Martes, 26 de junio de 2007
Art?culo publicado en la revista "Iglesia Nivariense" MAYO 2007, n?mero 75.

Hermandades v Cofrad?as: PIEDAD POPULAR

El 8 de diciembre de 1975, el Papa Pablo VI, public? su Enc?clica "Evangelli Nuntiandr'. Es aqu?, recogien?do el esp?ritu del Vaticano II, donde se habla abiertamente, por primera vez, de la Piedad Popular, de la religiosidad popular.

El Pont?fice reconoce que desde siglos se descubre, en el pueblo sencillo, expresiones particulares de b?squeda de Dios y de la fe.

Ciertamente la religiosidad popular tiene sus l?mites, est? expuesta a deformaciones de la religi?n, a supersticiones, a quedarse meramente en un nivel de manifestaciones culturales sin llegar a una verdadera adhesi?n de la fe. Pero, cuando est? bien orientada contiene muchos valores: Refleja una sed de Dios, hace capaz la generosidad y sacrificio cuando se trata de manifestarla. Comporta un hondo sentido de las cualidades que posee el propio Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores como la paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, ace?taci?n de los dem?s, devoci?n.

Al asomarnos a ella, hemos de eliminar cualquier tic de autosuficiencia o menosprecio. No la debemos situar en el campo de la patolog?a de la fe, junto a la ignorancia, el fundamentalismo, el fanatismo o la superstici?n. La piedad popular, la religiosidad popular es, pura y simplemente, la religiosidad del pueblo. Se mueve pues en las coordenadas de la gente com?n y asume sus modos de expresarse en familia, la profesi?n, la so?ciedad y la cultura ambiente.

Tenernos una religiosidad creyente cristiana, cat?lica y compartida por muchos. Con gran arraigo tradicional, con acusadas expresiones emotivas, simb?licas y pl?sticas, sin que falte en este c?ctel una vena de interioridad y hasta el intimismo religioso.

En nuestra tradici?n, la religiosidad popular se manifiesta en la fuerza emocional de las im?genes sagradas, en las Hermandades y Cofrad?as que les dan culto y en las procesiones que desfilan por las calles como hemos podido observar en esta Semana mayor que hemos vivido hace unas semanas. Cristo, Mar?a, se nos muestran como si se diera en ellos una segunda encarnaci?n de esos sagrados personajes tallados por un artista inspirado. Es falso e injurioso que se trate aqu? de idolatr?a. Todos saben quienes son Cristo y Mar?a.

A El y a Ella son a los que adoramos e imploramos aqu?, sobrepasando la mediaci?n de una talla. No veneramos al re-presentante, sino al representado.

Aqu? no esta el fallo de la religiosidad popular. Este se encuentra en la carencia de catequesis cristiana y por tanto del consiguiente reduccionismo de la pr?ctica religiosa y de la misma fe a estos gestos y signos desprovistos de vida li?t?rgica y sacramental, sobrecargados en numerosas ocasiones de exterioridades, deficientes en la fe personal e incohe?rente en el comportamiento moral. Pero como le ocurre a tantos cristianos que viven una religiosidad natural y no han experimentado la salvaci?n de Jes?s.
El conocimiento de Cristo y su mensaje es el camino de nuestra salvaci?n para pasar del ritualismo hueco a una mayor profundidad religiosa, que suponga el encuentro con Cristo; del costumbrismo, a veces no s?lo popular sino populachero, a la hondura de sentimientos expresados en una verdadera fraternidad; del gusto del barroquismo lujoso, a la digna austeridad vivida en el acierto est?tico que nunca ahorra lo sublime por acumular adornos innecesarios; del sectarismo religioso -nosotros somos los ?nicos, los mejores, los m?s antiguos- que impide la comuni?n con el resto de la Iglesia, a una recia vitalidad de nuestra condici?n eclesial en la b?squeda de colaboraciones leales con respeto a la comunidad parroquial y diocesana.

De aqu? que en el Encuentro Diocesano de Cofrad?as y Hermandades celebrado el domingo 15 de abril en Icod de los Vinos, la Delegaci?n haya presentado un sencillo itinerario formativo para los cofrades de nuestra Iglesia Diocesana de Tenerife. Es la mejor manera de formarnos y de dar el salto hacia una fe madura, adulta y coherente. Nuestro mundo y nuestra sociedad nos lo est? exigiendo. No podemos ser cristianos/ as que no saben dar raz?n de su fe. En dicho Encuentro nos dimos cita cerca de 450 hermanos/as de la isla de Tenerife, entre ellos j?venes que participaron activamente.
El Vaticano 11 no s?lo no ha sepultado ni barrido la religiosidad popular; m?s bien al contrario. la ha redescubierto y valorado, consider?ndola como un campo privilegiado para la evangelizaci?n y una plataforma muy id?nea, y a veces casi ?nica, para evangelizar desde ella.

Todo gesto, todo programa, toda la vida comunitaria, toda la actividad formativa, toda obra de caridad, toda celebraci?n y toda procesi?n, todo culto y devoci?n, de cada una de las Hermandades y Cofrad?as, tienen que ser repensados y propuestos por cada una de ellas, dentro de una actitud orante, de comuni?n, para que todo conduzca hacia Cristo.

El culto, aunque constituya la finalidad principal de una Hermanad o Cofrad?a, no puede absorber todas las energ?as. M?s a?n, la autenticidad del culto se verifica tambi?n en la pr?ctica real del amor fraterno.

Por eso desde la Delegaci?n Diocesana queremos animar a todos los hermanos y hermanas cofrades a comenzar un cierto catecumenado formativo. Nos haremos presente en todos los arciprestazgos de la Di?cesis para presentar el material formativo y animaremos a todos a comenzar esta labor imprescindible. Si todas las cofrad?as y hermandades diocesanas logr?semos poner en marcha esta labor formativa, aunque no todos participen porque quiz?s no todos han descubierto la necesidad, estar?amos hablando de un n?mero

nada despreciable de cristianos form?ndose y madurando en la fe. Por eso creemos que merece la pena y desde la Delegaci?n apostaremos por ello.

Sin lugar a dudas, la religiosidad p?pular ennoblece la vitalidad cristiana de nuestras Cofrad?as y son muchos los j?venes que utilizan esa plataforma para acercarse de alguna manera a Dios y a la Iglesia. El potencial humano que existe en las hermandades y cofrad?as de la Di?cesis de Tenerife es una gran riqueza para nuestra Iglesia particular. A nosotros s?lo nos cabe acompa?ar, purificar, orar, hacer seguimiento, potenciar la formaci?n y sobre todo, dejar los prejuicios y valorar todo aquello que haga crecer el Reino de Dios en nuestra sociedad.
Pero no podernos olvidar los peligros como son el popularismo pseudoreligioso que no abunda sino en la hipocres?a de creer-nos cristianos por cumplir con unas costum?bres puramente externas, vac?as de toda significaci?n, verdaderamente, evang?lica.
Estamos convencidos que plantear lo mejor, el ideal, no es estar en contra de las Cofrad?as sino a favor de ellas. Las Cofrad?as son asociaciones p?blicas de fieles como bien dice el Derecho Can?nico, independientes de cualquier poder o de cualquier subvenci?n, garantizadoras de su libertad cristiana y de la libertad cristiana de sus componentes, con sus propios Estatutos en los que se comprometen a trabajar por la solidaridad social, por la formaci?n y cualificaci?n de sus miembros y por una vida cristiana coherente, eclesial, celebrada y vivida y en comuni?n con nuestro Obispo y la Iglesia Diocesana.

La Iglesia no est? contra las Cofrad?as, porque las Cofrad?as son Iglesia. La Iglesia quiere unas Cofrad?as cada d?a mejores. Y ?sta es la apuesta m?s seria que se puede realizar en favor de las Cofrad?as y en ese objetivo la Delegaci?n Diocesana trabajar? y pondr? todas sus energ?as.
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