del mercado.

2.3.4 Espiritualidad de comunión

208. Jesús, antes de entregarse a la pasión, imploróardientemente al Padre que todos seamos uno para queel mundo crea (cf. Jn 17, 21). La adhesión a Jesucristonos introduce en la comunión misma de Dios Trino ynos abre a la gracia de la comunión con los hermanos.La relación con Jesús nos interpela y nos convoca a104SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalestrechar vínculos, amándonos los unos a los otros comoÉl nos ha amado (cf. Jn 15, 12). Por eso, aun antes deprogramar acciones pastorales concretas, hace falta promoveruna espiritualidad de la comunión (cf. NMI 43).

209. Desde una auténtica conversión hacia cada hermanoy hermana, los cristianos elegimos vivir en fraternidadcuando oramos, dialogamos y planificamos.También cuando trabajamos unidos, compartimos fraternalmentey celebramos en común. Esta espiritualidadnos permite valorarnos unos a otros y apreciar la riquezade los hermanos como imágenes de Dios. Y cuandocaemos en la tentación de hacernos daño, nos disponemosa optar una vez más por la reconciliación. Creemosen Jesús cuando nos dice: “Donde están dos o tres reunidosen mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt18, 20).

210. En un mundo donde suele reinar el individualismoy cobra fuerza la competencia despiadada, que aveces nos contagia, los discípulos de Jesucristo nos sentimosllamados por Dios a optar por una manera de viviralternativa: a caminar junto a los hombres y mujeres debuena voluntad, a buscar coincidencias, a apoyarnosmutuamente y a superar los desencuentros para convivircomo hermanos. Sólo de este modo podemos ser testigosde Jesucristo y signos del Reino de vida y de paz,que estimule en nuestros pueblos un estilo de sociedadmás fraterna y solidaria.

2.3.5 Vocación, misión y santidad

211. El Espíritu Santo suscita en cada fiel un anhelo desantidad y un fuerte deseo de renovación personal quese expresa en la vida, el trabajo y la misión cotidiana. Lasantidad se desarrolla y madura cuando procuramos que105El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosla vida de Dios fecunde las actividades y preocupacionesde cada día, y cuando colaboramos para que todaslas dimensiones de la vida se vean modeladas por el Evangeliode la gracia (cf. Ef 3, 17).

212. Si el impulso del Espíritu impregna y motiva todaslas áreas de la vida, entonces también debe penetrary configurar la vocación propia. Así se desarrolla laespiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas,de consagradas seculares, de padres de familia,de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocacionestiene un modo específico de vivir la espiritualidadque da identidad y profundidad al ejercicio concretode sus tareas. Así, la vida en el Espíritu nos convierteen personas generosas y alegres, originales y creativas,comprometidas con los reclamos de la realidad y capacesde tomar iniciativas y de encontrarle un profundosentido a todo lo que nos cabe hacer por la Iglesia y porel mundo.

2.4 El estilo de la acción del discípulo

213. Cuando la vida y el impulso del Espíritu impregnanla actividad de los discípulos y las discípulas, estenuevo dinamismo se traduce también en un modo detratar a los demás, en una manera de mirarlos, de escucharlos,de hablarles, de servirlos y de acompañarlos. ElEspíritu hace presente en nosotros el modo de actuarde Jesús. Así, la espiritualidad de la acción provoca unaserie de actitudes fraternas que conforman un estiloevangelizador.

2.4.1 Cercanía y solidaridad en la vida social

214. En su vida pública, vemos a Jesús cercano a todos.Comía y bebía con los pecadores, (cf. Mc 2, 16) se dete106SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalnía a conversar con la gente (cf. Jn 3-4; Mc 10, 17-22) yse preocupaba por el ciego del camino (cf. Mc 10, 49-52).Cuando hablaba con alguien, no lo soportaba con desgano,sino que lo miraba con una profunda atenciónamorosa: “Jesús lo miró con cariño” (Mc 10, 21). El estilode Jesús invita a que sus discípulos, sin ser delmundo vivan en Él, comprometidos con Él. Salvo quieneshan recibido una especial vocación para vivir a solascon Dios y, de esa manera, la comunión con los hermanosen la oración y el ofrecimiento de su vida; a todosnos cabe vivir activamente integrados en la sociedad,compartiendo la vida con todos, escuchando sus inquietudes,colaborando material y espiritualmente con ellosen sus necesidades, alegrándonos con los que están alegres,llorando con los que lloran y comprometiéndonosen la construcción de la sociedad.

215. La tarea evangelizadora está marcada por un sinceroamor, no sólo afectivo sino realmente efectivo, aquienes nos necesitan. A veces se expresa como compañíasilenciosa y compasiva, otras veces es palabra quealienta, abrazo que consuela, paciencia que perdona,servicio que alivia, o disposición a compartir lo que seposee. En este mundo donde frecuentemente nos sentimosdesamparados y olvidados, se vuelve indispensableoír el llamado del Espíritu a cuidarnos y sostenernosunos a otros de manera que nadie se sienta excluido omarginado.

2.4.2 Profundo respeto hacia los diversos procesospersonales y colectivos

216. El discípulo de Jesucristo sabe que el camino haciala santidad no se puede imponer a nadie, si bien se le hade presentar como un ideal atractivo, como un itinerariode maduración en la fe, siempre posible con la ayuda de107El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosla gracia. Al proponer este ideal, queremos estar atentosa las situaciones y a los procesos particulares de las personasy comunidades.

217. Tampoco podemos ignorar las fragilidades de laspersonas, que requieren un largo y lento camino de liberacióny crecimiento. Aunque los principios morales hande ser siempre propuestos con claridad, el crecimientoespiritual y el desarrollo de la conciencia son procesosgraduales. La gracia de Dios trabaja con nuestra libertaddébil y llena de condicionamientos, pero sin violentarla.No obstante, el Espíritu Santo quiere hacernoscrecer en la libertad de los hijos de Dios. Por eso no podemosrenunciar al deber de formar las conciencias, concomprensión y paciencia, de manera que los corazoneshumanos acepten y vivan la propuesta del Evangelio.

2.4.3 Pastoral orgánica como expresión departicipación plena

218. La Iglesia de Jesucristo se encarna en cada Iglesiaparticular, donde se encuentran todos los elementos necesariospara la santificación y la misión. En el seno deesta porción de la Familia de Dios estamos llamados arealizar las tareas de un modo armónico e integradoen el proyecto pastoral de la diócesis, y no al margen delresto. Ese proyecto, que surge de un camino de variadaparticipación, hace posible la pastoral orgánica.

219. La “comunión pastoral” exige actitud de aperturay disposición a participar. De este modo queda de manifiestoque la apertura a los demás es capaz de enriquecery transfigurar el ejercicio de la propia misión, acogiendolos dones de los otros y aportando al bien de laIglesia y de la sociedad el servicio de los propios carismas.Implica también una constante ascesis, para asumir que108SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generallos tiempos comunitarios no respondan a los propios proyectosy a los cálculos personales.

2.4.4 Disposición al servicio humilde y cordial

220. Jesús quiso compartir la vida sencilla de su gentehasta el punto que lo consideraban uno más del pueblo.Por eso decían: “¿No es éste el carpintero?” (Mc 6,3). Él nos enseñó a ejercer la propia misión en humildady servicio (cf. Mt 20, 25-26), para que nosotros hagamoslo mismo. Esto exige que renunciemos a hacer alarde detítulos, dignidades o poder (cf. Flp 26s) y a posiciones deprivilegio. A la luz de la fe es preciso que valoremosprofundamente a cada ser humano, para descubrir quetodos merecen de nosotros una atención humilde ycordial.

221. Queremos reconocer que cada persona es dignade nuestra entrega. No por su apariencia, por sus capacidadeso por las satisfacciones que nos brinde, sino porquees obra preciosa de Dios, criatura suya e hija de superdón y de su gracia. Él la creó a su imagen, y por esorefleja algo de su gloria. Todo ser humano es objeto de laternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida.Jesucristo dio su sangre en la cruz por todos. Entoncesesas personas son inmensamente sagradas y lo merecentodo. Sólo desde esta convicción podremos entregarnospor ellos.

2.4.5 Creatividad y renovación constante

222. Amar al otro con sinceridad y mirarlo como Jesúslo mira, implica también poner a las personas en primerlugar, subordinando nuestros proyectos, gustos y costumbresal servicio de los otros. Esto supone la capacidad derenovar planes y estar dispuestos a cambiar métodos,109El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerostareas o expresiones, cuando la realidad de las personasnos muestra que ya no sirven para evangelizar. El amoral hermano exige una búsqueda permanente y unagenerosa creatividad de quien pone todos sus dones alservicio de los demás y acepta ejercitar esos carismas siemprede una manera nueva.223. Esta actitud se manifiesta particularmente a travésde las formas del lenguaje que son diversas, cambian yse modifican constantemente en el contacto con los demás.No se trata sólo de una estrategia, sino de un estilo,de un modo de ir al encuentro del otro, poniéndonos ensu lugar y adoptando las expresiones que manifiestenque realmente somos parte de sus vidas. Esto vale demanera particular para superar barreras generacionalesy culturales.

2.4.6 Opción permanente por los más pobres

224. En esta época suele suceder que defendemos demasiadonuestros espacios de privacidad y disfrute, y nosdejamos contagiar fácilmente por el consumismo individualista.Por eso nuestra opción por los pobres corre elriesgo de quedarse en un plano teórico o meramenteemotivo, sin verdadera incidencia en nuestros comportamientosy en nuestras decisiones. Es necesario convertiresta opción genérica en una actitud permanenteque se manifieste en opciones y gestos concretos (cf.DCE 28. 31). En primer lugar, dedicando tiempo a lospobres, prestándoles una amable atención, escuchándoloscon interés, acompañándolos en los momentos másdifíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas oaños de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformaciónde su situación. Jesús lo propuso con su modode actuar y con sus palabras: “Cuando des una comida110SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalo una cena invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos ya los ciegos” (Lc 14, 13).

225. Sólo la cercanía que nos hace amigos nos permiteapreciar profundamente los valores de los pobres de hoy,sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe. Ala luz del Evangelio reconocemos su inmensa dignidad ysu valor sagrado a los ojos de Cristo, pobre como ellos yexcluido entre ellos. Desde esta experiencia creyente,compartiremos con ellos la defensa de sus derechos,porque nuestro Padre común no quiere que vivan en lamiseria. Así estarán marcadas por una sincera, vigorosay generosa actitud evangélica, propia de los discípulos ydiscípulas del Reino, nuestras palabras a favor de lospobres, como también las decisiones que tomemos parasuperar prejuicios, cambiar costumbres y modificar reglamentosy legislaciones que los discriminan.

2.5 Diversidad de identidades en comunióny participación

226. Con mucha insistencia, las aportaciones al Documentode Participación de las Conferencias Episcopales,destacan que la vida de los discípulos de Jesucristo es undon que muestra su unidad a través de la diversidad ypluralidad de pueblos, lenguas, razas y costumbres.Nuestras Iglesias particulares deben aparecer, cada vezmás, como una sola vocación hecha de múltiples vocaciones;un solo cuerpo, en la variedad de sus miembros(cf. 1 Co 12, 12ss). Cada bautizado, en efecto, es portadorde una vocación original, la que deberá desarrollaren unidad y complementariedad con la de los otros, a finde formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para lavida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidadorgánica y la diversidad de funciones asegurará111El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosmayor vitalidad misionera y un anuncio más incisivo delEvangelio.2.5.1 Diversidad de carismas, ministerios y servicios

227. Con el Concilio Vaticano II, ha crecido la concienciade que incumbe a los miembros de la Iglesia ir almundo entero para anunciar el Evangelio. Para ello, hasido dotada por el Espíritu de carismas y ministerios variados.“La Iglesia entera es misionera, la obra de laevangelización es un deber fundamental del pueblo deDios” (cf. LG 2. 23). Siguiendo la inspiración conciliar,las orientaciones pastorales de las Conferencias Generalesde Puebla y de Santo Domingo han destacado el significadoy la fecundidad pastoral de la comunión y laparticipación. Hoy podemos apreciar que ha crecido ennuestras comunidades la praxis y la espiritualidad de lacomunión, lo que se ha traducido también en un mayorreconocimiento y acogida de los dones personales de cadabautizado, optimizando así la vida fraterna y la corresponsabilidadmisionera, especialmente de los laicos.

228. Se destacan, en particular, grupos y comunidadesde catequistas, ministros de la Palabra, servidores de losenfermos y animadores de muchos otros servicios, especialmenteen el campo de la solidaridad (Pastoral Social,Caritas, ayuda fraterna, etc.).

229. Sin embargo, en la práctica, entre carismas y ministeriossurgen no pocas tensiones. Urge relacionarlosfecundamente entre sí, renovando el desafío de perseveraren el camino emprendido, recorriéndolo conmayor audacia y con experiencias concretas de participacióneclesial. Una Iglesia, en la cual se entrelazan lasdimensiones espirituales e institucionales, no puede descuidarlos servicios y los carismas más conocidos y los112SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalmás silenciosos que el Espíritu concede en abundancia alos fieles. Es necesario abrirse más al mutuo descubrimientoy aprecio, a la colaboración y al reconocimientode los carismas, ministerios y servicios que él suscita permanentemente.Esta actitud permitirá superar la tentaciónde individualismos pastorales, del clericalismo o dela autoafirmación y autosuficiencia de personas y de grupos.La Iglesia del Continente deberá fortalecer y buscarnuevos itinerarios pastorales a fin de hacer real la participaciónde todos sus fieles, desde las diversas responsabilidadesvocacionales y talentos recibidos. Obispos, sacerdotes,diáconos permanentes, religiosas, religiosos ylaicos: una sola comunidad viva que recorre el mismocamino del discipulado tras el Maestro, y que maduraanunciándolo en corresponsabilidad como “Camino,Verdad y Vida” para la existencia personal y social.

2.5.2 Movimientos, asociaciones y agrupaciones laicales

230. La tercera Conferencia General, celebrada en Puebla,ha definido a los laicos como “hombres de Iglesiaen el corazón del mundo, y hombres del mundo en elcorazón de la Iglesia” (DP 786). Mediante ellos, los clamoresde nuestros pueblos son clamores de la comunidadcristiana, permitiendo que ésta haga suyos los gozosy las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombresy mujeres de nuestro tiempo y que nada, verdaderamentehumano, quede sin eco en el corazón de la Iglesia(cf. GS 1). Como miembros plenos del pueblo de Dios,en forma personal y asociada, los fieles laicos recibendones y carismas del Espíritu Santo, para la edificaciónde todo el cuerpo en la caridad (cf. AA 3).

231. La misión propia y específica de los fieles laicos larealizan en el corazón del mundo, y les pide transformarel mundo según Cristo. Su colaboración con las diversas113El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosactividades pastorales al interior del Pueblo de Dios esvaliosa, pero no ha de disminuir el despliegue completode sus responsabilidades en medio del mundo. Hoy másque nunca necesitan espacios de formación, intercambioy acompañamiento, de manera que nunca se sientan soloscuando cumplen su misión laical con responsabilidadpersonal, dando testimonio de Cristo y de los valoresdel Reino al interior de la vida social, económica,política y cultural. Es preciso que los fieles laicos recuperenla conciencia del carácter cristiano-secular de suidentidad y misión. De ellos depende que el Evangelio deCristo renueve la vida pública de las naciones latinoamericanas.

232. Los aportes de las Conferencias Episcopales hablanmucho sobre la necesidad de dar mayor participación alos laicos y a las laicas, en la planificación de las accionespastorales, particularmente en los ámbitos de decisión,y no sólo en la ejecución de las mismas (cf. ChL51). Si hoy toda la Iglesia en América Latina quiere ponerseen estado de misión, y si en esa misión quiere llegara todos, precisamente allí donde se encuentran, losmisioneros ya no podrán ser sólo los ministros ordenadosy los consagrados y consagradas, sino principalmentelos fieles laicos. Ellos podrán apasionarse por la misión ydar vida, si verdaderamente son parte activa y creativade proyectos pastorales que sean de todos.233. Esto exige poner en práctica un cambio de mentalidad,ya pedido en la Conferencia de Santo Domingo(cf. SD 96), pero cuya asimilación y puesta en prácticaaún se muestra muy insuficiente.
234. En este contexto el fortalecimiento de variadasasociaciones, movimientos apostólicos laicales e itinerariosde formación cristiana, particularmente de gru114SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generalpos evangelizadores, es un signo esperanzador. Favoreceque muchos bautizados y muchos grupos misionerosasuman con mayor responsabilidad su identidad cristianay colaboren más activamente en la misiónevangelizadora. En las últimas décadas, su presencia ymisión la han desarrollado con un fuerte protagonismo.Es por ello que un adecuado discernimiento, animación,coordinación y conducción pastoral, sobre todo de partede los sucesores de los apóstoles, contribuirá a ordenareste don a la edificación de la única Iglesia (cf. Discursodel Papa Benedicto XVI a los Movimientos, Vísperas dePentecostés de 2006).

2.5.3 Comunidades eclesiales de base

235. En la experiencia eclesial de América Latina y ElCaribe, las comunidades eclesiales de base con frecuenciahan sido verdaderas escuelas que forman discípulosy misioneros del Señor. Solidarias con la vida de laIglesia, alimentadas por sus enseñanzas y unidas a suspastores, son lugares de experiencia cristiana y de evangelización,que buscan alimento en la Palabra de Dios,en la oración y en el compartir fraterno, mientras acrecientanla conciencia y la praxis solidaria y misionera desus miembros.

236. Sin embargo, percibimos que hoy en nuestrocontexto eclesial, especialmente urbano, las CEBs atraviesanpor un momento de dificultad y estancamiento.Esta situación requiere ser analizada convenientementepara detectar las causas y encontrar nuevasexpresiones que renueven esta rica experiencia de la Iglesialatinoamericana.

237. La conducción pastoral y los itinerarios formativosdeberán cuidar y desarrollar la experiencia positiva de115El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosestas comunidades, y prestar especial atención para quefortalezcan el centro de su vida en la Eucaristía, crezcanen solidaridad con quienes comparten con ellos su trabajoy su vida, se sientan firmemente unidas a sus comunidadesparroquiales, a todo el Pueblo de Dios y a susPastores. Así les será fácil vivir con alegría todas las dimensionesde su fe, y evitar todo empobrecimiento de lamisma.

2.5.4 Comunidades de vida consagrada

238. En el camino del discipulado misionero, la vidaconsagrada tiene un valor y una misión insustituible.Es un camino de especial seguimiento de Cristo, paradedicarse a Él con un corazón indiviso, y ponerse, comoÉl, al servicio de Dios y de la humanidad, asumiendola forma de vida que Cristo escogió para venir a estemundo: una vida virgen, pobre y obediente (VC 14, 16y 18).

239. Para los demás miembros del Pueblo de Dios,ella está llamada a ser signo de los bienes futuros prometidospor Dios, y para los hombres y mujeres de nuestrotiempo, profecía de una humanidad reconciliada, llamadaa construir comunión y vida compartida a partir deorígenes y dones distintos.

240. En América Latina, como en todas partes, la vidaconsagrada no tiene solamente “una historia gloriosapara recordar y contar; tiene una gran historia que construir”(VC 110). Su vida “es un don de Dios Padre a suIglesia por medio del Espíritu” (VC 1), puesto “como elementodecisivo para su misión…., y don precioso y necesariopara el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porquepertenece íntimamente a su vida, a su santidad y sumisión” (VC 3).116SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia General

241. En nuestros días, las comunidades de vida consagrada,junto con toda la Iglesia, se han percibido profundamenteafectadas por los diversos cambios de la sociedady de la cultura. A veces hablan de desencanto, decrisis y de desconcierto. Al mismo tiempo, la reducciónen el número de sus miembros hace que algunas formasde vida consagrada se pregunten por su futuro. Sin embargo,por otra parte se perciben signos de vitalidadque indican el camino por el cual la está conduciendo elEspíritu: riqueza de los carismas fundacionales puestosal servicio del Reino en la Iglesia; opción por vivir pobremente,entregando lo mejor de sí en provecho de los másafligidos, pobres y desesperanzados, renovada pasión porCristo y por la humanidad (mística y profecía), ycentralidad del Evangelio y de la Eucaristía como criterioy punto central de referencia para una valiente renovaciónde las personas y de las estructuras.

242. La Iglesia de América Latina espera mucho de lavida consagrada, especialmente del testimonio y aportede las religiosas, contemplativas y de vida apostólica, puesjunto a los demás hermanos religiosos, miembros de InstitutosSeculares y Comunidades de Vida Apostólica,muestran el rostro materno de la Iglesia y su anhelode escucha, acogida, pobreza y servicio.

2.5.5 Presbiterio y Diaconado Permanente

243. La renovación de nuestras comunidades eclesialescomienza –como lo muestra la vida y la historia de laIglesia– mediante una profunda renovación de las personasconsagradas. Las comunidades cristianas esperande sus pastores, testigos de la primacía de Dios, unapresencia más cercana con su pueblo –particularmentecon los grupos humanos en situación de necesidad–; sutestimonio de hombres de oración; una mayor dedica117El Espíritu nos impulsa a ser Discípulos Misionerosción al acompañamiento espiritual; una gran coherenciacon lo que predican; una orientación más decidida yprofética de la Iglesia y de la sociedad; y que sean promotoresy signo de unidad en el marco de una pastoralorgánica. Los presbíteros son los primeros responsablesde asegurar la comunión fraterna en su comunidad, porquesus personas y su misión están íntimamente vinculadosa la Eucaristía, que es el Sacramento que significa yrealiza la unidad de la Iglesia (cf. LG 3), y a la Palabra deDios que nos convoca y nos une. En cuanto promotoresy signos de unidad, los clérigos se deberán abstener departicipar en compromisos que implican la participaciónen el ejercicio del poder civil.

244. Las aportaciones de las Conferencias Episcopalesindican la necesidad de enfrentar, entre otros, tres desafíosprincipales:

245. a) El primero dice relación con la identidadteológica del ministerio presbiteral. El Concilio VaticanoII establece el “sacerdocio ministerial” al serviciodel “sacerdocio común de los fieles”, y a estos dos comoparticipación del “único sacerdocio de Cristo”. Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos ha redimido y nos ha participadosu vida divina. En Él, somos todos hijos del mismoPadre y hermanos entre nosotros; también los presbíteros.Antes que padre el presbítero es un hermano.Esta ontológica dimensión fraterna no debiera quedarcomo un abstracto supuesto eclesiológico, sino transparentarseen el ejercicio pastoral. Esto significa que el presbíterono debe olvidar ser y aparecer, en primer lugar,como discípulo de Cristo, con-discípulo con los hermanosen la fe, y superar la tentación del autoritarismo quelo aísla de la comunidad y de la colaboración con losdemás miembros de la Iglesia.

246. b) El segundo desafío se refiere a la cultura. Elpresbítero está llamado a conocerla para sembrar en ellala semilla del Evangelio, es decir, para que el mensaje deJesús llegue a ser una interpelación válida, comprensible,esperanzadora y relevante para la vida del hombre y dela mujer de hoy, especialmente para los jóvenes. Estedesafío incluye la necesidad de potenciar adecuadamentela formación inicial y permanente de los presbíteros, especialmenteen orden a su competencia intelectual.

247. c) El tercero es de carácter existencial. Este desafíose refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibatoy a una vida espiritual intensa fundada en la experienciade Dios; asimismo al cultivo de relaciones fraternascon los demás presbíteros, con el obispo y con los laicos.Para que el ministerio del presbítero sea coherente y testimonial,éste debe amar y realizar su tarea pastoral encomunión con el obispo y con sus pares. El ministeriosacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radicalforma comunitaria” y sólo puede ser desarrolladocomo una “tarea colectiva” (PDV 17).

248. Una respuesta esmerada a estos desafíos ayudaráa que los presbíteros vivan con mayor identidad su sersacramentos-personas de Cristo Pastor, en unión con todoel presbiterio de la Diócesis.

249. Una mención especial merecen los diáconos permanentes.Su presencia numérica ha crecido significativamenteen nuestras Iglesias, aunque con desigual desarrolloy valoración. Fortalecidos, en su gran mayoría, por ladoble sacramentalidad del Matrimonio y del Orden Sagrado, ofrecen un aporte significativo a la evangelización,a las celebraciones litúrgicas, a la formación de nuevascomunidades eclesiales, especialmente en las fronterasgeográficas y culturales, donde ordinariamente no llega la acción evangelizadora de la Iglesia. Cada diácono permanentedebe cultivar esmeradamente su inserción en elcuerpo diaconal y una estrecha relación con su obispo, los presbíteros y demás miembros del pueblo de Dios.

2.5.6 Obispos y Conferencias Episcopales

250. Los obispos, imagen del único Buen Pastor, con fey esperanza han aceptado su vocación a servir al Pueblode Dios conforme a su corazón. Junto con todos los fielesy en virtud del Bautismo son, ante todo, discípulos ymiembros del Pueblo de Dios. Como todos los bautizados,y juntos con ellos, quieren seguir a Jesús, Maestrode vida y de verdad, en la comunión de la Iglesia. ComoPastores, servidores del Evangelio, se saben llamados avivir el amor a la Iglesia en la intimidad de la oración yde la donación de sí a los hermanos y hermanas que presidenen la caridad. Están decididos a promover por todoslos medios, la caridad y la santidad de los fieles y seempeñan para que el pueblo de Dios crezca en la graciamediante la celebración de los sacramentos. Están llamadosa anunciar la Buena Nueva, que es fuente de esperanzapara todos, y a ser ejemplo para sus sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos, cultivandode manera especial el vínculo que los une a sus sacerdotes.Sirven a Cristo y a la Iglesia mediante el discernimientode la voluntad del Padre, para reflejar al Señoren su modo de pensar, de sentir, de hablar y de comportarseen medio de los hombres.

251. Las experiencias de comunión episcopal, sobretodo después del Concilio Vaticano II con la consolidacióny difusión de las ConferenciasEpiscopales, deben entenderse como encuentroscon Cristo vivo, presente en los hermanosque están reunidos en su nombre (EiA 37). En la Conferencia Episcopal, expresión de comuniónafectiva y efectiva del Colegio Episcopal, cada obispopuede encontrar la ayuda solidaria que necesita y el estímulooportuno para vivir su vocación específica y misiónpastoral, en el seno de la Iglesia Particular de la cuales pastor, en la solicitud por las demás Iglesias, especialmentecon las más cercanas (Provincias Eclesiásticas), conel Sucesor de Pedro y en fidelidad a él.

252. Para crecer en estas actitudes, los obispos debenprocurar el diálogo constante con el Señor, cultivar laespiritualidad de la comunión con todos los que creen enCristo y acrecentar los vínculos de colegialidad que losunen a los demás obispos de la Conferencia Episcopal yde la Iglesia, particularmente con el Obispo de Roma.

3. LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

253. El espíritu misionero de la Iglesia se desarrollaprincipalmente en el corazón de cada persona que, apartir del encuentro vivo con el Señor, está llamada ala conversión, a la comunión y a la solidaridad, a travésde un proceso que dura toda la vida y la convierte endiscípula del Señor y en misionera de su mensaje desalvación.

254. Nos hacemos y crecemos como cristianos en el senode la Iglesia, en sus diferentes expresiones: la familia,Iglesia doméstica; la parroquia, comunidad de comunidades;la Diócesis o Iglesia Particular, en comunión conla Iglesia Universal. Los ejes que articulan todo este procesoson la Palabra de Dios, los Sacramentos –especialmentela Eucaristía–, la comunión fraterna y el amorhecho servicio.

255. Como Jesús, la comunidad cristiana, vive y trabajapara la vida del mundo, es decir, “para que nuestrospueblos en Él tengan vida”.

3.1 Grandes ámbitos de la misión

256. La vocación al discipulado y al envío misionerodebe alcanzar a las personas, en cada una de sus dimensionesy situaciones, personales, eclesiales y sociales ytambién a las instituciones, especialmente, la familia, lacomunidad eclesial y la sociedad civil. En cada una deestas realidades descubrimos un profundo anhelo porconocer y vivir el Evangelio, la presencia actuante delEspíritu Santo y, al mismo tiempo, nuevos desafíos paradiscernir y obedecer a su conducción.

257. El Espíritu Santo que ungió a Jesús y lo impulsó, yaen el inicio de su misión, a realizar la obra de la salvaciónen obediencia al Padre, es la fuerza y el impulsoorientador que anima a la Iglesia en la concreción de sumisión de comunicar la vida plena a todos, y en la tareade evangelizar de manera preferente los siguientes ámbitos (cf. Lc 4, 18-19).

3.1.1 Ámbitos personales y familiares

a) Los niños


258. Por ser “don y signo de la presencia de Dios” ennuestro mundo, por su capacidad de acoger con sencillezlo que será el fundamento de su vida, y por la situaciónde vulnerabilidad a la que se encuentran expuestos,necesitan de una Pastoral de la Infancia que articulela familia, la escuela y la sociedad en la doble vertiente:de una dedicación a ellos que ayude a crecer su amora Jesús, y de una atención preventiva que mejore sus condiciones de salud, alimentación, educación integral decalidad, afecto y cuidado; así como también, de unaatención especializada para aquellos niños que han sidoheridos en su dignidad y privados de su inocencia. Lacomunidad eclesial está llamada a acompañar a losniños y a sus padres hacia el encuentro con Jesús, medianteel proceso de educación en la fe y la catequesis (cf. EiA 48).

b) Los jóvenes

259. Son la vida, colmada de vigor, creatividad y esperanza,que Dios regala a los pueblos latinoamericanos.Ellos, en su inmensa mayoría, anhelan una orientación yun acompañamiento pastoral personal y personalizanterespecto a su formación humano-cristiana, que les ofrezcael sentido “verdadero de la vida y las condiciones idóneaspara realizar sus capacidades y aspiraciones” (EiA47). Es urgente, como lo mencionan las aportaciones delas Conferencias, impulsar y fortalecer una PastoralJuvenil-Vocacional que acompañe a los jóvenes y adolescentesen su proceso formativo integral, desde lapedagogía de Jesús, Buen Pastor. La Pastoral Educativaen sus niveles de educación Media y Superior necesitaoptimizar estrategias que respondan a este desafío afavor de la juventud.

c) Las mujeres

260. Su presencia en el mundo, en la sociedad y en laIglesia hoy, es bienvenida. Ella requiere el reconocimientode su vocación a participar plenamente en la vidaeclesial, familiar, cultural, social y económica, creandoespacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión.También necesitan ser valoradas y rescatadas detoda visión machista, excluyente y discriminatoria en lo que se refiere a su dignidad de persona. La sabiduría delplan de Dios nos exige favorecer el desarrollo de su identidadfemenina en complementariedad y reciprocidad ala identidad del varón. Por eso la Iglesia está llamada acompartir, orientar y acompañar proyectos de promociónde la mujer con organismos sociales ya existentes, ya reconocer el ministerio esencial y espiritual que la mujerlleva en sus entrañas: recibir la vida, acogerla, alimentarla,darla a luz, sostenerla, acompañarla y a desplegarsu ser de mujer creando espacios habitables decomunicación –personal y familiar–, de comunidad y decomunión. El compromiso de la Iglesia en este ámbito esético y profundamente evangélico.

d) La familia

261. La familia es el valor más querido por nuestrospueblos. Sobre todo de la familia dependen la cultura, lasuperación de la pobreza y la transmisión de la fe. ElReino de la vida, el amor y la paz tiene su cuna en elseno de la familia, en la bondad, la fe y la sabiduría delos padres de familia, en el respeto a la mujer, en la consagraciónde ambos al bien de todos, y en la solidaridadde la comunicación de bienes materiales y espirituales.Pero tenemos que constatar con dolor la grave crisis enque viven incontables familias en la sociedad. Se requiereuna Pastoral Familiar que apuntale acciones queproclamen el Evangelio de la Familia y promuevan lacultura de la vida contra todo relativismo, confusión demodelos, desconciertos e ideologías que desconocen lacentralidad de la persona humana y su dignidad, asícomo el valor de la familia, basada en el matrimonio paratoda la vida entre un hombre y una mujer.

262. Para ello es urgente fortalecer e impulsar accionesy procesos que fortalezcan a la familia, tales como alentar y orientar, también por parte de los obispos, los movimientosmatrimoniales y familiares, y las mismas familias.La acción pastoral a favor de la familia y la defensade la vida deben ser un objetivo transversal de toda acciónpastoral, más aún en las estructuras de pastoral familiara nivel nacional, diocesano y parroquial. Es precisoacompañar e impulsar la investigación sobre la familiay la vida; promover en diálogo con los Gobiernos y laSociedad, políticas y leyes a favor de la vida y del matrimoniocomo fundamento de la familia. Falta impulsar ypromover en la educación integral la dimensión del amory la sexualidad; atender la comunidad familiar, ofreciendocuidado a los niños, a los discapacitados y al adultomayor. Ya no basta con preparar mediante unas pocascharlas para el matrimonio y la vida de familia. Se harevelado toda la importancia de la preparación remota, además de la próxima, con itinerarios pedagógicos de fe.Es un deber pastoral promover proyectos de familiasevangelizadas y evangelizadoras, y ofrecer una adecuadaatención a familias que viven en situaciones difíciles eirregulares.

e) Las personas con capacidades diferentes

263. Cada día se toma más conciencia en la sociedad dela grave situación en que se encuentran quienes hansido considerados minusválidos, ya que no cuentan conespacios para su desarrollo personal, laboral y económico.La comunidad eclesial necesita acompañar a estoshermanos nuestros desde una actitud compasiva, solidariay efectiva que los lleve a descubrir en Jesús la fortalezaen su dolor; fomentar en la sociedad un trato deigualdad para ellos, que defienda su vida contra todaexplotación y abuso; así como también entablar un diálogocon el Estado con la finalidad de que se lleguen amodificar aspectos de las leyes de Educación y de Trabajo que favorezcan los espacios de participación, desarrolloy calidad de vida.

f) Los indígenas y afrodescendientes

264. Es urgente para el proceso de Nueva Evangelizaciónen nuestros pueblos, como lo señalan las aportacionesde las Conferencias Episcopales, el imperativo deamar a los pueblos y las culturas indígenas, y de cultivaruna actitud de respeto a sus identidades culturales, que encierran riquezas que Dios guardaba para nuestrotiempo. Es necesario asimismo favorecer la inculturaciónde la fe, de modo que el Evangelio de Jesucristo y lasenseñanzas de la Iglesia encuentren su expresión propiadentro de cada ámbito cultural; apoyar sus aspiracionesa que sea apreciada la dignidad de cada persona y de lospueblos, como también respetado el derecho a la tierra,al territorio, al desarrollo económico y al acceso a los serviciossociales de salud y educación que ofrece la sociedad.Quienes promueven, en el contexto de su propiahistoria y su cultura, una reflexión teológica y litúrgica,quieren hacer su discernimiento con otros teólogos yantropólogos de la Iglesia. Asimismo en muchos lugaresesperan una presencia pastoral más numerosa y fraternade discípulos misioneros que compartan su vida y su fecon las comunidades.

g) Los migrantes

265. Frente a la situación de sufrimiento de hermanosnuestros que dejan su hábitat huyendo de la violencia ode la extrema pobreza, y emigran por eso a otras regionesde su patria, a otros países o aun a otros continentes,la Iglesia debe estar presente, acompañar con su pastoralespecífica y concientizar sobre los derechos de laspersonas en movilidad. Asimismo deberá renovar y fortalecer su compromiso teológico-pastoral para promovery consolidar una ciudadanía universal en la que nohaya distinción entre personas. Procurará incrementarel ministerio “buen samaritano” que garantice un avanceefectivo hacia la realización de una verdadera relaciónfraterna en la familia humana.
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SÍNTESIS
DE LOS APORTES RECIBIDOS

PARA LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO





II
JESUCRISTO,
FUENTE DE VIDA DIGNA Y PLENA


84. Hemos mirado brevemente la realidad de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, sus valores y sus límites, sus angustias y sus esperanzas. Mientras sufrimos y nos alegramos, clamamos, luchamos y soñamos, permanecemos en gozosa esperanza. Jesús se hace presente para instaurar su Reino de verdad y de vida, de justicia y de paz, de amor, gracia y santidad. Por eso, ahora pondremos nuestra mirada en el Evangelio para contemplar a Jesucristo,recordando que la actividad de la Iglesia está al servicio de su Reino. En la conclusión, ofreceremos algunos criterios teológicos pastorales que iluminen la tarea misionera.

1. JESUCRISTO, VIDA NUEVA DEL PADRE

85. Por su Hijo Jesús, el Padre hace presente todo su poder vivificante y liberador, de integración, reconciliación y misericordia, pues por Él devuelve en plenitud impensable lo que el ser humano había dilapidado con su pecado. Restituye una vida humana capaz de acogerla misma vida de Dios, fuente de nuevas relaciones con los otros en justicia y amor, y con todo lo creado.

86. El criterio de discernimiento y valoración para todo creyente es la persona de Jesucristo, Verbo eterno de Dios, que existe desde el principio y por quien fueron hechas todas las cosas, y Palabra encarnada en el tiempo ,en quien fue recreada la humanidad caída, para la cual Él es “el Camino, la Verdad, y la Vida” (Jn 14, 6), ya cuya luz resplandece todo “cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud o valor” (Flp 4, 8). Su persona, sus palabras y sus acciones inauguraron en medio de nosotros el Reino de vida del Padre, que alcanzará su plenitud allí donde no habrá más “muerte, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido” (Ap 21,1-5).

1.1 La vida es Jesús
1.1.1 El Dios de la vida se hace presente en Jesús de Nazaret


87. Llegado el tiempo oportuno, la Palabra del Padre se hizo uno de nosotros (cf. Ga 4, 4). En Galilea comenzó proclamar que está llegando el Reino de su Padre, por lo que urge creer y convertirse (cf. Mc 1, 14-15).Mientras unos se admiraban y sorprendían por su enseñanza y sus acciones, otros buscaban la razón de su conducta (cf. 3, 21). Su fama crecía en la multitud que lo buscaba y acompañaba (cf. 1, 45). Las preguntas acerca del origen de sus palabras y obras no se hacían esperar:“¿De dónde le viene a éste todo esto?, ¿quién le ha dado esa sabiduría y capacidad de hacer milagros?” (6, 2-3)

.88. Sin embargo, Jesús revelaba su identidad a quien, con corazón limpio, miraba fascinado su obra y escuchabaatento su enseñanza. Surgía así otro tipo de preguntas: si expulsa demonios y sana en nombre propio,¿puede ser un demonio? (cf. Mc 3, 22-30), ¿no será el Mesías que trae el Reino de vida? El mismo Jesús confirmaba esta fe incipiente: “Si yo expulso los demonios con el poder de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11, 20) y también: “Una pruebae vidente de que el Padre me ha enviado es que realizo la obra que Él me encargó llevar a término” (Jn 5, 36; cf.RM 14). Cuando Jesús se aparta de las rígidas leyes de purificación, ¿no está revelando que el Dios del Reino es Padre de todos, que perdona a los pecadores, haciéndolos partícipes de su santidad? (cf. Lc 15). De nuevo Jesús confirmaba la incipiente fe de muchos: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9, 13),abriendo la experiencia humana a la universalidad del amor del Padre que no excluye a nadie y “hace salir el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos”(Mt 5, 45).


89. En la vida histórica de Jesús, sus palabras y acciones están íntimamente entrelazadas, de forma que las palabras explican las acciones y éstas confirman las palabras. Esta radical coherencia del Hijo del hombre que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), suscitaba la vinculación a Él como “Maestro” y “Mesías”, y la fe daba paso a progresivas confesiones de su identidad y su misión.


1.1.2 Jesús de Nazaret revela el Reino de su Padre.

La proclamación y la instauración del Reino de Dios son el objeto de la misión de Jesucristo (cf. Lc 4,43). Al Reino se accede por el encuentro con aquel que con sus palabras y sus acciones, mostraba que “el Reino” de Dios incluía a sencillos y marginados. Comía y bebía con pecadores (Mc 2, 16), sin importarle que lo tildaran de comilón y borracho (cf. Mt 11, 19); tocaba leprosos (cf. Lc 5, 13) y dejaba que una mujer prostituta le ungiera y besara los pies (cf. 7, 37-38); conversaba, transgrediendo costumbres, con una mujer samaritana(cf. Jn 4) y, de noche, recibía a Nicodemo, dirigente notable en Israel (cf. Jn 3).

91. A su vez, la cercanía de Jesús con los necesitados y el don de la vida nueva, hacían presente en medio de la gente una imagen original del Reino. “Jesús es el Reino de Dios en persona: el hombre en el cual Dios está en medio de nosotros y a través del cual podemos tocar a Dios, acercarnos a Dios” (Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006). Esto implica una nueva imagen del “Dios” de ese Reino. Él quiere reinar como “Abbá” o “Padre” que, por el perdón y el don de su misma vida, busca ser “nuestro Padre” (Mt 6,9). El Dios que quiere reinar es Padre amoroso y lleno de compasión con todos: con los preferidos de Jesús –enfermos, pecadores, pobres y sencillos– (cf. Lc 4, 14-21; 10,21) y con hombres ricos como Zaqueo, personajes notables como Nicodemo y poderosos como el centurión romano. A todos Jesús les pide adhesión íntima a Él y conversión de vida (cf. Mc 1, 14-15). Por la aceptación de Jesús como Mesías e Hijo, se hace realidad la soberanía de Dios en cuanto Padre, poniendo en toda realidad, sea humana o no, un dinamismo divino de transformación que busca su plenitud escatológica. Construir el Reino es reconocer y favorecer la soberanía de Dios Padreen la historia. Por la vinculación del ser humano y de toda realidad con el Resucitado, Él libera de toda opresión y mal. La identificación con Jesucristo, que implica compartir su vida, su estilo, sus motivaciones y también su destino, es la que hace real la soberanía de Dios en cuanto Padre, transformando la sociedad.92. El Reino de Dios, la soberanía del Padre en el mundo, es de inicio oculto, casi invisible. No aparece de forma espectacular, pero “ya está entre ustedes” (Lc 17, 21). Es Reino “de Dios” por lo que, sea que el hombre duerma o vele, el Reino brota y crece. Pero sí necesita de la tierra buena del corazón convertido (cf. Mc 4, 20). Es Reino de Dios, el Padre, por lo que tiende a transformarlas relaciones humanas, estableciendo otro modo de comprenderlas y vivirlas: el de la fraternidad y, por lo mismo, del amor solidario, del perdón y del servicio mutuo.

1.1.3 El misterio pascual, fuente de vida nueva

93. Los discípulos han sido testigos de que algunas acciones y palabras de Jesús han irritado profundamente a los dirigentes religiosos de Israel, pues cuestionan su imagen de Dios y su servicio como guías del pueblo. Deciden eliminarlo y así lo hacen. Jesús, en cambio, durante su vida y con su muerte en cruz permanece fiel a su Padre y a su voluntad (cf. Lc 22, 42). La primera lectura que hicieron los discípulos de Jesús de los dolorosos acontecimientos del Calvario fue la de una irremediable derrota del que ellos reconocían como “Mesías” (24, 21).No fueron capaces de comprender que en un hombre como Jesús, radicalmente coherente (cf. Mc 12, 14), el sentido de su vida sellaba el sentido de su muerte. Mucho menos podían comprender que, según el designio del Padre, la muerte del Hijo era fuente de vida fecunda para sus discípulos (cf. Jn 12, 23-24), ya que había venido para que tuviéramos vida, y ésta en abundancia (cf.Jn 10, 10).94. Jesús hizo presente en su vida un acontecimiento original y renovador: la presencia en Él de la fuerza salvadora de su Padre que hace todo nuevo. Los signos de este acontecimiento son el perdón de los pecados, la expulsión de los demonios, las comidas con impuros y pecadores que no eran considerados dignos, la cercanía de Jesús con todos… La vida que Jesús compartía y ofrecía en Palestina dignificaba a las personas y generaba la comunión con Dios y con los hermanos.


95. Si éste es el sentido de su vida, el misterio pascual de Jesús es el acto de obediencia y amor al Padre por el cual el Mesías dona plenamente aquella vida que ofrecía en caminos y aldeas de Palestina. Mediante su sacrificio voluntario, el Cordero de Dios pone su vida ofrecida en las manos del Padre (cf. Lc 23, 46), quien lo hace salvación “para nosotros” (1 Co 1, 30). Por el misterio pascual, el Padre sella la nueva alianza y genera un nuevo pueblo que tiene por fundamento su amor gratuito de Padre que salva.

1.2 La vida nueva en el encuentro con el Resucitado

1.2.1 Jesucristo, vida nueva


96. Los discípulos, después de Pentecostés, reconocen el significado pleno de la vida y la muerte de Jesús, gracias a la inaudita e imponente presencia del Señor Resucitado, a quien ven con sus ojos, escuchan con sus oídos y palpan con sus manos, y gracias a la comprensión integral y mesiánica de la Escritura, que reciben del mismo Jesús (Lc 24, 25-27 y 44-47; Hch 1, 3),superando su particular concepción de “mesías”. Si han tenido la experiencia de un Jesús que ofrecía su vida a todos, entienden que en su muerte y resurrección no sólo daba algo de sí, sino que se daba todo Él (cf. Jn 6, 51). Y, ahora resucitado, ofrecía esa vida a los suyos para siempre. Las apariciones del Resucitado y el don del Espíritu los impulsan a confesar la victoria de la Vida sobre el pecado y la muerte. Ante el mundo se hacen testigos de la presencia viva del Señor, y de que sólo Él, es “el Camino, la Verdad y la Vida” (14, 6), el único que tiene “palabras que dan vida eterna” (6, 68), el único pan bajado del cielo que da la vida al mundo (cf. Jn 6, 33). Quien cree en Él no morirá para siempre (cf. Jn 6, 50); quien come su cuerpo y bebe su sangre, tiene vida eterna (Jn 6,40 y 54).

97. El Padre, que ha resucitado a su Hijo, le concede un nombre “que está por encima de todo nombre” para que todos reconozcan “que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 9-11). Desde entonces, la existencia del Señor exaltado junto a su Padre es para siempre “pro-existencia salvífica”, es decir, Vida del Resucitado ofrecida como don para el mundo.1.2.2 Discípulos por la vida nueva de Jesucristo98. En la convivencia cotidiana con Jesús y en la confrontación con los discípulos de otros maestros, los discípulos pronto descubren dos cosas del todo originales en la relación con Jesús. Por una parte, no fueron ellos los que escogieron a su maestro. Fue Cristo quien los eligió. De otra parte, ellos no fueron convocados para algo (purificarse, aprender la Ley…), sino para Alguien, elegidos para vincularse íntimamente a su Persona (cf. Mc1, 17; 2, 14). Jesús los eligió para “que estuvieran con Él”(3, 14), para que lo siguieran con la finalidad de “ser de Él” y formar parte “de los suyos”. El discípulo experimenta de inmediato que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es participación de la Vida salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones, correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas.

99. Con la parábola de la vid y los sarmientos (cf. Jn15, 1-17), Jesús revela el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los suyos. No quiere una vinculación como “siervos” (8, 33), porque “el siervo no conoce lo que hace su amo” (15, 15). El siervo no tiene entrada a la casa de su amo, menos a su vida. Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como “amigo” y como “hermano”.El “amigo” ingresa a su Vida, haciéndola propia. El amigo escucha a Jesús, conoce al Padre y hace fluir su Vida (Jesucristo) en la propia existencia (cf. 15,14), marcando la relación con todos (cf. 15, 12). El “hermano” de Jesús (20, 17) participa de la vida del Resucitado, Hijo del Padre celestial, por lo que Jesús y su discípulo comparten la misma vida que viene del Padre, aunque Jesús por naturaleza (cf. 10, 30) y el discípulo por participación (cf. 10, 10). La consecuencia inmediata de este tipo de vinculación es la condición de hermanos que adquieren los miembros de su comunidad.

100. Vida divina participada y amor de comunión, en virtud de la recíproca vinculación con Jesús, se transforman en las notas distintivas del discípulo “amigo” y “hermano”. A éstos, Jesús les pide unión íntima y fiel a Él, lealtad inquebrantable, obediencia a su Palabra y el fruto en abundancia del amor.101. Este discípulo es “el misionero”, pues Jesús lo hace partícipe de su misión al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano. Por eso, como Él es testigo del misterio del Padre. Los que se vinculan a Él son testigos también de su misterio y de la voluntad del Padre. El discípulo se une a Jesús para promover el Reino de vida, sentido último de la misión de Jesús. Participar en ella no es pues una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la extensión testimonial de la vocación misma.

1.2.3 Diversas presencias de Jesucristo vivo

102. El mismo Jesús que caminaba por Galilea y que entregaba su vida en la cruz con amor infinito, es el Resucitado que se hace presente en nuestras vidas y en nuestros pueblos. La relación personal con Él es fuente de vida nueva, “una alegría que nada ni nadie le podrá quitar” (Jn 16, 22). En el trato íntimo con Jesús expresamos nuestras inquietudes más profundas y encontramos el verdadero sentido de nuestra existencia. Si crecemos en esa amistad, podemos llegar a decirle agradecidos:“Nos das a beber en el río de tus delicias, porque en ti está la fuente de la vida” (Sal 36, 9-10).103. En el seno de su Iglesia descubrimos diversas presencias del Señor resucitado. Lo reconocemos en todos los hermanos y hermanas que nos apoyan y nos exhortan en el camino, sobre todo cuando se reúnen en su nombre. Está en su Palabra que nos ilumina y nos orienta en nuestro caminar. Está en la fe de nuestros pueblos, con sus variadas expresiones religiosas. Está presente en los sacramentos, donde recibimos la fuerza de su Espíritu de vida. Se hace presente en el perdón de los pecados mediante el sacramento de la Reconciliación, que reintegra a la alianza a los caídos. Y está cuando lo celebramos juntos en la Eucaristía, donde reconocemos su presencia más plena y vivificante: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). Por eso la participación en la Misa dominical es un distintivo característico del cristiano y una exigencia para alimentar la propia fe y para dar fuerza al testimonio cristiano. Sin la Misa del domingo y de los demás días festivos, faltaría el corazón mismo de la vida cristiana. La participación en la Misa dominical es siempre fundamental para vivir la existencia cristiana, y eso vale de modo especial ante los grandes desafíos de hoy (PCAL, enero 2005).

104. También lo encontramos de un modo especial en los pobres y afligidos (cf. Mt 25, 37-40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha por seguir viviendo.¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! En el reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo (cf. NMI49). Porque de la contemplación de su rostro sufriente en los pobres (cf. NMI 25) y del encuentro con Él en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad Él mismo nos revela, surgen nuestras opciones por ellos. La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino.

105. Jesús es el Señor de la historia. Se hace presente en ella y nos interpela a través de la cultura, el arte y las variadas manifestaciones del genio humano cuando son huellas del bien, la verdad y la belleza, y abren el espíritu a la trascendencia, a Aquel que es la Verdad, la Vida y el Bien. Él está en todos los acontecimientos de la vida de nuestros pueblos, donde nos invita a buscar un mundo más justo y más fraterno. Está en toda realidad humana, cuyos límites a veces nos duelen y nos agobian.106. Su presencia más tangible a la vez que frecuente está, por su gracia, en el discípulo que procura hacer suya la existencia de Jesús (cf. Mc 8, 34). Vida escondida en la suya (cf. Col 3, 3), que experimenta la fuerza de su resurrección (cf. Flp 3, 10) hasta identificarse profundamente con Él: “Y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Ga 2, 20). Cristo está en la comunión de los mártires y de los santos.


107. Si Él está, entonces no habrá en nuestras vidas un momento abandonado o sin sentido. Él mismo lo prometió para que no dudáramos: “Yo estoy con ustedes, todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).Cada día Jesús abre sus brazos para aliviarnos en nuestras angustias y cansancios (cf. Mt 11, 28) y nos ofrece el Espíritu, agua de vida para los sedientos (cf. Jn 7, 37). Es la vida nueva que queremos comunicar en nuestro empeño misionero, poniendo en sus manos los límites de nuestra propia fragilidad. Pero la oferta de Jesús apela siempre a la respuesta de nuestra libertad, que con frecuencia lo olvida y a veces lo rechaza (cf. Jn 5, 40) o no persevera en el camino (cf. Hb 3, 12-14).

2. JESUCRISTO INVITA A UNA VIDA DIGNA Y FELIZ

2.1 En la relación con Dios


108. Jesucristo es Camino, Verdad y Vida: Plenitud de vida que diviniza y humaniza: “Yo he venido paradar les vida, y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,10); Camino que conduce a la aceptación de la cruz y ala resurrección; Verdad sobre Dios como también sobre el hombre y la sociedad, que nos enseña a vivir con desprendimiento de nuestras propias ambiciones, contemplando a Dios y abrazando su plan de amor, entregando así nuestra vida para que otros vivan en Él.

109. Él sana y perfecciona nuestros deseos de vivir mejor. Su amistad no nos exige que renunciemos a los anhelos de gozo y de intensidad vital, pero sí que estemos dispuestos a su purificación y elevación. Porque Dios, Padre realmente bueno, ama nuestra verdadera felicidad también en esta tierra. Dice la Biblia que Él creó todo “para que lo disfrutemos” (1 Tm 6, 17). Esta convicción ilumina nuestra comprensión de la existencia cristiana. Muestra que la vida en Cristo incluye la alegría de ser amados por Dios y por sus hijos, la satisfacción de servir y de dar a quien nos necesita, como también el agrado de compartir, el contento de trabajar, recrearnos y aprender, el entusiasmo por progresar y por abordar con otras personas proyectos comunitarios, el gozo de una sexualidad que es donación de verdadero amor, el contacto con la naturaleza y con todas las cosas que Él mismo nos regala como signos de su sincero amor.

110. La fe nos permite reconocer esa mirada de amorque no mutila nuestra existencia, sino que le da un cauce, un sentido y un camino hacia la plenitud de lo que es humano. Por eso también podemos encontrar a Jesús en medio de las alegrías de nuestra limitada existencia. Así lo experimentan muchos hermanos pobres y sufrientes de nuestros pueblos que conocen la alegría y la fiesta compartida, porque creen en la vida que se ofrece siempre nueva.

111. Esta vida digna y feliz, para que responda verdaderamente al Evangelio y a las reales necesidades de nuestros pueblos, y recoger las propuestas y enseñanzas que Jesucristo nos hace; entre otras, la de abrazar la cruz con amor al Padre y a los hombres, para ir a la resurrección. Porque, revelándonos al Padre, Él nos muestra qué somos nosotros mismos, cómo es una auténtica vidahumana, y cuál es su proyecto para nuestras vidas (cf.GS 22).Veamos entonces cuáles son esos aspectos de la vida digna que Jesús nos propone, ante las grandes tendencias que encontramos en este momento histórico de nuestros pueblos.

2.1.1 Ante una vida sin sentido, Jesús nos abre a la Vida de la Trinidad

112. Si queremos llegar hasta el fondo de lo que Jesucristo vivo significa para nosotros, tenemos que reconocer que Él nos revela la vida íntima de Dios, el misterio más profundo de nuestra fe: que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús nos invita permanentemente a entraren esa comunión de amor desbordante para participar de la vida trinitaria.

113. El corazón inquieto de cada ser humano busca el rostro de Dios (cf. Sal 27, 8; 42, 3). Pero en este mundo nadie lo ha visto. Sólo Jesús ve al Padre y manifiesta plenamente su rostro (cf. Jn 1, 18). Además, su corazón abierto y resucitado es para nosotros la fuente del Espíritu Santo (cf. Jn 7, 37-39; 16, 14). Por la acción del Espíritu somos renovados a imagen de Jesús e incorporados ala vida íntima de la Trinidad. Creemos en la Trinidad tal como Jesús la ha revelado. Esta fe que confesamos en el Credo es la fe de nuestro pueblo, que comienza tantas actividades con la señal de la cruz; la misma que los padres hacen en la frente de sus hijos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

114. Si Dios es este misterio de comunión de Personas, y nosotros hemos sido creados a su imagen, entonces nuestra participación en la vida de la Trinidad nos personaliza y nos dignifica. Al mismo tiempo, este misterio de tres Personas en perfecta comunión es el fundamento más sólido de las relaciones entre nosotros, que no admiten exclusiones ni marginaciones. El amor que el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones, es lo que nos permite entrar en esta comunión trinitaria. Ese amor es, en el fondo,“la única luz que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar” (DCE 39).

2.1.2 Ante la idolatría de los bienes terrenales, Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo

115. Para encontrar la verdadera fuente de la vida y de la identidad personal tenemos que darle a Dios el puesto que sólo a Él corresponde, y no colocar ninguna cosa de este mundo en su lugar. La Palabra de Dios condena permanentemente la idolatría. Es posible que hoy pocos adoren imágenes de dioses paganos, si bien esa tendencia está creciendo, pero muchas veces vivimos de tal manera que los bienes, el sexo y el poder se convierten en realidades absolutas, indispensables, donde ponemos nuestras esperanzas de vida y de felicidad. Muchos ya no tienen en el Señor la fuente de su alegría. Por eso viven insatisfechos y obsesionados frente a las novedades que ofrece el mercado o frente a ideologías caducas y a veces realmente criminales.

116. El Señor nos invita a valorar las cosas, y también nos previene sobre la obsesión por acumular, que termina provocando injusticia: “No amontonen tesoros en la tierra” (Mt 6, 19). El sano y legítimo deseo de progresar y de tener los bienes necesarios para vivir dignamente, debe estar acompañado por un sincero discernimiento, para no desvirtuar el sentido de nuestra existencia: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si pierde su vida?”(Mt 16, 26). Queremos recordar que hay un único Dios, que trasciende todas las cosas de este mundo, y que nuestra vida tiene un único Señor: Jesucristo. Si reina Él como Señor, entonces hay vida y esperanza, pero si adoramos otros dioses, construimos nuestra existencia sobre arena y preparamos desgracias y muertes.

2.2 En la relación con los demás2.2.1 Ante el individualismo, Jesús convoca a vivir y caminar juntos

117. La vida plena que Jesucristo ofrece tiene una imprescindible dimensión de comunión. El individualismo y el aislamiento no son parte de una auténtica experiencia espiritual. En este sentido la Palabra de Dios es contundente: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte” (1 Jn 3,14). Descubrimos así una ley inserta en la realidad: la vida sólo se profundiza y se desarrolla en la comunión fraterna, y todas las formas de exclusión y marginación son un pecado social que rompe la comunión, porque“ Dios en Cristo no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los seres humanos” (CDSI 52).

118. Las dificultades de este momento histórico superan completamente a sujetos aislados. Esto nos exige reconocerlas crisis existentes en los vínculos eclesiales, sociales y familiares, para procurar sanarlos y fortalecerlos a partir de la vida familiar, cuna de todo vínculo de amor y fidelidad, y en último término, del amor de Cristo y de la vida de la Trinidad, fuente de toda relación personal. Por ello los discípulos no sólo buscamos acrecentar la comunión entre nosotros, sino en toda la sociedad y con todos. Como instrumentos de Cristo, nos sentimos llamados a impregnar los ambientes con actitudes de diálogo cordial, vida compartida y amistad social. Lo necesitan nuestros pueblos para no caer en nuevas laceraciones fratricidas, y encontrar convergencias que nos permitan emprender juntos caminos de progreso y esperanza.

2.2.2 Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano

119. Los que recibimos del Señor la vida, estamos llamados a defenderla de un modo profético y constante. Discípulos del que fue pobre entre los pobres y frágil como muchos en su pueblo oprimido, no podemos dejar de ser, en medio del mundo de los fuertes, defensores de la vida en riesgo y artífices de una cultura de la vida. Contemplar al que traspasaron nos llevará a abrir el corazón, reconociendo las heridas infligidas ala dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente ,a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona, y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono(Benedicto XVI, Mensaje de Cuaresma 2007).Hemos visto que la vida humana está amenazada de diversas maneras, particularmente la vida de los más débiles. La sociedad los aparta y los excluye, provocando diversas formas de despersonalización. Jesús se identificó particularmente con los más pequeños y afligidos: con los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los desnudos, enfermos y encarcelados (cf. Mt 25, 35s). Podemos agregar a esa a los discapacitados, los ancianos, las mujeres que viven en situación de desamparo, los indígenas y los afrodescendientes. Cuanto hagamos por uno de estos hermanos, tantas veces ignorados y olvidados, lo habremos hecho por el Señor. Por eso, desde el encuentro personal con Él, sus discípulos defendemos ya compañamos la vida frágil y abandonada.120. Hoy nos apremia que la fe católica de nuestros pueblos latinoamericanos se manifieste en una vida más digna para todos. Mirando la multitud de pobres y desempleados, que están excluidos de tantos beneficios sociales, no podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral, de humanización y de inserción social, en el que los pobres sean reconocidos como sujetos de su propio destino. Para los cristianos de América Latina los derechos humanos son los derechos de todas las personas, sin excepción, pero especialmente los derechos de los más indefensos, que están privados de su ejercicio. Si todos fuéramos responsables de nuestros deberes, esos derechos estarían garantizados. El desafío es lograr que nuestros hermanos crucificados puedan dar testimonio de que Cristo los ha promovido integralmente. Para ellos, nosotros somos una mediación de la cual Él mismo ha querido depender. Por eso nos repite constantemente: “Denles ustedes mismos de comer” (Mt 14, 16).

121. Sólo el Señor es el autor y el dueño de la vida, y el ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural. Asistimoshoy a retos nuevos en el campo de la bioética que nos piden ser voz de los que no tienen voz, donde no podemo sexcluir a los niños por nacer y ni a nuestros ancianos al final de sus días. La vida que está creciendo en el seno materno y la que se encuentra en el ocaso, es un reclamo de vida digna que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. No hay vida humana tan indefensa como la del niño por nacer. La liberalización y canalización de las prácticas abortivas son crímenes abominables.

2.3 En la relación con el mundo2.3.1 Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente su Reino de vida

122. Para defender la vida es necesario, pero no suficiente, atender a las situaciones particulares e inmediatas de algunas personas necesitadas. Se ha hecho del todo imprescindible cooperar de diversas maneras para erradicar las causas estructurales de los males que aquejan a nuestros pueblos. Porque en el seno del mundo han crecido y se desarrollan verdaderas estructuras de pecado que dañan el tejido social, impiden el desarrollo y enferman la vida y la convivencia humana.

123. Así como nos apremia el amor de Jesucristo, también nos apremia el proyecto de su Padre, que es el Reino. Ese Reino ya está plenamente realizado en Jesús resucitado, donde habita toda justicia, que busca penetrarlo todo, perfeccionando las relaciones entre los seres humanos y entre los pueblos, y liberando de las huellasdel egoísmo, la indiferencia y la prepotencia todas las estructuras sociales. Ese Reino sólo será perfecto al final de los tiempos, en el mundo nuevo, que reflejará límpidamente el amor y la gloria de la Trinidad. Pero está brotando y creciendo cada día en medio de los límites de este mundo. La potencia del Reino genera la vida que puede ir destruyendo esas estructuras de muerte que debilitan a nuestros pueblos. Sólo así podrá manifestarse con claridad que quienes participan de la vidadivina, promueven y afianzan la dignidad humana y las relaciones sociales.

124. Por eso, quien quiera favorecer en todos una vida digna, debe estar integrado a redes sociales que impidan el desarrollo de las estructuras de pecado y de muerte, de manera que la persona humana tenga prioridad por sobre la realización de las posibilidades que ofrecen la ciencia, la técnica y la economía. Las diversas formas de participación libre, organizada y pública –que no es necesariamente estatal– necesitan del compromiso y el protagonismo de los cristianos. Siempre son realidades provisorias, pero el crecimiento del Reino requiere también de esas mediaciones que hacen posible el desarrollo integral de nuestros pueblos.

2.3.2 Ante la naturaleza amenazada, Jesús convoca a cuidar la tierra125. El Dios de la vida encomendó al ser humano su obra creadora para que “la cultivara y la guardara” (Gn 2, 15). Jesús conocía bien la preocupación del Padre por las criaturas que Él alimenta (cf. Lc 12, 24) y embellece (cf. 12, 28). Y mientras andaba por los caminos de su tierra no sólo se detenía a contemplar la hermosura de la naturaleza, sino que invitaba a sus discípulos a reconocer el mensaje escondido en las cosas (cf. Lc 12, 24-27; Jn4, 35). Las criaturas del Padre le dan gloria “con su sola existencia” (CCE 2416), y por eso el ser humano debe hacer uso de ellas con cuidado y delicadeza (cf.CCE 2418).126. En América Latina se está tomando conciencia dela naturaleza como una herencia gratuita que recibimos para proteger, y como espacio precioso de la convivencia humana. Esta herencia muchas veces se manifiesta frágil e indefensa ante los poderes económicos y tecnológicos. Por eso, como profetas de vida, queremos insistir que en las intervenciones humanas en los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida,en perjuicio de naciones enteras y de la misma humanidad.Las generaciones que nos sucedan tienen derecho a recibir un mundo habitable, y no un planeta con airecontaminado, con aguas envenenadas y con recursos naturales agotados.

2.4 En la relación consigo mismo

2.4.1 Ante la despersonalización, Jesús ayuda a construir identidades integradas

127. Cuando vemos muchas vidas desorientadas, valoramos nuestra relación con Jesucristo, que nos ayuda a reconocer quiénes somos y para qué estamos. Tener una identidad integrada implica percibir la propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad. Sobretodo, requiere experimentar una estabilidad personal en medio de los cambios del mundo y sentir que la propia vida es algo positivo y valioso, aun con los límites de la propia historia. Pero frecuentemente las personas procuran construir una identidad con elementos superficiales que no llegan a su realidad profunda y a su fundamento último.

128. Una identidad clara sólo se alcanza cuando nos entendemos a nosotros mismos desde Dios. El llamadodel Padre a la existencia, el proyecto que Él tiene para nuestra vida, y el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, otorgan a cada ser humano una “dignidad infinita”(Juan Pablo II, 16-11-1980). Cada uno es objeto del amoreterno del Padre (cf. Jr 31, 3), amor incondicional dirigidoa todos de un modo directo y personalísimo. Por eso, el trato sincero y frecuente con el Señor permite a losdiscípulos configurar su verdadera identidad personal.Sin su luz y su gracia, nos convertimos en un oscuroenigma para nosotros mismos.

129. Esta identidad incluye una serie de convicciones yde opciones que tomamos libremente a la luz del Evangelioy mantenemos a lo largo de la vida, aunque muchoslas rechacen y las desprecien. Pero, en definitiva, seconfigura como una misión peculiar en esta tierra al serviciode los demás. En un mismo llamado, el Señor nosda una identidad y una misión. Por eso, mientras mejornos identifiquemos con esa misión personal, más firme, clara y feliz será nuestra identidad.

2.4.2 Ante el subjetivismo hedonista, Jesús proponeentregar la vida para ganarla

130. El Señor que nos ofrece plenitud nos invita tambiéna entregar la vida. Hoy los mecanismos de la sociedadde consumo tienden a convertirnos en seres preocupados sólo de las propias necesidades y deseos. En estedinamismo hedonista, los mismos cristianos corremos elriesgo de cuidar obsesivamente espacios de privacidad yde placer, y de rechazar toda orientación ética. El Evangelionos ayuda a descubrir que ese cuidado enfermizo yalienante de la propia vida atenta contra la calidad humanay cristiana de esa misma vida, y que se vive muchomejor cuando tenemos libertad interior y una disponibilidada darlo todo: “Quien aprecia su vida terrena, laperderá” (Jn 12, 25). Aquí descubrimos otra ley profundade la realidad: que la vida se alcanza y madura amedida que se la entrega para dar vida a otros.

131. Al mismo tiempo, el subjetivismo actual hace quecada individuo pretenda ser el centro y el criterio últimode todo, con lo cual pierde el realismo y las perspectivas.Jesucristo es la Verdad que nos hace libres. Él no proponeuna vida a oscuras, sino con un sentido y una orientación (cf. Jn 18, 37) que nos abre al diálogo con todospara ser servidores de esa Verdad en nuestra realidadlatinoamericana. Pero para acoger esa vida verdaderahay que entregarse como ofrenda a Dios, dispuestos a“transformar y renovar la mentalidad” (Rm 12, 1-2), tambiénremando a contracorriente. Así podremos alcanzarlo que realmente estamos llamados a ser: sal de la tierray luz del mundo (cf. Mt 15, 13s).

132. Por otra parte, agradeciendo el don de la vida, nodepositamos nuestra esperanza sólo en esta existencialimitada. Mientras otros pretenden encerrar su miradaen la corta perspectiva de esta vida terrena, nosotros creemosen una vida que nunca acaba y que se hace plenasólo después de la muerte. Muriendo, resucitamos a unavida sin confines. Esto implica que al final, como todoslos días, tendremos que entregarlo todo. Así seremos colmadoscon la plenitud de Dios en el banquete del Reino72SÍNTESIS de los aportes recibidos para la V Conferencia Generaldefinitivo: “Si nuestra esperanza en Cristo no va másallá de esta vida, somos los más miserables de todos loshombres” (1 Co 15, 19).3.

LA IGLESIA, SACRAMENTO DEL REINO DE VIDA, EN CONSTANTE RENOVACIÓN

133. Jesucristo ha querido llegar a nosotros a través dela Iglesia, misterio de la unión del hombre con Dios, decomunión misionera y sacramento de su presencia vivificadora.Es su Esposa santa por el amor y la gracia deDios que la vivifica, y necesitada de redención, comotoda realidad humana que peregrina hacia la patria.Con Cristo los cristianos la amamos como madre y comohogar donde se recibe y crece la vida. En la legítima pluralidadde vocaciones, carismas, ministerios, perspectivasy opciones que hay en su interior, se realiza un constantedinamismo de dar y de recibir, que nos enriquece atodos. La Iglesia no agota el Reino de Dios, que se manifiestay actúa más allá de los límites visibles de la institucióneclesial, pero constituye en la tierra el germen y elprincipio de ese Reino (cf. LG 5b), a cuyo servicio está.Desde el proyecto del Reino ella puede denunciar los signosde muerte presentes en el mundo y alentar los brotesde vida que el Espíritu suscita por todas partes.

3.1 La Iglesia a la escucha de la Palabra

3.1.1 Jesucristo, Palabra viva de Dios


134. Dios, que es amor y vida, sale al encuentro de sushijos “para conversar con ellos”, revelarles su misterioe invitarles a vivir en comunión con Él (DV 21). Yahabía hablado a Israel “por medio de los profetas” y ahoranos habla, en la nueva alianza, por su Hijo primogénitoa quien constituyó heredero de todas las cosas (cf.Hb 1, 1). La originalidad del Nuevo Testamento no consiste tanto en nuevas ideas, sino en el acontecimiento deredención: en la encarnación del Verbo de Dios, depositariode todas las palabras que le encomendó su Padrepara que nos las transmitiera (DCE 12), y en su Pascua.

135. Siguiendo a Jesucristo, que nos anunció que es precisopermanecer en su Palabra para permanecer en suamor (cf. Jn 15, 7-10), hoy son muchos los discípulos ylas discípulas del Señor que se acercan a la Sagrada Escritura para saciar su sed “del Dios vivo” (Sal 42, 3).Ellos saben que en un mundo de tantas palabras, la Palabra revelada que las Sagradas Escrituras consignan, espropuesta divina para el hoy que re-orienta la vida y lare-significa en perspectiva de vida eterna.

136. La Palabra de vida del Padre es su Hijo Jesucristo, revelación plena del misterio de Dios y acontecimientoefectivo de su proyecto salvífico. Todo aquel que por lafe y con su vida se abre a Jesucristo, Palabra de Dios, ve y conoce a su Padre y participa de su Reino. La Palabra del Padre renueva la naturaleza humana dañaday es Palabra efectiva que hace presente la vida de Diosen los suyos. Esta Palabra, antes como ahora, unos laaceptan y dan frutos, y otros la rechazan.

3.1.2 La Iglesia, discípula y mensajera de la Palabra

137. La comunidad de los discípulos recibe el encargode proclamar la Palabra del Padre. Ellos anuncianlo que esta Palabra “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras“estuvo con nosotros” (1, 21). Su Persona y su obra sonla Buena Noticia de salvación anunciada por los ministrosy testigos de la Palabra que el Espíritu suscita e inspira.La Palabra acogida, fecunda por el Espíritu, ya queparticipa de las mismas prerrogativas de las palabras yacciones de Jesús de Nazaret: es salvífica, viva y eficaz, reveladora del misterio de Dios y de su voluntad, y sobretodo en los sacramentos realiza lo que significa. Por esto, la escucha de la Palabra es fuente del discipulado y delardor misionero. Por el contrario, “desconocer las Escriturases desconocer a Cristo” (san Jerónimo).

138. Pero, ¿qué verdad podría anunciar la Iglesia y cómopodría hacer de la Palabra un acontecimiento de salvación,si ella misma no la escuchara? Si ella quiere prestarel servicio de ser maestra autorizada que interpreta ycustodia con fidelidad el depósito de la verdad salvífica (cf. DV 10), ¿puede abandonar la escucha atenta de suSeñor? Jesús maestro invita a la Iglesia “a sentarse asus pies”, para escucharlo y hacer propio, en cada coyunturade la historia, el proyecto de vida del Padre.

139. Si la Iglesia quiere hacer discípulos por la proclamaciónde la Palabra (cf. Hch 6, 7; 12, 24), debe primero ella hacerse discípula de la Palabra, dejándose interpelary evangelizar. Así, escuchando a su Señor, se haráservidora de sus palabras y acciones en el compromisode evangelizar a nuestros pueblos. El cumplimiento dela misión depende de la capacidad de todos los miembrosde la Iglesia de leer, meditar y celebrar la Palabra,haciendo de ella un acontecimiento gozoso de vida y liberación.La misión, la santidad y la oración de la Iglesiasólo se pueden concebir “a partir de una renovada escuchade la Palabra de Dios” (NMI 39).

140. Porque la Iglesia vive su vocación de cara al Verbo,debe escuchar a su Señor para ser –en el hoy de lahistoria– comunidad de discípulos, transformada porla fuerza de la Palabra, y porque vive su misión de caraal mundo, debe proclamarla siempre y en todos los ambientes.De este modo, la Sagrada Escritura será el almade la evangelización. La Iglesia, como la Madre de Jesús, está llamada a hacer de la Palabra escrita por “inspiracióndel Espíritu Santo” (DV 11) su “propia casa”, de laque sale y entra con naturalidad (DCE 41), nutriendo asísu identidad, comunión y servicio.

3.2 La Iglesia al servicio del Reino

3.2.1 La Iglesia, Pueblo de Dios, actualiza la misiónde Jesucristo


141. Jesucristo, a través de su vida, muerte y resurrección, nos manifestó a Dios como un Padre que quiere lavida de sus hijos. Su obediencia perfecta al Padre serealizó en una existencia al servicio de los seres humanos (cf. Mc 10, 45), dándoles vida a través de sus palabrasy acciones. Los que contemplan y continúan esaexistencia de Jesús forman la comunidad de los discípulos, la Iglesia. Esta comunidad prolonga en la historiala misión de Jesucristo de hacer presente el Reino deDios en la humanidad. Aquí está el sentido y la finalidadúltima de la Iglesia. Por eso es tan importante queella deje transparentar en la vida de sus miembros el amordel Padre, la salvación de Jesucristo y la realidad de unpueblo fraterno, centrado en el mandamiento del amora Dios y al prójimo. Sólo el amor que proviene del EspírituSanto (cf. Rm 5, 5) promueve la vida en la sociedad.En este sentido sostenemos que la Iglesia es signo y primiciadel Reino de la vida y la misericordia.

142. Así, la comunidad de los discípulos continúa lamisión de Jesucristo a lo largo de la historia, llevandovida en plenitud a las sucesivas generaciones, en susnuevas situaciones, siempre cambiantes. Ella proclamaque la sociedad anhelada por todos, fundada en lapaz y en la justicia, sólo será una realidad en la medidaen que los hombres y las mujeres, como hijos en obedienciaal Padre y hermanos entre sí, hagan de sus vidas un auténtico don a los demás. Cristo, nuestro Camino, muestracómo dar vida a los otros implica necesariamenteentregar la propia. Él enseñó con su propia entrega que“nadie tiene más grande amor que quien da la vida porlos amigos” (Jn 15, 13). Los males que afligen actualmentea nuestra sociedad provienen de menospreciar la entregade sí como expresión del amor, porque el egoísmo y elpecado no engendran vida, sino infelicidad. Así descubrimosla trascendencia de la responsabilidad de la Iglesiapor el mundo.

3.2.2 La Iglesia se renueva constantementeen diálogo con el mundo

143. La Iglesia, comunidad de discípulos, presenta a untiempo un aspecto espiritual y uno visible (cf. LG 8), comola persona misma de Jesús. Partiendo de la iniciativa gratuitay amorosa de Dios en Jesucristo, ella es el Pueblo deDios, comunidad humana, que acoge su iniciativa en lafe. Ella no puede prescindir del contexto histórico dondeviven sus miembros. La vida de la Iglesia aconteceen contextos socioculturales bien concretos. Esto se aplicaa la acogida de la Palabra en la fe, a las mociones del Espíritu, al seguimiento de Jesús, a la formación de la comunidad,al ministerio ordenado y a los demás ministerios.

144. La historia nos enseña que la sociedad humanaestuvo siempre sujeta a sucesivos cambios. Estas transformacionessociales y culturales representan naturalmentenuevos desafíos para la Iglesia en su misión deconstruir el Reino. De allí nace la necesidad de unacontinua renovación en la propia Iglesia, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales.Tales renovaciones ocurren para que ella salvaguardesu misión de dejar transparentar en ella misma yen la sociedad la vida del Reino querido por Dios. Las nuevas espiritualidades, formas de acción pastoral y expresiones institucionales surgidas a lo largo de los siglos, demuestran que la Iglesia siempre estuvo atenta a loscambios que surgían en la sociedad, buscando respuestas nuevas con fidelidad al Señor de la historia.

145. Reconociendo sus propios límites, la Iglesia puedeescuchar los reclamos del mundo donde ella está inserta, para ser un signo más elocuente del Reino de vida plenaque la interpela y la trasciende. Por eso, así como la vidaes dinamismo, cambio y crecimiento, la Iglesia está también llamada a una constante renovación, sobre todoen este cambio de época. Reconociendo que ella es presenciaeficaz del Reino, aunque no lo agota, y aceptandoesta necesidad de una constante reforma, ella está llamada a ser también hoy un elocuente signo de vida y santidad para nuestros pueblos. Su diálogo constantecon la sociedad no excluye, como lo muestra la historia, una posición crítica frente a la realidad cultural, social ypolítica de la sociedad.

3.3 La Iglesia, pueblo de Dios en comunióny participación

3.3.1 Comunión de discípulos y discípulas


146. La comunión entre todos los miembros de la Iglesia tiene su raíz en la comunión de cada uno con la SantísimaTrinidad. De hecho, al recibir en la fe al Enviadodel Padre, el cristiano acoge la acción del Espíritu Santoque lo lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios. Lacomunión de todos los bautizados con la Trinidad, quehabita en el corazón de los fieles, nos hace a todos hijosdel mismo Padre y hermanos de Jesucristo. Así estamosen comunión unos con otros, ya que nos orienta la mismafe, nos anima la misma esperanza y nos impulsa lamisma caridad (cf. Ef 4, 1-6). Tenemos “unos mismos sentimientos, compartimos un mismo amor, viviendo enarmonía y sintiendo lo mismo” (Flp 2, 2), y participamosde la misma vida divina. La Eucaristía, como participaciónde todos en el mismo pan de vida y en el mismocáliz de salvación es la expresión más perfecta de estacomunión (cf. 1 Co 10, 17).

147. La comunión se realiza constantemente de modos diversos. Se vive en los pequeños grupos reunidosen torno a la persona de Jesucristo (cf. Mt 18, 20), pequeñascomunidades donde se celebra la fe y se comparte lavida y el encargo de evangelizar. Se realiza en la comunidadparroquial como comunidad de comunidades y movimientos, como asimismo en las Iglesias particulares,y entre todas ellas en la Iglesia universal. La comuniónde todas las Iglesias se sustenta en la misma y fundamentalcomunión con la Trinidad. De este modo, cadamiembro de la Iglesia, independientemente de países, culturas, etnias, o lenguas, está íntimamente vinculadocon los demás. De allí procede entre los cristianos unainaudita unidad, un dinamismo de reconciliación y laresponsabilidad de ayudarse unos a otros, dando aunde la propia pobreza, compartiendo alegrías y sufrimientos,bienes materiales y espirituales, como sucedió en laIglesia primitiva. De allí también procede la uniónafectiva y efectiva que debe darse entre las Iglesias particulares, colaborando unas con otras en el anuncio delReino de vida, y solidarizando entre ellas para realizarla misión hasta los confines del mundo.

3.3.2 Participación en una comunidad orgánica

148. En su vida terrena el Hijo de Dios eligió a doce apóstolespara que estuvieran con Él y anunciaran la venidadel Reino (cf. Mc 3, 13-19; Mt 10, 1-42). Constituyó así elcolegio de los apóstoles, con Pedro a la cabeza (cf. Mt 16,18), y los envió a todos los pueblos para proclamar elEvangelio. La participación en el único Bautismo otorgaa todos los miembros de la Iglesia la misma dignidad cristiana, expresada en el sacerdocio común de los fieles. Perosabemos que los apóstoles llamaron colaboradores paraque consolidaran la obra comenzada por ellos. Ellos sonlos sucesores de los apóstoles que constituyen el Colegioepiscopal en unión con el sucesor de Pedro (cf. LG 20), teniendo a los presbíteros y a los diáconos como sus cooperadores inmediatos (cf. LG 28s).

149. La estructura jerárquica de la Iglesia, querida porsu fundador Jesucristo, está al servicio de la comunión y la misión y las refuerza. Porque es como un cuerpo, dotado de muchos miembros con dones y carismas diversos (cf. 1 Co 12, 4-11; Rm 12, 4), cada miembro delcuerpo necesita del otro (cf. 1 Co 12, 14-21). De este modo, la diversidad de ministerios en la comunidad intensificala comunión que une a todos y la solidaridad de unospara con otros (cf. LG 32). Ya que es misión de la Iglesia promover el Reino de vida, todos sus miembros estáncomprometidos con esa misión: todos están llamados aser miembros activos, todos misioneros, para ello todosreciben gracias especiales. A los pastores, que sirven alcuerpo como instrumentos de comunión en el nombrede su Cabeza el Señor, quienes son parte del mismo lesdeben fidelidad y obediencia. Sin dejar de examinar loscarismas (cf. 1 Ts 5, 19), los pastores están llamados aprestar su servicio a la comunión, respetando y alentandotodos los dones del Espíritu en la Iglesia, e invitándolosa participar plenamente en su vida y misión.

3.3.3 Unidad en la diversidad

150. La unidad de la misma fe no excluye la diversidaden el interior de las comunidades cristianas y entre unas comunidades y otras, como lo muestra el NuevoTestamento. También la historia de la Iglesia, sobre todoen el primer milenio, atestigua una gran diversidad deformas en la configuración de las Iglesias particularesconforme a las regiones y a las culturas donde ellas seencontraban, lo que no atentaba contra la unidad, yaque no les impedía confesar el mismo credo, reconocer laautoridad de los mismos apóstoles, celebrar la mismaeucaristía y respetar normas basales de la disciplina dela naciente Iglesia. Este hecho histórico se explica confacilidad, porque las personas que acogen la fe cristianason personas concretas y diversas entre sí, dotadas decaracterísticas propias, insertas en contextos existencialesy sociales peculiares y herederas de tradiciones bien determinadas.De este modo, al vivir y expresar su fe lohacen con acentuaciones y modalidades propias de sumedio sociocultural, sin que ello implicase ruptura algunade la comunión. Así la catolicidad de la Iglesia nosólo significa su presencia en las más diversas regionesdel mundo, sino también una gran riqueza debido a lascontribuciones de esas mismas regiones (cf. LG 13c).

151. La diversidad enriquece a la Iglesia y no la amenaza.Esto supone que esa diversidad, al igual que la unidad,brote de la acción del Espíritu Santo que santifica,renueva y une a las comunidades en la comunión eclesial(cf. LG 13). La fidelidad al Espíritu exige acoger la diversidady orientarla a la comunión. La obediencia alObispo de Roma procura que las particularidades decada Iglesia se integren y promuevan la unidad en laIglesia universal. En sus diócesis, los obispos deben promoverla unidad de la Iglesia local respetando las legítimasdiversidades. La presencia admirable, a la vez queconstitutiva, de la diversidad dentro de la Iglesia, exige acada uno una actitud nueva. Acostumbrados a ciertauniformidad, proveniente de una cierta cultura moderna acoger la diversidad,no como una amenaza a nuestro modo de entendery vivir la fe, sino como un enriquecimiento fraterno quepurifica y universaliza la propia fe.

152. Este ejercicio de apertura y de diálogo entre nosotros,se prolonga en la relación con los hermanos deotras Iglesias y comunidades cristianas. A través de laoración en común, la ayuda mutua y diversas formas deacción conjunta, ofrecemos al Espíritu Santo nuestrahumilde cooperación para que un día podamos gozarde una diversidad reconciliada y en plena comunión entorno al único Señor. Al mismo tiempo reconocemos congratitud los lazos que nos relacionan con el pueblo judío, del cual recibimos la fe en el único Dios y su Palabrarevelada en la primera Alianza. Nos duele la dolorosahistoria de desencuentros y enemistad que ha sufrido, también en nuestros países. Son muchas las causas comunesen la actualidad que reclaman mayor colaboracióny aprecio mutuo.

3.4 La Iglesia, espacio de celebración

3.4.1 La celebración de la vida


153. Los pueblos de estas tierras se nutren continuamentede la fiesta que celebra la vida. Su sentido festivolos sitúa en el horizonte de la esperanza que habilitapara enfrentar los gozos y dolores de la existencia. Comery beber, cantar, danzar y reír son corrientes vitalesque se expresan en campos, aldeas y ciudades del Continente.Muchas son las ocasiones en que se festeja y convive,se comparte y se brinda, reanudándose así los lazosde fraternidad y celebrando el renacer en la fuentede la vida. La fiesta y la celebración son componentessin los cuales no puede entenderse la experiencia cotidianade los latinoamericanos.

154. Los sacramentos de la fe que celebramos estánvinculados a este sentido de fiesta. Cada uno de lossacramentos, en especial el Bautismo y la Eucaristía, sonlugares privilegiados donde la comunidad celebra la vidadivina, surgida en abundancia del misterio pascual deJesús. El Pueblo de Dios es capaz de reconocer en lossacramentos celebraciones festivas por las cuales el Diosde la vida sale al encuentro de los seres humanos paraliberarlos de tantas formas de muerte, y darles nueva vida.

155. La dimensión festiva de su vida el pueblo creyenteya la manifiesta en muchas expresiones de su religiosidadpopular, en sus fiestas y romerías, en sus celebracionespatronales y especialmente en los santuarios que frecuenta festivamente como lugares de encuentro fraternoy de contemplación, de gratitud y de confianza, de búsqueda de Dios y de experiencia gozosa con Aquel en quien “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28).

3.4.2 La Eucaristía, núcleo de la vida cristiana

156. Toda la vida de Jesús fue obediencia perfecta al Padre, que lo llevó a entregar su vida por la salvación dela humanidad. Esta entrega, expresada sacramentalmenteya en la Última Cena, tuvo su realización en la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios hecho hombre. Los discípulos de Cristo son aquellos que procuran asumir la existencia pascual del Maestro como modelo de su propia vida. De este modo el cristiano enla Eucaristía celebra el misterio pascual y su propia entrega en el seguimiento de Cristo. Así la Eucaristía expresa y realiza el núcleo de la fe cristiana, fuente de todo discipulado y de la misión.

157. La Iglesia, siempre discípula, necesita sentarse a lamesa del Maestro para recibir el pan de vida que la fortalece y unirse a la existencia entregada de su Señor.Deseamos que el pueblo fiel, que expresa su fe de tantas maneras, encuentre en la celebración dominical de laEucaristía el centro de su vida cristiana, que en ella pueda expresar sus alegrías y sus anhelos, y celebrar los momentos importantes de la familia y la comunidad. La Iglesia reconoce que es un gran desafío lograr que la fe de todos los bautizados alcance su culminación en estaMesa de la alianza y la fraternidad, que acrecienta la santidad de los discípulos. Compartida especialmente en el día del Señor, es la fiesta pascual de la comunidadcristiana y el manantial de su servicio evangelizador. Enla celebración de este sacramento, la Iglesia alimenta lacomunión entre sus miembros: “Pues si el pan es uno solo y todos compartimos ese único pan, todos formamos un solo cuerpo” (1 Co 10, 17).

3.5 La Iglesia, comunidad misionera

3.5.1 La Iglesia misionera


158. El designio salvífico de Dios se realiza en la historia con la cooperación de los seres humanos, como nos lo demuestran figuras insignes del Antiguo Testamento y el propio pueblo de Israel. Jesucristo se presenta como el Enviado del Padre para realizar su proyecto de vida (cf.Lc 4, 17-21), misión que confió a sus apóstoles (cf. Jn 20,21). Así toda la Iglesia es misionera y responsable de la evangelización (cf. AG 35). Toda la comunidad es sujeto primordial de la misión, en la diversidad de loscarismas y ministerios, y todo cristiano, en virtud de su bautismo y con más fuerza aún de su confirmación, es un misionero.

159. La labor de los catequistas ha sido muy importanteen toda la historia de nuestras Iglesias. Varias surgieronpor la labor de laicos y laicas. La Iglesia les debe mucho. Pero el campo propio a la vez que específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional,sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos (cf. LG 31, 33; GS 43; AA 2).Toda acción evangelizadora, por humilde que sea, es una acción eclesial (cf. EN 60).

160. El Espíritu Santo que actuó en la persona de Jesucristo es también enviado a todos, sin excepción, en cuanto miembros de la comunidad. La acción del Espíritu nose limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las personas a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés y nos lo relatan los Hechos de los Apóstoles.

3.5.2 María, madre, discípula y misionera

161. María, por su fe (cf. Lc 1, 45) y obediencia a la voluntadde Dios (cf. 1, 38), así como por su constante meditaciónde la Palabra y de las acciones de Jesús (cf. 2,19.51), es la discípula más perfecta del Señor (cf. LG 53).Tuvo un papel único en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su hijo hasta su sacrificiodefinitivo. En la figura de la Madre junto a lacruz (cf. Jn 19, 25-26) se simboliza la misericordia entrañablede Dios, que vibra en el corazón materno ante eldolor del Hijo y de todos los hijos. Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de María. Ella, como Madre detantos hermanos, fortalece los vínculos fraternos entretodos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda aque los discípulos de Jesucristo se experimenten comouna familia, la familia de Dios.

162. Perseverando junto a los apóstoles a la espera delEspíritu (cf. Hch 1, 4), cooperó con el nacimiento de laIglesia misionera. Del mismo modo, así como lo fue alinicio de la evangelización fundante, sobre todo en elTepeyac, también hoy es peregrina y misionera en nuestros pueblos latinoamericanos, alentándonos para que hagamos presente a Jesús en todos los ambientes.

4. ALGUNOS GRANDES CRITERIOS

163. A la luz de Jesús y su propuesta, que ilumina larealidad de nuestros pueblos, las aportaciones recibidas proponen ocho criterios generales para el camino misionerode la Iglesia en América Latina

4.1 Criterios cristológicos

El anuncio del Evangelio como ofrecimiento de vida


164. En todas las áreas de la actividad evangelizadora,la propuesta de Jesucristo a las personas y a nuestros pueblos debe manifestarse como la oferta de una vida plena para todos, la que es percibida como fidedigna porel testimonio de vida de incontables cristianos, que hacen presente el amor al Padre y a los hombres, la sabiduría y el poder del mismo Jesús. La doctrina, las normas, las orientaciones éticas, y todo lo que proponga la Iglesia en sus diversas acciones, no debe ocultar ni ensombreceresta atractiva oferta de una vida digna y plena en comunióncon Dios y con los hermanos.

La opción preferencial por los pobres

165. La amistad con Jesucristo y el camino del discipuladonos impulsan a configurar nuestras opciones yactitudes con las del Señor, quien desde la pobreza nosenriqueció y nos mostró las vías fundamentales para la liberación del pecado y de sus secuelas en la vida personaly social. Esto nos apremia a reafirmar y actualizar, en todos nuestros proyectos evangelizadores, nuestrapreferencia por los que sufren, por los excluidos y losmás débiles. La evangelización de los pobres es el gran signo mesiánico que estamos llamados a vivir como Iglesia cf. Lc 7, 22). Somos instrumentos de Cristo, encargados de realizar la liberación integral que propone el Evangelio.

Siempre somos discípulos

166. Todos debemos vivir y evangelizar de tal maneraque sea palpable y transparente, en nuestras actitudes y palabras, que nunca dejamos de ser discípulos de Jesucristo,que cada día lo redescubrimos y seguimos como anuestro Maestro y Pastor, que tenemos necesidad de Él, y que siempre podemos crecer en su seguimiento. Eldiscipulado parte del encuentro personal con Jesús, que renueva nuestra existencia y nos permite descubrir en lavida de la Sma. Trinidad el sentido último de todo lo que somos y hacemos. Esto requiere una renovación permanentede esa experiencia contemplativa a la vez que liberadora en medio de los desafíos de la vida social y de la evangelización.

4.2 Criterios eclesiales

El discipulado misionero es comunitario


167. La vida y la misión son siempre comunitarias y eclesiales. El discipulado misionero se vive en una comunidadconcreta de discípulos para la vida del mundo, fomentando la diversidad en la comunión y construyendoredes comunitarias que contrarresten el poder delos “poderosos” (cf. Lc 2, 52) y de las estructuras demuerte.

El discipulado exige un discernimiento eclesial

168. Los discípulos estamos llamados a reconocer lasdiversas formas de presencia de Jesucristo y el proyectodel Reino, en los variados desafíos que enfrentan la Iglesiay el mundo. Para ello debemos vivir en un constante proceso de discernimiento, para iluminarnos unos a otrosdesde la Palabra de verdad y de vida. En la comunidadcreyente, acompañada y guiada por sus Pastores, se ha de discernir los nuevos escenarios sociales y las nuevasestrategias pastorales que permitan anunciar con vigor el Evangelio de siempre y colaborar en la construcciónde una sociedad más humana (cf. Paulo VI, Octogésimaadveniens, n. 4).

La Iglesia en renovación permanente

169. Por ser servidora de la vida, que es dinamismo yt ransformación, porque el Reino siempre la trasciende, y porque la realidad en constante cambio la interpela, la Iglesia debe replantear una y otra vez su modo de presentar el Evangelio, sus métodos, su lenguaje y todo lo circunstancial en sus propias estructuras. Todos los cambiosque eventualmente sea necesario implementar no son un mero ajuste funcional. Han de brotar de una necesaria y sincera conversión personal y eclesial.

SÍNTESIS
DE LOS APORTES RECIBIDOS

PARA LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO




I
MIRAMOS A NUESTROS PUEBLOS
A LA LUZ DEL PROYECTO DEL PADRE


40. Miramos la realidad desde el designio salvífico del Padre para discernir y dejarnos interpelar por las voces contemporáneas de Dios que asumimos en los signos de los tiempos. La situación del Continente nos reclama, una vez más, la sinceridad y la sabiduría necesarias para mirar con profundidad la realidad y su dinamismo, y descubrir en ella con lucidez la presencia dinámica del Reino de Dios proclamado por Jesús.

1. EL PROYECTO DE AMOR DE DIOS PADRE

41. Israel descubre en el devenir de su historia que Dios es rico en amor y misericordia y que estos atributos divinos son fuente de vida y liberación. Desde esta clave de lectura no sólo mira su historia, sino también el origen de la humanidad y del pecado que encerró al hombre en el egoísmo y la muerte. Dios, sin embargo, que creó al ser humano como la única criatura que Él ama por sí misma, nos ha elegido antes de la creación del mundo –por decisión gratuita de su voluntad– para “seradoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo”, su Hijo primogénito (Ef 1, 4-5).

1.1 Dios, fuente de vida y liberación para Israel

42. Dios Padre sale de sí, por así decirlo, para llamarnos a participar de su vida y de su gloria. Mediante Israel, pueblo que hace suyo, Dios nos revela su proyecto de vida. Cada vez que Israel buscó y necesitó a su Dios, sobre todo en las desgracias nacionales, tuvo una singular experiencia de comunión con Él, quien lo hacía partícipe de su verdad, su vida y su santidad. Por ello, no demoró en testimoniar que su Dios –a diferencia de los ídolos– es el “Dios vivo” (Dt 5, 26) que lo libera de los opresores (cf. Ex 3, 7-10), que perdona sin límites (cf. Eclo 2, 11) y que restituye la salvación perdida cuando el pueblo, envuelto “en las redes de la muerte” (Sal 116, 3), se dirige a Él suplicante (cf. Is 38, 16). De este Dios –que es su Padre– Jesús afirmará que “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27).

43. Gracias a su experiencia de Dios, Israel confiesa que es “el Dios de mi vida” (Sal 42, 9), su único Señor a quien debe amar con todo su corazón (cf. Dt 6, 5). Israel sabe que su Dios es la única “fuente” de su vida (Sal 36, 8-10), su “roca” segura (28, 1-2) y su “redentor” (Is 41, 14). También sabe que esto no basta y que al don de la vida se responde con la búsqueda de la vida verdadera. Esta vida brota de la alianza con su Dios y exige el compromiso de destruir los ídolos, confiar en Él y en sus promesas de vida, ocuparse de los pobres, escuchar su Palabra y obedecer sus mandamientos, lo que constituye un potente sí divino a favor de la verdad, la vida y la libertad (cf. Ez 33, 14-15). Porque el Dios de Israel es Dios
de vida, el compromiso de alianza de Israel es respetar y favorecer los dones sagrados y preciosos de la vida y la liberación que le regala.

1.2 Dios crea al hombre y a la mujer para que vivan

44. Luego de mirar con ojos de fe la historia de alianza con su Dios, Israel se abre no sólo a su origen, sino también a la razón de su propia existencia y de la humanidad, descubriendo que el ser humano “existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó, y por el amor de Dios que lo conserva” (GS 19). Si Dios se ha manifestado, por sobre todo, dador de vida y liberación para Israel, significa que la creación del varón y de la mujer a su imagen y semejanza es un acontecimiento divino de vida, y su fuente es el amor fiel del Señor. Al poner todo lo creado al servicio del ser humano, el Creador manifiesta la inmensa dignidad de aquel que apenas es inferior a Dios (cf. Sal 8) y el cuidado exquisito que
tiene por cada persona (cf. Gn 1, 29-30).

45. Esta experiencia de un Dios que crea y ama dando vida y libertad (cf. Sal 119, 159), lleva a Israel a descubrir maravillado la vocación fundamental del ser humano: vivir en alianza de vida con el Señor y en comunión unos con otros.

1.3 El pecado, negación de la vida querida por Dios

46. Sin embargo, Israel, como nosotros mismos, experimenta la dolorosa tragedia de la maldad en su historia. Niega la vida que Dios le regala cuando “no hay fidelidad, ni amor ni conocimiento de Dios” en el país, y destruye esa vida en otros cuando “sólo se difunden falso testimonio y engaño, asesinato, robo y adulterio y un crimen sigue a otro crimen” (Os 4, 1-2). Por su reiterada infidelidad, el pueblo dilapida los dones divinos. Responde con la rebelión a la vida y libertad que le vienen de Dios, alejándose y entristeciendo a su Señor con su conducta (cf. Is 63, 7-10). Pero el pueblo está convencido que su maldad y la del mundo no puede provenir de un Dios de vida que ama como lo hace su Dios. Entonces unos sabios israelitas, inspirados por Dios, enseñan al pueblo que fue el pecado, introducido por el ser humano en los albores de la creación (cf. Rm 5, 12), la causa de una triple, profunda y actual distorsión: la del ser humano con su Creador, consigo mismo y sus semejantes, y con la creación (cf. Gn 3; DP 322).

47. Desde entonces la vocación fundamental del hombre y la mujer se ve amenazada por el pecado, poniendo toda la creación bajo la sombra de su egoísmo y orgullo (cf. AA 7). Pero también, desde entonces, el ser humano lleva clavado en lo más profundo de su corazón el ansia de felicidad, de liberación del pecado y de la muerte, de paz y de plenitud.

48. El Dios de la vida no abandonará en la muerte y el pecado ni a su pueblo ni a la humanidad. Nos dice el Concilio Vaticano II que el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (cf. Jn 12, 31), que le retenía en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidiéndole lograr su propia plenitud (GS 13c).
Por eso, llegado el tiempo oportuno envió a su Hijo como “Camino, Verdad y Vida”, (cf. Jn 14, 6) y “primogénito de toda criatura” (Col 1, 15). Para liberarnos del pecado, Él perdona nuestros pecados, recreando el corazón del hombre y llevando a la plenitud la vocación humana.
Para actualizar la misericordia del Padre nos dejó el sacramento del Perdón, de modo que sea realidad la aspiración más honda de Pablo: que “todo sea de ustedes, ustedes sean de Cristo y Cristo de Dios” (1 Co 3, 22-23).

2. ROSTROS QUE NOS INTERPELAN

49. El pecado introducido desde antiguo por los seres humanos continúa presente en nuestra realidad, pero más poderosa es la presencia de la acción liberadora y enaltecedora de Dios. Por eso con María en su canto del Magnificat (cf. Lc 1, 46-55) proclamamos las maravillas que el Señor ha hecho en nuestros pueblos y nos regocijamos en su amor y en su misericordia. Cristo nos llama desde los hermanos que sufren, a los que quiere servir con nuestra colaboración, con la actitud creyente y materna de María nos acercamos a la realidad de nuestros pueblos, y contemplamos hoy los rostros filiales, sufrientes y resucitados del Señor Jesús (EiA 45).

50. Entre ellos están los pueblos y las comunidades que son testimonio de las raíces y culturas indígenas. En los 500 años transcurridos han crecido grandes poblaciones y culturas mestizas. Sobre todo a los pueblos originarios que han permanecido más recluidos en sus territorios y a comunidades y personas afrodescendientes, aún no se les reconoce en todas partes su derecho a ser tratados con dignidad y en igualdad de condiciones, y arrastran una carga secular de humillaciones. Frecuentemente quedan al margen de la sociedad y del legítimo derecho al desarrollo, se ignora su historia y su presencia,y se desconoce o se niega la riqueza cultural y religiosa de sus tradiciones.

51. Por otra parte, innumerables mujeres de toda condición han sufrido una doble exclusión en razón de su situación socioeconómica y de su sexo. No son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconoce suficientemente su abnegado sacrificio e incluso heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos ni en la transmisión de la fe en la familia, no se valora ni promueve adecuadamente su indispensable y peculiar participación en la construcción de una vida social más humana y de una edificación de la Iglesia en la compenetración de sus dimensiones petrinas y marianas. A la vez, su urgente dignificación y participación pretende ser distorsionada por corrientes de un feminismo ideológico, marcado por la impronta cultural de las sociedades del consumo y el espectáculo, que es capaz de someter a las mujeres a nuevas esclavitudes.

52. De igual manera sufren los pobres, los excluidos, los desocupados, los migrantes, los desplazados, los campesinos sin tierra, los que buscan sobrevivir en las redes de la economía informal, y todos aquellos que se ven privados de una vida digna. Sus rostros piden unas condiciones de vida que garanticen y ofrezcan oportunidades a su existencia, mediante una fraterna acogida y solidaridad, incorporados al trabajo y a los beneficios de un progreso auténtico, también por medio de leyes que protejan en justicia su presente y su futuro. De modo semejante sufren también los niños, jóvenes y adultos, cuando son víctimas de estructuras sociales que les cierran las puertas al ejercicio de sus derechos individuales y sociales, así como al aprovechamiento de otras legítimas oportunidades. Nos esperan los enfermos, los drogadictos, los discapacitados y los adultos mayores que sufren de soledad y no gozan del derecho a una vida digna y a los cuidados que merecen. Recordamos también a las víctimas de la violencia intrafamiliar.

53. Hay otros rostros que nos interpelan particularmente: los hermanos secuestrados, los que son víctimas de la violencia y de los conflictos armados en nuestros países y en otras latitudes, que no reciben protección y defensa eficaz, ni tienen prioridad en las políticas públicas de muchos Estados. Debemos aprender que la paz no puede alcanzarse únicamente desde fuera con estructuras, y que el intento de establecerla con la violencia sólo lleva a una violencia siempre nueva (…) Debemos aprender que la paz sólo puede existir si se supera desde dentro el odio y el egoísmo (Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006).
Pero tampoco podemos olvidar esos otros rostros que no han contribuido o no contribuyen a la construcción de la paz. Por haber hecho o seguir haciendo mal uso de la libertad carecen de felicidad. Entre ellos, esperan mucho de nosotros los que han cometido delitos y están privados de libertad. Y nos necesitan los que son insensibles al dolor de los demás, los que oprimen, los corruptos, los que viven al margen de la ley, los que trafican con drogas, los que abusan del poder, los que manipulan ideológicamente, los violentos y los terroristas; todos ellos, incapaces de vivir en paz y de construir la paz.

54. Nos interpelan a nosotros, discípulos y misioneros de Cristo, los hermanos de otras comunidades cristianas, con quienes hemos comenzado a orar juntos y a colaborar, en camino a la unidad querida por el Señor; y también de otras confesiones religiosas, con los que está pendiente el diálogo y la colaboración mutua.
Nos interrogan asimismo los agnósticos, los ateos y los indiferentes, que viven la pobreza de desconocer a Dios en su vida o, sabiendo de él, prescinden de su persona y de su amor. Se alegrarían de compartir nuestro optimismo los que carecen de esperanza, y los que han experimentado el fracaso de sus planteamientos utopías. Y no podemos olvidar a los que se encuentran en situaciones especiales por haber abandonado el ejercicio del ministerio sacerdotal, por haber contraído un segundo matrimonio civil sin haber obtenido la declaración de nulidad del sacramento, las personas homosexuales y los que mantienen una doble vida, aumentándose al dolor de su desorden la zozobra por el temor de ser descubiertos.

55. Cumplimos con un deber de gratitud al destacar otros rostros: de una multitud de hombres y mujeres, adultos y jóvenes –profesionales, campesinos, obreros, empleados, madres de familia, etc.–, que son miembros de la Iglesia y en nuestros países trabajan con amor a Dios y a los hermanos, incluso a quienes podrían ser sus enemigos, y lo hacen de manera honesta y generosa, sin perder la esperanza. Junto a tantos otros no se doblegan ante las dificultades sino que mantienen anhelos de vida y liberación, de amistad con Dios, de fidelidad, fraternidad y paz, buscando el crecimiento del Reino. Su capacidad de resistencia, esperanza y paciencia histórica, como también de colaboración con quienes creen en el
hombre y en su felicidad, y manifiestan el gozo de creer en el “Dios que derribó de sus tronos a los poderosos y enalteció a los humildes” (Lc 1, 52), recuerdan el rostro de Jesús resucitado.

3. CAMBIO DE ÉPOCA Y DESAFÍOS

56. Sucesivas transformaciones sociales y culturales agitan al mundo actual. Vivimos un fuerte cambio de época cuyo nivel más profundo es el cultural. Por esto la sociedad latinoamericana se experimenta como una sociedad inestable y en transición, con sus luces y sombras. La Iglesia católica también está inmersa en este cambio. Veamos algunos rasgos más relevantes de su configuración.

3.1 Pluralismo y emergencia de la subjetividad

57. Todos sentimos las modificaciones profundas que afectan a nuestra sociedad. Acostumbrados a una tradición cultural bastante homogénea y de índole cristiana, asistimos hoy a la fragmentación de la sociedad en sectores plurales, con lenguajes y prácticas propias, con nueva conciencia sobre las particularidades étnicas, culturales y religiosas de los pueblos, con gran acumulación de informaciones y conocimientos, con una nueva autonomía y autoreferencia del poder político, con inmensos cambios promovidos por la ciencia y la tecnología, y por una nueva concepción de libertad religiosa. Se desvanece de este modo una única imagen del mundo, del ser humano y de Dios, que ofrecía orientación para la vida cotidiana. Recae, por tanto, sobre el individuo toda la responsabilidad de construir su personalidad, de afirmar su libertad y de tener razones para vivir, que ya no le son dadas por la tradición como sucedía en el pasado.
Vivimos así en un mundo donde reina el pluralismo, bien sea cultural o religioso, y en el cual la convivencia se construye día a día a partir de la persona y de sus opciones, a veces, sin embargo, fuertemente condicionadas por una cultura global que tiende a imponer la “dictadura del relativismo, proponiendo modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del hombre” (Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático, 8 de enero de 2007) y sembrando así incertidumbres, desarraigos y confusiones.

58. Surge entonces lo que hoy caracterizamos como la emergencia de la subjetividad, en la que cada uno puede escoger, de la plural oferta de sentidos y prácticas sociales, lo que le parece mejor. La emergencia de la subjetividad ha significado una importante conquista de la humanidad. La dignidad y la libertad de la persona humana son reconocidas y respetadas. Las raíces de ello están ciertamente en la novedad del cristianismo, aunque hayan pasado por vicisitudes históricas y culturales.
Actualmente esta subjetividad sin embargo con frecuencia se reduce a un mero subjetivismo, hostil a cualquier vínculo, sin referencia a la verdad, sin unidad interior, y dañino para la convivencia social. Sin embargo, el espacio dado a la libertad en nuestros días representa también una oportunidad para el cristianismo. Pues la adhesión a la fe cristiana resulta de una opción libre por Jesucristo. Cuanto más consciente, libre, razonable, madura y plena, más sólida será la identidad del discípulo de Cristo.

3.2 Impacto de la globalización

59. El fenómeno de la globalización, tanto en su vertiente cultural, como en su vertiente comunicacional y económica, provoca cambios significativos en la realidad actual. Hoy tenemos experiencia de una reducción del espacio y del tiempo, fruto de la velocidad de los medios de transporte y de la instantaneidad de la comunicación.
Tenemos una conciencia planetaria, inédita en la historia de la humanidad, que aproxima pueblos y continentes, y que plasma una mentalidad común. Grandes naciones y millones de hombres se van incorporando a una dinámica acelerada de desarrollo.

60. La globalización representa, sin duda, una oportunidad para una renovada conciencia de la catolicidad de la Iglesia. Así, un gran patrimonio cultural es ofrecido a todos, proporcionándoles conciencia de los derechos humanos, participación en las conquistas científicas, solidaridad con los más pobres, estima por la justicia y por la paz, valorización de las culturas locales, y sobretodo la convicción de que el presente y el futuro de la humanidad depende de todos. Surge así el deber de globalizar la caridad y la solidaridad.

61. Sin embargo, no se puede ignorar que gran parte de esta cultura globalizada está al servicio de intereses económicos transnacionales. De hecho, la globalización económica, trae muchos beneficios para los que logran incorporarse al alto nivel necesario de conocimientos y de técnicas, pero deja al margen, creando situaciones de precariedad, desigualdad y pobreza, a los que tienen menos capacidades y posibilidades para competir en una economía abierta al mercado. El poder político nacional pierde fuerza delante de las interdependencias y presiones de cuño económico en los nuevos escenarios globales. La economía neoliberal, cuando no es corregida por el compromiso con los más débiles, de hecho debilita aún más las democracias latinoamericanas, que en general no disponen de instituciones consistentes y sólidas y sufren la tentación de soluciones populistas o sucumben a la corrupción en muchos niveles. La economía financiera tiende a prevalecer en su papel determinante por encima de la economía productiva y social, haciendo que nuestras naciones tengan condicionado su futuro por los vaivenes de los capitales especulativos. Ha sido la dolorosa
experiencia en algunos de nuestros países.

3.3 Hegemonía del factor económico y tecno-científico

62. Todas las dimensiones de la vida social se encuentran recibiendo el impacto dominante del factor económico y del mercado como la norma suprema de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social.
La racionalidad instrumental que anima muchos aspectos del quehacer económico y científico no logra reconocer al ser humano como sujeto con dignidad y como un valor supremo de organización social y económica. Sólo lentamente se abre paso la preocupación por el “capital humano”. Muchos de nuestros contemporáneos, inmersos en una cultura así, carecen de referencias para orientarse y acaban cediendo a los imperativos del individualismo, del materialismo y de la búsqueda exclusiva del bienestar propio.

63. Cuando la lógica del mercado coloniza la vida política y científica, cuando irrumpe en las instituciones dedicadas a la procuración de justicia, en la escuela y la Universidad, en las actividades profesionales y en los estilos de vida ordinarios, aparece con fuerza el relativismo ético y se debilita el ideal de trabajar por el bien común. El frecuente incumplimiento de promesas por parte de nuestras autoridades civiles parcialmente se debe a la subordinación de las políticas públicas a la lógica del mercado, a la popularidad buscada como fin, a las exigencias de los organismos internacionales que aprecian más la oferta y la demanda como criterio operativo que la reciprocidad justa de los intercambios. Esto trae como consecuencia el agravamiento de las desigualdades sociales de nuestros países que se reflejan en los precarios servicios públicos en diversos sectores como hospitales, escuelas y viviendas. Por tanto, urge “eliminar
las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial” (Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático, 8 de enero de 2007), para que una racionalidad más integral y solidaria pueda vitalizar todos los procesos sociales y responda a las fuertes aspiraciones de los sectores más pobres por una mayor y más justa participación en los bienes de la sociedad.

3.4 Irrupción de lo sagrado y búsqueda de la trascendencia

64. Es perceptible que en muchos espacios y ambientes de la sociedad y de la cultura en América Latina no se tiene respuestas a los grandes interrogantes del ser humano sobre el sentido de la vida, del sufrimiento, de la muerte y del amor, lo cual deja a las personas en desamparo e inseguridad. Por otra parte, una nueva sensibilidad religiosa, anhelante de encontrar la dimensión de lo sagrado, reaparece con un fuerte acento subjetivista y tenuemente vinculada con la fe de las generaciones precedentes. Nuevos grupos y sectas hacen aparecer una nebulosa religiosidad, sujeta a cambios continuos y motivo de confusión entre los fieles. De este modo, en América Latina, los creyentes viven entre tendencias secularistas que conviven con “una difusa exigencia de espiritualidad” (NMI 33), con una nostalgia de Dios, aun cuando este fenómeno no se exprese con un lenguaje sofisticado ni académico.

3.5 Crisis de la familia

65. La familia, célula de la sociedad, sufre hoy el impacto de este cuadro sociocultural y económico. La inestabilidad de los matrimonios proviene en gran medida de la ausencia de vínculos y convicciones sólidas y es agravada por el hedonismo reinante, por el subjetivismo y por la cultura de lo desechable. Las numerosas disoluciones matrimoniales desacreditan el matrimonio en las generaciones más jóvenes y favorecen el crecimiento de las uniones fuera del matrimonio civil o religioso. Los bajos ingresos y muchas veces la búsqueda del bienestar individual llevan a las parejas a no tener hijos o a tenerlos en número muy reducido. Además, hoy se incurre en el contrasentido de legitimar uniones de personas del mismo sexo, equiparándolas al matrimonio. Aun entre las familias cristianas la ausencia del hogar debido al compromiso profesional de todos los miembros de la familia, la agitación de la vida moderna, sobre todo urbana, la omnipresencia de la televisión y el recurso permanente a otros medios visuales y auditivos de comunicación social, que difunden costumbres y convicciones ajenas o contrarias al cristianismo, dificultan la transmisión de la fe cristiana a los hijos, y hacen muy difícil el diálogo y la unión de todos en el hogar. Se observan también en nuestros días, por razones diversas, diferentes tipos de uniones –por razones ideológicas se les quiere llamar a todas “modelos de familia”– (monoparentales, consensuales, uniones libres, divorciados vueltos a casar, uniones homosexuales y otras), si bien no coinciden ni con el proyecto de Dios para la familia ni con el balance histórico de la humanidad. Todo esto interpela nuestra pastoral familiar.

66. Entre los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar encontramos varias corrientes ideológicas: la neoliberal que exalta la libertad total del individuo y que se expresa en un relativismo subjetivista en el que cada uno puede escoger sus verdades y sus valores, y en la exaltación de la fuerza: si yo soy el más fuerte, puedo disponer de la vida ajena; la ideología del género, según la cual cada uno puede escoger su “orientación sexual” y las respectivas prácticas, no teniendo relevancia las diferencias fisiológicas; la ideología ecologista que presenta al hombre como el mayor depredador y por eso, el hombre debe someterse a la Madre Tierra, y el número de individuos admitidos a la existencia debe ser contenido en límites definidos por los tecnócratas; el humanismo agnóstico, que reduce voluntariamente el área de competencia de la razón, limitando el ejercicio de la misma a la esfera de los fenómenos, y descalificando a priori toda indagación relativa al sentido de la vida y de la muerte, o al sentido del misterio. Este humanismo, cuya forma paroxística es el nihilismo, lleva a la ocultación de la señoría ministerial en virtud de la cual el hombre es llamado a participar, por la procreación, a la acción creadora de Dios.

67. Muchas de las modificaciones legales que se han introducido en numerosos países de América Latina en los últimos años hieren gravemente la dignidad del matrimonio, de la familia y de la vida humana. Estas modificaciones no son casuales, no ocurren simplemente.
Muchas veces son promovidas como elementos necesarios de agendas “progresistas”, con frecuencia impulsadas por determinadas ONG o por organismos de las Naciones Unidas. Persiguen la emancipación de las costumbres, las normas éticas y las leyes de su matriz cristiana. Con frecuencia responden a los intereses y estrategias de personas e instituciones con gran poder y presencia internacional, que abiertamente buscan provocar un cambio en el ethos cultural y religioso latinoamericano.

3.6 Cultura urbana

68. Dios habita en la ciudad. Así como en otro tiempo se manifestó con rostro rural, hoy se revela, por así decirlo, con rostro urbano. Pronto más del 70% de la población estará viviendo en ciudades con más de un millón de habitantes. Este crecimiento acelerado de las grandes urbes hemos de comprenderlo como un nuevo signo de nuestro tiempo. En la urbe acontecen complejas transformaciones socioeconómicas, culturales, políticas y religiosas que hacen impacto en todas las dimensiones de la vida. Las grandes urbes se componen de un sinnúmero de pueblos, ciudades satélites, sectores y ambientes sociales, donde coexisten binomios que la desafían cotidianamente: tradición-modernidad, globalidad particularidad, inclusión-exclusión, personalización despersonalización, lenguaje secular-lenguaje religioso, homogeneidad-pluralidad, cultura urbana-pluriculturalismo.
La cultura rural aún es un referente en muchas regiones del Continente y sigue aportando riquezas innegables; pero lo rural hoy se urbaniza en forma vertiginosa e irreversible. Hay en la ciudad una fragmentación de la cultura, un lenguaje nuevo y una simbología que requiere un aprendizaje. Existe una diferencia notable entre el habitante nacido en la urbe, el inmigrante desplazado hacia ella y el residente extranjero.
La cultura contemporánea pasa hoy necesariamente por la ciudad y crea vínculos que generan una nueva mentalidad.

69. El ciudadano de la urbe se entiende a sí mismo como víctima y sujeto de su entorno. Por un lado, padece anonimato y masificación, movilidad y vértigo, soledad y desamparo, desarraigo y violencia, inseguridad e impotencia; por el otro, reconoce que la urbe le brinda incesantemente oportunidades, alternativas, modas, expectativas, ofertas culturales y opciones inéditas que lo invitan al esfuerzo, al bienestar y al éxito. Todo esto hace sumamente difícil la vida de los hombres y mujeres urbanos, que ven la ciudad al mismo tiempo como espacio amable que los atrae y lugar odioso que los agrede.

3.7 El ejercicio del poder en América Latina

70. Existe en la vida social un factor que convencionalmente identificamos con la palabra “política” pero que es mucho más amplio que el ámbito que se delimita con esta noción. Este factor es el “poder”. El poder se ha configurado en América Latina de una manera peculiar debido a la larga historia de autoritarismo que existe en nuestras tierras desde la época precolombina y que continúa, bajo diversas modalidades, hasta nuestros días.
El poder se ejerce en la familia, en la escuela, en el campo, en las organizaciones civiles, en la empresa, en la escuela, en los sindicatos, y por supuesto, en los distintos órdenes de gobierno civil y eclesiástico.

71. En muchas ocasiones de la historia remota y reciente de América Latina el ejercicio del poder no ha estado normado por la dignidad de la persona humana y sus exigencias fundamentales –los derechos humanos–, sino que se ha autorregulado. Cuando el poder no reconoce más límite que la voluntad del gobernante aparece el autoritarismo. Ante este fenómeno, la sociedad civil se ha organizado en muchísimos grupos que, cuando luchan por algún segmento del bien común de manera pacífica, colaboran a que la sociedad se vuelva sujeto de su historia y no objeto de uso o de abuso por parte del poder.

72. Muchas de las democracias latinoamericanas se han logrado construir con enormes sacrificios personales y colectivos. Fue necesario que cicatrizaran heridas muy profundas y dolorosas, por medio de procesos de reconciliación en que no han faltado la verdad, la justicia, la magnanimidad y aun el perdón. Sin embargo, con frecuencia la democracia se mantiene en su momento formal y no logra madurar en su dimensión participativa y cultural. Esto quiere decir que en numerosos casos la democracia se esfuerza por mejorar los mecanismos institucionales más necesarios, por ejemplo para efectuar los procesos electorales, pero no logra emerger como un estilo de vida permanente que vitalice las instituciones. Por ello, la democracia en América Latina, y con ella los partidos políticos tradicionales, se encuentra en una seria crisis. Esta crisis se manifiesta de múltiples maneras siendo una de las más preocupantes la corrupción, y el surgimiento de caudillismos que con pretensiones de mesianismo y con discursos maniqueos, tolerando o incitando a la violencia, tienden a controlar desde el Estado las instituciones educativas, los medios de comunicación, la economía y la sociedad. A veces se
valen hasta de un lenguaje para-religioso, y se proponen como redentores de la vida social. En tales circunstancias la libertad de la Iglesia, que ha de ser ejercida y defendida con gran valentía, se convierte en un símbolo para la sociedad, en un refugio para los perseguidos, en la principal garantía de los derechos y las libertades ciudadanas, y en una promesa de libertad para todos.

73. Los vicios autoritarios que frecuentemente aparecen en las estructuras de gobierno civil surgen de vicios de igual índole cultivados en la familia y en el resto de las organizaciones e instituciones que componen la vida social. Por ello, es importante que reconozcamos la urgente necesidad de cultivar la subsidiaridad y una democracia participativa, que permita reconocer en la práctica el derecho de todos por igual a participar libre, activa y creativamente en la gestión del bien común.

4. LA IGLESIA EN ESTE CAMBIO DE ÉPOCA

4.1 Una Iglesia cuestionada

74. El pluralismo cultural y religioso de la sociedad actual repercute fuertemente en la Iglesia. Hay otras fuentes de sentido que compiten con ella, relativizando y debilitando su incidencia social y su acción pastoral.
No todos los católicos estaban preparados para resistir a esta multiplicidad de discursos y de prácticas presentes en la sociedad. Y este hecho se ha manifestado en un cierto distanciamiento silencioso de la Iglesia por parte de muchos y en una adhesión poco reflexiva a otras creencias o instituciones religiosas. Esta situación se ve agravada por el relativismo ético y religioso de la cultura actual. Por otro lado, el pluralismo abre espacios para la libertad personal y la opción religiosa consciente.
Todo esto muestra la necesidad urgente de una mayor formación cristiana del laicado, que le permita desarrolla una actitud de convencida identificación con su vocación cristiana y de discernimiento evangélico ante este pluralismo.

75. Por su parte, la emergencia de la subjetividad en nuestros días, acompañada por una creciente participación de nuestros contemporáneos en las conquistas culturales, también representan un desafío para la Iglesia.
Ya no se acepta un pronunciamiento sólo porque proviene de una autoridad. Se vuelve necesario ofrecer un adecuado fundamento al discurso doctrinal o ético, porque cada uno quiere que su autonomía personal y su libertad sean respetadas; de este modo, como lo señala el Papa Benedicto XVI, la Iglesia, debe intervenir en los diversos temas de la vida de la sociedad “a través de la argumentación racional” (DCE 28). Hay que advertir que el debilitamiento de las sólidas fuentes de sentido en la sociedad genera, en el fondo, angustia y malestar en aquellos que más buscan refugio y distracción en un
consumismo creciente. El mensaje cristiano ofrece, sin duda, marcos sólidos para la integración personal y la convivencia social. Urge saber proclamarlo a nuestros contemporáneos con una actitud abierta y dialogante.

4.2 La rica vitalidad de la Iglesia

76. Presente y actuante en su Iglesia, el Espíritu Santo la santifica, la inspira y la renueva continuamente. La Iglesia católica en América Latina ha estado comprometida desde sus orígenes y hasta el presente con los más pobres y con el esfuerzo de promover su dignidad. Una densa red capilar de instituciones e iniciativas beneficia a nuestros pueblos en el orden de la salud, la educación, la cultura, la habitación, la rehabilitación y la promoción de los trabajadores y de sus familias. Por ejemplo, sus numerosas actividades e instituciones educativas, en todos los niveles, representan una contribución signifi cativa para el pueblo latinoamericano. También es destacable la participación personal e institucional de la Iglesia en el sector de la salud, disminuyendo las consecuencias de un servicio sanitario deficiente. Reiteradamente
su empeño a favor de los más pobres y su lucha por la dignidad humana han ocasionado la persecución, y aun la muerte, de miembros suyos.

77. La renovación aconteció también en el interior de la Iglesia. Centrar los esfuerzos pastorales en conducir al encuentro con Jesucristo vivo, ha dado y sigue dando preciosos frutos. La primacía de la Palabra de Dios nutre la teología y anima la pastoral, repercutiendo fuertemente en los sectores más sencillos y abiertos de nuestros pueblos. El mayor contacto y el mejor conocimiento de los textos evangélicos ha puesto en evidencia la centralidad de la persona y de la vida de Jesucristo, con su fuerza atractiva y transformadora, como también la misión de la Iglesia como sacramento de comunión y espacio de solidaridad con quienes no tienen los medios necesario para vivir dignamente. La Iglesia también redescubre sus raíces bíblicas y patrísticas, entendiéndose a sí misma como una verdadera familia de Dios, lo que implica la participación de todos en los bienes salvíficos y en las actividades eclesiales. Constatamos la admirable generosidad de incontables catequistas, y enormes esfuerzos catequéticos. Crecen las manifestaciones de la religiosidad popular. De este modo se puede observar el florecimiento de comunidades eclesiales de base. Son muchos los movimientos e itinerarios de formación, que difunden su riqueza carismática, educativa y evangelizadora.
Una invaluable riqueza la constituyen el testimonio y la acción solidaria y misionera de los laicos y las laicas.

78. La renovación litúrgica acentuó la dimensión celebrativa y festiva de la fe cristiana, completamente centrada en el misterio pascual. Su apertura al mundo, la cultura y la historia, en la línea del Concilio Vaticano II y de las Conferencias Generales anteriores, vuelve a la Iglesia más cercana y dialogante con la realidad donde está inserta. La preocupación por el ser humano, tan fuerte en nuestra cultura, se convierte también en una preocupación fundamental de la Iglesia. Por todos estos bienes queremos agradecer al Espíritu de Dios que derramó abundantemente sus dones sobre la Iglesia en América Latina y El Caribe.

4.3 Deficiencias por corregir
79. Toda transformación histórica consistente se realiza lenta y gradualmente, y la Iglesia no es una excepción.
La eclesiología conciliar sin duda renovó la vida eclesial, pero todavía debe seguir interpelándonos. Aquí pesan no sólo los lastres socioculturales, sino sobre todo la realidad del pecado en nosotros sus miembros, que exige sincero arrepentimiento y conversión personal, como también posturas más evangélicas. Sólo así nuestras deficiencias y errores podrán ser perdonados y corregidos. Nos referimos, para mencionar algunos, al clericalismo, a los intentos de volver al pasado, a lecturas y aplicaciones secularizadas de la renovación conciliar, a la ausencia de autocrítica, de una auténtica obediencia y de ejercicio evangélico de la autoridad, a los moralismos que debilitan la centralidad de Jesucristo, a las infidelidades a la doctrina y a la comunión, a las debilidades de nuestra opción preferencial por los pobres, a la discriminación de tantas mujeres y grupos humanos, al escaso acompañamiento dado a los laicos en tareas de servicio público, a una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones, a un énfasis en los sacramentos descuidando otras tareas pastorales, a una espiritualidad individualista, a cierta lentitud en el compromiso con la democracia, a la falta de aplicación creativa del rico patrimonio que constituye la Doctrina social de la Iglesia, a la persistencia de lenguajes poco significativos para la cultura actual y que –en ocasiones– parecieran no tener en cuenta el carácter pluralista de la sociedad y la cultura. Debemos pedir perdón por habernos apartado del Evangelio, que pide un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario, como también valentía, persistencia y docilidad a la gracia para proseguir la renovación iniciada por el Concilio Vaticano II.

CONCLUSIÓN

80. Nuestra mirada creyente sobre la realidad nos hace comprender que estamos aún lejos del proyecto de Dios sobre su creación. La vida de nuestros pueblos está amenazada por los cambios de este tiempo y por el arraigo de algunas actitudes y estructuras eclesiales que a veces no corresponden adecuadamente a la audacia evangelizadora que hoy se necesita. 81. Los miembros de la Iglesia necesitamos reaccionar, dejándonos interpelar por las voces de Dios que surgen de todos los rincones del Continente. En primer lugar, se impone un ejercicio continuo de discernimiento, que haga una interpretación profética y sapiencial de los signos contradictorios y promisorios que hoy vivimos. El amor a la verdad debe ocupar un lugar más importante en la vida, en nuestras opciones y en las tareas que asumimos. En segundo lugar, sobresale una apremiante exigencia de conversión individual y colectiva, que propicie cambios profundos dondequiera que sean necesarios y desencadene procesos audaces de renovación en una comunidad de discípulos en estado permanente de misión. Por último, se requiere forjar un estilo de Pueblo de Dios, más dado a la oración y al trabajo misionero, en el que la fidelidad creadora haga cambios evangélicos distinguiendo siempre lo esencial de aquello que no lo es (cf. Mt 13, 52).

82. En el siglo XX la vida de la Iglesia latinoamericana estuvo marcada por diversas tendencias a veces enfrentadas entre sí. Creemos que llegó la hora de crear, a través de un gran amor a la verdad y de una apertura fraterna y de un diálogo respetuoso, nuevas síntesis integradoras. Por ejemplo: entre evangelización y ‘sacramentalización’, entre testimonio y anuncio, entre anuncio y denuncia, entre pastoral popular y formación de laicos, entre opción preferencial por los pobres y atención a la clase media y a los grupos dirigentes, entre pastoral, espiritualidad y compromiso social, entre valores tradicionales y búsquedas actuales, entre liberación social y promoción de la fe, entre teología y praxis, entre culto y testimonio de vida, entre causas locales y nacionales y apertura a Latinoamérica y el mundo, entre identidad católica y apertura al diálogo con los diferentes.
No se trata de debilitar o relativizar alguna de estas exigencias, sino de que la Persona de Jesucristo ilumine todas estas realidades y les permita una adecuada articulación.

83. Iluminar esta mirada, haciéndola creyente desde la centralidad de Jesucristo y la Eclesiología del Concilio Vaticano II, es garantía segura para acercarnos más a los objetivos primordiales de la V Conferencia vivir un discipulado misionero capaz de engendrar vida “en abundancia” (Jn 10, 10) para los pueblos de estas tierras.



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SÍNTESIS
DE LOS APORTES RECIBIDOS
PARA LA V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

Bogotá, D.C. - Colombia
2007
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO
Con las debidas licencias eclesiásticas.
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Reservados todos los derechos
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Bogotá, D.C., 2007



PRESENTACIÓN

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en continuidad con las Conferencias Generales anteriores, es un acontecimiento eclesial de fraterna colegialidad episcopal, cuya preocupación fundamental es la evangelización del Continente. Para dar un nuevo impulso pastoral a la vida y la misión de nuestras Iglesias, S.S. Benedicto XVI tuvo a bien convocar una nueva Conferencia General en Aparecida, Brasil, y entregarles el tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en él tengan vida, ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14, 6)”. Luego el CELAM, conforme a sus Estatutos (Art. 4, 7), asumió el encargo de preparar este extraordinario evento episcopal.
El primer momento de su preparación consistió en recoger valiosas aportaciones de las Conferencias Episcopales y de diversas reuniones en el ámbito del CELAM sobre el tema del discipulado y la misión, sobre los núcleos temáticos que de allí se desprenden y los resultados del análisis y discernimiento del actual momento histórico. Con ese material se elaboró el Documento de Participación y las Fichas de trabajo, para ofrecerlos como instrumentos que motivaron luego una amplia y activa participación del Pueblo de Dios con la reflexión sobre el tema entregado por el Santo Padre.
El documento y las fichas se enviaron a las Conferencias Episcopales para que éstas los distribuyeran a las Iglesias particulares, organismos episcopales e instituciones católicas. Asimismo, se envió ese material a organismos de nivel continental con alguna vinculación a la Iglesia Católica. A todos ellos se animó a participar y a elaborar aportes al tema. Al mismo tiempo, se realizaron varios seminarios con participación de expertos, y congresos en los que intervinieron miembros de diferentes países de América Latina y del Caribe. Sus resultados ya han sido publicados en su mayor parte y otros están en vías de publicación.

Todos estos encuentros tuvieron como objetivo profundizar el tema del discipulado y la misión desde diversas perspectivas: bíblica, teológica y pastoral; y discernir el profundo cambio cultural que vivimos, a fin de buscar juntos caminos más adecuados para vivir con fidelidad creativa el mensaje del Evangelio y transmitirlo con nuevo ardor misionero.

Durante este período se exhortó a todas las comunidades cristianas de la región y, de un modo muy especial, a todos los monasterios de vida contemplativa, a vivir en clima de fe y oración la preparación de la V Conferencia. En particular, se recomendó que todos los grupos de trabajo iniciaran y finalizaran su tarea con la oración que nos entregó S.S. Benedicto XVI para la V Conferencia General. La oración, la reflexión y la elaboración de aportaciones significó en muchas comunidades un fuerte apoyo y animación para un renovado impulso en el compromiso de vida cristiana y acción misionera.
En el segundo momento de preparación de la V Conferencia se han recogido las contribuciones que llegaron al CELAM, como resultado de un año de intensa labor en el Continente. Se han recibido los aportes de 21 Conferencias Episcopales de la región, de los Departamentos del CELAM, de algunos Dicasterios romanos, de organismos y eventos continentales y otras aportaciones varias. En total, llegaron más de 2.400 páginas con valiosas aportaciones, que enriquecieron la reflexión afrontando algunos grandes temas que no aparecían suficientemente tratados en el Documento de Participación. La Asamblea de Aparecida, movida por el soplo del Espíritu, podrá insistir en otros temas que tal vez no estén presentes con la debida importancia en la presente síntesis. Los aportes recibidos fueron clasificados temáticamente por el equipo del CELAM. A continuación fueron estudiados por una comisión especial de obispos, teólogos/ as, biblistas y pastoralistas, nombrados por la Presidencia del CELAM. Una vez estudiados, fueron la base para redactar el presente documento.

El objetivo de este trabajo es ofrecer una síntesis cualitativa de los aportes recibidos, como resultado de la participación de innumerables comunidades y diócesis, que reflexionaron sobre el tema del discipulado y la misión ante el desafío de la evangelización en el tiempo presente.

Es claro, en la actual síntesis no se pretende recoger materialmente todas y cada una de las propuestas que nos han llegado del Continente, sino expresarlas con fidelidad al espíritu en sus aspectos más significativos. En ello reside su valor y en tal sentido lo ofrecemos al participante de la V Conferencia, a fin de que sirva como instrumento cualificado de inspiración y consulta durante las deliberaciones de Aparecida. A esta síntesis se suman diversos subsidios que se publicaron en vista de la preparación de la V Conferencia y se enviaron a todos los que van a participar en esta Asamblea. Sin embargo, la síntesis de estas contribuciones no debe confundirse con el esbozo del documento final de Aparecida. Redactarlo será obra de quienes participen en la Conferencia General con la apertura propia del discípulo al soplo delEspíritu.

Aunque el principal destinatario de este texto es el participante de la V Conferencia, también lo ofrecemos con gusto a las Conferencias Episcopales de América Latina y del Caribe, porque precisamente sus aportaciones fueron la base para elaborar esta síntesis. Su lectura puede ser muy útil para ver cuáles son los grandes temas que hoy retan a una nueva evangelización del Continente, y percibir anhelos e inquietudes de pastores y fieles que desean vivir en el tiempo presente con nuevo entusiasmo su vocación de discípulos para la misión.

+ ANDRÉS STANOVNIK OFMCap.
Obispo de Reconquista
Secretario General del CELAM

ABREVIATURAS UTILIZADAS
EN ESTE DOCUMENTO


AA = CONCILIO VATICANO II, Decreto Apostolicam
Actuositatem 18 11 65
AG = CONCILIO VATICANO II, Decreto Ad Gentes 7 12 65
CDSI = CONSEJO PONTIFICIO “JUSTICIA Y PAZ”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 29 06 04
CCE = JUAN PABLO II, Catecismo de la Iglesia Católica, 11 10 92
CHL = JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post- Sinodal Christifideles Laici 30 12 88
DCE = BENEDICTO XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est
25 12 05
DP = Documento de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla de los Ángeles, México, 1979
DV = CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática Dei Verbum 18 11 65
EiA = JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Ecclesia in America 22 01 99
EN = PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelio Nuntiandi 8 12 75
GS = CONCILIO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium et Spes 7 12 65
LE = JUAN PABLO II, Carta Encíclica Laborem Exercens 14 09 81
LG = CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática Lumen Gentium 21 11 64
MND = JUAN PABLO II, Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine 7 10 04
NMI = JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte 6 01 01
PCAL= Pontifica Comisión para América Latina, Recomendaciones Pastorales de la Reunión Plenaria “La Misa dominical, centro de la vida cristiana en América Latina”, enero 2005.
PDV = JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post- Sinodal Pastores Dabo Vobis
PG = JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Pastores Gregis 16 10 03
RM = JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris Missio 7 12 90
SD = Documento de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Santo Domingo, R.D., 29 10 92
VC = JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Vita Consecrata 25 03 96

INTRODUCCIÓN

1. HACIA UNA IGLESIA DE DISCÍPULOS Y MISIONEROS

1. Sin la Iglesia en América Latina y El Caribe, la identidad y el itinerario histórico de nuestros pueblos serían inexplicables.
Su relación cordial con Dios y su sed de cielo tiene su raíz más profunda en el misterio de la Iglesia. Su búsqueda de paz y reconciliación, su valoración de la familia y la solidaridad heroica en las horas de desgracia tienen su primera fuente en la comunión trinitaria. Y el compromiso con la historia, en los tiempos de anocheceres y de auroras, como también la mirada llena de confianza en el futuro que suscita el Espíritu entre nosotros, son presencia viva de Jesucristo, Señor de la historia, que se acerca a todos, especialmente a los pobres y a los extraviados, porque nos ha preparado una morada en la casa del Padre.

2. Es cierto, sin embargo, que desde la primera proclamación del Evangelio hasta los tiempos recientes la Iglesia ha experimentado épocas luminosas y también momentos sombríos, vinculados a las diversas situaciones que estaba llamada a afrontar con su frágil condición humana, ennoblecida por la elección y la gracia de Dios. Con él escribió páginas de nuestra historia de gran sabiduría y santidad. Sufrió también tiempos difíciles, tanto por acosos y persecuciones, como por las debilidades y pecados de sus hijos, los que desdibujaron la novedad del Evangelio, las promesas de Dios a la humanidad, y además su propia vocación de amor y servicio.

Sin embargo, podemos afirmar que en la Iglesia lo más determinante siempre es la acción del Señor, que se vale de hombres y mujeres que con fidelidad a la gracia colaboran con él, de modo que ella misma llega a ser presencia luminosa y actuante de Cristo en la historia de nuestros pueblos.

3. La comunidad creyente de América Latina –aproximadamente la mitad de la población católica del mundo–, consciente de su realidad y de su historia, descubre también en nuestros días que su misión está en las sociedades latinoamericanas ante inmensos desafíos que le plantea la lectura evangélica de los signos de los tiempos.

Junto a otros actores sociales quiere servir y hacer su aporte original a partir de la fe y la confianza en Jesucristo vivo. Inmersa históricamente en el caminar de los latinoamericanos, la Iglesia quiere continuar en el tiempo el misterio de Cristo y con su misterio pascual, y de esta manera protagonista e interlocutora en los procesos que expresan los anhelos más hondos del corazón humano.

4. Toda renovación pide lucidez, discernimiento, renuncias y audacia. Cristo “Camino, Verdad y Vida”, es garantía de la auténtica renovación de la comunidad eclesial. Hoy es necesario que la Iglesia ofrezca una presencia llena de significado, fuente de vida y de comunión, clave de sentido para las múltiples experiencias que acompañan a los pueblos del Continente. Gracias a la conversión personal y pastoral, la Iglesia siempre está llamada a morir como el grano de trigo, para dar fruto y ser un signo creíble de esperanza. Lo será por su diálogo con Dios, por su fidelidad al Evangelio, y por su estilo comunitario, solidario y servicial, transparente, sencillo y dialogante, amante de la verdad y del bien de los necesitados. Así ella sale al encuentro de la persona humana y puede inspirar sus centros vitales, personales y sociales.

A la Iglesia le urge aportar la vida nueva en Cristo y colaborar en la gestación de nuevos caminos que hagan renacer y crecer la esperanza y la vida en las personas y en los pueblos.

2. NUESTRA ORIGINALIDAD LATINOAMERICANA

2.1 Un continente de esperanza

5. América Latina fue reconocida repetidamente como el “Continente de la Esperanza”, un nombre que deriva no sólo de las riquezas que la Providencia de Dios ha dado a sus tierras y a sus pueblos, sino sobre todo del don de la fe católica, en el que reside la mayor riqueza y la fuente inagotable de esperanza de los pueblos latinoamericanos.

¡Cristo es su “perla preciosa”! Por eso mismo, en la sabiduría de los pueblos ha quedado arraigada la certeza de que el amor es más fuerte que el dolor y la muerte.

6. Aún hoy, a comienzos del siglo XXI, podemos constatar que la gran mayoría de los latinoamericanos han recibido el bautismo en la Iglesia católica y se confiesan católicos, no obstante deficiencias y ausencias en la evangelización y catequesis. Esto muestra la profunda inculturación y arraigo de la tradición católica en la génesis, historia y cultura de los nuevos pueblos americanos.

La fe católica, que se estableció en el Continente desde el primer momento del encuentro sorprendente y muchas veces dramático de los europeos, sobre todo de españoles y portugueses, con las civilizaciones, pueblos y tribus de los muy diversos pueblos indígenas, marca profundamente nuestra historia, constituyendo el más radical y potente vínculo que da identidad a nuestros pueblos y que construye su unidad en medio de las profundas laceraciones de un mestizaje incompleto y desgarrado y de la secuela de discriminaciones y violencias sufridas. Su Buena Noticia sobre la común y excelsa dignidad de todos los hijos de Dios, el mandamiento de la caridad, la pasión evangélica por la justicia y la solidaridad preferencial con los más pobres y desamparados, acompaña y anima los sufrimientos y esperanzas de los pueblos latinoamericanos en sus vicisitudes históricas, y queda desafiada ante los grandes retos de un presente desconcertado que añora, anhela y vacila.

7. También nos duele la realidad latinoamericana.

A pesar de incontables signos alentadores que afloran sin interrupción, todavía está marcada por dolorosas situacionesen el orden económico, político, cultural, social y religioso, que lastiman la dignidad inalienable de la persona humana. En numerosos pueblos la identidad cultural y cristiana es frágil. Por eso los aflige el avance de fuertes influencias culturales que les son extrañas y muchas veces hostiles. De hecho hay poderes que se han propuesto acabar con costumbres y convicciones que han caracterizado la vida y las legislaciones de nuestros pueblos.

8. Sin embargo, los signos de esperanza afloran en medio de estas situaciones. Hay una asombrosa riqueza de vida por doquier en la convivencia. Hay incesantes esfuerzos por construir la paz y buscar salidas democráticas a los múltiples y variados problemas que aquejan nuestra realidad. Además nuestros pueblos no pierden su fe en Dios y su amor por la vida, su sed de trascendencia, su capacidad de acogida, servicio y ayuda fraterna. Las iniciativas ciudadanas se multiplican y no falta la entrega abnegada y comprometida de muchas personas que continúan construyendo espacios de fraternidad y solidaridad, y abriendo caminos hacia un futuro más promisorio.

9. Late siempre en el corazón de nuestras gentes el orgullo de sentirse “latinoamericanos”. América Latina no es un “sub-continente” con un mosaico incomponible de contenidos, definido sólo por su espacio geográfico.
Tampoco una suma de pueblos y de etnias que se yuxtaponen. Es la casa común de naciones con comunes orígenes históricos, un similar sustrato cultural que requiere ser enriquecido por los aportes inclusivos de todos sus componentes étnicos y sociales, con similares vicisitudes y desafíos históricos, con la impronta común de la catolicidad. Entre las etnias, hoy exigen el respeto, el reconocimiento y el espacio necesario para impulsar su futuro, quienes remontan sus tradiciones ancestrales a los pueblos originarios a los cuales llegó la primera evangelización.
Entre ellos encontramos grandes valores, tales como la estabilidad familiar, el amor a la tierra, un hondo sentido religioso y abundante solidaridad en las necesidades y alegría en las fiestas.

10. Hoy, en el contexto de la globalización, muchas personas y pueblos de América Latina se sienten llamados a reanudar vínculos más estrechos entre sí, y vuelven a aparecer esfuerzos tendientes a crear una nueva unidad y solidaridad latinoamericanas. El intercambio realmente solidario, la conciencia de fraternidad y la voluntad de unirse, valores profundamente cristianos, tratan de abrirse camino para garantizar el desarrollo y la cultura, y consolidar su presencia en el panorama mundial.

2.2 La dedicación evangelizadora

11. La fe católica traída al Continente tuvo una recepción positiva gracias a la potente acción del Espíritu por medio de la gesta evangelizadora y a la predisposiciónde tantos misioneros a acercarse a las culturas autóctonas de manera cercana y comprensible. El acontecimiento de Guadalupe marcó un hito relevante en los inicios de la evangelización. Las “semillas del Verbo” presentes en las culturas autóctonas les facilitó, de manera sorprendente, encontrar en el Evangelio respuestas razonables, vitales y sobreabundantes a los deseos de verdad, de sentido de la vida y significado de la realidad, de felicidad y justicia, de comunión en el amor, que constituyen el “corazón” de toda persona humana. Éstos son dones que reconocemos y agradecemos de corazón.

12. Fue decisiva la misión evangelizadora de numerosos obispos, misioneros, religiosos y laicos apasionados por la vida y el destino de hombres y pueblos que les confiaba como nuevos “prójimos” la Providencia de Dios, a quienes comunicaron la Buena Noticia de la salvación, y para quienes abrieron, como auténticos padres en la fe, caminos de humanización y defensa de los derechos de las personas y los pueblos. Sin embargo, es imposible desconocer los abusos de quienes pretendieron imponer violentamente otro orden social y cultural, a veces también la fe.

13. La impronta católica ha permanecido en su arte, en su lenguaje, en sus tradiciones, en su idiosincrasia y estilo de vida, y de manera especial en la rica y variada religiosidad popular del Continente, que se expresa en sus diversas expresiones de invocaciones y súplicas, de peregrinaciones y de fiestas. El amor a la Eucaristía es signo elocuente del reconocimiento de la presencia de Cristo, el Dios con nosotros. La piedad mariana ocupa un lugar destacado en la fe de los habitantes de estas tierras. Nuestros pueblos se sienten en la compañía y comunión de los santos. La Iglesia católica encuentra en ellos, no obstante las propias deficiencias, altos índices de consenso, credibilidad y confianza. La devoción al Sucesor de Pedro se ha manifestado sobre todo en ocasión de las memorables visitas apostólicas, primero de Pablo VI y después, mucho más numerosas, de Juan Pablo II a los diversos países latinoamericanos.

14. No obstante, hay que reconocer que los procesos de evangelización muchas veces quedaron incompletos, y que no basta con poseer ricas tradiciones, si el fuego de la fe, el amor y la esperanza no es avivado permanentemente con la oración, la meditación de la Palabra de Dios y la participación viva en comunidades cristianas: en su liturgia, en sus peregrinaciones, en su vida y en sus compromisos solidarios. Cuando esto no ha ocurrido, la huella católica ha permanecido en formas culturales o de religiosidad que no han llegado a dar frutos de conversión personal y de renovación evangélica de la vida de nuestros pueblos.

15. Ante este desafío nos hallamos. Para darle respuesta queremos encontrarnos nuevamente con Cristo, como los discípulos y los santos lo han hecho desde los inicios del cristianismo y a lo largo de la historia. La alternativa crucial es ésta: o nuestra tradición católica y nuestras opciones personales por el Señor arraigan más profundamente en el corazón de las personas y de los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante, como encuentro vivificante y transformador con Cristo, y se manifiesta como novedad de vida en todas las dimensiones de la existencia personal y la convivencia social, o corre el riesgo de seguir dilapidándose, empobreciéndose y diluyéndose en vastos sectores de la población, lo que sería una pérdida dramática para el bien de nuestros pueblos y para toda la catolicidad.

3. EN COMUNIÓN CON LA IGLESIA UNIVERSAL

3.1 Mutuo enriquecimiento en el camino de la fe

16. La fe que profesamos manifiesta nuestra identidad ante el mundo. El Espíritu nos impulsa a vivirla en la comunión de la Iglesia universal y nos alienta a expresarla con nuestros propios rasgos específicos. En la Iglesia de América Latina y El Caribe nos consideramos especialmente enriquecidos por el patrimonio de la catolicidad de la fe que se expresa en variadas formas.
Igualmente las comunidades cristianas de esta región del mundo también son conscientes de la riqueza peculiar que ofrecen a la experiencia cristiana de la Iglesia universal, produciéndose así una corriente recíproca de vida que fecunda a todos los hijos y las hijas de Dios.

17. En este contexto cabe destacar el ejercicio del ministerio de Pedro, cabeza del colegio episcopal, que en las décadas recientes ha tenido una particular preocupación por las Iglesias particulares del Continente.
Sobre todo en la era del postconcilio el magisterio de los pontífices ha enriquecido y marcado profundamente la vida de nuestras Iglesias, cuya autoconciencia eclesial y latinoamericana se ha expresado y profundizado particularmente en la celebración de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. El magisterio de los últimos Papas –recordemos ya el magisterio de S.S. Pablo VI– merece una especial memoria. Ciertamente Juan Pablo II despertó una gran adhesión y amor filial por parte de nuestros pueblos, manifestados en la acogida de sus visitas a esta tierra. El Papa Juan Pablo II comprendió, animó y orientó con profundidad la experiencia de la Iglesia en América Latina. Por otra parte, la acogida que él brindó a los proyectos pastorales de las Conferencias Generales repercutió en un enriquecimiento de su misma acción pastoral y de la Iglesia en todo el orbe. Una admiración que crece en la atenta y fiel recepción de su Magisterio, despierta actualmente hacia el actual Santo Padre, Benedicto XVI, a quien acogeremos de corazón en su próximo viaje a nuestro continente.

3.2 Las cuatro Conferencias Generales y el Sínodo para América

18. A partir de la segunda mitad del siglo XX, con renovado ímpetu se retomó en América latina la búsqueda de formas de comunión concreta entre las Iglesias particulares, practicada casi desde los albores de la evangelización fundante.

19. Río, Medellín, Puebla y Santo Domingo fueron para las comunidades eclesiales latinoamericanas verdaderos acontecimientos de gracia, que dieron nuevo impulso a la evangelización del Continente. El Concilio Vaticano II y luego el Magisterio Pontificio fueron decisivos en la orientación doctrinal y pastoral de estos encuentros episcopales. Sus documentos expresan el camino pastoral que han ido haciendo en común las Iglesias de América Latina en la segunda parte del siglo XX. De ellos, tanto el pensamiento teológico como las opciones pastorales han contribuido de manera muy importante a conformar la identidad pastoral de nuestras Iglesias y la identidad católica, espiritual y social, de nuestros pueblos.
Por otra parte, constituyen un hecho singular en la historia de la Iglesia, que debemos agradecer a Dios nuestro Padre y que nos interpela aún más en la comunión universal de nuestras Iglesias particulares.

20. La Conferencia de Río tuvo como principal preocupación la situación de los evangelizadores por la escasez de sacerdotes. Por eso alentó una intensa campaña
vocacional y puso especial atención en incrementar los medios de formación en la fe tanto para el clero como para el laicado. El aporte más importante de esta Conferencia en lo que se refiere a la integración de las Iglesias fue la creación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

21. La Conferencia de Medellín se propuso aplicar la renovación conciliar a América Latina. El tema escogido fue “La presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II”. El desarrollo integral de la persona y de la sociedad, desde la perspectiva de la Evangelización, mereció una reflexión especial en esta Conferencia. Produjo 16 documentos sobre los aspectos más importantes de la tarea evangelizadora de la Iglesia que fueron acogidos con especial entusiasmo en las Iglesias de América Latina. Entre los aspectos pastorales que más resonancia tuvieron en la vida de la Iglesia se pueden mencionar: el sentido de la salvación y de la liberación, la riqueza de la religiosidad popular, la experiencia de las comunidades eclesiales de base, la floración de los ministerios ordenados y de los ministerios confiados a los laicos, la opción preferencial por los pobres, el compromiso de los cristianos con la justicia y la promoción humana.

22. La Conferencia de Puebla trató sobre “La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”, y tomó como base de su reflexión la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi de Paulo VI sobre la Evangelización en el mundo contemporáneo, y consciente del substrato católico de nuestra cultura, comprendió su vigencia entre nosotros. Esta Conferencia se preocupó de una renovada evangelización en la cultura propia de América Latina, a través de la proclamación integral de la verdad sobre Jesucristo, sobre la naturaleza y misión de la Iglesia y sobre la dignidad y destino del ser humano. El principio pastoral que escogió para impulsar la renovación en la Iglesia y animar la evangelización fue la comunión y la participación. Es preciso reconocer que los contenidos expresados en su documento se hicieron lenguaje, estilo pastoral y criterio de juicio que inspiró durante largos años el trabajo de toda la Iglesia en América Latina. Esta Conferencia ha tenido un influjo muy importante en la vida de nuestras Iglesias. En particular, dejó una mayor conciencia de nuestra identidad eclesial y profundizó y amplió la síntesis que habían ofrecido las Conferencias anteriores.

23. En continuidad con las anteriores, la Conferencia de Santo Domingo, trabajó el tema “Nueva evangelización, promoción humana y cultura cristiana. “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8)”. El documento final se preocupó de formular y sintetizar la propuesta de una Nueva Evangelización para las Iglesias de América Latina haciendo un especial énfasis en el fundamento cristológico de la evangelización y en la necesidad de inculturar el Evangelio en las diversas culturas y en las diferentes estructuras de los pueblos de América Latina. Tenemos que reconocer que la recepción de esta Conferencia fue menos intensa que la lograda tras la Conferencia de Puebla.

24. El tema de fondo que unifica todas las Conferencias Generales es la Evangelización. Sin embargo, se puede sintetizar muy esquemáticamente, diciendo que la principal preocupación de Río fueron los evangelizadores, de Medellín la persona humana y la sociedad latinoamericana; de Puebla la Iglesia y de Santo Domingo Jesucristo. En esta perspectiva se puede apreciar la continuidad temática que presenta la V Conferencia con las cuatro anteriores: el centro de su preocupación pastoral es la vida plena en Cristo tanto del sujeto individual, discípulo-misionero, como del sujeto colectivo, que se realiza en la Iglesia para el bien de nuestros pueblos.

25. Cada una con su estilo propio puso acentos a la misión eclesial, integró lo antiguo y lo nuevo, se esforzó por hacer una atenta escucha de las necesidades y expectativas del pueblo de Dios, y señaló nuevos rumbos en el camino de la evangelización. La vida y la misión de la Iglesia en América Latina se pueden comprender adecuadamente sólo a partir de esas claves que han echado hondas raíces en su historia reciente.

26. Por su parte, el Sínodo Extraordinario de los Obispos de América, convocado por Juan Pablo II con motivo de la celebración del Gran Jubileo de la Encarnación del Verbo de Dios, colocó a las Iglesias de América ante el centro de su vocación y misión: el encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América. Este acontecimiento eclesial sin precedentes tendió puentes entre todas las Iglesias de América, permitió celebrar la fe común y ayudó a reconocer que esa fe tiene potencialidades capaces de crear comunión y solidaridad más allá de las fronteras socioculturales y económicas. Ecclesia in America es una fuente muy valiosa de síntesis teológica y de propuestas pastorales, que reclama un elocuente testimonio de coherencia en la vida cristiana y un nuevo ardor misionero de nuestras Iglesias. Se puede decir que esta Exhortación Apostólica es una agenda abierta que dará muchas posibilidades de comunión y de solidaridad no solo para las Iglesias de América Latina sino de todo el Continente.

4. CAMINO DE LA V CONFERENCIA

4.1 Los núcleos temáticos

27. El tema central de la V Conferencia es “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14, 6)”. En Él encontramos los núcleos que inspiraron los análisis, las reflexiones y las propuestas de su fase preparatoria. Son hilos conductores que le otorgan unidad y coherencia, de tal forma que es posible descubrir en ellos interrelación, interdependencia e interacción.

28. Discípulos y misioneros de Jesucristo, evoca una triple relación vital: con el Señor que nos hace objeto de su gratuidad, con la comunidad donde vivimos nuestra identidad eclesial, y con aquellos a quienes somos enviados en nombre del Señor de la vida.

29. Para que nuestros pueblos, sitúa a los discípulos y misioneros en la dimensión evangelizadora de la Iglesia, atendiendo a la solidaridad, el amor oblativo y el servicio incondicional a todos sin exclusiones. Queremos acompañar a nuestros pueblos en la liberación de sus sufrimientos y esclavitudes, que ahogan su esperanza y no les permiten tener la vida plena que el Padre Dios nos regala sin cesar con la resurrección de Jesús.

30. En Él tengan vida, manifiesta nuestra convicción de que en el Dios vivo revelado en Jesús se encuentra elsentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana.
Esta es la vida en Cristo que anhelamos con nuestros pueblos y que se ve amenazada en formas insospechadas y perversas. Nos urge la misión de entregarla, promoverla y defenderla en toda su integridad, con la conciencia de que alcanzará un día la plenitud cuando “Dios sea todo en todos” (1 Co 15, 28).

4.2 Contenido y método del presente documento

31. Este documento consta de tres capítulos, una introducción y una conclusión general. En el primer capítulo miramos a nuestros pueblos a la luz del proyecto del Padre, lo cual nos permite una mirada creyente de la sociedad latinoamericana. Señalamos algunos rostros concretos que hoy nos interpelan, anotamos los rasgos sobresalientes del cambio de época, y nos detenemos en la propia Iglesia con sus contrastes y desafíos que provienen de la sociedad actual.

32. El capítulo segundo ofrece orientaciones y criterios para el discernimiento y la misión a partir de la revelación. La persona de Jesucristo nos revela al Padre como dador de vida, cuyo Reino se realiza a través de la existencia encarnada del Hijo, que culmina en el misterio pascual. El discípulo de Jesús se incorpora a Él y participa de su vida, manifestando de muchos modos la presencia de Jesucristo vivo en las diversas situaciones humanas. La Iglesia, sacramento de vida en constante conversión y renovación por la celebración de los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, está a la escucha de la Palabra y al servicio del Reino. Como Pueblo de Dios en comunión y participación, celebra su fe y se orienta a la misión.

33. El capítulo tercero se ocupa de la actuación evangelizadora de la Iglesia. Estimulada y animada por el Espíritu Santo que convoca a todos sus miembros para la misión, se inspira en la vida de la Virgen María, de los apóstoles y los santos. Él suscita y alienta en el Pueblo de Dios una espiritualidad evangelizadora y un estilo pastoral característico. En seguida consideramos los grandes ámbitos de la misión en nuestra realidad, tanto personales y familiares como sociales y eclesiales. Esta misión que nos implica a todos pide un proceso de formación de los discípulos misioneros y una pedagogía pastoral integradora de identidades diversas en comunión y participación. El capítulo termina señalando nuestras preocupaciones fundamentales.

34. Este documento continúa la práctica del método “ver, juzgar y actuar”, utilizado en anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano.
Muchas voces venidas de todo el Continente ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral, y en general ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente.

35. Este método nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con simpatía crítica; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo. La adhesión creyente, gozosa y confiada en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y la inserción eclesial, son presupuestos indispensables que garantizan la pertinencia de este método.

36. Podemos decir que el “ver” de nuestro método está más inmediatamente vinculado a Dios Padre.

Queremos ver siempre la realidad a la luz de su proyecto amoroso, manifestado en la creación y en la re-creación en su Hijo, Jesús. La “mirada” y la voluntad salvíficas del Padre buscan siempre sembrar y hacer crecer la vida, como asimismo defender la vida amenazada y resucitarla en la fuerza del Espíritu de su Hijo.

37. El paso siguiente del método corresponde al momento del “juzgar”. El Verbo, Cabeza de la Creación y del mundo redimido, y el misterio de la Iglesia son la medida para valorar la realidad. Esto quiere decir que Jesucristo es irreductible a una mera teoría, a una mera ética o a un mero proyecto de desarrollo humano o social.
Gracias a que nada ni nadie lo puede sustituir es que podemos proclamar con seguridad que Él es el Señor de la vida y de la historia, vencedor del misterio de iniquidad y acontecimiento salvífico que nos hace capaces de emitir un juicio verdadero sobre la realidad, que salvaguarde la dignidad de las personas y de los pueblos.

38. El último paso es el momento del “actuar”. Para el creyente, el Espíritu Santo nos impulsa a actuar y nos señala los rumbos del querer de Dios, expresados en líneas dinamizadoras coherentes con los clamores de nuestros pueblos y con la caridad de Cristo que nos apremia.


39. La experiencia viva de la fe alimentada por la tradición y la comunión en la Iglesia católica, fundamento imprescindible de este método, ayuda a ampliar y profundizar la inteligencia de la realidad y el discernimiento de las situaciones, mientras nos exige saber dar razones de la esperanza que nos anima y nos confiere la audacia y sabiduría para actuar en bien de las personas y los pueblos. Las certezas de la fe saben acoger todos los signos de verdad, bien y belleza que se manifiestan en nuestra convivencia, más allá de todos los confines y pertenencias asociativas. Desde esta perspectiva, queremos contribuir, junto con muchos hombres y mujeres, a la búsqueda de las respuestas que demanda el actual momento histórico.


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domingo, 20 de mayo de 2007
20 Mayo (ACI).- Al celebrar la XLI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en el día en que en muchos países se celebra la Ascensión del Señor, el Papa Benedicto XVI señaló este domingo que los medios masivos deben ser utilizados adecuadamente para que no se conviertan en alternativas paralelas a la Iglesia, la familia y la escuela.

Al referirse al tema de la presente Jornada, "Los niños y los medios de comunicación: un desafío para la educación", el Santo Padre destacó que los desafíos educativos del mundo actual "están frecuentemente ligados a la influencia de los medios masivos, que compiten con la escuela, con la Iglesia e, incluso, con la familia".

El Papa señaló que "es esencial una adecuada formación en el uso correcto de los medios: los padres, los maestros y la comunidad eclesial están llamados a colaborar para educar a los niños y a los jóvenes a ser selectivos y a madurar una actitud crítica, cultivando el gusto por aquello que es estética y moralmente válido".

Benedicto XVI destacó sin embargo que "también los medios deben dar su contribución a este compromiso educativo, promoviendo la dignidad de la persona humana, el matrimonio y la familia, las conquistas y logros de la civilización".

Al respecto, el Pontífice denunció que "los programas que inculcan violencia y comportamientos anti-sociales o vulgarizan la sexualidad humana son inaceptables, aún más si son propuestos a menores".

"Renuevo por tanto el llamado a los responsables de la industria de los medios y a los operadores de la comunicación social, a que salvaguarden el bien común, respeten la verdad y protejan la dignidad de la persona y de la familia", concluyó el Santo Padre.
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Mensaje de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones que se celebra el domingo, 20 de Mayo de 2007, con el tema escogido por Benedicto XVI: «Los niños y los medios de comunicación social: un reto educativo para todos».

RELEYENDO EL MENSAJE DE BENEDICTO XVI
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES




1. El Papa Benedicto XVI ha querido dedicar la 41ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra el 20 de mayo de 2007, festividad de la Ascensión del Señor, a reflexionar sobre dos aspectos muy concretos y preocupantes que tienen una especial vigencia en nuestro país: por un lado, la formación de los niños por parte de los medios de comunicación; y, por otro, la formación de los más pequeños para responder adecuadamente a estos medios.

¿Qué modelo de educación solicita el Santo Padre? Se puede resumir en la siguiente frase: “Una educación positiva y en libertad, pero a la vez crítica y responsable”. En otras palabras: se debe educar en el camino de la belleza, de la verdad y de la bondad. Esto comporta en estos momentos promover, especialmente en los medios de comunicación, la dignidad fundamental del ser humano, el verdadero valor del matrimonio y de la familia, así como los mejores logros y metas de la humanidad. Por lo mismo, se ha de rechazar como dañino todo aquello que exalta la violencia, o comportamientos antisociales. O que trivializan la sexualidad.

LAS "NUEVAS PANTALLAS"
2. Se trata de cuestiones de especial responsabilidad para la Iglesia en el nuevo contexto social y cultural en el que vivimos, donde las nuevas tecnologías han otorgado a los medios un papel decisivo en la conformación de las conciencias y de la entera sociedad; lo que afecta de forma importante a instancias que, por derecho primario y natural –sobre todo la familia- tienen la misión educativa con respecto a las nuevas generaciones.

De todos es conocido que se ha producido en nuestros hogares un aumento de la presencia de medios de comunicación, sobre todo de las llamadas “nuevas pantallas” (televisor, Internet, videojuegos, teléfonos móviles, etc.), a los cuales los más jóvenes se adaptan con gran facilidad y les dedican un tiempo creciente, en detrimento en ocasiones de la necesaria convivencia familiar, de las sanas relaciones personales y de la dedicación al estudio.

Por otra parte, las modernas tecnologías están propiciando la aparición de un nuevo ecosistema comunicativo en el que de la pasividad de espectadores se está pasando a la aparición de usuarios cada vez más interactivos hacia los teclados o mandos de las “nuevas pantallas”. La praxis informática del “cortar y pegar” no es sino el paradigma de un nuevo modo de conocer, en el que con frecuencia todo se muestra fragmentado e inconexo, lo que acrecienta el relativismo que hace sospechosa toda posesión de certezas.

Además de todo esto, en los nuevos medios se han difuminado grandemente los límites entre la realidad y la ficción, lo real y lo virtual, con las consecuencias, no siempre positivas, que ello puede acarrear no sólo en el ámbito del conocimiento, sino también en el afectivo y emocional, tan importante para el ser humano en su etapa de crecimiento.

Los niños y jóvenes son, en definitiva, los más afectados por esta verdadera revolución de las comunicaciones que no es sólo tecnológica sino, sobre todo, cultural, al producir en ellos cambios de valores y de comportamiento que pueden condicionar de forma importante su educación, también la que se refiere a la fe cristiana.

PROTAGONISMO A LOS MÁS PEQUEÑOS
3. Por otro lado, el cada vez más importante sector mediático de las “nuevas pantallas” está siendo además favorecido en su expansión por un creciente interés económico ante los beneficios que genera. A ello se une la falta de una completa regulación de las administraciones públicas, especialmente en lo que se refiere a los videojuegos, lo que hace muy vulnerable estos medios a la transmisión de contenidos inadecuadados, cuando no dañinos, para los más pequeños. Algo similar ocurre en el terreno televisivo con la falta de cumplimiento en la parrilla de programación de las normas y acuerdos adoptados sobre emisiones inadecuadas en horas de visionado infantil. A todo esto habrá que poner el remedio que exige una responsable y madura sociedad civil y los ciudadanos han de reclamar, individual o asociadamente.

Los derechos a la libertad de expresión y de mercado, que pudieran invocarse para justificar estas prácticas, han de tener en cuenta que sólo son válidos si se armonizan con otros derechos fundamentales. Así lo expresó el Papa Juan Pablo II al afirmar que “no se puede escribir o emitir sólo en función del índice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos... No hay libertad, incluida la libertad de expresión, que sea absoluta: ésta está limitada por el deber de respetar la dignidad y la libertad legítima de los demás” (Discurso con motivo del Jubileo de los periodistas. Roma, 4.06.2000).

4. Todos estos datos y reflexiones no pueden llevarnos a una consideración negativa de los medios, de la que hemos de huir -“la educación para los medios debería ser positiva”, nos recuerda Benedicto XVI en su mensaje-, pero sí a ser conscientes de las repercusiones éticas y educativas que conlleva la relación de los niños con las nuevas tecnologías de la comunicación y a las que la Iglesia está llamada, en la medida de sus posibilidades, a dar respuesta desde su sabiduría moral, ayudando a los padres y educadores, muchas veces perplejos e indefensos ante estos nuevos retos.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
5. Todas las personas e instituciones implicadas en la relación de los más pequeños con el mundo de la comunicación tenemos una responsabilidad compartida, a fin de que estos se beneficien de las posibilidades educativas, culturales y de sano entretenimiento que ofrecen los nuevos medios y se eviten, al mismo tiempo, de forma eficaz los peligros e inconvenientes que puedan existir.

En este sentido, ofrecemos a las autoridades públicas nuestra colaboración a la hora de afrontar una adecuada regulación que, salvaguardando la justa libertad de expresión, indispensable en un Estado democrático y de derecho, redunde en beneficio de los más pequeños, cuyo efectivo derecho a la información exige -por la indefensión propia de su corta edad- la tutela de las leyes y de los padres, tal y como reconoce nuestra Constitución (Art. 20, 4). Estas exigencias son tanto más necesarias en Internet, cuanto en la red nos encontramos ante contenidos perjudiciales e ilícitos que, amparándose en su estructura y en su anonimato, los hace de fácil acceso para los menores y de muy difícil regulación y sanción para los Estados, lo que causa una indefensión a la que es necesario dar adecuada respuesta desde la vertiente tecnológica, jurídica, y, sobre todo, educativa.

6. A los comunicadores, creativos, productores, programadores y empresarios de la industria de los medios, les reiteramos el llamamiento del Papa Benedicto XVI para que, además de optar en sus contenidos o producciones por la excelencia y belleza de una verdadera calidad ética y estética, se inclinen de forma decidida “a salvaguardar el bien común, a preservar la verdad, a proteger la dignidad humana individual y a promover el respeto por las necesidades de la familia”.

En este empeño siempre contarán con la colaboración y apoyo de la Iglesia, y por ello mismo animamos a los comunicadores cristianos a seguir contribuyendo en sus lugares de trabajo a una comunicación verdaderamente humana, favorecedora de los valores trascendentes de la persona, que nacen de su inviolable dignidad. Especialmente necesaria y urgente es hoy en día su contribución a la creación para el público infantil y juvenil de interesantes contenidos de inspiración cristiana en los nuevos medios, sobre todo aquellas producciones que, explícitamente religiosas, tienen una clara finalidad catequética.

7. A los maestros y educadores, por su parte, rogamos un especial empeño, en coherencia con la entrega vocacional que les caracteriza, para seguir integrando en las enseñanzas que imparten a sus alumnos no sólo el recurso a los nuevos medios con una finalidad pedagógica, sino, sobre todo, formar a las nuevas generaciones para que puedan interactuar en ellos de una manera crítica y responsable, iniciándolos en el aprecio por la búsqueda de la verdad y de la belleza. Nos dice el Papa que, “cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento” (n.2).

8. Todos estos hábitos son hoy especialmente necesarios no sólo para la vida personal, sino también para la convivencia y la participación ciudadana, la cual no puede llevarse a cabo en nuestra época sin los medios de comunicación, por lo que la educación mediática es también una verdadera formación para ser en la sociedad de hoy y del futuro ciudadanos activos, solidarios y responsables. Esta formación, con la que también han de estar comprometidas la escuela católica y las parroquias, representa, como dicen los obispos de la Unión Europea, “una contribución muy importante para el futuro desarrollo de la ciudadanía y de la democracia” (COMECE, Una llamada a educar en los medios de comunicación, n.4).

PROTAGONISMO EDUCATIVO DE LA FAMILIA
9. Pero es la familia, sobre todo los padres, los primeramente llamados a tomar en consideración su responsabilidad en este importante aspecto de la educación de sus hijos, que en nuestro tiempo pasa necesariamente por una mayor atención a la formación en el uso crítico y responsable de los medios. “Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las circunstancias, los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial” (PCCS. Ética en las comunicaciones sociales, n.25). En esta tarea, queridos padres, quiere ayudaros la Iglesia a través de vuestras parroquias, colegios y asociaciones, a las que pedimos un mayor compromiso en este ámbito educativo.

10. Para terminar, nada más apropiado que retener en nuestra memoria como síntesis de nuestro mensaje, lo que nos señala Benedicto XVI en la conclusión del suyo: “Sobre todo, la Iglesia desea compartir una visión de la dignidad humana que es el centro de toda auténtica comunicación. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita (Deus caritas est, 18)”.

El logro de estos objetivos es nuestro deseo y oración para esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, especialmente para los comunicadores, sobre los que invocamos la bendición del Buen Dios.

+ Juan del Río, Obispo de Asidonia-Jerez y Presidente
+ Antonio Montero, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz
+ José H. Gómez, Obispo de Lugo
+ Joan Carrera, Obispo auxiliar de Barcelona
+ Joan Piris, Obispo de Menorca
+ Raúl Berzosa, Obispo auxiliar de Oviedo


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Consejos para usuarios de los medios de comunicación», en particular de la prensa, el cine la radio, y la televisión, publicados por el secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española (CEMCS).

PRENSA
PARA LEER UN PERIÓDICO


1. Lo ideal es leer dos o más periódicos de tendencias contrarias, para poder contrastar y discernir con más elementos de juicio. Pero si usted sólo es lector de un periódico, elija habitualmente el mismo; aquel cuyo ideario le sea más afín y le agrade más el proyecto informativo que desarrolla. Esto es, el estilo, la selección y valoración de informaciones, la manera de titularlas, cómo las destaca, etcétera.

2. Tenga presente que la objetividad pura no existe. Idénticos hechos son publicados por cada periódico en función del ideario y presentados según el proyecto o estilo propio del periódico.

3. Aceptando esa objetividad tendenciosa (dicho sea sin ánimo peyorativo) hay que distinguir qué es información y qué es opinión. Aquella debe ser sólo eso, mera noticia, y hay que exigirle que ni oculte datos ni los desvirtúe. Cuando la información va acompañada de opinión, infórmese de quien la firma, porque a la difícil objetividad hay que añadir la subjetividad de quien la escribe.

4. Un periódico bien hecho es aquel cuyo contenido puede captarse durante los diez minutos del desayuno. Haga esa primera observación mientras va seleccionando aquellos temas que leerá después con más detenimiento.

5. No se deje deslumbrar por los titulares de una noticia, pues no siempre reflejan sumariamente su contenido. Hay que leerla íntegramente antes de emitir un juicio. Si lo hace con espíritu crítico, podrá darse idea de la desinformación que puede padecer aquel que sólo es lector de titulares.

6. No olvide nunca que la letra impresa no es dogma de fe ni siquiera signo de veracidad. Los hechos han podido ocurrir de manera diferente a como se cuentan. Guárdese, por tanto, de toda información que no vea debidamente contrastada o no recoja la versión de todas las partes. Las noticias suelen ser incompletas en el momento de su publicación. Es necesario, pues, un seguimiento de las mismas en días sucesivos para disponer de más datos.

7. Los columnistas no son infalibles en sus observaciones. Léalos con espíritu crítico, con la intención de encontrar discrepancias con su propio criterio. Es un buen ejercicio para desarrollar la capacidad de análisis.

8. No desdeñe la lectura de los editoriales. Si se identifica de alguna manera con el ideario de su periódico, los editoriales le ayudarán en la formación de un criterio serio y fundamentado.

9. En los contenidos relativos a la religión o a la vida de la Iglesia, conviene acudir a las publicaciones o revistas especializadas, ya que, por lo general, salvo algunas excepciones, estas informaciones suelen ser en los periódicos menos objetivas que las demás, bien sea por ignorancia, ligereza o prejuicios.

10. Si en lo esencial está de acuerdo con su periódico, escríbale al director cuando encuentre algo que razonablemente él debería evitar. Muchos directores suelen ser muy sensibles a las críticas razonadas, sobre todo si son constructivas y afectuosas.

Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E)

CINE
PISTAS PARA UN ESPECTADOR AVISADO


1. Elige tu película a través de una orientación previa, ajena, por supuesto, a los reclamos publicitarios.

2. Procura verla el día, a la hora y con el estado de ánimo más propicio para su degustación.

3. Trata de ampliar cada vez más tus gustos por los diversos géneros, estilos y nacionalidades contra la inercia de lo ya conocido.

4. No digas nunca esa tontería de que "Yo voy al Cine a pasarlo bien y distraerme porque bastantes problemas tiene ya la vida".

5. Mientras contemplas la película, trata de descubrir sus valores argumentales, estéticos, interpretativos y humanos.

6. Si puedes, cuando estés realizando tu propia rumia de la película -no antes-, trata de leer una crítica solvente que te ayude, en diálogo silencioso, a descubrir sus valores.

7. Mejor aún, comenta, si puedes, la película con los amigos, con la esposa, con los hijos, enriqueciendo y contrastando tu opinión con la de los otros.

8. Recomienda la película que a ti te ha gustado. No hay publicidad más eficaz que la de "boca a oído".

9. Tampoco te importe volver a ver una película, cuando te haya gustado mucho y veas que no la has abarcado.

10. Y, por fin, valora y agradece la capacidad creativa de los buenos directores, guionistas e intérpretes, que te han hecho disfrutar y te han enriquecido y hecho crecer como persona.

Santiago Gil del Muro



RADIO
PARA ESCUCHAR LA RADIO



Decimos "escuchar", que no es lo mismo que "oír". Hay que escuchar la radio. Hay que escuchar una radio que cada vez se plantee nuevos géneros con unas mayores exigencias de preparación técnica y planificación económica. De la radio de transistores hamos pasado ya al RDS y a la radio digital. Esto nos abre el abanico no solamente de ofertas sino de posibilidades de oír, mejor dicho, de escuchar lo que queremos y en el momento que queremos. Los periodistas deben persuadirse de que no hay noticias donde no haya un hecho comprobable. Por su parte, el oyente tiene el derecho a ser correctamente informado, una prioridad que debe existir sobre el deseo de una u otra emisora a ser la primera en dar una información. Hechas estas consideraciones y aparte de tener el aparato de radio que a cada uno le permita su economía, los diez consejos que daríamos son los siguientes:

1. Encontrar la hora adecuada. Cada oyente debe saber cuando puede estar mejor o peor informado. No todas las horas son las mismas para todos.

2. Buscar la sintonía amiga. Cada uno debe intentar "sintonizar" con la emisora que responda a sus inquietudes o preferencias políticas, económicas, religiosas, etc.

3. Diversificar la audiencia. Pero a pesar de lo dicho en el anterior apartado, es conveniente que se oigan varias emisoras para poder encontrar el punto medio de influencia y de credibilidad.

4. Discrepar a menudo. Conviene no asentir a todo lo que se dice por el medio radio. De ahí la necesidad de diversificar las preferencias y de discutir, aunque sea mentalmente, con lo que se está diciendo en las distintas emisoras.

5. Huir de los santones. Los tertulianos son los nuevos santones de las emisoras de radio, son los que hablan y saben de "todo" sin conocer "todo". Pueden ayudar a completar la información, pero nunca a dirigir nuestra opinión personal.

6. Huir del sensacionalismo. Aquellas emisoras que hacen del sensacionalismo su primera premisa informativa, no son aconsejables para el oyente. Hay que buscar la información sin alharacas.

7. Huir del personalismo. Aquellos que hacen información muy personalizada transmiten sus propias sensaciones a los oyentes. Sensaciones que en la mayoría de los casos no responden a la realidad ni a las señas de identidad de la emisora escuchada.

8. Ser muy crítico. Tenemos que escuchar la radio con criterios propios y, por tanto, no tener miedo a criticar a aquello o aquellos que nos parece que no están acertados en sus apreciaciones sobre informaciones y comentarios. Es conveniente hacérselo saber a la emisora a través de cartas o de llamadas telefónicas.

9. La información es lo primero. La noticia debe ser el catecismo de la emisora. Tenemos que aprender a distinguir noticias de opinión. Tenemos que saber seleccionar lo que es noticia. La noticia más relevante no puede ser el hecho de que sea un acontecimiento interesante o espectacular, sino su importancia o significado.

10. Escuchar, no oír. Retomamos el inicio del escrito. Tenemos que aprender escuchar la radio y no solamente a oír. Escuchar una transmisión de noticias y valorar que tengan siempre en cuenta las peculiaridades, posibilidades y limitaciones del medio radiofónico.

Rafael Ortega
Presidente de la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E)


TELEVISIÓN
DIEZ PALABRAS AL PRINCIPIO



Se pone usted ante el televisor y de entrada no se da cuenta –quizás no lo advierte- que está usted ante la gran pitonisa de nuestro tiempo. Ella, a poco que usted se descuide, se puede convertir en el gran compulsor de sus emociones y aun en el gran devorador de sus decisiones de conciencia. Opina uno que no sería malo tomar, previamente al hecho televisivo, una serie de precauciones que se me ha ocurrido fijar exactamente en diez. Son éstas.

1ª. Conozca usted la televisión.
No es el aparato ante el que se pone usted. Es más bien el producto plástico y sonoro que ha requerido para su factura muchos esfuerzos personales y económicos, más de un quebradero de cabeza y hasta es posible que algún acomodamiento de la conciencia. Decía Francois Truffaut que un simple movimiento de cámara es de por sí un problema moral.

2ª. Ámela en lo que vale. No crea usted que la mejor solución a los problemas que puede plantear la televisión en casa es la de dejarla afuera. La de no tener televisión. La televisión, tan aparentemente apisonadora, es sumisa y es modesta. Es sencilla y no avasalla a nadie. Se sabe en manos del destinatario y respeta las decisiones del mismo. La televisión, sencillamente, oferta su producto. Y hay que amarla porque ese producto es múltiple y respetuoso. Usted tiene en la mano el mando a distancia. Y puede hacer con él lo que le parezca más oportuno. Y la televisión no se va a quejar a nadie.

3ª. No hay que verla solos. La televisión no tiene que ser la sacudida del aburrimiento en esas largas horas en que no hacemos nada porque nada se nos ocurre. El espectador de la televisión tiene que ser generoso consigo mismo y con los demás. Y, hasta donde pueda, debe convocar a los demás a un espectáculo que enriquecerá a todos en la misma medida en que sepan compartirlo. El destinatario verdadero de la televisión no es el individuo, sino el grupo familiar. Entre dos o cuatro o cinco puede ver más y mejor que lo que es capaz de ver una persona sola... y solitaria.

4ª. No exija a la tele lo que la tele no puede dar. Se le pide cultura. Una cultura uniforme. Se le pide que edifique virtudes en los ciudadanos, como si la moral fuera unitaria y catequética. Se le pide que no nos aburra. Se le pide que dé a nuestros ocios el divertimento que más vaya con nuestra capacidad de distracción. Hay que convencerse: la televisión no está para suplir las carencias de algo o de alguien. La televisión, sencillamente, señala caminos. Para eso no hay que pedirle, además, que nos empuje por ellos.

5ª. Seleccione los programas. Echen lo que echen, no se lo trague todo. Si usted es un consumidor a esgaya, acabará por hastiarse de la televisión y llegará imprudentemente a la conclusión de que no hay en ella nada que valga la pena. Yo le digo a usted que sí: que a diario hay en la televisión (en las muchas televisiones que tenemos), bastantes programas apetecibles. Inevitables, incluso. Hay que buscarlos, claro está. Y hay que hacer de entre ellos el menú de cada jornada.

6ª. Busque usted la almendra de cada programa. Ya está hecha la selección. Ya nos sentamos a desmenuzar el menú que hemos preparado. Y bien: se va a dar cuenta de que cada programa tiene su exigencia: de tema, de realización, de compromiso. Reexamine usted la calidad de estos elementos. Comprométase con ellos. Retire la paja que pueda encontrar. Quédese con el grano, con la almendra. Es decir: conviértase de espectador pasivo en espectador inteligente.

7ª. Cambiar de canal es cosa sabia. Le pedirán a usted que no cambie. Le pedirán que aguarde un poquito mientras le tiran encima la red de la publicidad. No haga caso de esas instancias. Si a usted le gusta el programa que está viendo, siga usted con él pero sin que nadie le empuje. Pero si el programa no le gusta, sepa usted por qué lo abandona, pero abandónelo.

8ª. Rechace la violencia. Toda la violencia. La que viene en las películas con series contadas a propósito y conveniencia de la misma –la violencia- o la que se filtra en los documentos de la guerra abierta o de las facciones revolucionarias. La juventud que puede haber en la casa acabará por no distinguir la violencia de verdad –documental- de la violencia construida. Y, violencia por violencia las imágenes son las mismas.

9ª. Hay que hablar de lo que se ha visto. Los programas no deben morir una vez que han pasado por televisión. Los programas buenos tienen derecho a que se los discuta y a que se llegue con ellos a conclusiones estéticas o morales. O a las dos a la vez. Y el espectador inteligente hará bien en llevar sus ideas –las que se le hayan promovido por un programa- a la conversación de la casa o de la calle o de las reuniones de amigos. La escasa imaginación que padecen algunos para acercarse a determinados temas, puede ser aliviada generosamente por la televisión.

10ª. No todos los programas son iguales. Ni son iguales sus formulaciones. Ni son iguales los destinatarios. Hay programas en diferido y hay programas en directo. Los “en directo” son la televisión más verdadera y habrá que tenerlo en cuenta. Los montados en estudio o los que van en diferido con posibilidad de manipulación de sus imágenes, siempre ofrecen sospechas. El espectador inteligente deberá tener en cuenta esas condiciones inevitables. Y esto y poco más se puede sugerir al actual o futuro espectador de esa maravilla de la cultura de hoy llamada Televisión. Digital o de la otra.

Eduardo T. Gil de Muro
Publicado por Desconocido @ 23:43  | Hablan los obispos
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Mensaje que ha dirigido la Comisión de Comunicación de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe a los periodistas, ante la XLI Jornada Mundial de las Comunicaciones que se celebra este domingo.


Una feliz coincidencia hace que la XLI jornada mundial de las comunicaciones sociales tenga lugar en medio de las deliberaciones de la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano, en el santuario de Aparecida.

Un saludo cordial a todos ustedes comunicadores y a sus respectivos medios, que han acompañado tanto la primera visita de Su Santidad Benedicto XVI a América Latina como el desarrollo de la V Conferencia. El mundo entero pudo seguir de cerca el peregrinar del Papa por nuestra tierra, su cercanía a todos y su sintonía con nuestras angustias y esperanzas.

La V Conferencia está en camino. El seguimiento tanto de las deliberaciones como la ocasión para hacer llegar al mundo los rostros, realidades y realizaciones de las iglesias locales del continente, es una tarea difícil y delicada. Son ustedes, los comunicadores, los que con su dedicación y empatía hacen llegar a todos los hogares lo que está aconteciendo en Aparecida.

La educación es tarea de todos, como nos recuerda el Papa este año en su mensaje por la jornada de la comunicación. También los comunicadores participan de ese reto por la misión de transmitir la verdad e incorporar a la comunidad humana. Los niños son el mejor termómetro para medir la capacidad de formar crítica y activamente a las generaciones que surgen. No abandonen este hermoso servicio que los hace sembradores de libertad, de identidad y de comunidad.

Es una tarea compleja salvaguardar el bien común. Los dueños de la industria , los productores y la Iglesia debemos aprender y enseñar, compartir y corregir políticas y acciones que contribuyan a desarrollar una visión positiva de la dignidad humana.

Reciban nuestra bendición y una oración especial en este día ante Nuestra Señora Aparecida.

Mayo 18 de 2007, en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida
Publicado por Desconocido @ 23:34  | Hablan los obispos
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Carta a mi querido Teófilo del Padre Antonio María Hernández, publicada en la revista "Como las Abejas", perteneciente a Marzo-Abril de 2007, número 32.

Carta a mi querido Teófilo

Mi gran amigo Teófilo, he estado largamente pensando, en lo que me escribes. Una y otra vez he leído el contenido un tanto angustioso de tu carta por ver qué saco de positivo de ella. No es nada fácil: porque la fe la da Dios y no se aprende en ninguna universidad. Ciertamente es muy difícil entender esta vida, sin fe.

Claro que, a muchos, esto de la fe no le suena a nada y parece que es un término que utilizamos cuando no encontramos explicación de algún acontecimiento. No digamos cuando hablamos de conceptos como el Cielo, el Infierno. Dios, el Diablo, la salvación o condenación del Alma.

Amigo mío, ¡cuánto cuesta conseguir la fe, y con qué facilidad se pierde! Y, por supuesto, una persona que tenga fe, se pone a hablar con otra que no tenga y es como un diálogo con un sordo o hablar con un chino cuando uno no conoce dicha lengua, y por muchas explicaciones y argumentos que des, no hay modo de que nos entendamos. Pero, si hoy has escrito esta carta un tanto estremecedora, es porque algo te queda de tu fe de niño. También veo que intentas recuperar tu fe, aunque tú creas que no la estés consiguiendo, asistiendo a esos actos, que me has contado, aunque sea en silencio y de mero observador. Lo del Martes Santo, las procesiones, y aún más. el recuerdo de tu madre pienso yo, que son otros tantos aldabonazos con que Dios está golpeando en la puerta de tu corazón para que le abras. ¿Tú no crees mi buen Teófilo, que tu madre desde el Cielo, donde tú dices que tiene que estar, y también yo lo creo, está rogando a Dios por ti, para que vuelvas a la casa del Padre, para recibir poco a poco la fe perdida?
¡Cuándo nos daremos cuenta de que tú y yo no somos solamente un montón de carne bautizada, ni tampoco unos pobres animales con inteligencia y con capacidad para amar! ¡Cuándo nos daremos cuenta que no sólo son fuentes de conocimiento nuestros sentidos que nos equipara a los puros animales racionales, ni tampoco sólo los conocimientos procedentes de la inteligencia y de la voluntad común con los Ángeles, entre los que se encuentran los demonios! Sino que tenemos otra fuente de origen de conocimientos, procedentes de una zona que está por encima de la pura naturaleza del hombre y es la zona de Dios, infinitamente más amplia que las otras fuentes de conocimientos. Por ser «Zona de Dios», participa de la misma vida divina, y es un regalo de Dios, que la da a quien con humildad se la pide, al que reconoce sus errores, al que le pide insistiendo una y otra vez aunque no sienta nada, aunque le parezca que le habla a las paredes, que nadie le escucha. Aún, clamando con impotencia: «Oh Dios, si existes, ayúdame, dame fe dame la fe que tenía mi madre», y como Dios realmente existe, te la dará. Segurísimo. Te lo garantizo yo. No debes claudicar en ningún modo aunque se rían de ti. Tú, en silencio sigue pidiendo. Ten constancia, aunque te parezca que Dios no te está escuchando.

En este tema no hay recetas posibles. ¡Cuánto me gustaría a mí tener una medicina concreta! Yo creo que debes seguir rezando aún cuando no lo sientas y, como dice el refrán: «rascar y rezar, todo es cuestión de comenzar». No puedes darte por condenado. Si hay algo que es completamente seguro es que Dios te quiere como jamás puedes imaginarte y no, porque tú seas bueno, sino porque El es bueno y fantásticamente misericordioso. y en el decir de Jesucristo. Él vino a por los pecadores, a por los enfermos, a por los desheredados. a por los que se reconocen pobres y desahuciados, a los marginados a los despreciados, a los que nadie valora.

No hay pecado por muy asqueroso repugnante, y horroroso que sea, que Dios no lo pueda perdonar. Piensa mi amigo Teófilo que, aunque ya ni creas en el pecado es precisamente el pecado, y lo siento por el que no lo crea así, el principal causante de la pérdida de la fe. y entre los pecados los que más nos embrutecen, aunque no nos guste. es la lujuria y la avaricia el sexo y el dinero, y así se forma la cadena de todos los pecados capitales que funcionan solidariamente. Diría un día nuestro filósofo «Valmes»: «Tráiganme un hombre puro y les demostraré que ese cree en Dios».
Es cuestión, amigo mío, de agarrar la sartén por el mango y al toro por los cuernos y no andar con rodeos. Hemos de ser honrados con nosotros mismos y no irnos por las ramas sino a la raíz y ver dónde está la causa que origina nuestros pecados. Pienso, amigo Teófilo, que vale la pena, porque es cuestión de vida o muerte. Tú, por suerte, aún estás vivo y por tanto es señal de que Dios te sigue queriendo, y puedes, si quieres. Pero has de tener la sana intención de cambiar, y confesarte bien. No te limites simplemente a enumerar un catálogo de pecados como si se tratara de una lista de boda.

Has de saber, amigo Teófilo, que la absolución del sacerdote sobre tus pecados, no es mágica, ni desaparecen tus pecados como si te quitara un tumor maligno. La enfermedad del Alma y su curación es algo más seria. Está condicionada a que tú realmente sientas que has hecho daño a Dios y a toda la humanidad y que estás realmente dispuesto a rectificar. Verás cómo comienza a crecer en ti una fuente de fe y de esperanza y entenderás mejor aquella bienaventuranza que dice: «Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». 0 séase que una condición para ver a Dios es estar limpios. No lo olvides.

Adelante sigue insistiendo. Merece la pena de que le pidas al buen Dios que aumente tu fe. No te canses. Que se canse el Diablo de tratar de ponerte la zancadilla de desanimarte y de provocar tu desesperación, como consiguió con Judas Iscariote.

Tú puedes, si quieres. Pero si tú no quieres «no hay santo que ruegue». Yo también pediré por ti, en mis pobres oraciones. Anda, adelante, un paso más. Otro paso más. Camina de pie, erguido con la cabeza levantada, porque ante todo y sobre todo, eres hijo de Dios y te tiene preparado en el Cielo un lugar muy cercano a tu madre.

Antonio María Hernández Hernández
Publicado por Desconocido @ 22:28  | Cartas a Teófilo
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Comentario al evangelio del lunes de la séptima semana de Pascua, sacado del libro "Enséñame tus caminos" de Guillermo Gutiérrez.

Jn 16,29-33

La fe que vence al mundo. En la conclusión del sermón de la úl¬tima cena se repiten unos temas que la Iglesia y cada individuo viven en su experiencia de la fe. Leyendo el evangelio de san Juan se llega a una conclusión fundamental referida a Jesús: «Tú has salido de Dios». Esta profesión de fe por parte de los discípulos se va a demostrar insegura y vacilante porque fallará en el duro momento de la prueba de la fe: ante Jesús crucificado. El maestro admirable en sus parábolas se hace eminente en la cátedra de la cruz donde con hechos y palabras enseña la suprema sabiduría, la divina locura del amor hecho fidelidad heroica hasta la muerte. El que no acepta estas enseñanzas no puede ser discípulo suyo. El miedo y el abandono demostrarán muy pronto hasta qué punto son los discípulos inconscientes en sus promesas y quebradizos en su fe. Caen hechas ruinas ciertas ilusiones mesiánicas en las que creían. Cada uno va por su camino y hasta el pretendido líder del grupo renegará solemnemente del Maestro.

Fe y vida no pueden avanzar por caminos distintos. No hay fe verdadera donde no se sigue el verdadero camino; no hay camino cuando se avanza por sendas tortuosas que abre la imaginación y el miedo. Durante la pasión fue cada uno por su camino y el Maestro quedó solo. Los discípulos de todos los tiempos viven la tensión de creer o poner en duda el amor; el mundo es enemigo que pone en duda la fe y Jesús da las ordenes que salvan: «Creed en mí, yo he vencido al mundo».


Publicado por Desconocido @ 22:21  | Espiritualidad
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20 de Mayo

(Fuente de la Guancha) Los actos organizados para la conmemoración del 50 aniversario de la bendición de la imagen de Ntra. Sra. de Coromoto y de la dedicación de la Ermita de su mismo nombre tuvo su momento central al mediodía del domingo, día 20 de Mayo. Comenzó con un encuentro de hermanamiento Guancha-Venezuela en la presencia del Cónsul General de Venezuela en las Islas Canarias. La señora alcaldesa recordó los lazos existentes desde hace mucho tiempo entre Canarias y Venezuela, del que la devoción a la Virgen de Coromoto es un exponente. A continuación se celebró la Solemne Eucaristía presidida por el Sr. Vicario General de la Diócesis Don Antonio Morales y concelebrada con el Vicario Episcopal de la Zona Norte don Carlos González y el párroco Don Sebastián García. Concluida la Misa, el párroco señala el reto que constituye para los presentes continuar con el espíritu del que hace ya cincuenta años construyó y donó la ermita.
La mañana concluyó con la procesión de la venerada imagen, acompañada por sacerdotes, autoridades, banda de cornetas y tambores del Regimiento y fieles.


Publicado por Desconocido @ 22:19  | Noticias Parroquiales
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sábado, 19 de mayo de 2007
Aparecida, 18 de mayo de 2007


A Su Santidad
Benedicto XVI
Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

Los participantes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, deseamos hacerle llegar un saludo filial y afectuoso y expresarle el agradecimiento más profundo por haber querido emprender este fatigoso viaje para inaugurar personalmente nuestra Asamblea a los pies de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora Aparecida, honrándonos con su presencia en esta bendita tierra del Brasil.

Agradecemos asimismo las iluminadoras palabras recibidas de Vuestra Santidad en la Homilía de la Santa Misa y en el Discurso de inauguración de la Conferencia, cuyos contenidos serán orientación y guía para nuestros trabajos. La venida de Vuestra Santidad, su testimonio como Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro y el don del tríptico que nos ha hecho, nos han confortado y fortalecido.

Vivimos en estos días la fuerte presencia del Señor, pues se encuentran llenos de oración y de fraternidad entre nosotros, en la labor compartida, en la cercanía espiritual y en la solicitud por los hermanos que Él nos ha confiado.

Deseamos expresarle nuestra profunda comunión. Queremos realizar nuestra tarea cum Petro et sub Petro. Estaremos unidos con Vuestra Santidad y con toda la Iglesia especialmente en la Eucaristía diaria, pues “sólo de la Eucaristía brotará la civilización del amor, que transformará Latinoamérica y el Caribe para que, además de ser el Continente de la Esperanza, sea también el Continente del Amor”.

Rogándole su oración y prometiéndole la nuestra, invocamos de Su Santidad su Bendición Apostólica.

Filialmente,

+ Giovanni Cardenal Battista Re
Presidente de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

+ Francisco Javier Cardenal Errázuriz Ossa
Co-Presidente de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe

+ Geraldo Majella Cardenal Agnelo
Co-Presidente de la V Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
Publicado por Desconocido @ 22:53  | Hablan los obispos
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ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia del domingo, 20 de Mayo de 2007, solemnidad de la Ascensión del Señor en muchos países. Litúrgicamente, la solemnidad se celebraba este jueves.

Seréis mis testigos



Ascensión del Señor
Hechos 1,1-11; Efesios 1, 17-23; Lucas 24,46-53



Si no queremos que la Ascensión se parezca más a un melancólico «adiós» que a una verdadera fiesta, es necesario comprender la diferencia radical que existe entre una desaparición y una partida. Con la Ascensión, Jesús no partió, no se ha «ausentado»; sólo ha desaparecido de la vista. Quien parte ya no está; quien desaparece puede estar aún allí, a dos pasos, sólo que algo impide verle. En el momento de la ascensión Jesús desaparece, sí, de la vista de los apóstoles, pero para estar presente de otro modo, más íntimo, no fuera, sino dentro de ellos. Sucede como en la Eucaristía; mientras la hostia está fuera de nosotros la vemos, la adoramos; cuando la recibimos ya no la vemos, ha desaparecido, pero para estar ya dentro de nosotros. Se ha inaugurado una presencia nueva y más fuerte.

Pero surge una objeción. Si Jesús ya no está visible, ¿cómo harán los hombres para saber de su presencia? La respuesta es: ¡Él quiere hacerse visible a través de sus discípulos! Tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, el evangelista Lucas asocia estrechamente la Ascensión al tema del testimonio: «Vosotros sois testigos de estas cosas» (Lc 24, 48). Ese «vosotros» señala en primer lugar a los apóstoles que han estado con Jesús. Después de los apóstoles, este testimonio por así decir «oficial», esto es, ligado al oficio, pasa a sus sucesores, los obispos y los sacerdotes. Pero aquel «vosotros» se refiere también a todos los bautizados y los creyentes en Cristo. «Cada seglar –dice un documento del Concilio- debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús, y señal del Dios vivo» ( Lumen gentium 38).

Se ha hecho célebre la afirmación de Pablo VI: «El mundo tiene necesidad de testigos más que de maestros». Es relativamente fácil ser maestro, bastante menos ser testigo. De hecho, el mundo bulle de maestros, verdaderos o falsos, pero escasea de testigos. Entre los dos papeles existe la misma diferencia que, según el proverbio, entre el dicho y el hecho... Los hechos, dice un refrán ingles, hablan con más fuerza que las palabras.

El testigo es quien habla con la vida. Un padre y una madre creyentes deben ser, para los hijos, «los primeros testigos de la fe» (esto pide para ellos la Iglesia a Dios, en la bendición que sigue al rito del matrimonio). Pongamos un ejemplo concreto. En este período del año muchos niños [y jóvenes] se acercan a la primera comunión y a la confirmación. Una madre o un padre creyentes pueden ayudar a su hijo a repasar el catecismo, explicarle el sentido de las palabras, ayudarle a memorizar las repuestas. ¡Hacen algo bellísimo y ojalá fueran muchos los que lo hicieran! Pero ¿qué pensará el niño si, después de todo lo que los padres han dicho y hecho por su primera comunión, descuidan después sistemáticamente la Misa los domingos, y nunca hacen el signo de la cruz ni pronuncian una oración? Han sido maestros, no testigos.

El testimonio de los padres no debe, naturalmente, limitarse al momento de la primera comunión o de la confirmación de los hijos. Con su modo de corregir y perdonar al hijo y de perdonarse entre sí, de hablar con respeto de los ausentes, de comportarse ante un necesitado que pide limosna, con los comentarios que hacen en presencia de los hijos al oír las noticias del día, los padres tienen a diario la posibilidad de dar testimonio de su fe. El alma de los niños es una placa fotográfica: todo lo que ven y oyen en los años de la infancia se marca en ella y un día «se revelará» y dará sus frutos, buenos o malos.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por Desconocido @ 22:53  | Espiritualidad
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Intervención del cardenal Peter Erdo, arzobispo de Esztergom-Budapest, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), pronunciada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


Eminencias, Excelencias, Queridísimos hermanos en el episcopado, sacerdotes, religiosas, religiosos, hermanos todos en Cristo:

Como presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa transmito de corazón el saludo cordial de todos los obispos del continente europeo a nuestros hermanos que viven y trabajan en la obra misionera del Señor en América Latina y en el Caribe. Aprovecho la ocasión para expresar nuestra profunda solidaridad con la Iglesia de este continente. Una solidaridad que brota de nuestra fe y amor hacia la persona de Jesucristo. Pero hay otro motivo también para nuestra especial solidaridad. Desde la caída del comunismo en el este de Europa hemos tenido una experiencia humanamente muy profunda de la Providencia Divina y del cambio de nuestro continente. Por una parte, la Unión Europea se amplía e intenta modernizar la vida, la economía y la sociedad del continente en un sentido que en ocasiones resulta incluso superficial; debemos constatar también que los valores humanos, y especialmente los valores cristianos, se encuentran ante un particular desafío.

Muchos en Europa no quieren saber nada de las raíces cristianas y religiosas de nuestra cultura, cuando es precisamente ésta la cultura que une de manera especial Europa con América Latina, y que ha unido históricamente –y sigue haciéndolo hoy– a la Iglesia de estas grandes regiones del mundo. Culturalmente hablando, la herencia cristiana está presente en todo nuestro continente europeo; es más, en toda el área cultural europea, del Atlántico al Pacífico, hasta Siberia, hasta Vladivostok. Por otra parte, en la sociedad y en la vida pública algunos conceptos, incluso algunos derechos humanos esclarecidos en la época del iluminismo, parecen perder su significado original y en ocasiones quieren ser sustituidos por los llamados “derechos humanos de tercera generación”. Por eso, numerosas instituciones de la sociedad que pertenecen al orden natural, querido por el Creador mismo, parecen perder importancia o son rechazadas por parte de no pocos europeos.


Al mismo tiempo, el cambio político de hace 17-18 años, la superación de la división artificial del continente europeo en dos partes, en dos mundos, en dos sistemas, ha posibilitado una serie de experiencias muy profundas, en especial para los cristianos, para los fieles del centro-este europeo. Sabíamos desde siempre que el centro-este europeo constituye una de las periferias del mundo occidental, del área cultural occidental. En este sentido, muchos historiadores, tanto latinoamericanos como europeos, han resaltado la similitud entre la situación social y cultural de las dos periferias del mundo occidental es decir, el centro-este europeo y Latinoamerica. Estas regiones se caracterizaban desde principios del siglo XX por una cierta secularización que ha cobrado un peso particular en el libre mercado, situación que tantas veces ha empobrecido algunos pueblos y algunas regiones, impidiendo el desarrollo de la economía y destruyendo el medio ambiente, aunque sea de forma desigual. En el siglo XX surgió de manera nueva el problema de la justicia social, para cuya solución se plantearon en Europa dos propuestas, ambas de tipo violento, dos propuestas ideológicas. Primero el nazismo y luego, en paralelo, el comunismo, o sea, el tantas veces llamado irónicamente “socialismo real”. Según revela la experiencia de estos pueblos, ninguna de las dos soluciones propuestas consiguió liberar al hombre de sí mismo, liberar al hombre de las consecuencias del pecado, de su egoísmo y por tanto de la explotación y de la opresión. Es cierto que en algunos países socialistas, por ejemplo, podía alcanzarse cierta igualdad en la distribución de algunos bienes, pero ¬–como bien sabemos– la igualdad no coincide necesariamente con la justicia. Y ni siquiera cierta tranquilidad mantenida a base de una presión evidente consigue hacer que se olvide la falta de libertad. Y así llegamos al llamado “cambio del sistema”. Aunque este cambio no vino acompañado de la restitución de los bienes a nadie.

Cuando leemos en el Evangelio la historia del buen samaritano, tenemos el modelo de cómo debe comportarse el cristiano frente a las injusticias que ocurren en el mundo. La primera tarea es ayudar en lo que podamos, cuando podamos, en la medida en la que podamos. La Iglesia en Europa, sobre todo en los países occidentales, tiene medios propios para conseguir que se pongan en marcha instituciones sociales importantes y también, a través de donaciones, puede expresar su solidaridad con el resto del mundo. La otra parte del continente ha tenido una historia diferente y la Iglesia todavía no tiene medios económicos para contribuir seriamente a la asistencia social o a la ayuda social en los problemas de su propia sociedad. Lo que sí que podemos y debemos hacer siempre es prestar una ayuda personal, directa, concreta, la ayuda que puede prestar cualquier cristiano mediante su presencia personal, mediante la apertura de su corazón a los demás, a los ancianos, a los enfermos, a las familias con muchos hijos y a todos los que están decepcionados o son maltratados en este periodo de la historia. Estamos volviendo a la enseñanza, a la doctrina social de la Iglesia, aunque algunos piensen en nuestro continente que es difícil de realizar, porque parecen pocos y no lo suficientemente fuertes los miembros de la sociedad dispuestos verdaderamente a seguir esta doctrina, a intentar poner en práctica lo que la Iglesia enseña sobre la justicia, la producción, la solidaridad o la libertad de la persona.

Actualmente Europa atraviesa una crisis demográfica. Juan Pablo II habló más de una vez de la cultura de la muerte. En Europa muchos miran con esperanza y respeto al mundo latinoamericano, con respeto por un continente joven, un continente con valores religiosos ancestrales muy fuertes. Por eso es un consuelo para todos nosotros conocer la fe de los hermanos y de las hermanas, conocer sus esfuerzos, conocer su experiencia a la hora de afrontar las dificultades y desafíos del mundo actual en el auténtico espíritu del cristianismo. Pidamos al Señor que podamos permanecer fieles a la herencia católica recibida, a la persona de Jesucristo y a la riqueza de todo su legado de gracia y tradición, que a la luz del Espíritu Santo podamos encontrar vías para disminuir de manera cristiana las dificultades del mundo actual. En este empeño, pidamos al Señor que nos ayude a vivir la verdadera solidaridad, que crezca el conocimiento recíproco, que el Señor nos enriquezca y nos sostenga a través de nuestros hermanos en la fe. Por eso en estos días en Europa rezamos de modo especial por esta asamblea plenaria del CELAM y por toda la Iglesia de América Latina.

Aprovecho la ocasión para invitar al Señor Presidente y al Señor Secretario del CELAM a la Asamblea Plenaria del Consejo de la Conferencias Episcopales Europeas que tendrá lugar en Fátima del cuatro al siete del próximo mes de octubre.

Muchas gracias. Obrigado.
Publicado por Desconocido @ 22:46  | Hablan los obispos
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ZENIT publica la intervención de monseñor William S. Skylstad, obispo de Spokane, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, pronunciada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


Queridos hermanos en el Episcopado Latinoamericano, queridos hermanas y hermanos en Cristo, reciban un cordial saludo de parte de todos los Obispos de la Conferencia de los Estados Unidos. Para mis hermanos Obispos de la delegación de los Estados Unidos y este servidor es un honor poder participar de esta V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, y ser beneficiario de este caudal de gracia que estaremos recibiendo durante estas tres semanas de oración estudio y compromiso. Queremos ser solidarios en la tarea evangelizadora de todo este continente.

Como no recordar con espíritu de profundo agradecimiento la colaboración y cercanía que ha habido entre nuestros pueblos a lo largo de nuestra historia. En muchos momentos claves hemos hecho de nuestro Continente, Una América, Una Iglesia como nos lo recordaría el Siervo de Dios Juan Pablo II. Muchas de nuestras primeras parroquias y algunas catedrales de los Estados Unidos fueron construidas con la ayuda solidaria proveniente de países como México, Cuba y Argentina.

En 1965, durante la última sesión del Concilio Vaticano II, los Obispos de los Estados Unidos aprobaron realizar, a través de sus Obispos, una colecta anual nacional para brindar ayuda económica a proyectos pastorales de la Iglesia en América Latina y del Caribe. El Comité presta ayuda a proyectos de la Iglesia especialmente aquellos relacionados con la aplicación de las conclusiones del Concilio Vaticano II, de la Segunda Asamblea General de Obispos Latinoamericanos en Medellín, Colombia y de la III Asamblea General de Obispos Latinoamericanos en Puebla, México. Se da prioridad especial a los programas pastorales y a proyectos que proporcionen a la Iglesia en América Latina una base para planificar sus acciones eficazmente. De igual modo estará al servicio de las iniciativas y prioridades que surjan de nuestra Conferencia en Aparecida.

En el 2003, los obispos de Estados Unidos y México aprobaron la histórica declaración “Juntos en el camino de la Esperanza”, en la cual ambos episcopados se juntaron para examinar el impacto de la migración en la vida social, política y espiritual de los dos países. Alentados por el llamado del Santo Padre a una "Nueva Evangelización" y una mayor unidad entre los católicos de este hemisferio, los obispos ofrecieron una guía detallada a todos los que hacen ministerio con inmigrantes, y pasos concretos para mejorar las experiencias pastorales. La declaración ofrece también a las dos naciones recomendaciones de política para respetar la dignidad del inmigrante.

Desde el 2004, hemos colaborado con el CELAM en el proyecto de la traducción de la Biblia de la Iglesia en América, por el cual la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos se ha comprometido a financiar durante los próximos 10 años – usando los fondos de la colecta para la Iglesia en América Latina - la preparación de una Biblia para el uso pastoral y a la vez litúrgico en todo el Continente Americano.

Juntos con los Obispos de Latinoamérica los Obispos de los Estados Unidos comparte la preocupación pastoral por los jóvenes. En junio de 2006 se llevo a cabo en la Universidad de Notre Dame el primer encuentro para jóvenes latinos. Este encuentro manifestó el vigor y calidad de la fe católica que los jóvenes emigrantes han traído a este país. Nos dio gusto que una delegación del CELAM nos honró con su acompañamiento.

En estos momentos estamos preocupados por la reforma migratoria que esta bajo consideración en el congreso de los Estados Unidos. Les pido sus oraciones mientras seguimos luchando por una reforma migratoria amplia y justa que respete la dignidad del ser humano y promueva la integridad de la familia migrante.

Recordando las palabras del Santo Padre, Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado, cito: “Queridos amigos, la realidad de las migraciones no se ha de ver nunca sólo como un problema, sino también y sobre todo como un gran recurso para el camino de la humanidad” . La gran movilidad de los pueblos está entretejiéndonos como una sola tela de fe, rica en su diversidad de cultura. Ellos que van buscando caminos de esperanza y vida exigen a sus pastores que estemos en una comunión fraterna y comprometida para tener una respuesta solidaria con ellos
Publicado por Desconocido @ 22:43  | Hablan los obispos
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Posible rito para la Primera Comunión, publicado por Ediciones Instituto Pontificio San Pío X, 1973, con el título CELEBRACIÓN SOLEMNE DE LA PRIMERA COMUNIÓN.


PROCESION DE ENTRADA


El Celebrante sale a recibir a los primocomulgantes a
la entrada del templo, precedido por unos monaguillos
con velas encendidas y la cruz.
Mientras, se puede tocar el órgano o cantar,
por ejemplo «Este es el día en que actuó el Señor».



Sacerdote: Queridos niños (y niñas),
que venís con trajes de fiesta
y con caras rebosantes de alegría,
decidme, ¿qué queréis?

Niños: Queremos recibir a Jesús.

Sacerdote: ¿sabéis quién es Jesucristo?

Niños: Sí, Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, que nació de la Virgen María.

Sacerdote: ¿Dónde está ahora Jesucristo?

Niños: Jesucristo está ahora glorioso en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Sacerdote: ¿Cómo está Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar?

Niños: Jesucristo está en la Eucaristía verdadera y realmente presente, todo entero en todas y cada una de las partes de las sagradas especies.

Sacerdote: ¿Qué ha prometido Jesús a los que comulgan?

Niños: A los que comulgan Jesús les ha prometido la vida eterna, porque dijo: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene la vida eterna y Yo le resucitaré en el
último día».

Sacerdote: Pues bien, puesto que así lo deseáis, yo mismo, en nombre de la Iglesia, os concederé lo que pedís. Y en adelante podréis recibir a Jesús en la Comunión, como lo hacen las personas mayores. Entrad, pues, en la Casa de Dios. Jesús os espera. Compartid vuestro gozo y vuestra dicha con
vuestros padres, abuelos y demás seres queridos.

CANTO DE ENTRADA

Todos:

Qué alegría cuando me dijeron,
«Vamos a la Casa del Señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

 

 

RITO DE ENTRADA


MONICION

Hermanos, bienvenidos a la Casa de Dios.
Nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía, es decir la Santa Misa, que completa la iniciación cristiana, comenzada por el BAUTISMO.
Estos Niños, cuando pocos las después de nacer recibieron el Bautismo, ya fueron hechos cristianos, pero
— hoy se incorporan solemnemente a la comunidad de los fieles adultos,
— hoy comerán como nosotros el Pan de vida,
— hoy recibirán en su corazón al mismo Jesús sacramentado.

Pero esta iniciación a la Iglesia, más que iniciación doctrinal debe ser iniciación a la vida.

El niño percibe esta vida cuando se le presenta en forma auténtica, cuando el testimonio que recibe es el de una Iglesia viva. De aquí la importancia que tiene la comunidad cristiana, la Asamblea. En definitiva, la Eucaristía es el banquete común que edifica a la comunidad, es decir, a la Iglesia. Por tanto, deberemos cantar, rezar y prometer todos juntos. Los Niños comulgan por vez primera y nosotros debemos aprovechar para conmemorar el día de nuestra Primera Comunión.
Acojámosles, pues, con alegría, como Cristo acogía a los niños, sus predilectos, y todos juntos agradezcamos al Señor los beneficios que de él recibimos, y pidámosle las gracias que necesitamos.


Celebrante: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

Todos: AMEN.

Celebrante: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo, esté con todos vosotros.

Todos: Y con tu espíritu.

Celebrante: Hermanos, en este día solemne en que vamos a admitir por vez primera a nuestra misma mesa eucarística a estos Niños, pidamos al Señor que nos haga partícipes de su inocencia, derramando sobre nosotros su divina misericordia.

Celebrante: Porque dijiste también para nosotros: Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo impidáis. SEÑOR, TEN PIEDAD (cantado)

Porque no es tu voluntad que perezca uno solo de estos pequeños.
CRISTO, TEN PIEDAD (cantado)

Por nuestra falta de testimonio y por nuestra negligencia en formar cristianos auténticos. SEÑOR, TEN PIEDAD (cantado).

GLORIA A DIOS EN EL CIELO, (rezado)
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias. Señor Dios, Rey Celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo Único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros: porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. AMEN.

ORACION COLECTA: propia del día.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

 

 (Moniciones propias de cada Lectura)

LECTURA primera: (podría hacerla un padre).

LECTURA segunda: (podría hacerla una madre o un educador.)

SANTO EVANGELIO

Homilía: Suele dar muy buen resultado dirigir principalmente la Homilía a los adultos, y de modo muy especial a los Padres, Padrinos y Tutores de los neocomulgantes, basada en los textos que acaban de leerse, y reservar para momentos antes de la Comunión un breve «fervorín» dirigido exclusivamente a los niños.

RENOVACION DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO
Y SOLEMNE PROFESION DE FE

 


(La renovación de las promesas se podría hacer con anterioridad)

 

Es conveniente que la Asamblea se una a los niños en este acto. Contestarán todos juntos. Los niños podrían estar de pie rodeando el altar.



Celebrante: El día de nuestro Bautismo, el sacerdote nos preguntó a todos, grandes y pequeños, ¿qué pides a la Iglesia de Dios? Y por boca de nuestros padrinos nosotros contestamos: Pedimos la Fe. Pues bien, ahora, vamos a proclamar nosotros mismos aquella Fe. Vamos a renunciar al demonio, a sus obras y a sus tentaciones. Acto seguido, haremos solemne y consciente profesión de fe en Dios Padre, Creador de todas las cosas; en Dios Hijo, que padeció, murió, resucitó y subió a los cielos; y en el Espíritu Santo, santificador de nuestras almas, y en la Iglesia que nos lleva a la vida eterna.

¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Todos: Sí, RENUNCIO.

Celebrante: ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?

Todos: Sí, RENUNCIO.

Celebrante: ¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?

Todos: Sí, RENUNCIO.

Celebrante: ¿Creéis en Dios, Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la tierra?

Todos: Sí, CREO.

Celebrante: ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María, la Virgen,
murió y fue sepultado, resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?

Todos: Sí, CREO.

Celebrante: ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Todos: Sí, CREO.

Celebrante: Y Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo, y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia. en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
para la vida eterna.

Todos: AMEN. 

 

 

ORACION DE LOS FIELES

Celebrante: Oremos, hermanos, al Padre,
por los Niños (y Niñas) que participarán hoy por vez primera de la mesa eucarística, y por toda la familia santa de Dios.

Niño 1: Para que Dios nos aumente la Fe y la Caridad que nos regaló en el Bautismo. Roguemos al Señor.

Niña 2: Por todos los niños del mundo que este año harán su Primera Comunión, y también por los que no podrán comulgar. Roguemos al Señor.

Niño 3: Por nuestros Padres, por nuestros padrinos, por nuestros abuelitos, por nuestros familiares y amigos. Roguemos al Señor.

Niña 4: Por nuestros parientes, por nuestros amigos y por nuestros bienhechores difuntos, y por los que no han podido acompañarnos en nuestra Primera Comunión. Roguemos al Señor.

Madre: Por la Paz del Mundo, la prosperidad de la Patria, la unión de las familias y la unidad de la Iglesia. Roguemos al Señor.

Padre: Por el Papa, por los Obispos y por los Sacerdotes que nos dan a Jesús en la Eucaristía, y por todos los Hogares del mundo. Roguemos al Señor.

Educador: Por cuantos participamos en esta santa asamblea, para que sirvamos de ejemplo y estímulo a estos primeros comulgantes, y les ayudemos así a perseverar. Roguemos al Señor.

Celebrante: Dios Todopoderoso, concede a estos Niños (y Niñas) y a todos aquéllos por quienes hemos orado, la salud del cuerpo y del alma, y prepara nuestros corazones
para recibir dignamente a tu Hijo Jesucristo, resucitado de entre los muertos, y para que seamos fieles a lo que acabamos de prometer. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: AMEN.

 

LITURGIA EUCARÍSTICA


PROCESION DE OFRENDAS

Nota. Se hace en seguida la colecta y el celebrante aguarda a que aquélla esté terminada. Mientras, puede preparar el cáliz, etc. Terminada /a colecta, los colectores se sitúan detrás de los que ofrecerán el pan, el vino, etc., para entregarlo todos juntos al celebrante.

Durante este tiempo, el monitor dice:

Monición: Va a empezar el sacrificio propiamente dicho. Para ello el celebrante necesita los dones que ha de ofrecer al Señor: pan, vino y nuestra ofrenda personal, ya que el sacrificio es obra de todos y no sólo del sacerdote.

Por tanto, la colecta que ahora se está realizando no tiene por finalidad recoger limosnas. Nuestro óbolo, grande o pequeño, es sencillamente un signo de nuestra consagración a Dios, un verdadero acto de culto, de adoración, de acción de gracias por los dones recibidos. El Señor no mira tanto lo que se da, como la generosidad y rectitud con que se da. «Lo que yo quiero, dice el Señor, no son vuestros sacrificios, sino vuestro corazón». La colecta, pues, tiene su importancia en el Sacrificio, por lo que supone de entrega a Dios.

Mientras se realiza la presentación de Ofrendas:

Monición: En nombre de todos ofrecen ahora el vino y el agua, el copón y el cáliz... y lo recaudado durante la colecta, unos niños y un matrimonio. El pan y el vino, transformados en el cuerpo y sangre de Cristo se nos devolverán en la Comunión.
Esta ofrenda es una forma más de participación en el Sacrificio. El hecho de pertenecer a la asamblea cristiana por el Bautismo, nos da derecho a cooperar en la celebración del Sacrificio eucarístico.
Por otro lado, la caridad expresada en este gesto mate¬rial de la ofrenda es la mejor preparación espiritual para la Eucaristía.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS (La propia del día)

PLEGARIA EUCARISTICA

En este momento los niños pueden colocarse en torno al altar, y permanecer así de pie hasta el momento de la Comunión.

 

RITO DE COMUNION

 

PADRE NUESTRO

Celebrante: El pan y el vino ya se han transformado en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo. El banquete eucarístico que Dios nos ofrece está preparado sobre el altar. Por tanto, dispongámonos a participar dignamente de la mesa del Señor, orando a Dios nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en los cielos... (puede cantarse).

Rito de la paz

Celebrante: Ha llegado el momento de la Comunión. Pero como no podemos acercarnos a la mesa de Dios si no nos amamos de veras los unos a los otros, perdonémonos mutuamente y así Dios nos perdonará a nosotros.

La paz del Señor sea siempre con vosotros. Daos fraternalmente la paz.

Nota: El celebrante puede dar la paz a cada niño en particular, el cual va a transmitirla a sus padres y puede permanecer con ellos hasta el momento de la comunión, si es que prefieren acercarse los tres juntos a la sagrada mesa.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo (puede cantarse).

COMUNION

Ahora puede tener lugar un «fervorín» dirigido a los niños: breve, claro y sencillo.

ACCION DE GRACIAS

Monición: Durante unos momentos demos gracias a Jesús por
todos los favores que nos ha concedido.

(Puede cantarse: El Señor hizo en mí maravillas).
0 bien se reza:


Celebrante: (de rodillas)

Y ahora que tenemos a Jesús en nuestro corazón, y recordando que dijo: «pedid y recibiréis», pidámosle con fervor todos juntos:

Alma de Cristo, ..................... Santífícanos
Cuerpo de Cristo, .................. Sálvanos
Sangre de Cristo, .................. Embriáganos
Agua del costado de Cristo,.... Purifícanos
Pasión de Cristo, ................... Confórtanos
¡Oh buen Jesús! .................... Óyenos
Dentro de tus llagas, ............. Escóndenos
No permitas, ........................ Que nos separemos de ti
Del enemigo malo, ................ Defiéndenos
En la hora de nuestra muerte, Llámanos
Y mándanos ir a Ti, .............. Para que con tus santos te alabemos por los siglos de los siglos. Amén

Celebrante: Niños (y Niñas), por el Bautismo
ya sois hijos de Dios Padre, Templos del Espíritu Santo, Hermanos de Jesús y miembros de la Gran Familia de Dios.

Prometed, pues, ahora, ser hijos amantes de nuestra Madre del cielo, diciéndole de todo corazón:

Niños:

 

Señora y Madre mía,
yo me ofrezco todo a Ti
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día:
mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo,
Madre de bondad,
guárdame y defiéndeme
como cosa y posesión tuya. Amén.

Celebrante: Pero no sólo los niños han de empeñar su palabra y han de hacer su entrega al Señor. Todos hemos de tomar conciencia de nuestra misión cristiana, y muy
particularmente los padres y tutores de estos niños, educadores natos de sus hijos. Mientras los padres y padrinos renuevan solemnemente su compromiso y su consagración, unámonos interiormente a ellos.

Padres y Padrinos:

Señor Jesús", Tú nos has hecho educadores de nuestros hijos*, maestros y sacerdotes de nuestro hogar.* Sabemos que no sólo debemos preocuparnos de sus cuerpos,* sino especialmente de sus almas, imágenes de Dios,* y velar para que sean cristianos de verdad.* No rehusamos, Señor,* esta carga y esta responsabilidad,* pero confesamos con sencillez,* que sin tu ayuda nada podremos conseguir.
Prometemos, pues,* como en el día de nuestro Matrimonio,* cumplir con nuestras obligaciones de padres,* y dar buen ejemplo a nuestros hijos,* pero te pedimos por intercesión de la Virgen María," que nos ayudes a ser testigos, en nuestros hogares,* del misterio de amor que Tú revelaste al mundo* con tu muerte y Resurrección. Amén.


Celebrante: Que el Señor os ayude a todos a cumplir
lo que acabáis de prometer,
y os conceda vida larga y feliz en este mundo, y la dicha eterna en el cielo.


ORACION

Tu Cuerpo y tu Sangre, Señor, signo del banquete del reino, que hemos gustado en nuestra vida mortal, nos llenen del gozo eterno de tu divinidad.
Tú, que vives y reinas...


RITO DE CONCLUSION

Bendición final:

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.


Hermanos: El Señor todopoderoso, que llenó de alegría vuestros hogares con el nacimiento de vuestros hijos, mire con agrado a estos primeros comulgantes derrame la abundancia de su gracia sobre vosotros: padres, padrinos y todos los aquí presentes, para que caminando a la luz de la fe, alcancemos todos los bienes prometidos.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

Todos: AMEN.

Nota: Donde se crea conveniente, el celebrante, tras recordar a los niños que ya son desde ahora cristianos mayores, puede entregarles el libro de los Evangelios, que ellos besan al recibirlo, y que bien podría sustituir al dichoso «librito» que nunca abrirán en su vida.

Celebrante: Y ahora, vosotros, niños (y niñas)
que acabáis de recibir el abrazo íntimo de Jesús, id con alegría a compartir este abrazo
con vuestros padres y familiares.

PODEIS IR EN PAZ.

Todos: Demos gracias a Dios.

 


Publicado por Desconocido @ 17:02  | Liturgia
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VATICANO - LEVADURA - El movimiento de la Comunidad de San Egidio en una entrevista al Prof. Alberto Quattrucci

Roma (Agencia Fides) - “Hoy entre los jóvenes se ha encendido de nuevo una urgente exigencia de espiritualidad”. Es lo que sostiene Alberto Quattrucci, importante miembro de la Comunidad de San Egidio, movimiento de laicos que solo en Roma reúne alrededor de 3.000 jóvenes por debajo de los 30 años. Quattrucci, entre los pioneros de la Comunidad fundada en el 1968, después del Concilio Vaticano II, por Andrea Riccardi, que entonces tenía menos de veinte años, aunque subrayando en esta entrevista a la Agencia Fides como es cada vez más arduo abrir una brecha en la indiferencia y en el individualismo que condicionan las opciones de vida de todos, jóvenes o adultos, reafirma que la misión-desafío de la Comunidad de San Egidio es hoy la misma de ayer, “o sea la de proponer una humanidad verdadera, auténtica y solidaria con todos, proponer un modelo verdadero de felicidad”. Hoy la realidad de los movimientos religiosos católicos en Italia es un fenómeno en crecimiento, Quattrucci, al respecto, individua en los católicos italianos una determinada necesidad de familia, “en el sentido propio de familiaridad”. Coordinador y responsable de los encuentros internacionales de Hombres y Religiones realizados cada año por la Comunidad para favorecer el diálogo entre las religiones y las culturas del mundo (el próximo se realizará a Nápoles del 21 al 23 de octubre y tendrá como tema central “Un mundo de paz y sin violencia”), Quattrucci subraya que “hoy es justamente el tema de la violencia el verdadero desafío de toda confesión”.


Profesor Quattrucci, Ud. ha siempre acompañado sus estudios de pedagogía y teología, desde 1969, en el cuadro, por lo tanto, de la turbulenta y compleja situación estudiantil de entonces, con un compromiso activo eclesial y social. ¿Cómo ha cambiado en las últimas generaciones la relación de los jóvenes con la fe cristiana? ¿Qué se ha perdido poco a poco, y en cambio qué se ha ganado?

Se podría dividir la realidad juvenil de los últimos 50 años en tres grandes períodos, en tres grandes momentos históricos… En el 1968 la relación ente los jóvenes y la fe cristiana era un nudo bastante intrincado y puesto mucho en discusión. Había entonces la búsqueda de una especie de autenticidad, en contraposición con la Iglesia considerada por casi la totalidad de los jóvenes como una entre las instituciones, así como entre escuela y familia, que pecaban de una especie de burocratismo. La búsqueda era así, en este caso, entendida como necesidad de separar la Iglesia por un lado y el Evangelio por otro lado. En esta época era típico escuchar, no solo entre los jóvenes, “yo no creo en la Iglesia, no creo en los curas, pero en fondo en lo que creo es en el Evangelio”.
Nosotros pioneros de la Comunidad de San Egidio hemos iniciado nuestro camino justamente ente aquellos jóvenes, también nosotros en aquellos años teníamos un poco más de 17 o 18 años. A continuación, en los años ’70 la Comunidad se difundió y supo, entonces, confrontarse con diversas generaciones no sólo de jóvenes sino también de adultos, aún manteniendo un contacto activo, privilegiado, con el mundo juvenil, prerrogativa de primaria importancia de toda Comunidad que tenga una experiencia cristiana. Se puede decir, por lo tanto, resumiendo, que los jóvenes católicos de los últimos años 50 son identificables en tres importantes fases: Los del ’68, momento de contestación y, al mismo tiempo, de separación entre Iglesia y Evangelio y búsqueda de valores religiosos auténticos; en este contexto una rica “siembra” nace al interno de grandes movimientos, algunos de los cuales hoy no existen más. Hemos asimismo vivido en los años ’70 hasta los ’90 un período de grande sequía, una fase que se puede definir intermedia…

A finales de los años ’80 surgió, además, el problema de las iglesias cada vez más vacías…

Exactamente. La búsqueda entonces estaba dirigida a una afirmación de sí cada vez más fuerte, una búsqueda de individualismo, de mundo privado en el sentido que “la fe la manejo yo dentro casa, y los valores me los tengo dentro y no los debo externar”. En pocas palabras se difundía la idea de la religión y de la fe como un hecho extremadamente privado, y más en general, de un compromiso que no durase más de un mes o dos meses, o sea: “las experiencias son hermosas cuando se hacen una vez y no continúan”… por lo tanto experiencias que no dejan un signo. La necesidad de este tipo de “privatización” de la fe después ha perdido agudeza durante el largo pontificado de Juan Pablo II. Se llega, entonces, a la tercera fase: para los jóvenes de los años ’90 la figura de Papa Wojtyla ha sido extremadamente importante, un Papa muy activo que daba vueltas incansablemente por el mundo, un pontificado tan largo, tan significativo, importante, que ha coincidido con eventos históricos relevantes como el cambio de Europa, el fin del comunismo. Pienso que Juan Pablo II ha tocado no sólo el corazón de los jóvenes sino su vida misma; las decenas de miles de personas que han entrado a San Pedro para rendir homenaje al cuerpo de Wojtyla son elocuentes también de un mundo juvenil que efectivamente ha sido marcado por el Papa polaco, en quien identificaban al mismo tiempo un hombre, el Evangelio, la Iglesia. Como decir, lanzando una hipótesis, que Juan Pablo II ha sido artífice de una especie de matrimonio recuperado, de una reunificación de un discurso edificante de fe que estaba fragmentándose irremediablemente. En este sentido, los tres momentos de la relación fe cristiana y jóvenes tienen diversas y sustanciales características que las distinguen: en la primera fase - años ’60/’80 - búsqueda en el Evangelio como hecho muy instintivo y que surgía en contraposición a la Iglesia y a las instituciones que se retenían sofocadas por la burocracia; en la segunda fase - años ’80/’90 - crece, como ya se dijo, una especie de “privatización” de la experiencia religiosa; para llegar, así, a la tercera fase - de los años ’90 en adelante - caracterizada por un nuevo resurgir, una verdadera y propia revaloración de la figura del Papa y por lo tanto de la Iglesia misma, vinculada profundamente al testimonio del Evangelio.

¿En qué se diferencia el joven católico de los últimos años ’60 del joven de hoy?

Depende de qué se entiende… Hace 40 años había dos o tres católicos ‘tipo’: el católico de la institución, del catecismo, de la Acción Católica formada, el católico contestador de izquierda, el católico más comprometido en la búsqueda de valores. Hoy, en mi opinión, la identidad del católico tiene aún más facetas. En lo específico de las nuevas generaciones, entre los jóvenes católicos de hoy, en contraposición a la fuerte ‘privatización’ de la fe, se ha encendido de nuevo una exigencia de espiritualidad, es decir el valor del Misterio, de la necesidad de la experiencia religiosa.

¿Piensa que entre los jóvenes hoy haya también más conciencia, más valentía para evidenciar el propio Credo sin el temor de ser ridiculizados por sus coetáneos?

Seguramente en los años ’60 y ’70 el católico era visto socialmente en un cierto modo, era etiquetado también porque, salvo excepciones, no era del área política de la izquierda. Hoy en cambio es mucho más aceptado, no existe el riesgo de un rechazo social fuerte, y esto vale en Italia como en Europa. Aunque, lamentablemente, entre los jóvenes falta, en mi opinión, una verdadera conciencia.

¿Cuál es el papel de la Comunidad de San Egidio en la pragmática sociedad televisiva de hoy, tan distraída de la espiritualidad cuanto atenta a las exigencias del consumismo y del hedonismo a cualquier precio?

A nivel mediático, y por lo tanto de información, la Comunidad hoy tiene un espacio muy amplio donde poder expresar y difundir determinados valores, entendido no sólo como un espacio religioso, sino también como espacio humano, social, un espacio hecho de relaciones con la pobreza, de relaciones con los inmigrantes… Con todas las ventajas y desventajas: de hecho hoy nos tenemos que confrontar, no sin grandes problemas - y este no es un problema solo nuestro sin de todas las realidades eclesiales - con el grande vacío social en el que viven hoy los católicos: un cajón donde no hay espacio para otros valores, para otras ideas, para otras propuestas humanas. Y, de hecho, hoy el problema no es tanto hacer dialogar a los jóvenes, el problema es con quién. El verdadero enemigo hoy es la indiferencia, el individualismo. En este vacío enorme al final uno se puede concentrar a lo más sobre el último modelo de celular, sobre el nuevo auto… también porque, en realidad, no hay nada más… No obstante, pienso que la Comunidad de San Egidio puede tener un papel importante. No sabría decir con qué resultados, pero seguramente tenemos bien presente que ésta es una exigencia hoy más importante de cuanto non lo fuese ayer.

Dada nuestra realidad social, donde el aparentar es cada vez más un valor dominante, ¿cuál es la misión y el desafío de la Comunidad?

El desafío-misión de la Comunidad es el mismo de ayer, es decir el de proponer una humanidad verdadera, auténtica y solidaria con todos, por lo tanto proponer un modelo verdadero de felicidad. Y, aunque parezca absurdo, no hay modo de indicar un modelo verdadero de felicidad, de realización plena de la propia vida, si no es haciendo frente al problema de la muerte. Se puede entender el valor de la vida solo si se enfrenta el problema de la muerte; de la negación de esto nace la necesidad del aparentar a todos los costos. No es una coincidencia que en la sociedad pragmática de hoy el anciano no existe, cuando sin embargo somos una sociedad que cada vez es más anciana, en la que la vida se ha alargado gracias al desarrollo de la ciencia así como del Señor. Debe ser considerado un don el tener hoy en día al menos 10 años más de vida respecto a veinte años atrás; pero, considerando la realidad que se presenta evidente a nuestros ojos, aquello que se presenta a la humanidad como bendición se convierte en una suerte de maldición. Hoy es frecuente escuchar personas que afirman preferir morir a 70 años siempre y cuando estén sanos y sin problemas, que llegar a los 90 o a los 100 años: pero esto es una verdadera estupidez, una verdadera fuga del problema de la muerte. El énfasis no debe estar tanto en un buen discurso evangélico, pues podría ser acogido solamente como doctrina; el problema es como es ofrecido el mensaje, el verdadero problema es si luego puede ser percibido como algo interpersonal, por lo tanto familiar, o se queda como un fin a sí mismo. La gran diferencia es esta. Hoy, el verdadero desafió de toda experiencia eclesial y humana es el testimonio. Aquello que falta hoy en día, lamentablemente, es la presencia de profetas, de testigos, y no tanto del énfasis en las doctrinas o en las ideas.

Como coordinador de los ‘Encuentros Internacionales Hombres y Religiones’ usted tiene un rol de observador privilegiado en el camino del diálogo interreligioso. Según su parecer, ¿qué fase está atravesando aquello que puede ser considerado el más importante y más urgente desafío religioso del nuevo Milenio?

El recorrido iniciado en Asís en 1986 está dando muchos frutos. En nuestros encuentros anuales crece cada vez más la participación de los representantes de las religiones de todo el mundo. Este año, siempre en el camino del diálogo entre religiones y culturas, la orientación de nuestro meeting mira hacia un mundo de paz contra toda violencia, un mundo sin violencia. Y es justamente hoy en día el tema de la violencia, según mi parecer, el gran desafío para todas las religiones; pues entra en juego el gran contraste entre la verdadera religión, la religión de la paz y del dialogo y la religión de la violencia y de la determinación, infantil, de encontrar la propia identidad en la oposición al otro, un trágico error que, en el fondo es la tentación de tantos. No estamos en un momento de crisis del diálogo interreligioso, sino en un momento de positiva conciencia y búsqueda. Pienso que los tiempos no están aún maduros para tener la ambición de resolver, de allanar, de cambiar la incomunicabilidad entre las grandes religiones del mundo. Durante mucho tiempo se ha vividos alejados, separados; los grandes movimientos de diálogo inician solamente tras la segunda post guerra, y 50/60 años de trabajo y compromiso en este frente no son nada en comparación con los 20 siglos de incomprensión. (P.P.) (Agencia Fides 18/5/2007, líneas 147, palabras 2108)

Links:
Ficha biográfica de Alberto Quattrucci
http://www.fides.org/ita/approfondire/2007/lievito01_0507.html
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Día 20 de Mayo
Solemnidad: La Ascensión del Señor


Esperando la Fuerza de lo Alto


Hoy celebramos la Ascensión de Jesús a los cielos. Después de vivir entre los hombres y una vez cumplida hasta el final la misión para la que el Hijo de Dios tomó carne de María, la Virgen, se elevó al Cielo en presencia de sus discípulos. Concluye así la presencia visible de Jesucristo entre los hombres, aunque no, desde luego, su acción en el mundo, como bien se desprende de sus palabras, que hoy ofrece la Iglesia a nuestra consideración.

Aquel día el Señor, antes de abandonar físicamente a los discípulos, hizo un breve resumen de lo que había sido su tarea durante su vida terrena, recordando los momentos más decisivos para nuestra salvación. Con gran concisión, pero con toda exactitud, manifiesta lo que espera de ellos, el sentido de la misión que les encomienda y la fuerza que están a punto de recibir para ser capaces de llevarla a cabo.

Se había cumplido ya, con su muerte y resurrección, la profecía anunciada por el mismo Dios inmediatamente después del primer pecado: que para lo que había sido el único verdadero mal de los hombres vendría un Salvador, el Mesías. Pues quiso Dios que el hombre, creado a su imagen y semejanza y con capacidad de amarle, pudiera salvar el inmenso abismo que, al haber pecado, lo alejaba de Él y del Paraíso de su intimidad que le tenía reservado. Ese primer pecado y los demás que son consecuencia de nuestra acción libre y de la debilidad causada por aquél, eran el verdadero mal que pesaba sobre la humanidad, muy superior a todas las demás desgracias humanas. Pero ya estaban abiertas las puertas del Cielo; pues, al hacerse hombre el Hijo de Dios, pudo merecer de modo infinito y reparar, por su Pasión y muerte, el pecado. Así, pues, aunque ofendemos a Dios y lo perdemos, siendo nuestro único verdadero bien, gracias al amor divino manifestado en Jesucristo, podemos ser perdonados si, arrepentidos, aceptamos la conversión que nos ofrece.

No comprendieron los judíos la Salvación que Dios brinda a los hombres. Esperaban sólo un remedio a sus males terrenos. Tenían puesta la esperanza en un libertador que los sacara de la opresión política que padecían y les diera un gran bienestar material. Tendría que ser, en ese caso, un gran guerrero, un rey revestido de poderío y riquezas... De un mesías así se sentirían orgullosos, le seguirían seguros, pues en poco tiempo –pensaban– se verían libres, por él, de tantas desgracias materiales que les oprimían y consideraban indignas para el pueblo elegido por Dios. Más de una vez le echaron, por ejemplo, en cara –sin fundamento, por otra parte– la bajeza de su linaje: ¿no es este el hijo de José?... Pensaban que de la familia de un artesano no cabía esperar gran cosa.

Tuvo que hacer milagros sin cuento para mostrar su naturaleza divina, probando así que era superior a cuantos profetas le precedieron: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. De esta manera respondió a los que le preguntaron de parte del Bautista si era Él al que esperaban. Y, más tarde: las obras que me ha dado mi Padre para que las lleve a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio acerca de mí, de que el Padre me ha enviado. (...) Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed en las obras, aunque no me creáis a mí, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. (...) Y, por fin: Si no hubiera hecho ante ellos las obras que ningún otro hizo, no tendrían pecado; sin embargo, ahora las han visto y me han odiado a mí, y también a mi Padre.
Seamos nosotros francos. A poco sinceros que somos reconocemos la maldad de nuestra vida. ¡Cuántas veces vemos a diario que deberíamos comportarnos mejor porque el Señor lo espera!: en casa, en el trabajo, con los amigos, en nuestro trato con Dios...; y, sin embargo, dejamos pasar esas oportunidades cediendo al capricho y no amando a Dios. Hasta le ofendemos –y nos damos cuenta– con frecuencia de modo expreso, tan pobre es nuestra condición. Nos sucede lo que a los que vieron los milagros y escucharon las palabras del mismo Cristo: nos consta que es Dios quien nos pide esa otra conducta más heroica; y, sin embargo, nuestras obras por el Señor no se corresponden a las suyas por nosotros.

Quizá nos sucede a estas alturas, con años ya de vida de fe, lo que a los discípulos del Señor: que aún después de su muerte, después de que les perdonara haberle abandonado, y habiéndole visto gloriosamente resucitado, necesitan ser vitalizados con el mismo Espíritu de Dios, con el Espíritu Santo. Es preciso que sean revestidos de la fuerza de lo alto, según su promesa, que hoy recordamos, para llevar a cabo lo que Dios –que los envía– espera de ellos.

Mientras aguardamos, pues, la Solemnidad de Pentecostés, que Dios mediante celebraremos el próximo domingo, nos encomendamos con más fuerza al Paráclito en los días de su Decenario que asimismo estamos celebrando.

Con la ayuda de nuestra Madre, Esposa de Dios Espíritu Santo, sabremos proponernos alguna invocación como la del himno...: Infunde amorem cordibus!, ¡llena de amor los corazones!, ¡llena de Amor Tuyo mi corazón!


Publicado por Desconocido @ 14:58  | Espiritualidad
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Aspectos que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana considera que deben incluirse en un proyecto de Nueva Constitución


1. DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

La persona humana, varón o mujer tiene una dignidad inviolable, que el Estado y todos los ciudadanos deben respetar y proteger. La dignidad humana, que tiene su origen en Dios, es fuente primaria de derechos y obligaciones.


2. EDUCACIÓN

1. Educación centrada en la persona humana y en sus grandes valores: trascendencia, libertad, verdad, amor, justicia y paz.
2. Educación de calidad para todos sin discriminación alguna.
3. Educación dentro de un sistema abierto y descentralizado, con un financiamiento equitativo.
4. Educar es derecho propio de la familia. El Estado garantiza de manera efectiva el derecho de los padres de familia a escoger la educación que a bien tuvieren para sus hijos, dentro de un marco nacional común.
5. Pedimos que se mantenga el artículo 71 de la Constitución vigente: “La educación Fiscomisional, la particular gratuita, la especial y la artesanal, debidamente calificadas en los términos y condiciones que señale la ley, recibirán ayuda del Estado”.


3. FAMILIA-VIDA

1. El Estado garantiza y protege la vida humana, como derecho primario inalienable de toda persona. Ninguna autoridad puede lesionar directa o indirectamente este Derecho.
2. El Estado y las leyes protegen a la familia, formada por un hombre y una mujer, origen de la vida y célula fundamental de toda sociedad. Favorece la paternidad responsable y la dignidad de la familia en la procreación.

3. El Estado y las leyes protegen la vida desde su concepción hasta su fin natural y favorecen su desarrollo y crecimiento en salud, seguridad, educación, trabajo, como medios para evitar su desintegración.


4. El Estado proporciona servicios médicos asequibles a todos los ecuatorianos.


4. CORRUPCIÓN Y POBREZA

1. El Estado garantiza la creación de los elementos necesarios para que los ciudadanos, los poderes del Estado y los órganos de Control impidan la corrupción en todas sus formas.

2. Los organismos del Estado, en todos sus niveles, promoverán planes y programas de desarrollo para erradicar la pobreza y prestar atención preferencial a los sectores menos favorecidos de la sociedad.


5. ESTRUCTURAS DEL ESTADO

Las reformas que requiere la estructura del Estado en las actuales circunstancias deben tender al robustecimiento de la unidad nacional y de una democracia real y participativa basada en la persona y en la que se alcance la necesaria equidad y armonía entre los intereses particulares y el bien común.

Quito, a 10 de mayo de 2007

Monseñor Néstor Herrera Heredia
Obispo de Machala
Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana
Conferencia Episcopal Ecuatoriana (2007-05-16)
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención del Card. Darío Castrillón Hoyos, Presidente Ecclesia Dei

Queridos y venerados hermanos:
Me permito presentar un breve informe sobre la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y sobre el estado de la realidad pastoral que el Santo Padre ha puesto bajo su competencia.
Esta Comisión fue instituida por el Siervo de Dios Juan Pablo II en 1988, cuando un grupo notable de sacerdotes, religiosos y fieles que habían manifestado su descontento con la reforma litúrgica conciliar y se habían congregado bajo el liderazgo del Arzobispo francés Marcel Lefebvre, se separaron de éste porque no estuvieron de acuerdo con la acción cismática de la ordenación de Obispos sin el debido mandato pontificio. Ellos, entonces, prefirieron mantener la plena unión con la Iglesia. El Santo Padre, mediante el Motu Proprio Ecclesia Dei Adflicta, confió a esta Comisión el cuidado pastoral de estos fieles tradicionalistas.
Hoy la actividad de la Comisión no se limita al servicio de aquellos fieles que en tal oportunidad quisieron mantenerse en plena comunión con la Iglesia, ni a los esfuerzos encaminados a poner fin a la dolorosa situación cismática y a lograr el regreso de estos hermanos de la fraternidad San Pío X a la plena comunión. Por voluntad del Santo Padre, este Dicasterio extiende, además, su servicio a satisfacer las justas aspiraciones de cuantos por una sensibilidad particular, sin haber tenido vínculos con los dos grupos anotados, desean mantener viva la liturgia latina anterior en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos.
Sin duda alguna, el empeño más importante, que concierne a toda la Iglesia, es la búsqueda de poner fin a la acción cismática y reconstruir, sin ambigüedades la plena comunión. El Santo Padre, que fue durante algunos años miembro de esta Comisión, quiere que ella se convierta en un organismo de la Santa Sede con la finalidad propia y distinta de conservar y mantener el valor de la liturgia latina tradicional. Pero se debe afirmar con toda claridad que no se trata de un volver atrás, de un regreso a los tiempos anteriores a la reforma de 1970. Se trata en cambio de una oferta generosa del Vicario de Cristo que, como expresión de su voluntad pastoral, quiere poner a disposición de la Iglesia todos los tesoros de la liturgia latina que durante siglos ha nutrido la vida espiritual de tantas generaciones de fieles católicos. El Santo Padre quiere conservar los inmensos tesoros espirituales, culturales y estéticos ligados a la liturgia antigua. La recuperación de esta riqueza se une a la no menos preciosa de la liturgia actual de la Iglesia.
Por estas razones el Santo Padre tiene la intención de extender a toda la Iglesia latina la posibilidad de celebrar la Santa Misa y los Sacramentos según los libros litúrgicos promulgados por el Beato Juan XXIII en 1962. Por esta liturgia, que nunca fue abolida, y que , como hemos dicho, es considerada un tesoro, existe hoy un nuevo y renovado interés y, también por esta razón el Santo Padre piensa que ha llegado el tiempo de facilitar, como lo había querido la primera Comisión Cardenalicia en 1986, el acceso a esta liturgia haciendo de ella una forma extraordinaria del único rito Romano.
Hay algunas buenas experiencias de comunidades de vida religiosa o apostólica erigidas por la Santa Sede recientemente que celebran en paz y serenidad esta liturgia. En torno a ellas se congregan asambleas de fieles que frecuentan estas celebraciones con alegría y gratitud. Las erecciones más recientes son el Instituto de San Felipe Neri en Berlín, que funciona como un Oratorio y se ha hecho presente también, con buena acogida, en la Diócesis de Tréveris; el Instituto del Buen Pastor de Burdeos que reúne sacerdotes, seminaristas y fieles, algunos salidos de la Fraternidad San Pío X. Están muy adelantados los trámites para el reconocimiento de una comunidad contemplativa, el Oasis de Jesús Sacerdote, de Barcelona.
En América Latina, como es bien conocido, debemos agradecer al Señor por el regreso de toda una Diócesis, la de Campos, antes lefevriana que ahora, después de cinco años, presenta buenos frutos. Ha sido un retorno pacífico y los fieles que se han inscrito en la Administración Apostólica, están contentos de poder vivir en paz en sus comunidades parroquiales; más aún, en efecto algunas diócesis brasileñas han hecho contactos con la Administración Apostólica de Campos que ha puesto a su disposición sacerdotes para la cura pastoral de los fieles tradicionalistas en sus iglesias locales. El proyecto del Santo Padre ha sido ya parcialmente probado en Campos donde la cohabitación pacífica de las dos formas del único rito romano en la Iglesia es una bella realidad. Tenemos la esperanza de que tal modelo produzca buenos frutos, también en otros lugares de la Iglesia donde viven juntos fieles católicos con sensibilidades litúrgicas diversas. Y esperamos, además, que tal modo de vivir juntos atraiga también aquellos tradicionalistas que todavía están lejos.
Los miembros actuales de la Comisión son los Sres. Cardenales Julián Herranz, Jean-Pierre Ricard, William Joseph Levada, Antonio Cañizares, e Franc Rodé. Son consultores los Subsecretarios de algunos Dicasterios.
Hasta ahora han estado bajo Ecclesia Dei varias comunidades dispersas por el mundo. 300 sacerdotes, 79 religiosos, 300 religiosas, 200 seminaristas y varias centenas de miles de fieles. Curiosamente aumenta el interés de los jóvenes en Francia, Estados Unidos, Brasil, Italia, Escandinavia, Australia y China. En el momento del regreso, de Campos han pasado 50 sacerdotes, unos cincuenta seminaristas, 100 religiosas y 25.000 fieles.

Hoy el grupo de los lefevrianos consta de 4 Obispos que fueron ordenados por Mons. Lefebvre, de 500 sacerdotes y 600.000 fieles. Al grupo se unieron igualmente varios monasterios contemplativos y algunos grupos religiosos masculinos y femeninos, tienen parroquias (los llaman prioratos), seminarios y asociaciones. Están presentes en 26 países.
Pidamos al Señor que este proyecto del Santo Padre pueda realizarse pronto para la unidad de la Iglesia.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención del Emmo. Sr. Cardenal D. Renato R. Martino
Presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz»


Saludo
En nombre de Su Eminencia, el Cardenal Renato R. Martino, Presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» saludo cordial y respetuosamente a los Eminentísimos Señores Cardenales, a los Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a los queridos fieles laicos y a todos los participantes en esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
Es para mí un gran honor presentar a su consideración la reflexión que el Cardenal Presidente de «Justicia y Paz», desde el ámbito del trabajo de este dicasterio de la Santa Sede, quiere aportar, con la esperanza y el deseo de que sea útil para los trabajos de esta importante Asamblea.

1. Realidad de América Latina y el Caribe
Diversos y valiosos análisis de la realidad de América Latina y el Caribe se han realizado, tanto por parte de los gobiernos, los organismos internacionales u oficinas eclesiales, como por ejemplo el Observatorio del CELAM. No quiero presentarles datos que ya se conocen, sólo me limito a señalar algunas coincidencias que he encontrado en muchos de los Informes socioeconómicos y políticos que existen.
En los países de la región constatamos, como en la mayor parte de nuestro planeta, un cambio rápido y profundo. Un cambio que no siempre es para bien debido a la falta o a la insuficiencia de instrumentos adecuados que acompañen y gobiernen dicho cambio, orientándolo hacia la construcción de estructuras sociales, económicas y políticas, dignas de la persona humana.
Es por ello que en campo económico, a la vez que constatamos la existencia de un crecimiento económico y que estas tierras producen riqueza suficiente para todos, constatamos también que siguen creciendo las desigualdades en el acceso a los bienes de la tierra. No es ningún secreto que en algunos de los países de América Latina se registran los más altos índices de desigualdad del mundo. Por lo tanto, la cuestión del desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres de estos países sigue sin resolverse, más aún, en algunas realidades nacionales se ha agravado. Cabe subrayar que la situación de subdesarrollo de muchos y de superdesarrollo de pocos, no es una cuestión sólo económica, sino que tiene causas de orden moral, y por lo tanto representa un desafío pastoral para la Iglesia.
En campo político, América Latina y el Caribe ha dejado atrás las dictaduras militares, y la mayor parte de sus países ha optado por el sistema democrático. Somos testigos del desarrollo de los ordenamientos institucionales típicos de los sistemas democráticos, sin embargo éstos son todavía frágiles en la mayoría de los países y expuestos constantemente a derivas ideológicas, tanto de corte populista como neoliberal, con una clase dirigente y aparatos estatales de baja credibilidad y altos índices de corrupción. No existe todavía, un liderazgo político sólido capaz de aumentar la confianza de los ciudadanos en las instituciones publicas.
Asistimos también a una gran apertura y vivacidad cultural en los Pueblos latinoamericanos y caribeños, sin embargo el secular, y en muchos casos milenario, itinerario histórico que ha dado origen a los rasgos característicos de cada uno de estos pueblos, y a los valores que sustentan sus culturas, se enfrentan hoy a la gran amenaza de la homologación cultural o de la igualación sobre la base de los peores modelos de vida provenientes de Norteamérica o Europa, debido a la fascinación que tales modelos ejercen entre las poblaciones latinoamericanas y caribeñas. Las sociedades de estos pueblos conservan todavía un gran aprecio por la familia tradicional y un gran respeto por la vida –desde su concepción hasta su muerte natural–, sin embargo no están exentas del peligro influjo de las políticas globales emprendidas contra la familia y la vida.
2. Misión de la Iglesia y doctrina social
La Iglesia, que es intrínsecamente misionera, como parte de su misión está llamada a acompañar estos cambios, a veces dramáticos, con la gracia del anuncio del Evangelio, recordando siempre que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre» . Y ya que su misión no consiste sólo en anunciar con la palabra sino también con la vida, el anuncio cristiano está íntimamente unido a la promoción humana, al compromiso por la justicia, la paz y la solidaridad. El compromiso de la Iglesia en defensa y promoción de la dignidad humana no se basa en razones sociales, ni se debe a una moda más o menos pasajera, no se fundamenta en ninguna ideología ni está vinculado a cuestiones de prestigio. Ni siquiera se trata de un tema puramente moral, en cuanto exigencia de comportarse en modo correcto. Es el mandamiento supremo de la caridad, principio fundamental de la fe cristiana, el impulso principal que la guía en su esfuerzo de búsqueda y compromiso para contrarrestar y abrogar todo aquello que vulnere la dignidad del hombre, principalmente del más débil. Por lo tanto, el cuidado y la preocupación de la Iglesia ante toda situación de pobreza y de miseria, no constituye para Ella un oportunismo, sino una obligación que deriva directamente de la fe en Dios, Creador, Providente y Redentor. Una fe que tiene sus exigencias morales en el campo social.
La Iglesia, en su misión primordial y prioridad suprema de evangelizar, cuenta con un instrumento esencial: la doctrina social de la Iglesia. Esta enseñanza forma parte de su misión y es instrumento de evangelización porque ilumina la vivencia concreta de nuestra fe . Las cuestiones sociales enumeradas al inicio de esta intervención corroboran las palabras que Juan Pablo II decía al inaugurar la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericana, reunida en Puebla: «una de las más vistosas debilidades de la civilización actual está en una inadecuada visión del hombre» , y en esa misma ocasión invitaba a confiar en la doctrina social de la Iglesia, aun cuando «algunos traten de sembrar dudas y desconfianzas sobre ella, estudiarla con seriedad, procurar aplicarla, enseñarla, ser fiel a ella es, en un hijo de la Iglesia, garantía de la autenticidad de su compromiso en las delicadas y exigentes tareas sociales, y de sus esfuerzos en favor de la liberación o de la promoción de sus hermanos» .
¿Por qué tanta insistencia en no relegar estas enseñanzas? ¿por qué los cristianos tienen que recurrir a ella para evangelizar?
Porque la doctrina social no es una filosofía ni una ideología, porque «anuncia a Dios y su misterio de salvación en Cristo a todo hombre y, por la misma razón, revela al hombre a sí mismo. Solamente bajo esta perspectiva se ocupa de lo demás» . Porque nace del Sí de Dios al hombre, del proyecto de amor de Dios por el hombre, proyecto confiado sobre todo a la Iglesia. Porque la doctrina social de la Iglesia nace de la fe cristiana, es decir de las palabras y de la praxis de Jesús y de su anuncio pascual de liberación del pecado y de la muerte, porque nace de una promesa de vida nueva, que implica necesariamente las relaciones sociales entre los hombres. Porque la doctrina social se nutre del Evangelio, de la luz de Cristo y de los problemas humanos, de la Iglesia y del mundo, porque interesa a la vida de la Iglesia en el mundo y es expresión de la caridad de la Iglesia hacia el mundo. He aquí algunas de las razones por las cuales la doctrina social no es marginal para la vida crisitiana, ni es ajena a la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso ella está estructuralmente vinculada con la liturgia y la catequesis, con la oración y la espiritualidad cristianas y es el corazón de la pastoral social. La doctrina social es también el instrumento mediante el cual las comunidades cristianas se vuelven sujetos de cultura social y política: los laicos crisitanos encuentran en ella la referencia común para su compromiso en las realidades temporales.
Es verdad que no corresponde a la Iglesia proponer medidas concretas de orden político o económico, pero también es cierto que tiene el derecho y el deber de iluminar las conciencias de los hombres y de las mujeres para ayudarles a descubrir en su vida cotidiana las condiciones para que las estructuras en que viven sean conformes con su dignidad, los espacios que se deben crear para que madure una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

3. Propuestas
Esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano constituye una ocasión oportuna para consolidar el “nuevo impulso” que la doctrina social conoce en el continente latinoamericano. Un “nuevo impulso” que se ve favorecido por la amplia difusión y magnífica acogida que ha tenido el Compendio de la doctrina social, como he tenido oportunidad de constatar durante el I Encuentro Continental de presentación del documento en la Ciudad de México, y en tantas otras ocasiones en varios países de la región. Al respecto, me permito señalar que el Santo Padre, Benedicto XVI en su Mensaje a los participantes del citado Encuentro en la Ciudad de México, apoyó y reforzó este proceso de consolidación y relanzamiento de la doctrina social de la Iglesia, lo mismo ha hecho en su primera encíclica, y en varios de sus discursos, el último de ellos que me ha tocado escuchar personalmente fue el que dirigió a los jóvenes latinoamericanos y caribeños, el pasado jueves 10 de mayo.

Desde esta perspectiva creo que es oportuno hacer algunas propuestas:
Será muy importante que la doctrina social se inserte adecuadamente en los itinerarios formativos tanto de los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, como de los catequistas y laicos comprometidos. Una seria formación social vinculada a la doctrina social de la Iglesia, desalienta la referencia a las ideologías en turno;
Será igualmente oportuno incrementar los instrumentos formativos en doctrina social, en las comunidades parroquiales, en las pequeñas comunidades eclesiales, en los grupos, movimientos y asociaciones laicales. De mucho provecho será también consolidar –o instituir donde no existan todavía– las estructuras dedicadas a la doctrina social a nivel universitario y con carácter rigurosamente científico, de manera que el pensamiento social católico pueda confrontarse y dialogar con la filosofía y con las ciencias humanas contemporáneas que tanto repercuten en el ethos cultural de nuestros días;
Será necesario que la doctrina social sirva como referencia esencial en la acción pastoral encaminada a formar para el compromiso social y político de los fieles laicos católicos, en la perspectiva de cultivar un liderazgo social y político más sólido y cristianamente inspirado para el continente latinoamericano. Pastores y fieles en estrecha comunión están llamados a colaborar en la transformación de las estructuras injustas, cada uno desde su estado y condición. Muchas gracias. EV, 29.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención de Mons. Stanislaw Rylko - Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos

Mis más cordiales saludos a los Señores Cardenales Presidentes de esta Conferencia, a todos los hermanos en el episcopado, a todos los participantes! Me siento muy honrado, como Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, de compartir la vida y los trabajos de este importante evento eclesial. Permítanme que dirija un saludo muy especial a los laicos presentes en la Conferencia. En cierto modo son representantes y protagonistas de esa fuerte corriente de mayor conciencia, responsabilidad y participación de los fieles laicos en la vida y misión de la Iglesia de la renovación promovida por el Concilio Vaticano II.
Para comprender la situación actual del laicado latinoamericano no se puede no evocar las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano pues constituyen los pilares fundamentales en la vida de la Iglesia en este continente. La Conferencia en Medellín (1968) buscó las vías de la aplicación del Magisterio conciliar a la realidad latinoamericana. Lejos de una “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”1, se experimentó siempre una continuidad renovada que reflexiona ante los nuevos desafíos que se presentan. Con especial novedad y dinamismo emergen lo temas de los “pobres”, de la “liberación”, de la “comunidades eclesiales de base”, de las consecuencias sociales del seguimiento de Cristo y del compromiso político en transformaciones que se consideran urgentes y profundas. No faltaron interpretaciones y desviaciones posteriores con un reduccionismo soteriológico a la clave ético-social o política o la primacía de la misma sobre el acontecimiento salvífico.
El giro especialmente significativo fue que la mirada y la solicitud pastorales de la Iglesia no se concentraron sólo en las minorías laicales "comprometidas", en las élites de los "militantes", sino que se tomó conciencia de la responsabilidad ante un multitud de bautizados donde la tradición católica estaba muy arraigada pero poco cultivada. Se revalorizó la piedad popular como acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. Ésta se redescubrió como una modalidad de inculturación de la fe católica y de un laicado que expresa su fe comunitariamente a través de gestos, símbolos, palabras, criterios. La cuestión crucial resulta, pues, la de custodiar, reformular y revitalizar el patrimonio de la fe, esa mayor riqueza de los pueblos latinoamericano, que se expresa en casi el 90% de sus bautizados, que son poco menos de la mitad de los bautizados en toda la Iglesia católica.
Vienen los tiempos de la Conferencia en Puebla 1979) y después en Santo Domingo (1992), bajo la guía del pontificado de S.S. Juan Pablo II. Los Pastores saben bien que el patrimonio de este "continente de la esperanza" se ve asediado por causa de fuertes corrientes de descristianización inducida por una cultura dominante a nivel global cada vez más lejana y hostil a la tradición católica. Al mismo tiempo constatan la expansión y proliferación de comunidades evangélicas y la catequesis y la de superar el deslizamiento reductor del cristianismo hacia un moralismo exacerbado, un mesianismo político, un sincretismo ideológico. Puebla y Santo Domingo expresan el anhelo de reafirmar la identidad cristiana y la misión de la Iglesia para suscitar una nueva evangelización que haga de la presencia de Cristo una realidad más evidente, persuasiva e influyente en la vida de las personas, las familias y los pueblos.
La Conferencia de Aparecida (2007) en cambio, quiere ser un llamado fuerte a un regreso a lo esencial del ser cristianos. ¡Qué importante es en nuestro mundo lleno de falsos maestros que seducen y engañan con tantas falsas promesas de felicidad y de "salvación" a bajo preciso, que los fieles laicos sepan descubrir en Cristo al único verdadero Maestro y Señor que "tiene palabras de vida eterna" ( cfr. Jn. 6, 56) y de descubrirse a sí mismos como sus discípulos! El discípulo es aquél que entra en comunión de vida con Cristo-Maestro. Benedicto XVI en la Encíclica Deus caritas est nos enseña: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (n. 1).
1. Sabemos bien que hoy existe una ingente y capilar generosidad en el laicado católico latinoamericano. Se destaca en muchas familias, en el empeño de numerosísimos catequistas, en la viva participación en las parroquias, en las comunidades cristianas, en redes de solidaridad junto a los más pobres. Parece de suma importancia tener presente la necesidad y exigencia de una renovada, más coherente e incisiva presencia de los fieles laicos en los areópagos culturales y escenarios políticos en los que se desarrolla la vida de las naciones. Al mismo tiempo, Latinoamérica habiendo ya vivido el encuentro de diversas culturas con el Evangelio, tiene un rol histórico fundamental en el proceso de globalización en el cual vivimos. Hay enormes tareas pendientes, que Ustedes, Pastores de los pueblos latinoamericanos, conocen mucho mejor que yo, en pos de una cultura de la vida, de un auténtico desarrollo, de una lucha contra la pobreza y una mayor equidad, de procesos de inclusión social, consolidación democrática e integración latinoamericana. Dala impresión en vuestras tierras que existen no pocos dirigentes políticos que se declaran "católicos", más por la búsqueda de consenso o como tributo a la tradición de las naciones que como verdadera asunción de responsabilidad y coherencia a la luz de la fe y de la doctrina social de la Iglesia. Tampoco ofrecen sólidos fundamentos de construcción los sub-productos hiper-individualistas de la sociedad de consumo, con su relativismo político y moral. Hoy más que nunca se requiere una atenta formación cristiana, un fuerte arraigo y alimento comunitario, un agudo discernimiento a la luz de la fe y un compromiso coherente, competente y valiente en la vida pública por parte de nuevos sectores laicales. En este sentido, el Compendio de la doctrina social de la Iglesia es un instrumento de gran valor. Sostenidos por sus Pastores, el testimonio de los laicos ha de brillas en escuelas y universidades, en los ambientes de trabajo, en los medios de comunicación, en los movimientos sociales y en la política mostrando la fuerza transformadora de la fe y de la caridad al servicio del bien común.
2. América Latina vive con grande intensidad de nueva estación agregativa de los fieles laicos con transformaciones significativas2. La Acción Católica sufrió una pérdida de vitalidad y en muchos países se extinguió. Las comunidades eclesiales de base, después de una fuerte experiencia participativa allí donde la presencia institucional y social de la Iglesia resultaba escasa o ausente, también han ido perdiendo vitalidad, sobre todo cuando ha prevalecido el interés político y se han ido abriendo los cauces de renovadas formas de participación en procesos de democratización. Desde los años ochenta también se difunden con vigor en América Latina los nuevos y muy diversos movimientos y comunidades eclesiales, con los "Cursillos de Cristiandad" como precursores. Sea Juan Pablo II como Benedicto XVI los consideran "providenciales" en cuanto riqueza carismática, educativa y misionera para bien de la Iglesia y los pueblos. Al considerarlos también "providenciales" en esta hora de América Latina, le importó mucho al Consejo Pontificio para los Laicos y al CELAM realizar en Bogotá en marzo del 2006, el Primer Congreso latinoamericano de movimientos eclesiales y nuevas comunidades como contribución importante en el camino de preparación a esta Conferencia. Estamos muy contentos que entre las categorías de participantes a esta Conferencia se encuentre por primera vez la de los representantes de estar realidades tan importantes. De ellos mucho se puede aprender en cuando métodos, caminos y escuelas de formación y acompañamiento de discípulos y misioneros del Señor. Considero que los movimientos y nuevas comunidades que han surgido bajo el influjo del Espíritu Santo en estas tierras latinoamericanas son un verdadero signo de esperanza. Éstos han ofrecido a Latinoamérica un fuerte impulso misionero y una gran fantasía misionera en la presentación del anuncio de Cristo y en la formación en la fe , cooperando con fidelidad a la misión de la Iglesia no sólo en América Latina sino en el mundo entero. En el providencial designo de salvación hoy diversas comunidades surgidas en Latinoamérica se encuentran en lugares descristianizados como Europa y Norte América, ofreciendo con su testimonio y anuncio aquella fe que a su vez recibieron desde la evangelización constituyente, expresión de la ley de la traditio y redditio. Al "cristianismo cansado" y desalentado responden con una fe llena de alegría, entusiasmo y valentía. Frente a un cristianismo cerrado en sí mismo, pasivo y lleno de miedo, responden con una fe propositiva, misionera y sin falsos complejos de inferioridad frente al mundo. Los movimientos por lo tanto, no son un "problema" - como a veces se escucha repetidamente -, sino más bien un don y como don ha de ser acogido en las Iglesias locales. El Papa Benedicto XVI insiste que "las Iglesias locales y los movimientos no son opuestos entre sí, sino que constituyen la estructura viva de la Iglesia"3 y por tanto exhorta a los pastores a "salir al encuentro de los movimientos con mucho amor"4.
3. Permítanme dejar planteado, a la conclusión de esta intervención, tres prioridades que son muy importantes para el Papa Benedicto XVI. La primera es que se reconozca que la cuestión humana decisiva, en cualquier circunstancia, es la cuestión de Dios. En ese reconocimiento está en juego el primado de Dios y la única verdadera respuesta al drama de la existencia de la persona y los pueblos. No hay nada más real que Dios mismo, una realidad sin la cual nada puede ser bueno para el hombre. El Santo Padre Benedicto XVI dirigiéndose a los obispos suizos señaló que <>5. Tenemos siempre la tentación de remover ese primado en función de nuestras urgencias y proyectos humanos. Si se construye fuera de esa centralidad y primado se construye contra la persona y contra el bien de los pueblos. ¡Primero Dios!... y todo lo demás se dará por añadidura.
La segunda prioridad es la de lograr ser testigos, comunicadores y educadores de la belleza de ser cristianos. ¿A qué otra cosa tiende la razonable persuasión de las enseñanzas de Benedicto XVI sino a ayudar a redescubrir a todo bautizado la dignidad, belleza y alegría de ser cristianos? Cuando un periodista preguntó al Santo Padre antes de su viaje a Colonia, qué es lo que quería comunicas en la Jornala Mundial de la Juventud del 2005, Benedicto XVI respondió sintéticamente: ¡que ser cristiano es bello! Como lo dijo en la primera homilía de su ministerio petrino: <>.6 Sólo desde la experiencia y certeza de esa belleza y alegría en la propia vida, brota la gratitud y el ímpetu misionero de compartir con todos el don del encentro con Cristo.
La tercera prioridad es que sin identidad profunda y fuerte de personas y pueblos nada de bueno se construye. A los Pastores nos corresponde sobre todo alimentas la identidad cristiana, católica, de los bautizados, para que se conviertan efectivamente en auténticos discípulos y, por eso, misioneros del Señor. Los fieles laicos están llamados a ser lo que son desde su identidad sacramental. Es fundamental pues, que vivan toda su vida como vocación. Bien afirma la exhortación apostólica post-sinodal Christifideles laici: "La inserción en Cristo por medio de la fe y de los sacramentos de iniciación cristiana es la raíz primera que origina la nueva condición del cristiano en el misterio de la Iglesia, que constituye su más profunda fisionomía, que está en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana de los fieles laico" (n.9). Por eso, "no es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del bautismo, sacramento de la fe, para que pueda vivir sus compromisos según la vocación recibida de Dios" (n.10). Hay que repensar y relanzar, pues, los itinerarios de iniciación y reiniciación cristiana, no sólo para los niños sino también para los jóvenes y adultos, que, en la comunidad cristiana y a la luz de la Palabra de Dios encuentran su fundamento en el bautismo, los dones del Espíritu Santo en el sacramento de la confirmación y su culminación en el sacramento de la Eucaristía, fuente y vértice de toda la vida eclesial, de toda vida cristiana. Nada más importante que suplicar la misericordia de Dios, la gracia de su Espíritu y la compañía del Señor Jesús, confiándonos a la intercesión de la Santísima Virgen Maria, para que todos nuestros trabajos y desvelos lleguen a buen fin.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención de su Eminencia el Señor Cardenal López Trujillo

Queridos hermanos en el episcopado, en el sacerdocio y en el bautismo: la pastoral de la familia y de la vida tiene dos campos complementarios: Uno, pastoral, dentro de la Iglesia, por fortuna ya vigoroso en América Latina, aunque es preciso fortalecerlo, para hacerlo más dinámico, coordinado y eficaz, tanto en las Conferencias Episcopales, en las Diócesis con una buena acción parroquial, con la preciosa colaboración de los movimientos. El sábado pasado en Italia tuvo lugar el Family Day, con más de un millón y medio de personas. También en América Latina en algunos países se realizan encuentros similares. Sería importante que en todos se realizara un día de la familia y de la vida. En nuestro dicasterio, por el continuo estímulo del Santo Padre, se difunde nuestro Lexicon, en varias lenguas, incluso en árabe. Ya se terminó en portugués y esperamos darlo a conocer en estos días. Será sin duda de gran utilidad pues es lo más completo para aclarar en más 1200 páginas las ambigüedades y el lenguaje falaz orweliano. Tenemos dos libros voluminosos de más de 700 páginas, sobre los cursos realizados en casi toda América Latina y en el mundo.
Quisiera ahora referirme al segundo campo, referido a la familia y a la sociedad. Distribuiremos ahora un subsidio que preparamos para esta Conferencia sobre las legislaciones en América Latina hasta el mes del pasado abril inclusive. Podremos ver el inmenso desafío que tenemos por una mentalidad contra la familia, con nuevos y enormes retos, nunca antes conocidos, y contra la vida. Como Benedicto XVI lo recordaba, con la penosa ausencia de políticos cristianos, decididos a dar un necesario testimonio. Muchos años trabajé en el CELAM, desde la Conferencia de Medellín. Nunca imaginé que hubiera tan dolorosa transformación desde los gobiernos y los parlamentos, en una conjura que convierte el delito en derecho. Quieren introducir falsos nuevos derechos en nombre de la no discriminación. Son pocos los países que representan hasta el momento honrosas excepciones. Preparamos el IV Encuentro Continental de políticos y legisladores, después del de Río, México y Buenos Aires nutridas y con participantes de todos los partidos políticos. Los obispos tenemos que dialogar y, en lo posible persuadir con una gramática básica a la que se refirió el Siervo de Dios Juan Pablo II en la ONU, con quienes tienen una responsabilidad para el bien común de los pueblos. Es deber nuestro recordarles el número 83 de la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis sobre la coherencia eucarística que tiene que interpelar gravemente a políticos y legisladores obligados moralmente a dar un testimonio coherente y cuando son ellos la fuente de leyes inicuas no deben recibir la eucaristía negando valores imprescindibles sobre los cuales la Iglesia no puede negociar. Los gobiernos, los medios de comunicación y tantos que socaban nuestra sociedad no pueden silenciarnos. El peligro crece. ¿Estamos todos suficientemente conscientes del gran reto? ¿Las leyes revelan una visión del hombre, una “moral” implícita que busca imponer proyectos contra el bien del hombre y la mujer en el bien común de los pueblos? Pululan falsas “definiciones” de la familia y de la vida, que aprisionan la verdad en nuevas ideologías. Como pastores hemos de ser salvaguarda de la Verdad, del Evangelio y ser portadores de esperanza que ojalá no la roben a nuestros pueblos. Hacen falta políticas familiares, sobre todo para proteger y ayudar a las familias pobres latigadas por una economía inhumana en el mundo y en nuestros países.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención de S. EM. R. Paul Cardenal Poupard Presidente Del Consejo Pontifício De La Cultura y Del Consejo Pontificio
para El Diálogo Interreligioso


Eminentísimos y Excelentísimos Hermanos en el Episcopado,
Queridos Hermanos y Hermanas en el Señor,
Delante a los desafíos gigantescos que se presentan a la Iglesia en América Latina y el caribe al alba del Tercer milenio, quisiera compartir con ustedes la alegría de ser discípulos y el privilegio de ser misioneros de Jesucristo, participando cinco puntos de orientación de una pastoral de la cultura en clave transversal, para una auténtica evangelización inculturada, siguiendo el modelo de María, en quien la Palabra se hizo carne.
1)- Frente la difusión mediatizada de imágenes deformes sobre Dios, el hombre, la mujer, la familia, la vida, la pastoral de la cultura propone la antropología cristiana, nacida de una experiencia de nueva iniciación en la fe. La fuerza del kerygma, la catequesis, la liturgia, la homilía dominical y la comunión son el cimiento sólido para reformular una hodierna cultura cristiana que dé nueva savia a las familias y a las comunidades de fe.
2)- Frente los alejados por ignorancia religiosa, relativismo y secularismo, que alimentan las diferentes formas de sectas, sincretismo e indiferentismo, la pastoral de la cultura propone la experiencia existencial de la “proximidad” y el acompañamiento en pequeñas comunidades de fe que generen una cultura de comunión y arraigo compartida con alegría.
3)-Frente la erosión de la vida cristiana, la pastoral de la cultura propone la presentación atrayente del Misterio de Cristo, Hijo de Dios e Hijo de María. Tanto la devoción popular, como la via pulchritudinis, son un excelente instrumento pastoral para tocar efectivamente y expresar culturalmente la dimensión de lo inefable en la vida cotidiana de una fe, plenamente acogida, totalmente pensada, fielmente vivida.
4) Frente las situaciones aplastantes de miseria y desamparo, desigualdad social y pobreza, frente al desempleo y migración de los jóvenes, a la violencia, la pastoral de la cultura promueve una cultura de la solidaridad fraterna a todos los niveles de la vida social: familiar, local, de instituciones gubernamentales, públicas y organismos privados. Una cultura de la solidariedad fraterna que afirma que su amor preferencial por los pobres implica: “promover a todos los hombres y a todo el hombre”, como lo subraya la encíclica Populorum progressio que el Papa Paulo |Sexto, me pidió presentar en mi primera Rueda de Prensa, hace cuarenta años, el martes de pascua de 1967. La cultura de la solidaridad fraterna va de la mano a una adecuada diaconía de la inteligencia.

5)- Frente la avalancha de información mediática y mentalidad virtual que generan confusión, desorientación y uniformidad cultural, incluso en las comunidades indígenas y afro americana, la pastoral de la cultura propone para una adecuada educación humana y cristiana, que abarque de la familia a la parroquia, así como, de escuela a la Universidad, los centros culturales católicos, como lugar privilegiado, para identificar y proponer, nuevos horizontes y lenguajes que toquen la fibra existencial de los latinoamericanos en una nueva cultura audiovisual.
Aquí, junto a la Madre Aparecida, “hacia una pastoral de la cultura renovada pela fuerza del Espíritu”; la savia del Evangelio de Jesucristo, posee un suplemento de alegría y belleza, de libertad y sentido, de verdad, de bondad, de amor para las culturas de Latinoamérica y el Caribe. Vivir y participar la amistad con Cristo, es evangelizarla cultura con la parresía propia del apóstol, inundando los ambientes de la familia, la educación, la comunicación, la vida pública, los escenarios de migración, de culturas rurales, indígenas y afro americanas, y la cultura adveniente en las grandes megápolis, con la experiencia de fe en el Resucitado. Evangelizar la cultura nace del amor apasionado a Cristo encontrado en la oración, celebrado en la liturgia eucarística dominical, más conocido y amado en la homilía que acompaña al Pueblo de Dios en al misión de inculturar el Evangelio en la historia, ardiente e infatigable en la caridad samaritana que conforta a los hermanos heridos en la vida.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO



Intervención del Sr. Cardeal Cláudio Hummes, OFM, Prefecto de la Congreg. para el Clero

1. Situación social y económica
La globalización, hoy vigente en el mundo, llegó también a América Latina y al Caribe, pero con altos costos sociales. De hecho, para adecuarse a los nuevos tiempos en los que el mercado es soberano, los países emergentes tuvieron que hacer grandes ajustes para la apertura de su economía al mercado globalizado y esto exigió enormes costos sociales, entre ellos, una devastadora destrucción de lugares de trabajo, generando un nuevo ejército de desempleados que se sumó a lo ya crónico desempleo. El desempleo es quizás la mayor y más fuerte llaga social del continente. No se niega que la globalización haya traído también beneficios y progreso, pero para una parte significativa de nuestra población trajo un desempleo sin perspectivas. Meses atrás fue publicada en São Paulo una pesquisa social que mostró haber en el Gran São Paulo un millón de jóvenes sin trabajo y sin escuela, no porque no quieran trabajar y estudiar, sino por la falta de oportunidad. Lamentablemente, muchos de estos jóvenes terminan en la droga y en la violencia.
Todo esto indica que la Iglesia deberá empeñarse aún más en la solidaridad para con los pobres, a la luz de Jesucristo. La opción por los pobres, no ideológica sino orientada por la Doctrina Social de la Iglesia, continúa actualísima. Además, el Santo Padre en su discurso inaugural de esta V Conferencia subrayó que “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica”.
2. La nueva situación política
Hoy, en un mundo globalizado, en que se forman nuevas agrupaciones de países, mediante tratados de libre comercio y hasta mismo cierta unión política, también América Latina busca unir sus países, sea con tratados de libre comercio, como el Mercosur, sea buscando también una unión política del continente, a semejanza de la Unión Europea. Esta búsqueda de mayor unidad se volvió imperativa, promisoria y positiva para que el continente tenga un porvenir real. La Iglesia Católica, que desde el tiempo colonial siempre unió estos pueblos bajo el aspecto religioso, podría ofrecer su experiencia y su luz evangélica para este proceso de unión.
3. La nueva situación religiosa
De un lado, la cultura post moderna y urbana está en expansión en América Latina y hace sentirse principalmente en las capas más instruidas de la población, en los medios y en la política. Se caracteriza por un individualismo y subjetivismo extremados, que se manifiestan en el pluralismo, en el relativismo, en el secularismo y en el permisivismo moral, bajo el pretexto de una autonomía subjetiva que rechaza la normatividad de una verdad fundante y universal. Al mismo tiempo, crece un laicismo militante y anti religioso.
Por otro lado, las Sectas pentecostales y neo pentecostales se expanden. De hecho la Iglesia Católica perdió, por ejemplo, en Brasil, en las últimas décadas anualmente cerca del 1% de sus miembros, sabiéndose que la mayoría pasó a las Sectas. Hay que añadir que las Sectas crecieron principalmente en las periferias urbanas pobres.
No se trata de hacer un conflicto con las Sectas, pero de preguntarnos lo que podemos hacer nosotros para ir al encuentro de los católicos alejados y de los pobres de nuestras periferias para revitalizar su fe católica. La falta de evangelización de aquellos que nosotros bautizamos es la causa principal de este fenómeno. También la pobreza y el desarraigo social y religioso del pueblo que vino del campo para las periferias pobres de la ciudad, son otra causa. A todos éstos, las Sectas buscan atraer.
Urge también una evangelización adecuada de los jóvenes y del mundo de la educación. Allí se forma el porvenir de la sociedad. Igualmente, necesitamos evangelizar el mundo de los medios, los grandes medios de comunicación, que forman la opinión pública.
4. Propuesta
Todo indica que el tema de esta V Conferencia “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan vida”, fue una elección muy acertada. De hecho, la Iglesia en América Latina y en el Caribe necesita decidirse a ser resueltamente una Iglesia misionera adentro de su propio territorio, para salir en búsqueda de los católicos alejados y de todos que poco o nada conocen de Jesucristo y su Reino. Es necesario organizar los laicos de las parroquias, darles una formación básica sobre el kerigma evangélico y con una metodología misionera adecuada enviarlos a visitar a las familias, sobretodo en las periferias pobres. Es necesario oír las personas que tanto tienen a decirnos sobre sus sufrimientos y miserias, sus alegrías y aspiraciones, después rezar con ellas, anunciarles de nuevo la persona de Jesucristo y conducirlas a un fuerte encuentro personal y comunitario con Cristo, para despertar la adhesión personal a Él y así se vuelvan sus discípulos. Nuestro pueblo necesita sentir más el calor y la proximidad de su Iglesia. Al mismo tiempo, será necesario ejercer una solidaridad concreta y eficaz para con los pobres, pues evangelización y promoción humana no pueden separarse.
Esta V Conferencia debiera, por lo tanto, decidirse por una gran misión continental permanente, como le viene siendo sugerido por muchos que participaron vivamente de su preparación.
Para esta misión los presbíteros y los diáconos permanentes serán agentes fundamentales e indispensables en las parroquias y en los diversos ambientes de la sociedad. Ellos serán decisivos para el éxito de la misión. La formación en nuestros seminarios y la formación permanente de nuestro clero deberían asumir como tarea urgente el despertar de este espíritu misionero.
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V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervención del Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Chile en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe


Aparecida, 15 de mayo de 2007


1) Hablo en nombre de los 32 Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, que servimos en 27 circunscripciones eclesiásticas, 26 territoriales más el Obispado Castrense.

2) Hemos llegado a Aparecida con la inmensa certeza de haber sido convocados por el Señor a vivir un nuevo Pentecostés. Reunidos, como estamos, en nombre de Jesús nos confirman en esta convicción la cercanía y acompañamiento de Nuestra Señora de Aparecida, en ésta su casa; la comunión afectuosa con el Sucesor de Pedro y saber que contamos con la oración y el afecto de nuestras Iglesias.

3) Tenemos conciencia de vivir tiempos de grandes y hermosos desafíos. Pero también de sombras. Nuestros pueblos -el chileno incluido- no están contentos. Hay muchos signos de desesperanza e incluso de ira. El modelo socio-económico neo-liberal favorece a las minorías ricas en desmedro de las mayorías empobrecidas. Y si bien en algunos países el porcentaje de quienes viven bajo la línea de pobreza ha disminuido -Chile, por ejemplo- sin embargo la brecha de creciente inequidad se acentúa peligrosamente, particularmente en el tema fundamental de la educación, y especialmente en las barriadas de las grandes ciudades, en el campo y entre las poblaciones originarias. Por otra parte, el sistema democrático recuperado -no sin sufrimiento- en casi todos nuestros países, no ha cumplido las expectativas que en él habíamos puesto. En efecto, la llegada de la democracia no ha favorecido, como se esperaba, la participación, y nuestros conciudadanos se sienten marginados de las grandes decisiones que afectan su vida y el futuro de sus hijos. Mientras tanto contemplan a una clase política desprestigiada -según lo señalan reiteradamente las encuestas- enredada muchas veces en temas menores y con gran apetito de poder. Esto ha favorecido el surgimiento, en algunos países, de gobiernos que los politólogos califican de “populistas”.

4) La situación de la Iglesia es paradojal. Si bien todavía congrega a la mayoría del pueblo Latinoamericano y del Caribe, porque ha sido su Madre y defensora, sin embargo ha ido disminuyendo paulatinamente el porcentaje de sus miembros, que han buscado acogida en otras confesiones religiosas y no pocas veces en sectas. Aunque nuestros templos están llenos -sobre todo para las grandes fiestas- y a nuestros Santuarios, particularmente a los Marianos, acuden miles y miles de fieles -generalmente los más pobres- no debemos engañarnos. Vivimos arremetidas culturales que pretenden desterrar el sustrato religioso y cristiano de nuestra cultura. La sociedad sin Dios, egoísta y deshumanizante que ha llegado hasta nosotros, ha calado profundamente en nuestras sociedades, tanto en el ámbito del pensamiento, de las leyes, como en la vida diaria, y ha dañado muy profundamente a la familia. En este contexto, no es de sorprender que la enseñanza de la Iglesia no sea escuchada tanto en la vida pública como privada.
Sin embargo creemos que no basta con estas explicaciones. Nos parece, en efecto, indispensable hacer un valiente examen de conciencia respecto de nuestra fidelidad al Evangelio y a los acuerdos y orientaciones de las anteriores Conferencias Generales del Episcopado de América Latina y El Caribe. También llevar a cabo una seria evaluación de nuestra actitud como Iglesia frente a las necesidades y clamores de los pobres, de los que no comparten nuestra fe y de quienes no encuentran sentido a su vida. Debemos escuchar lealmente a nuestros detractores para discernir cuánto de verdad hay en su crítica. Y revisar, a la luz del Evangelio, nuestro estilo de vida y de acción, como también el contenido y la pedagogía de nuestra pastoral.

5) Pero nuestra Iglesia Latinoamericana y del Caribe ha sido y sigue siendo bendecida por Dios y por su Santa Madre. Una prueba manifiesta de ello, entre muchas otras, son estas Conferencias Generales del Episcopado, cada una de las cuales ha sido, en su momento, un potente y providencial soplo del Espíritu.

6) La de Río de Janeiro nos llamó a asumir el tema del crecimiento de otras religiones y las enormes carencias de los pobres, especialmente de los campesinos. Nos lanzó, también, en la gran tarea de la Pastoral Vocacional e invitó a abrir nuestras puertas a sacerdotes, consagrados y consagradas que, como misioneros, generosamente vinieron de distintos lugares de Europa. Pero quizás el fruto más significativo de ella fue el nacimiento del CELAM, con un nítido espíritu de integración en lo social, lo eclesial, y de fraternidad y comunión episcopal.

7) La de Medellín nos sorprende en la puesta en práctica del Concilio Vaticano II, especialmente la Reforma Litúrgica, la restauración del Diaconado Permanente, los inicios de las Comunidades Eclesiales, la renovación de la Catequesis y la acogida de la “Gaudium et Spes”. En Chile se viven momentos particularmente intensos en lo social, llevando adelante la promoción popular e impulsando el compromiso socio-político de los laicos. Son tiempos, también, en que empieza a reinar la ideología y la confrontación social, que lamentablemente condujeron al quiebre de la vida democrática en nuestra Patria y también en otros países del Continente, y a profundas divisiones en el clero y en la Iglesia en general.

8) La de Puebla, en nuestro país y en varios otros, se gesta en pleno gobierno militar y significa un refuerzo para asumir como un elemento claramente evangelizador la promoción y defensa de los derechos humanos. Nos impactaron los “rostros sufrientes” descritos en el Documento emanado de dicha Conferencia y reforzaron en muchas de nuestras Iglesias una pastoral social y de solidaridad que buscaba encarnar al Buen Samaritano, superando algunos conflictos ideológicos precedentes. Aportes invaluables para la acción pastoral fueron la Opción Preferencial por los Pobres, la Opción Preferencial por los jóvenes, así como la mayor preocupación por los “Constructores de la Sociedad”, que incluye también a quienes la construyen desde la base social.

9) La de Santo Domingo no tuvo, en Chile al menos, el impacto de las anteriores, quizás porque no hubo preparación suficiente en las bases de la Iglesia. Por otra parte, nuestras “Orientaciones Pastorales” ya nos habían animado a la “Nueva Evangelización” pedida por Juan Pablo II como preparación del 5° Centenario de la Evangelización del Continente. Nos ayudó, sin embargo, a profundizar en las opciones en que estábamos comprometidos, nos confirmó en las opciones pastorales por los pobres y los jóvenes, y nos hizo más sensibles respecto de la Pastoral Familiar en un Continente que estaba experimentado profundos cambios culturales.

10) La Iglesia en Chile agradece profundamente al Señor los dones con que la ha bendecido. Particularmente en estos últimos tiempos, la Visita Pastoral del Papa Juan Pablo II, de la cual acabamos de celebrar los 20 años; el fortalecimiento de la participación laical; el desarrollo del diaconado permanente; el desarrollo creciente de la animación bíblica de la pastoral; la mejor evangelización y catequesis de la devoción mariana y de la piedad popular; los progresos en la Pastoral Familiar; el testimonio de fe de los jóvenes; la educación católica, que abarca alrededor del 15% de la cobertura educacional del país; la preocupación por la Pastoral Social; el desarrollo de la Pastoral Vocacional; los avances en el Diálogo Ecuménico e Interreligioso; el florecimiento de nuevos Movimientos y Comunidades; el esfuerzo por llevar adelante una Pastoral Orgánica. Junto a todos estos signos de crecimiento de nuestra Iglesia, pensamos que los más grandes dones con que el Señor nos ha bendecido son nuestros santos: Santa Teresa de Jesús de los Andes, joven carmelita fallecida a los 20 años, con sólo diez meses en el monasterio; San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita, padre de los pobres, amigo de los jóvenes, defensor de los trabajadores, formador de laicos y promotor de vocaciones consagradas, y la Beata Laurita Vicuña, alumna salesiana fallecida a los 12 años, ofreciendo al Señor su vida por la conversión de su madre. Ellos son para nosotros modelo, estímulo e intercesores cercanos.

11) Son muchos los signos de esperanza que han precedido la celebración de esta 5ª. Conferencia de Aparecida. La esperanza es el gran don de Cristo resucitado a los discípulos de Emaús, la virtud que les permitirá caminar en la fe. Eso esperamos de este cenáculo: animarnos mutuamente en la esperanza que nos regala el Señor Resucitado; vivir un “nuevo Pentecostés” que nos colme de fe y confianza evangélica para vida de nuestros pueblos. Queremos volver a escuchar con amor las palabras de Jesús: “No teman, yo he vencido al mundo” (Juan 16, 33). Queremos buscar, en comunión de hermanos y hermanas, las líneas y la pedagogía pastoral necesaria para enfrentar los fascinantes desafíos de los tiempos que vivimos -que también son “tiempos de Dios”- para llevar a la práctica lo que el Señor nos ha planteado por medio del Santo Padre: ser “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan Vida. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.


† Gonzalo Duarte García de Cortázar ss.cc.
Obispo de Valparaíso
Vice-Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
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Atentos al grito de nuestros pueblos que piden Salvación, se fortalezca la Esperanza.

V CONFERENCIA DE APARECIDA:
EXPECTATIVAS DEL EPISCOPADO DE URUGUAY


La Conferencia Episcopal de Uruguay reunida en Asamblea, dedicó la tarde del pasado martes 24 de abril a reflexionar y expresar cuales son las expectativas que tenemos ante esta Quinta Conferencia.

1) Un presupuesto ineludible: partir de la realidad.
Ubicada en continuidad con las precedentes Conferencias, debe incidir, con decisión y compromiso, en la realidad latinoamericana y caribeña.
Para ello, un presupuesto ineludible es partir de la realidad, reconociendo tanto las luces como las sombras.
Este análisis, aun siendo eminentemente pastoral, describa, con la mayor clarividencia, la realidad concreta que viven nuestros pueblos: su pobreza, la situación de la familia, la realidad de la Iglesia, los alejados, etc.

Atento al grito de nuestros pueblos que piden Salvación, se fortalezca la Esperanza.

2) Jesucristo luz del mundo
La Persona de Jesucristo es la Luz: su vida, palabra y gestos, su pedagogía evangelizadora y sus prioridades liberadoras.
Debe aparecer claramente la teología y espiritualidad de la Encarnación, la Eclesiología que resalte la mística de la Iglesia primitiva, Iglesia una y diversa en un mundo plural.
Debemos hacer una lectura profética desde el lugar donde celebramos la Asamblea para que la Iglesia salga de aquí convertida en una Iglesia “aparecida” para vida de nuestros pueblos.
La Iglesia, desde todo lo que significa este lugar, debe aparecer fuertemente comprometida al servicio de la vida y de la esperanza; comprometida con la justicia y con la liberación.

3) Aguardamos opciones pastorales que:
• Promuevan el proceso de la iniciación cristiana, y ayude a redescubrirla a los ya bautizados necesitados de una nueva evangelización.
• nos impulsen con ardor al anuncio del Kerigma, siendo cercanos a los hermanos, dé un fuerte impulso Vocacional, que en la realidad de la diversidad de vocaciones haga tomar conciencia de que todos somos evangelizadores: discípulos, testigos y misioneros en la Iglesia y en el mundo.
• dichas opciones pastorales sean concretas, se insista en el anuncio del Evangelio, se esclarezca qué entendemos por “misión” y se preste una atención especial a los jóvenes, la mujer, los indígenas y afroamericanos.

4) El espíritu que esperamos tenga esta Asamblea.
Esta Vª Conferencia debe suscitar un proceso de conversión, personal, institucional y pastoral que haga más creíble y atractiva la vida cristiana comprometida y la voz profética de la Iglesia. Debemos responder a la pregunta cómo se “hace” un cristiano hoy, al comienzo del tercer milenio, en este Continente.
Inspirados por “Deus caritas est” y “Sacramentum Caritatis”, se despierte una conciencia más viva y clara de la identidad del cristiano, como discípulo y misionero de Jesucristo, vivida desde la necesaria y fecunda pertenencia eclesial.
Así se promoverá un nuevo ardor evangelizador en nuestras comunidades eclesiales, fruto del nuevo Pentecostés que aguardamos sea esta Vª Conferencia.


+ Carlos María Collazzi sdb
Obispo de Mercedes
Presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay
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viernes, 18 de mayo de 2007

VATICANO - AVE MARÍA, por el P. Luciano Alimandi - “La luz de Fátima en el mundo”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - “Hoy se celebra el 90° Aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora de Fátima. Con su fuerte llamada a la conversión y a la penitencia, ella es, sin duda alguna, la más profética de las apariciones modernas” (Benedicto XVI, 13 de mayo de 2007). Con estas palabras, el pasado 13 de mayo, el Santo Padre Benedicto XVI recordó el 90° Aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, mientras se encontraba en otro gran Santuario mariano: el de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, en Brasil.

Es hermoso constatar que la Madre de Jesús y Madre nuestra, de un continente a otro, se hace presente a todos sus hijos para acercarlos al corazón de la fe, que es el Señor Resucitado. También en Aparecida, bajo el signo de la mediación maternal de María en la vida de la Iglesia en todas partes, el Santo Padre ha expresamente exhortado: “permaneced en la escuela de María. Inspiraos en sus enseñanzas, buscad acoger y conservar en el corazón las luces que Ella, por mandato divino, os envía desde el cielo” (Benedicto XVI, 12 de mayo de 2007).

En Fátima, precisamente, estas luces venidas de lo alto han sido particularmente intensas y Nuestra Señora del Rosario, por voluntad divina, las han transmitido a través de los tres pastorcitos a los que se apareció en aquel lejano 13 de mayo de 1917. Entre las luces que confió a la Iglesia, encontramos aquella del 13 de mayo de 1919, cuando mostró a los tres niños el horror del infierno: “atemorizados y como invocando auxilio alzamos los ojos a la Virgen, quien nos dijo con bondad y tristeza: ‘Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere instituir en el mundo la dovoción a mi Corazón Inmaculado’.”

¡“Dios quiere instituir en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”! La razón de esta voluntad es específicamente salvífica, es decir dirigida a la salvación de las almas que, de otro modo, sin esta devoción, se perderían para siempre. El mensaje de Fátima se ha convertido para toda la Iglesia, luego de dos milenios, en una elocuente llamada a tomar mayor consciencia del destino eterno de la humanidad. A nadie está permitido permanecer indiferente frente a la falta de conversión del otro.
A esta verdad se podría aplicar la gran enseñanza de la parábola del buen samaritano que, a diferencia de los otros “tuvo compasión” del que estaba “medio muerto” a causa del ataque de los delincuentes, y se encargó personalmente de él hasta cuando se restableció completamente (cfr. Lc 10,30-35). ¡Cuánto mal ronda como “delincuente” por nuestros países y ciudades para robar y golpear empujando a las almas a la oscuridad y a la confusión!

El mensaje de Fátima nos hace responsables convenciéndonos de que nuestra oración, conversión y penitencia, mejora de manera sensible el mundo! Un enfermo que ofrece su enfermedad y recita el rosario por la paz, ¡ayuda al mundo más que un poderoso ejército empeñado en defender una frontera! “Quiero que continuéis rezando el rosario todos los días... Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no tienen quien se sacrifique y quien rece por ellas”. Este doliente reclamo de la Madre de Dios nos sacude del sopor y nos llama a ofrecer, en la cuotidianidad de nuestra existencia, los desánimos, los sacrificios, las “cosas difíciles”, los pequeños “problemas” y también los grandes sufrimientos, cuando se presentan, para salvar las almas.

Cuando rezamos, nos unimos a Jesús y nuestro sufrimiento, unido al suyo, ¡se vuelve preciosísimo! He aquí el gran mensaje de Nuestra Señora de Fátima, que ha llegado no para aumentar nuestros sufrimientos, sino para que nuestros sufrimientos adquieran un sentido salvífico llevado a todos a la redención. Si vivimos estas enseñanzas de María, entonces tendremos paz y la cruz será más ligera, porque habrá encontrado un sentido totalmente nuevo.

El mundo sin Fátima no sería el mismo: ¡quién sabe cuántas bombas atómicas habrían sido ya detonadas! Si la Virgen no se hubiera aparecido, nuestra visión, hoy en día, del mundo que nos rodea sería desoladora. Agradezcamos por ello a la Providencia divina por habernos donado en el curso de nuestra historia esta época mariana, iluminada por el mensaje de Fátima, así como por el de los Papas que han sabido aprecier y hacer propias estas luces y enseñanzas traduciéndolas, para toda la Iglesia, en múltiples llamados a la conversión y a la nueva evangelización bajo el signo de María, a quien repetidamente han encomendado y consagrado pueblos y naciones. Siguiendo la luminosa huella dejada por Juan Pablo II, el Papa del “Totus tuus”, se encuentra ahora Benedicto XVI, quien no pierde ocasión para invitar al mundo entero a la conversión, en la entrega confiada a María, la Madre de Jesús, la Virgen aparecida en Fátima que, desde el Cielo, lo protege y lo asiste. (Agencia Fides 16/5/2007; líneas 56, palabras 837)


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Artículo publicado en "Iglesia Nivariense" AB RIL 2007, número 74.

¿UN HIJO SACERDOTE?
¡QUE ALEGRIA!


Salvador Fernández


Esta frase la ha pronunciado mi esposa en bastantes ocasiones. La decía con cierto desconsuelo ya que de entre nuestra numerosa prole, ninguno ha sido llamado para ese hermoso ministerio.

Hace unos días leí la carta pastoral de nuestro Obispo con motivo del Día del Seminario, que tituló "Lo que cuesta hacer un sacerdote". No tiene desperdicio.

Dice bien cuando nos recuerda que al Seminario, donde se "hacen sacerdo¬tes", se le da el título de "corazón de la Diócesis" ya que es el órgano vital del cual depende el buen funcionamiento del cuerpo eclesial.

Comenta las dificultades por las que pasa nuestra diócesis, con 312 parroquias que son atendidas por solo 166 sacerdotes —algunos bastante mayores—, a las que hay que añadir hospitales, clínicas, movimientos apostólicos y otros servicios, recordándonos que "la mies es mucha y los operarios pocos" y que recemos por las vocaciones que, generalmente, surgen del seno de una familia cristiana.

Nuestra diócesis, nuestro Seminario necesita nuestra oración, vocaciones y también medios económicos, fruto tal vez de la época en que vivimos, donde lo que importa es lo mate¬rial, lo cómodo, lo placentero, lo que deja dinero.

No es de extrañar que, con esa mentalidad, cuando un hijo manifiesta su propósito de entrar en una Orden religiosa o en el Seminario la reacción de algunos padres sea contraria y que, en lugar de apoyar la decisión, se manifiesten contra ella.

No suele ocurrir así cuando el hijo vive en un hogar cristiano, donde se conoce y valora el hacer de una vocación

Hermosa "profesión"
que requiere una
muy sólida
y buena formación,
labor que realiza nuestro
Seminario "haciendo
al sacerdote"


consagrada. Se recibe esa decisión como una Gracia especial de Dios, del que procede la llamada a ese ministerio. Ya se sabe que su entrega vocacional priva a la familia de su cercanía, que además ha de compartir con el servicio a Dios y a la comunidad parroquial.

Pero se respeta y apoya su decisión, confortado con la oración, con el servicio, anunciador de la Palabra de Dios, consolando a enfermos, moribundos. solitarios, orientando, ilusionando, siendo instrumento de paz, de perdón y concordia.

Hermosa "profesión" que requiere una muy sólida y buena formación, labor que realiza nuestro Seminario "haciendo al sacerdote", valorando por nuestra parte el paso generoso de nuestros seminaristas.

Esta celebración, el Día del Semina¬rio, requiere el que cada uno de nosotros nos preguntemos si valoramos su hacer, si fomentamos vocaciones, si rezamos para que el Espíritu ilumine su labor, si somos generosos a la hora de prestarle nuestro apoyo económico o acallamos nuestra conciencia con un euro en la cestita, si prestamos gustosos nuestra colaboración en el hacer parroquial o nos limitamos a "cumplir" con la misa dominical —que ya es algo- pero no todo lo que debemos.

Hoy un seminarista nos habló en la eucaristía —ilusionado— de su vocación, nacida del testimonio de sus padres, de un sacerdote y de otros laicos, gracias a los cuales próximamente espera recibir el diaconado.

Es tiempo de que en lugar de estar predispuestos a criticar el hacer sacerdotal, nos dediquemos a valorarlo y a pedirle al Dueño de la mies "que envíe obreros, que la mies es mucha y los operarios pocos".
Publicado por Desconocido @ 22:32  | Artículos de interés
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DOMINGO DE PENTECOSTÉS / C
27 de mayo de 2007


Hermanos y hermanas, bienvenidos a celebrar este domingo de Pentecostés, el último día de las fiestas de Pascua. Que el amor de Dios Padre, la gracia salvadora de Jesucristo, el fuego ardiente del Espíritu estén con todos vosotros.

Aspersión: Recordemos ahora, al empezar nuestra celebración, aquel día de nuestro bautismo, el día en el que empezamos a ser cristianos. Sobre nosotros fue derramada el agua de la vida nueva; el Espíritu de Dios se unió para siempre a nuestro espíritu. Invoquémoslo hoy sobre esta agua, y respondamos a cada invocación cantando: POR
SIEMPRE YO CANTARÉ TU NOMBRE, SEÑOR, MD 109 (709).

Te alabamos, Dios creador, que por el agua y la fuerza del Espíritu diste forma y figura al hombre y al universo. R/.

- Te alabamos, oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz, hiciste manar sangre y agua, los sacramentos de nuestra salvación. R/.

- Te alabamos, Espíritu Santo, que con tu potencia impetuosa haces de nosotros hombres y mujeres nuevos, testigos del Señor resucitado. R/.

Dios, Padre, bendice a tu pueblo, purifícanos del pecado y, por medio de esta agua, reaviva en nosotros el recuerdo y la gracia del bautismo, nuestra primera Pascua. Amén.

Ahora se hace solemnemente la aspersión pasando por toda la iglesia, mientras se canta un canto apropiado. Luego, se proclama el Gloria.

Oración universal: Oremos con fe a Jesucristo resu¬citado, y pidámosle que envíe su Espíritu, sobre nosotros y sobre el mundo entero. Oremos diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

1. Para que los cristianos sepamos amarnos como Jesús nos ha amado. OREMOS:

2. Para que, guiados por el Espíritu, sintamos el gusto y el consuelo de la oración, y de la relación personal con Dios. OREMOS:

3. Para que los gobernantes, y especialmente los gober¬nantes cristianos, busquen siempre por encima de todo la paz y la concordia, y el bienestar de los que menos tienen. OREMOS:

4. Para que los pobres, los enfermos, los inmigrantes, y todos los que se sienten sin ánimo ante la vida reciban la fuerza del Espíritu Santo de Dios. OREMOS:

5. Para que el Espíritu del Señor ilumine con su luz nues¬tras inseguridades y dudas, y cure nuestras debilida¬des. OREMOS:

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y envíanos tu Espíritu Santo. Tú que vives y ..

Padrenuestro: Movidos por el Espíritu de Jesús, unido a él, nos atrevemos a decir:
Publicado por Desconocido @ 22:28  | Liturgia
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ASCENSIÓN DEL SEÑOR / C
20 de mayo de 2007


En este domingo de la Ascensión, hermanos y hermanas, que la paz y el amor de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

Jesús, el crucificado, el resucitado, ha subido al cielo. El, nuestro hermano, ha entrado en la vida de Dios. Y nosotros, que somos su cuerpo, que nos hemos unido a él por la fe y el bautismo, sentimos la alegría de contemplarle glorificado, celebramos que nuestra débil humanidad ha sido glorificada con él, y esperamos vivir un día su vida para siem¬pre.
Aspersión: Ahora, con la aspersión del agua, pediremos a Dios que renueve en nosotros la gracia del bautismo que nos unió para siempre a Jesús. (Misal pág. 1.096. Aspersión con un canto bautismal o del Espíritu).

Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino. Amén.

Gloria: Cantemos la gloria de Dios, que es paz y vida de la humanidad entera. Y aclamemos a Jesucristo, porque sólo él es el Santo, el Señor, el Altísimo.

Credo breve, cantado.

Oración universal: Unidos a Jesús, pidamos al Padre por nosotros, por la Iglesia y por la humanidad entera. Pidamos que envíe su Espíritu y nos renueve. Oremos diciendo: ENVÍANOS TU ESPÍRITU, SEÑOR.

1. Por nuestra parroquia y por nuestra diócesis. Para que crezcamos cada día en la fidelidad al Evangelio.
OREMOS:

2. Por nuestros familiares y amigos que no se sienten cristianos. Para que nosotros sepamos darles un buen testimonio de fe y de esperanza. OREMOS:

3. Por los países que sufren a causa de la guerra o del hambre. Para que puedan lograr una vida digna y en paz. OREMOS:

4. Por los periodistas y por todos los que trabajan en los medios de comunicación. Para que trabajen siempre al servicio de la verdad y de la concordia. OREMOS.

5. Por nosotros. Para que nuestra celebración de la Eucaristía sea todos los domingos un encuentro vivo e intenso con el Señor resucitado. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y envía tu Espíritu Santo, sobre nosotros y sobre toda la humanidad. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano, que resucitado de entre los muertos vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Padrenuestro: Fieles a la enseñanza de Jesucristo, nuestro Pastor y Guía, nos atrevemos



de CPL
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17 Mayo (ACI).- El Obispo de Tarazona, Mons. Demetrio Fernández, llamó a los feligreses a participar en las elecciones del 27 de mayo y señaló que el cristiano vota por programas que defienden la vida y la familia, respetan la libertad religiosa, el derecho a un salario justo y promueven la acogida a los inmigrantes.

“Examinemos detenidamente los programas de cada uno de los partidos políticos que se presentan a las elecciones. No da igual uno que otro. Aceptamos el resultado de las urnas por respeto al sistema democrático en el que vivimos, pero el cristiano, desde sus profundas convicciones de fe, da su voto a quien presenta un programa coherente con la fe cristiana”, expresó el Prelado en su “Cartas al Pueblo de Dios”.

En el texto, afirmó que un programa político debe respetar la vida en todas sus etapas, pues el aborto, sea en la fase en que se practique, “va contra la visión cristiana del hombre”.

“Apoyemos las políticas que promueven la natalidad y las ayudas a las familias para que tengan más hijos. Apoyemos los programas que atienden a los enfermos y a los ancianos en su desvalimiento. La vida es sagrada hasta su último aliento natural”, alentó.

El Prelado también pidió respeto por el matrimonio y la familia con derecho a una vivienda digna y facilidades económicas para los matrimonios jóvenes. Además llamó a apoyar las políticas que favorezcan la adopción.

Con respecto a la libertad religiosa, Mons. Fernández indicó que el fiel tiene derecho a vivir su fe en privado y en público, y transmitirla a los propios hijos. Por ello, llamó a “no apoyar a quienes atacan la fe católica en cualquiera de sus formas, o a quienes no respetan el derecho de los padres a la educación religiosa y moral de sus hijos, también en la escuela”.

Finalmente reafirmó el derecho de las personas a un trabajo digno y estable con “un salario justo para su sustento y el de su familia”, y llamó a apoyar programas que favorezcan la acogida de los inmigrantes, “facilitándoles la integración en nuestra identidad española, y respetando las justas características de sus procedencias”.

“Favorezcamos con nuestro voto la verdad, la justicia, la honradez y dejemos a un lado la mentira, la corrupción y el ‘pelotazo’. Estas elecciones son muy importantes. Pidamos luz al Espíritu Santo antes de depositar nuestro voto”, expresó.
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jueves, 17 de mayo de 2007
Carta semanal del arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente.

Los defectos de los políticos
no son excusa para no votar


Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 20 de mayo de 2007


Nadie pude excusarse en los defectos —supuestos o reales— de los políticos para desentenderse de la obligación moral de contribuir al bien común, votando y eligiendo a los legítimos representantes, tanto en la Generalitat como en los distintos Ayuntamientos. Muchas de las descalificaciones que sufren los políticos carecen de fundamento real y la vida pública también es un reflejo de cómo son las personas y las familias que la componen. La democracia requiere personas comprometidas con el bien social, y ser demócrata supone tener una concepción positiva de la función social que desempeñan los hombres y las mujeres que se dedican a la política.
La Iglesia invita decididamente a los laicos católicos a estar presentes en la vida pública. Les recuerda que viven en el mundo y que participan de los mismos derechos y deberes que todos los ciudadanos. La caridad social a la que están llamados, profundiza su vida cristiana: Dios quiere que hagan conocer y pongan a disposición de los demás los mismos dones espirituales que han recibido. De estos dones brotan actitudes que influyen positivamente en la sociedad a través de sus actividades y de sus compromisos sociales.

Los Obispos españoles hemos recordado recientemente la urgente necesidad de que los católicos hagamos valer los bienes que nacen de la vida cristiana para la convivencia social. Se trata tanto de ser fieles a los bienes recibidos de Dios, como de ser leales con nuestros conciudadanos, que verán favorecidas la vida social y la cultura con todo el bien que nace de una humanidad iluminada por la fe y enriquecida con los dones del Espíritu Santo.

Estimular la presencia pública de los católicos va unido a una clara voluntad de la Iglesia de no imponer de ninguna manera ni la fe ni la moral cristiana a nadie, y de no inmiscuirse en lo que no es de su competencia. Benedicto XVI lo ha recordado en su primera Encíclica: la Iglesia no es ni quiere ser un agente político. Su profundo interés por el bien de la comunidad política procede del interés por la justicia y le lleva a colaborar de dos modos esenciales: purifica la razón para que sea lo que debe ser, y contribuye a que se pueda reconocer y realizar lo que es justo, de acuerdo con la naturaleza del ser humano.

El papel propio de la Doctrina Social de la Iglesia consiste en establecer los principios, las orientaciones, los juicios que puedan mejorar los criterios de actuación en la vida pública, para que sean más razonables y más justos. Nadie tiene derecho a empobrecer la vida pública obligando a los cristianos a silenciar su compromiso con el bien humano, fortalecido por su seguimiento de Cristo. La fe no es un asunto meramente privado. Es injusto presionar a los católicos para que prescindan de sus principios y de la motivación de la caridad fraterna cuando desarrollan sus responsabilidades sociales, profesionales, culturales y políticas.

La actuación en el ámbito político corresponde a los fieles laicos que actúan como ciudadanos bajo su propia responsabilidad y con la máxima libertad para escoger las instituciones y los medios temporales que les parezcan más adecuados y conformes al bien común. La Doctrina Social de la Iglesia no impone la unidad y la coincidencia en los medios y en los procedimientos estrictamente políticos.

La libertad de los fieles laicos para escoger los medios adecuados para su actuación política va unida a la responsabilidad y la reflexión. Discernir lo más adecuado para el bien común exige el hábito conjunto de la fe y de la razón, y el laico encuentra una ayuda inestimable en la Doctrina Social de la Iglesia para ejercitar su razón iluminada por la fe y purificada por la caridad.

Los católicos son libres para apoyar partidos diferentes y para militar en ellos, lo que les exige que analicen rigurosamente sus programas con dos firmes criterios: la compatibilidad de sus contenidos y propuestas con la fe y las exigencias de la vida cristiana, y su sintonía o aversión hacia los valores que los cristianos deben promover en la vida pública.

En vísperas electorales, el marketing político busca atraer también el voto de los católicos. Ello es legítimo, y también lo es que los cristianos busquemos discernir lo que es mera propaganda de conveniencia electoral de quien muestra una congruencia constatada. Una vez más, me uno a las campañas de los poderes públicos contra la abstención e invito a cada católico a ejercitar el voto con libertad, inteligencia y responsabilidad, para conformar una sociedad en la que la presencia del amor acogedor que propugnamos los cristianos resulte más evidente y efectivo.

Con mi bendición y afecto,


Agustín García-Gasco Vicente

Arzobispo de Valencia
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Intervención de monseñor Néstor Herrera Heredia, obispo de Machala, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, pronunciada este martes.


EXPECTATIVAS Y ESPERANZAS DE LA IGLESIA EN ECUADOR FRENTE A LA V CONFERENCIA


En la acción evangelizadora del pueblo ecuatoriano, Medellín despertó un gran interés y entusiasmo por la opción por los pobres orientada principalmente al sector indígena y a la formación de comunidades eclesiales de base; pero fue Puebla la que impactó en pastores y fieles, y para cuya aplicación una Asamblea Nacional dio a la Iglesia ecuatoriana un documento llamado "Opciones Pastorales" cuyos frutos todavía estamos recogiendo.

Santo Domingo no tuvo la misma acogida. La Iglesia ecuatoriana en el año 2001 elaboró un Plan Global para el decenio 2001-2010 el mismo que ha posibilitado una mayor coordinación en las Jurisdicciones Eclesiásticas tanto en su estructuración pastoral en las expresiones fraternas de presencia, ayuda, participación y compromiso en los diferentes ámbitos y niveles de la vida eclesial.

En el Ecuador la V Conferencia ha tenido un proceso de preparación y participación en los diferentes ámbitos y niveles en todas las Jurisdicciones Eclesiásticas. Los aportes sistematizados fueron enviados al CELAM y algunos de ellos han sido recogidos en el documento de "Síntesis".

De esta Asamblea esperamos:

- Que se delinee el perfil del auténtico discípulo de Jesús y, dado el creciente aumento de la pobreza en América Latina, orientaciones claras y concretas para su misión en la sociedad actual marcada por la corrupción, una cultura de muerte y una educación falta de calidad.

- Que se tome en serio la atención a la migración y el medio ambiente que va tomando proporciones alarmantes no solo en el Ecuador sino también en otros países.

- Que se proyecte una espiritualidad encarnada en la vida y en la acción para que todos los cristianos e instancias eclesiales sean acogedoras y solidarias a fin de impulsar el progreso de nuestros pueblos.


Aparecida, 15 de mayo de 2007


+ Néstor Herrera Heredia
Obispo de Machala
Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana
Publicado por Desconocido @ 23:04  | Hablan los obispos
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Intervención de monseñor Alvaro Ramazzini Imeri, obispo de san Marcos, presidente de la Conferencia episcopal de Guatemala ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

EXPECTATIVAS Y ESPERANZAS DE LA IGLESIA EN GUATEMALA FRENTE A LA V CONFERENCIA


Hermanos y hermanas: que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén (Apocalipsis 22,21)

Vengo de un país que ha vivido la dura experiencia de más de 30 años de enfrentamiento armado interno con un saldo de más de doscientas mil personas muertas o desaparecidas (cfr. Guatemala, Memoria del silencio, tomo V, p. 21,1) , miles de refugiados en México y las otras nefastas consecuencias de la guerra entre las cuales debo mencionar la actual cultura de la muerte y de la violencia que cobra víctimas inocentes día tras día: de los años 2001 al año 2005: 23, 450 asesinatos, que han quedado en la impunidad total.

Pero Guatemala es también uno de los diez países de mayor desigualdad económica y social en el mundo entero. Somos el quinto país en el mundo con el más alto índice de desnutrición infantil crónica entre los niños de uno a cinco años de edad.

Desde la perspectiva religiosa 95 por ciento de los guatemaltecos se considera cristiano, sea católico o no católico, y desde la Iglesia católica enfrentamos un proselitismo agresivo y estratégicamente bien planeado de las así llamadas "denominaciones evangélicas", que hace años, con el plan llamado "nuevo Amanecer" se propusieron convertir al cristianismo la población guatemalteca en un cincuenta por ciento al final del siglo veinte.

En Guatemala se ha desarrollado agresivamente lo que podríamos llamar "el supermercado de lo religioso" que incluye menús diferentes y sugestivos, relativizando la singularidad de Nuestro Señor Jesucristo y teniendo como efecto inmediato una relativización en el compromiso de fe.

Pero somos también una tierra regada por la sangre de cristianos, testigos de la fe, los mejores evangelizadores que dieron su vida por seguir al Señor Jesús. Aprovecho la ocasión para pedir a la Presidencia la autorización para repartir en la Asamblea el libro "Testigos de la Fe".

Somos doce millones de habitantes de los cuales 60 por ciento son indígenas, pertenecientes a diversas etnias, la mayoría de los cuales mantienen su cultura, su lengua, su cosmovisión, su religión.

En este contexto, así someramente descrito el motivo de nuestra reflexión en esta quinta asamblea, para nosotros es sumamente cuestionante y como humildes discípulos de Jesús, le decimos:" Señor, queremos escuchar tu Palabra, queremos discernir la realidad que estamos viviendo desde tu corazón compasivo y amoroso, queremos ser dóciles al Espíritu Santo, obedientes a tu Padre".

En este camino de discernimiento como discípulos y misioneros de Jesucristo, cuáles son las tendencias que descubrimos no solamente en Guatemala sino en América en general?

1. Hay un avance proselitista de las así llamadas "sectas" evangélicas, aunque para muchas de ellas el nombre no les gusta pues sus miembros se consideran verdaderos seguidores del Señor. Son comunidades de creyentes en el evangelio influídos grandemente por un espíritu pentecostalista y una práctica espectacular de la religión.

Delante de este problema las preguntas vienen espontáneas: por qué tienen éxito, al menos numéricamente? Por qué los católicos dejan lo más por lo menos? Cuál será el futuro? ¿Estamos delante de un verdadero discipulado de Jesús cuando las estadísticas son más de muerte que de vida?

Algunos hechos básicos ayudan a encontrar una respuesta: aunque el número de vocaciones sacerdotales , gracias a los esfuerzos de una pastoral vocacional consistente ha crecido, sufrimos todavía de una gran escasez de sacerdotes. Qué atención pastoral puede dar un sacerdote a 40,000 fieles? El Papa nos ha dicho: "el encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización" y también ¨los primeros promotores del discipulado y de la misión son los sacerdotes". Pero qué alternativa podemos ofrecer cuando hay comunidades que apenas pueden tener la celebración de la Eucaristía una vez cada tres meses por la distancia y en muchísimas ocasiones la celebración se hace con rapidez pues el sacerdote tiene a su cargo un número excesivo de comunidades que atender, o sencillamente el sacerdote no vive su condición de servidor de la comunidad, acercándose con amor de pastor a la gente. Esto tiene que ver con el tema de la formación sacerdotal en los tiempos actuales.

Si las parroquias son tan grandes, "cómo lograr conocer realmente a Cristo, para poder seguirlo y vivir con El, para encontrar la vida en El y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad, y al mundo?"Cuál es la mejor experiencia comunitaria que tenemos en América Latina de educación al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de Dios y que ella se convierta en su alimento para que por propia experiencia vean que las palabras de Jesús son Espíritu y Vida?"( Benedicto XVI, discurso inaugural).

2. Hay en el continente un proceso de empobrecimiento creciente, y América Central es víctima de ello .Para todos es obvio que una de las causas de este proceso es la desigualdad en la distribución de la riqueza. El Santo Padre nos llamaba la atención sobre el hecho " que la globalización comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo. ....La economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales" (ibid.) Es la situación de la destrucción de los recursos naturales y del irrespeto al habitat natural de las poblaciones, de las actividades extractivas de metales como el oro o la plata, de actividades económicas en las que la persona humana queda en segundo o tercer lugar delante de las ganancias . Como Pastores que somos discípulos , al constatar que la distancia entre pobres y ricos crece y que ello es fruto de la idolatría del placer y del dinero, nos afianzamos en la base fundamental puesta por el Santo Padre cuando con firmeza ha dicho "que la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros"( ibid) y si aún tuvieramos dudas para comprometernos en la práctica de esta opción nos ha recordado " que la evangelización ha ido siempre unida a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana" y "que con la vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural"( ibid.). Nuestro compromiso pastoral está en contribuir a un orden justo en la sociedad colaborando en la creación de estructuras justas.

3. En este respecto podríamos reflexionar en esta Conferencia, cómo a la mitad del plazo establecido , los 189 países que en el año 2000 se comprometieron a alcanzar las metas del milenio, entre las cuales está la erradicación de la pobreza, apenas si han avanzado un poco y por ello es significativa la carta que el Papa envió a la canciller alemana Angela Merckel el 8 de Junio y publicada en abril recordando el compromiso del grupo de los 8 países más ricos del mundo de erradicar la pobreza. Si el sucesor de Pedro toma estas iniciativas podremos nosotros quedarnos atrás? ¿Cómo podemos lograr ser abogados de la justicia y de los pobres: porque queremos ser santos prolongando el amor de Cristo a lo largo de la historia especialmente hacia los más necesitados y excluídos. (ver Ecclesia in America)

No podemos olvidar que uno de los efectos dañinos de la pobreza es el aumento de las migraciones, con sus pro y sus contra, fenómeno humano que nos interpela y no puede dejarnos dormir tranquilos.


4. Una última tendencia: Los pueblos indígenas del continente, a la par que buscan afianzarse en su identidad y reinvindicar sus derechos sufren las consecuencias del liberalismo económico de diferentes modos. Estos pueblos con sus valores son una contribución para abrir posibilidades de un mejor futuro a la humanidad entera. Ellos en su perspectiva religiosa integral involucran a Dios en todas las realidades humanas y esperan de la Iglesia católica una actitud de amor profundo, de respeto, de valoración y reconocimiento de lo que son. Los procesos de una verdadera inculturación del evangelio y el desarrollo de una reflexión teológica desde sus realizaciones culturales concretas, en el entendido que "Cristo , siendo realmente el Logos encarnado, el amor hasta el extremo , no es ajeno a cultura alguna " ( ibid) no son ni por asomo un intento de volver a dar vida a las religiones precolombinas, "separándolas de Cristo y de la Iglesia universal" (ibid) esperan de nosotros dedicación, responsabilidad, pero sobre todo un vivo amor pastoral.


Termino mi intervención haciéndome una pregunta: ¿cómo cumpliremos del mejor modo posible nuestra responsabilidad delante de Dios , del pueblo de Dios que pone su esperanza en nosotros y delante de nosotros mismos? ¿qué tenemos qué hacer para mantener vivo el dinamismo espiritual y pastoral suscitado desde Río de Janeiro, sin olvidar el encuentro providencial de la Asamblea especial para América?


Alvaro Ramazzini Imeri
Obispo de san Marcos,
Presidente de la Conferencia episcopal de Guatemala.
Publicado por Desconocido @ 22:58  | Hablan los obispos
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Presentación del Cardenal Jorge M Bergoglio en la V Conferencia General del Episcopado de Latino América y el Caribe.

Argentina: una mirada general


El marco social

Lo primero que cabe señalar es que nuestro país y por lo tanto nuestra Iglesia entra, en mayor o en menor medida, dentro de las generales de la ley de lo que vive nuestro continente latinoamericano. Estamos dejando atrás una época y comenzando una nueva en la historia de la humanidad. Este cambio epocal se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus aplicaciones muy rápidas y variadas en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información. Quien posea y maneje estos dos elementos es dueño del poder.

Esta nueva realidad de las ciencias y tecnologías de información e intercomunicación cibernética favorece el desarrollo globalizado del universo financiero, de la economía, de la producción y del mercado, principalmente dentro del nuevo orden económico mundial, de perfil neoliberal, de mercado libre y abierto. Esta globalización, como ideología económica y social, ha afectado negativamente a nuestros sectores más pobres. Las injusticias y desigualdades son cada vez mayores y más profundas. Todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, en el que el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas.

Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son “explotados” sino “sobrantes”.

Se ha generado una cultura dualista donde lo que parece más moderno y progresista convive al lado de lo más antiguo y miserable. Esta cultura tiene como horizonte una visión individualista y un afán consumista en el que predomina una preocupación económica. Por consiguiente, somos testigos de una profunda crisis de valores y de las instituciones tradicionales. Esto trae como consecuencia el hecho de que en estos últimos años observamos un fortalecimiento de algunas expresiones de sub culturas minoritarias que, copiando modelos del primer mundo, reclaman públicamente el reconocimiento de sus derechos.

En la cultura predominante de corte neoliberal, lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial ocupan el primer lugar y lo real cede el lugar a la apariencia.

La globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de las tendencias pertenecientes a otros ethos culturales manifestada en el tipo música, negocios de comida, centros comerciales, medios de comunicación, etc.

Por todo esto, con dolor no dejamos de preguntarnos si de verdad aún existe una identidad y solidaridad como pueblo que vaya más allá de ciertas ideologías “ocasionalistas”.

También resulta preocupante la ausencia de ideas, ya que se busca más bien una asimilación de lo ya establecido globalmente y ajeno a la propia idiosincrasia para superar la falta de creatividad y de visiones.

La situación de la Iglesia en nuestro país


El substrato católico de nuestra cultura es una realidad viva. Encontramos en amplios sectores de nuestro pueblo, sobre todo en los más necesitados, una reserva moral que guarda valores de auténtico humanismo manifestados en la solidaridad, la reciprocidad, la participación ofreciendo verdaderos espacios de vida comunitaria. No podemos sin embargo desconocer también sus debilidades: el machismo, el alcoholismo, el excesivo temor al castigo divino, la superstición, la creencia en la mala suerte y en el fatalismo que incluso hace recurrir a la brujería.

La tradición católica de nuestro pueblo se enfrenta hoy con el desafío del pluralismo religioso y de la proliferación de movimientos religiosos. La multiplicación de estos movimientos es, por una parte el resultado de una reacción del sentimiento religioso frente a la sociedad materialista, consumista e individualista; y por otra parte un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, de aquellos que se encuentran en medio de dolores humanos grandes y buscan soluciones inmediatas para estas necesidades. Estos movimientos religiosos se caracterizan por su sutil penetración viniendo a llenar, dentro del individualismo imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Esta “espiritualidad” está centrada en la búsqueda de un bienestar individual, que niega el sufrimiento como parte de la vida, recurre a la autoayuda o al seudo milagro para alcanzar sus metas, sin un ulterior compromiso con la sociedad.

En necesario que reconozcamos que si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia se debe, en muchos casos, a una evangelización superficial de gran parte de la población, un catolicismo de tradición sin catequesis ni vida sacramental; y también por la existencia de estructuras y clima poco acogedor en algunas de nuestras parroquias y comunidades; y, en algunos sitios, de una liturgia eminentemente intelectual y verbal y una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas complejos de la vida de los hombres de nuestro pueblo.

La secularización

El proceso de secularización tiende a reducir a la fe y a la Iglesia Católica al ámbito de lo privado y de lo íntimo. El secularismo, al negar toda trascendencia ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido de pecado personal y social, un progresivo aumento del relativismo moral que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y juventud tan vulnerable a los cambios.

Los obispos en el año 1990 en el documento “Líneas pastorales para la nueva Evangelización” señalábamos dos grandes desafíos: “el secularismo como un fenómeno que “afecta directamente a la fe y a la religión al dejar de lado a Dios” y “una justicia largamente esperada”. Esto tiene una consecuencia para la vida social: “Al prescindir de Dios se despoja al hombre de su referente último y los valores pierden su carácter de tales, convirtiéndose en ídolos que terminan degradándolo y esclavizándolo”. En el segundo, el tema central era la justicia: “a los argentinos se nos presenta el desafío de superar la injusticia, construyendo una patria de hermanos mediante la solidaridad y el sacrificio compartidos”.

Trece años después la situación se tornó más grave y los obispos presentamos en el documento “Navega mar adentro” un solo desafío: la crisis de la civilización y la cultura. De éste se siguen otros cuatro relacionados con dicha crisis: “la búsqueda de Dios”, “el escándalo de la pobreza y la exclusión social”, “la crisis del matrimonio y la familia” y “la necesidad de una mayor comunión”.

Para los obispos esto no significa que los desafíos anteriores hayan desaparecido. En efecto, “el secularismo” está planteado en el punto “la búsqueda de Dios”; y la “justicia largamente esperada” está presente en “el escándalo de la pobreza y la exclusión”. El desafío radical y englobante que se nos presenta es la profunda crisis de valores de la cultura”.

A pesar de toda esta corriente secularista en nuestra patria, la Iglesia Católica goza ante la opinión pública de ser una institución creíble, confiable en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados de todo tipo.

Son esperanzadoras las experiencias de dialogo y labor ecuménicas con las Iglesias históricas y las comunidades evangélicas serias, en vistas al sostén y acompañamiento del pueblo en momentos críticos que, partiendo del plano económico, han tenido repercusiones en el social y en la convivencia ciudadana. Durante la crisis que afectó al país a partir del año 2001 la Iglesia Católica tuvo gran importancia como creadora y moderadora del dialogo ciudadano. Esto pone de manifiesto la confiabilidad que muestra, fruto de la libertad frente a todo tipo de partidismo o ideología.

En los últimos años se han implementado mayores estructuras de comunión y participación mediante los planes pastorales de conjunto, asambleas pastorales y sínodos diocesanos. A pesar de la irreligiosidad reinante las parroquias, las capillas en las zonas periféricas, las comunidades eclesiales de base atendidas por diáconos permanentes, religiosas y religiosos o laicos siguen manteniéndose como espacio de comunión, participación, socialización, auténtica evangelización y catequesis, y práctica de los ministerios laicales.

Los laicos

Sin lugar a dudas ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la misión, la catequesis y el apostolado. Pero, la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que arranca del bautismo no se manifiesta de la misma manera en todas partes; en algunos casos porque no se encuentran debidamente preparados para asumir responsabilidades; en otros porque no encuentran espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones y de una participación más activa.

Si bien es cierto que hay una mayor participación de muchos laicos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico, sino que se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la vida y transformación de la sociedad.

La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un verdadero desafío pastoral prioritario y urgente. La evangelización de los nuevos grupos emergentes de la modernidad y en situación urbana presentan un contexto novedoso porque la gran parte de ellos no han cambiado ni abandonado a la Iglesia sino nacieron fuera de ella.

La pastoral juvenil

La pastoral juvenil, tal como estábamos acostumbrados a llevarla adelante ha sufrido el embate de los cambios sociales, y los jóvenes, en las estructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemática y heridas. La proliferación y crecimiento de asociaciones y movimientos con características predominantemente juveniles pueden ser interpretados como una acción del Espíritu que abre caminos nuevos acordes a sus expectativas y búsquedas de espiritualidad profunda y de sentido de pertenencia más concreto. Se hace necesario, sin embargo, ahondar en la participación de éstos en la pastoral de conjunto de la Iglesia, así como a una mayor comunión entre ellos y una mayor coordinación de la acción.

Si bien es difícil abordar a los jóvenes, se está creciendo en dos aspectos: la conciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor que les permita valorar y descubrir el sentido de sus vidas.

Prueba de ello es la participación que tienen los jóvenes en grupos de servicio y de misión y en diversas experiencias misioneras en las diócesis propias como también de colaboración con otras diócesis.

Las vocaciones

Las vocaciones sacerdotales han decrecido y las que hay son, a veces, síntoma de una sociedad cambiante y superficial. También influye la falta de espacio interior de muchos jóvenes para buscar la propia vocación por la necesidad de encontrar salidas inmediatas que los lleven a solucionar problemas económicos apremiantes. En otros casos la ausencia de fervor apostólico en las comunidades no siempre entusiasman para suscitar vocaciones.

Pero, a pesar de la escasez vocacional, se tiene más clara conciencia de la necesidad de una mejor selección de los candidatos al sacerdocio. Se han creado instancias eclesiales para la promoción, acompañamiento y formación de las vocaciones, como así también para el sostenimiento espiritual y la formación permanente durante los primero años del ministerio. En las últimas generaciones se comprueba una fragilidad y una falta de consistencia, que lleva en algunos casos a la deserción del ministerio al poco tiempo de ordenados.

El clero diocesano y los religiosos

En la formación sacerdotal inicial, y en la permanente, se está haciendo mayor hincapié en el campo afectivo para que, con la madurez humana y cristiana, se viva con equilibrio, alegría y con un sentido de donación el celibato sacerdotal. Advertimos como una luz en esta realidad, entre los miembros del clero diocesano y de la vida religiosa, el deseo de vivir una espiritualidad más radical en el servicio pastoral, y también generosidad para la inserción y la elección de trabajos en situaciones pobres o difíciles.

La escasez de ministros ordenados en amplias zonas de nuestro país pone de manifiesto la generosidad y el trabajo arduo y abnegado de muchos sacerdotes y religiosos.

Es de valorar el celo evangelizador, caracterizado por la creatividad pastoral, el espíritu misionero y la cercanía a los más alejados. Se crece en la valoración de la fraternidad sacerdotal, de la vida en austeridad y la preocupación por los más pobres. A diferencia de otros momentos de nuestra historia, no hay excesivas acentuaciones ideológicas ya sea de izquierda como de derecha y existe un extendido respeto y fidelidad al Magisterio de la Iglesia.

Las sombras se manifiestan en el aislamiento en el que muchos se envuelven, en la búsqueda de realizaciones personales a través de la Iglesia y en el sedentarismo y aburguesamiento de otros. Si bien no es lo más general, en algunos lugares hay pocos que hacen mucho y muchos que hacen poco.

La inestabilidad y falta de permanencia de muchos religiosos y religiosas tiende a constituir un problema pastoral. También se ve la necesidad de una mejor articulación con los institutos y congregaciones dedicados a la educación en el trabajo pastoral diocesano.

Esto nos llama a seguir trabajando para lograr la colaboración de todos en la pastoral de conjunto que supere protagonismos, individualismos y los efectos de la falta de estabilidad. El diaconado permanente es una realidad en constante expansión en algunas diócesis y se estima su significativa contribución, aunque se reconocen todavía algunas dificultades para una adecuada y equilibrada ubicación pastoral en el quehacer de la Iglesia.

La conferencia Episcopal

Con una extensión territorial tan vasta como la que posee la Argentina con tipos culturales tan diversos no resulta fácil la implementación de políticas pastorales que concilien lo diverso. Sin embargo la Conferencia Episcopal ha ido creciendo como referente real y promotora concreta de la pastoral a nivel nacional a través de grandes líneas evangelizadoras. También ha acentuado su presencia desde una labor de iluminación y orientación en los problemas sociales y morales por los que atraviesa nuestra sociedad. En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la solución de problemas que afectan la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos, los derechos cívicos etc..

La parroquia

La parroquia, sigue siendo la referencia pastoral concreta y actual. Se descubre su necesidad de organicidad y comunión en la labor pastoral junto con otras instancias pastorales. En las parroquias se observa una búsqueda de la vivencia del sentido comunitario de la Iglesia. La organización de las regiones pastorales, vicarías, decanatos han ayudado mucho para llevar adelante planes orgánicos de pastoral. Pero no se puede dejar de reconocer que, en algunos casos en el ámbito parroquial, se sigue dando el predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como la sacramentalización sin evangelización.

Pastoral familiar

La familia atraviesa una crisis profunda y la respuesta de la pastoral familiar, conyugal y prematrimonial, resulta insuficiente. En la sociedad el matrimonio como sacramento ha perdido mucho valor. Un desafío para los pastores y los agentes de pastoral es el de algunas situaciones matrimoniales impedidas de recibir el sacramento del matrimonio y de la Eucaristía: ayudarlos participar de la vida de la Iglesia. Otras veces, que pudiendo recibirlo y no lo han recibido, animarlos y acogerlos en la parroquia para que puedan hacerlo. La catequesis familiar ha sido un aporte muy importante en la vinculación de las familias a la vida de la Iglesia, pero está en crisis.

Catequesis

La pastoral de catequesis sigue siendo un medio privilegiado para transmitir y vigorizar la fe de la comunidad. La catequesis en nuestro país es uno de los pilares de la acción pastoral y se experimenta como momento esencial del proceso evangelizador. Los intentos y trabajos de los últimos años tratan de no limitarse a fomentar el modelo tradicional del «buen cristiano» o del «fiel practicante», sino que van en la búsqueda de la promoción de verdaderos creyentes, de fe personalizada, suscitando la opción por el Evangelio, evangelizados y evangelizadores. En este proceso se le ha dado a la acción y vinculación con la familia un lugar preponderante. Hoy se tiende a una catequesis que esté vitalmente inserta en la globalidad del proyecto pastoral de la comunidad cristiana.

Se notan esfuerzos por una catequesis más bíblica, vivencial y comprometida, aunque hace falta mejor y mayor preparación bíblica y teológica tanto en los agentes de pastoral como en los catequistas.

La pastoral bíblica está abriendo espacios para una amplia formación y crecimiento espiritual del pueblo de Dios.

La pastoral social

Muchos cristianos viven aún una separación entre fe y vida que se manifiesta particularmente en la falta de un claro testimonio de los valores evangélicos en su vida personal, familiar y social. Si bien en la misma sociedad y entre los fieles de la Iglesia existe una brecha grande entre pobres y ricos que tiende a aumentar, hay que notar el crecimiento de la solidaridad y de la conciencia del deber de la caridad. Esto queda de manifiesto en que, si bien en muchos ámbitos ha crecido la pobreza y la miseria, también se han multiplicado las iniciativas, muchas de ellas laicales, de solidaridad y ayuda generosa.

La pastoral social se encuentra en todo el contexto eclesial como animadora de una dimensión de la fe que no es solamente un servicio asistencial, que siempre será necesario, sino también en acciones de promoción y en la formación de una conciencia solidaria. En los últimos años han crecido en variedad e intensidad gestos y signos solidarios concretos.

En algunos colegios católicos se da un franco descuido de la formación de la fe y su incidencia en lo social.

Piedad popular

La piedad popular está arraigada en el corazón y en la vida del pueblo, a tal punto que muchas de las tradiciones religiosas que perviven dan identidad al pueblo en sitios y situaciones concretas. Los Santuarios en nuestro país además de ser los grandes lugares de expresión de la fe popular se han convertido en lugares privilegiados de conversión y evangelización. También es cierto que muchas veces el acento se ha puesto más en las formas exteriores de tradiciones y devociones que en los contenidos de la fe de las mismas. Descubrimos en esta piedad popular un punto de anclaje que necesitamos comprender, respetar y evangelizar. Si bien por una parte aparece a veces un cristianismo de devociones, junto a una vivencia individual de la fe, sentimental; también encontramos valores que pueden ser el punto fuerte para construir una sociedad más justa: la solidaridad con la persona que sufre, la sensibilidad social por el necesitado, el querer ayudar a quien no tiene, la fortaleza de la fe que se expresa sobre todo en los momentos de crisis y de desesperación recurriendo a Dios para encontrar consuelo y esperanza, la acogida al extraño, y la capacidad de compartir. Es urgente una fuerte catequesis en la piedad popular.

Conclusión

Iniciado en el documento del episcopado argentino mencionado al comienzo: “Líneas pastorales para la nueva evangelización” del año 1990 y continuando en el documento “Navega Mar adentro” nuestra Iglesia en Argentina se encuentra transitando un camino de conversión pastoral en clave evangelizadora que implica una dinámica profundamente eclesial, misionera e inculturada con el intento de llegar a los bautizados alejados y no bautizados. La dimensión misionera hoy no se concibe como una actividad al margen o paralela a las otras actividades pastorales, sino que está en el corazón de su misma vitalidad evangelizadora.

Haciendo un apretado resumen desde la óptica del Documento de Síntesis podemos decir: Los tres macrodesafíos que se interpenetran recíprocamente, asumen de forma sintética los cambios epocales descriptos en la Síntesis de Aportes recibidos (DSIN 49-79) y los cinco desafíos que la Conferencia Episcopal Argentina expresó en “Navega mar adentro” (NMA 21-48). El primero se refiere a la relación de la persona y del pueblo de Dios en la Iglesia (religión); el segundo a la relación de los hombres entre sí en la sociedad (justicia); el tercero afecta de forma transversal a las distintas comunidades sociales y los diversos órdenes de la cultura (comunión)

En el orden religioso: la ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Afirmamos la vigencia de la piedad popular católica como forma viva de la inculturación y la comunicación de la fe, pero en la últimas décadas notamos un cierta desidentificación con la tradición católica, la falta de su trasmisión a las nuevas generaciones y el éxodo hacia otras comunidades (en los más pobres hacia el evangelismo pentecostal y algunas sectas nuevas) y experiencias (en las clases medias y altas hacia vivencias espirituales alternativas) ajenas al sentido de la Iglesia y su compromiso social. Algunas causas son la crisis del dialogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo del mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural: Se agrava el diagnóstico de Puebla: la fe y la religión popular están en una “situación de urgencia” sometidas a una “crisis decisiva” (DP 460). Hay que generar un mayor fervor discipular y apostólico que asuma nuestra sensibilidad religiosa y encuentre nuevos caminos para comunicar la fe.


2. En la dimensión social: Una inequidad escandalosa que lesiona la dignidad personal y la justicia social. Participamos en general de la situación de América Latina. Entre los años 2002 y 2006 en Argentina crecieron al 8,7 % los índices de medición de la indigencia; hay un 26,9 % en el nivel de la pobreza y estamos en la región aparentemente más desigual de mundo, la que más creció y menos redujo la miseria. Persiste la injusta distribución de los bienes, lo cual configura una situación de pecado social que clama al cielo y que excluye de las posibilidades de una vida más plena a muchos hermanos. Poderes políticos y planes económicos de diversos signos no dan muestras de producir modificaciones significativas para “eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial” (Bnedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático, 8/1/2207). En Argentina urge animar una conducta justa, coherente con la fe que promueva la dignidad humana, el bien común, la inclusión integral, la ciudadanía plena y los derechos de los pobres.


3. En toda la cultura: La crisis de los vínculos familiares y sociales fundantes de los pueblos. Hay una reserva de valores religiosos, éticos y culturales de nuestro pueblo pero el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas que forman comunidades y las comunidades formadas por personas. Se notan en los conflictos de la familia, los desgarramientos de la Nación y la desintegración del continente.

La acción pastoral debe mostrar que la relación con nuestro Padre exige el desarrollo de la unión entre los hermanos. En esta línea el núcleo del contenido evangelizador (NMA 50-51) busca fortalecer una mayor comunión con la Trinidad en el Espíritu de Cristo que sane, promueva y afiance los vínculos personales en las nuevas expresiones de amor, amistad y comunión a nivel familiar, social y eclesial. Aquí se sitúan tanto la necesidad de una intensa comunión eclesial ad intra que aliente la renovada pastoral orgánica diocesana y nacional, como la exigencia de un servicio ad extra para que la comunión de la Iglesia anime una mayor integración latinoamericana.

Aparecida, mayo 2007.

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Publicado por Desconocido @ 22:47  | Hablan los obispos
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