Se reproducen las reflexiones de Mons. Wolfgang Sauer, Canónigo de Friburgo/Alemania ante la catástrofe sísmica del Perú.(CEP)
Nuestro país hermano, que ya tiene suficiente sufrimiento por los múltiples problemas sociales y económicos, ha sido nuevamente víctima de su ubicación geográfica en el lado
este del Océano Pacífico. A pesar de que no había ninguna advertencia de expertos, el riesgo del peligro a causa de los terremotos es un acompañante permanente en el subconsciente de nuestras hermanas y nuestros hermanos en el Perú. Los padres enseñan a sus hijos desde chicos de cómo se deben comportar cuando sucede un movimiento. Que la “pacha mama”, la madre tierra, siempre se manifiesta de nuevo y llama la atención con su fuerza natural, saben hasta los turistas que visitan el país de los Andes. No transcurre ningún día donde no tiemble la tierra en alguna parte del Perú.
Esta vez el Perú ha sido tocado muy fuerte por un terremoto frente a las costas de Ica. En verano ocurrieron las fuertes inundaciones en el Norte y hace poco se sufrió por el
friaje con una fuerza inesperada, sobre todo en los Andes, es ahora el amargo destino de las casas desplomadas, parte de la Panamericana Sur destrozada, de los sistemas de
comunicación interrumpidos y – peor todavía que todo lo demás – cientos de muertos, miles de damnificados y su existencia prácticamente destruida. El llanto desconsolado
del Alcalde de Pisco, quien ve su ciudad casi totalmente destruida, los lamentos y gritos de los sobrevivientes, que están buscando a sus parientes debajo de los escombros de
sus casas de adobe: ahora también nuestro país hermano ha vivido su tsunami, y como siempre, después de los daños materiales, las heridas incurables que quedan en el alma,
que nos tocan y nos dejan tristemente sin palabras.
Siete parroquias en la Diócesis de Ica, que tienen parroquias hermanas en nuestra Arquidiócesis, han sido afectadas directamente por el sismo. Aquí está llamada la solidaridad, ya que también esto es Partnerschaft. El Día de Oración para la Partnerschaft, que teníamos planificado para fines de año, puede y será adelantado en algunas parroquias. Si las circunstancias lo permiten, haremos llegar a nuestras
hermanas y a nuestros hermanos en Ica - que se unen alrededor de su Obispo, Mons. Guido Breña – nuestras condolencias, nuestra simpatía (en el verdadero sentido de la
palabra) y nuestra cercana solidaridad canalizada a través del apoyo de emergencia de Caritas Internacional, que incluirá también nuestro apoyo material. En este caso se debe
evitar los errores que se cometieron durante la ya mencionada catástrofe del tsunami: no al activismo agitado de ayudantes autonombrados y denominados expertos; se requiere una colaboración segura con las instancias locales. No debemos quitarle su dignidad al golpeado pueblo peruano cuando lo tratamos como si no fuera capaz de organizar por si mismo la ayuda y la reconstrucción. Esto también es Partnerschaft.
Mientras hablamos de “solidaridad” y “comunicación” no debemos olvidar de mencionar la palabra “Espiritualidad”. Esta es, frente a la catástrofe actual, de repente el mayor
desafío allá en el Perú y aquí en Alemania. La pregunta que surge en nuestros corazones del “¿por qué?!” no puede ser dejada de lado tan simplemente o hacerla sin ser
escuchada.
En la Iglesia principal de Pisco fueron sorprendidos por el terremoto más de 200 seres humanos mientras escuchaban la Misa y fueron sepultados por el techo de la iglesia y las
campanas. Ha habido muchos muertos. La Madre de Dios no quiere a los peruanos, podría decir un cínico. Recién hace pocos años caía un poste de luz eléctrica – también el 15 de
agosto – allá en Arequipa durante el Aniversario de la ciudad en homenaje a la Virgen Asunta y mató a muchos seres humanos. Y ¡ahora – en la costa – en el departamento de Ica! – A pesar de conocer a nuestras hermanas y a nuestros hermanos del Perú como un pueblo con capacidad para soportar el sufrimiento, su valentía y su cada vez nueva esperanza de sobrevivencia a partir de su profunda fe bajo la protección de la Madre de
Dios, no puede ser tomado a mal, cuando ellos -a parte de las manos plegadas- levantan también el puño de la desesperación hacia el cielo. No podemos dejar de lado la pregunta
de por qué permite Dios este sufrimiento; esto también es Partnerschaft.
No sabemos ninguna respuesta a esta pregunta. El libro de Job nos enseña que todos los intentos de explicaciones bien intencionadas, fallan y lo hacen todo sólo mucho peor.
Cuando en la época de Jesús la Torre de Siloé, cerca a Jerusalén, cayó y causó muchos muertos, algunos opinaban que se debe ver este hecho como un castigo de Dios. Con la
autoridad teológica que se conocía del “rabino de Nazaret”, Jesús rechaza esta interpretación. Dios no es un vengador. Pero queda un secreto. Él, a quién en ocasiones felices lo llamamos el Dios del amor, no nos libra del examen amargo de enfrentarnos también con el sufrimiento actual de nuestros hermanos en el Perú y justamente con la fe. Esta no es la hora de frases de consuelo superficiales, sino una exigencia hacia la compasión y a cuestionarse en la meditación tranquila de una fe fuertemente examinada.
Las palabras que el Hijo de Dios dijo en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!” es de una manera oculta también parte de la buena nueva. El cuestionamiento y los gritos, reñir con Dios y la oración que se ahoga en las lagrimas también forman parte. Lo que difiere la Fe de un cristiano del “dolor del mundo” es la visión hacia el Crucificado y escuchar sus palabras: “Madre, he ahí a tu hijo – Hijo, he ahí a tu madre.” En los momentos de la catástrofe que supuestamente estamos alejados de
Dios abracémonos mutuamente y aceptémonos los unos a los otros: esto es Partnerschaft.
Mons. Wolfgang Sauer, Canónigo de Friburgo/Alemania
Agosto 2007
Pensamientos sobre la catástrofe sísmica en Ica, Pisco y Chincha
Nuestro país hermano, que ya tiene suficiente sufrimiento por los múltiples problemas sociales y económicos, ha sido nuevamente víctima de su ubicación geográfica en el lado
este del Océano Pacífico. A pesar de que no había ninguna advertencia de expertos, el riesgo del peligro a causa de los terremotos es un acompañante permanente en el subconsciente de nuestras hermanas y nuestros hermanos en el Perú. Los padres enseñan a sus hijos desde chicos de cómo se deben comportar cuando sucede un movimiento. Que la “pacha mama”, la madre tierra, siempre se manifiesta de nuevo y llama la atención con su fuerza natural, saben hasta los turistas que visitan el país de los Andes. No transcurre ningún día donde no tiemble la tierra en alguna parte del Perú.
Esta vez el Perú ha sido tocado muy fuerte por un terremoto frente a las costas de Ica. En verano ocurrieron las fuertes inundaciones en el Norte y hace poco se sufrió por el
friaje con una fuerza inesperada, sobre todo en los Andes, es ahora el amargo destino de las casas desplomadas, parte de la Panamericana Sur destrozada, de los sistemas de
comunicación interrumpidos y – peor todavía que todo lo demás – cientos de muertos, miles de damnificados y su existencia prácticamente destruida. El llanto desconsolado
del Alcalde de Pisco, quien ve su ciudad casi totalmente destruida, los lamentos y gritos de los sobrevivientes, que están buscando a sus parientes debajo de los escombros de
sus casas de adobe: ahora también nuestro país hermano ha vivido su tsunami, y como siempre, después de los daños materiales, las heridas incurables que quedan en el alma,
que nos tocan y nos dejan tristemente sin palabras.
Siete parroquias en la Diócesis de Ica, que tienen parroquias hermanas en nuestra Arquidiócesis, han sido afectadas directamente por el sismo. Aquí está llamada la solidaridad, ya que también esto es Partnerschaft. El Día de Oración para la Partnerschaft, que teníamos planificado para fines de año, puede y será adelantado en algunas parroquias. Si las circunstancias lo permiten, haremos llegar a nuestras
hermanas y a nuestros hermanos en Ica - que se unen alrededor de su Obispo, Mons. Guido Breña – nuestras condolencias, nuestra simpatía (en el verdadero sentido de la
palabra) y nuestra cercana solidaridad canalizada a través del apoyo de emergencia de Caritas Internacional, que incluirá también nuestro apoyo material. En este caso se debe
evitar los errores que se cometieron durante la ya mencionada catástrofe del tsunami: no al activismo agitado de ayudantes autonombrados y denominados expertos; se requiere una colaboración segura con las instancias locales. No debemos quitarle su dignidad al golpeado pueblo peruano cuando lo tratamos como si no fuera capaz de organizar por si mismo la ayuda y la reconstrucción. Esto también es Partnerschaft.
Mientras hablamos de “solidaridad” y “comunicación” no debemos olvidar de mencionar la palabra “Espiritualidad”. Esta es, frente a la catástrofe actual, de repente el mayor
desafío allá en el Perú y aquí en Alemania. La pregunta que surge en nuestros corazones del “¿por qué?!” no puede ser dejada de lado tan simplemente o hacerla sin ser
escuchada.
En la Iglesia principal de Pisco fueron sorprendidos por el terremoto más de 200 seres humanos mientras escuchaban la Misa y fueron sepultados por el techo de la iglesia y las
campanas. Ha habido muchos muertos. La Madre de Dios no quiere a los peruanos, podría decir un cínico. Recién hace pocos años caía un poste de luz eléctrica – también el 15 de
agosto – allá en Arequipa durante el Aniversario de la ciudad en homenaje a la Virgen Asunta y mató a muchos seres humanos. Y ¡ahora – en la costa – en el departamento de Ica! – A pesar de conocer a nuestras hermanas y a nuestros hermanos del Perú como un pueblo con capacidad para soportar el sufrimiento, su valentía y su cada vez nueva esperanza de sobrevivencia a partir de su profunda fe bajo la protección de la Madre de
Dios, no puede ser tomado a mal, cuando ellos -a parte de las manos plegadas- levantan también el puño de la desesperación hacia el cielo. No podemos dejar de lado la pregunta
de por qué permite Dios este sufrimiento; esto también es Partnerschaft.
No sabemos ninguna respuesta a esta pregunta. El libro de Job nos enseña que todos los intentos de explicaciones bien intencionadas, fallan y lo hacen todo sólo mucho peor.
Cuando en la época de Jesús la Torre de Siloé, cerca a Jerusalén, cayó y causó muchos muertos, algunos opinaban que se debe ver este hecho como un castigo de Dios. Con la
autoridad teológica que se conocía del “rabino de Nazaret”, Jesús rechaza esta interpretación. Dios no es un vengador. Pero queda un secreto. Él, a quién en ocasiones felices lo llamamos el Dios del amor, no nos libra del examen amargo de enfrentarnos también con el sufrimiento actual de nuestros hermanos en el Perú y justamente con la fe. Esta no es la hora de frases de consuelo superficiales, sino una exigencia hacia la compasión y a cuestionarse en la meditación tranquila de una fe fuertemente examinada.
Las palabras que el Hijo de Dios dijo en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!” es de una manera oculta también parte de la buena nueva. El cuestionamiento y los gritos, reñir con Dios y la oración que se ahoga en las lagrimas también forman parte. Lo que difiere la Fe de un cristiano del “dolor del mundo” es la visión hacia el Crucificado y escuchar sus palabras: “Madre, he ahí a tu hijo – Hijo, he ahí a tu madre.” En los momentos de la catástrofe que supuestamente estamos alejados de
Dios abracémonos mutuamente y aceptémonos los unos a los otros: esto es Partnerschaft.
Mons. Wolfgang Sauer, Canónigo de Friburgo/Alemania
Agosto 2007

