lunes, 03 de septiembre de 2007

Homilía de Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez Obispo de Tehuacán, pronunciada en el "Día del Anciano".

Tehuacán, Puebla., 30 de agosto de 2007


Día del anciano: Encuentro de generaciones



Hemos celebrado el “Día del anciano”. Aunque a muchas persona les parece fuerte y peyorativa la palabra “anciano” y prefieren cambiarla por “adulto mayor” o por “tercera edad”, yo prefiero decir anciano, pues no es sólo signo de que se han acumulado los años y los achaques, sino también las obras de servicio a la familia y a otras personas; se ha acumulado, además, la experiencia reflexionada de la vida.

San Lucas nos relata, en el capítulo segundo de su Evangelio, a una joven pareja -Maria y José- que lleva a su bebé de 40 días –Jesús- a presentar al templo, cumpliendo así la Ley de Moisés. Pero el relato de san Lucas no se detiene propiamente en el rito de la presentación, sino en las reacciones de dos ancianos que se encuentran en el templo –Simeón y Ana-, los cuales de ninguna manera se muestran cansados de la vida, amargados o gruñones; al contrario, con un espíritu casi juvenil, miran hacia el futuro, anhelando contemplar al Mesías, a quien reconocen precisamente en la persona del bebé presentado por María y José.

El anciano Simeón toma en sus brazos al Niño Jesús. Es una escena conmovedora: “el encuentro de generaciones” (Doc de Aparecida 447): una vida que apenas empieza, llena de anhelos y esperanzas, y una vida que va hacia su ocaso, pero llena de experiencia y sabiduría.

El anciano Simeón, con el Niño Jesús en sus brazos, “bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” (Lucas 2, 29-32).

Al celebrar el Día del anciano, mucho nos enseña Simeón, quien vive la esperanza y luego el regocijo de contemplar y estrechar entre sus brazos al Mesías, reconociéndolo en el Niño Jesús. No necesita más, con eso basta. Por eso exclama: “ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz”.

Quienes son ancianos o pronto lo seremos, quienes son aún niños y jóvenes, tengamos en cuenta que Jesús se nos presenta de muchas maneras: nos encontramos con Él en la persona de los niños, de los pobres, de los enfermos; también nos encontramos con Jesús en nuestra oración personal y comunitaria, especialmente en la Eucaristía y en los demás sacramentos.

A su vez, todos nos encontramos con Jesús en la persona del anciano.
Saber dar y recibir afecto es camino de madurez en la vida. Si mucho hemos recibido, mucho estamos llamados a dar.

Dice el Papa Juan Pablo II que “los ancianos tienen el carisma de romper las barreras entre las generaciones antes de que se consoliden: ¡Cuántos niños han hallado comprensión y amor en los ojos, palabras y caricias de los ancianos!”. A estas palabras del Papa Juan Pablo II, quien no dudó en mostrarse y reconocerse como anciano en los últimos años de su vida, nos unimos diciendo que, a su vez, los niños tienen el carisma de romper el aislamiento y la dureza en que pueden caer los ancianos: ¡Cuántos ancianos han dulcificado su vida con la sonrisa y el abrazo tierno de un niño!

Aunque ya haya pasado el Día del anciano, sigamos festejándolo con gratitud, reconociendo que su presencia no es una carga sino el regalo de una vida que se ha entregado para bien nuestro.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

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Publicado por Desconocido @ 21:43  | Hablan los obispos
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