domingo, 23 de septiembre de 2007
El Esclavo Mayor del Santísimo Cristo de La Laguna relata sus vivencias ante la figura de la imagen del Cristo, publicadas en el porgrama de la Fiestas de Septiembre 007.


EL RECUERDO DE SU MIRADA

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Quisiera recordar corno homenaje a mi padre Ildefonso La-Boche Lecuona, quien fue Esclavo Mayor en el año 1955, que en una reunión informal celebrada en casa un mes de agosto para comentar las fiestas que se avecinaban, y en la que se encontraban el Sr. Obispo de la Diócesis, don Domingo Pérez Cáceres, y los miembros de la Junta de Gobierno —don Antonio Izquierdo, don Juan y don Luis Marrero, don José Valcárcel, don Agustín Guerra, don Domingo Martín, don Rafael Delgado y don Alberto Delgado—le preguntó a don Domingo: «Sr. Obispo, ¿cree Vd. que mis hijos estarán en disposición de recibir la medalla de la Esclavitud?». Don Domingo, sin vacilar y mirándonos, le respondió: «que sigan el designio que les tiene encomendado el Santísimo Cristo». Fue entonces, y tras esa pregun¬ta, cuando poco tiempo después tuvo lugar mi inicio en la Esclavitud al tomar la medalla y hacer el juramento un nueve de septiembre.

Pasan los años y en mi memoria se aglutinan innumerables recuerdos de aquellas fiestas de sep¬tiembre: lo trascendente y relevante de las procesiones del día 14, la banda militar de cornetas y tam¬bores y los jinetes a caballo con un realce espectacular abriendo la solemne comitiva procesional, las aceras rebosantes de fieles llegados de múltiples pueblos de la isla que contemplan en respetuoso silen¬cio la Sagrada Imagen, o las largas filas de Esclavos que con gran recogimiento y fervor acompañaban al Cristo Crucificado. En aquella época aún no tenía claro el Misterio de su muerte; sin embargo, mi mirada, aún infantil, se quedaba fija en la belleza de aquella Imagen, y sobre todo, embargado por la emoción, no podía dejar de mirarla prendado de la serenidad y humildad que exhalaba,... Aún recuerdo su mirada.

Entresaco unos versos del célebre poeta canario Juan Pérez Delgado Nijota, de 1951.

Hay mucha gente en Santa Cruz
y en los pueblos del interior
que asiste a la entrada del Cristo
con un criterio encantador.
Están todo el día 14
entregados a sus quehaceres;
resolviendo asuntos los hombres
y terminando el traje las mujeres.

El Cristo llega ya. ¡Cuidado!
Ya está debajo del templete.
Empieza el motín de la traca
y la revolución del cohete.
Y aquella gente que ha venido
tan solamente a ver la Entrada,
se agacha. se tapa, se esconde,
y; naturalmente, no ve nada.

Allá a la caída de la tarde,
toman el auto o el tranvía
entre apretones y codazos,
tan peculiares de ese día.
Llegan de noche a La Laguna.
Empujando entran en la plaza,
se acercan a Capitanía
o se pierden en la masa.

Aún sin terminar los fuegos,
corren todos cogidos de la mano
a coger. sitio en el tranvía
o el autobús interurbano.

De cualquier modo tornan
a casa contentos y dándose pisto
y diciendo a sus amistades:
iHemos visto la Entrada del Cristo!


Transcurre el tiempo, vienen nuevas generaciones, se suceden acontecimientos, pero esos versos aún tienen sentido en nuestro contexto actual. Los sentimientos continúan siendo los mismos, y éstos, aún hoy, son transmitidos de padres a hijos como a mime sucedió, y ya sea el día grande de la Exaltación de la Santa Cruz o en cualquier otro momento, seguro que todos seguimos recordando su mirada, la mirada de El Moreno, el cariñoso nombre con el que los hijos devotos lo llaman en sus oraciones. Y a todo esto, se une el sentimiento de devoción que los laguneros y todos los canarios que alguna vez han ido a rezar postrados en el Santuario, guardan en sus corazones.

Pero queridos Esclavos, ese sentimiento de devoción y culto a la Sagrada Imagen no es suficiente. Nuestros Estatutos, a los que el día de la toma de la medalla juramos acatar, nos indican que hay que fomentar la práctica de las virtudes cristianas y la aceptación del mensaje evangélico; requerir en la vida personal y familiar, perseverar el testimonio de espiritualidad con la oración, el ejercicio de la caridad y la frecuencia de los Sacramentos, y una ejemplar imagen de comportamiento público auténticamente cristiano.'Podo esto es el espíritu que la Esclavitud nos exige a sus miembros.

Disfrutemos de estas Fiestas pero tengamos presente que, aunque su sagrada faz tenga bajados los párpados, El nos ve, por lo que recuerdo, y termino con la frase del comienzo... AÚN RECUERDO SU MIRADA

Como acontecimiento para cerrar el año de la concesión a la Esclavitud del título de Real por S. M. el rey don Alfonso XIII, he recurrido al alcalde de la Villa orotavense, don Isaac Valencia Domínguez, a requerimiento mío, permitiese que los miembros de la Asociación de Alfombristas de La Orotava rea¬lizasen, como cariñoso homenaje al Santísimo Cristo lagunero, la confección de un tapiz con tierras de Las Cañadas para que el día 9, a la salida de la procesión del traslado a la Catedral, sirviese de alfom¬bra al paso del trono del Santísimo Cristo de La Laguna.


Emilio La Roche Machado
Esclavo Mayor
Publicado por Desconocido @ 20:44  | Artículos de interés
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