Lunes, 18 de junio de 2007
Comentario a la liturgia del domingo, 17 de junio (Lucas 7, 36-8,3), escrito por el obispo Jes?s Sanz Montes, ofm, pbispo de Huesca y de Jaca.



Invitar a comer es uno de los signos de amistad m?s comunes en todas las culturas. El Evangelio de hoy nos narra un episodio de un fariseo que rogaba a Jes?s que fuera a su casa porque le quer?a invitar a comer. As? fue. Pero se col? una mujer conocida en la ciudad por sus pecados, y discretamente comenz? a llorar a los pies de Jes?s, a bes?rselos y enjugarlos con los cabellos, a perfumarlos con el frasco de perfume que hab?a tra?do. El fariseo viendo aquello, se puso a murmurar contra el maestro. Es decir, invit? a Jes?s a comer como quien invita a una persona famosa, acaso para pavonearse de haber sido anfitri?n del afamado maestro que estaba en la boca de todos.

Es tremendo eso de esperar a Dios en los caminos que ?l no frecuenta o empe?arse en enmendarle la plana cuando le vemos llegar por donde ni nos imaginamos. En esta entra?able escena, no obstante, lo m?s importante no era la desilusi?n defraudada del fariseo, sino la ense?anza de Jes?s ante el comportamiento de aquella pobre mujer. Ella hizo lo que le falt? al fariseo en la m?s elemental cortes?a oriental: acoger lavando los pies, secarlos y perfumarlos. Ella no lo hizo como gesto de educaci?n refinada, pues no estaba en su casa y era ella quien hab?a invitado a Jes?s, sino como gesto de conversi?n, como petici?n de perd?n y como espera de misericordia. Ciertamente el Se?or responder?a con creces: no banalizar?a el pecado de la mujer, pero valorar?a infinitamente m?s el perd?n que con aquel gesto ella suplicaba. El fariseo s?lo vio en ella el error, mientras que Jes?s acert? a ver sobre todo el amor: a quien mucho ama, mucho se le perdona.

El fariseo y aquella mujer hab?an pecado, cada cual a su modo. El primero no lo reconoci? mientras que ella supo pedir perd?n, que es una forma de amor. La vida es como un banquete. En ?l podemos estar murmurando in?tilmente los errores ajenos como el fariseo, o ser perdonados amorosamente como la mujer. Adem?s de evitar los errores hemos de aprender a amar, creyendo que m?s grande que nuestra torpeza es la misericordia del Se?or.

+ Jes?s Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca
Publicado por verdenaranja @ 10:08  | Hablan los obispos
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