En el capítulo "DESDE LA MISIÓN" se encuentra el interesante artículo EL CENTRO SHINMEIZAN publicado por el Boletín "Misioneros Javerianos", número 435 AGOSTO-SEPTIEMBRE 2007.
El diálogo entre las religiones tiene un papel central en la actividad misio¬nera, en la reflexión misionológica y en los tiempos actuales. Entre las diversas formas de diálogo se encuentran El diálogo de la vida, El diálogo de las obras y El diálogo de la experiencia religiosa. Diálogos y encuentro por el cual, personas de diferentes creencias viven una vecindad cordial, comparten esperanzas y preocupaciones, colaboran en proyectos comunes frente a las amenazas a la dignidad del hombre, se sienten convocadas por el Amor de Dios —en quien creen— a favor de la persona humana que es hija de Dios, comparten la profundidad de su vida de oración, la hondura de su contemplación, la alegría y las dificultades en la búsqueda y el encuentro con Dios y con los hermanos y hermanas.
De una modesta experiencia en este campo del diálogo, desde el Centro de oración SHINMEIZAN-Montaña de la Vida, en Japón, nos habla el javeriano P. Sottocornola.
Cuando llegué a Japón, hace 28 años, como misionero me sentía «enviado» y el enviado, el misionero no inventa el mensaje, lo porta. Todo esto es justo y es verdad. Por otra parte, El Concilio Vaticano II ponía de manifiesto que es la Iglesia Local la responsable y la primera maestra en el arte de anunciar y pasar a otros el mensaje.
Yo me pregunté: ¿qué me pide la Iglesia Local como misionero? No he encontrado muchas respuestas o indicaciones por parte del episcopado japonés, pero las encontré a nivel continental asiático.
El diálogo
En 1978 había nacido la FABC (Federación de los Episcopados Asiáticos) y, leyendo con avidez los primeros mensajes de las asambleas plenarias, Taipei 1974 y Barrackpore 1978, he acogido la petición-invitación de que la Iglesia de Asia se pusiera en diálogo con las religiones, para que el anuncio se realizara en el diálogo, un diálogo no sólo de palabras, sino un diálogo basado en la experiencia de vida. También se pedía que la vida cristiana, rara que fuera mejor com prendida por personas de otra religión, estuviera «inculturada», encarnada. El diálogo debía realizarse no tanto entre occidentales y orientales, sino en el interior de la cultura. El lenguaje común debía ser el cultural.
Casa de oración
Esta fue la idea que me empujó a poner en marcha una casa de oración «inculturada». Nuestro intento es el de inspirarnos en la cultura japonesa para dar forma a la manera de vivir nuestra espiritualidad cristiana y, al mismo tiempo, crear un centro de diálogo religioso. Por ejemplo, el primer ámbito de nuestro diálogo, precisamente en cuanto diálogo de vida, es la convivencia con la gente de la localidad en la que vivimos, un pequeño pueblo rural: 50 familias en medio de campos de arroz. Somos los primeros cristianos que han visto en su vida. En todo el ayuntamiento de Nagomi (que es donde vivimos), que cuenta con 16.000 habitantes, hay una familia católica y unos pocos cristianos protestantes.
Relaciones armoniosas
Tenemos relaciones armoniosas con la gente: participamos a sus fiestas, a sus reuniones, al trabajo. Una modesta contribución, por nuestra parte, es el intentar hacer de tal forma que las religiones sean un motivo de empeño en la convivencia armoniosa. Ellos saben que nosotros somos cristianos, los únicos del pueblo. Nosotros sabemos bien que ellos no lo son, son budistas, casi todos, de «La Tierra pura», esto es parte de su pueblo y de sus vidas, de un modo de ser sereno y recíprocamente acogedor, es una forma de vivir el diálogo de vida.
Acogida recíproca
El hecho de que esta localidad nos haya acogido y considere al centro de oración, el CENTRO SHINMEIZAN¬Montaña de la vida, un poco como «su templo»; que muchos de ellos vengan al cen¬tro, a la montaña, para hacer la oración del inicio del año; que el grupo de ancianos venga, cada año, a pasar un día con nosotros en el centro; que los jóvenes nos hayan pedido ellos mismos, desde el inicio de nuestra presencia, organizar con ellos la fiesta de Navidad; es una pequeña experiencia de diálogo, de diálogo de vida.
El año pasado los visitantes han sido un millar algunos se quedan con nosotros unos días, o alguna semana. La mayoría viene por una visita de un día, para conocernos, para saludarnos. Muchas, la mayoría, de estas personas que nos encuentran y que encontramos en este centro no son cristianas. Organizamos un retiro espiritual mensual al cual puede asistir el que quiera y participan un buen número de no cristianos.
P. Franco Sottocornola s.x.
EL CENTRO SHINMEIZAN
El diálogo entre las religiones tiene un papel central en la actividad misio¬nera, en la reflexión misionológica y en los tiempos actuales. Entre las diversas formas de diálogo se encuentran El diálogo de la vida, El diálogo de las obras y El diálogo de la experiencia religiosa. Diálogos y encuentro por el cual, personas de diferentes creencias viven una vecindad cordial, comparten esperanzas y preocupaciones, colaboran en proyectos comunes frente a las amenazas a la dignidad del hombre, se sienten convocadas por el Amor de Dios —en quien creen— a favor de la persona humana que es hija de Dios, comparten la profundidad de su vida de oración, la hondura de su contemplación, la alegría y las dificultades en la búsqueda y el encuentro con Dios y con los hermanos y hermanas.
De una modesta experiencia en este campo del diálogo, desde el Centro de oración SHINMEIZAN-Montaña de la Vida, en Japón, nos habla el javeriano P. Sottocornola.
Cuando llegué a Japón, hace 28 años, como misionero me sentía «enviado» y el enviado, el misionero no inventa el mensaje, lo porta. Todo esto es justo y es verdad. Por otra parte, El Concilio Vaticano II ponía de manifiesto que es la Iglesia Local la responsable y la primera maestra en el arte de anunciar y pasar a otros el mensaje.
Yo me pregunté: ¿qué me pide la Iglesia Local como misionero? No he encontrado muchas respuestas o indicaciones por parte del episcopado japonés, pero las encontré a nivel continental asiático.
El diálogo
En 1978 había nacido la FABC (Federación de los Episcopados Asiáticos) y, leyendo con avidez los primeros mensajes de las asambleas plenarias, Taipei 1974 y Barrackpore 1978, he acogido la petición-invitación de que la Iglesia de Asia se pusiera en diálogo con las religiones, para que el anuncio se realizara en el diálogo, un diálogo no sólo de palabras, sino un diálogo basado en la experiencia de vida. También se pedía que la vida cristiana, rara que fuera mejor com prendida por personas de otra religión, estuviera «inculturada», encarnada. El diálogo debía realizarse no tanto entre occidentales y orientales, sino en el interior de la cultura. El lenguaje común debía ser el cultural.
Casa de oración
Esta fue la idea que me empujó a poner en marcha una casa de oración «inculturada». Nuestro intento es el de inspirarnos en la cultura japonesa para dar forma a la manera de vivir nuestra espiritualidad cristiana y, al mismo tiempo, crear un centro de diálogo religioso. Por ejemplo, el primer ámbito de nuestro diálogo, precisamente en cuanto diálogo de vida, es la convivencia con la gente de la localidad en la que vivimos, un pequeño pueblo rural: 50 familias en medio de campos de arroz. Somos los primeros cristianos que han visto en su vida. En todo el ayuntamiento de Nagomi (que es donde vivimos), que cuenta con 16.000 habitantes, hay una familia católica y unos pocos cristianos protestantes.
Relaciones armoniosas
Tenemos relaciones armoniosas con la gente: participamos a sus fiestas, a sus reuniones, al trabajo. Una modesta contribución, por nuestra parte, es el intentar hacer de tal forma que las religiones sean un motivo de empeño en la convivencia armoniosa. Ellos saben que nosotros somos cristianos, los únicos del pueblo. Nosotros sabemos bien que ellos no lo son, son budistas, casi todos, de «La Tierra pura», esto es parte de su pueblo y de sus vidas, de un modo de ser sereno y recíprocamente acogedor, es una forma de vivir el diálogo de vida.
Acogida recíproca
El hecho de que esta localidad nos haya acogido y considere al centro de oración, el CENTRO SHINMEIZAN¬Montaña de la vida, un poco como «su templo»; que muchos de ellos vengan al cen¬tro, a la montaña, para hacer la oración del inicio del año; que el grupo de ancianos venga, cada año, a pasar un día con nosotros en el centro; que los jóvenes nos hayan pedido ellos mismos, desde el inicio de nuestra presencia, organizar con ellos la fiesta de Navidad; es una pequeña experiencia de diálogo, de diálogo de vida.
El año pasado los visitantes han sido un millar algunos se quedan con nosotros unos días, o alguna semana. La mayoría viene por una visita de un día, para conocernos, para saludarnos. Muchas, la mayoría, de estas personas que nos encuentran y que encontramos en este centro no son cristianas. Organizamos un retiro espiritual mensual al cual puede asistir el que quiera y participan un buen número de no cristianos.
P. Franco Sottocornola s.x.

