Lunes, 18 de junio de 2007
ZENIT publica la intervenci?n que pronunci? el padre Ignacio Andereggen, doctor en Filosof?a y Teolog?a, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y en la Pontificia Universidad Cat?lica Argentina, en el congreso internacional ?Cor Iesu, Fons Vitae? (?Coraz?n de Jes?s, fuente de vida?) que se celebr? en Barcelona entre el 1 y el 3 de junio. En el encuentro intervinieron el nuncio de Benedicto XVI en Espa?a, el arzobispo Manuel Monteiro de Castro, as? como cardenales, obispos, y te?logos de varios pa?ses del mundo. Las actas ser?n publicadas por la editorial Balmes (Barcelona) en 2008.


El Coraz?n del Verbo Encarnado


Por Ignacio Andereggen


La fe en el Coraz?n de Cristo manifiesta la s?ntesis de los dogmas revelados del Cristianismo de una manera contemplativa y pr?ctica, no solamente para cada uno de los fieles singularmente considerados, sino tambi?n para su conjunto eclesial y para los pastores que lo gu?an. Es la Revelaci?n Evang?lica misma la que permite descubrir en el s?mbolo natural del coraz?n, y en los t?rminos escritur?sticos, aspectos antes insospechados encerrados en su potencia obedencial actualizada por la Gracia que constituye el centro mismo del Evangelio.

San Pablo habla con toda naturalidad del ?sentir? las cosas de Dios, como despu?s los te?logos medievales y los m?sticos modernos iban a referirse a la ?experiencia de Dios?, la cual, por supuesto, abarca en primer lugar el esp?ritu sobrenaturalizado, la inteligencia y la voluntad elevadas, pero se extiende a toda la persona, incluyendo los aspectos sensibles como reflejando y continuando la perfecci?n ?nica de la Persona divina de Nuestro Se?or Jesucristo. Tal ?sentimiento? aut?nticamente cristiano debe expandirse apost?licamente hacia el mundo para transformarlo no con solos medios naturales, sino con los frutos de justicia o santidad.

Desde el seno de la Trinidad el Amor divino desciende a la creaci?n por medio de Jesucristo y retorna al Padre, junto con las cosas renovadas y elevadas. Jes?s era movido por el Esp?ritu Santo que llen? su humanidad con su presencia desde el primer instante, convirti?ndose no solamente su alma, sino tambi?n su cuerpo, en s?mbolo de su presencia. Este s?mbolo est? destinado a incorporar a s? el sentido de toda la creaci?n a trav?s de la Iglesia. En el ?coraz?n? de la Acci?n del Esp?ritu Santo en Cristo est? el misterio de la redenci?n o liberaci?n, que manifiesta su amor misericordioso.

El coraz?n f?sico de Cristo mismo puede ser considerado como el primer nivel simb?lico. El amor sensible que ?l simboliza directamente puede ser considerado como el segundo nivel simb?lico. La caridad que a su vez ?ste expresa puede verse como el tercer nivel simb?lico. Y el Amor divino es la cosa, la Res, absolutamente simbolizada por los tres s?mbolos, jer?rquicamente ordenados, como constituyendo sacramentos de un Misterio ?ltimo.

La unidad de los s?mbolos y de su ordenaci?n jer?rquica est? expresada humanamente en la devoci?n al Coraz?n de Cristo, que corresponde a la ?nica Persona.

Nuestro Se?or Jesucristo asumi?, en su naturaleza humana completa, la inteligencia y la voluntad con una relaci?n especial respecto de la afectividad, inconmensurablemente m?s perfecta que la nuestra, modelo y causa, con la gracia, del orden total de nuestra persona radicada en su Persona divina. De esta manera asumi? nuestro coraz?n.

Del Coraz?n de Cristo surge as? la curaci?n del coraz?n del hombre.

En su obra capital Santo Tom?s nos presenta la radicaci?n del amor de Cristo en su Persona divina a trav?s de su Voluntad divina y de su voluntad humana. A ?stas corresponden sendos amores.

La conexi?n creatural constituida por el Amor de la Voluntad de Dios a las cosas prefigura, como potencia obedencial, el orden sobrenatural que se cumple en la Caridad, constituyendo desde lejos la base metaf?sica para la consideraci?n del Amor del Coraz?n del Verbo Encarnado.

La Revelaci?n nos manifiesta el Amor en el que la Esencia divina consiste como revelador de una Persona en relaci?n con otras en cuanto captado por nosotros a trav?s de la gracia. El Esp?ritu Santo lo tiene como ?nombre propio?.

El Amor se apropia al Esp?ritu Santo en cuanto recibimos la participaci?n no solamente del amor de Dios en cuanto esencial, sino especialmente en cuanto la recibimos personalmente. Esto significa dos cosas: como don de la Persona del Esp?ritu Santo, e ?inseparablemente? como asimilaci?n a la Persona del Esp?ritu Santo.

Esta asimilaci?n sucede por la gracia, que nos asimila tambi?n a la Persona del Hijo como Verbo o Sabidur?a de Dios. Porque es inseparable personalmente el Verbo del Esp?ritu Santo que de ?l procede eternamente. He aqu? la ra?z de la importancia cristol?gica y eclesiol?gica de la doctrina y la fe dogm?tica del Filioque.

?El alma por la gracia se conforma a Dios. Por eso, para que alguna Persona divina sea enviada a alguien por la gracia, se requiere que se realice su asimilaci?n a la divina Persona que es enviada por alg?n don de la gracia. Y porque el Esp?ritu Santo es Amor, por el don de la caridad el alma es asimilada al Esp?ritu Santo. Por eso, seg?n el don de la caridad se considera la misi?n del Esp?ritu Santo. Y el Hijo es Palabra, no cualquiera, sino una que espira Amor [Filius autem est Verbum, non qualemcumque, sed spirans Amorem]. Por eso dice Agust?n en el IX libro De Trinitate: ?el Verbo que intentamos insinuar es Noticia con Amor [Verbum quod insinuare intendimus cum Amore Notitia est]?. As? pues, no seg?n cualquier perfecci?n del intelecto es enviado el Hijo, sino seg?n tan instrucci?n del intelecto por la cual ?ste prorrumpa en el afecto del amor, como se dice en Juan 6,41: ?todo el que oye mi Padre, y aprende, viene a m??; y en el Salmo 38,4: ?en mi meditaci?n se encender? el fuego?. Y por eso dice Agust?n a prop?sito (l.c. ad 1) que el Hijo es enviado, ?cuando es conocido por alguien, y tambi?n percibido [cum a quoquam cognoscitur atque percipitur]?. La percepci?n experimental significa una cierta noticia [perceptio enim experimentalem quandam notitiam significat]. Y esta se dice propiamente sabidur?a, como ciencia sabrosa, seg?n aquello del Eclesi?stico 6,23: ?la Sabidur?a de la doctrina es de acuerdo con su nombre?? [1]

Es claro que el modelo de la asimilaci?n a la Persona del Esp?ritu Santo existe eminentemente en la humanidad de la Persona divina distinta de Nuestro Se?or Jesucristo.

El Coraz?n del Verbo, en el sentido medieval y escritur?stico del t?rmino, es, en primer lugar, la Persona del Padre.

En el Esp?ritu divino, se implica la relaci?n, respecto, o habitudo hacia Dios mismo en su Esencia amada por las Personas, y hacia el Padre y el Verbo que con ella se identifican, quienes se aman rec?procamente en El. En el sentido en el que modernamente, en principio, se entiende inmediatamente la palabra ?coraz?n?, pues, significando especialmente el amor, el Coraz?n del Verbo es el Esp?ritu Santo por el cual ama al Padre.

Ahora bien, la fe en el Coraz?n del Verbo Encarnado es la fe en la Encarnaci?n.

Un profundo art?culo de la Tercera Parte de la Summa nos permite vislumbrar la derivaci?n de la doctrina cristol?gica desde la trinitaria [2]. La gracia habitual en Cristo sigue a la gracia de uni?n. Esta consiste en la misma Uni?n Hipost?tica, absolutamente superior a la naturaleza y operaci?n de cualquier creatura.

Cuanto es y sucede en la creaci?n en el orden natural y en el sobrenatural es manifestaci?n y revelaci?n de Dios-Trinidad. El orden de las misiones o env?o de las Personas a la creaci?n manifiesta en orden inescrutable de las procesiones trinitarias.

El Coraz?n de Cristo es manifestaci?n y Revelaci?n del Coraz?n de Dios.

?El verbo que est? oculto en el coraz?n se manifiesta por el verbo sensible. As? el Verbo de Dios estaba latente en el Coraz?n de Dios, pero se manifest? en la carne. Jn. I, 14: ?Y el Verbo se hizo carne?, etc [Verbum quod latet in corde manifestatur verbo sensibili, ita Verbum Dei in Corde Dei latebat, sed in carne est manifestatum. Io. I, 14: Verbum caro factum est, etc. ] [3]

El Coraz?n de Dios es la Profundidad Abisal del Padre que se expresa en el Verbo y en el Esp?ritu Santo.

El Coraz?n del Verbo Encarnado, en cuanto Encarnado, es en primer lugar el Esp?ritu Santo que expresa y realiza operativamente su uni?n personal con el Padre en su humanidad.

Derivadamente, la plenitud de Caridad de la humanidad de Cristo es consecuencia de la Uni?n hipost?tica, realizaci?n de la Filiaci?n como Relaci?n con el Padre.

As?, la Iglesia, Cuerpo de Cristo Cabeza, surge de la misi?n del Hijo juntamente con la misi?n del Esp?ritu Santo, y de su orden, reflejo del misterio trinitario.

El Coraz?n del Verbo Encarnado en cuanto tal es as? tambi?n, el Esp?ritu Santo como fruto de la Sabidur?a del Padre. La presencia del Esp?ritu Santo en el Verbo Encarnado se expresa y realiza en la humanidad como continuaci?n y Revelaci?n de la Circumincessio o Perich?resis trinitaria. Por eso, en la humanidad de Cristo la plenitud de (gracia y de) Caridad manifiesta la Uni?n hipost?tica. ?sta, en cuanto Uni?n, preanuncia y origina la Uni?n de la Caridad. Como y porque en la Trinidad el Verbo origina al Esp?ritu Santo.

Es por eso que el Coraz?n del Verbo Encarnado es el Esp?ritu Santo con el recuerdo o Memoria del Padre. Es el Esp?ritu quien impulsa a Cristo a cumplir la Voluntad del Padre y a volver al Padre. En efecto, la pasi?n y la resurrecci?n de Jesucristo son el motivo de su encarnaci?n, misterios en los que se expresa la uni?n de su visi?n y gozo beat?fico con su amor perfecto en su ?Persona compuesta?. ?La utilidad de la pasi?n de Cristo le fue inspirada a su Coraz?n por el Esp?ritu Santo [utilitas passionis Christi Cordi ejus inspirata fuit a Spiritu Sancto] [4]

La caridad ?creada? ?si la expresi?n fuera del todo exacta? del Verbo Encarnado es inseparable de la presencia del Esp?ritu Santo que se extiende desde lo supremo de su alma hacia todas las dimensiones de su humanidad.

La devoci?n o el culto del Coraz?n de Cristo es especialmente devoci?n o culto del sacramentum caritatis, signo y causa de la caridad que se difunde desde la Caridad de Cristo.

Desde el Coraz?n de Cristo, pues, surge la Iglesia difundi?ndose su gracia, hasta el punto que, por ser la Gracia Capital de Cristo la misma que se difunde a sus miembros, la Iglesia, en cierta manera, se identifica con el Coraz?n de Cristo. No puede ser, por tanto, sino santa e inmaculada, y de ninguna manera pecadora. Quien est? en pecado no es miembro de Cristo en la medida en que el pecado lo da?a.

La diferencia entre el cerebro y las v?sceras o entra?as se?ala simb?licamente la diferencia entre el hombre nuevo que renace en Cristo, y el hombre viejo, sometido a la ley o ca?do en la corrupci?n del paganismo.

Tal diferencia est? simbolizada, para Santo Tom?s, por el pasaje entre la centralidad del cerebro, atribuida a Plat?n por San Jer?nimo, y la ?ley del coraz?n? que se origina en Cristo.

Es el pasaje de un mundo gobernado externa y violentamente por el diablo, a un mundo gobernado suave e interiormente por Cristo-Dios. S?lo Dios puede entrar en la mente, es decir, en el coraz?n. El diablo puede mover externamente el cerebro.

Por eso el racionalismo decae hacia el nihilismo y el individualismo, es decir, hacia lo opuesto de la verdad del ser y del bien respectivamente.

La creaci?n divina, en cambio, como fuente del bien y del ser, alcanza su ?pice en el Coraz?n humano de Cristo, en quien la misericordia sigue la perfecci?n de su mente. La perfecci?n de la mente de Cristo es el perfecto reflejo de su vida eterna como Verbo de Dios que refleja la Mente del Padre prorrumpiendo en el Esp?ritu Santo. La vida de su mente humana es m?stica en el sentido m?s estricto y elevado. La transformaci?n que en nosotros produce la uni?n con Cristo participando de su pasi?n, causa a su vez nuestra resurrecci?n espiritual, abri?ndonos el sentido de las Escrituras, es decir de su Coraz?n en nuestro coraz?n.

Uno de los m?ximos representantes y art?fices de la modernidad es, sin duda, G.W.F. Hegel, quien condensa negativamente el significado el Evangelio como ley surgida del coraz?n de Cristo que sana el coraz?n del hombre.

Pareciera que la furia demon?aca ?demencial?, como dice Hegel, trata de imitar burdamente el camino de interiorizaci?n en la devoci?n, incluso sensible, al Verbo Encarnado, despu?s de su concreci?n en la espiritualidad de los santos y las santas modernas.

Es como un adelanto cuasi-prof?tico de la lucha en lo profundo de los corazones en la que nos encontramos dram?ticamente envueltos en nuestra ?poca.

Poniendo como principio capital de la realidad la contradicci?n en vez de la no-contradicci?n, no podemos pedir a la explicaci?n de Hegel claridad. Captamos en ella como el negativo de la Realidad del mundo iluminado por la gracia de Dios que culmina en el Coraz?n de Cristo habitado y movido por el Esp?ritu Santo, desde donde se renuevan todos los corazones y se gu?an como por una ley interior o Ley Nueva. Un misterio negativo frente a otro positivo. El oscuro misterio de la iniquidad y el misterio de la Luz que supera la mente humana.

En diversos modos se refiere el fil?sofo idealista al ?coraz?n?, que representa lo individual, y, por lo tanto, lo malo. Cristo es el individuo por excelencia, y por tanto a El corresponde en grado sumo ?la ley del coraz?n?. Esta ley es contraria al Esp?ritu absoluto, donde mora la racionalidad. No ser? dif?cil reconocer en el esp?ritu absoluto o en el esp?ritu del mundo un esp?ritu negativo, que odia y hace odiar convenciendo a los hombres de que es ?sta la ley m?s profunda que gobierna el mundo, y que constituye por tanto su ?racionalidad? o el sentido ?ltimo de su movimiento y de todo lo que pasa, que no va m?s all? de ?l.

Si seg?n las procesiones trinitarias la misi?n del Hijo sigue a la misi?n del Esp?ritu Santo, en Hegel, desde su principio filos?fico capital, es de esperar que encontraremos lo inverso. A la desaparici?n del Individuo por excelencia, que es Cristo, el mediador, como ?l mismo lo denomina, sigue el afirmarse de la Universalidad del Esp?ritu, como superaci?n de las diferencias de los individuos, manteni?ndolas negativamente.

El coraz?n corresponde al sentimiento en el mundo. En el mundo hay una ley divino-humana del coraz?n. Esta ley del coraz?n es superada por la ley de la raz?n y se invierte as? en su contrario pasando por el intermediario de la locura. Este pasaje est? en lo ?ntimo del esp?ritu del mundo y de su Esp?ritu Absoluto.

Lo observamos cruelmente descripto en la Fenomenolog?a del Esp?ritu.

Se trata de una imitaci?n diab?lica de aquello que San Juan de la Cruz denomina ?noche oscura? como un pasaje, a trav?s de la locura o la irracionalidad, de una forma a otra de ?racionalidad? basada sobre la contradicci?n como principio de toda la realidad. Esta se expresa en el coraz?n que late al ritmo del odio como principio fundamental de la vida mundana comprendida luego de pasar por el momento kantiano (y freudiano) de la ley comprendida como adecuaci?n al deber, incluso m?s all? de la superaci?n del coraz?n individual en el coraz?n universal que busca el bien de la humanidad, es decir, del imperativo categ?rico.

El coraz?n del hombre se enreda as? con un poder extra?o y enemigo. As? desaparece y se convierte en su contrario al operar en el mundo. El Coraz?n de Cristo y del hombre en ?l inserto se transforma en su contrario por medio de la ?secularizaci?n.?

El coraz?n del individuo se convierte en coraz?n que odia. Ya no se trata de la necesidad muerta del coraz?n que intentaba hacerse universal, sino de la necesidad del coraz?n como animada por la individualidad concreta universal.

La locura es no querer reconocer la inversi?n como la esencia del esp?ritu, ser demente es no reconocer la demencia y mantenerse como algo distinto. Es no ?humillarse?. Es ser infatuado. El individuo por excelencia es ?humilde de coraz?n? porque es loco, porque su coraz?n asimila lo que el mundo es o su discurrir y resulta as? humillado.

Concluyamos. En vez de asimilar la Iglesia al mundo como tantos hoy pretenden, siguiendo la filosof?a idealista de origen iluminista y protestante y el esp?ritu del mundo, se trata, para nosotros, de colaborar ministerialmente en la obra trinitaria de la salvaci?n de la humanidad realizada a trav?s de la muerte y resurrecci?n de Cristo, y la efusi?n del Esp?ritu Santo en su Humanidad como cabeza y origen de la Iglesia, restaurando y recapitulando todas las cosas en Cristo.

Ante el pecado contra el Esp?ritu Santo constitutivo de las l?neas m?s profundas de la cultura contempor?nea en cuanto separada de Dios, claro est?, es remedio radical la docilidad al Esp?ritu Santo en todos los actos de la vida individual y guiada por los pastores de la Iglesia.

No puede existir tal docilidad en la subordinaci?n fundamental a las l?neas directrices de la cultura contempor?nea, sea en la filosof?a impl?cita o expl?cita, sea en la Teolog?a.

El cristianismo, la ley nueva o ley del coraz?n, cuyo centro es la gracia del Esp?ritu Santo, implica un conocimiento por connaturalidad que surge de la experiencia de la dulzura del amor divino, de la que nada sabe quien no la experimenta. Si la ley cerebral del racionalismo moderno, y del hombre viejo, lleva a la transformaci?n radical de la ley del coraz?n en ley del odio racionalizado, pong?monos decididamente bajo la protecci?n del Coraz?n del Verbo Encarnado rindi?ndole culto interior y exterior en Esp?ritu y en Verdad, y junto con ?l alabando al Padre que busca estos adoradores. Hag?moslo, sobre todo, desarrollando una verdadera cultura cat?lica que sea reflejo de Cristo por la presencia y la participaci?n de la misma Luz que del Padre pasa al Verbo como ?Palabra que espira Amor?.



[1] Cf. STh I q.43 a.5 ad 2.

[2] Cf. STh III q.7 a.13.

[3] Super ad Thim. I, c.3 l.3.

[4] In IV Sententiarum, d.19 q.2 a.3
Publicado por verdenaranja @ 10:04  | Espiritualidad
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