martes, 05 de junio de 2007
La Comisión Dicesana de Tenerife "Justicia y Paz" nos envía, ante el día del Medio Ambiente, la siguiente reflexión.

REFLEXIÓN SOBRE EL
MEDIO AMBIENTE.
DÍA 5 DE JUNIO



Los graves problemas ecológicos de nuestro tiempo, exigen un cambio de mentalidad que conlleva necesariamente nuevos estilos de vida más solidarios para que el desarrollo sea sostenible.

VER

Vivimos en una sociedad minoritaria muy rica, que cree que la felicidad está en consumir, frente a el resto de los habitantes del planeta. Desde esta parcela de la sociedad, se nos transmite que es preciso consumir para que la economía funcione, y que de lo contrario se está fuera del sistema.

Por otro lado, se levantan voces diciendo que esta forma de consumo es insostenible y que de seguir así el planeta está gravemente amenazado, porque nuestro actual sistema es depredador con el medio ambiente.

Un poco de historia. Primeras voces oficiales:

• En 1972 en el Club de Roma se habló de la necesidad de controlar el creciente consumo que acarreaba un grave deterioro del medioambiente.

Ese mismo año, en la Primera Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano se afirmó: “Los recursos naturales de la tierra, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras.”

En 1987 En el documento “Nuestro futuro común“ aparece por primera vez de forma oficial el termino “desarrollo sostenible” definiéndolo como “el desarrollo que da respuesta a las necesidades presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para resolver sus propias necesidades”. También decía: “para llegar a este desarrollo es necesario un cambio tecnológico y social”.

En 1.992 se celebra la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo, en Río. En esta Conferencia, se vio la fuerte relación entre el deterioro del medio ambiente y las desigualdades entre Norte y Sur, y la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible. En esta Cumbre también se define la guerra como una gran enemiga del desarrollo y un peligro para el medio ambiente.

• En 1.997, se firma el protocolo de Kyoto con el fin de regular las emisiones de gases que aumentan el efecto invernadero, responsable de sequías, desertizaciones y catástrofes, que afecta más a los más pobres.


A partir de estas fechas hasta nuestros días, se han ido multiplicando los encuentros a todos los niveles, para abordar el grave problema que la explotación indiscriminada de los recursos está ocasionando en el planeta.


El deterioro del medio ambiente producen, entre otras, las siguientes consecuencias:

o Destrucción de la capa de ozono. Aumento del efecto invernadero. Cambio climático
o Contaminación del mar por vertidos realizados: desde tierra y desde buques, radiactivos
o Deforestaciones indiscriminadas y masivas que tiene como consecuencias la desertización, entre otras.
o Escasez de agua potable y de riego, lo que provoca hambruna, epidemias y muerte.
o Las desigualdades entre los grupos humanos.


Lo que llamamos “desarrollo”, no se produce de una forma equilibrada. Mientras que más del 80% de la población mundial no dispone de casi nada, menos del 20% de la población total consume la mayoría de los recursos en las siguientes proporciones:

- el 70% de la energía.
- el 75% de los metales.
- el 60% de los alimentos.
- el 85 % de la madera.


El dato más escandaloso es que la mayoría de los recursos proceden precisamente de los países empobrecidos. La mayor parte del petróleo, de los metales, de la madera, de los monocultivos..... se encuentran en los países pobres. Estos productos se comercializan al precio que establecen las Multinacionales, mientras que ellos se ven obligados a importar las maquinarias, tecnología etc. al precio del mercado en los países ricos. De esta forma la deuda aumenta constantemente y asfixia toda posibilidad de sanear la economía, viviéndose como un auténtico drama la supervivencia y empujando a los más fuertes a buscar en la inmigración una salida para un futuro más digno.


Mas de mil doscientos millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. El cuidado del medioambiente, tiene que ver mucho con el mandato evangélico de “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer; estaba desnudo y ustedes me vistieron, fui imigrante y ustedes me acogieron”.


JUZGAR

El Dios de la vida encomendó al ser humano su obra creadora para que “la cultivara y la guardara” (Gn 2, 15). Jesús conocía bien la preocupación del Padre por las criaturas que Él alimenta (cf. Lc 12, 24) y embellece (cf. 12, 28). Y mientras andaba por los caminos de su tierra no sólo se detenía a contemplar la hermosura de la naturaleza, sino que invitaba a sus discípulos a reconocer el mensaje escondido en las cosas (cf. Lc 12, 24-27; Jn4, 35)

La tendencia a la explotación indiscriminada de los recursos de la naturaleza y los abusos de los mismos, es fruto de una actitud de pecado en la que prevalece el “hacer” y “tener” sobre el “ser”. Desde esta actitud el hombre no solo destruye la naturaleza, sino que camina hacia su propia destrucción.

La Doctrina Social de la Iglesia, subraya la responsabilidad humana de preservar un ambiente integro y sano para todos. Esta responsabilidad debe ir creciendo entre todas las personas teniendo en cuenta que en nuestra sociedad las necesidades han de ser afrontadas solidaria y globalmente, pues todos los seres dependemos unos de otros.

La responsabilidad respecto al medio ambiente ha de tener una traducción en el ámbito jurídico, y el desarrollo económico debe respetar la integridad y los ritmos de la naturaleza, por el bien de toda la humanidad. Una economía que respete el medio ambiente no buscará únicamente el objetivo del beneficio económico, ya que la orientación ambiental no se puede asegurar en base al cálculo financiero de gastos y beneficios. Especial cuidado debe prestarse a la explotación de los “recursos energéticos” no renovables, que han de ser puesto al servicio de toda la humanidad con equidad y solidaridad internacional (N. 466-470 Compendio D.S.I.).

Mayor atención merece la influencia que la sobreexplotación de la naturaleza está teniendo en los países más empobrecidos y en los pueblos indígenas, los cuales sufren con mayor intensidad este abuso de explotación de los recursos naturales al servicio de los países más ricos, dejándoles en absoluto desamparo, incluso abocándoles al exterminio. Los derechos de estos pueblos con su tierra y sus recursos han de ser tutelados adecuadamente (N 471 Compendio D.S.I.).

De vital importancia es el tema del agua, que es un bien escaso e imprescindible para la supervivencia. El agua no puede ser tratada como simple mercancía. Su uso debe ser racional y solidario. El derecho al agua, como cualquier otro derecho, se basa en la dignidad humana, y no en valoraciones económicas o de mercado. Son los países más empobrecidos, lo que sufren con una trágica dureza la carencia de este bien, originando muertes y éxodo de poblaciones enteras.

La actitud que debe caracterizar al ser humano ante la creación es de gratitud y reconocimiento. El mundo aparece ante la mirada del hombre como la huella de Dios. (Ns. 472-487 Compendio D.S.I)


ACTUAR

La energía es imprescindible para el desarrollo. El consumo de energía de los países ricos es desorbitado. Si todos los países consumieran en la proporción que lo hacemos en estos países, harían falta 10 planetas, y solo tenemos uno.
Los países empobrecidos precisan aumentar su consumo de energía para crecer en desarrollo, lo que inevitablemente conlleva una reducción de nuestro consumo porque los recursos de la tierra son limitados y están sobre explotados. Estas medidas son impopulares, por eso no son propuestas por casi ningún programa político en el mundo.

Nosotros hemos de tomar conciencia de que el mundo es un regalo de Dios para todos, y de que los recursos hemos de compartirlos, por lo que es necesario actuar con una mayor austeridad y responsabilidad en el consumo de combustibles y electricidad.

Otro ejemplo de mala gestión de los recursos es el uso del papel. Si en todo el planeta se consumiera el papel que consumimos en los países desarrollados, los bosques desaparecerían en pocos años.

Es necesario hacer un uso responsable del papel.

Disponer de agua potable es un derecho de toda persona, sin embargo el consumo inconsciente de este recurso natural, favorece su agotamiento y, con ello, el agotamiento de la vida.

Por ello, es necesaria una mayor responsabilidad en el uso del agua, un bien escaso y del que muchos pueblos carecen.

Un punto importante para reflexionar es el precio al que adquirimos muchos productos, por debajo de su coste real. Esto se debe a que mucho de lo que consumimos está hecho con el trabajo precario o trabajo infantil en los países en desarrollo, y que las materias primas se adquieren a un precio muy inferior a su coste. Igual ocurre con los minerales y los productos alimenticios. A fin de satisfacer nuestras necesidades a un “buen precio”, poblaciones enteras en países empobrecidos se dedican a la cria de peces o bien al monocultivo que alguna multinacional les demanda y les paga a un precio ridículo, sucumbiendo de esta manera en una economía que es una trampa pero a la vez su única fuente de ingreso. Mientras los alimentos necesarios para una subsistencia autárquica de las necesidades cotidianas, se ve reducida al mínimo, lo que repercute en mala nutrición, hambrunas, guerras, emigraciones y muerte.

Nos tendremos que plantear qué compramos, dónde y cuánto pagamos por ello.

Otro perjuicio serio con estos cultivos es el agotamiento de las tierras debida a los monocultivos, repercutiendo gravemente en la población y en el medioambiente ¿Cuanta selva en el Amazona no se ha deforestado para que se puedan sembrar pastos y aquí podamos comer hamburguesas?

Necesidad de que nos planteemos nuestro modo de alimentarnos.


Hoy la religión del hombre y la mujer de la calle es “consumir”, el dios al que se rinde culto es “el Tener”, y las grandes superficies se han convertido en “catedrales” de nuestro tiempo.

Esta religión atenta contra el Plan que Dios Padre Bueno tiene para la humanidad a fin de que la tierra sea una gran familia fraterna en la que todos estemos en torno a una misma “mesa”. Las diferencias entre pobres y ricos se acentúan por día y el clamor de los pobres se hace desgarrador.

Hemos de ser conscientes que todo esto ocurre porque se ha colocado a la economía como motor del mundo, en lugar del bien de las personas, y se nos hace creer que es necesario consumir para ser felices. De esta manera los hombres y las mujeres trabajan para tener cada mes más cosas y en la mayoría de los casos no van a tener tiempo para disfrutarlas.

Debemos cambiar nuestra forma de vivir. El ser humano ha de estar en el centro de la economía, y además han de ser todos los seres humanos, no una minoría privilegiada. Todo hombre y toda mujer somos parte del planeta y hemos de tratarlo como una herencia irremplazable, porque los recursos son limitados y no se pueden explotar de forma ilimitada.

Hemos de defender el derecho de toda persona a vivir dignamente, y eso solo es posible si se produce un cambio de mentalidad en donde el “ser”, sea más importante que el “tener”, y hemos de comprometernos con el Plan de Dios en donde todas las criaturas han de ser respetadas porque tienen un lugar en la creación. Para este cambio de mentalida es necesario contemplar los problemas desde la mirada y la experiencia de los empobrecidos.

Diariamente mueren más de 50.000 personas de hambre. La mayoría de ellos son niños y esto no constituye un escándalo para casi nadie. Nos hemos acostumbrado a ello. El hambre causa más muertos que las guerras La sobreexplotación del medioambiente tiene mucho que ver con la injusticia y la miseria.

A los cristianos, una vez más, ante este grave problema mundial se nos plantea un reto al que hemos de dar una respuesta sin ambigüedades de acuerdo con el plan de salvación de Dios. Hemos de denunciar las intervenciones humanas en los recursos naturales donde predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida, en perjuicio de naciones enteras y de la misma humanidad; hemos de ser solidarios y austeros en nuestro consumir, uniéndonos así a nuestros hermanos más desfavorecidos y a todo lo creado.


La Tierra que Dios nos ha regalado y encomendado para que la cuidemos, está al límite de sus posibilidades y con ella estamos embargando el futuro de las generaciones venideras.Las generaciones que nos sucedan tienen derecho a recibir un mundo habitable, y no un planeta con el aire contaminado, con las aguas envenenadas y sus recursos naturales agotados. Pero además las próximas generaciones han de encontrar un mundo fraterno fruto de una civilización del Amor, en donde los recursos se cuiden y se compartan entre todos.


Publicado por Desconocido @ 22:21  | Artículos de interés
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